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Capítulo 4
Desperté y sentí sus dos brazos alrededor
de mi cuerpo, quizás el sentía lo mismo
por mí, que yo por él, solo quizás.
Esa idea me rondaba en la cabeza desde hacía
horas y me había despertado de mi calmado sueño,
miré por la ventana, era increíble,
estaba amaneciendo, si, no podía ser otra cosa,
había dormido muchas horas, demasiadas. Escuché
repetidos golpes a la puerta y mecí ligeramente
con mi mano sana a Ash para que despertara, cosa que
ocurrió bastante pronto, él se levantó
y fue a responder.
El doctor entró en la habitación y
nos miró a ambos. Le explicó a Ash que
debía ver que tal me encontraba, me ayudó
a sentarme y quitó cuidadosamente todos mis
vendajes, las heridas estaban sanando bien, al igual
que las quebraduras, pero estaba ese problema en las
rótulas... el doctor me miró preocupado
y luego miró a Ash, y volvió a decir
lo que días antes me había preocupado
sobremanera, que difícilmente yo pudiera volver
a caminar. Me preguntó si yo me animaba a ponerme
de pie, ya que debía ver si mi cuerpo me respondía.
Yo respondí que sí. Debía curarme,
si, era lo más importante, para poder salvar
a Ash, eso era todo lo que me importaba.
Me senté en el borde de la cama y Ash me tomó
de la mano, bajé lentamente y apoyé
el pie sano en el piso, luego el otro y Ash se alejó
levemente para que tuviera espacio para colocarme
de pie. Tomé un leve impulso y me mantuve estable,
erguido sobre mis dos piernas, sosteniéndome
del brazo de Ash, sentía un punzante dolor
en las rodillas, pero aún así, algo
por dentro me pedía que me mantuviera, que
no flaqueara.
El doctor me miró realmente sorprendido, no
creía realmente que yo pudiera haberlo hecho,
Ash me soltó lentamente y yo me mantuve estable,
el doctor me miró asombrado y me preguntó
si creía que podría llegar a caminar
más adelante, yo respondí convencido
que sí y tomé esa pregunta, que hablaba
a futuro, como un pedido y moví ligeramente
la pierna hacia donde Ash se encontraba, a mi pierna
le costaba moverse y no quería responder, pero
al fin se movió, el doctor se preocupó
y corrió a mi lado para agarrarme pero yo lo
aparté con la mano, fijé la mirada en
los ojos de Ash y moví lentamente, con un gran
esfuerzo el otro pie. No estaba lejos, estaba seguro
de llegar, si llegaba podría abrazarlo, si
tenía que poder.
Los segundos se hacían eternos, y cada paso
era otro dolor punzante en la rodilla, que ya casi
me hacía caer, pero debía llegar, el
me miraba entre preocupado y feliz con los brazos
medio abiertos, esperándome, ya había
dado cerca de 10 pasos, pequeños, cortos, con
los que casi no había avanzado nada, pero solo
me faltaban unos pocos más. Logré darlos,
estaba junto a él, di un paso más y
me abracé con fuerza a su cuerpo, al tiempo
que él también lo hacía. El doctor
no sabía si reír, llorar, o salir corriendo
y contarle a los demás. Terminó por
decir que era un verdadero milagro, pero que no tratara
de hacerlo si él no estaba junto a mí.
Ash le cerró la puerta al doctor y se acercó
a la cama, donde yo estaba, se sentó a mi lado
y me sonrió.
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Le dije que él era un milagro, el doctor había
explicado que cada millones de personas que sufrían
una lesión así, una sola podía
llegar a recuperarse de una manera tan pronta como
lo hizo Richie. Lo miré y el me sonrió.
Quería preguntarle porque estaba tan empeñado
en recuperarse, pero no sabía como concretar
la pregunta, al fin y al cabo terminé por hacérsela.
Su respuesta me dejó anonadado, él quería
estar bien para poder protegerme de ese Pokémon,
yo lo miré y no sabía si reír
o llorar, agaché la cabeza y suspiré
un gracias. Lo volví a mirar y le pregunté
porque se preocupaba tanto por mi, él se colocó
realmente muy rojo y no supo que decir.
Lo que me respondió, me había dejado
sin habla, no podía ser, yo ya había
pensando que él sentía algo muy fuerte
por mi, pero pensé que se trataba de una amistad
demasiado fuerte, él me miraba preocupado en
espera de una respuesta y yo no sabía que hacer.
En los últimos días había descubierto
en ese chico más cosas que en ninguna otra
persona que haya conocido antes, y estaba seguro que
ni mi propia madre se preocupaba tanto por mi, pero
había un problema, ambos éramos chicos,
y eso era algo que me impedía pensar con claridad.
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Lo miraba preocupado, notaba que estaba deliberando
con sus propios pensamientos e ideas, le debía
haber resultado terriblemente controversial lo que
yo le había dicho. Que no fue algo realmente
grande, simplemente, lo que yo sentía por él,
amor, el sentimiento más fuerte y puro que
existe en el mundo.
El me miraba preocupado y de a momentos abría
su boca para tratar de decir algo pero nada salía
de ella, lo miré y entonces entendí
que no importaba cuanto me cuidara, o se preocupara
por mí, el no dejaba de pensar en mi como uno
más de sus amigos.
De un momento a otro él se levantó
de la cama y hasta llegué a pensar que saldría
del cuarto, pero no lo hizo, se alejó de la
cama y abrió los brazos, como lo había
hecho con anterioridad, frente al doctor, esta vez
en una distancia mucho más larga.
No comprendía del todo porque hacía
todo ello, pero sabía que si llegaba hasta
él obtendría una respuesta, y eso era
lo único que yo buscaba.
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No sabía a ciencia cierta porque estaba haciendo
eso, pero solo quería verlo hacer hasta lo
imposible por mi, quizás mi subconsciente me
estaba pidiendo una prueba para estar seguro de todo
lo que yo le importaba a ese chico.
Entonces lo ví, bajarse lentamente de la cama
y comenzar dar pasos de unos pocos centímetros
cada uno, desbalancéandose de a ratos y caminando
seguro en otros ratos, y noté que nunca había
sentido tanto cariño por alguien con anterioridad.
En ese momento solo deseaba que llegara a mí,
y poder abrazarlo con fuerza y sentir sus brazos alrededor
de mi cuerpo y su calor contra mi pecho, sentí
que todas las emociones se me juntaban en el corazón
y que este me latía mil veces más fuertes
que cuando lo hace normalmente.
Lo comprendí entonces, él me gustaba,
y mis sentidos solo querían que ya llegue a
mi lado, pero aún había mucho trecho
por recorrer, él seguía incansable,
pero se estaba deteniendo, levanté mi mirada
y lo ví a los ojos, sonreí abiertamente
y él sonrió también, se puso
más derecho y comenzó a dar pasos más
seguros y largos, hasta convertirlos en pasos casi
normales y llegar a mi lado.
Lo abracé con muchísima fuerza y tenía
ganas de nunca soltarlo, todas las emociones explotaban
dentro mío y sentía que nunca podía
estar mejor, no importaba lo que sucediera, él
estaría a mi lado, cuidándome, protegiéndome.
Le susurré que lo amaba y él me apretó
contra su pecho, separó su cuerpo ligeramente
y me miró a los ojos, ambos sabíamos
que todo el tiempo era para nosotros, y que nada podría
separarnos ni hacernos daño, ningún
Pokémon, ningún humano. Richie levantó
su mano sana y movió la visera de la gorra
hacia el costado, me miró con los ojos brillantes
y, volviendo a abrazarme y cerrando instantáneamente
los ojos, me besó.
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Nunca me había sentido tan bien en mi vida,
quería estar así por el resto de mi
vida, pero había sido solo un beso fugaz, algo
pasajero. Me separé de él, y aún
conservaba los ojos cerrados y una sonrisa divertida
en los labios, abrió los ojos y fijó
su mirada en mi. Sabía que a él le había
agradado tanto como a mi, separó suavemente
sus labios, y pasó su lengua por ellos, lentamente.
Apoyé mi cabeza en su pecho y sentí
que nunca nada podría hacerme daño.
Juntos podríamos vencer ese misterioso Pokémon
sin importar que tan poderoso fuera.
*Fin*
Notas de la autora:
Bien, espero que les haya gustado este fic y no se
hayan decepcionado porque no puse la pelea contra
el Pokémon misterioso, es que se me hacía
demasiado problema. En fin ...
Este fic está dedicado a todas las personas
a las que les gusta Pokémon y el Yaoi.
Como saben, los personajes de Pokémon no me
pertenecen, son de Nintendo, no hago esto con fines
de lucro. Comentarios, dudas, pedidos, moras, arándanos
o frambuesas a maritemar@gigared.com
¡¡Dejen review!! (Se siente tan bien cuando
lo hacen)
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