De: Priss
10-FEB-04
04-MAR-04
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Conocerla fue capricho del destino. El querer tenerla
a su lado.... era uno
propio.
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Llevaba un buen rato esperando el momento en que
pudiera entrar a verla.
Lo estaban haciendo esperar demasiado y eso lo estaba
poniendo de mal humor,
después de todo.... fueron ellos los que lo
buscaron y le pidieron venir a
verla. Sabrá dios que tanto hacían allí
adentro; solo debía verla y ya,
¿no?.
Él tenía muchas cosas que hacer como
para estar perdiendo el tiempo en ese
lugar. Es cierto, solo tenia seis años, pero
tenía demasiadas
responsabilidades por cumplir.
El shaman fight sería dentro de siete años
aproximadamente; debía prepararse
para, esta vez, lograr ser el rey shaman.
~ Me voy, no puedo esperar más.
Con su pequeño rostro lleno de frustración
y enfado, se levantó dispuesto a
largarse de ahí.
Los perdonaría por haberle quitado el tiempo,
después de todo.... ella
moriría muy pronto.
Suspiró aburrido mientras invocaba al espíritu
de fuego para retirarse, más
un sonido llamó su atención...
Parecían ser sollozos; tenia la impresión
de que alguien no muy lejos de ahí
estaba llorando. Curioso, dejó que sus oídos
lo guiaran a través del tímido
llanto que cada vez se volvía más sonoro
para él. Entonces halló al emisor
del sonido que tanto detestaba; odiaba ver u oír
llorar a la gente... le
parecía una muestra de la debilidad humana.
Frente a él, una pequeña niña
de rubios cabellos sollozaba de rodillas,
mientras ocultaba su joven rostro con sus manos. La
escuchó murmurar algunas
palabras que, por su llanto, no entendió. Se
acercó un poco más comprobando
que debía tener más o menos su misma
edad.
El débil sonido de sus pasos sobre la hierba
alertó a la pequeña, quien por
fin dejó ver su rostro bañado en abundantes
lagrimas.
~ Yoh!!
De sus tiernos labios escapó un nombre que
no era el de él.
No tuvo tiempo de hacerle ver su error. Sin que el
pequeño lo esperase, la
niña lo abrazó fuertemente mientras
más lagrimas escapaban de sus lindos
ojos negros.
~ ¡Yoh no baka!. No vuelvas a lastimarme con
tus tontas palabras.
La rubia estaba tan inmersa en su llanto que aun no
se percataba de que no
era con Yoh con quien estaba.
Sus jóvenes ojos se mostraron sorprendidos;
con pupilas contraídas y
descoloridas. ¿Qué era esa sensación?.
Esa niña se le había lanzado así
nada
más.... y lo abrazó, se había
aferrado débilmente a él, aun llorando
inconsolable.
Nunca, nadie, se había atrevido siquiera a
acercársele, ni shamanes, ni
mucho menos humanos, pero.... ella. La sensación
de tenerla cerca era nueva,
extraña e incomoda. No fue capaz de mover un
solo dedo; la niña se había
ganado la muerte por el simple hecho de tocarlo, por
confundirlo, pero ni
siquiera pudo moverse.
Tuvo la sensación de que el mundo se detuvo
por completo; no hubo sonido, ni
movimiento, nada, hasta que....
~ T-tú no eres Yoh.
La voz de la chiquilla pareció despertarlo
de aquel trance fugaz en que se
hundió.
Lo había dejado de abrazar, alejándose
unos cuantos pasos de él. Le
sorprendió no encontrar miedo en sus negros
ojos, solo había curiosidad,
confusión y poco entendimiento de lo que allí
estaba pasando.
~ ¿Cuál es tú nombre?.
La pregunta salió de sus labios de forma tan
espontánea que al mismo chico
le sorprendió.
A pesar de que aun no le decía quien era él
en realidad, la pequeña
permaneció tranquila, observándolo detenidamente.
En verdad era idéntico a
Yoh, y al juzgar por su aspecto debía tener
la misma edad de su amigo, solo
su larga cabellera los diferenciaba. Y las ropas,
claro, mientras que Yoh
siempre vestía su traje de entrenamiento, este
chico tan solo llevaba
puestos unos pantaloncillos blancos, nada más.
De cualquier forma, ni siquiera lo conocía,
y aun así....
~ Anna. =Le respondió.= Mi nombre es Anna
Kyouyama.
Las lagrimas habían desaparecido desde hacia
un buen rato dejando una
expresión seria, casi fría, en el rostro
de la pequeña niña.
No obstante, sus lindos ojos aun denotaban curiosidad.
¿Quién era él?; ¿por
qué se parecía tanto al niño
que siempre la hacia llorar?. No tendía. Su
corta edad le impedía formularse cualquier
posible respuesta, o quizá
simplemente, en ese momento, no podía echar
a volar su imaginación; ella
solo, solo quería saber quien era él.
~ Hao.
~ Hao, ¿qué?....
~ Solo.... solo Hao.
Le dijo su nombre, aunque esto no apreció
ser suficiente para la rubia. Por
un momento pensó en la respuesta completa:
"Hao Asakura". Más la idea de
develar su relación con los habitantes de la
casa pareció no ser muy
"oportuna".
La curiosidad de pronto fue mutua.
¿Qué hacia una niña como ella
en ese lugar?; ¿qué relación
tenia con la
familia?.... ¿por qué no le tenía
miedo?.
~ Yo vivo aquí.
~ Ah, Si?.
Si vivía ahí entonces debía
ser una de las aprendices de sacerdotisas.
Entonces se dio cuenta.... el poder espiritual de
esa chiquilla era mucho
más alto que el de muchos shamanes con años
y años de entrenamiento.
Ya desde ahora podía sentirse toda esa energía
durmiendo dentro de ella; sin
duda, el poder de la jovencita se incrementaría
con el transcurso del
tiempo.
El pequeño Hao sonrió divertido. Ella
le resultaba interesante, después de
todo, no siempre se puede encontrar a una persona
con tremendo poder
espiritual y que además no le tema en lo absoluto.
No obstante, lo que más le sorprendió
al shaman fue el hecho de que la rubia
se le acercase todavía más. Ni siquiera
sus pocos seguidores le tenían la
suficiente confianza como para estar a menos de dos
metros de él, pero
ella....
La curiosidad de niña llevó a Anna a
tocarle la mejilla derecha al niño que
recién había conocido. Todavía
no podía creer lo que sus ojos veían,
el
parecido con Yoh era sorprendente por eso los confundió,
si no fuera por el
largo cabello de Hao, no habría forma de distinguirlos
físicamente. Aunque
desde una perspectiva espiritual, el aura que emanaba
de este shaman era
mucho más fuerte que la de su amigo, por no
decir densa y fría.
~ No sé porque.... =Le dijo entre curiosa
y divertida.= se parecen
tanto.
La sonrisa de la pequeña, sumada a la mano
de ésta en su mejilla, le estaba
ocasionando verdaderos problemas al jovencito. Era
una rara sensación que de
su pecho surgía, sensación que no conocía
o no recordaba haber sentido
antes.
Aunque eran pocas las palabras o frases que mencionaban
entre ellos, esto
era lo más parecido que había tenido
a una conversación. La sensación de
estar acompañado por otra persona, con ella....
se sentía muy bien. Le
gustaba, no sabia cómo o por qué, pero
le gustaba.
Sus finas facciones, la sutil sonrisa, su dorado cabello
brillando con ayuda
de los rayos del sol que evadían las hojas
de los árboles.... su tibia y
pequeña mano sobre su rostro.... ella.
Aun era muy pequeño para entender ciertas
cosas, pero el recuerdo de sus
vidas pasadas le ayudaron a entender el porque de
todas esas sensaciones y
emociones. Ya lo había sentido antes, hace
quinientos años, pero ahora
parecía ser mucho más fuerte, intenso....
real.
Anna quiso retirar su mano, cosa que no pudo hacer,
apenas la había alejado
unos cuantos centímetros cuando el shaman se
apresuró a sujetarla para que
siguiera ahí, posada en su mejilla.
Este simple contacto parecía no ser suficiente
para el pequeño Hao, quien
sujetó la otra mano de la rubia para posarla
sobre su mejilla izquierda. De
esta forma, la pequeña itako se vio a si misma
sosteniendo con ambas manos
el rostro de aquel niño.
~ ¿Qué haces?.
La pregunta surgió acompañada por una
pequeña sonrisa.
Con voz tranquila, el shaman tan solo le pidió
que se mantuviera así por un
momento. Anna no entendía porque a Hao se le
ocurrió mantener aquel
contacto; a sus pocos años de vida, para la
sacerdotisa esto era como un
pequeño juego que le resultaba entretenido.
Si tan solo Yoh se comportara como ahora lo hacia
Hao y no tan brusco y
grosero como la mayoría de las veces, pues....
ella no tendría razón alguna
para llorar.
De pronto, la sonrisa en los labios de la pequeña
se esfumó por completo
dando paso a una expresión de sorpresa. Ya
no entendía lo que pasaba; el
shaman había posado sus frías manos
sobre sus mejillas. Ahora ambos estaban
ahí, sosteniéndose los rostros.
El color en las mejillas de la itako se tornó
de un lindo rosa, era la
primera vez que alguien la trataba con tanta confianza;
ni siquiera Yoh se
portaba así con ella. Tan tranquilo, no!!,
ese Yoh era un grosero la mayor
parte del tiempo, en cambio Hao....
~ De seguro te han dicho que eres una niña
muy bonita.
La voz del pequeño interrumpió las comparaciones
de la rubia.
Bonita?, ¿ella?.... nunca, nadie se lo había
dicho, incluso el torpe
heredero de los Asakura le hizo creer todo lo contrario.
Justo después de que los comprometieran, Anna,
curiosa, preguntó al joven
shaman lo que opinaba acerca de su compromiso. La
respuesta no fue nada
grata; que la llamase niña débil y por
demás fea le había dolido bastante,
provocando su llanto por primera vez.
Y ahora este chico, un total desconocido, viene y
le dice que ella es una
niña bonita.
Le resultaba tan extraño.... que dos personas
fuese idénticas físicamente
pero tan distintas en su forma de ser.
~ Y-yo??.... no.
~ En serio?. =Hao le sonrió tiernamente.= ¿Acaso
los que habitan la
casa están ciegos?.
La joven sacerdotisa sonrió apenada.
Eran demasiados halagos para una niña, halagos
que iluminaban su rostro con
tonos ligeramente rojos. De pronto se sintió
avergonzada, alejó las manos
del rostro del shaman y luego ya no pudo sostener
la mirada de este. Estaba
nerviosa, ansiosa quizá. Un cosquilleo en el
estomago que no recordaba haber
sentido antes era acompañado por el acelerado
latir de su corazón. Era Hao
quien le provocaba sentirse así, él,
sus palabras y sus manos acariciando
con suavidad sus mejillas.
Entonces, sin saber porque, sonrió ligeramente;
se sentía bien, muy a gusto
en compañía de este niño. Posó
una de sus pequeñas manos sobre una de las
de
Hao, haciendo que por fin le soltase el rostro.
Y él los sintió, los suaves y delgados
labios de Anna posados sobre su
mejilla izquierda. El shaman estaba sorprendido y
no era para menos, eso
era.... algo que no se llegó a esperar.
El contacto no se prolongó por más de
cinco segundos, más para el pobre niño
el tiempo se había congelado. Aun podía
sentir la calidez que la chiquilla
le transmitió con sus atrevidos actos. ¿Era
ese el cariño del que tanto
alardeaban los humanos e incluso algunos shamanes?....
~ Hao.... Hao, ¿me escuchas?.
El niño la miró aun con las pupilas
contraídas; la voz de la pequeña itako
había logrado que volviese a la realidad.
Entonces la observó con completa atención.
Ella estaba ahí, con él, tan
cerca como nadie lo había estado; sus rostros
a pocos centímetros el uno del
otro. Podía sentir a su corazón latiendo
más rápido de lo normal, por otro
lado, la sonriente expresión de la rubia le
hizo suponer que su rostro
estaba ligeramente envuelto en rojo.
había confusión e intranquilidad tanto
en su mente como en su corazón, todo
por culpa de esta niña, aun así no dejaba
de mirarla fijamente, le gustaba
verla.
~ P-por qué tú no....??.
De pronto se detuvo.
El niño de largos cabellos pudo sentir la presencia
de Mikihisa. Al parecer
no podría seguir ahí con la joven sacerdotisa.
~ ¿Qué pasa?.
~ No es nada.... =Mencionó mostrando una de
sus tiernas sonrisas.= es
solo que debo irme.
~ Pero.....
Anna quiso detenerlo, preguntarle tantas cosas...
entre ellas el porque de
su repentina y apresurada despedida, más no
pudo pronunciar aquella simple
palabra...
Hao la tomó por sorpresa cuando posó
sus labios sobre los de ella; la había
besado, no un inocente beso en la mejilla como el
que ella le dio, fueron
sus labios los que hicieron contacto con los del pequeño.
Tan rápido y repentino, tan espontáneo....
tan corto. Un simple roce, si, un
simple roce entre sus labios que apenas y pudieron
sentirse, más la
sensación estaba ahí.
La pobre Anna se sonrojó avergonzada y la
voz le falló cuando más la
necesitaba; ni siquiera podía pensar en algo
que no fuera aquel delicado y
fugaz contacto con Hao.
Aun cuando él acarició suavemente sus
rojas mejillas, Anna se quedó
completamente inmóvil y solo pudo ver como
Hao se alejaba rápidamente
mientras se despedía.
~ Prometo que nos volveremos a ver.... no lo olvides.
Sus palabras.... una despedida y una petición.
~ Hao.
Lo único que pudo decir después de perderlo
de vista, fue casi un susurro.
Llevándose las manos al pecho como tratando
de controlar su agitado corazón.
El sentimiento de la tristeza había vuelto
a ella mientras se aferraba a
creer en la promesa del joven shaman.
En verdad quería volverlo a ver.
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~ Así que.... es la prometida de tu estúpido
hijo.
La voz del pequeño sonó por toda la
habitación.
Se encontraba a solas con la mujer que hace seis
años le dio a luz, y cuya
muerte se acercaba cada vez más. Aun así,
apenas le fue permitido verla, le
preguntó por la niña de rubios cabellos,
aquella que recién había conocido y
por la cual parecía haberse interesado bastante,
más de lo normal.
El solo hecho de que estuviese con los Asakura era
prueba inequívoca de sus
habilidades espirituales, pero jamás se hubiese
imaginado que la habían
comprometido con su otra mitad.
~ ¿Qué es lo que quieres de ella, Hao?.
~ Nada importante. Mejor dime para que querías
verme.
Era cierto, fue Keiko la que pidió que lo
buscaran y trajeran ante ella...
solo para hablar.
La mujer titubeó por un momento, pero tiempo
era lo que menos tenía.
~ Sabes que soy tu madre y por eso....
~ ¡Vaya madre!. Una que estuvo de acuerdo en
privarme de la vida después de
unos minutos de haber nacido... madres como tú
no hay muchas.
La señora solo pudo bajar la mirada mientras
las lagrimas resbalaban
fácilmente por sus mejillas. El dolor en su
pecho era inmenso, apenas y
podía con el sentimiento de culpa y ni que
decir de cuan arrepentida estaba.
~ Solo, solo quiero.... que me perdones.... Fue una
decisión muy difícil
pues tú eres mi hijo.
Entonces esa era la razón para verlo.... Hao
guardó silencio, él no la veía
como una madre, nunca intentó hacerlo, ni siquiera
sabia si sentía algo por
ella.
Pero así eran los seres diminutos, siempre
pidiendo perdón cuando ven la
muerte cerca.
~ Si eso es todo lo que tenías que decirme
entonces me voy.
~ Espera!!. Hijo, por favor, entiende....
El joven shaman frunció el ceño. Los
que debían entender eran ella, los
Asakura, todos.... pero eran tan ciegos que no se
daban cuenta.
~ ¿No lo ves, Keiko?. Si Yoh hubiese sido
el primero en nacer y ustedes
hubieran intentado matarlo, el espíritu de
fuego lo habría protegido a
él.... pero bueno, eso ya no importa.
Después de estas palabras, el pequeño
estaba dispuesto a abandonar el lugar
y no volver a Japón hasta iniciado el torneo
de shamanes, pero....
~ Por favor, olvídate de tu ambición
y regresa con tu familia.... ¡hazlo por
mi!.
El pequeño shaman de fuego sonrió divertido,
esa mujer no era nada buena
para persuadir a los demás.
~ ¿Familia?. Ninguno de ustedes me interesa.
Incluso de Yoh solo quiero su
alma.
Más lagrimas escaparon de sus ojos, Keiko
no pudo evitarlo era muy doloroso
todo aquello que escuchaba.
~ Sin embargo, ella.... estoy interesado en Anna
Kyouyama.
~ Pero ella es la prometida de Yoh.
~ Eso tiene solución después de todo,
la existencia de ese individuo es un
error. Tarde o temprano me quedare con su alma, entonces,
Anna será para mi.
La joven madre lo miró sin entender; el compromiso
estaba hecho y no había
vuelta atrás. Aunque su hijo menor muriese
eso no le daba suficiente derecho
a Hao para quedarse con ella.
Como adivinando los pensamientos de la mujer, el
chico se dispuso a explicar
con tranquilidad.... De su vida anterior aprendió
muchas cosas de los
apaches, entre ellas, una costumbre de la que ahora
sacaría una gran
ventaja.
En la tribu apache, cuando un hombre muere y deja
a su mujer, el hermano
tiene la obligación de casarse con ella y protegerla.
~ Pero... tú no eres apache.
~ Lo fui, por lo tanto, Yoh también... además,
si no mal recuerdo ella no es
la prometida de Yoh, sino del Asakura que gane el
trono....
Podría ser él o podría ser Yoh....
La sonrisa del pequeño shaman daba a entender
claramente que dada la brecha
entre su temible poder espiritual comparado con el
insignificante poder de
su gemelo, su hermano menor era incapaz de llegar
a ser el rey shaman. Y si
Yoh llegaba a perder, sería él, Hao
Asakura, quién se quedase con la pequeña
sacerdotisa.
Bueno, eran razones muy lógicas.
E incluso, si quería, podía quitarle
a la rubia a la fuerza, así de fácil.
Si ahora no lo hacia era porque primero deseaba que
la itako se volviese más
fuerte.
Por otro lado, la mujer no sabia si resignarse o insistir;
moriría y ella no
podría hacer algo para que su hijo cambiase
de ideas.
~ Bien, Keiko.... creo que no hay más que decir.
La mejer lloró de rodillas sobre el futon,
era su culpa que Hao se
encaprichara con Anna; si no lo hubiese buscado, él
nunca habría venido a
Izumo y no la hubiese conocido. Quizás ya nada
se podría hacer y eso era
algo que la mortificaba enormemente, sin embargo,
la voz de su primogénito
llamó su atención....
~ Pero, sabes?... por ti conocí a Anna, y
por ella estoy experimentando una
emoción que no había sentido en ninguna
de mis vidas. Por eso.... te doy el
perdón que tanto me has pedido, Keiko.
La mujer se sorprendió.
Si hace apenas un rato había dicho que ella
no le interesaba, que nunca la
vio como una madre, entonces.... no podía creer
que el simple hecho de haber
conocido a la niña de rubios cabellos fuese
suficiente para que el temible
Hao le otorgase su perdón.
El niño que hasta ahora le habló dándole
la espalda, se giró mostrándole una
suave sonrisa, sonrisa que por una extraña
razón hizo feliz a la mujer. Ver
esa expresión en el rostro de su hijo fue como
un regalo de despedida.
Como su madre que era, solo deseaba que el pequeño
fuese feliz, y si Anna
iba a lograr tal hazaña, entonces estaba bien
así. Por desgracia su otro
hijo también quería a la jovencita y
no sabia si esto acarrearía más
problemas entre los hermanos.
Aun así, Keiko también sonrió,
lo hizo de forma tierna, de forma maternal
pero con un dejo de tristeza que no podía ocultar;
Hao sintió la ligera
molestia de la culpabilidad.... él la había
lastimado con sus palabras, así
como Yoh lastimó a Anna con las suyas.
Después de todo, ellos dos se parecían
mucho más de lo que al chico le
hubiese gustado admitir.
-"Quizás debí guardarme muchas
cosas en vez de decírselas".- Pensó
el
pequeño, dándole de nuevo la espalda
a la joven señora.
Hao caminó hasta la puerta, ansioso por irse
lo más lejos posible, no sin
antes dejar que unas cuantas palabras escapasen de
sus labios...
~ Perdóname tú a mi, mamá.
Dicho esto, abandonó el lugar así nada
más.
Su presencia se desvaneció en pocos segundos
lo cual significaba que ya
estaba muy lejos de ahí.
Como en shock, Keiko permaneció en silencio
por largo rato hasta que
finalmente sonrió, aun a pesar de las lagrimas
que resbalaban por sus
mejillas. Las lagrimas que ahora derramaba no eran
más que de inmensa
felicidad; la llamó mamá.... en verdad
escuchó esa palabra en voz de su
primogénito.
La puerta se deslizó violentamente, era Mikihisa
quien entraba preocupado
por lo que pudiera haber sucedido ahí. No se
sorprendió mucho al encontrar a
su esposa llorando, eso era algo que ya se esperaba.
~ ¿Te lastimó?; te ofendió?.
La voz de su cónyuge sonaba triste y preocupada,
más la mujer negó con la
cabeza, aun entre lagrimas y conservando el amplia
sonrisa que a su rostro
adornaba.
~ ¡¡M-me dijo mamá!!.
La quebradiza voz de la señora no podía
ocultar lo feliz que la hicieron
dichas palabras.
Se abrazó fuertemente a su esposo como tratando
de transmitirle su sentir,
que supiera que el buscar al pequeño Hao había
sido lo mejor que pudo haber
hecho por ella. No se arrepentía.... ahora
ya podía morir tranquila.
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Mientras tanto, ya muy lejos de ahí....
Hao se trasladaba sobre su espíritu acompañante,
dispuesto a continuar con
su búsqueda de shamanes fuertes. Más
su mente ahora era un ir y venir de
extraños y fugaces recuerdos.
Pensaba en las palabras que le dijo a Keiko.... ¿por
qué lo hizo?. En
realidad todavía no entendía porque
había accedido en visitar la mansión
Asakura en Izumo.
~ Quizá ese fue mi primer error.
Se dijo a si mismo mientras sonreía irónicamente.
Entonces, la imagen de una linda niña de rubios
cabellos ocupó por completo
su mente. Si no la hubiese visto le habría
dicho cosas mucho peores a Keiko
Asakura, sin embargo.... no fue así.
Conocerla fue capricho del destino, y el querer tenerla
a su lado era uno
propio.
Desgraciadamente para volverla a ver ahora tendría
que esperar a que el
shaman fight diera comienzo....
~ Cumpliré esa promesa... =Le dijo al aire
mientras sonreía suavemente.=
quizá para entonces pueda aceptar lo que me
haces sentir... Anna.
Así podría confesárselo a ella....
por eso, el día en que la volviese a ver
le pediría que estuviese a su lado.
No como una más de su grupo, ni por su futuro
poder.... lo haría porque el
latir de su corazón así se lo pedía.
.:: Fin ::.
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Imagínense a Hao con los pantaloncillos blancos
que usaba "Van Fanel" en su
niñez.
¿Por qué Hao y Anna de niños?:
mi primera motivación fueron los fics que hay
de YxA cuando pequeños;
quise imaginar una "relación de amor"
entre Anna y Hao a tan corta edad.
Escogí los seis años, poco antes de
que el shaman de fuego matara a los
padres de Lyserg.
Ahora, la conversación entre Keiko y Hao.
Muchos suponemos que la madre de
los gemelos murió,
sabrá dios cómo o porqué, el
hecho es que no aparece en el "tiempo presente"
del anime.
Ella lloró al tomar la decisión de acabar
con la vida de su hijo, por eso
describí una situación donde ella se
disculpase.
Y por último, la costumbre apache.... ¿alguien
llegó a ver Doctor Qeen?.
Bueno, en ese programa hubo un capitulo
donde se hablaba de dicha costumbre entre los Cheyene,
solo quise usarla
para los apaches ^^.
priss_pk@hotmail.com
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