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La hora del sacrificio
- Levántate, te esperan en la sala del trono.
Bajó del lecho y avanzó torpemente
hacia la puerta, donde la esperaba Belcebú
para guiarla por los pasillos del enorme palacio.
Contempló al demonio con detenimiento, admirando
sus decididas zancadas, tan diferentes a sus pasos
cortos y temblorosos. La cabellera negra caía
sobre sus hombros, recogida con una cinta granate
de la que escapaban algunos mechones brillantes. Le
hubiera gustado verlo batir sus alas, pero sabía
que no sería posible mientras estuvieran en
esos lugares: carecían de sentido allí,
don de podían moverse libremente sin necesidad
de volar.
Se preguntó si Ba-chan adquiriría
algún día el porte y la belleza de los
seres a los que admiraba y entre los que se había
criado; deseó que así fuera. En el cuerpo
juvenil comenzaban a insinuarse los rasgos varoniles
que habría de tener y que le harían
parecerse al Señor al que tanto admiraba. Es
una pena no poder estar aquí para ver su evolución
pensó apenada.
La majestuosidad de la sala la impresionó.
Grandes columnas negras flanqueaban un trono de piedra
caliza esculpida por hábiles manos, donde Satanás
la esperaba sentado, sosteniendo en sus manos un cáliz
tallado en hueso del que bebía grandes sorbos
de aromático vino.
-Acércate, Ninako. Obedeció
despacio, demasiado consternada para caminar con soltura.
¿Por qué me siento hipnotizada
por su mirada, por su embriagadora voz? Soy tan pequeña...
y él tan grande... que temo que se acerque
a mí y me aplaste si oso contradecir sus órdenes.
Al menos, Tsubasa está a su lado, infundiéndome
valor sin hablarme, sólo con sus ojos. Deseo
abrazarle como nunca antes lo había deseado,
¿qué me ocurre? Lo tenía todo
muy claro, pero ahora...Necesito acercarme a él,
dejar que me tome entre sus brazos y decirle lo mucho
que lo necesito junto a mí.
Tomó el cáliz que le ofrecía.
Pasó sus dedos entumecidos por las imágenes
talladas que lo adornaban, cerró los ojos y
lo acercó a sus labios. No tenía fuerzas
suficientes para levantar la pesada copa, así
que la dejó caer, derramando su líquido
rojo, a los pies de Satanás. El hombre la miró
complacido y extendió su mano para acariciar
su ruborizada mejilla.
-¿Tomaste ya tu decisión?
-Sí -contestó decidida, sin vacilar
un instante a pesar del temor que la embargaba.
Tsubasa se acercó a ella y rodeó su
cintura con su brazo mientras la miraba con ansiedad
mal contenida. De lo que ella decidiera dependía
su futura existencia... o su muerte. Pero no podía
permitir que se viera coaccionada por la lástima
a la hora de decidir, aunque el amor no durara eternamente,
él deseaba estar a su lado siempre.
Ninako se arrodilló frente a la imponente
figura de Satanás. A su lado, su dulce esposa
parecía muy frágil, más niña
aún de lo que ya aparentaba.
-No sé lo que siento por Tsubasa, ni si soy
realmente la reencarnación de Manami, aunque
tampoco puedo perderlo. Haz conmigo lo que desees,
lo que juzgues más conveniente... pero no me
alejes de Ba-chan.
Cayó mientras dejaba que las lágrimas
surcaran su rostro, borrando el rastro de las vertidas
anteriormente. Toda la valentía que había
pretendido acumular se disipó al pronunciar
su nombre, el mote cariñoso con el que lo había
bautizado en su niñez, antes aún de
conocerlo.
- ¿Estás segura de que deseas estar
conmigo, Nini-chan? La tomó de las manos
y besó su frente con dulzura antes de proseguir
Serás abocada a una existencia pecadora
en la que es probable que no seas feliz.
- El mayor de los pecados esbozó una
sonrisa mientras besaba con premura sus labios es
haberte conocido.[1]Además
¿qué
te hace pensar que desee vivir aquí contigo?
Si no recuerdo mal tu historia, nos queda la tierra
y
No la dejó proseguir. Decidirían aquello
más tarde, cuando ella se hubiera condenado
y no fuera posible perderla. El tiempo apremiaba y
el tímido beso que le había dado le
hizo desear más, desearla más de lo
que nunca hubiese imaginado que fuera posible. Su
señor lo hizo volver a la realidad, alejándolo
de esos pensamientos.
- He preparado todo para el sacrificio de su alma
anunció levantándose para guiarlos
al lugar indicado para la ceremonia Seguidme
sin miedo: concluirá antes de que os deis cuenta
de que ha dado comienzo.
-Gracias v-fue lo único que pudo decirle
mientras caminaba a su lado en pos de Satanás.
Sabía que Manami lo amaba y lo seguiría
allí donde fuera necesario, pero Ninako no
era Manami, a pesar del alma que las unía.
Durante años, había observado a la
muchacha, esperando el momento de acercarse a ella.
No quería precipitarse ni asustarla, tenía
que ganarse su confianza para poder explicarle su
propósito en la tierra. Su señor había
modificado sus recuerdos para que creyese que el taciturno
muchacho había sido siempre su vecino, cuando
apenas había un año que había
subido a la tierra a buscarla. Durante ese tiempo,
fingiendo ser un compañero más de clase,
Malpas[2] había descubierto en ella el creciente
interés por el infierno y un extraño
odio a Dios, al mismo Dios que él odiaba por
haberle arrebatado a la única persona a la
que había podido amar. Por fin la había
recuperado, volvía a tenerla a su lado y no
permitiría que volvieran a separarlos. Nuevamente
había prometido amarle, estar siempre junto
a él, condenando así su alma.
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Dedicatorias: Nuevamente, se lo dedico a mi pequeña
Erechan (por si aún no lo tiene claro): a ver
cuando nace el Amamiya/Belcebú, que me vas
a obligar a dejar a Ikaru a un lado para escribirlo
yo!
A la Iña, la Eru_Lempre, ella sabe por que
(cosas de rimas, para mayor aclaración) y por
habérmelo dictado para ayudarme a pasarlo a
limpio: enhorabuena por haber entendido mi letra.
De un modo indirecto, y espero que no se entere
nunca, se lo dedico a Bilbo Bolsón, en cuya
clase lo escribí (si vierais a mi profesor
de sintaxis y semántica lo entenderíais,
de verdad).
Si teneis alguna duda
leed el manga! O preguntadme.
Agradezco sugerencias, comentarios, críticas
¡En breve, el sexto y último capítulo!
Lo que dan de sí las clases de Bolsón
[1] Arriba Fito!!! Mientras oía esta canción
se me ocurrió el desenlace de la historia,
aunque no se trata de ningún song-fic.
[2] Malpas es el verdadero nombre de Tsubasa, el
que tiene en el infierno, ya que Tsubasa (como sabréis
si habéis leído la obra) es el nombre
que le pone Satanás cuando suben juntos a la
tierra.
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