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MUERTE DE LA PUREZA
Para Tsubasa fue muy duro ver morir a Manami. Iba
todos los días a visitarla al hospital y suplicaba
insistentemente a Satanás que la dejara vivir,
pero su señor nada podía hacer por ella.
Era un alma pura y escapaba a su poder mantenerla
con vida; si Dios quería que muriese, nada
podía hacer él por evitarlo. ¿Acaso
no importaba que ella amara a Tsubasa y quisiera ir
con él a su mundo?
- Has de aceptarlo se limitaba a consolarle
su señor Dios ya perdió a Miu,
no va a permitir que le arrebate también a
esta chica.
- ¡¿De eso te sirve ser el más
poderoso de los demonios?!
De nada sirvieron las increpaciones a Satanás
ni las lágrimas vertidas, Manami murió
una fría mañana de abril sin que nadie
pudiera hacer nada por salvar su vida, minada por
la enfermedad que la devoraba e insistía en
acabar con ella. Tsubasa la vio exhalar su último
suspiro aferrando con fuerza su mano inerte y tratado
en vano de no llorar.
-Siempre te amaré fueron sus últimas
palabras en el cielo o el infierno, esperaré
hasta que vengas a buscarme.
-Señor, la chica ha muerto Satanás
llevaba tiempo esperando la noticia que acababa de
darle Belcebú, su más fiel súbdito
y heredero del trono. En cierto sentido, le apenaba,
pues sabía lo mucho que su querido Tsubasa
la amaba y le dolía no haber podido hacer nada
por ella.,
Descendió lentamente del trono y bajó
a su dormitorio, donde su esposa lo esperaba dormitando
en la amplia cama.
- ¿Cómo está Tsubasa? quiso
saber Miu al adivinar lo sucedido mirando su rostro.
- Aún no he hablado con él, pero supongo
que pronto olvidará el dolor.
La cogió con suavidad y besó su frente
con delicadeza mientras sus manos abrían el
camisón que cubría su cuerpo desnudo.
Besó sus labios con pasión y comenzó
a juguetear con sus pezones, preparándola así
para un nuevo encuentro amoroso. Miu se dejaba hacer,
perdido el miedo de las primeras ocasiones, cuando
no era más que una muchachita inexperta.
-Te amo tanto... susurró en su oído
mientras lo ayudaba a desnudarla. Ahora eran sus manos
las que acariciaban el cuerpo ardiente del demonio,
de se esposo, por el que había llegado a dar
la vida.
- ¡¿Cómo has podido permitir
que ocurriera?! Tsubasa entró en el dormitorio
lleno de ira, lanzando exabruptos contra su amo, al
que hasta hacía poco veneraba. Sabía
que entrando en sus aposentos personales estaba violando
una de las mayores prohibiciones del infierno, pero
su ira le impedía ver más allá
de su dolor. -¿Estás tan cegado por
tu nueva conquista que has perdido tu poder?
- Cálmate o te echaré de aquí
a patadas fue su único comentario al
verle. No quería amonestarle severamente, pues
era consciente de lo que significaba perder a alguien
querido. Cuando él estuvo a punto de perder
a Miu... Evitaba recordar aquello, pues la tenía
consigo y todo lo demás carecía de importancia.
Ante su mirada furibunda, el joven abandonó
la estancia, seguido por Belcebú.
-No debes culpar al amo, todo ha sido obra de Dios.
Es a Él a quien debes odiar.
-Belcebú, o te metas en lo que no te incumbe
los había seguido hasta el salón
del trono, donde Tsubasa había caído
postrado al recordarla. Lo levantó con sus
musculosos brazos y lo depositó en el alfeizar
de la ventana.
-Si tanto lo deseas, vuela en su busca le dijo
pero te advierto que si no lo consigues nunca
podrás volver al mundo de los infiernos.
Y el cuervo negro alzó su vuelo en pos del
alma de Manami.
-¿No crees que has sido muy duro con él?
Miu lo abrazó por la espalada, pasando
los labios por su cuello, girando lentamente hasta
lamer su mejilla A fin de cuentas, sólo
es un muchacho enamorado.
-Y tú una niña tonta la besó
nuevamente, colocando la mano en su vientre, donde
ya había comenzado a formarse una nueva vida.
No sin dificultad, llegó al cielo. Sin el
poder de Satanás le había sido difícil
ascender hasta la morada divina; sus débiles
alas carecían de la fuerza necesaria para elevarse
a esas alturas, pero su tenaz deseo de volver a ver
a Manami superaba su debilidad física.
- Has tardado más de lo que esperaba, me empezaba
a aburrir.
El bello ángel lo miró socarronamente,
dejándole claro que era quien mandaba allí
en ausencia de su señor. Sus ojos azules eran
más hermosos que en la tierra, y el cabello
rubio relucía con más fuerza bajo las
enormes alas de plumas blancas. Amamiya sonrió
al cuervo mientras éste recuperaba la forma
humana que le haría estar en igualdad de condiciones
a la hora de la lucha... si ésta tenía
lugar. Blandía su espada con desgana, sabedor
de vencer al acólito de Satanás al primer
golpe, sin necesidad de esforzarse en demasía.
-Amamiya dijo sin mucho convencimiento en sus
propias palabras deja que me lleve a Manami
¡no me obligues a luchar!
Sabía que si luchaba contra él perdería,
pues sólo Satanás habría podido
derrotar al arcángel san Miguel; él
no era más que un joven inexperto, ni siquiera
tenía las grandes alas negras que caracterizaban
a los demonios. Sin embargo, creía en la empresa
que lo había llevado hasta allí: deseaba
fervientemente recuperar a Manami y haría todo
lo posible por conseguir su objetivo, incluso dar
su vida por ella si era necesario.
-¿Estás loco? se burló
su rival -¿Crees que voy a rebajarme a luchar
con alguien tan insignificante como tú? Si
realmente tuvieras importancia, el propio Dios hubiese
salido a recibirte, en lugar de enviarme a mí.
- ¡Tsubasa! Manami trató de correr
hacia él, mas las fuertes manos del ángel
la retuvieron Sabía que eras un ángel
y que vendrías en mi busca.
Se zafó de los dedos que la retenían
y abrazó al muchacho, que tembló al
sentir su contacto y recobró el valor inicial,
necesario para contradecir las órdenes de su
enemigo.
Haré todo lo que esté en mi mano para
recuperarla, Miguel, aunque eso signifique renunciar
a Satanás.
Continuará...
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Nota de la autora: Aquí tienes a Belcebú,
mi pequeña Erechan, y también a Amamiya,
que sé que tenías ganas de verlo
Dios... qué títulos más rebuscados
busco!! Pero es que me salen así, sin pensarlos.
Soy un poco cursi, lo reconozco, pero es que Tsubasa
es tan mono... que me sale la ñoñería.
Y Ninako es un encanto, le voy cogiendo cariño
poco a poco. Tampoco he podido dejar de lado la historia
principal de Virgin Crisis, a Miu y Satanás,
una feliz parejita, ¿no?
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