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Una nueva oportunidad
-3-

MUERTE DE LA PUREZA

Para Tsubasa fue muy duro ver morir a Manami. Iba todos los días a visitarla al hospital y suplicaba insistentemente a Satanás que la dejara vivir, pero su señor nada podía hacer por ella. Era un alma pura y escapaba a su poder mantenerla con vida; si Dios quería que muriese, nada podía hacer él por evitarlo. ¿Acaso no importaba que ella amara a Tsubasa y quisiera ir con él a su mundo?

- Has de aceptarlo –se limitaba a consolarle su señor –Dios ya perdió a Miu, no va a permitir que le arrebate también a esta chica.

- ¡¿De eso te sirve ser el más poderoso de los demonios?!

De nada sirvieron las increpaciones a Satanás ni las lágrimas vertidas, Manami murió una fría mañana de abril sin que nadie pudiera hacer nada por salvar su vida, minada por la enfermedad que la devoraba e insistía en acabar con ella. Tsubasa la vio exhalar su último suspiro aferrando con fuerza su mano inerte y tratado en vano de no llorar.

-Siempre te amaré –fueron sus últimas palabras –en el cielo o el infierno, esperaré hasta que vengas a buscarme.

-Señor, la chica ha muerto –Satanás llevaba tiempo esperando la noticia que acababa de darle Belcebú, su más fiel súbdito y heredero del trono. En cierto sentido, le apenaba, pues sabía lo mucho que su querido Tsubasa la amaba y le dolía no haber podido hacer nada por ella.,

Descendió lentamente del trono y bajó a su dormitorio, donde su esposa lo esperaba dormitando en la amplia cama.

- ¿Cómo está Tsubasa? –quiso saber Miu al adivinar lo sucedido mirando su rostro.

- Aún no he hablado con él, pero supongo que pronto olvidará el dolor.

La cogió con suavidad y besó su frente con delicadeza mientras sus manos abrían el camisón que cubría su cuerpo desnudo. Besó sus labios con pasión y comenzó a juguetear con sus pezones, preparándola así para un nuevo encuentro amoroso. Miu se dejaba hacer, perdido el miedo de las primeras ocasiones, cuando no era más que una muchachita inexperta.

-Te amo tanto... –susurró en su oído mientras lo ayudaba a desnudarla. Ahora eran sus manos las que acariciaban el cuerpo ardiente del demonio, de se esposo, por el que había llegado a dar la vida.

- ¡¿Cómo has podido permitir que ocurriera?! –Tsubasa entró en el dormitorio lleno de ira, lanzando exabruptos contra su amo, al que hasta hacía poco veneraba. Sabía que entrando en sus aposentos personales estaba violando una de las mayores prohibiciones del infierno, pero su ira le impedía ver más allá de su dolor. -¿Estás tan cegado por tu nueva conquista que has perdido tu poder?

- Cálmate o te echaré de aquí a patadas –fue su único comentario al verle. No quería amonestarle severamente, pues era consciente de lo que significaba perder a alguien querido. Cuando él estuvo a punto de perder a Miu... Evitaba recordar aquello, pues la tenía consigo y todo lo demás carecía de importancia.

Ante su mirada furibunda, el joven abandonó la estancia, seguido por Belcebú.

-No debes culpar al amo, todo ha sido obra de Dios. Es a Él a quien debes odiar.

-Belcebú, o te metas en lo que no te incumbe –los había seguido hasta el salón del trono, donde Tsubasa había caído postrado al recordarla. Lo levantó con sus musculosos brazos y lo depositó en el alfeizar de la ventana.

-Si tanto lo deseas, vuela en su busca –le dijo –pero te advierto que si no lo consigues nunca podrás volver al mundo de los infiernos.

Y el cuervo negro alzó su vuelo en pos del alma de Manami.

-¿No crees que has sido muy duro con él? –Miu lo abrazó por la espalada, pasando los labios por su cuello, girando lentamente hasta lamer su mejilla –A fin de cuentas, sólo es un muchacho enamorado.

-Y tú una niña tonta –la besó nuevamente, colocando la mano en su vientre, donde ya había comenzado a formarse una nueva vida.

No sin dificultad, llegó al cielo. Sin el poder de Satanás le había sido difícil ascender hasta la morada divina; sus débiles alas carecían de la fuerza necesaria para elevarse a esas alturas, pero su tenaz deseo de volver a ver a Manami superaba su debilidad física.

- Has tardado más de lo que esperaba, me empezaba a aburrir.

El bello ángel lo miró socarronamente, dejándole claro que era quien mandaba allí en ausencia de su señor. Sus ojos azules eran más hermosos que en la tierra, y el cabello rubio relucía con más fuerza bajo las enormes alas de plumas blancas. Amamiya sonrió al cuervo mientras éste recuperaba la forma humana que le haría estar en igualdad de condiciones a la hora de la lucha... si ésta tenía lugar. Blandía su espada con desgana, sabedor de vencer al acólito de Satanás al primer golpe, sin necesidad de esforzarse en demasía.

-Amamiya –dijo sin mucho convencimiento en sus propias palabras –deja que me lleve a Manami ¡no me obligues a luchar!

Sabía que si luchaba contra él perdería, pues sólo Satanás habría podido derrotar al arcángel san Miguel; él no era más que un joven inexperto, ni siquiera tenía las grandes alas negras que caracterizaban a los demonios. Sin embargo, creía en la empresa que lo había llevado hasta allí: deseaba fervientemente recuperar a Manami y haría todo lo posible por conseguir su objetivo, incluso dar su vida por ella si era necesario.

-¿Estás loco? –se burló su rival -¿Crees que voy a rebajarme a luchar con alguien tan insignificante como tú? Si realmente tuvieras importancia, el propio Dios hubiese salido a recibirte, en lugar de enviarme a mí.

- ¡Tsubasa! –Manami trató de correr hacia él, mas las fuertes manos del ángel la retuvieron –Sabía que eras un ángel y que vendrías en mi busca.

Se zafó de los dedos que la retenían y abrazó al muchacho, que tembló al sentir su contacto y recobró el valor inicial, necesario para contradecir las órdenes de su enemigo.

Haré todo lo que esté en mi mano para recuperarla, Miguel, aunque eso signifique renunciar a Satanás.

Continuará...

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Nota de la autora: Aquí tienes a Belcebú, mi pequeña Erechan, y también a Amamiya, que sé que tenías ganas de verlo…
Dios... qué títulos más rebuscados busco!! Pero es que me salen así, sin pensarlos. Soy un poco cursi, lo reconozco, pero es que Tsubasa es tan mono... que me sale la ñoñería. Y Ninako es un encanto, le voy cogiendo cariño poco a poco. Tampoco he podido dejar de lado la historia principal de “Virgin Crisis”, a Miu y Satanás, una feliz parejita, ¿no?

Email de la autora: girlpower_acuario@hotmail.com

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