| Porque nada es lo que
parece. Siempre existen aquellos que se esconden tras
una sonrisa.
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Cerró la puerta tras él y al instante
desapareció de su rostro la radiante sonrisa
que lo caracterizaba. Sus ojos azules no brillaban
allí como lo hacían fuera, cuando estaba
expuesto a las miradas de todo el mundo. En cambio,
emanaban de ellos cierta melancolía, un destello
casi imperceptible de soledad, una tristeza que escondía
día a día en lo profundo de aquella
sonrisa desinteresada que todos conocían.
Suspiró mientras caminaba hacia su habitación.
Otro día que moría en la estancia de
su pequeño apartamento. Otro día que
le recordaba lo inútil de su existencia.
Se dejó caer en la cama, agotado por todo
el entrenamiento de aquel día. Sus heridas
aún dolían, no habían sanado
por completo a pesar de su extrordinaria capacidad
de recuperación, pero era de esperarse, aquella
pelea fue todos menos ordinaria. El dolor que sentía
le servía para acordarse de que había
fallado nuevamente, que había roto otra promesa.
Lo había dejado ir
a pesar de todo ese
esfuerzo
lo había dejado ir.
Cerró sus ojos intentado alejar de su mente
esos pensamientos, no le iban a ser nada bien después
de todo. Intentó enfocarse en el entrenamiento.
Pronto tendría que partir con Jiraya, se iría
de Konoha por un buen tiempo. Ero-Sennin lo iba a
entrenar para que al menos pudiese defenderse de Akatsuki.
- Pero
¿de qué servirá
todo esto? preguntó en voz alta al tiempo
su mirada se clavaba en el techo de su habitación
-Al final
¿no sería mejor si Akatsuki
obtuviese lo que quiere? De esa forma
yo
sería
-Libre contestó la voz a la que ya
estaba acostumbrado.
- Si respondió casi como un susurro.
-
.libre.
-Si deseas tanto la libertad, ¿por qué
no terminas con todo? Es decir, tú mismo lo
has visto. No importa cuantos años pasen, ellos
siempre te seguirán viendo como un monstruo,
como un asesino
. lo sabes.
Y era cierto, él lo sabía muy bien.
No importaba cuanto tiempo transcurriera, ni que tan
buen shinobi se volviera. Los habitantes de Konoha
siempre lo mirarían con esos ojos llenos de
odio, de furia, de miedo, de rechazo. Siempre le darían
esas miradas frías, siempre lo acusarían
por los crímenes que no cometió. En
el fondo, sabía que siempre pagaría
por esa maldición que no pidió, aún
si se convertía en Hokage algún día
siempre llevaría consigo esa soledad que solo
los jinchuruuki conocían.
-Cállate dijo sin fuerzas, odiaba cuando
aquella voz tenía razón, y recordó
el incidente de ese mismo día.
Mientras iba camino a su apartamento, pasó
por el lado de unos niños que le miraban sin
discreción alguna. Estaba acostumbrado a esa
clase de miradas, así que los ignoró,
igual que los comentarios que surgieron una vez se
había alejado un poco de ellos. Es él,
decían los pequeños en susurros aún
audibles para él. Ese es el monstruo,
mira ese es el que mató a los padres
del maestro Hiei, ese es el monstruo,
es un monstruo.
Intentó pretender que no había escuchado
nada de eso, que ya estaba acostumbrado y que ya no
dolía cuando le llamaban monstruo
pero
aún era muy difícil. Antes eran solo
los adultos, y podía manejar la situación,
pero ahora hasta los niños conocían
la historia y lo llamaban de esa manera. Hasta ellos
lo juzgaban.
Alejó de su mente ese recuerdo e intentó
callar la voz que seguía diciéndole
y recordándole de muchas otras ocasiones similares.
-¿Para qué te esfuerzas tanto?
decía la voz ¿No es más
fácil terminar con todo ahora? ¿Por
qué sigues intentando? Al final sabes que fracasarás.
- No respondía intentado conservar
el optimismo no fracasaré.
- Fracasaste en traer devuelta a tu amigo, ¿no
es así?
- Yo
- cómo responder a eso, si era
cierto lo que decía. Cómo podía
defenderse yo traté.
- Pero no fue suficiente.
- Aún hay tiempo
yo
yo lo
traeré devuelta.
- No, sabes que no es verdad. No puedes hacerlo.
-Cállate dijo calmadamente cerrando
sus ojos y haciendo un esfuerzo supremo por acallar
sus propios pensamientos.
- Me puedes pedir que me calle y así lo haré,
pero sabes que tengo razón. O ¿me vas
a decir que aquella vez no sentiste alivio?
-
-¿Vas a negar que te sentiste feliz cuando
lo intentaste? Fue la primera vez que experimentaste
la felicidad, si mal no recuerdo.
-¡Cállate! ordenó con
una voz más decidida y encerrando nuevamente
dentro de sí esa voz que le atormentaba de
vez en cuando.
Silencio. Después de unos segundos fue solo
eso lo que quedó. La voz se había marchado,
pero Naruto no podía controlar los recuerdos
que llegaban a su cabeza, las imágenes que
se proyectaban en su mente
Cerró sus
ojos calmadamente intentando alejar todo aquello de
su cabeza , pero solo consiguió revivir la
experiencia con más fuerza.
Tendido en la cama sentía, como aquella vez,
la paz infinita que le invadía. Sintió
nuevamente esa sensación de livianez, como
si su cuerpo no fuese su cuerpo y como si su alma
no estuviese allí. Casi podía sentir
el frío del metal contra su piel, como en esa
ocasión, y recordó haber pensado en
ese momento que no tenía un solo recuerdo feliz
que llevarse consigo.
Y, sin embargo, sonrió. Sonrió como
nunca lo había hecho, con verdadera felicidad,
con verdadero entusiasmo, porque en ese preciso instante
era libre de la maldición, libre de todo...
en ese momento, era verdaderamente feliz.
La mente del shinobi reconstruyó esa escena
una y otra vez mientras se encontraba tendido en su
cama, y sólo se detuvo cuando por fin se encontraba
dormido.
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Abrió sus ojos al sentir la luz del sol entrar
por la ventana. Otro día nacía, más
problemas que enfrentar. Sus heridas ya casi sanas
le indicaban que se acercaba el día de su partida
Tal vez era lo mejor, tal vez necesitaba un descanso
de Konoha, de esas miradas frías. Un descanso
de sí mismo y de su soledad.
Vistió su traje anaranjado después
de una buena ducha y preparó al instante su
desayuno. Agradeció por la comida y empezó
a comer intentado ignorar aquel silencio que constantemente
se proclamaba dueño del lugar. Tiró
a la basura los envases vacíos de ramen instantáneo
una vez terminado el desayuno. Era su rutina habitual,
aunque sonara bastante aburrido, él ya estaba
acostumbrado y aunque a veces dolía mucho,
la soledad resultaba ser casi siempre su mejor compañía.
Tenía que terminar de alistarse pues Ero-Sennin
había quedado de verlo el día anterior
para probar su recuperamiento. Así que tomó
sus kunais y shurinken y los ajustó en sus
lugares correspondientes, luego amarró a su
frente el protector con el símbolo de Konoha
que lo identificaba como un ninja de la región.
Se miró al espejo para asegurarse que se veía
presentable antes de dirigirse a la puerta para partir.
Echó un último vistazo al apartamento
mientras habría la puerta y se preparaba para
salir. El silencio aún permanecía allí,
era una constante en ese lugar. Se vistió de
optimismo y alegría como hacía cada
día antes de abandonar su hogar y practicó
su sonrisa unas cuantas veces antes de salir definitivamente,
cerrando la puerta tras sí y dejando encerrado
todo aquello que sentía desde que tenía
memoria. Dejando encerrado en su apartamento todo
aquello que escondía detrás de su sonrisa.
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Hey, Vanessa otra vez (BV-Chan). No tengo muchos
comentarios para este fic. Es un poquito oscuro pero
guenooo, tenía que sacármelo del caco.
Hasta la próxima. Dark_punky_gy yahoo.com
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