| TRES
Su nana la vistió con mucho cuidado, estaba
tan débil que un golpecito leve se volvía
un tremendo moretón. Respiraba aun con dificultad,
pero no podía perder más clases y no
quería otra semana en casa encerrada. Estaba
muy triste, ya no iría a clases de violín
y los hospitales la deprimían demasiado.
- Cuídate mucho le dijo su padre antes
de irse
Llegó temprano al colegio. Ocupó su
sitio y ordenó sus útiles escolares.
No podía negar estaba un poco molesta porque
su lugar original había sido ocupado por el
nuevo niño. Pero casi entendía por qué
lo dejaron adelante donde la profesora pudiera vigilarlo
atentamente. Tenía la impresión de haberlo
visto antes pero no podía recordar en dónde.
Recordaba el aroma y eso le hacía imposible
encontrar la imagen y es que cómo podía
olvidar aquella esencia que olía a tierra y
chocolate. A pesar de que nunca en su vida había
comido un chocolate amaba el aroma que éste
despedía cuando era fabricado, había
ido muchas veces a las fábricas de chocolates
y bueno, el olor a tierra mojada lo amaba, no había
mejores días que los lluviosos.
- Sentados derechos por favor decía
la profesora repartiendo una hoja Hoy trabajaremos
con ejercicios de matemáticas
- ¡Yo con Haru! gritaban las niñas
enloquecidas
- Silencio gritó la maestra intentado
regresar el orden a la clase
Michiru le sacó punta a su lápiz y
comenzó a contestar su hoja. La profesora seguía
dando instrucciones pero ella no tenía ánimos
de hacer equipo con nadie. Por fin terminaba y el
barullo en el pequeño salón continuaba.
Mitori, ese niño molesto volvió a sentarse
con ella y es que no entendía cómo no
se aburría de mantener un monólogo porque
ella sí se hartaba de escucharlo.
- Michiru siéntate con Haruka para que le
ayudes a terminar tomó a la niña
de la mano para llevarla de nuevo al escritorio donde
esperaba hiciera algo más productivo que estar
jugueteando con las otras niñas del salón
- Bien frunció la nariz molesta
Pero Haruka no podía poner atención,
parecía un pequeño cangurito mecánico
con demasiada cuerda brincando de un lado a otro.
La profesora volvió a sentarla pero más
se tardaba en hacerlo que la niña en volver
al desorden. Le llamó la atención cinco
veces en diez minutos hasta que amenazó. Pero
ni eso funcionó
- Tienes un grave problema de comportamiento
- No es cierto decía Haruka dando de
saltitos Ya terminé
Mire
Mire saltaba agitando la hoja en el viento
- Entonces siéntate ya
Llegó muy tarde a casa. Apenas alcanzaba a
cambiarse para ir a clase de violín. Como ya
no podía ir a su antigua clase hasta el siguiente
semestre su padre le consiguió inscribir en
un pequeño grupo. Michiru revisó de
nuevo el nombre de la profesora como los datos que
encontró en Internet sobre ella. Su celular
sonó y Michiru contestó de inmediato.
- Ah eres tú
Sí iré después
de clases de violín sonrió la
niña
- ¿Lista? la apuraba su nana
- Ya voy
Hitori Chow. Era muy joven para dar clases, no tenía
mucha carrera y hasta donde entendía tampoco
mucha práctica dando clases. Pero no podía
quejarse. Era eso o nada. Quería tocar el violín,
algún día se convertiría en músico
profesional y hasta sería famosa por ella y
no por apellidar Kaioh. De nuevo su nana la apuró.
Ya estaba lista. Bajó las escaleras corriendo,
en la pasada tomó un par de uvas de la cocina
antes que su nana se fijara rompía su dieta.
Se moría de hambre.
- Llegaremos pronto decía en el auto
su nana Tu padre decidió contratarte
un nuevo guardaespaldas
- ¿Despedirán a Franco?
- Oh no para darle más días libres
Por ejemplo hoy tengo que cuidarte yo pero ocupas
un guardaespaldas no una nana
- Sí contestó sin darle mayor
importancia. Odiaba sentirse presa y vigilada a toda
hora y Franco por lo menos respetaba su espacio vital
e intimidad
- Llegamos
El conservatorio era el mejor sitio sobre la tierra
en donde ella podía desear estar, amaba también
el campo pero su madre era alérgica a casi
todo incluyéndola. Apenas mencionaba la palabra
flores, campo o pasto y su madre empezaba a estornudar.
A ella le acusaba mucha gracia. Bajó del vehículo.
Justo a tiempo para la clase, su nana la dejó
en manos de la joven maestra a quien le negó
un voto de confianza y amenazó con destruir
si algo le pasaba en aquellas dos horas.
- Qué estricta decía Hitori
aún asombrada de la dama Bueno Michiru
bienvenida a la clase, te presentaré al resto
de niños aunque bueno ellos no están
tan adelantados como tú
Michiru se quedó paralizada. No podía
creer que Haruka también se dedicara a la música.
Estaba tan asombrada que no escuchó la presentación
de los demás niños.
- Haruka Tehon, toco el piano desde hace un año
y medio sonrió la niña rubia
- Muy bien ella es Michiru Kaioh
- ¡Toquemos la cucaracha! gritó
la niña rubia tomando asiento al piano
La cucaracha tocaba La cucaracha
- ¡Cantas horrible Haru! se tapaban
los oídos los niños
- Silencio pidió Hitori
Pero Haruka la ignoró como era costumbre,
pues el poco respeto que tenía por su autoridad
la perdió el mismo día en que la encontró
besándose con su padre. Michiru reía
encantada y sin duda fue la mejor clase que pudo tener
en su vida. Se dedicó a observa a Haruka yendo
y viniendo mientras Hitori intentaba enfadarse para
ver si así la niña la respetaba. La
escuchó berrear porque aquel canto desafinado
no podía caber en un mejor término.
- Nos vemos el miércoles se despedía
de los niños mientras Haruka se dedicaba a
saquear la máquina de dulces
- Gracias maestra Chow hizo una reverencia
la niña
- Espero que Haru no haga desistas de tu idea
No suele ser tan
err
bueno está
un poco, es solamente
Bueno espero verte después,
eres una niña muy talentosa y creo que podría
enseñarte algo (aunque todavía no sé
que cosa)
- Gracias reía la niña
Nos vemos el miércoles
Nuevo día y ella se sentía contenta.
Bajó las escaleras para darse cuenta que hoy
se iría con su prima Angelina pues su tío
estaba allí discutiendo de nueva cuenta con
su padre. Los negocios no eran la mejor manea de mantener
a la familia unidad. Sonrió tiernamente. Odiaba
a Angelina y la relación entre ellas en sí
era más que pésima. El día en
que no peleaban se debía a que a una de las
dos tenía laringitis o lago parecido que le
impedía gritarle a la otra. Angelina era el
polo opuesto a Michiru aunque las actividades que
sostenían eran muy parecidas: Asistían
a clases de piano, pintura, ballet
y todo aquello
que podía tomar extra. De alguna manea Michiru
se sentía en la obligación de cuidar
de Angelina desde que su madre murió hacía
casi seis meses, la niña había perdido
total rumbo en la vida, se había vuelto mentirosa,
quejosa y hasta engañosa.
- ¡Papá Michiru me está jalando
el cabello! gritó apenas vio a la niña
- ¡Déjala en paz! le agredió
su padre Pórtate bien con tu prima
Y el pretexto de siempre, Angelina perdió
a su madre, debes ser buena con ella y
¿Y
eso le daba derecho a mentir? ¿O a levantar
falsos? ¿O a robar? Pero no, nadie lo veía
así. En la escuela cada problema que tenía
lo aligeraba con aquella frase No tengo mamá
y llorar. Michiru temía que un día hiciera
algo de verdad terrible, algo de lo que no pudiera
librarse y entonces sí culparía a todos
aquello que le dejaron pasar de largo sus pequeños
problemas por no tener a su madre con ella.
- Vamonos ya
- Sí tío sonrió la niña
de ojos verde azul
Angelina le enseñó su nuevo celular
que su padre le compró para alegrarla un poco.
Le mostró cómo grababa video y enviaba
fotos. Michiru miró al techo, detestaba la
arrogancia de su prima
- Y qué tal es Haruka
- ¿Cuál Haruka?
- ¿Pues que hay dos? Haruka Tenoh
Juega
béisbol
- Pues ni idea esquivó la mirada hacia
la ventanilla. No quería escuchar de nuevo
el discurso trillado de siempre ¡Cómo
no sabes ni quién va en tu salón!
- Es rubio, de cabello cortito y sonrisa encantadora
tiene ojos zarcos y tan hermosos que sus piró
tan fuerte que casi parecía desfallecería
allí Pero a ti no te gusta nadie, supongo
tampoco Haruka te gustará
Es más
estuvo en la fiesta de
espera a esa no fuiste,
ah y estuvo en
no, tampoco estuviste allí
y que tal en
No, menos a ti no te gustan esas
cosas
Definitivamente si no lo has visto en
el salón menos en otro lado
- ¿Ya llegamos tío? porque si
no se bajaría del auto aunque fuera en movimiento
- Ya casi princesa
Por fin en la escuela. Se despidió secamente
de su prima para ir al salón. Se rascó
la cabeza, creía que tenía piojos. Y
si su prima no le había mentido tal vez esta
vez sí los tuviera. Según Angelina había
plaga de piojos en las escuelas y los animalitos por
desgracia no eran exclusivos de la gente común
y corriente. Se volvió a rascar la cabeza.
¿Y si tenía piojos? Pero su prima tenía
el don del convencimiento. Como la vez que logró
hacerla vomitar platicándole de una enfermedad
que se inventó para molestarla. Sí,
estaba un poco hipocondríaca
pero solamente
un poco.
- ¿Qué te sucede? le llamó
la profesora al cabo de dos horas de iniciadas las
clases
- Creo tengo piojos se seguía rascando
al cabeza
- ¿Piojos? levantó la cabecita
inquieta Haruka
- Sí seguía rascándose
- No puedes tener piojos eres una niña muy
aseada
- Bueno tiene piojos muy aseados y una amplia
sonrisa se desplegó por el rostro de la niña
rubia
- Ve a enfermería se retiró
la profesora con cierto recelo de la niña
No quiero a toda mi clase llena de piojos
- Michiru tiene piojos masculló un
niño
Eloísa moría de la vergüenza.
La mataría cuando estuviera en casa, bueno
ya le había dado una buena bofetada en cuanto
la vio, cómo no le avisó que tenía
piojos ahora toda la escuela lo sabía y por
ende también sus amigas de los club. La enfermera
terminó con la revisión, confirmando
que la niña tenía piojos. Y Michiru
respiró aliviada, ya no era hipocondríaca,
sonrió ampliamente y su madre de nuevo la abofeteó
por ser tan simplona pues tener bichos en la cabeza
por falta de aseo no era algo para reírse.
Eloísa recorría la enfermería
como gato enjaulado preguntándole (o mejor
dicho preguntándose) quién le habría
pegado los piojos
- Bueno señora, solamente debe comprarle un
shampoo especial y seguir las instrucciones
- ¿Ya puedo llevármela?
- Sí
No quiso ni sentarse con ella en el auto. Franco,
el guardaespaldas ya las esperaba. Oyó el sermón
de su vida y se quedó impresionado por las
locuras de su patrona ¿Él cómo
podía impedir que la niña se llenara
de piojos? Cuidaba y protegía a la pequeña
de situaciones reales no de animalejos o enfermedades.
Le guiñó el ojo a su protegida, se veía
tan triste y decaída que sabía ya su
madre le había dado una buena regañada
de nueva cuenta sin razón válida.
- Sube ya le decía su madre
Y el camino a casa se volvió más largo
y pesado de lo que era siempre. Apenas llegaron se
apresuró a bajar, tal vez ya en su habitación
se olvidara de su existencia y seguirle reprochándole
por tener piojos. Para ella resultaba muy gracioso.
Oyó la voz de su padre y corrió al estudio.
Era demasiado temprano para que estuviera en casa.
- Tengo piojos se rascaba la cabeza Taichi
- ¡Tú se los pegaste! gritaba
Eloísa furiosa Michiru tiene piojos
y
- Es una plaga que invadió la fábrica
¿Qué podía hacer yo? pero
Eloísa no admitía tales explicaciones.
Comenzó a ventarle cuanto tuvo a la mano
Michiru se fue a la habitación, no era buen
momento para platicar. Apenas entró vio una
enorme caja envuelta con un gran moño. Corrió
abrirla, se trataba de su telescopio. Estaba tan contenta
que olvidó por completo que su padre era masacrado
en la sala debido al ridículo que le hizo pasar
a su madre. Pasó casi toda la tarde armando
el artefacto. Quería tenerlo listo para en
la noche y así pedir su deseo
Quizá
un día de éstos se le concediera
- Michiru saludó su padre
- Parece que mi madre te ha atinado reía
la niña observando la bandita que su padre
tenía en la ceja
- Sí, de mil intentos uno pasó rozando
mi cabeza
Con que te he pegado los piojos
Lo lamento, no sabía que había epidemia
sino jamás te hubiera llevado se rascaba
la cabeza como loco esto es muy latoso y mejor
me voy porque tu madre todavía está
muy enfada
- Gracias por el telescopio padre sonrió
con ternura la criatura
De nuevo faltaría a la escuela. Ahora por
un problema absurdo de piojos. Ya su prima se retorcía
de la risa pensando que de verdad era muy tonto, pero
qué podía decirle si ahora ella gozaría
de vacaciones. Michiru le colgó, no estaba
de humor para tantas tonterías en un solo día.
Viernes. Y regresaba a clases para ver jugar a los
chicos del cuarto año contra los de quinto.
Le hubiera encantado jugar pero no sabía nada
de béisbol y dudaba alguien quisiera molestarse
en explicarle cómo se jugaba. Gritó
gol y las miradas se volvieron hacia ella. Prefirió
regresar al salón, un día se decidiría
a aprender a jugar. Aún le guardaban recelo
y en los pizarrones y puertas del baño se escribía
su nombre con la leyenda La niña piojosa
a ella no le importaba, pues no era mentira, tuvo
piojitos que su padre le pegó por torpe. Sabía
que un día la gente se olvidaría de
ello y si no encontrarían algo más para
divertirse.
- Michiru ve a dirección a llevar estas notas
le pidió la profesora al verla ya sentadita
en el salón de clases
- Sí tomó las notas entre sus
frágiles y torpes dedos
Últimamente sus manos temblaban mucho. Hasta
tocar el violín se había vuelto un caos
pues su deditos torpes rozaban mal cada cuerda y temblaban
haciendo que las notas sonaran horribles. El director
estaba muy ocupado, con una seña le indicó
dónde podía dejar los papeles. Apenas
los estaba depositando cuando una bola entró
a la oficina rompiendo el cristal de la ventana. Aquello
sonó estruendoso. El cristal estalló
en mil pedazos y ella apenas pudo agacharse para que
la bola no la golpeara. Silencio. Y luego el ruido
de los niños en desbandada. Michiru recogió
la pelota del suelo, a lo largo del eje escrito estaba
Haruka con una carita feliz echa con un plumón.
La escondió en su suéter.
- Pero quién fue decía asomándose
a la ventana Será imposible encontrar
al culpable refunfuñaba
- Me voy director hizo una reverencia y marchó
al salón. En el camino echó la bola
a la basura antes que alguien la encontrara.
Por fin llegaba a casa. Estaba muy cansada pero tal
parecía que todavía quedaba mucho de
martirio. Su madre apenas la vio le empezó
a grita como siempre y esta vez las razones no lograba
entenderla, pero sabía no tenía tiempo
para ellas. Tenía mucho sueño. Se tendió
en el sofá sin entender una palabra de lo que
su madre le hablaba. Un día, solamente por
diversión le contestaría y hasta quizá
se daría a la tarea de decirle y mostrarle
que era un ser humano y como tal sentía.
Haruka estaba fuera de sí y todos lo sabían.
Demasiados problemas, escapes fortuitos que terminaban
mal. Se las ingeniaba para escapar de la escuela y
deambular por allí planeando travesuras. Angelina
no ayudaba mucho, ella también había
perdido a su madre hacía poco tiempo y encontrado
que llorar diciendo que todo era porque no tenía
mamá movía a los corazones más
duros y por tanto más voraces en sus castigos.
Michiru lo lamentaba por ellas porque conforme sus
actos pasaran por alto empeorarían su comportamiento.
Aquella mañana llegaba temprano como siempre,
vio a Haruka escapando por entre los barrotes de la
reja, se había quedado atorada y entre jaloneos
intentaba pasar al otro lado mientras la profesora
recibía a la entrada a los niños.
- Aquí me quedo Franco
- Debo dejarla en la puerta
- Iré a la escuela
Te lo prometo
- Como desee señorita se detuvo la
limosina a inicio de la cuadra donde quedaba el colegio
- Gracias Franco
Se bajó de la limosina y avanzó con
paso lento, estaba Haruka muy atorada para salir pronto.
Sonrió un poco encantada por la escena cómica.
Se paró frente a ella y la rubia niña
por fin lograba salir dando de tropiezos, en su caída
se llevó a Michiru consigo.
- Lo siento decía Michiru riendo
- Lo siento contestó la niña
de cabellos rubios cenizos
- ¿A dónde vas?
- A ningún lado frunció el ceño
¡Ah! ¡Te conozco! Eres la niña
piojosa y Michiru frunció la boca, no
era el nombre con el que le gustaba ser recordada.
Supuso que ahora el pequeño truhán se
burlaría para salir corriendo muy lejos por
el temor a que le contagiara alguno que otro piojo
Bueno ahora que estoy afuera y no voy a ningún
lado debo decir adiós
Digo, para ir a
ningún lado
- Como sea se siguió de largo sin darle
mayor importancia
Angelina le presentaría a alguien que le pudiera
enseñar a jugar béisbol a cambio de
que ella le hiciera su tarea de ese día. Ya
tenía dos reportes por no presentarlas y otro
más significaría problemas. Michiru
en otra ocasión no se hubiera dejado sobornar
pero necesitaba inscribirse a algún equipo
o enfrentarse a la tortura de la gimnasia y las clases
de deportes. El maestro de béisbol ya era muy
anciano, tanto que lo único que hacía
era poner a los chicos a correr y a batera mientras
él dormía, el examen contaba las energías
y ánimo de ese día, daba igual si sabían
o no jugar, pero el ingreso, ése era el mayor
de los problemas porque por lo menos debía
tener una noción de cómo atrapar una
bola
- Esta bien se resignó la niña
- Perfecto
Pero las clases no surtirían un efecto inmediato
y ella no atraparía para el viernes siguiente
la pelota. Aquel niño se empeñaba en
enseñarle lo básico del juego pero Michiru
no servía para los deportes, ni siquiera tenían
sus piernitas fuerzas para terminar una carrera. Se
oyó la campana. Fin de recreo y mañana
sería un nuevo día para intentarlo otra
vez.
Ya iba de salida cuando vio que Haruka regresaba
a la escuela. Ése no era su primer escape y
eso le tenía preocupada, estaba adquiriendo
las malas manías que su prima cuando su madre
murió, pero a diferencia de su prima, Haruka
parecía sí tener lugares a dónde
acudir en sus mañanas. Ciertamente intentó
hablar con ella esa mañana, por eso le dijo
a Franco la baja antes pero no era buena hablando
con las personas y menos cuando ellas le llamaban
niña piojosa. La subdirectora la tomó
de la camisa, después de todo había
notado su ausencia. Pasó de largo con la mirada
baja, escuchó atentamente el regaño
y los argumentos de defensa que Haruka empelaba. ¿A
quién pretendía engañar? La subdirectora
solamente debía pregunta a la maestra o un
alumno si asistió y comprobaba lo evidente
- Michiru y casi quería encogerse y
desaparecer
- Mande dio media vuelta de forma mecánica
y lenta
- Asistió Haruka a clases
- ¿Me pregunta o afirma?
- Te pregunto su mirada colérica la
hizo tranquilizarse pues si lago había aprendido
era que mientras más enojada estuviera el castigo
sería mucho menor
- No lo sé esquivó la mirada
suplicante de Haruka No pongo mucha atención
en quién asiste dio media vuelta para
entregarle la mochila a Franco quien entraba ya al
colegio por ella
- Muy bien Tenoh allí se fue tu oportunidad
de salvarte, no discutiré más contigo
- ¡Ella lo dijo! No se fija en quién
está o no en clases replicaba la niña
CONTINUARÁ
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