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DOS
Sí solamente tenía nueve años
pero su rebeldía era evidente y lo fue desde
que nació. No había día que no
peleara con Lucas Tenoh, no había día
en que no oyera la famosa frase Es mi casa y
vives bajo mis reglas ¿No podía
entenderla? No, ni siquiera trataba de oírla,
de ser partícipe del dolor que ambos sentían
y cada uno a su manera vivía. Parecían
estar destinados a ello. Nadie más que su madre
la entendía o por lo menos eso parecía.
Aquella casa le era extraña como si cada persona
que la habitaba hablara en otro idioma. Demasiado
para ella. Pero los conflictos se agravaron cando
se enteró que su padre sostenía un tórrido
romances con Hitori Chaw su maestra de piano.
Pero el tiempo no perdona y quienes se creen que
son eternos se esfuman en un abrir y cerrar de ojos.
Apenas acaba de cumplir los nueve años cuando
su madre enfermó. Poco a poco la vida se desvaneció
de sus ojos hasta que terminó en un hospital.
Pero ella seguía rogándole, a los dioses
porque mejorara. Todos los días, después
de la escuela iba al templo a orar para que su único
deseo se volviera verdad. Después iba a verla
al hospital. Ella la abrazaba, la mimaba y después
le pedía le relatara su día. Era mágico,
era encanto hasta un día en que se paró
a compara unas rosas con el dinero que ahorró
de su almuerzo. También le ajustó para
unos chocolates. Llegó al tercer piso del hospital
y al llegar a la habitación observó
cómo todos lloraban, los médicos y las
enfermeras corrían de un lado a otro. Su maestra
de piano, Hitori la detuvo, pero ella no quería
quedarse en el pasillo. Su corazón palpitando
le indicaba ya que la tragedia se cernió sobre
su ser. Como pudo se quitó de encima a Hitori.
- Haruka por favor pedía la joven a
gritos
Con paso lento se acercó. Observó ese
bello rostro, frágil y pálido que hoy
expresaba paz y eternidad. La vida por fin se había
escapado a aquel cuerpo triste. Sus deditos de niña
rozaron la piel fría de quien fuera su madre.
Sus ojos azules observaban con detenimiento cada minúsculo
detalle de su madre pues sabía no volvería
a verla nunca más.
- Haruka llegaba su padre
La abrazó con fuerza pero ella no olvida su
traición. De un golpe lo retiró de su
lado. Si las tragedias servían para unir a
la familia con los Tenoh no se aplicaba tal regla.
El reventó en coraje, maldijo y grito pues
no era pecado haberse enamorado de otra mujer, pensaba
divorciarse cuando su esposa cayó gravemente
enferma, hasta lo habían hablado ya
Solamente
aplazó el desenlace de su amor. Pero eso Haruka
no lo entendía porque aún era una niña.
- Es mal momento para esto intercedió
Hitori en el pleito
- Nunca serás mi madre gritó
la niña antes de salir corriendo del hospital
Fue al primer sitio que culpaba por la muerte de
su madre. Maldijo a los dioses, maldijo su suerte
y con rabia gritó a los vientos que se odiaba
y los odiaba por quitarle a su madre, la única
persona en el mundo a quien amaba y la amaba ¿Qué
sería de su vida sin ella? ¿Qué
haría sola? Pateó con furia la pared
hasta que su llanto se volvió un sollozo. Volvió
a escapar. Por horas deambuló por la ciudad
sin saber con certeza a dónde ir o qué
hacer. Quería morir. Se dejó caer en
la hierva fresca de un parque dormiría un rato
y cuando despertara se daría cuenta que todo
había sido un mal sueño. Durmió
profundamente hasta que la lluvia de la tarde la despertó
de su bello sueño. Se frotó los ojos
y vio frente a ella una hermosa iglesia.
- ¡Por qué Dios! lloraba frente
al altar
Quería una explicación o un mapa que
le dijera cómo debía vivir ahora. Salió
de allí a la media noche. No volvería
a su casa, ya nada había allí para ella.
Se acurrucó en un rincón, junto a la
basura y unos periódicos que le darían
un poco de calor. Pero el gusto le duró poco
su padre la encontró a la mañana siguiente
o mejor dicho la policía japonesa
Y tuvo
que volver a casa.
Sentía rabia y odio. De mala gana se vestía
para el entierro. No lograba anudarse la corbata y
es que estaba tan torpe que ni abotonar su camisa
logró. Hitori se ofreció a ayudarle
pero la niña la odiaba, nadie ocuparía
el sitio de su madre, a empujones la sacó de
su habitación. Volvió a golpear con
fuerza la pared.
- Baja ya le ordenó su padre
- Voy
Después del entierro tuvo que ir a una ceremonia
especial. Se sentía tonta, ni siquiera era
católica y no sabía cómo portase
en una ceremonia católica. Bajó del
auto enfadada, golpeó con furia la puerta pero
su corbata se quedó atorada y cuando intentó
caminar se jaló ahorcándola. Peleó
a cuerpo limpio con la corbatita que seguía
atorada. Su padre cansado la jaló de la mano
y lo único que logró fue ahorcarla más.
Lucas se fijó que estaba enganchada.
- Demonios
Abrió la puerta para liberar la corbatita.
Y ahora sí la arrastró prácticamente
hasta la Iglesia. Haruka seguía chistando,
estaba tan molesta que su ceño fruncido solamente
se retiró por la aburrición de la homilía
del padre. Empezó a quedarse a dormida y para
el final de la ceremonia ya estaba en manos de Morfeo
soñando con su madre. Un perfume despertó
su instinto, era un olor divino entre jazmines y algo
que parecía canela y dulces. Algo que no podía
definir bien. Su naricita empezó a moverse
inquieta pero sus ojitos seguían cerrados.
Escuchó la voz de una mujer y siguió
intentando grabar en su mente esa esencia.
- Sí es preciosa decía su padre
- Oh es una niña encantadora
- Mis más sentidas condolencias Señor
Tenoh decía la niña de cabello
rizado aguamarino ¿Su hijo?
- Algo así sonrió Lucas
Haruka no pudo abrir lo ojos, estaba muy cansada.
Dejó que sus sueños siguieran y ese
aroma a dulces, jazmines y canela se quedara grabado
en su cerebro eternamente. Sintió el roce de
una mano y todo su cuerpo se estremeció.
Lucas Tenoh se convirtió en multimillonario
de la noche a la mañana. A muy temprana edad
comenzó a firmar contratos por altas sumas
como beisbolista. Para cuando tenía veinte
años ganaba tanto o más que un veterano.
Se casó joven y más se debió
a un capricho que amor verdadero. Su esposa, Lisa,
y él esperaban, que un hijo, lograrían
consolidar el matrimonio. No sucedió. Aquello
se volvió un infierno y la pequeña niña
quedó a merced de las constantes pugnas. Tres
años después del nacimiento de la niña
Lucas dejó el béisbol debido a una lesión
y su vida se volvió más frívola,
vana y oscura.
- Ayúdate sola repetía Haruka
arrastrando su caja de herramientas a la cochera
Su padre la vio pasar y como otras veces prefirió
ignorar y dejar que el grito final lo atendiera su
esposa
Pero ahora que ella había muerto
no sabía quién acudiría a ver
lo que hacía gritar, llorar, entristecer o
alegrar a su pequeña niña.
- Es hora que te hagas cargo le dijo su esposa
antes de morir
¿Y él que sabía de ser padre
o de niños? Solamente sabía cómo
jugar béisbol y eso enseñó a
la pequeña, tal vez podría enseñarle
cómo un hombre conquistaba a una mujer, como
la utilizaba igual que a una servilleta u objeto y
la desechaba
- Haruka ¿qué haces? le preguntó
Hitori
Pero la niña siguió de largo. Aún
no le hablaba como tampoco a su padre. Hitori movió
en negativa la cabeza, esperaba que el tiempo hiciera
lo suyo pero la indiferencia de Lucas hacia su vástago
no ayudaba mucho.
- Un día deberás hablar con ella
- Pues esperaré que sea un día muy
lejano cambió de canal
- ¡Lucas!
- ¡Qué! gritó exasperado
Haruka seguía trabajando en su pequeño
aparato que a ratos lanzaba chispas por las conexiones
incorrectas. Hitori la observaba desde la ventana.
Oyó el leve chispazo y observó cómo
se quemaba el pequeño aparato de la niña.
Sonrió, por lo menos ya la veía haciendo
algo que era mejor a verla todo el día en cama
O intentado escapar. Desde que la policía la
encontró dormida en la basura Haruka parecía
dispuesta a todo por escapar de casa, durante una
semana se empeñó en hacer todo por huir
de casa hasta que Hitori se cansó de vigilarla
día y noche y la encerró durante un
fin de semana en la habitación, hasta que entendiera
que escapar no sería la solución a sus
problemas
- ¡Ábreme! gritaba la niña
aquella mañana
- El que te vayas no solucionará nada
Y a pesar de que la niña dejó de intentarlo
sabía había sido más por una
raro plan maquilando en su cabeza que por haberle
entendido.
Se dejó caer en el suelo. Su pequeño
motor acaba de explotar y ahora tenía pedacitos
de él por todo el patio. Observó las
nubes blancas del cielo y sintió ganas de llorar.
Cerró los ojos dejando que el viento acariciara
su rostro. De nuevo vino a su mente ese aroma, esa
esencia tan especial, sonrió pensando en dulces.
- ¿Estás bien?
- Qué se levantó del suelo observando
que su amiguita Belinda acaba de llegar. Con ella
venía Mitori. Frunció el ceño
sin poder evitarlo.
Belinda era su mejor amiga, o un intento de ello
pues para desgracia de Lucas su carácter lo
había heredado su pequeña. Le gustaba
la soledad y de ser posible hubiera vivido en una
isla desierta. Belinda la toleraba más por
una obligación de su madre que por verdadero
cariño. Por otro lado Mitori era uno más
de los tantos niños que la retaban a diario,
se había convertido en un rival acérrimo
a vencer. Y si las constantes pugnas se vivían
en el parque y reuniones en casa de Belinda pronto
pasarían a otro nivel cuando acudieran a la
misma escuela
- No permiten zarrapastrosos allí decía
Mitori con ese acento entre creído y presumido
que molestaba a la niña
- Pues tú estás aún allí,
así que no son tan exigentes Mitori
apretó los puños con furia
- Ya basta terminó aquella riña
boba Belinda Todos iremos al mismo colegio
mejor llevarla en paz
- Supongo pero su mirada revelaba su inconformidad
- No será fácil para ti cambiar de
una escuela pública a una privada decía
Mitori observando con desprecio las piezas regadas
del motorcito Todos sabemos que a escuelas
públicas asiste la gente plebeya y corriente
y bueno se pega
Pero lo aristócrata no
sonrió. Apenas Belinda pudo detener
a Haruka que estaba dispuesta dejar al niño
sin un par de dientes
Haruka exhaló un suspiro. Si no fuera tan
orgullosa iría a hablar con su padre para evitar
el cambio de colegio, sabía podía convencerlo
pero eso significaría romper su promesa de
eterno silencio. Una manera algo absurda de protestar
por su romance evidente con la señorita Hitori.
Belinda seguía pensando que esa mujer era la
mejor madre que Haruka podía tener, pero el
orgullo de la niña no le permitía ver
nada más allá del fervor odio
sostenido contra ellos. Aguardaría un año,
un día su padre se daría por vencido
y le hablaría, entonces ella le exigiría
su regreso a su linda escuela, donde no debía
llevar ridículos uniformes o portarse de equis
forma.
- Bueno también irá Angelina ¿eso
te alegrará aunque sea?
- Sí contestó sin darle mucha
importancia
- ¿Quién es Angelina? preguntó
Belinda
- Una amiguita que Haruka hizo en una fiesta
comentó Mitori con saña Es muy
rica y linda
Está emparentada con la
familia más rica, aristócrata y elegante
de todo Japón
Creo hasta tienen sangre
real
y la rubia soltó una gran
carcajada
- ¿Y yo tengo sangre de a mentiritas?
- ¡Me refiero a sangre de emperadores!
- ¡Los Kaioh! dijeron al unísono
Mitori y Belinda
- Gente creída contestó la joven
rubia
Mitori era un chico muy guapo y elegante, sus ojos
azules penetrantes y su cabellito castaño claro
le daba un toque de príncipe que volvía
loca a las niñas, mientras Belinda era una
chica un poco más sencilla, sus rasgos era
un tanto escuálidos pero hermosos y finos y
con mucha gracia, su cabello era rizado en color castaño
oscuro y sus ojos de un tono azul claro casi tan transparente
como un cielo despejado que le hacían encantadora,
pero a Haruka le fascinaba por su hermoso carácter,
esa ternura natural y esa chispa encantadora que solamente
en privado dejaba ver. Casi creía estar con
un ángel. Belinda lo era todo para ella, y
aunque las peleas siempre iban por esa natural y tonta
manera de creer en clases sociales Haruka sabía
que en el fondo ella también lo veía
vano y soso.
- Pues Michiru va en el mismo año que nosotros
decía Mitori
- Lástima que está en otro grupo
continuó Belinda Aunque es una niña
demasiado extraña sonrió con
coquetería la niña
Pero Haruka ya no escuchaba. Pensaba en lo que se
fue, lo que la vida se llevó para no devolverle
jamás. Miró a Belinda con melancolía,
quizá un día las cosas mejoraran como
le decía y esperaba fuera pronto porque ella
se sentía morir.
- La semana que viene entramos le avisó
Mitori
- Sí contestó con desdén
Lunes. Las clases por fin empezaban. Haruka dejó
que el despertador siguiera sonando hasta que Hitori
la sacó a regañadientes de la cama.
Su nuevo colegio quedaba muy lejos y eran lo bastantes
estrictos como para expulsarla el primer día.
Frunció el ceño y de mala gana se apuró.
- Anda muévete
Apenas terminaba su desayuno cuando Hitori la jaló
hasta el auto. Demasiado tarde ya.
- Debo hacerte algunas recomendaciones
Y sostuvo un largo monólogo de hora y media
mientras Haruka seguía durmiendo. Hitori sabía
que el carácter de la niña la metería
en graves problemas. Cómo hacerle entender
que un colegio privado requería se esforzara
más, estudiara más, se portara mucho
mejor y dejara de portarse como un chico. Observó
el uniforme, después de un berrinche y alegar
que en el famoso reglamento no venía ninguna
cláusula que exigiera a una mujer usar el uniforme
de falda ella pudo vestir su pantalón. Hitori
sabía que la subdirectora no lo entendería
así.
- Bienvenidos saludaba la atenta maestra a
los niños en la puerta
- Buenos días saludó Hitori
- Así que tú eres Haruka Tenoh
Creí
eras niña, bueno con esas enormes pestañas
Pasa, te llevaré a tu salón
No
se apure señora Tenoh
- ¡Ella no es la señora Tenoh!
gritó la niña encolerizada Es
la sirvienta
- Oh lo siento corazón
Ven
Se sentía inquieta. Miraba extrañada
a sus nuevos compañeros que también
ya la observaban con cautela analizándola detenidamente.
Buscaba entre sus compañeros a Belinda, Angelina
o
- Mitori frunció el ceño
- Me han cambiado de grupo ¿Tú crees?
Belinda está en el B
Y Angelina en el
C
Y
- Tomen asientos niños gritó
la profesora Muy bien mi nombre es: Profesora
Milogan del cuarto A
Haruka echó la cabeza hacia atrás,
ojalá la hubieran dejado quedarse con su gorrita
roja así se la hubiera acomodado para dormir
la siesta antes de salir al recreo. El tiempo iba
tan lento y ella se aburría tanto. Por fin
pasaron lista para después cada uno presentarse
a la clase. Escuchó el nombre de Michiru Kaioh
pero no vio a la niña, parecía que no
se había presentado. Y ella que tenía
tantas ganas de conocer a la famosa niña de
sangre real y por quien moría Mitori.
- Muy bien es hora de recreo decía
y su voz se apagaba en el ruido de la campana
- ¡Recreo! gritó Haruka feliz
aventando el cuaderno al aire.
En su loca carrera atropelló a dos compañeros,
aventó a una más en el pasillo hasta
que la subdirectora la detuvo tomándola de
la camisa. Su mirada furiosa congeló a la niña
rubia.
- No corras en el pasillo
ni grites
ni
hagas tonterías
Por fin en el patio. Por fin podía correr,
jugar y brincar. Pronto se unió a un grupo
que jugaba béisbol y las niñas se galoparon
para ver al nuevo niño que era todo un príncipe.
Como en su otra escuela se dedicó a guiñar
el ojo, saludar y mandar besos mientras se ocupaba
de batear de forma estupenda. Mitori rabiaba enloquecido
pues no podía creer que niñas tan educadas
y finas gritaran tanto ante las tonterías de
Haruka.
- No me agradas dijo un niño del quinto
año
- Que mal se acomodó en la caja de
bateo
- Dije no me agradas
Así que deberás
pagar cuota por ello
Pero Haruka estaba acostumbrada a los grandullones
aprovechados. Venía de una escuela donde el
poder del más fuerte impera. Lo ignoró
pero el niño molestó la empujo. Haurka
se dio media vuelta y sin más lo tomó
del cuello para golpearlo contra la pared. La riña
de empujones terminó en golpes
- ¡No lo puedo creer! gritaba la subdirectora
Es el primer día
- ¡Me pegó! lloraba el niño
del quinto año
- Es la primera advertencia para ambos
Un problema
más y los dos se irán a casa por un
par de días
Se quedarán sin recreo
el resto de la semana
Haruka frunció el ceño, si ese niño
no hubiera llorado tanto aquel pleito se hubiera quedado
entre ellos. Sí, Hitori tenía razón,
éste ya no era el mundo donde ella se movía
el que ella conocía.
Fue una semana terrible. Casi no podía creer
que en cinco días juntó dos reportes,
uno por desorden en e l salón de clases y otro
por no traer sus tareas. Pero debían entender
que tenía mejores cosas qué hacer que
la tarea, como trabajar en su motor que por segunda
ocasión voló en mil pedacitos. Ahora
con una nueva semana y la advertencia de Hitori empezaría
bien, por lo menos tenía la tarea y eso ya
era una gran ventaja. Llegó apenas a tiempo
a clases, iba a ocupar el asiento que la maestra le
asignó en vista a su constante distracción
pero una niña ya se había sentado allí.
Se quedó parada sin saber qué hacer
o decir. Era realmente hermosa la niña. Tenía
uno hermosos ojos azul verde y su cabello verde aguamarino
rizado se tendía encima de sus hombros. Se
veía muy pálida y algo flacucha.
- Estás en el lugar de mi Haru renegó
una de las niñas
- Lo siento tomó sus cosas para moverse
- Oh no por fin Haruka reaccionó
Quédate allí sonrió con
coquetería pero la niña estaba con la
cabeza metida en la mochila empacando sus cosas
Que te quedes allí repitió enfadada
De nuevo se paralizó. Aquel hermoso aroma
a dulces, canela y jazmines llegó de nuevo
a su sensible nariz. Cerró los ojos y aspiró
lentamente aquel dulce aroma dejando que el tiempo
prosiguiera mientras ella soñaba en la nada.
Eso hasta que la amaestra le gritó tomara asiento
- Bienvenida Michiru Y la rubia volteó
para ver que la niña que acaba de quitarse
de su sitio era nada menos que la famosa Michiru Kaioh
No pudo concentrarse en clase, lo único en
su mente era ese aroma que la enloquecía. Y
eso le costó quedarse parada cara contra la
pared en el rincón mientras todos reían.
- Muy bien a recreo
- ¡Recre
! no terminó de
gritarlo cuando la maestra la detuvo con fuerza del
brazo
- Tú no Haruka, terminarás los trabajos
que no pudiste hacer en clase
Siéntate
y termina o no te irás a casa temprano
- Pero
Pero no pudo ni replicar. Se sentó en el escritorio
de la profesora, abrió el cuaderno buscando
como realizar las sumas sin calculadora. Ya recuperaría
su calculadora, y se vengaría de Hitori por
quitársela. Se sentía observada, levantó
la cabecita inquieta y entonces se dio cuenta que
no se había quedado sola como pensó.
Allí estaba de nuevo la niña con la
esencia a dulces, canela y jazmines. Ella se sonrojó
y escondió la cabeza entre un libro. Haruka
abrió la boca para decir algo pero lo único
que pudo hacer fue balbucear sonido que nadie escuchó.
CONTINUARÁ
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