| UNO
En el final, cuando los amantes perecen en el tiempo
del olvido y el dolor. Entonces se hace un recuento
de la vida y se pregunta si existiera la posibilidad
de modificar lo hecho y vivido se haría. El
tiempo es duro y constante, no perdona y es así
como nuestra historia se formará lentamente,
destruyendo sueños, creando otros tantos y
volviendo otro puñado de ellos realidad. Cuidado
con lo que se desea, porque a veces pareciera que
nuestros deseos vueltos realidad no son otra cosa
que terribles pesadillas donde nos destruimos lentamente,
terminamos desfalleciendo en la peor de las agonías
mientras el mismo mundo se derrumba a nuestros pies
y solamente nos resta cerrar los ojos para dejar de
ver la realidad que nos tiñe de miedo, soledad
y tristeza
Empezar en la nada no saber el por qué y un
día en que la gloria y ansia por un mejor mañana
sacude, se pide un deseo, una maldición anticipada
que uno nunca vio como tal. Pero después, eso
ya no importará. El final ha llegado. Explicarlo
en su momento no se podrá porque explicar el
amor es cosa que resulta imposible solamente se siente.
Lo único que se tiene es el amor, el tiempo
que con paso seguro deja huella en nosotros. Al final,
ya nada importará. Esta no es una historia
más de amor, es su historia
Y en silencio escuchaba las plegarias que se elevaban
en honor al que se adelantó a la partida. Pronto
terminaría el martirio y podía marchar
a casa, quería todo terminara y en parte lo
anhelaba porque ni siquiera conocía al difunto.
Pensó en la muerte, pues era el tema del día
y no tenía nada mejor que hacer, pensaba en
cuando ella moriría y por lo dioses que deseaba
fuera pronto, su existencia era tan vana y patética
que solamente lograba robar aire a un ser humano que
podría aprovecharlo mejor que ella. Pero debía
dejarse de pesimismos era un excelente día,
llovía y el aire frío helaba hasta los
huesos tal como a ella le gustaban. Su madre le susurró
que se enderezara y ella sintió rabia, pues
más derecha no podía estar.
Por fin terminaba el martirio. Era una suerte que
solamente fuera una ceremonia y no un velorio de cuerpo
presente. Intentó investigar en honor a quién
era la famosa ceremonia pero su madre solamente quería
se viera presentable en el evento social del año.
Estaba segura que ni su propia madre sabía
quién se murió
Pero qué
podía esperar, si a ella solamente le interesaba
ser popular. Sus ojos verde azul miraron con cuidado
cada rostro de aquellas personas. Odiaba a la gente,
odiaba los tumultos y tener que ir a eventos tan concurridos.
Solamente tenía nueve años y su mente
de niña no le dejaba entender aquel mundo extraño
en que se movía su familia.
Por fin en casa. Saludó a su padre, pero él
estaba demasiado ocupado en sus asuntos para prestarle
un poco de atención. Ella siguió de
largo, tenía hambre pero su institutriz apenas
le vio la manzana en la mano le recordó estaba
a dieta forzada, no podía seguir subiendo de
peso sin una razón aparente. Y ella creía
que no podía pedirle pesara diez kilos cuando
tenía ya nueve años. Dejó de
mala gana su manzana en la bandeja, como fuera no
le gustaban mucho las verdes. Subió las escaleras
para ir a la venta, miraría el cielo hasta
encontrar una estrella fugas, la estrella que le haría
sus sueños realidad.
- Esa niña es rara comentó la
mujer
- Eloísa, Michiru no es rara y si lo es, es
solamente culpa tuya o no la educas bien o algo de
tus genes maltrechos los heredó
- No me culpes de nuevo
sabes que si pudiera
te hubiera dado otro hijo
Y créeme me
encantaría pues ella es
- Independiente y eso te molesta sonrió
el hombre
- No es cierto
Es anormal, nunca llora y siempre
es tan callada y te ve con esos ojos terribles que
parecen
- Eloísa ¿Te escuchas las tonterías
que dices? Es tú hija no un demonio en un cuerpo
de niño
- Pues te diré susurró
Nunca llora
Ni cuando era bebé lo hizo
apenas emitía pequeños quejiditos imperceptibles
y luego
- Y recuerda que casi ambas mueren en el parto, es
normal fuera un bebé tranquilo, deberías
dar gracias a que tenga un carácter pasivo
y dócil ¿o prefieres lidiar con un crío
latoso? Ya te dije, por qué no adoptamos
- No negó con la cabeza como si aquella
idea hubiera sido una ofensa horrible Y no
me digas es dócil porque no lo es
Pero el hombre ya no quería seguir discutiendo
con su esposa. Todos sabían que Michiru era
la niña más perfecta y lo más
cercano a un ángel en la tierra, pero como
todos los niños, a veces era difícil,
caprichosa y
¿Berrinchuda? No eso no,
no recordaba un berrinche de su niña. Como
fuera debía terminar su trabajo y su esposa
solamente le dejaba un sabor amargo.
- Un día esa niña me matará
de un coraje
- Ya basta bramó el hombre A
ver dime qué cosa tan terrible te hizo
Pero Eloísa enojada ya solamente se dio media
vuelta saliendo de la habitación. Fue a la
cocina para ordenarle a la institutriz que se hiciera
cargo de la niña lo que restaba del día.
Michiru ya estaba muy cansada. Terminó de
ponerse la pijama para mirar por última vez
la bóveda celeste, quizá, sólo
quizá, hoy sería su día de suerte
y esa estrella fugas se viera en el cielo para que
ella pidiera su deseo. Su cabecita se recargó
en el marco de la ventana. Cerró un instantes
los ojos y cundo los abrió vio su estrella
fugas. No lo podía creer, por fin sus sueños
se volverían verdad. Sin tardanza juntó
sus manos en plegaria para formular su deseo.
- Hora de dormir ordenó su institutriz
- Nana, lo hice, pedí mi deseo
- Son supersticiones tontas y absurdas Michiru, una
niña tan inteligente como tú debería
saberlo
lo sabía pero le gustaba
imaginar que podía hacer sus sueños
verdad. Mañana sería otro día,
una nueva oportunidad y pediría a las estrellas
de nuevo porque sus sueños se hicieran realidad.
Su nana era una mujer ya muy madura sin llegar aúna
la ancianidad. Había sido educada a la antigua
por lo que le prohibía casi todo a Michiru,
empezando por la televisión y terminando en
los dulces. Era una mujer buena a su modo y aunque
siempre se portaba de forma frívola y dura
sabía que la quería. Se dejó
arropar, estaba muy contenta porque vio una estrella
fugas, quizá un día su padre le regalara
un telescopio.
- ¿Se te quitó el dolor de cabeza?
- No del todo sonrió la niña
Estoy muy cansada
¿Alguna vez
te has preguntado si te gustaría morirte?
- Duérmete ya
Eloísa se levantó ceca de las diez
de la mañana. Cuando su hija estaba de vacaciones
prolongaba aún más sus horas de sueño
para evitar verla. Si por ella hubiera sido la dejaría
permanentemente en el internado. El sistema no era
malo del todo, los horarios mantenía a su pequeño
vástago fuera de casa desde las seis hasta
cerca de las seis de la tarde y eso para ella era
una bendición, pero en vacaciones debía
quedarse con ella. A menos que la niña reprobara,
cosa que nunca sucedería. Por fin bajó
a desayunar. Su hija estaba sentada con la cabeza
recostada en la mesa. Se veía tan pálida
y cansada. La niña tenía razón,
para la edad y altura que tenía estaba muy
por debajo de su peso, se veía tan lánguida
y escuálida que ella misma temía mirarla
por temor a que se rompiera. Su conciencia le gritaba
de nuevo, pero esa niña tenía que aprender
quién era el que mandaba.
- Señora ¿Le sirvo el desayuno?
- Por favor
Michiru golpeó la
mesa despertándola de su bello sueño
- Buenos días madre se frotaba los
ojitos lagañosos
- Ve y lávate la cara ¿Qué no
dormiste?
- Sí, pero me siento un poco cansada y creo
dormí poco sonrió con ternura
¿Y tú como dormiste madre?
- Bien, anda lávate la cara y prepárate
para ir al conservatorio
¿Qué
no deberías estar ya allá?
- No, es hasta las doce
Y regreso a las dos
¿Comeremos juntas?
- No
Perezosa la niña se levantó de la silla
para ir a lavarse. Su madre la observó hasta
que se perdió en la escalera. Negó con
la cabeza, detestaba su hija pareciera un muerto viviente.
La vida se ensañaba con ella ni siquiera pudo
darle un hijo digno de Taichi Kaioh, era una suerte
que la niña fuera la viva imagen de su padre
o de lo contrario él podría alegar que
esa niña no era suya. El carácter tan
blando y dócil, un humor liviano y hasta fresco
con la vida, hasta se preguntaba si la pequeña
sabía lo que significaba odiar porque nunca
había visto lo hiciera.
- Me voy madre se despidió con tal
protocolo que se sentía extraña
Eloísa ya con Michiru lejos se dedicó
a realizar sus actividades sociales. Dentro de unas
semanas su club tendría un evento de caridad
para los pobres de la ciudad de Okinawa en Japón.
Organizaría un baile aparte del evento primordial
y esperaba fuera un éxito. Volvió a
casa a la hora de la cena, prolongó las pláticas
con tal de no estar a solas con Michiru, quizá
consiguiera que su esposo se decidiera a mandar a
la niña a un internado en Inglaterra o en Alaska,
el lugar más lejano que encontrara. Taichi
ya estaba en casa, estaba cenando y por lo visto la
niña ya se había dio a dormir. Se sentó
contenta y su esposo le lanzó una mirada recriminatoria
y ella frunció el ceño.
- Michiru está enferma dijo el hombre
- ¿Y por eso me miras así?
- No la cuidas, es todo
- Ya te dije que esa niña es imposible
renegó la mujer Y tú no me apoyas
en su educación
- ¿No te apoyo? Qué quieres que haga
- Envíala a un internado
- En Tingotú donde no la puedas ver ¿Verdad?
Eloísa hemos tenido esta discusión cada
año y me he acostumbrado a ella pero creo este
año tu excesivo odio por Michiru no es otra
cosa que tu conciencia gritándote lo injusta
y cruel que eres con ella
- ¡Apóyame! La concientes demasiado
y cuando tú no estás hace lo que quiere
- Le pego sin una razón de peso cada vez que
tus ideas absurdas me lo piden ¿No es apoyo?
Te remuerde la conciencia porque sabes que haber puesto
en su lugar a la anciana
Creí fue lo
mejor, vamos hasta yo pierdo los estribos con esa
loca y tú me dices pasé una vergüenza
y estuviste jodiendo porque le diera un escarmiento
a esa niña que según tú no te
respeta. A ver Eloísa darle una paliza por
algo tan absurdo ¿no es una forma de saciar
tus caprichos?
- ¡Es arrogante y no debía decirle nada
a la anciana Creic! Casi me echan del club
- Exageras
Sabes que más de la mitad
de veces hemos castigado a Michiru sin razón
No la enviaré a las minas de Siberia por defenderse
de la anciana, así que olvídalo
- ¡Entonces dile que me respete! Es
Es
- Es que no puedes mirarla a los ojos sin sentir
que eres culpable
Michiru es la mejor niña
de Japón y lo sabes
- ¡Escoge entre ella o yo!
A Michiru le apreció extraño que su
padre la estuviera esperando. Lo acompañó
a su estudio mientras él estaba al celular
arreglando un negocio más. Se sentó
y cruzó la pierna un poco aburrida por la espera.
Él se sentó en su silla de piel. Colgó
por fin. Observó sus ojos verdes con atención,
sí Eloísa estaba molesta pero con ella
misma porque sus necedades las pagaba la pobre chiquilla.
Inhaló profundamente antes de comenzar la charla
- Tu madre está muy enojada aún por
lo de la ancianita esa
- Pero no puedes frunció el ceño
castigarme dos veces por el mismo crimen
- Sí lo sé, debes aprender a quedarte
callada, la mitad de la gente con quien convive tu
madre es gente un poco hizo una mueca de enfado
pues no haya una palabra no hiriente para explicarlo
- Latosa rió la chiquilla Entonces
me volverás a castigar por eso respiró
profundamente
- ¡No! Lo que quiero es que me hagas un favor
para que tu madre se quite esas ideas raras sobre
ti y tu mala actitud
- ¿Disculparme con la ancianita? Me dará
de bastonazos, claro que no me alcanzará si
me dejas correr
- No rió animadamente Tendrá
un evento de caridad y quiero que le ayudes, puedes
tocar una pieza de violín y tú madre
se dejará de idioteces
- Prefiero la paliza susurró
- ¿Mande?
- Nada sonrió
- No es un castigo se acomodó e l cabello
- ¿No?
- Me refiero a que puedes negarte
pero
no dejó lo hiciera aún Es una
buena manera de hacer las paces con tu madre
te apuesto a que ella te querrá más
si la complaces, eres muy huraña y talentosa
y si te viera en un evento así y
Y creo
sigues pensando en negarte suspiró
te compraré tu telescopio si lo haces
- ¡Sí!
- Anda arréglate te vas conmigo a la fábrica
Frunció el ceño, odiaba ir allí,
aparte de que se aburría muchísimo la
secretaria siempre tenía encendido el televisor
o la radio y con tanto ruido terminaba con un terrible
dolor de cabeza.
Taichi ya no sabía qué hacer y es que
su hija simplemente estaba como ida, como si algo
en su mente distrajera totalmente sus pensamientos.
Aunque había sacado excelencia como todos los
años su profesora se había quejado de
que su atención estaba perdida, a veces hasta
parecía estar ensoñada o dormida que
no sabía qué estaba pasando en clases.
Varias veces había entregado mal la tarea y
como sabía que no era una niña floja
le había dado otra oportunidad pero ya era
de cuidado su desatención. Su esposa quizá,
y para variar, tenía razón, la niña
estaba volviéndose problemática. Hasta
su maestra de violín no la subió de
nivel sino que la reprobó. Y esta queja era
la que lo preocupaba. Respiró profundamente
recordando cada palabra de la señorita Yotoi.
Michiru se distraía con facilidad se quejaba
demasiado de dolor de cabeza, estómago y otras
tantas dolencias que la señorita creía
ya era hipocondríaca. Erraba las notas y era
torpe. Michiru disfrutaba y amaba su violín
por encima de cualquier cosa o persona.
- Ves cómo no soy yo refunfuñó
la mujer
- Sí y qué le quedaba decir
Pero de todas formas llévala al médico,
tiene nueve años para sufrir de hipocondría
Podría ser tensión
- Como quieras
Apenas vio a Michiru llegar la tomó de la
oreja, todo el coraje contenido escapó en el
acto, si esa niña no diera armas a su madre
para que aquello se volviera una pesadilla. Él
no permitiría que su hija se convirtiera en
un calvario ni mucho menos dejar que arruinara la
vida de todos y el nombre Kaioh. De la oreja la llevó
hasta su estudio donde le pidió una explicación
al sin fin de quejas que recibía, pero Michiru
le tenía miedo y lo único que hacía
era tartamudear. Cerró fuertemente los ojos
y los apretó temerosa. Él siguió
gritándole, amenazó, dijo y desdijo,
si no le gustaban las clases de violín las
cancelaría al igual que las de pintura y que
también se olvidara del telescopio o de juegos
absurdos
Volvió a agitarla en su desesperación
pero la niña seguía tan aterrada que
solamente esperaba por la tunda que su padre le daría
por fallar.
- Se acabaron las niñerías
¿por
qué no creces y maduras?
Y él por qué no entendía que
solamente tenía nueve años. Se dejó
caer en el sofá, cansado, estaba atareado de
trabajo y Michiru no le ayudaba mucho. Eran ya las
siete de la mañana y él apenas pudo
dormir una hora, si no entregaba pronto el trabajo
perdería a su nuevo cliente, pero la competencia
cada año le exigía más velocidad
y calidad de trabajo, estaba pensando seriamente en
contratar algo de personal para aligera la carga y
quizá para navidad pudiera irse de vacaciones
con su familia, eso si Eloísa no seguía
con sus ideas paranoicas sobre la niña. Abrió
los ojos fijándose que la institutriz lo observaba
con cautela como un lobo en acecho a una presa demasiado
grande para enfrentarla a la primera
- Qué
- La niña no despierta
Creo está
enferma
De inmediato se incorporó. Tomó el
teléfono para llamar al médico. Michiru
estaba pálida y fría, como si hubiera
muerto pero el aliento aún se sentía
y su corazón latía aunque de forma casi
imperceptible. Golpeó las mejillas de la niña
pero ella no reaccionaba. Su pulso era muy débil.
Mandó llamar a su mujer pero ella no podía
ser de mucha ayuda pues anoche en cuanto él
se llevó a la niña al estudio ella se
fue a dormir.
- A ver qué sucede por fin llegaba
el médico
- No despierta
- ¿Le hiciste algo? la mirada esquiva
de Taichi le contestó Te he dicho que
la cuides refunfuñó el médico
Eloísa no dejaba de hablar, decía que
si la niña se moría sería culpa
de Taichi. Él se cansó de oírla
y le recriminó nunca haberla llevado a atención
médica, con tantas quejas y dolores debía
haberlo hecho fuera o no cierto. La discusión
s e hubiera prolongado hasta el anochecer pero el
médico salía ya de la habitación
- Está muy débil, Taichi no le grites,
no le pegues ni siquiera le levantes un poquito la
voz, nada que la altere
Preferiría estuviera
en el hospital para un par de estudios
- Sí, la llevaré para allá
Michiru dijo adiós definido a su telescopio,
sus últimos días de vacaciones la pasaría
en el hospital. Estaba demasiado cansada como para
refutarlo. Ni siquiera tenía fuerzas para contestar
las preguntas del doctor. Una enfermera se encargó
de vestirla con la bata reglamentaria del hospital
y colocarle el suero. Tampoco podría presentarse
al evento de su madre y sabía que eso lo pagaría
muy caro. Cerró los ojos, el silencio la arrullaba
para un largo sueño.
- Me duele susurró
- Intenta dormir pequeña le dijo su
padre
Taichi por primera vez se sentía culpable.
Si estaba portándose extraño era lógico,
que se trataba de algo muy grave y no simplemente
un intento de rebeldía. Acarició el
cabello de la niña, para después besar
su frente.
- Debe cuidar su alimentación, de puro milagro
esta niña no se te ha muerto
- No me digas eso sonrió con pesar
Sabes que la cuido
- Necesitas mejorar sonrió En
verdad.
- Papá susurró Michiru
- Sé buena niña, te compraré
tu telescopio porque has sido muy valiente y obediente
- Sí contestó entre sueños
CONTINUARÁ
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