Capítulo 1
Sonidos en el viento
Flash Back
Voz: Sanosuke, me alegro de haberte conocido.
Sanosuke: ¿Sayo?...
Sayo:
Sanosuke: ¡Sayo!
Fin Flash Back
¿Por qué sucedió? ¿Por
qué no pude protegerla? ¿Por qué
el destino no nos permitió estar juntos?
La brisa hace susurrar las hojas de los árboles
del jardín del dojo Kamiya. Sanosuke Sagara
se encuentra se sentado, con la espalda apoyada en
el tronco de un árbol, con la mirada perdida
en el cielo, en las estrellas. Es realmente tarde,
no debería estar ahí, pero
la
tranquilidad que se percibe en ese dojo cuando no
están Kaoru ni Yahiko despiertos es asombrosa,
le recuerda tanto a ella.
Flash Back
Plaff (sonido de cachetada)
Sayo (o Magdalia): ¡No puedo creerlo! ¡Eres
un hombre muy violento!
Sanosuke: ¿Por qué me ayudas?
Sayo: Yo sigo las enseñanzas de Dios, él
dice que hay que tener compasión y ayudar a
todos aquellos que la necesiten
Sanosuke: Bah
Sayo: Oh, mira, tienes un corte ahí
Sanosuke: ¿Dónde?... o//o
Sayo:
o//o
Sanosuke: ¡No hables de esa forma, Magdalia!
¡No puedes quedarte ahí a esperar un
milagro!
Sayo: Pero
Sanosuke: ¡Escucha, yo no puedo hacer milagros,
sin embargo estoy aquí protegiéndote.
Y mis amigos, Kenshin, Kaoru, Yahiko, incluso la comadreja
llamada Misao, ellos no son dioses, ¡pero sin
embargo están haciendo todo lo posible por
salvarnos y detener al ejército! ¡La
gente puede hacer grandes cosas!
Sayo: Yo
Fin Flash Back
Como me gustaría haberte dicho todo lo que
sentía por ti
mejor dicho, todo lo que
SIENTO por ti, ya que este sentimiento no se ha desvanecido
a pesar de
no quiero pensar en eso.
Magdalia
Sayo. Me hubiera gustado decirte tantas
cosas que nunca pude, me gustaría tenerte en
mis brazos, como la última vez que te escuché
hablar, que vi abiertos tus ojos, pero sin el dolor
ni la muerte cerca
Sayo, no puedo olvidarte,
jamás lo haré, tú fuiste y siempre
serás la persona más importante para
mí. Sayo, en verdad quisiera haberte podido
decir
decirte que te amo, Sayo.
Una lágrima solitaria corre por la mejilla
derecha de Sanosuke, quien se levanta, dispuesto a
regresar a su casa. Una repentina brisa sopla sacudiendo
los cabellos castaños del luchador, y que lleva
con ella un misterioso susurro con una voz muy conocida
- ¡Sanosuke!
El joven escucha cómo el viento clama su nombre,
como lo ha hecho tantas noches seguidas desde que
pensaba en Sayo hasta ser atacado por el insomnio.
Todas esas noches había caminado sin rumbo,
hasta encontrar un lugar tranquilo y hermoso, que
ameritara el honor de ser el sitio donde el luchador
pensara en una mujer como lo fue Sayo. En una de esas
noches se tropezó con la persona que menos
deseaba ver en aquel momento de melancolía.
Flash Back:
Megumi: ¡Sanosuke! ¿Qué haces
aquí a estas horas?
Sanosuke: Creo que yo soy quien debería preguntarte
eso, doctora.
Megumi: Salí a esta hora porque tenía
que atender una emergencia, a una señora le
dio un infarto y con suerte sigue viva.
Sanosuke permaneció en silencio, con su semblante
serio, con la vista fija en la doctora, pero la mente
en otra parte. Megumi se estremeció por dentro
al notar el repentino cambio en la mirada del luchador,
que pasó de sarcástica a seria y con
un dejo de tristeza.
Megumi: Sanosuke, ¿Qué te sucede?
Sanosuke:
Megumi: ¡Sanosuke! ¡Te he preguntado qué
te sucede!
Sanosuke (saliendo de sus pensamientos): Eh?... no,
nada, nada. Adiós, Megumi.
Megumi: ¡Espera, Sanosuke!
Sanosuke: ¿Qué quieres?
Megumi: Este
nada, sólo quería
decirte
ten mucho cuidado.
Sanosuke: No te preocupes.
El luchador se marchó de ahí, dejando
tras de sí una doctora quien caminaba en dirección
contraria, disimulando con una expresión enojada
la pequeña lágrima que se asomaba por
su ojo derecho.
"Sanosuke, eres un tonto" pensaba Megumi
"¿Cuándo me darás la oportunidad
de decirte lo que siento? Siempre andas apurado, nunca
me dices a dónde vas
¿Qué
pretendes con todo ese misterio?" la lágrima
se resbaló por su mejilla lentamente, como
esperando que la doctora la secara con su mano, pero
ella no hizo nada para impedir que la lágrima
cayera finalmente al suelo. "Si al menos te tomaras
unos minutos para observar mis ojos, mi expresión
Si al menos quisieras averiguar qué es lo que
guarda mi corazón, si te interesaras por averiguar
que siento el fuego quemarme por dentro al verte parado
frente a mí y no saber si algún día
podré sentirme rodeada por tus brazos, ni tus
labios sobre los míos
Sanosuke, ¿Cuándo
me permitirás decirte que te amo?"
Esa fue la misma noche que Sanosuke escuchó
por primera vez la voz de Sayo en el sonido del viento.
Se había sentado en la orilla de un acantilado,
dispuesto a pasarse las próximas horas pensando
en la mujer que había cautivado su corazón,
amparado por la oscuridad de la noche, e iluminado
por las condescendientes estrellas. No había
luna. Pasó varias horas pensando en ella, recordándola,
imaginándola sonriente y feliz, embarazada
de un pequeño nuevo Sagara. Ni siquiera se
dio cuenta cuando el sol comenzó a interrumpir
lentamente sus reflexiones al sacar sus rayos e iluminar
el cielo.
Sanosuke suspiró y lentamente se incorporó.
Justo en ese momento, el viento proveniente a sus
espaldas azotó en dirección a él,
mientras que se llevaba los susurros de esa voz que
tan bien conocía a caer por el acantilado
y el luchador apenas escucho un melancólico
"¡Sanosuke!", antes de sentir emerger
de su pecho una ola de furia, de dolor, de desolación,
que sólo pudo expresar de una manera: dejar
que un par de lágrimas resbalaran por su mejilla
y cayeran al suelo.
Fin Flash Back
"Maldito sea el destino, ¿Qué
necesidad había de arrebatarme a la mujer de
mi vida? Y ¿Por qué ahora disfruta burlándose
de mí y haciéndome escucharla en esta
maldita brisa nocturna? Siento que la pierdo una y
otra vez a cada momento que el viento se lleva sus
susurros, porque no puedo retener junto a mí
ese dulce sonido
su voz al pronunciar mi nombre"
Sanosuke caminó por el jardín del dojo
Kamiya dispuesto a irse a su casa, pero antes de cruzar
la puerta que daba a la calle, dejó escapar
un pequeño murmuro:
Sanosuke: ¿Por qué tiene que ser sólo
el viento?
Una voz, mucho más fuerte que el viento, más
delicada y suave que un pétalo al deslizarse
al suelo al ser arrancado de su flor, ahí estaba,
esa voz.
Voz: ¿Acaso no te das cuenta que no soy el
viento, Sanosuke?
Capítulo 2
El último beso
Paralizado, con una mano en la puerta, el luchador
escuchó la voz de Sayo muy cerca, y esta vez
no fue un susurro. ¿Si volteaba la cabeza
qué encontraría? ¿Acaso vería
a su amada Sayo sonriéndole o se toparía
con un espacio vacío y una tremenda decepción?
Voz de Sayo: Sanosuke, aquí estoy.
Sanosuke sintió una suave y fría mano
posarse en su hombro. El joven volteó rápidamente
la cabeza
y la vio. Mucho más pálida
de lo normal, su expresión algo demacrada,
pero sus ojos verdes con el mismo brillo celestial
e inocente. Una especie de aura blanca rodeaba su
cuerpo, e iba vestida con un hermoso vestido blanco,
estilo occidental, de mangas amplias y cola de medio
metro. También llevaba un medallón de
oro, con el símbolo cristiano grabado. Pero
eso sí, conservaba su hermosa sonrisa.
Sanosuke: Sa
Sayo
¿Cómo
?
¿Qué
?
Sayo
Sayo: Sanosuke, no tengo mucho tiempo para explicarte
cómo llegué aquí, sólo
te diré que me han dado la oportunidad de hablarte
por última vez.
Sanosuke: ¿Última vez?
Sayo: He tratado de comunicarme con tigo todo este
tiempo a través del viento, pero tú
no has entendido
Por eso he venido a ti esta
noche, tengo muchas cosas que quiero decirte.
Sanosuke: Sayo, yo
también tengo
muchas, muchas cosas
que necesito decirte
El silencio se apoderó de la situación
por unos segundos, pero Sanosuke se decidió
a romperlo invitando a Sayo a caminar por el jardín
del dojo Kamiya, invitación que ella, aliviada
de no seguir en silencio, aceptó. Ya llevaban
un buen rato caminando, mirando las flores, las estrellas
cuando Sayo se detuvo. Sanosuke la miró con
desconcierto, pero antes de poder decir nada, ella
dijo:
Sayo: las últimas palabras que te dije antes
de morir fueron "me alegro de haberte conocido"
Sanosuke: Sayo
Sayo: Sabes, mi opinión no ha cambiado en
nada. Me ayudaste mucho, Sanosuke. Me enseñaste
muchas cosas, me mostraste la esperanza de ser feliz,
y, por un minuto fui completamente feliz, a pesar
de las circunstancias. Gracias a ti, el señor
Elstein pudo detener al ejército y salvar a
mi hermano a todas las personas que creen en Dios
y que ahora viven felizmente en Holanda. Hiciste tantas
cosas buenas, a pesar que no eres cristiano, mientras
yo creía que todos aquellos que no creyeran
en Dios eran monstruos malvados y sanguinarios. Además,
y a lo que quería llegar, es que me enseñaste
algo más.
Sanosuke: ¿Que yo te
enseñé
algo más?
Sayo: Ese último minuto de vida que tuve fue
el más maravilloso de todos
pues me encontraba
en tus brazos, y podía sentir que realmente
no querías que me fuera.
Sanosuke: ¡Claro que no quería que te
fueras! Tu
Tú eras, y siempre serás,
la persona más importante para mí
Sayo, no te puedes si quiera imaginar las grandes
esperanzas que tenía de que talvez, en un futuro
tú y yo pudiéramos ser
bueno
Sayo (un poco sorprendida): Sanosuke
Sanosuke (levanta la cabeza y la mira directamente
a los ojos): Sayo, yo te amo, siempre te he amado,
y siempre te amaré, no importa que nos separe
la barrera entre la vida y la muerte, ¡tu siempre
serás la persona que más amo en esta
vida!... Esto era lo que quería decirte
y que nunca pude
hasta hoy.
Sayo: Sanosuke
Sanosuke: Ya sé que no soy al tipo de hombre
que te mereces, Sayo. Soy como un cerdo al comer,
vivo a costa de mis amigos, tengo un pasado criminal
conocido como "Zanza" y, tal como dijiste
una vez, soy un hombre muy violento
Sayo (interrumpiendo a Sanosuke): ¡No, Sanosuke!
¡No pienses así!
Sanosuke: Pero, Sayo
Sayo: No, por favor, no debes pensar de esa forma
tan negativa. Yo vine aquí para decírtelo,
Sanosuke. Para decirte que yo
que yo también
te amo.
Hubo un largo silencio durante el cual los dos se
miraban fijamente a los ojos, buscando algún
rastro de mentira en sus miradas, sabiendo que nunca
podrían encontrar nada. Y como una exhalación,
como si alguien invisible los empujara, se acercaron
y unieron sus labios en un tierno beso cargado de
amor
el primer y tal vez último beso
que Sayo recibiría en su vida, y por lo mismo,
también era un beso lleno de una profunda tristeza.
Unos minutos después se separaron y se miraron
tan tiernamente y llenos de amor como si no hubiera
un mañana, y es que, de echo, ellos no tendrían
un mañana juntos, debido a que la muerte los
había separado.
Capítulo 3
Adiós
Sayo: Sanosuke, por favor, ¿podrías
hacerme una promesa?
Sanosuke: Sí, por supuesto, prometeré
lo que tú quieras que prometa, ¡haré
cualquier cosa por ti!
Sayo: Prométeme que serás feliz y harás
un esfuerzo por no pensar en mí el resto de
tu vida, a pesar que yo nunca te olvidaré y
pensaré en ti a cada minuto.
Sanosuke: Sayo
Sayo: No deseo que mi partida te haga sufrir más
de lo que ya has sufrido, quiero que estés
siempre sonriente y de buen humor, no lleno de tristeza
y melancolía. Recuerda que estoy muerta, y
que nada te impide conocer más chicas y ser
feliz junto a alguna que sea capaz de amarte, pues
en estos días me di cuenta que hay alguien
que se preocupa mucho por ti y llora por ti y te ama,
no quisiera admitirlo, pero creo que te ama tanto
como yo.
Sayo: No te sientas culpable si sales con chicas,
recuerda que es lo que yo quiero. Quiero que seas
feliz y vivas toda tu vida sin que mi recuerdo interfiera
en ella. Cuando me recuerdes en esta despedida, que
sea como la luz de las estrellas, que te invita a
vivir la vida y hacer el bien. Que te exhorta a ayudar
a tu prójimo y a amar sin límites a
todos los demás. Que impide que las lágrimas
te destrocen por dentro, y te dice "Llora, saca
la tristeza de ti, expúlsala mediante las lágrimas;
pero recupérate, ponte en pie pronto y enfrenta
la vida tal como venga". Que te ilumina el camino
con la esperanza que alberga tu corazón, y
te amará hasta el fin de los tiempos y más
aún después que termine el tiempo; pues
tu recuerdo y el recuerdo de tu amor será lo
único que tenga de ti, y créeme, será
más que suficiente.
Sanosuke: Sayo, yo
Sayo: ¡Promételo, Sanosuke!
Sanosuke: Yo
¡Yo lo prometo!
Sayo (con una sonrisa): Sanosuke
Sanosuke: Te amo y te amaré por siempre, por
eso puedo prometer que te recordaré y serás
la luz que me guía por la vida, no un obstáculo
para mi felicidad. Serás el sentimiento que
mantiene mi corazón latiendo, pues nunca podré
olvidarte; porque te amo. Sayo, tú serás
el recuerdo.
Sayo: Gracias, Sanosuke.
El aura blanca que envolvía el cuerpo de Sayo
se hizo más grande y espléndida, y unas
grandes y blancas alas nacieron en su espalda. Recuperó
el color de su rostro y su rostro, y, a pesar de haber
muerto, sus ojos brillaron de la manera más
hermosa que nunca. Sayo puso ambas manos en su pecho,
sobre el corazón, y se elevó lentamente
al cielo, y como últimas palabras dijo con
voz dulce y calmada, aunque las intensas emociones
que tenía en su corazón ya le estaban
sacando unas lágrimas:
Sayo: Te amo, Sanosuke, nunca lo olvides.
Cuando ya Sayo estaba tan alto que apenas se veía,
Sanosuke gritó:
Sayo: ¡Sayo, yo siempre te amaré!
El luchador no alcanzó a ver, pero la cristiana
sonrió profundamente al escuchar eso, y se
sintió libre de atravesar las puertas del cielo.
La última lágrima que Sanosuke derramaría
por Sayo en su vida finalmente se resbaló por
su mejilla y cayó al suelo junto con la tristeza.
Sayo ya no sería más la nostalgia ni
un amor separado por la muerte, ahora sería
la luz del cielo que iluminaría la vida de
Sanosuke Sagara.
Epílogo.
Megumi salió a toda prisa de la cocina para
atender a su pequeño Hinochi que se acababa
de despertar. Lo cargó en brazos y dio de comer
y le cantó una linda canción. La doctora
observó fijamente a su bebé recién
nacido, era como un Sanosuke en miniatura, pero tenía
los ojos de su madre.
"Sanosuke, amor mío, mil gracias por
permitirme decirte mis sentimientos y por darme este
hermoso regalo"
Sanosuke acababa de llegar a su casa en la clínica
después de cumplir con su labor de policía
nocturno donde tenía como jefe a Hajime Saitou,
quién le daba los peores trabajos y se burlaba
de él, pero lo soportaba. Era su trabajo.
Al entrar y anunciar su llegada, su esposa corrió
a saludarlo con su bebé en brazos, con una
gran alegría reflejada en sus ojos. Le dio
un tierno beso y ella le dejó a él el
bebé mientras ella abría la clínica.
"Sayo, muchas gracias por permitirme ser feliz"
Mientras en algún lugar entre las nubes, se
escucha al viento llevarse los susurros de una voz
femenina
"Sanosuke, muchas gracias por cumplir tu promesa"
Fin.
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