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Tú...la razón de mi existir
“¿Por qué? ¿Es que acaso él no se da cuenta de lo que siento por él? ¿Es que acaso se percata de mis sentimientos y solo me ignora? No, es solo que me sigue viendo como a una niña. ¿Cómo? ¿Cómo le hago ver que ya no soy una niña? ¿Cómo le hago ver que ya he crecido, que ya soy toda una mujer y que tengo sentimientos? ¿Cómo le hago ver mis sentimientos?”

Esa noche Misao no había podio dormir, estaba pensando toda la noche como hacerle ver a Aoshi lo que ella sentía hacia el. Entre muchas otras descabelladas opciones había escogido escribirle una carta, y lo hizo. Pero jamás pudo entregársela, cada vez que se disponía a ello se arrepentía.

Y una noche aprovechó que Aoshi no se encontraba en su habitación para llevarle la carta. Estaba oscuro, y realmente Misao no había estado muchas veces en la habitación de Aoshi, pero ella sabía lo que tenía que hacer, eso solo que… no estaba segura. La chica sostenía la carta en sus manos cerca de su pecho, dudaba a cada instante.

-Misao ¿Qué haces aquí?

A Misao se le paralizó el corazón al escuchar la voz de Aoshi detrás de ella, rápidamente volteó y escondió la carta detrás de ella.

-¡Aoshi! Yo…yo… yo te estaba buscando.

-…

-Quería saber si sabes dónde está Okina, es que necesito que me preparé un té para el resfriado.

-¿Estás resfriada?

-No aún, pero más vale prevenir que lamentar ¿no crees? ¡Bueno nos vemos!

Misao salió corriendo de aquella habitación, no le había mentido del todo. Hacía uno días que Misao se estaba sintiendo cansada, y cualquier actividad física la agotaba. Incluso el entrenamiento diario. Pero Misao estaba muy avergonzada como para penar si le había mentido o no.

Entró a su habitación corriendo y la cerró de una vez.

“¡No debí ir allí, no debí escribir esta tonta carta! Tengo que esconderla ¡Nunca nadie puede verla!”

******************

Tres días habían pasado desde el incidente de la carta. Misao abrió los ojos esa mañana, se sentía aún más enferma que el día anterior. El día pasado se la había pasado acostada tomando medicamentos raros. Parecía un resfriado común. Misao no tenía fuerzas para nada, tosía muy frecuentemente, y de vez en cuando el pecho le dolía con una intensidad increíble, un dolor que no había experimentado con ningún otro resfriado. Estaba totalmente agotada y lo único que había echo era descansar, pero no podía seguir más tiempo así.

Estar todo el día sin hacer nada la aburría. Y decidió parase y entrenar un poco, eso siempre le daba fuerzas y ánimos. Como líder de los Oniwabanchu, no podía estar débil.

Más sin embargo, no se le había olvidado en incidente de la carta, y aún estaba molesta con ella misma. ¿Cómo había podido cometer semejante estupidez? Tenía que encontrar una forma de decirle sus sentimientos a Aoshi.

Pero ella ya se lo ha demostrado muchas veces. ¿Es que acaso no se da cuenta? Misao recobraba energía cuando entrenaba, y daba golpes al aire mientras pensaba. ¡Que hombre más tonto! Ni siquiera Himura puede ser tan tonto. ¿Por qué demonios no se da cuenta?

-Misao

La voz de un hombre había interrumpido en los pensamientos de la joven líder.

- Señor Aoshi

Misao se preguntaba por qué Aoshi lleva un paraguas, y lentamente el dolor en el pecho empezó a aparecer, incrementándose cada vez más.

-Okina me dijo que estabas enferma.

-Sí, pero entrenar siempre me ayuda.

-Estás toda empapada.

Misao miró a su alrededor y se dio cuenta de lo que Aoshi estaba hablando, en verdad estaba mojada. Estaba tan sumida en sus pensamientos que no se había dado cuenta de que había empezado a llover.

-¿Por qué sigues entrenando?

Esta era la oportunidad, Misao estaba decidida y no iba a dudar en hacérselo ver.

- Señor Aoshi… ¿Qué significo para usted?

- …

- ¡Respóndame, por favor, ¿Qué es lo que significo para usted?! ¿Es que acaso no ve lo que le he querido decir todo este tiempo? ¿No se da cuenta?

- …

-…¡Señor Aoshi… yo lo AMO!

En ese momento el dolor en el pecho de Misao se volvió más fuerte que de costumbre, haciéndola tambalearse y llevando una de sus manos a su pecho.

-¡Misao!

Aoshi intentó sujetarla, pero ella lo alejó, estaba decidida a terminar con todo de una buena vez, no iba a dejar que nada arruinara ese momento. Estaba decidida a escuchar la verdad.

- …… Por…favor… respóndame… por favor respóndame… ¿qué significo para usted?

- …

El silencio de Aoshi le daba una respuesta a Misao, haciendo que las lágrimas empezaran a caer por su cara.

-…Lo sabía…Misao…que tonta fuiste.

Misao lloraba pero sus lágrimas se confundían con la lluvia que caía sobre ella.

-¡Que tonta fuiste Misao!

Y se echó a correr, saltando la pared que daba entrada a la casa y dirigiéndose al bosque. Corría lo más rápido que su cuerpo le permitía, quería alejarse de todo, quería alejarse de él, miles de cosas pasaban por su cabeza mientras corría. Mientras tanto, el dolor en su pecho regresaba, aumentado por la silenciosa respuesta de Aoshi.

La raíz de un árbol en el camino hizo que Misao cayera al suelo. Pero no se pudo levantar más. El dolor que sentía en su corazón no lo permitía, las lágrimas no lo permitía. Y se quedó allí tumbada en el suelo llorando, mientras la lluvia caía sobre ella sin compasión alguna.

*****************

Los ojos de la líder Oniwabanchu se abrieron lentamente. Estaba acostada en su habitación y tenía un paño tibio en la cabeza, parecía que tenía fiebre. Por breves instantes había olvidado lo que había pasado la noche anterior, pero luego lo recordó y la tristeza la invadió.

- Ya has despertado

Dijo Okina mientras entraba en la habitación y se sentaba en el suelo al lado de Misao, quien hizo un intento por levantarse.

-No debes levantarte, aún tienes fiebre.

- …

-Aoshi te encontró ayer desmaya en el bosque. Creo que esa lluvia no te ayudo mucho.

- Aoshi me trajo…

- También me dio a entender que estaba preocupado por ti, has estado más enferma que lo usual en estos días. Así que por qué no vas a ver al doctor mañana.

Okina sabía que a Misao no le gustaban los doctores, y esperaba una rotunda respuesta negativa de la chica, pero se equivocó.

- Está bien, iré mañana.

Okina estaba sorprendido, pero entendió que Misao no estaba de humor y decidió marcharse dejándola sola con sus pensamientos.

**********************

Aoshi se encontraba en su habitación meditando, no había visto a Misao desde que la había dejado dormida en su habitación, hacía dos días. Entonces escuchó como alguien entraba en la habitación.

-¡Buenos Días señor Aoshi!

-Misao.

Aoshi estaba sorprendido de ver a Misao tan alegre, después de lo que había pasado, ella le llevaba el té de la mañana como de costumbre.

-¡Oh! Perdón, lo interrumpí. Lo siento mucho, solo vine a traerle el té.

-…

-Nos vemos luego.

-¿Vas a salir?

-¿Eh? ¡Ah! Sí, Okina está algo preocupado estos últimos días e insistió en que fuera a ver a un doctor. Me chantajeó, y tendré que ir. Pero será más tarde… tengo que hacer algunas cosas primero.

Misao actuaba normal, como si nada estuviera pasando, pero Aoshi sabía que por dentro ella estaba lastimada. La chica salió de la habitación y Aoshi pudo notar que ella se había quedado afuera parada sin hacer nada. Entonces repentinamente, Aoshi escuchó a Misao toser bastante, hasta que ella salió corriendo.

Otra vez ¡No! ¿qué está sucediendo conmigo?

Pensaba Misao mientras corría hacia su habitación con ambas manos tapando su boca. La tos no se detenía, una vez en su habitación se fue a una esquina para evitar que los demás la oyeran. No quería que nadie se preocupara por ella. La tos por fin se detuvo. Misao respiraba con dificultad y profundamente, entonces se quedó aterrada al ver sus manos.

¿Qué es lo que me está pasando?

-Misao

La chica se espantó, y rápidamente cogió un pañuelo que tenía en su habitación, se limpió bien las manos y se aseguró de que ella no estuviera sucia. Entonces abrió y se sorprendió al ver a Aoshi parado enfrente de ella.

-Se…Señor Aoshi

El nunca solía ir a su habitación, era raro verlo salir incluso de la suya.

-¿Puedo entrar?

Misao recordó lo que había dejado en su habitación. ¡No él no puede verlo o se va a preocupar!

-¡No! … Ah… de echo yo ya me iba ¡Nos vemos!

Misao salió corriendo fuera de la casa, no podía dejar la visita al doctor para más tarde, tenía que ir ahora. Mientras tanto ella esperaba que Aoshi se olvidara del asunto y regresara a su habitación, pero no fue así.

Aoshi entró en la habitación de la pequeña líder impulsiva. A simple vista todo estaba normal allí, pero Aoshi sabía que no era así. Vió en el suelo en una esquina de la habitación un pañuelo, Aoshi tomó el pañuelo que estaba doblando y al abrirlo completamente, sus ojos también se abrieron en forma de sorpresa, él supo lo que estaba pasando.

******************

Era el turno de Misao para ser atendida, ella le contó detenidamente al doctor lo que le estaba sucediendo. Pero no le gustó mucha la cara del doctor, estaba preocupado, estaba asustado de algo. Decidió hacerle unos exámenes simples, pero la cara del doctor iba empeorando, estaba asustando a Misao.

Una hora había pasado desde que Misao había empezado a ser atendida por el doctor, él seguía repitiendo lo mismos exámenes, pareciera como si no quisiera aceptar los resultados. Misao, una persona de tan poca paciencia, había esperado demasiado.

-Doctor…

El doctor no hacía caso a Misao.

-¡Doctor!

Entonces, el finalmente la miró resignado, ahora Misao estaba bastante asustada. El señor empezó a hablar ahora tranquilamente pero a la vez triste con Misao. Ella no podía creer lo que estaba oyendo, no lo creía, no lo aceptaba. Estaba allí parada sin moverse, estaba pálida, perecía ida, como si su alma hubiese abandonado su cuerpo. El doctor le hablaba, le daba explicaciones, pero ella, ella no entendía, ni siquiera oía lo que aquel hombre decía.

Solo podía pensar en la noticia que le había dicho anteriormente. No podía ser verdad.

No… debe… debe haber un error… eso no puede ser cierto. Yo…yo… ¡Eso no es cierto!

-¡No es cierto!

-Señorita… créame que no es fácil para mí dar esta clase de noticias. Pero lamentablemente sí es cierto.

-No…debe haber un error… yo no…

-No hay ningún error. Lo siento.

El doctor se fue de la habitación dejando a Misao sola con la tremenda noticia. Misao tardó unos minutos allí, luego se fue, caminaba lentamente y con pasos pesados, como si estuviera en el aire. Y de un momento a otro, empezó a correr, no sabía a dónde solo corría, aún no había podido digerir la noticia. Su mente estaba confusa, eso no era verdad. Estaba triste, sorprendida, confundida… ¿Qué? ¿Qué le sucedía?

Misao se detuvo frente a un árbol y apoyó ambas manos en él, entonces empezó a llorar. Aún no lo creía, todavía no lo creía. No podía ser verdad… ella era muy joven aún, pero… pero si era verdad entonces… si era verdad entonces lo explicaría todo.

Explicaría por que se había estado sintiendo tan enferma los últimos meses, especialmente esa semana. Explicaría los constantes mareos, las náuseas, el constante agotamiento… incluso… incluso los ataques de tos y la sangre que salía de su boca cuando tosía o cuando vomitaba. Lo explicaba todo.

La líder de los Oniwabanchu estaba devastada, esa noticia tan terrible la había devastado. Pero ¿qué iba a hacer ahora? ¿Cómo se lo diría a los demás? O ¿se lo diría acaso? ¿Y él? ¿Qué iba a pasar con él?

Su mente era un completo desorden de preguntas sin respuestas, pero ya había oscurecido y tenía que volver a la casa, si no se preocuparían por ella.

-¡Ya estoy aquí!

-¡Misao! ¿Por qué tardaste tanto?

Misao ya se esperaba este reclamo por parte de Okina.

-Es que tuve que hacer varias cosas.

- ¿Y cómo te fue con el doctor?

Misao ya había empezado a caminar hacia su habitación, no quería ver a nadie, no quería dar explicaciones.

-Bien, dijo que solo era un resfriado, que voy a estar bien.

-¡Oye Misao! ¿No vas a cenar?

-No, estoy cansada.

Okina estaba muy extrañado, Misao nunca le decía que no a una comida.

*************************

Lo días fueron pasando, Misao trataba de actuar normalmente ante todos, pero ya no era igual. Por más que ella tratara de actuar no podía soportarlo, era un trabajo muy grande para ella. Su actitud había cambiado, estaba menos tiempo con ellos, dormía más que de costumbre, ni siquiera entrenaba cada mañana, ni le llevaba en té Aoshi. Ya casi no hablaba con ellos, especialmente con Aoshi, quería evitarlo a toda costa.

Pero él sabía, sabía que algo muy malo estaba pasando, y tenía una ligera sospecha, pero ni siquiera quería pensar en ello. Su ánimo había decaído bastante, igual que su salud. Cada día estaba más deprimida y más enferma

******************

Era tarde en la mañana, era la tercera semana que Misao no le llevaba el té a Aoshi. El ya no podía seguir con eso, tenía que salir de esa duda, tenía que preguntarle a Misao. Entonces se levantó y se dirigió a su habitación, pero no tuvo que ir tan lejos, la encontró sentada en el suelo, frente al pequeño lago.

Llevaba una especie de kimono pero para dormir, y tenía una manta que cubría sus hombros. Sorprendentemente llevaba su cabello suelto. Aoshi no avanzó más, se quedó parado ahí muy quieto observándola. Se veía hermosa con el cabello suelto. Pero le sorprendió mucho ver una lágrima caer de sus lindos ojos tristes.

-…Misao…

La chica se sorprendió al ver a Aoshi allí, y se limpió inmediatamente los ojos.

-Señor Aoshi…

- No me llevaste té hoy.

-Ah… lo siento mucho de verdad, últimamente he estado muy olvidadiza y

-Misao…

Los ojos de Misao miraron a los de Aoshi llenos de tristeza y a puno de llorar.

- ¿Qué te sucede?

Misao no pudo aguantar más y se dio media vuelta dispuesta a correr lejos de él, pero él le agarró la mano. Misao había estallado en lágrimas.

-Señor Aoshi…suélteme…por favor.

Logró escaparse, logró irse lejos de él. Pero no lo podría hacer más, porque ella ya no aguantaba, tenía que decirle a alguien. La noche caía rápidamente en Kyoto. Era bastante tarde y el silencio que había era tenebroso, solo era roto por el ruido de la lluvia cayendo. Misao acababa de escribir una carta, entonces cogió la carta y la guardó dentro de su ropa, parecía no tener intención alguna de entregarla.

La ninja Oniwabanchu le dio una última mirada a la casa donde vivía era como una despedida. Y se fue bajo la lluvia, de lo que no se dio cuenta fue que había dejado caer la carta antes de salir de su habitación.

************************

Había amanecido en Tokio, pero llovía, aún parecía de noche. A Kaoru le molestaba que lloviera, siempre le impedía hacer una que otra cosa. Pero ese día en especial oyó que había alguien afuera, y cogió una sombrilla para no mojarse, y fue a ver de quien se trataba.

Pensaba que era Kenshin, porque él había salido con Sanosuke hace un momento.

-¡Kenshin ya estás de!… ¡Misao!

-…

-¿Por qué no avisaste que vendrías? Te hubiese preparado algo de comer.

-No, perdón por no avisar, pero es que necesito hablar contigo.

-¿Viniste de Kyoto solo a hablar conmigo?

- Si

-Si estás empapada, entra, te conseguiré algo de ropa.

A Kaoru le parecía bastante extraño que Misao estuviera en Tokio. Y sola

Si vino de Kyoto solo a hablar conmigo entonces, debe ser muy importante.

Kaoru le prestó algo de su ropa a Misao y le hizo un té para calentarla un poco. Misao se soltó el cabello para calentarse un poco.

-Y bien ¿qué es eso tan importante que querías decirme?

Misao puso en el suelo la taza de té.

-Kaoru, perdona que vine sin avisar, y que te estoy causando problemas.

-No Misao eso no es cierto.

-Pero es que llevo mucho tiempo con este secreto dentro de mí, y ya no lo podía soportar más, tenía que decírselo a alguien y no sabía a quien.

-Misao ¿Qué es lo que sucede?

**************************

De vuelta en Kyoto, Okina había salido muy temprano a pesar de la lluvia, había ido a avisarle a Misao pero como no tuvo respuesta, le dijo a Aoshi.

Aoshi quería ver como se encontraba Misao, así que fue a su habitación, y le avisó que él estaba ahí. Igual que Okina no tuvo respuesta y se disponía a irse, pero en vez de eso, entró a la habitación y fue al lado de la supuesta Misao.

Pero entonces se dio cuenta de que ella no estaba allí, quitó la manta y en efecto no estaba allí, entonces se dispuso a salir del cuarto a buscarla, pero al salir, vio que en el suelo estaba tirado un sobre, era una carta y estaba dirigida a él:

Señor Aoshi:

Si está leyendo esta carta es porque probablemente ya no esté con aquí, con ustedes. Primero que nada quiero pedirle que me perdone. Yo sé que debí decirle lo que pasaba conmigo y no callarlo, pero es que no tuve el valor de decírselo.

También quería pedirle que perdone mi actitud en los días que pasaron, pero es que ni yo misma había podido aceptar bien lo que estaba sucediendo, lo evadía, no quería verlo, no sabía como enfrentarme a usted, no sabía como decirle la verdad fue por eso que callé.

Estaba muy asustada, tan solo la idea de no volverlo a ver jamás me aterrorizaba. Y no quería irme sin hacerle saber lo siguiente.

El día en que le confesé lo que yo sentía, ese día…actué como si lo odiara, pero quiero que sepa que no fue así, yo jamás pude odiarlo, al contrario. Mientras más intentaba odiarlo más lo amaba. Nunca le guardé rencor, ya que en el fondo yo ya sabía su respuesta. Yo siempre hice todo lo que pudo por usted, y si hay algo que lamento de todo esto es no volverlo a ver, porque lo seguiré amando aún después que me haya ido.

Aún ahora lloro, por este destino, pero en el fondo estoy muy contenta, me alegra haber conocido a una persona como usted. Me alegra haber amado a alguien como usted.

Por último me gustaría pedirle que cuide de Okina y del Oniwabanchu. Sé que ese ya no es su trabajo pero, ésta pobre niña chillona ya no puede hacer nada más.

Un millón de gracias por haberme permitido estar con usted.

Con amor infinito

Misao

Ahora lo entendía todo, ahora sabía por qué su pequeña Misivo actuaba de esa manera. Pero ¿dónde estaba? ¡Tenía que encontrarla!

***************************

Misao le contó a Kaoru toda la historia con lágrimas en los ojos. Kaoru por su parte estaba atónita, cada palabra que Misao decía era aún más increíble que la otra.

- ¿Sabes que es lo que más me duele Kaoru?

-…No

- Que ya no lo voy a poder ver… Kaoru, ya no lo voy a poder ver. ¿Qué va a pasar con él? ¿Quién se va a encargar de llevarle el todos lo días? ¿o de atenderlo si se enferma?

Misao ahora lloraba amargamente, tenía ya algunas horas allí y sus ojos estaba rojos de tanto llorar, rojos de tanto dolor. Misao por fin se estaba desahogando con alguien. Kaoru la abrazaba fuertemente, mientras ella lloraba.

- Lo peor del caso es que yo…yo ya había…yo ya había aceptado su rechazo…estaba dispuesta a esperar a que le me quisiera amar… estaba dispuesta a esperar toda mi vida… pero…pero

Las lágrimas ahogaban sus palabras. Kaoru no dejaba de abrazar a Misao, no la dejó de abrazar hasta que ella paró de llorar. Le daba té para tranquilizarla y cuando por fin estuvo calmada Misao dijo que ya debería irse, pero Kaoru le dijo que no, que ella no podía volver sola a Kyoto.

En ese instante alguien había llegado a la casa y Kaoru tuvo que ir a ver.

-Kaoru

Ella volteó antes de irse a ver.

-Gracias por tu ayuda. De veras gracias.

- Para eso estoy aquí. Pero no te atrevas a irte, espera regreso ahora.

Misao le dio la espalda a Kaoru mientras ella se alejaba, tenía que recoger sus cosas porque ya era tarde y en Kyoto se preocuparían si ella no regresaba. Entonces escuchó pasos detrás de ella y Misio no volteó a ver de quien se trataba pues suponía que era Kaoru.

-Kaoru, de verdad me tengo que ir, gracias por escucharme y por favor no le digas nada al Señor Aoshi y a

Misao no dijo más, sintió como unos fuertes brazos la rodeaban desde atrás. Ella estaba paralizada. Luego sintió que la persona que la había abrazado por atrás, había puesto su cabeza en el hombro de ella. ¿Acaso era él? ¿Acaso era Aoshi?

Ese abrazo… era un hombre… era un hombre que ella conocía. Nadie más podía abrazarla de una manera tan tierna y consoladora a la vez.

A Misao se le llenaron los ojos de lágrimas al sentirlo detrás de ella, abrazándola, y diciéndole muy bajito:

-Misao…tonta ¿Por qué no me lo dijiste?

El lo sabe, ya lo sabe. El Señor Aoshi lo sabe.

Misao lloraba nuevamente, él lo sabía y estaba allí con ella, abrazándola de la manera más tierna que nadie jamás lo hizo. No la soltaba, no quería hacerlo, ella no se podía ir, no sin antes saber la verdad.

-Misao…Misao no quiere irse, ¡Misao no quiere dejar nunca al Señor Aoshi!

Misao dio la vuelta bruscamente quedando ambos de frente, y lo abrazó, lo apretó contra su cuerpo, ella tampoco quería que él la soltara.

-…Porque…Misao ama al Señor Aoshi. Lo ama mucho.

El apoyaba su cabeza sobre la de ella, se quedaron así por un buen tiempo. Luego él la separo, solo un poco, y la besó. Esto era un sueño, un sueño echo realidad. Era lo que ella siempre había querido. Estar con la persona que ella más amaba en el mundo.

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Es un día hermoso, el sol brilla como hacía mucho no lo hacía. Si estuviera aquí estuvieras muy contenta. Es un día tan hermoso, creo que me ha animado iré a visitarte.

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¿Quién es ese hombre? No lo había visto antes por estos lados de Kyoto…Es muy apuesto y parece estar solo, pero… ¿Por qué un hombre tan apuesto como él tienes una mirada tan fría y penetrante. Parece la clase de hombre al cual no le importaría matar o herir a nadie. Parece un hombre sin sentimientos.

Pero ¿A dónde? ¿Qué está haciendo? ¡¿Compra flores?! Me sorprende que un hombre con la mirada tan fría compre flores. Y unas flores muy hermosas. ¿Para quién serán? El no me parece de la clase de hombre que regala flores solo por que sí.

¿Eh? Un cementerio… ¡Ah! Eso explica las flores. ¿Eh? Son para una mujer. ¿Quién habrá sido ella? Parece que la amaba mucho. Su mirada ha cambiado, ahora ya no es fría, es como… es como si estuviera lleno de amor por dentro, pero no lo quiere dejar ver… solo a ella. Solo se lo demuestra a ella. Está diciendo algo ¿que será? No puedo escuchar desde aquí. Tendré que acercarme más.

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Hoy vi a un hombre muy extraño, era muy apuesto, pero su mirada era la de alguien sin sentimientos. Ese hombre me interesó y lo seguí, me sorprendí mucho al verlo comprar unas flores muy bonitas y llevarlas al cementerio.

Descubrí que las flores eran para una mujer, no recuerdo bien el nombre, pero me sorprendió más ver el cambio tan drástico en su mirada. De ser frío pasó a ser tierno. Es un hombre muy interesante, no sé por qué me ha llamado tanto la atención. Averigüé su nombre pero mañana quiero averiguar más sobre él. ¡Ah! Lo olvidaba. Lo vi decir algunas palabras, pero solo entendí muy poco. No fue gran cosa, pero jamás olvidaré la manera en que lo dijo.

Ya lo he aceptado, no estas aquí. Realmente ya no tengo nada que buscar aquí en Kyoto, pero hay algo que me mantiene aquí. Si lo crees o no, ya depende de ti pero… siempre fuiste tú…tú, la razón de mí existir.

Fin

Para ser sincera éste es mi primer fic de Rurouni Kenshin, así que si cometí alguna burrada, por favor dígamelo para no hacerlo otra vez. Espero que les haya gustado la historia. Tomatazos, boches o cualquier cosa me mandan un mail.

Email de la autora:betsaida55@hotmail.com

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