| ¿Por qué?
¿Es que acaso él no se da cuenta de lo
que siento por él? ¿Es que acaso se percata
de mis sentimientos y solo me ignora? No, es solo que
me sigue viendo como a una niña. ¿Cómo?
¿Cómo le hago ver que ya no soy una niña?
¿Cómo le hago ver que ya he crecido, que
ya soy toda una mujer y que tengo sentimientos? ¿Cómo
le hago ver mis sentimientos?
Esa noche Misao no había podio dormir, estaba
pensando toda la noche como hacerle ver a Aoshi lo
que ella sentía hacia el. Entre muchas otras
descabelladas opciones había escogido escribirle
una carta, y lo hizo. Pero jamás pudo entregársela,
cada vez que se disponía a ello se arrepentía.
Y una noche aprovechó que Aoshi no se encontraba
en su habitación para llevarle la carta. Estaba
oscuro, y realmente Misao no había estado muchas
veces en la habitación de Aoshi, pero ella
sabía lo que tenía que hacer, eso solo
que
no estaba segura. La chica sostenía
la carta en sus manos cerca de su pecho, dudaba a
cada instante.
-Misao ¿Qué haces aquí?
A Misao se le paralizó el corazón al
escuchar la voz de Aoshi detrás de ella, rápidamente
volteó y escondió la carta detrás
de ella.
-¡Aoshi! Yo
yo
yo te estaba buscando.
-
-Quería saber si sabes dónde está
Okina, es que necesito que me preparé un té
para el resfriado.
-¿Estás resfriada?
-No aún, pero más vale prevenir que
lamentar ¿no crees? ¡Bueno nos vemos!
Misao salió corriendo de aquella habitación,
no le había mentido del todo. Hacía
uno días que Misao se estaba sintiendo cansada,
y cualquier actividad física la agotaba. Incluso
el entrenamiento diario. Pero Misao estaba muy avergonzada
como para penar si le había mentido o no.
Entró a su habitación corriendo y la
cerró de una vez.
¡No debí ir allí, no debí
escribir esta tonta carta! Tengo que esconderla ¡Nunca
nadie puede verla!
******************
Tres días habían pasado desde el incidente
de la carta. Misao abrió los ojos esa mañana,
se sentía aún más enferma que
el día anterior. El día pasado se la
había pasado acostada tomando medicamentos
raros. Parecía un resfriado común. Misao
no tenía fuerzas para nada, tosía muy
frecuentemente, y de vez en cuando el pecho le dolía
con una intensidad increíble, un dolor que
no había experimentado con ningún otro
resfriado. Estaba totalmente agotada y lo único
que había echo era descansar, pero no podía
seguir más tiempo así.
Estar todo el día sin hacer nada la aburría.
Y decidió parase y entrenar un poco, eso siempre
le daba fuerzas y ánimos. Como líder
de los Oniwabanchu, no podía estar débil.
Más sin embargo, no se le había olvidado
en incidente de la carta, y aún estaba molesta
con ella misma. ¿Cómo había podido
cometer semejante estupidez? Tenía que encontrar
una forma de decirle sus sentimientos a Aoshi.
Pero ella ya se lo ha demostrado muchas veces. ¿Es
que acaso no se da cuenta? Misao recobraba energía
cuando entrenaba, y daba golpes al aire mientras pensaba.
¡Que hombre más tonto! Ni siquiera Himura
puede ser tan tonto. ¿Por qué demonios
no se da cuenta?
-Misao
La voz de un hombre había interrumpido en
los pensamientos de la joven líder.
- Señor Aoshi
Misao se preguntaba por qué Aoshi lleva un
paraguas, y lentamente el dolor en el pecho empezó
a aparecer, incrementándose cada vez más.
-Okina me dijo que estabas enferma.
-Sí, pero entrenar siempre me ayuda.
-Estás toda empapada.
Misao miró a su alrededor y se dio cuenta
de lo que Aoshi estaba hablando, en verdad estaba
mojada. Estaba tan sumida en sus pensamientos que
no se había dado cuenta de que había
empezado a llover.
-¿Por qué sigues entrenando?
Esta era la oportunidad, Misao estaba decidida y
no iba a dudar en hacérselo ver.
- Señor Aoshi
¿Qué significo
para usted?
-
- ¡Respóndame, por favor, ¿Qué
es lo que significo para usted?! ¿Es que acaso
no ve lo que le he querido decir todo este tiempo?
¿No se da cuenta?
-
-
¡Señor Aoshi
yo lo AMO!
En ese momento el dolor en el pecho de Misao se volvió
más fuerte que de costumbre, haciéndola
tambalearse y llevando una de sus manos a su pecho.
-¡Misao!
Aoshi intentó sujetarla, pero ella lo alejó,
estaba decidida a terminar con todo de una buena vez,
no iba a dejar que nada arruinara ese momento. Estaba
decidida a escuchar la verdad.
-
Por
favor
respóndame
por favor respóndame
¿qué
significo para usted?
-
El silencio de Aoshi le daba una respuesta a Misao,
haciendo que las lágrimas empezaran a caer
por su cara.
-
Lo sabía
Misao
que tonta
fuiste.
Misao lloraba pero sus lágrimas se confundían
con la lluvia que caía sobre ella.
-¡Que tonta fuiste Misao!
Y se echó a correr, saltando la pared que
daba entrada a la casa y dirigiéndose al bosque.
Corría lo más rápido que su cuerpo
le permitía, quería alejarse de todo,
quería alejarse de él, miles de cosas
pasaban por su cabeza mientras corría. Mientras
tanto, el dolor en su pecho regresaba, aumentado por
la silenciosa respuesta de Aoshi.
La raíz de un árbol en el camino hizo
que Misao cayera al suelo. Pero no se pudo levantar
más. El dolor que sentía en su corazón
no lo permitía, las lágrimas no lo permitía.
Y se quedó allí tumbada en el suelo
llorando, mientras la lluvia caía sobre ella
sin compasión alguna.
*****************
Los ojos de la líder Oniwabanchu se abrieron
lentamente. Estaba acostada en su habitación
y tenía un paño tibio en la cabeza,
parecía que tenía fiebre. Por breves
instantes había olvidado lo que había
pasado la noche anterior, pero luego lo recordó
y la tristeza la invadió.
- Ya has despertado
Dijo Okina mientras entraba en la habitación
y se sentaba en el suelo al lado de Misao, quien hizo
un intento por levantarse.
-No debes levantarte, aún tienes fiebre.
-
-Aoshi te encontró ayer desmaya en el bosque.
Creo que esa lluvia no te ayudo mucho.
- Aoshi me trajo
- También me dio a entender que estaba preocupado
por ti, has estado más enferma que lo usual
en estos días. Así que por qué
no vas a ver al doctor mañana.
Okina sabía que a Misao no le gustaban los
doctores, y esperaba una rotunda respuesta negativa
de la chica, pero se equivocó.
- Está bien, iré mañana.
Okina estaba sorprendido, pero entendió que
Misao no estaba de humor y decidió marcharse
dejándola sola con sus pensamientos.
**********************
Aoshi se encontraba en su habitación meditando,
no había visto a Misao desde que la había
dejado dormida en su habitación, hacía
dos días. Entonces escuchó como alguien
entraba en la habitación.
-¡Buenos Días señor Aoshi!
-Misao.
Aoshi estaba sorprendido de ver a Misao tan alegre,
después de lo que había pasado, ella
le llevaba el té de la mañana como de
costumbre.
-¡Oh! Perdón, lo interrumpí.
Lo siento mucho, solo vine a traerle el té.
-
-Nos vemos luego.
-¿Vas a salir?
-¿Eh? ¡Ah! Sí, Okina está
algo preocupado estos últimos días e
insistió en que fuera a ver a un doctor. Me
chantajeó, y tendré que ir. Pero será
más tarde
tengo que hacer algunas cosas
primero.
Misao actuaba normal, como si nada estuviera pasando,
pero Aoshi sabía que por dentro ella estaba
lastimada. La chica salió de la habitación
y Aoshi pudo notar que ella se había quedado
afuera parada sin hacer nada. Entonces repentinamente,
Aoshi escuchó a Misao toser bastante, hasta
que ella salió corriendo.
Otra vez ¡No! ¿qué está
sucediendo conmigo?
Pensaba Misao mientras corría hacia su habitación
con ambas manos tapando su boca. La tos no se detenía,
una vez en su habitación se fue a una esquina
para evitar que los demás la oyeran. No quería
que nadie se preocupara por ella. La tos por fin se
detuvo. Misao respiraba con dificultad y profundamente,
entonces se quedó aterrada al ver sus manos.
¿Qué es lo que me está pasando?
-Misao
La chica se espantó, y rápidamente
cogió un pañuelo que tenía en
su habitación, se limpió bien las manos
y se aseguró de que ella no estuviera sucia.
Entonces abrió y se sorprendió al ver
a Aoshi parado enfrente de ella.
-Se
Señor Aoshi
El nunca solía ir a su habitación,
era raro verlo salir incluso de la suya.
-¿Puedo entrar?
Misao recordó lo que había dejado en
su habitación. ¡No él no puede
verlo o se va a preocupar!
-¡No!
Ah
de echo yo ya me iba
¡Nos vemos!
Misao salió corriendo fuera de la casa, no
podía dejar la visita al doctor para más
tarde, tenía que ir ahora. Mientras tanto ella
esperaba que Aoshi se olvidara del asunto y regresara
a su habitación, pero no fue así.
Aoshi entró en la habitación de la
pequeña líder impulsiva. A simple vista
todo estaba normal allí, pero Aoshi sabía
que no era así. Vió en el suelo en una
esquina de la habitación un pañuelo,
Aoshi tomó el pañuelo que estaba doblando
y al abrirlo completamente, sus ojos también
se abrieron en forma de sorpresa, él supo lo
que estaba pasando.
******************
Era el turno de Misao para ser atendida, ella le
contó detenidamente al doctor lo que le estaba
sucediendo. Pero no le gustó mucha la cara
del doctor, estaba preocupado, estaba asustado de
algo. Decidió hacerle unos exámenes
simples, pero la cara del doctor iba empeorando, estaba
asustando a Misao.
Una hora había pasado desde que Misao había
empezado a ser atendida por el doctor, él seguía
repitiendo lo mismos exámenes, pareciera como
si no quisiera aceptar los resultados. Misao, una
persona de tan poca paciencia, había esperado
demasiado.
-Doctor
El doctor no hacía caso a Misao.
-¡Doctor!
Entonces, el finalmente la miró resignado,
ahora Misao estaba bastante asustada. El señor
empezó a hablar ahora tranquilamente pero a
la vez triste con Misao. Ella no podía creer
lo que estaba oyendo, no lo creía, no lo aceptaba.
Estaba allí parada sin moverse, estaba pálida,
perecía ida, como si su alma hubiese abandonado
su cuerpo. El doctor le hablaba, le daba explicaciones,
pero ella, ella no entendía, ni siquiera oía
lo que aquel hombre decía.
Solo podía pensar en la noticia que le había
dicho anteriormente. No podía ser verdad.
No
debe
debe haber un error
eso
no puede ser cierto. Yo
yo
¡Eso no
es cierto!
-¡No es cierto!
-Señorita
créame que no es fácil
para mí dar esta clase de noticias. Pero lamentablemente
sí es cierto.
-No
debe haber un error
yo no
-No hay ningún error. Lo siento.
El doctor se fue de la habitación dejando
a Misao sola con la tremenda noticia. Misao tardó
unos minutos allí, luego se fue, caminaba lentamente
y con pasos pesados, como si estuviera en el aire.
Y de un momento a otro, empezó a correr, no
sabía a dónde solo corría, aún
no había podido digerir la noticia. Su mente
estaba confusa, eso no era verdad. Estaba triste,
sorprendida, confundida
¿Qué?
¿Qué le sucedía?
Misao se detuvo frente a un árbol y apoyó
ambas manos en él, entonces empezó a
llorar. Aún no lo creía, todavía
no lo creía. No podía ser verdad
ella era muy joven aún, pero
pero si
era verdad entonces
si era verdad entonces lo
explicaría todo.
Explicaría por que se había estado
sintiendo tan enferma los últimos meses, especialmente
esa semana. Explicaría los constantes mareos,
las náuseas, el constante agotamiento
incluso
incluso los ataques de tos y la sangre
que salía de su boca cuando tosía o
cuando vomitaba. Lo explicaba todo.
La líder de los Oniwabanchu estaba devastada,
esa noticia tan terrible la había devastado.
Pero ¿qué iba a hacer ahora? ¿Cómo
se lo diría a los demás? O ¿se
lo diría acaso? ¿Y él? ¿Qué
iba a pasar con él?
Su mente era un completo desorden de preguntas sin
respuestas, pero ya había oscurecido y tenía
que volver a la casa, si no se preocuparían
por ella.
-¡Ya estoy aquí!
-¡Misao! ¿Por qué tardaste tanto?
Misao ya se esperaba este reclamo por parte de Okina.
-Es que tuve que hacer varias cosas.
- ¿Y cómo te fue con el doctor?
Misao ya había empezado a caminar hacia su
habitación, no quería ver a nadie, no
quería dar explicaciones.
-Bien, dijo que solo era un resfriado, que voy a
estar bien.
-¡Oye Misao! ¿No vas a cenar?
-No, estoy cansada.
Okina estaba muy extrañado, Misao nunca le
decía que no a una comida.
*************************
Lo días fueron pasando, Misao trataba de actuar
normalmente ante todos, pero ya no era igual. Por
más que ella tratara de actuar no podía
soportarlo, era un trabajo muy grande para ella. Su
actitud había cambiado, estaba menos tiempo
con ellos, dormía más que de costumbre,
ni siquiera entrenaba cada mañana, ni le llevaba
en té Aoshi. Ya casi no hablaba con ellos,
especialmente con Aoshi, quería evitarlo a
toda costa.
Pero él sabía, sabía que algo
muy malo estaba pasando, y tenía una ligera
sospecha, pero ni siquiera quería pensar en
ello. Su ánimo había decaído
bastante, igual que su salud. Cada día estaba
más deprimida y más enferma
******************
Era tarde en la mañana, era la tercera semana
que Misao no le llevaba el té a Aoshi. El ya
no podía seguir con eso, tenía que salir
de esa duda, tenía que preguntarle a Misao.
Entonces se levantó y se dirigió a su
habitación, pero no tuvo que ir tan lejos,
la encontró sentada en el suelo, frente al
pequeño lago.
Llevaba una especie de kimono pero para dormir, y
tenía una manta que cubría sus hombros.
Sorprendentemente llevaba su cabello suelto. Aoshi
no avanzó más, se quedó parado
ahí muy quieto observándola. Se veía
hermosa con el cabello suelto. Pero le sorprendió
mucho ver una lágrima caer de sus lindos ojos
tristes.
-
Misao
La chica se sorprendió al ver a Aoshi allí,
y se limpió inmediatamente los ojos.
-Señor Aoshi
- No me llevaste té hoy.
-Ah
lo siento mucho de verdad, últimamente
he estado muy olvidadiza y
-Misao
Los ojos de Misao miraron a los de Aoshi llenos de
tristeza y a puno de llorar.
- ¿Qué te sucede?
Misao no pudo aguantar más y se dio media
vuelta dispuesta a correr lejos de él, pero
él le agarró la mano. Misao había
estallado en lágrimas.
-Señor Aoshi
suélteme
por
favor.
Logró escaparse, logró irse lejos de
él. Pero no lo podría hacer más,
porque ella ya no aguantaba, tenía que decirle
a alguien. La noche caía rápidamente
en Kyoto. Era bastante tarde y el silencio que había
era tenebroso, solo era roto por el ruido de la lluvia
cayendo. Misao acababa de escribir una carta, entonces
cogió la carta y la guardó dentro de
su ropa, parecía no tener intención
alguna de entregarla.
La ninja Oniwabanchu le dio una última mirada
a la casa donde vivía era como una despedida.
Y se fue bajo la lluvia, de lo que no se dio cuenta
fue que había dejado caer la carta antes de
salir de su habitación.
************************
Había amanecido en Tokio, pero llovía,
aún parecía de noche. A Kaoru le molestaba
que lloviera, siempre le impedía hacer una
que otra cosa. Pero ese día en especial oyó
que había alguien afuera, y cogió una
sombrilla para no mojarse, y fue a ver de quien se
trataba.
Pensaba que era Kenshin, porque él había
salido con Sanosuke hace un momento.
-¡Kenshin ya estás de!
¡Misao!
-
-¿Por qué no avisaste que vendrías?
Te hubiese preparado algo de comer.
-No, perdón por no avisar, pero es que necesito
hablar contigo.
-¿Viniste de Kyoto solo a hablar conmigo?
- Si
-Si estás empapada, entra, te conseguiré
algo de ropa.
A Kaoru le parecía bastante extraño
que Misao estuviera en Tokio. Y sola
Si vino de Kyoto solo a hablar conmigo entonces,
debe ser muy importante.
Kaoru le prestó algo de su ropa a Misao y
le hizo un té para calentarla un poco. Misao
se soltó el cabello para calentarse un poco.
-Y bien ¿qué es eso tan importante
que querías decirme?
Misao puso en el suelo la taza de té.
-Kaoru, perdona que vine sin avisar, y que te estoy
causando problemas.
-No Misao eso no es cierto.
-Pero es que llevo mucho tiempo con este secreto
dentro de mí, y ya no lo podía soportar
más, tenía que decírselo a alguien
y no sabía a quien.
-Misao ¿Qué es lo que sucede?
**************************
De vuelta en Kyoto, Okina había salido muy
temprano a pesar de la lluvia, había ido a
avisarle a Misao pero como no tuvo respuesta, le dijo
a Aoshi.
Aoshi quería ver como se encontraba Misao,
así que fue a su habitación, y le avisó
que él estaba ahí. Igual que Okina no
tuvo respuesta y se disponía a irse, pero en
vez de eso, entró a la habitación y
fue al lado de la supuesta Misao.
Pero entonces se dio cuenta de que ella no estaba
allí, quitó la manta y en efecto no
estaba allí, entonces se dispuso a salir del
cuarto a buscarla, pero al salir, vio que en el suelo
estaba tirado un sobre, era una carta y estaba dirigida
a él:
Señor Aoshi:
Si está leyendo esta carta es porque probablemente
ya no esté con aquí, con ustedes. Primero
que nada quiero pedirle que me perdone. Yo sé
que debí decirle lo que pasaba conmigo y no
callarlo, pero es que no tuve el valor de decírselo.
También quería pedirle que perdone
mi actitud en los días que pasaron, pero es
que ni yo misma había podido aceptar bien lo
que estaba sucediendo, lo evadía, no quería
verlo, no sabía como enfrentarme a usted, no
sabía como decirle la verdad fue por eso que
callé.
Estaba muy asustada, tan solo la idea de no volverlo
a ver jamás me aterrorizaba. Y no quería
irme sin hacerle saber lo siguiente.
El día en que le confesé lo que yo
sentía, ese día
actué como
si lo odiara, pero quiero que sepa que no fue así,
yo jamás pude odiarlo, al contrario. Mientras
más intentaba odiarlo más lo amaba.
Nunca le guardé rencor, ya que en el fondo
yo ya sabía su respuesta. Yo siempre hice todo
lo que pudo por usted, y si hay algo que lamento de
todo esto es no volverlo a ver, porque lo seguiré
amando aún después que me haya ido.
Aún ahora lloro, por este destino, pero en
el fondo estoy muy contenta, me alegra haber conocido
a una persona como usted. Me alegra haber amado a
alguien como usted.
Por último me gustaría pedirle que
cuide de Okina y del Oniwabanchu. Sé que ese
ya no es su trabajo pero, ésta pobre niña
chillona ya no puede hacer nada más.
Un millón de gracias por haberme permitido
estar con usted.
Con amor infinito
Misao
Ahora lo entendía todo, ahora sabía
por qué su pequeña Misivo actuaba de
esa manera. Pero ¿dónde estaba? ¡Tenía
que encontrarla!
***************************
Misao le contó a Kaoru toda la historia con
lágrimas en los ojos. Kaoru por su parte estaba
atónita, cada palabra que Misao decía
era aún más increíble que la
otra.
- ¿Sabes que es lo que más me duele
Kaoru?
-
No
- Que ya no lo voy a poder ver
Kaoru, ya no
lo voy a poder ver. ¿Qué va a pasar
con él? ¿Quién se va a encargar
de llevarle el todos lo días? ¿o de
atenderlo si se enferma?
Misao ahora lloraba amargamente, tenía ya
algunas horas allí y sus ojos estaba rojos
de tanto llorar, rojos de tanto dolor. Misao por fin
se estaba desahogando con alguien. Kaoru la abrazaba
fuertemente, mientras ella lloraba.
- Lo peor del caso es que yo
yo ya había
yo
ya había aceptado su rechazo
estaba dispuesta
a esperar a que le me quisiera amar
estaba dispuesta
a esperar toda mi vida
pero
pero
Las lágrimas ahogaban sus palabras. Kaoru
no dejaba de abrazar a Misao, no la dejó de
abrazar hasta que ella paró de llorar. Le daba
té para tranquilizarla y cuando por fin estuvo
calmada Misao dijo que ya debería irse, pero
Kaoru le dijo que no, que ella no podía volver
sola a Kyoto.
En ese instante alguien había llegado a la
casa y Kaoru tuvo que ir a ver.
-Kaoru
Ella volteó antes de irse a ver.
-Gracias por tu ayuda. De veras gracias.
- Para eso estoy aquí. Pero no te atrevas
a irte, espera regreso ahora.
Misao le dio la espalda a Kaoru mientras ella se
alejaba, tenía que recoger sus cosas porque
ya era tarde y en Kyoto se preocuparían si
ella no regresaba. Entonces escuchó pasos detrás
de ella y Misio no volteó a ver de quien se
trataba pues suponía que era Kaoru.
-Kaoru, de verdad me tengo que ir, gracias por escucharme
y por favor no le digas nada al Señor Aoshi
y a
Misao no dijo más, sintió como unos
fuertes brazos la rodeaban desde atrás. Ella
estaba paralizada. Luego sintió que la persona
que la había abrazado por atrás, había
puesto su cabeza en el hombro de ella. ¿Acaso
era él? ¿Acaso era Aoshi?
Ese abrazo
era un hombre
era un hombre
que ella conocía. Nadie más podía
abrazarla de una manera tan tierna y consoladora a
la vez.
A Misao se le llenaron los ojos de lágrimas
al sentirlo detrás de ella, abrazándola,
y diciéndole muy bajito:
-Misao
tonta ¿Por qué no me lo
dijiste?
El lo sabe, ya lo sabe. El Señor Aoshi lo
sabe.
Misao lloraba nuevamente, él lo sabía
y estaba allí con ella, abrazándola
de la manera más tierna que nadie jamás
lo hizo. No la soltaba, no quería hacerlo,
ella no se podía ir, no sin antes saber la
verdad.
-Misao
Misao no quiere irse, ¡Misao no
quiere dejar nunca al Señor Aoshi!
Misao dio la vuelta bruscamente quedando ambos de
frente, y lo abrazó, lo apretó contra
su cuerpo, ella tampoco quería que él
la soltara.
-
Porque
Misao ama al Señor Aoshi.
Lo ama mucho.
El apoyaba su cabeza sobre la de ella, se quedaron
así por un buen tiempo. Luego él la
separo, solo un poco, y la besó. Esto era un
sueño, un sueño echo realidad. Era lo
que ella siempre había querido. Estar con la
persona que ella más amaba en el mundo.
*******************************
Es un día hermoso, el sol brilla como hacía
mucho no lo hacía. Si estuviera aquí
estuvieras muy contenta. Es un día tan hermoso,
creo que me ha animado iré a visitarte.
********************************
¿Quién es ese hombre? No lo había
visto antes por estos lados de Kyoto
Es muy apuesto
y parece estar solo, pero
¿Por qué
un hombre tan apuesto como él tienes una mirada
tan fría y penetrante. Parece la clase de hombre
al cual no le importaría matar o herir a nadie.
Parece un hombre sin sentimientos.
Pero ¿A dónde? ¿Qué está
haciendo? ¡¿Compra flores?! Me sorprende
que un hombre con la mirada tan fría compre
flores. Y unas flores muy hermosas. ¿Para quién
serán? El no me parece de la clase de hombre
que regala flores solo por que sí.
¿Eh? Un cementerio
¡Ah! Eso explica
las flores. ¿Eh? Son para una mujer. ¿Quién
habrá sido ella? Parece que la amaba mucho.
Su mirada ha cambiado, ahora ya no es fría,
es como
es como si estuviera lleno de amor por
dentro, pero no lo quiere dejar ver
solo a ella.
Solo se lo demuestra a ella. Está diciendo
algo ¿que será? No puedo escuchar desde
aquí. Tendré que acercarme más.
***************************
Hoy vi a un hombre muy extraño, era muy apuesto,
pero su mirada era la de alguien sin sentimientos.
Ese hombre me interesó y lo seguí, me
sorprendí mucho al verlo comprar unas flores
muy bonitas y llevarlas al cementerio.
Descubrí que las flores eran para una mujer,
no recuerdo bien el nombre, pero me sorprendió
más ver el cambio tan drástico en su
mirada. De ser frío pasó a ser tierno.
Es un hombre muy interesante, no sé por qué
me ha llamado tanto la atención. Averigüé
su nombre pero mañana quiero averiguar más
sobre él. ¡Ah! Lo olvidaba. Lo vi decir
algunas palabras, pero solo entendí muy poco.
No fue gran cosa, pero jamás olvidaré
la manera en que lo dijo.
Ya lo he aceptado, no estas aquí. Realmente
ya no tengo nada que buscar aquí en Kyoto,
pero hay algo que me mantiene aquí. Si lo crees
o no, ya depende de ti pero
siempre fuiste tú
tú,
la razón de mí existir.
Fin
Para ser sincera éste es mi primer fic de
Rurouni Kenshin, así que si cometí alguna
burrada, por favor dígamelo para no hacerlo
otra vez. Espero que les haya gustado la historia.
Tomatazos, boches o cualquier cosa me mandan un mail.
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