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El día en que la quimera fue creada
Una cosa, si no vieron Fullmetal Alchemist, o no vieron aún este capítulo, les diría que no lo lean. Ya saben, no quiero arruinarles el final o que me echen la culpa por eso mismo. No es que sea algo tonto y aburrido para leer... aunque... bueno, como sea, esto es más o menos un spoiler de los capítulos 6 y 7, hagan lo que quieran.

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En una mesa de su casa, el “alquimista de la vida” se había puesto a pensar. Su nombre era Shou Tuker. Estaba preocupado porque no tenía ningún hallazgo importante para entregarle a los militares. Había hecho una quimera parlante hace ya dos años, pero no había tenido éxito nuevamente, y solo pudo crear unas bestias deformes que no eran capaces de hablar. Tenía que entregar algo que pudiese hacer una quimera perfectamente bien... ¿pero qué podría ser?... Ya no podía volver a hacer lo mismo de antes...

- Aún recuerdo ese día... ese día en que creé una quimera capaz de hablar en nuestro idioma – Susurró el alquimista – Solo quería pasar el examen... solo quería impresionar a la gente con mis descubrimientos... solo quería salir de la pobreza...

Había decidido hacer una quimera, un animal transmutado, una bestia miserable. No obstante, quería que fuera una quimera impresionante, no una común y corriente como las que se habían hecho anteriormente: Animales extraños, con mezclas de otros de otras especies. Entonces llegó la idea a su cabeza: En vez de usar a dos o más animales, podría transmutar a una persona y a un perro, o a un gato, y así saldría algo increíble... Pero... eso estaba prohibido... la alquimia humana estaba prohibida ¿Qué podía hacer, entonces?

- ¡Lo haré, lo haré de todas formas, lo haré por mi familia...! – Gritó Tuker.

En aquel momento, fue cuando el horrible pensamiento pasó por su mente.

- Mi familia... Tal vez si... ¡¡No!! ¡¡¿En qué estoy pensando?!! ¡¡¿Cómo podría sacrificar a alguien a quien amo tanto?!!...

A pesar de eso, el deseo de mostrar que podía hacer lo que se proponía y que podía impresionar a todo el mundo, fue más fuerte que su falso cariño hacia sus parientes. Fue ahí cuando pensó en su esposa. La quería mucho, sí, pero más quería a su hija y estaba seguro de que su madre estaría dispuesta a dar hasta su propia vida por ella.

- ¡¡¿Qué dices?!! – Exclamó la mujer.

- Podrías sacarnos de la pobreza en que vivimos y hacer que vivamos mucho mejor.

- ¡¡Estás completamente loco!! ¡¡No me sacrificaré para que cometas el error más grande de tu vida!!

- Pero piénsalo, hazlo por Nina.

- ¡¡No metas a Nina en esto!!

- ¿Cómo piensas seguir adelante, entonces? Tú no tienes trabajo y yo tampoco. Esta es la única oportunidad que tenemos.

- No.

- Pero, mi amor...

- ¡¡No me llames así!! – Interrumpió la esposa y se dirigió hacia la puerta.

- ¿A dónde vas?

- Me iré de aquí y me llevaré a Nina y a Alexander, ni un perro está seguro contigo.

- ¡¡Espera!! ¡¡No puedes irte!!

- Claro que sí, mírame.

Y cuando se alejaba de él, vio un cenicero de vidrio. Su mente asesina lo hizo tomarlo y sin dudar un momento se lo arrojó a su esposa. Los trozos del cenicero cayeron al suelo a la par de la mujer. Había logrado golpearla en la cabeza, pero no la había matado. Aunque salía sangre de la herida, no le había hecho ningún daño grave. Aprovechando que estaba desmayada, el hombre la arrastró hacia la habitación; esa dónde hacía sus investigaciones. Con una simple tiza dibujó el círculo de transmutación.

- Lo siento... pero es por nuestro bien.

Al terminarlo, llevó hasta allí la jaula con el perro que había agarrado hace unos días, y luego hizo lo mismo con su esposa. Le ató las manos a la jaula para que no pudiera escapar.

Entonces, cuando estuvo todo listo, juntó sus manos, cerró sus ojos con fuerza y apoyó las palmas sobre el círculo. Este empezó a brillar, al igual que los dos seres que estaban sobre él. Estos últimos comenzaron a cambiar de forma, hasta que empezaron a juntarse. Unos minutos después, la luz desapareció... una quimera había sido creada...

- No... no puedo creerlo – Balbuceaba Tuker – Lo hice... ¡¡Lo hice!! ¡¡Al fin!! ¡¡He creado una quimera!!... Ah... pero ahora es momento de verificar mi teoría... – Al decir esto, se acercó a la quimera – Dime algo, quimera, háblame.

- No dejaré... que ganes... – Respondió una voz gruesa, débilmente.

- ¿Aún conservas su memoria? ¿conservas la memoria de mi esposa? ¿Cómo es posible?... Debí hacer algo mal...

- Moriré para... para que no puedas salirte con la tuya.

Pero fue muy tarde cuando pasó. La quimera se dejó morir, dejó de comer, solo para que su creador no triunfara. Mas éste fue más rápido y puedo enseñarle la bestia a los militares y estos quedaron impresionados con su obra, “la quimera parlante”. Desde ese día lo nombraron “alquimista de la vida”.

- No fue difícil mentirle a Nina, en ese momento era más pequeña e ingenua. Solo le dije que nos había abandonado porque no soportaba nuestra situación económica... Pero ahora no puedo volver a hacer eso... No puedo sacrificar a Nina... yo... yo la quiero mucho... – Murmuraba.

Entonces apareció su hija, Nina, junto con Alexander, su perro.

- ¿Qué pasa, papá? ¿Estás bien? – Miraba con preocupación la chiquilla mientras le preguntaba a su padre.

- Sí, Nina, no pasa nada... ve a dormir...

- ¿Estás preocupado por algo? ¿Te preocupa el examen? – Efectivamente, la niña acertó, su padre la miró fijamente unos segundos y la tomó entre sus brazos.

- No te aflijas, Nina, todo saldrá bien.

Al rato, la niña se fue a la cama. Shou esperaba con ansias ese momento. Al ver que ya estaba dormida, la cargó por toda la casa hasta que llegó a la habitación, esa habitación dónde había sacrificado a su esposa. Nuevamente, hizo un círculo con una tiza y puso a su hija sobre él. Pero se dio cuenta de que no tenía ningún animal... Guiado por su olfato, Alexander siguió a Nina hasta el cuarto; el alquimista, al verlo, sin bacilar, lo hizo sentarse junto a la pequeña. Juntó sus palmas y luego las apoyó sobre el círculo. Escuchó un fuerte ruido fuera de su casa, mas no le importó y siguió con su cometido. Pocos minutos después, otra quimera había sido creada...

- ¡¡Sí!! ¡¡Al fin!! ¡¡Esta quimera me ha salido aún mejor!! ¡¡Al fin he hecho algo insuperable!! – Clamaba con orgullo Tuker.

Entonces, algo que no se hubiera esperado pasó. Al igual que la otra vez, la quimera pudo conservar la memoria del humano que había sido anteriormente, es decir, Nina. Ésta, de alguna forma, se despertó pensando que aún era una niña; al verse reflejada en un vidrio quedó completamente confundida.

- ¿Qué pasa, papá?... – Dijo en voz baja la quimera, que, al igual que la otra, adquirió una voz grave.

- ¿De nuevo? ¿Aún conservas tus recuerdos?... Demonios... No importa, de todas formas pude crearte.

- ¿Por qué me veo así?...

- Eh... es que... – Suspiró – Lo siento, mi vida, solo quería mostrar mis descubrimientos.

La bestia movió la cabeza hacia un costado bajando las orejas, tal como lo hace un perro cuando no entiende lo que pasa. Esa era la parte de Alexander que quedaba aún en el monstruo.

- Yo te cuidaré, lo prometo – Decía mientras le acariciaba la cabeza.

Nuevamente escuchó un estruendo, esta vez, dentro de su casa. Escuchó pasos. Parecía que eran dos personas. Enseguida se dio cuenta de que eran los dos alquimistas que él había estado hospedando en su casa: Edward y Alphonse Elric. Al oír que estaban cerca, no intentó esconder a la quimera, por contrario, los invitó a que vean lo que había logrado hacer. Nunca iba a imaginarse que descubrirían lo que había hecho con su hija y su perro...

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No hace falta que cuente el resto de la historia ¿verdad? Bien, solo hice esto porque lo tenía en mi cabeza desde hace tiempo y lo quería sacar de allí. Me dieron mucha tristeza Nina y Alexander y les hice esta historia que cuenta lo que pasó (Más o menos mal) cuando Tuker creó a la otra quimera. Se nota que estaba aburrida y triste ¿no? Bueno, si me quieren decir algo (y no mandarme tonterías porque se me llena la casilla) mi e-mail es vlgeller@hotmail.com. Matta ne. No me manden virus, porfa.

Email de la autora: vlgeller@hotmail.com

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