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El principio del fin
Capitulo tres

Babel.

Se decía que babel había sido una torre construida para llegar hasta el cielo mismo, y que dios castigo a los hombres por tan atrevido acto, fue destruida, más sin embargo su esencia había quedado en el lugar y era un sitio obligatorio antes de llegar con Pedro para acceder a las puertas del edén, sus puertas eran protegidas por las virtudes al mando de eliel, el ángel de la noche, era un ser poderoso, quien quisiera llegar al cielo debia de vencerlo, a el y a sus soldados, misión que no era nada fácil, nadie antes lo había podido hacer, incluso ni Luzbell mismo.

El jardín del edén era un sitio indescriptible, lleno de las más hermosas flores y de los más raros animales bellos, se les veía a los seres angelicales pasear por el, aquí no había frió ni calor, era por demás acogedor, era mi sitio favorito, me gustaba contemplar el mundo mortal sentado desde la sombra de un olivo, y ver volar a las aves alrededor mío, pero todo había sido cortado de tajo, el infierno me había despojado de todas estas bellezas, y cuando me hube acostumbrado a las llamas eternas fui desterrado al olvido, no podía ser posible que de nuevo fuera desterrado de algún sitio, todos me olvidaron, todos menos los once malditos, mis más fieles seguidores, de nuevo hemos sido convocados, el Apocalipsis se desatara si no somos capaces de vencerles, a ellos y a sus aliados de las diferentes eras del mundo, de nuevo hemos de cabalgar por el mundo en busca de la esperanza y la fe, de nuevo solos contra el mundo…

En Tokio.

-Y dices que era muy bien parecido…- al terminar de preguntar sonrió Setsuna que ya se había unido a Michiru, a Jaruka y a Hotaru.

-En efecto, pero siento que ya lo conocía, como si el hubiese sido parte alguna de mi vida futura y pasada.- contesto Serena.

-¿Uriel dices que se llama?- pregunto Michiru.

-En efecto- Contesto Tsukino.

-Se dice que la espada de dios es Uriel, uno de los arcángeles más cercanos al señor, de la religión católica de occidente, implacable con los enemigos del señor, más sin embargo con un gran sentido de lealtad y humildad, y que debe de permanecer a su lado solo que dios ordene lo contrario.- explico Hotaru.

Todas voltearon a verla sorprendidas por lo anteriormente escuchado.

-Por lo que obviamente no podría ser el.- Sonrió y apuro su malteada…

-¿A qué vino la lección de teología Hotaru?- Pregunto Setsuna.

-No lo se, pero lo cierto es que yo no creo en tanta casualidad, como sabía que era Serenity, y que la conocía desde siempre, más aliadas no tenemos, y los demás que saben de la existencia de la reina Serenity son traidores al trono lunar, por lo que no me es de confianza el sujeto.- respondió muy seria.

-Es muy cierta tu observación, tal vez un nuevo mal se acerca y no nos hemos dado cuenta por tratar de vivir una nueva era tranquila.- Afirmo Jaruka.

-El otro día un ser angelical de apariencia serena me dijo que yo era la elegida, tan rápido como apareció fue como desapareció, solo Rei se percato de la aparición.- dijo Serena muy intrigada.

Jaruka. -Debemos de reunirnos todas para poder discutir acerca de estos acontecimientos, y será necesaria la presencia del rey de la tierra.-

Serena. -Esta enojado conmigo Jaruka…-

Jaruka. – No importa…-

Todo alrededor se había tornado negro y un frió que calaba hasta los huesos se empezó a sentir, al momento que una silueta se postraba frente a ellas.

-Se habían tardado mucho mortales en intentar descubrirnos, pero no les será tan fácil.- Un ser de aspecto extraño acababa de decir estas palabras cuando dejo caer su túnica negra y en su mano derecha empuñaba una espada forjada en las llamas eternas del infierno.

-¿Qué intentas hacer maldito y en donde estamos?- Pregunto Jaruka asombrada por la espada.

-Matarte en el limbo para que tu alma no consiga descanso- Y soltó una carcajada al momento que se encaminaba hasta donde se encontraba la misma.

Setsuna. -¡Grito Mortal!-

-¿Acaso crees que es fácil acabar conmigo que soy Belcebú, príncipe de las tinieblas?, no lo creo, solo Miguel o Gabriel lo podrías hacer, más no un mortal.- al terminar de decir esto soltó una risa estruendosa que insultaba al oído.

De un movimiento veloz y rápido se abalanzo sobre Jaruka.

-Guardiana del planeta Urano, tu eres la más problemática para nuestros planes, así es que debo de eliminarte.- terminado de decirlo hundió la espada en Jaruka, que no pudo hacer nada para esquivar el ataque, las demás solo pudieron ver brotar sangre del abdomen de Jaruka que no podía articular palabra alguna, estaba sorprendida.

-¡Jaruka….!- se escucho el grito apagado de Michiru que también caía bajo la espada de Belcebú.

Belcebú. -Las guardianas de los planetas externos deben de caer bajo mi espada y nadie ni nada lo impedirán.-

Serena estaba estupefacta, sus movimientos eran muy veloces, no podía distinguir su silueta pasar cerca de ella, solo veía caer a sus adoradas amigas una por una, después fue Hotaru, y al ultimo Setsuna.

Belcebú. -Sin ella cerca todo será más facial ahora.-

Se quedo viendo a Serena que estaba parada a un lado de donde cayera Jaruka.

-Tu momento no es ahora, has sido perdonada…, solo por hoy.- y soltando una carcajada Belcebú se retiro tan pronto como llego, en una nube de humo…todo se tornaba luminoso de nuevo y ahí estaba el parque de nuevo, calmado y tranquilo, sin un alma en las cercanias.

Serena se hinco para tomar a Jaruka entre sus manos, más no pudo ser posible, sus cuerpos desaparecían sin dejar huella de haber estado ahí, todo había sido repentino, apenas si pasaron tres minutos desde que Jaruka propusiera reunirse todas para platicar acerca de lo que estaba aconteciendo, sin ellas seria más difícil lo que viniera, eran más fuertes que las guardianas de los planetas internos.

Serena se quedo ahí llorando la perdida de sus amigas, más no era prudente permanecer de luto mucho tiempo, se levanto muy afligida y limpio sus lagrimas, tomo un taxi y se dirigió al templo Hikawa (El incidente había ocurrido en el parque numero 15, pues ya se dirigían a casa de Rei).

Su llanto era inconsolable, el conductor del taxi la preguntaba si se sentía bien, más no respondía, por lo cual se apuro a su destino creyendo que ahí encontraría paz a su afligido corazón, pro no seria así, esto solo era el comienzo de la batalla por la conquista del cielo y de la tierra, y esta vez no pasaría inadvertida para los mortales, no esta vez…la sangre empezaba a corre como nunca correría...

En tierra santa.

-Han caído, es cuestión de tiempo para que se descubra todo…-

-Apurémonos, si llegamos tarde no encontraremos nada en pie, es ponderarte encontrar al guardián de la espada, sin ella seriamos derrotados…-

En Babel.

Eliel -Han llegado por fin mis guerreras del milenio de plata, lamento ser yo quien las reciba, lo cual significa que están muertas, pero tratare de hacer grato su camino hasta el cielo, por lo cual considérenme su guía en este mundo inmortal, ya les platicare por que han sido muertas y que es lo que les espera a su princesa lunar, la cual podría ser determinante en la caída de Babel y del cielo mismo, un placer conocerte sailor del bajo mundo, disfrutare tu compañía hasta el edén.

Jaruka. - ¿Qué es esto?-

Eliel. – Todo a su tiempo mi hermosa acompañante, todo a su tiempo, no te apures aquí es lo que nos sobra.-

Y tomando su mano emprendió un camino largo, delante de ellas solo se escuchaban cánticos antiguos, en lenguas que no comprendían, solo Hotaru lo lograba descifrar.

Hotaru. – Es hebreo antiguo, el canto de los querubines, y también se puede escuchar rezos de voces más ancianas.-

Eliel. –En efecto, eres lista.-

Y se fueron perdiendo en la lejanía, hasta que no se les pudo ver nada más.

Devuelta en Tokio.

Conductor de Taxi. –No desea que mejor la lleve a un hospital señorita.-

Serena no comprendía que era lo que había pasado apenas un par de minutos, se sentía culpable de no haber podido ayudar a sus amigas, su corazón estaba extremadamente afligido, no era para menos había visto morir a sus cuatro amigas.

-Si llevenos hasta el hospital de Mokau en el acto-

Conductor y pasajera voltearon de donde venia la voz y vieron a un ser apacible de mirada triste y tez blanca, más blanca aun que Serena.

Conductor. –De donde has salido.-

-Siempre he estado aquí, nada más que no me habías visto, por favor llevadnos al sitio que te dije, Serena debe de platicar con su eterno enamorado, ahora más que nunca lo necesita.-

Como si lo conociera de años el conductor no hizo más preguntas y se enfilo al hospital…

-Todo a su tiempo te lo diré princesa lunar, es momento que reúnas a todos tus aliados, incluso a los que no son de esta galaxia, es momento también de unir fuerzas, sino todo lo que conoces se perderá, pero por favor seca tus lagrimas, tus amigas han recibido la bendición de poder estar en el paraíso, no están sufriendo, solo será un tiempo, recuerda que al final de los tiempos los muertos deberán de levantarse de entre sus tumbas y entonces, solo entonces el día habrá llegado para la ascensión de las almas.-

Y poso su calida mano en el rostro de Serena al momento que limpiaba sus lagrimas y desaparecía, era un ser que no era de esta realidad, no de la nuestra, a lo lejos el sol se ocultaba entre los arbolas y confería un ambiente extraño, como si los cielos estuviesen de luto, las aves se unían al cortejo imaginario de las guardianas externas.

No tenían mucho tiempo, las piezas estaban siendo manejadas tan diestramente que no auguraba nada bueno…


Continuara.

Email del autor: enkhila@yahoo.com.mx

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