| CAPITULO 2. ENCUENTRO
BAJO LA LUNA NUEVA
Bajo el cielo estrellado de la noche, una silueta
blanca se mueve con cautela por encima de todas las
copas verdes de los árboles. Era una pluma,
larga y blanca, que se elevaba con el viento. Sobre
ella, traía a dos pasajeros: Uno de ellos era
una mujer de cabello negro aparentemente corto, ojos
rojos, vestida con un kimono rojo con blanco y debajo
de éste un traje azul. Frente a ella, dándole
la espalda, estaba un joven de cabello castaño
oscuro, largo agarrado con una cola de caballo, vestido
con un traje de color negro y adornos verdes.
Los ojos del joven se encontraban centrados al frente,
con una expresión fría y despreocupada
en ellos. La mujer detrás de él lo miraba
fijamente con algo de desconfianza. Aún tenía
en su mente la orden que acababa de recibir unas horas
antes por parte de su amo
******
Naraku se encontraba sentado en su habitación
habitual del castillo, justo frente a las puertas
de la misma. A través de éstas se ve
un resplandor rojo que parece cubrir todo el cuarto.
De rodillas frente a él con la mirada baja,
estaba Kohaku, con su arma principal compuesta de
una cadena y hoz justo en sus manos. En ese momento,
Kagura entró al cuarto, caminando hacía
donde estaban Naraku y Kohaku.
- Naraku, ¿Me enviaste llamar? Preguntó
la mujer en cuanto entró. Sin embargo, ninguno
de los dos pareció hacerle caso, pues continuaron
con su plática como si ella no estuviera ahí.
- ¿Has comprendido bien lo que te encargo
Kohaku? Preguntó el demonio con su habitual
sonrisa y tono despreocupado.
- Sí señor Naraku. Contestó
el chico con un tono bajo.
- .Bien, no me falles Kohaku. Kagura
Dijo de pronto, volteando a verla Quiero que
lleves a Kohaku; él te indicará a dónde
ir.
- ¿Qué es lo que haremos? Preguntó
Kagura sin comprender.
- No comas ansias Kagura. Como tú misma dijiste,
en este momento mi mayor preocupación es reunir
los fragmentos de la perla. Los fragmentos restantes
no son muchos, por lo tanto, tengo que buscar una
forma de acelerar el proceso
******
Aún estando ya en camino, Kagura no estaba
segura de que era lo que iban a hacer, ni mucho menos
qué tenía que ver con la Perla de Shikon.
Se estaban dirigiendo a un bosque algo alejado, cerca
de las montañas. Kohaku le había dicho
por donde irse, pero sólo eso. El resto del
viaje el antiguo exterminador guardó completo
silencio.
- Oye, Kohaku. Le dijo la mujer desde atrás,
pero el chico no volteó. ¿Exactamente
a qué vinimos a esta región tan alejada?
La mujer demonio se quedó unos momentos esperando
la respuesta, pero Kohaku no le respondió para
nada. Kagura pareció molestarse por esto.
- Bien, si no quieres hablar no hablaremos.
Fue lo último que le dijo antes de cruzarse
de brazos como señal de enojo.
- No hay luna. Dijo de pronto el joven, llamando
la atención de Kagura. Cuando volteó
a verlo, Kohaku miraba hacía el cielo.
Las estrellas brillan porque no hay luna que las opaque.
Después de oír las palabras del niño,
Kagura alzó la mirada hacía el cielo.
Sí, las estrellas brillaban con mucha fuerza.
El brillo de la luna no se encontraba esa noche, pero
la luna aún continuaba en cielo; era Luna Nueva.
- ¡Es Luna Nueva! Mencionó Kagura,
sin quitar sus ojos del cielo. Esto pareció
traerle de golpe algo que había olvidado desde
hace algún tiempo con respecto a uno de sus
enemigos
Ya se había hecho de noche. Las estrellas
en el cielo parecían brillar con más
intensidad que otras noches. Su luz parece alumbrar
por completo el camino, mientras una silueta se mueve
lentamente por entre los árboles. Su figura
parece resaltar entre toda la oscuridad, puesto que
tanto sus ropas como su piel parecen como un espejo
que refleja la escasa luz que ahora la toca.
Sin embargo, su rostro no reflejaba alegría
en esos momentos, sino todo lo contrario. La mirada
de la joven está clavada en el suelo, y en
su expresión se ve algo de nostalgia, algo
de depresión. Preocupada por el estado de su
ama, el leal gato mágico camina a su lado.
La criatura no le quita los ojos de encima mientras
sigue su marcha, mas ella parece no ponerle mucha
atención. Ella no puede culparla, pues su ama
tiene muchas cosas en que pensar
******
Inuyasha había salido corriendo tras la criatura
que portaba el fragmento de la perla, seguido por
detrás por Miroku y Sango montados sobre Kirara.
Kouga ya había eliminado a uno, pero aún
quedaba el otro que había escapado. El híbrido
simplemente se concentraba en alcanzar a esa serpiente,
o por lo menos llegar antes de que Kouga la fuera
a destruir. De pronto, todos pararon la marcha y comenzaron
a ver hacía todas direcciones, tratando de
encontrar alguna pista de que dirección tomar.
Tanto Kouga como su objetivo se habían desaparecido
por completo.
- ¡¿Pueden ver algo?! Les preguntó
Inuyasha con un grito.
- No, parece que escapó
- Intentó
informar el Miroku, pero Sango lo interrumpió
de golpe. La Tajiya alzó su mano, indicándoles
a sus amigos que permanecieran en silencio.
- Escuchen
- Les indicó. Es ese
sonido otra vez.
Los tres guardaron silencio por uno segundos. Después
de unos momentos, pudieron escuchar como algo se acercaba.
- ¡Está debajo de nosotros! Gritó
el monje, casi al mismo tiempo que la figura oscura
de la criatura surgía justo debajo de ellos.
Inuyasha dio un largo salto hacía atrás,
para así salir de su alcance. Antes de que
tocara de nuevo el suelo, desenfundó su Colmillo
de Acero, trasformándola de nuevo a su otra
forma.
- Ja, de seguro a ese lobo rabioso se le escapó,
¡Ahora verás!
El híbrido se lanzó hacía el
frente con la intención de atacarlo con su
arma. Sin embargo, antes de que se le pudiera acercar,
la serpiente volvió hacía el interior
de la tierra. Debido al impulso que llevaba el arma,
el filo de Colmillo de Acero chocó contra el
lugar en que se había metido, pero sin lograr
alcanzarlo.
- ¡Maldición!, ¡¿Dónde
está?! Exclamó Furioso al ver
como su ataque fallaba.
Una vez más todo a su alrededor se quedó
en silencio, mientras los tres trataban de adivinar
por donde volvería a salir el monstruo. Sango
tenía sus ojos puestos en el suelo. Sin embargo,
mientras miraba en esa dirección, pudo ver
de reojo como algo se movía entre los árboles
cercanos. Por simple reflejo, volteó a ver
hacía ellos. De inmediato reconoció
la silueta que se movía entre las ramas; reconoció
ese traje negro y esos ojos castaños que se
alejaban.
- ¡Kohaku! Se dijo así misma,
y sin dar explicación, dio un salto para bajar
de Kirara y luego salir corriendo en la dirección
en la que se alejaban el joven.
- ¡Sango! Gritó Miroku al ver
que se alejaba, pero no pudo decir mucho, ya que en
ese momento el monstruo que buscaban resurgió
justo frente a Kirara.
La serpiente gris se lanzó en su contra, directo
al monje, pero éste se defendió, golpeándolo
en la cabeza. Aunque recibió el golpe directo
de su bastón, no pareció sufrir daño
alguno.
Sango corrió tras esa silueta que creyó
reconocer, esperando poder ver frente a frente el
rostro de esa persona. En sus ojos se miraba una gran
determinación por lograr lo que se proponía,
sin importarle mucho por lo que su hermano estaba
pasando en esos momentos. El bosque era oscuro y con
todos los troncos de los árboles casi se creaba
un gran laberinto.
- Kohaku. Pensaba mientras seguía
corriendo. ¿Porqué estás
aquí?, ¿Aún sigues bajo el control
de ese demonio?
De pronto, mientras se encontraba preocupada en sus
pensamientos, una larga cadena de metal surgió
de entre las hojas de un árbol directo a donde
estaba. La cadena se enredó en su mano derecha,
haciéndola solar su arma predilecta y que ésta
cayera al suelo. La cadena la jaló con fuerza,
hasta extender todo su brazo hacía arriba.
En ese momento, la figura de su atacante bajó
del árbol. Tiendo aún la cadena en sus
manos, la pasó por encima de la rama de tal
manera que aunque hubiera bajado, seguía jalando
hacía arriba el brazo de la joven. Sango se
quedó casi congelada al ver esa figura frente
a ella, rodeada por algunos de los insectos de Naraku.
- ¡Kohaku
! Logró decir
con la voz entrecortada.
- Sin tu mano derecha no podrás usar tu arma.
Le dijo con cierta frialdad en su voz.
Kohaku mantuvo sostenida la cadena con su mano izquierda,
mientras con la derecha comenzó a desenfundar
la espada que traía consigo. Sin soltar la
cadena, se lanzó rápidamente al frente,
y por lo tanto jaló más la cadena. Esto
provocó que Sango fuera levantada hasta que
sus pies se separaron un poco del suelo.
El joven jaló su espada hacía el frente,
directo al abdomen de la exterminadora. De pronto,
para su sorpresa, Sango acercó su mano izquierda
a la empuñadura de su propia espada, sacándola
a toda velocidad y con su hoja cubrir el ataque de
su hermano. Kohaku se le quedó viendo fríamente
por unos momentos, antes de alejarse de ella con un
salto.
Sango aprovechó este momento. Con un sólo
impulso y colgándose del objeto que apresaba
su brazo derecho, logró subir sus piernas hasta
colocar sus pies en la cadena. Una vez ahí,
y antes de que Kohaku tocara suelo tras su salto hacía
atrás, jaló la cadena con todas sus
fuerzas, haciendo que Kohaku fuera ahora el jalado
hacía arriba. Gracias a este movimiento, Kohaku
se elevó hasta llegar de regreso a la ama del
árbol, mientras Sango caía al suelo,
donde logró quitarse la cadena del brazo.
Una vez libre, la exterminadora alzó la mirada
hacía arriba. Su hermano la vigilaba desde
lo alto, con esa expresión fría que
no le pertenecía, que no era digna él.
De pronto, los ojos del antiguo exterminador se desviaron
hacía la dirección en la que se encontraban
Inuyasha y Miroku. Pudo oír entonces como unos
pasos se acercaban rápidamente.
- No tengo tiempo para jugar contigo. Escuchó
de pronto que su hermano le dice con un tono totalmente
libre de emociones.
Kohaku dio y un salto hacía un lado, cayendo
en otra rama. Después de eso, Sango vio como
su hermano se alejaba entre las ramas de los árboles.
- ¡Kohaku! Gritó la exterminadora
al ver como la figura del niño se alejaba a
lo lejos, saltando de rama en rama. Mientras se iba,
pudo ver como volteaba a verla por unos segundos.
Sus ojos estaban llenos de frialdad; esos no eran
los ojos de su querido hermano
******
- Kohaku
Pensaba mientras
seguía su camino por el bosque. Cada
vez que te veo te siento más distante; ¿Será
posible que ya no quedé nada del pequeño
niño que fue mi hermano?
Todos estos pensamientos la habían acosado
desde la noche anterior. Los recuerdos de todas las
veces que había vuelto a ver a su hermano después
de que éste estuviera en el poder de Naraku
daban vueltas sin cesar en su cabeza. Desde hace ya
algún tiempo había comenzado a tener
sus dudas con respecto a muchas cosas
Kohaku
era la principal de todas.
Sango seguía su marcha, teniendo a su leal
compañera Kirara a su lado. En sus manos traía
un balde de madera, donde traía varios objetos
para baño. A lo lejos, por entre los pilares
negros que dibujaban los árboles, se distingue
una niebla blanca que se eleva desde lo más
bajo.
La exterminadora llega hasta el sitio que buscaba.
Se trataban de unas aguas termales que se encontraban
cerca del pueblo en el que ella y su grupo pasarían
la noche. Se paró a la orilla de las aguas
y alzó su mirada hacía el frente. Entre
toda la blanca niebla, logró distinguir una
figura. Era una persona que estaba de espaldas a ella.
Lo único que pudo reconocer, era su cabellera
negra que caía sobre su espalda y el resto
de ésta se perdía por debajo de la superficie
del agua.
- ¡Es Kagome! Se dijo así misma
al mirar a la persona en el interior del manantial.
¿Porqué no me habrá dicho
que venía para acá?
Con algo de confianza ya que su amiga se encontraba
ahí, la exterminadora comenzó a desvestirse
para poder entrar al agua caliente, esperando que
de alguna manera eso la relajara.
A lado del río, vemos la pequeña llama
de una fogata alumbrando a quienes la rodean. A lo
lejos podemos ver al leal dragón de dos cabezas
dormir muy tranquilo sin ninguna preocupación.
Por su parte, frente al fuego de la fogata había
dos personas: la primera era el monstruo Jaken, y
la otra la pequeña Lin, ambos acompañantes
del Gran Sesshoumaru.
Lin se encontraba recostada en el pasto, con su mirada
centrada en las llamas frente a ella. No importaba
que pasara, ella siempre mantenía esa mirada
inocente y despreocupada, misma que ahora mantienen
fija en el fuego. De pronto, la niña desvía
su mirada hacía la otra persona sentada con
ella. Jaken estaba sentado, aparentemente dormido,
mientras estrujaba su bastón contra su pecho.
- Señor Jaken. Dijo Lin en voz baja,
pero él no respondió. Señor
Jaken Repitió con un tono más
fuerte, pero no hubo respuesta.
Al ver que el demonio no le hacía caso, se
acercó lentamente a él, hasta poder
escuchar los ronquidos del mismo. Sin hacer mucho
ruido, alzó su cara, colocándola cerca
de costado izquierdo del ser verde. De pronto, tomó
algo de aire, antes de volver a hablar.
- ¡¡Señor Jaken!! Gritó
con fuerza, aturdiendo gravemente al demonio.
El gritó de Lin se vio acompañado por
un grito por parte de Jaken, quién ante la
sorpresa no pudo evitar caer de lado en el suelo.
Rápidamente, el monstruo se puso una vez más
de pie, centrando una mirada de enojo sobre la pequeña.
- ¡¿Se puede saber porqué me
gritas en el oído?! Le gritó
enojado al tiempo que volteaba a verla.
- ¿Usted tiene oídos señor Jaken?
Le preguntó con cierta inocencia en
sus palabras.
- ¡Por supuesto que los tengo!, ¡¿Y
ahora que quieres?!
- Es que el señor Sesshoumaru aún no
ha regresado.
Esto extrañó mucho al demonio verde.
De inmediato comenzó a ver en todas direcciones
para comprobar si las palabras de la niña eran
ciertas.
- ¿Aún no vuelve? Peguntó
al ver que era cierto ¡¿A dónde
habrá ido mi amo bonito?!, ¡¿Acaso
me habrá abandonado?!, ¡¡Amo Sesshoumaru!!
De pronto, mientras parecía desesperarse por
su situación, sintió como una roca lo
golpeaba justo en la cabeza, empujándolo hacía
el frente y por lo tanto cayendo al fuego. Jaken se
levantó de inmediato, moviéndose de
un lado a otro ya que su traje se estaba quemado.
Lin, mientras tanto, simplemente lo miraba.
- Ya déjate de tanto lloriqueo Jaken.
Escucharon de pronto que una voz familiar les decía.
De inmediato, Jaken dejó de correr, para clavar
su mirada en la figura blanca que entraba en su campamento.
- ¡Amo Sesshoumaru! Gritó Jaken
al verlo. Sin embargo, en este mismo momento, notó
algo extraño en él. En su mirada había
algo que a él le extrañaba. Parecía
casi como preocupación, algo no
muy común en él. ¿Amo
bonito?
- ¿Señor Sesshoumaru? Preguntó
la niña, notando lo mismo que Jaken.
Sesshoumaru no dijo otra palabra. Simplemente caminó
hacía la fogata y se sentó frente a
ella. Sus dos acompañantes se le quedaron viendo
sin poder entender que le pasaba. El demonio centró
su mirada en el fuego, totalmente en silencio.
La casa en la que Inuyasha y su grupo iba a dormir
era alumbrada por un gran número de velas.
En una de las habitaciones de la casa, Miroku y a
Shippou se encontraban sentados en el suelo, con sus
pequeñas mesas con comida frente a ellos. A
su lado se encuentran otras tres mesas para sus otros
tres acompañantes, aunque ninguno de ellos
se encontraba ahí en ese momento.
- ¡Esto huele delicioso! Exclamó
Shippou mientras acercaba su nariz a la comida.
- Sí, creo que debemos de dar gracias por
estos deliciosos alimentos. Agregó el
monje mientras tomaba sus palillos.
- ¿No van a comer sus acompañantes
excelencia? Le preguntó una de las mujeres
que había servido la comida.
Miroku volteó a ver los otros tres platillos
servidos sin nadie frente a ellos. De pronto, le pareció
escuchar unos pasos que se acercaban por el pasillo
hasta la puerta abierta de la habitación. En
ese momento, tanto él como Shippou distinguen
de inmediato el uniforme blanco con falda verde, perteneciente
a una de las mujeres que los acompañan.
- ¡Qué delicioso estuvo este baño!
Dijo con un tono alegre la joven al entrar
al cuarto, al mismo tiempo que con una toalla amarilla
se secaba el pelo. La joven caminó y se sentó
a lado de Shippou. ¡Gracias por la comida!
- No sabía que seguía en la casa señorita
Kagome. Mencionó Miroku. Me alegra
ver que ya está de buen humor.
- Sí, después de mucho pensarlo creo
que fui muy duro con Inuyasha. Cuando lo vea me disculparé.
- Por cierto, ¿Dónde están Inuyasha
y Sango? Preguntó extrañado el
demonio zorro.
Ya sin nada que la cubriera más que una toalla
blanca que sostenía en sus manos, Sango se
metió en el agua caliente del manantial. Con
pasos lentos, se acercó a su amiga, hasta colocarse
a unos metros de ella.
- Buenas noches Kagome. Pronunció la
joven a manera de saludo. No sabía que
estabas
La persona frente a ella reaccionó de inmediato
al escuchar su voz a sus espaldas. Los ojos de Sango
se abrieron de par en par en cuanto ésta se
giró hacía ella con gran agilidad. De
igual manera, la otra persona también mostró
su gran mirada la sorpresa. Ambos se quedaron viendo
fijamente por unos segundos, al parecer totalmente
atónitos, sin moverse; no era la persona que
ella creía.
Se trataba de un joven, de cabellera oscura y larga,
piel blanca y ojos oscuros. Él tampoco traía
nada puesto, más que un collar con perlas moradas
y colmillos blancos en su cuello. Después de
unos segundos de no hacer nada, la joven exterminadora
pareció reaccionar con un fuerte y estruendoso
grito, mismo que asustó al joven.
- ¡Espera Sango! Dijo el chico tratando
de tranquilizarla, pero le fue inútil.
Por simple relejo, Sango arrojó hacía
el frente la cubeta de madera que traía, golpeándolo
en la frente. Después de esto le siguió
gritando, mientras se volteaba para darle la espalda.
- ¡Espera! Le volvió a gritar,
pero ahora con más severidad en su tono.
¡Soy yo maldita sea!, ¡¿Qué
no me reconoces?!
En ese momento, la expresión de susto en Sango
cambió a otra cara de sorpresa. Esa voz y ese
tonto agresivo y grosero, ya los había oído
antes. Tratando de cubrirse lo que más que
podía con sus manos y con la toalla que traía
consigo, volteó a verlo por encima de su hombro
izquierdo.
- ¡¿Inuyasha?! Preguntó
sorprendida.
Para cuando Sango volteó a verlo, el chico
estaba saliendo del agua, por lo que Sango rápidamente
se volvió de nuevo, con su rostro cubierto
por un tono rojizo debido a la pena. Después
de un tiempo pareció tranquilizarse un poco.
Ambos se daban la espalda el uno al otro.
- No entiendo porque te pones así.
Decía el joven, mientras se colocaba de nuevo
su traje rojo. Después de todo fuiste
tú quien se metió sin permiso.
- Lo siento. Le respondió, aún
volteando al frente. Es que me asustaste. Yo
no estoy tan acostumbrada de verte en esa apariencia.
Creo que sólo te he visto así en una
ocasión, y de eso ya pasó mucho tiempo.
- Es porque hay luna nueva, ¿lo recuerdas?
Sango alzó la mirada al cielo al momento de
oír esta afirmación por parte de su
compañero. Era cierto, la luna no brillaba
esa noche. Lo único que alumbraba el cielo
eran todas esas hermosas estrellas.
- Eso explica porque las estrellas brillaban tanto.
Mencionó la exterminadora. No
tenían la luz de la luna para opacarlas.
- A mí no me agrada eso. Agregó
el híbrido, mientras se ponía la última
pieza de su traje. En estas noches es cuando
más vulnerable estoy. Inuyasha alzó
su mano derecha, acercándola a su rostro.
Estas noches pierdo mis garras, no soy capaz de usar
los poderes de mi Colmillo de Acero, y si me lastiman,
me tengo que recuperar como cualquier otro humano.
Éste es el precio que los de mi tipo tienen
que pagar por ser solamente mitad demonios.
Sango lo volteó a ver de reojo con sorpresa
en su mirada. En esa posición sólo podía
ver su espalda y su cabellera negra. Sin embargo,
había algo en él que la extrañaba
demasiado. Sentía algo raro en su modo de hablar,
como un tono de tristeza o frustración.
Le extrañaba que él le hablara a ella
de ese tipo de cosas. Aunque ya llevaban mucho tiempo
combatiendo juntos, ambos no eran muy comunicativos
el uno con el otro. Inuyasha más bien no era
comunicativo con nadie. Con la persona que más
lograba abrirse era con Kagome, pero nunca con ella
o Miroku, a pesar de que en el campo de batalla eran
sus principales compañeros.
- Es por eso que buscas la Perla de Shikon, ¿No
es así? Le preguntó la joven
con algo de seriedad. Inuyasha no respondió
nada. Odias sentirte débil y vulnerable,
por lo tanto tiendes a odiar ese lado humano que has
obtenido por parte de tu madre. Pero odiar ese lado
humano sería como odiarla a ella.
Las palabras de Sango parecieron no agradarle del
todo a Inuyasha. Aún sin voltear a verla, se
le veía en su rostro algo de enojo por esos
comentarios.
- ¿Enserio es eso lo que tú deseas
Inuyasha?, siempre que te transformas en un demonio
tratas de matar a Kagome y a nosotros. Dime la verdad
Inuyasha, ¿eso es realmente lo que deseas?
- ¡Tú no tienes porqué decirme
esas cosas! Le gritó enojado, girándose
hacía ella, aparentemente omitiendo el estado
en el que se encontraba. ¡Esa transformación
no es lo que deseo!, ¡Esa cosa no es un demonio,
no es más que un animal!, ¡Y no te atrevas
a decir que yo odio a mi madre sólo porque
quiero deshacerme de esta parte humana!, ¿Qué
hay de ti?
- ¡¿De mí?!
- Aún sigues con nosotros al momento de obtener
cualquiera de los fragmentos; ¡¿Cómo
sé que tú no buscas la Perla para cumplir
algún deseo como el mío?!
- ¡Te equivocas! Le contestó
la joven exterminadora, con un tono severo en su voz,
al tiempo que se giraba hacía él, de
igual manera al parecer sin importarle su situación.
¡A mí no me importa esa maldita
perla o la clase de poderes que posee!, ¡A mí
sólo me interesa una cosa, y esa es recuperar
a mi hermano y vengarme de Naraku por todo lo que
nos hizo!, por mí puedes quedarte con tu miserable
deseo, a mí no me interesa.
Disgustada aún, se volvió a dar la
vuelta y sumergió todo el cuerpo en el agua,
a excepción de la cabeza y el cuello. Inuyasha
se queda muy serio debido a la reacción de
la exterminadora. Se queda pensando unos momentos,
antes de contéstale.
- ¿Aún sigues con la idea de recuperar
a tu hermano Kohaku? Le preguntó con
un tono más calmado.
- Así es Le contestó, al contrario
de Inuyasha, aún con un tono de enojo.
¿Porqué no habría de hacerlo?,
él es mi hermano, es lo único que me
queda en la vida. Somos de la misma sangre, y es mi
deber el protegerlo y salvarlo de ese monstruo.
- ¿Sabes muy bien que puede que ya no quede
nada de ese chico? Naraku lo tiene atrapado en sus
garras y cada vez lo envuelve más y más.
Si él se niega a obedecerlo o se revela, Naraku
lo matará al instante. Kohaku es una vida que
se sostiene con un fragmente de la Perla de Shikon.
El Kohaku que conoces ahora no puede ser el mismo
Kohaku que tú conociste.
- ¿Y qué me dices tú?
- ¿Cómo? Inuyasha se sobresaltó
confundido ante esa pregunta.
- ¿No sería lo mismo con Kykio?
Inuyasha se sorprendió al momento en que Sango
menciona a Kykio. Ambos se quedaron en completo silencio
por unos momentos. Sin contestarle nada, Inuyasha
se da la media vuelta y se marcha caminando. Sango
se queda en el agua caliente, con la mirada baja,
meditando sobre algo
Kagura y Kohaku seguían volando en la misma
dirección desde hace algún tiempo. No
se habían dicho mucho, y la verdad ninguno
hacía mucho esfuerzo por cambiar eso. De pronto,
Kohaku desvió su mirada hacía el bosque
debajo de ellos, para luego romper el silencio que
reinaba sobre la pluma.
- Es aquí. Le dijo el chico sin alzar
aún la mirad. Kagura volteó a ver hacía
abajo de inmediato.
- ¿Aquí? Kagura no vio nada
fuera de lo normal en ese bosque. Solo había
árboles y más árboles.
- Bajemos. Sugirió el chico, y Kagura
no tuvo más remedio que hacer que su pluma
descendiera.
Una vez que ambos estuvieron de nuevo en el suelo,
su transporte se evaporó en el aire. Kohaku
caminó al frente, guiando a su acompañante
por entre los densos árboles. Kagura no se
sentía muy feliz por esa misión de la
que no sabía absolutamente nada de lo que tenía
que hacer.
- ¿Se puede saber que venimos a hacer aquí?
Preguntó algo inconforme mientras seguía
caminando.
- Es Luna Nueva. Contestó Kohaku
No hay tanta luz en la noche, gracias a que la luna
no brilla. Es el momento perfecto para hablar con
esos seres.
- ¿Esos seres? Kagura aún no
lograba comprender lo que el chico delante de ella
le decía.
De pronto, Kohaku hizo a un lado una rama, dejando
a la vista de ambos su objetivo. Frente a ellos había
una cueva, que desde el umbral de piedra se veía
completamente oscura. Kohaku caminó decidido
hacía el frente, mientras Kagura lo seguía
por detrás con algo de desconfianza.
Tal y como su apariencia lo mostraba, era una cueva
realmente oscura. Cuando ambos entraron en ella, Kagura
no podía ver nada. Se extrañó
mucho que Kohaku pudiera moverse muy bien en tanta
oscuridad. ¿Sería acaso parte de su
entrenamiento como Exterminador?
- ¿Qué clase de seres habitarían
en una cueva como ésta? Preguntó
Kagura, tratando de abrirse paso. De pronto, su marcha
se vio interrumpida al sentir frente a ella el cuerpo
del chico.
- Unos seres que sólo viven en la oscuridad.
Le respondió mientras miraba al frente.
Para sorpresa de la mujer demonio, entre todo el
fondo negro de oscuridad que se veía en el
interior de la cueva, se veían algunas cosas
brillantes. Kagura no pudo distinguir muy bien lo
que eran al principio, pero luego se dio cuenta: eran
ojos, ojos grandes y blancos, que brillaban muy tenuemente.
Quién sabe que clase de seres se ocultaban
detrás de ellos, envueltos en la oscuridad
de la cueva.
- ¿Quién eres tú chico?
Se escuchó de pronto que una voz decía
desde el fondo de la cueva. Ambos mensajeros se quedaron
de pie con firmeza
.
FIN DEL CAPITULO 2
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