| CAPITULO 1. LOS
QUE LA BUSCAN
- ¡Kohaku! Gritó la exterminadora
al ver como la figura del niño de negro se
alejaba a lo lejos, saltando de rama en rama. Mientras
se alejaba, pudo ver como volteaba a verla por unos
segundos. Sus ojos estaban llenos de frialdad; esos
no eran los ojos de su hermano, parecían los
ojos de un demonio...
En lo más hondo de su corazón, quería
ir detrás de él, perseguirlo y tenerlo
cerca una vez más. Era el único miembro
de su familia que podía seguir a su lado, lo
único que la mantendría conectada con
su pasado. A pesar de todo lo que había ocurrido,
él seguía siendo su hermano. Sin embargo,
algo la detuvo en ese momento.
- ¡Sango!, ¡¿Dónde estas?!
Escuchó la voz de uno de sus amigos
que la llamaba desde atrás. Algo desconcertada,
se giró en dirección de donde venían
los gritos, volteando a ver a Inuyasha y a Miroku,
que corrían hacía dónde ella
estaba, seguidos por detrás por su leal mascota
Kirara.
- Sango, ¿Te encuentras bien? Le preguntó
el Monje Miroku en cuanto la vio. De inmediato, notó
la tristeza en su rostro. Ambos se quedaron en silencio,
incapaces de poder pronunciar alguna palabra.
- Sango, ¿Estás herida? Le preguntó
el demonio al notar la herida de su brazo.
- Ya no importa. Les respondió mientras
se secaba las lágrimas de sus ojos.
No es nada; ¿Qué pasó con la
criatura?
- Escapó junto con el fragmento. No debe de
estar muy lejos de aquí, aún podríamos
alcanzarlo.
Miroku volteó a ver a Sango de reojo. De inmediato
pudo notar que su semblante aún reflejaba cierta
inquietud. Ellos no estaban seguros de a que se debía,
pero esto era debido a que acababa de ver de nuevo
a su hermano Kohaku, y a que éste aún
estaba en las garras de Naraku.
- Talvez no sea buena idea ir en estos momentos Inuyasha.
Comentó Miroku, tratando con esto de
no perturbar más a la exterminadora de lo que
ya estaba, pero ella intervino de pronto.
- Esta bien excelencia. Será mejor que vayamos
de una buena vez.
- Pero Sango
- Andando, no hay tiempo que perder. Sin decir
nada más, tomó con firmeza su arma,
y corrió en la dirección en la que se
habían aproximado sus compañeros. Kirara
la siguió por detrás y cuando ya estaban
algo lejos, la exterminadora se subió a su
espalda y ambas se alejaron. Después de unos
segundos, Miroku e Inuyasha las siguieron.
Mientras Inuyasha y los otros comenzaban de nuevo
a moverse, sus otros compañeros de viaje se
encontraban caminando entre los árboles del
bosque. La joven de cabellos negros y uniforme escolar
marchaba con cuidado, teniendo a su lado su bicicleta
rosada. Refugiado en la canasta del vehículo
de dos ruedas, estaba el pequeño Shippou, que
se encuentra viendo al frente. Los demás habían
salido tan rápido que prácticamente
se habían olvidado de ellos.
- ¿A dónde se habrán ido esos
tres? Se preguntaba el niño zorro, mientras
seguían su camino.
- Sólo espero que no les haya pasado nada
malo. Agregó Kagome, mientras en su
rostro se podía notar algo de preocupación
por sus amigos.
Como siempre la causa del combate había sido
uno de los fragmentos de la afamada Perla de
Shikon, esa joya que habían estado buscando
durante todo ese tiempo. Parecía que ya había
pasado una eternidad desde la primera vez que estuvo
en esa Era del pasado y comenzó a buscar uno
por uno los fragmentos de esa joya. Ahora eran un
grupo numeroso unido por la misma misión.
De pronto, un movimiento a su izquierda llama la
atención de la sacerdotisa. Al girarse, ve
como la figura de una persona se mueve sigilosamente
entre las ramas de los árboles, saltando de
rama en rama en la dirección contraria a la
que ellos van. En cuanto sus ojos se posaron en su
silueta, pudo apreciar como en su espalda se despedía
un brillo intenso.
- ¡Es Kohaku! Piensa la
joven en cuanto lo ve pasar. Ese chico tenía
que ser el hermano menor de Sango. Por unos momentos
pensó en darse la media vuelta y seguirlo,
pero algo más hizo que cambiara su atención
hacía el frente. ¡Siento la presencia
del fragmento!
- ¡¿Qué dices?! Exclamó
sorprendido Shippou al oírla.
De entre los árboles frente a ellos, surgió
una enorme figura que se lanzaba con fuerza en su
contra. Su cuerpo era alargo, como el de una serpiente,
con piel en un tono gris oscuro. Al frente, tenía
un par de brazos en forma de cuchillas, y un hocico
grande y picudo, además de unos grandes ojos
rojizos.
- ¡Es ese monstruo! Dijo el pequeño
demonio, saltando de la bicicleta para refugiarse
detrás de su amiga. Kagome rápidamente
tomó su arco y una de sus flechas, apuntando
hacía la criatura.
- Shippou, ocúltate detrás de mí.
Le ordenó la joven, antes de disparar
con fuerza su arma.
La flecha salió volando en el aire mientras
se cubría con un resplandor blanco y rosado.
La punta se clavo en el costado derecho de la criatura,
partiéndolo en dos.
- ¡Lo logré! Dijo satisfecha
al ver su triunfo. Sin embargo, esta felicidad no
le duró mucho. Inmediatamente después
de haberlo atacado, los pedazos de la criatura se
comenzaron a pegar de nuevo, hasta crear de nuevo
su cuerpo.
- ¡Oh no! Exclamó sorprendida.
Había olvidado que esas criaturas tenían
la habilidad de reconstruir sus cuerpos.
La joven del futuro trató de cargar de nuevo
su arco, pero la cola del monstruo la golpeó
con fuerza antes de que pudiera lograrlo, haciendo
que tanto su arco como sus flechas cayeran lejos de
ella.
- ¡Kagome! Gritó el pequeño
niño preocupado mientras corría hacía
ella. Sin embargo, la enorme cara del monstruo, lo
hizo retroceder del miedo.
El golpe había dejado algo aturdida a Kagome.
Para cuando logró alzar la mirada de nuevo,
lo primero que vio fue la enorme mandíbula
de la criatura, que se acercaba a donde ella estaba.
Por simple reflejo, la joven soltó un fuerte
grito, como esperando que alguien la escuchara.
De pronto, justo cuando parecía que sería
devorada por aquella criatura, la silueta de una persona
surge de lo más profundo del bosque, lanzándose
contra la enorme serpiente. Lo único que Kagome
pudo ver es como esa figura lo golpeaba, haciéndolo
pedazos de un solo golpe. Al mismo tiempo que el extraño
realizaba su ataque, un fuerte resplandor blanco cubrió
todo el sitio. Para cuando Kagome ya pudo ver bien,
vio la figura de su salvador, con el fragmento de
Shikon en su mano.
- ¡Inuyasha! Dijo emocionada la sacerdotisa
volteando a verlo. Sin embargo, cuando lo vio con
más claridad, pudo ver de quien se trataba,
y no era la persona que ella creía.
¡Kouga!
Su salvador había sido ese chico lobo de cabellos
oscuros, vestido con ropas de piel. Una vez realizada
su labor, el chico se volvió hacía ella
y le sonrió de una manera segura, mientras
se agachaba a donde estaba.
- ¿Te encuentras bien mi querida Kagome?
Le preguntó con cariño mientras tomaba
una de sus manos.
- Sí, gracias Kouga. Le respondió,
algo sorprendida aún. Sin ponerle mucha atención
a la reacción de la chica, Kouga colocó
dos fragmentos lentamente en su mano.
- Esto te pertenece.
- Pero
- Justo cuando Kagome iba a decir algo,
es interrumpida por la voz de otra persona.
- ¡Kagome! Escuchan de pronto que su
amiga Sango grita a lo lejos.
En unos segundos, la exterminadora baja del cielo,
montada en su compañera Kirara. De inmediato,
las figuras de Miroku e Inuyasha se aparecieron en
el lugar tras su compañera de combate. Este
último no se vio muy feliz cuando posó
sus ojos dorados sobre ese chico que estaba a lado
de Kagome.
- ¡¿Aún sigues aquí lobo
rabioso?! Le gritó molesto, acercándosele.
- ¡Por supuesto que sí! Le contestó
Kouga con el mismo sentimiento. Pero tú
dime, ¿Dónde rayos estabas?, ¿No
deberías de haberte quedado a proteger a Kagome?
- ¡¿Cómo dices?!
- Kouga derrotó al otro de los monstruos,
recuperó el fragmento de la perla y salvó
a Kagome de ser comida Agregó el niño
zorro, mientras se asomaba por el hombro de Kagome.
Inuyasha se quedó algo serio al escuchar las
palabras de Shippou. Vio que en el suelo aún
se veían los restos de la criatura que Kouga
acababa de derrotar, así que lo que le decía
tenía que ser cierto. Una vez más volteó
a ver al chico lobo, el cual lo miraba con una gran
sonrisa en el rostro, una sonrisa que prácticamente
lo hacía reventar de rabia.
- ¿Es cierto eso? Preguntó Inuyasha
con algo de enfado en sus palabras.
- ¿Eso te molesta acaso bestia? Inuyasha
estaba a punto de responderle como era su costumbre,
pero Kouga, desinteresado en lo que le pudiera decir,
se giró hacía Kagome, tomando sus manos
con firmeza. Kagome, lo siento pero hasta ahora
no he encontrado la ubicación del Castillo
de Naraku, pero te prometo que lo encontraré
y acabaré con él dentro de poco.
- No te preocupes por eso
- Le respondió
Kagome, algo avergonzada.
- Nos vemos querida Kagome. Después
de despedirse, el cuerpo de Kouga se cubrió
con una fuerte ráfaga de viento, para luego
alejarse corriendo por el bosque.
Inuyasha se le quedó viendo a lo lejos, aún
enojado. Mientras tanto, Kagome observó con
detenimiento los dos fragmentos que Kouga le había
dejado, algo extrañada de que no se lo hubiera
llevado con él.
En ese momento, pareció recordar de golpe
lo que había visto antes de que esa criatura
la atacara.
- Sango, ¿Viste a Kohaku? Le preguntó
la joven a su compañera, algo temerosa. La
exterminadora se exaltó ante la pregunta, al
igual que sus dos amigos.
Después de un segundo, el rostro de Sango
volvió a cubrirse con tristeza al recordar
a su hermano. Bajó la mirada al tiempo que
le respondía.
- Sí, lo vi
- Al ver esta reacción
por parte de su amiga, Kagome pensó que tal
vez no debió haber preguntado eso.
Muy lejos de ahí, en otra región escondida
de la vista de cualquier persona común, se
encontraba un enorme castillo, rodeado por completo
por una densa niebla oscura, la cual parecía
resguardar la construcción como un campo de
fuerza. En los jardines del palacio no se veía
ni una sola persona, ni un guardia y ningún
sirviente; todo parecía estar completamente
desierto. Si embargo no era así, ya que en
el interior de una de las habitaciones, se encuentra
la figura del actual dueño del
castillo.
Este ser con forma humana se encuentra sentando en
el suelo, acompañado a su lado por una pequeña
niña de cabello blanco y traje del mismo color,
que sostenía un espejo en sus manos en cuyo
cristal se reflejaba una imagen. De pronto, la figura
de una tercera persona se hace presente en el lugar,
justo detrás de una de las cortinas de la habitación.
- Ya he vuelto señor Naraku Le dijo
el recién llegado, ocultado su cuerpo del otro
lado de la cortina mientras se arrodillaba en el suelo.
- Ah, Kohaku. Exclamó el demonio sin
voltear a verlo. Su atención estaba complemente
puesta en el espejo. ¿Tienes algo que
informar?
- Inuyasha y el resto de sus amigos tienen en su
poder cinco fragmentos de la perla. Kouga aún
posee dos, y al parecer la sacerdotisa Kykio se apoderó
de uno hace poco.
- Ya veo. El demonio rió divertido
ante las nuevas noticias. En total mis enemigos
poseen ocho fragmentos.
Naraku alzó su mano derecha, admirando con
detenimiento la joya que estaba en ella. La Perla
de Shikon, la joya rosada cubierta con un resplandor
oscuro y maligno. La joya que tantos se encontraban
buscando en esos momentos, ya casi estaba completa
en su mano. Sólo era cuestión de tiempo.
- Ya tienes la mayoría de los Fragmentos.
Se escuchó de pronto que otra persona
decía. La figura de su otra extensión,
la mujer de nombre Kagura, apareció
justo detrás de Kana, la niña de traje
blanco. Aún así te ves algo preocupado
últimamente Naraku. Me refiero al hecho de
que te has esmerado más que antes a averiguar
la ubicación de los fragmentos de la Perla
de Shikon.
- No tengo idea de lo que estás hablando Kagura.
Le respondió su amo, sin quitar sus
ojos de la joya. Nada me preocupa en estos
momentos. Después de todo estoy muy por encima
de mis perseguidores.
- De ser así, ¿Por qué enviaste
a Kohaku a que investigara cuantos fragmentos tenían
Inuyasha y el resto?
- No te preocupes Kagura, dentro de poco te enterarás
de todo.
Naraku alzó la mirada de nuevo hacía
el espejo que Kana sostenía. En él,
veía reflejada la figura de una persona. Parecía
ser un joven, de cabello albino y largo, que caminaba
solo por el bosque.
Era de mañana y el sol brillaba con toda intensidad.
Poco a poco, las personas de esta pequeña aldea
comienzan su rutina habitual. Esa región siempre
se había mantenido alejada de las frecuentes
guerras que sucedían en casi todo el país.
Esa mañana a simple vista no parecía
diferente a otras tantas que habían sucedido
en ella. Todo sería igual que en otros días,
si no fuera por una visita inesperada que les había
llegado de pronto. Inuyasha y sus amigos habían
llegado a este sitio después del combate que
habían tenido esa noche y su encuentro con
Kouga.
Ya había pasado mucho tiempo desde que salieron
en ese viaje en busca de todos los fragmentos de la
Perla de Shikon. Eran estos fragmentos los que los
habían reunidos, y eran en parte ellos los
que los mantenían juntos en él. Pero
la perla no era lo único que mantenía
junto al grupo. Además de esto, cada uno buscaba
al temible demonio que conocían como Naraku,
un poderoso Youkai que desde hace mucho tiempo se
encontraba reuniendo la perla para cumplir sus deseo.
Cada uno de ellos lo buscaba por alguna u otra razón,
pero no era fácil de encontrar en esos momentos.
El lugar en el que se encontraba su Castillo ahora
estaba completamente vacío, como si se lo hubieran
llevado desde el cielo. Ahora su paradero era un misterio
para todos los que lo buscan, que no se limitaban
solamente a su grupo.
Esa mañana lo primero que el grupo quiso asegurar
era donde pasar la noche. Miroku se encontraba en
el interior de una de las casas del pueblo, acompañado
por el propietario mientras hace sus habituales exorcismos.
Frecuentemente el monje Miroku realizaba una limpia
a alguna de las casas del pueblo al que le llagaba,
fuera o no una verdadera limpia. Por cortesía
el propietario de la casa prácticamente tenía
la obligación de ofrecerle hospedaje al monje.
De esa manera obtenían donde pasara la noche.
Kagome y Shippou observaban la operación desde
el jardín, mientras éste último
se refugia en los brazos de su amiga. El monje colocó
un pergamino en una de las paredes de la habitación
seguido por un conjuro para exorcizar.
- Listo Dijo mientras se giraba al dueño
de la casa. Con esto su casa queda libre de
malas energías.
- Muchas gracias excelencia. Agradeció
el hombre mayor, inclinándose al frente
Por favor, acepten hospedarse en mi casa esta noche.
- Será todo un honor. Contestó
el monje realizando el mismo gesto de respeto.
Una ligera gotita de sudor surgió en las cabezas
de Kagome y Shippou tras ver la acción habitual
de su compañero de viaje. Ambos comienzan a
conversar entre ellos en voz baja, tratando de no
llamar la atención de Miroku o del dueño
de la casa.
- Este Miroku nunca aprende. Pronunció
Shippou después de un suspiro profundo.
- Por lo menos hoy no dormiremos a la intemperie.
Agregó Kagome con una sonrisa.
Cuando ya todo estaba acabado, Shippou saltó
de los brazos de Kagome, y se dirigió hacía
afuera de la residencia.
- Voy a dar un paseo por el bosque. Le dijo
antes de irse.
- Esta bien Shippo, pero cuídate. Le
indicó la Sacerdotisa con cuidado. A lo largo
de ese viaje ya casi se había transformado
en su nueva madre.
Una vez que Shippou ya se había ido, Kagome
se quedó unos momentos muy pensativa. Lentamente
se volteó hacía su alrededor, admirando
el jardín de la residencia. De pronto, parece
distinguir el rojo vivo del traje de Inuyasha, sentado
en el pasillo de madera exterior frente a una de las
habitaciones.
El mitad demonio se encontraba sentado con sus brazos
cruzados, sus ojos cerrados y su leal espada a un
lado. A juzgar por su rostro, parecía seguir
enojado. De pronto, el Hanyou abre su ojo izquierdo
en cuanto siente que alguien se le acerca, sólo
para ver como Kagome se sienta a su lado.
- Hola Inuyasha, ¿Cómo estas?
Saludó la chica del futuro con una sonrisa
amistosa mientras se sentaba junto a él.
- ¿Qué quieres Kagome? Le contestó
él por su parte, utilizando su enojo habitual.
- Has estado enojado desde anoche, ¿Qué
es lo que te molesta? Kouga mató a los dos
monstruos y no se llevó ninguno de los fragmentos;
nos los dejó, ¿no?
- ¡Es exactamente eso lo que me molesta!
Gritó molesto el chivo de traje rojo, inclinándose
un poco hacía el frente.
Kagome no comprendía muy bien lo que su amigo
le estaba diciendo. Sin embargo, cuando se puso a
pensar detenidamente en lo que había ocurrido
anoche, no tardó mucho en tener una idea de
lo que pasaba. A veces ella había visto que
Inuyasha se enojaba cuando Kouga se le acercaba o
le decía algo a ella, como si se pusiera celoso.
Había llegado a pensar que todo eso era su
imaginación, ya que después de todo
él había dicho ya que quería
a Kykio. ¿Por qué se pondría
celoso de Kouga?
Pero fuera como fuera en esos momentos él
estaba enojado, pues Kouga la había salvado
y no él. No tenía previsto que el orgulloso
Inuyasha se sintiera tan celoso por eso. Un ligero
rubor surgió en el rostro de Kagome al momento
en que esos pensamientos comenzaron a recorrer su
cabeza. Aunque no le agradaba que se enojara con Kouga,
se sentía hasta cierto punto contenta
por lo que ocurría...
- Inuyasha, no debes de enojarte. Inuyasha
notó una mirada extraña en los ojos
de Kagome, una mirada que lo dejó muy extrañado.
Kouga me salvó ya que estaba cerca,
pero si tú hubieras estado, hubieras hecho
lo mismo, ¿No lo crees?
- ¿Qué? El rostro del Hanyou
se cubrió de confusión. pero
yo
- No es la gran cosa. No le hagas caso a lo que te
dijo. No me molesta que hayas ido detrás de
ese monstruo, después de todo estábamos
ahí por el fragmento.
- Sí, pero
- Recuerda que todos nosotros siempre te apoyaremos,
en especial yo
ya que yo
yo
- ¡Kagome! El gritó de Inuyasha
interrumpió de golpe las palabras de Kagome,
antes de que pudiera terminar de decir lo que quería.
¡No estoy enojado por eso!
- ¡¿Qué?! Kagome se quedó
asombrado al oírlo. ¿Y entonces?
- ¡¿Qué no recuerdas lo que pasó
anoche?!
******
Tres figuras se posaban en el centro del valle, rodeadas
únicamente por las densas sombras de la noche.
Desde arriba, la luz de la luna era lo único
que los alumbraba. Cada una se encontraba viendo detenidamente
hacía una dirección diferente, sosteniendo
sus armas con firmeza; parecían estar esperando
algo.
- ¿Por dónde viene Kagome? Preguntó
el ser mitad demonio mientras alzaba la hoja de su
espada hasta la altura de su rostro.
Ocultos en una zanja cercana, aguardando a que sus
compañeros terminaran y al mismo tiempo observando,
se encontraban la sacerdotisa de cabello negro, acompañada
de cerca por esas dos criaturas sobrenaturales que
siempre van con ellos, Shippou y Kirara.
- No estoy segura. Le respondió desde
su refugio Pero se acerca a toda velocidad.
- Tengan cuidado. Les dijo el Monje a sus
compañeros de combate Puede estarse
acercando desde cualquier dirección.
- Si tiene un fragmento de la perla no puede ser
una criatura débil. Agregó la
Exterminadora, centrando su atención al alrededor.
- Sólo tiene un fragmento. Esto será
pan comido A diferencia de los demás,
Inuyasha parecía tener mucha seguridad en sus
palabras.
Por unos instantes, todo se quedó en silencio,
mientras aguardaban de pie. De pronto, se comenzó
a escuchar un pequeño sonido que poco a poco
se fue haciendo más grande. Los tres se pusieron
de inmediato en guardia, preparándose para
lo que viniera. Sin embargo, cuando el extraño
sonido ya era completamente oíble por todos,
Kagome logró ver con toda claridad su objetivo.
Al darse cuenta de donde éste se encontraba,
rápidamente se puso de pie.
- ¡Inuyasha!, ¡Tengan cuidado!, ¡Viene
por debajo de la tierra! Les gritó con
todas sus fuerzas.
- ¡¿Qué cosa?!
Al escuchar dicha advertencia, los tres dirigen rápidamente
su vista hacía abajo, sólo para ver
como la tierra comienza a abrirse. La enorme figura
del monstruo surgió desde abajo de sus pies,
elevándose hacía lo alto. Su cuerpo
era largo, en un tono gris oscuro, con un par de brazos
en forma de cuchillas y ojos grandes y rojos. El monstruo
voló hasta colocarse por encima de los tres
exterminadores.
- ¡Ustedes tienen los fragmentos de Shikon!
Dijo la criatura con una voz profunda.
¡Entréguenmelos o si no pagarán
las consecuencias!
- Ha, no me hagas reír. Contestó
con energía Inuyasha. Kagome, ¿Dónde
tiene el fragmento?
- En su cabeza, justo en medio de su frente.
- Muy bien, éste déjenmelo a mí.
Después de decir esto, se lanzó
al frente, listo para atacar con el filo de su espada.
- Espera Inuyasha, no seas imprudente. Miroku
trató de detenerlo, pero el Hanyou no le hizo
el menor caso.
Inuyasha dio un largo salto, colocándose justo
frente al rostro de la criatura. En ese instante,
la enorme boca del monstruo se abrió y una
esfera de color rojo surgió de ella, volando
a toda velocidad hacía el híbrido. Al
ver esto, Inuyasha abalanzó su espada con fuerza
hacía el frente, golpeando la esfera y de esta
manera regresándole el ataque. La esfera golpeó
a la criatura en la cara, atontándolo por unos
instantes.
Aprovechando la oportunidad, Sango lanzó con
fuerza su arma hacía el frente, dirigiéndose
a toda velocidad hacía el cuerpo de la criatura.
El ataque de la exterminadora terminó por cortar
el cuerpo del monstruo en dos. Antes de que la parte
de arriba de su oponente cayera, Inuyasha ya se encontraba
de nuevo en tierra, listo para dar el último
golpe.
- ¡Viento
Cortante! Exclamó
con fuerza mientras agitaba su arma.
La técnica de Colmillo de Acero voló
con fuerza desde el lugar donde Inuyasha estaba parado,
hasta donde se encontraba el cuerpo del Monstruo,
que en cuanto fue tocado por ese resplandor dorado
voló en pedazos, dejando su cabeza en el suelo
rodeada por varios de sus restos.
- ¡Lo logró! Mencionó
el niño zorro al ver la victoria de su compañero
de viaje.
- Lo ves Miroku, te dije que era pan comido.
Mencionó orgullo el Híbrido.
- Bueno, no esta de más el actuar con cautela.
- Mira quien lo dice. Ahora vamos por el fragmento.
Sin pensarlo mucho se comenzó a acercar a
la cabeza de la criatura para poder tomar el fragmento
que habían ido a buscar. De pronto, justo cuando
Inuyasha acercó su mano a ese pedazo de su
oponente, los ojos de la criatura de abrieron de golpe,
haciendo que Inuyasha retrocediera un par de pasos
ante tal sorpresa.
- ¡¿Qué?! Exclamó
sorprendido.
Los pedazos del monstruo comenzaron a flotar alrededor
de Inuyasha y la cabeza, hasta que se comenzaron a
pegar y rodear el cuerpo del demonio. Cuando menos
lo esperaba, el cuerpo largo del monstruo se había
reconstruido, rodeándolo por completo mientras
comenzaba a estrujarlo.
- ¡Inuyasha! Gritó Kagome desde
su posición.
La criatura comenzó a apretarlo tan fuerte
que por simple reflejo soltó su espada, que
en cuanto dejó su mano volvió a su otra
forma, encajándose en el suelo.
- ¡Esta criatura tiene la habilidad de regenerarse!
Mencionó asombrado el monje Miroku al
verlo.
- Fueron unos tontos exterminadores. Ahora entréguenme
los fragmentos, o romperé todos los huesos
de su amigo.
- Miserable
- Dijo casi con rabia el chico
de cabellos blancos. ¡¿Con quién
crees que estar tratando?!, ¡Garras de Acero!
Usando todas fuerzas, alzó su mano derecha
hacía arriba, cortando con sus garras el cuerpo
del monstruo para zafarse de su poder. ¡¿Qué
te pareció eso tonto?! Le dijo mientras
descendía de nuevo a tierra firme.
- ¡Cuidado Inuyasha!, ¡Ahí viene
otro! Le informó la sacerdotisa en cuanto
sintió la presencia de otro fragmento.
- ¡¿Qué cosa?!
Aún con su cuerpo en el aire, Inuyasha pudo
ver como una segunda criatura, idéntica a la
primera, surgía de la tierra dirigiéndose
hacía él con su hocico abierto. De un
momento a otro se ve como la segunda criatura pareció
devorarlo para luego elevarse en el aire.
- ¡Inuyasha! Gritaron todos al ver esto,
pero en cuanto pudieron ver con más claridad,
vieron como el mitad demonio había usado la
funda de su arma para evitar que el nuevo monstruo
cerrara por completo su mandíbula, lo que dio
un poco más de alivio a sus amigos, pero no
del todo.
- ¿Lo ven?, se lo dije. Mencionó
Miroku con cierto sarcasmo.
- Excelencia, andando, no podemos dejar que lo devoré.
Mencionó decidida la exterminadora.
¡Kirara!
Ante la orden de su dueña, el cuerpo del pequeño
felino se cubrió de llamas, para luego pasar
a un tamaño más grande. Kirara salió
de la zanja donde se refugiaba, para luego volar rápidamente
hacía donde estaban Sango y Miroku, quienes
de inmediato se subieron a su espalda.
Mientras tanto, Inuyasha seguía tratando de
escapar del poder de la segunda criatura. Su funda
había resistido hasta ahora, pero estaba comenzando
a ceder, por lo que se ayudaba también de sus
manos. De reojo, pudo ver como el otro volaba muy
cerca de él.
- Los dos tiene un fragmento cada uno, si los
elimino obtendré dos. Pensó
el chico, analizando la situación. Pero
primero debo de tratar de escapar de éste.
Inuyasha miró hacía abajo, donde se
encontraba aún encajada su espada. De inmediato,
alzó su mano derecha hacía arriba, y
usando sus Garras de Acero, prácticamente cortó
en dos la cabeza del monstruo, y así escapando
de su boca.
- ¡Lo logré! Se dijo así
mismo mientras caía de nuevo. Sin embargo,
al mismo tiempo que uno se recuperaba, la otra criatura
se comenzó a acercar a Inuyasha desde atrás.
- ¡Hiraikotsu! Se escuchó de
pronto que la voz de Sango gritaba, arrojando otra
vez su arma hacía el mismo contrincante y de
esta manera golpeándolo directo en la cara.
Después de alejar a la serpiente de Inuyasha,
Sango tomó su mano, evitando que cayera, para
luego ayudarlo a subir al lomo de Kirara junto con
ella y Miroku.
- Sango llévame a donde esta mi espada.
Le indicó Inuyasha desde su posición.
- Muy bien. Vamos Kirara.
El felino empezó a descender, justo hacía
donde se encontraba Colmillo de Acero. Las dos serpientes
se les acercaban por detrás, amenazándolos
de cerca. Rápidamente, Miroku sacó dos
de sus pergaminos, arrojándolos con fuerza
hacía la frente de ambas criaturas, dejándola
inmóviles por unos instantes. Una vez cerca
del suelo, Inuyasha tomó de nuevo su arma,
convirtiéndola a su forma más poderosa.
- Muy bien, ¡Es hora de acaba con esto!
El híbrido dio un largo salto desde la espalda
de Kirara, alzando su espada hacía arriba,
listo para hacer de nuevo su técnica. Ambas
criaturas se le aproximaron por el frente, pero justo
cuando estaban a una distancia corta, soltó
toda la furia de su espada.
- ¡¡Viento Cortante!! Gritó
con furia, agitando una vez más el colmillo.
El resplandor dorado surgió de nuevo de la
hoja del arma, volando en dirección al frente.
Ambas criaturas abrieron sus fauces al mismo tiempo,
atacando de esta manera los dos al mismo tiempo con
la misma esfera de energía rojiza. Ambas esferas
rojas chocaron contra el Viento Cortante, contrarrestándolo
de tal manera que los ataques de los tres monstruo
se esfumaron.
- ¡No puede ser! Inuyasha descendió
de nuevo a tierra firme, cayendo justo frente a dónde
estaban Kagome y Shippou.
- ¡Esas criaturas son muy fuertes! Exclamó
Shippou sorprendido. ¡Ni siquiera el
Viento Cortante de Inuyasha ha podido derrotarlos!
- ¿Será ese el gran poder que les brinda
la Perla de Shikon? Dijo para si misma Kagome,
continuando con su vista en el combate.
- No funcionó Mencionó Miroku
al ver que la técnica de Inuyasha fallaba de
nuevo. Si tan sólo pudiera usar mi Agujero
Negro, pero si lo uso los dos fragmentos se perderían.
- ¿Ya se han dado cuenta de que no pueden
vencernos exterminadores? Mencionó la
primera de las criaturas.
- Entréguenos los fragmentos que traen con
ustedes y les daremos una muerte rápida.
Agregó la otra.
- ¡Dejen de decir tonterías!
Inuyasha pensaba que debía de haber una forma
de acabar con ellos. Si los cortaban, dañaban
o hacían pedazos, ellos se reconstruían,
pero tenían que tener algún punto débil.
- ¿Qué sucede Inuyasha? Escucharon
de pronto que una voz cercana decía
¡No me digas que estas basuras te están
dando problemas!
De pronto, una figura surgió por encima de
las copas de los árboles situados justo detrás
de las dos serpientes, para luego precipitarse con
fuerza hacía una de ellas. Parecía tener
una forma humana, ya que luego extendió una
de sus piernas al frente, golpeando a la criatura
justo en la parte de atrás de su cabeza. El
golpe fue tan fuerte que el monstruo se precipitó
sin remedio al suelo.
La figura del recién llegado descendió
hasta ponerse frente a Inuyasha y el resto. Su rostro
y su figura le eran muy conocidas por todos, en especial
por Inuyasha, que en cuanto lo vio parecía
radiar rabia.
- ¡Pero si es Kouga! Dijo la joven al
reconocerlo.
El recién llegado era un chico aproximadamente
de la misma estatura que Inuyasha, de cabello negro
oscuro sujeto con la cola, ojos dorados y orejas puntiagudas.
El chico alzó rápidamente su vista hacía
Kagome, prácticamente ignorando a Inuyasha
que estaba delante de él.
- Hola querida Kagome. Le dijo el Lobo viéndola
a lo lejos.
- ¡¿Se puede saber que haces aquí
lobo rabioso?!
- No te preocupes bestia, que no vengo a verte a
ti. Kouga volteó a ver por encima de
su hombro a las dos serpientes que lo miraban con
detenimiento, ya que la que había recibido
su golpe ya estaba de nuevo de pie.
- ¡Tú también tienes fragmentos
de Shikon! Dijo la criatura, viendo sus piernas
¡Entréganoslos!
- Si los quieren, vengan por ellos.
Kouga se lanzó rápidamente hacía
donde estaban las dos criaturas, para luego comenzar
a correr a toda velocidad a su alrededor. Kouga se
movía tan rápido, que comenzó
a crear un fuerte remolino de viento, que atrapó
a ambas criaturas. Mientras tanto, Inuyasha y el resto
trataban de evitar ser absorbidos por el poder del
remolino de Kouga.
- ¡Está atrapando a las criaturas con
su viento! Mencionó Miroku aún
en la espalda de Kirara.
- ¡La ráfaga el muy fuerte!, ¡Descendamos
Kirara! Le indicó Sango a su acompañante
y ésta comenzó a bajar a tierra firme.
- ¡Muy bien! De pronto, Kouga dejo de
correr, pero siguiendo el mismo impulso, se elevó
con un salto, abalanzando su pierna derecha al frente.
El pie del lobo se estrelló directo en la cabeza
de una de las criaturas, golpeándola de tal
manera que su cabeza se volvió pedazos por
completo, dejando caer al suelo el fragmento que traía
consigo.
- ¡Lo hizo!, ¡Su punto débil era
la cabeza! Exclamó Miroku al ver como
su ataque daba resultado.
El viento dejó de soplar de golpe, y Kouga
cayó al suelo, justo frente al fragmento que
había caído. Lentamente lo levantó
con su mano derecha y lo miró detenidamente.
Luego, volteó a ver de nuevo al monstruo que
quedaba.
- Uno menos, y falta otro. Dijo confiado el
chico lobo.
Sin pensarlo mucho, la criatura en forma de serpiente
se comenzó a alejar volando lo más rápido
que podía, tratando de escapar de esos exterminadores,
pero ellos no lo iban a dejar así.
- ¡Se escapa! Gritó Sango al
ver como se alejaba.
- Yo iré por él. Dijo Kouga
mientras comenzaba a correr.
- ¡Ni lo sueñes lobo! Le gritó
Inuyasha.
- Tú quédate aquí y cuida de
Kagome, Bestia.
El cuerpo de Kouga se cubrió una vez más
por una ráfaga de viento y se alejó
corriendo en la misma dirección en la que viajaba
la criatura.
- ¡Ya quisieras miserable! Sin hacer
caso a sus palabras, Inuyasha emprendió el
paso, tratando de seguirlo.
De inmediato, Miroku y Sango lo siguieron, montados
en Kirara. Aunque por accidente y sin querer, habían
dejado solos a Kagome y a Shippou
******
- ¡Y ese maldito de Kouga! Exclamó
totalmente furioso el ser mitad demonio tras recordar
los hechos de la noche anterior. Ya lo estoy
oyendo burlándose de mí, Yo derroté
a esos monstruos que el tonto de Inuyasha no pudo
vencer, ¡¡Yo pude haberlos derrotado
sin su ayuda!!
Enfocado en su enojo, Inuyasha ni siquiera había
notado el enojo emergente en el rostro de Kagome hasta
que ya fue demasiado tarde.
- ¡¿Entonces estás enojado solamente
porque Kouga te ganó?! Le gritó
enojada la joven mientras se ponía de pie.
- ¡Él no me ganó! Le respondió,
parándose mientras acercaba su rostro al de
ella.
- ¡¿Qué es lo único que
piensas tonto?!
- ¡¿De qué estás hablando?!,
¡¿Qué acaso sólo estás
enojada porqué no te salvé?!, ¡¿Para
qué me necesitas si tienes a tu querido Kouga
para eso?!
- ¡Ya te dije que eso no me molestaba!
- ¡¿Entonces porqué estás
enojada?!
- ¡Eso no te importa tonto!, ¡¡ABAJO!!
El collar que Inuyasha traía en el cuello
comenzó a brillar y en tan sólo un instante
fue jalado hacía el suelo, azotando con fuerza
contra éste. Aún enfadada y con pasos
fuertes, Kagome entró al interior de la casa,
pasando frente a Miroku y el dueño de la casa,
que habían sido testigos de los sucedido. Ambos
se hicieron hacía atrás asustados, para
dejar que la joven pasara sin problemas.
- ¡¿Cuál es su problema?!
Preguntó disgustado Inuyasha, mientras se ponía
de nuevo de pie. Su rostro estaba cubierto por la
tierra y el pasto del jardín tras chocar su
rostro contra éste.
- Se ve que no entiendes nada Inuyasha. Le
contestó con seriedad el monje Miroku.
- ¿He?, ¿Y tú sí?
- Olvídalo. Será mejor que te vayas
por un rato hasta que la señorita Kagome se
tranquilice.
- ¿Y porqué me tengo que ir yo si la
enojada es ella?
- Sé educado Inuyasha y respeta sus sentimientos.
- Cómo quieras.
No muy convencido y de mala gana, Inuyasha se alejó
saltando del lugar como era su costumbre, perdiéndose
del otro lado de la barda que rodeaba a la casa. Miroku
por su parte, volteó a ver en dirección
a dónde Kagome había caminado, algo
preocupado por ella.
- ¡Mire Señor Jaken!, ¡Atrapé
uno! Decía la niña de traje anaranjado
mientras sacaba con fuerza el pequeño pescado
del río. A su lado, el demonio de piel verdosa
seguía sentado, esperando a que algo pescara.
- No fue más que suerte. Dijo para
si mismo el demonio, algo celoso por esto.
Los dos se encontraban a la orilla tratando de pescar
algo, mientras detrás de ellos Ah-Uh, el dragón
de dos cabezas que los a compaña, parece estar
durmiendo en el verde pasto. A simple vista Jaken
no se encontraba feliz de estar cuidando a Lin de
nuevo, ya que como se había vuelto costumbre
últimamente, su amo Sesshoumaru se había
ido sin avisar.
- ¿Por qué siempre el amo Sesshoumaru
me tiene que dejar a cargo de esta niña?
Decía Jaken quejándose.
- Por cierto, ¿Adónde fue el señor
Sesshoumaru? Preguntó Lin con curiosidad.
- ¿Y cómo quieres que lo sepa?, desde
que estamos buscando el Castillo de ese tal Naraku
frecuentemente se va sin decirnos nada.
- ¿Y que hará el señor Sesshoumaru
cuando encuentre ese sitio?
- ¡¿Cómo que qué hará?!,
por supuesto que matará a ese sujeto.
- ¿Y exactamente que le hizo al señor
Sesshoumaru? Continuó preguntando la
pequeña, con su habitual inocencia.
- Es una historia muy complicada que tú no
entenderías. Le contestó, cruzando
sus brazos y girándose a otro lado.
- ¿Por qué no la entendería?
- ¡Porqué es muy complicada!, ya te
lo dije. Le gritó molesto girándose
de nuevo hacía ella.
- ¿Usted la entiende señor Jaken?
- ¡Pero claro que sí!, y deja de hacerme
preguntas y ponte a pescar.
- Está bien.
Lin volvió a su caña, y en cuanto colocó
sus manos en el palo de madera, el hilo blanco de
ésta comenzó a ser jalado por otro pez.
- ¡Mire señor Jaken!, ¡ya tengo
otro!
- ¡No puede ser!
Mientras sus acompañantes trataban de entretenerse
sin su presencia, Sesshoumaru caminaba por el bosque,
acompañado únicamente por su Colmillo
Sagrado y su Toukijin. Desde hace poco había
estado viajando en busca del paradero del demonio
Naraku y de su castillo, así como el grupo
de Inuyasha, pero hasta ese momento se encontraban
en la misma situación que su hermano menor.
Naraku se había ocultado de tal forma que ninguno
de sus perseguidores pudiera encontrarlo, ni siquiera
Inuyasha, Kouga o él que poseían un
olfato desarrollado.
- Naraku ocultó por completo su rastro
Pensaba el Youkai mientras caminaba sin rumbo
fijo. ¡Cobarde!, ¿Porqué
no sales y me enfrentas cara a cara?
De pronto, escucha algo cerca de él que lo
hace salir de sus pensamientos. Rápidamente
acerca su mano a la empuñadura de su arma y
se gira hacía atrás. El sonido que había
escuchado eran varios zumbidos; los zumbidos de los
Insectos del Infierno. De pronto, una figura blanca
surgió de entre las sombras de los árboles.
Sesshoumaru reconoció de inmediato esa piel
de mandril.
- Naraku. Pronunció con frialdad en
cuanto lo vio, pero en unos segundos comprendió
que no era él. No, ¿Acaso enviaste
a otras de tus marionetas para fastidiarme?
- ¿Esa es la manera correcta de decir las
cosas señor Sesshoumaru? Pronunció
el ser ante él con un tono singular de soberbia.
Después de todo hace mucho tiempo que
me está buscando, debería agradecerme
que me presento frente a usted.
- No estoy de humor para estar escuchando tus palabrerías
Naraku. Si quieres decirme algo, hazlo de frente.
Te daré tiempo de hacerlo antes de cortarte
en dos.
- Qué mal temperamento. De todas formas sólo
vine a informarle y a proponerle algo.
- ¿Proponerme algo?
- Así es
Se trata de algo que puede
que le interese mucho
Ambos se vieron fijamente el uno al otro, mientras
una ligera brisa comenzaba a soplar. Sesshoumaru se
encontraba algo despreocupado ante lo que Naraku pudiera
decirle, pero desconocía por completo las consecuencias
que tendría el oírlo
FIN DEL CAPITULO 1
Notas de la 2ª Edición: En estos tiempos
me he dedicado mucho a la corrección y edición
de mis historias, perfeccionándolas y agregando
más cosas que no agregué en su momento,
y sobre todo el cambio de los diálogos. Particularmente
con esta historia, La Sombra de la Perla,
se hace una mejor completa de los primeros capítulos
que ya había escrito, incluyendo un cambio
en el estilo de los diálogos, del estilo del
guión de teatro al estilo de la narrativa.
También esto se debe al hecho de que surgieron
nuevos aspectos y nuevas cosas para esta historia
que no estaban previstas cuando se comenzó.
Les sugiero que sigan leyendo con cuidado esta historia,
ya que se llevaran muchas sorpresas.
Notas del Autor: Muy bien, vean aquí el primer
Fanfic de Inuyasha que se me ocurrió hacer.
Es la primera vez que trabajo con estos personajes,
pero espero que todo salga como espero. Bueno, este
primer capitulo más que nada para explicar
un poco la situación varios de los personajes.
Este fic creo yo entra dentro del tipo de Realidad
Alterna, ya que aunque no cambia la actitud
de los personajes, tiempo o espacio, sí he
modificado lo que ocurrió en la serie original
para ajustarla a esta nueva historia.
Sobre donde se ubica esta historia dentro de la serie,
la verdad no esta en ningún lugar específico.
Sólo puede darles estos datos que los ayudarán
a ubicarla más o menos:
- Inuyasha, Sesshoumaru, Kykio y Kouga se encuentran
buscando el Castillo de Naraku.
- Kouga ya perdió a sus compañeros
en manos de de Kagura.
- Inuyasha ya conoce el Bakoyouha y ya posee el Filo
Rojo.
- Sesshoumaru ya tiene a Toukijin.
- Ya aparecieron Kagura y Kana.
Y bueno, más o menos por esa época
en la que todos están buscando a Naraku es
por donde se ubica la historia, pero como dije, esto
es un fic Realidad Alterna. Con respecto
a esto, dentro de poco si ya han visto casi toda la
serie se darán cuenta de que cosas de la trama
cambié. Cómo adelanto puedo hacer referencia
a lo referente a los Fragmentos de la Perla y el personaje
de Hakudoshi, además de uno que otro personaje
nuevo que se mete, y sin olvidar claro una que otra
pareja nueva y no tan nuevas.
Eso es todo por ahora. Cómo siempre, espero
que la historia sea de su agrado y la disfruten. Par
cualquier comentario o sugerencia, mi correo esta
abierto:
azor_cometa@hotmail.com
Atte.
Wing Beelezemon Wingzemon X
|