| By: Priss
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El hubiera no existe, sus sueños no sirven,
ella esta muerta, pero sin importar nada, su amada
jamás seria pasado. Siempre seria presente
en su vida. No interesaba que se encontraran en mundos
diferentes....
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La luz del medio día se filtra a través
de los orificios de las paredes de la casa, despertando
así al joven que desde hacia un tiempo perdió
la razón de existir que recién había
encontrado.
Dejó el futon sin animo alguno de comenzar
el día, actitud que, para los demás,
no era otra cosa sino la simple pereza característica
del luchador, no encontraban cambio o comportamiento
extraño en el, pero...
Desde que habían regresado de Shimabara, Sanosuke
Sagara volvió convertido en un hombre diferente.
Un hombre al que le habían arrebatado los deseos
de vivir; le robaron el amor de una chica, pues opacaron,
quizás prematuramente, la vida de aquella mujer...
Sayo Mutog.
Caminando por las calles sin rumbo fijo durante un
rato, no pudo, ni quiso alejar de su cansada mente
los hermosos recuerdos de la joven.
Pura. Esa palabra, que su protector mencionase para
ella, en verdad la definía. La joven era tan
pura como para ser real; ninguna mujer podría
jamás igualar el bondadoso corazón que
Magdalia poseía.
~ Ni siquiera ella.
Sanosuke recordó que debía dirigirse
a cierto lugar en el que se encontraría con
alguien a quien no deseaba ver más.
Y sin embargo, una vez llegando a su destino, solo
tuvo que esperar unos cuantos minutos para ser atendido
por aquella a quien no deseaba ver... Megumi.
¿Qué demonios le había pasado?;
poco antes de marchar rumbo a Kyoto, debido a los
incidentes creados por Amakusa, se la pasaba casi
todos los días en la clínica, más
para verla que por su pobre mano fracturada. Pero
ahora, ella y todo a su alrededor habían perdido
el sentido para él.
~ Hacia días que no te veía, de seguir
así tu mano no va a sanar adecuadamente.
Las palabras de Takani apenas y eran escuchadas por
Sano; no importaba que dijese, el la ignoraba. Incluso
pelear verbalmente con ella había dejado de
tener significado.
La doctora creía que su comportamiento era
pasajero, pero conforme transcurrían los días
solo observaba como el chico no solo no mejoraba,
si no que empeoraba. Peor aun, sus insultos y comentarios
habían cesado considerablemente lo cual significaba
que algo en el había cambiado drásticamente
durante su estancia en Shimabara, pero ¿qué
y por qué demonios le afectaba así a
ella?.
No aguantó más. Al terminar de revisar
los vendajes de la espalda colocó su confundida
cabeza sobre la espalda del joven y mientras cerraba
los ojos lo abrazo delicadamente tratando de disipar
aquellas inseguridades que estaba experimentando últimamente.
Un par de veces atrás ese tipo de impulsos
por parte de Megumi lograron amansar al muchacho para
que, por unos momentos, pudiesen entenderse sin malas
palabras de por medio. Y estaba segura de que ahora
resultaría igual que en aquellas ocasiones,
más sin embargo...
~ Megumi, por favor no lo hagas.
La voz de Sanosuke sonó seca y sin emoción
alguna. Para la doctora la forma tan sencilla en que
el chico articulara esa frase la hizo temerse lo peor,
algo que estuvo ignorando por miedo a que se volviese
realidad.
Sagara no dijo más y dio media vuelta dispuesto
a salir de aquel lugar para no agravar la tensa y
extraña situación que vivían,
aunque la voz de la señorita lo detuvo.
~ ¿Por qué?. ¿Por qué
estas tan distante con migo?.
Aquellas preguntas parecían más bien
un reclamo.
Megumi lo miraba fijamente con las pupilas llenas
de dolor acompañado por un toque de resentimiento.
Sinceramente no encontraba justificación alguna
para los exagerados modos cortantes por parte del
luchador. Y Sanosuke por su parte ni siquiera se había
girado para enfrentar cara a cara a la joven. Las
razones se había negado a develar por largo
tiempo debido a como afectaría la amistad que
con ella llevaba, pero la situación se le estaba
escapando de las manos.
~ Algo pasó en Shimabara, ¿verdad?.
~ Más bien.... fue alguien.
¡Oh, por dios!. Con tan solo escuchar ese tipo
de respuesta ya se temía el resto de las razones.
Era doloroso, no quería admitirlo pero lo era.
Sano se mantuvo mostrando la espalda mientras comenzaba
a contarle a la doctora el inicio mismo de su pequeña
odisea por Shimabara. Una odisea ante una religión
que no entendía, de hecho, Sanosuke ni siquiera
tenia religión alguna. Quizás por ello
nunca entendió aquellos atracción y
cariño que experimento por Sayo.
Explicó, ensimismado en sus sentimientos,
la rara sensación que lo invadió desde
el instante mismo en que la vio; la curiosidad por
su característica fe en un dios y los infinitos
bondad y pureza que de ella emergían para todo
ser sobre la tierra, aun para sus enemigos... aun
para él.
Con cada palabra; con aquella incomprendida emoción
con que el luchador describía a una mujer desconocida,
Megumi experimentó el más punzante dolor
que jamás la hubiese tocado. ¿Cómo
era posible?. ¿En que pensó en el momento
de olvidarse de Kenshin e irse a fijar en un tipo
como este, que la cambio por la primera extraña
que vio?.
~ Y... ¿piensas ir en busca de esa mujer aunque
sea a un país lejano?.
La palabras de Takani dieron en el blanco: el dolido
corazón de Sanza.
En otras circunstancias si que hubiese llevado a
cabo la propuesta de la mujer: dirigirse a Holanda,
quien sabe como pero lo hubiese hecho; la traería
de vuelta a Japón como su mujer. Y si eso era
casi imposible entonces estaría dispuesto a
quedarse con ella en aquella lejana nación
y comenzar una nueva vida, difícil si, pero
feliz a lado de Sayo.
Ah, que hermoso resultaba soñar en las posibilidades
que el destino eliminó. Pero el hubiera no
existe, sus sueños no sirven, Magdalia esta
muerta y con ella... Sanosuke. Ahora un hombre que
deambula y va por el mundo sin un porque, sin un brillo
que alumbre su oscuro existir. Visto de este modo,
el único que cabe en la mente del guerrero,
la joven estaba más viva que el. Viva en su
mente y sueños, aliviando de esta forma un
poco del dolor que dejo en el muchacho cuando se fue
a aquel lugar que tanto anhelaba: el cielo.
Viviendo en el corazón de Sano sin intenciones
de salir de ahí porque el joven jamás
lo permitiría. Ninguna otra mujer tenia el
derecho de estar en ese lugar, ni siquiera Megumi.
~ No. No podría... ella murió en Shimabara
y su cuerpo descansa en ese lugar.
La respuesta de Sagara, a la muy anterior pregunta
de la mujer, no sorprendió a esta en lo más
mínimo. Mentiría si dijera que no le
deseaba eso a la mujer que en un abrir y cerrar de
ojos se adueño del amor del muchacho.
Aun así se atrevió a formular la pregunta
de la que cuya respuesta temía escuchar...
~ ¿La amabas?. Dime... ¿te enamoraste
de ella?.
El silencio reinó apenas por unos segundos.
Sanosuke que aun permanecía sin enfrentar a
la cara a la mujer, mantenía los ojos cerrados
recordando anhelante aquellos pocos momentos en que
estuvo con ella. El momento exacto en que le confeso
la alegría en ella por haberlo conocido, a
él, un don nadie que ella supo describir muy
bien con tan solo echar un vistazo fugaz a sus violentos
ojos. Y después morir.
~ Si. La ame... la amo y la amaré.
La mueca de odio y desprecio que se formó
en el rostro de la mujer con el corazón roto
fue observada por el joven cuando este dio vuelta
para dar por terminada la desagradable conversación.
Megumi insulto y maldijo al que, no importando que
no la amara, era dueño de su cariño.
No soportó más y terminó rompiendo
en un amargo llanto de dolor y de pérdida de
un amor que tuvo tan solo por un corto tiempo.
Sanza no movió un solo dedo, la miro fijamente
mientras lloraba por el y ni siquiera sintió
arrepentimiento o pena alguna por ella. La doctora
terminó echando del lugar al luchador que le
rompió el corazón, en medio de abundantes
lagrimas. Sagara se retiro sin disculparse ni nada;
no era culpa suya el haberse enamorado de otra mujer,
mujer que como bien dijo Shoso, nada podría
reemplazarla, nada... ni siquiera la joven que en
estos momentos lloraba a lagrima viva por él.
Desolado, Sano recorrió un rato la ciudad
sin despejar el recuerdo de Magdalia de su atormentada
mente.
Era increíble que aun a estas alturas, se
preguntara porque se portó tan atento y exageradamente
amable con ella; aceptó todos sus graciosos
insultos y hasta toleraba su religión, incomprendida
para él. Sin embargo supo realmente lo que
sentía hasta que esta estuvo agonizante entre
sus brazos; con delgadas lagrimas viajando por sus
mejillas y esa débil sonrisa que le regalo
a él, solo a él.
Aun recordaba las palabras que el mismo le dijo:
Eres una mujer tan linda y tan triste.
Cuan verdaderas eran aquellas palabras, tanto que
seguía preguntándose que fue lo que
le atrajo de ella en primera instancia. ¿Acaso
esa tristeza que emanaba por completo de su ser, de
sus pupilas y que le causaba cierta curiosidad y familiaridad
con la suya misma?. O lo linda que era... ¡Cielos,
realmente hermosa!. ¿Como no iba a enamorarse
de ella?.
Después de andar un buen rato caminando sin
rumbo, Sanza se detuvo frente al lago para admirar
la tranquilidad y quietud del lugar. Permaneciendo
estático, con las manos escondidas dentro de
los bolsillos de los pantalones, sintió la
ligera y refrescante brisa de la tarde acariciar su
piel y jugar con su alborotado cabello.
Juraría que el viento le hablaba cariñosamente
al oído tratando de decirle algo; lo que el
interpreto a su manera o lo que realmente pudo escuchar...
~ Igual... me enamore de ti, Sanosuke.
Se sonrió a si mismo cerrando los ojos y dejando
que aquellas agradables palabras del viento llegaran
a su lastimado y solitario corazón.
¿Estaría tan obsesionado con los recuerdos
que había llegado al extremo de creer escuchar
la voz de Sayo?, o quizás.... realmente sucedió
así. Lo sentía de esa forma porque incluso
se percato del aroma de Magdalia impregnado en el
aire y por si fuera poco su mente se lleno de mil
imágenes tan solo de ella.
Lo cierto es que aquellas palabras le hicieron sentir
bien de nuevo.
Creía, que su estado de animo se debía
a no saber los sentimientos que Sayo tuvo para él
en vida.
Después de permanecer literalmente embobado
durante largo rato, se retiro en dirección
al Akabeko, y es que se moría de hambre.
Durante el camino, medito algo...
Las tantas cosas en que coincidió con Sayo
Mutog:
Igual que como ella dijo, le hubiese gustado conocerla
mucho antes para así poder amarla sin cansancio
si de esto se trataba. Además, estaba infinitamente
feliz de haberla conocido.
Pero sin importar nada, su amada Sayo jamás
seria pasado, por el contrario, siempre seria presente
en su vida. Porque comprendió que pudo conocer
a su mujer eterna, aquella a quien amaría por
todos los tiempos no importando que ahora si estuviesen
en dos mundos diferentes....
La vida.... y la muerte.
The end.
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Lo confieso: llore un mar de lagrimas cuando Sayo
murió.
Opino que Sanosuke si se enamoro de ella (¿es
obvio no?.), y se olvido por completo de Megumi.
Y paaf.... surgió este fanfic.
priss_pk@hotmail.com
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