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Más allá del corazón
Este fic está basado en los personajes de la serie Ranma ½, cuyos derechos pertenecen única y exclusivamente a la autora Rumiko Takahashi, la editorial Shogakukan y a Kitty Films. Dado que sólo escribo por placer para todos los Ranmaníacos del mundo y sin fines de lucro, no estoy quebrantando ninguna ley, por lo que no me hago responsable de ningún cargo.

De CCF para el mundo entero, otro fanfiction más que espero que os guste. En este fanfiction me he inspirado en otras historias similares que suceden en un futuro que Rumiko nunca hubiese preescrito para sus personajes. Por eso mismo estos fanfictions suelen agradar mucho o no agradar nada, sin posibilidad de un término medio, ya que piensas que o bien es muy original y te encanta o bien el tema ya está muy visto y lo odias. Con respecto al Ranmaverso, no tengo aún muy claro donde situarlo. Pero creo que es más la continuación de la serie que del manga. Pero bueno, no os entretengo más, y ahora sí, ¡leed y disfrutad este nuevo fic!

*Yo me quedé sin voz. La miré a los ojos. ¿Lo decía en serio? ¿Tanto me odiaba? Noté que la gente que pasaba alrededor susurraban. Creo que me compadecían. Yo miré a Akane. Estaba… ¿llorando? ¿Me odiaba tanto que incluso lloraba porque me fuese? Yo la quería y la quiero. Y no podía verla llorar, aún con más razón si el causante era yo. Siempre yo. Ella se giró y se marchó. Yo cogí firmemente la cajita que había a mi bolsillo. Ya se que no tenía ningún sentido lo que iba a hacer ahora, más que nada porque me acababa de dejar bien claro qué significaba yo para ella, pero aún así lo hice.*

-¡Akane!

“Yo me giré, aún enfadada. Entonces él me lanzó algo desde su posición, mientras me miraba. Yo lo cogí al vuelo. Era una extraña cajita muy bonita, de un color azul oscuro. Iba a regatearle que no podría comprarme con una simple cajita, pero él ya no estaba allí. Noté que mi corazón se vaciaba de nuevo. Me sentía terriblemente mal. ¿Cómo había podido decirle todas esas crueldades? No le odiaba a él, me odiaba a mi misma. Ahora que pensaba, él intentó decírmelo varias veces lo de P-Chan, me lo insinuó, y yo simplemente no quise escucharle y le atizaba. Hoy tampoco le había escuchado. Él había intentado decirme algo importante, y yo no lo había escuchado.”

“Miré a la cajita, y la abrí. Mi corazón empezó a latir rápidamente, mientras yo cogía ese precioso objeto y lo miraba con culpabilidad.”

“Era…un anillo…”

“MÁS ALLÁ DEL CORAZÓN”

Un fic de Ranma ½ escrito por CCF

Cap. 7: La despedida. ¿Un adiós es para siempre?

“Esa noche no paró de llover. Aún me acabó de fastidiar más el día. Seguro que era un castigo de los cielos por mi mal conducta y mi inmejorable genio. Después del incidente, me quedé un buen rato allí, parada, observando la preciosa cajita. Desde que me la dio no le he quitado ojo de encima. Cuando noté las suaves pero incontables gotas de agua, me percaté que llevaba cerca de una hora allí de pie.”

“Al llegar a casa me sentí terriblemente sola. Esa extraña sensación que me venía acorralando desde hacía días y que ahora era más fuerte que nunca. Las palabras que le había dicho retumbaban en mis oídos como un eco.”

“Sin hambre y sin sueño, me senté a la mesa, típicamente japonesa, pero sin mantel. Hundí mi cabeza en mis manos, escondiéndome del mundo, como si de un momento a otro fuese a venir alguien a pegarme la bronca. Pero nadie vendría. Esa había sido mi dura decisión años atrás, la decisión de estar sola y vivir por mi cuenta. Esta vez no estaría papá para arreglar el entuerto, ni Kasumi para ayudarme a superarlo. Ahora tenía que solucionarlo yo.”

“Paré a pensar en mis palabras. ¿Solucionar el qué? Todo estaba ya dicho y bendito. Y encima, uno de los peores males de este mundo es el no saber qué quiere uno en la vida. ¿Qué quiero yo realmente? ¿Quedarme sola durante toda la vida? ¿Seguir mis estudios e irme a algún lugar lejos de aquí? ¿Casarme? ¿Ser una solterona? Mi corazón empezó a latir y noté que mi cara se encendía. Yo no quería estar sola. Quería tener amigos, familia y… alguien con quien estar durante el resto de mis días. Alguien que yo quisiese y que ese alguien me quisiese a mí también. Alguien que me protegiese y a la vez que me diese libertad. Alguien que se enfadase conmigo pero que a la vez fuese amable. Alguien como…”

“Empecé a llorar. De nuevo metí mi cabeza entre los brazos para que nadie me viese. ¿Quién te va a ver? Decía mi vocecita interior. Por no escucharme, te has quedado sola.”

“Yo negué con la cabeza para quitármela de allí.”

Sola…

“No salía. ¿Cómo iba a salir si tenía razón? Todo culpa mía. Siempre culpa mía. Cuando le dije todo eso, me arrepentí al instante. Fue todo en un arrebato. No quería… yo nunca diría eso en serio. Pero él parecía creérselo. Me miró profundamente. Mi corazón, cual espejo, se rompió en mil pedazos. Deseaba pegarme a mí misma, abofetearme hasta haber recibido el castigo. Así tal vez él me perdonaría. Yo le perdoné el incidente de hace dos años, él tal vez podría perdonarme a mí…”

<Cucú, cucú>

“Di un respingón. Dirigí mi vista hacia el extraño reloj que me regalaron por mi aniversario mis compañeras de la Todai. Sonaba cada hora. Era extraño que hasta ahora nunca me hubiese sobresaltado ante el ruido, ya que no era muy escandaloso ni alarmante. Claro que el estado de ánimo en el que me encontraba nada tenía que ver con el de haría unas semanas. Encendí el televisor, buscando algún canal interesante que pudiese sacarme de mi pesar. Nada. Todo basura. No me extraña, a esas horas de la noche no hacían nada de bien. Así que lo cerré. Después de un largo rato de llanto, me iba entrando el sueño. No tenía humor para irme a la cama y ponerme el pijama, así que me recosté a la mesa y allí me quedé esperando al sueño, deseando con todas mis fuerzas que todo eso sólo fuese una pesadilla, y que al día siguiente me despertaría de nuevo al dojo Tendo, con mis 16 años, con sueño pues no habría podido dormir porque me habría tocado apalizar a Ranma el cual dormiría (sin saberlo) al lado de una de sus otras escurridizas prometidas, la cual se habría puesto a su cama sin su permiso.”

“Finalmente, me dormí.”

“Seguía fuertemente sujeta al anillo.”

* * * * * * * * * *

Era un bonito amanecer. Sorprendentemente temprano. Los pájaros aún no se decidían si salir a volar o restar un rato más en el cálido nido. Si las horas de la mañana hubiesen sido personas, no hubiesen dado crédito a lo que veían: Ranma Saotome, el Gran y dormilón Ranma Saotome, despertado a esas horas de la madrugada. Estaba tumbado al tejado, con ambas manos a su nuca, y los ojos cerrados, intentando conciliar el sueño, tarea imposible en esos momentos para él.

Las imágenes no salían de su cabeza. Una calle, una chica, sus lágrimas, sus gritos y él.

“¿¡Me has entendido!? ¡No quiero volver a verte! ¡NUNCA!”

Esas palabras retumbaban en su cabeza y le impedían dormir. ¿Cómo habían llegado a eso? ¿Cómo la había hecho sufrir tanto? Tenía la respuesta: él y su estúpido orgullo. Cierto es que en las últimas semanas lo había corregido de una manera que ni él mismo soñó jamás conseguir, pero el daño ya estaba hecho, daño que le causó años atrás, cuando en lugar de decirle lo que realmente quería que hiciese, quedarse con él y no irse, dijo precisamente lo contrario, que se fuese, que no le importase. Tuvo una segunda oportunidad a la mismísima estación de trenes. Ella lo miró. Él la evadió y miró hacia otro lado con orgullo, como haciéndole saber que no le importaba en lo más mínimo. Aunque en éstos últimos tiempos él hubiese intentado reparar el daño, tendría que haber sabido que no había solución.

“¡NUNCA!”

Y encima, le compró el anillo. ¿Para qué? Yenes malgastados, se repetía. Seguro que, ahora mismo, ese anillo estaría por alguna solitaria calle, o en algún contenedor.

-Ranma.

Él se giró y vio como un chico de su misma edad, con una pañoleta en la cabeza, subía de un salto al tejado y lo miraba, triste. Nunca supo del cierto cuál fue su relación con Ryoga. Desde que se conocieron, el chico de la pañoleta sólo vivía para hacerle pagar, sólo se entrenaba para hacerse más fuerte y poder derrotarle. Su relación se complicó cuando apareció Akane en la vida de Ryoga. Ahora no sólo competía por arrebatarle de su hombría, sino por amor. Pero la situación cambió radicalmente al pasar por los estanques malditos de Jusenkyo. El chico perdido se sacó de encima la maldición, y tras las palabras de Ranma supo con convicción a quién amaba él, y fue entonces cuando se dio por vencido, cuando por primera vez abandonó. Abandonó entonces para no salir más lastimado, para no arriesgarse a una respuesta negativa abierta, cara a cara, hecho que aún le dolería más. Esa y la contundente explicación que Ranma les hico a la valle perdida de Jusenkyo, le acabaron de convencer para tirar, por primera vez, desde que vio a ese chico con la coleta apoderándose de su pan, la toalla.

Sonrió melancólicamente y dejó ese sentimiento de melancolía aparte. Ahora ya era todo un hombre y lo había superado. Ahora hacía falta que el que se convirtiera en hombre fuese Ranma.

-Hola –dijo él sin mirarle, con la vista perdida en el cielo rojo de Nerima.

-¿Se lo has dado? –dijo a la vez que se acercaba a él y se sentaba a su lado, mirando al horizonte.

-Sí –dijo él, bajando la vista.

Ryoga notó que su pulso aumentaba y se giró hacia Ranma, algo nervioso -¿Y qué te dijo?

Ryoga esperó la respuesta. Ni él mismo sabía por qué había actuado así, tan nervioso. Era extraño, pero estaba feliz. Sabía que su querida Akane por fin iba a tener a alguien, estaba feliz como si fuese él mismo ese alguien afortunado. Él miró fijamente al chico, el cual bajó la cabeza.

-No lo sé. Me fui.

Ryoga reaccionó ante el comentario - ¿Que tú qué? ¿¡Te fuiste al momento más importante!? – Ranma no dijo nada. Ryoga calló. Él estaba sufriendo mucho, lo veía. Suficiente le costó como para entregárselo, y aún más vista la situación. Suficiente coraje había demostrado como para entregarle un anillo sabiendo que ella no quería verle nunca. Porque él lo sabía, precisamente en ese mismo momento Ukyo había pasado cerca de allí y, escondida, lo había oído todo y se lo había contado. Entonces, esa misma noche decidió ir a hablar con Ranma. Aunque llegó horas después.

-¿Qué vas a hacer? –preguntó el chico perdido.

Ranma tardó un poco en contestar – No sé… supongo que me iré a entrenar.

-¿Sin esperar su respuesta…? –preguntó Ryoga, el chico perdido que ahora estaba más perdido que nunca ante el extraño comportamiento de su amigo. Ya hacía días que planeaban en secreto el momento apropiado. Él lo observaba. Ranma estaba nervioso pero feliz. No le quitaba ojo de encima al anillo, y le costó caro obtenerlo. Para él, un chico no muy afortunado en lo que a dinero se respecta, tuvo que hacer varios trabajitos en China que seguramente no fueron de su agrado y que ni a él mismo le quiso contar. Entonces, después de tanto sufrir, después de tanto esperar, ¿se iba sin la respuesta?

Ranma lo miró. Por primera vez se atrevió a mirarle. Ese no podía ser Ranma, se dijo el chico perdido. Esa triste mirada… parecía la de un perro vagabundo el cual le han sido arrebatado todos sus hijos.

-Ha… ocurrido algo, ¿cierto? –preguntó Ryoga con timidez.

Ranma sólo asintió.

-¿Ella no…? Es decir, ya sabes…

Ranma miró a sus pulgares – Adelante, dilo. No hay problema. Ella no me quiere –dijo simplemente.

Los dos se quedaron en silencio. “¿Ella no le quiere? ¿Después de tantos años, de tantas aventuras, de tantos enfados, de tantas disculpas, de tantas cosas…? ¿No le quiere?” Ryoga prestó atención a la cara de su amigo. Parecía que estuviese vacío por dentro. Había pronunciado esas palabras sin expresar nada, siquiera tristeza. No podía verlo así. Ryoga apretó fuertemente los puños “Aquí ha habido un error… estoy seguro.”

Ryoga se alzó bruscamente para sorpresa de Ranma - ¿Te vas? – preguntó al chico, el cual estaba a punto de irse saltando. Él se volteó para mirarle y le enseñó la mano en signo de victoria - ¡Tú déjamelo a mí!

-¿Ryoga? –Ranma puso cara de pillín – No me digas que estás preocupado por mí…

Ryoga se puso algo nervioso - ¡I-Idiota! ¡Lo que pasa es que un Ranmaa tan debilucho como tú tendría que… que…! –Ranma lo miró pícaramente - ¡…Hacerse el seppuku! ¡Eso! ¡Y tu madre no lo soportaría! ¡Porque lo hago por tu madre! ¡Y lo hago por mí! ¡Te dejo a la dulce, bonita y harmoniosa Akane y tú vas y lo…!

Ryoga paró de hablar, y ambos miraron hacia la persona que había detrás de él, la cual despedía una gran aura de combate. Había estado escuchando con los brazos cruzados, pero al oír las últimas líneas, empezó a chasquear los dedos y a mirar al que había formulado la frase como si fuese a matarle. Ranma se los quedó mirando. Ryoga parecía en shock. Ukyo sonreía maliciosamente al chico perdido.

-Con que dulce, bonita y harmoniosa… -dijo ella, chasqueando más los dedos - … jojojo…

-N-No es lo que estás…

Ranma los miró divertido, por su mente pasaron cientos de recuerdos, todos iguales. Por su larga experiencia, sabía que esto sólo acabaría de una manera. Y efectivamente, el gran “booom” y “plooof”, ruidos producidos por 1) La espátula y 2) Los puños de la cocinera, Ranma supo que no se equivocaba. Esta escena le devolvió a la realidad, el sentimiento de melancolía que estaba seguro no sería la última vez que lo notaría.

Ukyo dejó a Ryoga medio tendido al suelo y se acercó a Ranma. Abajo, la gente empezaba a despertarse, o tal vez simplemente se habían asustado ante el extraño ruido provocado por Ukyo.

-Ran-chan, lo he oído todo… -dijo ella, mirándole tristemente.

Él se encogió de hombros - ¿Y qué?

Ukyo frunció el ceño, cogió la espátula y se la estampó a la cabeza - ¡Hey! – se quejó el chico, lo que le valió otra estampada más de la cocinera. Ella seguía mirándole enfadada.

-¡¿Cómo que ‘y qué’, pedazo de alcornoque?! ¡Algo tendrás que hacer, digo yo!

Ranma miró hacia arriba - ¿Qué quieres que haga? Todo está dicho y hecho. No hay nada que hacer. Si dices que lo has oído todo, ya lo sabrás. Ella dijo, reproduciendo textualmente, no quiero volver a verte nunca. Creo que el hacer o no hacer algo no está ya en mis manos –dijo él, mirando al cielo.

-¡Ran-chan!

Ranma se puso de pies – Da igual, Utchan. Te agradezco a ti y a Ryoga que os preocupéis, pero no hace falta. En serio – se despidió con la mano y de un salto bajó del tejado - ¡Voy a desayunar! – fue lo último que le oyó decir.

Ukyo no fue tras él, se quedó allí, de pies, mirando hacia el suelo, mientras que Ryoga empezaba a recobrar el sentido.

-Ran-chan…

Ukyo apretó fuertemente el puño. ¿Para esto había renunciado a él? ¿Para esto había renunciado a su larga y prolongada felicidad? ¿Para que esos dos no acabasen juntos? Esto no quedaría así. Seguro que Ranma no había oído bien, o Akane se había expresado mal… ¡había de haber un error! Y lo iba a encontrar, vaya si lo haría. Aunque no tuviese ni remota idea de dónde viviese Akane ni de dónde estuviese la Todai, si fue capaz de perseguir a un chico durante diez años, también lo era como para encontrar sus presentes objetivos.

Ukyo oyó que Ryoga parecía incorporarse.

Ryoga miró confundido a su alrededor - ¿Dónde…estoy…? ¡Ugh! ¡Ya me acuerdo! ¡Un extraño ser de lo más bruto me apalizó con algo que se parecía a un bastón y…!

Ryoga volvió a notar la misma aura de antes, y con mirada tórrida descubrió que ese extraño bastón era una espátula, y que el extraño ser de lo más bruto era, ni más ni menos, que su querida Ukyo, la cual lo miraba de una manera misteriosa.

-¡U-Ukyo! ¡Lo de antes e-era…!

-Vamos, Ryoga… ¿cómo quieres que me enfade contigo…? – Ukyo se acercó a él y le puso su brazo alrededor de su cuello. Cuando el chico perdido creía que se había salvado, notó que el extraño abrazo de su cocinera se hacía cada vez más fuerte.

-Estoo… U-Ukyo… me asfixias… ¿podrías soltarme…? – Ryoga la miró y fue entonces cuando vio fuego en sus ojos.

-Creo que no.

Toda la familia Tendo y Saotome estaban sentadas desayunando, cuando oyeron un largo y ruidoso grito provinente del tejado. Mientras todos salían preocupados, Ranma simplemente sonreía – Ese idiota…

* * * * * * * * * *

Ya era entrada la mañana. Hoy era fiesta y no había clases, hecho que había aprovechado Akiko Akitsuki, la inseparable amiga de Akane. Ayer por la noche recibió su llamada, diciéndole que había ocurrido algo terrible. Ella le dijo que mañana vendría para hablar con ella, y así quedaron. Akiko se encontraba parada enfrente de la puerta de entrada del apartamento de Akane, llamando sin parar desde hacía diez minutos. Pero nadie contestaba. Y eso le preocupaba.

“En fin, será mejor que utilice esto…”

Akiko buscó y rebuscó en sus bolsillos hasta encontrar una pequeña y plateada llave, la cual aún no había estrenado. Esa llave era la copia de la de la casa de Akane, a la vez que ella también tenía una de la suya. Cuando se las repartieron, acordaron que no las utilizarían en caso de extrema necesidad, pues creyeron que entrar una en la casa de la otra sin su previo permiso estaba mal. Pero esta era una de las veces en que Akiko creía hacer lo correcto. Así que cogió con seguridad la llave, la introdujo en el pomo y giró. Abrió algo nerviosa.

Entonces se asustó. ¿Y si a Akane le había ocurrido algo? ¿Y si no había podido soportar ese problema que no le había contado aún y se había… se había…? Ese pensamiento la llenó de terror y empezó a avanzar hacia el piso.

-¡¡AKK!! ¡¡AKK!! ¡¡CONTÉSTAME, POR FAVOR!! ¡¡AKANE!!

-¿Ññgh…?

Akiko paró de correr y observó a la chica que tenía enfrente, en pijama, medio dormida y aún con el cepillo de dientes en la boca. Ella la miró aún sin entender.

-¿Aghi…? ¿Gue haches aghi…? – preguntó ella a la chica, la cual la miraba con la boca bien abierta.

-Pero… ¡¿PERO SE PUEDE SABER QUÉ HACES VESTIDA ASÍIIIIIIIII?! –preguntó Akiko al borde del colapso.

Después de haberse cambiado, peinado y despejado, las dos chicas se sentaron en el comedor.

-Jejeje, perdona – dijo Akane con ambas manos juntas – es que hoy no he pegado ojo y hará una hora o así que me he…

-No, si… ya podía llamar, yo, ya…

Sin embargo, Akiko prefirió no regañarla mucho. Akane tenía ojeras y parecía extrañamente pálida, mas aún risueña. Tal vez la cabezadita le había hecho olvidar sus problemas. Entonces Akiko se repensó el hablar de ello, ya que tal vez eso sólo le causaría más dolor…

-¿Quieres un te? – dijo Akane a la vez que se levantaba hacia la cocina.

-Sí, por favor.

Akiko se fijó en el aspecto de la casa en general. Miró, especificando, hacia la papelera. Había decenas y decenas de pañuelos. Ese pensamiento la entristeció “Tal vez debí venir ayer por la noche…” siguió observando. En la estantería donde había colocado algunos libros, estaba situada en el centro un gran marco con una foto en su interior. Sin hacer ruido, se alzó y la observó. Se sorprendió. ¡Allí había por lo menos treinta personas! Aunque, de ellas, sólo conocía a unas pocas. Allí se encontraba la familia Tendo, la propia Akane, Ranma y algunos otros.

-¿Te gusta? Es de hace dos años…

Akiko se giró rápidamente, avergonzada. Akane dejó la bandeja con el te encima de la mesa y se dirigió a su lado, observando la fotografía.

-¿Sabes? Después de haber pasado juntos tanto tiempo, sólo hicimos esta fotografía en conjunto… - dijo ella, algo triste – la verdad es que salimos todos bien, ¿eh?

Akiko miró a su amiga con profunda tristeza – Akane…

-En fin, tomémonos el te que se nos resfría –dijo ella sentándose de nuevo en la mesa, mientras que Akiko la seguía.

Mientras empezaron a beber, nadie dijo nada. Akiko no se atrevía a preguntar por su malestar, y más ahora viéndola tan feliz. Tal vez el problema se había solucionado.

-Te agradezco… - Akiko salió de sus pensamientos para mirar Akane, la cual tenía la vista puesta fijamente en el te - … que vinieras a ver cómo me encontraba.

-A-Akane… ya sabes que no hace falta que me des las gracias por eso… somos amigas, ¿no? –dijo Akiko, mostrándole una gran sonrisa que ella le correspondió.

-Claro… por eso… quería decirte que… bueno, ayer…

Akiko notó que se le paralizaba el corazón. Las manos de Akane sujetaban temblorosamente el vaso de te, el cual puso a la mesa antes que se derramase. Ella continuaba mirando el relajante te, como si le ayudase a desenvolver su mente. Akiko notó que los ojos de su amiga empezaban a brillar.

-Akane… ¿te…te encuentras bien…? –preguntó su amiga, sentándose a su lado.

Akane seguía mirando el tazón sin prestar atención a ella - ¿Sabes? Ayer me encontré… con Ranma… - Akiko se sorprendió. Así que era por eso… Se castigó a si misma por no haberse dado cuenta antes. Era de cajón. Miró a su amiga, la cual empezaba a… a… Akiko se sobresaltó.

-A-Akane, cuéntame qué pasó.

Akiko vio que su amiga asentía débilmente sin quitar ojo a la taza de te, luego empezó a hablar como en un susurro, casi imperceptible – Ayer Ranma intentó… intentó hablar conmigo… intentó hacer las paces… - una lágrima cayó para sorpresa de Akiko – y yo le dije que… que no quería verle más… nunca más…

Akiko miró a su amiga. ¿Lo decía en serio? Pero si hasta hacía un par de días se llevaban de fábula… Se fijó en el rostro de su amiga, tan pálido y sereno, pese a estar ocultado en gran parte por su cabellera. Mas aún se podían entrever algunas lágrimas cayendo silenciosamente por él.

-Eso… no fue lo peor…

Akiko se sobresaltó y dejó que ella continuase. Lentamente, Akane se quitó algo que parecía un colgante y se lo entregó a Akiko. Ella lo miró fijamente durante un momento y rápidamente buscó los oscuros ojos de Akane - A-Akane… esto es… - ella se lo devolvió, y Akane se lo puso otra vez, cogiendo el anillo suavemente con la mano.

-Soy la chica más idiota del mundo… - dijo silenciosamente, con una sonrisa triste en la cara que le rompió el corazón a Akiko – Una egoísta que no sabe perdonar, que le gusta que todos vayan detrás de ella pidiendo perdón, que… que… *snif* que ha rechazado a la única persona que ha…

Akiko no decía nada, la miraba tristemente sin saber cómo ayudarla. Sin previo aviso, Akane se giró rápidamente hacia ella y la abrazó fuertemente, sin parar de llorar y llorar. Akiko quedó impactada, mas al cabo de un momento intentó ser la madre que ella nunca tuvo y que en esos momentos le hacía tanta falta, así que la abrazó con dulzura mientras le daba suavecitos golpes en la espalda.

-¡SOY UNA ESTÚPIDA! ¡SOY IDIOTA, IDIOTA, IDIOTA!

-Llora. Llora tanto como quieras – le dijo suavemente.

-¿¡Por qué tengo que ser así!? ¡¿Por quéeeee?!

Los llantos cada vez iban en aumento y en mayor intensidad. Las lágrimas no paraban de salir ahora, bañándole todo el rostro y humedeciendo la camisa de Akiko, aunque a ella eso no le importaba. Le importaba más intentar consolar a su amiga, que estaba pasando por un mal trago. Poco a poco, Akane se fue calmando y paró de gritar, secándose las lágrimas con las manos y separándose de su amiga hasta quedar cara a cara.

-¿Ya estás mejor…? –preguntó ella, tímidamente.

-D-Dentro de lo q-que cabe… -dijo ella sonriendo, con la respiración entrecortada y los ojos húmedos.

-Akane… yo creo que deberías hablar con él…

-Él me odia. Seguramente ya se haya ido… -dijo con voz temblorosa.

-Él no te odia, Akane… y tú misma tienes una prueba – dijo Akiko mirando intensamente al colgante. Akane cogió el anillo con la mano y se lo puso enfrente de sus ojos, como queriendo observar algún mensaje oculto en él.

Akane se tapó la cara con ambas manos – No, Akki… estoy segura que… ya no hay marcha atrás… viviré siendo una estúpida orgullosa… - Akane se giró - gracias por haber venido…

-¿Me estás pidiendo que me marche? –dijo ella levantándose bruscamente.

Akane continuaba mirando al anillo, con la mirada perdida – Yo sólo quiero… estar sola…

Akiko abrió los ojos, mirándola – De acuerdo – ella cogió rápidamente sus cosas y se dirigió hasta la entrada. Akane no hizo ademán de querer detenerla y eso aún la entristeció más. Pero sabía que esa no era su Akane, esa no era su amiga. Estaba pasando por un mal momento y no era consciente de lo que hacía. Al fin y al cabo, sólo le había dicho que quería estar sola. Y en un momento así eso es bastante lógico. Akiko cerró la puerta cuidadosamente y se apoyó en ella, suspirando – Tengo que ayudarla…

Akiko empezó a bajar las escaleras del apartamento, mirando hacia abajo, algo triste. Entonces notó que alguien estaba delante de ella. Instintivamente, alzó la vista. Era una chica y la miraba algo confundida.

-¿Vienes de casa de Akane? –preguntó ella.

Akiko la miró sin entender – Ehm… sí… ¿la conoce de algo?

-No me vengas con tantos respetos, mujer, que tú y yo debemos ser de la misma edad – dijo la chica, algo molesta de que la tratasen con tanto respeto, como si fuese una mujer de más edad - ¿Eres una amiga de Akane?

Akiko empezó a desconfiar – ¿Quién lo pregunta? – dijo ella frunciendo el entrecejo. La chica arqueó los ojos y posó su larga cabellera oscura detrás de sus hombros, mientras le tendía la mano solemne – Soy una antigua amiga de Akane. Mi nombre es Kuonji Ukyo, puedes llamarme Ukyo – dijo risueña.

* * * * * * * * * *

Mientras, en el Cat Café la actividad laboral continuaba. Aunque a esas horas del mediodía no solía haber mucha gente. Algún que otro empresario, haciendo un inciso para comer algo, y un extraño mercader chino, que siempre solía ir a esas horas a pedir un plato de ramen para satisfacer su apetito. Sin embargo, en el día de hoy había también, sentado a la barra, un chico alto y robusto, con el pelo oscuro y una pañoleta atigrada atada en él. El chico conversaba con la ahora dueña del sitio, la heredera de la Supremacía Femenina, la cual adquirió tal título al hacer honra y casarse con el chico pato, el cual estaba entrando en la conversación tras haber preparado el ramen para el mercader.

-¿Akane le decir cosa tan terrible a Ranma? – preguntó la amazona, escandalizada.

-¿Qué pasa? ¿Qué decís? ¿Me he perdido algo? –dijo Mousse, ajustándose las lentes. Nadie le hizo caso y Ryoga prosiguió.

-Pero estoy seguro que ella… bueno, estoy seguro que se arrepiente.

-¡Maldita chica Tendo! ¡¿Para esto Shampoo renunciar a Ranma?! – dijo la amazona, colérica. Mousse frunció el entrecejo ante el comentario.

-¡Sht! No grites, mujer… -dijo Ryoga, viendo que algunas personas se giraban para ver si había algún problema – No te preocupes, Utchan y yo hemos preparado un… hmm… plan.

-¿Un plan? –dijeron Shampoo y Mousse al unísono.

-Sí. Ahora mismo Ukyo ya estará en la casa de Akane. La intentará convencer para que se disculpe con Ranma, mientras que yo intento que no se vaya de viaje. Les preparamos una cita en algún sitio, y ¡voilá! Ya hay boda –dijo el chico, excitado ante la maestría de su plan.

Shampoo frunció el entrecejo - ¿Ese ser plan? – Ryoga asintió sonrienddo - ¿Y si chica Tendo sigue siendo terca y por su orgullo negarse a pedir disculpas a Ranma? ¿Y si tú no poder evitar que Ranma se ir de viaje? ¿Y si Ranma ya se ha ido de viaje? Este plan ser completo desastre.

Ryoga abrió la boca para decir algo, pero sus palabras se ahogaron en el mar de la lógica “T-Tiene razón… ¡¡QUÉ DESCUIDOOOOOOOOO!!” pensó él, mientras se ponía ambas manos a la cabeza. Rápidamente, se alzó de la silla y empezó a correr.

-¡¡TENGO QUE EVITAR QUE RANMA SE VAYAAAAAAAAAA!!

-¡Eh! – le gritó Shampoo para hacerle parar. Ryoga se giró, confundido - ¡No haber pagado plato de ramen! –dijo la amazona, enseñándole la palma de la mano.

* * * * * * * * * *

En un pequeño bar bastante acogedor, no muy lejos de la casa de Akane, las dos chicas conversaban entre dientes. Ya habían compaginado y ahora que se habían explicado la una a la otra quienes eran y qué hacían o iban a hacer a casa de Akane, prosiguieron con el plan “Arreglar las cosas”.

-Akane simplemente te dirá que no, que ya está todo hecho y que no hay marcha atrás – dijo Akiko, bebiendo un poco de naranjada.

Ukyo la miró - ¡Chica, se nota que no me conoces! Si yo digo que la convenceré, puedes estar segura de ello. No renuncié a Ran-chan en China para que este par de idiotas no acabasen juntos.

Akiko la miró confundida - ¿Renunciaste a Ranma? ¿Es que él a ti también te gustaba? – preguntó algo escandalizada. Ukyo la miró como si aquella chica fuese la ignorante más ignorante del mundo.

-Pues claro. De hecho, le seguí durante 10 años – dijo ella. Akiko dio un bufido de sorpresa – Y cuando pasó eso entre Ran-chan y Akane, nos fuimos todos a China, y Akane se fue a la Todai.

-¿A qué te refieres con “eso”? –preguntó Akiko.

-Oh, Ran-chan nunca nos lo quiso contar exactamente. Sólo dijo que metió la pata. Y nos fuimos todos a China a Jusenkyo… ehm… ¿sabes lo que es?

Akiko asintió rápidamente – Sí, Akk me ha hablado muchas veces de ese lugar.

-Bien. Pues cuando nos fuimos allí… no se cómo surgió el tema, ni cuándo Ran-chan se decidió, pero puso los puntos sobre las íes. Nos dejó bien claro a mi y a Shampoo, otra que también le quería, que no teníamos ninguna oportunidad.

-Qué brusco…

-Bueno, él lo dijo con tacto, pero Shampoo y yo nos dimos cuenta que aquella vez era diferente a todas las otras veces anteriores en las que él decía que no quería nada de nosotras. Esa vez… parecía tan… convencido de si mismo… Shampoo y yo supimos que Ran-chan ya había elegido. De hecho, yo ya sabía que eso sucedería tarde o temprano, sólo que no quise creérmelo nunca.

Akiko miró estupefacta a la chica que tenía enfrente. Al parecer, todos los amigos de Akane habían vivido difíciles situaciones, aunque no es de extrañar según todas las aventuras que Akane le contó que habían pasado.

-Así que “este” es el suceso de China – dijo Akiko finalmente.

Ukyo salió de su estado de ensoñación del pasado y la miró –Sí. A partir de entonces, cada cual se fue por su banda. Shampoo se casó pocos días después con Mousse, y Ryoga y yo nos juntamos. No se si fue por amor o por la misma pena, pero mira, acabamos juntos… - Ukyo paró de hablar repentinamente y ennrojeció - ¡Ay! Perdona, no se por qué te cuento estas cosas. En fin, como iba diciendo… ¡Puedes confiar en mi palabra, que si yo te digo que la convenceré, la convenzo!

-No estoy tan segura. Está tan… tan… deprimida. ¿No podrías hablar con Ranma?

-Claro… pero para qué.

-Pues no se… Dile que lo intente una vez más. Sólo una. Estoy segura que Akane no volverá a fastidiarlo todo otra vez.

-Akiko, hablar con Ranma fue lo primero que hice.

-¿Y qué te dijo?

-Pues que no, que ella le odiaba, que no quería saber nada más de él.

-E irónicamente, Akane me dijo lo mismo a mí.

-¡Todo claro! Hasta que no hablen el uno con el otro no me daré por vencida. Primer paso… ¡¡Ir al apartamento de Akane!!

Akiko miró con una gotilla de sudor a su nueva amiga, la cual tenía fuego en los ojos. Todos los del café la miraron algo asustados, y el camarero se lo pensó dos veces para irles a pedir la cuenta.

* * * * * * * * * *

Plic.

Nada bueno. Cambio de canal.

Plic.

Tampoco. Cambio de canal.

Plic.

¡Rayos! ¿Es que no hacían nada bueno por la tele?

Akane apagó el televisor y se recostó a la mesa, con la cabeza entre sus brazos. Tenía la mente lejos de allí. De hecho, ya la tenía desde mucho antes de llegar Akiko. Tenía la mesa llena de pañuelos y los ojos hinchados. Se había pasado la noche entera en vela, la gran parte llorando. ¿Cómo podía ser tan retorcida? Es cierto que él le hizo una mala pasada hace dos años, y que se pasó tres pueblos con lo de P-Chan, pero… ¿acaso no se había pasado ella también, y mucho más que él, diciéndole todas esas crueles palabras? Estaba claro. Estaba condenada a vivir una vida entera sola. Porque lo tenía claro. Ya no más amores. Ya no. Si no podía estar junto a él, ya no quería estar con nadie más.

“Al fin y al cabo, no se por qué me quejo… si fui yo quien lo estropeó todo. Para variar… y encima Akki viene expresamente para animarme y yo le digo que se marche. ¡AAAAGH! ¡¿Por qué me crearon así?!”

Después de unos segundos de tensión, volvió a serenarse y bebió otro sorbo del te que había preparado antes para Akiko y ella. “Y pensar que hacía dos semanas estaba tan feliz porque Ranma me vendría a buscar al salir de las clases… Y mira ahora, aquí, sola en mi apartamento, sin Ranma, y con este anillo que ya no tiene sentido…”

Akane miró al anillo que colgaba del finísimo hilo con amargor. Frunció el entrecejo y se levantó con decisión. Con paso rápido y firme se dirigió a la pequeña cocina, mientras sus ojos empezaban a humedecerse. Abrió la puerta del miniarmario y abrió la tapa de la basura. Lo que iba a hacer no era sólo lanzar allí el anillo. Significaba lanzar allí todo su pasado, presente y futuro. El anillo simbolizaba ahora Ranma. Deshaciéndose de él, se desharía de Ranma. Ya no querría volver a hablar de él. Ya no querría volver a saber más del asunto. Se quitó lentamente el colgante y se puso el anillo a la altura de sus ojos, mientras lo miraba con amargor.

“Tantos años, tantas aventuras, tantas lágrimas, tantos momentos, tantas cosas… para terminar aquí…” Akane dio un suspiro. Se secó los ojos con decisión y fue acercando el anillo más y más hacia la basura. Su mano empezó a temblar. ¿Lo haría? ¿Sería capaz? “Soy una cobarde. Siempre hice lo mismo: huir. Siempre, siempre. Siempre huyo en los momentos difíciles en lugar de afrontarlos. ¿Por qué? ¿Por qué no puedo ser como Ranma? ¿Por qué no puedo ser valiente?”

-Esto no es lo que quieres.

-Tienes razón, esto no es lo que quie… - Akane abrió los ojos bruscamente y se giró - ¿Quién anda ahí?

Una chica de pelo largo estaba con los brazos cruzados y apoyada a la puerta del comedor, mirándola fijamente – Tranquila, soy yo.

Akane se la quedó mirando, confundida - ¿U-Ukyo? ¿Cómo has entrado? – preguntó Akane sin entender. Entonces se percató que otra figura detrás suyo hizo aparición, con un juego de llaves en mano. Akane se la quedó mirando - ¿A-Akki? – Akane las miró a ambas - ¿Qué hacéis aquí?

-Venimos a hablar – dijo Ukyo con un extraño y inhabitual tono frívolo.

Akane miró hacia abajo – A ver si lo adivino… - dijo en tono irónico – Queréis que haga las paces con Ranma, ¿no?

Akiko arqueó las cejas, sorprendida ante la frase. Ukyo no se inmutó – Adivinas bien. Y ahora mismo vas a acompañarnos a mí y a esta amiga tuya para hablar con Ranma, ¿capichi?

Akiko las miraba con duda. Como si lo viese: Akane fuertemente agarrada a los barrotes de la ventana y Ukyo tirando de ella, obligándola a salir de la casa. Las miró con algo de temor. No quería forzar a Akane. Quería que lo hiciese por sus propios medios.

-Está bien.

-¿¡Con que esas tenemos, eh!? – dijo rápidamente Ukyo - ¡Muy bien! ¡Pues si hace falta alquilaré una grúa y…! ¿Qué?

Akiko y Ukyo miraron a Akane, la cual les estaba sonriendo de una manera que ya hacía demasiado tiempo que no veían.

-Que está bien. Esperad un momento, voy a cambiarme.

Y así, sin más, Akane se dirigió a su habitación, dando pequeños saltitos a medida que avanzaba. La puerta de la habitación se cerró, y Ukyo y Akiko se miraron, confundidas.

-¿Crees que trama algo? – preguntó Akiko, mirando la puerta con desconfianza.

-¡Bah! Lo que pasa es que soy un genio del convencimiento. No se ha podido resistir a mis elocuentes frases – dijo Ukyo, con un brillo de orgullo en los ojos - ¡Ya te había dicho que la convenceríamos!

-No se… ¿no te parece raro que haya accedido así, de buenas a primeras?

-Deja de darle vueltas, mujer, lo que cuenta es que la hemos convencido.

Las dos se quedaron calladas. El único ruido perceptible era el pasar de los segundos al reloj de la sala. A medida que este iba avanzando, las dos chicas empezaban a mirarse preocupadas.

-¡Akane, he visto más rápidas! – dijo Ukyo, desde el otro lado de la puerta de su habitación.

Nadie contestó. Las dos chicas se pusieron nerviosas.

-¿A-Akane…? –preguntó tímidamente Akiko.

Ukyo chasqueó los dedos y abrió la puerta con firmeza. Las dos chicas buscaron con los ojos a Akane. No la encontraron. Vieron las cortinas de la ventana ondulando libremente al aire, y una nota al cristal de estas. Las dos chicas se acercaron sin saber qué hacer. La leyeron un par de veces y se miraron confundidas.

‘Gracias por vuestra ayuda. Voy a resolver esto a MI manera. Perdonad que no os haya dicho nada. Cuando esto termine, os invitaré a un helado.

Akane’

Ukyo dio un fuerte puñetazo a la pared - ¡Oh, perfecto, se nos ha fugado!

-¡Ya te dije que era muy raro! –insistía la chica de la coleta – Seguro que ha bajado de un salto, pese a estar a un segundo piso.

-¡Venga, date prisa! – Ukyo se arrojó por la ventana hasta caer a la calle - ¡Vamos, aún estamos a tiempo de alcanzarla!

Akiko salió de la habitación y bajó por las escaleras, a su juzgar, la manera como se deben bajar los pisos, y no saltando así sin más. Las dos chicas empezaron a correr calle abajo. Nadie se lo había dicho, pero estaban seguras que Akane se había ido en dirección a Nerima.

* * * * * * * * * *

-Jaque mate.

El panda gruñó y el hombre del bigote empezó a celebrar su onceava victoria seguida en el shogi. Kasumi los contemplaba risueña mientras acababa de tender la ropa, cuando alguien llamó al tiembre.

-Papá, ¿puedes ir tú? – pidió la chica desde el jardín.

-¡Sí, hija!

El señor Tendo se alzó pesadamente y se dirigió a la puerta principal - ¡Ah, Ryo…!

El chico no le dio tiempo al señor Tendo para acabar la frase y se abalanzó contra él, con los ojos salidos - ¡¿ESTÁ RANMA AQUÍ?! ¡¿ESTÁ AQUÍ?! ¡¿RANMA?! ¡¿AQUÍ?! ¡¿ESTÁ?!

Soun se lo miró con cara asustada – T-Tranquilízate, chico… - “Ryoga se ha vuelto loco”

-Si buscas a Ranma-kun… - Ryoga, al oír esas palabras que procedían de la mujer de la casa, dejó al pobre hombre y se dirigió rápidamente hacia Kasumi, esperando la respuesta - … salió hará un rato.

Ryoga notó que el alma se le caía a los pies – Estoo… Kasumi, por casualidad no llevaría consigo el equipaje…

-Pues ahora que lo dices, sí. Me parecía que iba especialmente cargado esta vez. Quizás quiera irse a entrenar durante bastantes días en algún…

Kasumi paró de hablar, ya que su oyente, al oír sus palabras, se había ido saltando de tejado en tejado, dejando a la embarazada con la palabra en la boca. Soun aún seguía algo aturdido ante la visita, y el panda aprovechaba la confusión para cambiar algunas piezas de ajedrez de sitio.

* * * * * * * * * *

El Sol ya empezaba a esconderse y las largas sombras de los árboles eran constantes. Ya no había niños en el parque, pues todos habían ido a sus casas ante los gritos constantes de sus madres, reclamándoles para cenar. De hecho, él mismo no sabía qué hacía en un lugar cómo ese. El hecho, la idea de quedarse así, sin más, en el dojo Tendo, no le seducía. No tenía ningún sentido que se quedase allí. El único vínculo que él tenía con la casa Tendo era Akane, y ahora ella ya no estaba.

Respiró hondo y dejó la pesada mochila al suelo. Tenía planeado irse lejos, muy lejos. La estación de trenes le quedaba a unos diez minutos saltando de tejado en tejado. Eso siempre fue útil. Te saltabas las casas y calles y tenías un inmenso camino a tu alcance. Paralelamente, ese pensamiento le llevó al melancólico recuerdo del pasado, cuando tantas veces atrás él tuvo que cargar a Akane y huir desenfrenadamente de sus perseguidores. Pero eso ya no volvería nunca más. ¿Cómo habían podido terminar así las cosas? Es decir… él, de joven, nunca pensó en cómo terminaría todo, realmente él creía que todo seguiría absolutamente igual, que su relación con Akane no cambiaría y que así todo sería mejor. Pero las cosas dan giros desenfrenados a la mínima, y hay veces que no se es suficientemente persona como para aceptarlos.

Ranma sintió las insuperables e insufribles ganas de ponerse en pie al columpio y balancearse un poco. Nunca antes lo había hecho. ¿Por qué ahora sí? “Porque por dentro sigo siendo un niño que sabe que ha perdido a su estrella…” el chico continuó tambaleándose, suavemente. Ya era el atardecer, el Sol empezaba a irse ya. La sombra cada vez era más larga. El chico no paraba de mirar al suelo, a su sombra, que por cierto, no se movía. Ranma miró perplejo al suelo. “¡Perfecto, hasta mi sombra me deja!”, pero lo cierto es que estaba algo asustado. ¿Cómo era posible eso? Entonces se fijó. Esa sombra no era suya. Es más, la suya estaba a su espalda. Dio un suspiro y alzó la cabeza. A unos metros de distancia, estaba la dueña de la sombra, la dueña de su corazón. El chico se la quedó mirando, sorprendido. ¿¡Qué hacía ella aquí!?

Akane se fue acercando, poco a poco. Ranma la miró. Estaba… extraña. Un aire triste y a la vez contento. “Rayos, podría haberse dedicado al teatro…” Ranma sacudió la cabeza. Este no era el momento para pensar en… Akane se sentó al columpio del lado y empezó a balancearse, sin más, como una niña pequeña. Ranma paró de moverse y la miró desde arriba sin saber qué estaba ocurriendo.

-¿Relaja, eh? –dijo ella sin más.

Ranma se la quedó mirando – Eh, um, oh, sí… - dijo rascándose la cabeza “¿Pero se puede saber qué demonios está…?” Ranma notó que Akane desviaba la mirada hacia el lado del columpio, concretamente hacia la mochila. Ranma no dijo nada, continuó en silencio. Akane la miró tristemente, luego se puso en pie y se quedó delante de él.

-¿Vas a alguna parte? – preguntó sin más, mirándolo a los ojos.

Ranma se puso nervioso – Sí, me voy a entrenar.

Akane notó que su corazón se aceleraba, pero siguió aparentando tranquilidad – Ah, ¿y para cuándo vuelves? – preguntó con su extraña pero bonita sonrisa. Ranma no sabía a qué se debía todo eso. Realmente, esos días había estado extraña. Pasaba muy fácilmente, demasiado fácilmente de un temperamento a otro, y lo malo es que cada uno de ellos era el extremo. ¿Acaso no existe el término medio?, se preguntaba el desconfiado chico.

-No tengo previsto volver – dijo él, desviando la mirada. Aunque ahora ella sonriese, no podía olvidar lo que había pasado antes. De bien seguro que su visita no traería nada bueno. Nadie cambia tan rápidamente. A él le costó un año cambiar. Más bien dos.

Akane, sin más, le dio la espalda y cogió la mochila con ambas manos. Ranma la miró sin comprender. Luego, ella empezó a girar sobre sí misma con la mochila, cada vez más y más rápido. Ranma ahora sí que no entendía nada. Y entonces, cuando Akane estuvo en el punto culminante de sus fuerzas, la soltó. La mochila se fue volando hasta el infinito y más allá, como lo hizo Kuno, Ranma y otros miles, tantas miles de veces.

Ranma observó la mochila irse, culminada con una brillante estrellita. Luego miró a Akane, la cual volvía a sonreír – Ehm… esto… gracias por perder a mi mochila… - dijo él. Akane sacó la lengua.

-No quería que te fueras.

Ranma la miró. ¿Hablaba en serio? La miró. Parecía otra. Y estaba realmente guapa… Pero ahora no tenía que dejarse dominar por sus emociones. Como bien le dijo ese viejo anciano chino, para superar sus miedos había que enfrentarlos con rudeza y decisión. Para superar sus sentimientos, se tenía que ser al cien por cien franco. Por un momento había estado a punto de adoptar su juvenil faceta de chico-japonés-despreocupado.

-Eso no es lo que me dijiste el otro día –dijo él, mirando al cielo. Empezaban a entreverse la luna y algunos pequeños y lejanos astros, pero no por eso menos brillantes. Ranma inició su balanceo de nuevo. Por un momento, le supo mal lo que le había dicho. Pero ella también le había causado algo de dolor, y al fin y al cabo sólo había repetido lo que ella dijo. Sin embargo, eso no pareció importarle a Akane en lo más mínimo.

-El otro día estaba hecha un lío, tú has tenido tu tiempo y tus horas para madurar y yo lo empecé hace dos semanas, así que debes comprenderme – dijo ella, con tono tranquilo.

-Oooh, ¿y ya has madurado? ¿Ya sabes lo que quieres? – preguntó él, en tono despreocupado. Akane asintió con devoción. Ranma la miró sin entender. Ella, poco a poco, fue alzando su mano izquierda hasta ponerla a la altura de su cara, enseñándosela. Ranma al principio no sabía a qué se debía ese movimiento, pero entonces se fijó en el dedo anular de ella… Ranma miró a Akane. Ella sólo sonreía, mientras bajaba la mano de nuevo.

-Esto es lo que quiero – dijo ella algo roja – Te quiero.

Ranma abrió sus ojos. Akane sólo esperó quieta, con la vista baja, tocándose suavemente el anillo. Ranma bajó del columpio de un ágil salto y se encaró a Akane. Ella subió la cabeza. Ranma sonreía. Una sonrisa que pocas veces le vio. Nada de codicia, burla ni nada por el estilo. Simplemente alegría. Y la besó. Akane, sorprendida, cerró los ojos, mientras una lágrima le caía por el rostro.

-¡¡AKANEEEEEEE!! ¡¡NO LO HAGAS, NO TIENESS POR QUÉ…!!

-¡¡RANMA, NO TE VAYAS…!!

El beso se rompió y ambos miraron asustados a Ukyo y Akiko, las cuales acababan de llegar al sitio, seguidas de Ryoga, respirando ruidosamente. Cada uno venía con su objetivo fijado. Las chicas: que Akane no volviese a decirle a Ranma alguna tontería como la del otro día, y Ryoga que Ranma no se fuese. Pero al ver la ‘escenita’ se quedaron algo confusos. ¿No estaban enfadados? Cualquier cosa menos esa. Entonces, de los matorrales salió toda la familia Tendo, toda enterita. También estaban Shampoo y Mousse. Vale a decir que Shampoo estaba con el ceño fruncido, pero no molesta. Nabiki se acercó a la roja pareja, la cual hacía conjunto con el Sol.

-Bien, parejita, si no tenéis nada más que deciros, ¿puedo poner en venta esta preciosa cinta? – dijo enseñando una grabadora.

Ranma y Akane se miraron, y sonrieron – Está bien, pero los beneficios serán para comprarme comida – dijo Ranma. Akane frunció el ceño - ¡De eso nada, para la luna de miel! – dijo ella, enfadada.

-¡Que no, mi estómago es lo primero! – dijo Ranma, encarándola.

-¡Ah, prefieres a tu estómago que a mí! – dijo ella, girándose con los brazos cruzados.

-¡Luego no te quejes que tengas un marido más delgado que un palillo!

-¡Como sigas así te mando a la luna y punto!

Todos los presentes se los quedaron mirando. Esa no era la reacción que tenían para estas ocasiones…

* * * * * * * * * *

“Ese fue el día más feliz de mi vida. ¿Cómo estuvimos tanto tiempo sin decirlo? Tiempo malgastado. Bueno, tampoco es eso. Durante mi juventud lo pasé bien. Tal vez los años malgastados fueron los que pasé en la Todai. No, tampoco, porque no hubiese sido la persona que soy ahora ni hubiese conocido a Akiko. En fin, que ese día fue genial. Después de lo del parque, nos fuimos todos al Nekohanten y luego al Ucchan’s (ya que tanto Ukyo como Shampoo querían que fuésemos a sus respectivos restaurantes). Entonces se proclamó, por primera vez, nuestro compromiso oficialmente. Esa noche volvimos todos tarde a casa. Yo me fui a mi apartamento, y Ranma me prometió que al día siguiente ya vendría a verme.”

“A partir de ese día, todo marchó sobre ruedas. Y todos tuvieron un final, más o menos, feliz. Agradecida por la ayuda de Akiko, Ukyo y yo digamos que… nos las apañamos para que Henta se le declarase. Akiko, algo nerviosa, le dijo que a ella también le gustaba. Toya… no tengo ni idea de cómo le fue la vida a Toya. Desde que dejé la Todai, que ya no lo vi más, pero ese es un tema a parte…”

“A Shampoo y Mousse el negocio les fue cada vez mejor. Por la zona de Nerima hicieron edificios nuevos, la mayoría ocupados por gente que se levantaba muy temprano y siempre solía ir a almorzar al Nekohanten. También cabe decir que a Cologne le salieron dos nietos gemelos preciosos, ambos chico y con el pelo púrpura de la madre y los ojos azules de su padre. Por desgracia, a uno le tuvieron que poner gafas, puesto que confundía a su hermano con los peluches todo el tiempo.”

“La relación de Ukyo y Ryoga, nunca la supe con exactitud. Sólo se que un buen día nos dijeron que se casarían. Espero que les vaya muy bien, de verdad. Ryoga siempre fue tan solitario, sin ninguna novia… y Ukyo me alegro por ella porque eso demuestra que superó lo de Ranma y que fue capaz de iniciar una nueva vida, al igual que Ukyo. Me alegro por ellas dos.”

“Los Kuno siguieron tan locos como siempre. Que yo sepa, Kuno no tiene novia y Kodachi tampoco. Vaya par… a este paso no se casan nunca, aunque eso tampoco es que me disguste. Por su parte, se pusieron coléricos ante el compromiso formal de Ranma y mío, pero hicimos lo que siempre, ignorarlos. Y ahora que Ranma y yo… pues eso… em… que nos habíamos declarado, no nos importaba hablar libremente de eso, y eso significaba un avance.”

“Al maestro Happosai hacía mucho tiempo que no lo veía. El día de la boda vino, y me regaló una bolsa llena de, digamos, pequeñas piezas de seda que bien seguro no había pagado.”

“Kasumi tuvo el hijo al finales de verano, según lo planeado. Era niña, y preciosa. A mí me hicieron su madrina. Se llama Hiromi, Hiromi Tofu. Tiene los mismos ojos que Kasumi. Con lo que respecta a Nabiki, sigue soltera. Creo que no tiene la menor intención de casarse. En fin, es mejor estar sólo que mal acompañado, como dice el refrán.”

“Y con respecto a Ranma y a mí… La boda se celebró al cabo de unos cinco meses. Ambos queríamos disfrutar de una relación de pareja estable durante un tiempo, ya que lo de ‘antes’ no era algo muy parecido. Pero tampoco quisimos postergar mucho la boda, así que a finales de año se celebró. Asistió bastante gente, entre familiares, amigos y excompañeros, hubo un buen puñado. Para variar, la fiesta se hizo al dojo Tendo. Hablando del dojo Tendo, como los negocios de Nabiki han prosperado, Kasumi cobra por maternidad y yo estoy en mi empleo, entre todas hemos conseguido cantidades considerables, de manera que haremos reformas al dojo. Pero de eso os hablaré luego…”

“Los dos dijimos el ‘sí quiero’ a la vez, mirándonos. Era el punto y final a cinco años de penas, sufrimientos y alegrías. ¿Quién me hubiese dicho que acabaría casada con ese baka? Siempre lo quise en el fondo de mi corazón, sólo que no supe aceptarlo. Nos fuimos una semana a Hokkaido, a disfrutar del mar. Fue maravilloso. Respecto a nuestra ‘vida personal’, no os digo nada que por algo es personal.”

“Después, al volver, nos quedamos una temporada viviendo al dojo. No habíamos caído en dónde vivir. Entonces Nabiki tuvo la genial idea de ocupar la casa que había delante nuestro, la cual sus vecinos se habían mudado hacía un par de meses. Dicho y hecho. Así que viviríamos unos delante de los otros. Perfecto. Me encantaba esa idea. Por lo que a Kasumi y Tofu respecta, ambos se quedaron a vivir al dojo Tendo.”

“Ranma y yo estuvimos un par de meses haciendo reformas a la nueva casa. ¡Era preciosa! Los dos solíamos sentarnos al tejado, observando el dojo Tendo al atardecer, abrazados el uno con el otro, y diciéndonos cuánto nos queríamos…”

Atentamente,

Akane Tendo, 9 de Febrero de mil novecientos noventa y nueve.

“Diario”

*Fin del capítulo 7*

*Y Fin de Más Allá del Corazón*

Notas de la autora

Hola a todo el mundo, siento la demora, pero como notaréis este ha sido un capítulo especialmente larguito en comparación con los demás. Ah, y por el que no lo sepa o no lo haya leído, es el úl…úl…últi… ¡¡BUAAAAH!! Snif, snif… ¡Estoy triste! Me encantó tanto escribir este fic y se termina… Pero me noto bien, me siento extraña. ¿Sabéis por qué? Porque este es mi primer fic del tipo serie (que no sea One Shot, en otras palabras) que termino. Es, digamos, mi primer fic terminado. ¡Viva, snif! :D // :’(

No se si me he explicado bien al fic, pero se figura que todo lo que escribe Akane es su diario, de manera que se lo explica a sí mismo y lo escribe. ¿Bonita manera de plantear un fic, eh?

En fin, ya se ha terminado el fic… ahora sí… Y esta vez sí que quiero comentarios, eh??? Decidme qué os ha parecido, si bien o mal, si regular, si esto no te ha gustado y esto sí, porque en estas cosas me baso yo para luego crear (claro que mientras escribo voy haciendo también lo que a mí me gusta n_n).

Agradecimientos a todos mis compañeros del msn, a mi queridísima amiga Jess, a la cual le dedico este último capítulo, a Ranma, a Dark_Ryoga, a Rocio Torre, a Ayumi, a Dark_Kenya, etc. Y sobretodo a ti, lector, por estar leyendo esto.

Mil gracias a todos por haber dado soporte a este fic. Gracias, de verdad…

Se despide con la cabeza bien alta y con alegría en sus ojos,

La autora,

CiNtUrO-cHaN

-24 de Mayo del 2003-

 

Email de la autora: cinturo@3xl.net

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