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Llorar por ti es lo único que hago
De: Priss
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¿Qué se necesita para que un hombre aprenda a llorar?: La partida del ser
amado y.... quizás algo más.
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La botella de vino caro voló momentáneamente hasta que terminó por
estrellarse con el muro de la habitación, resultando de esto incontables
fragmentos sobre el piso.
La botella estaba vacía, el contenido fue totalmente ingerido por un hombre
que intentaba inútilmente resolver sus problemas de esta forma. Obviamente
esto no había sido un buen resultado y solo le había acarreado más
problemas, desdicha y soledad, a su ya tan difícil existencia.

Pero, ni bebiéndose todo el licor del mundo podría cambiar los hechos de la
vida. Su mujer.... su amada mujer lo había abandonado sin importarle todos
los años que llevaban juntos, mucho antes de su matrimonio aun. Toda una
vida cuidando su relación, su amor.... para nada, todo fue un desperdicio y
perdida de tiempo.
En un abrir y cerrar de ojos la partida y consecuente ausencia de su esposa
le habían destrozado por completo aquella vida que en algún momento llegó a
creer perfecta.
Y ahora, ahora se sumerge en el alcohol para tratar de olvidar. No, más bien
quiere recordar, si!, recordar aquellos días en que vivía de forma tranquila
y feliz a lado de su mujer.... y su pequeño hijo.

Así, el joven cerró los ojos anhelante de aquel ayer que ya jamás volvería a
el....


¡Era verdad!. Relena había logrado, quizás sin intentarlo, que el se
enamorara perdidamente de ella.
Fue un largo y casi perfecto noviazgo el que mantuvieron a pesar de sus
estrictos trabajos. El tiempo pasó y con este el cariño que Heero tenia por
Relena parecía ir creciendo sin limite alguno. Tanto era ese cariño que se
tragó el orgullo en más de una ocasión para pedirle disculpas a la joven por
una riña de la cual a veces ni siquiera había sido culpa suya, pero moría
por que llegase la reconciliación.

Le había regalado cientos de rosas, de eso estaba seguro.
Pero la cuenta ya había perdido de los besos y caricias; de aquellas noches
en la cama, hermosas noches que iniciaron mucho antes de que le pidiese
matrimonio. Ahora que lo pensaba, ni siquiera fue una propuesta, el
recordarse a si mismo en aquella situación: Decirle "casémonos" exigiendo
una respuesta afirmativa no era exactamente una petición.


Ella le había dado tanto.... su vida, su cuerpo, su amor.... un hijo. Un
varón que para estas alturas contaba con cuatro años de edad, un pequeño que
no entendía el porque su madre a su lado ya no estaba o porque había sido
alejado de su padre y obligado a vivir con los que, sabia, eran sus tíos:
Duo y Hilde.
No, el era demasiado inocente como para comprender que su madre lo había
abandonado y, que por ello, su papá se pasaba los días enteros ingiriendo
toda clase de bebida embriagante que le ayudara a soportar el vacío que
anidaba en su alma.
Pero en cuanto a lo anterior, ¿Qué le había dado él?: Nada, nada en verdad.
Quizás por ello lo había abandonado, quizás por ello se culpaba de la
ausencia de la mujer.


Por ahora, Heero solo deseaba ahogarse en el sabor del licor y en los
recuerdos de su bella esposa.
¿Cuánto la extrañaba?!. Si lo había hecho depender tanto de su presencia;
que sus besos fueran estrictamente necesarios antes y después de dormir. Y
que sus caricias alguna vez fueran un fuerte sedante para calmar esas ansias
que lo recorrían.
Lo había mal acostumbrado a las sesiones, casi diarias, de sexo; no, no era
sexo, aquello era la más pura y necesaria demostración de amor que ambos se
profesaban; era unir sus cuerpos durante un lapso corto de tiempo para
tratar de contrarrestar la enorme distancia y la compleja diferencia que
existía entre sus cuerpos.

Ahora que su memoria regresaba, él le había propuesto tener otro hijo.
Planeado; unirse con ese único objetivo y ampliar esa pequeña pero hermosa
familia que ya tenían.
Recordó también que ella rió ligeramente sin siquiera tratar de imaginar el
pasar de nuevo por el embarazo. Toda una odisea que irónicamente ambos
disfrutaron y que en aquella ocasión ella aceptó gustosa en volver a sufrir
tan solo por complacer a su esposo.

" Que tontería. " Pensó, pues todos sus planes para el futuro se vieron
frustrados por el abandono de su pareja, y aquel bebé que tanto planearon
jamás llego a nacer.

Fue peor con las palabras que le dejo como recuerdo y tortura:
_ Te amo. _
De que le servían si había roto aquella promesa de permanecer para siempre a
su lado.

Un trago más a una nueva botella, la última después de tantos días de beber
sin medida alguna, y más recuerdos de la mujer que venían a atormentarlo.
Le era imposible acostumbrarse a no estar con ella. Extrañaba incluso el
raro sabor de la comida que preparaba; lo cual casi nunca hacia y cuando lo
llegaba a hacer el resultado no era muy bueno que digamos; pero eso no
importaba el comía gustoso no importando cuán atroz fuera el resultado,
sabia perfectamente que Relena lo hacia con su mejor esfuerzo esperando
agradarle a su pareja.
Extrañaba también el sonido de su voz. Ese hermoso sonido que aun con tono
enojado le hacia saber que alguien en el mundo se preocupaba por él.
Y sin mencionar el escándalo que se formaba cuando ella reprendía a su
pequeño hijo; eran situaciones tensas y graciosas a la vez.
Pero ahora.... no tenia esposa, había sido alejado de su único hijo y él
sabia perfectamente que eso era lo mejor.


Quería odiarla, odiarla tanto o más de lo que la amaba, odiarla por dejarlo
solo. Pero eso jamás seria siquiera posible.
Y es que....No lo había dejado porque ese fuera su deseo, ¡no!. No había
escapado entre la oscuridad de la madrugada para alejarse de el; tampoco lo
había traicionado con otro hombre; cambiarlo por otro.... eso no había
pasado.
Sin embargo, cuanto deseaba que todas esas hubieran sido la razón de la
falta de su presencia. Así al menos.... por lo menos ella....

" Estaría viva en este momento. "

Con estas palabras, Heero volvía a la cruda realidad. De nuevo el alcohol
dejaba de surtir efecto para mostrarle así que su esposa no estaba con el en
ese preciso momento porque ya no existía en este mundo.

Relena, su más que amada Relena, había sido victima de la muerte, o mejor
dicho de un loco que no aceptaba sus ideas pacifistas; alguien que quizás
consideraba que las guerras eran mil veces mejor que la vida en paz. Ese fue
el desquiciado que entre la multitud de una de tantas conferencias políticas
que la mujer realizaba le disparó vaciando las balas del arma que portaba en
el frágil cuerpo de la chica a la que el tanto quería.

Y él, que se suponía era un soldado perfecto, su guardaespaldas por decisión
y necesidad propia, nada pudo hacer para impedir aquello.... tan solo mirar
aterrado como su esposa era perforada por las balas, y volviéndose loco en
ese momento lograr atrapar al asesino. Deseaba más que nada matarlo con sus
propias manos, pero sus compañeros lo detuvieron con sumo esfuerzo antes de
poder desquitarse un poco.
De nada había servido el que él mismo fuese su guardaespaldas personal. Es
cierto, así podría estar cerca de ella día y noche, ¿y de que le sirvió?; la
asesinaron frente a sus propios ojos como si de una burla se tratase. ¡Fue
un perfecto inútil!.
Fue peor aun el recordar las ultimas palabras que ella le dijese durante su
agonía:

"Cuándo llegues a casa, por favor cierra la ventana del balcón.... olvide
hacerlo hoy. "

En ese momento, y aun ahora, no sabia si reír, llorar o enfadarse aun más
ante aquellas palabras tan tranquilas, como si no estuviese escapándosele la
vida.... como si nada estuviese ocurriendo.

Y aun cuando sus amigos, veteranos de las guerras contra la alianza y Oz,
intentaron sacarlo de su encierro y destrozo personal nada de lo que el
resto del mundo hiciera por reanimarlo podría reemplazar al cariño de
aquella mujer. Esa mujer que cuando jóvenes deseó matar, la misma que lo
perdono y acepto estar con el hasta que la muerte los separase.

" Esa estúpida frase. " = Pensó = " Esa estúpida frase no
hace más que recordarme que ella finalmente no esta aquí. "

Relena no volvería a besarlo; no lo acariciaría con sus suaves manos sin una
razón para hacerlo. Jamás volvería a sentir esa figura, tan perfecta, entre
sus brazos y las sabanas mojadas. Y sus oídos, no volverían a regocijarse
con el par de palabras que se habían vuelto tan monótonas, tan esperadas y
conocidas, ese "te amo" se había apagado por completo, porque desde el
momento en que Relena dejara de respirar no había vuelto a escuchar esa
frase.
Si los labios de la mujer estaban inmóviles, ¿quien le diría que lo amaba?,
¿quien?; si en toda su vida, en el basto universo solo una persona lo
hizo..... una mujer, una mujer que ya había muerto.
Debía aceptarlo, tenia miedo de vivir el mundo sin ella; no podría.... eso
era lo único imposible de lograr para él.

Y así, dando un último sorbo a la botella mientras se sumía más y más en su
sufrir, pronuncio de nuevo aquellas palabras:
" Relena.... me haces tanta falta. "

Y con esto, permitió que las lagrimas fluyeran nuevamente con verdadera
libertad.
Ahora, además de beber, esto era lo único que sabia como hacer: llorar.
Porque por fin había aprendido como hacerlo, lo hizo el día en que Relena
cerró los ojos.... para no abrirlos jamás.


Fin...
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Por qué?, por qué?, por qué????. ¿Por qué siempre mato a Relena?.
La verdad es que es una idea muy ambiciosa el hacer sufrir a Heero por esto.
De cualquier forma, según algunos momentos en el anime... si sufriría por
ella de esta forma y más.

priss_pk@hotmail.com

Email de la autora:priss_pk@hotmail.com

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