De: Priss
==============================================
¿Qué se necesita para que un hombre aprenda
a llorar?: La partida del ser
amado y.... quizás algo más.
==============================================
La botella de vino caro voló momentáneamente
hasta que terminó por
estrellarse con el muro de la habitación, resultando
de esto incontables
fragmentos sobre el piso.
La botella estaba vacía, el contenido fue totalmente
ingerido por un hombre
que intentaba inútilmente resolver sus problemas
de esta forma. Obviamente
esto no había sido un buen resultado y solo
le había acarreado más
problemas, desdicha y soledad, a su ya tan difícil
existencia.
Pero, ni bebiéndose todo el licor del mundo
podría cambiar los hechos de la
vida. Su mujer.... su amada mujer lo había
abandonado sin importarle todos
los años que llevaban juntos, mucho antes de
su matrimonio aun. Toda una
vida cuidando su relación, su amor.... para
nada, todo fue un desperdicio y
perdida de tiempo.
En un abrir y cerrar de ojos la partida y consecuente
ausencia de su esposa
le habían destrozado por completo aquella vida
que en algún momento llegó a
creer perfecta.
Y ahora, ahora se sumerge en el alcohol para tratar
de olvidar. No, más bien
quiere recordar, si!, recordar aquellos días
en que vivía de forma tranquila
y feliz a lado de su mujer.... y su pequeño
hijo.
Así, el joven cerró los ojos anhelante
de aquel ayer que ya jamás volvería
a
el....
¡Era verdad!. Relena había logrado, quizás
sin intentarlo, que el se
enamorara perdidamente de ella.
Fue un largo y casi perfecto noviazgo el que mantuvieron
a pesar de sus
estrictos trabajos. El tiempo pasó y con este
el cariño que Heero tenia por
Relena parecía ir creciendo sin limite alguno.
Tanto era ese cariño que se
tragó el orgullo en más de una ocasión
para pedirle disculpas a la joven por
una riña de la cual a veces ni siquiera había
sido culpa suya, pero moría
por que llegase la reconciliación.
Le había regalado cientos de rosas, de eso
estaba seguro.
Pero la cuenta ya había perdido de los besos
y caricias; de aquellas noches
en la cama, hermosas noches que iniciaron mucho antes
de que le pidiese
matrimonio. Ahora que lo pensaba, ni siquiera fue
una propuesta, el
recordarse a si mismo en aquella situación:
Decirle "casémonos" exigiendo
una respuesta afirmativa no era exactamente una petición.
Ella le había dado tanto.... su vida, su cuerpo,
su amor.... un hijo. Un
varón que para estas alturas contaba con cuatro
años de edad, un pequeño que
no entendía el porque su madre a su lado ya
no estaba o porque había sido
alejado de su padre y obligado a vivir con los que,
sabia, eran sus tíos:
Duo y Hilde.
No, el era demasiado inocente como para comprender
que su madre lo había
abandonado y, que por ello, su papá se pasaba
los días enteros ingiriendo
toda clase de bebida embriagante que le ayudara a
soportar el vacío que
anidaba en su alma.
Pero en cuanto a lo anterior, ¿Qué le
había dado él?: Nada, nada en verdad.
Quizás por ello lo había abandonado,
quizás por ello se culpaba de la
ausencia de la mujer.
Por ahora, Heero solo deseaba ahogarse en el sabor
del licor y en los
recuerdos de su bella esposa.
¿Cuánto la extrañaba?!. Si lo
había hecho depender tanto de su presencia;
que sus besos fueran estrictamente necesarios antes
y después de dormir. Y
que sus caricias alguna vez fueran un fuerte sedante
para calmar esas ansias
que lo recorrían.
Lo había mal acostumbrado a las sesiones, casi
diarias, de sexo; no, no era
sexo, aquello era la más pura y necesaria demostración
de amor que ambos se
profesaban; era unir sus cuerpos durante un lapso
corto de tiempo para
tratar de contrarrestar la enorme distancia y la compleja
diferencia que
existía entre sus cuerpos.
Ahora que su memoria regresaba, él le había
propuesto tener otro hijo.
Planeado; unirse con ese único objetivo y ampliar
esa pequeña pero hermosa
familia que ya tenían.
Recordó también que ella rió
ligeramente sin siquiera tratar de imaginar el
pasar de nuevo por el embarazo. Toda una odisea que
irónicamente ambos
disfrutaron y que en aquella ocasión ella aceptó
gustosa en volver a sufrir
tan solo por complacer a su esposo.
" Que tontería. " Pensó,
pues todos sus planes para el futuro se vieron
frustrados por el abandono de su pareja, y aquel bebé
que tanto planearon
jamás llego a nacer.
Fue peor con las palabras que le dejo como recuerdo
y tortura:
_ Te amo. _
De que le servían si había roto aquella
promesa de permanecer para siempre a
su lado.
Un trago más a una nueva botella, la última
después de tantos días de beber
sin medida alguna, y más recuerdos de la mujer
que venían a atormentarlo.
Le era imposible acostumbrarse a no estar con ella.
Extrañaba incluso el
raro sabor de la comida que preparaba; lo cual casi
nunca hacia y cuando lo
llegaba a hacer el resultado no era muy bueno que
digamos; pero eso no
importaba el comía gustoso no importando cuán
atroz fuera el resultado,
sabia perfectamente que Relena lo hacia con su mejor
esfuerzo esperando
agradarle a su pareja.
Extrañaba también el sonido de su voz.
Ese hermoso sonido que aun con tono
enojado le hacia saber que alguien en el mundo se
preocupaba por él.
Y sin mencionar el escándalo que se formaba
cuando ella reprendía a su
pequeño hijo; eran situaciones tensas y graciosas
a la vez.
Pero ahora.... no tenia esposa, había sido
alejado de su único hijo y él
sabia perfectamente que eso era lo mejor.
Quería odiarla, odiarla tanto o más
de lo que la amaba, odiarla por dejarlo
solo. Pero eso jamás seria siquiera posible.
Y es que....No lo había dejado porque ese fuera
su deseo, ¡no!. No había
escapado entre la oscuridad de la madrugada para alejarse
de el; tampoco lo
había traicionado con otro hombre; cambiarlo
por otro.... eso no había
pasado.
Sin embargo, cuanto deseaba que todas esas hubieran
sido la razón de la
falta de su presencia. Así al menos.... por
lo menos ella....
" Estaría viva en este momento. "
Con estas palabras, Heero volvía a la cruda
realidad. De nuevo el alcohol
dejaba de surtir efecto para mostrarle así
que su esposa no estaba con el en
ese preciso momento porque ya no existía en
este mundo.
Relena, su más que amada Relena, había
sido victima de la muerte, o mejor
dicho de un loco que no aceptaba sus ideas pacifistas;
alguien que quizás
consideraba que las guerras eran mil veces mejor que
la vida en paz. Ese fue
el desquiciado que entre la multitud de una de tantas
conferencias políticas
que la mujer realizaba le disparó vaciando
las balas del arma que portaba en
el frágil cuerpo de la chica a la que el tanto
quería.
Y él, que se suponía era un soldado
perfecto, su guardaespaldas por decisión
y necesidad propia, nada pudo hacer para impedir aquello....
tan solo mirar
aterrado como su esposa era perforada por las balas,
y volviéndose loco en
ese momento lograr atrapar al asesino. Deseaba más
que nada matarlo con sus
propias manos, pero sus compañeros lo detuvieron
con sumo esfuerzo antes de
poder desquitarse un poco.
De nada había servido el que él mismo
fuese su guardaespaldas personal. Es
cierto, así podría estar cerca de ella
día y noche, ¿y de que le sirvió?;
la
asesinaron frente a sus propios ojos como si de una
burla se tratase. ¡Fue
un perfecto inútil!.
Fue peor aun el recordar las ultimas palabras que
ella le dijese durante su
agonía:
"Cuándo llegues a casa, por favor cierra
la ventana del balcón.... olvide
hacerlo hoy. "
En ese momento, y aun ahora, no sabia si reír,
llorar o enfadarse aun más
ante aquellas palabras tan tranquilas, como si no
estuviese escapándosele la
vida.... como si nada estuviese ocurriendo.
Y aun cuando sus amigos, veteranos de las guerras
contra la alianza y Oz,
intentaron sacarlo de su encierro y destrozo personal
nada de lo que el
resto del mundo hiciera por reanimarlo podría
reemplazar al cariño de
aquella mujer. Esa mujer que cuando jóvenes
deseó matar, la misma que lo
perdono y acepto estar con el hasta que la muerte
los separase.
" Esa estúpida frase. " = Pensó
= " Esa estúpida frase no
hace más que recordarme que ella finalmente
no esta aquí. "
Relena no volvería a besarlo; no lo acariciaría
con sus suaves manos sin una
razón para hacerlo. Jamás volvería
a sentir esa figura, tan perfecta, entre
sus brazos y las sabanas mojadas. Y sus oídos,
no volverían a regocijarse
con el par de palabras que se habían vuelto
tan monótonas, tan esperadas y
conocidas, ese "te amo" se había
apagado por completo, porque desde el
momento en que Relena dejara de respirar no había
vuelto a escuchar esa
frase.
Si los labios de la mujer estaban inmóviles,
¿quien le diría que lo amaba?,
¿quien?; si en toda su vida, en el basto universo
solo una persona lo
hizo..... una mujer, una mujer que ya había
muerto.
Debía aceptarlo, tenia miedo de vivir el mundo
sin ella; no podría.... eso
era lo único imposible de lograr para él.
Y así, dando un último sorbo a la botella
mientras se sumía más y más en
su
sufrir, pronuncio de nuevo aquellas palabras:
" Relena.... me haces tanta falta. "
Y con esto, permitió que las lagrimas fluyeran
nuevamente con verdadera
libertad.
Ahora, además de beber, esto era lo único
que sabia como hacer: llorar.
Porque por fin había aprendido como hacerlo,
lo hizo el día en que Relena
cerró los ojos.... para no abrirlos jamás.
Fin...
==============================================
Por qué?, por qué?, por qué????.
¿Por qué siempre mato a Relena?.
La verdad es que es una idea muy ambiciosa el hacer
sufrir a Heero por esto.
De cualquier forma, según algunos momentos
en el anime... si sufriría por
ella de esta forma y más.
priss_pk@hotmail.com
|