| Hace mucho, mucho
tiempo, había una pequeña princesa, la
cual estaba sufriendo por la muerte de sus amados padres.
Entonces, apareció un príncipe, montado
en un caballo blanco. Era una figura galante con una
dulce sonrisa, que envolviendo la princesa con un aroma
a rosas y secando las lágrimas de sus ojos, le
dijo: Pequeña, vas a tener que soportar
toda esta pena y esta tristeza que llevarás contigo.
Pero nunca pierdas esta nobleza y esta fuerza cuando
crezcas. Y colocando un anillo en su dedo continuó:
Esto es para que recuerdes el día de hoy,
¿Nos volveremos a ver algún día?,
le pregunto la princesa, y él contestó
La sortija te guiará hacía mí,
con ella estarás siempre a mi lado. ¿Ese
anillo que él le dio era un anillo de compromiso
como ella creía? Es posible, pero de todos modos,
la princesa quedó tan impresionada por aquel
príncipe, y lo buscó con tanto vigor,
que decidió transformarse en uno ella misma...
Pero, ¿Fue una buena idea...?
- ¡Qué bonito dibujo hiciste Kaido-kun!
Escuchó de pronto que la voz de su amiga
le decía al frente de él. Rápidamente
alzó la mirada, siendo su cabello en un tono
rosado lo primero que sus ojos miran a través
del cristal transparente de sus anteojos.
- Gracias Utena-chan Le respondió él
con una sonrisa en su rostro.
El chico se encontraba sentado a la sombra de uno
de los árboles del jardín, con su cuaderno
de dibujo en sus manos. En la hoja blanca, se veía
la imagen de varios árboles, un cielo alumbrado
con un sol redondo y brillante, y en medio de todo
un lago de cristal. La chica caminó hasta colocarse
a lado de su compañero, para luego sentarse.
- ¡Ese es un sitio muy lindo Kaido!
Mencionó ella ¿De dónde
lo copiaste?
- De ninguna parte Le contestó
Yo lo invente.
- ¿He?, ¿Tú sólo inventaste
todo ese paisaje?, ¡Qué talentoso eres!
- Gracias, pero yo no lo creo. Sólo dibujo
las cosas como me gustaría que fueran. Siempre
he pensado que un mundo creado por una persona puede
ser más divertido y bello que el mundo real.
- ¿Más divertido y bello?, ¿Y
por eso siempre dibujas Kaido?
- Sí. Sé que algún día
lograré que mi mundo inventado sea mi mundo
real. Este es mi sueño Utena-chan
**********************************
Todo estaba muy callado. La Academia Othori se encontraba
aparentemente sola, ya que no se escuchaban los pasos
o las voces de sus estudiantes en ningún sitio.
El sol se ocultaba a lo lejos, tiñendo el cielo
de rojo. Sobre esté manto rojo, se distingue
la silueta oscura de un edificio, tan silencioso,
y tan oscuro.
- ¿Se han acabado las oportunidades?
Se escucha de pronto que una voz dice desde el centro
de una habitación completamente oscura.
De pronto, una luz se enciende, alumbrando un poco
el sitio. La luz provenía del fondo de lo que
parecía ser una pecera, de vidrios transparentes
y llena hasta la mitad de lo que parecía ser
agua. En el centro de la pecera, se encontraba de
pie una rosa, una rosa de pétalos negros.
Parado a lado de éste objeto, estaba una persona,
de cabello en un tono claro y corto, de piel oscura
y vestido con un traje de color rojo claro. El extraño
tenía su mano en el interior de la pecera,
con sus dedos a lado de aquella rosa, pero sin tocar
el agua debajo de ella. Al frente, dándole
la espalda, estaba un hombre alto, de cabello de color
rosa claro hasta sus hombros, piel blanca y vestido
con un traje de saco azul oscuro y unos pantalones
blancos.
- No, Aún no Responde el hombre de
traje azul Todavía nos queda una espada
que no hemos utilizado.
- ¿Una espada? Preguntó el otro,
sin quitar sus ojos de la Rosa Negra.
- Sólo debemos encontrar a aquel que sea capaz
de usarla. Y entonces la Prometida de la Rosa será
historia
La luz de la pecera se apaga de pronto, dejando en
completa oscuridad a la habitación una vez
más.
Era plena mañana en la Academia, y los alumnos
empezaban a participar en sus tareas diarias como
de costumbre. Alrededor de la cancha de basketball,
parecía haber un gran alboroto, ya que una
gran cantidad de gente estaba alrededor de ésta,
aparentemente viendo algo.
En la cancha jugaban dos equipos. Sin embargo, uno
de los dos se encontraba muy reducido. Una larga y
rosada cabellera se abría paso entre los jugadores,
controlando con gran destreza el balón de juego.
Los chicos intentaban con gran esfuerzo de detenerlo,
pero les era inútil, ya que se las arreglaba
con gran facilidad para moverse y burlar su defensa.
Al llegar al área de tiro, dio un largo salto
en el aire, impulsando el balón hacía
arriba. Éste se depositó delicadamente
en el aro, dándole un punto a su favor.
- ¡Bien hecho señorita Utena!
Se escuchaban que gritaban varias de las chicas entre
la multitud, apoyando.
La persona que acababa de encestar se paró
firme, volteando a ver hacía su público.
Se trataba de una chica alta, de largo cabello rosa,
piel blanca y ojos grandes y azules.
- ¡Vamos chicos! Les gritó la
joven, apuntándolos con su dedo ¿Eso
es lo mejor que el equipo de basketball puede hacer?
- ¡No puede ser! Dijo uno de los chicos
que estaban jugando Está ella sola y
aún así ya esta a una canasta de ganarnos.
- Tranquilos todos Dijo otro, un chico alto
y de complexión fornida. Aún
le falta encestar una última vez, y nosotros
tenemos el balón.
Al mismo tiempo que esto ocurría, una persona,
ignorante aún no lo que ocurría, se
encontraba caminando por el pasillo exterior, mismo
que pasaba a lado de las canchas. Se trataba de un
joven alto, de cabello negro y corto, piel blanca
y un par de anteojos en su rostro. Vestía además
un traje de chaleco y pantalones negros, que era diferente
al uniforme que usaban los hombres de la escuela.
De pronto, cuando pasó por el sitio de las
canchas, notó de inmediato el alboroto que
había.
- ¿Qué pasará ahí?
Se preguntó así mismo.
La chica de cabello rosa estaba de pie en el área
de tiro. Al otro lado de la cancha, los cinco chicos
del equipo la miraban. El de hasta adelante era el
que tenía el balón, botándolo
consecutivamente contra el suelo. Sin previo aviso,
comenzó a correr al frente, sin perder nunca
el balón de juego. La joven se quedó
de pie, esperando a que llegara hasta donde estaba.
De pronto, el jugador le pasó el balón
a otro de su equipo, haciendo que la atención
de su oponente se desviara. El que ahora tenía
el balón se aproximó al área
de tiro, pero fue interceptado. Cuando ella se disponía
a atacarlo, él pasó de nuevo el balón
hacía el que lo tenía el principio.
Para cuando la joven volteó a ver por encima
de su hombro, vio que el chico ya estaba en el área
de tiro.
Con el balón en sus manos, dio un ligero salto
en el aire, lanzando la pelota directo al tablero.
El balón ibas directo a la canasta, y parecía
que encestaría. En este momento, aquel chico
de anteojos se abría paso entre las personas,
llegando hasta el frente de toda la multitud.
- Va a entrar Pensó el
tirador, mientras su cuerpo descendía de regreso
al suelo.
Sin embargo, esa seguridad que tenía de que
su tiro iba a ser efectivo, se vio muy poco fundamentada.
De la nada, vio como una mano se estiraba hacía
arriba, deteniendo el movimiento del balón.
- ¡¿Qué?! Gritó
sorprendido al ver el cuerpo suspendido de la joven
de cabello rosado, y su mano extendida hacía
arriba.
- ¡Utena-chan! Pensó
el joven de lentes al reconocer a la bloqueadora.
Una vez detenido el tiro, jaló el balón
hacía abajo, tomándolo unos segundos
entre sus manos para luego salir corriendo, mientras
bota la pelota. El chico trató de detenerla,
colocándose enfrente de ella. Sin embargo,
fácilmente pudo moverse de tal manera que le
sacó la vuelta por su derecha. Una vez burlado
el primero, siguió corriendo hacía la
otra cancha.
- ¡Vamos!, ¡¿Qué esperan?!
Gritó volteando a ver su equipo
¡Cúbranla!, ¡No la dejen anotar!
Siguiendo esta orden, todos los jugadores se le echaron
encima para poderle cortar el paso. Su intento fue
inútil. Con gran sutileza y agilidad, logró
abrirse camino entre ellos, hasta llegar a su destino.
Estando a pocos metros de la canasta, dio un largo
salto en el aire, impulsando hacía el frente.
Ante los ojos de todos los jugadores y de los espectadores,
clavó el balón directo en la canasta,
casi quedando colgada del aro.
Todos se quedaron callados unos segundos, como influenciados
por la sorpresa. Sin embargo, de pronto, se oyó
por parte de todas las personas un gran grito de entusiasmo
ante tal demostración.
- ¡Rayos! Se decían así
mismo los perdedores de este partido No sé
porque pensamos que lo lograríamos.
La ganadora estaba con su cuerpo agachado, respirando
agitadamente para poder agarrar algo de aire.
- ¡Utena-sama! Escuchó que alguien
le gritaba mientras corría hacía ella.
Al darse la vuelta, ve la figura de una chica de piel
oscura y cabello morado, que le sonríe al mismo
tiempo que le ofrece una toalla de color blanco.
- Gracias Henemiya Le dice la chica mientras
se limpia el sudor con la toalla.
- Fue un gran partido Utena-sama.
- Sí, eso creo.
De pronto, mientras pasaba la tela blanca por todo
su rostro, escucha de pronto una voz que parece resaltar
de todas las que están resonando en ese momento.
- ¡Utena-chan! Escuchó que le
gritaba. Al oírlo, sus ojos se abrieron de
par en par, como señal de sorpresa. Rápidamente,
bajó su toalla, volteando hacía el frente.
Entre todas las personas vestidas de uniformes verdes,
la figura negra de un chico que le agita la mano se
hace reasaltar. Ella lo mira con gran asombro en su
rostro.
- ¡Kaido-kun!...
La Academia Othori se localiza en la ciudad de Othori.
Esta Academia es una de las más prestigiosas
de todas y reúne a varios de los mejores alumnos
del país. Al mismo tiempo es un lugar muy misterioso,
peor sus mayores misterios pocos lo conocen.
- ¡Gracias! Dice una alumna, mientras
ella y sus compañeros se alejan, cada uno con
un cono de helado en la mano.
Utena Tenjou de 14 años, cursa el 2º
Grado de la Secundaria. A diferencia del resto de
las chicas de su escuela, ella viste un traje con
un saco negro de varón, mismo que a veces le
causa problemas con algunos profesores. En su mano
trae un cono de vainilla. A su derecha camina una
joven de piel oscura y cabello púrpura, corto;
en su rostro trae un par de anteojos transparentes.
Anthy Henemiya es su compañera de cuarto, y
además encargada de las rosas del invernadero
de la Academia. Una chica muy callada, pero que a
la vez llama la atención de algunos chicos.
Su cono era la mitad de vainilla u la otra mitad de
chocolate.
Por último estaba una tercera persona. Era
un joven alto, de cabello negro y corto, y vestía
un uniforme completamente negro; también lleva
en sus ojos unos anteojos transparentes, además
de que carga en su mano izquierda un cuaderno de grandes
hojas. Este chico es Kaido, que acaba de llegar a
la ciudad y por lo tanto a la Academia. Sin embargo,
parece ser que no viene como estudiante. Su cono también
es de vainilla.
- ¿Así que ustedes se conocen desde
hace mucho? Preguntó Anthy, con una
habitual sonrisa.
- Hai Respondió Utena, dando algunas
probadas de su cono Kaido-kun y yo somos amigos
desde hace muchos años. Ambos íbamos
juntos en la misma primaria y luego secundaria, hasta
que me mude a este lugar, ¿No es así
Kaido?
- A, sí, así es Respondió
el chico Por cierto, muchos de la escuela te
envían saludos Utena-chan.
- ¿A mí? Preguntó sorprendida
Me parece extraño, no creo que haya
alguien en mi antigua escuela que me extrañe
¡Lo siento!, quise decir además de ti
Kaido.
- Descuida, pero lo creas o no hay mucha gente que
te recuerda haya. Igual creo que hay muchas personas
aquí que te han de admirar mucho, ¿no
es así?
- No lo sé, talvez. La verdad creo que hay
mucha gente loca en este sitio.
Ambos conversaban tan felices y contentos, como viejos
amigos que son. Anthy, por su parte, los miraba con
una gran sonrisa.
- ¡Utena! Escucharon un grito de pronto.
Inmediatamente después, vieron como algo se
abalanzaba contra la joven de cabello rosa, subiéndose
a su espalda. Utena apenas y se pudo sostener para
evitar caer por el empujo.
- ¡Wakaba! Dijo la joven mientras trataba
de enderezarse ¿Qué estas haciendo?
Se trataba de una estudiante, vistiendo el mismo
uniforme de playera blanca y falda verde que usan
todas las mujeres de la Academia. Su cabello era en
un tono anaranjado oscuro, agarrado con una cola.
La joven estaba montada en la espalda de Utena, con
sus manos alrededor de su cuello y sus piernas alrededor
de su cintura.
- Lamento no haber ido a verte jugar Utena
Decía la joven mientras acariciaba su rostro
contra el cabello rosado Pero ya sabes como
son las cosas de una estudiante, ¡Pero supe
que ganaste!
- No importa Wakaba, no te preocupes
En ese momento, la joven de cabello anaranjado vio
de reojo a Kaido, que la mirada con extrañes
en su expresión.
- ¿Y tú quien eres? Preguntó
Wakaba, pero su única respuesta fue un grito
por parte de su amiga.
- ¡Wakaba!, ¡Mira lo que hiciste!
Le dijo Utena en un tono algo triste, al tiempo que
centraba su atención en su helado tirado en
el suelo.
Después de un rato, los cuatro llegaron hasta
un árbol del jardín, el mismo en el
que normalmente Utena y sus amigas se sientan. A estas
alturas, la única que seguía comiendo
su helado era Anthy.
- Y dime Kaido, ¿Para que viniste a Othori?
Preguntó Utena, con algo de curiosidad.
- Bueno, la verdad viene por la escuela Respondió
con una de sus manos detrás de la cabeza
Debo de hacer un proyecto en esta ciudad, y quise
aprovechar para saludarte Utena-chan.
- ¡Tú siempre tan estudioso Kaido-kun!
Le dijo Utena con algo de entusiasmo.
- ¿Enserio conoces a Utena-sama desde hace
mucho? Preguntó Wakaba, algo incrédula.
- Sí, desde los 7 años creo
Le contestó.
- ¡Oh!, ¡¿Y cómo era Utena
de pequeña?! Preguntó Wabaka
con cierta exaltación en su voz.
- ¡Wakaba! Gritó Utena ante esa
pregunta.
- De hecho creo que no ha cambiado nada Contestó
Kaido, lo que provocó que Utena cayera al suelo
por la sorpresa Aún sigue siendo la
misma chica que conocí hace mucho.
- ¿Qué?, ¿Acaso quieres decir
que no he madurado nada? Le preguntó
mientras se levantaba.
- No, no me refiero a eso. Digo que sigues teniendo
esa misma actitud rebelde y algo rudo.
- ¡¿Ruda?!
- Y
también sigues manteniendo esa fuerza
y coraje
Las palabras de Kaido eran algo serias, lo que llamó
mucho la atención de Utena y Wakaba. Anthy,
al mismo tiempo, parecía mantenerse algo apartada
de la conversación, mientras seguía
consumiendo poco a poco su bocadillo. De pronto, Anthy
centra su atención en el cuaderno de Kaido,
que había dejado en el suelo a su lado.
- ¿Eso es un cuaderno de dibujo? Preguntó
la joven mientras lo tomaba.
- ¿He?, Sí
pero
- Kaido
trató de decir algo, pero parecía algo
nervioso.
- ¡¿Trajiste tus dibujos Kaido-kun?!
Le preguntó Utena, mientras se acercaba
a Anthy para poder ver de cerca el cuaderno
¿Tienes nuevos dibujos hechos?
- Sí, pero
- Sin dejarlo decir nada,
las tres chicas comenzaron a chequear los dibujos.
El primero de ellos era un hermoso paisaje, muy bien
detallado, con árboles, montañas, un
sol, nubes y un lago.
- ¡Ese paisaje es hermoso! Mencionó
Wakaba al verlo.
Después le dieron vuelta a la hoja. A la siguiente,
se encontraba el dibujo de una mujer, de cabello largo
hasta su cintura, vistiendo un traje al estilo de
una armadura o algo parecido. En la otra hoja había
un dibujo de la misma mujer, pero esta vez a color
y con diferente posición.
- Tu estilo de dibujo ha mejorado mucho con el tiempo
Kaido-kun Le mencionó Utena, mientras
seguía viendo.
- ¡Estos dibujos están muy bien hechos!
Agregó Wakaba ¿Tú
los hiciste sólo o los copiaste de alguna parte?
- No, yo los hice solo Le contestó.
- Por supuesto, Kaido dibuja su mundo. Mencionó
Utena, lo que no comprendieron muy bien las otras
dos.
- ¿Su mundo? Preguntó Anthy.
- ¿No es así Kaido-kun?
- Bueno, sí, algo así. Me gusta dibujar
un mundo creado por mí.
- ¿Un mundo creado por ti? Preguntó
Wakaba Pues no lo sé, yo nunca aprendí
a dibujar cuando era niña, así que supongo
que no lo entiendo.
- Eso no tiene nada que ver Le dijo Kaido
Cada uno en el fondo creamos nuestros propios
mundos. En estos mundos acostumbramos escondernos
a veces del mundo real, y aquí podemos ser
quien queramos. Pero a veces pueden ser algo solitarios,
ya que normalmente la gente no visita tu mundo, y
por eso estás solo todo el tiempo.
Las tres chicas se quedaron algo serias ante estas
palabras. Sobre todo Utena, ya que no acostumbraba
oír a su amigo hablar de esa manera. De pronto,
Utena cambió su expresión.
- Pero Kaido-kun, tú no estás solo
Dijo la joven de cabello rosa, sorprendido
a su amigo ¿Acaso olvidas que yo ya
he visitado tu mundo?
Ambos se miraron fijamente el uno al otro. Kaido
pareció perderse en el azul de los profundos
ojos de su amiga. Después de unos segundos,
Kaido volvió a sonreír.
- Sí, es verdad
En lo más alto de la Torre de la Rectoría,
se encuentra un largo balcón. Este balcón
ha sido durante mucho tiempo el punto reunión
del Consejo Estudiantil, aquel que se supone controla
lo que ocurre en la Academia. En el centro del balcón,
hay una pequeña mesa, con tres sillas en ella.
En éstas, se encuentran sentados tres alumnos.
Una de ellos es una joven de cabello anaranjado, rizado
y corto, con un saco de color blanco y pantalones
anaranjados. Otro es un joven de cabello azul y corto,
que también vestía un saco blanco, pero
con pantalones azules. La última, era un joven
de cabello rubio y largo, con un traje de color amarillo
fuerte y unas botas negras.
En el centro de la mesa, en medio de todos, se encuentra
un florero con rosas, unas rosas que extrañamente
son de color gris claro.
- ¿Ni una carta aún? Preguntó
el chico.
- Ni una Responde la joven de cabello anaranjado
Parece que el Fin del Mundo esta concentrado
en otras cosas que no somos nosotros.
Mientras ellos dos hablaban, la chica del traje amarillo
se encontraba escribiendo algo en un cuaderno frente
a ella, aparentemente no ponía mucha atención.
El chico peliazul extendió su mano izquierda,
en la que traía un cronometro, aplastando rápidamente
el botón de éste.
- ¿Tendrá algo que ver con los Duelistas
que están retando a Utena-san últimamente?
Preguntó con algo de duda.
- Si fuera así el Fin del Mundo nos estaría
utilizando como armas Agregó la pelirroja
Ya que han usado nuestros corazones como espadas.
- ¿Crees que sea porque perdimos nuestros
duelos?
- Es probable En este momento, voltea a ver
a la joven rubio, y nota lo que esta haciendo.
Nanami, ¿Qué estas haciendo?
- ¿He? Fue la respuesta de la joven
Tengo que hacer un reporte de historia para
mañana.
- ¿No tienes a alguien que hace esas cosas
por ti? Le preguntó el chico de azul.
- Tsuwabuki esta de incursión, y me dejó
aquí con todo mi trabajo.
- No te sientas tan mal Nanami Le mencionó
la otra Al menos por una vez podrás
ver como es el mundo.
- ¿El mundo
?
Ya estaba anocheciendo en Othori. Reunidos en el
comedor del dormitorio, se encontraban Utena y Kaido,
sentado uno delante del otro. Ambos parecían
estar esperando a que se sirviera la cena. Kaido hacía
pasar el tiempo, dibujando en su cuaderno con un lapicero
de color verde.
- ¿Cuanto tiempo te quedarás?
Le preguntó Utena.
- Un par de días más creo Le
contestó sin quitar los ojos de su cuaderno
Tres como máximo. Debo de estar en la
escuela la próxima semana para los exámenes.
- Por lo menos podremos pasar estos días como
antes Mencionó contenta ¿Porqué
no te quedas aquí con nosotras?
- ¿Cómo? Preguntó sorprendido,
alzando la mirada.
- Este dormitorio esta totalmente vacío
Agregó Debe de haber alguna habitación
para que te quedes.
- ¿Olvidas que yo no estudio aquí?,
si alguien descubre que me dejas dormir aquí
sin ser estudiante te expulsarían.
- No seas tan negativo Kaido-kun Le contestó
Tú eres mi mejor amigo y eso esta por
encima de cualquier regla de esta Academia.
- No insistas Utena, ¿olvidas que yo ya no
soy parte de tu mundo? Mientras decía
esto, Kaido volvía su vista de nuevo al cuaderno.
Utena una vez más se sorprendió por
el tono de su amigo Ahora tu mundo esta aquí
en esta Academia, y yo nunca desearía que lo
dejaras. Después de todo, aquí es donde
te encuentras buscando a tu príncipe.
- ¡Kaido-kun
!
- Por cierto, ¿Cómo va eso?
- ¿Cómo va
qué?
- Lo de tu Príncipe, ¿Ya lo encontraste?
- Bueno
Ante la pregunta de su amigo, Utena dio un vistazo
al sello de su sortija. El sello de la rosa siempre
parecía brillar en cuanto cualquier luz lo
tocaba. Kaido alzó la mirada, también
viendo la sortija en el dedo de Utena.
- Aún no estoy segura Le contestó
En este sitio me han pasado muchas cosas extrañas
en realidad. Tú no me creíste al principio
lo del mi Príncipe pero
si te dijera
lo que he visto en esta Academia, lo más seguro
es que me tomarías por loca
o talvez
por una mentirosa.
- ¿Tú mentirosa?, de ninguna manera
Utena-chan.
- ¿He?
- Si alguien es digna de confianza y de credibilidad,
esa eres tú Utena. Tú eres la persona
más pura y buena que conozco, y de ninguna
manera creo que mentirías en algo. Recuerda
que en este momento tú y yo compartimos el
mismo coraje y nobleza
que el de tu príncipe.
Cuando volvió a mencionar al Príncipe
de Utena, el tono de Kaido se volvió más
duro. Sin decir nada más, regresó su
mirada hacía su dibujo.
- Cuando tengas la suficiente confianza, desearía
que me contarás ese otro secreto que tienes
tú sabes que te apoyaré en lo que sea.
- Kaido
- Aquí esta la cena Utena-sama Escuchó
de pronto que su compañera de cuarto anunciaba
mientras entraba al comedor con una bandeja con platos
en ella. Sobre su hombro, traía a su leal Chu-Chu.
- Muchas gracias Mencionó Kaido mientras
la servían. Qué animal más
interesante.
Al oír esto, Anthy dirige su atención
a su mascota, que esta sobre su hombro devorando una
pequeña galleta.
A la mañana siguiente, Kaido estaba de nuevo
en la Academia, pero en esta ocasión no había
ido para ver a Utena. Mientras el resto de las personas
se encontraban en clases, él caminaba por los
jardines de la Academia hacía su destino. A
su lado, traía varios papeles, fólderes
y demás. Entre las cosas, también se
encontraba su cuaderno de dibujo.
Kaido caminaba tranquilamente sin prisa, con su mirada
algo baja. Aunque no lo reflejara en su rostro, se
encontraba pensando detenidamente en muchas cosas.
Recordaba a Utena, cuando eran niños, cuando
iban a la escuela. Recordaba esa última en
que la había visto.
**********************************
- Gracias Kaido. Ahora, tú tienes la
misma fuerza que yo obtuve de mi Príncipe,
ya que tú eres el amigo que más quiero.
Ahora tengo que ir a buscarlo, yo sola
**********************************
- Utena Pensó Kaido mientras
seguía caminando.
De pronto, por andar pensando en otras cosas, Kaido
tropieza con una persona en su camino, provocando
que cayera al piso. Las cosas que traía consigo
se cayeron junto con él, así como también
algunos papeles que traía la otra persona.
- ¡Lo siento! Dijo de inmediato tratando
de disculparse Fue mi culpa.
- No te preocupes Le respondió al alzar
la mirada. Kaido se le quedó viendo algo extrañado.
Era un hombre, algo joven, de cabello claro en un
tono algo rosado hasta sus hombros, de ojos azules
y piel blanca. Vestía un traje azul de mangas
largas y unos pantalones blancos. El sujeto pareció
notar algo de sorpresa en la mirada del chico.
- ¿Te sucede algo? Le preguntó,
haciendo que Kaido reaccionara.
- No, no es nada
- Le contestó algo
nervioso Es sólo que
creo que
me recordó a alguien en quien estaba pensado.
- Si estabas pensando en esa persona talvez no fui
yo, ¿no lo crees?
- Puede ser
Ambos comenzaron a juntar sus respectivas cosas.
Kaido seguía algo extrañado por la persona
con la que acababa de chocar. De pronto, nota algo
extraño en su mano derecha: una sortija idéntica
a la que usaba Utena.
- ¡Esa sortija! Dijo de repente sin
poder evitar decirlo en voz alta. El extraño
volteó su mirada hacía su mano.
- ¿Esta? Preguntó Es
el sello de la escuela, el sello de la rosa, ¿Te
gusta? Al tiempo que hacía esta pregunta,
alzó su mano para que viera la sortija mejor.
Kaido se quedó callado, como tratando de analizar
lo que ocurría. Mientras Kaido callaba, el
hombre recogió sus papeles y se puso de pie.
- Yo soy Souji Mikage, imparto el seminario del Nemuro
Memorial.
- ¿Seminario?
- Si tienes algún problema de cualquier tipo
puedes ir haya y hablar al respecto.
- Bueno, gracias por la invitación, pero no
creo tener ningún problema. Además,
no soy alumno de esta Academia.
- Bueno
- Mikage comenzó a caminar,
pasando a la izquierda de Kaido Podría
hacer una excepción por ti.
Sin decir más, siguió caminando, dejando
algo extrañado a Kaido, que miraba desde su
posición como se alejaba.
Después del encuentro en el Jardín,
Kaido se encontraba en el interior de un ascensor,
que subía lentamente entre los pisos. Parecía
seguir algo pensativo sobre algunas cosas. Después
de unos segundos, el pequeño sonido de campana
del ascensor indicó que había llegado.
Las puertas del ascensor se abrieron, indicándole
que podía pasar.
Kaido dio un paso afuera. El cuarto era de enorme
tamaño, con un suelo de color rojo. En el centro,
había un gran aparato de color oscuro que se
elevaba hasta lo alto. En las paredes había
varios arcos que daban al exterior, por donde entraba
la luz del sol.
- ¡Hola! Comenzó a gritar esperando
que le respondieran. ¿Hay alguien aquí?,
estoy buscando al Director Kaido volteó
hacía todos lado con gran asombro. ¡Qué
lugar tan grande! Se dijo así mismo
y luego volteó a ver al aparato enorme
¿Qué es eso?, ¿Es un telescopio?...
parece más una especie de proyector.
Tímidamente se acercó a él,
colocando su mano sobre el frío metal. El objeto
era enorme, alargado y con dos estructuras que parecían
esferas. Es cada esfera había unos objetos
de cristal como luces.
- ¿Se te ofrece algo? Escuchó
de pronto que una voz le decía detrás
de él. Rápidamente se dio una media
vuelta para atrás.
Parados frente a él, se encontraban dos personas,
un hombre y una mujer. El hombre era alto, de piel
oscura y cabello claro y largo, agarrado con una cola
de caballo. Vestía un traje compuesto de una
camisa roja de mangas largas y unos pantalones negros.
Ella era una mujer de cabello rubio y largo, de ojos
grandes y verdes. Traía puesto un vestido largo
de color anaranjado.
- Sí, siento haber entrado así
Contestó algo perturbado Vengo de parte
del profesor Ishiyaki
- A sí Dijo el hombre con una sonrisa
Me dijeron que vendrías.
- Bueno, creo que yo me retiro para que cumplas con
tus obligaciones Le dijo la mujer acercándose
a él para darle un beso en la mejilla
Te veo en la noche.
- Cuídate, ¿quieres?
- Como siempre
En una parte de la habitación, se encontraban
dos sillones de color blanco, colocados sobre una
alfombra del mismo color. Entre ellos, había
una mesa de centro. Kaido y el hombre de piel oscura
se encontraban sentados en los sillones, mientras
sobre la mesa se encontraban los papeles que Kaido
traía consigo.
- Yo soy Othori Akio Dijo el hombre sonriendo.
- Mucho gusto
mi nombre es Kaido Akio
notó algo de nerviosismo en las palabras de
Kaido.
- ¿Qué te sucede?, ¿Mi presencia
te incomoda?
- No, para nada. Es sólo que nunca pensé
que el director de una Academia como esta sería
una persona tan joven.
- Soy más viejo de lo que aparento
Le contestó Aunque el verdadero director
es el padre de Kanae, mi prometida.
- ¿Prometida?... bien por usted señor,
es una chica muy linda.
- Gracias. Pero de seguro alguien como tú
ha de tener a una chica igual de linda a tu lado,
¿o no?
- ¿Yo?... ¿Una chica igual de linda
a mi lado
?
**********************************
- Pero Kaido-kun, tú no estás solo
Dijo la joven de cabello rosa, sorprendido
a su amigo ¿Acaso olvidas que yo ya
he visitado tu mundo?
**********************************
Kaido guardó silencio por unos momentos, poniendo
una expresión de tristeza o más bien
de nostalgia.
- ¿Te ocurre algo? Le preguntó
Akio.
- No, no se preocupe
- No digas eso. Yo conozco esa mirada; esa mirada
sólo puede ser causada por una chica, ¿no
es así?
- Sí
así es
- Lo sabía. La verdad sigo envidiando a los
jóvenes que se pueden dar el lujo de sufrir
por problemas del corazón. En el mundo de los
adultos ya no se tiene esa ventaja. Con todas las
ocupaciones y demás, uno se puede dar tiempo
de sentir nostalgia o tristeza. Dime Kaido, esa chica
esta en esta escuela, ¿verdad?
- ¿Qué?... Kaido se sorprendió
al oír esto sí, pero
¿cómo
lo supo?
Él no contestó. Simplemente se quedó
callado, observándolo. Kaido sentía
algo extraño al verlo. De pronto, su expresión
de sorpresa cambio a una más dura.
- ¡Este hombre! Pensó
¡A este hombre
ya lo había
visto antes
!
En la mente de Kaido apareció de golpe una
escena del pasado. Frente a él, se encontraba
un hombre, cubierto por completo por una luz brillante
y blanca. En la luz, logró distinguir con claridad
su silueta
Kaido se le quedó viendo fijamente
a Akio, quién a su tiempo lo miraba con una
sonrisa en su rostro. Ambos no dijeron nada por unos
segundos, hasta que algo rompió el silencio.
- ¡Hola! Escucharon que una voz familiar
gritaba. Los dos desviaron su mirada en dirección
al ascensor. Desde atrás del enorme telescopio,
apareció la figura de una persona, de largo
cabello rosa y traje negro.
- ¡Utena! Dijo Kaido al verla. La chica
se le quedó viendo sorprendida.
- ¡¿Kaido?!, ¿Qué haces
aquí? Preguntó sin entenderlo.
- ¿Se conocen? Preguntó Akio.
- Sí, somos viejos amigos de mi antigua ciudad.
- ¿Enserio?, Qué sorpresa, ¿no?
Por unos instantes más, los dos se miraron
fijamente. Kaido lo observaba con dureza, mientras
Akio tenía su rostro cubierto por despreocupación.
Después de esa corta visita, Utena y Kaido
se retiraron. Ahora vemos a ambos parados en invernadero
de rosas, donde se encuentran ayudando a Anthy en
el cuidado de sus rosas. Cada uno traía una
regadera, con la que delicadamente le echan el agua
a las rosas.
- El director es un hombre un raro Mencionó
Kaido, sin dejar su tarea.
- ¿Te parece? Preguntó Utena
A mí me parece un buen hombre.
- No lo sé, hay algo raro en su modo de hablar.
Sentí como si tratara de burlarse de mí
en cada palabra. Además, creo que ya lo había
visto con anterioridad.
- No lo creo Le mencionó Anthy sin
voltear a verlo Akio siempre ha vivido aquí
en Othori, y casi nunca se separa de la Academia.
Puede que parezca una persona misteriosa pero
siempre ha sido más abierto que yo
- ¿Cómo sabes todas esas cosas?
Preguntó Kaido sin entender bien. Utena se
le acercó lentamente a su oído.
- El director es el hermano mayor de Anthy
Le contestó en voz baja.
- ¿Su hermano? Preguntó algo
extrañado el joven Sí,
veo que tienen cierto parecido. Pero, aún así,
¿Podría ser él?
- ¡Oh no! Escuchó de pronto que
Utena exclamaba a su lado.
Kaido se olvidó por unos instantes de sus
pensamientos, volteando a ver a su amiga. Utena se
encontraba viendo fijamente hacía el frente
con algo de terror en sus ojos. Kaido desvió
lentamente la mirada hacía la dirección
en la que su amiga miraba. Entre todas las rosas del
invernadero, había un en especial, una rosa
blanca
con sus pétalos marchitos. Utena
acercó su mano a la rosa, tocándola
delicadamente.
- Parece que no pudo sobrevivir al cambio de clima
Comentó sin perderla de vista.
Kaido se paró a su lado, mientras se retiraba
lo lentes con la mano derecha. Ambos contemplaron
unos instantes la rosa marchita, casi con tristeza.
De pronto, un recuerdo llega a la mente de Kaido,
acompañado de una sonrisa en su rostro.
- ¿Recuerdas nuestro mundo Utena-chan?
Le preguntó sin dejar de ver la rosa. Utena
se lo volteó a ver con algo de sorpresa
En él las cosas eran como nosotros queríamos.
Ahí no necesitábamos de nuestros padres
ni de nadie más, ya que estábamos los
dos. En nuestro Mundo, ninguna rosa, árbol
o animal sufría; ¿Lo recuerdas Utena-chan?
Kaido volteó a verlo, casi alumbrándola
con su sonrisa. Ambos se vieron el uno al otro, quedándose
en silencio por unos segundos. Mientras tanto, desde
atrás, Anthy los miraba. Una sonrisa igual
a la de Kaido se dibujó de pronto en la expresión
de la joven de cabello rosa.
- Sí, lo recuerdo Kaido-kun Le contestó
Pero, ya no estamos en tu mundo, ¿recuerdas?
El joven cambió su expresión feliz
a una de sorpresa. Utena pareció no notar este
cambio, ya que luego de decir esto último tomó
su regadera y caminó hacía Anthy. Kaido
se quedó muy serio, bajando su mirada. Sus
ojos se clavaron sobre la rosa marchita por unos segundos.
Luego, volteó a ver por encima de su hombro
derecho, viendo como Utena conversaba con su compañera.
De pronto, su expresión cambió a una
más seria. Sin decir ninguna explicación,
se giró hacía la salida y comenzó
a caminar hacía ella. Utena notó esto
y se quedó extrañada.
- ¿Kaido? Preguntó sorprendida
¿A dónde vas?
- Tengo algo que hacer Le contestó
sin voltear a verla, mientras salía del invernadero.
Utena se le quedó viendo fijamente sin comprender
que le pasaba.
En un cuarto oscuro, una mano arrancaba con cuidad
una Rosa Negra de su sitio.
Una vez más estaba atardeciendo en Othori.
El cielo se tornaba rojo, al mismo tiempo que la puerta
principal del Edificio Nemuro se cerraba detrás
de alguien. La recepción del sitio estaba totalmente
sola, incluyendo la silla de espera que siempre esta
a lado del mostrador. Por un largo pasillo del edificio,
se encontraban alineadas varias sillas, paralelas
a las paredes del pasillo. Sobre las sillas había
un letrero blanco con una mano dibujada que apuntaba
hacía el frente. En el cartel estaba escrito
Sala de Entrevistas.
Todos los carteles apuntaban a la misma dirección,
hacía una puerta sal final del largo corredor.
La puerta que se encontraba protegiendo un cuarto
totalmente oscuro, se cerró totalmente sola,
teniendo en la perilla un aviso que decía En
Uso.
- Como ya dije no estudio en esta escuela
Se escucho de pronto que alguien dijo, antes de la
luz se prendiera.
El cuarto era pequeño; pareciera que no podría
caber más de una persona en él. En una
de las cuatro paredes, había lo que parecía
ser un pequeño espejo, o más bien ventana.
En otra de las paredes, había un cuadro colgado,
con una mariposa en él. Además de todo,
sentado en el pequeño taburete del centro,
se encontraba Kaido, con la mirada baja y sus anteojos
en la mano derecha.
- Pero decidí aceptar la invitación
Agregó por último. Me
llamo Kaido Takamura, y estudio el segundo de secundaria.
- Muy bien Se escuchó de
pronto que una voz decía Empieza
por favor.
En ese momento, se escuchó un extraño
ruido, y se sintió que la habitación
se movía. Se sintió como si bajara,
como si fuera
un elevador.
- Vine a Othori para llevar acabo un proyecto con
mi maestro Comenzó a contar Sin
embargo, la verdadera razón por la que acepte
venir para acá, fue para verla a ella
Cuando éramos niños, ella y yo siempre
nos parecimos. Ambos compartíamos la afición
por ese mundo inventado por nosotros, ese mundo donde
tus sueños eran realidad, y donde no tenías
que preocuparte por cosas de adultos o complicadas.
Ella era la única además de mí
que visitaba ese mundo. Pero, ahora
Se sintió como el elevador se detuvo de golpe,
pero Kaido ni siquiera le puso importancia. De pronto,
como por arte de magia, el cuadro de la pared había
cambiado de ser una mariposa, a ser un capullo desarrollado.
- Profundo, más profundo
Le dijo la voz.
- Ahora ella tiene su propio mundo
- El elevador
comenzó a moverse de nuevo, siempre hacía
abajo Siempre había estado buscando
la fuente de ese coraje, de esa nobleza y de esa fuerza
que recibió hace mucho tiempo. Ella va en busca
de su Príncipe. Ella podía
visitar mi mundo, pero sin que yo lo supiera ella
poseía el suyo propio, uno que yo no podía
visitar o incluso comprender
El elevador seguía bajando, y el cuadro una
vez más cambió a ser un capullo, pero
esta vez menos desarrollado que el anterior. De pronto,
Kaido comenzó a apretar con fuerza sus lentes,
y en su rostro se vio algo de desesperación,
así como en su voz.
- Si yo tuviera la misma fuerza y nobleza que ella
recibió de su afamado príncipe, talvez
podría entrar a su mundo. Talvez podría
ver cual es el secreto de ese mundo, y porque
y porque
- Kaido apretó más duro
sus anteojos, hasta casi romperlos Y porque
el suyo puede existir, y el mío no
y
porque yo no puedo ser su príncipe
El cuadro cambió de ser un capullo, a ser
una pequeña y verde oruga. El elevador seguía
bajando.
- Lo que yo más quiero
lo que yo más
quiero
¡Lo que yo más quiero es
tener ese poder!, ¡Ese poder para lograr ser
su príncipe!, ¡¡Y poder convertir
mi mundo en uno verdadero!!
Los lentes de Kaido se rompieron por el apretón
de Kaido, haciendo que los cristales de éste
cayeran al suelo de la habitación. El cuadro
de la pared cambió por último a una
hoja verde. El elevador se precipitó hasta
llegar a su destino. Las luces del cuarto se apagaron,
y todo quedó el absoluto silencio
Segundos después, una luz azul se encendió.
Los fragmentos de los lentes yacían en el suelo,
y la mano derecha de Kaido sangraba. El joven estaba
sentado, con sus manos sobre las rodillas y su mirada
baja. De pronto, cuando la luz azul se prendió,
la figura e Mikage se encontraba a sus espaldas.
- Ya veo Dijo Tu nunca alternativa
es revolucionar al mundo. Kaido volteó
a ver por encima de su hombro. Ambos se vieron con
una expresión fría. El camino
que debes de tomar ya ha sido preparado
Una puerta detrás de ellos se abrió,
revelando una habitación de techo alto y oscuro,
con varios cuadros en las paredes, cuadros con la
imagen de una rosa negra
Utena y Anthy caminaban por unos de los pasillos
de la escuela, justo a lado de los casilleros. En
la otra pared, se veían varían arcos
con vidrieras en tonos naranjas que dibujaban las
figuras de varias rosas. La luz del sol al atardecer
pasando por ellos alumbraba por el pasillo en un tono
anaranjado.
- ¿Qué le habrá pasado a Kaido?
Preguntó Utena algo preocupada
Parecía disgustado por algo.
- ¿Fue por algo que dije Utena-sama?
Le preguntó su acompañante.
- No, no es por ti Henemiya. Creo que esta enojado
por
Antes de que pudiera terminar de decir lo que quería,
algo delante de ella hizo que guardara silencio. Por
el resplandor anaranjado del pasillo, logró
distinguir la silueta oscura del uniforme de su amigo.
- ¡Kaido! Dijo al verlo. El chico estaba
de pie frente a ella, parado con firmeza y con la
mirada baja. ¿Te sucede algo?
El chico no le respondió. De pronto, comenzó
a caminar hacía a ella, hasta que ambos estuvieron
a una corta distancia el uno del otro. Utena notaba
algo extraño en su amigo, pero no sabía
que era.
- Utena
- Comenzó a decir con un tono
extraño en su voz ¿No quieres
venir conmigo a mi mundo?
Kaido alzó la mirada, mostrando una mirada
perdida en sus ojos. Utena sintió algo de miedo
al ver esto, comos si algo le presionara el pecho.
De pronto, en un movimiento rápido, Kaido extendió
sus dos manos hacía el frente, tomándola
por su traje y jalándola hacía él.
El rostro de ambos quedó cerca el uno del otro
por unos escasos centímetros.
Todo fue tan rápido que Utena ni pudo ni reaccionar.
Se quedó unos momentos en shock, como no comprendiendo
esa actitud. En ese momento, notó algo en la
expresión de su amigo. Había cierta
malicia en su mirada, algo que nunca había
visto en él. Sin pensarlo dos veces, se quitó
de encima las manos de Kaido, moviéndose hacía
atrás.
- ¡¿Qué demonios es lo que te
pasa Kaido-kun?! Le preguntó, algo enojada.
- ¿Qué te sucede Utena? Le preguntó
con cierta burla en su voz. De pronto, alzó
su mano izquierda hacía el frente. El rostro
de su amiga se llenó de terror al ver lo que
había en ella: una sortija negra con el sello
de la rosa negra ¿Acaso has olvidado
que siempre hemos ido juntos a ese lugar
?
- ¡Kaido
! Logró decir entre
su sorpresa.
De pronto, Utena comenzó a sentir un profundo
dolor en su pecho. Rápidamente aferró
sus dos manos su cuerpo, mientras trataba de resistirse
las ganas de gritar. El dolor llegó a ser tanto,
que no pudo resistir. Jaló el cuerpo hacía
atrás, mientras emitía un agudo grito.
De su pecho, comenzó a surgir la empuñadura
de una espada, seguida después por su larga
hoja de metal.
- ¡Utena-sama! Gritó aterrorizada
Anthy al ver esto.
Kaido colocó su mano derecha en la empuñadura
de la arma, retirándola de un jalón.
El cuerpo de su amiga se desplomó sin remedio
en el suelo. Anthy corrió hacía ella,
colocándose a su lado al tiempo que intentaba
despertarla. De pronto, la joven de piel oscura sintió
el filo de la espada a lado de su mejilla.
- Esta espada es la Fortaleza que Utena-chan tiene
en su corazón Dijo Kaido con sarcasmo
Sin ella, no hay manera que se presente hoy
en la Arena de Duelos. Por lo tanto, yo seré
el único ganador.
Anthy volteó a verlo con una expresión
de miedo, mientras él la apuntaba con la punta
de su arma. De pronto, nota como una mano protectora
surge desde abajo, haciendo a un lado la hoja de la
espada.
- ¡¿Qué?! Dice Kaido al
ver esto. De pronto, al girar su mirada hacía
Utena, ve que la autora de esto es ella.
- No apuntes a nadie con eso Kaido Le dijo,
mientras trataba de ponerse de pie, pero sólo
logró permanecer en rodillas.
- ¡Utena!, ¡¿Cómo es posible
que te puedas levantar?!
- ¡Kaido! Le gritó, pero se le
notaba cierto agotamiento encima ¡¿Qué
estas haciendo?!
- ¿Qué estoy haciendo?, si lo quieres
saber, te lo diré: Estoy haciendo realidad
mi sueño.
- ¿Tu
sueño?
- Así es Kaido alzó su espada,
colocándola frente a su rostro A la
comprometida: Te estaré esperando en la Arena
de Duelos después de clases, con la Prometida
de la Rosa
- ¡Kaido
!
Ambos se miraron en silencio fijamente, mientras
sus dos figuras eran enmarcadas en la vidriera a lado
de ellos
Lentamente comenzó a subir las blancas escaleras,
colocando con decisión su mano sobre la perilla.
Una pequeña gota de agua pareció surgir
del frente de ella, hasta tocar con delicadeza el
sello de su sortija. Unas oleadas de agua comenzaron
a caer detrás de ella, hasta casi cubrir todo
su alrededor. La construcción de la puerta
comenzó a alzarse como por arte de magia, hasta
que el marfil formó sobre le umbral la figura
de una rosa. Las rejas de la puerta se abrieron hacía
los lados, dejándole el camino libre hacía
el bosque.
Sin miedo alguno, comenzó a adentrarse al
interior. Rodeada por todos los árboles y por
algunas rosas, se encontraba la inmensa escalera de
caracol, que parece perderse en las alturas. Se pudo
ver con claridad como subía ella sola las escaleras,
un escalón después del otro. Sus ojos
azules se encontraban fijos en su destino.
En lo más alto, su princesa vestida de rojo
la esperaba. La joven alzó su mano izquierda
hacía arriba, para luego bajarla lentamente
hacía un lado. Después, de un rápido
tirón, la movió hacía el frente.
Luego, colocó sus dos manos juntas en su pecho,
para luego alzarlas por encima de su cabeza y bajarlas
con fuerza hacía abajo. El traje del duelista
cambiaba por cada movimiento que la princesa hacía.
Poco a poco parecía tomar la forma de lo que
buscaba ser: un Príncipe.
Desde la posición en la que iba, ya se podía
ver la gran estructura brillante, flotando en el infinito
cielo. Un castillo invertido, cuya torre principal
apuntaba hacía la construcción debajo
de él. La imponente Arena de Duelos situada
al final de la escalara, aguardaba con ansías
sus llegada. Su silueta se hizo visible de pronto
por uno de los umbrales, parándose con decisión.
Al mismo tiempo, el castillo sobre ella parecía
comenzar a girar, mientras su luz era lo único
que la alumbraba.
La arena estaba completamente invadida por la presencia
de varios pupitres de madera, y de figuras rojas de
cuerpos humanos plasmados en el suelo. Lo primero
que vio Utena al subir, fue lo que había encima
de los pupitres: había varias pequeñas
estructuras de madera, y colocados sobre este, se
encontraban varios cuadernos de hojas blancas, y en
cada uno se encontraba el mismo dibujo: un paisaje
con árboles, un sol, nubes y un lago. Y justo
en el centro de todos estos pupitres, estaba la figura
de una persona.
Esta persona le estaba dando la espalda. Su cabello
era oscuro y cortó. Traía puerto un
traje con un chaleco de color negro, unos pantalones
de color blanco y unas botas altas y negras.
- Por esta Rosa Negra
- Se escuchó que
comenzó a decir mientras se daba la media vuelta
Juro que ganaré este duelo y mataré
a la Prometida de la Rosa.
Kaido mostró su rostro hacía su contrincante,
viéndola con una mirada y una sonrisa llena
de desprecio y maldad. Utena nunca había visto
a su mejor amigo actuar de esta manera. Kaido extendió
su espada, apuntándola con la punta de su hoja.
En este momento pudo notar que Utena se encontraba
respirando de una manera agitada, y en su rostro se
mostraba mucho cansancio.
- ¿Qué sucede Utena? Le preguntó
con algo de burla en su voz El duelo todavía
no ha dado inicio y ya estas cansada. Dime, ¿Acaso
se debe al hecho de que han perdido esa Fuerza
interior que tenías?
- Kaido
- Logró decirlo entre respiros
No tienes que hacer esto
- Te equivocas Le respondió
Esto es exactamente lo que tengo que hacer. Es el
único camino que tengo para conseguir el poder...
el poder para hacer realidad mi mundo
¡Así
que saca tu espada ahora!
- No Kaido... ¡Me niego a pelear contigo!
- Como quieras... pelees o no, ¡Me quedaré
con la Prometida de la Rosa!
Sin previo aviso, Kaido se lanzó al frente,
alzando su espada al frente. Utena se sentía
débil, pero aún así trató
de esquivar el ataque. El filo de la espada logró
rozarle el brazo izquierdo, haciéndole una
pequeña herida.
- ¡Utena-sama! Gritó Anthy al
ver esto.
Utena rodó por el suelo, internándose
en el área de los pupitres. Logró ponerse
lentamente de pie, y voltear a verlo. Kaido la observaba
con malicia en su mirada.
- Si no peleo
Pensaba Utena
mientras se sostenía la herida. En ese momento,
Kaido se le lanzó, y ambos comenzaron a moverse
por entre los pupitres. Si no peleo,
se llevará a Anthy
y no podré
salvar a Kaido de esa rosa negra
- ¡Vamos! Le gritaba Kaido, mientras
Utena trataba de esquivarlo ¡¿Porqué
no me muestras la fortaleza que te dio tu querido
príncipe?!
Kaido lanzó su espada al frente con la intención
de dañarla. Utena, por su parte, logró
dar con algunas de sus fuerzas un salto hacía
atrás, quedando frente a Anthy. La duelista
alzó su mirada la frente, reflejando una gran
seguridad
- ¡Anthy! Gritó de pronto, y
con esa simple palabra la Prometido de la Rosa comprendió
la orden.
- Rosa del noble castillo
- Comenzó
a decir, juntando sus dos manos al frente. De pronto,
una esfera de luz blanca se formó frente a
su pecho Poder de Dios que descansa en
mí, escucha mi llamado y muéstrate ante
tu maestro
Anthy se inclinó hacía atrás,
estando en lo brazos de su dueña. De pronto,
de entre todo el brillo que la cubría, se pudo
ver como de su pecho surgía la empuñadura
de una espada. Utena colocó su mano izquierda
en esta arma, retirándola lentamente de aquella
que la protegía.
- ¡Dame el poder para Revolucionar al Mundo!
Utena alzó el arma hacía arriba,
y un brillo cubrió el filo de la hoja, bajando
hasta tocar el sello de su sortija.
- Por fin te decidiste a sacar tu espada Dijo
Kaido en voz baja, antes de lanzarse de nuevo en su
contra.
Ambos chocaron sus espadas el uno con el otro, creando
un gran estruendo que se escuchó en todos los
alrededores de la arena. Kaido retrocedió con
un pequeño salto. Una vez que sus pies tocaron
el suelo, se impulsó hacía arriba, subiéndose
sobre uno de los pupitres, sin tocar siquiera el dibujo
sobre éste. Desde esa posición, comenzó
a embestirla con la hoja de su arma.
Utena se cubrió unos momentos los golpes de
su espada, hasta que hizo lo mismo que Kaido, subiendo
en el pupitre que estaba justo enfrente del de Kaido.
Una vez estando ambos cara a cara, chocaron sus armas,
manteniendo sus hojas juntas por largo tiempo.
- Cuando éramos niños me dijiste que
me ayudarías a hacer algún día
ese mundo verdadero Le dijo Kaido sin dejar
de empujar su arma al frente ¡¿Porqué
ahora te empeñas en impedirlo?!
- ¡Te equivocas Kaido-kun! Le respondió
ella, contestándole con su espada de la misma
manera ¡Esto no hará que obtengas
eso que tanto deseas!, ¡¿Qué no
lo entiendes?!
- ¡Cállate! Le gritó,
haciendo su espada a un lado ¡La única
manera de cumplir mi sueño es tener ese poder
que tú tienes!
Desde su lugar, Kaido logró extender su pierna
derecha, golpeándola directo en el estomago.
El golpe hizo que Utena cayera del pupitre, chocando
con el que estaba frente a él. Kaido también
cayó por causa de su ataque. Entre ellos quedó
el pupitre en el que estaba parada Utena. En el rostro
de la Duelista se notaba un cansancio muy profundo,
posiblemente causado por la espada que ahora Kaido
tenía en sus manos. El chico alzó su
arma, colocándola frente a su rostro.
- Ahora con esta espada que es el coraje de tu corazón,
lo lograré
- Kaido
De pronto, el duelista de la Rosa Negra dio un salto
al frente, colocando un pie sobre le pupitre para
impulsarse. De ahí, jaló su espada hacía
atrás, para luego abalanzarla hacía
su oponente. Utena logró moverse hacía
un lado, haciendo que su filo se clavara en el mesa-banco.
Desde esa posición, la chica de cabello rosa
lanzó su espada al frente, hacía la
rosa en el pecho de su amigo. Kaido, de pronto, logró
sacar su espada de la madera, golpeando con fuerza
la hoja de su oponente.
La Espada de Dios salió volando por el aire,
hasta caer encajada en uno de los pupitres de en medio.
Una vez que había desarmado a su contrincante,
Kaido se lanzó al frente, golpeándola
una vez más en el estomago con su pierna. El
golpe la impulsó hacía atrás,
haciéndola caer de rodillas al suelo.
- ¡Utena-sama! Volvió a gritar
Anthy, al ver el estado de su dueña.
Utena bajó su mirada, mientras comenzaba a
respirar con mucha dificultad. Tenía sus manos
aferradas a su abdomen, y su rostro parecía
estar cubierto por completo por sudor. Kaido se acercó
a ella con pasos lentos. Cuando ya estuvo a pocos
centímetros de ella, colocó la punta
de su arma frente a su rostro. Utena no lo volteó
a ver.
- Tú misma me lo dijiste Utena Le comenzó
a decir Tú misma me entregaste esa fortaleza
tuya, ¿lo recuerdas
?
**********************************
- En nuestro Mundo, ninguna rosa, árbol o
animal sufría; ¿Lo recuerdas Utena-chan?
- Sí, lo recuerdo Kaido-kun
pero, ya
no estamos en tu mundo
**********************************
- Pudimos haber tenido juntos el poder para hacer
nuestros sueños realidad
si tan sólo
si tan sólo
- Kaido comienza a ver a
Utena frente a ella, alejándose corriendo
¡Si tan sólo no hubieras dejado mi mundo!,
¡Ahora yo sería tu príncipe!
Acompañado por un gran grito de rabia, Kaido
alzó su espada hacía arriba, preparándola
para que su filo la atacara. Sin embargo, ella aún
no lo volteaba a ver. Sin ninguna piedad en su expresión,
abalanzó su arma hacía abajo, directo
a la cabeza de Utena. Justo cuando parecía
que le iba a pegar, algo sucedió
Ante los ojos de Kaido, Utena alzó sus dos
manos hacía arriba. Con sus dedos extendidos
hacía arriba, junto ambas manos sobre a ella,
deteniendo entre ellas la hoja de la espada, justo
a unos pocos centímetros de su cabeza. Kaido
y Anthy, ambos se le quedaron viendo con una gran
sorpresa en su rostro
- ¡Imposible! Pensó
Kaido, mientras Utena seguía deteniendo su
arma ¡¿Cómo
?!
- Kaido
- Escuchó que Utena le comenzó
a decir. Sus oídos escuchaban su voz, pero
había algo diferente.
La duelista alzó rápidamente su rostro
hacía él. En un instante, como en un
destello, Kaido pudo ver como la imagen de Utena cambiaba.
De ser la chica de cabello rosa y ojos azules, cambio
a ser alguien más. Por un solo instante, cambió
a ser un hombre de piel oscura y cabello corto en
un tono claro.
- ¡¿Tú?! Se
preguntó sorprendido ¡No!,
¡¿Cómo puedes ser él
?!
- ¿Acaso crees que necesitas mi fortaleza
para llevar acabo tus sueños? Le preguntó
con un tono serio.
- ¿Qué cosa
?
De pronto, sin despegar sus mano, Utena logró
mover la hoja hacía su derecha, girándola
una poco, de tal manera que su mano derecha quedara
abajo y la izquierda encima. Luego, con gran velocidad,
retiró su mano izquierda, y con la otra empujó
la espada hacía arriba. Kaido soltó
su arma, y esta salió volando igual que la
de Utena.
Sin perder tiempo, Kaido subió a otro pupitre,
y se impulsó hacía arriba para poder
tomar su espada. Aprovechando esto, Utena se puso
de pie y corrió hacía el lugar en que
se encontraba su espada, moviéndose por encima
de los asientos de madera. Ambos tomaron la empuñadura
de sus armas al mismo tiempo. Kaido en el aire, y
Utena en el pupitre.
Una vez con su arma en mano, el chico se giró
hacía abajo, para luego precipitarse hacía
abajo, directo a donde estaba Utena. Ésta,
por su parte, sacó la espada del mesa-banco,
y dio un salto en el aire. Ambos se dirigían
hacía el contrario rápidamente.
- No pienso perder Pensaba Kaido
mientras se movía hacía ella
¡Por nada del mundo voy a perder!
Ambos combatientes alzaron sus espadas al frente.
Ambos se cruzaron en el aire, en un solo destello
que lo alumbró todo. Ambos comenzaron a caer
al suelo, mientras que sobre ellos, suspendidos en
el aire, quedaban los pétalos de una rosa
- ¿Le gane? Se preguntó
mientras se giraba hacía los pétalos.
Sus ojos se llenaron de horror al verlo: los pétalos
eran negros.
Ambos cayeron al suelo de la arena, a unos metros
de distancia del uno al otro. Kaido soltó su
arma, haciéndola caer el suelo. Un grito de
desesperación por su parte se hizo acompañar
por el resonar de las campanas a lo lejos. Utena se
quedaba de pie frente a él, mientras los pupitres
se comenzaban a mover, colocándose en cuadros
alrededor de ambos.
La sortija del dedo de Kaido pareció volverse
polvo de repente. Kaido se desplomó sin remedio
en el suelo, cayendo sobre una de las figuras rojas
del suelo. Todo se quedó en silencio. La joven
de cabellos rosas caminó hacía su amigo,
hincándose a su lado. Con una sonrisa en el
rostro, acarició su cabello.
Lejos de ahí, un largo cajón caía
en la oscuridad, adentrándose después
entre las llamas. Al mismo tiempo, desde el techo
del Edificio Nemuro, una torre de humo comenzaba a
alzarse.
Ya era de mañana en Othori, y una vez más
todos los alumnos comenzaban a llevar acabo sus labores
diarias, dirigiéndose puntuales a sus respectivos
salones. Sin embargo, no todas las personas dentro
del campus van a los salones. Sentado en el mismo
árbol donde había estado junto con Utena
y sus amigos, vemos a Kaido, con su cuaderno de dibujo
sobre sus rodillas, mientras que con su mano derecha,
comienza a darle forma a una figura en el papel.
De pronto, una sombra se refleja en su cuaderno,
enmarcando una silueta familiar para él. Rápidamente
alza su mirada hacía arriba, sólo para
ver a quien esperaba ver.
- ¡Buenos días Kaido-kun! Saludo
la chica de cabello rosa con una sonrisa.
- ¡Buenos días Utena-chan! Regresó
el saludo el joven de anteojos.
- El director me dijo que hoy te vas de regreso a
casa Le comentó mientras se acercaba
a él y se sentaba a su lado.
- Así es Le respondió
Debo de estar para los exámenes, ya te lo había
dicho.
- Es una pena Agregó Utena Procura
venir en otra ocasión, pero esta vez con más
tiempo.
- No te vendría mal ir a visitarnos tú
a nosotros.
- Tú sabes que no puedo hacer eso aún.
Sin embargo, recuerda saludarme a todos por haya.
- ¿He?, ¿y que pasó con eso
de que no hay nadie que te debería de extrañar?
- Bueno Utena se puso de pie, dio unos pasos
hacía enfrente y luego se giró hacía
su amigo Después de todo, haya esta
mi otro mundo
Kaido sonrío ante tal respuesta. Agitando
su mano mientras corría, Utena se alejaba.
Kaido se le quedó viendo unos segundos, hasta
que por fin la perdió de vista. Después
de esto, dirigió de nuevo su mirada al dibujo
que hacía. Con la punta de su lapicero, comenzaba
a darle forma a una figura, la figura de una mujer
de cabello largo, con una espada en su mano
F I N
NOTAS Y ACLARACIONES:
1. Esta historia se sitúa durante la época
de la Saga de la Rosa Negra.
2. Kaido NO es un personaje inventado por mí.
Kaido realmente aparece en el manga de Utena, durante
el Prólogo del mismo, justo antes de que Utena
vaya a Othori. Como en el anime nunca muestran nada
de la vida de Utena antes de llegar a la Academia,
no veo razón para pensar que no existe.
3. Durante la Saga de Akio, se ve claramente que
Utena también posee una espada en su interior.
Siguiendo lo que dijeron Mamiya y Mikage en el segundo
capitulo de la Saga, y todo lo ocurrido en la Saga
de Akio, alguien que sea capaz de llegar hasta su
corazón, debe ser capaz de sacar dicha espada.
4. Kaido en realidad ha sido el único personaje
que ha visto a Dios, aunque sólo fue en el
manga y fue un momento. Sin embargo, basándose
a como va la historia, ese supuesto Dios
pudo haber sido en realidad Akio Othori. A eso se
debe que Kaido haya reconocido a Akio y a Dios en
el rostro de Utena.
5. Aquí trate de mostrar lo que normalmente
pasa en un capítulo de Utena, en esta Saga
claro, para que se ajustara a la trama que lleva la
serie. Sólo me falto alguna de las ocurrencias
de la Chica Sombra.
6. Para cualquier comentario, queja, sugerencia o
critica, ahí esta mi correo.
Atte.
Wing Beelezemon Wingzemon X
The Last Power of this Revolution...
azor_cometa@hotmail.com
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