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Respiró hondo. No podía creer lo que
estaba a punto de hacer. Había llegado a la
Corporación Cápsula minutos antes y,
aunque todavía no se hallaba cerca de aquella
oficina cuya puerta ahora no se atrevía a tocar,
su corazón ya palpitaba de emoción,
Lo vamos a ver, le decía éste, y ya
verás tú como el sueño que tuviste
el otro día comienza a hacerse una realidad;
nos va a mirar como siempre lo hace, con esos ojos
azules que no tiene ningún otro chico; apúrate,
que ya lo quiero tener cerca, ¿no quieres eso
tú también? Claro que sí, contestaba
ella, ya lo quiero ver, pero esta vez es diferente,
Seguramente lo piensas por lo del plan, porque ahora
vienes con otras intenciones, pero no te preocupes,
nos dirá que sí, todo saldrá
a la perfección; vamos, date prisa, que ya
no aguanto, Ojalá todo salga bien como tú
me haces pensar.
¿Hola? ¿Hay alguien ahí
dentro? preguntó la chica, mientras tocaba
la puerta de la oficina. Por unos instantes, deseó
que nadie le contestara; de ese modo hubiera podido
irse y los nervios se habrían relajado, por
lo menos durante ese día.
¿Pan, eres tú? ¡Pasa!
Así lo hizo, no había marcha atrás
o sí la había, pero en realidad
querías que esto siguiera, que la fantasía
te engañara el mayor tiempo posible.
El plan que Bra había confeccionado en sólo
minutos, y tomaría días para llevarse
a cabo, le pareció descabellado. Muy simple
en teoría, pero con pocas probabilidades de
éxito. En realidad, las chicas nunca hablaron
sobre lo que esperaban conseguir con todo esto, por
eso Pan se sintió ridícula cuando entró
a la oficina del Presidente de la Corporación,
el cual se hallaba revolviendo infinidad de papeles
que tenía en los cajones de su escritorio.
Siéntate, por favor le dijo el
muchacho, metiendo casi a la fuerza todos los documentos
en un cajón que se resistía a cerrarse
¿Qué te trae por aquí?
Quiero que me invites a cenar o a hacer algo
por la noche dijo la chica, sin más.
¡¿Qué?! ¿Y por
qué habría yo de hacer eso? le
preguntó el joven de los cabellos alborotados.
¡Porque... tienes que hacerlo! contestó
Bra, un poco enfadada, queriendo aparentar buen humor.
Hay tantas chicas lindas a las que puedo invitar
a cenar o a algo más; sigo sin entender qué
te hace pensar que tienes una oportunidad se
burló Goten.
El chico vio la nave de Bra sobrevolando Ciudad
Satán, y de pronto ésta había
aterrizado a unos cuantos metros de él. Cuando
vio a la chica caminando con ese gesto de exagerada
determinación, supo que algo tramaba y él,
por supuesto, aprovecharía las circunstancias
para divertirse un rato a expensas de la Princesa
Saiyajin.
A veces eres insoportable dijo Bra y,
en el acto, recordó la razón que la
había traído a ese lugar; se tomó
un trago de amargo orgullo Pero aún así...
Me encantaría salir contigo. ¿Te parece
bien este fin de semana?
No entiendo porqué quieres salir conmigo,
¿qué bicho te picó? decía
el muchacho, con las manos en su nuca, sin dejar de
caminar; lo hacía con la intención de
alejar los más posible a la chica de su nave.
No iremos solos; también irán
Goten y Bra explicaba Pan, quien ya se había
puesto de pie y miraba hacia el exterior a través
de la pared de cristal.
Me parece muy bien Trunks se puso de
pie y se acercó a la chica. Hace semanas
que no nos vemos y sería divertido ir los cuatro
a alguna parte para conversar.
Conversar y quizá algo más, No lo
creo, otra vez me habla como si fuera su pequeña
prima, Claro que no, esta vez su mirada es diferente,
incluso yo lo noto un poco nervioso y, por si no te
has dado cuenta, ya nos dijo que sí, lo logramos,
Yo no estoy tan segura, a mí me parece que
no siente lo mismo, Si necesitas una prueba, ahora
es el momento de conseguirla, Y cómo voy a
hacer eso, Bésalo, no hay método más
eficaz para saber que alguien te corresponde que besar
a esa persona a solas, Estás loco, pero te
creo; tus latidos afectan mi cabeza y mi lógica,
Eso es normal; por algo soy tu corazón.
¡Detente! le ordenó Bra
al joven Me has hecho caminar bastante y todavía
no me dices si irás o no.
Está bien, me rindo Goten rió.
¿Qué te parece... pasado mañana
en la noche?
No tengo inconveniente.
Muy bien. Entonces, Pan y yo los esperaremos
en la Corporación.
¿Y a dónde quieres que las llevemos?
La chica vio a Goten con más detenimiento
que otras veces. Ese rostro de aparente ingenuidad,
que escondía su verdadera habilidad para hacer
que las mujeres se rindieran a sus pies, le pareció
más atractivo que nunca. ¿Se estaba
forzando a ella misma a enamorarse de él o
lo hacía de modo natural? Quién lo sabía.
Por unos momentos, la idea de noviar con aquel chico
no le pareció tan mala. Se le formó
en el rostro una sonrisa auténtica; le salió
involuntariamente, así como el espontáneo
brillo en sus ojos.
Decide tú a dónde quieres llevarme
dijo, olvidando a la otra pareja que, según
el plan, los acompañaría. Yo iré
con todo gusto.
¿Sabes? Soñé contigo
el otro día le confesó Pan, al
joven de cabellos violeta.
Bajó la mirada, ruborizada, y envolvió
con una mano la otra. ¿Qué estaba haciendo?
Sólo había sido un sueño y, aún
así, la chica albergaba la esperanza de que
algo en él hubiera sido real. Añoraba
esa sensación de placentero escalofrío
bajándole por la espalda, haciendo que cada
uno de sus vellos se erizara. Sólo los besos
de aquel joven y sus palabras endulzadas de un cariño
poco usual en él, podían hacerle experimentar
dicha sensación. ¿No era una lástima
que sólo sucediera mientras dormía?
Un Trunks en sus sueños y otro en la realidad.
Y lo peor de todo es que no sabía si eran la
misma persona.
¿Sí? ¿Y qué pasó?
preguntó él, con curiosidad.
Me dijiste que aquello no era un sueño.
Y que tú soñabas lo mismo también
musitó, y tuvo el valor suficiente para
mirarlo a los ojos, los cuales la atrapaban siempre
en su claridad.
Eso es curioso decía él,
rozándose la barbilla con el pulgar y el índice.
Sin embargo, es probable que te haya dicho la verdad
sonrió.
Durante esos segundos, en los que ambos guardaron
silencio, se miraron sin interrupción y respiraron
al unísono; esto último fue producto
la imaginación de Pan, la cual se convenció
de que, si el sueño solo eso había sido,
ya no importaba. Trunks, en el mundo real, ahora le
había dado razones para creer que ya no necesitaría
soñar más.
Sólo hay una manera de saberlo dijo
ella, para sí misma.
¿Qué dijiste?
El saiya no había terminado su pregunta para
cuando Pan ya se hallaba besándolo en la frente.
La chica tuvo que pararse de puntillas y apoyar sus
manos en los hombros del joven para poder igualarlo
en estatura. Sintió en el cuello, cerca de
la barbilla, una exhalación tibia, proveniente
de la nariz de Trunks. Habría querido poner
ese beso en los labios, pero seguramente, pensaba
ella, se habría desmayado ahí mismo,
y lo que ahora necesitaba era estar totalmente consciente
para terminar de confirmar sus sospechas y aclarar
sus dudas. ¿Las mariposas del amor también
le hacían cosquillas a Trunks?
Sabes que te quiero, Pan, ¿no es así?
dijo y, sin darte tiempo para dar una respuesta,
te plantó un beso igual, arriba de las cejas.
La señal, pequeña. ¿Era ésta?
Sí, lo sé dijo la chica,
mirando hacia el suelo de nuevo; procuraba mantenerse
de pie Me tengo que ir.
Cuando Bra subía a la nave pensó que
tal vez su amabilidad con Goten había sido
demasiada. Se había delatado. Le gustaba el
chico, de eso ya no había ninguna duda, pero
habría preferido disimular más, pues
a Goten parecía gustarle que las chicas le
rogaran, lo corretearan e incluso lo acosaran con
tal de tener una cita con él, sólo para
tener el gusto de rechazar a algunas tantas después.
Y ella, por supuesto, no habría actuado igual
que dos o tres de esas jóvenes si no hubiera
estado de por medio la naciente relación entre
su hermano y su mejor amiga la cual, contradictoriamente,
había olvidado en su momento de mayor debilidad.
Lo que hizo por ellos, le había causado mucha
gracia a Goten, claro estaba; pero si llegaba a corresponderla,
qué más daba. Después se darías
cuenta de que haberle manifestado, tan sólo
por unos minutos, sus verdaderos sentimientos, la
simpatía y el gusto que sentía por él,
fue una de las cosas más acertadas que hizo
en esos días, pues entre más tiempo
pasara, menores serían las oportunidades que
tendría para decirle, Me gustas, con palabras
o simplemente con su sonrisa, misma que le negó
infinidad de veces sólo porque el muchacho
tenía la mala costumbre de interpretarla como
prueba de que había sucumbido a su atrayente
personalidad, o por lo menos eso se imaginaba Bra.
Por qué no estás igual que yo, casi
me muero de la emoción, Yo también,
pero no quiero adelantarme a los hechos, Dichos hechos
ya se han hecho, y tú sigues creyendo que todo
lo estás imaginando, Así es porque así
es, Te dio la señal que te prometió,
No me besó los labios, Él no dijo exactamente
qué es lo que haría, Me besó
la frente porque yo lo hice primero y porque seguramente
le di pena o lástima o qué sé
yo, Claro que no, Claro que sí, Que no, te
digo; ese cerebro tuyo no te deja pensar ni actuar
correctamente, Quisiera creerte y ser como tú,
así de confiada, Ya verás lo equivocada
que estás, mañana en la noche lo comprobarás.
¿Lo hiciste, pequeña? Fue una lástima.
No tuviste la oportunidad y, a partir de la fecha
en la que te llegó la primera de una serie
de malas terribles, horrendas noticias,
dormirías con la firme impresión de
que tu alborotado e insensato corazón siempre
te mintió.
* * * * * * *
Se sentó, cruzó las piernas sobre
el césped y, por primera vez su vida, le pareció
extraño estar vivo. Se pasó los dedos
por el cabello alborotado, sintiendo su cráneo.
Sus pensamientos, sus recuerdos, conocimientos, temperamento
y todo lo que él era se hallaban dentro de
ese caparazón que, a veces, le parecía
demasiado frágil. Algo que alberga nuestra
esencia, debería ser realmente irrompible,
pensó. Pero por más duro y sofisticado
que fuera un cráneo, el cerebro ahí
dentro no dejaría de envejecer e irremediablemente
moriría algún día. No supo por
qué pensaba en todo esto; tal vez el sol, con
su naranja incandescente, le hizo reflexionar acerca
de la capacidad que poseía para percibir los
objetos, la cual nunca había considerado como
algo extraordinario, incluso después de conocer
a algunas personas que carecían del sentido
de la vista. ¿O fue el sonido del viento haciendo
remolinos en su oreja el que lo había hecho
recordar que podía escuchar y el que logró
que comenzara toda esta cadena de reflexiones por
él nunca antes hechas? Se habría preguntado
también si los árboles eran capaces
de sentir tristeza, por qué los animales se
comportaban de un modo extraño últimamente
y a qué se debía su repentino interés
por todas estas cuestiones, si su mejor amigo no hubiera
llegado en aquellos momentos a distraerlo.
Nunca te he visto tan pensativo dijo
el de los ojos azules, mientras dejaba de levitar
y ponía los pies sobre el césped.
Creo que eso es porque comenzó
a decir el otro saiya, sin dejar de darle la espalda...
nunca había apreciado todo esto como lo hago
ahora. Lo que parece normal es asombroso en realidad.
Tienes razón afirmó Trunks;
se sentó en el suelo y recargó su espalda
en el tronco del árbol que ahí estaba
. Aunque no sé qué te pasó
para que te pongas a pensar en todo eso.
Tampoco lo sé, pero no soy el único
que anda actuando raro soltó una risita
breve, a labios cerrados.
¿A qué se debe ese comentario?
el del cabello violeta agarró una ramita
del suelo y empezó a romperla lentamente en
pequeños fragmentos que comenzaría lanzar
hacia delante, atinándole a Goten algunas veces
por accidente.
Me encontré con Bra ayer en la mañana;
más bien, ella me encontró a mí,
porque parecía estarme buscando. Me pidió
que la invitara a salir, ¿puedes creerlo? le
preguntó al otro, girando su cuello para voltearlo
a ver y comprobar que, efectivamente, era su amigo
quien estaba arrojando esos pequeños trozos
de maderaDespués me dijo que también
irían Pan y tú; aunque se mostró
más simpática que de costumbre. Eso
es actuar raro. Por eso digo que no soy el único.
Eso es curioso. Pan fue a la Corporación
hoy, y me quedó esa misma impresión.
No era la misma de siempre.
Te digo que algo se traen esas niñas.
¿Tú crees que...?
Trunks dejó que la pregunta flotara en el
aire y así llegara a los atentos oídos
de Goten: quería ver si éste podía
dar una respuesta a una interrogante que él
mismo no se atrevía formular completa, pues
a cualquiera le podría parecer absurda la posibilidad
que planteaba. ¿Bra, enamorada de su amigo?
¿Y esa pequeña, de él?
No... es decir se corregía, negando
con la cabeza y los ojos cerrados, si así
fuera, ¿qué diferencia habría?
Son sólo unas niñas.
Tan sólo niñas afirmó
el otro, como si quisiera alejar de su mente cualquier
duda al respecto.
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