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Ya está descansando decía
Bulma, acercándose al saiya, rodeándolo
con sus brazos, pero no pudo decirme nada.
No creo que lo haga contestó
el saiya, sin voltearla a ver. Se llevó
un buen susto, eso es seguro.
Yo también me asusté cuando
vi la nave destrozada, no sé cómo es
que llegaron aquí... Y me preocupa que Bra
no pueda ni hablar de lo sucedido.
Ella estará bien; es fuerte. Pero mejor
será no interrogarla.
Tienes razón.
Eso sí, no quiero que salga de la Corporación,
para nada.
Yo tampoco, fue muy tonto dejarla ir a buscar
las esferas. ¿En qué estaba pensando?
No te culpes. Tú no mataste al muchacho.
* * * * * * *
Vio a su nieta sentada en una banca, columpiando
sus pies sobre el césped; seguramente intentaba
olvidar lo ocurrido, fuera lo que fuese. Si se había
encontrado con ese extraño ser hecho de luz
o con el Hombre de Blanco, de cuya existencia
después te enterarías era muy
probable que ni la colorida vegetación del
jardín, ni la hermosa fuente de piedra gris,
ni los reptiles nadando en el estanque fueran capaces
de sacudirle de la cabeza la horrenda experiencia
vivida. Las suposiciones del saiya eran correctas,
pues en aquella isla, Pan había sentido que
la muerte andaba más cerca que nunca, aunque
La Esquelética hubiera huido del lugar minutos
antes del incidente. Ahora la chica parecía
tener unas inmensas ganar de llorar, de gritar...
pero las contenía, de seguro.
Por favor... no le dijo, sin mirarlo
a los ojos, cuando su abuelo se sentó a su
lado. No me pidas que te hable de lo que pasó...
No podría.
El saiyajin se conmovió ante la manera en
que su nieta le hablaba: miraba al suelo con unos
ojos llenos de turbación, su delicada voz se
le quebraba apenas le salía por la garganta
y sus manos apretaban con fuerza el borde del asiento.
No vine a pedirte eso, Pan aclaró
Goku, volteando a verlaEntiendo que estés
asustada.
Pan respiró hondo.
Lo mató, abuelito... y no pudimos hacer
nada, sólo correr.
Él se sacrificó por ustedes
el saiya colocó su brazo sobre los hombros
de Pan Si hubieran intentado ayudarlo, tal vez
ustedes no estarían aquí; y la muerte
de Uub habría sido en vano.
Lo decías con tanta aparente y falsa
tranquilidad porque ya lo sabías, Goku. ¿Cuándo
fue que ya no te quedó ninguna duda? En algún
momento entre el aterrizaje de la nave casi convertida
en chatarra y esta conversación con tu nieta,
por supuesto. Habías esperado encontrarte de
nuevo con tu alumno hace algunos minutos y, en vez
de eso, supiste que ya nunca más lo verías.
¿Diez años, Goku? ¿Todo ese tiempo
entrenaste con él? Haberlo dejado vivir una
vida normal, con su familia, dejarlo ser un chico
como cualquier otro, tal vez habría sido una
mejor idea. ¿Acaso no fue un completo arrebato
eufórico, incluso, una estupidez, la decisión
de convertir a Uub en un guerrero como tú?
Aunque fuera así, no te arrepentías.
Aquellos brazos tímidos se aferraron con
fuerza al cuerpo del abuelo, después comenzaron
a temblar débilmente; las lágrimas cayeron
del rostro de Pan durante unos minutos; los dos saiyas
ignoraban las miradas curiosas de las personas que
caminaban por allí.
Abuelito... musitó Pan, con dificultad.
¿Qué sucede?
La joven deshizo el abrazo y, permaneciendo cerca
de su abuelo, lo tomó de las manos. Se ladeó
un poco para poder apreciarlo mejor. Entonces vio
a un hombre fuerte, grande, un guerrero excepcional
con un corazón de nobleza incomparable... Alguien
así jamás sucumbiría ante el
poder de aquel hombre tan terrible.
Quiero... que me prometas algo.
Cualquier cosa sonrió el saiya.
Después de que se le escapara una risita,
Pan respiró hondamente y recobró la
seriedad, aunque la alegre curva de sus labios no
se borró del todo.
Prométeme que no te rendirás
decía, con la esperanza reflejada en
sus ojos. Que pase lo que pase, no te dejarás
vencer.
¿Por qué dudaste, poderoso Saiyajin,
héroe por excelencia? Lo que ella esperaba
de ti era un Te lo prometo inmediato,
sincero, que diera fin a esa horrible asfixia que
le provocaba la incertidumbre, pues había aparecido
un enemigo que bien podría acabar con todos
ustedes... Pero, en cambio, te vio callar, vacilar
por unos momentos.
Tú siempre has podido con todo le
dijo, bajando la mirada. Esta vez no debe ser
la excepción. Tienes que luchar como siempre
lo haz hecho las lágrimas brotaron de
sus ojos otra vez... Prométeme que lo
harás, que no te destruirá a ti... No
a ti.
Te lo prometo. dijo el saiya, dejando
para después todas sus dudas.
Pan miró a su a su abuelo con un rostro recién
iluminado por aquella promesa.
No tengo por qué preocuparme ahora...
Tú siempre cumples lo que prometes, abuelito
dijo Pan al saiya, y lo estrechó entre
sus brazos nuevamente.
* * * * * * *
Todavía no lo comprendo comentó
Gohan.
Miró con mayor detenimiento la esfera que
tenía en sus manos. No encontraba en ella ninguna
anomalía, por lo menos no una que se pudiera
detectar con alguno de los cinco sentidos básicos.
Lo anormal radicaba en la energía irradiada
por el objeto, pues si se le comparaba con la de las
seis esferas restantes, la diferencia resultaba tan
sutil que muy pocos serían capaces de notarla.
Yo tampoco lo entiendo dijo Piccoro,
pero es obvio que ese sujeto le ha hecho algo a esta
esfera.
En eso estoy de acuerdo. Basta con tocarla
para darse cuenta de ello.
Ya lo creo contestó el nameku,
al mismo tiempo que se apoyaba sus brazos en la balaustrada
del balcón... Aunque tú y yo podemos
notar que la diferencia radica en la energía
que emana la esfera, los demás sólo
sienten que algo anda mal, como sucedió
con Bulma.
Es como si la esfera tuviera una especie de
maldición...
El saiya reflexionó acerca del gran poder
que poseía el enemigo al que tendrían
que enfrentar tarde o temprano. Pensó en alguien
que era capaz de alterar de ese modo una esfera del
dragón, de eliminar a guerreros tan poderosos
como Goten y Trunks, e incluso Uub, la mismísima
reencarnación de Majin Boo, pero no lo logró.
El que probablemente también había aniquilado
a su mujer, y podría volver por su hija, carecía
de forma, de rostro, de voz...
Entonces, ¿las juntaremos? inquirió,
refiriéndose a la esferas.
Creo que lo mejor será esperar respondió
Piccoro, meditabundo. Primero tenemos que saber
lo que ocurre con esta esfera. Puede ser una trampa:
si las juntáramos en este momento, podríamos
ocasionar una catástrofe.
Tienes razón, Piccoro. Además,
el enemigo seguiría suelto, y lo mejor sería
encargarnos de él antes de llamar a Shen Long.
En ese momento, ambos escucharon como se abría
una de las puertas eléctricas. El sonido que
oyeron después sólo podía provenir
de los tacones de Bulma.
Piccoro lo llamó la mujer,
¿ya has decidido que harás con la esfera?
La llevaré con Dendé.
Podrías dejarla aquí, en la
Corporación. decía, no muy segura
de su ofrecimiento Si algo le han hecho a la
esfera, aquí podremos averiguar de qué
se trata; tenemos la tecnología suficiente
para lograrlo.
Piccoro dudó unos momentos. ¿Podrían
las máquinas descubrir algo que el propio Kamisama
no fuera capaz de encontrar?
Me parece bien accedió, sin pensarlo
más. Pero no podemos perder mucho tiempo,
así que mañana a esta hora volveré.
Si no has hecho algún descubrimiento relevante,
entonces me la entregarás.
Entendido... Hasta entonces, llevaré
a cabo todas las pruebas necesarias para obtener una
respuesta.
* * * * * * *
Un paso y luego otro. Despacio. Así caminó
el muchacho hacia aquel individuo cuya presencia se
difuminaba en el ambiente y convertía el aire
en un gas pesado, provocando una respiración
agitada en los tres jóvenes, hasta que estuvo
a unos veinte pasos de distancia. Esa aparente inmovilidad
transformaba al sujeto en una especie de estatua conciente,
aunque el Hombre de Blanco no estaba hecho de piedra;
con su mano sujetaba esa esfera como si quisiera quebrarla
usando la fuerza de sus dedos, le temblaba casi imperceptiblemente.
Te lo preguntaré por última
vez advirtió Uub al enemigo; el joven
se hallaba a unos cuantos metros de él.
¿Quién...?
¿Quién eres? lo interrumpió
una voz sin edad ni emoción que no parecía
provenir de la figura presente; venía del aire
mismo; el joven la escuchó como si le hablara
a los oídos ¿Quién eres
tú? insistió.
El viento aulló y agitó las ropas
de aquel que hacía preguntas cuyas respuestas
no le importaban en lo más mínimo. Y
tú lo presentías, muchacho. Intuiste
que a ese hombre no le iba ni le venía tu nombre,
tu origen o tu preocupación por la esfera.
¿Le interesaría tu final, acaso? Escuchaste
el aullido del viento otra vez. La muerte se va, dijo
ella misma, Quédense ustedes si así
lo desean, jóvenes ignorantes, carentes de
todo sentido común, pues Él no tendrá
con ustedes ninguna clase de misericordia.
Yo... yo soy... Uub se atrevió
a decir al fin; se sintió insignificante, comenzó
a temblar y su corazón a bombear sangre como
si supiera que aquellos eran sus últimos latidos...
Y mi misión es obtener las esferas del Dragón...
...para revertir el efecto de las atrocidades que
tú haz cometido, así que haz el favor
de entregarme la esfera. ¿No te enseñó
tu maestro a intimidar al contrincante? Esa voz quebradiza
como hoja seca y la actitud de perro con el rabo metido
entre las patas no te ayudarían para nada.
¿Dónde se habían escondido tu
fuerza y determinación y los años de
duro entrenamiento? Se habían esfumado gracias
a la presencia del hombre, por supuesto. Lo que no
entendiste entonces fue que, con valentía o
sin ella, estabas igual de perdido.
Tú eres el que da su vida por este
objeto aseveró el Hombre de Blanco, estirando
su brazo; parecía ofrecerle la esfera al joven.
Pero la sujetaba con la misma fuerza. Esa mano trémula
aunque no parecía serlo carecía
de un color vivo, era pálida y aparentaba estar
muerta a pesar de que no podía ser así,
pues le sería imposible perder la vida cuando
jamás había gozado de ella. Y era, precisamente,
esa mano de la que había que desprender la
última esfera.
Tómala dijo él.
Te la entrego...
Oferta que, literalmente, no podías rechazar.
Diste unos cuantos pasos vacilantes hacia aquel misterio
con forma de monje y, mientras tragabas saliva, volteaste
hacia atrás para mirar a las dos chicas que
hasta entonces habían permanecido petrificadas,
sin saber si lo mejor era esperarte o salir huyendo.
Váyanse, hubieras querido gritarles, pero fueron
ellas las que, presas del pánico, vaciaron
sus pulmones primero y, cuando volteaste hacia el
frente de nuevo, supiste por qué. Lo habrías
hecho también, pero tu garganta ya se hallaba
bloqueada en esos momentos.
Doy esto por tu vida te decía
el que ahora estaba a un solo paso de ti; al verlo
sentiste una descarga paralizante correrte por todo
el cuerpo. En realidad, das tu vida a cambio
de nada...
Pan y Bra cayeron inmediatamente y no pudieron moverse,
tal y como si las hubieran clavado en el suelo. Tuvieron
que cerrar sus ojos cuando esa luz potente invadió
la isla. No vieron como fue que Uub comenzó
a flotar a unos cuantos centímetros del suelo,
incapaz de defenderse o escapar. Sólo lo escucharon,
sin poder imaginar qué le hacía el hombre
de blanco para que gritara con tanta desesperación.
Mejor para ellas. No habría sido agradable
ver a ese muchacho retorcerse en el aire así
como lo hizo; una gran presión lo obligaba
a comprimirse, a meterse dentro de sí mismo.
Cuando cesaron los alaridos y el crujir de huesos,
las chicas supieron que jamás volverían
a ver a Uub con vida. Y una vez que pudieron moverse,
rogaron al cielo por que les permitiera lograr una
exitosa escapatoria.
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