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El ave permanecía inmóvil, pero alerta:
vigilaba cuidadosamente cualquier movimiento que hicieran
los tres extraños seres que ahora planeaban
una emboscada contra ella. De seguro codiciaban sus
huevos; querían apoderarse de ellos para luego
disfrutar de un delicioso manjar y comer hasta empanzarse.
Como era una buena madre, no lo permitiría.
También era probable que estos bípedos
pensaran que, caminando tan lentamente, pasaban inadvertidos.
¡Qué absurdo! Se movían directamente
hacia ella, sin camuflaje siquiera, hablándose
el uno al otro sin disimulo, según ellos hacían
la voz tan baja como fuera posible para no ser escuchados.
Ella, la protectora del nido, estaba lista para el
ataque.
Entonces, ¿cuál es el plan?
preguntó Bra.
Yo la espanto contestaba Uub y
ustedes corren por la esfera.
¿No es peligroso? inquirió
Pan Es casi de nuestro tamaño; un poco
más grande...
No importa... Uub, a tu señal.
¡Ahora! ¡A ella! Uub corrió
hacia el animal, gritando a todo pulmón y agitando
los brazos como lo haría un náufrago
cuando ve un helicóptero o una embarcación
a la que considera su única oportunidad para
escapar de la isla desierta.
Primero expandió su frondoso plumaje como
advertencia, pero el ladrón no se detuvo, así
que el ave saltó del nido violentamente, perdiendo
bastantes plumas en el acto; gritaba y agitaba sus
alas como guajolote enloquecido mientras lanzaba su
enorme y obesa corpulencia contra el intruso, para
detenerlo, aunque éste esquivaba muy bien las
embestidas. De pronto volteó a ver su nido
para asegurarse de que sus huevos estuvieran en su
lugar; terrible fue su sorpresa y peor su enfado al
descubrir que había caído en la trampa:
en ese momento, las otras dos agresoras se posesionaban
del huevo naranja, el más valioso de todos.
No salió de su cuerpo, pero horas antes dedujo
que si los huevos comunes originaban seres iguales
a ella, entonces del anaranjado, el cual encontró
porque el destino seguramente así lo había
dispuesto, emergería un ser muy especial, treinta
veces más bello que cualquiera de los polluelos
que había tenido y que le faltaba por tener,
razón por la cual le tomó un gran aprecio.
Se regocijó pensando en la futura envidia de
las demás hembras de su especie, las desafortunadas
que no encontrarían jamás una esfera
naranja, e imaginó lo calvas que se quedarían
por el disgusto. Pero ahora, la que se quedaba sin
plumas era ella, y todo por correr con tanta desesperación
hacia las ladronas para intentar recuperar aquel tesoro.
¡Toma Pan! al ver que la gallina
gigante se abalanzaba sobre ella, Bra le lanzó
la esfera del dragón a la otra chica,
La bestia corría de un lado a otro, mientras
los tres jóvenes jugaban a el gato
con ella. Lo que en un principio les pareció
arriesgado, ahora les resultaba todo un entretenimiento.
Tengo que actuar rápido se dijo
Bra, quien había abandonado el juego; ahora
arrojaba a la tierra una cápsula previamente
activada.
Una vez desvanecida la nube de humo que la cápsula
produjo, Bra pudo tomar del suelo una especie de rifle
color aluminio. Lo apuntó a la gallina y le
disparó tres veces.
¡¿Qué hiciste?! gritó
Pan, al escuchar los tiros.
Son dardos. Sólo la voy a dormir.
¿Y no pudiste hacer eso desde un principio?
inquirió Pan, molesta, sosteniendo la
esfera de siete estrellas.
El pobre animal comenzó a balancearse torpemente;
procuraba mantener el equilibrio, pero pronto cayó;
se desparramó en el suelo y perdió la
conciencia. Horas más tarde lloraría
su pérdida, si es que las aves pueden hacerlo,
pues encontraría su nido totalmente vacío.
Como era de esperarse, las serpientes de gran tamaño
y otros reptiles que por ahí vivían
no iban a desaprovechar una oportunidad como ésa
para saciar su apetito con esos otros huevos que sí
eran comestibles.
La dejamos ahí, tirada comentaba
Pan, un poco preocupada, a bordo de la nave
Sus huevos corren peligro.
Tienes razón decía Bra,
pensativa pero no hay tiempo que perder. Para
la próxima procuraremos hacer menos alboroto.
Pero todo iría de mal en peor.
* * * * * * *
En el sillón donde tres o más personas
pudieran estar sentadas, sólo se halla el saiya.
Ve las fotos de los portarretratos colocados a su
lado en una mesa, lo cual es curioso, ya que a esta
misma hora, aproximadamente, otro saiya hace lo mismo;
otra casa, otras fotos, otra mesa y unas manecillas
que no parecen indicar la hora correcta; y si se sabe
algo es que en la naturaleza de los saiyajin parece
predominar la fuerza y la violencia, no la nostalgia.
Tal vez con la muerte rondando tan cerca las cosas
eran diferentes. Incluso, horas antes, la nieta del
saiya de mayor edad, hija del que aquí se encuentra,
se llevó consigo un portarretrato, detalle
del que Gohan no se percató.
El recién viudo saiyajin le ha dado varias
vueltas al primer piso de su casa como bestia enjaulada;
evita a toda costa subir a la planta alta, acercarse
siquiera a la puerta de la alcoba que hace tan poco
compartía con Videl. No subas, no vayas, no
servirá de nada. Sabe que si entra a ese cuarto,
la vería como la encontró la noche anterior,
no como la conoció cuando estaba viva. La imagen
terrible se aferra a su cabeza y él hace lo
posible para borrarla. No pude estrecharla entre mis
brazos, darle un beso, decirle adiós. No era
ella, no era mi Videl; alguien se la llevó
y dejó en su lugar sólo un cuerpo ensangrentado.
¿Qué lees?
Nada contestó ella, cortante.
¿Una revista para mujeres? preguntó
Gohan y se sentó más cerca de ella.
Sí, y me gustaría mucho que
me dejaras leerla le dirigió al saiya
una mirada pícara, que contradijo sus propias
palabras.
El saiyajin le besó uno de los hombros que
la blusa dejaba desnudos.
¡Hazte a un lado! gritó
ella, empujando con una mano a su marido, mientras
procuraba mostrarse enfadada No trates de alegrarme
vio como su esposo soltaba la risa y ella, a
su vez, luchaba por reprimir la sonrisa que se formaba
en sus labios... por que no lo lograrás.
¿Estás leyendo consejos para
tener una mejor apariencia? decía burlón
el joven.
¡A ti qué te importa! gritó
ella y después volteó hacia otro lado.
Sólo pienso que no los necesitas: no
podrías estar más bella.
¿Tú crees? preguntó
la mujer, más interesada, girando su cabeza
para ver a Gohan.
Se miraron como bobos unos instantes.
Vas a necesitar más que eso para que
te disculpe, Gohan dijo ella, negando con la
cabeza y volviendo a su lectura Todavía
no olvido lo de anoche.
Gohan suspiró.
No fue mi intención herirte.
Me dejaste sola, y ni siquiera te tomaste
la molestia de avisarme que no llegarías.
¿Qué pudo suceder? alegaba
él, bromista Si algún ladrón
hubiera entrado por la ventana, habría tenido
serios problemas contigo.
Videl cerró la revista y la puso sobre sus
piernas
Te esperé varias horas; nunca llegaste.
Espero que no hayas visitado a otra mujer.
Al diablo vocifera el saiya, disgustado,
mientras se sacude los recuerdos y se apresura hacia
la escalera.
Se detiene ante la puerta, recordando que la habitación,
la cual nadie se ha atrevido a limpiar hasta ahora,
podría seguir en el mismo estado. ¿Para
qué entras? ¿Para ver la sangre regada
por todas partes? ¿Para verla a ella gritando
de desesperación?, se cuestionó; y sin
más, entró.
No puedo creerlo... dice asombrado.
Aquello sucedió anoche, ahora es el día
siguiente; el tiempo sólo sigue una ruta y
no se mezcla, no se enreda. Por eso, lo que Gohan
ahora ve no tiene ningún sentido. El espejo
que estaba roto se halla en su lugar y en una sola
pieza, los muebles ocupan su lugar habitual y las
sábanas, las paredes y el suelo no podrían
estar más limpios. Sólo falta ella;
su presencia convencería al saiya de que nadie
ha muerto en esta alcoba.
¿No podrían haberse quedado
en la Tierra?
El saiya imagina que su esposa ha puesto en orden
la habitación. Casi la escucha llamándolo
desde la cocina para que baje a comer y siente, por
unos instantes, que las cosas son como todos los días
y que su Videl todavía pertenece al mundo de
los vivos. El sonido del teléfono lo trae de
vuelta a la realidad.
¿Bueno?
¿Hijo?¿Estás ocupado?
pregunta su madre.
No... claro que no. ¿Qué sucede?
Es que tu padre no ha vuelto y no creo que
lo haga hasta más tarde, o quien sabe, ¡tal
vez lo haga hasta dentro de algunos días! exclama
sarcástica.
Gohan ríe.
Quisiera que me acompañaras a comer,
hijo.
Está bien. Voy para allá.
Pero no te demores, porque la comida ya está
servida. De hecho, tuve que hacerla otra vez, porque
me había salido con mal sabor. El pobre de
tu padre se la tuvo que comer así, aunque es
un desconsiderado por irse de este modo cuando le
da la gana.
El saiya suelta la risa de nuevo.
Mamá...
¿Si?
¿Tú lo hiciste, verdad?
Se hace una pausa.
¿Hacer qué?
Entré a la alcoba y... no lo podía
creer. Te quedó impecable. Todavía no
entiendo cómo lo lograste.
Milk guardó silencio.
Gracias, mamá.
Yo no... es decir, sabes que haría
cualquier cosa por ti. Y ya vente, que se te enfría
el plato.
Milk se despide y cuelga el teléfono. Piensa
que beber unos tragos de agua fresca pueden ayudarla
a tranquilizarse.
Pero si lo único que yo hice fue ponerle
llave a ese cuartose habla a sí misma,
desconcertada ¿Será posible que
ella...?
Seguiría con sus conjeturas, pero su hijo
ya toca a la puerta.
* * * * * * *
Era uno de esos días nublados en los que
el peso del cuerpo y las sábanas aumenta considerablemente
y uno no puede levantarse con facilidad. El cielo
gris irradiaba una luz creadora de sombras difusas
que se extendían por toda la habitación,
por lo que habría sido complicado tratar de
decir aquí es sombra y allá es luz.
La chica daba vueltas y vueltas sobre la cama, quería
dormirse sabiendo que en el mejor de los casos sólo
tomaría una breve siesta. Se hallaba en un
punto intermedio, como lo estaba el color del cielo:
ni negro ni blanco, ni despierta ni navegando en las
profundidades del sueño, acaso tocando con
la punta de sus dedos la orilla de ese gran océano.
Abría sus párpados sólo para
cerrarlos de nuevo, pues él no estaba ahí;
de haber sido así, a la joven se le hubieran
desprendido por completo las ganas de dormir. Cerró
sus ojos y en el acto apareció otra vez el
joven del cabello violeta; ella lo visualizaba claramente,
incluso sentía el hundimiento que provocaba
el peso del joven sobre el colchón. Esos ojos
azules la veían con ternura, y la mano en la
mejilla de la chica sólo trataba de confortarla
por todo aquello que alguna vez pudo haberla hecho
empapar con lágrimas su almohada. Nunca me
habías acariciado el cabello de este modo,
me haces cosquillas en la oreja; perdona si sonrío
como tonta, pero no puedo hacer otra cosa cuando te
comportas así. Quisiera creer que estás
enamorado de mí, como yo creo estarlo de ti.
¿Te imaginas? Yo a veces prefiero no hacerlo,
me da vergüenza. Tú y yo, juntos, qué
locura. Ya no me tratarías como si fuera para
ti tu pequeña prima, me verías como
un hombre ve a una mujer cuando la quiere, cuando
la ama. Me darías miles de besos. Si tú
supieras cómo me pongo de sólo pensar
que tus labios tocan los míos. Me da risa,
luego ya no. Yo también quisiera besarte, Qué
cosas dices, no se puede, No veo por qué no,
Tu eres un adulto, yo apenas una niña, Dicen
que para el amor no hay edad, Tú eres sólo
producto de mi imaginación, en la realidad
eres diferente y no estarías diciéndome
esto, Pero te lo digo ahora, quiero darte un beso,
Si me besas, luego despertaré y caeré
en la cuenta de que nada en verdad sucedió,
no te imaginas lo doloroso que es eso a veces, Yo
estoy soñando contigo en este momento, al igual
que tú lo haces conmigo, No voy a creerte,
Quiero que todo esto sea más que sólo
un sueño, Pero es sólo eso, Puede llegar
a ser más si tú quieres, No puedo estar
segura, Claro que sí, será diferente
la próxima vez que nos encontremos en persona,
te lo prometo, entenderás que hemos soñado
lo mismo el mismo día y a la misma hora, te
daré una señal, haré algo inusual,
Entonces mi señal será besarte la frente,
me pararé de puntillas, Así hazlo, pero
ahora bésame, Bésame tú. Le sorprendió
el suave contacto de sus labios con los del joven,
pero, cuando entendió que aquello con lo que
había fantaseado tanto al fin se cumplía,
luchó contra su timidez y se dejó llevar.
Entonces, se cayó de la cama.
¡Pan! ¡¿Estás ahí?!
ahora su papá toca a la puerta. Es otro
día.
¿Sí? ¿Qué pasa?
pregunta ella, al momento de abrir para que
Gohan entre.
Hola, Bra saluda el saiya a la chica
de los ojos azules ¿Cómo están
tus padres y tu hermano?
Hola, señor dice Bra, agitando
su mano, sentada en la cama de Pan Todos están
bien. Gracias.
Me da gusto. Pan, iré a la casa de
tu abuela. No tardaré mucho dice y le
besa la mejilla a su hija Me dio gusto verte,
Bra.
Una vez que Gohan se retira, Pan se sienta a un
lado de su amiga y se prepara para el interrogatorio.
Entonces, Pan, dime dice Bra, risueña,
¿te gusta o no?
Ya te dije que no me hagas esa pregunta contesta
la otra chica, apenada, mientras pasa los dedos por
su cabello lacio y oscuro. Es guapo y es muy
lindo conmigo, pero no sé porqué piensas
que me gusta.
Tal vez tu amiga observa como te brillan los ojos
de sólo verlo, como tratas de disimular la
emoción que sientes cuando el joven te saluda
y besa tu mejilla y la forma tan dulce en la que hablas
de él y lo recuerdas a cada momento. Incluso,
hace algunos días, tuviste un sueño
de lo más peculiar con el saiya, tal vez el
más vívido de todos los que con anterioridad
has tenido. Por soñar con un beso del hermano
de tu amiga y por ser tan poco precavida, es hora
de rendir cuentas.
¡Sí que te gusta! exclama
Bra, un poco molesta No puedes engañarme.
De todas maneras. Aunque me gustara, de nada
serviría, no habría ninguna diferencia.
¡¿Por qué no?! grita
la otra, emocionada, poniéndose de pie
¡Sería perfecto! Tú y mi hermano
Trunks.
No se puede. Él está muy grande.
¡No importa! ¡Mírate! Con
otro vestuario y un poco de maquillaje, puedes aparentar
más edad y él también podría
enamorarse de ti y entonces...
¡Ya basta! la interrumpe Pan,
poniéndose de pie Eso no va a pasar.
¡Por favor! Si mi hermano llegara en
este momento y te abrazara, te besara y te dijera
que te ama, te olvidarías de todo este asunto
de la edad.
Ella tiene razón. Esta vez, sueñas
despierta, vives la escena en tu cabeza. Estas de
pie, en medio de un bosque irreal y lleno de luz,
rodeada de árboles de hojas rosadas que bailan
al son del viento, algunas desprendiéndose
y volando de aquí para allá, rozando
tu piel, tus ropas y tu cabello. Sobre el césped
violáceo camina una silueta que se dirige justamente
hacia ti. Tú sabes que es él, pero quieres
esperar a verlo con claridad para sonreír;
Trunks hace lo mismo. Cierras los ojos cuando ya está
muy cerca y esconde los dedos de su mano en tu cabello
y roza con su pulgar tu mejilla, ahora tus labios,
y cuando los suyos hacen contacto, te preguntas por
qué todas tus fantasías terminan igual.
Lo sé dice y suspira. No
podría rechazarlo porque sí lo quiero.
Eso es perfecto la otra recobra el buen
humor.
¿Por qué lo dices?
Porque tengo un plan.
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