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Ni un maldito ki, pensó Gohan. Por más
que lo intentaba, no podía percibir la presencia
del asesino, del cruel y despiadado ser que le había
arrebatado a su esposa. Y en qué forma lo había
hecho; cuando el saiyajin vio a Videl en esa posición
y con esas heridas, no pudo creer que se trataba de
la misma mujer con la que había hecho el amor
una noche antes. Procuraba mantener la calma, un ataque
de furia no serviría de nada, ni había
contra quién dirigirlo. Primero su hermano,
un amigo y ahora su mujer; difícil para él
olvidar los dos cuellos, el roto y el desgarrado,
y la expresión de horror que tenían
los tres a la hora de morir, la cual conservaron aún
después de cruzar la línea existente
entre este mundo y el posterior.
Entonces, ¿en dónde están?
Sé que no están en el otro mundo
respondió Dendé. No en el
cielo. Tampoco en el infierno, lo cual sería
absurdo porque eran buenas personas... Pero no sé
nada más. Murieron hace muy poco. Tal vez deberíamos
esperar.
¿No podrían haberse quedado
en la Tierra?
Escuchó una de las puertas eléctricas
abrirse, y después ese inconfundible taconeo
acercándose a él. Siguió con
sus manos en la balaustrada, mirando la cercana Capital
del Oeste, luz entre la oscuridad de la madrugada.
¿En qué piensas, Gohan? preguntó
Bulma, de pie a su lado.
¿En qué más podría
pensar?
La mujer suspiró y luego le sobó la
espalda para confortarlo, pero el saiyajin seguía
teniendo en ojos un brillo de lágrimas contenidas
y su boca se torció con amargura.
Sufrió mucho dolor Gohan tragó
saliva, de seguro esperaba que alguien la ayudara,
que yo la ayudara.
No te tortures así.
Debí estar con ella, debí encontrarla
primero; pobre de Pan...
No te preocupes más por ellas le
decía Bulma, con toda tranquilidad. El
cuerpo de Videl lo hemos puesto ya en una cámara
de conservación y Pan ya está mejor.
Se llevó un gran susto, pero ahora está
decidida: va a recuperar a su madre cueste lo que
cueste.
¿Qué dices?
Así como lo oyes la mujer sonrió.
¿Acaso te has olvidado de las esferas del Dragón?
No me digas que... comenzó a
decir el saiya, entrecerrando sus ojos, incrédulo.
Sí. Tu hija y la mía irán
a buscarlas. No irán solas, por supuesto: Uub,
el recién graduado aprendiz de Goku, las acompañará.
Me parece demasiado arriesgado, no creo que...
Lo sé. Pero por lo visto, mantenerlas
en casa no resultaría más seguro, Gohan.
Además, es la única manera en la que
pueden ayudarnos. Y realmente quieren hacerlo.
Gohan, resignado, aspiró hondo y soltó
el aire en un suspiro.
¿Cuándo partirán?
Hoy mismo.
* * * * * * *
¡Goku! ¡Amor! ¡La comida
está lista! gritó Milk a su marido,
con una sonrisa adornando sus labios.
¡Ya voy! contestó Goku,
desde el segundo piso.
Acto seguido, se escucharon los pasos del saiya;
bajaba las escaleras rápidamente, como si hubiera
acumulado sus ansias por comer durante tres días.
El olor de los tallarines abofeteó su nariz
con fuerza y se le hizo agua la boca.
Ten calma, ya te sirvodijo Milk, risueña,
al ver que el saiya irrumpía en la cocina.
¡Tengo mucha hambre decía
Goku, ya sentado, apretándose la panza con
las dos manos y tú cocinas tan delicioso!
Aquí tienes Milk le dio una buena
porción de tallarines en un plato hondo
Si quieres más, me dices... Creo que comeré
de una vez, podrías acabarte todo antes de
que yo pueda servirme un plato, y la verdad es que
yo también tengo mucho apetito el día
de hoy.
Al dar el primer bocado, Goku prefiere disimular
el desencanto que le provoca el mal sabor de la comida,
aunque es obvio que no le ha gustado, pues no come
desesperadamente como es su costumbre. Él sabe
lo que el tiempo provoca en los seres vivos, y su
esposa no ha escapado a la ineludible ley del deterioro
aunque él no lo pone en estos términos,
por supuesto. ¿Acaso los años
también se llevan consigo el buen sazón?
Idiota. Se le muere el hijo, le matan a la nuera,
y tú esperando que esté de humor para
hacerte unos tallarines así como aquellos que
te preparaba cuando se suponía que era feliz
y no se pasaba el día reprochándote
lo que no pudiste nunca solucionar y lo que jamás
supiste cómo arreglar. Sin embargo, hace algunos
días, probablemente le hubieras dado un gusto
enorme a tu paladar aunque, al momento de llamarte,
tu esposa no hubiera sonreído como lo hizo
los primeros años o meses o días quizá.
No te diste cuenta, sino hasta muy tarde, o quién
sabe, con ustedes dos nunca se sabe, que la posición
de los labios altera la intención de aquello
que la lengua logra pronunciar.
¿Tú no vas a comer? le
pregunta Goku a su mujer, la cual se ha sentado a
la mesa con las manos vacías.
No tengo hambre contesta ella, bajando
la mirada... Además, la comida ha de
saber horrible; estás comiendo como un humano
normal.
Goku no dice nada. En silencio, se cuestiona sobre
la relación que lleva con esta mujer, pues
dicha relación se ha deteriorado cada vez más.
Realmente no es cuestión de pleitos y rencores,
sino más bien de una rutina que con los años
parece haber sustituido al amor que había entre
los dos: ella siempre con sus reclamos y él
con su despreocupación, y una que otra vez,
un momento de pasión que sólo es un
recuerdo de lo que alguna vez fue y no volvió
a ser. ¿Es culpa nuestra o de la edad?, se
pregunta el saiya.
¿Cómo está Pan? ¿Está
bien?
Sí, la vi en la mañana.
Me alegro. Ayer estaba muy mal; pobre de ella,
haber hallado a su mamá así... ¿Por
qué dejó mi hijo que fuera a buscar
las esferas? Pan debió descansar y recuperarse
del espanto.
Ella estará bien Goku ha perdido
el apetito, ya no había prueba para nada su
comida Uub y Bra la acompañan.
Callan de nuevo; a Goku esos tallarines le parecen
eternos. No comprende cómo algo cuya preparación
se ve tan simple puede salir con ese sabor y olor
que lo hacen tan difícil de ingerir. Los remueve
con los palillos y los prueba de nuevo con la única
intención de evitarle un disgusto más
a su mujer.
¿Cómo puedes estar tan tranquilo?
No te entiendo, Goku. Nuestro hijo está muerto.
Lo mataron y no sabemos ni quién fue.
El saiya para de comer y se queda pensativo unos
momentos.
Milk dice con desgana, pues supone que
la humana no lo entenderá... Me duele
mucho la muerte de mi hijo, pero también lo
conocí muy bien. Yo sé que a él
no le gustaría vernos preocupados, sino luchando
por mantener la paz en este mundo. Ya tendremos la
oportunidad de arreglar esto; mientras tanto sólo
podemos estar alerta y esperar.
¿Esperar?Milk suena molesta
¿Esperar qué? ¿Otra muerte?
Esperar lo que sea Goku se pone de pie.
Tengo que irme.
¡¿A dónde vas?! grita
la mujer, desconcertada, siguiendo a Goku, pues ve
que su marido sale de la casa de repente y sin dar
ninguna explicación.
Iré con el maestro Roshi y con Krilin
dice él, mientras camina. Quiero
ver que estén bien y que sepan lo que está
ocurriendo, para que estén prevenidos. Me había
olvidado de ellos por completo.
¿Y no pudiste decirme eso desde un
principio?
Goku emite un suspiro.
Disculpa.
Cierra sus ojos y se concentra; percibe a las personas
dentro de la casa en aquella pequeña isla.
Contrae el anular y el meñique, junta el índice
y el medio; así los lleva a su frente para
desaparecer de la vista de Milk.
* * * * * * *
Lo primero que Goku vio al abrir los ojos fue el
hogar del maestro Roshi. Recordó como, en el
pasado, ese anciano había hecho lo posible
por instruirlo; alguna veces lo hizo usar un caparazón
de tortuga y en otra ocasión hasta se había
disfrazado para poder retar a su alumno en el Torneo
de las artes marciales. Movió su cabeza de
lado a lado para sacudirse los recuerdos y se acercó
a la casa.
¡Maestro Roshi!gritó, usando
sus manos a manera de altavoz.
Le extrañó que nadie saliera de la
casa para recibirlo, aunque en realidad sólo
habían pasado algunos segundos.
¡Maestro Roshi! ¡Soy yo: Goku!
gritó de nuevo, con más fuerza,
pero nada. Se acercó a la puerta y tocó
¡¿Hay alguien ahí dentro?!
En un gesto de desconcierto, se rascó la
nuca.
¡Qué diablos! ¡Entraré!
exclamó y, para su sorpresa, con sólo
girar la perilla pudo abrir la puerta ¿A
dónde habrán ido todos? se preguntó
a sí mismo, al no ver a nadie adentro.
Goku se dispuso a inspeccionar la residencia con
rapidez: revisó la cocina, la sala, las habitaciones,
los baños... hasta el último rincón.
Incluso buscó en el interior de los armarios
y debajo de las camas pensando que tal vez los habitantes
de esa casa le estaban gastando una broma.
No hay nadie concluyó al fin.
Sintió gran desconcierto al no hallar a nadie,
pues para tele-transportarse, se había concentrado
en el ki de los habitantes de la casa. Y ahora nadie,
ninguna presencia. Se encontraba de pie en la sala
y volteaba a su alrededor, todavía extrañado.
Tal vez si los espero... dijo en voz
baja.
Se acomodó en uno de los sillones a descansar;
se acostó boca arriba y colocó las manos
en su nuca.
Ojalá no tarden mucho en regresar bostezó,
abriendo la boca tanto como su mandíbula se
lo permitió y cerró los ojos...
tienen que saber... todo lo que ocurre...
Comenzaba a adormilarse cuando de pronto sintió
como si fuera a caerse del sillón. Falsa alarma,
sensación que se repetiría todas las
veces que intentara dormir una siesta ahí,
como una inquietud que tratara de ponerlo en estado
de alerta. Al ver el reloj, marcando una hora que
no iba de acuerdo con sus cálculos (de los
que él mismo desconfiaba), decidió despabilarse
y ponerse de pie.
Esto es muy extraño... No creo llevar
tantas horas aquí. tal vez al aire le
hizo esta observación, pues no había
nadie que pudiera escucharlo.
Caminó hacia la sala de nuevo y se distrajo
viendo las fotos que había sobre una mesa:
vio al maestro Roshi vistiendo un caparazón
de tortuga sobre su ropa normal; a Krilin cuando era
niño, luego ya crecido, después con
cabello y en otras dos imágenes, acompañado
de C-18 y Maron; había una fotografía
de él mismo, tomada el día de su boda
con Milk... Quién está ahí, gritó
de repente. Parálisis por unos instantes. Aquello
no fue producto de su imaginación, estaba seguro.
Intentaba concentrarse a pesar de lo rápido
que empezó a latir su corazón. No halló
ningún ki tan cercano. Pero esa luz que se
dejó ver por la ventana no había salido
de la nada. Algo merodeaba ahí afuera y Goku
presintió que la única manera de cerciorarse
era saliendo de la vivienda.
¡Deténte!
Lo vio de nuevo por otra ventana: era un humanoide
luminoso el que corría alrededor. Viene por
mí, pensó el saiya, y querrá
aniquilarme como lo hizo con Goten y Trunks. Se dirigió
paso a paso hacia el exterior de la casa, mirando
en todas direcciones; ahora la vista era la única
manera de localizar al enemigo, Pero en esta ocasión
las cosas serán al revés, y si no te
elimino yo, quedan otros que sí lograran hacerlo,
tenlo por seguro. Al salir, encontró al ente
antropomorfo de pie, inmóvil, como si estuviera
esperándolo.
¿Quién eres? le preguntó
Goku.
Sin rostro, ni orejas; sin cabello, ni vestimenta;
lo que tenía Goku enfrente era luz y energía
puras.
¡¿Quién diablos eres?!
insistió al momento de tomar una postura
de combate. Unas gotas de sudor resbalaban por rostro.
Pero el otro se mantenía inerte; las palabras
del saiyajin parecían no intimidarlo, No sé
que pretendes pero, no lo lograrás, pagarás
por lo que has hecho, pensaba el saiya, No sabes tú
lo que he hecho y lo que estoy por mostrarte, parecía
pensar el otro, y con aquella misma tranquilidad,
comenzó a levantar y a estirar su brazo, para
después acumular en su mano una esfera de resplandeciente
energía, misma que salió disparada hacia
Goku.
¡Tendrás que hacer más
que eso para acabar conmigo! le dijo al extraño
ser, luego de haber esquivado su ataque.
Fue entonces cuando los vio. Al menos una parte
de ellos, lo que la arena removida por la fuerza de
la esfera lumínica dejaba ver. Un brazo aquí.
Un pie allá. Una cabellera canosa y otra rubia.
Una pierna. Tres brazos más. Y en medio de
aquellos restos, el humanoide, de pie, casi triunfal.
Mira. Míralos bien. Yo lo hice. ¿Qué
harás ahora?
¡¿Cómo pudiste...?! Goku
expandió su ki ¡Ya verás!
El saiya se lanzó contra su contrincante,
decidido a acabarlo; el otro no se movió. Al
momento de hundir su puño en aquel cuerpo,
Goku perdió el conocimiento, no sin antes pensar
que estaba a punto perder mucho más que eso.
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