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Cuando las luces comenzaron a fallar, la de los
cabellos azules presintió que algo no andaba
bien, y no pensó en corrientes eléctricas,
sino en aquella ocasión cuando se encontraba
frente al espejo del baño en compañía
de su ahora difunta amiga Pan, cuya mandíbula
no se encontró en ninguna parte, por más
que aquellos hombres buscaron debajo de las mesas
y en el piso del café. Bra no fue testigo en
el momento pero lo supo: se la había llevado
El Ave, y ahora sólo podía imaginar
qué había hecho con ella después;
ya podía ver al águila dejando caer
el hueso con algunos molares todavía implantados
y al hombre vestido de blanco extendiendo la mano,
sonriendo debajo del manto que cubría su rostro.
A pesar de las advertencias de su madre, y de los
códigos restringiendo la entrada, Bra se las
había arreglado para visitar la morgue en una
ocasión. Fue cuando se enteró de la
mandíbula ausente y la lengua colgante de Pan,
los dientes que en la boca de Videl ya no estaban,
la piel arrancada de Trunks, el cuello de Goten aun
torcido hacia un lado, y la mortuoria desnudez de
todos ellos. Lloró, no se entrará en
la detallada descripción de la lágrimas,
simplemente se sintió más vulnerable
que nunca, capaz de terminar sumergida dentro de un
cilindro lleno de líquido azul hasta el día
de las resurrecciones, si tal evento se presentaba,
acaso podría conservarse entera con un poco
de suerte, por así decirlo, pues aquellos cadáveres
entre los que se encontraba obviamente no la habían
tenido, del cuerpo de Uub sólo quedó
un charco de sangre y, aunque ella no lo supo nunca,
para ese entonces Piccolo ya había perdido
la cabeza y Gohan el corazón, de qué
privilegios gozaba ella para que el enemigo tuviera
la increíble consideración de conservarla
intacta, mejor ni pensarlo, todo puede ser un engaño,
y el día menos pensado las luces del techo
parpadean de nuevo, se rinden, todo queda a oscuras
y se desploma tu ilógica certeza de que permanecerás
con vida un día más.
¿Qué hacías después
de la media noche caminando por los pasillos de la
corporación? No era una de tus costumbres,
pequeña, lo que sucedía era que tu problema
de insomnio iba de mal en peor. Primero fueron las
pesadillas, las cuales aparecieron desde el día
en que no volviste a ver a Goten y empeoraron desde
la desaparición de Uub, cuando en tus sueños
ya veías esa marea de gaviotas putrefactas
flotando sobre el mar; luego, una vez muerta tu amiga,
fue el terror que te causaba la idea de dormir en
tu habitación: la ventana por la que Pan se
había asomado alguna vez esperando que los
chicos llegaran en su coche para llevarlas a jamás
se supo dónde y quién sabe con qué
intenciones, era la misma por la que El Ave podría
irrumpir mientras dormías, entonces no sería
una pesadilla la que te iba a despertar en medio de
la noche, sino la terrible noticia de que ya no te
quedaba ningún diente.
Fue un miedo muy parecido el que la hizo correr
al laboratorio de armas, que enseguida estaba y a
pesar de la oscuridad, porque estuvo segura de que
la falla en las luces sólo podía deberse
a una abominable presencia, Sea quien sea, viene por
mí, pensó, esperable deducción,
pues hasta el momento, las dos apariciones que había
tenido oportunidad de presenciar comenzaron igual,
con una irregularidad en la energía eléctrica,
y en ninguna ocasión alguno de los entes se
había manifestado en vano, siempre hubo cadáveres,
o al menos un indicio de ellos, y Bra no tenía
ningún motivo para pensar que su caso sería
la excepción. Se sintió patética
cuando entre sus manos tomó una pistola cuyo
alto calibre y gran potencia en cada una de sus balas
podría no servirle para nada si el aparecido
era el aquel monje blanco que con sólo desearlo
había hecho a Uub esfumarse.
Salió al pasillo de nuevo, con el arma ya
cargada, y al voltear a ambos lados, no tuvo que pensar
mucho para decidir en qué dirección
correr, a la derecha, por supuesto, hacia dónde
está la puerta que divide la sección,
puesto que por la izquierda venía acercándose
un resplandor y la chica no tenía interés
en averiguar qué lo estaba causando. Pero no
pudo abrir el acceso por más que forcejeó,
así de inconveniente había sido el diseño
de las puertas, que en el apagón unas podían
abrirse manualmente y otras, las que habrían
permitido a muchos prolongar su existencia, como pareció
ser en el caso de Bra, se hallaban herméticas,
y sin corriente se rehusarían a permitir el
paso de cualquier persona, no importaba que fuera
ésta la hermana del difunto Presidente de la
Corporación Cápsula, ni tampoco se interesarían
por el valor en efectivo de las tarjetas de plástico
que ella hubiera acumulado, ignorarían toda
su lindura y no iban a escuchar sus lamentos. Cerradas
estaban y punto, gran obstáculo para la chica
que ahora dependía de la suerte y el arma que
no estaba segura cómo utilizar, por ser ésta
diferente a un simple rifle de dardos somníferos.
Fue entonces cuando apareció, en un vuelo que
pronto se volvió violento, aquella bestia alada
que tenía por costumbre atacar a sus víctimas
justo ahí, de donde provenían los alaridos.
Pan, esto va por ti, tuvo tiempo de pensar la chica,
y jaló el gatillo. El arma saltó de
sus dedos y cayó al suelo, al igual que ella,
aturdida por el repentino impacto retumbante y el
temor de perder el maxilar inferior si fallaba su
puntería o en caso de que ésta última
no sirviera de nada a fin de cuentas. Para su gran
sorpresa, se hallaba El Ave completamente abatida,
y aunque ni una sola pluma había perdido, cualquiera
habría pensado que del piso ya no se levantaría;
ya sólo aleteaba en un estertor, preludio de
su muerte, si era posible tal situación. Pero
los nervios de Bra de nuevo le hicieron sentir una
descarga, pues el cuerpo del águila comenzaba
a emanar una especie de fluido luminoso, cuyo estado
no era propio de un líquido ni de un gas, era
tal vez un punto intermedio y seguramente un estado
físico de altas temperaturas ya que el aire
se contagiaba del calor, a la chica le sudaba la frente
por eso y debido al esfuerzo que hizo al intentar
abrir esa puerta que seguía negándose
a pesar de las apremiantes circunstancias. El fluido
no se detuvo, serpenteaban sus ramas por el suelo
y el aire, cada vez más cerca; Bra dedujo que
aquello sería peor que morir en la hoguera,
devorada por las llamas. Así fue, y aunque
conservó su dentadura, la hizo rechinar hasta
el último momento.
* * * * * * *
Sólo quedó la luz de las estrellas
que las nubes dejaban al descubierto: incluso los
automóviles dejaron de funcionar de un momento
a otro y se apagaron sus faros; el derrape de llantas
y los choques vinieron entonces como consecuencia,
milagrosamente ningún incendio, pero se oyeron
los gritos y las carreras de aquellos que se percataron
del peligro que por unos segundos significó
estar parado en una banqueta, ya que ni los más
eficaces frenos son capaces de evitar un choque si
están en manos de un conductor estupefacto,
menos en aquellos autos que ni siquiera tocaban el
suelo y ahora contra éste terminaban estrellándose.
No faltaron tampoco los que buscaron algún
provecho en medio de la conmoción a oscuras:
cristalazos y saqueos comenzaron a ser otra amenaza
para los honestos ciudadanos, inocentes todos ellos;
por lo menos, en cada catástrofe que alguna
vez hubo, así se presumieron. Los saiyas, que
antes habían llamado la atención de
todos los que vieron cómo caían en medio
del pavimento, ahora eran ignorados por completo.
Kakarotto...
El otro no contestaba, seguía acuclillado
y tal parecía que regresar a su nivel normal
tan rápido lo había aturdido.
Diablos, dime que no has enloquecido igual
que toda esta gente.
Estoy bien decía, levantándose...
¿pero qué sucede?
¿Y yo cómo voy a saberlo?
Mira eso... Ahí.
No señaló nada, ni le importó
ya su aura perdida; en vez de eso se dispuso a volar
seguido por su compañero, sólo que a
una menor velocidad que la anterior, como si en esta
ocasión ambos pretendieran llegar a su objetivo
con el mayor sigilo posible. Allá en lo alto,
entre las nubes y la Capital, y sobre el centro de
ésta, se hallaba aquel brillo que parecía
la luz de un faro a distancia apuntando directamente
al observador. Conforme estuvieron más cerca,
el resplandor perdía intensidad, la figura
detrás se iba revelando y La Muerte, que uñas
no tenía, caso contrario se las habría
arrancado a mordidas, sin duda, era cada vez presa
de una mayor mortificación, Qué podrán
hacer ustedes por mi causa, se lamentaba, si yo no
podré hacer nada por sus almas, y prefirió
desviar la mirada, y aunque La Auténtica Puerta
del Cielo y el Infierno ojos no poseía, siempre
que la Vida estuviera a punto de perder un hijo, allí
estaría ella presente, en espera de que cuerpo
y alma dejaran de ser uno sólo, para desechar
el primero y conducir a la segunda a su destino final,
en las ocasiones en que el espíritu existía;
pero ahora, incapaz de llevar a cabo su deber, volteaba
hacia otro lado, como si eso fuera suficiente para
no enterarse de lo que sucedería; hubiera querido
estar en otro mundo, uno sin invasores, como ella
los llamaba, donde fuera por siempre La Más
Temida, el paso decisivo entre lo que uno es y lo
que por siempre será.
Una vez que los saiyas estuvieron a pocos metros
de distancia, la luminosidad de aquel individuo había
desparecido, sólo su blanco manto resplandecía
ahora como si sobre éste cayera la luz del
mediodía y se ondeaba al son de un viento calmo
que allá arriba era un aliento helado. Durante
algunos momentos que parecieron prolongarse más
de lo debido, nadie pronunció una sola palabra;
Él se halló sumergido en su acostumbrado
mutismo, hombre de pocas palabras al fin y al cabo,
y los saiyas, intrigados por la presencia del misterioso
monje al que nunca antes habían visto.
¿Quién eres? preguntó
Vegeta, frunciendo el ceño.
El individuo calló unos segundos más,
como si no hubiera escuchado al saiya, el cual, al
igual que su compañero, notó que los
latidos de su corazón de pronto se aceleraban,
tal vez la causa era la impaciencia por escuchar la
respuesta.
Yo soy... Nada será sentenció
El Hombre de Blanco.
* * * * * * *
Ya había pasado la medianoche y Bulma seguía
sin preocuparse por la hora marcada en el reloj ni
por el sueño reparador que le hacía
tanta falta. Aunque la esfera de una sola estrella
ya no estaba en la corporación y no podían
hacérsele más estudios, los datos recopilados
durante esas veinticuatro horas, en las que prácticamente
la mujer no había pegado las pestañas
por más de dos segundos, ofrecían información
suficiente para poder trabajar con ellos todavía.
Y después de presionar mil veces las mismas
teclas, Bulma había llegado a una insólita
conclusión, sin estar segura de que fuera producto
de un acertado raciocinio o un disparate provocado
por la cafeína acumulada en su cabeza: el enemigo
no había alterado la esfera de ninguna manera.
Tal vez ya era momento de irse a la cama, pero mañana
mismo, a primera hora, se pondría en contacto
con Piccolo, o con quien fuera para compartirle sus
sospechas; tal vez iría ella misma con las
seis esferas al Templo Sagrado para convencer a Dendé
de que podrían unir las siete sin ningún
problema, llamar a Shen Long y pedirle que desapareciera
a esos seres aborrecibles de este mundo, y que al
diablo se fuera el orgullo de Vegeta, quien como siempre,
estaba seguro de poder derrotar al enemigo con sus
propias manos. De pronto, sintió una opresión
en el pecho, un mal presentimiento y no un síntoma
de enfermedad, de seguro, e impulsada por el temor
de que algo terrible ocurriera, decidió que
era absurdo esperar hasta el día siguiente
para realizar un acto que podría evitar la
muerte de alguien más durante las horas en
las que ella tardara en despertar. Antes de que pudiera
levantarse para comenzar a poner en marcha su improvisado
plan, sonó su teléfono celular y, como
si cualquier simple llamada tuviera prioridad sobre
el destino de aquel mundo, contestó:
¿Hola?
¿Dra. Brief?
Sí, ella habla.
La llamo desde la sección B-3. Normalmente
no la interrumpiría, pero sé que esto
es importante para usted.
¿Qué sucede?
Doctora... algo le ocurrió a las esferas
del dragón y nadie sabe cómo pasó.
Nos preguntábamos si sería un cambio
normal, usted sabe, por su naturaleza que al parecer
es tan especial. Pero, aún así,
es demasiado extraño para que... ¿Doctora?
¿Sigue usted ahí?
Por supuesto que no. Al escuchar la palabra esferas
Bulma había soltado el teléfono por
acción de sus reflejos y, habiendo aventado
los zapatos de tacón, ahora corría descalza
por los pasillos y escaleras abajo como si aún
pudiera evitar la transformación sufrida por
aquellos objetos en los que había puesto todas
sus esperanzas. Se reprochó a si misma, en
medio de aquella carrera, no haber tenido la osadía
de invocar a Shen Long ella misma cuando tuvo la oportunidad
y supuso que su último mal presentimiento se
debió a que ya sería demasiado tarde
para hacerlo. Qué pasó, preguntaba,
A un lado, gritó, cuando no le contestaron,
y entró a la cámara donde estaban las
esferas, a pesar de traer anudada la garganta de sólo
pensar con lo que ahí podría encontrarse.
No, dijo varias veces, momentos antes del apagón.
Después, sólo se iba a escuchar el llanto
de una mujer a la que sólo le quedaría
esperar un milagro.
* * * * * * *
Entre sus dos manos casi juntas apareció
el intenso resplandor. ¿Cómo evitaste
las decenas de esferas luminosas que de ahí
brotaron? Ni tu mismo lo supiste, Goku. Una de ellas
si alcanzó a golpearte y acá abajo en
el suelo te encuentras tratando de levantarte lo más
rápido posible a pesar de que tus músculos
no responden como debieran; sólo esperas no
tener un agujero en el abdomen, ahí donde pones
tus manos. Entran a tus oídos los gritos de
aquellos que concientes están del desastre
ocasionado por el ataque del Hombre de Blanco, pero
te dedicas a correr al estar muy aturdido para volar,
porque al voltear hacia arriba y a pesar de la oscuridad,
ves que este edificio aquí cerca se derrumba
y no es momento éste para que todas esas toneladas
te caigan encima, por más resistente que seas.
Pronto sientes debajo de tus pies el temblor del pavimento.
Lo esquivaste justo a tiempo. Sabes que otros no tuvieron
tanta suerte y ahora aplastado tienen el cráneo.
Más gritos. Continúas corriendo y en
el camino a quién sabe dónde tropiezas
y derribas a alguien que te insulta. No importa, supones
que no es momento para disculpas y sigues adelante,
o más bien, hacia arriba, pues ya estás
volando, saliste del trance que te lo impedía,
tu abdomen se haya intacto y sólo la piel ha
sido herida pero no sangra. Inútil sería
seguir allá abajo cuando es aquí arriba
dónde se encuentra suspendido en el aire el
monje vestido de blanco. Te concentras y expandes
tu ki. Ahora eres un super saiyajin que posee luz
propia y notas que tu compañero lo es de igual
manera, Big Bang Attack, escuchas que grita y ves
que la energía lanzada es devuelta cuando el
enemigo extiende su brazo hacia ella y abre la mano.
No te quedas mirando mientras Vegeta esquiva el ataque
que él mismo había arrojado: te abalanzas
contra el monje y piensas abatirlo con tus puños.
Te estrellas contra una pared que tan impenetrable
es como invisible al momento de lanzar el primer golpe
y te cercioras de su presencia cuando ni siquiera
tus piernas son capaces de pasar a través de
ella. Se ilumina la palma de tu adversario y después
del resplandor todo se vuelve oscuro para ti. Caes
de nuevo pero te elevas a medio camino para evitar
el suelo. Tu respiración se agita cuando te
percatas de que ahora tu ceguera es doble porque no
puedes percibir por ningún medio al enemigo
y sólo escuchas que Vegeta intenta lo mismo
que tú hace unos momentos. Piensas que no ha
tenido éxito ya que profiere algunas maldiciones
que te resultan muy familiares pero que sólo
logran inquietarte más. Tal vez es momento
de perder las cejas y que tu cabello llegue hasta
los tobillos pues no hay necesidad de esperar a que
la situación se ponga peor para luchar al máximo:
presientes que es ésta una oportunidad única
para vencer a quien parece dirigir la catástrofe
y la serie de asesinatos en los últimos días.
Para tu sorpresa y alivio, tus ojos vuelven a ver
una vez que alcanzas el tercer nivel de super saiya.
Te lanzas de nuevo contra tu adversario pero éste
se desvanece de repente una vez que llegas a él
sólo para aparecer de nuevo detrás de
ti. Muy tarde te enteras de esto y una ráfaga
de energía y luz te quema y estrella contra
la pared de un edificio en la que te hundes y de la
cual te desprendes para caer al suelo inevitablemente
y antes piensas que escuchar una maldición
de la boca de Vegeta sería un respiro más
que un fastidio entre tanto inconveniente pero de
él ya no sabes ni oyes nada. El pavimento es
más duro de lo que recuerdas mas incorporarte
de nuevo no te cuesta tanto trabajo como antes, acaso
el aura que ahora te envuelve te protege de algún
modo que no entiendes a pesar de no ser igual de refulgente
que la que acompañaba a tus ojos antes dorados,
ahora azules como el cielo del otro hemisferio, detalle
sin relevancia: lo importante es que ven y son capaces
de ubicar a Vegeta y al hombre una vez que despegas
los pies del suelo. Le arrojas energy ha al sujeto
que con sólo pensarlo los desvía o te
los regresa. El sudor en tu frente bien podría
deberse a tu sangre hirviendo cuando piensas en la
cantidad de personas que sufren las consecuencias
de un enfrentamiento en el que difícilmente
podrían influir de alguna manera, ya que ninguno
de ellos dejaría de huir para levantar los
dos brazos y así ayudar a eliminar al enemigo
aunque de esto dependiera evitar su aniquilación
propia. Vegeta ha fallado otra vez en su intento por
enterrarle un puño en el rostro a ése
sujeto y ahora el misterioso individuo junta sus manos
de nuevo y es como si la esfera luminosa aparecida
ahí en medio pugnara por absorberlos a ustedes
dos, que ahora luchan por alejarse sin poder hacerlo;
se mantienen con gran esfuerzo en el mismo lugar mientras
el aire no opone resistencia alguna ya que se introduce
en medio de aquellas manos así como agita tus
cabellos y el manto del hombre. Pero como todo lo
que a presión se somete en algún momento
ha de estallar, así lo está haciendo
todo aquello que entre las manos del monje blanco
ha sido atrapado y una explosión de luz y viento
es la que ahora te lanza con fuerza contra una construcción
que has de atravesar de lado a lado para de nuevo
terminar en medio de una calle a la cual ahora sí
le dejarás marcado un surco. Aprisa te levantas
aunque te resulte tan complicado como si la gravedad
hubiera aumentado considerablemente. Esa sensación
de que pronto algo terrible pasará es la que
infunde las energías necesarias para seguir
combatiendo, para volar de nuevo, no importa que se
repita lo mismo y abajo termines otra vez, no te rendirás
en tu empeño porque ese maldito monje no puede
ser invulnerable, eso piensas cuando ya lo ves, cada
vez más cerca y ahí viene Vegeta igual
o más fastidiado que tú, y el hombre,
impasible, ni sus pesadas ropas han de hacerlo sudar,
ni ha efectuado movimientos que lo hagan jadear como
tú, Kame Hame Ha, gritas sin que te importen
las consecuencias ni ese campo de fuerza que cubre
al Hombre de Blanco, Final Flash, te secundan e inexplicablemente
ambos rayos de energía se entrelazan y ahora
son uno sólo que es detenido por la mano que
abre su palma como si eso fuera suficiente para inutilizar
la ráfaga por ustedes dos incrementada a medida
que se esfuerzan, vacían sus pulmones de aire
al gritar, tensan sus músculos y ponen toda
su concentración en esas dos líneas
luminosas que se juntan en una sola y desaparecen
en aquella mano. Te sientes desfallecer, el rubio
de tus cabellos amenaza con oscurecerse, pero tomas
aire y continúas. Esto nunca lo habías
sentido, un calor en tus manos que pareces tenerlas
al fuego y cada vez más cerca, pero aunque
sólo te queden muñones al final de tus
brazos, no desistirás. Tu amigo, que hasta
el final pretenderá ser solamente tu aliado
rival, tampoco se rendirá. Por increíble
que parezca, justo cuando tus esperanzas empezaban
a tambalear, el enemigo claudica, se hace a un lado
para evitar la ráfaga y aprieta su mano con
la otra, parece sentir un dolor parecido o mayor al
que tú mismo experimentas en tus manos, pero
ya no lo manifiesta, fue cuestión de un instante.
Miras la expresión en el rostro de Vegeta,
una satisfacción en sus ojos se refleja mientras
su boca emite jadeos de fatiga, y Él, uno de
los aborrecibles, ahora observa la palma de su mano.
Está herido. Ves brotar una sangre resplandeciente
y no podrías decir si es líquida o es
un gas.
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