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Como si aquella mano invisible que Gohan parecía
querer alcanzar se desvaneciera y su cuerpo no tomara
sería su alma la elegida acaso,
cayó el cadáver a un suelo cuya sed
permanecería aún después de beberse
toda la sangre del hijo, y el padre, sin tardanza
ni preocupación alguna por la medida de las
consecuencias, tomó con sus brazos los frescos
restos de su primogénito, sintiendo subirle
por el esófago una sensación repugnante
que a cualquier ser vivo consciente de serlo que la
experimentara le haría pensar que está
a punto de vaciársele el estómago, mas,
en este caso, los que derramaron su contenido fueron
los lagrimales.
¡Gohan! Gohan, no decía
Goku, tal vez creyendo que esos oídos desprovistos
de vida aún lo podían escuchar...
Esto es... demasiado.
Apretó los párpados, ya no quería
ver el cuerpo, a su contrincante, ni siquiera a sí
mismo; hubiera presentado su renuncia de haberle sido
posible tal cosa, Ya no quiero presenciar todo esto,
habría dicho, y en otro lugar, otro tiempo,
hubiera abierto los párpados y encontrado que
todo aquello había sido una pesadilla, Deseo
que los muertos revivan, podía decir todavía,
en la balanza se hallaba el acertijo detrás
de la esfera con una sola estrella y la capacidad
del Kamisama para descifrarlo; mientras tanto, Goku
no tenía alternativa.
Te haré pagar esto... le dijo
a un adversario al que decirle cualquier cosa resultaba
inútil, por lo cual no pronunció otra
palabra mientras se ponía de pie.
Dolorosa determinación, dejar de lamentarse
abrazando el cuerpo del recién difunto para
continuar con el combate, dónde queda el desahogo
y la expresión del sufrimiento, se deja para
después, siempre habrá tiempo para llorar
y sólo un poco para afligirse delante del muerto,
mas la oportunidad de enfrentar al Lumínico,
por lo general, se da una sola vez en la vida: la
última, y el padre, que hijos ya no tenía,
parecía entender esto de modo suficiente, tanto
que usaría otra de sus emociones a su favor:
la furia, que ésta, en el combate, puede ser
un arma muy efectiva, infalible energizante y justificación
suficiente en muchos de los casos y no hace falta
decir, pero se dice, que éste era uno de ellos.
¿Qué es...esto?
Se vio obligado a hincarse y poner una mano en el
suelo, como si un buen golpe le hubiera sido enterrado
en el abdomen, mas no era su adversario el causante
de aquella sensación perturbadora, al menos
eso se deduce, pues en esos momentos no presentaba
el ente movimiento alguno. ¿Serían aquellos
seres recién aparecidos los responsables? Al
igual que El Lumínico, estaban hechos de luz;
la diferencia radicaba en su número, el ente
era uno, ellos eran muchos, y su naturaleza fugaz,
ya que así como estaban un segundo desaparecían
al siguiente. En los breves instantes en los que se
dejaban ver, representaban todos alguna dramatización:
el blandir de la espada; combates cuerpo a cuerpo,
aunque obvio fue que cuerpo no eran; un beso de despedida,
por ende, el último que se daba la pareja;
el mismo acto del amor, en realidad del deber reproductivo
y el disfrute corporal; una huida desesperada, ya
fuera corriendo, volando o el cuerpo arrastrando;
la lucha inútil y el momento de la muerte,
unos imploraban y morían, otros se resistían
y el resultado era el mismo, y a otro más el
cuello se le torció en una media vuelta antes
de que cayera al suelo y se esfumara, notable coincidencia,
si eso es lo que fue.
¡Basta!
El aumento de ki parecía ocurrir en contra
de su voluntad, como si el esfuerzo efectuado por
el saiya hubiera tenido como objeto frenar la transformación
para entonces ya casi terminada. Si se ha de describir
el cambio ocurrido después del resquebrajamiento
de una minúscula parte de la superficie terrestre
y de la aparición de un aura dorada envolviendo
a Goku, la cual parecía causarle dolor, se
supone esto último por la magnitud de los alaridos
proferidos, entonces se dirá que el cabello
del único ser vivo que lo posee en la escena
descrita se tiñó de rubio platino, las
iris del saiya se iluminaron en un resplandor dorado
y de color blanco se volvieron sus ropas, las cuales
fueron capaces de resistir la manifestación
de energía antes mencionada para seguir vistiendo
a Goku.
¿Qué me sucede? se preguntó
Goku al momento de abrir los ojos y comenzar a ponerse
de pie, mientras se percataba del aura luminosa aún
presente que lo rodeaba y el torrente vivificador
que le corría por las venas.
Se quedó perplejo al ver a aquellos seres
carentes de ki, ahí todavía. Ya no manifestaban
drama o evanescencia alguna, sólo permanecían
de pie, mirándolo, acaso estarían dotados
de la capacidad para percibirlo por medio de la visión
o algo parecido que requiriera apuntar el rostro hacia
él. Quiénes son, ni siquiera pensó
preguntarlo, De dónde vienen, supuso que nunca
lo sabría, Qué quieren, he ahí
la verdadera cuestión, pues de las dos anteriores,
si bien nunca se supo la respuesta, se pueden hacer
aproximadas suposiciones. La escalofriante luminosidad
de los entes camufló al único asesino
entre todos ellos, así como al inicio de todo
este embrollo lo había hecho un derroche de
energía al que llamaban Kame Hame Ha, y cuando
el Lumínico hizo su aparición frente
al saiya, lo atacó con sus puños y le
impidió reaccionar oportunamente; recuérdese
que uno de los sentidos más desarrollados del
saiya de nada le había servido hasta ahora,
y dependía éste de la vista, el oído
y de los restantes para lidiar con el enemigo, y si
alguien no comprende la desventaja que representaba
esto, entonces le quedará todo muy claro cuando
cierre los párpados y así los mantenga
hasta que sufra un percance que lo obligue a abrirlos
de nuevo, si le es posible hacerlo. En el caso de
Goku no lo fue: era incapaz de salir de su ceguera
extra-sensorial. A pesar de esto, y de su tardía
reacción, bien librado salió de aquella
embestida, ayudado quizá por su nivel recién
obtenido, al que ningún número le fue
o será asignado, y la repentina desaparición
de los seres desconcertantes; el primero lo dotaba
de un aura poderosa, capaz de quitarle de encima al
humanoide con sólo expandirla, y la segunda,
que no duraría mucho, le permitió centrar
su atención en el combate, lo cual es un decir:
el padre no olvidaba que cerca yacía el cuerpo
sin alma de su hijo, y como tigre lo defendía
del carroñero que insistía en pelear
ahí mismo; no deseaba Goku verle más
heridas a Gohan, ni aunque fueran accidentales o posteriores
a la muerte, y a fuerza de puños y patadas
alejó al ente luminoso del lugar, alrededor
de doscientos pasos, cuántas veces lo estrelló
contra el suelo, las suficientes para demostrarle
a su adversario que en esta ocasión cualquiera
podría ser el resultado del enfrentamiento.
Kame... Hame... Ha! dijo Goku, y el
efecto de sus palabras no se hizo esperar.
Tampoco la reacción del contrincante. Usando
una habilidad desconocida para cualquiera en el planeta,
corrió el humanoide a través del ataque
lanzado en su contra, como si se tratara éste
de un holograma, y cuando estuvo bastante cerca, con
el pie quiso golpear la mejilla del saiya, mas al
ver su intento frustrado y aprendiendo que el mismo
truco no funciona dos veces, aunque se trate de individuos
distintos, basta con que sea la misma historia para
que la lección sea válida, se abalanzó
el ente contra su rival con la intención de
penetrar el aura que protegía a Goku, y ya
que era ésta una especie de viento y resplandor
provenientes del ki, y no un campo de fuerza diseñado
para evitar la invasión del propio espacio,
vio entonces el aberrante que sus esfuerzos de ningún
modo eran en vano: hacía contacto con sus puños
en aquella piel que deseaba fastidiar, como a todo
lo que debajo de ésta se encontrara. Entonces
fue abatido por una lluvia de energy ha, y de nuevo
dejó un surco en el suelo antes de volver a
levantarse. Intentó cegar al saiya con un resplandor,
así como lo había hecho con el nameku,
pero fue inútil, acaso el dorado de los ojos
le sirviera a Goku de protección contra cualquier
deslumbramiento; parecía El Lumínico
carecer de una buena memoria y la voluntad para aprender
de sus propios errores, pues necesitaba con urgencia
una nueva estrategia si quería obtener la victoria
o, por lo menos, conservar la existencia.
¿Qué pasa? ¿Tienes miedo?
le preguntó Goku, en un tono sarcástico
que le era propio en los combates, acentuado por su
nuevo poder, el cual, así como le envolvía
el cuerpo, se adentraba en su mente Deberías
tenerlo...
Al momento de haber dicho eso último, el
saiya creó sobre la palma de su mano una muy
pequeña esfera de energía, pero de luminosidad
tan potente, que era indudable su gran densidad, mucho
mayor que la de cualquier energy ha. La exhibió
unos momentos, como si no hubiera tenido prisa por
terminar aquel encuentro y de antemano se supiera
vencedor, no importaba entonces en qué momento
lanzara la esfera contra el enemigo: daría
en el blanco, sin importar qué, y más
si dicho blanco permanecía inmóvil como
hasta entonces, sin que quedara claro si este era
un gesto de resignación o de reto por parte
del Lumínico. Aún así la lanzó,
nada más hubo por hacer que esperar el término
de la explosión ocasionada por la esfera cuando
alcanzó su objetivo.
Ya me cansé de esto...
Dichas palabras habían sido pronunciadas
por el saiya que, una vez desvanecida la nube de polvo
y al ver al humanoide de pie e ileso, como se lo había
visto la mayor parte del tiempo hasta ese momento,
decidió que ya estaba harto de un ente asesino
que era capaz de mantener impunes todos sus crímenes
y resistir cuanto ataque se le dirigiera, mas no tuvo
tiempo de seguir con estas reflexiones y emocionales
determinaciones: su contrincante ya iba en camino
y no era larga la distancia que los separaba ni demasiados
los segundos que el ente tardaría en recorrerla
volando a aquella velocidad. El padre decidió
que la ocasión no era otra sino la derrota
del Lumínico (aunque, como se sabe, por ese
nombre no lo conocía nadie), por eso no trató
de postergarla más tiempo y hasta se podría
decir que aceptó de buen grado el intercambio
de golpes; cabe aclarar que a esto último se
lo llama así porque generalmente cada contendiente
procura la reciprocidad, es decir, asestarle al otro
un puñetazo como mínimo por cada uno
que se reciba, saliendo unos más beneficiados
que otros gracias a la generosidad mostrada por muchos
que no tienen reparo en dar de más; al parecer
eso pretendía hacer el humanoide: más
frenético que antes, se enfrentaba cuerpo a
cuerpo con Goku, logrando traspasar en repetidas ocasiones
el aura luminosa que protegía al saiya y llevando
el combate a nuevas alturas, en sentido figurado y
literal, pues ahora los pies de ambos estaban lejos
de la tierra, así como de los cuerpos del hijo
y el maestro, por lo que la caída sería
más prolongada si alguno de los dos desfallecía
esta vez. Un puño viajando hacia el rostro
con fuerza y velocidad incontenible, se dobla el cuello,
más no se rompe y la piel en su lugar se mantiene;
la rodilla hundiéndose en ese estómago,
se tuerce el enemigo, no se sabe si en realidad ha
sido lastimado; el golpe que falla su objetivo y otro
que es detenido; así podría continuar,
en tiempo presente aunque todo esto ya ocurrió,
la enumeración de movimientos que en la práctica
siempre sucedieron más rápido de lo
que podían ser descritos, y a final de cuentas
lo que importaba era el resultado, quién seguiría
peleando y cuál iba a ser el próximo
ataque, eso al menos para los espectadores, si alguna
vez los hubo y a pesar de las emociones experimentadas
por ellos al presenciar todo esto, ya que para los
combatientes cualquier falla podía significar
la derrota, máxima cuya validez era dudosa
en el caso de El Lumínico, mas no para Goku,
quien cuidaba cada uno de sus parpadeos, sobre todo
porque no había podido provocarle al enemigo
un daño visible o suficiente para que éste
viera reducidas sus fuerzas. Él, por el contrario,
comenzaba a tener dificultades para mantener el dorado
de sus cabellos, pues esa transformación, que
antes lo había hecho sentir lleno de energía,
ahora parecía consumírsela como el fuego
lo hace con la hierba seca, detalle en el que reparó
una vez que se apartó a prudente distancia
para poner los dos pies sobre la tierra mientras el
humanoide actuaba de igual manera, como si ambos buscaran
retarse mutuamente y de nuevo con la inmovilidad.
¡Diablos!
Más pronto de lo que cualquiera en el lugar
del saiyajin hubiera deseado, volvió el ente
luminoso al ataque, esta vez usando la carrera, y
no el vuelo, como medio para encontrarse con su rival.
Cuántas veces se repetirá esto, se preguntó
Goku, temiendo, en contra de lo acostumbrado, caer
derrotado frente a un rival que parecía ignorar
por completo la experiencia del agotamiento y que
ahora en una de sus manos creaba una esfera luminosa
cuyo objetivo era más que obvio, Pero no moriré
hasta que seas eliminado, se prometió el saiya,
y entonces vio de nuevo a esos seres sin rostro ni
nombre, pero de número y luz suficientes para
ocultar entre ellos al Lumínico. Se paralizó
ante la repentina aparición, y supo que ya
era tarde para evitar el ataque del contrario, y justo
cuando se creyó perdido, observó un
resplandor más, los seres provenientes de otros
mundos ya no estaban allí, y el ente era lanzado
lejos y se estrellaba contra la tierra, no siendo
nada de lo anterior la razón del momentáneo
alivio que sintió el saiya, pues de seguro
el ente antropomorfo se levantaría de nuevo
y aquellos seres seguirían al asecho; el verdadero
motivo fue la aparición del sujeto que había
derribado al humanoide y que ahora le dirigía
una sonrisa que el sarcasmo convertía en asimétrica.
Parece que no puedes hacer nada tú
solo, Kakarotto dijo el otro saiya.
A pesar de su aparente desenfado, el recién
llegado arqueó las cejas al momento de notar
la inusual apariencia de su aliado, un gesto claro
que delató su sorpresa, aunque de modo fugaz,
pues luego volteó a donde se hallaba el enemigo
para encontrarse con que éste ya se había
incorporado. Goku no contestó el saludo, ni
pensó tampoco en comunicarle la terrible noticia,
Mi hijo y Piccolo han muerto, eso seguramente ya lo
sabía, porque si un saiya percibe un ki que
se apaga, entonces lo más probable es que suponga
que alguien ha perdido la vida. Además, no
tuvo tiempo, El Lumínico emprendió la
retirada sin previo aviso, volando con urgencia hacia
La Capital del Oeste, como si fuera víctima
súbita del pánico y se viera a sí
mismo totalmente perdido ante los dos saiyas, quienes
no tuvieron otra opción que ir tras él,
dejando en el abandono los cadáveres de Gohan
y Piccolo, que a fin de cuentas, cuerpos eran y nada
más, y siete esferas podrían posteriormente
solucionar todo el dilema.
¡No escaparás, sabandija!
Volaban los tres con la misma intensidad, por lo
que los saiyas no podían darle alcance al ente,
y Vegeta, aún incrédulo y ofendido por
la cobardía del adversario, le lanzó
a este varios energy ha en el trayecto hacia la capital.
La distancia era considerable, mas para estos guerreros
fue sólo cuestión de segundos llegar
a la ciudad, situación que preocupó
a Goku sobremanera: pensó en la cantidad de
personas que ahí se encontraban, algunas caminando
y conduciendo sus automóviles en las calles
iluminadas por luces artificiales, otras en el interior
de las construcciones continuando sus actividades
como quien tiene todos los años por delante
y cuya vida no está a punto de terminar, y
otras más interrumpiendo aquello que los entretenía
para preguntarse quiénes eran esos seres dotados
con la extraordinaria capacidad de volar que ahora
recorrían las calles de la ciudad en un zumbido
que desplazaba el aire y hacía temblar algunos
cristales en los edificios; muchas de esas personas
él las jamás iba a conocer ni vería
siquiera, otras tantas nunca le habían dado
el reconocimiento que él merecía, cegadas
todas por la caja tonta, mas no dejaba de tomarlas
en cuenta; fue por eso que, cuando vio que Vegeta
se disponía a lanzarle al ente otro energy
ha, estando ellos en pleno vuelo por las calles de
la ciudad y tomando en cuenta que el humanoide había
esquivado todos los ataques anteriores desde que se
dirigieron al lugar donde estaban ahora, decidió
embestir a su compañero y desviarle el brazo
de tal modo que la esfera de energía se dirigiera
al infinito y ellos dos se estrellaran contra la el
ventanal más próximo, siendo el saldo
de esta acción unos cuantos cristales rotos,
una pared destruida y algunas personas perdiendo el
control de sus autos al frenar o esquivar a los dos
saiyas para no atropellarlos, pues cayeron estos en
medio de una calle de doble sentido, mas como a la
vista no hubo ningún muerto y los habría
habido por decenas si Vegeta fallaba en su intento
por atacar al ente, Goku se permitió sentir
un poco de alivio.
¡Eres un verdadero imbécil, Kakarotto!
vociferó Vegeta, mientras se quitaba
de encima al otro y se erguía.
¡Y tú...! iba a contestarle
el improperio con un insulto menor, uno de esos que
a Vegeta, en otras circunstancias, lo hubieran hecho
burlarse, pero se contuvo, acaso la vergüenza
le había ganado al verse ahora como el centro
de atención de toda la gente alrededor
¿No pensaste en todos ellos?
Vegeta se quedó mudo; sólo a través
de su mirada expresaba toda su frustración.
Ninguna importancia le daba a los rostros de sorpresa
y conmoción que lo rodeaban, y sólo
volteó hacia ambos lados buscando a aquel que
había huido exitosamente gracias a la intervención
de Kakarotto. Entonces a la mente le vino uno de esos
recuerdo que se hacen presentes en el momento justo,
como si pretendieran despertar nuestra conciencia
para que ésta nos remuerda desde lo más
profundo, Si a ti los demás no te interesan,
entonces cómo puedo saber yo que en realidad
te importo, dijo ella, Lo sabes porque yo te lo digo,
eres importante para mí, contestó él,
Pero matar miles de inocentes no te viene ni te va,
Y miles más mataría por ti, No me halagas,
sólo me asustas, Qué puedo yo hacer,
Cuando en tus manos tengas vidas de seres humanos
comunes y corrientes, recuerda que la mía es
como cualquiera de ellas y la piedad que yo te pido
ahora es la misma que tú rogarías por
mí, Cómo lo sabes, De rodillas lo harías,
estoy segura. Después recordó el cadáver
de su hijo y la expresión de dolor que había
en ese rostro, como si su sufrimiento perdurara aún
después de la muerte; y también la sonrisa
de la pequeña cuyos ojos eran del mismo azul
que los de la madre.
No quería dejarlo escapar... Ahora
ese maldito asesino está suelto otra vez y
todo gracias a ti.
Entonces, antes de que Goku pudiera decir cualquier
cosa ante tal reproche, el aura que lo envolvía
desapareció de repente y sus cabellos volvieron
a oscurecerse. Y así como él se había
apagado, lo hicieron de súbito todas las luces
en la ciudad.
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