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Milk salió de su casa cuando creyó
que ya no podrían brotarle más lágrimas
de los ojos. Al abrir la puerta, una fuerte luz le
lastimó las pupilas; tardaron éstas
unos minutos en acostumbrarse, en dejar de doler.
En cuanto dio unos pasos lejos del umbral, el viento,
que parecía estarla esperando, comenzó
a soplar, arrancando algunas hojas secas de los árboles
cercanos y arrastrándolas por la hierba. La
mujer pensó que aquel paisaje era bello, pero
ni siquiera ese cielo cuyas tonalidades comenzaban
a cambiar al compás de la tarde la hizo sentir
más tranquila. Todo le parecía una escenografía
montada para ocultar la verdad. Cuando vio ese par
de ardillas corriendo una detrás de otra hasta
desaparecer en el árbol que se hallaba frente
a ella, estuvo segura de que esos animales no se comportaban
de la manera habitual, No están jugando, no
están viviendo siquiera; sé que huyen,
como si buscaran un refugio urgentemente, pero, por
qué, se preguntó.
Todo se acaba,
Creo que necesito sentarme. se dijo
a sí misma, sin entender por qué ahora
le daba por hablar sola
Caminó hacia un tronco de buen diámetro
y se sentó sobre él, no sin antes pensar
que la presencia del mismo no tenía ningún
sentido. ¿Quién lo había cortado
y dejado justo ahí, donde sólo le podía
servir a ella como asiento? De pronto, Milk se sintió
dentro de un sueño en el que cualquier cosa
que deseara podría materializarse al instante.
Quiero ver a mi nieta otra vezdijo,
esperando que Pan apareciera de repente.
Volteó a su alrededor, como si en realidad
fuera a ver a la chica corriendo hacia ella por aquellas
colinas, pero sabía perfectamente que eso no
iba a suceder. Se frotó los ojos con los dedos,
llevándose entre éstos algunas cuantas
lágrimas que aún no recorrían
sus mejillas, mientras recordaba al Goku con el que
se había encontrado esa mañana en la
sala de su casa. Estaba sentado en el sillón
más grande, con su cabeza gacha y sus manos
cubriéndole el rostro. No lloraba, al menos
no físicamente, y Milk comprendió que
el llanto de aquel saiya, y su furia cada vez mayor,
eran algo que él mantenía debajo de
la piel, pues incluso el día anterior se había
mostrado optimista, a pesar de haber perdido ya a
muchos de sus seres queridos, entre ellos a uno de
sus hijos. Desde el exterior entraba una luz difusa
y azulosa, que no definía sombras en el interior
y la cual hubiera obligado a cualquiera a encender
las luces, pero no a Goku.
Milk... dijo el saiya, descubriéndose
y dirigiendo hacia ella una mirada que, a pesar de
la penumbra, pudo transmitirle algo de esa enorme
pesadumbre e impotencia que albergaba en su interior.
¿Pasa algo, Goku?
Ahora, mientras admiraba la danza de hojas secas
que la naturaleza le había preparado esa tarde,
le venía el deseo de no haber hecho jamás
esa pregunta, como si hubiera podido otorgarle a su
nieta unas horas más de vida mientras se mantuviera
ignorante de su muerte. Pero era claro que en algún
momento se enteraría del terrible suceso. Cuando
lo hizo, se vio obligada a rodear a su esposo con
los brazos para no caer al suelo, pues la noticia
comenzó a inutilizarle las piernas. Entonces
lloró y maldijo hasta que se recluyó
en su habitación, sin que Gohan o Goku pudieran
hacer algo para consolarla.
[¿No fue entonces cuando te olvidaste de
su dolor que el saiya hacía el favor
de ocultar para dar rienda suelta a tu escandaloso
llanto? Sí, por supuesto. Él no estuvo
ahí para compartir una pena contigo, sino para
ayudar a sobrellevar la tuya, pues de pronto se volvió
tan inmensa que fue demasiado pesada para ti sola,
sólo para variar. Tú, la víctima
por excelencia en ese matrimonio abruptamente disuelto
no olvidemos que éste era el último
de tus días, fuiste la razón por
la que Goku decidió enterrar sus más
profundos sentimientos. Por eso se hallaba a solas
(a oscuras, en silencio) en la sala de tu casa por
la mañana. Así como querías prolongar
la vida de tu nieta, aunque fuera sólo en tu
mente, él seguramente deseaba retrasar la terrible
escena de tu ruidoso derrame de lágrimas. Cuando
tu hijo y tu marido te dijeron que no irías
a ver el cadáver, el arrebato que a continuación
protagonizaste producto de repentina cólera
y muestra de inigualables habilidades histriónicas
estuvo fuera de tiempo y lugar, pues tus más
allegados sólo querían evitarte la pena
de ver aquella lengua oscurecida por el color de la
sangre posada sobre el cuello de tu nieta, ya que
no había una mandíbula que se lo impidiera.
No repararías en todo esto sino hasta que de
tus ojos dejaran de brotar las lágrimas.]
¿Qué es lo que miras, Milk?
le preguntó Goku, extrañado, al
momento de sentarse sobre el tronco.
Algo está pasando decía
ella, sin haberse inmutado por la presencia de su
marido; levantó el mentón para señalarle
todo lo que había enfrente de ellos.
He vivido aquí muchos años, y siento
que en este momento nada es igual... Incluso, hace
algunas semanas, los pájaros cantaban como
siempre lo han hecho. Pero desde hace días,
cuando lo hacen... parecen querer decir algo pero
no sé qué es.
Nada es eterno;
Goku no podía creer que ésa era la
misma Milk de algunas horas atrás, a la cual
no supo contener cuando sufrió el ataque de
aflicción más rabioso de toda su vida.
Ahora manifestaba una calma dolorosa en el rostro.
Miraba vagamente todo aquello que la rodeaba, menos
a él. En cualquier otra situación, Goku
habría pensado que las palabras de su esposa
no tenían la coherencia suficiente como para
considerarla a ella una persona cuerda, mas con todo
lo acontecido hasta el momento, el hecho de que el
canto de las aves hubiera cambiado de modo inexplicable
cobraba un nuevo sentido. ¿En realidad tratarían
de dar algún tipo de advertencia?
No me gusta verte así se lo decía
mirándola directamente, esperando de algún
modo que ella hiciera lo mismo. Tienes que confiar
en nosotros, en que las cosas saldrán bien...
Confía en mí esto último
lo dijo al ver que Milk movía su cabeza ligeramente
de lado a lado, negando.
Y se detuvo. Guardó silencio, pensando unos
momentos antes de contestar.
Sí lo hago, Goku. Confío en
ti porque darías la vida por cualquiera de
nosotros, incluso por mí.
Milk habló rápido, como si hubiera
querido pronunciar el mayor número de palabras
antes de que el llanto la obligara a callar. Cuando
Goku intentó confortarla con un abrazo, ella
no se lo permitió. Negaba con su cabeza, movía
las palmas abiertas y luchaba por recuperar la calma.
Ya debes estar cansado de esto sonrió
amargamente, por breves instantes Siempre soportando
mis berrinches y mis desplantes.
Pero, ¿qué dices? él
abrió sus ojos, en claro gesto de desconcierto.
Que yo no te merezco, Goku; así de
simple.
El saiyajin calló unos momentos. La mirada
que Milk ahora tenía no era la de una mujer
que espera escuchar un no digas eso, sino más
bien la de alguien que ha confesado el peor de sus
crímenes, su verdad más terrible, y
sólo lo hiciera por tener que decirlo alguna
vez en su vida para liberarse de la asfixia moral,
pues de ningún modo habría remedio,
perdón o marcha atrás.
Y me reconforta poder decírtelo ahora,
antes de que sea demasiado tarde... Tú te merecías
a alguien mejordecía la mujer, con una
resignación que a cualquiera hubiera preocupado
más que una de sus rabietas.
No hables así, Milk, no seas tonta...
El saiya posó una de sus manos con delicadeza
sobre el rostro de Milk. La hizo cerrar los ojos al
acariciarle la mejilla con el pulgar.
Lo mejor que puede haber para un saiyajin
como yo, es estar junto a la mujer que ama y que ésta
se convierta en la madre de sus hijos decía,
lento, procurando controlar sus emociones para poder
hablar con claridad. No hay nadie mejor para
mí que tú, Milk entrecerró
los párpados y una lágrima resbaló
por su mejilla.
La mujer tomó la mano que el saiya tenía
libre y entrelazó sus dedos con los de él,
sintiendo en el acto un apretón por respuesta
y un estremecimiento cálido empezarle en la
mano y recorrerle todo el cuerpo, concentrándose
sobre todo en su pecho.
Te amo, Goku. No podría amar a nadie
más.
Y yo te amo a ti. Nunca lo dudes dijo,
acercándose, rozando los labios de ella con
los suyos para después fundir ambos en un melancólico
beso.
Mediante las tiernas caricias que se prodigaban
con sus manos y sus labios, Goku y Milk parecían
querer sanar las heridas que se habían provocado
mutuamente a través de tantos años y
gracias a una infinidad de amargos tragos. El beso
les refrescó la memoria, trajo a flote los
buenos momentos que habían pasado juntos: la
cercanía reconfortante de sus cuerpos mientras
admiraban un atardecer, la primera vez que se vieron
completamente desnudos, las veces que desnudaron sus
almas y la escena había terminado en un beso,
un abrazo y un acto de amor reparador, y todos aquellos
incidentes domésticos que sólo marido
y mujer son capaces de compartir y recordar con una
sonrisa. Para ellos, lo mejor de todo era el producto
de aquella unión: una familia como sólo
había pocas.
Una vez terminado el beso, Goku abrió los
ojos y vio en la mirada de Milk un brillo que ya echaba
de menos. Por unos momentos, la vio joven, como cuando
eran apenas unos recién casados. La ilusión
pronto comenzó a desvanecerse, y en el rostro
de la mujer se dejaron ver algunas arrugas, muchas
de ellas resultado de un constante enfado, y esos
labios carnosos se hundían, se secaban. Pero,
para el saiya, aquella belleza no se había
visto reducida; al contrario, ahora se proyectaba
con mayor esplendor, todo gracias a la sonrisa con
la que Milk expresaba el gran amor que le tenía.
Creo que hemos perdido tiempo muy valioso
decía la mujer, sin soltar la mano de
su marido. Y el poco que hemos tenido juntos,
yo no lo he hecho más llevadero para los dos.
Y yo debí aprovechar más los
momentos que pude pasar contigo, y con mis hijos...
dijo Goku, recordando el hecho de que, varias
veces, se había ausentado en contra de su propia
voluntad.
Estamos hablando como un par de ancianos rió
Milk, más ligera que minutos antes. Como
si sólo nos quedaran unas cuantas horas de
vida.
No lo creo decía él, sonriendo.
Creo que cuando este mal momento termine, tú
y yo podremos recuperar el tiempo perdido.
Milk se acercó a Goku y apoyó la cabeza
sobre uno de sus hombros, para después envolver
al saiya con los brazos. Sintió su aliento
sobre la oreja y el cuello, el palpitar de otro corazón
estando tan cerca.
Eso espero, Goku. Si tenemos esa oportunidad,
créeme que no la desaprovecharé.
Yo tampoco.
Permanecieron abrazados algunos minutos, sin decir
una sola palabra; en aquellos momentos, habría
estado de más.
Mira le decía él, moviéndola
suavemente con el brazo El sol está a
punto de ponerse.
Milk levanto la vista y apreció el panorama
con toda claridad.
Es hermoso. Realmente hermoso.
La luz naranja que pintaba los árboles, el
cielo y su propia piel borró en la mente de
Milk, por unos instantes, la impresión de que
detrás de todo aquel espectáculo se
ocultaba algo espantoso. Aunque se le ocurrió
que tal vez esa puesta de sol era la última
que vería en compañía de su amado.
¡Papá! ¡Papá!
¿Qué sucede? preguntó
Milk en un sobresalto, al escuchar los gritos de Gohan.
de la Hecatombe,
Goku y Milk deshicieron el abrazo inconscientemente
al ponerse de pie y ver a Gohan corriendo hacia ellos.
¿Qué sucede, hijo? preguntó
Goku.
¿No lo oyes? ¡Es Piccolo! explicaba
Gohan, una vez que estuvo frente a sus padres
Me dijo que está cerca de la Capital del Oeste,
¡tenemos que ayudarlo! ¡Vamos, papá!
Gohan sólo dirigió a su madre una
mirada que pretendía sustituir cualquier sentimental
despedida y, olvidando la capacidad de su padre para
tele-transportarse, se fue volando a toda velocidad,
pues no había tiempo que perder: la cabeza
de Piccolo estaba en juego, literalmente.
Volveré, Milk dijo, sosteniendo
las manos de su amada entre las suyas.
Sé que lo harás. Yo te esperaré
aquí... como siempre lo he hecho.
Goku le dio un último beso en la frente a
su mujer, y soltando sus manos, viéndola como
si fuera la última vez y sintiendo la cada
vez más débil presencia de Piccolo,
puso sus dedos índice y medio sobre su frente,
desapareciendo en el acto.
ya es el momento...
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