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No puedo asimilar esto, ni siquiera porque
lo estoy viendo... Me niego a creerlo. Es como una
pesadilla; quiero despertar y encontrarme con ustedes
de nuevo.
¿Qué nos pasó? ¿En dónde
están ahora? Tengo muchas dudas, y no queda
tiempo para encontrar las respuestas; ya viene, lo
sé...
Pelear a ciegas es terrible, una gran desventaja.
Así nos tuvo el muy maldito: con una venda
cubriendo nuestros ojos, evitando que viéramos
la realidad tal y como era. ¿Acaso habría
sido diferente, si
? Prefiero no seguir pensando
en eso.
Ocurrió todo tan rápido...
* * * * * * *
Después de haber sido estrellado contra una
roca, Goten se precipitó contra el suelo, apenas
pudiendo amortiguar la caída con sus brazos.
Hizo el intento de incorporarse, mas su cuerpo no
le respondió como él esperaba.
(¿Quién diablos...? ¡¿Qué
clase de enemigo
es éste?!) pensó
el Super saiyajin.
No lograba levantarse por completo cuando de nuevo
fue embestido por los puños de su oponente;
Goten reaccionó a la defensiva, no podría
haber hecho más, pero por cada golpe que cubría,
otros tantos alcanzaban su cuerpo ya maltrecho.
¡No me vencerás! ¡Ha! exclamó
al momento de expandir su ki y dar una patada al enemigo,
logrando así apartarlo.
Ambos quedaron de pie, frente a frente, a una distancia
considerable; Goten retaba con mirada furiosa a un
contrincante incapaz de devolvérsela. El saiya
respiraba con agitación, y por primera vez,
a la mitad de un combate, pensó que podría
ser derrotado. Ya no contaba con su amigo.
(¿Qué te ha pasado, Trunks?
¡Levántate! ¿Por qué ya
no peleas más? Tu ki está
) Goten
interrumpió sus pensamientos y se dirigió
al otro Veamos qué haces contra esto...
Puso sus manos en una peculiar postura ya muy conocida
por sus ascendientes y compañeros de batalla;
la energía comenzó a fluir al mismo
tiempo que pronunciaba aquellas palabras:
¡Kame... Hame...! la impasibilidad
de su contendiente lo hizo dudar, sólo por
un momento, pero continuó ¡Ha!
El ataque iluminó las afueras de la ciudad
e hizo visible el cuerpo inerte de Trunks, Al mirarlo,
Goten perdió la concentración: no podía
creer que su amigo hubiera dado ya su último
aliento.
¡Pero qué
?
La silueta desconocida se había desplazado
a través de la luminosidad, se camufló
en ella y apareció justo enfrente de Goten;
le descargó a éste un golpe en la mejilla
con tal potencia, que bastó para se escuchara
el sonido definitivo que produce un cuello al romperse.
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