| Por: Gus (jabarajas@hotmail.com)
Capítulo Ocho: Rei II
C`mon baby, light my fire
(Vamos nena, enciende mi fuego)
The DOORS
La misión había sido un fracaso. Todo
un completo fracaso, y eso Misato Katsuragi lo sabía
muy bien, mientras caminaba a toda prisa rumbo a la
enfermería, para averiguar el estado de los
pilotos. Todo había salido muy mal; el enemigo
pudo diezmarlos rápidamente, no sólo
por su posición estratégica en el aire,
disparando un enorme cañón tal cómo
si fuera un vil francotirador, si no también
por la pésima organización que tuvieron
durante todo el ataque. Pero lo más extraño
era la salud de Kai; cuando se metió dentro
del Eva, todos sus signos y semblantes, es decir su
salud, estaba en perfecto estado. Ritsuko le había
dicho de la fiebre que le había notado en la
noche anterior, y sin embargo, esta mañana
lucía muy bien. ¿Cómo fue que
le viniera la calentura tan de súbito y tan
fuerte? 39.7 grados de temperatura, y sin esperanzas
de bajar, y aparte le detectaron una insuficiencia
respiratoria.
Ella recuerda, recorriendo aquellos pasillos, cómo
a duras penas la unidad Z, entre los desvaríos
del piloto, consiguió milagrosamente arrastrarse
hasta la plataforma que le abrieron justo a lado suyo,
y sin embargo no salió tan bien librada, volviendo
el ángel a dispararle de nuevo, justo en la
espalda. Era algo sorprendente, a pesar de todo: había
podido resistir cuatro impactos con la fuerza necesaria
para hundir un acorazado bien armado, o tal vez mucho
más, y el Eva Z sólo había obtenido
algunos rasguños, descontando los demás
daños ocasionados por los rebotes
del robot.
Pero no tenía excusa, todos se habían
fiado de la increíble capacidad y fuerza que
la unidad especial poseía para el combate,
sin tomar en cuenta que la maquina depende del piloto
para poder funcionar plenamente, y he aquí
el resultado de tan imprudente acción. Debí
ponerle más atención pensaba,
Debí imaginar que algo así pasaría...
¿Qué se supone que vamos a hacer ahora?
Todo esto estaba muy mal, y para derrotar esta vez
al enemigo se tendría que planear muy bien
la estrategia a seguir, y no atenerse a improvisar
en el transcurso de la lucha. Una ligera idea cruzaba
en ese momento la audaz y tenaz imaginación
de la militar.
El ángel, luego de derrotar plácidamente
a sus contrincantes, se desplazó por toda la
ciudad sin ninguna prisa, hasta ubicarse justo en
el centro del Geo Frente. En ese momento, sacó
de su punta inferior una especie de taladro orgánico,
con el que comenzó a taladrar el pavimento,
en busca de llegar al cuartel general. La enorme estructura
de pasajes para el descargue de las unidades Evangelion,
lo habían demorado en su intento de penetrar
a NERV, teniendo que perforar primero a través
de las veintisiete placas metálicas que protegían
al Geo Frente; en esos momentos las computadoras calculaban
el tiempo que le tomaría llegar hasta el cuartel,
por lo que la mujer aprovechó para informarse
del estado de los niños. Estando el ángel
tranquilo en un solo sitio, hasta ese momento las
fuerzas armadas de las Naciones Unidas se habían
abstenido de dirigir algún ataque hacia el
objetivo, conociendo de antemano lo costoso e inútil
que sería atacarlo convencionalmente, acatando
los designios del comandante Ikari, que había
expandido considerablemente su influencia sobre el
consejo de Naciones. En ese caso, el tiempo seguía
transcurriendo.
El LCL del Entry Plug donde se encontraba Shinji
había llegado casi al punto de ebullición,
con él dentro; el sujeto se encontraba grave
y tuvo que ser puesto en el tanque reparador de tejidos,
en terapia intensiva por una hora. Mientras tanto,
Kai había sido trasladado al Hospital General,
tratado por ligeros golpes en el cuerpo y haciendo
un intento de bajar su temperatura y restablecer a
un nivel normal su respiración. Desafortunadamente,
en este aspecto, la medicina no ha avanzado bastante,
ateniéndose a los tradicionales medicamentos
(aspirina, paracetamol, etcétera.) y a las
compresas frías sobre la frente, aparte del
obligatorio reposo en la cama, con el paciente no
muy arropado. Habría que esperar a que el tiempo
transcurriera y la calentura bajara normalmente.
Al enterarse del traslado de Kai al Hospital, Misato
tuvo que inclinarse más a trasladarse con Shinji,
ya que el tiempo no le permitía el realizar
un viaje de ida y vuelta al sanatorio; cada segundo
era apremiante, además, le habían informado
que su hijo adoptivo aún no salía de
la inconsciencia.
Apurada por el tiempo, Misato entró casi corriendo
a la enfermería del cuartel; aún no
podía ver a Shinji, pues seguía en el
tanque, en cirugía. Un poco decepcionada y
fastidiada, se sentó bruscamente a la sala
de espera, precisamente esperando el diagnóstico
del doctor.
Inquieta por la tranquilidad del lugar, parece no
poder estarse en un solo lugar: ora coge una revista,
la hojea rápidamente y sin ningún interés,
la tira y toma otra para el mismo propósito.
Hasta una enfermera le reclama que se esté
sosiega en un solo lugar, queja que ignora olímpicamente,
abstraída en sus propios pensamientos. Según
presiente, no podrá estar presente mucho más
tiempo, y eso la frustraba.
Efectivamente, después de que pensó
en aquello, su localizador en su cinturón comenzó
a sonar intermitentemente, por lo que supo que se
le requería en el cuarto de control. Presiona
un poco la suerte, y permanece algunos instantes más
allí.
Nerviosa y un poco molesta, camina apurada en vueltas
por la sala, hasta que se da cuenta, sin intención
alguna, de la presencia de Rei en aquella sala.
La militar, que no era gente de pocas palabras, agradeció
el encontrarse a alguien conocido en quien desahogarse,
aunque sólo fuera Rei, la indiferente, y rápidamente,
y sin darle oportunidad de hacer algo, la acosa de
inmediato y pronuncia con la velocidad de una metralleta
todos sus pesares.
Holarei¿tutambienestásesperandoavercomoestáshinji?yestoshijosdelatiznadaqueno
quierendecirnadacabronessecreenlagrancosa profirió
a velocidad sobrehumana, sin que pudiera entendérsele
la gran cosa, pero eso sí, muy indignada.
La chiquilla sólo se limita a observar sorprendida
a la persona frente a ella.
Disculpe, capitana, ¿Cómo ha
dicho usted? la interroga, vacilante, después
de algunos momentos, con sus ojos abiertos de par
en par.
Al darse cuenta de su error, la mujer suspira hondamente,
y vuelve a pronunciar, en un tono más normal
y más humano:
Que si también vienes a ver cómo
se encuentra Shinji...
¿Shinji? pregunta de nuevo, desconcertada
No, quiero saber cómo está Kai.
Misato la observa algunos momentos, un poco sorprendida,
hasta que responde serenamente, sin dejar de verla
un solo instante, mirada muy semejante a la de Kai
en situaciones así, cosa que no pasa desapercibida
por la niña.
No, Kai no está aquí contesta
la militar. A él se lo llevaron al Hospital
General.
Abatida y decepcionada, la muchacha se levanta de
su asiento, en pose de retirarse, mascullando un modesto
Gracias, cuando es abruptamente interrumpida
por la mujer.
¿Vas a ir para allá?
Pues sí se limita a decir.
Ay, que bueno, espérame tantito...pronuncia
a la par que esculca en el bolsillo de su chamarra,
sacando en el acto una tarjeta/llave que entrega a
Rei Me dicen que tiene que quedarse reposando
en la cama, así que ¿no podrías
ir al departamento a recoger algunos juguetes suyos?
¿Juguetes? pronuncia sorprendida
la niña, levantando la ceja.
Sí, lo que pasa es que es muy inquieto
y para eso son los juguetes, para que se distraiga
un rato y se quede en un solo lugar se apresura
a explicar, sin tapujos. Si sabes donde queda
el departamento, ¿verdad?
Sí, claro.
Órale... te llevas lo primero que encuentres,
¿eh? No importa mucho que sea...
Cómo diga...
Entonces, la muchacha da media vuelta y sale por
la puerta, mientras la mujer la observaba alejarse.
Era muy confiada, para tener que darle la llave de
su casa a alguien más, pero ella no se preocupaba
de ello, sabía que Rei era una persona de fiar,
muy dedicada y responsable, podría decirse
de alguna manera.
Su meditación es cortada de tajo por el incesante
sonar de su localizador, que requería su presencia
en la sala de estrategias.
¡Ya voy, con un demonio! pronuncia
molesta, mientras lo apaga, y después de dar
instrucciones a la enfermera a dónde dar cualquier
nuevo aviso sobre el estado del paciente, se retira
a toda máquina por la misma puerta por la que
salió Rei.
Después de un par de minutos en el transporte
urbano, la muchacha por fin se detiene en el edificio
de Misato, y sin perder tiempo en contemplaciones,
sube por las escaleras, pero sin ninguna prisa. Se
detiene frente a la puerta, saca de su bolsillo la
tarjeta y la desliza suavemente por el decodificador,
abriéndose la puerta metálica en el
acto.
La casa en sombras le resulta fascinante. Había
ido una o dos veces al antiguo departamento de los
Katsuragis, pero nunca antes había venido a
este lugar, sabía donde quedaba y cual era,
pero nunca antes había entrado a su interior;
una tentación se le presenta: ésta era
la oportunidad perfecta para saber un poco más
de su compañero, aunque eso significara hurgar
entre sus pertenencias, cómo un ladrón.
Después de un breve instante de vacilación,
en el que se debatían conciencia y deseo, finalmente
sucumbe a la curiosidad. Pasa de largo la sala y la
cocina, adentrándose en el cuarto de los muchachos.
Despacio, y con mucho cuidado, cómo si alguien
pudiera escucharla, recorre la puerta del armario,
buscando en primer lugar lo que había venido
a buscar. Después de buscar un poco entre ropa
y algunas cosas más, finalmente encuentra la
caja de los juguetes, que al parecer no habían
usado en buen tiempo, ya que se encontraban arrinconados
y con polvo en su superficie. Moviéndose por
la casa cómo si ya la conociera, con facilidad
se hace de un trapo y una bolsa de plástico;
así, después de limpiarlos cuidadosamente,
recoge algunos juguetes sin observar cuales son, y
los deposita en la bolsa, que deja en el quicio de
la puerta, mientras observaba con atención
otras pertenencias de su pareja.
Su atención se dirige especialmente a su escritorio,
y cómo lo hizo Shinji antes, observa sus numerosos
trofeos deportivos, que algunos estaban el suelo por
falta de espacio, sus discos de preferencia, y la
fotografía enmarcada y venerada tal cómo
si fuera un ídolo. La detiene entre sus manos,
reconociendo después de un examen a los retratados.
En el centro, tímido e indeciso, el niño
Kai, de apenas unos tres años de edad; a sus
espaldas se encuentra Misato y las personas de ambos
lados, los padres del muchacho. Sus padres. Ahora
que lo pensaba, no sabía mucho acerca de los
padres de su compañero... los reconoció
en la foto, sin siquiera conocerlos. ¿Cómo
era posible eso? No queriendo enfrascarse en absurdas
meditaciones, deposita de nuevo el retrato en su lugar
de origen, atendiendo otros objetos. Coge un cuaderno
que se encontraba debajo de los discos, y lo hojea
rápidamente apenas prestando atención
a su contenido, observándolo de paso; eran
algunos planos para las unidades Evangelion, y algunas
otras cosas más, sin importancia, letras de
canciones, complicadas ecuaciones de cálculo...
se detiene en una página que llama poderosamente
la atención.
Sin duda alguna, aquel espacio fue dedicado a ejercicios
para relajar la mano. Había varias inscripciones
con la leyenda Rei y Kai, Kai ama
a Rei, encerradas en corazones, una inscripción
que decía sin dificultad: Yo, sin Rei...¡No
puedo vivir! parodiando el slogan de una famosa
compañía de pañuelos desechables.
Pero lo que más le agrada, es un chusco dibujo,
representándose a él cómo un
caballero medieval y a ella cómo una princesa
capturada por un enorme dragón malhumorado,
el comandante Ikari, el cual pudo reconocer por los
anteojos y la barba de chivo. Una pequeña sonrisa
se dibuja en su rostro, contemplando la ocurrencia
del chico. Al seguir hojeando el cuaderno de apuntes,
se da cuenta que en el forro están guardadas
unas fotografías, de ella, tomadas en secreto.
Una a una las contempla y checa por detrás
la fecha en que fueron tomadas. Hay una que parece
tomar un lugar especial en la colección, ya
que está en una mica para su protección;
en ella se encuentran retratados los dos, sentados
en el comedor del cuartel. Recordaba aquel día,
hace apenas dos semanas; Kai tuvo que rogarle bastante
para que se dejara tomar la fotografía, y según
creía ella, esa era la única que tenía.
Conmovida y convencida del importante lugar que ocupaba
en el corazón de su confidente, estrecha cariñosamente
la fotografía contra su pecho. Y sin ver nada
más, satisfecha su curiosidad y resueltas sus
dudas, cierra delicadamente la libreta, depositando
en ella las fotos, y la deja dónde se encontraba
anteriormente. Ahora podía estar segura por
completo de los sentimientos del muchacho, los cuales
eran recíprocos, si no es que mayores.
Entonces, y sin hurgar en nada más, recoge
la bolsa de los juguetes, y se marcha del lugar, dirigiéndose
hacia el hospital.
Una enorme figura irrumpe en la calma de la bahía
de Tokio- 3, ensombreciendo algunos puntos de los
muelles. Se trata de una simulación de la unidad
01, creada con los mismos materiales que un dirigible.
Flota despreocupadamente por los aires, empujada por
debajo por un barco de la marina, dirigiéndose
hacia dónde el ángel hacía su
excavación.
Sin poder acercarse ni un milímetro más
de los 15 kilómetros que los separaban, con
un tiro el monstruo hace pedazos a la simulación,
reventándola en el aire. Alguien más
observa la escena desde el Geo Frente.
Objeto simulado destruido se apresura
a decir el operador Makoto Hyuga.
El siguiente ordena de inmediato Misato.
En el acto, de un túnel de las afueras de
la ciudad emerge un tren militar, conducido a control
remoto, cargando una docena de tanques, operados del
mismo modo. Mientras sigue avanzando en línea
recta, los tanques disparan sus cañones contra
el enemigo, ubicado a un costado suyo, igualmente
separados por unos 25 kilómetros, a lo mucho.
Los tiros son rebotados sin ningún problema
por el campo A.T del coloso, respondiendo éste
de nuevo con un tiro, borrando en el acto al tren
y toda su carga.
Las doce unidades de artillería móvil
han sido aniquiladas por el enemigo vuelve a
decir el operador de lado de Misato. Después
de esto, se levanta al centro de la sala de estrategias,
donde algunos jefes se han reunido, a decidir que
es lo que se iba a hacer. Hyuga, teniendo la atención
de todo mundo, comunica el resultado de las pruebas:
Según los datos que hemos podido extraer, el
objetivo elimina automáticamente todo cuerpo
extraño que penetre en su radio de alcance.
La militar se recarga pesadamente en su silla, mirando
hacia el techo y suspirando profundo, balanceando
un lápiz en sus dedos, descuidadamente.
Y su cañón de partículas
presenta un porcentaje de acierto del 100% completa
la información la mujer, sin soltar el lápiz
o despegar la mirada del techo. Y las unidades
Eva no pueden acercarse y luchar con él con
su campo A.T activado, ¿verdad?
En teoría responde otro de sus
subordinados. Pero de la teoría a la
práctica... pronunció, mientras
en el monitor pasaba la imagen de la unidad Z colgada
del ángel.
Aún así, eso no es muy práctico
ni efectivo respondió la mujer con despecho.
Por un momento, reflexiona en silencio algunos instantes,
y pregunta: ¿Cómo está
el campo A.T del enemigo?
Está activo contesta uno de sus
subordinados Ha desarrollado una gran capacidad
para detectar cualquier cuerpo perceptible a su alcance.
mientras lo decía, el mismo monitor mostraba
cómo el ángel evitaba los disparos de
los tanques.
La mujer continúa su reflexión, despegando
por fin la vista del techo y dirigiéndola al
centro de la habitación, sin ningún
punto en especial, mientras se ponía nerviosamente
el lápiz en la boca, despertando la imaginación
de más de un hombre de los que estaban presentes.
Tanto en ataque cómo en defensa es
casi perfecto observa la militar, sacando el
lápiz de sus dientes, sacando así a
los caballeros de su excitación Es cómo
una fortaleza aérea inexpugnable, ¿no?
Misato no les dio tiempo de responder.
¿Y qué hay del taladro percutor?
interroga de inmediato.
En estos momentos responde de inmediato
Hyuga El gigantesco taladro de 17.5 metros de
diámetro perfora directamente hacia el Cuartel
General. Se encuentra por alcanzar la segunda plancha
de blindaje.
Toda su explicación es ilustrada en el acto
por el monitor interactivo del centro de la habitación,
mostrando imágenes en vivo, tomadas por las
múltiples cámaras que se encontraban
distribuidas en toda la ciudad. La mujer, ni tarda
ni perezosa, no espera a preguntar de nuevo:
¿Cuál es el horario previsto
para que alcance el Cuartel General?
Será pasado mañana, a las 0
horas, 6 minutos y 54 segundos. se apresura
a contestar el mismo Hyuga. A esa hora ya habrá
traspasado las 27 capas de blindaje que hay hasta
el interior del Geo Frente.
Así que nos quedan 34 horas pronuncia
un poco aliviada la mujer, pero sin dejar de estar
del todo nerviosa. Conecta el intercomunicador de
las instalaciones, y se dirige a su compañera
Doctora Akagi, ¿Cuál es el estado de
las unidades Eva?
Ritsuko se encuentra en el muelle de embarque de
la unidad 01, junto con sus subordinada, Maya. Examina
a simple vista al enorme robot, y después checa
el reporte de daños, que se encuentra en su
mano, para luego responder a la interrogante.
Hasta la tercera capa de blindaje del tórax
de la unidad 01 está totalmente fundido
comunica por el intercomunicador Pero el centro
de funciones no ha sufrido grandes daños, así
que ha sido un mal menor, ¿no? y sin
esperar ningún comentario, agrega En
unas seis horas estará cómo nueva. La
unidad Z, por otro lado, no obtuvo grandes daños
en general, salvo algunas abolladuras en la armadura,
pero sólo han sido detalles estéticos.
En una hora, a lo sumo, estará lista.
Misato continúa con su interrogatorio.
¿Y el prototipo Cero?
La rubia se desconcierta un poco por la pregunta,
y extrañada, consulta con su fiel asistente,
a lado suyo, y luego de que confirmara algunos datos,
finalmente se aventura a contestar a la inesperada
misiva.
No hay problema para un nuevo arranque, sólo
necesita algunos ajustes en su Feed Back, ¿Por
qué lo preguntas?
La militar responde a su pregunta con una nueva,
aclarando todo:
¿Estará listo para la batalla?
Sorprendida, la doctora Akagi responde afirmativamente,
para después romper el enlace. Se queda pensativa
por algunos instantes, con la mirada fija en el suelo,
ante la atenta mirada de su asistente. Ella era de
la opinión de Kai, de no volver a usar la unidad
Cero. Pero a diferencia del niño, que buscaba
proteger con eso a Rei, la científica lo decía
por lo poco práctica e insegura que resultaba
la unidad, aparte que poseía un bajo nivel
de pelea; y que decir de los repentinos ataques de
locura que le daban. ¿Qué es lo
que te propones, Misato? se pregunta mentalmente.
La militar, por su lado, y sin intención de
explicar a nadie, por el momento, cuál era
su plan, continuaba el cuestionario, intentando informarse
del estado de la situación, haciendo cálculos
mentalmente.
¿Cuál es el estado de los pilotos?
El cuerpo del Cuarto Niño no presenta
anomalías responde nuevamente el incansable
Hyuga Su pulso aún es algo precario,
pero dentro de lo admisible. Ya ha sido trasladado
al Hospital General; aún sigue descansando
por indicación médica. El Segundo Niño,
por otro lado, ha sido atendido con medicamentos,
que han logrado normalizar de nuevo su temperatura
y respiración. En estos momentos se encuentra
estable, y durmiendo por la medicación.
La mujer respira hondamente, apoyando la cabeza en
sus manos, descansando un poco de las presiones que
se le presentaban. Hasta se da el lujo de bromear
un poco con sus subordinados presentes.
La situación no pinta nada bien, ¿verdad?
Entonces, ¿Alzamos la bandera blanca?
contesta a su vez, de nuevo, y también en tono
bromista, Hyuga.
La mujer lo observa, desolada.
¡Buena idea! contesta sarcásticamente
Pero antes de eso... tenemos que intentar todo lo
que esté a nuestro alcance.
El lápiz se pasea nerviosamente en su cabello,
enrollándose y desenrollándose por algunos
instantes.
Una vez que estemos en el otro barrio ya no
habrá nada que hacer suspira tristemente,
con una forzada sonrisa en su semblante.
Todo lo que rodea a Shinji es negro y pacífico.
Apenas si se alcanza a percibir un leve murmullo,
semejante a un gorgoteo de agua. El chico no puede
ver nada más allá de su nariz, y se
mueve entre las penumbras. ¿Dónde
estoy? se permite preguntar mentalmente, tirado
en la cama del hospital. ¿Qué
lugar es este? ¿Estoy... muerto? Todo está
oscuro, y no puedo ver nada. Un destello de
luz comienza vislumbrarse en el horizonte, y se acrecienta
cada vez más y más, conforme se acerca.
Todo aquello parecía ser un enorme y estrecho
túnel oscuro y maloliente. Unas figuras familiares,
pero indiferentes para él, empiezan a delinearse
en aquel halo de luz intensa. Conforme avanza por
el hediondo túnel comienza a reconocer a aquellas
personas, poco a poco, hasta que los puede visualizar
completamente. Eran sus abuelos paternos, con quienes
había pasado un corto período de tiempo,
antes que murieran y fuera a vivir con su tío;
tal vez si hubiera pasado más tiempo junto
a ellos, hubiera aprendido a quererlos, pero no fue
así. Ahora, para él eran sólo
un par de ancianos, y nada más.
Sin embargo, y pese a todo ello, ambos lo saludan
cariñosamente. Shinji le llaman
ellos, sonriendo y sin mover los labios. El joven
penetra al punto de luz en aquella inmensa oscuridad
impenetrable, y vuelve a ser un niño de seis,
no, de cinco años.
Mira eso señala su abuelo un
punto en aquella inmensidad insondable, donde aparece
un pequeño y rústico cuarto, pintadas
las paredes cuidadosamente de un brillante color blanco,
y las tejas del techo son rojas. En realidad, la pequeña
habitación ofrece un aspecto muy amigable y
hospitalario. El viejo continúa hablando
Te he construido un cuarto de estudio. A partir de
hoy, podrás estudiar ahí.
Su abuela toma la palabra, dirigiéndole una
afectuosa mirada a su nieto.
El año que viene ya empiezas el primer
año en el colegio. Y por eso pensamos que te
gustaría tener tu propia habitación
para estudiar.
Por eso la hemos construido especialmente
para ti en el jardín. interrumpe su abuelo,
con una sonrisa en sus labios.
Ambos lo vuelven a contemplar en silencio, con la
imborrable sonrisa en sus rostros. El niño
contempla la habitación a lo lejos, para después
agradecer el gesto serenamente.
Abuelo, abuela les dice con su voz infantil,
pero con un tremendo aire de madurez.
Muchas gracias... Yo estudiaré muy bien solo...
pronuncia tristemente, mientras se vuelve a internar
en la oscuridad, perdiéndose entre las brumas
de la inconsciencia.
Camina por la solitaria callejuela, mientras la lluvia
lo empapa de pies a cabeza. Sin importarle la incontable
cantidad de agua que cae sobre él, se desplaza
con sus pies casi arrastrando por la banqueta. Su
mochila en la espalda parece una enorme carga sobre
su pequeña humanidad, y a cada paso parece
pesar más y más. Buscando aliviar la
pesada carga que lleva consigo, voltea a ambos lados
de la calle. A su derecha sólo se encuentra
el terrible y enorme vacío negro, pero a su
izquierda, se encuentra un puente, y debajo de éste,
un basurero, y en ese tiradero, arrumbada y oxidada
por el paso del tiempo y las estaciones, una vieja
bicicleta, sucia y deprimente, que se encuentra sobre
el sofá abollado, a lado del televisor roto,
detrás del montón de tenis sucios y
olorosos; la cual, no obstante, logra atraer poderosamente
la atención del párvulo.
Él sale de la calle, en busca del artefacto
descompuesto. Lo alcanza con facilidad, y se da a
la tarea de examinarlo, y aunque las llantas están
chuecas y ponchadas, y que aún no aprende a
conducir una, y aparte de que esté increíblemente
mucho más alta que él, empero, la empuja
por el pasto hasta volver a alcanzar la estrecha calle
negra.
No ha avanzado mucho, cuando una voz, tosca y grave,
le detiene en su camino, paralizándolo en el
lugar donde se encontraba, aferrándose a la
bicicleta para no caer.
Oye, tú... le llama la ruda voz
Engarrótese ahí.
El infante se voltea hacia donde emerge aquel rugido,
como el de una fiera, que hace retumbar todo el ambiente.
Un enorme policía, con gabardina e igualmente
empapado, se encuentra observándolo, con el
rostro contraído. Sus ojos están ocultos
por la sombra de su gorra, pero lo que sí está
al descubierto son sus dientes, grandes y blancos,
amenazando engullirlo de un solo bocado. El chiquillo
se estremece con la sola idea de que aquel enorme
fulano se lo comiera, cómo parecía que
lo iba a hacer, por la manera en que lo estaba viendo.
¿Esa bicicleta es tuya? le interrumpe
en su examen dental la gruesa garganta.
Es estaba tirada ahí...
contesta tímidamente con su pequeña
vocecita, incomparable con la del gigante frente a
él, mientras se esfuerza en señalar
al puente. Se encuentra tan asustado que pareciera
que va a orinarse en los pantalones. No es mía...
pero estaba tirada ahí.
¡No mientas! ruge el enorme oso
que tenía enfrente.
Es la verdad, no estoy mintiendo...
suplica aterrorizado, mientras observa al animal deambular
alrededor suyo.
Ya hablaremos en la comisaría
es lo último que pronuncia el gigante, antes
de que los dos fueran de nuevo engullidos por la negra
oscuridad.
Enseguida, Shinji se ve dentro de un compacto cuarto,
con una sola lámpara iluminando la habitación.
Frente a él, se encuentra ese gran escritorio
gris, que era insólito el sólo hecho
de que pudiera caber en aquel miserable nicho. Mira
hacia abajo y cae en la cuenta que está sentado
en una silla altísima; no logra ver el suelo...
entonces voltea por encima de su cabeza, sólo
para ver cómo el miserable cuarto se va haciendo
gigantesco. Se siente atrapado por la enormidad del
lugar, siendo él tan pequeño e indefenso.
¿Tu nombre? pregunta la mujer
que se encuentra al otro lado del escritorio, frente
a una rudimentaria máquina de escribir, que
parecía tener más años que la
existencia misma.
El chiquillo ve a su alrededor, y suspira aliviado
que el cuarto ha vuelto a sus minúsculas y
ridículas dimensiones.
¿Tu nombre? le vuelven a preguntar.
Shinji Ikari contesta enfadado, contorsionándose
sobre sí mismo, escondiendo el rostro entre
las rodillas.
¿El nombre de tus tutores?
El niño se queda en silencio, con los ojos
encendidos y a punto de romper en llanto, sin decidirse
que es lo que debe decir.
¿El nombre de tus tutores? repite
la mujer invisible.
Gendo Ikari responde muy seguro y decidido.
¿Tu domicilio?
Aún no alcanza a decir algo, cuando su abuela
irrumpe en la pequeña habitación, abriendo
la puerta de golpe. Parece compungida por algún
dolor, según se le puede ver en el rostro preocupado
que tiene. Se inclina sobre el chamaco, que se puso
de pie, y le estrecha por los hombros, sacudiéndolo
cuidadosamente, no perdiendo la delicadeza ni un solo
instante. La anciana comienza a llorar, surcando las
cristalinas lágrimas su arrugada cara.
¡Shinji! le reprende, entre sollozos
de vieja ¿Pero qué has hecho?
¡Si querías una bicicleta, tan sólo
tenías que pedírnosla! ¡Tu padre
nos hubiera dado el dinero!
Aquello último le cayó cómo
un balde de agua fría.
No es eso... se intenta defender
no es eso... suspira, derrotado, intentando
rehusar la acusadora mirada de su abuela.
La sigue a lo lejos en la negrura que los rodea,
hacia ese pequeño punto luminoso que se observa
a lo lejos, el cual también se va haciendo
más y más grande, al igual que el anterior.
El chiquillo ve las espaldas de la anciana, y de nuevo
voltea hacia el piso.
¡No es eso! se repite mentalmente
Abuela... mi papá... ni en una ocasión
cómo ésta me ha venido a buscar
siente un estremecimiento en su pequeño cuerpo,
intentando contener el océano de lágrimas
que siente en sus ojos. Mamá pronuncia
dulcemente, mientras la llovizna le vuelve a empapar.
Si mamá estuviese viva, ¿me habría
venido a buscar? La luz cada vez más
cercana lo encandila, sin importarle, al mismo tiempo
que una palabra le queda grabada en lo más
profundo de su ser: Mamá
El regreso a la cruda realidad se hace de repente,
de golpe. Abre de inmediato sus húmedos ojos,
envueltos en lágrimas. Al ver aquella visión,
se pregunta si aún sigue soñando. Aquellas
pupilas rojas, serenas y brillantes cómo diamantes,
su cabello claro y corto, su boca dulce y sensual.
No, no es un sueño. Esto de veras está
pasando.
Ayanami suspira suavemente, sorprendido
por su presencia.
Al verlo ahí, tendido y desvalido en la cama,
cubierto sólo con esa delgada sábana
y llorando, Rei no puede evitar sentir lástima
por aquel desdichado. Pero en el asunto también
había algo más que lástima.
Había llegado al hospital hacía más
de dos horas. Llegó justo al cuarto de Kai,
a un lado de éste, y lo había encontrado
durmiendo, aún con algunos vestigios de la
fiebre. Así pues, estuvo pacientemente con
él durante todo ese tiempo, entreteniéndose
con algunas otras actividades menores, cuidando del
estado del paciente. No le importaba nada más
que estar ahí en cuanto despertara, cómo
él antes lo había hecho, quería
ser lo primero que contemplaran sus ojos en cuanto
despertara, al igual que ella lo hizo anteriormente.
Pero cuando llevaron los alimentos, por alguna extraña
razón aceptó llevárselos también
a Shinji. Sentía alguna especie de lazo invisible
que le unía extrañamente a él.
No era semejante a lo que sentía por el otro
muchacho; era más bien cómo un sentido
del deber, de tener que encargarse de él, de
cuidarlo y de protegerlo, por una causa que aún
no entendía. Trataba de oponerse lo más
que podía. Pero al ver al muchacho en tan lastimero
estado, no pudo evitar sentir lástima por lo
desafortunado que era.
Tu comida le señala fríamente
la bandeja repleta de alimentos, sobre el carrito.
Me dijeron que comieras en cuanto te despertaras.
volvió a pronunciar en el mismo tono de voz,
mientras vaciaba el contenido de un cartón
de leche sobre un vaso. Terminado de hacerlo, deposita
la bandeja sobre una mesa ajustable alrededor de la
cama.
No quiero comer nada... dice Shinji,
apenado por su carencia de ropas.
Deberías comer algo responde
de inmediato la muchacha sería lo mejor.
Ambos se contemplan un buen rato, en silencio. Ni
el uno ni el otro tiene idea de que es lo que está
pensando cada quién, pero el lazo que los une
comienza a formarse y muy pronto se hará más
fuerte por las numerosas pruebas que les deparan sus
respectivos destinos, en el que ambos se necesitarán
mutuamente. Por supuesto, eso ni siquiera se lo imaginan,
al contemplarse.
Rei rompe la unión, dándose media vuelta
hacia la puerta, repentinamente. La puerta metálica
se desliza y se abre; en el marco de la puerta, la
niña le recomienda:
Trata de comer algo, ¿Quieres?
para luego desaparecer por el umbral, cerrándose
inmediatamente.
El joven se siente confundido nuevamente por la actitud
de la chiquilla y se queda pensando en que fue exactamente
todo eso. Después de algunos momentos, se inclina
para tomar sus alimentos, meditando todavía
mientras masticaba lentamente los bocados, inconscientemente
sólo para darle gusto a la joven.
Su amigo tuvo sus propios problemas. Él recuerda
cómo necesitó arrastrarse por aquel
mar de sangre que se formó en su desierto blanco.
Roja, caliente y espesa sangre, así la recuerda
mientras se arrastraba por aquellas aguas, en busca
de la vida. Y a cada movimiento que realizaba, más
y más líquido pegajoso se hacia en el
interior de aquel océano de sufrimiento y muerte.
Y sin embargo, seguía buscando algo a qué
asirse, a qué vivir; por algunos instantes
pasó por su cabeza la idea de que iba a morir,
y también estuvo convencido de ello, hasta
que logró asirse de algo. Mas el oscuro guardián
que lo vigilaba no toleró aquello, lanzándolo
al instante por un enorme agujero que se hizo en el
fondo de ese mar carmesí vivo, arrastrándolo
todo a su interior, hasta a él.
Parecía que la caída nunca terminaría,
que sería eterna. Esperó y esperó
a alcanzar la base del precipicio, desesperándose
por no terminar de caer y morir. Ahora era él
quien apresuraba a la muerte. Al final, por fin concluyó
la caída libre, pero en lugar del fuerte impacto
que él esperaba, cayó suavemente, sostenido
en el aire por alguna extraña fuerza.
Luego llegó el ruido, los gritos y el tumulto,
que en su momento lo molestó, luego de haberse
acostumbrado al enorme silencio que hacía afuera.
Ora, cabrones, cállense el hocico...
¿Es que uno no se puede morir en paz?
les dijo a todos esos seres ruidosos que comenzaron
a sujetarlo y a transportarlo por interminables túneles.
Más tarde, el descanso del desmayo.
Las visiones no se daban por vencidas, y lo perseguían
a dónde quiera que fuera, aún cuando
dormía.
Entonces, se vio a sí mismo en una de sus
incursiones fotográficas furtivas, tomando
a su compañera sin que ésta se diera
cuenta. Al revelar el negativo, le sorprendió
algo muy llamativo: en el daguerrotipo no salía
el rostro de la muchacha. Ni ojos, ni nariz, ni boca,
nada de eso aparecía en su cara. Lo mismo ocurrió
con los otros negativos, en ninguno aparecía
la bella faz de la muchacha.
No conforme para nada con aquello, sujetó
uno de sus plumones negros, y comenzó a dibujarle
su rostro: primero trazó los ojos, rellenándolos
con una vistosa tinta roja chillante, después
realizó un fino giro para plasmar la nariz;
casi estaba completa, y sólo faltaba la boca.
Dibujo una pequeña línea curva volteando
hacia abajo y concluyó al fin su obra.
Pero no estaba satisfecho. Por alguna razón,
aquella expresión le resultó demasiado
triste, y cuando quiso borrársela no pudo quitar
ni un solo punto de tinta. Entonces, tendría
que quedarse así. No era tan malo, después
de todo. Al final, así es como era ella, y
así era cómo a él le gustaba;
aún con todos sus defectos y cualidades, la
quería bastante para dejarse vencer por pequeñeces.
Pensó en ella, en todo lo que le hacía
sentir, y paulatinamente el enorme calor que sentía
fue disminuyendo, y disminuyendo, hasta no quedar
huellas de su existencia, si es que alguna vez existió.
Así pues, con su condición física
un poco restablecida, medio dormido, siguió
recordando, no el accidente, sino una de las reuniones
que aspiraban a citas con Rei.
¿Porqué no? era su incesante
pregunta a la chiquilla.
Ambos se encontraban en el comedor de las instalaciones,
completamente a solas, y sin nadie que los pudiera
ver. Entonces, a Kai se le había ocurrido algo
que los dos podían hacer en aquel momento,
y cuando le participó de su idea a la joven,
ésta se negó rotundamente, ante las
constantes súplicas de su compañero.
¿Qué hay de malo en hacerlo?
volvió a suplicarle, mientras ella seguía
engullendo sus alimentos con dificultad, por las repetitivas
interrupciones de su pareja.
Ya te dije que no... sigue todo lo que quieras,
mi respuesta es NO le cortó de tajo la
niña, mientras intentaba seguir comiendo.
Kai, por su lado, se encontraba frente a ella, en
el otro extremo de la mesa. Con su charola delante
de él, sin siquiera haber tocado sus alimentos,
la observaba suplicante, con aquellos ojos esmeralda,
sin quitarle la vista ni un solo momento. Nuevamente,
intentó una vez más.
Ándale... no seas huraña...
volvió a suplicar, ésta vez con otra
de sus armas. Comenzó acariciando suavemente
la mano de Rei, para después tomarla por completo
No tiene nada de malo... nos queremos, ¿No?
la muchacha dejó de lado su charola con comida,
ya sin apetito, al tiempo que los dos fijaron sus
miradas el uno en el otro. Parecía indecisa,
y a punto de ceder.
Pues... sí... pero es que no sé...
no sé si sea correcto le respondió
la dulce criatura, mientras se derretía poco
a poco.
Pero si nadie lo va a saber; yo no se lo voy
a decir a nadie...¿y tú?
Claro que no... pero aún así,
la verdad no me gusta mucho eso. puso la última
barrera, que sería rota de nuevo por las filas
enemigas.
¿No te gusta que te tomen fotos? ¡Pero
debes ser bien fotogénica! Digo, con esa carita
tan hermosa, y negársela al lente de la cámara...
eso es egoísmo, ¿sabías?
pronunciaba alegremente, cuando se levantó
de su asiento y se dirigió derecho a ella,
llegándole por las espaldas y abrazándola
entre ambos brazos, mientras recargaba su cabeza en
la de ella No me vayas a decir que crees que
tu alma se desgasta... por qué entonces sí
me encabrono, ¿Me comprendes?
Ya, pues, no le sigas... Tú ganas,
¿contento al fin? cedió finalmente,
mientras se rendía a la sensación de
seguridad que sentía cuando estaba con él,
refugiada en la humanidad de su compañero.
Pero me vas a decir para que la quieres.
¿Pues para que va a hacer? interrogó
sarcásticamente de inmediato, sin soltarla
ni un solo segundo. Las grabadoras, fotografías,
videos y todo eso son aparatos de memoria... entonces,
va a ser para pensar en ti cuando no estés
conmigo.
¿No puedes recordarme, nada más?
le preguntó, cerrando los ojos.
Pero no es lo mismo, Rei... tal vez sea más
intenso el recuerdo, lo sentiría más...
pero eso lo cargo conmigo todos los días, y
aunque no me canso de ello, no está presente
físicamente, ¿comprendes lo que digo?
Quisiera tener algo tactable de lo nuestro, eso es
todo.
La joven ya no puso ninguna objeción, ni le
respondió. Se limitó a recostarse ligeramente
sobre el muchacho, sintiéndose más a
salvo que nunca, mientras Kai, por su parte, depositaba
un cariñoso beso en el cabello de la muchacha.
Los dos quedaron así, en silencio, por un breve
rato más, sin ninguna otra preocupación
en mente que en contemplar el momento.
Bueno, pues... haz lo que tengas que hacer,
pero YA le pronunció la niña,
mientras se desasía suavemente del abrazo del
chico, y se incorporaba. Porque luego aquí
se pone a reventar y ya no vamos a poder hacer nada...
Está bien, pero no te enojes.
bromeó el muchacho mientras también
se incorporaba.
Entonces, cogió la cámara fotográfica
que le había arreglado a Kensuke. Hacía
un día que la había vuelto a componer.
Aprovechando el pretexto de probarla, fue cuando se
le ocurrió la idea de tomarse una foto con
su pareja. El resto, cómo dicen por ahí,
ya es historia.
En la ya tranquila y dormida concepción del
muchacho quedó fija y grabada la imagen del
daguerrotipo, mientras abría lentamente los
párpados, para luego despertar completamente
a la realidad, desconcertado, eso sí.
No pronunció nada. Sólo observo a su
alrededor, sorprendido por el repentino cambio de
escenario. En unos momentos, estaba debatiéndose
por su vida, con todo y esa horrible migraña
acompañada con aquellas horrendas ilusiones,
y ahora se encontraba acostado tranquilamente en una
cama de hospital, en un cuarto igual de quieto y silencioso,
iluminado a raudales por la luz del sol que traspasaba
los cristales de las ventanas.
Ya no sentía aquel sofocante calor de antes,
ni aquella opresión en el pecho. También
ya podía pensar coherentemente, y de inmediato
examinó todo lo que pasó: había
tenido un breve resfriado por la mojada del día
anterior, y por no cuidarlo adecuadamente, éste
había llegado casi al punto de pulmonía,
con todos los síntomas que se presentaban,
tales cómo fiebre, escalofríos, dificultad
para respirar y demás. En tan torpes condiciones,
se enfrentó a un ángel, y era obvio
que había sido derrotado con facilidad. Cuando
repasó la parte del ángel, se preguntó
que era lo que había sido de la bestia. Seguro
Shinji lo había derrotado, si no, él
ni nada estaría aquí. Sin embargo, aún
no recordaba que él había sido el que
había salvado a Shinji, también herido
por el monstruo.
De nuevo pasó la vista por el desierto lugar,
escuchando a lo lejos los murmullos típicos
de un hospital. A diferencia de su amigo, él
no se encontraba desnudo, sino que lo habían
arropado con una limpia y reconfortante pijama de
lana, blanca y adornada con algunas rayas rojas, de
dos piezas; no obstante, no tenía calcetines,
ni ropa interior. El delicado y fresco ambiente del
cuarto le hizo quejarse de sus pies, arropándolos
con la sábana y frotándolos pausadamente
el uno con el otro. No había nadie en la habitación,
y sin embargo, a lado de la cama se encontraba una
silla acomodada, con algunas cosas sobre ella. Era
por demás obvio que alguien había estado
en ese lugar, y cuando observó una bolsa con
algunos de sus juguetes en ella, supuso erróneamente
que había sido Misato quien ocupó aquel
asiento.
Con trabajos, se hizo de la bolsa. Aunque se sentía
bien, no tenía muchas fuerzas y estaba totalmente
cansado, sin ánimo de moverse de la cama, pero
sí para juguetear con las figuras en sus manos.
Extrañaba todo aquello, parecían siglos
desde la última vez que se había puesto
a jugar con sus juguetes, casi todos regalos de Navidades
pasadas.
Se divertía enormemente con un pequeño
avión blanco, sosteniéndolo con la mano
y haciéndolo pasar varias veces a su vista.
La chuchería tenía algunas partes removibles,
trasformándolo en un robot , con un cráneo
dibujado en lo que se supone debía ser la cabina
del piloto. En el acto, agarró otras chácharas
de la bolsa y dio pleno vuelo a su increíble
y peligrosa imaginación.
¡Ríndanse, asquerosos zentran!
se dijo, poniéndole voz propia al robot de
plástico que sujetaba con su mano derecha,
poniéndolo frente a otro más que sujetaba
con la izquierda.
¡Estúpidos micrones! ¡Jamás
nos rendiremos! volvió a pronunciar,
esta vez poniéndole voz a la figura redonda
en su mano izquierda. ¡No ahora, que hemos
reclutado a nuestro servicio a los santos de bronce!
Una figura humanoide más, apareció
en el absurdo y ridículo conflicto que orquestaba
en su retorcida imaginación.
¡Ja! ¡Ilusos! El ridículo
poder de esos enclenques no se compara con la enorme
fuerza de los Súper Saiya! respondió
el primer robot, al mismo tiempo que Kai sacaba una
nueva figura más, ésta con un cabello
amarillo de plástico.
¡Aplastemos a esos insectos! indicó
el recién llegado.
Ambos bandos se preparan para un ataque final, mortal,
que sólo el que jalaba los hilos a todo ese
teatro sabía cómo terminaría.
Tragándose el miedo y la incertidumbre de saber
si saldrían completos de esta nueva aventura,
los cuatro juguetes se lanzan una contra otro, sin
nada que pueda detenerlos.
Excepto, claro, el sonido de la puerta abriéndose
y la visión de Rei entrando con una charola
de comida en su mano.
El pequeño universo imaginario que el muchacho
había creado se deshace y desaparece, pese
a la enorme y vital revuelta que se llevaba a cabo
en él, sin decidirse jamás cual bando
habría sido el vencedor.
Dejando de lado los juguetes, una enorme sonrisa
se dibuja en el rostro del chiquillo, mientras sus
ojos parecen brillar de alegría. Se habría
lanzado a la recién llegada en ese momento,
de no ser por que la falta de energías y fuerzas
se lo impidió. Interrumpiendo momentáneamente
la alegría que esbozaba su rostro, preguntó
con gesto de duda:
Espera... no vienes a decirme que el senpai
Roy murió, ¿verdad?
¡¿Qué?! respondió
Rei, sin tener la menor idea de lo que su pareja le
hablaba.
No es nada... mejor olvídalo
pronunció, recobrando la luz su cara, mientras
observaba cómo la muchacha acercaba la mesa
ajustable a él, y en ella depositaba su comida.
¿Tienes hambre? le preguntó
cariñosamente, observándolo alegre y
desilusionada al mismo tiempo. Ella hubiera querido
estar ahí en cuanto despertara, y no lo había
logrado por ir a atender a Shinji.
Hasta la pregunta es necia... respondió
el muchacho en español, mientras comenzaba
a tragar todo el contenido del plato. Parecía
no haber comido en varios días.
Y aunque la comida de hospital tiene fama en todo
el mundo, por su pésimo sabor, en aquellos
momentos de hambre le pareció el más
exquisito banquete que había probado. Mientras
tanto, la muchacha observaba la escena sin ponerle
atención, un tanto molesta todavía por
no encontrarse en la habitación cuando su compañero
despertó de su letargo de más de cinco
horas, y la culpa de todo, pensaba ella, la tenía
Shinji. Su estado de ánimo no pasó desapercibido
al paciente, quien entre bocado y bocado le preguntó:
¿Por qué estás enojada?
interrogó, sin parar de comer.
¿Qué te hace pensar que estoy
molesta? respondió la niña serenamente,
sin quitarle la vista ni un solo momento.
Se te nota señaló el muchacho,
en tono serio El brillo de tus lindos ojitos
parece apagarse cuando estás así, aparte
que tu labio inferior se apachurra en forma graciosa...
cómo se le decía a eso... ¡Cómo
un puchero, algo así! agregó iluminado.
Sorprendida por aquella revelación, que ni
ella se imaginaba, se vio acorralada y no tuvo más
remedio que soltar lo que tenía escondido.
Me habría gustado estar aquí
cuando despertaras... cómo cuando tú...
la joven se encontró interrumpida, en el momento
que el chiquillo terminó de degustar sus alimentos,
y con el mismo semblante de seriedad, apartó
la mesa ajustable, recostándose pesadamente
en la cama, con los ojos cerrados.
Cómo yo lo hice antes, contigo...
completó Kai, desanimado, a la par que continuaba,
teniendo la completa atención de su compañera
A veces tengo miedo, miedo de que tú estés
haciendo todo esto sólo por agradecimiento
de lo que hice. Y cuando hayas pagado tu deuda, tú
te irás... pronunció con tristeza,
en el momento que se volvió a levantar y la
miró con la vista interrogante.
¿Cómo puedes creer eso?
lo reconfortó de inmediato y sin meditarlo,
acariciando el rostro del joven y dirigiéndole
miradas cariñosas Lo hago porque te quiero,
y porque me siento muy bien junto a ti. Me gustaría
mucho estar contigo para siempre, cómo ahora.
El niño la observó por largo rato,
en silencio, mientras ella lo seguía animando
sujetando sus manos.
Órale... tú si sabes cómo
levantar el humor a alguien dijo mientras se
entregaba al deleite de la sensación de las
manos de su pareja sobre las de él.
¿No sabes dónde está Misato?
Según creo, sigue en el cuartel.
le respondió Rei.
¿En el cuartel? preguntó
extrañado el muchacho. ¿Porqué?
La chiquilla le refirió todo lo acontecido
durante su inconsciencia, poniéndolo al tanto
de los acontecimientos pasados. Entonces se enteró
que el ángel aún no había sido
derrotado, que en esos momentos se encontraba cavando
para alcanzar el Geo Frente, que habían tenido
que comenzar a ensamblar el prototipo del rifle de
positrones, que la acción seguiría en
la madrugada del día siguiente a mañana,
y mientras tanto no había nada que hacer, más
que esperar y aprovechar el tiempo para que los pilotos
estuvieran en óptimas condiciones.
Kai la escuchó pacientemente, en silencio
y con toda la atención del mundo. Lo que le
parecía más extraño era el hecho
de que las criaturas celestiales siempre atacaban
el Cuartel General, cómo si estuvieran buscando
algo en particular, cuando él creía
que su misión era la de acabar con la humanidad;
entonces, ¿porqué todos los ataques
se concentraban precisamente en Tokio 3? ¿Porqué
no la Unión Europea, o los Estados Unidos?
¿Qué era lo que había en el Geo
Frente que llamaba la atención de los titanes?
Seguro tendría que ver algo con el comandante,
y sus incontables secretos. De ser así, entonces
Gendo sería el responsable de todas las desgracias
que habían sufrido los habitantes de la ciudad
durante los ataques.
Lamentó el estar postrado en esos momentos,
y sin poder hacer la gran cosa. Sus fuerzas no le
daban para nada más, salvo esperar que se repusiera
por completo. Cómo si recordara algo, de súbito,
volvió a preguntarle:
¿Qué pasó con Shinji?
mientras volteaba hacia la muchacha, en busca de una
respuesta.
También fue herido en la batalla, ¿no
recuerdas? contestó de inmediato la interrogada.
Está justo en el cuarto de aquí a lado...
señaló con el dedo hacia la pared
Le llevaba su comida cuando despertaste.
Rei esperaba alguna reacción de parte de su
compañero, cuando éste contestó
distraídamente Ajá. Sin
embargo, algunos momentos después, tal y cómo
ella se lo esperaba, Kai se volvió hacia ella
sobresaltado.
¿Y tú porqué tenías
que llevársela? ¡¿Qué no
hay enfermeras en este sucio edificio?!
Sí, pero todas estaban entretenidas
observando el final de la telenovela... querían
saber si un tal Ranma, ó algo así se
quedaba con una tal Akane, creo yo; no les entendí
muy bien... y cómo me vio aquí la encargada
de la comida, me lo pidió de favor le
contestó alegremente No le vi mucho inconveniente,
pero, ya ves...
Ante la respuesta, el muchacho respiró algo
aliviado, tratando que ella no se diera cuenta; pero
la muchacha no le había dicho nada acerca de
la lástima que sintió por Shinji, ni
de esa necesidad que sentía de cuidarlo y protegerlo.
Hubiera sido muy imprudente el contarle todo aquello,
y ella lo sabía perfectamente, así que
se lo guardó por el bien de Shinji, por el
momento.
Su conversación continuó, pasando por
los más variados temas. Hacía bastante
tiempo que no se habían sentado a compartir
sentimientos, tal como ahora lo estaban haciendo.
Hasta agradecieron los dos que hubiera pasado todo
aquello, ya que les dio la oportunidad de estar juntos
cómo nunca lo habían hecho antes. La
muchacha se alegró bastante al saber la razón
por la cual Kai se había aventurado aquella
tarde a la piscina de la muchacha, pero aún
no podía entender de todos modos el porque
había hecho todo eso, no lograba captar del
todo ese sentido de travesura y aventura, esa precocidad
que varias veces acompañaban al joven, como
a cualquier otro, aún a pesar de ya tener un
doctorado y que lo hacían tomar decisiones
un tanto alocadas, dejándose llevar por las
hormonas y demás reacciones químicas.
No obstante, agradeció la acción, indicándole
que cuando quisiera verla en traje de baño,
sólo se lo pidiera, y no lo hiciera a hurtadillas.
En realidad, no le abochornaba en nada que la viera
en paños menores. Incluso, le sugirió
algo que se la había ocurrido, lo cual se lo
había dicho hablando quedamente sobre su oreja,
cándidamente, mientras se sentaba en el costado
de la cama y le guiñaba un ojo.
Uhh... No creo que ahorita el horno esté
para bollos le respondió cansado y decepcionado,
pero con el rostro al rojo vivo. Aparte, ando
enfermo... y no te lo quisiera pegar. Sería
algo malo verte enferma, y por mi culpa.
La chiquilla agradeció el consejo, pero aún
así, se acostó junto a él, despojándose
de sus zapatos, sin preocuparle el hecho de que alguien
pudiera entrar de repente y verlos reposando juntos;
por su parte, el joven se maldecía sí
mismo y se lamentaba interiormente. Había esperado
mucho tiempo por aquel día, y no pudo aprovechar
la oportunidad por su incapacidad. Sentía ganas
de toparse contra la pared lo más fuerte que
pudiera.
Siguieron platicando, mientras se hacía de
noche y daban las 9:00 PM.
Con un dejo de emoción en su voz que no podía
ocultar, a la par que vertía un poco del contenido
de un frasco sobre una cuchara, la muchacha le confió
el hecho de que posiblemente la unidad Cero sería
activada para la acción de pasado mañana,
y de ser así, ella sería su tripulante.
En verdad parecía estar feliz, después
de meses de inactividad, y no le importó el
peligro que implicaba el tripular el prototipo. Y
sin tratar de oponer objeción alguna, después
que la joven le hizo tomar la dosis de medicina, no
queriendo arruinar la ilusión de su pareja,
sólo contestó:
Chido... se va a poner fregón el asunto...
sabiendo lo central que era para Rei el ser piloto
Eva. Aún no podía explicarse el porqué.
Faltaban 27 horas para que el ángel penetrara
todas las capas de blindaje y alcanzara el Cuartel
General, y en el interior de éste, la actividad
no cesaba aún.
Misato seguía en la sala de estrategias, esperando
el informe del ensamblaje del rifle de positrones,
el arreglo de las unidades Eva y el estado de los
pilotos. Con su desesperación característica,
iba de un lado a otro de la sala, sorbiendo su taza
de café, anhelando una lata de cerveza, haciéndole
muecas al líquido caliente.
Volvió a tomar el intercomunicador, hacia
el hangar de ensamblaje, donde en esos momentos preparaban
el arma.
¿Cómo sigue la operación?
preguntó al técnico que tomó
la bocina.
Dentro de lo esperado comunicó
éste Lo tendremos listo para mañana
en la tarde. ¡En ello va nuestro orgullo! ¡Confíe
en nosotros!
A pesar del ruido que entorpecía la comunicación,
la militar comprendió a la perfección
el mensaje, colgando el auricular.
Los positrones son partículas de antimateria,
las primeras de este tipo en ser creadas en un laboratorio.
Aunque fueron postuladas por el eminente físico
Paul Dirac, en el siglo 20, alrededor más o
menos de la década de 1930, su manufactura
, aún en unas cualidades diminutas, no fue
realizada sino hasta la década de los 70`s
, cuando el acontecimiento ocurrió en el acelerador
gigante del CERN, la Organización Europea para
la Investigación Nuclear. Los positrones son
la contra parte en la antimateria de los electrones,
los cuales rodean el núcleo de la materia ordinaria.
Son potenciales cómo un arma, esto es claro
cuando uno se da cuenta que igualan a las bombas nucleares,
únicamente liberando un poco del porcentaje
de su energía; la intersección de materia
y antimateria resulta en la conversión total
de la energía de ambas, en una reacción
eficiente de un 200%.
Entonces, el plan de Misato era usar el prototipo
de un rifle que los usaba cómo municiones,
utilizando toda la energía eléctrica
del Japón para su funcionamiento. Obviamente,
era un plan bastante osado, aparte que tenían
que estar todos los detalles perfectamente coordinados
para que pudiera funcionar aquella estrategia; aunque
ya no quedaba ninguna otra opción.
Ahora, lo único que había por hacer,
era esperar, y eso era lo más desesperante.
Después que fue relevada, a eso de las 10:00
de la noche, lo único que se le ocurrió
en esos momentos que podía hacer, era ir a
pasar la noche al hospital, después de haber
comido y descontado alguna lata con cerveza, claro
está.
Habiendo quedado satisfechas sus ansias de licor,
pasó por algunos momentos a su solitario departamento,
para asearse. Con satisfacción, observó
que todo estaba en su lugar y nada hacía falta,
tal y cómo lo había previsto. Confirmó
que la joven Rei era una persona de fiar, a pesar
de las apariencias.
Luego de más de 8 horas en completa agitación
y estrés, el baño con agua caliente
le cayó de maravilla, removiendo toda la preocupación
que cargaba consigo al mero contacto del agua. Aliviada
temporalmente de sus penas producidas en el trabajo,
se entregó placenteramente al éxtasis
de sentir los chorros de agua deslizarse sobre su
cuerpo. Tal vez hubiera seguido mucho tiempo más,
de no ser por el repentino regreso de sus intenciones
anteriores a la ducha.
Apurada, salió de la regadera, secándose
descuidadamente con una toalla húmeda y poniéndose
lo primero que encontró, pegó carrera
ante la impávida mirada de su mascota, Pen-Pen,
quien continuaba cargando su vacío plato de
comida, en busca de que alguien se lo llenara. Con
las prisas, todos los habitantes de la casa se habían
olvidado de alimentar al pobre pingüino, quien
seguía hambriento, y sin esperanzas de mejorar
su situación. Inconsolable, continuó
observando por largo rato la puerta cerrada de la
entrada, con la vana idea de que alguien cruzaría
por aquel umbral y lo alimentaría. Nadie abrió
la puerta, y finalmente, derrotado tiró el
plato en el suelo y se retiró con el estómago
vacío a su pequeño compartimento.
La oscuridad ya reinaba el firmamento y las estrellas
resplandecían cómo diamantes, mientras
la luna llena hacía lo más que podía
por dar un poco de luz a la noche, en su maltrecho
auto Misato recorría ágilmente y a toda
velocidad las ahora desiertas calles de la ciudad.
En realidad, ni siquiera a la hora pico del día
había bastante tráfico en Tokio 3, y
jamás en toda su historia se había presentado
un problema de tal tipo, cómo los embotellamientos,
ó demasiado smog, a diferencia de las antiguas
ciudades, de las cuales desde sus cenizas habían
surgido las nuevas metrópolis. El millón
y medio de personas que poblaban Tokio 3 antes de
los ataques celestiales, comenzaron a evacuarla paulatinamente
luego de que hiciera su aparición el tercer
ángel, buscando lugares mucho más seguros,
y la evacuación se acrecentaba a medida de
que los continuos ataques a NERV continuaban; quedando
así únicamente los empleados del Geo
Frente y sus familias, además de los que no
tenían ningún otro lugar a dónde
ir, y se quedaban, resignados a su destino.
Después de maniobrar por algunas callejuelas,
las cuales cruzó cómo bólido,
la militar dirigió su vehículo hacia
el rumbo del Hospital General, en la sección
más vieja de Tokio 3, con apenas unos 15 años
de antigüedad. Derrapando llantas y alarmando
a todo mundo que lo pudo escuchar, la mujer estacionó
el vehículo para luego salir tranquilamente,
y cómo si nada hubiera pasado, ante la interrogatoria
mirada de todas las personas, extrañadas por
aquella muchacha de prendas cortas y extravagantes,
hasta que la militar alcanzó la puerta de entrada
del sanatorio, desapareciendo de su vista.
Preguntó a la enfermera en turno en qué
habitaciones habían sido alojados los pilotos
Eva, presentando su credencial que la identificaba
cómo prominente miembro de NERV, así
que no hubo bastantes problemas, ya que en cuanto
la empleada miró la credencial, le facilitó
la información sin más preámbulos,
convencida del cargo que ocupaba la recién
llegada. Tomó el elevador que la llevaría
al décimo piso, área a donde llevaban
a los empleados de la organización, la cual
financiaba al hospital, por lo tanto, aquellas habitaciones
eran de las mejores que habían en el edificio.
Contó los números que estaban en las
puertas, hasta dar con los que ella requería:
945 y 946. Tomó una al azar y abrió
la segunda.
El cuarto estaba completamente oscuro, y apenas si
escuchó el sonido de la puerta abriéndose
sigilosamente. Misato contempló el ocupante
de la cama, ó mejor dicho a los ocupantes,
ya que eran Rei y Kai, quienes, volteando el uno con
el otro, dormían plácidamente.
La escena pudo haber alarmado e indignado a cualquier
persona adulta que pudiera observarla, sin embargo
la militar no se inmutó siquiera un poco; en
realidad era muy liberal, y se daba el lujo de dar
todas las libertades posibles a su hijo adoptivo (posiblemente
por todo aquello era cómo era el carácter
del muchacho), pues sabía que era un chamaco
bastante responsable para su edad, y sabía
distinguir bastante bien la diferencia entre el bien
y el mal. Además, no había rastros de
actividad sexual, ya que la cama estaba en perfecto
orden, y los chicos no estaban desnudos, ni su ropa
tirada por todo el suelo. Conmovida por la escena,
salió de puntillas del cuarto, cuidando de
no despertar a ninguno de los dos, y fue al siguiente
cuarto, dónde dedujo, acertadamente, se encontraba
Shinji.
A diferencia de la anterior habitación que
había visitado en silencio, Shinji tenía
una lámpara del cuarto encendida, alumbrándolo
apenas para leer la revista que sostenía, mientras
escuchaba en sus audífonos una tocada de moda,
con ritmo pegajoso y cursi, sin más intenciones
que la de entretener por algunos instantes a la chiquillada
de esos tiempos; no obstante, la juvenil y vivaz voz
de la cantante adolescente se escuchaba bastante bien
y alcanzaba tonos bastante buenos.
Pocket wo, kara ni shite saa, tabi
Ni dayou yo,
Meate mo nani mo nai keredo
Sugu pocket wo, kara shite saa tabi
Ni dayou yo
( La traducción al cristiano, sería
algo así: Vacía tus bolsillos,
ven, vamos en un viaje sin propósito alguno,
pienso yo. Pronto, vacía tus bolsillos y vamos
a ese viaje)
El niño se encontraba tan ensimismado en el
análisis de la revista y de la música
en sus oídos, que no notó la presencia
de la mujer, quien, escudada por la oscuridad, se
acercó a escondidas hasta el quicio de la cama,
y sin embargo, el joven aún no se había
dado cuenta de su presencia, y seguía despreocupado
y a salvo de cualquier peligro. Misato se agachó
ligeramente, y entonces, de súbito, se abalanzó
sobre el sorprendido Shinji, quien de la impresión,
no tuvo tiempo ni para gritar. La mujer no perdió
tiempo alguno y fue directo a las costillas, provocándole
incesantes cosquillas al niño, quien entre
risotada y risotada suplicaba lo dejara en paz.
Cuando por fin Misato lo había escuchado,
y terminado su despiadado ataque, esperó alegremente
en una silla a que el chiquillo recuperara el aliento
y se sobrepusiera de la sorpresa, con una enorme sonrisa
de satisfacción en los labios.
Shinji, por su parte comprendía ahora de dónde
diablos había agarrado Kai esa costumbre de
sorprender a las personas distraídas, tal y
cómo lo había hecho la noche en que
lo conoció, cuando le sacó tremendo
susto con su inesperada intromisión. Pero quedaba
obvio que Misato era peor, mucho, pero mucho peor
que su amigo.
¡Abusado, cuate! le dijo contenta
la militar Siempre tienes que estar atento a
todo lo que te rodea... imagínate si en vez
de ser mi simpática y alegre persona, hubiera
sido un asesino a sueldo; en estos momentos ya estarías
frío cómo paleta.
¡Babosa! se defendió el
muchacho ¡Por poco haces que se me pare
el corazón!
Bueno... le respondió sarcásticamente
la mujer Al parecer, no es lo único que
hice que casi se te parara.
Shinji observa hacia sus piernas, y recordando que
seguía desnudo, pronunció un breve grito,
y enrojecida completamente toda su cara, de la vergüenza,
se apresuró a taparse con la sábana.
La mujer no se daba abasto con su alegría,
y continuaba riéndose a expensas del joven,
a más no poder.
¡No te preocupes, Shinji! repetía
entre carcajada y carcajada ¡No es para
tanto! ¡Ups! ¡Perdón, perdón,
no era lo que quería decir! mientras
continuaba con su frenesí de risas maliciosas.
El muchacho estaba en sus límites de paciencia,
y apunto de perder los cabales, ante las incesantes
burlas e indirectas de la militar. Todo eso era demasiado,
ya habían sido dos veces las que la muchacha
lo había visto desnudo, y aquello no parecía
tener fin; hasta que por fin prorrumpió, aún
Misato riéndose.
¡Y eso era lo que te quería decir!
¡Que me trajeras algo de ropa, para no estar
al natural! Estos tacaños ni siquiera una bata
pudieron darme...
Finalmente su acompañante había cesado
en sus burlas, pero seguía hablando con él
en tono de chanza.
Gruñón... le dijo
¿Porqué siempre tienes que quejarte
de todo lo que te pasa? De todos modos, saldrás
mañana mismo, así que espérate
un poco más, ¿si?
Pero es que así siento más las
corrientes de aire se quejó el niño.
Ya te dije que te aguantes respondió
la mujer Además, la salida va a ser a
las 6:00 de la tarde, no falta mucho...
¿ Salida? preguntó
extrañado su acompañante.
Misato, quien parecía haber dicho algo que
no podía, se quedó callada, por el momento,
apretando los dientes y esperando a que el chico dejara
de observarla. Pero, ante las constantes interrogativas
del chiquillo, no tuvo más remedio que soltar
lo que traía entre manos. Le explicó,
por lo menos, una parte del plan, pero lo que interesaba
a Shinji era saber quiénes iban a ser los pilotos
en turno: Rei, Kai, y él. Le deprimió
bastante el saber que tendría que volver al
Evangelion, tan pronto del accidente; por lo menos,
esperaba que tuvieran la decencia de prescindir de
él, dada su situación. Pero no había
sido así, y su amiga, que sólo eso era
Misato para Shinji, puesto que jamás la pudo
concebir cómo figura maternal, a diferencia
de su compañero, se dio cuenta de la decepción
del niño.
Las horas pasaron cómo segundos, que se diluyeron
de inmediato en las aguas del tiempo. La noche da
paso al alba, y ésta es seguida por el esplendor
azul del día, y nuevamente el tiempo parece
volar. Y sin darse cuenta nadie, la hora final había
llegado. Eran las 5:00 PM en punto, cuando Rei había
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