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El Proyecto Eva
Por: Gus (jabarajas@hotmail.com)

Capítulo Ocho: Rei II
“C`mon baby, light my fire”

(Vamos nena, enciende mi fuego)

The DOORS

La misión había sido un fracaso. Todo un completo fracaso, y eso Misato Katsuragi lo sabía muy bien, mientras caminaba a toda prisa rumbo a la enfermería, para averiguar el estado de los pilotos. Todo había salido muy mal; el enemigo pudo diezmarlos rápidamente, no sólo por su posición estratégica en el aire, disparando un enorme cañón tal cómo si fuera un vil francotirador, si no también por la pésima organización que tuvieron durante todo el ataque. Pero lo más extraño era la salud de Kai; cuando se metió dentro del Eva, todos sus signos y semblantes, es decir su salud, estaba en perfecto estado. Ritsuko le había dicho de la fiebre que le había notado en la noche anterior, y sin embargo, esta mañana lucía muy bien. ¿Cómo fue que le viniera la calentura tan de súbito y tan fuerte? 39.7 grados de temperatura, y sin esperanzas de bajar, y aparte le detectaron una insuficiencia respiratoria.

Ella recuerda, recorriendo aquellos pasillos, cómo a duras penas la unidad Z, entre los desvaríos del piloto, consiguió milagrosamente arrastrarse hasta la plataforma que le abrieron justo a lado suyo, y sin embargo no salió tan bien librada, volviendo el ángel a dispararle de nuevo, justo en la espalda. Era algo sorprendente, a pesar de todo: había podido resistir cuatro impactos con la fuerza necesaria para hundir un acorazado bien armado, o tal vez mucho más, y el Eva Z sólo había obtenido algunos rasguños, descontando los demás daños ocasionados por los “rebotes” del robot.

Pero no tenía excusa, todos se habían fiado de la increíble capacidad y fuerza que la unidad especial poseía para el combate, sin tomar en cuenta que la maquina depende del piloto para poder funcionar plenamente, y he aquí el resultado de tan imprudente acción. “Debí ponerle más atención” pensaba, “Debí imaginar que algo así pasaría... ¿Qué se supone que vamos a hacer ahora?” Todo esto estaba muy mal, y para derrotar esta vez al enemigo se tendría que planear muy bien la estrategia a seguir, y no atenerse a improvisar en el transcurso de la lucha. Una ligera idea cruzaba en ese momento la audaz y tenaz imaginación de la militar.

El ángel, luego de derrotar plácidamente a sus contrincantes, se desplazó por toda la ciudad sin ninguna prisa, hasta ubicarse justo en el centro del Geo Frente. En ese momento, sacó de su punta inferior una especie de taladro orgánico, con el que comenzó a taladrar el pavimento, en busca de llegar al cuartel general. La enorme estructura de pasajes para el descargue de las unidades Evangelion, lo habían demorado en su intento de penetrar a NERV, teniendo que perforar primero a través de las veintisiete placas metálicas que protegían al Geo Frente; en esos momentos las computadoras calculaban el tiempo que le tomaría llegar hasta el cuartel, por lo que la mujer aprovechó para informarse del estado de los niños. Estando el ángel tranquilo en un solo sitio, hasta ese momento las fuerzas armadas de las Naciones Unidas se habían abstenido de dirigir algún ataque hacia el objetivo, conociendo de antemano lo costoso e inútil que sería atacarlo convencionalmente, acatando los designios del comandante Ikari, que había expandido considerablemente su influencia sobre el consejo de Naciones. En ese caso, el tiempo seguía transcurriendo.

El LCL del Entry Plug donde se encontraba Shinji había llegado casi al punto de ebullición, con él dentro; el sujeto se encontraba grave y tuvo que ser puesto en el tanque reparador de tejidos, en terapia intensiva por una hora. Mientras tanto, Kai había sido trasladado al Hospital General, tratado por ligeros golpes en el cuerpo y haciendo un intento de bajar su temperatura y restablecer a un nivel normal su respiración. Desafortunadamente, en este aspecto, la medicina no ha avanzado bastante, ateniéndose a los tradicionales medicamentos (aspirina, paracetamol, etcétera.) y a las compresas frías sobre la frente, aparte del obligatorio reposo en la cama, con el paciente no muy arropado. Habría que esperar a que el tiempo transcurriera y la calentura bajara normalmente.

Al enterarse del traslado de Kai al Hospital, Misato tuvo que inclinarse más a trasladarse con Shinji, ya que el tiempo no le permitía el realizar un viaje de ida y vuelta al sanatorio; cada segundo era apremiante, además, le habían informado que su hijo adoptivo aún no salía de la inconsciencia.

Apurada por el tiempo, Misato entró casi corriendo a la enfermería del cuartel; aún no podía ver a Shinji, pues seguía en el tanque, en cirugía. Un poco decepcionada y fastidiada, se sentó bruscamente a la sala de espera, precisamente esperando el diagnóstico del doctor.

Inquieta por la tranquilidad del lugar, parece no poder estarse en un solo lugar: ora coge una revista, la hojea rápidamente y sin ningún interés, la tira y toma otra para el mismo propósito. Hasta una enfermera le reclama que se esté sosiega en un solo lugar, queja que ignora olímpicamente, abstraída en sus propios pensamientos. Según presiente, no podrá estar presente mucho más tiempo, y eso la frustraba.

Efectivamente, después de que pensó en aquello, su localizador en su cinturón comenzó a sonar intermitentemente, por lo que supo que se le requería en el cuarto de control. Presiona un poco la suerte, y permanece algunos instantes más allí.

Nerviosa y un poco molesta, camina apurada en vueltas por la sala, hasta que se da cuenta, sin intención alguna, de la presencia de Rei en aquella sala.

La militar, que no era gente de pocas palabras, agradeció el encontrarse a alguien conocido en quien desahogarse, aunque sólo fuera Rei, la indiferente, y rápidamente, y sin darle oportunidad de hacer algo, la acosa de inmediato y pronuncia con la velocidad de una metralleta todos sus pesares.

Holarei¿tutambienestásesperandoavercomoestáshinji?yestoshijosdelatiznadaqueno
quierendecirnadacabronessecreenlagrancosa— profirió a velocidad sobrehumana, sin que pudiera entendérsele la gran cosa, pero eso sí, muy indignada.

La chiquilla sólo se limita a observar sorprendida a la persona frente a ella.

— Disculpe, capitana, ¿Cómo ha dicho usted?— la interroga, vacilante, después de algunos momentos, con sus ojos abiertos de par en par.

Al darse cuenta de su error, la mujer suspira hondamente, y vuelve a pronunciar, en un tono más normal y más humano:

— Que si también vienes a ver cómo se encuentra Shinji...

— ¿Shinji?— pregunta de nuevo, desconcertada— No, quiero saber cómo está Kai.

Misato la observa algunos momentos, un poco sorprendida, hasta que responde serenamente, sin dejar de verla un solo instante, mirada muy semejante a la de Kai en situaciones así, cosa que no pasa desapercibida por la niña.

— No, Kai no está aquí— contesta la militar.— A él se lo llevaron al Hospital General.

Abatida y decepcionada, la muchacha se levanta de su asiento, en pose de retirarse, mascullando un modesto “Gracias”, cuando es abruptamente interrumpida por la mujer.

— ¿Vas a ir para allá?

— Pues sí— se limita a decir.

— Ay, que bueno, espérame tantito...—pronuncia a la par que esculca en el bolsillo de su chamarra, sacando en el acto una tarjeta/llave que entrega a Rei— Me dicen que tiene que quedarse reposando en la cama, así que ¿no podrías ir al departamento a recoger algunos juguetes suyos?

— ¿Juguetes?— pronuncia sorprendida la niña, levantando la ceja.

— Sí, lo que pasa es que es muy inquieto y para eso son los juguetes, para que se distraiga un rato y se quede en un solo lugar— se apresura a explicar, sin tapujos.— Si sabes donde queda el departamento, ¿verdad?

— Sí, claro.

— Órale... te llevas lo primero que encuentres, ¿eh? No importa mucho que sea...

— Cómo diga...

Entonces, la muchacha da media vuelta y sale por la puerta, mientras la mujer la observaba alejarse. Era muy confiada, para tener que darle la llave de su casa a alguien más, pero ella no se preocupaba de ello, sabía que Rei era una persona de fiar, muy dedicada y responsable, podría decirse de alguna manera.

Su meditación es cortada de tajo por el incesante sonar de su localizador, que requería su presencia en la sala de estrategias.

— ¡Ya voy, con un demonio!— pronuncia molesta, mientras lo apaga, y después de dar instrucciones a la enfermera a dónde dar cualquier nuevo aviso sobre el estado del paciente, se retira a toda máquina por la misma puerta por la que salió Rei.

Después de un par de minutos en el transporte urbano, la muchacha por fin se detiene en el edificio de Misato, y sin perder tiempo en contemplaciones, sube por las escaleras, pero sin ninguna prisa. Se detiene frente a la puerta, saca de su bolsillo la tarjeta y la desliza suavemente por el decodificador, abriéndose la puerta metálica en el acto.

La casa en sombras le resulta fascinante. Había ido una o dos veces al antiguo departamento de los Katsuragis, pero nunca antes había venido a este lugar, sabía donde quedaba y cual era, pero nunca antes había entrado a su interior; una tentación se le presenta: ésta era la oportunidad perfecta para saber un poco más de su compañero, aunque eso significara hurgar entre sus pertenencias, cómo un ladrón.

Después de un breve instante de vacilación, en el que se debatían conciencia y deseo, finalmente sucumbe a la curiosidad. Pasa de largo la sala y la cocina, adentrándose en el cuarto de los muchachos. Despacio, y con mucho cuidado, cómo si alguien pudiera escucharla, recorre la puerta del armario, buscando en primer lugar lo que había venido a buscar. Después de buscar un poco entre ropa y algunas cosas más, finalmente encuentra la caja de los juguetes, que al parecer no habían usado en buen tiempo, ya que se encontraban arrinconados y con polvo en su superficie. Moviéndose por la casa cómo si ya la conociera, con facilidad se hace de un trapo y una bolsa de plástico; así, después de limpiarlos cuidadosamente, recoge algunos juguetes sin observar cuales son, y los deposita en la bolsa, que deja en el quicio de la puerta, mientras observaba con atención otras pertenencias de su pareja.

Su atención se dirige especialmente a su escritorio, y cómo lo hizo Shinji antes, observa sus numerosos trofeos deportivos, que algunos estaban el suelo por falta de espacio, sus discos de preferencia, y la fotografía enmarcada y venerada tal cómo si fuera un ídolo. La detiene entre sus manos, reconociendo después de un examen a los retratados. En el centro, tímido e indeciso, el niño Kai, de apenas unos tres años de edad; a sus espaldas se encuentra Misato y las personas de ambos lados, los padres del muchacho. Sus padres. Ahora que lo pensaba, no sabía mucho acerca de los padres de su compañero... los reconoció en la foto, sin siquiera conocerlos. ¿Cómo era posible eso? No queriendo enfrascarse en absurdas meditaciones, deposita de nuevo el retrato en su lugar de origen, atendiendo otros objetos. Coge un cuaderno que se encontraba debajo de los discos, y lo hojea rápidamente apenas prestando atención a su contenido, observándolo de paso; eran algunos planos para las unidades Evangelion, y algunas otras cosas más, sin importancia, letras de canciones, complicadas ecuaciones de cálculo... se detiene en una página que llama poderosamente la atención.

Sin duda alguna, aquel espacio fue dedicado a ejercicios para relajar la mano. Había varias inscripciones con la leyenda “Rei y Kai”, “Kai ama a Rei”, encerradas en corazones, una inscripción que decía sin dificultad: “Yo, sin Rei...¡No puedo vivir!” parodiando el slogan de una famosa compañía de pañuelos desechables. Pero lo que más le agrada, es un chusco dibujo, representándose a él cómo un caballero medieval y a ella cómo una princesa capturada por un enorme dragón malhumorado, el comandante Ikari, el cual pudo reconocer por los anteojos y la barba de chivo. Una pequeña sonrisa se dibuja en su rostro, contemplando la ocurrencia del chico. Al seguir hojeando el cuaderno de apuntes, se da cuenta que en el forro están guardadas unas fotografías, de ella, tomadas en secreto. Una a una las contempla y checa por detrás la fecha en que fueron tomadas. Hay una que parece tomar un lugar especial en la colección, ya que está en una mica para su protección; en ella se encuentran retratados los dos, sentados en el comedor del cuartel. Recordaba aquel día, hace apenas dos semanas; Kai tuvo que rogarle bastante para que se dejara tomar la fotografía, y según creía ella, esa era la única que tenía. Conmovida y convencida del importante lugar que ocupaba en el corazón de su confidente, estrecha cariñosamente la fotografía contra su pecho. Y sin ver nada más, satisfecha su curiosidad y resueltas sus dudas, cierra delicadamente la libreta, depositando en ella las fotos, y la deja dónde se encontraba anteriormente. Ahora podía estar segura por completo de los sentimientos del muchacho, los cuales eran recíprocos, si no es que mayores.

Entonces, y sin hurgar en nada más, recoge la bolsa de los juguetes, y se marcha del lugar, dirigiéndose hacia el hospital.

Una enorme figura irrumpe en la calma de la bahía de Tokio- 3, ensombreciendo algunos puntos de los muelles. Se trata de una simulación de la unidad 01, creada con los mismos materiales que un dirigible. Flota despreocupadamente por los aires, empujada por debajo por un barco de la marina, dirigiéndose hacia dónde el ángel hacía su excavación.

Sin poder acercarse ni un milímetro más de los 15 kilómetros que los separaban, con un tiro el monstruo hace pedazos a la simulación, reventándola en el aire. Alguien más observa la escena desde el Geo Frente.

— Objeto simulado destruido— se apresura a decir el operador Makoto Hyuga.

— El siguiente— ordena de inmediato Misato.

En el acto, de un túnel de las afueras de la ciudad emerge un tren militar, conducido a control remoto, cargando una docena de tanques, operados del mismo modo. Mientras sigue avanzando en línea recta, los tanques disparan sus cañones contra el enemigo, ubicado a un costado suyo, igualmente separados por unos 25 kilómetros, a lo mucho.

Los tiros son rebotados sin ningún problema por el campo A.T del coloso, respondiendo éste de nuevo con un tiro, borrando en el acto al tren y toda su carga.

— Las doce unidades de artillería móvil han sido aniquiladas por el enemigo— vuelve a decir el operador de lado de Misato. Después de esto, se levanta al centro de la sala de estrategias, donde algunos jefes se han reunido, a decidir que es lo que se iba a hacer. Hyuga, teniendo la atención de todo mundo, comunica el resultado de las pruebas:— Según los datos que hemos podido extraer, el objetivo elimina automáticamente todo cuerpo extraño que penetre en su radio de alcance.

La militar se recarga pesadamente en su silla, mirando hacia el techo y suspirando profundo, balanceando un lápiz en sus dedos, descuidadamente.

— Y su cañón de partículas presenta un porcentaje de acierto del 100%— completa la información la mujer, sin soltar el lápiz o despegar la mirada del techo.— Y las unidades Eva no pueden acercarse y luchar con él con su campo A.T activado, ¿verdad?

— En teoría— responde otro de sus subordinados.— Pero de la teoría a la práctica...— pronunció, mientras en el monitor pasaba la imagen de la unidad Z “colgada” del ángel.

— Aún así, eso no es muy práctico ni efectivo— respondió la mujer con despecho. Por un momento, reflexiona en silencio algunos instantes, y pregunta:— ¿Cómo está el campo A.T del enemigo?

— Está activo— contesta uno de sus subordinados— Ha desarrollado una gran capacidad para detectar cualquier cuerpo perceptible a su alcance.— mientras lo decía, el mismo monitor mostraba cómo el ángel evitaba los disparos de los tanques.

La mujer continúa su reflexión, despegando por fin la vista del techo y dirigiéndola al centro de la habitación, sin ningún punto en especial, mientras se ponía nerviosamente el lápiz en la boca, despertando la imaginación de más de un hombre de los que estaban presentes.

— Tanto en ataque cómo en defensa es casi perfecto— observa la militar, sacando el lápiz de sus dientes, sacando así a los caballeros de su excitación— Es cómo una fortaleza aérea inexpugnable, ¿no?

Misato no les dio tiempo de responder.

—¿Y qué hay del taladro percutor?— interroga de inmediato.

— En estos momentos— responde de inmediato Hyuga— El gigantesco taladro de 17.5 metros de diámetro perfora directamente hacia el Cuartel General. Se encuentra por alcanzar la segunda plancha de blindaje.

Toda su explicación es ilustrada en el acto por el monitor interactivo del centro de la habitación, mostrando imágenes en vivo, tomadas por las múltiples cámaras que se encontraban distribuidas en toda la ciudad. La mujer, ni tarda ni perezosa, no espera a preguntar de nuevo:

— ¿Cuál es el horario previsto para que alcance el Cuartel General?

— Será pasado mañana, a las 0 horas, 6 minutos y 54 segundos.— se apresura a contestar el mismo Hyuga.— A esa hora ya habrá traspasado las 27 capas de blindaje que hay hasta el interior del Geo Frente.

— Así que nos quedan 34 horas— pronuncia un poco aliviada la mujer, pero sin dejar de estar del todo nerviosa. Conecta el intercomunicador de las instalaciones, y se dirige a su compañera— Doctora Akagi, ¿Cuál es el estado de las unidades Eva?

Ritsuko se encuentra en el muelle de embarque de la unidad 01, junto con sus subordinada, Maya. Examina a simple vista al enorme robot, y después checa el reporte de daños, que se encuentra en su mano, para luego responder a la interrogante.

— Hasta la tercera capa de blindaje del tórax de la unidad 01 está totalmente fundido— comunica por el intercomunicador— Pero el centro de funciones no ha sufrido grandes daños, así que ha sido un mal menor, ¿no? — y sin esperar ningún comentario, agrega— En unas seis horas estará cómo nueva. La unidad Z, por otro lado, no obtuvo grandes daños en general, salvo algunas abolladuras en la armadura, pero sólo han sido detalles estéticos. En una hora, a lo sumo, estará lista.

Misato continúa con su interrogatorio.

— ¿Y el prototipo Cero?

La rubia se desconcierta un poco por la pregunta, y extrañada, consulta con su fiel asistente, a lado suyo, y luego de que confirmara algunos datos, finalmente se aventura a contestar a la inesperada misiva.

— No hay problema para un nuevo arranque, sólo necesita algunos ajustes en su Feed Back, ¿Por qué lo preguntas?

La militar responde a su pregunta con una nueva, aclarando todo:

— ¿Estará listo para la batalla?

Sorprendida, la doctora Akagi responde afirmativamente, para después romper el enlace. Se queda pensativa por algunos instantes, con la mirada fija en el suelo, ante la atenta mirada de su asistente. Ella era de la opinión de Kai, de no volver a usar la unidad Cero. Pero a diferencia del niño, que buscaba proteger con eso a Rei, la científica lo decía por lo poco práctica e insegura que resultaba la unidad, aparte que poseía un bajo nivel de pelea; y que decir de los repentinos ataques de locura que le daban. “¿Qué es lo que te propones, Misato?” se pregunta mentalmente.

La militar, por su lado, y sin intención de explicar a nadie, por el momento, cuál era su plan, continuaba el cuestionario, intentando informarse del estado de la situación, haciendo cálculos mentalmente.

— ¿Cuál es el estado de los pilotos?

— El cuerpo del Cuarto Niño no presenta anomalías— responde nuevamente el incansable Hyuga— Su pulso aún es algo precario, pero dentro de lo admisible. Ya ha sido trasladado al Hospital General; aún sigue descansando por indicación médica. El Segundo Niño, por otro lado, ha sido atendido con medicamentos, que han logrado normalizar de nuevo su temperatura y respiración. En estos momentos se encuentra estable, y durmiendo por la medicación.

La mujer respira hondamente, apoyando la cabeza en sus manos, descansando un poco de las presiones que se le presentaban. Hasta se da el lujo de bromear un poco con sus subordinados presentes.

— La situación no pinta nada bien, ¿verdad?

— Entonces, ¿Alzamos la bandera blanca?— contesta a su vez, de nuevo, y también en tono bromista, Hyuga.

La mujer lo observa, desolada.

— ¡Buena idea!— contesta sarcásticamente— Pero antes de eso... tenemos que intentar todo lo que esté a nuestro alcance.

El lápiz se pasea nerviosamente en su cabello, enrollándose y desenrollándose por algunos instantes.

—Una vez que estemos en el otro barrio ya no habrá nada que hacer— suspira tristemente, con una forzada sonrisa en su semblante.

Todo lo que rodea a Shinji es negro y pacífico. Apenas si se alcanza a percibir un leve murmullo, semejante a un gorgoteo de agua. El chico no puede ver nada más allá de su nariz, y se mueve entre las penumbras. “¿Dónde estoy?” se permite preguntar mentalmente, tirado en la cama del hospital. “¿Qué lugar es este? ¿Estoy... muerto? Todo está oscuro, y no puedo ver nada.” Un destello de luz comienza vislumbrarse en el horizonte, y se acrecienta cada vez más y más, conforme se acerca. Todo aquello parecía ser un enorme y estrecho túnel oscuro y maloliente. Unas figuras familiares, pero indiferentes para él, empiezan a delinearse en aquel halo de luz intensa. Conforme avanza por el hediondo túnel comienza a reconocer a aquellas personas, poco a poco, hasta que los puede visualizar completamente. Eran sus abuelos paternos, con quienes había pasado un corto período de tiempo, antes que murieran y fuera a vivir con su tío; tal vez si hubiera pasado más tiempo junto a ellos, hubiera aprendido a quererlos, pero no fue así. Ahora, para él eran sólo un par de ancianos, y nada más.

Sin embargo, y pese a todo ello, ambos lo saludan cariñosamente. “Shinji” le llaman ellos, sonriendo y sin mover los labios. El joven penetra al punto de luz en aquella inmensa oscuridad impenetrable, y vuelve a ser un niño de seis, no, de cinco años.

— Mira eso— señala su abuelo un punto en aquella inmensidad insondable, donde aparece un pequeño y rústico cuarto, pintadas las paredes cuidadosamente de un brillante color blanco, y las tejas del techo son rojas. En realidad, la pequeña habitación ofrece un aspecto muy amigable y hospitalario. El viejo continúa hablando— Te he construido un cuarto de estudio. A partir de hoy, podrás estudiar ahí.

Su abuela toma la palabra, dirigiéndole una afectuosa mirada a su nieto.

— El año que viene ya empiezas el primer año en el colegio. Y por eso pensamos que te gustaría tener tu propia habitación para estudiar.

— Por eso la hemos construido especialmente para ti en el jardín.— interrumpe su abuelo, con una sonrisa en sus labios.

Ambos lo vuelven a contemplar en silencio, con la imborrable sonrisa en sus rostros. El niño contempla la habitación a lo lejos, para después agradecer el gesto serenamente.

— Abuelo, abuela— les dice con su voz infantil, pero con un tremendo aire de madurez—.

Muchas gracias... Yo estudiaré muy bien solo...— pronuncia tristemente, mientras se vuelve a internar en la oscuridad, perdiéndose entre las brumas de la inconsciencia.

Camina por la solitaria callejuela, mientras la lluvia lo empapa de pies a cabeza. Sin importarle la incontable cantidad de agua que cae sobre él, se desplaza con sus pies casi arrastrando por la banqueta. Su mochila en la espalda parece una enorme carga sobre su pequeña humanidad, y a cada paso parece pesar más y más. Buscando aliviar la pesada carga que lleva consigo, voltea a ambos lados de la calle. A su derecha sólo se encuentra el terrible y enorme vacío negro, pero a su izquierda, se encuentra un puente, y debajo de éste, un basurero, y en ese tiradero, arrumbada y oxidada por el paso del tiempo y las estaciones, una vieja bicicleta, sucia y deprimente, que se encuentra sobre el sofá abollado, a lado del televisor roto, detrás del montón de tenis sucios y olorosos; la cual, no obstante, logra atraer poderosamente la atención del párvulo.

Él sale de la calle, en busca del artefacto descompuesto. Lo alcanza con facilidad, y se da a la tarea de examinarlo, y aunque las llantas están chuecas y ponchadas, y que aún no aprende a conducir una, y aparte de que esté increíblemente mucho más alta que él, empero, la empuja por el pasto hasta volver a alcanzar la estrecha calle negra.

No ha avanzado mucho, cuando una voz, tosca y grave, le detiene en su camino, paralizándolo en el lugar donde se encontraba, aferrándose a la bicicleta para no caer.

— Oye, tú...— le llama la ruda voz— Engarrótese ahí.

El infante se voltea hacia donde emerge aquel rugido, como el de una fiera, que hace retumbar todo el ambiente. Un enorme policía, con gabardina e igualmente empapado, se encuentra observándolo, con el rostro contraído. Sus ojos están ocultos por la sombra de su gorra, pero lo que sí está al descubierto son sus dientes, grandes y blancos, amenazando engullirlo de un solo bocado. El chiquillo se estremece con la sola idea de que aquel enorme fulano se lo comiera, cómo parecía que lo iba a hacer, por la manera en que lo estaba viendo.

— ¿Esa bicicleta es tuya?— le interrumpe en su examen dental la gruesa garganta.

— Es – estaba tirada ahí...— contesta tímidamente con su pequeña vocecita, incomparable con la del gigante frente a él, mientras se esfuerza en señalar al puente. Se encuentra tan asustado que pareciera que va a orinarse en los pantalones.— No es mía... pero estaba tirada ahí.

— ¡No mientas!— ruge el enorme oso que tenía enfrente.

— Es la verdad, no estoy mintiendo...— suplica aterrorizado, mientras observa al animal deambular alrededor suyo.

— Ya hablaremos en la comisaría— es lo último que pronuncia el gigante, antes de que los dos fueran de nuevo engullidos por la negra oscuridad.

Enseguida, Shinji se ve dentro de un compacto cuarto, con una sola lámpara iluminando la habitación. Frente a él, se encuentra ese gran escritorio gris, que era insólito el sólo hecho de que pudiera caber en aquel miserable nicho. Mira hacia abajo y cae en la cuenta que está sentado en una silla altísima; no logra ver el suelo... entonces voltea por encima de su cabeza, sólo para ver cómo el miserable cuarto se va haciendo gigantesco. Se siente atrapado por la enormidad del lugar, siendo él tan pequeño e indefenso.

— ¿Tu nombre?— pregunta la mujer que se encuentra al otro lado del escritorio, frente a una rudimentaria máquina de escribir, que parecía tener más años que la existencia misma.

El chiquillo ve a su alrededor, y suspira aliviado que el cuarto ha vuelto a sus minúsculas y ridículas dimensiones.

— ¿Tu nombre?— le vuelven a preguntar.

— Shinji Ikari— contesta enfadado, contorsionándose sobre sí mismo, escondiendo el rostro entre las rodillas.

— ¿El nombre de tus tutores?

El niño se queda en silencio, con los ojos encendidos y a punto de romper en llanto, sin decidirse que es lo que debe decir.

— ¿El nombre de tus tutores?— repite la mujer invisible.

— Gendo Ikari— responde muy seguro y decidido.

— ¿Tu domicilio?

Aún no alcanza a decir algo, cuando su abuela irrumpe en la pequeña habitación, abriendo la puerta de golpe. Parece compungida por algún dolor, según se le puede ver en el rostro preocupado que tiene. Se inclina sobre el chamaco, que se puso de pie, y le estrecha por los hombros, sacudiéndolo cuidadosamente, no perdiendo la delicadeza ni un solo instante. La anciana comienza a llorar, surcando las cristalinas lágrimas su arrugada cara.

— ¡Shinji!— le reprende, entre sollozos de vieja— ¿Pero qué has hecho? ¡Si querías una bicicleta, tan sólo tenías que pedírnosla! ¡Tu padre nos hubiera dado el dinero!

Aquello último le cayó cómo un balde de agua fría.

— No es eso...— se intenta defender— no es eso...— suspira, derrotado, intentando rehusar la acusadora mirada de su abuela.

La sigue a lo lejos en la negrura que los rodea, hacia ese pequeño punto luminoso que se observa a lo lejos, el cual también se va haciendo más y más grande, al igual que el anterior. El chiquillo ve las espaldas de la anciana, y de nuevo voltea hacia el piso.

“¡No es eso!” se repite mentalmente “Abuela... mi papá... ni en una ocasión cómo ésta me ha venido a buscar” siente un estremecimiento en su pequeño cuerpo, intentando contener el océano de lágrimas que siente en sus ojos. “Mamá” pronuncia dulcemente, mientras la llovizna le vuelve a empapar. “Si mamá estuviese viva, ¿me habría venido a buscar?” La luz cada vez más cercana lo encandila, sin importarle, al mismo tiempo que una palabra le queda grabada en lo más profundo de su ser: “Mamá”

El regreso a la cruda realidad se hace de repente, de golpe. Abre de inmediato sus húmedos ojos, envueltos en lágrimas. Al ver aquella visión, se pregunta si aún sigue soñando. Aquellas pupilas rojas, serenas y brillantes cómo diamantes, su cabello claro y corto, su boca dulce y sensual. No, no es un sueño. Esto de veras está pasando.

— Ayanami— suspira suavemente, sorprendido por su presencia.

Al verlo ahí, tendido y desvalido en la cama, cubierto sólo con esa delgada sábana y llorando, Rei no puede evitar sentir lástima por aquel desdichado. Pero en el asunto también había algo más que lástima.

Había llegado al hospital hacía más de dos horas. Llegó justo al cuarto de Kai, a un lado de éste, y lo había encontrado durmiendo, aún con algunos vestigios de la fiebre. Así pues, estuvo pacientemente con él durante todo ese tiempo, entreteniéndose con algunas otras actividades menores, cuidando del estado del paciente. No le importaba nada más que estar ahí en cuanto despertara, cómo él antes lo había hecho, quería ser lo primero que contemplaran sus ojos en cuanto despertara, al igual que ella lo hizo anteriormente. Pero cuando llevaron los alimentos, por alguna extraña razón aceptó llevárselos también a Shinji. Sentía alguna especie de lazo invisible que le unía extrañamente a él. No era semejante a lo que sentía por el otro muchacho; era más bien cómo un sentido del deber, de tener que encargarse de él, de cuidarlo y de protegerlo, por una causa que aún no entendía. Trataba de oponerse lo más que podía. Pero al ver al muchacho en tan lastimero estado, no pudo evitar sentir lástima por lo desafortunado que era.

— Tu comida— le señala fríamente la bandeja repleta de alimentos, sobre el carrito.— Me dijeron que comieras en cuanto te despertaras.— volvió a pronunciar en el mismo tono de voz, mientras vaciaba el contenido de un cartón de leche sobre un vaso. Terminado de hacerlo, deposita la bandeja sobre una mesa ajustable alrededor de la cama.

— No quiero comer nada...— dice Shinji, apenado por su carencia de ropas.

— Deberías comer algo— responde de inmediato la muchacha— sería lo mejor.

Ambos se contemplan un buen rato, en silencio. Ni el uno ni el otro tiene idea de que es lo que está pensando cada quién, pero el lazo que los une comienza a formarse y muy pronto se hará más fuerte por las numerosas pruebas que les deparan sus respectivos destinos, en el que ambos se necesitarán mutuamente. Por supuesto, eso ni siquiera se lo imaginan, al contemplarse.

Rei rompe la unión, dándose media vuelta hacia la puerta, repentinamente. La puerta metálica se desliza y se abre; en el marco de la puerta, la niña le recomienda:

— Trata de comer algo, ¿Quieres?— para luego desaparecer por el umbral, cerrándose inmediatamente.

El joven se siente confundido nuevamente por la actitud de la chiquilla y se queda pensando en que fue exactamente todo eso. Después de algunos momentos, se inclina para tomar sus alimentos, meditando todavía mientras masticaba lentamente los bocados, inconscientemente sólo para darle gusto a la joven.

Su amigo tuvo sus propios problemas. Él recuerda cómo necesitó arrastrarse por aquel mar de sangre que se formó en su desierto blanco. Roja, caliente y espesa sangre, así la recuerda mientras se arrastraba por aquellas aguas, en busca de la vida. Y a cada movimiento que realizaba, más y más líquido pegajoso se hacia en el interior de aquel océano de sufrimiento y muerte.

Y sin embargo, seguía buscando algo a qué asirse, a qué vivir; por algunos instantes pasó por su cabeza la idea de que iba a morir, y también estuvo convencido de ello, hasta que logró asirse de algo. Mas el oscuro guardián que lo vigilaba no toleró aquello, lanzándolo al instante por un enorme agujero que se hizo en el fondo de ese mar carmesí vivo, arrastrándolo todo a su interior, hasta a él.

Parecía que la caída nunca terminaría, que sería eterna. Esperó y esperó a alcanzar la base del precipicio, desesperándose por no terminar de caer y morir. Ahora era él quien apresuraba a la muerte. Al final, por fin concluyó la caída libre, pero en lugar del fuerte impacto que él esperaba, cayó suavemente, sostenido en el aire por alguna extraña fuerza.

Luego llegó el ruido, los gritos y el tumulto, que en su momento lo molestó, luego de haberse acostumbrado al enorme silencio que hacía afuera.

— Ora, cabrones, cállense el hocico... ¿Es que uno no se puede morir en paz?— les dijo a todos esos seres ruidosos que comenzaron a sujetarlo y a transportarlo por interminables túneles. Más tarde, el descanso del desmayo.

Las visiones no se daban por vencidas, y lo perseguían a dónde quiera que fuera, aún cuando dormía.

Entonces, se vio a sí mismo en una de sus incursiones fotográficas furtivas, tomando a su compañera sin que ésta se diera cuenta. Al revelar el negativo, le sorprendió algo muy llamativo: en el daguerrotipo no salía el rostro de la muchacha. Ni ojos, ni nariz, ni boca, nada de eso aparecía en su cara. Lo mismo ocurrió con los otros negativos, en ninguno aparecía la bella faz de la muchacha.

No conforme para nada con aquello, sujetó uno de sus plumones negros, y comenzó a dibujarle su rostro: primero trazó los ojos, rellenándolos con una vistosa tinta roja chillante, después realizó un fino giro para plasmar la nariz; casi estaba completa, y sólo faltaba la boca. Dibujo una pequeña línea curva volteando hacia abajo y concluyó al fin su obra.

Pero no estaba satisfecho. Por alguna razón, aquella expresión le resultó demasiado triste, y cuando quiso borrársela no pudo quitar ni un solo punto de tinta. Entonces, tendría que quedarse así. No era tan malo, después de todo. Al final, así es como era ella, y así era cómo a él le gustaba; aún con todos sus defectos y cualidades, la quería bastante para dejarse vencer por pequeñeces. Pensó en ella, en todo lo que le hacía sentir, y paulatinamente el enorme calor que sentía fue disminuyendo, y disminuyendo, hasta no quedar huellas de su existencia, si es que alguna vez existió.

Así pues, con su condición física un poco restablecida, medio dormido, siguió recordando, no el accidente, sino una de las reuniones que aspiraban a citas con Rei.

— ¿Porqué no?— era su incesante pregunta a la chiquilla.

Ambos se encontraban en el comedor de las instalaciones, completamente a solas, y sin nadie que los pudiera ver. Entonces, a Kai se le había ocurrido algo que los dos podían hacer en aquel momento, y cuando le participó de su idea a la joven, ésta se negó rotundamente, ante las constantes súplicas de su compañero.

— ¿Qué hay de malo en hacerlo?— volvió a suplicarle, mientras ella seguía engullendo sus alimentos con dificultad, por las repetitivas interrupciones de su pareja.

— Ya te dije que no... sigue todo lo que quieras, mi respuesta es NO— le cortó de tajo la niña, mientras intentaba seguir comiendo.

Kai, por su lado, se encontraba frente a ella, en el otro extremo de la mesa. Con su charola delante de él, sin siquiera haber tocado sus alimentos, la observaba suplicante, con aquellos ojos esmeralda, sin quitarle la vista ni un solo momento. Nuevamente, intentó una vez más.

— Ándale... no seas huraña...— volvió a suplicar, ésta vez con otra de sus armas. Comenzó acariciando suavemente la mano de Rei, para después tomarla por completo— No tiene nada de malo... nos queremos, ¿No?— la muchacha dejó de lado su charola con comida, ya sin apetito, al tiempo que los dos fijaron sus miradas el uno en el otro. Parecía indecisa, y a punto de ceder.

— Pues... sí... pero es que no sé... no sé si sea correcto— le respondió la dulce criatura, mientras se derretía poco a poco.

— Pero si nadie lo va a saber; yo no se lo voy a decir a nadie...¿y tú?

— Claro que no... pero aún así, la verdad no me gusta mucho eso.— puso la última barrera, que sería rota de nuevo por las filas enemigas.

— ¿No te gusta que te tomen fotos? ¡Pero debes ser bien fotogénica! Digo, con esa carita tan hermosa, y negársela al lente de la cámara... eso es egoísmo, ¿sabías?— pronunciaba alegremente, cuando se levantó de su asiento y se dirigió derecho a ella, llegándole por las espaldas y abrazándola entre ambos brazos, mientras recargaba su cabeza en la de ella— No me vayas a decir que crees que tu alma se desgasta... por qué entonces sí me encabrono, ¿Me comprendes?

— Ya, pues, no le sigas... Tú ganas, ¿contento al fin?— cedió finalmente, mientras se rendía a la sensación de seguridad que sentía cuando estaba con él, refugiada en la humanidad de su compañero.— Pero me vas a decir para que la quieres.

— ¿Pues para que va a hacer?— interrogó sarcásticamente de inmediato, sin soltarla ni un solo segundo.— Las grabadoras, fotografías, videos y todo eso son aparatos de memoria... entonces, va a ser para pensar en ti cuando no estés conmigo.

— ¿No puedes recordarme, nada más?— le preguntó, cerrando los ojos.

— Pero no es lo mismo, Rei... tal vez sea más intenso el recuerdo, lo sentiría más... pero eso lo cargo conmigo todos los días, y aunque no me canso de ello, no está presente físicamente, ¿comprendes lo que digo? Quisiera tener algo tactable de lo nuestro, eso es todo.

La joven ya no puso ninguna objeción, ni le respondió. Se limitó a recostarse ligeramente sobre el muchacho, sintiéndose más a salvo que nunca, mientras Kai, por su parte, depositaba un cariñoso beso en el cabello de la muchacha. Los dos quedaron así, en silencio, por un breve rato más, sin ninguna otra preocupación en mente que en contemplar el momento.

— Bueno, pues... haz lo que tengas que hacer, pero YA— le pronunció la niña, mientras se desasía suavemente del abrazo del chico, y se incorporaba.— Porque luego aquí se pone a reventar y ya no vamos a poder hacer nada...

— Está bien, pero no te enojes.— bromeó el muchacho mientras también se incorporaba.

Entonces, cogió la cámara fotográfica que le había arreglado a Kensuke. Hacía un día que la había vuelto a componer. Aprovechando el pretexto de probarla, fue cuando se le ocurrió la idea de tomarse una foto con su pareja. El resto, cómo dicen por ahí, ya es historia.

En la ya tranquila y dormida concepción del muchacho quedó fija y grabada la imagen del daguerrotipo, mientras abría lentamente los párpados, para luego despertar completamente a la realidad, desconcertado, eso sí.

No pronunció nada. Sólo observo a su alrededor, sorprendido por el repentino cambio de escenario. En unos momentos, estaba debatiéndose por su vida, con todo y esa horrible migraña acompañada con aquellas horrendas ilusiones, y ahora se encontraba acostado tranquilamente en una cama de hospital, en un cuarto igual de quieto y silencioso, iluminado a raudales por la luz del sol que traspasaba los cristales de las ventanas.

Ya no sentía aquel sofocante calor de antes, ni aquella opresión en el pecho. También ya podía pensar coherentemente, y de inmediato examinó todo lo que pasó: había tenido un breve resfriado por la mojada del día anterior, y por no cuidarlo adecuadamente, éste había llegado casi al punto de pulmonía, con todos los síntomas que se presentaban, tales cómo fiebre, escalofríos, dificultad para respirar y demás. En tan torpes condiciones, se enfrentó a un ángel, y era obvio que había sido derrotado con facilidad. Cuando repasó la parte del ángel, se preguntó que era lo que había sido de la bestia. Seguro Shinji lo había derrotado, si no, él ni nada estaría aquí. Sin embargo, aún no recordaba que él había sido el que había salvado a Shinji, también herido por el monstruo.

De nuevo pasó la vista por el desierto lugar, escuchando a lo lejos los murmullos típicos de un hospital. A diferencia de su amigo, él no se encontraba desnudo, sino que lo habían arropado con una limpia y reconfortante pijama de lana, blanca y adornada con algunas rayas rojas, de dos piezas; no obstante, no tenía calcetines, ni ropa interior. El delicado y fresco ambiente del cuarto le hizo quejarse de sus pies, arropándolos con la sábana y frotándolos pausadamente el uno con el otro. No había nadie en la habitación, y sin embargo, a lado de la cama se encontraba una silla acomodada, con algunas cosas sobre ella. Era por demás obvio que alguien había estado en ese lugar, y cuando observó una bolsa con algunos de sus juguetes en ella, supuso erróneamente que había sido Misato quien ocupó aquel asiento.

Con trabajos, se hizo de la bolsa. Aunque se sentía bien, no tenía muchas fuerzas y estaba totalmente cansado, sin ánimo de moverse de la cama, pero sí para juguetear con las figuras en sus manos. Extrañaba todo aquello, parecían siglos desde la última vez que se había puesto a jugar con sus juguetes, casi todos regalos de Navidades pasadas.

Se divertía enormemente con un pequeño avión blanco, sosteniéndolo con la mano y haciéndolo pasar varias veces a su vista. La chuchería tenía algunas partes removibles, trasformándolo en un robot , con un cráneo dibujado en lo que se supone debía ser la cabina del piloto. En el acto, agarró otras chácharas de la bolsa y dio pleno vuelo a su increíble y peligrosa imaginación.

— ¡Ríndanse, asquerosos zentran!— se dijo, poniéndole voz propia al robot de plástico que sujetaba con su mano derecha, poniéndolo frente a otro más que sujetaba con la izquierda.

— ¡Estúpidos micrones! ¡Jamás nos rendiremos!— volvió a pronunciar, esta vez poniéndole voz a la figura redonda en su mano izquierda.— ¡No ahora, que hemos reclutado a nuestro servicio a los santos de bronce!

Una figura humanoide más, apareció en el absurdo y ridículo conflicto que orquestaba en su retorcida imaginación.

— ¡Ja! ¡Ilusos! El ridículo poder de esos enclenques no se compara con la enorme fuerza de los Súper Saiya!— respondió el primer robot, al mismo tiempo que Kai sacaba una nueva figura más, ésta con un cabello amarillo de plástico.

— ¡Aplastemos a esos insectos!— indicó el recién llegado.

Ambos bandos se preparan para un ataque final, mortal, que sólo el que jalaba los hilos a todo ese teatro sabía cómo terminaría. Tragándose el miedo y la incertidumbre de saber si saldrían completos de esta nueva aventura, los cuatro juguetes se lanzan una contra otro, sin nada que pueda detenerlos.

Excepto, claro, el sonido de la puerta abriéndose y la visión de Rei entrando con una charola de comida en su mano.

El pequeño universo imaginario que el muchacho había creado se deshace y desaparece, pese a la enorme y vital revuelta que se llevaba a cabo en él, sin decidirse jamás cual bando habría sido el vencedor.

Dejando de lado los juguetes, una enorme sonrisa se dibuja en el rostro del chiquillo, mientras sus ojos parecen brillar de alegría. Se habría lanzado a la recién llegada en ese momento, de no ser por que la falta de energías y fuerzas se lo impidió. Interrumpiendo momentáneamente la alegría que esbozaba su rostro, preguntó con gesto de duda:

— Espera... no vienes a decirme que el senpai Roy murió, ¿verdad?

— ¡¿Qué?!— respondió Rei, sin tener la menor idea de lo que su pareja le hablaba.

— No es nada... mejor olvídalo— pronunció, recobrando la luz su cara, mientras observaba cómo la muchacha acercaba la mesa ajustable a él, y en ella depositaba su comida.

— ¿Tienes hambre?— le preguntó cariñosamente, observándolo alegre y desilusionada al mismo tiempo. Ella hubiera querido estar ahí en cuanto despertara, y no lo había logrado por ir a atender a Shinji.

— Hasta la pregunta es necia...— respondió el muchacho en español, mientras comenzaba a tragar todo el contenido del plato. Parecía no haber comido en varios días.

Y aunque la comida de hospital tiene fama en todo el mundo, por su pésimo sabor, en aquellos momentos de hambre le pareció el más exquisito banquete que había probado. Mientras tanto, la muchacha observaba la escena sin ponerle atención, un tanto molesta todavía por no encontrarse en la habitación cuando su compañero despertó de su letargo de más de cinco horas, y la culpa de todo, pensaba ella, la tenía Shinji. Su estado de ánimo no pasó desapercibido al paciente, quien entre bocado y bocado le preguntó:

— ¿Por qué estás enojada?— interrogó, sin parar de comer.

— ¿Qué te hace pensar que estoy molesta?— respondió la niña serenamente, sin quitarle la vista ni un solo momento.

— Se te nota— señaló el muchacho, en tono serio— El brillo de tus lindos ojitos parece apagarse cuando estás así, aparte que tu labio inferior se apachurra en forma graciosa... cómo se le decía a eso... ¡Cómo un puchero, algo así!— agregó iluminado.

Sorprendida por aquella revelación, que ni ella se imaginaba, se vio acorralada y no tuvo más remedio que soltar lo que tenía escondido.

— Me habría gustado estar aquí cuando despertaras... cómo cuando tú...— la joven se encontró interrumpida, en el momento que el chiquillo terminó de degustar sus alimentos, y con el mismo semblante de seriedad, apartó la mesa ajustable, recostándose pesadamente en la cama, con los ojos cerrados.

— Cómo yo lo hice antes, contigo...— completó Kai, desanimado, a la par que continuaba, teniendo la completa atención de su compañera— A veces tengo miedo, miedo de que tú estés haciendo todo esto sólo por agradecimiento de lo que hice. Y cuando hayas pagado tu deuda, tú te irás...— pronunció con tristeza, en el momento que se volvió a levantar y la miró con la vista interrogante.

— ¿Cómo puedes creer eso?— lo reconfortó de inmediato y sin meditarlo, acariciando el rostro del joven y dirigiéndole miradas cariñosas— Lo hago porque te quiero, y porque me siento muy bien junto a ti. Me gustaría mucho estar contigo para siempre, cómo ahora.

El niño la observó por largo rato, en silencio, mientras ella lo seguía animando sujetando sus manos.

— Órale... tú si sabes cómo levantar el humor a alguien— dijo mientras se entregaba al deleite de la sensación de las manos de su pareja sobre las de él. — ¿No sabes dónde está Misato?

—Según creo, sigue en el cuartel.— le respondió Rei.

— ¿En el cuartel?— preguntó extrañado el muchacho.— ¿Porqué?

La chiquilla le refirió todo lo acontecido durante su inconsciencia, poniéndolo al tanto de los acontecimientos pasados. Entonces se enteró que el ángel aún no había sido derrotado, que en esos momentos se encontraba cavando para alcanzar el Geo Frente, que habían tenido que comenzar a ensamblar el prototipo del rifle de positrones, que la acción seguiría en la madrugada del día siguiente a mañana, y mientras tanto no había nada que hacer, más que esperar y aprovechar el tiempo para que los pilotos estuvieran en óptimas condiciones.

Kai la escuchó pacientemente, en silencio y con toda la atención del mundo. Lo que le parecía más extraño era el hecho de que las criaturas celestiales siempre atacaban el Cuartel General, cómo si estuvieran buscando algo en particular, cuando él creía que su misión era la de acabar con la humanidad; entonces, ¿porqué todos los ataques se concentraban precisamente en Tokio 3? ¿Porqué no la Unión Europea, o los Estados Unidos? ¿Qué era lo que había en el Geo Frente que llamaba la atención de los titanes? Seguro tendría que ver algo con el comandante, y sus incontables secretos. De ser así, entonces Gendo sería el responsable de todas las desgracias que habían sufrido los habitantes de la ciudad durante los ataques.

Lamentó el estar postrado en esos momentos, y sin poder hacer la gran cosa. Sus fuerzas no le daban para nada más, salvo esperar que se repusiera por completo. Cómo si recordara algo, de súbito, volvió a preguntarle:

— ¿Qué pasó con Shinji?— mientras volteaba hacia la muchacha, en busca de una respuesta.

— También fue herido en la batalla, ¿no recuerdas?— contestó de inmediato la interrogada.— Está justo en el cuarto de aquí a lado...— señaló con el dedo hacia la pared— Le llevaba su comida cuando despertaste.

Rei esperaba alguna reacción de parte de su compañero, cuando éste contestó distraídamente “Ajá”. Sin embargo, algunos momentos después, tal y cómo ella se lo esperaba, Kai se volvió hacia ella sobresaltado.

— ¿Y tú porqué tenías que llevársela? ¡¿Qué no hay enfermeras en este sucio edificio?!

— Sí, pero todas estaban entretenidas observando el final de la telenovela... querían saber si un tal Ranma, ó algo así se quedaba con una tal Akane, creo yo; no les entendí muy bien... y cómo me vio aquí la encargada de la comida, me lo pidió de favor— le contestó alegremente— No le vi mucho inconveniente, pero, ya ves...

Ante la respuesta, el muchacho respiró algo aliviado, tratando que ella no se diera cuenta; pero la muchacha no le había dicho nada acerca de la lástima que sintió por Shinji, ni de esa necesidad que sentía de cuidarlo y protegerlo. Hubiera sido muy imprudente el contarle todo aquello, y ella lo sabía perfectamente, así que se lo guardó por el bien de Shinji, por el momento.

Su conversación continuó, pasando por los más variados temas. Hacía bastante tiempo que no se habían sentado a compartir sentimientos, tal como ahora lo estaban haciendo. Hasta agradecieron los dos que hubiera pasado todo aquello, ya que les dio la oportunidad de estar juntos cómo nunca lo habían hecho antes. La muchacha se alegró bastante al saber la razón por la cual Kai se había aventurado aquella tarde a la piscina de la muchacha, pero aún no podía entender de todos modos el porque había hecho todo eso, no lograba captar del todo ese sentido de travesura y aventura, esa precocidad que varias veces acompañaban al joven, como a cualquier otro, aún a pesar de ya tener un doctorado y que lo hacían tomar decisiones un tanto alocadas, dejándose llevar por las hormonas y demás reacciones químicas. No obstante, agradeció la acción, indicándole que cuando quisiera verla en traje de baño, sólo se lo pidiera, y no lo hiciera a hurtadillas. En realidad, no le abochornaba en nada que la viera en paños menores. Incluso, le sugirió algo que se la había ocurrido, lo cual se lo había dicho hablando quedamente sobre su oreja, cándidamente, mientras se sentaba en el costado de la cama y le guiñaba un ojo.

— Uhh... No creo que ahorita el horno esté para bollos— le respondió cansado y decepcionado, pero con el rostro al rojo vivo. — Aparte, ando enfermo... y no te lo quisiera pegar. Sería algo malo verte enferma, y por mi culpa.

La chiquilla agradeció el consejo, pero aún así, se acostó junto a él, despojándose de sus zapatos, sin preocuparle el hecho de que alguien pudiera entrar de repente y verlos reposando juntos; por su parte, el joven se maldecía sí mismo y se lamentaba interiormente. Había esperado mucho tiempo por aquel día, y no pudo aprovechar la oportunidad por su incapacidad. Sentía ganas de toparse contra la pared lo más fuerte que pudiera.

Siguieron platicando, mientras se hacía de noche y daban las 9:00 PM.

Con un dejo de emoción en su voz que no podía ocultar, a la par que vertía un poco del contenido de un frasco sobre una cuchara, la muchacha le confió el hecho de que posiblemente la unidad Cero sería activada para la acción de pasado mañana, y de ser así, ella sería su tripulante. En verdad parecía estar feliz, después de meses de inactividad, y no le importó el peligro que implicaba el tripular el prototipo. Y sin tratar de oponer objeción alguna, después que la joven le hizo tomar la dosis de medicina, no queriendo arruinar la ilusión de su pareja, sólo contestó:

— Chido... se va a poner fregón el asunto...— sabiendo lo central que era para Rei el ser piloto Eva. Aún no podía explicarse el porqué.

Faltaban 27 horas para que el ángel penetrara todas las capas de blindaje y alcanzara el Cuartel General, y en el interior de éste, la actividad no cesaba aún.

Misato seguía en la sala de estrategias, esperando el informe del ensamblaje del rifle de positrones, el arreglo de las unidades Eva y el estado de los pilotos. Con su desesperación característica, iba de un lado a otro de la sala, sorbiendo su taza de café, anhelando una lata de cerveza, haciéndole muecas al líquido caliente.

Volvió a tomar el intercomunicador, hacia el hangar de ensamblaje, donde en esos momentos preparaban el arma.

—¿Cómo sigue la operación?— preguntó al técnico que tomó la bocina.

— Dentro de lo esperado— comunicó éste— Lo tendremos listo para mañana en la tarde. ¡En ello va nuestro orgullo! ¡Confíe en nosotros!

A pesar del ruido que entorpecía la comunicación, la militar comprendió a la perfección el mensaje, colgando el auricular.

Los positrones son partículas de antimateria, las primeras de este tipo en ser creadas en un laboratorio. Aunque fueron postuladas por el eminente físico Paul Dirac, en el siglo 20, alrededor más o menos de la década de 1930, su manufactura , aún en unas cualidades diminutas, no fue realizada sino hasta la década de los 70`s , cuando el acontecimiento ocurrió en el acelerador gigante del CERN, la Organización Europea para la Investigación Nuclear. Los positrones son la contra parte en la antimateria de los electrones, los cuales rodean el núcleo de la materia ordinaria.

Son potenciales cómo un arma, esto es claro cuando uno se da cuenta que igualan a las bombas nucleares, únicamente liberando un poco del porcentaje de su energía; la intersección de materia y antimateria resulta en la conversión total de la energía de ambas, en una reacción eficiente de un 200%.

Entonces, el plan de Misato era usar el prototipo de un rifle que los usaba cómo municiones, utilizando toda la energía eléctrica del Japón para su funcionamiento. Obviamente, era un plan bastante osado, aparte que tenían que estar todos los detalles perfectamente coordinados para que pudiera funcionar aquella estrategia; aunque ya no quedaba ninguna otra opción.

Ahora, lo único que había por hacer, era esperar, y eso era lo más desesperante.

Después que fue relevada, a eso de las 10:00 de la noche, lo único que se le ocurrió en esos momentos que podía hacer, era ir a pasar la noche al hospital, después de haber comido y descontado alguna lata con cerveza, claro está.

Habiendo quedado satisfechas sus ansias de licor, pasó por algunos momentos a su solitario departamento, para asearse. Con satisfacción, observó que todo estaba en su lugar y nada hacía falta, tal y cómo lo había previsto. Confirmó que la joven Rei era una persona de fiar, a pesar de las apariencias.

Luego de más de 8 horas en completa agitación y estrés, el baño con agua caliente le cayó de maravilla, removiendo toda la preocupación que cargaba consigo al mero contacto del agua. Aliviada temporalmente de sus penas producidas en el trabajo, se entregó placenteramente al éxtasis de sentir los chorros de agua deslizarse sobre su cuerpo. Tal vez hubiera seguido mucho tiempo más, de no ser por el repentino regreso de sus intenciones anteriores a la ducha.

Apurada, salió de la regadera, secándose descuidadamente con una toalla húmeda y poniéndose lo primero que encontró, pegó carrera ante la impávida mirada de su mascota, Pen-Pen, quien continuaba cargando su vacío plato de comida, en busca de que alguien se lo llenara. Con las prisas, todos los habitantes de la casa se habían olvidado de alimentar al pobre pingüino, quien seguía hambriento, y sin esperanzas de mejorar su situación. Inconsolable, continuó observando por largo rato la puerta cerrada de la entrada, con la vana idea de que alguien cruzaría por aquel umbral y lo alimentaría. Nadie abrió la puerta, y finalmente, derrotado tiró el plato en el suelo y se retiró con el estómago vacío a su pequeño compartimento.

La oscuridad ya reinaba el firmamento y las estrellas resplandecían cómo diamantes, mientras la luna llena hacía lo más que podía por dar un poco de luz a la noche, en su maltrecho auto Misato recorría ágilmente y a toda velocidad las ahora desiertas calles de la ciudad. En realidad, ni siquiera a la hora pico del día había bastante tráfico en Tokio 3, y jamás en toda su historia se había presentado un problema de tal tipo, cómo los embotellamientos, ó demasiado smog, a diferencia de las antiguas ciudades, de las cuales desde sus cenizas habían surgido las nuevas metrópolis. El millón y medio de personas que poblaban Tokio 3 antes de los ataques celestiales, comenzaron a evacuarla paulatinamente luego de que hiciera su aparición el tercer ángel, buscando lugares mucho más seguros, y la evacuación se acrecentaba a medida de que los continuos ataques a NERV continuaban; quedando así únicamente los empleados del Geo Frente y sus familias, además de los que no tenían ningún otro lugar a dónde ir, y se quedaban, resignados a su destino.

Después de maniobrar por algunas callejuelas, las cuales cruzó cómo bólido, la militar dirigió su vehículo hacia el rumbo del Hospital General, en la sección más vieja de Tokio 3, con apenas unos 15 años de antigüedad. Derrapando llantas y alarmando a todo mundo que lo pudo escuchar, la mujer estacionó el vehículo para luego salir tranquilamente, y cómo si nada hubiera pasado, ante la interrogatoria mirada de todas las personas, extrañadas por aquella muchacha de prendas cortas y extravagantes, hasta que la militar alcanzó la puerta de entrada del sanatorio, desapareciendo de su vista.

Preguntó a la enfermera en turno en qué habitaciones habían sido alojados los pilotos Eva, presentando su credencial que la identificaba cómo prominente miembro de NERV, así que no hubo bastantes problemas, ya que en cuanto la empleada miró la credencial, le facilitó la información sin más preámbulos, convencida del cargo que ocupaba la recién llegada. Tomó el elevador que la llevaría al décimo piso, área a donde llevaban a los empleados de la organización, la cual financiaba al hospital, por lo tanto, aquellas habitaciones eran de las mejores que habían en el edificio. Contó los números que estaban en las puertas, hasta dar con los que ella requería: 945 y 946. Tomó una al azar y abrió la segunda.

El cuarto estaba completamente oscuro, y apenas si escuchó el sonido de la puerta abriéndose sigilosamente. Misato contempló el ocupante de la cama, ó mejor dicho a los ocupantes, ya que eran Rei y Kai, quienes, volteando el uno con el otro, dormían plácidamente.

La escena pudo haber alarmado e indignado a cualquier persona adulta que pudiera observarla, sin embargo la militar no se inmutó siquiera un poco; en realidad era muy liberal, y se daba el lujo de dar todas las libertades posibles a su hijo adoptivo (posiblemente por todo aquello era cómo era el carácter del muchacho), pues sabía que era un chamaco bastante responsable para su edad, y sabía distinguir bastante bien la diferencia entre el bien y el mal. Además, no había rastros de actividad sexual, ya que la cama estaba en perfecto orden, y los chicos no estaban desnudos, ni su ropa tirada por todo el suelo. Conmovida por la escena, salió de puntillas del cuarto, cuidando de no despertar a ninguno de los dos, y fue al siguiente cuarto, dónde dedujo, acertadamente, se encontraba Shinji.

A diferencia de la anterior habitación que había visitado en silencio, Shinji tenía una lámpara del cuarto encendida, alumbrándolo apenas para leer la revista que sostenía, mientras escuchaba en sus audífonos una tocada de moda, con ritmo pegajoso y cursi, sin más intenciones que la de entretener por algunos instantes a la chiquillada de esos tiempos; no obstante, la juvenil y vivaz voz de la cantante adolescente se escuchaba bastante bien y alcanzaba tonos bastante buenos.

“Pocket wo, kara ni shite saa, tabi

Ni dayou yo,

Meate mo nani mo nai keredo

Sugu pocket wo, kara shite saa tabi

Ni dayou yo”

( La traducción al cristiano, sería algo así: “Vacía tus bolsillos, ven, vamos en un viaje sin propósito alguno, pienso yo. Pronto, vacía tus bolsillos y vamos a ese viaje”)

El niño se encontraba tan ensimismado en el análisis de la revista y de la música en sus oídos, que no notó la presencia de la mujer, quien, escudada por la oscuridad, se acercó a escondidas hasta el quicio de la cama, y sin embargo, el joven aún no se había dado cuenta de su presencia, y seguía despreocupado y a salvo de cualquier peligro. Misato se agachó ligeramente, y entonces, de súbito, se abalanzó sobre el sorprendido Shinji, quien de la impresión, no tuvo tiempo ni para gritar. La mujer no perdió tiempo alguno y fue directo a las costillas, provocándole incesantes cosquillas al niño, quien entre risotada y risotada suplicaba lo dejara en paz.

Cuando por fin Misato lo había escuchado, y terminado su despiadado ataque, esperó alegremente en una silla a que el chiquillo recuperara el aliento y se sobrepusiera de la sorpresa, con una enorme sonrisa de satisfacción en los labios.

Shinji, por su parte comprendía ahora de dónde diablos había agarrado Kai esa costumbre de sorprender a las personas distraídas, tal y cómo lo había hecho la noche en que lo conoció, cuando le sacó tremendo susto con su inesperada intromisión. Pero quedaba obvio que Misato era peor, mucho, pero mucho peor que su amigo.

—¡Abusado, cuate!— le dijo contenta la militar— Siempre tienes que estar atento a todo lo que te rodea... imagínate si en vez de ser mi simpática y alegre persona, hubiera sido un asesino a sueldo; en estos momentos ya estarías frío cómo paleta.

— ¡Babosa!— se defendió el muchacho— ¡Por poco haces que se me pare el corazón!

— Bueno...— le respondió sarcásticamente la mujer— Al parecer, no es lo único que hice que casi se te parara.

Shinji observa hacia sus piernas, y recordando que seguía desnudo, pronunció un breve grito, y enrojecida completamente toda su cara, de la vergüenza, se apresuró a taparse con la sábana.

La mujer no se daba abasto con su alegría, y continuaba riéndose a expensas del joven, a más no poder.

— ¡No te preocupes, Shinji!— repetía entre carcajada y carcajada— ¡No es para tanto! ¡Ups! ¡Perdón, perdón, no era lo que quería decir!— mientras continuaba con su frenesí de risas maliciosas.

El muchacho estaba en sus límites de paciencia, y apunto de perder los cabales, ante las incesantes burlas e indirectas de la militar. Todo eso era demasiado, ya habían sido dos veces las que la muchacha lo había visto desnudo, y aquello no parecía tener fin; hasta que por fin prorrumpió, aún Misato riéndose.

— ¡Y eso era lo que te quería decir! ¡Que me trajeras algo de ropa, para no estar al natural! Estos tacaños ni siquiera una bata pudieron darme...

Finalmente su acompañante había cesado en sus burlas, pero seguía hablando con él en tono de chanza.

— Gruñón...— le dijo— ¿Porqué siempre tienes que quejarte de todo lo que te pasa? De todos modos, saldrás mañana mismo, así que espérate un poco más, ¿si?

— Pero es que así siento más las corrientes de aire— se quejó el niño.

— Ya te dije que te aguantes— respondió la mujer— Además, la salida va a ser a las 6:00 de la tarde, no falta mucho...

— ¿ “Salida”?— preguntó extrañado su acompañante.

Misato, quien parecía haber dicho algo que no podía, se quedó callada, por el momento, apretando los dientes y esperando a que el chico dejara de observarla. Pero, ante las constantes interrogativas del chiquillo, no tuvo más remedio que soltar lo que traía entre manos. Le explicó, por lo menos, una parte del plan, pero lo que interesaba a Shinji era saber quiénes iban a ser los pilotos en turno: Rei, Kai, y él. Le deprimió bastante el saber que tendría que volver al Evangelion, tan pronto del accidente; por lo menos, esperaba que tuvieran la decencia de prescindir de él, dada su situación. Pero no había sido así, y su amiga, que sólo eso era Misato para Shinji, puesto que jamás la pudo concebir cómo figura maternal, a diferencia de su compañero, se dio cuenta de la decepción del niño.

Las horas pasaron cómo segundos, que se diluyeron de inmediato en las aguas del tiempo. La noche da paso al alba, y ésta es seguida por el esplendor azul del día, y nuevamente el tiempo parece volar. Y sin darse cuenta nadie, la hora final había llegado. Eran las 5:00 PM en punto, cuando Rei había