| Por: Gus (jabarajas@hotmail.com)
Capítulo Siete: Rei I
Eso no puede ser respondió
Don Quijote : Digo que no puede ser que haya
caballero andante sin dama, porque tan propio y natural
les es a los tales ser enamorados como al cielo tener
estrellas, y a buen seguro que no se haya visto historia
donde se halle caballero andante sin amores...
Don Quijote de la Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
El silencio se prolonga indefinidamente en la habitación,
fuertemente iluminado por la bombilla en el techo,
derramando su haz de luz por toda la habitación.
Kai se intenta tapar de la cegadora luz con su mano,
mientras continúa acostado, boca arriba.
Aún es temprano: no pasan de las 9:00 de la
noche; sin embargo, los últimos acontecimientos
lo han puesto en una actitud meditabunda, de reflexión
interior total. Cada vez que cerraba los ojos le parecía
volver a escuchar la atronadora detonación
de la pistola, y ver el gesto contraído de
su tío mientras caía al piso, con su
sangre salpicándole el rostro. Había
pasado una semana desde ese entonces, una semana desde
que el Comandante Chuy, cabecilla de las Fuerzas Rebeldes
había sido acorralado y muerto durante el enfrentamiento
entre las valerosas tropas de las Naciones Unidas
y el grupo de guerrilleros. Por lo menos eso fue lo
que dijeron en el noticiero de la tele, la noche de
ese horrible día. Lo que habían omitido
era la forma tan cobarde en lo que lo asesinaron,
por la espalda, ó cómo fue que le tendieron
la emboscada, sacrificando a tres batallones completos
de soldados de infantería, más bien
reclutas de infantería, unas 150 personas,
sumando a las que asesinó la guerrilla en su
breve incursión al Cuartel General vendrían
siendo en total unas 200 bajas, redondeando. Y para
los comunicados oficiales, esa gente nunca existió.
También le intrigaba, y hasta cierto punto
le preocupaba, aquellas últimas palabras del
guerrillero agonizante en sus brazos: Él
ya vendrá por ti
¿A quién se refería? ¿Quién
vendría por él? En un principio le pareció
que quería decir algo más, sin embargo
su muerte se lo impidió. Parecía tener
algo que ver con la familia Rivera. Pero sólo
podía hacer conjeturas al respecto, y aquello
lo molestaba, pues no podía prepararse contra
lo inesperado.
Con extrema delicadeza, con la punta del dedo tienta
el morete que todavía tenía en el ojo;
dolía, pero ya estaba menos inflamado que antes.
Había tenido mucha suerte, sólo salió
con unas cuantas contusiones y raspones. Nada que
un buen trozo de bistec no pudiera arreglar. Para
su fortuna, no hubo desprendimiento de retina ó
pérdida de la córnea, ni siquiera de
piezas dentales, que milagrosamente se habían
salvado y continuaban íntegras. Hubiera sido
lamentable que su apuesto rostro (modestia y aparte,
Kai reconocía su propia apostura) hubiese quedado
marcado por siempre con alguna cicatriz ó algo
por el estilo. Y no tanto por él, sino por
todas sus admiradoras que de seguro no podrían
recuperarse de la impresión que les causaría
ver su cara en semejante estado. Aunque, pensándolo
bien, ese detalle no era tan importante ahora, quizás
lo hubiera sido hace unos dos años, pero no
ahora que tenía a Rei a su lado.
Qué cosa tan extraña, hasta ahora se
daba cuenta lo importante que era para él su
contra parte femenina, su media naranja en este vasto
mundo. ¿Cómo había sido que él,
ciclón entre las semejantes del sexo opuesto,
con tantas admiradoras, todas tan diferentes, haya
decidido asentarse con una sola compañera?
¿Qué era este sentimiento que lo hacía
pensar muchas veces, cuando se encontraban solos ó
cuando la observaba detenidamente, que ya lo conocía
desde siempre? Era como una fuerza no física,
que controlaba sus destinos, entre lazándolos
el uno con el otro, para siempre. Por supuesto se
rehusaba a creer que una fuerza ajena a él
estuviera controlando en todo momento sus acciones.
La asociación de ideas rápidamente
le lleva al pasado, y por más que intenta resistirse,
finalmente sucumbe ante lo inminente, y de inmediato,
poco a poco empieza a recordar y a reconstruir la
escena en su percepción.
En esa misma noche, pero en otro lugar, cómo
una coincidencia muy extraña, la niña
de sus ojos, Rei, se encuentra nuevamente abstraída
en una tarea similar.
Se encuentra completamente sola en aquella oscura
habitación, únicamente con la luz de
la luna iluminando escasamente el ambiente; la tenue
luminosidad es opacada en consideración con
las penumbras que reinan en el lugar.
Un tren se escucha a lo lejos, y causa un ligero
temblor al pasar; lo último que interrumpió
aquella paz, como la de una tumba.
Y en medio de todo eso, se encuentra ella. Su cabello
azul claro, húmedo por el reciente baño,
reposa sobre sus suaves hombros; sólo trae
puesto un camisón blanco, que delata sin tapujos
la rotundidad hipnótica de sus formas. Acostada
también boca arriba, con sus ojos carmesí
fijos en el techo del cuarto, no observa nada en especial
y al contrario, tiene con un mucho en que pensar:
Kai.
Ninguna otra persona le importaba tanto ni la mantenía
tanto tiempo ensimismada, ni siquiera Gendo. Era extraño.
Ella, que desde que tenía conciencia, jamás
le había interesado nada en particular y la
vida entera le era por completo indiferente, tener
este tipo de relación. Y lo peor de todo, según
ella, era que lo disfrutaba y no se arrepentía
en lo absoluto.
Cada mirada, cada caricia, cada beso, en fin: cada
segundo que pasaba con él, eran un tremendo
alivio, un suspiro, de entre su gris y monótona
situación. ¿Porqué? ¿Porqué
sentía ese magno sentimiento, que desconocía
por completo su procedencia y su propósito,
cada vez que él le hablaba ó estaba
con ella?
No podía entender el curso que los acontecimientos
tomaron para terminar en tan feliz situación;
y aunque se rehusaba a analizar los hechos acontecidos,
ya que le bastaba el mero placer de disfrutarlos,
no obstante comienza lentamente a recordar.
¿Cuándo fue que pasó?
Me parece que hace unos seis meses... al diablo con
eso, al fin y al cabo es intrascendente. Lo que sí
recuerdo muy bien fue la rabia que sentí, al
darme Misato la noticia. Digo, cómo si no fuera
suficiente el haberme unido al ejército personal
de Ikari, el haberme invitado a diseñar
una unidad Eva con mejoras excepcionales, el descubrir
que yo también podía manejar uno de
esos armatostes, y todo un sin fin de atropellos más,
ahora resultaba que YO, Kai Rivera, niño prodigio,
con un montón de diplomas de las mejores universidades,
iba a tener que asistir a la secundaria. Era de lo
más humillante que me hubiera podido imaginar.
La secundaria. Con todos esos estúpidos mocosos
allí, con sus insignificantes problemas y su
débil concepción de la vida. Con una
sola palabra los podría haber definido en esos
momentos: INFERIORES. El ir allí, eso sí
que no lo iba a soportar, ¿Y todo para qué?
En palabras de Misato: Para que te puedas coordinar
a la perfección con el Primer Niño
Ese maldito Primer Niño me las iba a pagar
todas, en cuanto se me cruzara en el camino ó
eso por lo menos pensaba en aquellos momentos.
Hace siete meses de todo eso. No me acuerdo
muy bien los detalles anteriores a aquel día;
en ese entonces seguía sin importarme todo
lo que pasara a mi alrededor. A la chingada
con todo era mi filosofía en esos desesperantes
días. Diez años de vivir en un convento,
siempre con las mismas comidas, las misma rutinas,
las misma ropas y recluida en todo ese ambiente religioso
me asfixiaba por completo; así que cuando llegó
ese hombre, el comandante Ikari, a sacarme de todo
eso, lo agradecí en silencio.
Por lo tanto no me importó en nada lo descabellado
que sonaba todo aquello de las unidades Eva, que los
Niños esto, el Segundo Impacto, los Angeles,
nada de eso me perturbó en lo más mínimo.
Lo que me importaba es que finalmente era libre.
Tenía mi propio apartamento, por fin podía
vestirme cómo se me diera la gana, escuchar
la música que yo quisiera, levantarme a tal
hora. Pero, ¿de que sirvió? Nunca lo
disfruté a plenitud. Vi con indiferencia que
me era imposible relacionarme con las personas ó
establecer una plática normal, tener amigas...
ó un novio.
Y de todos modos no me preocupé cuando me
dijeron que tendría que asistir a una escuela,
con todos esos chicos de mi edad. Nada en esos días
me importaba, ni siquiera morir.
Y por fin después de todas las misivas
e indirectas de Misato y Ritsuko, al fin dejé
que me presentaran al dichoso Primer Niño,
cómo insistían en llamar a aquella persona,
y claro que me ofusqué al enterarme que a mí
me denominaban cómo Segundo Niño. En
realidad todo me molestaba en ese entonces, desde
que había entrado a NERV.
Pero por lo menos no era un esclavo de Ikari, al
menos no por el momento. Mi rango cómo Especialista
de la O.N.U y Coordinador General en la construcción
del Modelo Especial me permite gozar de ciertos
privilegios sobre otros miembros de NERV.
Al fin conocería al responsable de que tuviera
que volver al jardín de niños. En cuanto
me quedara solo con el maldito, lo iba a hacer sufrir
cómo nunca antes a nadie se le hubiera ocurrido.
Me divertía en pensar en las tantas y tantas
formas tan bellas de castigarlo, cuando de repente,
esta... chica está frente a mí.
Quedo pasmado, ¿una chica? Nunca imaginé
que fuera una chica. Y menos una tan, tan ¿cómo
decirlo? ¿Hermosa? ¿Extraña?
No sabría describir mi impresión en
ese momento.
Me dirige una mirada con esas pupilas rojas, y entonces
me siento flotando entre nubes. Claramente puedo escuchar
resonar el himno a la Primavera en mis oídos.
Mi estómago parece estar lleno de mariposas
y mis pies se sienten sin fuerzas. Mi mente se vacía
de cualquier pensamiento lógico y solo quedan
estupideces empalagosas; y aún así,
no me resistí a todo lo que me pasaba en ese
rato. De todas maneras, no hubiera podido hacerlo.
Casi no presté atención a lo que dijeron
Misato ó Ritsuko, solo recuerdo una frase que
le oí a mi mentora:
Kai Katsuragi dijo ella te presento
a Rei Ayanami, el Primer Niño.
Repito y grabo mentalmente el nombre de tan encantadora
criatura. Bien podría haberse llamado Pánfila,
y aún así hubiera sentido lo mismo:
una devoción total.
El tiempo ni nada pasa ya para mí en aquel
instante; todo se congela y sólo estamos ella
y yo. Y este... sentimiento... tan raro y desconcertante.
Cómo si ya la conociera desde mucho antes.
Todo era tan extraño. ¿Qué fregados
era lo que pasaba conmigo?
Ritsuko me saca de ese trance, con un empujón.
Reaccioné instintivamente tendiendo mi mano,
hasta que se encuentra con la suya. Es tan suave,
tan tersa.
Mucho gusto balbuceo, mientras ella
me responde.
Hasta ese segundo, creía que ella estaba
indiferente, pero en ese breve y pequeñísimo
momento distinguí claramente el sonrojo iluminando
sus mejillas.
Quedo paralizado.
Nada me importaba en aquellos tiempos. Por
lo tanto, no mereció mi atención el
anuncio que la doctora Akagi me hacía de que
iba a conocer al Segundo Niño. Lo mismo me
daba a mí, me era por completo indiferente
el conocer o no a aquel imbécil.
Ya antes había oído de él, por
los cuchicheos y las impertinencias de los empleados,
cuando estaban borrachos; por lo general siempre hablaban
bien de él, que era parrandero y amistoso,
vivaz y nada dejado. Siempre circulaban sus mitos
enalteciéndolo en variadas anécdotas,
desde cómo manejaba al comandante Ikari hasta
su inusual genio en todo. Una vez les escuché
que podía transformar las piedras en oro.
Así que fiándome de todas aquellas
descripciones, pensé que sería otro
de esos pinches científicos con aires de grandeza,
de esos que se creen la Divina Gracia. Malditos imbéciles
sabelotodos.
Pero nuevamente adopté mi postura vale
madrista y ya no me importó en nada.
Así que me dejé conducir por la doctora
Ritsuko sin ninguna queja al respecto, al tan ansiado
encuentro. De haber sabido lo que pasaría,
tal vez hubiera puesto una objeción al asunto.
Tal vez.
Me ponen enfrente del chico. A la lejanía,
parecía molesto por algo, claramente lo pude
ver discutiendo con la capitana Katsuragi. Desde ese
momento me cautiva por completo; el ver a una persona
tan diferente a mí, que nunca estaba conforme
con nada y a todo le tenía que poner un pero.
Al principio fue sólo eso, pero conforme me
acercaba a él, pude sentir cómo por
primera vez este fuego se originaba dentro de lo más
profundo de mi ser, sentí cómo se extendía
e incendiaba todo mi cuerpo. Era un sentimiento, de
eso estaba segura, pero nunca antes había experimentado
algo así. Era cómo una mezcla de devoción
y de conocimiento. Cómo si ya lo conociera
desde mucho tiempo antes.
Me doy cuenta que esta inhibido. Un agradable escalofrío
me recorre por completa. Es apuesto, en cierto modo.
Casi sonrío; jamás había pensado
de ese modo por un hombre. Alto, con esa complexión
deportista, su cabello castaño y esa agradable
forma de vestir casualmente con tenis, jeans y camiseta.
Me da la impresión de que es uno de esos antiguos
amantes del rock and roll que había
visto en fotografías de documentales del siglo
pasado; después pude comprobar su gusto por
las bandas de rock de las últimas décadas
del siglo veinte.
Pero entonces dirijo mi vista a esos hermosos ojos
verdes, tan desacordes con toda su apariencia. Sí,
claro... miren quien habla. Y al mismo tiempo, él
también me dirige la mirada y estoy segura
que ambos nos congelamos en ese instante; de inmediato
me olvido de todas mis suposiciones anteriores. Las
leyendas de esos ebrios nunca le hicieron justicia:
nunca les había oído que fuera tan...
celestial. Ahora estaba segura que podía hacer
todo lo que decían y aún mucho más,
muchísimo más.
En ese momento, tímidamente extiende su mano
hacia mí, profiriendo algunas palabras. Todo
da vueltas a mi alrededor, y por más que trato
de resistir, mis labios esbozan una sonrisita mientras
mi mano se estrecha con la suya; y me siento tan segura
estando con él. Quedo paralizada.
Y desde aquel momento tan emotivo (lo sé,
se oye bien cursi, pero ¿qué le vamos
a hacer? Es la mera y pura verdad.) quise estar lo
más cerca que se pudiera de ella. Conocerla,
saber sus gustos, sus odios, sus costumbres... sus
medidas... en serio, es despampanante a sus catorce
años... y sobre todo cuando se viste con ese
ajustado traje de conexión, cielos, tengo que
hacer un esfuerzo monumental para que no se me pare...
err... el cabello. Pero eso es lo de menos.
Así me di cuenta de la enfermiza relación
que llevaba con el pendejo de Ikari, de Sí
amo, cómo ordenes, de que entre sus escasos
gustos estaban el agua (los baños y la natación)
y su inclinación al heavy metal y a la música
deprimente. Creo que encajaría a la perfección
con la descripción de los viejos dark
de los 90. Por lo tanto, en su cumpleaños me
pareció prudente regalarle una chamarra de
cuero, negra. Casi me deshago por completo al dársela,
y sobre todo cuando me agradeció: con una sonrisa.
Nadie la había visto sonreír, por lo
menos eso era lo que me decían, así
que cuando me sonrió con aquel resplandor en
su rostro... creí que moriría de la
emoción. Se veía tan hermosa cuando
sonreía.
Absolutamente todo lo que hacía ella me apendejaba,
y creo que todavía causa ese efecto en mí.
A lo mejor si les pregunto a Shinji ó a Misato...
ya será después.
En todos esos meses mi fascinación por ella
siguió creciendo más y más, y
una cosa era segura: a ese ritmo, yo no iba a aguantar
más. Tenía que decirle, demostrarle
lo que ella significaba para mí. Resistiéndome
vanamente a ese impulso me repetía a mi mismo
mi estúpida creencia de mis años mozos:
No existe el amor, sólo la atracción
física; un cúmulo de reacciones químicas
e instintivas.
No sabía si era amor lo que sentía
por ella, pero era obvio que la fascinación
que ejercía en mí era producto de algo
más que el resultado de reacciones químicas
de mi pubertad; era algo más superior que viles
instintos. Un sentimiento grandioso, casi divino.
Así que después de varias y pequeñas
luchas internas, entre mi sentido común y este
sentimiento que no me dejaba en paz ni por un momento,
finalmente ganó el último. Y me decidí
a todo.
Tenía que decirle lo que ella significaba
para mí.
Desde entonces, dejé de lado mi actitud
indiferente ( por lo menos con él) y empecé
a interesarme en todo lo que tenía que ver
con aquel muchacho que me hacía sentir en las
nubes. (Sí, sé que suena cursi ¿y
qué?)
Con emoción me di cuenta que él también
estaba atento a todas mis actividades; me sentía
tan... querida. Por primera vez en mi vida parecía
importarle a alguien. Y me sentía tan emocionada,
con temor a parecer estúpida... por eso nunca
dejé que se diera cuenta de mi emoción
interna.
Supe entonces por varias fuentes (siempre escuchando
y nunca sin preguntar), sobre todo de la doctora Ritsuko,
que vivía con la capitana Katsuragi, había
recogido su apellido, que le gustaban los juegos de
vídeo (¿), el rock y ver televisión
hasta tarde. Y lo más importante: iba a asistir
a la escuela conmigo, ¡Y sólo por mí!
Todos esos días, tan cerca, pero ni uno ni
otro quería saltar esa barrera que nos alejaba.
Así que nos conformamos con esas miradas indiscretas
en medio de la clase, los mutuos sonrojos y nervios.
Me di cuenta con algo de celos, y miedo tal vez, que
era todo un galán ante los ojos de mis estúpidas
condiscípulas. Quise que no me importara, pero
esa idea me dejó muchas noches sin pegar un
párpado. Afortunadamente para mí, él
fue quien dio el primer paso en nuestra relación.
En ese día, después que cumplía
mi rutina en los cuarteles, me dirigía al departamento,
como de costumbre. Entonces, él me alcanzó...
y me dirigió la palabra. Apenas si podía
salir de mi sorpresa. Casi no pudo pronunciar un Hola.
Supongo que eran por los nervios, que a mí
me mantenían muda, cómo una tarada.
Luego de varios intentos, al final me dijo:
Hoy es tu cumpleaños, ¿no?
Mi cumpleaños. Hasta yo ya me había
olvidado de mi fecha de nacimiento: 14 de febrero.
Y no le pregunté cómo diablos lo supo.
Luego me extendió el paquete que llevaba consigo.
Abrí con una falsa calma la caja, para encontrarme
con una chamarra de cuero, negra. Estaba bárbara,
cómo siempre la había querido. De seguro
costó una fortuna. Apenas si pude pronunciar
un Gracias. Instintivamente, sin oponer
resistencia (no tenía fuerzas ni para eso),
una sonrisa se dibujó en mis labios, mientras
una discreta lágrima recorría mi mejilla.
Pero, ¿Porqué? ¡Si estaba... feliz!
Me impresionó mucho mi reacción, pero
creo que a él le agradó.
Y sin embargo, nunca tuve el valor de hablarle. Pero
tenía que decirle todo, absolutamente todo
lo que él significaba para mí. Aún
tenía mis dudas, que se disiparon al pasar
lo que ocurrió, y entonces estuve segura de
todo lo que sentía por él.
Desde que entré a NERV me paso todo
el tiempo tratando de disuadir al comandante de los
peligros innecesarios que conllevan algunos experimentos,
pero claro, nunca me hace caso, y cuando lo hace me
tacha de loco y me manda directo a la chingada. Creo
que es por mi edad, le caigo mal ó desconfía
de mí; el sentimiento es mutuo, claro, pero
ciertamente yo soy el que le da muchas más
razones para ignorarme. ¿Qué puedo hacer?
Soy un sabio atrapado en este cuerpo de niño...
supongo que debo aprender a controlar mis acciones.
Creo que puedo tratar.
Así pues, como era de esperarse, Ikari no
me hizo mucho caso cuando le sugerí... no,
le ROGUÉ que parara en las pruebas con el Prototipo
Cero.
Ya teníamos el Modelo de Pruebas y el diseño
de los Modelos de Producción y Especial, entonces
¿para qué seguir enfrascándose
con las peligrosas pruebas de la Unidad Cero?
Había revisado los planos de esa cosa, y estaba
toda llena de defectos que la convertían en
una trampa mortal para todo aquel que fuera lo suficientemente
estúpido cómo para pilotearla. En un
principio no me importó, porque jamás
consideré que la fueran a usar: yo creía
que era sólo cómo un cáliz
para hacer las demás unidades y después
la iban a desechar. Pero no era así. Ikari
estaba encaprichado en usarla; y casi se me sale el
corazón al enterarme que Rei era la piloto
designada.
Me hubiera gustado advertirle, disuadirla de no hacerlo,
pero nunca me animé. Además, ya sabía
de esa actitud taciturna que tenía. En todas
mis observaciones que hice de ella, me di cuenta con
un poquito de asombro del poco instinto de auto conservación
que tenía. Pareciera cómo si deseara
morir. Eso me aterraba un poco; el que ella muriera
en uno de esos actos casi suicidas.
Durante todos esos meses de pruebas, me pasé
mordiéndome las uñas, es espera del
desastre que de un momento a otro iba a ocurrir. Siempre
preocupado por ella... sólo por ella.
Y por fin, hace dos meses, pasó lo que tanto
me temía.
Ya casi había desistido de mis advertencias,
así que en esos momentos observé el
experimento con una calma que no había tenido
en meses, que supieron apreciar los que estaban en
ese entonces conmigo; alguien me dijo que le extrañó
que no haya hecho ni una sola queja en toda la prueba.
Aún si lo hubiera hecho, no habría servido
de nada.
Rei abordó tranquilamente el Entry Plug, cómo
siempre. No podías verle ni un ápice
de duda ó temor. En algunas ocasiones he admirado
esa cualidad, que la hace indispensable para los locos
proyectos del comandante.
Encienden todos los controles del Eva y empieza la
prueba de coordinación entre piloto y máquina.
Todos los medidores se encuentran en un rango aceptable.
Cuando comienzan a quitar poco a poco los candados
de la conciencia del prototipo, todo sigue a la perfección.
Y justo cuando iban a dar por terminada la prueba,
comenzó lo inevitable. La escala de la conciencia
de la Unidad Cero sale de control.
Miré enfrente de donde estaba: el Evangelion
parece cobrar vida y cómo consecuencia entra
en el estado BERSERKER; se vuelve completamente loco
y comienza a golpear el muro que nos separa de él,
mientras claramente puedo oír sus gruñidos
de rabia.
Apenas si alcancé a escuchar las órdenes
de Ritsuko y del comandante, el ruido de los golpes
era ensordecedor. Al mirar de reojo, me doy cuenta
que han expulsado el Entry Plug, que rebota horriblemente
en las paredes cómo pelota de raquetball; eso
debió doler, pero aún así, la
Unidad Cero operaba por sí misma ¿Cómo
era posible?
El cristal comienza a ceder ante los continuos ataques
del monstruo, cuando faltan escasos segundos para
que acabe el suministro de energía al Eva.
El comandante Ikari sigue ahí, de pie, sin
siquiera inmutarse un poco. No sabía si estaba
en shock o no, pero si no se quitaba de ahí
pronto, no la iba a contar. Por muy tentador que me
haya parecido dejarlo ahí, me sobrepuse a aquello
e inmediatamente salté hacia dónde estaba
él; los dos caemos al piso mientras el cristal
estalla en miles de pedazos, cubriéndonos.
Siento mi cabeza un poco húmeda y después
de eso, la tranquilidad total. Todo de repente está
muy tranquilo. Me di cuenta que estábamos vivos,
al mismo tiempo que comenzaba a escuchar varios murmullos;
me incorporé al mismo tiempo que Ikari, que
aparentemente salió ileso. El muy ingrato apenas
si me dio las gracias por haber salvado su asqueroso
pellejo. En fin, ésta será otra de esas
incontables ocasiones que terminan con un Te
lo dije mío. Pero al ver delante de mí
a la ya inmóvil Unidad Cero, me acuerdo de
la horrible forma cómo rebotó la cápsula
donde se encontraba Rei. Con la mirada interrogo a
quemarropa a Gendo, pero el maldito sólo está
preocupado por el prototipo, y no parece importarle
en algo el ser humano de allá abajo. No faltaba
más, de todos modos no esperaba mucho de él,
y salgo cómo bala para ver cómo se encuentra
Rei.
En el camino, que me pareció eterno en esos
momentos, me asolaron incansablemente las imágenes
que esperaba encontrar cuando la viera, en el peor
de los casos, muerta. Todas las fotos que observé
en la facultad de medicina, todos esos libros de guerra
con fotografías, todos los cadáveres
tiesos que había cortado y deshecho durante
mi carrera, todas aquellas rojas imágenes se
me venían a la mente.
No, ella no podía estar muerta, me lo repetía
varias veces, tratando de obtener un falso alivio
en el tortuoso camino. Cuando finalmente llego a donde
yacía la cápsula, noto que soy el primero
en llegar. ¿Dónde estarían los
paramédicos? Me encontraba desesperado en esos
momentos, al saber que era el único que podía
prestarle ayuda en esos momentos.
Sabía de lo caliente que iba a estar el Entry
Plug, pero no me importaba nada en esos segundos,
mi juicio se nubla y me lanzo sobre la palanca para
abrir la cápsula, con mis manos completamente
desnudas. Trato de no gritar mientras doy vuelta al
hirviente pedazo de metal.
Por fin la maldita palanca cede a mis esfuerzos y
la puerta se abre de golpe. El LCL comienza a fluir
desde adentro y cómo si fuera una pinche caricatura,
meto de repente mis quemadas manos al líquido,
aliviado aunque sólo sea por esos momentos.
Me metí cómo pude por el estrecho
agujero que era la puerta, y fue cuando la vi. Ahí
estaba ella, inmóvil, con los ojos cerrados.
La tranquilidad del momento no hacía mas que
irradiar su belleza por todos lados. Al verla en esa
rigidez temo que esté muerta y acerco mis dedos
a su cuello para tomarle el pulso. Afortunadamente
aún tenía sensibilidad en las manos,
pasando de las quemaduras; tome su pulso: estaba bien
y constante.
Su respiración estaba muy bien, así
que me doy a la tarea de examinar su cuerpo, en busca
de hemorragias ó fracturas, por lo que no quise
moverla de ahí hasta que llegaran los paramédicos.
Mi cabeza de nuevo se siente mojada, pero lo ignoré
otra vez.
Examinando a esa diosa frente a mí, me doy
cuenta que el traje de conexión absorbió
casi todo el impacto, pasando de las magulladuras
y uno que otro moretón.
Pero el traje no ha conseguido salvarla de una palanca
que se ha incrustado horriblemente en su costado derecho.
Unos borbotones de sangre fluyen esporádicamente,
manchando su inmaculado traje blanco. Introduzco los
dedos por la herida, para indagar su gravedad; al
parecer los órganos internos se han salvado,
pero aún así es mucha sangre la que
está perdiendo. Tenía que arrancarle
aquella estaca e impedir que se desangrara.
Justo cuando pienso arrancar la palanca, ella se
despierta. Me observa desconcertada con sus hermosos
ojos y de nuevo me siento lento. Le dije algunas palabras
de alivio, al mismo tiempo que me aprovechaba de la
situación y me di el lujo de acariciar su bella
cara y cabello, mientras ese agradable escalofrío
recorría mi cuerpo.
Le di mi mano para que se sujetara de ella, y sin
decir nada más comencé a arrancar la
causa de la herida, poco a poco; Rei aprieta fuertemente
mi mano, mientras cerraba sus ojos y boca en un intento
por no reflejarme su dolor, eso creo.
El pedazo de metal por fin sale de su perfecto cuerpo,
y mientras lo tiro a un lado llego a la terrible conclusión
que no tengo venda preparada para contener la sangre
que parecía emanar rápidamente. Era
un completo imbécil es esos momentos. Estaba
seguro que iba a morir, y todo por mi maldita culpa.
Recuerdo mi entrenamiento de médico de combate,
pero muy tarde. Aunque no sabía si me estaba
permitido, rezo al Dios de mis padres, el único
en el que creo, para que la salve. Rasgo mi bata de
médico en grandes tiras, una de ellas la utilizo
para obstruir el flujo de sangre y de inmediato comienzo
a apretar la herida, tratando de parar la hemorragia,
mientras seguía rogando cómo un pequeño
niño. Sea cómo sea, parece que alguien
me escuchó. La cintura de la muchacha ya no
parecía una fuente. Con los demás restos
de la prenda, improviso un burdo vendado, que parece
dar resultado.
Y cuando he acabado con los primeros auxilios, por
fin se les ocurre salir a los malditos paramédicos.
Bonita hora para llegar. Me despido de ella con más
palabras para confortarla, mientras un fulano me hace
bruscamente a un lado, al mismo tiempo que ella vuelve
a caer inconsciente.
Al revisar los bolsillos de mi rasgada bata me di
cuenta de la pérdida de mis lentes oscuros,
que acababa de comprar. Seguro se habrán roto
durante toda la conmoción, pero aún
así los busco vanamente por el piso y de repente
un velo rojo cubre mi vista. Sangre. Al parecer no
salí tan ileso cómo pensaba, un pedazo
de cristal alcanzo a cortar levemente mi frente.
No recuerdo bastante bien los detalles anteriores
al accidente, pero supongo que fueron los normales,
por eso no les puse demasiada atención. Lo
único que noté es que Kai ya no le estaba
dirigiendo sarcasmos al comandante... eso sí
era algo extraño, tal vez un augurio de lo
que iba a ocurrir. Abordé tranquilamente la
unidad cero, me comienzo a sincronizar con ésta
y entonces empieza el experimento.
Todo iba bien, hasta que de pronto puedo escuchar
claramente los lastimosos ¿quejidos? del Evangelion,
la pantalla enfrente de mí se llena de las
señales de alarma.
No pude darme cuenta de que pasaba, todo era confusión:
gritos por aquí, todo mundo dándose
órdenes, desorden total, etcétera.
De repente, un violento jalón me hace golpearme
en la cabeza con los controles, haciendo que se nuble
mi sentido, entregándome por completo a esa
nada que me cubrió en aquel instante.
Tampoco puedo precisar con exactitud el tiempo que
estuve inconsciente, tal vez fueron unos tres o dos
minutos, según creo yo.
Fue cómo volver al hogar: el tiempo no corría
y no podías darte cuenta de nada en lo absoluto.
Por que no pasaba nada. Una nostalgia me invade, y
deseo quedarme ahí para siempre, en ese lugar
oscuro y frío, pero a la vez tan tranquilo.
Un constante y fuerte punzón en todo mi cuerpo
me hace volver a la realidad, al dolor, al sufrimiento.
Cómo volver a nacer.
Cuando abro difícilmente mis ojos apenas si
podía entender lo que había pasado.
Miré a mi alrededor, confundida, y todo parecía
estar bien: la cabina parecía en buen estado
y todo estaba intacto, todo excepto yo. En aquel momento
me dolía todo y apenas si podía moverme;
con trabajos podía mantenerme coherente. Siento
un dolor en especial, en mi costado, que parece estar
ardiendo; me rehuso a gritar.
Pero en todo ese largo túnel de lamentos,
pude observar una luz al final.
Hola me dijo suavemente.
Era él. No me había fijado que estaba
conmigo, por lo que me sorprendí. Después
de sobreponerme, no tuve más remedio que interrogarlo
con la mirada; al parecer lo ha captado y de nuevo
me habla.
¿Te duele algo?
Con un gesto respondo afirmativamente. Kai me observa
compasivamente, y entonces, en un intento por hacerme
sentir mejor acaricia mi cabello y cara, mientras
me habla suavemente.
No te preocupes, chiquita, todo va estar bien.
En un momento van a venir a ayudarte, ¿eh?
De mientras yo estoy aquí.
Gracias pronuncié con dificultad,
cómo un suspiro.
Shh... respondió, mientras ponía
su dedo índice sobre mis labios. No digas
nada. Ahora, quiero que sujetes mi mano, ¿quieres?
Lo que voy a hacer va a ser un poquito doloroso, así
que quiero que la aprietes fuertemente.
Lo obedezco en silencio, y cuando observo su mano
me doy cuenta que está quemada. Después
me dirían el porqué tenía sus
manos en ese estado. Quiero observar lo que va a hacer,
así que volteo mi mirada hacia abajo. Pero
él me detiene en ese instante.
No, no, no... mejor no mires aquí.
y me indica nuestras manos enlazadas.
Quiero que te concentres aquí, ¿O.K?
Sin decir nada, de nuevo, dirijo la vista adónde
se me indica. Entonces, un agudo punzón vuelve
a asolar mi costado; el dolor me hace cerrar los ojos,
a la par que aprieto fuertemente mis dientes y su
mano, mientras me esfuerzo en no gritar.
El sufrimiento dura unos cuantos segundos más,
para luego desaparecer por completo.
Cuando por fin abrí los ojos otra vez, pude
ver a Kai rasgando su bata en tiras, ¿Para
qué? Miro a un lado mío (justo donde
él no quería que viera) y me encuentro
una mancha roja. Sangre, eso era, mi sangre. De algún
modo, esperaba que así fuera.
¿No sería mucho mejor que me dejaran
descansar para siempre? No le importo a nadie.
Pero él me hace darme cuenta de mi error.
A él sí le importo, y él también
empieza a importarme.
Suavemente comienza a vendarme con las tiras que
antes era su bata; cuando lo hace, noto que un objeto
cae del bolsillo de la prenda desgarrada. Son unos
lentes, unos lentes para el sol. Quería decirle,
pero no tuve fuerzas ni para hablar, entonces estiré
mi brazo para alcanzarlos y por lo menos dárselos.
Sin embargo, una vez que estaban en mi poder, las
brumas vuelven a cubrir mi mente y todo parece dar
vueltas a mi alrededor.
No distingo si ese hilo rojo que cubre su frente
es producto de mi imaginación o no. Lo último
que pude ver en esos instantes, ya que sin previo
aviso vuelvo a caer desmayada. Pero había tanto
por hacer... sus lentes.
Un suave murmullo comienza a despertarme. Mientras
abro los ojos distingo claramente ese olor a hospital.
Poco a poco comienzo a incorporarme a la realidad,
al barullo de la conciencia.
Estaba en lo cierto: era un hospital. Ahora me siento
mucho mejor, más fresca y lúcida.
Me permito dar un largo suspiro de alivio, mientras
recorro con la vista el lugar dónde me encuentro.
Por esa puerta abierta puedo ver ir y venir una gran
cantidad de personal médico. El cuarto está
algo fresco y muy bien iluminado, lo que en un principio
me molesta, hasta que logro acostumbrarme a la luz.
Examino mi cuerpo y mis heridas. Cómo lo veo
yo, al parecer tengo el brazo izquierdo roto, tengo
la cabeza y un ojo vendado, además de la herida
en el costado, que me da la sensación de que
tuvo que ser cosida. Creo que no podré moverme
de aquí por un buen rato. Que enfado.
No había podido percibir la presencia de esa
otra persona que me acompañaba. Pero pude distinguirlo
a primera vista... estaba recostado cómodamente
en una silla, dormitando cómo si fuera un bebé.
Era mi Kai. Al parecer el hilo de sangre que pude
observar en su cabeza, no era mi imaginación,
ya que tenía en la cabeza una venda. Nada parecía
poder perturbar sus sueños en aquel instante
Katsuragi pronuncié en un tono
muy quedo.
Él seguía sin despertar, en un fuerte
sopor. Entonces me pregunto si lo dejo así...
no sé, se veía tan... tan... tierno...
increíble que pueda discernir que es tierno
y que no.
Pero en un tremendo ataque de malicia que tuve (¡estaba
empezando a experimentar toda clase de sentimientos,
desde que estaba con él!) comprimí un
pedazo de papel, hasta hacerlo una pequeñita
bola. Apunté hacia donde él estaba y
la lancé ... sólo la lance. Apenas si
podía aguantarme la risa, al ver su expresión
de sorpresa.
Después de desperezarse, se dirigió
a mí:
Ah, que bien... parece que ya te sientes mejor,
¿no? lo dijo al notar mi expresión
risueña.
Bueno... vacilé creo que
algo así. No estoy muy segura.
Él ya no dijo nada, y sólo se limitó
a contemplarme, en un silencio total; esa mirada que
tenía, cómo si me estuviera analizando,
me desconcertó bastante. Tiempo después
me di cuenta que utiliza esa misma expresión
al conocer a las personas. ¿También
al menso de Ikari le habrá pasado igual?
Una vez que hubo concluido el examen
dirigió su atención al buró que
estaba al lado de la cama. Y ahí estaban, envueltos
en las tiras ensangrentadas, sus lentes oscuros. Decepcionado,
los contempló por un buen rato. Estaban rotos.
Lo último que recuerdo sobre ellos era que
los sostenía fuertemente; es increíble
que los paramédicos no me los hayan quitado...
pero, ¿Y las tiras? ¿Por qué
se preocuparon en envolver con ellas las gafas, y
ponerlas aquí? Mis reflexiones fueron abruptamente
cortadas.
A la basura dijo él, refiriéndose
a los objetos, claro.
No, espérate... lo interrumpí.
¿Me los puedo quedar?
De nuevo se quedó sorprendido, a lo que debió
parecerle una propuesta tonta. Ni yo misma supe que
era lo que estaba haciendo; así pues, sin decirme
nada, deslizó las gafas en mis manos. Las vendas,
por cuestión de higiene, no pude quedármelas,
pero sí conseguí los lentes para sol.
Los admiré por un largo rato, en mis manos.
Ahora creo que me los quise quedar para tener algo
que me sirviera para recordar aquel día, en
que los dos nos dimos cuenta de nuestros sentimientos.
Él seguía ahí, de pie, observándome
fijamente. Entonces yo también lo logré
contemplar, y esta cosa creció en mí...
y ni uno ni el otro nos pudimos negar a eso, sea lo
que sea.
Y sellamos el pacto con un largo beso, con lo que
comenzaría nuestra relación.
Sólo espero que nunca acabe... ¿podrá
hacerlo?
Después de todo en lo que me metí,
ya no tenía fuerzas para nada. Todo pasó
muy rápido para mí y al final estaba
cansadísimo, por lo que no opuse mucha resistencia
a que me llevaran al hospital a curarme esa cortada.
En realidad no era la gran cosa, fue muy superficial,
por lo que no habría cicatriz ni nada. Lo que
me preocupaba un poco eran mis manos, que perdieran
sensibilidad y precisión por la quemada; aunque
con esto tampoco hubo mucho problema.
Los médicos de NERV emplearon conmigo una
nueva clase de tratamiento, aún en fase experimental
(serví cómo un estupendo conejillo de
indias ¡Ja!) : La piel de serpiente.
Un microtejido que simula bastante bien la epidermis
humana; se coloca en la quemadura y reconstruye la
piel quemada mientras al mismo tiempo, la Piel
de serpiente la oculta. Aún hoy la sigo
usando, y sigue sirviendo bastante bien. Las personas
que no supieron del accidente ni siquiera la han notado;
así es mucho mejor, me evito bastantes preguntas
engorrosas, que ni yo sé las respuestas a ellas.
Después que hubieran acabado conmigo, ya no
quería saber nada de nada. Fui bastante estúpido
al dejarme llevar por mis sentimientos personales...
ahora todo mundo estaba inventando, a mis espaldas,
toda clase de chismes y ridículas historias
de pasión desbordada entre ella y yo. Eso
me saco por menso pensé molesto, mientras
recorría los pasillos del hospital.
En ese momento me pregunté en que estado se
encontraría. Cuando la dejé se veía
bastante mal, según yo. Mi apresurado diagnóstico
indicaba traumatismo en el brazo izquierdo y en algunas
partes del cráneo, varios raspones y moretones,
sin contar la profunda herida que tenía en
el costado, que debió necesitar de cirugía.
Me debatía conmigo mismo en si ir a verla
o no cuando (oh, capricho del destino) cuando casualmente
pasé por su habitación. Quise enfadarme,
hacerme el indiferente y pasar de largo. Pero no pude.
Me asomé tímidamente por el umbral de
la puerta, para poder ver su condición. Todo
era cómo me lo esperaba: tenía el brazo
izquierdo enyesado, la cabeza y un ojo vendados, y
de seguro tras esas sábanas se ocultaban los
restos de la cirugía.
El cuarto estaba oscuro y desolado, sin nadie en
su interior, salvo la paciente. Al preguntar a la
enfermera de guardia supe que el comandante Ikari
estuvo un momento con ella, pero sólo por un
tiempo muy breve, y después se fue. Mal nacido,
ahora se hace de lágrimas de cocodrilo, cuando
en un principio todo lo que le importó era
su preciosa trampa mortal. Ya quisiera haberlo visto
hacer lo que yo hice.
Quise que no me importara, después de todo
ya no era mi problema. Había cumplido con mi
deber de buen samaritano, y hasta allí. Ahora
ya no me interesaba lo que le pasara o no le pasara.
Me engañaba a mí mismo al pensar así,
ya que de inmediato, y sin oponer ninguna clase de
resistencia, entré con una silla y me senté
a lado de ella.
Aún estaba dormida, bajo los efectos de la
anestesia. Se veía tan tranquila, tan tranquila
y hermosa como un sueño. Sus labios estaban
tan cerca de mí, al igual que su cuerpo...
me acerqué a ella muy lentamente, estaba tan
cerca que sentía su tranquila respiración.
Un mezquino pensamiento atraviesa mi mente. Después
de todo, ella me debía algo, ¿o no?
me veo tentado a realizar aquella barbaridad a mi
diosa. Pero lo que siento por Rei fue mucho más
solemne y superior que esa vulgar sensación
de deseo, así que me quedé quietecito
en la silla, esperando a que se despertara... ¿Para
qué? Quién sabe...
Entonces pasaron los segundos, los minutos... las
horas. Así que no inhibí toda la güeva
que llevaba arrastrando desde mucho rato, y me quedé
bien jetón en la silla, sin tener la menor
idea de cómo me acomodé para mi objetivo.
No recuerdo si soñé en aquella ocasión.
En realidad no me gusta mucho soñar, y tengo
mis razones... no, tranquilo... no pienses en eso,
cuate... no quieres recordar eso, ¿verdad?
Así está mejor. Si de por sí
no quería recordar esto... en fin, la verdad
creo que no soñé esa vez, si no lo recordaría.
Pero dormí bien a gusto, eso que ni qué.
No supe cuanto tiempo pasó exactamente; yo
le calculo unas dos horas, más o menos. El
caso es que un ligero golpecito me despertó
de súbito: era Rei, que me había arrojado
una bolita de papel. Sorprendente, nunca la creí
capaz de hacer algo así, cómo divertirse.
Esta muchacha era una caja de sorpresas.
Al ver su cara radiante, todas mis molestias anteriores
se desvanecen cómo si fueran humo, y nuevamente
me enfrasco en la contemplación de tan preciosa
criatura; aún estando vendada se veía
tan hermosa, bella como el sol. Ella es mi sol.
Tratando de recuperar la calma, le dirijo una ó
dos palabras. Fue inútil, no podía reprimir
lo que sentía estando junto a ella, a ese sentimiento
tan grande cómo un planeta entero; no, simplemente
no podía ni quería hacerlo, ya no más.
Ese día era el definitivo.
Resignándome a mi decisión, intenté
desviar un poquito el tema, volteando forzosamente
la vista de aquella belleza, hacia cualquier otro
lado. Tenía que respirar y escoger cuidadosamente
mis palabras. Ella no era cómo esas chiquillas
mensas con quienes había tratado en el pasado,
así que tenía que proceder con precaución.
Al recorrer el buró junto a la cama, me doy
cuenta de mis lentes perdidos. ¿Quién
los habrá puesto ahí? Y tan cuidadosamente
envueltos en lo que fuera mi bata. Los observo, abatido;
estaban rotos... y ni siquiera pude estrenarlos, maldición.
Eran nuevos.
Creo que serían cómo un monumento a
los sacrificios que se tienen que hacer por un ser
amado; a lo que son mis prioridades. Lástima.
A la basura pensé en voz alta,
mientras me dirigía al bote.
Cuando estaba a punto de desecharlos, Rei me detiene,
con su dulce voz:
No, espérate pronunció
en un tono un tanto suplicante ¿me los
puedo quedar?
Me quedo pasmado ante la descabellada súplica...
¿Para que quería esa basura? Ya no era
de utilidad. En realidad era un poco extraña,
aunque eso la hace más atractiva; de hecho,
no pude rehusarme a lo que me pedía. Si así
era feliz...
Deslicé sobre sus manos los anteojos, mientras
que las tiras tuve que desecharlas, por higiene más
que nada.
Cuando la vi añorar aquel pedazo de basura,
las palabras salieron volando. La miré fijamente
por todos lados y ya no pude renegarme a mí
mismo. Es tan hermosa, pero lo que siento trasciende
el aspecto físico (que también tiene
mucho que ofrecer), es mucho más que eso. No
tengo palabras para describirlo.
Entonces ella también me ve; algo así
cómo un lazo se establece entre los dos. Ni
el uno ni el otro dijo nada... sólo nos acercamos,
y mis labios pudieron estar con los suyos.
En ese momento, sólo nosotros dos existíamos
en el mundo, y nadie más. Ya nunca más
nos reprimiríamos a nosotros mismos. Desde
ese momento, los dos tendríamos un futuro juntos.
No voy a permitir que esto se acabe jamás.
Así, y de una manera casi insólita,
los jóvenes amantes terminan sus reflexiones
al mismo tiempo. Aún quedaban muchas dudas
en el aire, que sólo el tiempo respondería,
pero mientras tanto, los dos se tenían el uno
al otro. Era lo que importaba.
Ha pasado más de una semana desde la invasión
al Cuartel, y poco a poco, la vida comienza a cobrar
su habitual normalidad. Toda esta experiencia fue
una lección para muchos de los jefes de NERV,
y se han venido suscitando varias reformas en cuanto
a organización interna se refiere. Habrá
heridas que nunca cicatrizaran, y amigos que no volverán,
pero es un nuevo amanecer, y la vida tiene que continuar.
Después de una semana, las tropas de la O.N.U.
por fin han decidido quitar la guardia que tenían
sobre el cuerpo del Cuarto Ángel, y debido
en gran parte gracias a las insistencias del comandante
Ikari al consejo de las Naciones Unidas, la custodia
volvió a manos de su organización, a
partir de ese día, una vez que los oficiales
científicos de la Junta de Seguridad determinaron
que el estudio del espécimen sería mucho
más eficiente en las instalaciones del Geofrente.
Además que no obtuvieron gran cosa por su propia
cuenta.
El cuerpo había sido conservado impecablemente
por los científicos, por lo que a más
de dos semanas de haber fallecido, aún no presentaba
rastros de putrefacción.
En efecto, todo el personal científico, dirigido
por la doctora Akagi, debe recuperar el tiempo perdido,
en lo que a investigación se refiere. El estudiar
a los ángeles era una valiosísima oportunidad
para Gendo, y era claro que no la iba a dejar escapar.
La mañana era fresca, mientras el astro rey
iluminaba todo desde lo alto del firmamento. Los pajarillos
hacían uso de sus cánticos matutinos,
mientras las chicharras hacen notar su presencia en
el ambiente, con su característico sonido.
Las nubes se paseaban cándidamente de aquí
a allá, dejándose mecer por los caprichos
del viento; en fin, era una hermosa mañana
y Shinji se lamentaba el no poder disfrutarla, estando
dentro del hangar que servía de mesa de autopsia
para los ángeles.
¿Qué se le podía hacer? No tenía
clases, sino hasta la tarde, cuando iba a hacer deportes.
Entonces, no tenía absolutamente nada que hacer,
por lo que tuvo que ofrecerse a acompañar a
Misato y Kai, aunque sólo fuera por matar el
tiempo hasta la tarde.
Con el casco reglamentario en su cabeza, y con un
vaso de café caliente en su mano, observaba
distraídamente a todos lados, sin interesarse
en nada; seguía a Misato y a Ritsuko de un
lado a otro, conforme ellas se desplazaban.
No entendía gran cosa de todos los tecnicismos
científicos a los que se referían, salvo
uno ó tres conceptos que trataban, nada en
especial. Ojalá terminara pronto, ya que lleva
más de dos horas recorriendo toda la instalación,
lo que ha minado sus fuerzas, interés y entusiasmo.
Agradece el que hayan entrado al cuarto de control,
donde por fin se deja caer pesadamente en una silla,
mientras pronuncia un largo suspiro de frustración.
¿Aburrido? pregunta Misato.
Algo suspira nuevamente el niño.
No te preocupes, creo que ya mero acabamos,
¿eh?
Sonriéndole, la mujer le da ánimos
y le voltea la espalda. Shinji no puede hacer nada
más que dirigir su mirada al techo, en busca
de algo que pudiera entretenerlo. No puede conseguirlo,
en el techo no había nada, salvo una lámpara,
que lo más que hacía era atraer insectos
voladores.
Cuando reconoce a lo lejos la voz de Kai, se incorpora
y se asoma tímidamente por la puerta, buscándolo
con la mirada. En ese momento, él estaba sirviendo
cómo guía para el comandante Ikari y
Fuyutski, acompañados por Rei.
¿Eso de allá es el núcleo?
preguntó Gendo, señalando hacia el frente.
Ey... asentó tranquilamente
Kai, mientras dirigía al compacto grupo hacia
esa dirección. Cómo puede ver,
querido comandante, este núcleo se pudo conservar
más o menos intacto... eso facilitará
bastante su análisis...
Gendo se inclina levemente, para poder examinar él
mismo el núcleo, tocando su contorno con las
manos. Kai se da cuenta de la intromisión de
Shinji, a lo lejos, y aprovecha la situación
para hacerlo quedar bien frente a su padre.
Shinji hizo muy bien al obtenerlo... ¿No
cree? Él siempre está calculando todos
esos detalles sonrió maliciosamente Kai.
Es muy capaz.
¿Lo crees así? preguntó
el comandante, sin voltear la vista. Ya veremos
con que lo recompensamos.
Shinji volteó la vista, avergonzado por la
ayuda de su amigo. No creía que hubiera necesidad
de todo aquello, y de contar aquella versión
tan distorsionada y en nada parecida a la verdad.
¿Qué te pasa? le preguntó
Misato, al ver su reacción.
No... nada, no me pasa nada... negó
el chiquillo.
¿En serio? remató Ritsuko.
Derrotado, el niño se rindió, aunque
no plenamente.
Bueno, es que vi a Kai allá afuera,
con mi padre.
Ah, sólo eso... musitaron las
mujeres al mismo tiempo.
Las dos se asomaron por la puerta, en el mismo lugar
donde antes se encontraba Shinji. En ese momento,
el comandante y su grupo estaban por abandonar la
instalación. Luego de despedirse de Misato
y Ritsuko, se fue sin voltear atrás ó
sin siquiera dirigirle la mirada a su hijo.
Kai entra despreocupadamente a la habitación,
saludando a los presentes, mientras se da el lujo
de bromear con ellos. Según parece, está
de buen humor.
¡Qué onda, pandilla! saluda
a las damas, mientras le da una palmada en la espalda
a Shinji. ¿Qué hay, pequeño
amigo? ¿Aún seguimos haciendo aerobics?
El niño pasa alegremente del chiste, cuando
se da cuenta de algo en la mano de su compañero.
Kai, ¿qué te pasó en
la mano?
¿De que hablas? preguntó
desconcertado.
Ritsuko tomó la mano del chico, para examinarla.
Ahora toda la atención estaba centrada en su
mano. La doctora sonrió despreocupada.
Ah, según parece, se te cayó
antes de tiempo la piel de serpiente... pero ya no
es necesario, esto puede sanar normalmente.
Órale...
¿Dónde te hiciste eso?
preguntó Shinji, extrañado.
El aludido, obviamente nervioso por la pregunta,
pasó de lado:
Oigan, ¿Ya acabaron? Ya me cansé
de estar aquí.
De ese modo, los cuatro abandonan la instalación,
precedidos por Kai, quien se encontraba muy adelante
del grupo; entonces Shinji le sacó provecho
a la situación, volviendo a hacer la misma
pregunta a sus acompañantes. Así conoció
la historia del accidente del prototipo cero, quedando
desconcertado especialmente en la parte en la que
Kai le proporcionó primeros auxilios a Rei.
Dirige su mirada hacia su amigo, preguntándose
a sí mismo qué tipo de relación
era la que llevaba él con aquella callada muchacha.
Descartó toda posibilidad de que fuera una
relación del tipo sentimental... se rehusaba
a creer que alguno de ellos dos pudiera sentir lo
que es el amor; eran tan fríos, tan indiferentes...
¿cómo iba a ser posible que quisieran
a alguien? No, no era posible. Tal vez su padre lo
había designado algo así cómo
el guardaespaldas de Rei... eso debía ser.
El calor de la despedida del sol, antes del ocaso,
envuelve a los infantes en sus actividades deportivas;
los sofoca, los duerme, los acoge maternalmente y
los envuelve en un agradable sopor, que sólo
es superado por la agitación del repentino
ejercicio.
Shinji intenta recobrar el aliento, mientras intenta
liberarse del engorroso calor bebiendo a sus expensas
en el bebedero de la cancha. Intenta disipar el sudor
que emana a chorros de su rostro y articulaciones,
al mismo tiempo que su respiración se vuelve
más tranquila y constante, cuando se deja caer
pesadamente sobre el césped a sus espaldas,
contemplando fijamente un punto perdido en el firmamento.
Una voz familiar se acerca a él.
¡Eh, Shinji! gritó Toji,
acompañado del inseparable Kensuke. ¿Ya
te cansaste tan pronto?
Por lo menos yo, ya... suspiró
vagamente el delicado Kensuke, a la vez que se dejaba
caer junto a Shinji. El calor está de
la fregada...
Qué delicados son, ni aguantan nada.
exclamó Toji, e imitando su ejemplo, se recostó
pesadamente en el fresco pasto, recién regado.
Los tres observan distraídamente a las nubes
desfilar por entre el cielo azul, sin ninguna preocupación
en su conciencia, salvo la de descansar. No obstante,
Aida puede notar una inusitada curiosidad en Ikari,
quien se encontraba mirando ladera arriba, en donde
se encontraba la piscina escolar. Allí se encontraban
las muchachas del salón, entrenando para las
olimpiadas escolares. Vestidas con unos ajustados
trajes de baño, dejando al descubierto sus
piernas y resaltando algunas otras de sus partes.
¡Oye, Ikari! pronuncia con suspicacia
el muchacho, dándole un codazo a Toji ¿Qué
tanto es lo que estás viendo allá arriba?
Eh... nada... contesta el chiquillo,
atrapado en la movida, alzando los brazos delante
de sí, al mismo tiempo que su cara tomaba un
color rojizo.
En ese justo instante, a través de la alambrada
se podía observar a Ayanami incorporarse y
dirigirse hacia la alberca, ajustándose su
vestimenta por detrás. Tanto Suzuhara cómo
Kensuke, al percatarse de su presencia, no les costó
bastante trabajo imaginarse a quién específicamente
espiaba su compañero. Los dos sabían
de antemano el interés que Rei despertaba en
su congénere.
De seguro que no estabas espiando a Ayanami,
¿verdad? dijo Toji, con cierto dejo de
malicia en su tono de voz.
Mirando las piernas de Ayanami continuó
Aida en un tono meloso, con una expresión por
demás lasciva en su rostro.
Ó los pechos de Ayanami siguió
Suzuhara, imitando a su amigo en la expresión,
remojándose los labios con la lengua.
Ó las nalgas de Ayanami concluyeron
los dos, acercándose peligrosamente a Shinji.
No, nada de eso... se disculpaba a cada
rato, rojo como un tomate.
Oye, no tienes por qué avergonzarte
le dijo Toji No es tan mal prospecto...
Si tan sólo hablara un poco más
complementó Kensuke, cruzándose de brazos.
En realidad, pensaba en otra cosa respuso
Ikari ante el acoso de sus condiscípulos ¿No
han notado que Kai se comporta un poco extraño
con ella?
¿De que hablas? inquirió
a su vez Suzuhara, con extrañeza ¡Nunca
le habla! Por lo menos no que yo haya notado...
Para mí, eso es muy normal, no sé
tú... finalizó Aida, observando
a lo lejos cómo el profesor se dirigía
hacia donde ellos estaban.
Casi responden automáticamente a la reprimenda
del profesor, al darse cuenta de su ociosidad, y vuelven
a emprender la marcha alrededor de toda la cancha,
cómo todos los demás. Shinji aún
se encuentra meditabundo acerca de sus dos compañeros
pilotos. Dirige la vista colina arriba, a la piscina
de las chicas. Rei Ayanami. Era todo lo que sabía
de ella, su nombre... ¿Porqué era tan
misteriosa? ¿Y porqué despertaba en
él tanta curiosidad? ¿Qué era
lo que tenía que ver con Kai?
Oigan, ¿dónde está Kai?
volvió a preguntar a sus compañeros,
quienes trotaban junto a él, igualmente entrenándose
para el evento deportivo de su escuela No lo
he visto desde que llegamos.
Tienes razón... expresó
Toji. La última vez que lo vi, se dirigía
a la piscina...
Al mismo instante, una idea cruza por sus cerebros.
No creerán que... dijo Kensuke,
sin terminar, mientras el trío dirigía
la mirada hacia arriba, donde el objeto de su búsqueda
los observa, a lo lejos.
¡Eso es, mensos! se dijo a sí
mismo. Sigan dando vueltas sin parar, cómo
ratas de laboratorio... yo aquí estoy muy cómodo.
¡Lero, lero!
Kai se recuesta levemente sobre la gruesa rama que
le sirve de asiento, mientras se pone a disfrutar
de la agradable sombra del árbol, que se encuentra
justo al lado de la alberca, dónde las chiquillas
tienen su clase; el escondite perfecto, y gracias
a ese mismo follaje que lo ocultaba a la vista de
los académicos también podía
estar a salvo del inclemente sopor ambiental. Ay,
nomás me hacen falta unas chelas, y podría
pasarme toda la vida aquí, pensó
mientras se imaginaba a sí mismo en un paradisíaco
paisaje tropical. Cierra los ojos mientras en sus
oídos resuena una canción, entiende
y repite perfectamente letra por letra, en un inglés
muy pausado:
That's me in the corner, that's me in the spot
light,
Losing my religion.Trying to keep up with you.
And I don't know if I can do it.
Oh no, I've said too much, I haven't said enough.
Las repite en su mente, mientras toca una guitarra
imaginaria, moviendo sus dedos en el aire, encontrando
sólo el vacío; sin embargo, el niño
se envuelve en un éxtasis musical, ante un
público inexistente. That was just a
dream, just a dream termina por decir la canción,
con las notas melancólicas de la guitarra,
apagándose poco a poco.
La música se extingue completamente, y él
se queda en silencio. Demasiado bueno para que
durara, piensa, mientras desconecta los aparatos
receptores en sus oídos y los deposita junto
con el reproductor en su mochila. Todo el equipo es
muy compacto y fácil de llevar: los receptores
apenas si rebasan el tamaño de un arete, y
el reproductor cuando mucho tiene unos quince escasos
centímetros de longitud, por unos diez de ancho.
Cuelga su mochila en una pequeña rama, lo
bastante fuerte para sujetarla sin romperse, y vuelve
a recostarse en la enorme rama que lo sostiene, buscando
dormir. Apenas cuando cierra los ojos, las voces de
las niñas en la alberca lo distraen. Qué
lata con estas muchachas piensa, mientras atraviesa
la rama hasta su final, dónde se distingue
claramente la alberca y sus ocupantes. ¿Qué
tanto se traen?, se pregunta al mismo tiempo
que observa la alberca sin nadie en su interior.
¡Pero Hikari! reclama una chiquilla
a la representante de grupo ¿Por qué
no nos podemos meter aún? Está haciendo
mucho calor...
Acaban de sacar el agua de los depósitos
responde serena y autoritariamente por lo que
tenemos que esperar a que las calderas la calienten
un poco.
¡¿Con este calor?!
Ay, sí... a ver, tócala...
La muchachita obedece, y asoma tímidamente
la punta del pie derecho al agua.
Brr... de veras, está bien helada...
Kai ya no pone atención a su charla, sino
a sus esbeltos cuerpos, vestidos con el traje de baño
morado, reglamentario de la escuela. Sus delgadas
líneas juveniles deleitan las dilatadas pupilas
del chico, mientras sus hormonas se activan y sus
labios esbozan una sonrisa de malicia, más
que de otra cosa. Se acerca un poco más al
final de la rama.
Ay, mamacita... balbucea quedamente
el niño Hikari, ¿de dónde
sacaste todo eso?
Al darse cuenta de su patético estado, el
niño se reprocha con un ligero golpe en la
cabeza; No, mi cuate, esto no está bien
piensa, cerrando los ojos. Tu ya tienes la luz
de tus ojos, así que ya no tienes que interesarte
por otras, sería bastante estúpido,
¿no lo crees? Hm... ahora que, hablando de
la niña de mis ojos... Sin más
idea en su cabeza que la de ver a Rei en traje de
baño, el chico no objeta nada a su propósito,
y vuelve al final de la rama, protegido con el espeso
follaje. ¿Dónde estás,
corazón? se pregunta interiormente, mientras
peina el paisaje con la mirada, hasta dar con ella.
Ahí estaba, como siempre, apartada de las
demás, con sus propios asuntos en su cabeza;
callada y seria, cómo de costumbre, recostada
en la malla de alambre, con los brazos cruzados y
su tierna pero indiferente mirada clavada en las aguas
de la alberca.
El chiquillo queda petrificado donde está,
encandilado por tan encantadora visión; ya
antes la había visto en traje de baño,
claro, y en muchos más cortos, y aún
así siempre daba el mismo resultado, tranquilidad
total. Al ver sus finas y delineadas piernas, su dulce
cara semiescondida en los brazos, sus provocativas
curvas, sus hermosas pupilas rojas pensaba: Baboso
afortunado, eres el tipo más suertudo al tenerla
y dando un profundo suspiro de enamorado, se acostó
completamente en la rama, podrida por dentro gracias
a las plagas.
Sin siquiera decir Agua va, la rama se
rompe sin ningún tipo de aviso, dejando caer
a su sorprendido ocupante a las heladas aguas de la
piscina.
¡¡¡CHINGUIASUMADRE, ESTÁ
FRÍA!!! es lo primero que vocifera, al
salir cómo de rayo de la alberca, tiritando
de frío, chorreando agua helada por todas partes.
Las niñas, y su propia maestra, se sorprenden
al darse cuenta de la presencia de aquel inesperado
intruso.
¡Katsuragi! gruñe la profesora
¿Qué se supone que estás haciendo
aquí?
Todas las miradas se clavan en él, mientras
sereno y sin ninguna preocupación aparente,
se sacude inútilmente los chorros de agua.
Bueno, verá... exclamó
al fin hacía tanto calor, y el agua se
veía tan refrescante, que no me pude aguantar
las ganas y me eché un clavado desde el árbol...
je je, ¿cómo la ve?
La explicación se oía bastante convincente,
así que la situación no pasó
de un mero regaño y con la indicación
de volver a su grupo de inmediato.
Mientras se alejaba tranquilamente, colina abajo,
las demás chiquillas lo contemplaban a lo lejos,
maravilladas por las ocurrencias de aquel singular
muchacho.
¿A poco no está guapísimo?
Pues claro, mensa, ¿Qué crees
que estoy ciega?
Ay, lo que no daría por que me diera
un beso...
Uhhh, tarada, a qué poco llega tu imaginación...
Todas sueltan a cándidas carcajadas, ante
el disgusto de Rei, que continúa observando
a Kai alejarse cómo si nada hubiera pasado.
Taradas piensa de sus compañeras,
sin cambiar su seria expresión. De seguro se
sorprenderían mucho al verlos a los dos en
uno de sus ratos.
El sol, semejante a un gran plato dorado, poco a
poco es engullido por el crepúsculo, exhalando
su último aliento antes de dar paso a la noche;
entonces, los niños toman el camino a casa,
al hogar. Toji y Kensuke aplauden la travesía
de su condiscípulo.
¡Tú, viejo zorro! exclama
lleno de alegría Toji ¡Lo pudiste
hacer!
¡Es increíble! continúa
Kensuke ¡Eres mi héroe!
No es para tanto, niños... se
burla el alabado.
Y cuéntanos, ¿Qué fue
lo que viste, eh?
Sí, cuenta, vamos, cuenta...
Bueno, pues les diré que hay que poner
especial atención en Hikari... ¡Guau,
está de pelos la chamaca! Y las otras no están
nada mal... ¿eh? decía sin detenerse,
salvo cuando surcaba el aire con las manos, delineando
las figuras, ante la creciente emoción de sus
escuchas. Todo aquello parecía el paraíso...
Shinji interrumpe abruptamente su silencio, señalando
un comentario que se venía formulando desde
que comenzó a escuchar la anécdota.
¿Creen que esté bien el espiar
de esa forma a las personas? pronunció
con un aire de regaño y enojo, con los ojos
cerrados.
Sus tres compañeros callan de repente, reprochándolo
con la mirada, ante la incertidumbre cada vez mayor
del indefenso muchacho. Los tres explotan al mismo
tiempo.
¡No puedes estar hablando en serio,
Ikari! reclama Kensuke.
¡Lo dices por qué tú y
Kai viven con esa nena de Misato, pero nosotros tenemos
que conformarnos con sólo esto! remata
Toji al acribillado chico.
¡Shinji, tú me preocupas! Creo
que tenemos que hablar sobre los pájaros y
las abejas ultima Kai, tomándolo por
la cabeza y frotándola con los nudillos.
¡Está bien, ya entendí!
se defiende Shinji ¡Perdón!
Así está mejor suspira
triunfalmente su captor, al mismo tiempo que lo suelta
¿Ves que así es mejor?
Caminan sin ninguna otra preocupación por
el asfalto, ante la inminente tapizada de estrellas
en el cielo, colorándolo de negro. Kai aún
sigue sacudiéndose el agua fugitiva en su ropa
y cabello. Salpicando ligeramente a sus compañeros,
bañándolo de reclamos al instante. La
brisa nocturna lo hace estornudar de improviso.
Shinji y Kai se despiden de sus amigos al tomar caminos
separados hacia sus moradas. Al alcanzar su edificio
comienzan a subir las escaleras en silencio, hasta
que Kai pronuncia:
Shinji... ¿Qué día es
hoy? pregunta sin tapujos...
Bueno... 6 de junio... suspira tristemente
su acompañante.
¡Tu cumpleaños! ¿Verdad?
Pues... sí, pero creo que nomás
tú lo sabes...
Kai pasa alegremente la tarjeta de identificación
por la ranura de la puerta y mientras la abre, pronuncia
alegremente:
¡Feliz cumpleaños, cuate!
dice mientras le da una pequeña palmada en
la espalda, invitándolo a pasar.
Imposiblemente, el alegre departamento está
en perfecto orden, sin ninguna basura que empañe
su limpieza. Sobre la mesa, están colocados
varios platillos, todos caseros y nada preparado,
que tanto le fascinan a la dueña de la casa.
En el centro de la mesa está, en plano dominante,
un decoroso pastel (sin velas), adornado con fresas
y crema de betún, cómo la tradición
lo indicaba. Y en ambos lados de la pequeña
mesa se encuentran Misato y Ritsuko, con una sonrisa
en sus caras.
¡Feliz cumpleaños, muchacho!
expresa alegremente la militar.
Lo mismo digo yo pronuncia la abochornada
doctora.
Shinji apenas cabe de asombro. Todo er |