| Por: Gus (jabarajas@hotmail.com)
Capítulo Seis: ¡Hasta la victoria siempre!
¡Hasta la victoria siempre!
Comandante Ernesto Che Guevara
El sonido de la grúa subiendo el pequeño
cubículo inunda el interior de éste.
Dentro del ascensor, una pequeña, más
sin embargo, importante junta se lleva a cabo entre
dos personas.
El comandante Ikari escucha pacientemente al emisario
del Consejo de Naciones de la O.N.U, al mismo tiempo
que éste le enseña varios documentos
y fotografías que avalaban su identidad.
¿Seguro que nadie puede oír
todo esto? pregunta Gendo a su acompañante.
El no estar en la cómoda seguridad de su propia
agencia lo ponía tenso. No ignoraba lo impopular
que era entre algunos sectores de la Junta de Seguridad,
por tanto siempre estaba latente el temor de ser baleado
por la espalda cuando se atrevía a abandonar
sus dominios.
Revisamos todo el ascensor. No hay micrófonos
ó cámaras ocultas; está limpio.
se apresura a decir el hombre; de una mediana estatura,
complexión robusta y vestido con un traje negro,
mientras sus ojos los ocultan unas gafas para sol.
En su acento para hablar japonés se distingue
inmediatamente su procedencia americana.
Gendo vuelve a oír desinteresadamente todo
los asuntos que aquel hombre ha venido a tratar, mientras
observa su calzado y los alrededores. Finalmente,
escucha algo de vital importancia y que, naturalmente,
capta su atención total.
Por último, en un hecho sin precedentes
anuncia con cierta emoción en su voz, deslizando
sobre las manos de Ikari una carpeta con varios documentos,
todos ellos referentes a las tropas rebeldes, mejor
conocidas cómo el Frente de Liberación
Mundial Desde hace dos meses ha ocurrido una
fragmentación en la dirigencia rebelde, cuyas
causas hasta ahora son difíciles de precisar.
Se distinguen dos tendencias: una, al parecer la más
radical, es la que más adeptos ha ido ganando
con una rapidez insólita; sin embargo, también
la identidad del cabecilla de este grupo es un misterio.
Al contrario, en el otro lado se encuentra la postura
conservadora, la más débil y falta de
seguidores, encabezada ni más ni menos que
por nuestro reconocidísimo Comandante Chuy
enfatizó el sarcasmo al describir a ese personaje
Según la información que hemos
recabado, la creciente fuerza de este nuevo grupo
ha obligado al famoso guerrillero a abandonar el auspicio
de su antiguo ejército, retirándose
con los pocos hombres de confianza que le quedaban
hacia un destino desconocido. Todo esto sucedió
en el corazón de África, cerca de la
frontera del Congo con Sudán, en dónde
presumiblemente se encuentra la última base
de operaciones del Frente, luego de que numerosos
y fallidos enfrentamientos con los Cascos Azules los
obligaron a replegarse de sus posiciones. Se cree
que las abundantes bajas sufridas durante éstos
últimos enfrentamientos fueron también
una de las principales causas de la destitución
del Comandante Chuy cómo General en Jefe de
las fuerzas rebeldes, cargo que había venido
desempeñado desde su misma fundación,
hará ya unos catorce años.
Todo eso era muy interesante, fútil para él,
pero un dato bastante curioso al fin y al cabo. ¿Pero
qué era lo que tenía qué ver
con él? Notando su bien disimulada impaciencia,
el mensajero se apresuró a continuar con su
relato.
Hace apenas una semana que una de nuestras
bases en México, ubicada en Guadalajara, el
puerto con mayor afluencia del Oceáno Pacífico
hizo notar, por si alguien no estaba enterado de ese
hecho tan de todos conocido. Hasta los niños
de primaria lo sabían fue atacada en
un asalto relámpago. Los agresores capturaron
abundante y muy diverso armamento, además de
varias provisiones y equipos de telecomunicaciones,
para después escapar hacia el mar en varios
barcos balleneros de la industria local, igualmente
hurtados. Debido al tamaño de sus naves, además
de que empleaban parte del equipo robado para interferir
con las señales del radar y satélite
fue muy difícil encontrar su localización.
No obstante, la última señal que tuvimos
de ellos indicaba que por la latitud que tomaban estaban
en camino hacia el Japón; además de
la identificación del cadáver de un
agresor caído durante el asalto, identificado
ya cómo el Teniente Cirilo un alias para Daniel
Santillán, conocido colaborador del Comandante
Chuy.
¿Me tratan de decir que ese hombre se
dirige al GeoFrente? lo interrumpió el
nipón, harto de escuchar tantos rodeos, además
de una inquietud que se apoderó de él
de súbito ¿Qué les hace
suponer que ese sujeto está tan desesperado
cómo para intentar tomar por asalto el refugio
subterráneo mejor protegido del planeta? ¡Es
absurdo! ¡Sería un auténtico suicidio!
Hay mucho que no sé acerca del tipo, pero una
cosa la tengo por segura: el tal Comandante Chuy no
es ningún imbécil, sino, no habría
sobrevivido tantos años combatiendo a sus Fuerzas
Armadas.
Estamos bien enterados de esa situación
murmuró con desgano su interlocutor, sustrayendo
de entre los bolsillos de su saco una fotografía
Pero a pesar de todo, también estamos
seguros que precisamente es en ese lugar donde se
encuentra el último recurso que le queda. En
ningún otro punto del globo le podrían
prestar ayuda para su tan precaria situación,
acosado por todas las organizaciones militares y de
inteligencia de todo el mundo, rechazado por su propia
gente. ¿Cómo es eso posible? Bueno
dijo, a la vez que ponía la foto por encima
de todos los documentos que Gendo se encontraba examinado
en ese momento No hace mucho también
que, luego de años y años de intentar
afanosamente develar de una vez por todas la verdadera
identidad del Comandante Chuy, laboriosamente guardada
en el hermetismo en que operaba, además de
ocultar su rostro en su característica capucha,
por fin hace un mes logramos conocer su verdadera
identidad. Gracias, en gran parte a lo descuidado
que se ha vuelto, a raíz de los conflictos
internos ya antes referidos. Fue así que conseguimos
esa fotografía que ahora sostiene en sus manos,
en dónde se distingue con toda claridad el
rostro del Comandante, instantes después de
haberse retirado su capucha. Me parece que al ver
esta fotografía todo le será más
claro. Es cierto que hace tiempo que no aprecia ese
rostro, pero al reconocerlo podrá entender
de lo que se trata todo esto.
Ikari hizo caso de la instrucción. Hurgando
en todos los rincones polvorientos de su memoria,
intentó afanosamente reconocer al sujeto que
le presentaban en el daguerrotipo. Sin mucho éxito,
cabe destacar. Por más que lo buscaba no lo
lograba relacionar. La larga cabellera, sucia y maltrecha,
producto de la abundante exposición al polvo
y al sol, esa barba tan espesa y tan abundante, el
rostro moreno y curtido. No, no lograba recordarlo.
Entonces, posó su vista sobre sus ojos. Sí.
Había algo de familiar en esos ojos. Más
que en los ojos, en esa mirada tan llena de desesperanza,
tan sombría, tan sin ninguna fe en el mañana.
Entonces, con un sobresalto que no pudo ocultar, por
fin pudo identificar con plenitud al sujeto de la
foto. Haciendo a un lado todos esos detalles, enmarcando
al rostro más allá de todos ellos, lo
reconoció por completo. Pero no era posible.
Estaba viendo el rostro de un hombre muerto.
¿Pero... pero... c-cómo?
atinó a decir, en medio de su confusión.
Al reverso indicó el emisario,
impávido cómo bloque de piedra Allí
está escrito su verdadero nombre, y por ende,
su parentesco.
El japonés obedeció la orden, volteando
la fotografía al reverso, leyendo detenidamente
las letras allí plasmadas. En cuanto lo hizo,
la calma resurgió en su rostro, tranquilizándose
poco a poco. Finalmente, suspiró:
Pero claro. No podía ser de otra manera.
Ahora entiende nuestra posición
agregó su acompañante Durante
dos décadas, este cabrón hijo de puta
ha sido una piedrita en nuestro zapato pronunció
con un notable desprecio hacia el guerrillero
Ahora, que su influencia se ha disipado casi en toda
su totalidad, es el momento de liquidarlo... para
ello, necesitaremos de manera indispensable de su
total apoyo.
No sé vaciló aún
un poco el comandante, rascándose la barbilla
Sería mucho riesgo para las instalaciones
y para mis empleados... ¿y qué tal si...?
No pudo terminar de expresar sus temores, porque
fue interrumpido de tajo.
Por cierto continuó el otro sujeto
El Secretario General y los otros líderes
del Consejo de Naciones ya han visto la grabación
del primer combate de la Unidad Z. Están muy
emocionados con su desempeño tan satisfactorio.
Ya hay una corriente entre los dirigentes que considera
muy seriamente el optar asignarle completamente a
su equipo la tarea de eliminar a los Ángeles.
Eso implicaría la disolución absoluta
de NERV, ni qué decir del enorme presupuesto
que se les tiene asignado. Pero no hay de qué
preocuparse, por ahora aclaró, al ver
el gesto contrariado de Ikari El Secretario
sabe muy bien de sus valiosos servicios a lo largo
de estos quince años. Y también eso
de Favor con favor se paga. ¿Usted
no lo cree así?
Apesadumbrado, el rostro del japonés se ensombreció.
El mensajero había dado justo en el clavo.
Gendo necesitaba indispensablemente de ese presupuesto,
de esa enorme cantidad de dinero que le asignaban
periódicamente a su agencia para llevar a cabo
sus planes secretos. Sin el dinero, nada se podía
llevar a cabo. Entonces, la decisión le resultó
fácil, desde ese punto de vista: la cabeza
del rebelde tenía que rodar. A final de cuentas,
el que no arriesga no gana, cómo dicen por
ahí.
De acuerdo asintió lacónicamente,
al mismo tiempo que el elevador se detenía
y las puertas de éste se abrían. Ya
habían llegado a su piso.
Sabíamos que un hombre de tanta visión
cómo usted entendería remataba
el otro individuo, esbozando una sonrisita burlona
mientras el comandante le daba la espalda para abandonar
el elevador. Y mientras las puertas se cerraban delante
de él, culminó Sus instrucciones
llegarán una vez que esté de vuelta
en Japón. Un gusto hablar con usted.
Miserables murmuró entre dientes
Ikari, caminando por el solitario pasillo hasta la
puerta de su habitación. Tenía que volver
cuanto antes a Tokio 3. Era un largo viaje desde los
Alpes suizos.
Así que, mientras que en Berna era apenas
poco antes de mediodía, al otro lado del mundo,
en Japón, la noche reinaba, cubriendo con su
manto de oscuridad todo, hasta las aguas que delimitaban
la extensión de tierra firme.
Eludiendo a toda costa cualquier tipo de luz, mucho
más la eléctrica, una pequeña
lancha de motor se abre paso por la marea hasta llegar
a un pequeño muelle abandonado, y por lo tanto,
poco vigilado. Sus siete ocupantes se apresuran a
bajar de su vehículo y a refugiarse de inmediato
entre las sombras de los muelles, cargando con dificultad
su carga, varias valijas, maletas y cajas que llevaban
sobre sus espaldas hasta que avistaron a su contacto,
quien con una seña les indicó un viejo
almacén que, al igual que todo en los alrededores,
se encontraba abandonado.
En tiempos mejores, aquella área recibía
el nombre de Yokosuka, una ciudad del país
del Sol Naciente, en la provincia de Kanagawa, situada
al SO. (Sudoeste) de la bahía de la antigua
ciudad de Tokio, en la isla de Honshu. Había
sido una importante base naval, ahora sólo
era una ruina más en un país en ruinas.
Los forasteros, con sigilo extremo se introdujeron
al interior del almacén, siempre con el temor
latente de ser descubiertos de un momento a otro,
y una vez acomodados vislumbraron por las ventanas
sucias y quebradas aquél fulgor inusitado,
que se divisaba allá, a lo lejos en el horizonte.
Tal hecho indicaba que el último de los barcos
balleneros hurtados, mismo que utilizaron para llegar
hasta allí, explotó con cualquier evidencia
que delatara su presencia en ese país, según
lo planeado.
Quiubo, Paco saludó en español
uno de los encapuchados, al parecer el de mayor rango,
a su guía, estrechando las manos ¿Cómo
están las cosas por acá?
Según parece, bien contestó
Paco, que al igual que todos los allí presentes
tenía el rostro oculto Todo va de acuerdo
al plan.
¿Llegaron todos los muchachos?
Sanos y salvos. Aquí ya nomás
queda tu gente, 34, incluyendo a los que estamos aquí.
A los que llegaron antes que ustedes los acomodé
en los almacenes vecinos, para que descansaran un
rato. Los vehículos ya están cargados
y listos para cuando ordenes partir.
Muy bien repuso el primer encapuchado,
volviéndose a sus subordinados Órale
raza, trepen todo al carro y traten de descansar los
más que puedan; en 45 minutos tenemos que estar
dejando este muladar.
Todos asintieron y en cuanto antes pusieron manos
a la obra. Y mientras ellos se encargaban de cargar
el jeep que los transportaría por las frías
y oscuras carreteras de Japón, su líder
se encaminó hacia una de las ventanas, buscando
aire fresco del exterior. Estaba extenuado. Cargaba
sobre sus hombros un gran peso. Su allegado se le
acercó.
Oye, Chuy le dijo, casi susurrante.
¿Sí? musitó el guerrillero,
con la vista clavada en las estrellas que tapizaban
la noche.
Las cosas nunca debieron llegar hasta este
punto. ¿Cómo fue que permitimos que
la cosa se nos saliera, así de control? Lo
más importante: ¿Crees que podamos detenerlo,
antes de que sea tarde?
Ni yo lo sé, Paco respondió
descorazonado, en su misma pose, con la mirada en
alto, perdida, y una mano apoyada contra la desvencijada
pared.
Esto está de la fregada, mano
continuó lamentándose su viejo compañero
de armas, notablemente nervioso Entre todos,
aún contando a los que ya se nos adelantaron,
no pasamos de la centena. Si nos topamos con alguna
brigada de las Naciones Unidas, que es lo más
probable, nos las vamos a ver negras. ¡Esto
es una puta mierda, Chuy, una puta mierda! prorrumpió,
desesperado, dándole un golpe a la misma pared
en donde estaba recargado su compañero La
avanzada que mandé en primer lugar ya se reportó.
Me dicen que la pinche ciudad está igual que
aquí. Desierta, muerta. Todo el pinche país
es un enorme pueblo fantasma. ¿Cómo
se supone que vamos a poder cubrir nuestra presencia,
si no hay nada con qué taparnos? No sé
tú, compadre, pero a mí me huele a que
hay gato encerrado aquí. De seguro esos cabrones
ya nos están esperando. ¡Nos están
esperando, te digo!
Su jefe por fin se movió, bajando la vista
y quitando la mano de la pared. Respirando profundo,
se volvió hacia él, tratando de infundirle
ánimos.
Por eso mismo es que tenemos que ser más
listos que ellos, Paco puso una mano sobre su
hombro, dándole unas palmaditas de apoyo Acuérdate
que el mecate se rompe por el hilo más delgado.
Mejor sería que descansaras un poco, ¿no
crees? Has estado en friega estos últimos dos
días.
Sin ademán de querer decir algo más,
el comandante Chuy abrió la puerta de aquella
pocilga, queriendo respirar una última vez
la brisa salina del mar que quedaba atrás de
él. Pero antes que abandonara el recinto, su
camarada lo contuvo una vez más.
¿Toño? dijo, a sus espaldas
Nos la vamos a pelar, ¿verdad? Es decir,
aquí se acaba todo... todo por lo que peleamos
tanto tiempo...
El comandante permaneció estático en
su lugar. Una marejada de emociones, de añejas
sensaciones lo inundaban. Hacía ya toda una
vida que nadie se dirigía a él con su
verdadero nombre: Toño, un apelativo para Antonio.
Recuerdos de esa vida perdida acudían a él
en grandes porciones.
Eso parece, mi Oscar contestó
en tono lúgubre, cabizbajo Pero con todo,
hay que chingarle hasta el final: Patria ó
muerte, ¿te acuerdas?
Patria ó muerte... repitió
su amigo, murmurando. En esos momentos, aquellas palabras
sonaban tan vacías, aquel ideal lucía
tan lejano.
Descansa insistió el cansado guerrillero
otra vez, mientras se encaminaba a un costado del
almacén, en dónde podía observar
el Océano Pacífico y escuchar sus olas
romperse en la arena de la playa contigua.
Sacó de entre sus ropas una vieja y maltratada
pipa de madera, pero que aún con todos los
años encima, continuaba haciendo gala de su
elegancia y de su fino corte artesanal. También
sustrajo de uno de sus bolsillos una bolsita con tabaco,
vaciando algo de su contenido sobre el recipiente,
para después de haber guardado la bolsita en
su respectivo bolsillo, encenderlo con un cerillo
y empezar a degustar su aroma. Todo el procedimiento
lo realizaba con extrema reverencia, casi era un ritual
para él.
Mientras fumaba, con los ojos anclados en el mar,
hizo a un lado todas las precauciones, y en un arrebato
temerario se quitó la capucha del rostro, tirándola
al piso. Después de todo, no había podido
matar a Nelson, ese bastardo traidor, y para estas
alturas ya todas las agencias deberían tener
en su poder la fotografía que le tomó
sin su máscara. Ahora ya era obsoleta, un peso
muerto.
Tan muerto cómo esos parajes. Tan muerto cómo
todo lo que alguna vez le importó. Entonces,
así es cómo se acaba todo. 21 años
de rebelión y de lucha continua e intensa,
no sólo batallando contra el imperialismo capitalista,
la voraz globalización neo-liberalista, sino
también en contra del hambre y la miseria,
climas inclementes, paludismo y cólera, aún
contra a aquellos a los que quería defender,
esforzándose por hacerles ver que su camino
era el correcto, que su lucha era su lucha. Aguantando
condiciones extremas, meses sin poder asearse, a veces
sin poder cambiarse de calzones cuando la diarrea
te agarraba y tenías que cagarte en ellos,
soportando la maldita pestilencia de tu propio trasero;
durmiendo junto con las más terribles alimañas
que el Señor en su infinita sabiduría
haya creado. ¡Los pinches zancudos! Despertar
y encontrar que más de una veintena de ellos
te ha picado en todo el cuerpo, rascándote
con uñas rotas y maltratadas. ¡Qué
diferente era todo al principio! Lleno de esperanzas
e ideales, sueños guajiros en donde salvabas
al mundo de la opresión y lo dirigías
a una utopía, donde todos compartieran la producción
del trabajo en forma equitativa, de manera que nadie
tuviera más que alguien. La eliminación
del excedente y de la plusvalía. ¡Qué
maravilloso se escucha toda esa sarta de idioteces!
Pero los años se van. Y también la
juventud. Y con ella todos aquellos sueños
a los que ofrendaste casi toda tu vida para verlos
hechos realidad. De pronto te ves viejo, enojado y
muy cansado, pestilente y sucio. ¡Ropa limpia,
por favor, y un cambio de calzones, por el amor de
Dios! Un baño con shampoo y una barra de jabón
tampoco estaría nada mal. Y un rastrillo y
tijeras para la barba llena de piojos. No importa
lo que Paco diga, no puedo esperar para llegar a la
ciudad, con todos sus lujos y comodidades.
Todo se acabó. Y tenía que ser aquí,
precisamente aquí en este pedazo de roca en
dónde tú moriste. Y ahora llega mi turno.
Ya estoy en la tierra en donde dejaste de existir.
Todo este territorio en el que gastaste los últimos
años de tu vida. Me imagino que, al igual que
yo, en algún instante de tu vida te posaste
en alguna de estas playas, a escuchar la voz del mar
hablándote, a observar esas olas espumosas
estrellarse en el rompeolas, sentir la fría
agua salada golpearte la cara, oler esta brisa salina...
cómo yo, en ti debió haberse despertado
un sentimiento de entrañable melancolía,
que inevitablemente te condujo a aquellos días
junto a mis padres. Ciertamente, es el mismo océano
que nos vio nacer, pero la playa no es la misma. En
lugar de reflejar el calor y la alegría por
la vida, esos inolvidables días de fugaz infancia,
aquí no puedo ver más que muerte y desolación.
Una soledad abrumadora, que amenaza con engullirte
a la menor oportunidad, con devorar tu corazón
y no dejar nada de él. ¿Tú también
sentiste lo mismo? Apuesto que sí. También
miraste a este mismo mar que estoy viendo ahora, y
tampoco pudiste encontrar nada más que desesperanza
y tristeza. No, esta tierra extranjera no es y nunca
será la nuestra. El nuestro fue un reino ahora
extinto, engullido por los hambrientos elefantes del
Norte. La nuestra fue una ciudad con olor a tierra
mojada, de bellas y flamantes rosas en sus caminos
y veredas, de una sociedad de mojigatos, de pinches
mochos que se santiguaban hasta en el puto baño.
Nuestra playa era una playa de turistas pendejos a
los que podíamos tranzar fácilmente
y sacarles la dolariza, de prostitutas y rateros en
el malecón, una playa que se construyó
sobre la sangre y carne podrida de los antiguos caciques
de la localidad, vencidos por un enemigo al que ni
ellos pudieron vencer: su propia ambición.
Pero estos parajes extraños, éstos no
son los nuestros, jamás nos pertenecerán
ni podrán ser parte íntegra de nosotros
cómo la tierra que nos dio a luz y nos vio
crecer. Esto no es Puerto Vallarta. Esto no es Guadalajara.
¿Qué fue entonces lo que te obligó
a continuar? ¿Qué te hizo levantarte
y seguir tu camino, a pesar de que todo estaba perdido?
Sí, ya lo sé. Seguramente fue esa mujer
tuya, y el hijo que engendraste con ella. Lo sé,
porque es lo mismo que me motiva a seguir a mí.
Querías que estuviera a salvo, querías
algo mejor para él, todo lo que ni tú
ni yo pudimos poseer cuando teníamos su edad.
Deseabas, con el anhelo más ferviente de tu
alma, que tu hijo pudiera vivir, sin importar el precio
que tuvieras que pagar. Salvarlo de su cruel destino,
que le deparaba a él y todos los demás.
Pero, ¿sabías qué le esperaba,
de lograrlo? ¿Todo lo que le aguardaba en este
mundo profano y corrupto? ¿Todo lo que tendría
qué sufrir? ¿No hubiera sido más
benévolo simplemente dejarlo morir? Ya no importa.
De alguna manera, tengo que llegar con él,
cueste lo que cueste, y advertirle. Advertirle sobre
el peligro que se cierne sobre él, sobre todo
el jodido mundo.
Porque, a diferencia de nosotros, esta tierra sí
es suya. Estos parajes estériles son parte
de él, aquí es en donde pertenece, el
lugar que lo vio crecer y muy probablemente lo verá
morir. Son suyos todos estos desiertos infranqueables,
todas estas modernas ciudades sin habitantes, este
país sin un espíritu ó un alma,
sin gente que lo habite. Pero es suyo, lo tiene grabado
todo en su memoria, almacenado en su alma y que de
alguna manera u otra influye en lo que él es.
Es lo que representa, es el futuro.
De pronto, me invade un lejano recuerdo de la niñez,
de ese mundo que nos pertenecía y que ya se
ha ido. Este olor, este olor que precisamente aquí,
aquí en esta lejana tierra extranjera, viene
a mí y me es tan familiar. Trae a mí
viejas memorias de mi niñez, del panteón
al que tantas veces tuve que visitar, primero para
ir a la tumba del abuelo, después para ver
donde reposaban los restos de mi propio padre. Hace
más de treinta años que murió,
pero aún tengo conmigo todas las impresiones
de un niño descorazonado que cada 2 de Noviembre,
el día de los muertos, llevaba a la tumba de
su padre flores. Flores que expelían este mismo
aroma que percibo en estos momentos, con todo un mar
de por medio. Flores de xempaxochitl. ¿Aquí,
en Japón, a estas horas de la madrugada?
Volteo hacia todas partes, queriendo colegir el origen
de este extraño fenómeno, cuando de
reojo observo en una callejuela al lado del almacén
la silueta de una figura que se aproxima a donde me
encuentro, de pie. Instintivamente me llevo la mano
a la pistola que guardo en su funda, oculta bajo mi
chaleco. Al compás del avance de la sombra,
la saco de su escondite y la cargo, quitando el seguro
y deslizando el dedo sobre el gatillo, listo para
mandar al infierno a cualquier malnacido que intente
detenerme en mi misión. Me refugio en una de
las desvencijadas paredes de mi escondite temporal
y apunto a donde me supongo emergerá el dueño
de la sombra que, gracias a esta bendita luna que
me ilumina, se refleja sobre el piso. No es muy corpulenta,
más bien es insignificante, a primera vista.
Su andar es dificultoso, lento, pareciera que tiene
llagas en los pies ó algo por el estilo.
Y entonces, la escucho. Yo, que peleé por
todo el mundo, que fui testigo de inenarrables horrores,
que no en pocas ocasiones pude empaparme del sonido
del campo de batalla, de espantosos gritos de agonía,
gente sin entrañas rogando por ayuda, el llanto
desesperado de las mujeres que sostienen a sus hijos
muertos en brazos, el motor de los bombarderos sobre
nuestras cabezas, las terribles explosiones que te
ensordecían y que aún hasta de noche
creías apercibir, yo que he visto al horror
cara a cara, no puedo evitar que el sonido de esta
aterradora voz me provoque un escalofrío hasta
lo más profundo de mi médula, se trepe
y enrosque por el tuétano hasta llegar a mi
corteza cerebral y vuelvo a sentir lo que es el miedo,
el terror absoluto. Mi pulso se acelera, tiembla junto
con mi mano que sostiene la pistola, mi corazón
late con más fuerza amenazando atravesar mi
caja torácica, este sudor frío recorrer
mis sienes, al mismo tiempo que la sigo oyendo, anunciando
con su voz lúgubre, cómo un lamento
continuo, que parece nunca acabar:
¡Flores! ¡Flores para los muertos!
¡Floooooores para los muertos! ¡Flooooooooreeeeees
para los muertos! ¡Para los muertos! ¡Para
los muertooooooos! ¡Flores para los muertos!
¡En español! En español, clarito
y sin acento extranjero. ¡Aquí, en Oriente,
a miles de kilómetros de distancia de México
ó de cualquier otro país de habla hispana!
No me cabe ya la menor duda que esto es obra del mero
diablo. ¡El mismo diablo en persona, que ha
venido por mí para arrastrarme a su reinado
de tinieblas y perdición!
Sea quién sea, por fin aparece ante mis ojos,
prosiguiendo su tétrico canto, con su voz trémula
y desgarradora:
¡Flores! ¡Flores para los muertos!
¡Floooooores para los muertos! ¡Flooooooooreeeeees
para los muertos! ¡Para los muertos! ¡Para
los muertooooooos! ¡Flores para los muertos!
Se trata de una mujer. Una mujer vestida completamente
de negro, con vestido largo y velo que me oculta su
rostro, pero que aún a través de él
se le ve pálido, casi transparente. El color
de sus manos, descuidadas y maltratadas, con largos
dedos rematando en unas uñas de igual condición,
es moreno. Tez morena. No, no morena. Dorada. Piel
de bronce. Definitivamente es paisana nuestra. Pero
eso no hace que mi temor disminuya. Permanezco en
mi sitio, congelado de pavor, sin que mi dedo acierta
a jalar del gatillo. ¿Qué hace por estos
lares? ¿Vestida de esa manera, recorriendo
las vacías calles del vacío puerto,
cantando de esa manera, cargando esa canasta tejida
de mimbre con sólo cuatro flores de xempaxochitl?
Vendedora no es, de seguro.
Reviso el contenido de la bolsita que guardé
en uno de los bolsillos de mi chaleco. La huelo con
sumo detenimiento. No, pues sí es tabaco lo
que he estado fumando. Esto no puede ser una alucinación,
producto de un viaje de marihuana.
Y otra vez, otra vez esa misma flor de xempaxochitl
que ahora avienta a mis pies y que cae con un rumor
seco, sustrayéndola de su canasta para después
mirarme de pies a cabeza, con continente severo, sin
jamás dirigirme una palabra, darme la espalda
y continuar con su penoso deambular por el desierto
puerto, entonando en aquellos gritos que perturbaban
la tranquilidad de la noche:
¡Flores! ¡Flores para los muertos!
¡Floooooores para los muertos! ¡Flooooooooreeeeees
para los muertos! ¡Para los muertos! ¡Para
los muertooooooos! ¡Flores para los muertos!
Esta flor de xempaxochitl, esta flor a mis pies que
ahora estoy recogiendo, mientras sigo con la mirada
a aquél espectro perderse en la oscuridad,
camuflada con su atuendo, a la vez que escucho los
últimos ecos de sus lamentos:
¡Para los muertooooos! ¡Flores
para los muertos! ¡Para...!
Esta flor de color anaranjado, de delgados y abundantes
pétalos, de tallo verde y largo, esta flor
de xempaxochitl, flor consagrada al culto de los muertos
en mi tierra natal, para reverenciarlos y rendirles
memoria, para guiarlos en su viaje al más allá,
esta misma flor que ahora estoy sosteniendo en mi
mano, que inunda mis fosas nasales con su peculiar
aroma, es esta misma flor la que me hace finalmente
acordarme de algo, por allá desvalagado en
el viejo baúl de las memorias perdidas. Un
recuerdo que me remonta hará treinta y algo
años, cuando mi padre aún seguía
con vida, cuando era mi padre quien nos llevaba de
la mano al cementerio, a rendirle honor al venerable
abuelo caído en batalla. Cuando al pie de la
tumba de su propio padre, nos advirtió que
a los dos, incluso a él, nos llegaría
este momento. Cuando nos confió un secreto
que había pasado en nuestra familia de padres
a hijos, una tradición legendaria, seguida
a través del paso de los años, incluso
de los siglos. Éramos tan jóvenes, tan
ingenuos y desinteresados. La muerte parecía
algo tan lejano, que quizás no le prestamos
la suficiente atención mientras nos revelaba
con una solemnidad marcial el más grande secreto
de la familia. Un secreto de vida y muerte, que ahora
cobra vida y más credibilidad que nunca. ¡Padre,
qué tontos fuimos al no atenderte!
Xóchitl murmuro ese nombre, esbozando
en mi memoria el antiguo relato que mi padre nos confió
a ambos.
¿Tú también pasaste por lo mismo?
¿También tú viste a esa florista
ambulante, tirar una flor de xempaxochitl a tus pies?
¿También tú te quedaste paralizado
por el pánico que embargaba todo tu ser? ¿También
tú recordaste ese viejo relato, olvidado hace
ya tantos años? ¿También tú
te percataste, al igual que yo, que tu fin estaba
próximo? ¿Por eso hiciste lo que hiciste?
Con mayor razón debo apresurarme a cumplir
con mi cometido. Debo encontrarlo. Debo encontrar
a ese hijo tuyo y hacer todo lo que quede en mis manos
por salvarlo de su destino, del destino de toda nuestra
familia. El mensaje debe ser entregado.
¿Chuy? pregunta Paco, desconcertado
por mi actitud, a mis espaldas. Está muy claro
que él no vio nada, ni escuchó esos
desgarradores aullidos de alma en pena. Sólo
yo pude verla Estamos listos para irnos, cuando
tú quieras dar la orden.
Sí contestó, pasando mis
manos por mi cara, despavilándome por entero,
para luego volverme hacia mi alterno Vámonos
de una buena vez suspiro mientras que tiro al
suelo la flor. Ya no hay nada que pueda hacer.
¿Y eso? me vuelve a interrogar
mi segundo, haciéndome caer en la cuenta que
la flor era muy real, si es que él era capaz
de verla ¿De dónde la sacaste?
De por allí salgo al paso, escabulliéndome
hacia el jeep que está en el interior del almacén.
Él no tiene qué saber lo que nos aguarda
en Tokio 3.
Al siguiente día, sin conocer la existencia
de la charla anterior e ignorando también el
drama que vivía una de las figuras políticas
y sociales más reconocidas de su época,
en otro salón de las instalaciones de NERV,
Ritsuko y Misato observan la batalla anterior, tomada
gracias a múltiples cámaras en la ciudad,
obteniendo así un sin número de vistas
desde donde analizar el debut de la unidad Z.
Bien, muy bien repetía la doctora
Akagi a cada toma de la grabación Bastante
bien, para ser la primera vez. La capacidad de combate
de la unidad Z sobrepasa en mucho a lo que esperábamos.
Las mejoras genéticas y mecánicas que
realizó el muchacho en una unidad Evangelion
ordinaria son asombrosas la cinta termina, pero
no por esto la conversación debería
hacerlo también, así lo creyó
Ritsuko, permaneciendo en su asiento y continuar En
circunstancias normales, deberíamos alegrarnos
de ese hecho, pero dada la situación tan comprometida
en la que NERV se encuentra...
Te comprendo asintió Misato, que
a diferencia de su compañera se puso en pie
y se cruzó de brazos, con una expresión
muy seria Y es que si el Consejo de Naciones
ya ha visto esta grabación, y ya se dieron
cuenta del potencial que tienen entre manos, es decir,
con su propio equipo y personal, ¿para que
querrían a NERV? Se ahorrarían mucho,
eso sí.
Quizás fue por eso que el Comandante
Ikari salió corriendo a la junta que sostendría
el Consejo en Berna, ¿no lo crees?
Apostaría por eso señaló
Katsuragi, con una discreta sonrisa en los labios
Debe estar muy preocupado por no perder su trabajo...
Cómo todos nosotros recalcó
la científica Por otro lado, hay algo
que me sigue inquietando pronunció contrariada,
rascándose la barbilla Y eso es la sincronización
del piloto con el Eva Z. Es que me parece increíble
que pudiera alcanzar fácilmente ese insólito
nivel en la primera vez que lo tripulaba, al igual
que Shinji. El sólo sincronizarse a un nivel
satisfactorio les tomó al Primer y Tercer Niño
siete meses aproximadamente. Pero en cambio, el Segundo
y el Cuarto Niño consiguieron un radio de sincronía
de 100 y 98 por ciento, respectivamente, la primera
vez que subieron a sus Evas. Pero el asunto no termina
allí, sino que, por si no fuera suficiente,
el piloto de la Unidad Especial logró aumentar
tres veces y media su nivel de sincronización
perfecta; poniéndolo en porcentaje, sería
de un 350%. ¡La segunda cantidad más
alta de sincronía alcanzada en el proyecto!
También está esa capacidad de alterar
y manipular a voluntad el campo A.T de Eva.
¿Cómo es eso posible? interrogó
la militar, en actitud reflexiva ¿Qué
factor produce que estos dos pilotos en específico
posean esa capacidad para pilotar por primera vez
un Eva y alcanzar ese nivel de sincronía? ¿Qué
es lo que los hace diferentes de los otros dos pilotos?
No lo sé con exactitud contestó
Akagi Bien podría ser el sexo. Tal vez
la presencia de los cromosomas X tengan algo que ver.
Probablemente también el ciclo menstrual intervenga
en el desempeño del piloto a los mandos de
una Unidad Eva. Sin embargo, creo que en el caso concreto
de Kai existe un factor determinante en su habilidad
para manipular tanto su sincronía cómo
el campo A.T del Evangelion, y me supongo que ya debes
imaginarte a lo que me refiero. Y las consecuencias
que este hecho desencadenaría de seguir en
su empeño.
Sí, ya sé de lo que me estás
hablando musitó Katsuragi, cabizbaja
Pero cuando hablé al respecto con Kai
fue muy tajante al aclararme que estaba decidido a
llegar hasta el final, sin importar lo que pasara
con él. Es su decisión, y por mucho
que me duela, debo respetarla.
Después de todo, cada quién debería
tener derecho a elegir de qué manera morir,
¿no?
Con el alma hecha nudos, Misato ya no respondió
a aquél comentario de mal gusto, saliendo apuradamente
de aquella sala.
¿La primera? pregunta Shinji
mediante ese extraño sistema de señas
que inventó Kensuke, específicamente
para los exámenes. Esperando la respuesta de
Kai, se pone a meditar si esto es lo realmente correcto;
él debería haber estudiado con más
esmero los días anteriores a la prueba, así
no sentiría este sentimiento de culpabilidad
que ahora siente, y así tampoco tendría
que abusar de la buena fe de su amigo.
No, menso. La tercera responde Kai con
el mismo sistema, después de verificar la pregunta,
lo que tomo sólo unos cuantos instantes.
Apenado, Shinji agradece la ayuda y voltea a la hoja
en su pupitre, jurándose a sí mismo
que sería la última vez que haría
trampa en los exámenes. El tener por mejor
amigo a un genio, era una navaja de doble filo en
los estudios. Por un lado, problema ó pregunta
que no alcanzaras a comprender, él podría
explicártelo nuevamente hasta que lo entiendas,
pero por el otro lado, en los exámenes siempre
estaba presente la tentación de una ayuda extra,
lo cual, conforme al sistema educativo, es trampa,
y sólo los delincuentes hacen trampa.
Kai voltea la mirada, mientras un hondo suspiro de
desesperación escapa de su boca, al mismo tiempo
que se vuelve a reclinar sobre su lugar. Estaba aburrido.
Hacía una hora que había comenzado el
examen, y hacía cincuenta y seis minutos que
lo había acabado. Todo eso para él era
como un regreso al jardín de niños,
todo le aburría y absolutamente todo era de
lo más sencillo para él. ¿Por
qué estaba ahí? Mira hacia la ventana,
a lado de él, y observa el reflejo de Rei,
quien contestaba tranquilamente la prueba a diferencia
de la mayoría de sus condiscípulos;
y entonces lo recuerda. Ella era la razón,
ella y Shinji. Pero por ella podía soportar
todo aquello y mucho más castigo, si era necesario.
Ella, y sólo ella era lo único que existía
en el mundo en esos momentos. Sus heridas ya estaban
sanando, por fin. Ya le habían quitado la gasa
de su ojo derecho, dejando ver la peculiar belleza
de éste. Y dentro de algunos días le
quitarían el yeso del brazo. Le daba gusto
por ella, había pasado por tantas y tantas
cosas. Dios, hasta su manera de mover el lápiz
es encantadora pensaba Kai, mientras furtivamente
dirigía su mirada a donde la chiquilla y se
daba a la tarea de examinar toda la anatomía
de su bien amada. La recorrió con la mirada
una y otra vez, enfrascado en la belleza celestial,
según él, de la muchacha. ¿Cómo
fue posible que se desarrollara a tal grado en un
orfanato? No importa, lo único que importaba
es que estaba ahí en esos momentos, junto con
él, y eso nadie se lo podía quitar.
Aquel trance fue abruptamente cortado en el momento
que ella se levantó del asiento para entregar
su examen concluido, mientras Shinji lo movía
por la espalda.
Kai, ya despiértate, ya acabamos.
dice éste mientras continúa agitándolo.
¿Eh? murmura Kai.
¡Qué ya nos podemos ir!
pronuncia Shinji, intentando hacerlo reaccionar.
Kai observa a Rei en la puerta, y a Shinji delante
de él. Entonces nuevamente recuerda que deben
ir a NERV un poco más temprano de lo acostumbrado;
lo había olvidado por completo, y feliz y aliviado
de dejar aquel agujero del aburrimiento, cómo
designaba al salón de clases, se incorpora
de inmediato.
Ah, de veras pronunció Kai mientras
se desperezaba, y de inmediato, cogió su mochila
y guardó en ella sus cosas. Muy bien,
vámonos.
Los dos se despiden del maestro y de la clase, para
luego desaparecer por el umbral de la puerta, precedidos
por la chiquilla.
Toji y Kensuke, impotentes, ven su oportunidad para
pasar el examen desvanecerse en la puerta, junto con
Kai, y no pueden hacer más que lamentarse.
Los tres caminan sobre la desierta acera, mientras
el cálido y afectuoso sol los saluda con sus
rayos en sus espaldas, calentándolos y disipando
el gélido fresco de la mañana, dando
paso al caluroso mediodía. No había
ni una sola nube en cielo que amenazara con opacar
aquel brillante y hermoso día.
El ambiente parece reflejarse en el estado de ánimo
de Kai, que trae una sonrisa dibujada en el rostro
desde que salieron de la escuela; ora juega con una
lata, ora sólo se dedica a observar los alrededores
ó simplemente tararea una canción, pero
parecía no poder quedarse quieto en un solo
lugar, moviéndose por todos los alrededores
tal cómo una especie de espíritu chocarrero.
Rei siente de repente cómo unas manos sujetan
sus caderas, y cómo suavemente es levantada
unos centímetros por encima del suelo. Instintivamente,
ella voltea hacia abajo. Es Kai, quien la está
sujetando y moviendo de aquí a allá
cual muñeca de trapo, pero a la vez con suma
delicadeza. Era una acción muy atrevida, nada
discreta, cómo le gustaba que fueran todos
sus tratos con el muchacho, pero al observar la felicidad
en el rostro de Kai, de ésa del que sabe que
tiene todo lo que alguna vez deseó en la vida,
por más que luchó y se contuvo, finalmente
se rindió a la innegable sensación que
crecía en su interior y una risa se escapa
de entre los labios de la niña, no pudiendo
contenerse más.
Así siempre era su relación. Rei tranquilizaba
y extasiaba a Kai, mientras éste con toda su
vitalidad, la contagiaba y la hacía sentirse
feliz, viva.
Shinji no puede hacer más que extrañarse
frente a la anormal reacción de Ayanami a la
acometida de Kai. Aquello le resultó raro,
ya que en sus anteriores encuentros, a simple vista
Rei no parecía disfrutar de nada en la vida
y solía estar siempre con esa misma expresión
de soledad en su rostro. Pero ahora, mientras Kai
la sostenía, ella parecía disfrutarlo,
estar feliz con ello; en estos momentos parecía
disfrutar de la vida por primera vez desde que la
conoció, en aquel muelle de la unidad 01. Eso
le indicaba que lo que suponía desde días
antes, que la aparente ausencia y melancolía
que siempre reinaba en el semblante de la muchacha
era una máscara, una barrera que utilizaba
para cubrirse del mundo exterior, era correcta.
Mucho más extraño le resultó
que pudiese existir algún tipo de relación
entre esos dos, dado sus caracteres tan disímbolos
uno de otro. Pero Kai no se permitiría tanta
familiaridad con alguien que no estuviera dentro de
su círculo. De hecho, con él se permitía
ese comportamiento hace apenas unos cuantos días,
una semana a lo mucho, a pesar que ya había
pasado más de un mes desde que llegó
a Tokio 3. No obstante, ellos dos ya estaban de compañeros
mucho tiempo antes de su llegada. Tenían historia
antes de él. ¿Qué tipo de historia
sería ésa?
Suavemente, Rivera deposita a Rei en tierra firme,
mientras que desconcertado, observa a lo lejos las
instalaciones de NERV. La muchacha también
se da cuenta de aquel singular detalle y sin pronunciar
palabra alguna, los dos miran con atención
algo a lo lejos. Shinji, quien se había quedado
rezagado, al ver la taciturna actitud de sus compañeros,
se detiene junto a ellos.
¿Qué pasa? pronuncia
el recién llegado.
Eso murmura Kai a la vez que señalaba
un punto Mira...
La mirada de Shinji se dirige al punto señalado,
frente a los cuarteles de NERV, y puede ver a aquellas
personas vestidas con un verde oscuro bloquear la
entrada. Se trataba de un cerco militar, instalado
en todo el perímetro del cuartel general y
en distintos puntos de éste. Él ve a
esa decena de soldados en el cerco, revisando a cualquier
vehículo ó persona que quisiera entrar.
Es extraño. En los pocos meses que llevaba
aquí, jamás había pasado algo
cómo esto y presiente que algo muy grande sucederá,
si no es que ya pasó.
¿Qué es lo que vamos a hacer?
vuelve a interrogar Shinji.
Nada pronuncia firmemente Kai, mientras
avanzaba hacia los militares delante de él.
Sin vacilar, el niño se abre paso entre los
uniformados, seguido por los otros dos chicos, hasta
que llega al cerco en sí, dónde un soldado
le corta abrupta y amenazadoramente el paso.
¿Qué quieren aquí, mocosos?
pregunta de forma tosca y violenta el militar,
Kai ignora la ruda pregunta, y se dispone a examinar
a la persona delante de él.
Era un novato, cuando mucho un soldado raso, el cual
no rebasaba los veinte años de edad. De estatura
baja y cabellos color negro, de entre su boca desfilaban
unas encías mal cuidadas. Era una minucia de
persona que ofrecía un patético espectáculo
de gallardía militar. Y lo más probable
es que fuera tan inexperimentado cómo su apariencia
lo indicaba. A lo mucho, tendría tres meses
en servicio. ¿Entonces qué hacía
en una operación de este tipo? Era bastante
inusual que mandaran a novatos a cuidar la instalación
más importante de NERV en todo el mundo, sea
la razón que fuera. ¿Qué tramaba
esta vez Ikari?
¿Qué no me oíste, tarado?
volvió a musitar el soldado, aprovechando la
corta edad de Rivera para insultarlo.
Aquí trabajamos, genio expresó
el niño con desprecio, mientras le pasaba su
tarjeta de identificación. Luchaba por contenerse.
Después de todo, sólo está
haciendo lo que sus superiores le ordenaron
pensaba, intentando mantener la calma ¿Cómo
es que este adefesio puede imaginarse que los pilotos
Eva son sólo chiquillos de catorce años?
Frunciendo el ceño, el militar examina de
mala gana aquel pedazo de papel enmicado, y luego
de dar una descuidada mirada a la tarjeta, prorrumpió:
¡Mientes! ¿De dónde te
has robado esto, escuincle? gruñó
mientras arrojaba la tarjeta violentamente al suelo,
al mismo tiempo que Kai la recogía serenamente
y pasando del berrinche del novato.
¡Te he hecho una pregunta, miserable!
gritó enardecido por la indiferente actitud
del niño, sujetándolo por el brazo y
agitándolo con fuerza ¡ Si no me
respondes te arrojaré al calabozo, maldito
sordo!
Complementó su amenaza al picarle la boca
del estómago con la punta del cañón
de su
M-21 que portaba por encima del pecho. El joven retrocedió,
sintiendo el frío metal al contacto con su
piel, aún a través de su ropa. En esos
momentos, aquella arma parecía aún más
peligrosa en manos de ese tipo de persona, sin ningún
tipo de criterio. Seguro que era de los que disparaban
primero y preguntaban después.
¡Muy bien, animal! ¿Por qué
no telefoneas al cuartel para que te lo verifiquen?
responde con el mismo tono el muchacho, mientras de
un fuerte manotazo se zafa del opresor brazo del militar,
enfurecido. ¿Crees que le tengo miedo
a tu pistolota, imbécil? ¡Anda, baboso!
Dispárame, si es que tienes los güevos
para hacerlo, ó llama a tu superior, pero decídete
ya. ¿Ó es que no sabes usar el teléfono,
inútil?
¡Eso mismo voy a hacer, pequeña
sabandija!
Entre gritos y maldiciones, el soldado se abre paso
hasta su puesto, desde donde coge un auricular y marca
violentamente las teclas para comunicarse con su superior,
mientras de reojo continúa observando a Kai,
con esos ojos que parecían echar grandes bocanadas
de fuego.
Maldito imbécil, berrinchitos a mí....
murmura molesto Kai, mientras se acomoda su
camiseta arrugada, al tiempo que sus compañeros
se le unen Pero ahorita mismo me las vas a pagar,
desgraciado...
Los niños dirigen sus miradas hacia la caseta
a donde fue a posarse el malhumorado novato. Éste,
sentado, por fin logra comunicarse con su respectivo
superior.
Sí señor. pronuncia el
soldado. Lamento molestarlo, señor, pero
lo que pasa es que aquí hay tres mocosos que
dicen trabajar aquí. Sí claro, espero.
dijo mientras hizo una pausa y volvió a dirigir
su rencorosa mirada hacia los niños, hasta
que al fin contesta de nuevo su superior por la otra
línea. Sí señor, continúo
aquí. ¿Qué? ¿Cómo
dijo? Sí, sí, enseguida... lo siento
señor, no tenía ni idea, sí,
sí... sí claro, le juro que no se volverá
a repetir. concluyó espantado, mientras
colgaba el teléfono, y con los ojos bien abiertos,
se dirigía hacia dónde estaban los niños.
Su faz entera había cambiado completamente.
En estos momentos estaba pálido, y sus ojos
profundamente abiertos asomaban a todas luces su desesperación
interior, mientras seguía caminando automáticamente
por el camino, hasta encontrase nuevamente con los
chiquillos.
Siento mucho este penoso incidente, señor.
balbuceó mientras levantaba la baya
que imposibilitaba el paso. Usted sabe cómo
es este asunto de la seguridad, discúlpeme
por mi actitud.
Muy bien, cuate, acepto tu disculpa
pronunció triunfalmente Kai, mientras pasaban
al interior. Pero cuidado conque se vuelva a
repetir, ¿entendido?
Sí señor, cómo usted
diga. pronunció aquel novato, mientras
los observaba alejarse. Extrañado, rendido
y humillado cómo estaba, no tuvo más
remedio que dejarse caer pesadamente en el piso y
lanzar un profundo suspiro de alivio.
El niño dirigió una última
mirada a aquel pobre soldado, lamentándose
que en manos de ese tipo de personas estuviera la
seguridad del cuartel. Se limitó a vocear a
los cuatro vientos la ineptitud de aquel hombre, y
de todos sus compañeros.
¡Cabrones! ladraba fuertemente
¡Nomás para eso sirven, hijos de la chingada!
¡Para estar fregando!
En realidad no se los decía a sus compañeros,
sino a sí mismo, para ratificar el odio que
les tenía a todos los grupos armados: el ejército,
la policía, la guerrilla, el narcotráfico,
los cascos azules, la Gestapo, en fin, todo grupo
numeroso y armado era para él lo mismo, y todos
tenían un solo propósito para él:
chingar a la gente indefensa, apoyándose en
su gran numero y en sus enormes armas.
Pero a pesar de todo, el muchacho rápidamente
volvió a recuperar su anterior sentido del
humor, no dejando que aquél incidente le arruinara
el dia. No tardó mucho el pequeño grupo
en encontrarse con Misato.
¡Hola chicos! saludó alegremente
la militar, al darse cuenta de la presencia de los
niños.
¡Schalom alekh hem...! devolvió
el saludo Kai, con un antiquísimo saludo judío,
que significa La paz sea contigo. Todo
esto con una enorme sonrisa en su rostro, y levantando
la mano.
Todos los demás voltean muy extrañados,
observando atónitos al niño. Éste,
al darse cuenta, después de unos momentos,
volvió a repetir el procedimiento, empleando
otra frase, un poco más conocida.
¡Qué onda! pronunció
alegremente, volviendo a levantar la mano y estirando
considerablemente los labios.
Hola... murmuró Misato, continuando
observándolo, atónita. Había
veces que Kai podía ser tan raro.
Eh.. Misato dijo Shinji, saliendo de
su sorpresa. ¿Qué es todo ese
relajo de allá?
Lo ignoro por completo... Cuando pregunté,
sólo me dijeron que tenía algo que ver
con la seguridad interna respondió la
mujer, mientras volvían a emprender el camino
por los pasillos del cuartel.
De pérdida se hubieran conseguido guardias
de mejor calidad... ¿Éstos venían
a peso la veintena? preguntó sarcásticamente
Kai a la par que la seguía.
Intentaba relajarse con ese tipo de comentarios,
pero en realidad estaba muy inquieto por esa situación.
Y es que no sólo era por el soldado en reciente
servicio, todas las tropas que pudo observar cuidando
la entrada acusaban el mismo problema: la falta de
experiencia y organización. No le extrañaría
nada que la mayoría fueran reclutas. No podrían
repeler una auténtica amenaza. Y ese singular
detalle debía tener su razón de ser,
pero no podía imaginarse cuál. Algo
muy grande se estaba tramando, y no tenía idea
de qué era.
Detestaba eso.
El compacto grupo continúa su camino por
los corredores, y al poco tiempo, el incidente es
olvidado por la mayoría, por no considerarlo
digno de recordarse. Para la mayoría, pero
no para el joven extranjero, quien se mostraba muy
mortificado al respecto. Y es que tenía un
raro presentimiento, de esos infalibles, de que muy
pronto algo desagradable, algo muy doloroso iba a
suceder.
Oye, Kai, ¿porqué esa cara?
preguntó Takashi, su alterno, notando su estado
cuando apenas llegó a su cuarto de controles,
en donde aún le aplicaban diversas pruebas
a la Unidad Z ¿No dormiste bien, te caíste
de la cama?
No, para nada respondió el infante,
alzando la mano y cambiando repentinamente de gesto,
para no demostrar más su aflicción delante
de sus hombres Nomás andaba pensando...
¿Viste a los monos que están en las
puertas? ¿Qué estarán haciendo
aquí, eh?
Según tengo entendido, son gente nuestra...
contestaba el oficial a la par que checaba algunos
datos en la tabla que tenía en sus manos.
O sea, ¿de la O.N.U.? interrogó
el chiquillo de nueva cuenta.
Así parece, pero no sé nada más
al respecto aclaró Kenji, desviando por
un momento la vista de sus datos, para voltear con
el niño, intrigado ¿Quieres decir
que los jefes no te han entregado ninguna notificación
al respecto? ¿No te dijeron nada, ni siquiera
te avisaron?
No hasta donde yo recuerdo pronunció
confundido el muchacho, deslizándose en una
silla hasta llegar a su consola Aún no
reviso mi correo, que es por donde me envían
mis instrucciones... déjame ver... decía,
desplegando en la pantalla el contenido de su buzón
electrónico No, no hay algo que se parezca
a una notificación de despliegue de tropas,
pero... ¿Qué diablos es esto?
consternado, leyó con atención el mensaje,
parafraseando en voz alta Operación
de cooperación mutua y de trabajo coordinado
y conjunto con las fuerzas de NERV ¿Qué
clase de basura es ésa?
¿Vamos a trabajar más de cerca
con esta gente? se extrañó también
el japonés, mirando la pantalla por encima
del hombro del joven Qué extraño,
y yo que pensaba que ya nos iban a dar nuestra propia
agencia.
Y cómo no, si los malditos líderes
estaban que se morían de la emoción
apenas vieron la grabación del debut de Z.
¿Qué los hizo cambiar de postura?
corroboró Rivera, cruzándose de brazos,
con el ceño fruncido, observando detenidamente
su consola, reflexionando Simplemente no los
entiendo. ¿Porqué construir una Unidad
Evangelion y todo un departamento en torno a ella
al margen de NERV, si a final de cuentas los de NERV
se van a encargar de las operaciones? ¡Es absurdo!
¿Para qué diablos me hicieron venir
aquí, en ese caso?
Bueno, tampoco creo que les estén dando
la dirección total de la Unidad Especial a
los de NERV, tú leíste bien que se trata
de cooperación mutua y trabajo coordinado
con las fuerzas de NERV...
No te dejes llevar por el nombrecito ridículo
repuso Katsuragi No es más que una fachada.
Por lo que leí entre líneas, puedo entender
que en las hostilidades en contra de los Ángeles,
el Eva Z se coordinará con los demás
Evangelions de NERV, pero toda la maldita operación
táctica correrá a cargo de ellos. En
resumidas cuentas, a nosotros sólo nos permitirán
guardar nuestro Eva y dejarlo bien limpiecito después
de cada pelea.
El comandante Ikari quiere desquitar su sueldo,
¿eh? comentó Takashi, volviendo,
en lo que eran peras ó manzanas, a su labor
¡Oye! ¿No tendrá esto que
ver con el viaje que hizo hace unos días a
Europa? Acuérdate que el Consejo de Naciones
se estaba reuniendo en Berna por esos días...
¡Ja! se mofó el chiquillo,
levantándose de su asiento No me extrañaría
en nada que ese cretino haya ido a lamer unas cuantas
botas para salvar su pellejo. Ahora que lo pienso,
tiene bastante sentido. Sólo así me
explico que conservara su posición y su puesto.
Pero ya sabes cómo se las gastan en el Consejo,
ellos nunca dan algo sin esperar nada a cambio.
¿Las tropas de la entrada? infirió
Kenji.
Podría ser asintió el muchacho
Pero la pregunta sigue en el aire: ¿para
qué?
Al piloto de la Unidad Z, Kai Katsuragi, se
le solicita en la sala de controles principal. Al
piloto de la Unidad Z, Kai Katsuragi, se le solicita
en la sala de controles principal se oyó
anunciar en el sonido local, interrumpiendo las cavilaciones
del joven.
Tal parece que la esclavitud da comienzo
pronunció, observando con mirada fulminante
a las bocinas del techo Aún así,
pienso hablar con el Secretario muy seriamente de
toda esta chingadera, es inaudito que esto esté
pasando... pronunció con evidente enfado
al mismo tiempo que se dirigía a la salida.
Al parecer, el Secretario te tiene en muy alta
estima, ¿no es así? preguntó
su segundo, de espaldas a él.
Óyeme, de algo tiene que servir ser
el hijo del tipo que le salvó la vida, ¿no?
terminó diciendo al salir de la sala, cerrándose
las puertas detrás de él.
Al llegar al cuarto de controles, se les da instrucciones
a tanto a Kai cómo a Shinji para la práctica
de hoy: será la primera vez que hagan juntos
el entrenamiento. El personal espera ver cómo
será la sincronización entre los dos,
en especial Ritsuko y Misato, quienes consideran muy
importante para las batallas futuras el que estos
dos se compenetren satisfactoriamente, y con justificada
razón. Ya en nada importaba lo que Rivera tuviera
que replicar al respecto. La gente de NERV le empezaba
a sacar jugo a su acuerdo recién hecho desde
muy temprano.
El breve alivio que Shinji sintió en los días
siguientes a la primera aparición de la unidad
Z, se desvaneció por completo al recibir la
noticia por labios de Ritsuko. Ahora se sentía
nervioso y temeroso.
Maldición pensaba Ya me
esperaba algo así, pero, ¿por qué
tenía que ser tan pronto? Ahora, de seguro
él se encargará de las estrategias y
de la mayoría de la responsabilidad. Al principio
me sentía bien con eso, pero ahora que lo pienso,
será mucho peor para mí. Antes, sólo
tenía que cuidar de mí mismo, pero ahora
también tendré que cuidar su espalda.
Es mucha responsabilidad, no creo estar preparado
todavía para trabajar en equipo, y mucho menos
con este sujeto. Digo, ahora ya somos amigos y todo,
pero eso no le quita ese carácter tan volátil
que tiene. Se enoja con tanta facilidad. Nunca admite
errores. Y siempre está esperando que uno dé
su máximo esfuerzo en todos lados. ¿Qué
pasara si me equivoco? ¿Si por mi culpa algo
saliera mal? Ya me imagino cómo se pondría.
Simplemente no estoy listo para su nivel, siempre
está esperando tanto de mí; que acepte
sus ridículos ideales de salvar a la humanidad,
sin chistar, que sea desinteresado de mi propia vida,
que no espere nada a cambio. ¿Cómo podría
una persona hacer todo eso, por un montón de
gente que ni conoce? ¡Es absurdo! Es una estúpida
y arcaica moralidad, vacía y sin ningún
fundamento. Que ni espere que yo me lance al precipicio
junto con él, está loco. Ikari
observa la aparente serena actitud de Kai mientras
se encaminan a los vestidores. Mírenlo,
él nunca parece estar inseguro de nada, tiene
nervios de acero y en su mente nunca hay lugar a vacilaciones.
Siempre tan confiado y arrojado. De seguro ésa
será su perdición, no lo dudo. Diablos,
sólo obsérvalo, diario tan tranquilo.
¿En que demonios estará pensando?
Kai, a pesar de las suposiciones de su compañero,
se trazaba en su mente pensamientos no muy distintos.
Esto no me gusta para nada pensaba al
tiempo que caminaba por los pasillos a lado de su
compañero, en absoluto silencio Cómo
si no fuera suficiente arriesgarme la vida allá
afuera, ahora también tendré que ser
la niñera de este zoquete. ¿Y yo dónde
quedo? Que Kai se vaya a la chingada, ¿ó
no? Sí, está bien, ya somos amigos y
todo eso, pero la verdad es que este tipo no es una
persona de fiar. Por lo menos, yo no le daría
la espalda. Esos dos combates que ha sostenido los
ha ganado de pura cagada. Es lo único que tiene:
suerte. Pelea sin disciplina, sin estrategia, sin
valor. No tiene nada. Uy, espérense, que eso
no es todo. ¿Recuerdan la pelea con el Tercer
Ángel? Allí sí que estaba para
dar miedo, el cabrón loco desgraciado. ¿Y
si vuelve a perder el control de esa manera? Este
fulano se deja llevar mucho por sus emociones negativas,
es incapaz de canalizarlas cómo es debido.
Es una bomba ambulante. Eso sí, yo no voy a
pagar sus platos rotos. Y por si no fuera poco, se
supone que debo confiar en él para cuidarnos
las espaldas. ¡Ja, ja! Aún no se me olvida
ese ladrillo que me arrojó el otro día.
Yo soy un maldito, pero por lo menos no ataco por
la retaguardia, siempre lo hago de frente, no cómo
una sucia hiena traicionera. Cómo sea, la anterior
vez estuvo muy cerca, demasiado. ¿Qué
pasará ahora cuando tenga que cuidar de los
dos? ¿Y cuando ya no tenga que cuidar de dos,
sino de tres? Todos creen que soy un súper
ser ó algo así, y tal vez tengan razón.
Pero en el fondo, tengo miedo que se equivoquen respecto
a mí, que al final resulte que no soy lo que
todos creen que soy. Mucha gente confía plenamente
en mí, se sienten seguros porque creen que
nunca voy a fallar, pero ¿Qué tal si
lo hago? Los defraudaría. A Misato, Kenji,
Pen-Pen, el señor Secretario y a todas esas
personas que han confiado en mí... ¿Qué
diría Rei si fracaso? ¿Cambiará
lo que siente por mí al verme así? De
seguro el comandante Ikari y Ritsuko tendrían
su excusa para echarme a patadas de aquí. Sí,
me tienen miedo esos dos, porque saben que con un
solo movimiento puedo arruinar sus viles planes...
su futuro, su futuro está en mis manos, lo
saben, y por eso me temen, y por eso quieren deshacerse
de mí a toda costa... pero nunca lo lograrán,
nunca lo conseguirán, soy demasiada cosa para
esos dos ruines. Al darse cuenta que empezaba
a divagar, se propina un pequeño golpecito
en la cabeza. Calma, calma amigo... estás
volviendo a hablar contigo mismo... disipa todo esas
dudas de tu cabeza, es sólo cuestión
de que tengas más confianza en ti mismo...
ten fe, ten fe... demuéstrales a Misato y a
los demás que no están equivocados,
nunca les voy a fallar, jamás lo voy a hacer.
Prepárate mundo, que aquí te voy
Al recuperar su confianza habitual, el chico se da
cuenta que su compañero tiene la mirada fija
en él. ¿Y ahora? Me pregunto
qué tanto me está viendo éste...
¿En qué cuernos estará pensando?
Con sus respectivas dudas alejadas de su conciencia,
los dos pilotos alcanzan los vestidores, donde se
quitan su ropa habitual y se visten con los trajes
especiales de pilotaje ó trajes de conexión.
El traje se ajusta a sus cuerpos y de inmediato alcanzan
los sincronizadores, un par de pequeños adminículos
cuya utilidad era monitorear el nivel de sincronía
entre piloto y Evangelion, mismos que los sujetan
a su cabeza, en ambas zonas parietales. Por fin están
listos, y de inmediato se dirigen a los muelles de
abordaje de los Evas. Al abordar a las cápsulas,
el recuerdo de aquellas dudas que los asolaron se
ve ya muy lejano, y ahora no hay ni una vacilación
respecto a su compañero.
En la sala de controles, todos los preparativos concluyen
y por fin, después de unos cuantos instantes,
todo está listo para la primer prueba.
Antes de abordar los Evangelions, un empleado con
una cámara fotográfica los detiene.
Por favor, una foto antes de que comience
la prueba, muchachos suplica éste.
¿Foto? pregunta Kai, extrañado
por la repentina acometida.
Pero... ¿Para qué? interroga
a su vez Shinji.
Órdenes del comandante, quiere empezar
a documentar las pruebas con imágenes también.
Parte del archivo... responde el empleado.
De buena gana, los muchachos aceptan, después
de todo, es sólo una fotografía... así
que de inmediato posan para el retrato, uno junto
al otro.
El empleado ajusta la mira y oprime el flash del
aparato. Una leve luz asola la visión de los
muchachos durante un breve momento y enseguida la
vista vuelve a la normalidad.
Gracias, chicos. agradece el fotógrafo.
Si no la consigo, de seguro mi superior me mata...
No hay de qué, joven. disculpa
Shinji.
El sujeto hace una leve reverencia, y se aleja a
paso moderado del muelle, ante la vista de los muchachos.
Cosa rara, notó Rivera. ¿Desde cuándo
andaba Gendo haciendo una recopilación fotográfica?
Tenía entendido que no le gustaban las fotografías.
Además, no recordaba haber visto antes a ese
empleado. Aunque claro, eso podía entenderse,
en NERV trabajaban infinidad de personas, era imposible
reconocerlas a todas. Pero qué curioso, a ése
en particular sí debería reconocerlo:
tenía acento latinoamericano, más especificamente,
de México. Eran casi paisanos, y él
conocía a los pocos empleados mexicanos que
había en el proyecto, la mayoría trabajando
con él. ¿Porqué a éste
no lo conocía?
Ya cálmate, muchachote se dijo
a sí mismo, meneando la cabeza Ya te
estás haciendo un miedoso, un paranoico. Sólo
un vejete senil desconfiaría tanto de todo.
Sin ningún tipo de prisa, ambos abordan sus
unidades Eva y es entonces cuando la prueba comienza.
Todo va a pedir de boca, empezando por la pareja
sincronización entre los pilotos y las unidades,
hasta el desempeño de equipo en el simulador
de batallas. Ambos parecen complementarse a la perfección
y en armonía; así tan opuestos cómo
se distinguían a primera vista, nunca se presentó
un problema por falta de coordinación entre
los niños. Simplemente, los dos semejaban a
un ying-yang que sostenía todo, un claro ejemplo
de dicotomía: blanco negro, principio
fin, vida muerte; los dos se necesitaban
para formar una unidad, un todo.
Y así fueron pasando los días, entre
prácticas y pruebas, ante la total satisfacción
de todo mundo en NERV.
Pasó una semana en completa tranquilidad,
pero al parecer, aquella situación estaba predestinada
a no poder durar.
En los días que habían pasado, varios
empleados habían empezado a desaparecer, mientras
que el número de desaparecidos aumentaba, había
quien aseguraba haber visto moverse maquinaria pesada
en los alrededores, al filo de la madrugada. Todo
aquello se tomó cómo un mero y llano
rumor, aunque, no obstante, la situación se
tornó más pesada y tensa entre todo
el personal. Se les recomendaba entrar y salir de
las instalaciones en grupos; por la misma sugerencia
y ante el inminente hecho de los múltiples
secuestros, se procedió a recoger a los pilotos
en sus propios hogares, absteniéndose esos
días de asistir a la escuela, hasta que, por
lo menos, la situación se normalizara.
Ya era muy noche cuando estaban terminando de hacer
el bosquejo del plano del Cuartel General de NERV,
trazado de acuerdo a las descripciones que les habían
arrancado a base de barbáricas torturas a los
empleados secuestrados, para después pegarles
un tiro en la nuca e irlos a arrojar en parejas al
desierto que antes fue la zona urbana del antiguo
Tokio. El comandante Chuy no lograba pasar por enfrente
de la puerta de aquel cuarto miserable sin iluminación
sin que la carne se le pusiera de gallina. Allí,
dentro de ese cuartucho sin ventanas, sin ningún
tipo de ventilación, amarrados de pies a cabeza
a una silla, amortajados y maniatados, uno de sus
hombres más robustos y hoscos les arrancaba
a la gente que tenían secuestrada cualquier
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