| Por:Gus
Capítulo Cinco: El arma perfecta
Yo soy aquel para quien están guardados
los peligros, las grandes hazañas, los valerosos
hechos.
Don Quijote de la Mancha
La felicidad se desborda por todos los rincones del
lugar. La satisfacción podía verse en
los rostros de los hombres, incluso se podría
respirarla en el aire acondicionado. Era una magna
celebración, acorde con las dimensiones del
logro que todos ellos habían obtenido. Se felicitaban
y congratulaban mutuamente, pero a la vez no podían
ocultar cierta sensación de incertidumbre por
el porvenir.
Aquello era un auténtico bacanal. La cerveza,
la champaña, el brandy, incluso el tequila
eran los invitados de honor. Prueba de ello daban
las innumerables botellas que residían en las
vinateras, y otras más que yacían tiradas
en el pegajoso piso, vacías.
Las voces se fundían en un solo grito de entusiasmo
colectivo, mientras los brazos se tomaban unos a otros,
brincando alternativamente al ritmo de:
OoooEeeeeeOoooEOEOEeeeeeOEeeeeeOEeeeee
Una épica borrachera, ofrendada a los largos
meses de trabajo que todos los presentes habían
tenido que realizar, algunos más que otros;
en ocasiones una labor ardua, extenuante, pero que
ahora recibía una grata recompensa a todos
los sacrificios realizados a lo largo de esos tres
años que duró su trabajo. Aunque fuera
una muy breve, y aunque después de eso, los
correrían con una patada en el trasero. Por
lo menos ése era el temor que tenía
la mayoría de los empleados.
Entonces, erigiéndose en lo alto de la fiesta,
el máximo orquestador reclama la atención
momentánea de sus subordinados, misma que consigue
casi de inmediato. A pesar de su corta edad, su sola
presencia se imponía sobre todas las demás.
Era una de esas personas que no podían pasar
desapercibidas. Más aún por el lugar
en donde se encontraba, en la cumbre del festejo.
¡Oigan, vagos! con una botella
de fría champaña en la mano, Kai Rivera,
jefe del proyecto, se dirige a la muchedumbre Necesito
que me presten poquita atención, después
siguen empinando el codo. ¡Escuchen!
Una vez que obtuvo la total atención de todos
los presentes, con las miradas clavadas en él,
continuó, aclarándose la garganta.
Hasta mi persona han llegado algunas de sus
inquietudes, las cuales me es imposible desapercibirlas.
Para no hacerla mucho de emoción, iré
al grano: ¿Quieren saber qué pasará
con todos ustedes, ahora que concluimos el trabajo?
¿Quieren saber si no los vamos a echar a todos
de una patada en el culo, ahora que se han vuelto
inservibles? ¿Eh?
¡¡¡Sí!!! fue
el grito unísono.
Aquí mismo tengo pronunció,
sacando de entre sus bolsillos una hoja de papel doblada,
extendiéndola a la vista de todo mundo La
respuesta a una petición que le hice llegar
a mis superiores de las Naciones Unidas. Y firmada
con puño y letra del mismísimo Secretario
General de la O.N.U. se me ha autorizado a que todos
ustedes continúen en la nómina, en labores
de mantenimiento.
¡Bravo! estalló la multitud
en júbilo, al recibir la buena nueva.
En verdad que estoy muy contento de tenerlos
en mi equipo, muchachos. Han sido tres años
de trabajo continuo y constante en los que nos hemos
conocido, y no creo que haya personas más calificadas
que ustedes para mantener funcionando a este cacharro.
Se lo merecen, ya que es tanto suyo cómo mío.
Y déjenme aclararles que seguiremos siendo
un grupo dependiente única y exclusivamente
de las Naciones Unidas, por lo tanto no tenemos que
rendirle cuentas a nadie más, mucho menos a
cierto cascarrabias mal afeitado, y por lo tanto eso
se verá reflejado en sus cheques, en comparación
a los otros esclavos de por aquí.
La muchedumbre entera explota en ovaciones, vítores
y hurras para su líder. La aprobación
era general.
¡Kai! ¡Kai! ¡Kai! ¡Kai!
¡Kai!
Alzaban sus copas y brindaban en honor de su salvador,
de su fiel guardián que velaba por sus intereses
y derechos laborales. Era toda una celebridad en el
ámbito, que se extendía mucho más
allá de con sus hombres. Todos en el GeoFrente
conocían y hablaban de él. El niño
genio. El niño al que el comandante temía
y se empeñaba en mantener a raya. No sin cierto
hálito de respeto e incluso temor, era como
se transmitían de boca en boca sus obras, sus
acciones, sus hazañas.
En contraparte, la estima que les tenía a
sus empleados era auténtica, fraternal y no
esperaba nada a cambio, salvo ver precisamente esas
expresiones, de júbilo, de satisfacción,
de alivio, de seguridad que les producía al
hacerles saber que podrían seguir alimentando
a sus cochinitos. Pretendía que cada hombre
realizara su proyecto de vida, y le sacara el mayor
jugo posible a ésta, y si eso consistía
en mantener a una familia, que así fuera. Era
una de las cosas que con tanto ahínco él
anhelaba. Y que nunca iba a poseer. Toda su ascendencia
terminaría en él.
¡A ver señores, un momento, por
favor! realizó un gesto con la mano,
para que todos guardaran silencio de nuevo Ya
va siendo hora de bautizarlo, ¿no creen?
¡Sí! volvió a clamar
la entusiasta multitud, alzando su bebida.
Te habrás de llamar... pronunció
volteándose a sus espaldas, y fiel a la tradición
marítima, tomó la botella de champaña
para darle nombre a su barco Unidad
Evangelion Especialmente diseñada para Combate:
¡Eva Z! dijo ante el clamor general, quebrando
el recipiente con vino en el muro de metal, que en
realidad era parte de otro gigantesco robot Eva.
Tres años de labor culminaban en ese momento.
¿Qué nuevas aventuras les depararía
la fortuna, el destino, tanto a la máquina
cómo al tripulante?
El sol se levanta por las colinas del horizonte,
al amanecer. Rápidamente ahuyenta a la oscuridad
de la noche. Todas las criaturas nocturnas se retiran
a su refugio, a esperar nuevamente la noche; mientras
que las diurnas se preparan para empezar un nuevo
día. Vayamos pronto, pues, con uno de estos
hijos de la noche que se dirigen a su guarida, resguardándose
de la cálida luz del día.
Kai siente sus párpados y pies cómo
si fueran de plomo, mientras que lucha por poder llegar
al edificio departamental. El mundo entero parece
un enorme y desenfrenado carrusel que da vueltas y
vueltas incansablemente. Caminaba con sigilo, paso
a paso para no tropezar. Quizás, después
de todo, debió haber aceptado el aventón
que le ofrecían para llegar a su morada, aún
cuando el conductor estaba tan borracho cómo
él. En numerosas ocasiones el sueño
lo vence y cae desplomado hacia el suelo, incorporándose
al instante y emprendiendo de nuevo la penosa marcha.
A tientas, logra llegar a la escalera y ubicarla.
A la vez, en el hogar al que intenta desesperadamente
retornar, su joven compañero ya se ha levantado,
temprano cómo era su costumbre. Al no encontrarlo
en la habitación, el desconcierto se apoderó
de él, y buscando aliviarse, recurrió
a su superior inmediato, quien aún se encontraba
roncando, boquiabierta, en su cómoda colchoneta
en el piso.
Misato, Kai no llegó a dormir
informa Shinji a la mujer, quién aún
se encuentra soñolienta en su lecho.
¿Crees que le pasó algo?
De seguro se quedó trabajando toda la
noche asiente ésta, restregándose
los ojos y pronunciando un gran bostezo.
No ha ido a clases en toda la semana
reveló el chiquillo Contando sus faltas
acumuladas, podría ser motivo para que lo den
de baja. La concejal me dijo que si no iba ahora,
que lo mejor sería que ya no volviera a ir.
No hay problema dice la mujer, incorporándose
No creo que falte ya más de tres días.
Pronto se le turnará a la dirección
de la escuela un aviso especial.
Lo que Ikari no sabía, era que su colegio
seguía funcionando a pesar de todo, era precisamente
por los cuantiosos donativos que NERV depositaba en
su tesorería mes con mes. Al fin y al cabo,
su razón de ser desde un principio fue albergar
a los pilotos, y nada más. Lo demás
era una elaborada fachada.
De pronto, un golpe se oye, justo atrás de
la puerta. Los dos se extrañan, y se dirigen
hacia la entrada del departamento, encontrándose
a Kai, tirado sobre del piso, tendido boca arriba
completa y absolutamente dormido. Sus ronquidos daban
constancia de ello. Hasta la puerta fue lo más
lejos que pudo llegar sin que la fatiga lo derrotara.
Con dificultad, los dos logran cargarlo hasta su
cama. No podía quedarse dormido en el suelo
todo el día, y despertarlo sería algo
más que imposible. Misato lo asía por
entre los brazos, mientras que el chiquillo le sujetaba
las piernas. Desde donde estaba, la mujer podía
distinguir nítidamente el hedor del alcohol
que emanaba del aliento del muchacho.
¡Carajo, se ve que estuvo buena la parranda
y este miserable no invitó! se quejaba
Katsuragi, recreando en su mente la que debió
ser una magna fiesta. Detestaba perdérselas.
De hecho, era una excelente animadora en todas ellas.
Acostaron al joven en el mueble, y mientras que Ikari
recobraba el aliento, la capitana le retiraba los
zapatos y lo cobijaba, realizando todo esto con suma
dulzura, cómo sólo una madre podría
hacerlo. Depositó un amoroso beso en su frente
poco antes de dejarlo allí, y cerrar la puerta
de la habitación.
Shinji ya estaba desayunando cuando el teléfono
timbró. La fémina contestó al
llamado en el teléfono de la cocina, molesta
por ser interrumpida cuando se disponía a dormir
por otro rato más.
Maldita sea mascullaba a la vez que encendía
el aparato y lo colocaba en el oído, recargado
sobre de su hombro ¿Bueno? ¡Rikko!
Buenos días, ¿cómo dormiste?
hizo silencio por unos momentos, permitiendo que su
amiga hablara No, no me ha podido decir nada
aún. ¡El pobrecito llegó tan cansado!
¡Hasta se quedó dormido en el piso! Hubieras
visto que lindo se veía tumbado en el piso
de nuevo, calló por un momento, atendiendo
a lo que le decían ¿Lo dices en
serio? ¿Es decir, que ya está listo?
¡Eso tengo que verlo con mis propios ojos! Muy
bien, te veré allá en una media hora.
¡Nos vemos!
Colgó el auricular con premura, y dirigiéndose
al infante que la veía curioso sentado en la
mesa, le advirtió:
Creo que sí te voy a acompañar
a desayunar, después de todo.
Observaba con el ceño fruncido detenidamente
a través del grueso cristal que tenía
frente a él. Le parecía tener al diablo
cara a cara, aunque sólo lo pensó por
unos momentos. Eso no era cierto, a menos que éste
tuviese diferentes formas y rostros.
De cualquier manera, no lograba evitar sentir una
especie de incomodidad al mirar a través del
diáfano cristal. Sabía de antemano el
inminente peligro que se cernía sobre de él
y sus planes, y tenía que estar preparado para
todo.
Posiblemente Fuyutski compartía con él
ese estado de ánimo de ansiedad. No lo demostraba
con palabras, pero se notaba cuando el viejo se estiraba,
tan largo cómo era, y todo su cuerpo se tensaba.
Su manzana de Adán danzaba cuando pasaba un
poco de saliva.
Ambos estaban de pie, uno a lado de otro, examinando
ese elemento que no estaba contemplado en la ecuación
desde un principio. Eso era un inconveniente, tan
grande cómo él. Gendo mira desconsolado
a su viejo compañero de armas, buscando una
respuesta, como siempre. Pero su consejero estaba
en el mismo predicamento que él.
Así que dice el primero, con
aire funesto por fin Rivera ha terminado. Debo
admitir que subestimé la capacidad del mocoso.
toma aire, para luego concluir: Es algo sorprendente
lo que el ingenio humano es capaz de realizar. ¿No
lo crees así?
En efecto asiente Fuyutski Sorprendente,
pero aterrador. Es algo maravilloso lo que el muchacho
puede lograr. Pero no veo el porqué tendríamos
que maravillarnos, a final de cuentas, tanto tú
cómo yo conocíamos de antemano los alcances
de la habilidad del chiquillo. Obra con la eficacia
que se esperaba de él... justo igual que su
padre... ¿recuerdas?
Los ojos del comandante parecen avivarse ante los
recuerdos. Acomodándose sus anteojos, responde
ante la misiva, sin poder distinguir si estaba siendo
sarcástico ó no, debido a su semblante
inexpresivo.
Cómo poder olvidarlo...
Y suspirando profundamente, casi cómo un lamento,
guarda silencio por un largo rato, cabizbajo y pensativo.
¿Y... pronunció Kozou,
sin darle más tiempo para retrospectivas
...cómo afectará esto al plan original?
No mucho, espero confesó el comandante
Le sacaremos provecho mientras sirva a nuestros
propósitos. Después, lo destruiremos.
¿Tendremos el poder necesario para hacerlo?
Ojalá. Si no, todo lo que hemos planeado
durante todo este tiempo se vendrá abajo.
Los dos callan, mirando una última vez hacia
fuera, el motivo de sus zozobras y sinrazones.
En cualquier caso continuó, enfilándose
por los incontables corredores del cuartel Tendremos
que estar listos; esta situación tan precaria,
además del regreso del Cuarto Niño al
proyecto cambian por completo la perspectiva. Lo primero
que tenemos que hacer, es reactivar a Cero.
¿A Cero? preguntó su acompañante,
inquietado ¿Piensas utilizarlo de nuevo,
aún después de lo que pasó? Sería
muy peligroso.
No nos queda otra opción contesta
Gendo Mucho depende de nosotros.
Es una lástima admite el viejo
Una verdadera lástima, que una jovencita
así tenga que sufrir tanto.
Ése es su propósito en la vida
advierte, con la sangre fría Para eso
fue creada.
En la escuela, Shinji platica con sus amigos recién
hechos. Son unos minutos antes de que empiecen las
clases, y todos los alumnos ya se encuentran en el
salón. La vida continúa sin detenerse
un solo instante, sobre todo en aquellos muchachos,
cuya generación había tendido que pasar
por las más grandes catástrofes mundiales;
aún así, seguían siendo tan joviales
cómo todos sus demás predecesores, ó
tal vez, incluso más.
El tema central de su conversación es la
ausencia de Rivera. Entre ellos, se encuentra también
la representante de grupo, Hikari Hokkari, quien desde
hace tiempo trataba de atraer la atención de
Toji, cosa que aún no pasaba. Pero mientras
eso ocurría, habría que seguir intentándolo,
hasta que resultara.
¿Y por que fue que no vino? pregunta
ésta.
Se quedó a dormir responde Shinji,
en medio de la reunión.
Bueno, no es tanta la diferencia de lo que
hace aquí bromea Toji, causando la risa
de todos. Tal vez era tan gracioso por que era verídico.
Al fin y al cabo, a las únicas que les importaba
que asistiera a la escuela era al séquito de
admiradoras a las que les había robado el corazón.
Y quizás a alguien más.
Entonces, me parece que será irrevocablemente
dado de baja del plantel, en ese caso advirtió
con gesto adusto y serio la jovencita, cruzándose
de brazos. No creía que hubiera una persona
que no le prestara la debida importancia a sus estudios,
a tan delicado asunto. Eso, hasta la irritaba.
La señorita Misato dijo que después
mandarían un aviso especial a la
dirección, aunque no sé a qué
se refería al decir eso confesó
Ikari.
¡Ah, la señorita Misato!
Suzuhara y Aida repitieron sus palabras, suspirando
con aire soñador.
¿Quién es esa señorita
Misato? preguntó Hikari con cierto
dejo de molestia en su tono de hablar, al ver la reacción
que provocaba en Toji la mención de esa persona.
Pues... vaciló el chiquillo por
un instante, antes de responder Es mi jefa:
Misato Katsuragi. Vivo con ella, ¿sabes?
¿Katsuragi? dijo extrañada
¿Acaso es la mamá de Kai?
¡Claro que no! replicaron casi
de inmediato los otros dos muchachos, sumamente indignados
de tal acusación ¡Ella es muy joven
cómo para tener un hijo de catorce años!
¡Debe ser su hermana!
Los tres voltearon hacia donde estaba Shinji, amagándolo
con la mirada para que aclarara todo el misterio que
planteaba tan peculiar parentesco.
Verán... pronunció otra
vez indeciso. No estaba bien que estuvieran hablando
a sus espaldas Creo que es adoptado. Me parece
que su verdadero apellido es Rivera.
¿Rivera? dijo el trío,
incomodados por las cuestiones de su lenguaje natal,
en donde no existe el sonido de la r fuerte.
Trataban en vano de pronunciarlo del modo correcto,
incluso Shinji era incapaz de hacerlo del todo bien.
Me quedo mejor con Katsuragi
acertó a decir Toji, ante la aprobación
de los demás.
Ikari ya se había quedado callado. Pensaba
en cómo reaccionaría su compañero
de cuarto si se enterara que estaban hablando de él
cuando se encontraba ausente. Conociéndolo,
de seguro se enfadaría. En ocasiones, era más
conveniente que no estuviera presente.
De repente, sintió que alguien más
lo estaba observando. Casi le calaba la mirada que
creía tener clavada. Barrió el área
con la vista, en busca del espía. Se detuvo
al llegar al lugar de Ayanami, unos asientos a lado
de él. Era ella, no cabía duda alguna,
quien lo estaba viendo fijamente, penetrándolo
de lado a lado con las llamaradas que tenía
en sus ojos. Su rostro no reflejaba expresión
alguna, recargado en su mano izquierda, sin embargo,
eran sus ojos los que hablaban por ella. Parecía
estarlo contemplando con cierta curiosidad, pero a
la vez con un despecho inexplicable, de origen desconocido.
Apenas se percató que el infante se había
dado cuenta de lo que estaba haciendo, rápidamente
desvió la mirada hacia el frente, ignorándolo
una vez más.
Rei Ayanami murmuró Shinji, casi
derritiéndose. Aquella había sido la
experiencia más perturbadora, más excitante
de su joven vida. También él había
notado ese fuego que ardía y se consumía
en su mirada, ese misterioso calor interno que irradiaba
sólo a través de esa mirada, tan seductora,
tan hipnótica. Luchaba por no ir a postrarse
a sus pies.
Antes, no le prestaba demasiada atención,
precisamente por el carácter tan austero y
distante de la muchacha. Ciertamente, fue por ella
que se había decidido a pilotar al Eva 01,
la primera vez. También era cierto que ya la
conocía poco antes, aunque hubiese sido en
una enigmática visión que tuvo en esa
estación de tren. Pero la frialdad con la que
trataba la chiquilla a sus semejantes, no sólo
a él, había conducido a que se distanciara
de ella, tomando la resolución de mantener
sus distancias.
Sin embargo, ahora era diferente. Ahora sabía
que eso era sólo una pantalla, que había
levantado quizás por protección. Ahora
tenía por lo menos vestigios de la existencia
de esa llama que ardía en su interior. Ahora
notaba lo hermosa que era, a su manera. Era su extraña
naturaleza y apariencia la que la hacía única,
la que la hacía tan bella. Su figura esbelta,
sus pechos nacientes, esas piernas largas y aquél
cabello azul claro. Pero sobre todo esos ojos carmesíes,
esas antorchas que eran el espejo en el cual se reflejaba
su alma, su verdadero yo. Ahora, era precisamente
ese hálito de misterio que la rodeaba lo que
la hacía tan atractiva. ¿Qué
era lo que escondía detrás de esa máscara
autista? ¿Qué oscuro y apasionado ser
moraba en su interior, en sus profundidades abismales
e insondables?
En ese momento entra el maestro al salón,
cortando de tajo la cumbre de su éxtasis.
¡Maestro en el salón! ¡Todos
de pie! ordena Hikari, tomando de inmediato
su rol de guardiana del orden y la disciplina.
Shinji se detiene a observar fijamente la espalda
de Rei mientras ésta se ponía de pie,
obedeciendo la indicación. Un pensamiento cruza
cómo flecha silbante por su cerebro. ¿Kai
también sabría la verdad acerca de Ayanami?
Los dos ya estaban elegidos cómo pilotos antes
de su llegada al Proyecto Eva. ¿Qué
habría sucedido entre los dos en ese lapso
de tiempo?
Nada, nada, trataba de calmarse. En dado caso, no
creía que Kai fuera tan observador cómo
para darse cuenta de ese aspecto, y en última
instancia, aún si sí lo fuera, lo más
probable era que la jovencita no le había permitido
acercarse, dado sus personalidades tan dispares. Rivera
debía ser repelente para ella.
Hace varios y repetidos esfuerzos por contenerse,
arrugando la nariz y todo su gesto. Fracasa completamente.
Con gran estruendo, Kai estornuda a pesar de sus intentos
por evitarlo. La fuerza con que lo hizo fue tal, que
lo deportó de inmediato del país de
los sueños.
Alguien debió estarse acordando de mí
indagaba las causas de su estornudo, frotándose
suavemente su compungida nariz, un poco irritada.
Expele un profundo y grave bostezo, asemejándose
bastante a un león macho, mientras también
estiraba los brazos por encima de su cabeza, cómo
si estuviera sacudiéndose de encima la pereza.
No quería hacerlo. Pretendía quedarse
a dormir durante todo el día, sin hacer nada
más que caer en un profundo estado de inercia,
desatendiéndose de la realidad. Ay, mejor
no piensa, restregándose los ojos y rascándose
el cuero cabelludo, luego en la noche no voy
a poder dormir. Entonces, poniéndose
de acuerdo consigo mismo, procede a levantarse y a
desperezarse, saludando al nuevo día, aunque
ya fuera bastante tarde. El sol ya estaba muy entrado
en la bóveda celeste cuando se dignó
a incorporarse a al vida. Serían algo así
cómo las tres ó cuatro de la tarde,
más ó menos, según sus cálculos,
cuando abrió el balcón de la habitación
y se asomó al exterior, para recibir un poco
de calor de primavera.
La boca le daba un sabor cobrizo, le daba la impresión
que tenía un centavo en la lengua. Eran los
devastadores efectos de la resaca. Siente la imperiosa
necesidad de hacer algo tan siquiera por amenizar
sus síntomas, por lo que se dirige a la cocina,
en busca de algunos analgésicos y algo que
estuviera caliente; lo de los medicamentos podía
encontrarlos en abundancia dentro del botiquín
que se encontraba en el baño, debido a que
dados los hábitos de la señora de la
casa, eran tan indispensables cómo el agua
misma, sin embargo lo de encontrar algo caliente sería
algo más que imposible, por lo menos en esa
casa.
Luego de haber vomitado copiosamente con la cabeza
metida en el excusado, efectivamente pudo hacerse
sin ningún problema de un par de Alka-Seltzer,
los cuales disolvió sin contemplaciones en
un vaso con agua, vaciándolo todo de un solo
trago. Un poco más repuesto, se dirige hacia
la cocina, en busca de algo caliente que echar en
el estómago. Sin muchas esperanzas, abre el
refrigerador, esperando encontrar algo decente que
pudiera recalentar. En él se encuentra lo habitual,
las latas de cerveza de Misato, y comida instantánea.
Al ver las latas, el estómago protesta, rugiendo
furioso. Con sólo observarlas le volvieron
las ganas de vomitar, por lo que se apresura a cerrar
la puerta del electrodoméstico, reponiéndose
cómo pudo de las náuseas. En esos momentos
no tenía apetito para la comida fácil
de preparar, por lo que finalmente se decide sólo
por una taza de café, sin ninguna cucharada
de azúcar. Muy pronto lo tuvo listo, gracias
a las bondades de la cafetera. Lo bebe de tres sorbos,
respirando aliviadas sus entrañas por el líquido
caliente con el que las alimentaba. Le cayó
de perlas, en su estado.
Después, más despabilado, con la cafeína
surtiendo efecto en su sistema, imagina que es una
buena hora para regresar al cuartel. A lo mejor en
el comedor de empleados habrían preparado algún
estofado ó guiso que pudiera ayudarle a su
condición. Aparte, le preocupaban los que se
habían quedado de turno y quería supervisar
los pendientes que restaban, cómo el traslado
de la unidad a su muelle de embarque.
Se estira y pronuncia un largo bostezo para ahuyentar
de nueva cuenta al cansancio, y se encamina a tomar
una ducha. El agua estaba fría, sin embargo
la siente deliciosa, ayudándolo a despejarse
por entero. Paseaba alegremente el jabón sobre
su cuerpo, mientras entonaba alegremente:
Si te vienen a contar
cositas malas de mí,
manda a todos a volar,
diles que yo no fui
Yo te aseguro que yo no fui,
son puros cuentos de por ahí,
¡ay mamá, que yo no fui!
El departamento se encuentra absolutamente solitario,
a excepción del niño en el baño,
y del pingüino que se encontraba correteando
por toda la casa, por lo que nadie más que
el intérprete podía escuchar la alegre
y pegajosa tonada, célebre por la interpretación
de Pedro Infante, legendario actor del cine de oro
mexicano.
¿Y tú que me ves? pregunta
el muchacho al animal, luego de salir de su regadera,
después de que el avechucho lo observara detenidamente
por largo rato, para al final ser perseguido por todo
el lugar por el joven.
Al acabar de asearse y vestirse, el niño sale
del departamento, dejándolo ahora sí,
solo con su emplumado guardián.
No le abras la puerta a desconocidos, ¿entendido?
fue su recomendación, antes de salir del recinto,
despidiéndose Ahí te ves, Pen.
Se dirige hacia el Cuartel General, donde llega luego
de caminar por las desiertas calles de la ciudad por
un rato. Pasa por el identificador de la entrada su
tarjeta de acceso, permitiéndole entrar a las
instalaciones. Corre por los pasillos y elevadores
emocionado, al punto de chocar con unas personas que
iban bajando las escaleras.
¡Oye, Kai! le dijeron, al reconocerlo,
mientras seguía con su carrera ¡Si
vas a tu hangar, ya no hay nada allí! ¡Ya
movieron a Zeta a su muelle!
¡Muchas gracias! respondió
el chiquillo, levantando la mano y modificando su
curso, torciendo a la derecha.
¡Qué grande era el cuartel! Era un complejo
sistema de corredores y accesos conectados todos entre
sí, con una cantidad considerable de cuartos
y bastantes niveles y subniveles. Si uno no estaba
familiarizado con las instalaciones, fácilmente
podría perderse. Una razón más
para que las visitas estuvieran estrictamente acompañadas
por un guía. Hasta había un departamento
especial en la organización para búsqueda
y rescate de las personas extraviadas.
Después de una extensa caminata, y ya que
le quedaba de paso el cuarto de control, el joven
pensó que sería bueno pasar un rato
en visitar a los viejos amigos. Luego de haber atravesado
varios accesos, pudo introducirse a la sala. Y ahí
estaban, sentados en sus respectivas consolas, sin
ocuparse de nada en específico.
Tres jóvenes técnicos, quienes apenas
comenzaban sus carreras, y sin embargo, dadas sus
capacidades y aptitudes habían sido seleccionados
de entre todo el personal para ser los operadores
de los sistemas más esenciales de NERV. Ninguno
pasaba de los 25 años, pero ya trabajaban estrictamente
bajo las órdenes de los oficiales mayores del
proyecto.
De derecha a izquierda, primero se encontraba la
linda Maya, Maya Ibuki, la simpática y amable
asistente de la doctora Akagi, y por lo consecuente,
era con quien menos trato de los tres tenía;
sin embargo, su relación siempre fue muy cordial,
gracias en parte al carácter tan afable de
la chica. Era una oficial científica, encargada
del mantenimiento de los Evas.
Continuando, al centro, se encontraba instalado Makoto
Hyuga, encargado de las comunicaciones y logística,
subordinado inmediato de la capitana Katsuragi. Tampoco
tenía mucho trato con él, pero ya lo
veía tanto que al final terminó por
acostumbrarse a él. Un muchacho alto, que usaba
gafas, de un metro ochenta y cinco, de complexión
robusta debido a su entrenamiento militar. De hecho,
tenía rango de cabo. Tipo algo serio y reservado
a la distancia, pero a pesar de eso conocía
bien sus sentimientos para con Misato. Cómo
casi todo aquél que trabajaba de cerca con
ella había enloquecido por ella. Sólo
esperaba el momento idóneo para revelarle a
su jefa sus verdaderos sentimientos, y por ende, al
igual que todos los otros sujetos, se esforzaba por
fraternizar con él. Eso estaba bien, ya que
se había acostumbrado a esos admiradores secretos
desde hace tiempo.
Y al último estaba Shigeru Aoba, con quien
más identificado y familiarizado estaba. Su
relación era muy fraternal, bastante cercana.
Ambos disfrutaban sobremanera la compañía
del otro, así como las constantes y amenas
charlas melómanas que sostenían cada
que tenían la oportunidad. Tenía el
cabello largo, cortado hasta los hombros, lacio y
suelto, de carácter liberal y desinhibido,
no obstante sabía desempeñar y acatar
sus funciones con una eficiencia inaudita, aunque
en ocasiones, al igual que sus otros dos compañeros,
no estaba de acuerdo en la manera en que sus superiores
se manejaban. Era el encargado del monitoreo de signos
vitales y sincronía de los pilotos, además
de ser subordinado del subcomandante Fuyutski, cuyas
ideas tan conservadoras muchas veces chocaban con
las de su alterno. Y no en pocas ocasiones se lamentaba
al ver el largo de su cabello, negando en silencio
con la cabeza.
Por esa razón congeniaban Kai y él,
ya que los dos eran espíritus libres, radicales,
que no se sometían tan fácilmente a
la autoridad, rompiendo esquemas preestablecidos e
instituyendo nuevos. Contaban con la fuerza, el fuego
que les proporcionaba la juventud. Corrían
juntos por las extensas llanuras de la libertad.
Los tres, además de ser compañeros
de trabajo, tenían algo en común: todos
ellos habían sido alumnos de Rivera en la universidad,
cuando éste impartía algunas clases,
antes de entrar al proyecto. A todos los había
conocido en sus años de colegiales, y a todos
había recomendado para que ingresaran a NERV,
debido a su sobresaliente desempeño y demás
habilidades.
Los había agarrado en su descanso, que estaba
por concluir.
¡Hola, chamacos y chamacas! saludó
Rivera al entrar ¿Cómo andamos
por acá?
¡Qué tal! respondieron los
tres al saludo, casi al mismo tiempo.
¿Puedo tomarles una taza de café?
dijo el chiquillo, al observar en sus manos recipientes
con el apetitoso líquido negro, que despedía
un tentador halo de humo, dando constancia de su provechosa
temperatura.
Seguro le contestó Maya, señalando
con el índice una mesa pegada a la pared Ahí
está la cafetera, y también unas galletas,
por si quieres.
Muchas gracias suspiró aliviado,
dirigiéndose a donde le señalaban Mataba
por un sorbo de buen café.
Fue y tomando un vaso de fieltro lo llenó
hasta el tope. También, atendiendo a la invitación,
tomó en una servilleta varias galletas dulces.
Qué bien le cae a un estómago
vacío una bebida caliente les confesó,
parándose en la entrada y deleitando la infusión,
dándole de sorbos.
Más cuando uno trae la cruda que te
cargas, ¿no? añadió Shigeru,
al notar las perrillas en sus ojos, levantando las
sonrisas de sus colegas ¿Qué tal
estuvo la fiesta ayer?
A toda madre pronunció, orgulloso
de haberla organizado. Lo único malo había
sido la resaca que ahora mismo sufría, pero
aparte de eso, se había divertido de lo lindo
con sus borrachines camaradas.
Sí, ya nos platicaron como estuvo todo
intervino Makoto, dándole de sorbos a su infusión.
Me hubiera gustado invitarlos, muchachos, pero
no se podía. Era sólo para los de mi
equipo, y cómo ustedes no quisieron entrarle...
añadió Rivera, reprochándoles
de una manera bastante sutil que, en su momento, declinaran
aceptar ser sus colaboradores.
Por cierto, qué malvado eres, Kai Katsuragi
advirtió Maya, enojada ¿Cómo
está eso que también designes un equipo
especial de mantenimiento? ¿No nos tienes confianza?
¿Crees que no podemos cuidar cómo se
debe a tu Eva?
No, no es nada de eso pronunció
aturdido el chiquillo, queriendo salir por la tangente
para no herir más susceptibilidades Lo
hice más que nada para no recortar tan drásticamente
la nómina, además que pienso que tal
vez la Unidad Z va a necesitar cuidados un poquito
diferentes a las otras, y para no descuidar a las
demás, pensé que sería lo mejor
tener técnicos especializados.
De acuerdo, eso puedo comprenderlo dijo
Maya, pero sin quitar el dedo del renglón Pero
no creas que esto se arregla tan fácil, aún
no acabo agregó, amenazándolo
con el dedo mientras cruzaba las piernas.
Oigan, ¿ustedes no sabrán dónde
está Misato? preguntó de inmediato
el joven, queriendo desviar el tópico de la
conversación para quitarse de encima a la ofendida
asistente Lo que pasa es que no la he visto
desde ayer...
Está abajo, revisando los estatutos
de sincronización con la doctora Akagi
respondió en el acto Hyuga, señalando
al subnivel que estaba tras él.
Asomándose por la barandilla de la planta
alta (que eran donde se encontraban ellos) del cuarto
de control, saludó desde allí a su tutora.
¡Miss! a veces la llamaba así,
haciendo un juego de palabras con su nombre ¡Acá
arriba! ¡Hola!
¡Hola, cariño! contestó
la mujer al saludo de su protegido, agitando el brazo
derecho animosamente ¡Después nos
vemos! le dijo, mandándole un beso.
No deberías mimarlo tanto inquirió
Ritsuko, un tanto molesta de escuchar el tono meloso
que Katsuragi empleaba.
¡Oh, tu sólo déjame ser!
respondió pronta, volteándose otra vez
hacia la consola que ella y su confidente vigilaban
celosamente.
Rikko no estaba muy conforme con los datos que desplegaba
el monitor que tenía frente a sí. Chasqueó
la lengua, negando con la cabeza.
Era lo que me esperaba suspiró,
abatida La sincronización de Shinji con
la Unidad 01 se ha visto afectada de manera considerable.
Mira los resultados de las últimas pruebas.
Muestran una tendencia a la baja pronunció,
contrariada ¿Cómo pudo suceder?
Después de que Shinji resolvió todos
sus conflictos, pensé que su sincronización
se vería beneficiada, pero...
Pero Eva no lo está tomando de la misma
forma explicó la científica Verás,
al interrumpir Shinji el entrenamiento que venía
realizando tuvimos que reajustar todos los sistemas
a Rei, y comenzar desde un principio. Pero ahora que
regresó, otra vez tuvimos que reconfigurar
TODOS los sistemas, y seguir con el entrenamiento
que había dejado trunco. No obstante, el comandante
insistió que Shinji fuera reasignado a la Unidad
01, pese a que ya me anticipaba algo así. Los
resultados de las pruebas de la última semana
me lo confirman.
No lo entiendo repuso la capitana La
primera vez que el chico piloteó a Eva pudo
lograrlo sin ningún problema, a pesar de no
tener un entrenamiento previo, ¿por qué
ahora tiene que ser diferente?
Porque la primera vez no teníamos configurado
el sistema para una persona en específico,
así que fue relativamente fácil que
el Eva 01 asimilara a Shinji, pero ahora... parece
ser que se muestra un tanto confundido por los cambios
tan repentinos.
¿Quizás mejoraría algo
si volvemos a instalar a Rei?
No lo creo. Para el caso, resultaría
lo mismo que ahora; además, comparando las
pruebas, parece ser que Shinji tiene más posibilidades
de volver a adaptarse.
Pero aún no está listo para una
situación de combateculminó Misato.
No contestó, terminante, incorporándose
Sólo espero que no se les ocurra a los
ángeles atacar por estos días; tampoco
Kai está preparado para pelear.
Una vez que abandonó la sala de controles,
no tardó mucho tiempo en arribar al muelle
en donde reposaba su creación. Quería
ver que tal se veía en pie, aunque fuese rodeada
por líquido conservador y sólo fuese
visible la cabeza y el cuello.
Las pruebas comienzan mañana pensaba
Más vale que me vaya familiarizando con
mi material de trabajo, todavía más.
Traspasó varias vallas y enormes puertas de
seguridad antes de poder llegar a su destino.
La emoción infantil que poseía momentos
antes, desapareció cómo neblina al contemplar
la enorme máquina ante él. Por eso había
venido aquí. A reflexionar.
A lo largo de su corta vida, para muchos, Kai Rivera
había creado bastantes atrocidades, todas ellas
con el firme y único propósito de lastimar
y dañar al prójimo; claro que, la mayoría
de las veces, lo hizo sin el conocimiento pleno de
lo que pudiera causar cómo consecuencia. Una
de las más grandiosas mentes del planeta, que
bien pudo, ó mejor dicho, debió haber
sido aprovechada para ayudar a todo el género
humano, para poder encontrar las curas a muchas de
las enfermedades intratables, ó restaurar el
ecosistema del planeta después de la catástrofe,
ó simplemente para hacer la vida más
sencilla; en lugar de realizar aquellas maravillas
que tan sólo se consideran sueños, por
culpa del mal manejo, no se dedicó mas que
a crear nuevas y más atroces formas de asesinar,
muchas más de las ya existentes en ese entonces.
Pero todo aquello, bien pudo habérsele sido
perdonado, ya que no actuaba en forma consciente,
y jamás podía imaginarse los horrores
que desataría con lo que él consideraba
un simple juego. Después de todo, en esos días
aún era un pequeño inocente, ignorante
de la barbarie que reinaba en el mundo exterior, en
el mundo real.
Pero ahora, ahora no había motivo ni excusa.
Actuó con premeditada deliberación,
a sabiendas de lo que iba a ocurrir después
de hacer su obra maestra. El arma definitiva. La máxima
máquina de matar que se había creado
en la historia. La observaba de frente, aborreciéndola.
La odiaba profundamente. Pero en cambio, el robot
se mantenía indemne, mirándolo también
fijamente a través de sus visores color rojo,
majestuoso y digno cómo una estatua. No muchas
cosas pueden darse el lujo de tener a su creador cara
a cara.
Después de todo: ¿Qué era, en
principio, un arma? Un instrumento destinado para
defenderse ó atacar. Una ramificación
del impulso humano creativo, motivado en gran parte
por el instinto de la supervivencia. El hombre, indefenso
ante sus depredadores, tuvo que esforzarse, empeñarse
en hacerse de un lugar en la rama evolutiva. Fue su
ingenio natural, un don fomentado a través
de millones de años de evolución hasta
derivar en la ciencia, el que lo impulso a crear esas
herramientas. Objetos de los cuales el ser humano
se vale para lograr diversos objetivos. El de las
armas ya ha quedado estipulado. Defensa. Ataque. Defenderse
de sus agresores, mejor dotados por la naturaleza
con dientes afilados, garras y músculos fuertes
y tensos, ágiles. Pero desprovistos de la inventiva
del género humano. El hombre de las cavernas
tuvo que hacer mano de lo que estaba a su alcance,
huesos, palos, piedras, y haciendo una combinación
de éstos elementos, ó bien utilizándolos
individualmente, fue cómo ideó el garrote,
la lanza, el arco y las flechas.
Sin embargo, ¿qué fue también
lo que propicio cruzar ese umbral tan delgado, tan
diáfano que separa a la defensa del ataque?
En un principio, quizás fue la necesidad de
comer. La recolección de frutos y granos bien
pudo haber pasado a un segundo plano en momento que
los seres humanos percibieron las ventajas y bondades
de la caza. Entonces sus utensilios derivaron a ser
utilizados en el ataque, posicionándose del
rol del cazador, en lugar de ser la presa. No obstante
su inventiva con la que fue provisto, también
contaba con un instinto animal. Los animales no saben
de ética ó de derecho, ellos sólo
saben de supervivencia. Un grandulón abusivo
ó una manada vecina intentando apoderarse de
la comida, el agua, el refugio ó las hembras
tal vez propiciaron conflictos. En ese momento se
quebró la frágil línea que separaba
de utilizar un arma para defenderse y para cazar de
infringirle un daño a alguno de tu propia raza
por la competencia. Y allí se originó
la ambición. Y ésta dio a luz al asesinato.
El pensamiento humano fue evolucionando, y por consecuencia
sus indispensables armas. Los palos y piedras dieron
lugar al hierro candente, y éste a la pólvora
y la pólvora al poder del átomo. Nuevas
y mejores formas no sólo para protegerse del
enemigo, sino para liquidarlo por entero, sin dejar
rastro de él en la faz del planeta.
En ese caso, desde los huesos hasta los rayos láser
de alta intensidad, todos ellos no dejaban de ser
simples objetos que permanecían inertes hasta
que alguien los usara. Una metralleta no podía
levantarse sola y escupir toda su carga contra una
familia entera de campesinos. Concluyendo entonces,
la verdadera arma, el arma perfecta era precisamente
la propia inteligencia del ser humano. Era ella la
que convertía los restos óseos de un
animal de gran tamaño en un garrote que podía
aplastar un cráneo cómo una nuez ó
la que utilizaba un simple rayo de luz continua en
un láser que era capaz de rebanar el acero
cómo mantequilla, y ni qué decir de
las carnes de un ser humano.
En aquellos días no habría de qué
preocuparse, ya que por el momento, sólo se
dedicarían a combatir ángeles. El problema
sería tiempo después, cuando los militares
se dieran cuenta del potencial destructivo de las
Unidades Eva, y entonces comenzaría una nueva
carrera armamentista en todo el mundo. De hecho, a
estas tempranas horas ya había comenzado. Sabía
que se construían ya Evas en muchas partes
del mundo: América, China, Alemania, Japón...
¿Qué le garantizaba que la humanidad
no cruzaría de nuevo ese umbral, y saltar de
defenderse de extraños agresores, a atacar
a su propia especie, motivada por la ambición?
Se podía imaginar las guerras del futuro.
Con sus mecanoides, las bajas de la milicia se sostendrían
al mínimo, claro está, y los únicos
que sufrirán será la población
civil. Ellos serán los afectados, cuando las
batallas de los gigantes destruyan sus ciudades y
sus edificios. Sus hogares. Y de nueva cuenta, los
únicos que sacarán provecho serán
los gobiernos, y claro está, las compañías
constructoras de los mensajeros de la muerte, quienes
cobrarán puntualmente sus honorarios. La vida
de miles, por unos cuantos millones de dólares.
Mundo tan estúpido.
Con dificultad, trepó hasta el hombro del
robot, evitando caerse en el líquido que tenía
a su alrededor. Mucho dependía de él.
De él dependía evitar todo aquello.
Era por eso que saboteaba las operaciones, que destruía
planos e instalaba programas secretos en las computadoras
de todo el Geo Frente. Cuando todo acabara, destruiría
los Evangelion, borraría toda la información
de los bancos de datos y acabaría con todo
vestigio físico que pudiera darles una idea
de cómo construir a los titanes de acero. Y
él, se llevaría el secreto a la tumba.
Siguió observando detenidamente a su creación,
casi con pesar. Y es que, ¿En realidad era
esa desdichada criatura sin alma, la culpable de todo
aquel peligro? Claro que no. Era la misma raza humana,
que con su ignorancia, la utilizaría para destruirse.
Aunque sonara trillado, era cómo dejarles las
llaves de un arsenal nuclear a unos niños pequeños.
No estaban listos para algo cómo esto. Aún
no.
Miraba a la máquina, y en ella no sólo
encontraba metal y conexiones. El creador podía
encontrar un reflejo, un vestigio de sí mismo
en su creación. Y quizá eso era lo que
más le molestaba. Entonces... ¿Esa sería
una manifestación de su verdadero ser? ¿Su
naturaleza estaba presente, aunque sólo fuese
en parte, en aquél monstruo de acero?
No podía encontrar la respuesta.
Perdóname susurró Kai,
acariciando la aleación de la máquina,
a la altura del rostroNada ha sido culpa tuya.
El Eva de Kai no es muy diferente al que pilotea
Shinji, sólo que es un poco más grande
en cuanto a altura y volumen. Mediría, a lo
sumo, unos 120 metros de altura. También, al
igual que la Unidad 01, tenía integrado consigo
un Motor S2, un sistema generador de energía
basado en la teoría de supersolenoides defendida
por un tal Dr. Katsuragi. Cuando EVA está cargada
con este motor, supuestamente su tiempo activo podría
ser extendido al infinito. Aunque esto aún
no se había comprobado, ya que aún le
faltaban varias pruebas por hacer, y además
nunca en toda la historia del Proyecto una Unidad
Evangelion había alcanzado ese inmenso nivel
de energía.
Y en lo único en que se diferencian a primera
vista son en los colores, ya que este es verde oscuro,
con algunas franjas amarillas. En donde debieran estar
las orejas, (basándose en un modelo humanoide)
se encuentran dos formas ovoides, con dos barras verticales
sobre ellas. Este modelo también tiene los
ojos al descubierto por el yelmo, aunque a diferencia
del de la Unidad Uno, es de una sola pieza.
Ojos rojos cómo las llamas del infierno, y
unos dientes enormes y afilados, cómo los de
un tiburón. Un trío de espolones adornaban
las placas que protegían ambos antebrazos,
completando así su diferencia física
con el Eva 01. Una apariencia bastante aterradora,
al primer vistazo, que era lo que más impresionaba.
Parecía un demonio que había podido
escapar de su cautiverio, listo para producir pesar
y condenación a los mortales.
El muchacho está muy sumido en sí
mismo, con sus pensamientos, pero aún así
denota la presencia de un visitante, quien apenas
había ingresado al muelle de embarque. Voltea
hacia dónde está ella y la ve. Siempre
que la veía pensaba que era la criatura más
hermosa sobre la faz del mundo. Rei caminaba con ligereza
y gracia, sin ninguna prisa, con las manos juntas
detrás de su espalda, mirándolo trepado
sobre el hombro del coloso. Su gesto era el cotidiano,
serio y formal. Su tono de voz era idéntico,
uniforme, impidiéndole demostrar algún
tipo de emoción; empero, era tan suave, tan
melodiosa y sensual, que siempre se perdía
por ella. Se desvivía por hacerla hablar, para
que sus oídos se regocijaran en tan hermoso
sonido. Sin embargo, en esta ocasión no tuvo
que esforzarse mucho para lograr su objetivo.
Dios terminó su trabajo el séptimo
día, y en él descansó de todo
lo que había hecho parafraseó
una cita bíblica, sin quitarle la vista de
encima ni a él ni al titán, confundiéndose
y fusionándose en uno solo por un momento.
También había notado que existían
varios aspectos del creador en su obra.
Pues por lo menos un rato, cuando menos
respondió, casi susurrante, pensando en lo
bella que se escuchaba la palabra de Dios de sus labios
Desde mañana van a ser días bastante
cansados, con todas esas tediosas pruebas de sincronización
que voy a tener que hacer...
Ojalá pudiéramos cambiar lugares
confesó la chiquilla, descorazonada. Ahora
que Ikari había regresado a ser piloto del
Eva 01, y que la Unidad Cero aún no era reparada,
no tenía muchas cosas que hacer.
No creo que pudieras pilotarlo le dijo
el muchacho, a sabiendas de lo que le acontecía
Para ser honesto, dudo mucho que alguien más
que yo pueda pilotar este armatoste.
La jovencita lo observó unos cuantos segundos,
desconcertada. No pretendía ser arrogante,
eso era seguro, entonces lo que enunciaba el chiquillo
era cierto. ¿Pero cuál era, entonces,
la causa de ello? ¿Otra característica
distintiva de ese Modelo Especial?
¿No quieres subir? le preguntó,
sacándola de su confusión por un momento,
sólo para sumirla aún más en
ella, cuando pronunció: Ven, pásale
con confianza y de inmediato la mano derecha
del gigante emergió del tanque y se colocó
a la altura de los pies de Ayanami.
Ésta, sorprendida, no pudo evitar lanzar un
apagado grito de exclamación, debido a lo repentino
del movimiento. El corazón le daba de tumbos.
Estaba asustada.
No tengas miedo, no pasa nada la tranquilizó,
volviendo a instarla a acompañarlo arriba Sube,
no hay de qué preocuparse.
Precavida, aun con ciertas reservas al respecto,
abordó la palma del coloso, con sumo cuidado
y muy, muy despacio. El titán entrecerró
sus dedos cuidadosamente, para que la muchacha pudiera
asirse de ellos mientras la subía. Era increíble.
De seguro aquella mano podía pulverizar roca
sólida con relativa facilidad, y sin embargo,
ahora la albergaba a ella con tanta delicadeza, transportándola
suavemente hasta su destino.
Con cuidado le advirtió Kai una
vez que estuvo a la altura del hombro izquierdo, que
era donde él estaba No te me vayas a
caer ofreciéndole su mano para que se
apoyara al pasar de su transporte hasta su lado.
¿C- Cómo? acertó
Rei a decir, vacilante y atónita, cuando estuvo
junto a Rivera, y la mano del robot retornó
a su lugar original.
No tengo la más mínima idea
reveló despreocupado, pasándole el brazo
por la cintura y estrechándola contra él
A lo mejor estamos más unidos de lo que
parece pronunció, refiriéndose
a la máquina y a él.
Se dejó querer. No le afectaba en mucho. Recargó
ligeramente la cabeza sobre el hombro del chico, permitiéndose
apreciar más a fondo las características
físicas del Eva Z. Reparó en los ojos.
¿Ojos rojos? inquirió,
intrigada por el curioso detalle. Eran del mismo color
que los suyos.
Puedes decir que es un homenaje en tu honor
confesó sin tapujos Además, se
ve más macabro, ¿no lo crees?
¿Pretendes utilizar una guerra psicológica
contra esos seres? preguntó al percatarse
de los ángulos agudos, los tonos terciarios
y las líneas inclinadas que prevalecían
en el diseño del gigante Podría
funcionar con seres humanos, no lo dudo, pero: ¿Cómo
estar seguro que esas criaturas pueden percibir la
realidad del mismo modo que nosotros lo hacemos?
No puedo asegurarlo, pero tenía que
hacer el intento respondió Aún
así, servirá cómo advertencia
a la población, para que mantenga su distancia.
Les prestas mucha atención a esas minucias,
¿No es así?
Bastó una sola expresión de Rivera,
tan solo un gesto, para que pronto la mano del robot
les sirviera de nueva cuenta de elevador. De veras
que se comenzaba a acostumbrarse a su material. Era
todo lo que esperaba, y más.
Sólo trato de no perder de vista el
objetivo principal de este proyecto contestó
mientras la ayudaba a subir a la palma del robot Hay
que tenerlo siempre bien presente, sino será
muy fácil desvirtuar nuestra misión.
¿Ah, sí? dijo la chiquilla,
ya en el piso, tomada de la mano del muchacho ¿Y
qué misión es esa?
Salvar a la humanidad, qué más.
Tienes tus directrices bien trazadas, no puedo
negarlo. Pero, ¿en serio piensas que ése
es el verdadero propósito de Eva? ¿Salvar
al mundo todos los días, y permitirles a toda
esa gente que ni siquiera conoces continuar con sus
existencias, con sus trabajos en las fábricas
y sus crías en la casa para alimentarlas, sólo
para que a su vez éstos crezcan y tengan a
su vez descendencia que alimentar, y entonces trabajar
para lograrlo? ¿No se te hace muy cíclico,
tan inservible? ¿Y dónde entras tú
en todo eso?
Pues podrá parecerte muy poca cosa
pronunció apesadumbrado por el tono que usaba
al hablar de esa vida, a la vez que los dos se sentaban,
aún tomados de la mano. Guardaba ciertas esperanzas
de poder participar en ello, junto con Rei. Él,
en el trabajo, consiguiendo el pan de cada día,
ella en la casa cuidando a los retoños. Pero
para todas esas personas es su razón de ser.
Después de todo, ésa es la razón
de ser de los seres vivos, ¿no? Nacer, desarrollarse,
reproducirse y morir. Cosas bastante simples al primer
vistazo, pero que en realidad son la esencia de la
vida misma. Son las cosas por las que vale la pena
vivir. Es gracias a ese ciclo tan monótono
al que te refieres que los organismos, absolutamente
todos, han podido evolucionar a través de las
épocas, marchando cada vez más y más
cerca de la perfección. Todo en esta naturaleza
va encaminado a ella.
Sin embargo, en ocasiones los seres vivos no
pueden llegar a ella con la rapidez debida; es decir,
no pueden adaptarse al medio ambiente por que su evolución
se estanca. ¿Ó me equivoco? Y entonces
viene la extinción. Es cuando entra en vigor
eso de supervivencia del más apto.
Supongo que eso es verdad.
Pero aún no me has respondido del todo:
¿Dónde entras TÚ en todo eso?
Me parece que soy un organismo obsoleto en
el sistema reveló, cabizbajo Moriré,
sin haber vivido en realidad. Yo no podré reproducirme,
ni siquiera lograré desarrollarme por completo.
Estoy condenado al olvido.
Al palpitar su pesar, no obstante su rígida
apariencia, Ayanami se enterneció con sus palabras,
logrando solidarizarse con su pena. Su corazón
latía con fuerza, mientras se acercaba más
y más al joven, y paseaba su mano por su rostro.
Eso no es cierto le dijo amorosamente
Yo nunca podría olvidarte para
terminar dándole un apasionado beso en los
labios.
Permanecieron inertes de esa manera por algunos
breves segundos más. Entonces, con el rabillo
del ojo la jovencita se percató de que alguien
se estaba acercando a paso veloz. Apenas y pudo reaccionar,
arrojando a Kai lejos de sí, empujándolo
con las manos por el pecho. El infante no evitó
darse un golpe en la cabeza con el piso, preguntándose
que había hecho ahora de malo. Al mismo tiempo
que un sujeto largo y macilento entraba al muelle,
Rei se alisaba los pliegues de su falda y se aprestaba
a salir pronto de ese lugar.
El tipo, que traía uniforme de oficial científico,
seguía con la mirada a la muchacha, boquiabierto.
Después, con la misma expresión en su
rostro, observó al chiquillo aún tendido
en el suelo.
¿Acaso vi lo que creí ver?
lo interrogó, atónito, una vez que la
niña se había marchado.
Seguro, y los futbolistas profesionales sólo
jugaban por amor a la camiseta le dijo, un tanto
molesto por su inoportuna interrupción, poniéndose
de pie y acariciándose la nuca ¿Qué
me tienes de nuevo, Takashi?
Kenji Takashi, de unos treinta años, individuo
que cómo ya se ha dicho era alto y delgado,
pero con una higiene pulcra e íntegra en toda
su persona, lucía su uniforme con orgullo y
porte, enseñoreándose a su paso; era
ni más ni menos que la mano derecha de Rivera
en la planeación y construcción de la
Unidad Z, su segundo al mando. Sin su presencia, sin
su rigurosa disciplina y puntualidad muchas cosas
no hubieran podido realizarse. Un auténtico
perfeccionista, se vislumbraba a primera vista en
su apariencia. Un enajenado del trabajo y de la superación
laboral. Pero no era tan rígido y serio en
el fondo, permitiéndose en ocasiones a él
y a sus empleados ciertas libertades, sabedor de que
el trabajo excesivo no conduce a nada.
Los dos se habían conocido en la universidad,
cuando Kai apenas cursaba sus primeros estudios superiores,
aunque más bien su estadía en la institución
fue corta, concluyendo con el curso con bastante rapidez.
Al principio, Takashi, dado su carácter, se
había empecinado en superar a aquél
niño que a la tierna edad de seis años
ya era universitario. Debido a los tiempos tan adversos
que enfrentaba el mundo, no podía darse el
lujo de ser un profesionista promedio, y para eso
tenía que igualar al mejor, y superar al mejor.
Hizo el intento, eso no puede reprochársele.
Sin embargo, pronto se dio cuenta que era bastante
difícil, por no decir imposible, competir en
contra de una esponja que absorbía y se llenaba
de conocimientos en cuestión de minutos, por
lo que al final se vio abatido y derrotado en muy
poco tiempo.
Se dejó abrumar por el fracaso, sumiéndose
en un montón de angustias y traumas emocionales
que a punto estuvieron de hacer que perdiera la cordura,
de no ser por la oportuna intervención del
mismo chiquillo. Quizás fueron las palabras
tan llenas de sinceridad que le dirigió, ó
que el muchacho se enterneció con el infante,
el caso fue que Rivera le hizo darse cuenta que en
un mundo que necesitaba a gritos ser reconstruido,
no tenía mucho caso obsesionarse ni encerrarse
en una tarea tan enfermiza cómo la de ser mejor
que todos los demás, y que más convenía
que usara sus ánimos e ínfulas en algo
más productivo. Al fin y al cabo, al único
que debería superar, día con día,
era a él mismo y no a nadie más.
Desde en ese entonces, una fuerte amistad los dejó
prendados uno del otro, y aunque no se vieron en mucho
tiempo, siempre recordaban con gran estima y aprecio
a su amigo de la universidad. El destino, ó
más bien la disposición y el deseo de
Kai de trabajar a su lado, los había unido
de nuevo.
Encajaban muy bien como equipo, siempre lo habían
hecho. La disciplina y la responsabilidad indeleble
del japonés le daban un cauce para su realización,
además de practicidad a los diseños,
a la creatividad e ingenio del muchacho, que valga
la redundancia no era ningún adicto al trabajo.
Nada importante, sólo para entregarte
la cédula de las actividades y pruebas de sincronización
que tienes para mañana pronunció
Kenji entregándole una carpeta repleta de hojas
Uy, camarada, me parece que ahora sí
te vas a tener que alinear por la derecha y aplicarte,
porque ahora sí te van a traer corto.
¡Ja! se mofó el infante,
revisando los horarios de la carpeta ¿Quiénes?
Todos contestó de inmediato Desde
el comandante Ikari hasta el Secretario General. Las
Naciones Unidas van a querer ver de inmediato que
su inversión les dé dividendos.
Tengo mis prioridades en orden, créeme
dijo, negando con la cabeza al ver las horas de práctica
que tendría para el día de mañana.
Pues no sé, yo que tú tendría
cuidado le advirtió Esto ya no
es la escuela, y podrías hacer enojar a mucha
gente, gente importante, poderosa.
No te preocupes, todo va a salir bien
respondió, cerrando la carpeta Mejor
debieras ocuparte en hacer algo por esta pinche agenda,
si la sigo por lo menos una semana me va a matar.
Te dije que los jefes quieren darse prisa.
No creo que se pueda hacer mucho al respecto, así
que ni modo, te vas a tener que aguantar.
Ya veremos. Voy a intentar que me recorten
el tiempo que uso en la mañana para la escuela,
y aprovecharlo para distribuir mejor las horas de
trabajo. ¿Quién te la dio? preguntó
agitando el bonche de papeles en su mano ¿Ritsuko?
No. Maya contestó con aire soñador,
de enamorado.
Ya veo pronunció Rivera con una
sonrisa de picardía en los labios Así
que todavía no te has dado por vencido, ¿eh?
Me lo esperaba de ti.
Por lo menos ya di el primer paso. Ella ya
sabe que existo. Y a propósito le dijo,
haciéndole un candado a la cabeza con el brazo
Muchas gracias por presentármela, amigo.
No hubiera podido hacerlo sin tu ayuda.
Y yo que creí que cuando te la presentara
ni le ibas a hablar después musitó
con dificultad, aprisionado en aquél castigo
Aún así, no te confíes,
que la competencia está muy reñida.
Te lo digo para que después no vayas a chillar.
Lo sabía alarmado, con cara de
espanto, soltó en el acto al muchacho Era
cierto lo de Shigeru y ella...
Andas mal, compañero, muy, muy leeeejos.
No es por allí la cosa.
Kai miraba a su mejor amigo en el mundo, ilusionado
y a la vez sufriendo por el amor. ¿Cuántos
había cómo él? A todos los hombres
y mujeres les llegaba el momento de enamorarse, aunque
sólo fuese una vez en la vida. Empero, cada
vez que hablaban al respecto le producía tanta
lástima, tanto pesar que su camarada estuviera
enamorado de una lesbiana, sin saberlo.
Se hacía de noche en el Oriente. Y amanecía
en el Occidente. La mitad del mundo se iba a la cama,
mientras que la otra mitad se prestaba a salir de
ella y a reemplazarlos en la frenética producción
mundial, que no podía ser detenida jamás,
a riesgo de un colapso económico total.
Precisamente en el hemisferio Sur, en el lado donde
la madrugada empezaba a menguar y el alba a despuntar,
se encontraba una pequeña isla volcánica,
con apenas unos quince años de edad. Magma
solidificado alrededor de un volcán que permanecía
inactivo desde el Segundo Impacto, fecha que lo vio
nacer, constituía el sedimento de aquella pequeña
balsa de apenas unos tres kilómetros de diámetro
en el Océano Pacífico; razón
por la cual no era merecedora siquiera de ponerle
nombre.
No parecía nada importante, salvo un montón
de roca fundida que amenazaba con ser devorada por
el mar de un momento a otro. Bastaba un solo movimiento
telúrico para que fuera engullida por las aguas
y no dejar ni rastro. Nada a lo que se le pudiera
sacar provecho.
No obstante, no debemos olvidar que la grandeza se
encuentra precisamente en la humildad, en la sencillez.
Justamente, un pequeño sismo hace que la isla
se desintegre y se precipite al océano, mientras
el coloso de fuego rugía furioso y escupía
lava y ceniza a los cielos, al ser devorado y consumido
por el mar, todo esto en cuestión de unos cuantos
minutos, diez a lo mucho. Nadie presenció el
ocaso del lugar, cómo tampoco nadie había
sabido de su existencia. Pero el sacrificio de aquella
insignificante porción de tierra ha rendido
un fruto, algo por lo que valió la pena desquebrajarse
y precipitarse al lecho marino. Algo se ha liberado,
y algo se mueve, se desplaza con una gracia celestial
por entre las corrientes, tomando un rumbo predeterminado,
trazado por líneas invisibles que lo llevarían
hasta su destino final.
Ignorantes de todos estos sucesos, los hombres y
mujeres de la tranquila Tokio 3 duermen apaciblemente,
auspiciados por un falso y frágil sentimiento
de seguridad y confort. Y de la misma manera, despiertan
al siguiente día, sin saber lo que el futuro
les tenía deparado.
Eran las 7:30 de la mañana, en punto, cuando
el reloj despertador sonó a todo volumen:
¡¡Pi-ka-chuuuuuuu!!
¡Ay, cabrón! vociferó
Rivera, despertándose sobresaltado por el intenso
volumen del aparato electrónico.
Cubriéndose el rostro con su mano izquierda,
con algo de sueño aún a cuestas, deslizó
la otra mano, y a tientas logró apagar la alarma
de su despertador, que en la pantalla plana mostraba
a una simpática especie de ratón amarillo
y brillantes mejillas rojas, que invitaba a su propietario
a levantarse con sus estruendosos chillidos.
No voy a poder soportar todo esto pensaba
mientras luchaba por que sus ojos no se volvieran
a cerrar; si lo hacían, era seguro que se volvería
a quedar dormido. ¿Cómo le hacía
Shinji para levantarse tan temprano, sin ninguna ayuda?
Media hora antes se levantaba sin problema alguno,
y eso que se habían acostado a la misma hora.
Maldecía a los jefes, por obligarlo a pasar
por ese martirio. Le escupía mentalmente a
la doctora Akagi toda sarta de insultos y blasfemias,
odiándola aún más cuando ella
y el comandante se habían negado a acceder
a su petición. Es vital para el desarrollo
de la misión que te compenetres lo más
que se pueda a tus compañeros pilotos.
Todo eso no era más que un montón de
inmunda y fétida mierda. Lo hacían sólo
por fregarlo, y nada más.
Con lentitud, entre bostezo y bostezo, se enfundó
en su uniforme escolar, cuya camisa dejó sin
abotonar para dejar al descubierto su camiseta de
color que tenía puesto debajo de ella, para
contrastar con los grises tonos de la vestimenta estudiantil.
De la misma manera, se puso sus sandalias para andar
por la casa y se dirigió directo al baño,
a empaparse la cara de agua fría, lo que ahuyentó
en definitiva el cansancio que presentaba anteriormente.
Cuando salió del baño notó que
su compañero de cuarto no quiso esperarlo y
se fue a la escuela sin él. Era evidente que
aún quedaban vestigios de rencor en su contra,
provocados por los anteriores roces entre ellos dos.
Tal vez sería necesario hablar con él
un poco. Después de todo, si ya era definitivo
que se quedaría a vivir con ellos, convenía
limar asperezas para poder llevar todos la fiesta
en paz.
Y a pesar de todo, le había preparado el desayuno,
que se encontraba en una bandeja en la cocina, despidiendo
un suculento aroma a recién hecho. Quizás
había una leve esperanza, después de
todo, para que pudieran entenderse y hasta agradarse.
Dio un muy buen primer paso, que era darle de comer.
Posiblemente algún día sería
capaz de perdonar su estupidez, si seguía en
ese plan. Una vez que ingirió sus alimentos
se sintió lleno, rebosante de energía
para gastarla a sus expensas durante todo el día.
Propósito que se evaporó tan rápido
cómo llovizna de verano al caer sobre el ardiente
asfalto; ya que apenas cuando llegó a la escuela
y entró al salón de clases, se apiló
sobre su asiento y se puso a dormitar despreocupadamente.
Un breve rato después ya se encontraba profundamente
dormido, ante el manifiesto enojo de la concejal de
grupo, que le dirigía miradas de ira extrema
cada vez que alguno de sus ronquidos llegaba hasta
sus oídos, al igual que algunos maestros.
El reclamo no se hizo esperar a la primera oportunidad
que la joven tuvo, en el primer descanso de ese día.
Apenas sonó el timbre, marcando su inicio,
cuando la muchacha enfiló resuelta hacia el
problemático estudiante, y armada con una regla
de plástico, le atizó un golpe en la
base del cráneo, suficiente para despertarlo.
¡Oye, eso duele! despertó
al fin, quejándose.
¡Escúchame muy bien, Katsuragi!
pronunció Hikari con voz airada, haciendo caso
omiso de su lamentos ¡Tal vez a ti no
te interese en nada tu porvenir académico,
pero todos nosotros tenemos que estudiar si queremos
trabajar y comer!le recriminaba, amenazándolo
con la regla en mano¡Así qué
te agradecería mucho que mostraras por lo menos
un poco de respeto a esta institución y dejaras
de distraer a tus compañeros de clase! ¡Por
Dios, eres un c&ia |