| Por: Gus
jabarajas@hotmail.com
Capítulo 3: El chico nuevo
Espera pacientemente, sentado en medio de aquel
océano de la tranquilidad, sin ningún
distractor que lo moleste. Se da el lujo de cerrar
los ojos, e imaginarse flotando en la nada. El mundo
desaparece y sólo queda él, con su conciencia
individual. De repente, él lo es todo. Todo
lo que existe, existió y existirá: el
universo mismo. Nada puede perturbarlo.
De súbito, se ve transportado de nuevo a la
materialidad, encadenado por la gravedad al piso que
sus pies no tocan y a su cuerpo del cual su alma ansiaba
salir presurosa para desenvolverse a su máximo
potencial.
De nuevo se encontraba en aquella cabina, rodeado
de aquél extraño líquido que
penetraba en sus pulmones y el cual podía respirar.
Ataviado con ese inusual traje azul que se expandía
de su cuello para abajo, ajustándoselo cómo
una segunda piel gracias a un mecanismo instalado
en ambas muñecas. Era de un color azul cielo,
excepto por algunas partes en negro (los antebrazos
y los muslos, además de las plantas de los
pies) y en el pecho, hombros y espalda, que eran de
un color azul claro, casi blanco. La vestimenta en
pecho y espalda venía con un dispositivo especial
para casos de extrema urgencia, un soporte vital para
mantener al piloto con vida mientras recibía
la atención médica correspondiente.
El muchacho se encontraba mejor preparado que la
primera vez que se había subido al robot a
arriesgar la vida.
¿Estás listo, Shinji?
pregunta por la radio Maya Ibuki, asistente de la
doctora Ritsuko y operadora de comunicaciones en el
proyecto Eva. Era una tierna y encantadora joven de
cabello castaño corto, de unos 22 años
y unos rasgos adorables. Toda su humanidad transpiraba
inocencia, cómo si no hubiese superado la pubertad.
Bajita y esbelta, así era ella.
Todo era parte de un entrenamiento para acostumbrar
al piloto al mecanismo de Eva, donde el ambiente se
conformaba con hologramas bastante sofisticados y
muy convincentes. Podía reproducirse la ciudad
entera en sólo ese cuarto.
Sí contesta el muchacho. La expresión
de su cara seguía siendo la misma, sin ningún
cambio. Parecía estar en trance.
Muy bien prosigue la mujer tienes
que memorizar muy bien dónde están los
edificios con baterías, para que en el caso
de que el cable umbilical se corte o no alcance la
distancia, puedas reponerlo en uno de esos edificios.
También hay otros que tienen un suministro
variado de armas. Intenta recordar donde están
ubicados, te será de gran utilidad.
Lo intentaré.
Continuaremos la lección del Modo de
Inducción donde nos quedamos ayer.
Rápidamente emerge una figura, la proyección
de un ángel, y el chiquillo toma el arma, una
metralleta de asalto a la escala del Evangelion, dispara
y falla, pasando a un lado del objetivo.
Intenta concentrarte indica la operadora
tienes que tener el objetivo en el blanco y jalar
el switch.
Objetivo en el blanco... repite Shinji,
desinteresado jalo el switch al tiempo
que dispara y da en el blanco, haciéndolo explotar.
Excelente. El siguiente. a la vez otra
proyección emerge.
Objetivo en el blanco... jalo el switch
murmura el muchacho, obteniendo éxito en su
objetivo.
Lo estás haciendo bastante bien
lo felicita la empleada, mientras corta el enlace
para que no la pueda oír, mientras conversaba
con su superiora. Es extraño...pronuncia,
confundida Después de lo que le pasó,
y dado su carácter, pense que Shinji saldría
corriendo de aquí, pero no lo hizo... ¿Porqué
habrá sido?
No lo sé con certeza confiesa
la científicaTal vez ya no tenga ningún
otro lugar a dónde huir...
Era eso, pensaba, ó quizás Rivera había
usado su encanto persuasivo para mantenerlo aquí.
Compadecía al pobre de Shinji, mientras se
imaginaba de qué manera aquél mocoso
miserable lo amenazó para que no se fuera.
Por eso se había opuesto a que el chico se
mudara con Misato; ésta casi nunca se percataba,
ó no quería hacerlo, de lo que hacía
su protegido.
Sólo hace lo que otros le dicen
continuó, observando detenidamente la práctica
Es una lástima que esté gastando
su vida de esa manera, ¿no?
Mientras tanto, Ikari sigue entrenando, desinteresado
de todo lo que pasa a su alrededor, y aún su
entrenamiento lo hace como si estuviera en otro mundo,
ausente.
Objetivo en el blanco... jalo el switch
repite constantemente, sin concentrarse completamente.
Objetivo en el blanco...
Un grillo canta a lo lejos, buscando atraer a una
hembra de su especie para poder aparearse. Lo mismo
hace una rana toro, en un estanque que estaba quién
sabe donde. Ellos son los que inauguran el coro nocturno,
pero sus compañeros no tardan mucho en unírseles.
Pronto, la noche parecía una enorme sala de
conciertos y un motel a la vez, de las mismas proporciones.
Tal situación se acentuaba aún más
debido a la relativa calma que reinaba en aquel paraje
en dónde estaba ubicado el edificio. En esa
noche habría bastantes que no iban a poder
dormir tranquilamente.
Eso, por el momento, a él no le importa. Con
bastante calma prende un cerillo, que en la penumbra
brilló tanto cómo un sol al momento
de encenderse. Le hace casita con una mano, para que
la brisa no fuera a extinguir el fuego, y con la otra
lo aproxima al cigarro en sus labios. Al contacto
con la flama el tabaco comienza a arder, despidiendo
el humo con su tan particular aroma, el cual los antiguos
colonizadores españoles en América afirmaban
que hacía tener pensamientos felices.
Ya sin importarle si se apagará ó no,
arroja el inservible cerillo por los aires, cayendo
éste en el balcón del piso inferior.
Él se encontraba sentado sobre el de su departamento.
Su espalda cómodamente recargada contra la
pared, y su pierna derecha colgando fuera del balcón.
Eran unos 20 metros de altura. Un movimiento en falso
y seguro moriría. No le preocupaba. Tenía
bastante confianza en su magistral equilibrio, comparado
al de un gato. Eran otros menesteres los que lo agobiaban
en aquellos momentos.
Inhala suavemente a través del filtro, albergando
el humo en su garganta y sus pulmones, para poder
degustarlo, saborear el extraño sabor del tabaco
aspirado. Unos segundos después, exhala de
la misma manera, con suma tranquilidad, una abundante
bocanada de humo gris, el cual se fue dispersando
en el fresco de la noche.
Los conquistadores hispanos tenían razón.
Se siente más relajado, con la mente despejada,
pero sin librarse de sus preocupaciones. Las tenía
en plena mano, guardadas en una carpeta. Se trataba
de los informes de control de daños y de la
Cruz Roja, al respecto del incidente Eva, hacía
una semana atrás. Las cifras no eran nada alentadoras.
55 muertos. 121 heridos. 196 damnificados y 13 personas
desaparecidas. Todas ellas se unen al coro en su interior,
con los otros, en lo más profundo del alma
las asimila, digiere sus lamentos y sus reclamos de
justicia.
Piensa, en que tal vez esta tragedia se hubiera evitado
si hubiese intervenido a tiempo. Era en parte culpable
del siniestro y de todas las penas que embargaban
a aquella gente y a mucha más. Pero, ¿cómo
saber lo que sucedería? Lo único que
pretendía era probar los límites de
las habilidades del Cuarto Niño; nunca se imaginó
que todo tendría tan fatal desenlace. Debió
haberlo considerado. No haberse fiado de la engañosa
apariencia de aquel muchacho.
Por la ventana echa un vistazo al interior del cuarto.
Allí, en el suelo, en una de esas camas japonesas,
se encontraba él, revolcándose de un
lado para otro sin poder conciliar el sueño.
Pobre. Debía de tener bastantes mortificaciones
que lo acosaban y no lo dejaban descansar. La falta
de un buen descanso puede poner a una persona de un
muy mal humor. Pero Shinji no hacía nada por
demostrarlo, por desembarazarse de ese enojo. Más
bien lo contenía, sin dejar que la presión
se liberara un poco. Parecía un globo que lo
inflaban más de la cuenta, expandiéndose
hasta reventar. Era justamente lo que pasó
aquella noche.
Eva no debería usarse de esa manera, era todavía
más peligroso. Ese peligro seguiría
vigente si Ikari continuaba siendo un piloto. Él
no estaba preparado para una experiencia de ese tipo.
Se podría lastimar a sí mismo, y a los
que le rodeaban. Era un riesgo innecesario de correr.
No obstante, sentía cierta clase de remordimiento
al observarlo, una necesidad de ayudarlo y librarlo
de esa carga a la que se sometía. Quién
sabe, quizás veía en el un reflejo de
lo que pudo haber sido, de no ser por la intervención
de Misato. Debía hacerlo. Era la razón
por la que ella lo había traído. Para
ayudarlo.
Más sin embargo, una duda lo asalto al instante:
¿sería capaz de salvarlo de él
mismo?
¿Y qué tal si no quería ser
salvado?
Amanece. Habiendo dormido muy poco, Shinji se levanta,
y maquinalmente comienza su rutina matinal. Con sumo
cuidado guarda su futon en el armario correspondiente,
teniendo cautela de no despertar a su compañero
de cuarto. Tarea sencilla. Ni un terremoto lo hubiera
despertado en aquellos instantes. Dormía plácidamente,
en un sueño muy profundo, ahí, en su
cómoda cama de colchón, con sus dos
almohadas y su cálida cobija térmica.
Por si no fuera poco, roncaba entrecortadamente. ¿Cómo
podía dormir tan tranquilamente? Debía
tener una gran paz interior para que su sueño
no fuese tan fácilmente velado. No sin un poco
de rencor, el muchacho abandona la habitación,
deslizando suavemente el fusuma (puerta deslizante
hecha de papel, la cual se usa para la división
de cuartos en las casas japonesas), haciendo un ruido
seco al golpear éste en la pared.
Luego de un austero desayuno, casi con pesar recoge
sus cosas para encaminarse a la escuela. Una valija
de mano con unos cuantos libros de textos eran la
única herramienta que llevaba consigo. Desde
hacía una semana que asistía a clases.
Antes de marcharse toca a la puerta de la propietaria
del lugar, quién aún seguía encaramada
en su lecho.
Tímido, cauto, entreabre la puerta para asomar
su cabeza al interior del cuarto.
Misato, ya es de mañana.
Cómo agonizante, sumamente débil y
cansada, la mujer responde sacando la mano derecha
de la colcha con la que estaba toda cubierta, haciendo
señas para darse a entender.
Tuve que quedarme en el turno nocturno anoche
dice, casi murmurando No tengo que ir a la oficina
hasta por la tarde, ¡así que sólo
déjame dormir!
De acuerdo.
¿Cómo te va en la escuela?
Bien.
¿Kai te va a acompañar hoy?
No lo creo. Aún sigue dormido, y no
quisiera despertarlo.
Muy bien... hoy es martes, no se te vaya a
olvidar sacar la basura.
Cómo digas.
El chiquillo se da la media vuelta, dándole
la espalda. La militar asoma su rostro demacrado por
entre la cobija, como queriéndose cerciorar
de algo. Una palabra se le atora en la punta de la
lengua. Sigue en esa misma pose por unos cuantos momentos,
hasta escuchar la puerta de la entrada cerrándose.
Una vez que sabe que su huésped se ha ido,
deja caer pesadamente la cabeza sobre su almohada,
suspirando. De inmediato, lanza lejos de sí
todo lo que la cubría, levantándose
pesadamente, para luego dirigirse al cuarto contiguo,
con los pies desnudos.
Kai...
Espera unos segundos, para ver si había alguna
respuesta. Nada. El infante seguía profundamente
dormido.
Kai...
Esta vez lo sacude, para provocar alguna reacción.
El muchacho frunce el ceño, aún inconsciente,
pero con obvia molestia. Se voltea de lado, esperando
estar más cómodo, ignorando las constantes
misivas de su guardiana, que creía formaban
parte de sus locos sueños. No era así.
Cansada de tener que lidiar con él en ese
estado, bruscamente la mujer despoja de un jalón
al chico de la cálida cobija con la que estaba
cubierto, además de la almohada en la que tenía
apoyada la cabeza, rebotando ésta contra el
colchón al momento de caer. Lo súbito
de la impresión provoca el despertar del chiquillo.
...ah... frío... balbucea de
manera incoherente a la par que se revuelca por toda
la cama, con los ojos entrecerrados, costándole
trabajo despabilarse por completo.
Misato lo ayuda a incorporarse, quedando sentado
en la propia cama. Se toma su tiempo. Bosteza. Se
talla los ojos. Se rasca la cabeza. Vuelve a bostezar.
Se cuelga de la mujer, propinándole un cariñoso
beso en la mejilla.
¿No crees que se te olvida algo?
le dice ella, con una sonrisa en los labios.
Eh... vacila un poco, volteando al techo,
antes de responder ¿Buenos días?
No contesta Yo me refería
a la escuela, ¿qué tampoco piensas ir
hoy?
Pues no. Ando falto de tiempo para esas idioteces
responde, abalanzándose hacia un lado de la
cama Planeaba afinar mi guitarra dice
mientras sujeta entre las piernas dicho objeto Ya
llevo rato sin practicar...
Ejecuta algunas notas, deslizando sus dedos por las
cuerdas del instrumento. Buscando los tonos adecuados,
aprieta los dientes de éste hasta obtener el
resultado deseado, escuchando atentamente la siguiente
cuerda.
Puedes hacerlo después. Ahorita quiero
que te vistas para ir a la escuela ordena tajantemente,
apartando la guitarra de él.
Maldición reclama sumamente molesto
el joven Tengo un cajón lleno de diplomas
y títulos de las mejores universidades del
mundo, además de tres doctorados, ¿y
tú quieres que vaya a la escuela secundaria?
¡Debes estar bromeando! Además, aún
no he acabado con mis obligaciones en el Cuartel,
tu sabes que hay que finalizar la construcción
de esa Unidad Z cuánto antes.
Tu segundo puede encargarse de todo perfectamente
hasta tu regreso replica, aprisionándolo
entre sus brazos antes que saliera del cuarto y se
diera a la fuga Son sólo seis horas.
Y si hay alguna contingencia, te avisarán por
tu celular de inmediato.
¿Porqué me haces esto?
interroga Rivera, abatido, impedido de liberarse de
ese maternal abrazo.
Quisiera que acompañaras a Shinji
le confiesa Que lo introduzcas en el ambiente,
que le presentes a tus amigos, a tus amigas...
Yo no tengo amigos allí corta
tajantemente.
Cómo sea. Los conoces. Pero Shinji no.
Es muy pesado ser el nuevo en cualquier parte.
Sí claro... ¿Me viste cara de
niñera ó qué chingados? Que se
las arregle él solo.
Sabes muy bien que no puede aclara Katsuragi
No con su carácter, tan tímido.
hm asiente el infante ¿Sabes?
He estado pensando... que tal vez lo mejor para todos
sería que Shinji se fuera del proyecto... es
muy inestable... a la larga, podría ser peligroso...
No nos dejaste mucha alternativa cuando te
rehusaste a pilotar el Eva 01, ¿recuerdas?
Creo que ya es tarde para arrepentirse responde,
liberándolo.
Yo no podía saber lo que iba a pasar...
además, ya te lo dije, estaba muy concentrado
en mi trabajo como para descuidarlo cada vez que Gendo
quiere.
Nadie podía saberlo trata de consolarlo
Pero ahora Shinji está aquí, y
debemos ayudarlo para que se integre, no ignorarlo
como hacen todos los demás.
Incluso su padre.
Exacto asiente la mujer, notando que
estaba logrando resultados. Lo insta una vez más:
Anda, ve a cambiarte. Además, allá
podrás ver a Rei...
El muchacho obedece, buscando la camisa de su uniforme,
que debería estar tirada en algún lugar
del piso, además de su casi nueva mochila,
ya que casi nunca la usaba.
Sabes, en público ella se muestra muy
renuente a verme...confiesa, mientras se empieza
a vestir.
Renuente ó no, el caso es que las misivas
de Misato dan resultado y consigue que su protegido
por fin asista a clases. Él tenía mucha
razón, la verdad no había motivo para
que fuera al colegio, salvo la de comenzar a sincronizarse
con los que algún día serían
sus compañeros pilotos, una vez que tuvieran
que combatir juntos. Aún así, el ambiente
escolar debería ser sofocante y represivo para
un niño dotado como él. Ciertamente
que una fábrica de profesionistas para el Estado
no era el lugar idóneo para desarrollar al
máximo el potencial de un intelecto de ese
tamaño.
Una vez que el joven ha partido, dejándola
sola en el apartamento, a excepción de Pen
Pen, la capitana decide tomar una ducha. Total, ya
estaba despierta y no le veía mucho el caso
a volver a la cama a dormir. Podría aprovechar
su tiempo libre en terminar de desempacar, ó
quizás ponerse a afinar la guitarra de Kai.
Hacía mucho que ella tampoco practicaba, y
era menos tedioso que hacer las labores de la casa.
Quizás hasta podría jugar un rato con
el pingüino. Justo cuando está en el baño,
reposando alegremente en la tina llena de agua tibia,
deliciosa y reconfortante, recibe una llamada telefónica,
que contesta por su celular. Benditos teléfonos
celulares que se pueden usar hasta en el baño.
Hubiera odiado tener que abandonar aquel exquisito
placer para atender al llamado telefónico.
¿Bueno? Ah, eres tú, Ritsuko.
¿Cómo has estado? pregunta
la doctora ¿Y qué tal te va con
él?
¿Quién? Ah, te refieres a Shinji.
Ya hace rato se fue a la escuela. Ya han pasado dos
semanas desde que lo transfirieron a esa escuela,
pero él sigue siendo el mismo. Además,
no ha recibido una sola llamada.
¿Llamada? pregunta confundida
la rubia.
Le compré un teléfono celular,
por si había que contactarlo rápidamente.
Parece que no lo ha usado, y nadie lo ha llamado.
No creo que tenga amigos, y la verdad Kai no ayuda
mucho que digamos. Creo que está celoso, ó
algo así; tal vez está molesto por tener
que compartir el cuarto.
Y hablando de dicho lugar, precisamente ahí,
arrumbado en un cajón de escritorio, estaba
arrumbado el mentado celular de Ikari, apagado y con
el tiempo intacto de cuando se lo dieron.
Bueno, Shinji no parece del tipo que haga
amigos fácilmente responde la doctora
Akagi desde el otro lado de la línea ¿Has
oído hablar del dilema del erizo?
¿Erizo? ¿Ese animal que tiene
los cabellos como espinas? pregunta Misato.
Exacto. Si un erizo desea dar su calidez a
otros erizos, mientras más se acerca más
lastima a los otros. Lo mismo ocurre con algunas personas.
Es porque está asustado por los dolores que
hay en su corazón que él se porta de
esa manera, tan precavida.
Entonces, él debe darse cuenta que
cuando la gente crece adquiere un sentido de distanciamiento
de los sentimientos de otros contesta la militar.
Muy cierto corrobora su compañera.
A pesar de la tardanza, Kai se las ingenia para
llegar a tiempo a la escuela, saltando la barda y
eludiendo a los prefectos del plantel. En todo el
mundo, lo único igual son los aeropuertos y
los salones de clases: varios chicos aquí y
allá, platicando y jugando, durmiendo ó
reflexionando, lo que hace una variedad muy peculiar.
Aunque el idioma cambie, el país y la raza,
son en realidad muy pocas las variantes y muchos los
lazos comunes. Claro que había sistemas más
estrictos que otros, y ahí era en donde se
diferenciaban los países desarrollados de los
no desarrollados. Al muchacho se le revuelve el estómago
al entrar al recinto, observando la escena y los tonos
grises que predominaban en el edificio. Se arma de
valor para introducirse dentro y mezclarse con los
demás, y así lo hace, con paso firme.
Su presencia es notada en cuanto cruza por la puerta,
sobre todo por las jovencitas. Su altura, su complexión,
su caminar, aquellos ojos verdes y su tez morena;
habría que pensar en el impacto que un extranjero
de ese tipo ocasionaba en las jóvenes japonesas,
bombardeadas desde pequeñas por los estándares
occidentales de la belleza y gallardía.
...Yuki, mira...
...es él...
...ha regresado...
...y yo que creí que ya no volvía...
...qué bien...
...qué guapo...
...¿ya viste sus ojos?
...hermana, sus ojos son lo último en
lo que me fijaría...
...qué músculos...
...y esas grandes manos...
...quisiera que me tomara entre sus brazos...
...cómo quisiera que fuera mi novio...
...qué lastima, él será
todo mío...
...si yo te dejo...
El joven ya se había acostumbrado hacía
mucho al singular efecto que provocaba en sus condiscípulas,
por lo que caminaba despreocupadamente hacia su asiento,
rodeado de una marejada de murmullos. No obstante,
vacila un poco antes de llegar a éste, volviendo
la mirada hacia la pared contraria. Peina el lugar,
cómo si estuviese buscando algo, hasta que
por fin se detiene cuando su pesquisa da resultado.
Allá estaba la criatura más bella,
hermosa y exquisita que se pudiera imaginar jamás.
Aún con todas esas vendas, aún estando
tullida y maltratada. Ese cabello tan raro, como el
color del cielo (¡y no era pintado!), esos ojos
rojos como brasas ardientes, su expresión triste,
melancólica. Su nombre era Rei Ayanami. Su
edad, 14 años cumplidos a la fecha. Estudiante
por obligación, piloto del Eva 00 de la misma
manera. Fue su imagen la que se apareció ante
Shinji en aquella estación de trenes. Era ella
la que estaba dispuesta a sustituirlo, aún
estando seriamente lastimada. Tan pensativa y taciturna
como de costumbre. ¿Qué pensamientos
giraban en esos momentos en esa cabeza suya? ¿Qué
oscuros sentimientos se ocultaban detrás de
esa gris fachada? Moría por saberlo.
La inquiere con la mirada, hasta que la muchacha
se da cuenta de su presencia, avisada cómo
por un piquete. Toda ella se estremece y rápidamente
mira hacia donde se encuentra el chico que requiere
de su atención; aunque eso sí, hay que
decirlo, todo esto lo hace con suma discreción
y sin cambiar un solo instante su semblante.
Las miradas de los jóvenes quedan conectadas
una con la otra, trenzadas en feroz combate: el esmeralda
de las pupilas de Rivera en contra del carmesí
de las de Ayanami. El niño mueve los labios,
sin emitir sonido alguno.
Kimiga sukida gesticula con el movimiento
de la boca. Es te amo, en japonés.
La joven parece captar el mensaje, a pesar de las
dificultades del medio en el que se transmite. Sin
contestar, vuelve su rostro a su posición original,
mirando fijamente el pizarrón de enfrente,
ignorando monumentalmente al Romeo.
Vaya suspira, poco antes de sentarse
en su pupitre.
Se ubica justo detrás de Shinji, la principal
causa de que él estuviese allí. El infante
estaba con la nariz pegada a un libro de cálculos
y problemas algebraicos, además de traer puestos
sus discman, por lo que se encontraba completamente
sustraído de todo cuanto acontecía a
su alrededor, situación que aprovechó
el recién llegado sin demora alguna.
¡Hola Shinji! le gritó de
repente, mientras le daba una palmadita en la espalda.
Alarmado, Ikari también gritó por lo
súbito de la impresión, y al sentir
a alguien detrás de él, dejó
caer sus cosas al suelo con estrépito.
Rivera estaba muerto de la risa, acariciándose
la boca del estomago cómo si le fuera a reventar,
y llenando por completo al aula con su jolgorio.
¡Ay, no puedo creer que seas tan fácil
de asustar! decía entre carcajadas, ante
el creciente enojo del japonés Déjalo,
yo te lo levanto... le ofreció recoger
sus pertenencias, mientras se agachaba por ellas y
las retornaba a su lugar de origen.
No creí que fueras a venir hoy
pronunció su condiscípulo, extrañado
por la repentina familiaridad con que lo trataba,
y su modo tan amigable Es más, no pensé
que fueras a venir algún día.
Ya ves, mano, lo que es no tener algo qué
hacer por las mañanas... reveló,
despreocupado.
Vaya, señor Katsuragi fueron interrumpidos
por una estudiante que se les acercó, atraída
obviamente por la presencia del muchacho Nos
honra con el placer de su visita.
Al contrario, Hikari, el gusto es todo mío
contestó Kai en el acto.
Espero que esta vez pueda compartir sus conocimientos
con nosotros, sus compañeros, y aportar algo
a la clase que no sean sus ronquidos continuó
la muchacha, exagerando a propósito en sus
modales Ah, y por favor, dentro del salón
de clases llámeme Concejal, ¿de
acuerdo?
Cómo quieras, Hikari respondió,
ante el malestar de la joven.
¿Ya se conocen? preguntó
el muchacho, al notar la insistencia y curiosidad
con la que la chiquilla miraba a Shinji Shinji,
quiero presentarte a Hikari Hokkari, nuestra concejal
de grupo y representante, quien por cierto, es soltera;
Hikari, él es Shinji Ikari, estudiante de recién
ingreso y quien por cierto, nunca ha tenido novia.
Ya nos conocíamos le confiesa
Ikari, mientras saludaba con un apretón de
manos a la jovencita Ella fue quien me puso
al corriente con la clase; ¿y tú que
sabes si he tenido novia ó no?
Son cosas que ya se saben sin preguntar
respondió.
Bueno, tengo otros asuntos dijo la chica,
despidiéndose, inclinando un poco la cabeza
Mucho gusto, Ikari, avísame si te puedo
ayudar en algo más.
Muchas gracias, concejal, así lo haré
se despidió del mismo modo, para que luego
la jovencita se retirara.
Era una menuda mujercita. Simpática, y esbelta,
con un rostro sencillamente adorable. Pecosa y con
su peinado de trencitas, de cabello negro y ojos del
mismo color, de sonrisa fácil y sincera: el
arquetipo perfecto de la escolar japonesa.
¿Qué te parece? le pregunta
Kai a su compañero, viéndole las espaldas
a la muchacha Bonita, ¿no te parece?
Sí, algo asiente él, dándole
por su lado ¿Pero de dónde salió
lo de Katsuragi?
Ah, eso pronunció Es mi
nombre oficial. Así estoy registrado en todos
mis documentos. Pero aquí entre tú y
yo, sigo siendo Kai Rivera, para servir a Dios y a
usted.
Ya veo.
Algunos lugares detrás de ellos se encontraba
otro chico, jugando con un helicóptero a escala
y una cámara de video. Delgado, pálido
y de anteojos, realmente parecía estar disfrutando
su peculiar actividad. Sumergido en sus fantasías
belicosas, no pone atención a la concejal que
se va acercando a él, hasta que la tiene frente
a sí, y no después de que ésta
lo observó con extrañeza por un rato.
Apenado, el infante baja su juguete y la cámara,
risueño, tratando de disculparse.
¿Qué es lo que pasa, concejal
Hokkari? interroga por el motivo de la visita.
La matrícula de Suzuhara espeta,
cruzada de brazos ¿Ya se la hiciste llegar,
tal y cómo te lo encargué?
No he tenido oportunidad contesta de
inmediato Parece que no hay nadie en la casa
de Toji en los últimos días.
Es extraño, Aida comenta la muchacha
con gesto de mortificación No ha asistido
a clases en las últimas dos semanas, ¿a
qué se deberá?
No sé dice el joven, que continúa
sentado, notando el semblante preocupado de su compañera
Tal vez podría estar gravemente herido,
ó algo así...
¿Eso crees? ¿Por lo del robot?
le cuestionó la chiquilla, para luego aclararle:
En los noticieros dijeron que no hubo heridos.
Katsuragi, de espaldas a la conversación,
con sólo escuchar la palabra robot
aguzó de más su fino oído, para
seguir el rumbo de la plática. Quizás
algo de lo que se tratara en ella podría ser
de su incumbencia.
¡Imposible! se alebrestó
al instante el mozo ¡Tú viste el
centro de la explosión, en plena ciudad! No
solamente las unidades de Iruma y Komatsu fueron movilizadas,
sino que también las de Misawa y Kyushu. Estoy
seguro que debió haber habido más de
20 ó 30 heridos, y muy probablemente algunas
bajas.
El niño estaba muy agitado, más de
lo que debería estar. Era obvio que sabía
de lo que hablaba, por lo tanto se molestaba cuando
alguien se atrevía a contradecirlo, por lo
menos en ese campo.
Kensuke era muy listo, pensaba Kai, quizás
más de lo que le convenía. Si seguía
abriendo la boca de esa manera, llegaría algún
día en que lo lamentaría. No le convenía
para nada armar ese tipo de escenas, y menos en un
lugar público como lo era el colegio. Alguna
persona indeseable podría escucharlo, y eso
le iba a costar muy caro. Niño imbécil,
no sabes en la que te estás metiendo
concluyó, meneando la cabeza en señal
de desaprobación.
En eso, la puerta del salón de nuevo es abruptamente
abierta, tal como pasó cuando él llegó
al aula. Toda la clase, extrañada, voltea hacia
aquel lugar, para ver pasar a otro joven tan alto
como lo era Rivera, y de su misma complexión
atlética, vestido con la ropa deportiva escolar,
calzando unos costosos tenis de marca. En contraste,
cargaba un humilde morral donde guardaba sus enseres
escolares. Pelo negro y expresión seria, algo
curtido y soleado para alguien de su edad. Sin prestar
atención a las miradas que tenía clavadas,
se abre paso hasta su lugar, adelante del de Aida.
Al pasar junto a Kai, en señal de amistad apoya
su mano derecha en el hombro de éste, viendo
con extrañeza a Shinji, quién le era
desconocido y ajeno a su medio.
¿Qué hay? saluda, a modo
de respuesta, casi sin prestarle atención.
Es atrás donde sí provoca alguna reacción,
ya fuera de júbilo ó sorpresa.
¡Toji! exclama su amigo, estrechándose
en un apretón de manos, después de días
de no haberse visto.
Suzuhara murmura Hikari al contemplar
al recién llegado, mientras la sangre se agolpaba
en sus mejillas.
El salón está ahora muy vacío
advierte, cuando toma asiento en su lugar.
Evacuación, evacuación
explica su condiscípulo, atrás de él
Muchos fueron transferidos a otras escuelas;
¿y cómo no? Aquí se está
desatando una verdadera guerra.
Parece que eres el único que disfruta
el que se estén dando estas batallas
replica Suzuhara, al notar la emoción en la
voz del chiquillo.
Seguramente. Pero dime, no viniste por un buen
rato. ¿Qué fue lo que te pasó?
A mí no... a mi hermanita suspira,
casi convirtiéndose en sollozo, apoyando la
barbilla en el pecho ... mi hermanita... estaba
sola en la casa cuando todo ocurrió... y el
techo... se le vino encima... apenas la pudieron salvar,
pero desde entonces ha estado en el hospital. Mi papá
y el abuelo trabajan en ese centro de investigaciones,
NERV, ó cómo sea que se llame, y no
pudieron abandonar sus puestos hasta ahora. Si yo
no la acompañaba, la pobrecilla se hubiera
tenido que quedar sola todo este tiempo. ¡De
todos modos, ese piloto del robot estaba completamente
loco! arguyó, levantando el rostro, sumido
en la ira Se supone que era el que nos iba a
defender, pero casi destruye toda la maldita ciudad.
¡Eso me hace encabronar!
Tanto Ikari como Rivera, de espaldas, pudieron escuchar
con toda nitidez los reclamos de su compañero,
y a ambos les caló hondo la recriminación,
a uno más que a otro, Sólo se pudieron
encoger, esperando desaparecer por completo.
Por cierto comenta Kensuke ¿No
has escuchado lo que dicen sobre el nuevo?
Qué pregunta tan estúpida. Si el adolescente
no había ido a la escuela en dos semanas era
obvio que no había escuchado nada sobre Shinji,
ni siquiera lo conocía.
¿Ése que está sentado
delante de Kai? pregunta Toji, señalando
con el dedo índice el lugar donde se encontraba.
Él mismo confirmó Lo
transfirieron mientras no estabas: justo después
del incidente; ahora que ha comenzado la evacuación
de la ciudad... ¿no se les hace raro eso?
preguntó con cierto velo de misterio en su
tono de voz.
Kai empezó a enfadarse. Sus dos hileras de
dientes rechinaban al chocar una contra otra. Kensuke...
qué imbécil... eres... mascullaba,
ante el temor de que él y Shinji fueran expuestos
ante todo el salón.
En ese momento llega el maestro de la clase, un viejo
arrugado y con el cabello cenizo de las canas que
poblaban y coronaban su cabeza. Caminaba con dificultad,
como si cada movimiento que hiciera le produjera una
tremenda agonía. En cuanto entró, Hikari
dejó de sentir pena por Toji y de inmediato
renovó su papel como líder estudiantil,
habiéndose olvidado de éste por un buen
tiempo, mientras se enteraba de la condición
de su admiración.
¡Maestro en el salón! ¡Todos
de pie! ordena de inmediato, con voz firme.
Los escasos estudiantes que quedaban en el salón
obedecieron en el acto, exceptuando por Rivera, quien
en una demostración de orgullo y soberbia continuó
sentado en su pupitre. No se iba a humillar a tal
grado ante nadie, y mucho menos ante ese anciano patético
y frente a toda esa bola de escuincles babosos.
No obstante, al ver lo tanto que se esforzaba el
profesor por conservar la figura y postura, notando
a leguas lo difícil que le resultaba todo aquello
gracias a su condición, no pudo evitar enternecerse
por un hombre que cumple con su deber y responsabilidades
a pesar de lo adverso de su situación.
Acomedido, se levantó de su asiento al sentir
la pena que embargaba al mayor, y se perfiló
hacia su escritorio, ayudándole a recorrer
el trecho que faltaba y acomodándole la silla
para que pudiera tomar asiento, ante el asombro y
desconcierto de sus compañeros, y aún
también del académico.
Mil gracias, señor Katsuragi agradeció
el viejo, viéndolo a través de sus gruesos
lentes a la par que se enjuagaba el sudor que empañaba
su frente con un pañuelo, con la respiración
agitada.
No lo contradijo, con una sonrisa en
los labios Gracias a usted, sensei.
Después de pronunciar esas palabras, todas
ellas carentes de vacías e hipócritas
cordialidades, sino que venían directo del
corazón, regresó a su lugar, ante la
extrañeza general que había provocado.
Ese día, sin saberlo, y sin hacer la gran cosa,
el anciano se había ganado el respeto y admiración
sinceras de uno de sus más conflictivos pupilos,
algo nada fácil de realizar.
La clase transcurre sin ningún otro percance,
salvo el de unos instantes antes del descanso. El
maestro se encuentra dando su cátedra, que
se trataba de la materia de Historia. Justo ahora
se encuentran estudiando el Segundo Impacto.
Fue entonces cuando un meteoro masivo cayó
sobre la Antártida, derritiéndola casi
en su totalidad, cubriendo así a las plataformas
continentales casi completamente en las aguas. En
el proceso, más de la mitad de la población
mundial fue exterminada... exponía ante
la clase el profesor.
Gracias a la tecnología de las redes computacionales,
la cual estaba aún mucho más desarrollada
en aquellos tiempos, los alumnos contaban con excelentes
herramientas para su aprendizaje. Se podía
contar con una red interna en la escuela, con acceso
directo a la biblioteca de dicha institución.
De hecho, ya el alumnado no entregaba la tarea como
antaño, directamente a la mano del educando;
se podía entregar ya con mayor facilidad vía
correo electrónico, y las calificaciones a
su vez eran entregadas del mismo modo. Incluso los
recados entre los alumnos han sido modernizados, debido
al ingenio y a la inventiva por parte de los mismos.
La red escolar también podía ser utilizada
para la comunicación entre las terminales particulares.
Cuando hace diez años se escribía el
recado en un pedazo de papel, comprimido y arrojado
en la cabeza, ahora por medio de los e-mails el procedimiento
resultaba más sencillo.
Shinji recibe uno de esos recados, que en su terminal
aparece como llamada. Sorprendido, observa
el contenido de éste:
¿Eres el piloto de ese robot? S/N
El muchacho voltea, extrañado, para reconocer
a quien mandó el mensaje. Una muchachita saluda,
agitando su mano. Varias compañeras suyas están
a la expectativa en sus respectivas terminales; la
jovencita vuelve a escribir:
¿Eres el piloto? S/N?
El muchacho no sabe que responder. Vacila un poco,
al recordar los comentarios de Toji. ¿Cómo
irían a reaccionar los demás? Podría
ser peligroso. Las jóvenes no se daban por
vencidas, mandando varias copias del mensaje a la
vez, inundando la terminal del infante.
...un colapso económico global no se
hizo esperar, originando numerosas guerras civiles
y disputas entre los sobrevivientes por los insumos
necesarios... continuaba el anciano, ignorante
del drama que se suscitaba en su clase.
¿Qué hacer? ¿Cómo quitárselas
de encima? Un frío sudor generado por la incertidumbre
y la desesperación le recorría la sien.
Estaba agobiado, presionado una y otra vez por la
insistencia de sus compañeras, quienes conforme
pasaba el tiempo y las negativas del joven a contestar,
más convencidas se encontraban de que, efectivamente,
su congénere era el operador de aquella fabulosa
máquina de guerra. Empujado por las constantes
misivas de las chiquillas, Ikari finalmente contesta:
Sí
Todo el salón se sobresalta, en un grito de
emoción y levantándose abruptamente
de sus asientos. Las bondades de aquella red interna
permitían a toda la clase compartir información
diversa, ó leer las conversaciones virtuales
de otros, como en los antiguos chats. Rápidamente
todos asaltan a Shinji de preguntas y comentarios,
rodeándolo y haciéndolo prisionero en
su propio lugar.
¡Qué padre!
¡Cool!
¿Cómo se llama el robot?
¿Qué tipo de armas usa?
¿Posees alguna técnica mortal
infalible?
¿Tienes novia?
¿Cómo fuiste seleccionado?
¡Seguro debiste hacer un examen!
¿Adónde hay qué ir?
Y comentarios de este tipo le llovían por
montón a Shinji.
El profesor, incapaz de escuchar la conmoción,
y sin extrañarse para nada que todos sus discípulos
estuviesen de pie e ignorándolo, (posiblemente
ya sufría de ataques de senilidad) proseguía:
...en aquellos días yo vivía por
el rumbo de Nubakawa; lo recuerdo muy bien, fue algo
terrible, espantoso en verdad...
La concejal también se levanta de su asiento,
pero no por la razón por la cual todo mundo
la hace. Intentaba poner orden en medio de aquel tumulto,
sin lograr nada. Remaba contra la corriente, y estaba
siendo arrastrada.
¡Oigan, todos ustedes! les reclamaba,
sin obtener resultados ¿Qué es
lo que les pasa? ¡Aún estamos en clase!
¡Tú siempre te quieres hacer la
jefa!
¡No la peles!
¡Sí, ignórala!
¡Les digo que se vayan a sentar y esperen
a que la clase termine!
Nada. Estaba sola en su lucha, sin nadie que la apoyara.
A final de cuentas, al ver que era ponerse con Sansón
a las patadas, se rindió, y desencantada regresó
a su lugar, con su autoridad arrastrando.
¿Y cómo se llama el robot, eh?
N- No estoy seguro respondía Shinji
ante el alud de preguntas que lo embargaban; no lo
admitía, pero la verdad le gustaba la manera
en la que todos se fijaban en él Lo llaman
Eva, ó Unidad 01...
¿Eva? ¿Qué no es nombre
de mujer?
¿Y qué clase de armas tiene?
¿Lanza rayos láser, ó misiles?
Bueno, no sé... tiene un cuchillo, y
vibraciones... cómo una onda ultrasónica
ó algo así.
Kensuke estaba muy atento a todas las respuestas
que Ikari daba, soltando pequeños trocitos
de información, anotando en su computadora
todo lo que creía pertinente saber acerca de
aquella novedosa arma.
El muchacho buscaba auxilio en sus otros dos compañeros,
mas Rei seguía indiferente, observando el horizonte
que se extendía ante ella por la ventana; y
el otro estaba completamente dormido, acurrucado por
la trémula voz del profesor y el ritmo tan
lento que llevaba la conferencia. Entonces, ¿los
otros no sabían que ellos también eran
pilotos? Probablemente fue un error haber contestado
afirmativamente, pero estaba tan desesperado que sólo
pensaba en cómo quitarse de encima a aquellas
latosas.
En contraste con sus demás compañeros,
que animosos apapachaban e idolatraban al nuevo, Toji
estaba recostado en su asiento, con cara de pocos
amigos.
El escándalo que realizaban sus condiscípulos
era a tal grado, que comenzó a perturbar la
siesta de Rivera. A tanto llegaba todo el ruido que
provocaban los infantes. Molesto por no poder descansar
a su completo gusto, y extrañado, Kai reclama,
aún con los párpados cerrados:
¡Ora, cabrones, dejen dormir!
Al percatarse que su reclamo no tenía resultados,
desconcertado, entreabre sus ojos, observando a la
muchedumbre que se reunía en torno a su compañero
de cuarto, y todavía puso atención a
lo que se estaba tratando en esa reunión.
Al escucharlos, alarmado se levantó de su
silla como un rayo, enfilándose a la multitud
que tenía enfrente.
¡Déjalo solo un ratito y mira
lo que hace! se decía a sí mismo,
apurándose a llegar.
¡A ver, mocosos, ya estuvo bueno de tanto
argüende! pronunció apenas al congregarse
con todos los demás, dispersándolos
de un lado para otro ¡Aquí se rompió
una taza, y cada quien para su casa! ¡Vámonos
a la chingada, muévanle!
Lo decía con voz de acero, imponiendo su presencia
y chasqueando los dedos. A diferencia de la concejal,
quién había fallado al intentar poner
orden en medio del caos, ya fuese por miedo ó
por respeto, pero todos los chiquillos hicieron caso
a las demandas de Kai, abandonando aquel lugar y regresando
todos a sus respectivos lugares. No había nadie
que se atreviera a decirle no a él.
Así que, al final, todos toman sus asientos
otra vez, callados y acongojados; quizá por
no haber saciado su sed de curiosidad acerca de los
pormenores que implicaba ser piloto Eva, ó
bien pudo haber sido por no poder sacudirse de la
represión del tirano extranjero.
Nuestra ocupación tiene que ser un secreto
para los civiles susurra Katsuragi al oído
de Ikari, una vez que la multitud se ha extinguido
Ten mucho cuidado con lo que dices, y a quien
se lo dices: uno nunca sabe a donde podría
llegar esa información.
Lo siento, no tenía idea se disculpa
el joven japonés, apenado.
Esta bien, no te preocupes lo dispensa
Sólo espero que esto no vaya a pasar
a mayores.
Oiga, maestro lo intercepta Rivera al
fin de la clase, el cual daba comienzo a su receso
¿No desea que lo acompañe hasta
su carro? El semblante que tiene no me gusta nada...
Le agradezco sus atenciones, joven Katsuragi
confiesa desconcertado el anciano ante el súbito
interés que mostraba el muchacho hacia él
Pero aún me quedan por dar dos clases
más. Aparte, mi hija vendrá a recogerme
cuando termine, no se preocupe.
Bueno, por mi parte no puede decirse que no
lo intenté añade su alumno Espero
que tenga un muy buen día, y que le vaya bien
en todo lo que haga expresa su sentir, haciéndole
una reverencia.
Muchas gracias se despidió el
viejo, mientras el chiquillo abría la puerta
por él.
Sólo una cosa más lo atajó,
una vez que estaba en el pasillo ¿No
cree que sería mejor para su salud si diera
sus clases por video conferencia?
Ya antes me lo han dicho le revela Pero
yo no trabajo de esa manera. Simplemente no me gusta.
No quisiera que mis alumnos empezaran a perder el
valor del trato humano. Se nos concedió a todos
nosotros una segunda oportunidad, y debemos aprovecharla
para recuperar nuestra humanidad, la cual al paso
del tiempo habíamos perdido.
Viéndolo así, no tengo más
remedio que concordar con usted admitió,
satisfecho de lo que acababa de escuchar La
Historia nos sirve para construirnos un mejor futuro,
¿no es así?
Así es, señor Katsuragi, así
es se volvió a despedir, prosiguiendo
su dificultoso andar.
Rivera permaneció recargado en el borde de
la puerta del salón, viéndolo alejarse.
El pobre todavía no alcanzaba las escaleras.
La concejal, quien había permanecido en el
salón, se le unió, poniéndose
a un lado suyo, sin decirle nada.
Ese viejo pronunció Kai, sonriendo
Su cuerpo es débil, y quizás no aguante
mucho tiempo más, pero su espíritu es
tan fuerte que seguro seguirá vigente aún
cuando ya no esté con nosotros.
Por cierto le dijo su compañera,
no habiendo entendido del todo lo que dijo Quisiera
agradecerte el haber calmado a todos hace un rato;
yo no pude hacerlo.
El muchacho la miró extrañado. Había
dejado la formalidad a un lado, y ya comenzaba a tutearlo.
No fue nada contestó, internándose
al salón para recoger su almuerzo de la mochila
Pero no creas que lo hice para mantener el orden,
simplemente me pareció... se interrumpió,
al contemplar algo por la ventana que lo agitó
de sobremanera ay, no. ay, no se lamentó,
mientras salía a toda máquina del aula.
Curiosa por saber que era lo que lo había
alarmado tanto, la jovencita también se asomó
por la ventana, buscando encontrar la causa de su
desconcierto.
Ay, no pronunció también,
para dejar todas sus cosas y salir tras Rivera.
Un tremendo puñetazo se clava en el rostro
de Shinji, quien cae al suelo, por el fuerte golpe.
Un mórete se empieza a formar en su rostro,
a la par que su dolor y su rabia tomaban forma de
manera conjunta en los más profundo de su ser.
Lo siento niño nuevo, pero no podía
estar satisfecho hasta que te partiera a cara
exclama Toji, acariciándose los nudillos luego
de haber realizado su fechoría Era algo
que tenía que hacer.
A la hora del descanso, el muchacho había
ido por Ikari, acorralándolo y llevándolo
hasta el jardín trasero, que se encontraba
poco concurrido a esas horas, para poder ajustar cuentas
a gusto y sin que nadie los molestara.
Perdónalo agrega Kensuke, tratando
de justificar el barbárico comportamiento de
su acompañante su hermana menor fue
herida en el incidente.
Los dos muchachos se van a retirar, mientras Shinji
está en el suelo, postrado y rabioso de la
impotencia que sentía en aquellos momentos.
Cada célula de su cuerpo clamaba, rugía
por venganza, por la dulce venganza. Reprime ese sentimiento,
como lo hacía con cada sentimiento negativo
que pretendía surgir de él, y lo sepulta
junto con todos sus otros antecesores. Ya tenía
una colección privada.
Cuando pretendían retirarse, Kai les sale
al paso por la vereda que conducía al patio
de la escuela, cortándoles el camino. Al verlo
a los ojos se percatan que su más grande temor
se ha hecho realidad. Lo han molestado, y al parecer,
bastante. Nuevamente está con esa mirada salvaje
con la que todos le temen. Esa facción de su
cara que casi nunca se veía en ese muchacho
sereno y apacible, a veces hasta ocurrente. Esa expresión
que quisieran nunca jamás volver a presenciar.
El problema es que ya lo estaban haciendo en ese momento;
habían despertado al volcán.
Por instinto de supervivencia, Toji intenta retroceder,
a sabiendas que sería el primero sobre quien
se dejaría ir. No estaba equivocado. De la
misma manera que lo hizo Ikari, Suzuhara recibe un
fuerte derechazo en el rostro que lo manda a la lona,
a pesar de los ruegos de Hikari, quien llegaba detrás
de él, llorando suplicante.
¡No le pegues, por favor! imploraba,
sin obtener respuesta.
¡Tú, grandísimo imbécil!
ladra Kai Me cagan los malagradecidos, pero
sobre todo la gente pendeja. Responde, tarado: ¿Preferirías
que en lugar de lastimada tu hermana estuviese muerta?
¿Te has puesto siquiera a pensar que hubiera
pasado si él no pilotea el robot? ¿Sabes
que gracias a él estás aquí,
haciendo tus babosadas?
El muchacho hace el intento de incorporarse, pero
nuevamente es tumbado al suelo por un fuerte golpe
en la boca del estómago, que corta su ritmo
respiratorio, derrumbándose. Luego siente cómo
el aire lo levanta unos centímetros del suelo,
en contra de su voluntad. No era el aire. Era Kai.
Sujetándolo firmemente de la camisa, lo sostenía
con suma facilidad arriba de su cabeza.
¡¡¡ Quédate ahí,
que aún no he acabado contigo! ! ! grita,
enardecido.
¡¡¡Ya no más, ten
piedad!!! repetía constantemente Hokkari,
hecha un paño de lágrimas, justo a su
lado.
Katsuragi no obedecía, ni siquiera atendía.
En lo que pensaba en esos momentos era en impartir
justicia, erigiéndose cómo juez, jurado
y ejecutor. Alguien tenía que enseñarles
a estos niños el temor a Dios, y si nadie más
quería, él se encargaría de hacerlo.
En todo eso estaba, cuando de pronto, y sin temor
a las consecuencias, Shinji se incorpora.
Yo... murmura Yo no soy piloto
por mi gusto le dice a Toji, elevado por las
alturas, en tono desafiante.
El comentario deja a todos perplejos. Kai mira fijamente
a Shinji, sorprendido. Cansado de todos aquellos que
le rodeaban, sabiendo a lo que se exponía al
defender así a Ikari, lo último que
necesitaba era que él abriera el hocico y dijera
estupideces. Soltó a su prisionero, para después
dirigirse a su compañero de cuarto, tratando
lo mejor posible de calmarse y tener la cabeza fría,
cómo siempre acostumbraba.
¿Porqué dices eso?interrogó
de la mejor manera que pudoYa te había
dicho que si no querías ser piloto podías
largarte cuando quisieras...
¡Y después me lanzaste ese chantaje!reclama
con avidez el joven nipón¡No me
dejaste otra opción! Tengo que hacerlo a fuerzas,
aunque no quiera.
Los otros, dos de pie y uno tirado en el suelo, eran
meros espectadores del drama que ellos mismos habían
orquestado, mudos de la impresión, paralizados
del horror que habían desatado. Cómo
con la caja de Pandora.
Eres un pendejo le confiesa Kai a su
contrincanteUn enorme pendejo... no hago más
que desperdiciar mi tiempo al tratar de ayudarte
dio media vuelta, con la intención de retirarse.
Ya dándole la espalda, remató Haz
lo que te venga en gana, ya no me importa.
Ikari ya no soportaba la actitud que el muchacho
tenía para con él. Siempre le estaba
reprochando todos sus errores, haciéndolo sentir
mal consigo mismo. Siempre sintiéndose superior
con todo su parloteo pseudo-científico repleto
de maldiciones y blasfemias, y su cuarto repleto de
trofeos y diplomas empolvados. ¿Quién
se creía que era ese cretino bastardo? Hasta
la coronilla de él, y de sus comentarios hirientes,
le lanzó un reto.
¡Espérate! le reclamó
¡Ya estoy hasta la madre de ti y de tus
sermones! ¿Por qué no intentas hacerme
lo mismo que a él? pronunció,
señalando al chiquillo a sus pies ¡Yo
no te tengo ningún miedo!
Furioso, y de nuevo con esa mirada salvaje y asesina,
Katsuragi lo miró de reojo, ocasionando que
el niño se envalentonara.
¡Vamos, golpéame, si tanto quieres!insistió,
listo para pelear¡Pero yo no me voy a
dejar! ¿Me oyes? Antes te rompo las piernas,
ó los dos brazos, si prefieres.
Al escuchar ese tipo de amenaza, si hubiera sido
de cualquier otro, se hubiera alarmado, ó por
lo menos ponerse en guardia. Pero viniendo de aquel
chico flaco, con la apariencia que tenía de
que no mataba ni una mosca, no pudo tomarlo en serio.
Empezó en la base de su columna, tratando de
contenerla. Al ver a Shinji, furioso y blandiendo
los puños en el aire, el escalofrío
le recorrió toda la espina, atravesando su
garganta y escapándosele por la boca. Se echó
a reír a pleno pulmón, sin poder evitarlo.
Se acariciaba la base del estómago, debido
al dolor que le provocaba la risa. Continuó
por largo rato, ante la vista de los demás.
El japonés cada vez se enojaba más y
más, debido a la burla de la que era objeto.
Una vez que Rivera se levantó del suelo, luego
de patalear para conseguir algo de aire, se le acercó,
sin ningún temor y le propinó un puñetazo
en la mandíbula, colmada por entero su paciencia.
Sin embargo, no hubo reacción de parte del
agredido. La poca fuerza, y lo mal dirigido que iba
el golpe, provocó que no hiciera ningún
daño en su oponente. Al contrario, le dio más
motivos para estar alegre, riéndose cómo
un verdadero orate.
¿Ya debo decir: ouch?
pregunta Kai, entre risotada y risotada ¡Por
favor, no me lastimes!
De nueva cuenta, el muchacho japonés se sintió
resentido frente a las múltiples burlas de
las que era objeto. Y con el humor que traía,
decidió que haría lo necesario para
que se le tomara en serio. Buscó a su alrededor,
encontrando un enorme ladrillo restante de una reciente
construcción de la escuela. Sin que el otro
sujeto frente a él se diera cuenta, se hizo
de él, cargándolo con dificultad. Su
enemigo le concedía bastantes facilidades,
hasta tuvo oportunidad de tantear el tiro. Una vez
que se hubo asegurado de la trayectoria de su pequeño
misil, tomó impulso, para poder lanzarlo con
todas las fuerzas que le proporcionaban sus brazos.
En un golpe de suerte, el atacado pudo observar con
el rabillo del ojo el proyectil, que se dirigía
justo a su cabeza. Apenas si pudo saltar, para evitar
un descalabro mayúsculo. El ladrillo se hizo
pedazos al estrellarse contra el suelo, ante la vista
atónita de todos. El extranjero, sorprendido,
no dejaba de mirar a Shinji, por fin con la seriedad
con que éste lo deseaba.
El silencio domina por algunos momentos el ambiente,
mismo que es interrumpido por la persona más
callada que todos los congregados allí conocían:
Rei Ayanami. Nadie se había dado cuenta de
su presencia hasta que abrió la boca, revelándoles
que se encontraba allí.
Recibí una llamada del cuartel
dice, con su melodiosa voz, que cada vez que se escuchaba
era como un hermoso regalo. Tenemos que ir.
Yo ya me voy. concluye, dando media vuelta atrás
y emprendiendo el camino.
Más no se fija bien dónde pisa, ya
que resbala y cae suavemente.
Ignorando por completo a su compañero, y a
su amenaza, Kai va en su ayuda.
En su cara ya no se ve más aquella máscara
de odio y furia, sino una más tranquila y calmada.
Volvía a tener el jovial carácter de
siempre. Cómo con la música que calma
a las bestias, la sola presencia de Rei despejó
al instante los humos de la cabeza del muchacho.
A ver... debes tener más cuidado, todavía
estás lastimada pronuncia el muchacho,
levantándola.
Gracias dice ésta, con la misma
actitud indiferente de siempre.
Los dos se alejan del campo de batalla, dándoles
las espaldas a los presentes y sin voltear ni siquiera
para despedirse, dejando a cuatro confusos adolescentes.
Shinji se queda callado, pensativo, observando cómo
Katsuragi lo volvía a desdeñar, huyendo
abrazado de Ayanami.
Luego de un rato de vacilar, quedándose estático
en su lugar, de pie y con la vista fija en el camino,
Ikari por fin decide partir, del mismo modo que lo
hicieron sus predecesores, sin mirar atrás.
Entonces, sus compañeros civiles se quedan
solos, aturdidos por todo lo que acababa de pasar.
Toji aún se encontraba tirado en el piso, tratando
de recuperar el aliento, jadeando lastimosamente.
Hikari se enjuagaba las lágrimas de sus enrojecidos
ojos, agradecida porque la tormenta ya se había
alejado, al mismo tiempo que intentaba recuperar la
postura. Kensuke era el que se encontraba intacto,
a pesar del susto que se había llevado, y estaba
juntando las piezas del rompecabezas, conjeturando.
Entonces exclama, casi susurrante Ayanami
y Kai también son pilotos. ¿Quiere decir
que hay más de un robot? ¿Ó se
turnarán para tripularlo? ¿Ó
lo harán los tres al mismo tiempo? ¡Rayos,
ojalá pudiera saberlo!
No pudo terminar de formular sus hipótesis,
debido a un tremendo coscorrón propinado justo
en la base del cráneo.
¡Ay, eso me dolió! se lamentó,
cerrando los ojos y acariciándose de inmediato
la parte lastimada. Al final, no había quedado
ileso, después de todo.
¡Tú tuviste la culpa, zonzo!
reclama Hokkari enfurecida, amagando con volver a
golpearlo ¿Porqué no los separaste
desde un principio?
¿Yo? se sorprende el chiquillo
¿Cómo iba a poder hacerlo? Estando
así Kai no me le acerco ni aunque me paguen...
No pudo seguir. El sonido tan horrible de la sirena
de evacuación se lo impidió. Una nueva
compañera de clases se le une, asomándose
desde la fatídica vereda.
¿Qué es lo que hacen allí
ustedes tres? les pregunta, alarmada ¡Vamos,
están evacuando la escuela!
Al mismo tiempo que los niños se van, una
alarma empieza a sonar en toda la ciudad:
Un estado especial de emergencia ha
sido declarado para las regiones Kanto y Chubu del
distrito Tokai. Todos los residentes deben evacuar
inmediatamente y dirigirse a los refugios designados.
Repito... decía incesantemente
la fría voz mecánica de la alarma, causando
gran pánico en todas partes.
Lejos de todo el tumulto que provocaba entre los
hombres, cruzando por los territorios vírgenes,
en medio de toda esa tierra de nadie que era el desierto
árido y sin vida que se erigía al norte
de la metrópoli, volaba con relativa calma
el Cuarto Ángel. Su enorme sombra era proyectada
sobre la caliente arena que cubría los restos
de una otrora pulolosa urbe. El coloso se enfilaba
directamente hacia su sucesora, que empezaba a divisarse
como un espejismo en el horizonte. Claro que él
no podía verlo. Captaba el mundo que le rodeaba
de una manera muy diferente a como lo hacían
los seres humanos. Pero lo que sí podía
sentir, y casi saborear, era el terror y el caos que
producía su sola presencia. Casi podía
sentir la vista del satélite posándose
sobre de él. Podría haberlo destruido
con una facilidad inaudita, más sin embargo
permitió que el aparato siguiera previniendo
a sus creadores del peligro que se cernía sobre
de ellos.
En el cuartel de NERV se empiezan los preparativos
para atacar al ángel. Rápidamente es
monitoreado por satélite y se calcula el tiempo
de su llegada. A diferencia del anterior caso, ahora
las fuerzas armadas no se presentan. Ya todos saben
que sería un derroche de vidas y dinero el
atacarlo convencionalmente.
Si el anterior ángel era extraño, éste
último se volaba la barda. No tenía
ninguna apariencia humanoide, como su predecesor,
más bien parecía una enorme sanguijuela
escarlata. No se le podía apreciar ningún
rostro y su forma de desplazarse era flotando en posición
horizontal.
En diez minutos estará ingresando a
la ciudad calculó el operador Makoto
Hyuga, encargado del radar.
Iniciando la transformación de Tokio
3 a modo de batalla.
Arriba, en la superficie, los más importantes
edificios de la metrópolis, tal y como lo hacen
las avestruces, comienzan a ocultarse bajo el suelo,
gracias a un poderoso sistema de grúas que
soportaba todo el peso de la construcción.
Asimismo, emergían justo arriba del Geofrente.
Bloque principal, además de los bloques
1 y 7 han sido acoplados.
El gobierno y todos los ministerios correspondientes
ya han sido notificados.
Los no combatientes y civiles ya han sido evacuados
por completo del área.
Así que el Cuarto Ángel ha decidido
visitarnos justo cuando el comandante está
ausente, dejándonos a nosotros todo el trabajo
nota Katsuragi, de pie en medio de la sala de control.
La O.N.U nos está presionando para
que pongamos en marcha al proyecto Eva reporta
la operadora Sakura Chingou, encargada de comunicaciones.
¡Maldición, que molestos son!
inquiere la capitana Katuragi Lo íbamos
a hacer de todos modos.
Ahora regresó muy pronto comunicó
a Misato Makoto, su leal asistente la otra vez
pasaron quince años, y ahora sólo tres
semanas.
Sí asintió la mujer
Y no toma en cuenta nuestros sentimientos, ¡eso
es algo que no nos gusta a las mujeres! dice,
cómo para que tomara nota su subordinado.
Basta de plática interrumpió
el segundo comandante en jefe preparen todo
para el lanzamiento ordenó.
Con su permiso, señor interrumpió
Rivera al ingresar al centro de mando, atrayendo todas
las miradas sobre de él Quisiera solicitar
se me conceda pilotar la Unidad 01 en esta ocasión.
Nadie en el cuarto podía creer lo que acababan
de escuchar. Ni siquiera Katsuragi, quien estaba boquiabierta,
atónita, observando detenidamente al ser que
tenía delante de ella, examinándolo
meticulosamente para comprobar que en realidad ése
era su protegido, a quien conocía desde hacía
once años, y no un impostor que lo estaba suplantando.
Si era así, el fraude hacía muy bien
su trabajo. Juraría que ése era Kai.
Tuviste tu oportunidad, ¿recuerdas?
responde Fuyutski, tratando de conservar la calma.
Lo sé. Pero aún así, quisiera
insistir al respecto.
¿Qué fue lo que te ha hecho cambiar
tu postura?
La condición del Cuarto Niño
afirma a sangre fría, sin inmutarse Es
demasiado inestable, y considero que es un riesgo
innecesario para toda la misión. Me parece
que me encuentro mejor capacitado para la tarea.
Tal vez tengas razón responde
el hombre luego de meditar su decisión largo
rato Pero ahora no tenemos tiempo para configurar
el sistema a un nuevo piloto; además, mientras
no se demuestre tu creencia, no tengo más remedio
que echar mano del piloto titular que tengo, además
del único con experiencia en combate del que
disponemos. Lo siento, pero tu solicitud es denegada,
Rivera.
Sólo espero que no tenga que arrepentirse
cuando le toque recoger y contar los cadáveres,
señor agrega el muchacho, enfadado, mientras
se retira de la sala, dejando a todos aturdidos y
extrañados de su inusual conducta.
Shinji, ignorante de la conspiración en su
contra, ya se ha puesto su traje de conexión,
y se prepara para abordar el Eva. Su semblante es
triste e inquieto, debido al incidente que había
acaecido apenas unos minutos antes. Estando en un
profundo trance, repasaba mentalmente una y otra vez
la escena. Por fin se había desahogado de las
molestias que había acumulado a lo largo de
tres semanas que le parecían inacabables. ¿Qué
es lo que le deparaba el destino ahora? De seguro
ya no podría volver a casa de Misato; de hacerlo,
la situación se volvería muy tirante.
Pero lo que más le afligía era que
su padre no estaba presente, por lo cual no había
una buena razón para pilotear la unidad 01.
¿porqué arriesgar el pellejo una vez
más? ¿Para salvar personas cómo
ese bruto descerebrado que lo golpeó? ¿Para
volver a sufrir los atropellos del déspota
de Kai? No iba a funcionar si lo hacía por
obligación.
Atención, piloto de la Unidad 01
anuncian en el sonido de la instalación, sacándolo
de sus dilemas Repórtese al muelle de
embarque de su unidad.
Lo había escuchado. Por un momento, se quedó
allí, de pie, indeciso en ir ó no.
¿Qué hacer?
Ya todo está listo para el lanzamiento. Bajo
la ciudad y arriba de los cuarteles de NERV se encuentra
un extenso laberinto de amplios túneles, los
cuales sirven para el lanzamiento del Eva, y desembocan
en varios edificios. La ruta del lanzamiento se calcula
según la posición del enemigo.
Indefensos. Así se sentían todos en
el refugio bajo tierra. Uno, de los tantos que se
habían construido en toda la ciudad, anticipando
precisamente una situación de esa magnitud.
Eran apenas unos 2000 metros cuadrados para que unas
250 personas se acomodaran lo mejor posible. Impotentes
de no poder hacer nada, salvo cerrar los ojos y apretar
los dientes, esperando que la pesadilla termine. Era
lo que cualquiera haría. Precisamente allí
es a dónde han llevado a los condiscípulos
de los jóvenes pilotos. Los chiquillos se encuentran
sentados en varios colchones y mantas predispuestos
para su uso. Toji y Kensuke se encuentran conversando
bajo aquel ambiente.
¡Ay, chingado, me arde hasta la madre!
se queja Toji del moretón en su rostro,
provocado por Kai.
Rayos, lo están haciendo de nuevo...
también se lamenta su compañero a su
lado, aunque por distintas causas, observando en la
pantalla de su dispositivo de grabación (el
cual también podía captar señales
de televisión) el sistema de emergencia de
la estación, con apenas una escueta explicación:
Al mediodía de hoy se declaró
un estado de emergencia especial para los distritos
de Kanto, Chubu y Tokai. Reportaremos más información
con detalles tan pronto cómo sea recibida.
A ver solicita su amigo el aparato, para
percatarse por su cuenta Ese aviso está
en todos los canales...
Es un bloqueo informativo aclara Aida,
rascándose la nariz mientras contemplaba el
techo del fortificado refugio No van a decirnos
nada a los civiles, hasta que todo pase. A propósito,
quisiera pedirte algo...
¿Qué? pregunta Suzuhara.
Aquí no... vamos al baño, para
que nadie nos escuche...
¡¿Qué?! repite pasmado
el muchacho.
¡No se trata de eso, mal pensado!
aclara el otro, disipando los temores de su acompañante.
Los dos muchachos se levantan y se dirigen hacia
la representante de grupo, a la cual le tienen que
pedir permiso para poder separarse del grupo, hasta
para acudir al sanitario; ésta asiente y al
cabo de unos instantes los dos se encuentran haciendo
sus necesidades en los orinales.
¿Y de que querías hablar?
pregunta Toji, no muy convencido del todo del propósito
de su compañero.
Todo esto es increíble responde
el interrogado y quisiera verlo por lo menos
una vez, antes de morir.
¿Pero qué clase de sujeto eres
tú? le vuelve a preguntar, sacudiéndose
Quiero verlo antes de morir
lo arreme |