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El Proyecto Eva
Por: Gus (gus_charizard@yahoo.com.mx)
Capítulo Veintiuno: "Noche de Paz"

La tierra se estremecía con violencia, aullando casi al punto de llegar a un lamento, en tanto escupía de su interior incontables columnas de fuego, que insolentes se alzaban hasta acariciar el cielo, el que se teñía con el color de la sangre. La creación entera caía hecha pedazos, derrotada, dejando libre al terror para que instalara su dominio en todo lo existente. El gozo había sido desterrado para toda una eternidad mientras que el llanto y la desesperación eran ahora la constante que regía el orden universal.

Allí, donde sólo era la oscuridad y el rechinar de dientes, el Eva Z se estrellaba contra el piso como una estrella caída de los cielos, dejando en su trayecto toda una estela de destrucción. En medio del cráter producido por el impacto, su joven piloto apenas si podía escapar de la inconsciencia, mucho menos de su agresor, aquél esquelético gigante envuelto en llamas que fue a caerle encima, con las piernas extendidas como una lanza.

El robot se hundió más en el terreno mientras que el ser flamígero lo asía de los hombros, clavando en ellos sus afiladas garras que penetraron su coraza como un cuchillo caliente a la mantequilla. Las cuencas vacías en el cráneo del monstruo quedaban justo frente a sus ojos, únicamente con llamas en su interior, y cuando abrió sus fauces no fue para rugir ni atacarlo:

—Adoraron al Monstruo porque había entregado el imperio a la Bestia, y también adoraron a la Bestia...— aquella voz, si acaso se le podría llamar así a ese espantoso sonido que salía de su boca, pero que a la vez parecía emerger de todos lados y de ningún lugar en específico, no hablaba en cualquier idioma que él conociera y sin embargo podía entenderlo con toda claridad.

—¿Quién como la Bestia? ¿Quién podrá competir contra ella?

El coloso en llamas lo levantó por encima de su cabeza cornada y lo arrojó con saña contra el suelo, no una sola vez, sino varias. Al final colocó la planta del pie encima del Eva, que yacía boca arriba, para seguir recitando:

—Se le permitió hacer proyectos orgullosos y blasfemar contra Dios, y pudo actuar como quería...

Una artera patada en la cabeza del Evangelion la clavó en el suelo, que cedió bajo su peso. Por su parte, una bocanada de fuego infernal disipó cualquier espíritu de lucha que aún permaneciera en el piloto.

—Se le concedió hacer la guerra contra los santos y vencerlos, y se le dio poder sobre toda raza, pueblo, lengua y nación...

Sin más aquél monstruo de pesadilla se abocó a desgarrar lo que quedaba de lo que alguna vez fue una poderosa armadura, ahora reducida a simples cascajos humeantes. Quitaba las enormes y gruesas placas de metal tan fácilmente como se le quita sus capas a una cebolla.

—Y todos la adoraron, todos los habitantes de la tierra...

El titán atravesó por completo el pecho de Zeta utilizando su garra, para luego sacar de su interior al piloto, el cual se retorcía presa del dolor en el puño del monstruo, convertido más en una pulpa sanguinolenta que en un ser humano. Y para su desgracia, aún permanecía vivo mientras que el gigante lo sostenía en el puño como a un muñeco. Fue en esos últimos, agónicos momentos que pudo apreciar la transfiguración de su enemigo, el que empezó a cubrirse de la carne de la que hasta entonces había estado despojado; de entre las lenguas de fuego pudo reconocer, con horror, un rostro barbado, con cabello cano... y ojos verdes... tan fríos, tan crueles y tan despiadados como los recordaba, desde la última vez que los vio.

Una última llamarada, expulsada por la boca del monstruo, puso fin a toda la locura y el sufrimiento. Ya no había más dolor. Sólo el vacío de una oscuridad inconmensurable.

Kai despertaba sobresaltado, bañado en sudor. El dolor que acusó en el pecho y su cabeza lo devolvió a la realidad, aunque le costó algunos momentos poder ubicarse en el tiempo y el espacio, pero finalmente pudo recordar que se encontraba volando a bordo del gigantesco Equipo F, el avión de carga que transportaba a su Evangelion.

Empapado como estaba, el vendaje que cubría la mayor parte de su torso y su frente le resultaba todavía más incómodo, qué decir del yeso en su pierna derecha. Respiraba profundamente, buscando tranquilizarse y recuperar el equilibrio. Por ahora todo el avión parecía dar vueltas como una lavadora.

—¿Otra pesadilla, muchacho?— observó su acompañante, un joven oficial de las Naciones Unidas —Ahora que lo veo, tal parece que tienes fiebre, chico. Lo más seguro es que alguna de tus heridas se haya infectado. Parece ser que no te administraron suficiente antibiótico, ¿eh?

Rivera asintió con la cabeza, aunque no haya entendido ni una palabra de lo que aquél hombre dijo, y no porque no hablara su idioma.

—Pero, ¡oye!— continuó el tipo, aparentemente sin reparar en aquél hecho —Hay que ser un poco más optimistas y verle el lado bueno a las cosas... por lo menos éste fue tu boleto de regreso, ¿no crees? Estarás en casa para Navidad, muchacho...

El joven volvió a asentir de la misma manera, y el oficial a su vez siguió parloteando:

—¡Eso sí que es ser afortunado! En cambio yo tendré que estar de guardia en alguna región asiática cuyo nombre apenas y puedo deletrear... y hablando de suerte, ¡vaya suerte la tuya, amigo! No tengo que repetirte que es un auténtico milagro que puedas estar aquí, frente a mí... ¡ese sí que fue todo un rescate!

Y así fue como continuó aquel viaje, con los engorrosos pormenores de su milagroso rescate relatados en boca de aquél parlanchín oficial. Mientras tanto el avión continuaba su pesado andar por los cielos, rumbo a Japón.

Era precisamente allí, en la tierra donde nace el sol, que un pequeño contingente ya aguardaba a la llegada del hijo pródigo, en una de las terminales aéreas del Geofrente. El pequeño, pero nutrido grupo, estaba formado casi exclusivamente de féminas de muy buen ver, entre las que se encontraban la Mayor Katsuragi y Asuka Langley, quienes eran las más ansiosas de todas, naturalmente. A su lado, apartada como siempre, Rei esperaba sentada, con la serenidad que le caracterizaba y tratando de no ponerle mucha atención al par que la acompañaba.

—Si te maquillas un poquito más sólo te faltará la nariz roja y los zapatos grandes para trabajar en un circo, preciosa— observó Misato, cuando Langley sacaba su espejo de bolsillo por tercera vez en diez minutos.

—Perdóname si quiero verme bonita para mi hombre— repuso la muchacha, atajando el tono hostil en las palabras de la Mayor —A diferencia de otras personas, que parece que nunca se cambian de ropa…

—¡Por favor! ¿De veras crees que Kai va a notar tu ridícula faldita nueva, ó ese cochino perfume que te echaste antes de venir? ¡Sueña, nena!

—Seguramente que lo hará, cuando esté acurrucada en sus brazos…

—¿Quieres apostar?

—¿Qué tienes que ofrecer… señora?

Las dos estaban muy emocionadas, era cierto, pero también, cada una a su manera, estaban celosas la una de la otra. Ninguna de ellas estaba segura de a quién saludaría primero Kai a su llegada, y era eso en gran parte lo que propiciaba la disputa. Pero había otra razón que hacía actuar de tal manera a Misato, bastante bien oculta, pero no lo suficiente como para que Asuka no pudiera intuirla en cierta forma.

Por otra parte, Shinji, sentado una hilera de butacas detrás de ella, no estaba al tanto de aquellas dobles intenciones y significados escondidos en las palabras de aquél hermoso par. Tan despistado como era siempre, no había manera en que pudiera percatarse de aquel ínfimo detalle. Solamente suspiraba al verlas, apesadumbrado. Ansiosas, emocionadas. Incluso Ayanami parecía algo inquieta. Ninguna de ellas se había puesto así por él, jamás. Pero con ese desgraciado era punto y aparte. ¡Maldito! El protagonismo que había ido ganándose entre sus bellas acompañantes, debido en parte a la ausencia de Rivera, se esfumaba tan pronto como el susodicho se iba acercando. De nuevo volvía al lugar que le correspondía, atrás, en las sombras. Donde nadie pudiera notar su presencia.

Una lata bastante fría de refresco y bien colocada en su mejilla lo sacó de inmediato de aquel estado de autocompasión, en tanto que Sophia se sentaba a su lado, divirtiéndose de lo lindo con la reacción del muchacho.

—¡Perdóname, pero tenía que hacerlo!— se excusaba, entre risas, tendiéndole la bebida —¡No podía dejar escapar la oportunidad! Ahí estabas tú, completamente en la luna… ¿en qué rayos estabas pensando?

—Nada de importancia— respondió el chiquillo al abrir su refresco.

Sin lugar a dudas el gesto de su compañera resultó ser una muy grata sorpresa, aunque no lo suficiente como para sacarlo de ese estado de depresión al que era tan adicto.

—Mira nomás a esas tipas— masculló Neuville luego de darle un sorbo a su bebida, sentada a su lado con las piernas extendidas —¿Porqué rayos se ponen así? Parece como si fueran alguno de esos estúpidos club de fans esperando a una estrella de rock, ó algo así… ¿qué tiene de especial el dichoso Kai?

Ikari permaneció callado, pensativo. Él mismo se había hecho esa pregunta ya tantas veces...

—Él… él es una excelente persona… y un gran amigo… por eso todos lo tienen en tanta estima…

—¿De veras? A mí no me lo pareció, cuando lo conocí… de inmediato supe que no era más que un pelmazo arrogante… y no sé tú, pero esa sonrisa de super estrella que pone se me hace muy sospechosa…

—Bueno, a veces es un poco pesado, no lo niego. Tampoco quise decir que era perfecto… en muchas ocasiones he sentido que me mira por debajo del hombro… de hecho, casi siempre. Además se la pasa recriminándome por las cosas que hago, las que dejo de hacer, las que digo ó no digo… puede llegar a ser bastante molesto, la mayor parte del tiempo…

El muchacho calló de súbito, al darse cuenta que se había explayado más de la cuenta y dejado al descubierto una parte de sus verdaderos sentimientos hacia su compañero. ¿Por qué lo había hecho, si siempre era tan cuidadoso al respecto? Si los demás se enteraban de lo que verdaderamente pensaba de Kai sin duda que su opinión respecto a él decaería bastante, tan popular como era aquél chico. Quizás la cercanía que por momentos experimentaba con Sophia lo hizo sentirse lo suficientemente cómodo como para sincerarse con ella.

—¡Qué persona tan insoportable!— exclamó la jovencita —Parece de esa gente que sólo están esperando a que cometas un pequeño error para echártelo en cara… se creen perfectos, y esperan que todo mundo entre en su estándar…

—No es así… eso no fue lo que quise decir— intervino Ikari, algo apurado —Kai es… es especial… tendrías que conocerlo para saber porqué…

— Tal vez, pero también lo que yo no entiendo es porqué te empeñas tanto en defenderlo. Dudo que él tenga una atención de ese tipo hacia ti.

—Pues… pues yo le debo mucho, a decir verdad… él siempre se está preocupando por mí, por todos nosotros… me ha dado muchos consejos… sí, es un buen amigo. Quizás el mejor que he tenido…

—¿A quién estás tratando de convencer de eso, Shinji? ¿A mí… ó a ti?

El chiquillo se quedó sin palabras, desarmado. Su acompañante podía ver a través de él como en un cristal. ¿Cómo podía defenderse de eso? ¿De sí mismo?

Misato lo salvó sin saberlo, al llegar con los chiquillos para hacerles la indicación de que la siguieran:

—El vuelo ya está llegando… ¡Vengan! Conseguí permiso para estar en la pista de aterrizaje.

—Cómo si me importara— masculló Neuville al ponerse en pie, sin que la Mayor la hubiera escuchado.

Shinji, por su parte tardó algunos momentos en reaccionar, tan ensimismado como estaba. Pero al cabo de unos momentos fue a unirse con sus compañeras, quienes ya estaban bastante adelantadas.

El aire que soplaba en la pista era inusualmente frío para aquellas latitudes. Hasta ahora Asuka pensaba que hubiera sido mejor traer un abrigo consigo y un atuendo menos corto, una vez que sus piernas desnudas empezaban a sentir los estragos de la temperatura.

Sin embargo, tales pensamientos rápidamente se disiparon al ver llegar a lo lejos al Equipo F, primero como un punto indeterminado en el cielo azul, que fue haciéndose más grueso hasta que pudo reconocer las toscas formas del avión gigante, así como el sonido de sus motores al descender lenta y torpemente, como eran todos sus movimientos. La pesada ave tocó tierra y poco a poco fue deteniéndose hasta quedar inmóvil por completo.

El ansia por ver de nuevo al ser amado se apoderaba de algunas de las féminas en tanto la escalerilla de pasajeros se acercaba a la compuerta y ésta se iba abriendo. Por fin, por fin luego de tanta desesperación y sufrimiento llegaba el anhelado momento de la reunión. Pero al abrirse la compuerta para develar la maltratada estampa de Kai, los temores de Misato se habían vuelto realidad. Desde que había escuchado la noticia de que el muchacho regresaba a tierras niponas para que el Eva Z fuera reparado, un sentimiento de incomodidad se había apoderado de ella. Si es que Zeta necesitaba ser reparado precisamente en el Geofrente y en ningún otro lugar, ello quería decir que había sufrido de daños mayores. Y si eso realmente había sucedido, entonces no podía dejar de preguntarse por el estado de su piloto. Y hela allí, su respuesta, en la forma de aquél muchacho bajando las escaleras en muletas, con bastante dificultad. En ese yeso sobre su pierna izquierda. En aquél vendaje sobre la cabeza, el que todavía conservaba manchas de sangre. En la evidente pérdida de peso y la apariencia descuidada del muchacho. Y sobre todo en aquellos ojos hundidos en semejantes bolsas. Esos ojos apagados, sin brillo, sin vida. Sin nada. Vacíos.

Asuka no pudo fijarse en tan ínfimos detalles, tan emocionada como estaba, luego de haberse lanzado al encuentro del recién llegado, corriendo. El júbilo que provocó en ella volver a ver a su novio pareció cegarla y despojarla de todo sentido común y no fue hasta que se lanzó a sus brazos, estrujándolo fuertemente, que se percató de los vendajes debajo de la camisa del muchacho y en todo su cuerpo. Rivera simplemente aulló adolorido en brazos de la chiquilla para entonces desvanecerse sobre de ella.

Estupefacta, Langley no acertó a reaccionar sino hasta que Katsuragi la hizo a un lado sin mayores miramientos, arrebatándoselo:

—¡Aléjate de él!— gritó fuera de sí, sosteniendo a su hijo adoptivo —¡Lo estás lastimando! ¡Santo Dios!— exclamó luego de pasarle la mano por la frente —¡Está ardiendo! ¡Pronto, traigan un doctor!

Pese a lo que les había ordenado al personal técnico a su alrededor, la Mayor no quiso esperar a que la obedecieran y ella misma, cargando al muchacho, fue quien corrió al puesto de socorros de la terminal.

En tanto los demás pilotos permanecieron en su sitio, desconcertados, tan sólo observando a la asustada mujer cuando se alejaba. Todo había pasado tan rápido que aún no terminaban de asimilarlo por completo. Una de las más sorprendidas era Rei, quien había notado que las heridas de su compañero eran las mismas que le había visto en uno de sus sueños. Semejante casualidad no podía ser pasada por alto, ni siquiera por ella, cuya indolencia era de sobra conocida.

Asuka, por otro lado, seguía congelada en su lugar, sin dar crédito a lo que acababa de suceder. Shinji no pudo evitar sentir lástima de la desdichada. Después de todo, Misato había sido muy tosca con ella. Además que aquello distaba bastante de la reunión de ensueño que había estado imaginando desde hace días.

—Asuka...

En su afán por confortarla Ikari pretendió poner su mano sobre el hombro de la chiquilla, a lo que ésta respondió con un fuerte manotazo.

—¡No me toques!— explotó, desquitando su rabia en el desprevenido muchacho —¡Y déjame en paz! ¡Ocúpate de tus asuntos, metiche!

Sin más la joven rubia se retiró apresuradamente, sin siquiera voltear a ver a su compungido compañero, quien solo se acariciaba la mano sin comprender qué es lo que había hecho mal.

—Shinji...

Ahora era el muchacho quien salía corriendo, apenas Sophia lo llamó por su nombre. Con los ojos empañados de lágrimas, lo único que le importaba en aquellos momentos era en escapar lo más rápido y lejos posible, con tal de que sus compañeras no lo vieran llorar.

Neuville suspiró, resignándose a seguir el curso de los acontecimientos.

—Vaya reunión tan emotiva, ¿no?— le dijo a Ayanami, a su lado, al no tener a nadie más con quien hablar —¿Tú también piensas que a ese chico no le conviene tener una noviecita tan egoísta cómo esa? ¡La bruja sólo piensa en sí misma! Ni siquiera se dio cuenta que estaba lastimando al pobre diablo… la verdad es que al ver las cosas de esa manera, no me queda de otra más que compadecer al infeliz… no me cabe la menor duda que va a sufrir muchísimo en esa relación… ¿ó tú qué piensas, Rei-chan?

La única respuesta que recibió de parte de “Rei-chan” fue el silencio. Nada raro tratándose de ella. Más teniendo en cuenta la sonrisa burlona en el rostro de Sophia, quien parecía que tan sólo la estaba provocando.

—¡Está bien, olvida lo que dije! Fue mi culpa, desde un principio… rayos, de veras que dirigirle la palabra es como hablar con uno mismo…— murmuraba la joven americana emprendiendo el camino de regreso.

Rei fue dejada atrás por el grupo. Y no es que se le viera muy apurada por ello. En cambio permaneció serena, de pie en la pista de aterrizaje, volteando a ver el azul del cielo sobre su cabeza en tanto el viento mecía el azul de su cabello recortado a la altura de los hombros.

En otro lugar de ubicación indeterminada una junta de personajes por demás interesantes se llevaba a cabo. De hecho no era en un solo lugar, sino en varios a la vez. No había duda de la gran bendición que resultaba ser la moderna tecnología en comunicaciones, la que ahora mismo permitía que personas separadas entre sí por miles de kilómetros y diferentes horarios pudieran sostener una conferencia en tiempo real sin tener que estar presentes físicamente en ella. A no ser por la luz que proyectaba parte de su figura en la forma de un holograma que reproducía fielmente movimientos y expresiones.

Sin embargo, los miembros de SEELE no tenían tiempo que perder para admirar las cualidades de su nuevo juguete, tan ocupados como estaban en su reunión privada con marcado tinte elitista.

—Y no deja de resultar bastante extraño que todo el Mediterráneo esté de nuevo bajo control de las Naciones Unidas— comentaba el rojizo holograma de Johan Schneider —Pese a que el buen Doctor Hesse parecía estar muy confiado de sus recursos…

—Les dije que ese Merkatz era un tipo de cuidado— acotó la amarillenta representación lumínica del Almirante Ferguson —Demian no quiso escuchar mi oportuna advertencia y ahora se encuentra completamente rodeado…

—Lo que me intriga es saber por qué razón el Doctor no utilizó a los Jinetes para impedir la toma del Mediterráneo... con su intervención la victoria hubiera sido cosa de niños…— pronunció meditabundo el haz luminoso con la corpulenta figura de Mijail Dolojov.

—Me parece que el chico Rivera los tenía bastante ocupados— puntualizó a su vez el pálido reflejo del líder chino, Ju Chin Tao —Prueba de ello es que Zeta ya haya destruido a uno, aún cuando se requirió de dos de ellos para tan sólo derribarlo.

Era muy obvio hasta qué punto quería llegar la junta, pero como en casi todas sus deliberaciones era el lúgubre General Lorenz quien tenía la última palabra:

—Caballeros, no nos apresuremos en nuestros juicios. Me parece que están sobreestimando en demasía a ese muchacho, y por el contrario, desmeritan la excelente labor que hasta ahora ha hecho para nosotros nuestro buen amigo Demian— por el tono con el que hablaba y la manera en la que intervino parecía que estuviera abogando por el susodicho, cosa que no resultaba rara puesto que era él quien gozaba de mayor cercanía con Hesse. Era tal el contacto que sostenían que no en pocas ocasiones los demás miembros de SEELE sospechaban que aquellos dos tenían su propia agenda al margen de los planes aprobados en concejo —Me parece que simplemente la reciente derrota fue algo que lo tomó por sorpresa, por lo que está tomándose su tiempo para reajustar la estrategia y sus líneas. Las posiciones en el Mediterráneo pueden ser fácilmente retomadas, en cualquier momento. No olvidemos que dichas ciudades constituyen tan sólo una pequeña franja en el bastión de la Banda Roja en el Medio Oriente. Por otro lado, el asunto de Zeta me parece que es cuestión de enfoques: es cierto que resistió los ataques de los Jinetes, pero vean en qué condiciones lo ha hecho. En el primer encuentro estuvo perdido en acción durante cuatro días. Y en éste último el daño que recibió fue tal que tuvo que regresar a Japón para su reparación.

—Tiene usted razón, Presidente Lorenz— pronunció el impertinente y rollizo Herr Schneider, quien era una de las pocas personas en el planeta que se atrevían a responderle al General —Pero hasta usted tendrá que admitir que el nivel de poder que maneja Kai Rivera en ese robot es muy grande como para pasarse por alto… está llegando al punto en que de ser una simple curiosidad podría convertirse en un auténtico peligro para el éxito de nuestros planes.

—Entonces lo que está sugiriendo es…— Keel divagó un poco, aún a sabiendas de a donde quería llegar. Sólo que esperaba que alguien más lo dijera.

—Exacto— respondió De la Crouix, erigiéndose en vocero del sentir del resto de los integrantes de la junta —Es tiempo de tomar una auténtica determinación en cuanto a este chiquillo. Ye se ha estipulado que en el futuro podría convertirse en una grave amenaza, por lo que a mi parecer aquí surgen dos interrogantes: ¿se le debe eliminar, cómo el riesgo potencial que representa? Ó tal vez…

—Ó tal vez podríamos utilizar todo ese poder en nuestro favor, tal como lo ha estado haciendo Ikari hasta ahora— completó Dolojov —Arreglar que el muchacho trabaje para nosotros nos podría reportar un gran avance en el desarrollo del plan. Y de paso nos ayudaría a deshacernos de una buena vez de esa molestia de Ikari. Ya antes habíamos planteado esta posibilidad…

—¿Revelarle al fin la existencia de SEELE al joven Rivera? Suena arriesgado… ¿Y qué si nos niega?— preguntó Lorenz, fingiéndose contrariado.

—Entonces nuestro dilema terminaría y él mismo habría marcado su destino, ahorrándonos el problema de tomar nosotros mismos la decisión...— acotó el Almirante Ferguson, lacónico.

—De momento, es imperativo que el Doctor Hesse cese las hostilidades contra el Eva Z y su piloto— arguyó el honorable Ju Chin Tao —En tanto le hacemos llegar nuestra generosa oferta y recibimos respuesta.

—Bien, en ese caso, que así sea— finalmente consintió Lorenz, más por la presión ejercida sobre él que por cualquier otra cosa —Es hora de que Kai Rivera sepa que los ojos de SEELE están puestos sobre él… y que si no se nos une, entonces morirá.

Hay algo de intrigante en las relaciones humanas. Dicha tesis surge en el momento que se observa el trato entre individuos tan dispares en apariencia y comportamiento, tal y como lo eran aquellas jovencitas. La una hacendosa, menudita y hasta cierto punto simpática. Pero nada destacada, perdida en el promedio de atributos característicos a la población de su sexo y edad. La otra, por el contrario resaltaba de su entorno por naturaleza propia. Alta, rubia y bien proporcionada. Y con un carácter de los mil demonios. Una completa extranjera, en toda la extensión de la palabra. Y pese a ser tan disímiles, aquellas dos eran grandes amigas, de las mejores. Muy probablemente Hikari era la única amiga que Asuka tenía, a decir verdad. ¿Y porqué? ¿Quizás por que al estar juntas colaba a una de ellas entre los reflectores de la atención que por tanto tiempo le habían sido negados? O puede que fuera la dependencia que tenía alguna de las dos a los halagos y atenciones de la otra, a la imperiosa necesidad que sentía de estar junto a alguien que le permitiera destacar aún más al hacerle sombra. Ó tal vez se tratara de un sentimiento auténtico de amistad, fraternidad pura en su máxima expresión, que rompía las barreras entre ambas y colocaba al dispar en condiciones de igualdad. Quien sabe.

El caso es que las dos se llevaban de lo lindo, y por increíble que fuera la muchachita japonesa se había vuelto una suerte de confidente para la joven rubia, durante el transcurso del tiempo que llevaban de conocerse. Langley no tenía a nadie más a quien contarle sus penas ni con quien desahogarse cuando el desencanto la abrumaba. Y pese a que en aquellos momentos en particular su amiguita lucía despreocupada, bailoteando de un lado a otro de la cocina con gesto complacido, Hikari era muy buena para escuchar y de vez en cuando proporcionar algún consejo, cuando estaba a su alcance el hacerlo.

—No puedo creer que de veras estés haciendo esto— pronunció la joven europea, quien a diferencia de su compañera lucía terriblemente abatida, recargada sin decoro alguno sobre la silla de la cocina —Creí que sólo las muchachas de las caricaturas les hacían galletitas y esas porquerías a los fulanos que les gustan…

—¡Por supuesto que no!— acotó Hikari, reuniendo los moldes que necesitaba una vez que la masa estaba lista —Puede que no sea muy original, pero de que es un muy buen detalle, lo es. Además, recuerda que por el estómago se llega al corazón…

—Sí, pero… ¿con galletas de arroz?

—¡Son las favoritas de él y de su hermana!— contestó la chiquilla sonriendo, en tanto cortaba la masa extendida sobre la mesa con la figura de los moldes —De hecho las galletas son más para la hermanita… a él le compre el nuevo disco de Home Made Kazoku… le encantan, ¿sabías?

—¡¿Qué?!— pronunció Asuka, levantándose de su asiento, bastante sorprendida —¿Me quieres decir que fue por eso que nos quedamos a acampar en ese apestoso centro comercial donde iba a ser la venta especial? ¿Para que ese cretino pudiera tener su CD autografiado? ¡Creí que me habías dicho que era para ti!

—¡Porque si te hubiera dicho para quién era no hubieras querido ir!— contestó su amiga, entre molesta y divertida —Además yo ya tenía planeado ir desde hace tiempo, y pues como me caíste tan de repente aquí a la casa no tuve más opción que llevarte… lo siento, pero era eso ó que durmieras en la calle…

Langley se limitó a encogerse en su asiento, taciturna.

—Perdón, no quise que sonara tan feo— la abrazó Hikari, luego que puso las galletas en el horno y se percató del estado de su huésped —Sé lo que pasó y cómo te sientes, pero tienes que darte cuenta que con huir no se arregla nada y algún día tienes que volver a casa… y mientras más esperes más difícil será… mira, si quieres antes de ir a esa cena navideña puedo acompañarte hasta el hospital. Puede que Kai ya haya recuperado la conciencia y así podrás pasar la Nochebuena con él. Suena bien, ¿no?

—No, no quiero— repuso la joven rubia como si tuviera diez años menos, escondiéndose entre los brazos de su amiga —Esa mujer estará allí, y no quiero volver a verla… ella y esa bruja de cabellos azules y ojos rojos están conspirando para quitarme a Kai… jamás me había sentido tan humillada en toda mi vida… ¡Y frente a Shinji y Sophia, por si fuera poco!

—Amiga, en serio que eres todo un caso— arguyó Hikari, soltándola para entonces mirarla con aire de reproche —¡Tu novio está hecho talco en una cama de hospital y lo único que te preocupa son tus estúpidos celos! ¿Qué rayos sucede contigo, en esa cabeza tuya? Cuando te pones a hablar de esa manera a veces pienso que sólo andas con Kai para molestar a Ayanami… cualquiera diría eso, al escucharte…

Tal y como una colegiala regañada lo haría, Asuka mantenía la cabeza gacha, avergonzada. Pero también meditabunda. No obstante se vio interrumpida al momento de que su amiga le aventara un delantal en la cabeza. Desconcertada, la alemana recogió la prenda del piso e interrogó con la mirada a la chiquilla que se lo había arrojado.

—Póntelo— le ordenó en su característico tono de “representante de la clase” (ó “inn-cho”, cómo se les conoce en el Japón) —Tú también le vas a obsequiar algo hecho por ti misma a esa persona tan especial para ti, en esta Navidad…

Cómo tantas otras veces lo había hecho, Misato quiso hacerse la disimulada y fingir que no había visto a Kaji una vez que pasó incidentalmente a su lado por uno de los largos corredores del Geofrente. Y como tantas otras veces, Ryoji no quiso que aquello lo desalentara y se apuró a darle alcance a la Mayor Katsuragi, quien hacía una rabieta interna por la mala suerte que tenía al habérselo topado.

—Vaya, vaya— musitó el sujeto a manera de saludo, luchando por llamar la atención de aquella hermosa mujer que apuraba el paso —Parece que alguien me ha estado evitando las últimas semanas… ¿me pregunto porqué será?

Y en efecto, si antes sus tratos no eran del todo cordiales, a raíz del descubrimiento que ambos hicieron tras “La Puerta del Cielo” éstos se habían vuelto del todo nulos, situación propiciada en gran parte por Katsuragi.

—Será porque alguien no quiere tener nada que ver contigo ni tus negocios turbios— puntualizó la Mayor, sin siquiera voltear a verlo.

—Al escuchar eso, de ti, se rompe mi corazón— contestó él, tan socarrón como siempre, y más aún, satisfecho al notar que aún había cierta posibilidad de diálogo —Y yo que compré esta botella tan cara de champagne para poder pasar juntos la Nochebuena…

—Pues que te aproveche, tendrás que conseguir a alguien más para compartirla. Tratándose de ti, no creo que sea mucho problema— dijo Misato, tajante, sin ceder un ápice. Ó por lo menos eso era lo que creía —Yo ahorita no estoy de humor para fiestas… y si me disculpas, me dirigía al hospital, así que con tu permiso…

—Por más que lo intentes, no puedes protegerlo de lo que no conoces, Mayor— pronunció Kaji a sus espaldas, al momento en que la mujer tomaba su elevador, despojando a sus palabras de todo cinismo y toda charlatanería.

—¿De qué estás hablando?— preguntó entonces Katsuragi, deteniendo el elevador. Lo que la alarmaba más era la seriedad de su acompañante, la cual sabía muy bien era rara en él y sólo se presentaba cuando algo de veras le preocupaba —¿Qué es lo que sabes tú?

—No mucho, casi lo mismo que tú— admitió el sujeto, en parte contento porque Misato volviera a interesarse en lo que tuviera que decir —Averiguarlo es parte de mis “negocios turbios”… pero lo que sí está comprobado es que hay ciertos poderes… personas muy peligrosas… que tienen puesta su atención en Zeta y en su piloto… y algunas de sus facciones más radicales no lo contemplan con muy buenos ojos…

—¿Porqué estás diciéndome todo esto? ¿Qué estás pensando hacer?

—Porque quiero que tengas cuidado. Porque es tu deber cuidar a ese muchacho, Misato— aclaró Ryoji, con la vista perdida —Y mi deber es cuidarlos a ambos… no dejaré que nada los lastime, te lo prometo… pase lo que pase, cuidaré a tu familia… a tu felicidad. Es una promesa.

—Kaji… no entiendo— pronunció dificultosamente la mujer, casi balbuceando.

—Conserva la botella, es tu regalo— una sonrisa melancólica se asomó al rostro de su antiguo amante en tanto que ponía en sus brazos el vino y la empujaba al interior del elevador, para despedirse de ella mientras que las puertas se cerraban —Feliz Navidad…

Las puertas cerraron y ahora, sola en el elevador que ascendía la superficie, Misato lidiaba con el nudo en su garganta y en su estómago. ¿Qué había sido todo eso? ¿Sobre qué la había querido advertir? ¡Maldito Kaji! ¡Cuánto lo detestaba! Si sabía algo, ¿porqué no podía decírselo simple y llanamente, sin rodeos ni misterios? Por si no fuera suficiente con Kai, ahora aquél desgraciado se sumaba a la lista de sus preocupaciones. ¡Maldito sea! Aunque lo presentía de cierta manera, ella no podía saber en esos momentos que pasaría algún tiempo hasta que volviera a saber de aquél sujeto.

Sus reflexiones fueron cortadas de tajo por el tono de su celular llamando. Haciendo malabares con la botella y su bolsa fue que consiguió contestar el aparato:

—¿Bueno? Sí, soy yo… ¡¿Qué?! ¿Está hablando en serio? ¡¿Cómo es eso posible?! ¡Bastardos inútiles, buenos para nada! ¡Enseguida voy para allá!

Colgó rabiosa, para entonces jalar de sus cabellos, desesperada.

—¡Ese maldito chiquillo endemoniado! ¡Juro que lo mataré en cuanto lo encuentre! Así por lo menos sabré donde está todo el tiempo…

—Brrrrr… no sé porqué, pero de un de repente sentí un escalofrío canijo por toda la espina— musitó Kai, frotándose con ambos brazos.

—Te digo que es mejor que te regreses al hospital— contestó Kenji, a su lado —Dudo que a la Mayor Katsuragi le vaya a hacer mucha gracia que te hayas salido antes de que te dieran de alta… además, sólo falta verte para saber que necesitas descansar… ¡Estás hecho un asco, tipo!

En efecto, Rivera ya tan sólo era una ruina de sí mismo. Cansado, ojeroso, delgado y desarrapado, se sostenía difícilmente en sus muletas y con tanto vendaje encima parecía ser parte de alguna exhibición del antiguo Egipto.

—No tengo tiempo que perder— masculló el joven Katsuragi, sumergiéndose en una montaña de hojas con datos y reportes, desentendiéndose del asunto —Los tres días que estuve noqueado fueron todo el descanso que me puedo permitir. Las posiciones al sur del Mediterráneo están sostenidas con alfileres y se requiere de mucho poder para mantenerlas en su lugar…

—¡Quién lo fuera a pensar! ¡Tan sólo escúchate!— exclamo su subordinado, entre atónito y divertido —¡Ya suenas como todo un soldadito, Teniente!

—No me estés chingando— repuso el muchacho de mala gana, avergonzado pues Takashi tenía toda la razón —Muchas vidas dependen de que Zeta vuelva a estar en pie cuanto antes.

—Daremos lo mejor de nosotros, pero aún así está difícil— acotó el técnico japonés con la seriedad inherente en él en lo que al trabajo se refería, observando a lo lejos el arduo proceso de reparación del vapuleado Eva Z, en el que todos los empleados de la División trabajaban afanosamente —Por lo pronto es seguro que pasaremos aquí Navidad y Año Nuevo…

—Lamento escuchar eso— contestó el chiquillo, apesadumbrado. Últimamente sólo le causaba molestias a la gente que lo rodeaba.

—El trabajo es el trabajo, no te apures— Kenji se apresuró a responder —No siempre nos la podemos pasar de fiesta… que por cierto, hubo varias mientras no estabas, ¿lo sabías?

—No…— musitó, desinflándose aún más de lo que ya estaba.

—Ah… de todos modos… no fueron la gran cosa, a decir verdad… además— Takashi divagaba en su intento por enmendar los rumbos de la conversación —¡Eso no importa! La verdad es que la primera vez que vi a Zeta cuando llegó, casi me muero del susto. Nunca me imaginé que lo vería en ese estado. Y es que, ¿qué poder en la Tierra podría ser capaz de dañar semejante máquina de esa manera?

—Es una de las cosas que tengo que averiguar antes de volver a irme…

—Lo bueno es que parece ser que lo peor ya pasó, ¿no crees?

Obviamente Kenji hablaba sólo por hablar, ó por hacerlo sentir mejor, pero de cualquier manera Kai estaba muy consciente de que lejos de haber terminado, lo peor apenas estaba por llegar. Fue por eso que decidió pasar por alto semejante impertinencia y concentrarse en el trabajo.

No obstante, vio interrumpida su labor por el ruido que provocaba un par de risas femeninas un nivel más debajo de donde estaba. Al asomarse un poco por el barandal frente a él pudo ver que se trataba de Sakura y la nueva piloto, Sophia, quienes parecían enfrascadas en una conversación bastante entretenida dado el tono y los gestos que compartían. Pese a que no podía escuchar la plática ésta pareció interesarle en sobremasía, pero particularmente Sophia era quien llamaba su atención.

—Mira a esas dos— comentó Kenji, a sus espaldas —¿A poco no se ven tiernas platicando de esa manera?

—A mí me cuesta trabajo creer que esa muchacha sea la misma Sophia Neuville que conocí en Nevada— respondió Katsuragi —¿Y qué se supone que está haciendo aquí?

—Vino a pedirle a Sakura una receta para un pastel de Navidad… esas dos se llevan de maravilla, ¿sabías? Bueno, de hecho Sophie-chan se lleva muy bien con todo mundo, la chiquilla es un derroche de simpatía…

—No me refería a eso… quiero decir que si acaso le permiten que esté husmeando en este lugar cuando le plazca, donde se le antoje…

—Pues… ¡por supuesto!— Takashi lucía contrariado por tal cuestionamiento —Igual que todos los demás pilotos, cuenta con autorización para estar en esta área… ¿es que acaso no debería tenerla?

Mientras tanto, ignorantes de la expectación que provocaban un piso más arriba, las dos féminas parecieron dar por terminada su conversación, despidiéndose ambas con un afectuoso abrazo para que entonces cada quien tomara su camino. Mientras Sakura se dirigía al interior del hangar Neuville se encaminaba en dirección contraria para salir de allí, cuando aparentemente se percató de que era vigilada. Las miradas de los dos jóvenes chocaron en ese instante, y fue entonces que Rivera pudo reconocer cierto rasgo de la muchacha en sus recuerdos, al sentir su fiera mirada atravesarlo como un cuchillo bien afilado. Dicha hostilidad, inexplicable para una jovencita de su edad, era el atributo con el que más la identificaba.

—No, está bien… es sólo que… no me siento muy cómodo sabiendo que puede ir y venir cuando le pegue la gana— musitó Kai —No sé por qué, pero hay algo en ella que me da mala espina…

Estaban en esas cuando Maya arribó a cobrarles una visita. En cuanto la vio cruzar por el umbral de la puerta Kenji se fue alejando de manera discreta y casual, aunque no lo suficiente como para que la joven técnica se percatara de sus intenciones. No le quedó más remedio que suspirar, resignada, abrazando el legajo de documentos y discos de datos que llevaba consigo. Ya se había hecho a la idea de que algo así sucedería cuando llegara. Era por eso que la mayor parte del tiempo evitaba ir a esa parte en específico del complejo de NERV.

—¡Hola Kai! Aquí te manda la Doctora Akagi el resultado de los análisis que MAGI hizo a las muestras que trajiste— Ibuki no perdió tiempo en formalidades y fue directo al grano desde un principio. Así podría irse de ese sitio lo antes posible, pues la situación también era bastante incómoda para ella.

—¡Eso fue rápido!— observó el muchacho cuando le hacían entrega de todos los documentos, ávido por devorar su contenido —Muchas gracias, Maya, y también por la molestia de traerlos hasta acá… pudiste mandarlos por la red, de cualquier forma…— nada tonto, Rivera estaba al tanto de lo que sucedía en su entorno.

—La doctora insistió en que trajera los resultados personalmente, estaba muy intrigada con ellos y quería saber de inmediato tu impresión sobre ellos— aclaró a la vez que parecía estar excusándolo —Todas estas muestras con las que llegaste son un material bastante peculiar. Al principio no teníamos idea, pero los análisis que les hicimos han abierto todo un nuevo horizonte en nuestra investigación. Nunca imaginé que pudieran estar vinculados a nuestro trabajo de alguna manera, pero así fue… supongo que eso hizo que las cosas fueran un poco más fáciles…

Pese a que el cadáver de la criatura que había derrotado fue convenientemente reducido a la nada por el ser en llamas que después lo atacó, Kai había descubierto que algunos tejidos habían quedado entre los nudillos del Eva Z, los suficientes como para tomar unas muestras y aplicarles los consecuentes análisis, además de todas las mediciones y datos que había recabado con el equipo de cabina.

—Ya me lo sospechaba, con lo poco que pude dilucidar mientras estaba en la Fuerza Expedicionaria— añadió el joven Katsuragi, ojeando los resultados en sus manos —¿Qué es esto del “Código Rojo”?

—Fue de esa manera que MAGI designó al padrón genético de la criatura, para su identificación— señaló Ibuki —Dado que todas las lecturas resultaron ser diametralmente opuestas a la de los Ángeles… pero observa esto, es lo más interesante de todo lo que descubrimos… apenas si podíamos creerlo, allí en el laboratorio… una longitud de onda que anula el Campo A.T. ¿Puedes creerlo? ¡Una especie de Anti-Campo A.T.! ¡Esto era lo que todo mundo buscaba hace quince años! ¡Y ahora nos llega justo en las narices, cuando hemos dejado de buscarlo! Irónico, ¿no crees? Todos estamos muy emocionados con estos datos, tenemos a nuestras mejores mentes trabajando en una forma de duplicar el efecto…

Rivera ya no estaba escuchándola, sin importarle estar siendo descortés. Aquél descubrimiento también lo había dejado atónito, pero al mismo tiempo aclaraba muchas cosas para él. ¡Un Anti-Campo A.T.! ¡Pero por supuesto! ¡Por eso ninguno de sus ataques con Campo A.T. funcionó en esos bichos! ¡Diablos!

—Ahora que lo pienso— Maya continuaba hablando, sólo que para entonces el chiquillo volvía a prestarle atención —Es bastante curioso… todo nos indica que lo que sea con lo que te hayas enfrentado en el Mediterráneo, es todo lo contrario a un Ángel, ¿cierto? Pero entonces, y según recuerdo, en la tradición religiosa lo contrario a los ángeles eran…

—¿Demonios?— completó Katsuragi, palideciendo.

—Suena lógico, ¿verdad?— por su parte Ibuki lucía despreocupada, interesada en cuestiones más prácticas del asunto —Yo también creo que así es como deberíamos llamarles de ahora en adelante… algún día tendremos que ponerles un nombre, y no puedo pensar en uno mejor que ese…

—Puedes quedarte con el crédito si quieres, Maya— respondió Kai mientras le pasaba otro legajo de documentos —Aquí tienes mis primeras observaciones, puedes decirle a la Doctora Akagi que le mandaré un reporte más completo una vez que revise los resultados con más detenimiento. Mientras tanto, señalé algunos puntos que quisiera que MAGI se enfocara a determinar…

—De acuerdo, entonces lo mejor será que vuelva a mi puesto cuanto antes, aún queda mucho por hacer antes de que se acabe el turno— pronunció la joven técnico, aprestándose a retirarse del lugar —Por cierto, Kai, ¿no crees que deberías tomarte la noche libre para ir a casa? Así como estás, una ducha no te caería nada mal. No es por ofender, amigo, pero la verdad es que… apestas…— sentenció ella, tapándose la nariz para dar mayor realce a sus palabras.

El chiquillo lucía contrariado con la revelación, y apenas si atinó a decir torpemente:

—¿De veras?— pronunció avergonzado, a la vez que levantaba su camisola del hospital para olfatear su rancio hedor corporal.

“¿Qué es lo que estoy haciendo?”

Se preguntaba Rei a sí misma, sin dejar de lado su labor por aquella incógnita. Sola en aquella ratonera en la que vivía, como siempre, se sorprendía a sí misma en una tarea cuyo propósito ó utilidad le eran desconocidos. Y pese a ello, aún no cesaba en su inexplicable afán. Seguía trabajando, inmersa en una especie de trance, tal y como hacía muchas otras actividades durante el día. Gran parte de su vida había transcurrido en dicho estado, actuando por mero reflejo.

Cosía. Algo que había aprendido desde su infancia temprana, en la época que vivía enclaustrada, rodeada de veladoras, crucifijos y demás imágenes religiosas. Una de las tantas otras cosas que las monjas le habían enseñado, pero que no realizaba desde hace mucho tiempo. Desde que había regresado al Japón con el Comandante Ikari, sepultando su asfixiante pasado. Renegaba de las creencias que le fueron impuestas, así como de todo lo demás que pertenecía a aquella antigua vida a la que había decidido olvidar, darle la espalda. Y aún así, hela allí, cosiendo afanosamente a mano como si aún tuviera a la Madre Dolores a sus espaldas, supervisando su labor; y sin siquiera darse cuenta cuándo ó porqué había comenzado.

Ya desde aquél entonces sus “hermanas” le habían advertido de lo débil que era el lazo que unía su alma a su cuerpo, comparándolo con el del resto de las demás personas. Puede que su presencia física estuviera a salvo dentro de los muros del convento, cumpliendo puntualmente sus deberes. Pero su alma flotaba allá a lo lejos, vagando libremente por territorios ajenos e inexplorados. Temían que llegaría el día en que ésta ya no volvería, perdiéndose en el infinito para siempre mientras que dejaba atrás, olvidada, su cáscara terrenal. Así pues, entre punto y punto, sin detenerse jamás, la pregunta seguía siendo la misma de hace varias horas:

¿Qué estoy haciendo…? ¿Pues qué mas? Escuchando a la voz de tu corazón. ¿Mi corazón? Así es, atiendes sus anhelos más profundos. ¿Por qué? Porque de esa manera encontrarás aquello que has perdido, aquello que tanto has buscado. ¿Qué estoy buscando? Aquello sin lo cual eres un ser incompleto, imperfecto. Llamas por él en un grito ahogado, esperando a que alguien responda, esperando poder encontrarlo. Esperando, siempre esperando… ¿Por qué siempre estoy esperando? Por encontrar la respuesta… Respuesta… ¿Respuesta a qué? Al significado de tu existencia…

Con más de treinta niveles de profundidad en su haber, el elevador sencillamente se convertía en una herramienta primordial en el Geofrente, sin la cual colapsaría. Pero su importancia no radicaba solamente en el transporte de personal. También constituía un punto de encuentro bastante común entre los empleados. Aunque en muchas ocasiones, dichos encuentros no resultaban del todo agradables, tal y como lo constató Sophia al abrirse sus puertas y encontrarse cara a cara con Kai Rivera.

El sentimiento de repulsión mutua fue instantáneo, al sólo contacto de la mirada. Estuvo muy tentada a no subir y esperar al siguiente, pero a fin de cuentas la prisa que llevaba le impidió hacerlo, lo cual hubiera sido lo más prudente. Terminó por subir al condenado elevador, optando por ignorar a su acompañante y pensar en cosas felices para hacer el trayecto más llevadero.

No había transcurrido ni un minuto cuando se percató que aquello resultaría imposible. El silencio en sí mismo constituía una fuente más de abundante incomodidad. Eso sin contar la horripilante, nauseabunda sensación que le daba el tener los ojos de ese bicho fijos en su espalda, recorriéndola de pies a cabeza, deteniéndose en su trasero… ¡Qué horror!

—Y… ¿qué te ha parecido Japón, hasta ahora?— preguntó el joven Katsuragi con mucha dificultad, tanto por el esfuerzo que tenía que hacer para mantenerse en pie y porque el silencio también le estaba resultando terriblemente incómodo. Baste aclarar que su vista estaba fija en el techo del elevador y que jamás se había posado en las posaderas de su compañera.

—De maravilla, hasta hace poco…— respondió la joven de largo cabello negro, sin voltear a verlo —Supongo que siempre debe haber algo malo con cualquier lugar…

—Ya lo creo— contestó Rivera, cansado, pasando de la indirecta —Pero así es esta vida, muchas veces se tiene que aprender a lidiar con situaciones en las que no se está a gusto, cuando no hay más remedio.

—Supongo que las personas a tu alrededor saben de eso, ¿no?

—Puede que sí— una vez más volvía a esquivar la embestida —¿Y cómo está Mana, por cierto? ¿Has tenido noticias suyas?

—Se encuentra mucho mejor ahora que no tiene que estar pensando a todas horas en un patán insensible…

Al volver a escuchar otra agresión en su contra Kai suspiró profundamente. En su expresión no había otra cosa que cansancio.

—No es sólo por eso que estás tan enojada conmigo, ¿cierto? Por más que lo intento, no puedo recordar haberte hecho algo que justifique el resentimiento que me tienes…

La jovencita calló, luchando por contenerse, para no asestarle un buen puñetazo en pleno rostro a ese farsante. Lo consiguió. Pudo más la buena voluntad de la época y que en tales momentos y circunstancias no podía darse el lujo de pelear con aquella bestia.

—La verdad es que tú tampoco eres mi persona favorita— continuó Rivera —Pero tal parece que de ahora en adelante tendremos que pasar bastante tiempo juntos, así que lo mejor será tratar de llevar la fiesta en paz, ¿de acuerdo?

—¿Qué quieres decir?

—¿Aún no has recibido tus órdenes?— preguntó consternado, para luego responderse a sí mismo: —Ah, es cierto, soy yo quien debe dártelas… pues resulta que en cuanto Zeta esté completamente reparado tendré que volver al frente… y tú y Beta vendrán conmigo…

Neuville volvió a quedarse callada, con la cabeza gacha.

—Allá afuera la cosa está muy difícil y te guste ó no sólo nos tendremos a nosotros mismos… no habrá nadie más en quien puedas confiar, créeme… por eso, si es que queremos sobrevivir a toda esta locura lo mejor es que nos empecemos a llevar mejor, ¿no crees?— le dijo mientras le tendía su mano.

—A diferencia tuya, yo sí soy una soldado bien entrenada y también sé lo que tengo que hacer— por primera vez en toda la conversación Sophia se volvía para encararlo, con aquella mirada tan hostil que siempre le dedicaba al muchacho —Cumpliré con todos mis deberes, aún si implica que tenga que pelear a tu lado… pero lo que nunca haré será darle la mano a un bastardo apestoso como tú…

Nunca antes Rivera había agradecido tanto la intervención del destino como aquella vez en la que las puertas del ascensor se abrieron de par en par, habiendo concluido su largo y angustiante trayecto. Por fin estaban en el primer nivel. La joven no tuvo la atención de esperar a que su lastimado acompañante saliera del cubículo, tan sólo despidiéndose con un sarcasmo más:

—Hasta luego, Teniente… tenga cuidado en el camino a casa…

Y sin más, se fue. Kai en cambio tardó un poco más en salir del aparato, pero una vez fuera, se hizo una observación:

—Apestoso… hasta ella lo notó… tal parece que sí necesito ese baño, después de todo… y encima de todo la condenada ni siquiera me deseó feliz Navidad…

Ya para esas horas, en aquella Víspera de Navidad, no había mucha actividad en el Geofrente, con la consabida excepción de la División de las Naciones Unidas. Dado el prolongado tiempo de paz que se había adueñado de la ciudad desde hace un par de meses, los altos mando de la agencia no tuvieron mayor empacho en permitir que gran parte del personal, salvo el verdaderamente indispensable, se tomara el día libre para disfrutarlo con los seres queridos. Y era por ello que Gendo y Ritsuko podían trabajar tranquilamente, tal y como lo estaban haciendo en aquellos momentos.

—En verdad le agradezco mucho su ayuda en esto, doctora— le decía el Comandante a sus espaldas, estando ella sentada frente a una consola, programando comandos a gran velocidad —A pesar de la fecha que es hoy… espero no estar interrumpiendo nada importante…

—Para nada— se apuró a contestar Akagi —Lo único que me espera en casa son un par de gatos, Comandante Ikari, y se las arreglarán bien sin mí… usted, por otra parte…

—Tiene toda la razón… no sé que haría si no estuviera aquí— respondió Ikari, sardónico.

—Está listo— anunció cuando se hacía a un lado para dejarle ver a su acompañante la pantalla del aparato —Con esto debería ser suficiente…

—Quedará perfecto con esto— pronunció Gendo, sumamente satisfecho con la labor de la científica —Su ayuda me ha sido de mucha utilidad, doctora…

—Si acaso usted me lo permitiera, podría ayudarle en muchas otras cosas… Comandante Ikari…

Gendo tan sólo arqueó una ceja ante aquellas palabras de la mujer, para luego sonreír con malicia mientras se cruzaba de brazos.

Sola en casa con el pingüino. Aquella Navidad no podía ser más deprimente. Asuka había sido llevada al hospital casi a rastras, tan sólo para encontrarse que Kai se había fugado de allí. Quiso creer que estaría descansando en casa, pero tampoco fue así. Seguramente que estaría en el cuartel, en ese caso. Zeta necesitaba ser reparado con urgencia, así que lo más probable es que estaría en el hangar, trabajando en ello. ¿Verdad? No es como si estuviera pasando ese día tan especial con alguien más, ¿cierto? Sobre todo con cierta flacucha mosca muerta de ojos rojos. No, claro que no. Pero… ¿y qué tal si…? ¡Basta! Hikari tenía razón. Esos celos suyos estaban fuera de control. No había razón alguna para desconfiar de Kai ni para temerle a cualquier otra pelafustana que quisiera arrebatárselo. Mucho menos a la lela de Ayanami. Ahora por lo único que se tenía que preocupar era por confortar a su novio y ayudarlo en esos momentos tan difíciles. Estar a su lado para que nunca se sintiera desamparado. Eso era lo que tenía que hacer.

Mientras tanto, Pen-Pen, su única compañía en la casa, la observaba desde el otro extremo del departamento, confundido. Al darse cuenta de que era vigilada, la joven rubia se decidió por distraerse un rato mientras se daba ánimos para ir al Geofrente, para lo que llamó al ave para jugar con él, cosa rara en ella:

—¡Ven, Pen-Pen!— dijo al ponerse en cuclillas, aplaudiendo para llamar la atención del animal —¡Aquí, pingüinito! ¿No quieres jugar?

El pajarraco titubeó por momentos, indeciso, pero finalmente optó por escapar aterrorizado, refugiándose en su nevera. Aquello fue el colmo para la muchachita europea. Hasta ese estúpido bodoque relleno de plumas la dejaba sola.

No pudo seguir compadeciéndose pues el timbre de la puerta, presionado varias veces, la interrumpió. ¡Maldito Shinji! ¿Por qué carajos nunca se llevaba las llaves?

—¡¿Acaso crees que soy tu portera ó por qué siempre tengo que estarte abriendo, tarado?!— rugió la muchacha apenas abrió la puerta, viendo una vez más en el joven Ikari algo en lo cual desquitar su frustración.

—Ah… perdón por eso… es que no me llevé las llaves cuando me fui y…— balbuceó Kai en el quicio de la puerta, aturdido por el regaño —No pensé que…

Langley palideció al ver la maltrecha figura de su novio en lugar de la de su atolondrado compañero, sintiéndose todavía más avergonzada al contemplar su expresión fatigada.

—…¡Kai!...— apenas si acertó a exclamar, haciéndose a un lado para dejarlo pasar al interior del apartamento —¡Perdón, perdón! ¡Pensé que era el inútil de Shinji, tienes que perdonarme! Yo… yo…

Por su parte Rivera estaba más entretenido en echar un vistazo, recorriendo con mirada nostálgica su hogar. El añorado hogar, del que había estado ausente apenas un mes. Pero para él cada día lejos fue como un año transcurrido.

—La casa se ve más grande— observó el muchacho, que de haber podido de buena gana se hubiera tirado al piso a llorar de felicidad. Pero no podía —Cambiaron el acomodo de los muebles en la sala, ¿verdad?

—Sí… Hikari me prestó el otro día una revista donde salían consejos de feng-shui para acomodar los interiores… últimamente no he tenido mucho que hacer…

Si acaso alguien los hubiera visto de lejos jamás hubiera pensado que aquellos dos fueran pareja, dado el trato ajeno con el que se dirigían, además de la tirantez de la situación.

—Y… ¿cómo han estado las cosas por aquí?

—Muy aburridas, más que de costumbre… pero… ¿tú cómo te sientes? ¿No crees que deberías pasar unos días más en el hospital?

—No, no le veo el caso. Me siento mucho mejor ahora. Además hay mucho por hacer, no tengo tiempo para estar echadote en una cama de hospital. De hecho tan sólo vine para echarme un regaderazo y por un cambio de ropa…

El eco que hacían sus muletas al dirigirse a su cuarto fue el único sonido que pudo escucharse entonces. Asuka permanecía de pie en su lugar, vacilante, observando un envoltorio debajo del arbolito navideño de plástico que estaba debajo de la mesita de centro. También quería ofrecerle su ayuda… pero algo se lo impedía. Por otro lado, Kai se detuvo en seco antes de abrir la puerta del cuarto.

—Perdón por lo que pasó cuando llegué— musitó el muchacho, cabizbajo —No recuerdo muy bien qué fue lo que pasó, pero sí sé que debiste desilusionarte… perdóname por ser tan debilucho… no pude regresar de una pieza…

—¡No! No digas eso, nada fue tu culpa— contestó Langley con la voz quebrada —Fui una tonta, me emocioné de más. No me di cuenta de lo lastimado que estabas… en ese momento sólo pensé en mí y por eso terminé lastimándote más… es sólo que yo… yo te extrañé muchísimo, todo este tiempo… ¿porqué nunca llamaste, tonto? Ni siquiera un maldito e-mail para saludar… nada… me empecé a imaginar cosas…

—Lo siento. No tenía permitido comunicarme al exterior. Asuntos de Inteligencia Militar ó algo por el estilo, qué se yo— respondió Katsuragi, rascándose la nuca —Pero… yo también te extrañé mucho…

Con pasos torpes e inseguros la jovencita fue a su encuentro, para al cabo de unos momentos ser recibida con los brazos abiertos, igual de temerosos y vacilantes que ella. El abrazo pudo ser cualquier cosa, menos afectuoso. La pareja parecían dos absolutos desconocidos a los que las circunstancias obligaban a acercarse de aquella manera. Después de tanto tiempo sin haberse visto, sin haber hablado… ¿y era todo lo que podían hacer ahora que finalmente estaban juntos? ¿Qué había entre los dos que les impedía estar del todo juntos? Aunque había una muy buena razón para que, por lo menos Asuka, guardara cierta distancia. Y así se lo hizo saber su acompañante:

—Ya lo sé, ya lo sé— masculló Kai, haciéndose a un lado —Apesto, no tienes que decírmelo… por eso necesito tanto ese baño…

El muchacho entró sin más al cuarto de baño, dejando afuera a la adorable rubia. Ella volvió la mirada una vez más hacia el raquítico árbol de Navidad que Misato se había sacado en una rifa. Se hizo del envoltorio adornado con un listón que había bajo sus ramas plastificadas, mientras renegaba de su indecisión pateando el piso.

—¡Pero qué estúpida soy!

Por otro lado, mientras que lidiaba con los pormenores esperados de tener que desvestirse y bañarse con tanto vendaje encima, el semblante de Rivera lucía todavía más abatido, y no tanto por el esfuerzo físico:

—Así que tú tampoco pudiste entenderlo— murmuró apesadumbrado, una vez que completó la faena de quitarse la camisa de encima —Esto que traigo en mí, que me está devorando por dentro…

En lo que ya se le había hecho un hábito (ó vicio) a lo largo de su corta vida, Shinji estaba desorientado, indeciso sobre su proceder. ¿Había hecho bien en ir a ese lugar? ¿Qué esperaba lograr ahí, de cualquier manera? Además no había que olvidar qué día era ese. Si acaso había algo que odiara más que la Navidad, eso era tener que salir en Navidad. La festividad hacía algo con la gente, embriagaba de felicidad a todo mundo. Tantas personas bienintencionadas, todas luciendo esos estúpidos rostros alegres en compañía de aquellos a los que amaban, y deseándole lo mejor a cualquier hijo de vecino con el que se cruzaran, tan sólo le recordaban lo desdichado que era en comparación. Y no había modo en que necesitara que alguien se lo restregara en la cara. Para eso se tenía a sí mismo.

Miraba con ojos de envidia a toda aquella linda gente desfilando a su alrededor, todos tan felices, todos con su expresión idiota que parecía ser indeleble de sus caras… todos lo evitaban. Hacían hasta lo imposible por no voltear a ver a aquél desdichado paria antisocial, a aquél enfermizo chiquillo introvertido que con su semblante depresivo ensuciaba la brillantez de la fiesta. Para ellos era mejor hacer de cuenta que no existía. ¡Malditos! ¡Cuánto los detestaba! ¿Qué carajos estaba haciendo en ese condenado lugar, de cualquier manera? Mejor irse antes de que…

—¡SHIIIIIIIN-CHAAAAN!!!

Aquel grito ensordecedor, aderezado con un tono meloso, lo detuvo en seco cuando pretendía abandonar el sitio. Eso y también la forma tan brusca en que había sido tacleado, lo cual había provocado que ahora estuviera tirado en el piso.

—So… ¡¿Sophia?!— pronunció aturdido por el golpe que se llevó, teniendo a la susodicha colgada del cuello —¿Estás loca ó qué? ¡Por poquito y me matas!

—Eso te sacas por pretender dejarme plantada, gruñoncito— le contestó la chiquilla entre risas, sin soltarlo por un solo momento.

—¿Y se puede saber qué es lo que tanto te divierte?— inquirió Ikari, intrigado pero a la vez irritado por la expresión de la muchacha, pensando que estaba siendo objeto de alguna pulla.

—¡Pues que por fin pude verte enojado!— respondió ella de buena gana —¡Y te ves tan lindo cómo me lo imaginé!

El chiquillo quedó enmudecido por semejante respuesta. En efecto, era rara la ocasión en la que se permitía ese tipo de desplantes en público. La mayor parte del tiempo se la pasaba reprimiendo esas manifestaciones de sentimientos, mal vistos por los demás, precisamente por temor a despertar el rechazo de quienes lo rodeaban y con ello, sin darse cuenta, mendigar por algunos mendrugos de simpatía ajena. Era debido a eso que se le hacía tan difícil de creer que pudiera seguirle simpatizando a alguien aún estando enfadado. Pero entonces llegaba aquella chica y soltaba eso, así nada más…

—¿De veras lo piensas?— volvió a preguntarle, sin dar crédito a lo que había escuchado.

—¡Claro que sí! ¿Me estás llamando mentirosa?

—Bueno… en ese caso… muchas gracias… es la primera vez que alguien me dice algo como eso— musitó Shinji, feliz y nervioso a la vez.

Hasta entonces se daba cuenta que tenían todas las miradas de alrededor fijas sobre sí. Y cómo no iba a ser eso posible, pues los dos seguían tan tranquilamente echados en el piso del andador, en pleno centro de la ciudad, el que de forma insólita lucía bullicioso, casi como el de una ciudad de a de veras. Algunos los reconocieron, pues la mayor parte de la gente que pasaba eran empleados de NERV. Otros no, pero de cualquier forma no era impedimento para que tan singular parejita fuera el blanco de su atención.

—…la juventud de estos tiempos…

—…¡qué descaro!...

—…parece que alguien va a tener una muy feliz Navidad, esta noche…

—…se gustan y no son novios, se gustan y no son novios…

—…se ven bastante cómodos, a decir verdad…

—… ¡No los veas, Kana-chan!...

—… ¿qué no son…?

—…sí, sí son…

—… ¡no lo sabía!...

—…ni yo…

—… ¿desde cuando?...

—… ¿tan pronto?...

—…no tiene ni un mes que llegó y ya anda en esos pasos…

—…así son los jóvenes de ahora…

—…tienen que vivir con toda clase de excesos…

—… ¿qué tiene ese flacucho que no tenga yo?...

—…pues quién fuera ellos…

—… ¡sinvergüenzas!...

—…tener otra vez esa edad…

—…yo no lo creo…

—…sí, tener quince es un asco…

Sophia pasaba de semejantes comentarios con relativa facilidad. Los cuchicheos de gente ociosa no podían alcanzarla jamás. Pero con Shinji era punto y aparte, tan sólo bastaba con ver su expresión para saberlo.

—¿Quizás deberíamos ir