| Por: Gus
jabarajas@hotmail.com
Capítulo 2: La Bestia
La oscuridad desaparece mientras el sol anuncia
su llegada con los primeros rayos de luz, que triunfantes
vencen a la noche, cortándola en tiras hasta
convertirse en el alba. Los animales despiertan y
se preparan para hacer sus actividades diarias, mientras
los habitantes de Tokio 3 aún siguen descansando,
los que pueden, mientras que otros se percatan de
los daños ocasionados hace apenas unas horas.
Bonita manera de despertar, con toda tu propiedad
en pedazos, encima de tu cuerpo malherido. Las sirenas
aún siguen resonando y haciendo eco entre los
rascacielos del centro, lugar donde se llevó
a cabo el evento. Cómo si lo de anoche hubiera
sido tan sólo un mal sueño, que se disiparía
con el calor del nuevo día, la gente despierta
sólo para encontrarse cara a cara con una horrible
pesadilla. ¿Qué fue lo que pasó?
¿Cuándo fue que la decisión de
regir nuestros propios destinos nos fue arrebatada
de las manos? Soldados, médicos, bomberos,
policías, periodistas, políticos y todo
aquel que estuviera presente ó involucrado
directamente y de alguna manera con el siniestro,
todos ellos se observaban los unos a los otros, cómo
si en realidad hubieran proferido esas preguntas,
que eran las obligadas. No era justo. La raza humana
había pasado por tantas penurias, tantas pruebas
y obstáculos, los cuales los había sorteado
todos, algunos con mucho esfuerzo y sacrificio. Sólo
para que, ahora, en circunstancias que todavía
no alcanzaban a comprender, una vez más la
supervivencia de la especie se viera en riesgo. Parecía
una broma de mal gusto. Todo mundo estaba mortificado,
a sabiendas que sus vidas estaban ya en las manos
de otros. ¿Y cómo serían esos
otros? ¿Acaso emularían los ejemplos
de los antiguos superhéroes de antaño?
¿Poseían toda su moral inquebrantable,
el conocimiento absoluto del bien y el mal, ese sentido
de sacrificio desinteresado por sus semejantes? Eso
deseaban, con todas sus fuerzas, pero ciertamente
no era la verdad. Cómo insectos diminutos,
comienzan a reparar sus hogares, con la horrible sensación
de impotencia que esto conlleva, al saberse indefensos
ante los eventos de tan enorme magnitud que se han
desatado, y ante los cuales no tienen la menor oportunidad
de intervenir, de meter las manos para evitar la caída
con el suelo. Resignación.
El sol, tímido y risueño, cómo
un párvulo, se asoma por entre la ventana,
y a lo lejos se escucha el trinar de los pajarillos,
mientras el astro rey, contento y alegre, les hacía
cosquillas en todas sus plumas. Aún mas lejos
se pueden oír las grúas, las sirenas,
las voces, el ruido, la gente trabajando y el despertar
de la ciudad y sus habitantes. Un olor a medicina
penetra la habitación y todo el ruido incita
a abrir los ojos. Con un gran esfuerzo se abren los
párpados. Poco a poco. Primero, se despegan
las pestañas. Luego, se humedece la boca seca,
paseando la lengua por toda ella. Se desperezan los
pies y los dedos de las manos, continuando con éstas,
y después con las piernas y brazos. Un bostezo
corre desde la boca del estómago hasta escapar
por la boca que se utiliza para engullir alimentos.
Se perciben las imágenes, borrosas, cómo
en una lente mal ajustada. Unas vez que la enfocas,
te das cuenta totalmente, por medio de todos tus cinco
sentidos, del mundo que te rodea, y es cuando concluyes
que has sobrevivido una vez más. Estás
vivo, pese a que pudiste morir mientras dormías.
Y se recibe al nuevo día.
¿Dónde estoy ? es lo primero
que pronuncia Shinji al despertar, aún entre
sueños. Aún sigue aturdido por el extenuante
ejercicio que tuvo que realizar, y el cúmulo
de emociones que le tocó deleitar anteriormente,
hizo que se empanzara y ahora se sintiera incómodo.
Tenía ganas de vomitarlas. Es difícil
incorporarse, no tanto por el dolor, sino por lo difícil
que es dejar los sueños. Y tener que cargar
con la responsabilidad de tener que vivir la vida
que te tocó vivir, y por si fuera poco, hacer
algo de provecho con ella.
Se restriega los ojos para acabar de despertarse y
se da cuenta en donde está: es un hospital.
De ahí el olor a medicina. A través
de la puerta, penetran los murmullos de las enfermeras
y demás personal médico, quienes estaban
muy atareados, con una sobrecarga tremenda de trabajo;
algunos habían tenido que hacer turnos dobles,
para poder atender a los sobrevivientes del encontronazo
entre el hombre y la divinidad. Unos tremendos gritos
de dolor, de agonía, capaces de helar la sangre,
lo despabilaron por completo, no sin sacarle tremendo
susto. Por un momento pensó que era él
el que estaba gritando. Contempla el espacio que se
extiende a su alrededor. Una sola cama en medio del
solitario y monótono cuarto, sin nadie a la
vista. El recinto destinado para albergar al paciente
estaba inmaculado, todo él pintado de blanco.
¿Porqué pintarán los hospitales
de blanco? La luz que irradia el mismo color, aunada
con la del sol, encandilan y despabilan a la persona,
la estresan, la molestan, la hacen sentir más
mal de lo que está. Aún las batas de
los médicos son de ese color. Blanco brillante.
Cómo si quisieran demostrar algo. Las ventanas
cerradas no impiden que el sol salude con sus tibios
labios al paciente. Ve su brazo con extrañeza
y sorpresa, moviéndolo normalmente. Rogaba
porque todo lo que sufrió hubiera sido tan
sólo una pesadilla, ocasionada por un malestar
gástrico. No convencido del todo, movía
lentamente su brazo, y cada una de sus articulaciones,
además de los dedos de las manos. Sí,
era su brazo, y estaba completo y sano, muy sano.
Además, todas sus extremidades estaban ahí.
Nada hacía falta. Nada, salvo saber cómo
era que había ido a parar allí.
Afuera, la algarabía y la inmensidad de la
vida misma continuaban, sin esperar a nadie ó
sin fijarse a quien atropellaban en su imparable carrera,
cómo la de una aplanadora, ó uno de
los bull dozers que trabajaban en la ciudad, recogiendo
escombros. Tristes, confundidos, temerosos, agotados,
así se encontraban los seres humanos, pero
aún así tenían que continuar
viviendo su vida, luchando por ella. Después
de un accidente, viene la recuperación, a veces
muy lenta, otras satisfactoriamente rápidas,
pero todas las heridas cicatrizan. Pero quedan las
cicatrices, cómo eterno recordatorio de aquel
suceso. El casco del Eva es elevado por el aire por
una grúa, de entre una pila de escombros. Los
transeúntes, y los curiosos, al verlo, no podían
evitar hacer un pequeño alto en su camino,
para contemplar el tamaño del objeto, hacer
observaciones sobre eso, señalarlo a sus acompañantes
y soltar lo primero que se les venía a la mente:
¿Qué demonios es eso? Misato
y la doctora Akagi, ajenas ambas a esas situaciones,
los observaban de lejos muy de vez en cuando, sin
ponerles mucha atención o importancia. Tenían
entre manos asuntos mucho más relevantes que
tratar, y tareas que no podían esperar para
ser realizadas. Colaboraban muy de cerca con los trabajadores
de las obras, y con la gente del gobierno, tanto el
nacional cómo el mundial. Proporcionando datos,
y a la vez preguntando por éstos, además
de elaborar un minucioso control de daños en
sus respectivos campos de desempeño, para elaborar
un también minucioso reporte que tendrían
que entregar a sus superiores sin demora alguna. A
pura fuerza, las dos hacen un pequeño paréntesis
para descansar, o siquiera relajarse un poco, ahora
que podían. En toda la noche no habían
dormido, y se encontraban exhaustas en extremo. El
auto de la militar, que esperaba en la banqueta, parecía
un buen lugar para aliviarse un poco de sus quehaceres.
Las dos se recargan en uno de los costados del vehículo,
de pie y mirando de frente las obras de remoción
de escombros.
¿Cómo fue que las cosas se salieron
de control? rompió en pedazos el silencio
Misato, externando sus dudas ¿De qué
modo pasó todo, para acabar así?
Refiriéndose a la deplorable escena que era
el tener que barrer edificios completos, buscar sobrevivientes,
y pensar que un violento terremoto sacudió
desde sus cimientos a toda la ciudad. Además
de las salvajes escenas de lucha, no, más bien
de carnicería que deambulaban y danzaban en
sus percepciones. Jamás esperó que el
primer combate resultara tan... animalesco.
Simplemente pasó lo que tenía
que pasar pronunció en un tono seco y
reflexivo su acompañante Deberíamos
dar gracias de la enorme suerte que tuvimos anoche.
Ayer pudo haber sido el fin de todo.
Pero, anoche fue... bueno, no sé... algo...
grotesco. No me imaginaba algo así.
No es nada extraño. Es lo que normalmente
pasa cuando desatamos a la bestia que todos llevamos
dentro, cortesía de nuestros ancestros que
habitaban en los árboles. Es algo inherente
en la humanidad. Por instinto, digamos.
Entonces, deberíamos asegurarnos de amarrar
bastante bien al animalejo, para que no vaya a morder
ó a comerse a alguien.
En, eso, un gran escándalo se suscita delante
de ellas. Por Dios, espera, creo que encontré
a uno decía alarmado un hombre, que armado
sólo con una pala, removía una pila
de despojos, dónde antes había un edificio
habitacional. No tardaron mucho en sacarlo. Cuando
todos concentraron su esfuerzo en ese punto en particular,
la acción se hizo con más rapidez y
agilidad. El espíritu de colaboración
humana, que brillaba con más intensidad en
los desastres. Era algo bello, desde cierto punto
de vista. En los momentos difíciles, la mayor
parte en los desastres naturales, cómo lo eran
los terremotos, huracanes y demás, los hombres
olvidaban sus diferencias y se apoyaban y ayudaban
los unos a los otros, cómo una verdadera hermandad.
no puede ser, no puede ser se oyó
que se lamentaban, cortando despiadadamente la contemplación
de una de las grandes virtudes del espíritu
humanitario. Los obreros, los trabajadores y los voluntarios,
todos ellos formando un gran círculo alrededor
del sitio, miraban hacia el interior de éste,
impávidos, desconsolados; algunos se tapaban
la boca, otros volteaban al cielo y preguntaban ¿porqué?,
unos, resignándose, se ajustaban su casco protector
y se aclaraban la garganta, tomando una pose de luto.
Al poco rato, sacaron en una camilla la causa de sus
pesares. Sucia, golpeada, ensangrentada y amoratada,
con algunos huesos rotos; desarreglada toda, cómo
una vieja muñeca rota, de esas que son tan
comunes de sacar de los basureros, así se encontraba
ella. Sólo que no la habían sacado de
un basurero, sino de lo que quedaba de lo que, hasta
apenas ayer por la noche, había sido su hogar.
Y no era una muñeca. Se trataba de una mujer.
Una joven mujer. Una joven mujer, muerta. Una joven
mujer, muerta, cuya vida había sido arrebatada
violentamente. Y podría decirse que absurdamente.
Pero la impresión no acababa ahí. En
sus brazos, cómo si guardara un tesoro, así
de celosa conservaba una pequeña cosa. Algo
a lo que se aferraba con fuerza, aún en el
más allá. No con un poco de esfuerzo,
los rescatistas la hicieron revelar al mundo lo que
tan afanosamente guardaba para sí misma. Era
lo más desgarrador que un alma humana hubiera
contemplado jamás. Se trataba de un pequeño
bultito, que abrigaba en su regazo y en su pecho ya
sin un corazón que latiera. Igual de desaliñado
y desgarrado que su guardiana, maltratado por las
ruinas que tenían encima. Se trataba de un
infante, un recién nacido. Y entonces, se convirtió
en una joven madre, muerta, cuya vida, y la de su
retoño, habían sido arrebatadas violentamente.
Y podría decirse que absurdamente. Al parecer,
la madre, viendo deshacerse el techo y el suelo donde
estaba apoyada, en lo único que pensó
fue en la supervivencia del pequeño. Con su
cuerpo, quiso protegerlo lo mejor que pudo de la avalancha
de misiles mortíferos en los que se convirtió
su edificio, al desplomarse por completo. Pero no
contaba que, en su afán de salvarle la vida
a su hijo, éste moriría de todos modos,
asfixiado contra su maternal pecho. Todos podían
imaginarse la escena, podían ver los ojos de
terror de la muchacha, mientras impotente observaba
cómo todo su mundo se derrumbaba en pedazos,
sepultándola. Podían escuchar al bebé,
luchando por un poco de aire, intentando jalar el
vital gas a sus pulmones, sin éxito. Podían
sentir el dolor de ambos, por igual. Su dolor, al
saber que horas más tarde, ellos los encontrarían,
de ese modo, tal cual cómo se despidieron de
la vida. Juntos, fundidos en ese abrazo eterno.
Las mujeres no se rezagaban en las impresiones comunes,
de todos los que estaban allí presentes. Y
quizá les aventajaban, sabiéndose cómplices
en las circunstancias que desencadenaron este trágico
desenlace. Sin decir palabras, boquiabiertas, y con
el alma hecha jirones, acompañaron angustiosamente
con la mirada a los cuerpos hasta la ambulancia, y
a ésta hasta que se perdió de vista,
en la calle. El silencio fúnebre, de remordimiento
y de pesar, duró hasta mucho después
de su partida. Sólo hasta entonces, Ritsuko,
que seguía contemplando la calle por donde
se perdió el vehículo que transportaba
a los cadáveres, quedamente, casi muda, pronunció:
Cuidado con la bestia.
Sin quedar claro si se trataba de una cita bíblica,
ó de un aviso de cochera.
La brisa matinal sopla con un gran frío sobre
ellas dos, con un olor a muerte y a culpa.
Tratando desesperadamente de alejar a los fantasmas
que acechaban su conciencia, de sepultar aquellas
imágenes en el olvido, y volver a tener la
sangre fría, Katsuragi interrogó:
¿Y cómo está el muchacho?preguntó
cómo si sus pensamientos estuvieran en otra
parte, muy lejos de ahí, mientras se recargaba
en su auto y observaba de nueva cuenta las tareas
de remoción de escombros.
Está bien, tan bien cómo se pudiera
estar después de un evento de estas proporciones;
sólo tiene un pequeño problema sobre
su memoria...le contestó su compañera,
observando de igual modo a los obreros hacer su trabajo.
Le alegraba que alguien se hubiera decidido a quebrar
la consternación que imperaba en ese lugar.
¿Podrá ser contaminación
mental?cuestionó otra vez la militar.
Tal vez... aún así, no hay de
que preocuparse, no llegará a mayores.
La capitana ya no pronunció ni una palabra,
limitándose a asentir con un gesto de su cabeza,
mientras adoptaba una pose reflexiva. Un aparato de
televisión hizo acto de presencia, frente a
las dos mujeres, allá con los trabajadores
que habían bajado de sus grúas por sólo
un instante, paralizándose todo en aquellos
momentos. Un vasto grupo de personas ya se había
reunido en torno al aparato. El silencio entre los
espectadores era tal, que aún con el volumen
bajo, el televisor se escuchaba claramente.
...en vivo, transmitimos desde la conferencia
de prensa que se está llevando a cabo desde
las instalaciones de la O.N.U, aquí en Tokio
3... en estos momentos, el representante de dicha
organización en nuestro país, Mayumi
Yamamoto, se encuentra en el estrado...
Y era entonces cuando las cámaras y micrófonos
pasaban a dicho personaje, quien atendió serenamente
a la atención del país entero, y de
algunas partes del mundo. Uniformado cómo todo
buen funcionarios, con un traje de vestir bastante
caro, que bien podría alimentar a una familia
pobre durante varios meses con el dinero que se invirtió
en comprarlo. Con los ojos hundidos, anteojos grandes
y bastante bien peinado. Su cabello brillaba ante
el fulgor de los flashes. Tranquilo, sin prisa alguna,
acomodó una pila de hojas de papel que tenía
en el estrado, y con la habilidad de un excelente
orador, comenzó con el reporte:
Buenos días, damas y caballeros... se
qué mucha gente estará desconcertada
por los insólitos eventos que tuvieron lugar
anoche... antes que nada, permítanme informarles
que, afortunadamente, el saldo de bajas fue blanco,
sin reportarse ningún fallecimiento ni heridos...
ahora bien, deben saber que desde hace más
de dos años y medio, las Naciones Unidas le
han seguido el rastro a un numeroso grupo terrorista
que se hace llamar a si mismo como el Frente de Liberación
Mundial (FLM)... hemos podido averiguar que, asentándose
en una pequeña isla del Pacífico del
Sur, han puesto en marcha un plan con miras de conquista
global, secuestrando a grandes científicos
del todo el mundo, para diseñar y construir
gigantescas máquinas de guerra, a las que designaron
cómo Angeles. Estas enormes maquinarias
tienen cómo propósito enfrentarse a
las fuerzas armadas mundiales, sin que ninguno de
los miembros humanos de su grupo se exponga al peligro;
así sembraran el pánico y el caos por
doquier, desde la comodidad de su escondrijo... es
por eso que, ante esta agresión, las Naciones
Unidas, en respuesta, han creado a la organización
NERV, con el único fin de combatir a estos
mensajeros de la muerte... NERV es una organización
dependiente completamente de la O.N.U., que también
se dedica al desarrollo e investigación de
nuevas tecnologías...
Siguieron las palabras huecas y las frases sin sentido:
unidades EVA, Dr. Infierno, refugios nucleares, conquista
global, etc.
Las dos mujeres decidieron ya no seguir escuchando
más todo ese bonche de patrañas, diseñadas
para mantener tranquila y a raya a la población,
apartándose del radio de alcance de la televisión.
Los del departamento de relaciones exteriores
deben estar felices de por fin tener algo que hacer,
¿no?pronunció Ritsuko, con un
marcado tono de sarcasmo en sus palabras.
No puedo creer que la gente pueda tragarse toda
esas sarta de idioteces explicó Misato,
aparentemente sorprendidaYo jamás me
lo creería...
Pero ellos no saben lo que tú...le
aclaró Akagi.
Bueno, pero la verdad es que, a pesar de todo,
todos tienen mucho miedoconcluyó la militar,
mientras veía a la muchedumbre atenta al aparato.
Los obreros, los voluntarios, en general todos los
civiles que se encontraban allí, frente al
televisor, y estaban ayudando en las labores de rescate,
se veían con ánimos de reclamar, de
protestar, de enervarse, de indignarse, para que aquella
joven mujer y su recién nacido no quedaran
en el anonimato, para que no fueran basura que el
gobierno escondía bajo la alfombra. Volvieron
la mirada a los soldados que los rodeaban, y también
a sus superiores. Se les podía vislumbrar el
coraje en sus ojos. Los militares, impasibles, con
la mirada fría, congelante, entendieron el
mensaje, y a su vez dirigieron la vista, hacia sus
superiores. Éstos, les hicieron una señal
de afirmación, moviendo la cabeza verticalmente,
con igual gesto de indiferencia. En el acto, con una
actitud tan natural como el rascarse, los militares
empuñaron sus rifles de asalto, inseparables,
poniéndolos a la altura de sus pechos, También
los civiles comprendieron el mensaje. Tristes, resignados,
y avergonzados de su cobardía, volvieron a
sus trabajos, sin tener el valor de mirarse a los
ojos. Sólo quedaron la mujer y su hijo, deambulando
en sus memorias, por el resto de sus vidas. Y toda
esa pequeña historia de una insurrección
frustrada ocurrió sin que nadie dijera ni pío.
Dos manifestaciones ambiguas de lo que era la humanidad,
y también que eran de las más comunes.
Y ambas se habían presentado con un breve intervalo
de unos cuantos minutos la una de la otra. Por un
lado, uno de las cualidades más nobles del
hombre, creciendo cómo una flor en el pantano.
Ayudarse los unos a los otros, apoyarse en los momentos
difíciles, olvidar viejas rencillas y rencores
para colaborar de cerca para un bien común.
Y del otro lado de la balanza, se encontraba una también
arraigada conducta, tan vieja cómo la historia
misma. Suprimir, reprender, pisotear a otros mediante
el uso de la fuerza. Y también la cobardía.
La indiferencia. El miedo. Ver sólo por uno
mismo. Y todo eso en una sola mañana.
Pues claro...terminó diciendo la
médica, viendo la represión en toda
su extensión.
Así, el par de hembras se dio a la tarea, paradas
en la húmeda banqueta, de saborear el temor
colectivo, que parecía hasta sentirse en el
aire. Las dos lanzaron un hondo suspiro, mientras
el tiempo seguía su curso inevitablemente.
Tengo que ir por Shinjiavisó Katsuragi,
luego de haber contestado una llamada telefónica
por su celular.
La oficina es oscura y aprehensiva, hostil para
sus residentes. Un olor rancio penetra en su olfato,
hasta llenarlos por completo y hacer que se asquearan.
Además del calor, tan enfadoso, tan persistente
y constante, tan desesperante. Las personas sudaban
y sudaban, rogando por un aparato de aire acondicionado.
Ambicionaban la frescura del exterior, atrapados en
ese nicho de 4 metros por 4. ¿Cómo era
que ese enorme escritorio, con ese montón de
pilas de documentos, cabía ahí? El pobre
hombrecillo que allí trabajaba, se echaba aire
con un abanico improvisado, tratando de disimular
su sudor. Su pañuelo ya estaba empapado cuando
habían entrado al cuarto. El muchacho se revolvía
en la incómoda silla de metal, desplegable,
tratando de no cansarse de estar sentado en ese lugar,
mientras pensaba en el calor asfixiante que preñaba
el recinto. Misato, por su parte, había preferido
estar de pie, pero más cómoda que si
se hubiese sentado en una de esas dos sillas que se
encontraban delante del escritorio del burócrata.
Shinji Ikari, desde mañana cursarás
tus estudios en la escuela secundaria número
18, en el centro de ésta ciudad, y se te ha
sido asignado un departamento para ti solo, el cual
puedes usar desde hoy.
Pronunció, mientras deslizaba por el poco espacio
libre de su mesa de trabajo, una cantidad considerable
de carpetas, que contenían varios documentos
de propiedad, así cómo matriculas escolares
y unos mapas de la ciudad.
La notificación aturde un poco al muchacho,
cabizbajo, cómo si se resignara a su destino.
Con desgano, toma la pila de papeles que le correspondían,
y sale del mismo modo de la deprimente oficina. Creía
que se estaba derritiendo cómo una vela, allí
dentro. Casi se arrodilla de agradecimiento al sentir
el helado aire acondicionado del pasillo, pero continuó
con su frío caminar inexpresivo.
El niño luce algo triste y solitario: ha estado
solo en los últimos diez años, y esperaba
que su situación pudiera cambiar con esta visita
a su padre. Pero no había sido así.
Desde un principio comprendía eso a la perfección;
entonces, ¿A qué se debió su
resolución a venir a este lugar?
Notando su angustia, la mujer lo sigue, alcanzándolo
en el corredor, poco antes que tomara un elevador
hacia su nueva residencia, y a su misma solitaria
existencia.
Shinji, espera un poco pronuncia la mujer,
mientras con dificultad se colaba por la puerta del
aparato, que se estaba cerrando. Cuando se instaló
dentro, a un lado suyo, le pidió su opinión
¿No te molesta vivir solo? ¿Te
sientes a gusto así?
Eh... vacila un poco, inquieto. Le molestaba
algo que le incitaran a denudarse de sus sentimientos
así cómo así sí...
supongo que estar solo está bien para mí
contestó, tratando de disimular su sufrimiento.
Misato lo observa algunos instantes, preocupada, casi
cómo si lo comprendiera, y encontrara en él
un desahogo a sus propias penas. Le tenía tanta
lástima. Al verlo, creía verse a sí
misma hacia unos años atrás. Tan frágil.
Tan ingenuo. Tan sin una idea de qué hacer
ante las marejadas y enormes olas de la vida, sin
siquiera saber nadar. Entonces lo decidió.
Sin pensarlo demasiado. Sin pensar en consecuencias.
Sólo dejándose llevar por el arrebato
del momento.
Creo que tengo una mejor oferta que hacerte
le dijo, acercando su rostro al suyo, sonriendo pícaramente.
¡¿Qué dijiste ? !
exclamó furiosa desde el auricular la doctora
Akagi.
Ya te dije, voy a llevarme a Shinji a vivir
a mi casa respondió la capitán
Katsuragi, apartando un poco el aparato de su oído,
temiendo que sus tímpanos reventaran. Hasta
podía sentir el aliento de Rikko sobre ella.
¿Estás loca o qué ? siguió
reclamando su amiga¿Se puede saber en
qué estás pensando?
Mira, yo nomás te avisé lo que
tengo planeado hacer, ¿sí?se defendió
finalmente la beldad de cabello negroEn ningún
momento recuerdo haberte pedido permiso para hacer
lo que yo quiera. ¿Sabes? Cuando te comportas
así, le das toda la razón a Kai
de nueva cuenta escuchó los reproches de su
amiga, pasándolos por altoMejor hablamos
luego, ¿O.K ? concluyó, colgando
el teléfono celular.
Ella nunca puede tomar a bien una broma...se
recordó a sí misma, mientras abordaba
su vehículo.
Nuevamente están en el automóvil el
niño y la mujer. Desde su llegada, ambos habían
pasado bastante tiempo en su interior. Allí
habían comenzado a conocerse, y también
allí había iniciado la aventura del
joven Ikari en el Proyecto Eva. Cómo casi siempre,
y después de todo así era su naturaleza,
el muchacho estaba encerrado en sí mismo, desconectándose
por unos instantes del mundo exterior. Callado, reservado
y pensativo, sin ningún ánimo de hablar,
así estaba en esos momentos. Se aferraba con
fuerza a su valija, creyendo que era un paracaídas
en un avión en llamas. Aún no estaba
seguro si tomó la mejor decisión. Pero
es que la militar se lo dijo así, tan de repente,
que no pudo pensar en una respuesta convincente. ¿En
qué se había metido? No la conocía
bastante, y ahora ya iba a vivir con ella. La veía
conducir el auto, cómo si nada le molestara,
tranquila, imperturbable. Era muy hermosa, muy hermosa
y ortodoxa. Eso era lo único que sabía
de ella. Al verla sujetar la palanca de velocidades,
para cambiar de segunda a tercera, una idea pasó
por su imaginación. Su rostro enrojeció,
tan sólo de imaginarlo. Un escalofrío
le recorrió el cuerpo. Se aferró todavía
más a la maleta, a su salvavidas. Era tan inexperto.
Y ella era de seguro, una maestra. Una artista. Una
experta. ¿Y qué irán a pensar
las gentes, los vecinos? La vuelve a ver, contemplando
sus piernas, pisando el acelerador, el clutch y el
freno cuando era necesario. Se veían tan bien.
Después de todo, no sería tan malo.
Si alguna vez tendría que aprender a hacerlo,
lo mejor era aprenderlo de una maestra, que sabría
que hacer y cuando, sin correr ningún riesgo.
¡Y la envidia que le tendrían todos los
de su generación! Ya se veía cómo
el objeto de adoración y respeto de todos sus
contemporáneos. El tipo de poder con el que
siempre había soñado. Con cada momento
que pasaba, se iba convenciendo más y más
de que tomó la decisión correcta, pero
aún así continuaba bastante nervioso.
Las calles parecen borrones cuando las pasan rápidamente.
Un silencio domina el carro, y si no fuera por el
ruido que hace el motor, el silencio sería
absoluto. Misato, percatándose de la inquietud
de su acompañante, quien se movía una
y otra vez, temblaba y enrojecía de pena a
cada momento, decidió romper el hielo, e irse
familiarizando con él. Se detuvo en una tienda
de auto servicio, parando el carro en el amplio estacionamiento
de éste.
Vamos a comprar los víveres, ¿te
parece? pregunta la mujer.
Con un gesto, el chiquillo asiente.
Habían comprado bastantes cosas, todas ellas
indispensables para el consumo doméstico. Jabones,
pasta dental, limpiadores, servilletas, alimentos
(la mayoría de ellos pre-preparados) desodorante,
perfume, toallas, y también femeninas, especiales
para la dueña de la casa; suavizantes de ropa,
ganchos, pilas para aparatos electrodomésticos,
y un sin fin de artículos más. Les resultó
una buena iniciación a su convivencia juntos.
Realmente disfrutaban de esas actividades, tan normales,
cómo si se les hubiesen estado negadas mucho
tiempo. Sobre todo Shinji.
En la fila para registrar las compras, las personas
discuten los hechos de la noche anterior.
Así que tu familia se piensa mudar de
la ciudad comentaba una mujer con su acompañante,
notándose el pesar en sus palabras y rostro.
Exacto. Mi esposo dice que esta ciudad ya no
es segura, con todo ese asunto de los robots y los
terroristas. contestó la otra mientras
se alejaban.
Ni aún en esta ciudad fortaleza puede
uno estar a salvo.
El comentario desconcertó mucho al chiquillo.
Se sentía culpable de alguna manera, sin saber
exactamente qué era lo que había hecho;
recapitulaba la pasada noche cómo si hubiera
estado en los humos de una tremenda borrachera, sin
poder decir con exactitud que era lo que había
pasado. Cuando menos se lo esperaba, todo había
acabado y se encontraba reposando en el aposento del
sanatorio. Las remembranzas pasaban por un gran filtro,
provocándole cierta angustia, de la cual su
acompañante se percata. El joven era un libro
completamente abierto para ella. Pensaba en cómo
era que podía ayudarlo. Sus ojos brillaron
cuando la respuesta se suscitó en su cerebro,
y determinada a llevarla a cabo, abandonó el
establecimiento con su nuevo protegido.
El camino a casa durante el atardecer no tiene ningún
imprevisto. Salvo el enorme tráfico que cargaba
la carretera que llevaba fuera de la ciudad. Era un
éxodo masivo. Nadie quería quedarse.
Cómo un rebaño que busca nuevos pastizales,
así los habitantes de la ciudad huían
a nuevos territorios, para protegerse de los peligros
de las grandes ciudades, donde pasaba los mismo. Era
el instinto de supervivencia.
El sol empieza a ocultarse y la noche viene en camino.
Las estrellas comienzan a asomarse por el crepúsculo
y la luz de la luna menguante a brillar. Los postes
de luz, automáticos y programados, comienzan
también a encenderse, uno a uno, iluminando
las desoladas calles. Katsuragi se detiene en un pequeño
mirador:
Baja, hay algo que quiero enseñarte
y casi es hora señaló cortésmente.
Shinji baja de automóvil y se reúne
con la mujer en el barandal del mirador. Desde ahí,
se dominaba todo el panorama de la ciudad. Las casitas
de los suburbios, casi al ras del suelo, con frondosas
arboledas; los escasos rascacielos del centro, los
que todavía quedaban en pie, torres de acero
y concreto que los humanos habían erigido para
alcanzar la bóveda celeste, sin éxito;
en general, el grisáceo color de una metrópolis
del futuro, de un país que antaño pertenecía
al primer mundo, y que ahora sólo pertenecía
al mundo. Pasan momentos sin que transcurra nada,
hasta que, con el último rayo del sol, un zumbido
empieza a escucharse.
Varios edificios comienzan a emerger del suelo y la
ciudad se ilumina con sus luces. La vista es hermosa
y agradable. Todo aquello se había transfigurado
milagrosamente, parece una utopía salida de
un maravilloso cuento. El infante está asombrado,
ante el hermoso espectáculo, algo que jamás
había contemplado en su corta vida; a lo que
la beldad a su lado agrega:
Esto es Tokio 3, Shinji, la ciudad que defiendes.
Nuestro hogar.
El lugar de Misato se ubica en un edificio departamental
al extremo sur de Tokio 3, en el quinto piso. En la
puerta, se encuentran las escasas pertenencias del
infante, mismas que caben en tan sólo dos cajas,
entregadas por servicio de paquetería. Es un
lugar amplio y cómodo, con un área de
100 metros cuadrados. Ó sea, con una extensión
de diez metros por otros diez; con cocina, comedor,
baño y dos habitaciones. Y alfombrado. Además
de un balcón, al cual se podía acceder
mediante ambas recámaras. Aunque es difícil
pensar que en ese lugar viva una mujer, por lo desordenado
que está. Latas de cerveza y revistas alfombran
el piso, mientras que hileras de platos sucios adornan
el lavabo de la cocina; una humilde mesita para cuatro
personas, con las patas delgadas, vagabundea en el
comedor, con algunas sobras de almuerzos a cuestas,
y refugiándose bajo ella, varias cajas de cartón,
cuyo contenido aún no ha sido desempacado.
En resumidas cuentas, y para no seguir injuriando
a la huésped, podemos sintetizar que nada está
en su lugar y pareciera que nadie ha limpiado en un
mes. La casa es todo un desmadre.
Perdón por lo desarreglado, pero no
hemos tenido tiempo de limpiar. En realidad, también
nos acabamos de mudar. se disculpó la
mujer y prosiguiendo, dijo tú dormirás
en este cuarto señalando la habitación
al lado de la suya.
Shinji se acomoda en el cuarto, y pone su equipaje,
una maleta en la que tiene su ropa, sobre la cama,
mientras que las cajas las acomoda en una esquina
del cuarto. Aquella habitación no desentona
con aquella casa desordenada, pues está perfectamente
hecha un destrozo. Varios carteles adornan los muros,
ropa tirada en el suelo (la mayoría calcetines),
mientras que en el armario hay objetos de todo tipo
y tamaños, cómo así también
numerosos trofeos empolvados, que parecían
tener años ahí, a pesar de que según
la mujer, acaban de mudarse y en el muro se encuentra
un escritorio con una terminal, estéreo y televisión,
además de algunos objetos personales. Era lo
único que se encontraba acomodado.
Al ver todas esas cosas, se pensaría que hay
alguien más viviendo ahí.
Shinji se dirige a Misato:
Misato, ¿alguien más vive aquí?
preguntando por el estado del cuarto.
Eh... sí. Tal vez venga a dormir
respondió la aludida, desde la cocina.
El joven suspira, mientras trata en no pensar que
tendrá que lidiar con más gente.
En seguida que se hubo acomodado, Misato le señala
las reglas de la casa al recién llegado:
Mira este será nuestro calendario para
las tareas hogareñas le dice, mostrando
un pequeño calendario del mes, con las fechas
marcadas primero con una s, luego una
k y al último una m.
Shinji quiere preguntar por qué es la K, pero
se arrepiente y calla, pues de seguro se trataba del
otro ocupante de la casa. Era algo lógico.
Y también quiere cuestionar el porqué
a él le toca la mayoría de la semana.
La mujer, ignorante, propone:
¿No te gustaría cenar? pronuncia
mientras va por los víveres que acaban de comprar,
depositados en bolsas de papel.
Sí, claro... responde, no muy seguro,
cómo siempre.
Muy bienañade la anfitriona, mientras
que con maestría servía en unos platitos
una bolsa de comida instantánea.
¿Sólo comida instantánea?
se preguntó el muchacho, mientras un sudor
frío recorría su frente ¿En
qué me metí?
Aunque aturdido todavía, por los repentinos
cambios, y por los tratos a los que no estaba acostumbrado,
muy en el fondo el muchacho está contento por
convivir finalmente con personas, y este ambiente
familiar le hace muy feliz. Hacía mucho tiempo
que no tenía una cena como esta, que aunque
el sabor no fuera muy bueno y fuera comida instantánea,
la convivencia hacía amena la cena, con las
bromas y juegos de Misato la velada se hace muy agradable.
La militar bebe con rapidez una lata de cerveza en
sus manos, la tercera de la noche.
¿No quieres una, Shinjito? convida,
mientras agita el recipiente en sus manos, mostrándolo.
¡Por supuesto que no! se niega de
inmediato el infante, meneando la cabeza ¡No
estaría bien, soy un menor de edad!
Uy suspiró la mujer, continuando
engullendo el contenido alcohólico Siempre
tan serio y aguado...allá tú... pero,
oye... ¿verdad que se siente bien?
El infante no tenía idea de lo que le estaba
hablando, y sólo se quedó con los ojos
pelados, sin saber a lo que se refería. La
militar lo ayudó.
Digo que se siente bien. Cenar cómo si
fueras parte de una familia, ¿no?
De nuevo, el muchacho no sabe qué decir. Confundido,
apoya con un ininteligible ajá.
Ya en el baño, el recién llegado observa
apenado las prendas íntimas que cuelgan de
ahí, para secarse. No debería
dejar esas cosas así nomás pensaba.
Abre la puerta de la bañera, sólo para
encontrarse súbitamente con un rostro emplumado
sacudiéndose el agua. El chiquillo, sobresaltado,
lanza un grito y sale de la bañera.
¡U- Un pingüino ! ! ! avisó
a Misato, asustado.
El ave sale cómodamente del baño sin
ninguna preocupación.
¿Te refieres a él ? ¿A
poco no es una monada? Se llama Pen Pen, y es un pingüino
de aguas termales. Es la mascota de aquí, es
muy limpio y ordenado, por lo que no cuesta mucho
tenerlo aquí aclaró la mujer,
mientras bebía su cerveza en la mesa.
La mascota se dirige a una pequeña puerta a
lado del baño y se mete, a lo que parece es,
su recinto; algo enfadada por cierto, de aquella pequeña
violación a su privacía.
Bueno Shinji, ¿no pensabas bañarte
? preguntó la mujer, señalando
su desnudez.
Avergonzado, el niño lanza un gritito, mientras
se cubre con las manos el órgano y se introduce
rápidamente al baño.
El agua está deliciosamente tibia en la bañera,
y Shinji aprovecha la comodidad para pensar sobre
los últimos acontecimientos.
Misato Katsuragi piensa, no es una
mala persona, pero, ¿porqué no puedo
estar con mi padre? se pregunta, mientras los
recuerdos de aquel hombre frío e inexpresivo
vienen a su mente. Aún no sabe el por que lo
dejo aquella vez, abandonado y solo en esa estación,
tal y cómo venía ahora a él.
Después de asearse, el muchacho se prepara
a dormir. Pero antes, le llenan de confusión
aquellos trofeos y objetos desperdigados por doquier,
obviamente le pertenecen a alguien, pero, ¿a
quién? Se acerca para tratar de discernir la
identidad de la persona. Hay varios trofeos, uno es
de basquetbol, otro de karate, natación, conocimientos
y varios más. Todos son de primer lugar. Hay
también algunos cuadernos con extraños
bocetos en su interior, y mapas de circuitos. Una
libreta de apuntes, abierta, contenía la letra
de una canción, escrita a toda prisa, y en
inglés, por lo que apenas podía entenderse:
Welcome to the Hotel California, such a lovely
place... descifró en alguno de los párrafos.
También hay varios discos compactos, regados
igualmente por el piso, cómo todas las cosas.
Ahí se encuentran muchos discos de antes de
la catástrofe; Shinji lee sus títulos:
Beatles, Doors, Cranberries.
¿ Molotov? A lado de la terminal
en el escritorio, se encuentra una foto enmarcada
en un cuadro de madera. Al joven le atrae de sobremanera
el retrato, acercándose para poder observarlo
mejor. En el trayecto, pisa un muñeco de plástico,
que lo hace dolerse del pie. Un juguete. Estúpido
juguete. ¿Quién vivía allí?
Al observar la fotografía se da cuenta de que
en ella se encuentra a lado, una Misato más
joven, de unos veinte años de edad, una pareja,
y al centro de ellos, un niño de escasos cinco
años. Se pregunta quiénes serán
estas personas y qué relación tienen
con Misato.
De súbito, escucha el encontronazo de la puerta
abriéndose. Por lo repentino del ruido, torpemente
se le escapa de entre las manos la fotografía,
yéndose a quebrar contra el suelo.
¿Quién fregados está ahí?
oye reclamar con grave continente, aunque la voz tenía
un claro timbre juvenil. La luz del cuarto se encendió
de repente.
Ante él se encontraba un muchacho, aparentemente
de su misma edad, pero con la diferencia que su presencia
imponía autoridad y respeto. Jamás había
conocido a alguien con esa apariencia. Sacándole
de estatura poco más de diez centímetros,
atlético, de cabello castaño y ojos
verdes. Era muy posible que él fuera el ocupante
original de la habitación. Tenía cierto
parecido con el niño de la foto que se acababa
de quebrar.
Y estaba muy enojado, eso se podía ver a simple
vista. El joven nipón temió que se le
dejara ir a golpes.
Con una voz, fría y fuerte, que parecía
un huracán, el recién llegado pronunció
una vez más, de frente al muchacho:
¿Quién demonios eres tú?
interrogó a quemarropa ¿Qué
estás haciendo aquí?
El aludido no supo contestar al instante, presa del
pánico, balbuceando algunas frases sueltas,
ante el constante acoso del otro muchacho, que estaba
casi encima de él.
Él es Shinji Ikari acudió
a su auxilio Misato, recargándose en el marco
de la puerta Es el nuevo piloto...
El desconocido pareció calmarse con la presencia
de la militar, transfigurando por completo su apariencia,
a una forma más dócil, y más
atenta.
Ah asintió, cómo si se hubiera
acordado de algo, pero nunca dejando de observar atentamente
a Ikari.
De ahora en adelante, él va a vivir
con nosotros.añadió la mujer,
bebiendo su cerveza.
Um musitó el chamaco, mientras
se daba cuenta de sus cuadernos de apuntes abiertos,
además del cuadro roto de la foto.
Con pesadumbre, se puso en cuclillas para recoger
su tesoro roto, quitándole los pedazos de vidrio
que tenía encima de él.
Eh... yo... lo siento se disculpó
Shinji No era mi intención... fue un
accidente...
El joven se levantó con presteza de donde se
encontraba, y arremetió:
¿Qué tanto viste de ahí?
dijo, refiriéndose a los apuntes.
Nada pronunció el japonés,
agitando las manos, cómo si quisiera quitárselo
Nada importante, en serio...
Su interlocutor no parecía del todo convencido
de la respuesta. Se proponía a instigar más
al infante para sacarle la verdad. Entonces, la militar
tuvo que intervenir, con toda su gracia puesta a resolver
el conflicto.
Pero que descuidada soy. refirió
Misato, dándose un golpecito en la frente
¡No los he presentado!
Y colocándose en medio de los niños,
procedió:
Shinji Ikari, te presentó a Kai Rivera
señaló al muchacho, quien de nuevo se
pareció calmar con la presencia de la beldad
de cabello negro, poniéndose de modo más
alegre. Hasta una discreta sonrisa de vislumbró
en su faz.
Mu-Mucho gusto vaciló un poco
Ikari, mientras tendía su mano a Rivera, tímidamente.
Recibió un apretón de manos, algo fuerte,
además de un consejo, que más parecía
una advertencia.
Te recomiendo que no estés esculcando
las cosas de los demás sin permiso. pronunció
en tono de amenaza.
Cómo se había aclarado antes, Shinji
no había conocido nunca a alguien cómo
su nuevo compañero de cuarto, a no ser por
los actores de televisión. Es un niño
de configuración latina, y todo lo que ello
implica: de piel bronceada, aunque no mucho como para
decir que es moreno ó negro, pero su tez es
más coloreada que la de la mayoría de
los jóvenes japoneses, que por lo general tienen
un color algo pálido. También era alto.
Le rebasaba por poco más de diez centímetros
aproximadamente, además de poseer su complexión
deportiva, que traspasaba sus ropas y lo delataba
delante de todo mundo, a la primera impresión.
Su cabello castaño oscuro y sus ojos verdes,
que son lo único que desentonan con su apariencia,
al igual que sus propios ojos azules.
Tal vez eso era lo que más le molestaba. Ese
par de esmeraldas en su cara, que no cesaban de observarlo
fríamente, casi congelándolo. Parecía
cómo si lo estuviera examinando, y eso lo ponía
algo nervioso; con el tiempo, pudo acostumbrarse a
esa particularidad.
Kai también es piloto agrega
Misato
¿En serio ?
Sí, nomás que mi unidad aún
no está lista aclara el muchacho.
Por cierto se dirige la mujer hacia el
recién llegado me han llegado muchas
quejas de ti, cuate.
De seguro todas de esa bruja de cabello pintado
agrega Kai, ignorando completamente a su invitado,
y recogiendo los escombros del retrato.
¡No le digas así! responde
Misato Además, el color de su cabello
es natural.
Ajá, sí como no... apuesto a
que se roba niños de la escuela primaria y
los cocina en chilpachole para poder pintarse el cabello...
y para que todos crean que es mujer.
¡Ya deja de decir fregaderas! reclama
Misato dándole un fuerte golpe en la cabeza.
Shinji no puede hacer más que reírse
por aquella extraña, pero divertida situación.
Es la primera vez que se siente como en familia, a
pesar del ofensivo recibimiento que tuvo por parte
de su anfitrión.
Los minutos pasan, Misato se piensa bañar
y los jóvenes duermen.
¿Qué pides: cama ó colchoneta?
sentencia Rivera, poco antes de irse a dormir.
¿Te refieres al futon?
Esa cosa...
Pues... no sé... lo que tu decidas...
Escoge ya, me estoy muriendo del sueño...
¿La cama?
¿La cama? Bien, sí eso es lo que
quieres... advierte el anfitrión, con
un tono tétrico, de ultratumba.
¿Qué hay de malo con la cama?
Nada... es sólo que he tenido tantos
sueños mojados últimamente...
Creo que mejor me quedo con el futon.
Qué indeciso eres nota Kai, algo
molesto, mientras se dirige a la pieza contigua Creo
que Misato tenía uno... ¡aquí
está!
El muchacho entra al cuarto, de nuevo, de improviso,
arrojando el lecho de Shinji cómo si fuera
un proyectil.
¡Piensa rápido!
Sin hacer caso de su advertencia, el huésped
recibe en plana cara el objeto, doliéndose.
Por la abrumadora fatiga de haber trabajado tanto
tiempo en el hangar, Kai empieza a dormitar sin demora,
mas Shinji no goza de esa tranquilidad, revolcándose
en el suelo, una y otra vez. Y ya que estaba instalado
en ese nuevo ámbito familiar, decidió
poner a prueba a su nuevo hermano.
¿Kai? ¿Ya estás dormido?pregunta
Shinji, temiendo molestarlo nuevamente, pero lo que
tenía que decirle no podía esperar hasta
mañana, era preciso soltarlo en ese momento.
Ya... contesta, el aludido, aún
entre sueños.
Si eres piloto también, ¿porqué
no tripulaste ayer el Eva en lugar de mí?
pregunta su compañero de nuevo, en tono más
serio.
Ya está. Lo había dicho, sin rodeos.
Ahora, a esperar la respuesta a la incógnita.
Ante la pregunta, Kai se despierta completamente,
aleja los humos del sueño frotándose
los ojos, bosteza, y finalmente responde, en un tono
igualmente serio y hasta acariciando la furia; de
nuevo su compañero pudo notar, con incomodidad,
aquellos dos ojos verdes que lo observaban tan fríamente,
aún en la oscuridad, analizándolo cómo
lo haría con una bacteria en el microscopio.
Porque no se me dio la regalada gana, ¿sí?
Aquella tosca respuesta saca de balance a Shinji,
haciéndosele un nudo en la garganta, sin poder
proferir palabra alguna. El otro joven siguió
ayudándolo.
A fin de cuentas, nadie te está obligando
a quedarte en este lugar continuó su
reproche, sentado en su lechoAsí que
si no te gusta todo esto, mocosito, puedes regresarte
a tu pinche agujero de donde saliste, pero no me vengas
a mí con tus puñaladas, que yo no soy
tan condescendiente cómo Misato ó esa
pendeja doctora. ¿Me entendiste?
Los dos se miraron mutuamente un par de momentos.
El infante japonés no podía sacarse
de la vista aquellas dos pupilas esmeraldas, atravesándolo
de lado a lado. No pudiendo resistir más aquella
intimidante mirada, tan fría cómo el
hielo, se soltó a sollozar, haciendo lo mejor
posible porque él no lo notara. Se limpiaba
los mocos que le salían de sus fosas nasales
con las manos, mientras intentaba no hacer ruido mientras
sus lágrimas se resbalaban por todo su rostro.
¿Sería mejor volver con sus abuelos
y con su tío? Después de todo, aquí
no le apreciaban, pero tampoco allá. Entonces,
¿en donde demonios encajaba?
Aún ante los esfuerzos de su compañero,
Rivera pudo escuchar nítidamente los sollozos
de su nuevo acompañante de cuarto. Intentó
ignorarlo, sin remedio. Una culpa comenzó a
devorarlo por dentro, no dejándolo un solo
instante. Cayó en la cuenta de que había
obrado mal, ó al menos eso parecía.
Así que, movido por el remordimiento, y por
la lástima, se levantó de su reposo,
y se dirigió al, piso hacia donde estaba el
sujeto deprimido y confundido.
Vacilando por unos segundos, finalmente apoyó
la mano en el hombro derecho del muchacho, quien desbordó
entonces en llanto. Kai, a quien generalmente nunca
le faltaban las palabras, se encontraba de repente
igual de confundido que a quien intentaba consolar.
Ya, ya...vociferó, tratando de
armar oracionesEn realidad no quería
decirte todo eso, discúlpame, ¿sí?
Es sólo que tuve un pésimo día,
y bueno, tú te me atravesaste... y parecías
la persona idónea con quien desquitarme...perdón...de
nuevo, la iluminación volvía a su cerebro,
pudiendo armar oraciones completas y coherentes.Mira
el lado bueno de todo esto: ahora por fin tienes una
oportunidad de probarte a ti mismo, de superar tus
límites y lanzarte a la aventura...¿No
te parece emocionante todo eso?
Norespondió Ikari, enjugándose
las lágrimas, con la voz quebrada.
Buenopronunció Kai, abatido, mientras
se incorporaba y volvía a su colchoneta en
el sueloEntonces haz lo que te venga en gana.
Perdón, no era a lo que me refería...hmmmeditó
un poco el muchacho, rascándose la barbillaEres
poseedor de un talento insólito, un don al
que muy pocos tienen el privilegio de poseer...¿No
crees que eso te hace especial?
Shinji atendía a todo lo que se le decía.
Era también, la primera vez, que alguien le
hacía referencia a que era especial. Siempre
todo mundo, hasta él, lo habían considerado
del montón. Escuchaba con atención,
con su llanto seco en toda la cara.
Ahora puedes hacer lo correcto...puedes escoger
entre volver a tu mediocre vida de escuincle baboso,
con el rabo entre las patas, o bien, puedes quedarte
aquí y probarte a ti mismo, para llegar a ser
un hombre hecho y derecho. Pero sea lo que sea que
decidas, hazlo rápidodijo, bostezando,
mientras acomodaba la cabeza en la almohada y volvía
a dormirseDios odia a los cobardes...para
caer en un profundo sueño, ante el asombro
de su compañero.
Kai inmediatamente vuelve a caer en sueños,
mientras que a Shinji parece haberse calmado con esas
palabras de apoyo que le acababan de dar. Todo aquello
había sido muy extraño. De un momento
a otro, había pasado de la incertidumbre a
la tristeza, y de la tristeza al regocijo. Imitando
al otro joven, se tapa con el cobertor e intenta dormir,
aunque no lo consigue con la misma rapidez que su
antecesor. Para lograrlo, saca de entre sus pertenencias
un aparato de sonido portátil, colocando los
audífonos en sus oídos para poder escuchar
un poco de su música predilecta.
Mientras tanto, en la bañera, Misato está
relajada y hablando por teléfono celular con
la doctora:
¿Ya se instaló el muchacho?
pregunta la doctora Akagi.
Ya, en estos momentos está dormido
responde la militar
¿Y el pequeño monstruo?
preguntó de nuevo la académica, refiriéndose
a Kai.
También aquí está... no
sabes lo bien que se llevaron los dos. Por cierto,
te manda saludos.
Ajá. contestó sarcásticamente
la gente en las calles aún sigue haciendo comentarios.
Hmm responde Misato, preocupada.
Shinji aún no ha logrado conciliar el sueño,
a diferencia de su acompañante, que desde hace
varios minutos está en los brazos de Morfeo.
Para tratar de dormir, escucha en sus audífonos
un casete con varias canciones de moda.
Misato abre la puerta para verificar que todo esté
bien. Al ver al muchacho aún despierto, trata
de darle consuelo.
Shinji, yo creo que anoche lo hiciste muy bien
y que eres un chico maravilloso. Buenas noches, descansa.
pronuncia suavemente y después vuelve a cerrar
la puerta, quedando el cuarto de nuevo a oscuras.
Shinji escucha las canciones, ignorándolas
por completo. Su mente, aún despierta vuelve
a recordar aquellos momentos de angustia.
El cable que le suministraba de energía al
robot había sido cortado y le quedaba sólo
un minuto para seguir funcionando. El Eva se había
puesto de pie, y el ángel había ido
a saludar con su persona el ras del suelo. Ante las
constantes alarmas, Shinji había entrado en
un estado de pánico. Sin embargo, la máquina
no parecía compartir su situación.
Apoyándose momentáneamente en el suelo,
se propulsó con un tremendo salto, cayendo
nuevamente sobre el ángel, causándole
un grave daño. Con sorpresa de todos, el brazo
que el ángel había roto se regenera
rápidamente. En ese momento, con un gran juego
de puños, el Eva empieza a aporrear a su contrincante.
Los golpes llovían y resonaban por todos lados.
En ningún momento cesó de golpearlo
salvajemente, salvo en el que lo agarró del
brazo y con un movimiento, se lo arrancó limpiamente.
Al parecer, se estaba vengando del maltrato recibido
con anterioridad. Ahora clamaba, rugía por
la venganza. Una bestia del infierno desatada.
Aquella era una pelea sanguinaria, más no pareja,
ya que primero había empezado a ganar la criatura,
y ahora era la máquina quien estaba dominando.
Ante la brutal golpiza, la criatura intenta incorporarse,
lanzando al Evangelion de un golpe, haciendo que se
estrelle contra el piso.
La máquina se incorpora nuevamente y pretende
reanudar su masacre. Rápidamente se desplaza
hacia la bestia, quién repele el ataque con
su campo A.T, (Absolute Terror, por sus siglas en
inglés).
El Eva no piensa rendirse ante el obstáculo,
nivelando su propio campo A.T con el de la criatura,
haciéndolo pedazos y así consigue llegar
nuevamente hasta el titán, reanudando su carnicería
y ensañándose con la bestia.
Debido a la semejante agonía que le estaba
produciendo, el ángel en un último momento
de desesperación, se aferró fuertemente
al tronco del Evangelion y rápidamente estalló,
en un ataque suicida. Una gran explosión en
forma de cruz pudo verse en todas partes de la ciudad.
Aquello era un infierno. Las llamas provocadas por
la explosión crecían por el viento,
y cada vez se hacían más grandes. Nada
podría sobrevivir a eso... más de las
llamas emerge triunfante y sereno el Eva. Luego de
arrancar un aullido de triunfo, cae de rodillas, sin
funcionamiento. El minuto había pasado.
Los bomberos y paramédicos acuden de inmediato
al lugar; descubren a Shinji inconsciente y sin ningún
daño grave, y lo trasladan a al hospital.
Mientras lo conducen en camilla hasta la ambulancia,
el muchacho logra recuperar el sentido, momentáneamente.
Logra ver el gran incendio tras del Eva y a éste,
sin su casco y con una cicatriz en la cara. La cicatriz
desaparece de inmediato, para dar lugar a un ojo,
que con una enorme pupila color verde, se queda observando
a Shinji, el cual pierde el conocimiento de nuevo.
Nadie más pudo darse cuenta de la regeneración
del ojo.
Casi sin darse cuenta, el niño había
logrado lo que un artista hace, ya sea con su martillo
y cincel, sus pinturas, sus lápices ó
su guitarra: soltar a la bestia que todos llevamos
dentro. Cuando estaba golpeando salvajemente al gigante,
pudo sentir cómo viejos sentimientos de rencor,
odio, culpabilidad y demás venenos que lo corroían
desde dentro, eran vomitados y expulsados, y canalizados
para una actividad mucho más productiva que
encerrarlos en su subconsciente. De hecho, parecía
cómo si todo eso fuera el combustible del aparato,
quien también se había liberado de sus
ataduras. La cinta se acaba, quedando en silencio.
Aún cree ver esa enorme pupila verde y penetrante
observarlo, analizándolo y burlarse de él.
Las de los dos. Eva y Kai.
Por fin Shinji logra conciliar el sueño.
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