| Por: Gus (gus_charizard@yahoo.com.mx)
Capítulo Diecinueve: "Fin del Sueño"
The Dream is over
John Lennon
Genaro Angeliori respiraba tranquilo, pese a tener
toda una flota compuesta de los mejores acorazados
y destructores de las Naciones Unidas casi tocando
a las puertas de la base militar a su cargo. ¿Porqué
no hacerlo? Estaba vivo y se sentía muy bien,
seguro del suelo en el que pisaba. Lejos ya de aquellos
delirantes sueños pertenecientes al ayer, los
cuales tan sólo lo protegían de la cruda
realidad al evadirla, ahora se encontraba mucho más
espabilado, con la mente bien despierta y atenta.
Tanto como para darse cuenta de que el presente en
el que ahora vivía pintaba mucho mejor. No
más temor, no más sufrimiento. Ya no
más vivir de rodillas, tan sólo esperando
por el ataque final que le quitaría su vida.
Ya no más vivir asustado bajo el yugo opresor
del poderoso. Ahora el temor era cosa del pasado,
enterrado junto con el idealismo infantil y el romanticismo
juvenil de la vida en una guerrilla. Ahora él
era el poderoso.
Recordaba los días oscuros, cuando la rebelión
estaba al mando del ahora occiso Comandante Chuy.
¡El diablo lo tenga a él y a sus estúpidos
sueños de tierra y libertad! En ese tiempo
infame un solo destructor en las cercanías
de la base hubiera significado una catástrofe
mayúscula, ya ni hablar de los catorce que
ahora tenía pisándole los talones. Pero
eso hubiera sido antes. Antes de ÉL.
Reconocía que no sabía la gran cosa
acerca de él, que parecía haber salido
de la nada de un de repente y que era endemoniadamente
aterrador. Pero ¿qué diablos? ¡El
tipo sencillamente era grande! El tipo de persona
a la que los demás deben seguir sin chistar
si saben lo que les conviene. Desde su llegada, tan
sólo unos cuantos meses atrás, la victoria,
la conquista y la gloria se habían hecho parte
habitual de su vida. A lo largo de esos meses había
presenciado la caída de ejércitos enteros,
la destrucción de ciudades majestuosas y la
derrota de sus enemigos más temibles. Él,
quien había estado perdido y desarrapado en
medio de alguna selva africana, esperando el golpe
de gracia en cualquier momento, ahora tenía
un asiento en primera fila para asistir al derrumbe
del imperio más grande que la historia humana
haya conocido. Y todo gracias al profeta que le tendió
la mano y lo llevó del sucio barro de la postración
hasta el pedestal del triunfo.
Aún así, una parte suya seguía
atemorizada de él, sin confiar del todo en
su persona. ¿Cómo hacerlo? Eran muchas
las ocasiones en que, como aquella, el doctor simplemente
aparecía a sus espaldas, susurrando, casi divagando,
frases inconexas para entonces usar su voz aguardentosa
y girar órdenes a diestra y siniestra.
Así que de esta manera da comienzo,
¿no? El principio del fin pronunció
el Doctor Hesse con la mirada clavada en el radar
que tenía detectada a la flota enemiga Muy
bien, me parece que es hora de darles una pequeña
muestra del horror del infierno a esos pobres desgraciados,
amigo mío
Aún no están al alcance de nuestras
armas, Doctor respondió Genaro algo aturdido
por la repentina llegada de su líder al puente
de mando. No lo había escuchado ponerse a sus
espaldas hasta el momento en que habló Comenzaremos
el ataque en cuanto entren a nuestro radio de alcance,
en unos veinte minutos.
No le estaba hablando a usted, Mariscal Angeliorile
dijo Hesse entonces, sonriendo maliciosamente.
¿Qué quería decir con eso? Un
fuerte terremoto, el cual sacudió la isla entera
fue la respuesta que obtuvo, seguido de una explosión
que lanzó una gran cantidad de escombro al
aire. Al mirar por las rendijas de la estación
apenas si daba crédito a lo que veía
pasar allá afuera. No importaba cuántas
veces los viera, nunca podría acostumbrarse
a ellos ni a su titánica presencia, la cual
lo hacía sentirse como una pulga insignificante.
El temor volvió a apoderarse de su corazón
el escuchar ese belicoso, desgarrador rugido, detalle
del cual tomó nota el Doctor, perspicaz como
era su costumbre:
En este conflicto hay más potencias
involucradas de las que puede imaginarse, Mariscal.
Genaro no respondió, ni siquiera cuando Hesse
palmeó su hombro amistosamente. Estaba convenciéndose
a sí mismo de que aquello era lo correcto,
que sólo de esa manera él y toda la
humanidad tendrían una esperanza. Quería
pensar, con cada fibra de su ser, que estaba del lado
de los buenos.
Una intensa luz resplandeció por unos momentos
en la costa cercana, para luego concentrarse en un
haz que salió disparado hacia el horizonte,
paralelo a la superficie del mar, en dirección
a la flota de las Naciones Unidas. Así era
como daba comienzo la batalla. Y el terror de una
guerra cuyas proporciones no podían equipararse
a la de ninguna otra.
La palabra caos no bastaría para describir
en su totalidad la penosa situación en que
la flota se encontraba minutos después, luego
de haber recibido varios ataques enemigos en un lapso
de tiempo tan corto que ni siquiera le daba la oportunidad
de reaccionar.
Los hombres corrían por todos lados, indecisos
entre ir a sus puestos de combate ó escapar
para salvar el pellejo. Por otra parte, las sirenas
que aullaban enloquecidas no estaban ayudando mucho
para apaciguar el pánico y la confusión
en las tropas. Tres acorazados y un igual número
de destructores ya habían sido hundidos, pero
de todos modos aún no era visible cualquier
intento por responder a la agresión.
¡¿En dónde está
ese mocoso imbécil?! vociferaba el Almirante
Leonard a bordo del puente del Centurión, la
nave insignia de la flota. Dada su calvicie era posible
distinguir a simple vista lo hinchada que estaba la
vena sobre su sien, cuando se quitaba su gorra de
marino para secarse el sudor que empapaba su frente
¡¡Quiero que esa chatarra ambulante
esté lista para el combate en menos de tres
minutos!! ¿Entendido?
El puente de mando no era muy diferente a como se
encontraban las demás estaciones: presas de
un desorden total. Por lo que sus apurados oficiales
no hicieron mucho caso a la advertencia. Leonard se
percataba cabalmente de la desastrosa situación
en la que toda su flota se encontraba, corriendo el
riesgo de ser completamente destruida. Lo único
que podría impedirlo era el as bajo la manga
que llevaban consigo, eso si acaso algún día
podrían encontrar a ese bastardo arrogante
de Rivera. Lo más probable es que el chiquillo
idiota estuviera oculto bajo la cama, mojándose
en sus pantalones.
Cálmese, Almirante se escuchó
entonces la voz del joven piloto por el canal de comunicación
Ya estoy listo...
En aquél momento las compuertas del área
de carga que se abrían dieron validez a sus
palabras, dando paso a la última esperanza
de la flota entera, el Eva Z, el cual pudo ponerse
de pie libre de cualquier obstáculo que tuviera
encima, en medio de toda aquella destrucción
y los gritos de terror que se escuchaban por todas
partes. Imponente, como siempre, iluminado por las
luces de los incendios, la sola contemplación
de aquél gigante de acero alzándose
sereno y firme sobre el horror de la devastación
transmitía cierta seguridad a todo aquél
que lo viera, inclusive a los anonadados oficiales
del puente, quienes sólo miraban absortos mientras
la plataforma elevaba al coloso hasta la cubierta.
Inclusive los gritos de angustia habían cesado.
Únicamente se escuchaba el sonido de la poderosa
plataforma elevando al titán.
Retire a la flota, Almirante pronunció
el joven Rivera con firmeza Yo me encargo de
esto...
Una vez que terminó de pronunciar aquellas
palabras el Evangelion verde se dirigió entonces
a la isla del Infierno, dando un gran
salto que lo elevó por los aires y que pronto
lo hizo dejar atrás a la indefensa flota.
Luego de unos cuantos saltos impulsados por Campo
A.T. Zeta ya estaba pisando las costas de la isla.
Pese a que su intención había sido atraer
el fuego enemigo, durante su trayecto (el cual no
había durado siquiera dos minutos) no recibió
un solo disparo. Por el contrario, parecía
que el atacante deliberadamente lo ignoró para
seguir embistiendo a la flota, reventando dos embarcaciones
más.
El gigante de acero cayó pesadamente en tierra
firme, incorporándose de inmediato para poder
inspeccionar el terreno sobre el que se encontraba.
Los sensores visuales del robot se posaron en los
alrededores, sin encontrar un rastro del arma con
el que atacaban a la flota. La isla era relativamente
pequeña, con apenas kilómetro y medio
en toda su extensión, pero estaba poblada por
densas formaciones rocosas que se alzaban como agujas
unas sobre otras, formando una gran cantidad de nichos
y recovecos en donde podría ser ocultado toda
clase de armamento. Por suerte los disparos habían
cesado a su llegada, pero aún así le
tomaría algo de tiempo sacar a las tropas enemigas
de sus escondrijos. No había algo que insinuara
la existencia de instalación militar alguna,
ni siquiera de cualquier clase de indicio de vida
humana.
Mientras usaba todo el equipo del que disponía
para la búsqueda, Kai Katsuragi ahora entendía
la razón del nombre que se le daba a la isla,
al observar el paisaje tan detenidamente como lo estaba
haciendo en esos momentos. La vista era desoladora,
muy semejante a una escena dantesca. Aquellos parajes
eran lúgubres, áridos y hostiles a los
sentidos. Las agujas de roca se alzaban hoscas por
doquier como si se trataran de un extraño bosque
mineral, pero si acaso recordaba a un bosque, sería
a uno que estuviera embrujado. La siempre fértil
imaginación del joven piloto pronto le hizo
ver rostros adoloridos sobre aquellos muros de granito,
caras esculpidas en la roca, las cuales parecían
estar aullando, víctimas de un dolor indescriptible.
Aquello le hacía sentirse incómodo,
dándole la sensación de que estaba siendo
observado, pero precisamente ese detalle le hizo percatarse
de la existencia de numerosas cavernas penetrando
en los muros de roca. Probablemente muchas de ellas
podrían estar conectadas, cómo lo era
propio de aquella clase de formaciones. Seguramente
allí es donde el enemigo se estaba ocultando.
¡Todas las unidades de artillería,
listas para repeler al invasor! ordenó
el Mariscal Angeliori. Todos los monitores en el puesto
de comando mostraban al Eva Z pasearse a sus anchas
por la base. Todavía no encontraba su ubicación
exacta, pero eso no duraría mucho tiempo, así
que lo mejor era dar el primer golpe mientras tuvieran
el elemento sorpresa de su parte ¡Abran
fuego a la máxima potencia!
No habrá necesidad de eso, Mariscal
intervino el Doctor Hesse, alzando su brazo derecho
para impedirle el paso; luego aprovechó la
confusión de Angeliori para arrebatarle el
micrófono en su mano y dirigirse a las tropas:
Todas las unidades, mantengan su posición.
Continúen alertas después de haber
dicho esto, como si quisiera responder a una pregunta
que aún no le era formulada, dijo a su subordinado:
No podrá hacerle daño al Eva Z
con armas convencionales. Lo mejor será que
nuestro asociado se encargue de él...
¡Rivera! ¿Estás ahí?
la voz grave y profunda del Almirante Leonard reverberó
por el comunicador de Kai tan súbitamente que
por un momento llegó a sobresaltarlo Ya
estás sobre terreno enemigo, ¿cierto?
¡Exijo un reporte completo de la situación!
¿Con qué rayos nos han estado pegando
esos bastardos infelices?
Aún no puedo determinarlo. Esto es una
tumba, Almirante externó el muchacho
confianzudamente, haciendo a un lado cualquier clase
de protocolo Sigo inspeccionando los alrededores
y aún no hay rastros de actividad humana...
pero lo mejor será no confiarse: ustedes ocúpense
en salir del alcance del enemigo y déjenme
manejar la situación.
Sin dar oportunidad a réplica alguna, cortó
de una vez el enlace de comunicación. No podía
permitirse distracciones en un momento así.
Tanta calma le parecía bastante perturbadora
al joven piloto de la Unidad Z. Tal y cómo
se lo había descrito a Leonard, los alrededores
estaban tan tranquilos como un enorme cementerio.
No es que estuviera nervioso ó algo por el
estilo, simplemente había esperado que a su
llegada fuera recibido en medio de fuertes explosiones
mientras que toda clase de arsenal le era disparado.
Pero lo cierto es que incursionar en el bastión
enemigo estaba resultando un autentico día
de campo. ¿Decepcionado? Tal vez un poco. ¿Así
que el invencible Ejército de la Banda Roja
había escapado en cuanto llegó, como
un montón de colegialas asustadas?
Le hubiera gustado creerlo. Después de todo,
hubiera sido la mejor forma de resolver la batalla,
sobre todo porque así lograría evitar
hacer aquello que le habían ordenado: una completa
carnicería. Pero si es que acaso en verdad
los enemigos habían escapado, entonces nadie
más tendría que morir. No tendría
que matar a nadie. A nadie. Pero Kai ya estaba muy
viejo para creer en cuentos de hadas, y presentía
que la paz y tranquilidad que le rodeaban no durarían
por mucho tiempo.
Casi enseguida los instrumentos detectaron una concentración
de cierta clase de energía no identificada
en dirección a las tres en punto. Ahí
estaba la respuesta que obtenía por hacerse
falsas esperanzas.
Maldición, pero qué estúpidos
masculló el muchacho al ver venir el ataque
y prepararse para recibirlo Mira que creer que
iban a poder sorprenderme así... si tuvieran
un poquito de cerebro mejor se habrían retirado...
Un rayo de luz incandescente, el cual pronto reconoció
como el que había diezmado a la flota, salió
escupido de algún punto de una serie de picos
montañosos, los más altos de la isla.
El joven piloto no pudo determinar bien el origen
ó naturaleza de aquella ráfaga, pero
en cambio tuvo el tiempo necesario para levantar su
Campo A.T., alzando su mano derecha para tal efecto.
Acababan de pintarlo hace poco y no quería
que la pintura de su Eva se rayara por cualquier cosa.
No obstante la pintura sí que se rayó,
y bastante, al momento en que Zeta fuera golpeado
de lleno por el rayo y empujado violentamente contra
el peñasco que estaba a sus espaldas, el cual
ahora era tan sólo un montón de partículas
de polvo flotando en la humareda que se alzaba contra
el cielo de la otrora tranquila noche estrellada.
Desconcertado, el muchacho se puso en pie con dificultad.
Había sido lanzado con la suficiente fuerza
para hacer polvo una montaña y su cabeza le
estaba dando vueltas. ¿Con qué diablos
le habían pegado? ¿Y porqué fue
que no lo protegió su Campo A.T.? Tal vez se
había distraído un poco, ó tal
vez era que había subestimado a estos imbéciles,
pero lo que era seguro es que ya lo habían
hecho enojar.
Entonces un rugido a la lejanía le hizo notar
que no era el único que estaba enfadado por
esos rumbos. Era un sonido desgarrador, nada parecido
a cualquier cosa que haya escuchado antes. Parecía
una horrenda y desafinada mezcla electrónica
entre un coro de personas con cáncer de pulmón
y varias garras metálicas raspando contra cientos
de pizarrones. Aquél bramido siniestro le provocó
al joven un escalofrío que le recorrió
toda la columna. Y conforme al paso del tiempo se
escuchaba más cercano.
El humo a su alrededor aún no se disipaba
del todo, cuando por fin hizo contacto visual con
el arma secreta de los rebeldes. Al principio fue
la cercanía cada vez mayor del portentoso gruñido
y después una serie de truenos lejanos que
se sucedían a intervalos de tiempo regulares.
No, no eran truenos. Al escuchar más detenidamente
pudo deducir que se trataban de pisadas. Un peso pareció
oprimirle el pecho, poniéndose tenso hasta
las puntas de los pies; Zeta se irguió completamente
en ese momento, para que su piloto alcanzara a distinguir
una sombra difusa más allá del humo
que nublaba su visión, una sombra tosca, masiva,
de algo que se movía en su dirección.
Algo acechando en las afueras. Y enseguida de eso...
unas fauces enormes justo encima de su cara amenazaban
con engullir al Evangelion mientras que era derribado
con estrépito por los suelos.
De espaldas al piso, confundido y asustado, Kai ni
siquiera se había dado cuenta en qué
preciso momento fue que aquella enorme mole con patas
arremetió en su contra. Ahora la tenía
justo encima, lanzándole dentelladas a su cara
y cuello con un salvajismo que nunca había
visto antes. ¿Pero qué fregados era
aquella mierda espantosa? Era algo así como
una bestia antediluviana, una especie de criatura
prehistórica acorazada de la cabeza a la punta
de la cola con varias placas... de algo que se veía
como metal... endemoniadamente enorme, quizás
de unos doscientos metros de longitud, mínimo,
porque pesaba mucho más que cualquier Eva,
incluso que Zeta; seguramente que sus ¿seis?
patas tenían bastante trabajo en soportar semejante
carga. Justamente aquellas patas que ahora tenía
encima, con sus garras enroscadas en sus brazos y
piernas, sujetándolo fuertemente para mantenerlo
inmóvil.
¿Pero de qué... carajos... se
trata todo esto?! vociferó el chiquillo
a los mandos de su robot gigante, forcejeando con
la bestia.
Clavó la mirada en el rostro del monstruo,
quien no pudo devolverle el gesto al carecer de estos.
Únicamente tenía una ranura horizontal
corriendo a lo ancho de su cara, la cual parecía
un armazón de metal, un casco que se encontraba
vacío, pero aún así suspendido
delante de todo su voluminoso y acorazado cuerpo.
Incluso sus mandíbulas, con las que lo atacaba
infructuosamente, daban la apariencia de ser tan sólo
una tira metálica colgando, eso sí,
bien afilada aunque no lo suficiente para hacer mella
en la irrompible armadura del Eva Z.
De cualquier forma, motivado por la desesperación,
la paciencia del joven Katsuragi había llegado
a su límite. Haciendo un gran esfuerzo zafó
su brazo derecho y enseguida conectó un soberbio
puñetazo justo en la base de la quijada de
aquella criatura, que se derrumbó hacia su
costado, liberando al robot.
¡Ya estuvo bueno! vociferó
el chiquillo al momento de golpearlo, para enseguida
incorporarse y tener tiempo de procesar por todo lo
que estaba pasando.
Torpe, pesadamente, la bestia hizo lo suyo por su
parte. Kai trataba de no prestar atención al
movimiento que realizaban sus extremidades inferiores
al desplazarse, pues la sola vista de aquello le producía
náuseas. Fue en ese intento que notó
el extremo de la cola del bicho balanceándose
por encima de su cabeza, el cual terminaba en una
suerte de mazo con picos. ¡Pero qué conveniente!
¿Máquina ó bestia? ¿Qué
era esa cosa frente a él, permaneciendo expectante
a sus movimientos, lista para volver a lanzarse al
ataque? Tenía un poco de ambos, al examinarla
con más cuidado. Un revoltijo de piezas de
metal incrustadas en una estructura indudablemente
orgánica, eso es lo que parecía ante
sus ojos. Una completa aberración, salida de
un mal sueño de algún desquiciado.
No es que tuviera problemas con ello. Ya había
visto diseños de estructuras bastante originales
en todos los ángeles a los que había
combatido, por lo que podría decirse estaba
acostumbrado a las abominaciones gigantescas de cualquier
índole. Lo que le incomodaba de este individuo
en particular no era su aspecto y orígenes
inciertos sino su naturaleza belicosa, agresividad
que resultaba desconcertante para él, muy distinta
a la actitud mostrada por cualquier ángel.
Por cierto, esa teoría de los rebeldes usando
ángeles para su propósito ya podía
ser descartada por completo. Todo el instrumental
del que disponía en su cabina le decía
a gritos al muchacho que la criatura enfrente de él
podía ser cualquier cosa que se pudiera imaginar,
menos un ángel. Por el contrario, las lecturas
que recibía eran completamente opuestas a la
de aquellos monstruos.
¿Qué está pasando? ¿Qué
es lo que está pasando allá afuera?
a pesar de su elegante uniforme negro plagado de condecoraciones
y demás distinciones la falta de carácter
en el Mariscal Angeliori salía a relucir una
vez más, mascullando nerviosamente al ver las
pantallas de su estación con los ojos abiertos
de par en par, mordiéndose las uñas
¿Estamos ganando, verdad?
Genaro era un hombrecillo que normalmente se ganaba
a pulso ya fuera la compasión ó repulsión
de las personas que le rodeaban, dado su lastimero
semblante: calvo y macilento, casi un albino lampiño
con una apariencia sumamente enfermiza.
Eso ni siquiera se pregunta, imbécil
respondió molesto el Doctor Hesse, mirándolo
despectivamente con el rabillo del ojo mientras volvía
a tomar el micrófono para dirigirse a sus tropas
Ahora podemos aniquilar lo que queda de la flota
de las Naciones Unidas sin ningún problema.
¡Escuadrón Cruz de Hierro! ¡Prepárense
a despegar! ¡Destruyan lo que quede de la flota
enemiga!
¿Qué está diciendo?
musitó el Mariscal ¡Doctor, ese
robot vaporizará a nuestros aviones en cuanto
los vea! ¡Serán un blanco muy fácil
para él!
Así es, lo serán
asintió Hesse con esa sonrisa malévola
que tenía cada vez que ponía en marcha
uno de sus planes Pero ese mocoso no derribará
un solo avión
créame, Mariscal
ni un solo avión
La desquiciada risa del Doctor reverberó por
todo el cuarto, oyéndose hasta a la distancia
llevada por el eco de las paredes en ese frío
aposento.
Hasta entonces el muchacho había logrado
mantener a raya a su misterioso enemigo, planeando
hacerlo el tiempo suficiente para determinar a ciencia
cierta contra qué se estaba enfrentando. Los
dos danzaban en círculos uno frente al otro,
esperando por una oportunidad para lanzarse al ataque.
No obstante, para Zeta dicha oportunidad llegaría
tarde, al iluminarse una de las grutas más
grandes de la isla, tan ancha como para meter un portaaviones,
para que de su interior salieran disparados como flechas
una media docena de aviones caza del tipo Raptor,
en formación de ataque. En un principio el
muchacho pensó que irían en su contra,
sin embargo todas las naves lo pasaron de largo, ganando
altitud. Fue hasta ese momento que su propósito
le quedó claro, para que de inmediato su cuerpo
se entumeciera, estupefacto.
Hijos de puta
maldijo con la vista
fija en los aviones que se alejaban.
¡Rivera! enseguida volvió
a aparecer por el comunicador el rostro contraído
del Almirante Leonard, hecho una máscara de
furia ¡Nuestros radares detectan una formación
de aviones caza procedentes de esa isla dirigiéndose
a nuestra posición! ¡Quiero que los incineres
ahora mismo! ¿Entendido?
Pero
pero
el chiquillo permaneció
congelado en su posición, mirando como los
aviones se alejaban cada vez más. En
esos aviones hay personas
personas vivas
fue lo que se atoró entonces en su garganta.
¡¿Qué estás esperando,
niño idiota?! vociferó Leonard
al contemplar el gesto indeciso del muchacho, con
los ojos inyectados de rabia ¡Nuestra
capacidad de defensa quedó reducida a la nada!
¡Esos malditos van a cogernos si no los derribas
ahora mismo!
El momento que tanto había temido Kai por
fin había llegado. Durante las últimas
semanas se había preguntado si sería
capaz, llegada la hora, de matar a un ser humano,
tal y cómo se suponía debía hacerlo.
Veía en su pantalla la formación de
aviones, dispuestos a acabar con la flota, pero en
lugar de observar a las máquinas voladoras
parecía estar mirando a sus pilotos. Personas
de carne y hueso, justo cómo él. ¿Cuáles
serían sus nombres? Otro muerto, otro muerto
¿qué más da? ¿Tendrían
a alguien a quien amar? Si está muerto, que
lo entierren y ya está
¿Acaso
también serían amados por alguien? Otro
muerto, pero no es ni ton ni son
¿Alguien
en casa, esperando por su regreso? De momento se acabó
la discusión
Pensaba en las historias
que tendrían que contar de sus vidas, historias
que él estaba a un pensamiento de cortar abruptamente.
¿Con qué derecho podía decidir
algo así, algo que afectaba a otras personas
que ni siquiera conocía? Yo no sé, ni
quiero, de las razones que dan derecho a matar
pero deben serlo
porque el que muere, no vive
más
no vive más
Aprovechando su tardanza en actuar, el monstruo realizó
el primer movimiento, pegando una desenfrenada carrera
con tal de volver a embestirlo. Eso bastó para
avispar al muchacho, quien a su vez respiraba aliviado
al tener que defenderse pues por el momento se veía
liberado de la horrible decisión que debía
tomar. Se decidió por terminar su asunto con
ese monstruo lo más pronto posible. ¡Que
la flota se las ingenie!
¡Trágate esto, perro del mal!
Los ojos del Evangelion comenzaron a brillar con
la intensidad de un sol para que entonces un enorme
haz de luz roja saliera disparado de éstos,
un caudal de energía calorífica que
pronto fue a impactar contra su desprevenido agresor,
engulléndolo por completo.
Por un momento todo fue luz, que consumió
sin restricciones todo a la redonda. Una vez que amainó
y el paisaje volvía a dibujarse, por segunda
ocasión desde que la pelea había comenzado
el Eva Z rodaba por los suelos, sin siquiera saber
cómo había llegado hasta allí.
Un barullo de sensaciones y emociones se arremolinaba
en la cabeza del muchacho, antes de que pudiera ver
venir ese gran mazo con picos viajando a una velocidad
mayor a la del sonido que impactó sobre su
cabeza como una bola de demolición, sin hacer
nada para evitarlo, sólo volver a besar el
suelo. El coletazo fue a impactarse limpio y certero
justo en su cráneo, el cual se habría
desecho por completo de haber estado construido con
cualquier otro material. El choque entre los dos objetos
produjo una explosión sónica que se
extendió en las cercanías a varios kilómetros.
Kai se sorprendió a sí mismo gritando
de dolor. Como nunca antes lo había hecho a
bordo de su Eva. Puede que Zeta fuera indestructible,
pero eso no menguaba el dolor psicosomático
que sentía cada vez que éste era golpeado,
dado el elevado porcentaje de sincronía que
mantenía con el robot. 500%. Eso significaba
cinco veces más que cualquier otro piloto en
óptimas condiciones. Lo cual implicaba también
cinco veces más dolor.
Postrado como se encontraba, pasó la mano
por su cabeza, aturdido, sólo para percatarse
que estaba descalabrado y que sangraba tan copiosamente
como siempre lo hace uno con cualquier herida en la
cabeza. Pronto su propia sangre le estaba dificultando
la visión, corriendo por sus párpados
y haciéndolos pegajosos al contacto. Ya ni
hablar del tremendo dolor que estaba punzando desde
su cabeza, corriendo por todos sus nervios.
Y delante de él, el causante de su estado
golpeó varias veces el piso con la punta de
su cola, burlón, tan sólo para volver
a lanzarse a la carga al son de ese rugido estremecedor
que perforaba los lastimados oídos del muchacho.
Mal
maldita sea
masculló
lastimeramente, haciendo un gran esfuerzo por ponerse
en pie ¡¡Vete al diablo!!
Juntó sus manos detrás de su costado
izquierdo, ladeando todo el cuerpo en esa dirección.
Una esfera de luz rojiza empezó a formarse
en el espacio vacío entre las palmas de sus
manos y conforme las iba separando la esfera crecía
más. Apretaba los dientes, como lo hace quien
se está esforzando demasiado. Antes que el
monstruo pudiera embestirlo otra vez se abalanzó
sobre él con los brazos extendidos hacia el
frente, lanzando de sus manos una deslumbrante ráfaga
carmesí que arrasaba con todo lo que se le
pusiera enfrente, hasta que topó con la bestia,
a la que empujó por varios centenares de metros
hasta que se afianzó con sus seis patas para
quedar bien sujetada del piso, resistiendo el embate.
¡Hijo de perra! exclamó
Rivera fuera de sí, sin dar crédito
a lo que veía.
Su ataque más poderoso, aquél que había
achicharrado por completo a ese ángel tamaño
Juicio Final
¡Y ese fenómeno de
porquería lo estaba aguantado, como si fuera
una lluvia pasajera! ¡Pues a ver qué
le parece un ciclón! De las manos del titán
de acero borboteó aún más energía
de la que ya había sido disparada, como si
fuera una manguera a la que se le aumentara la presión.
El monstruo pareció sentir el aumento en la
agresión, pues se encogió aún
más en su concha protectora. No obstante, en
un abierto desafío a su contrincante, comenzó
a avanzar dificultosamente hacia él, dando
pasos lentos pero decididos.
¡Desgraciado infeliz! vociferó
el chiquillo fuera de sí, haciendo una lucha
para concentrarse y darle más enjundia a su
ataque ¡¿Porqué no te mueres
de una vez?!
Parecía que cada vez le era más fácil
a su enemigo avanzar por esa marejada de destrucción,
pues a cada momento estaba más cerca de él.
Y ni siquiera parecía estar lastimado, más
bien podría decirse que todo aquello tan sólo
era un inconveniente menor, al verlo avanzar de esa
manera.
Im
¡Impo
!
El muchacho no pudo terminar de hilvanar su expresión
de sorpresa al ver a su oponente pegar un brinco en
semejantes condiciones. El fuerte golpe que se llevó
cuando pegó de espaldas al piso se lo impidió.
Una vez más tenía encima a aquella cosa,
bramando amenazadoramente mientras abría su
extraño hocico vacío tanto como le era
posible, el cual empezó a iluminarse con una
luz difusa.
¡Oh, no! musitó lastimeramente
el chiquillo, abalanzándose sobre sus controles.
Un enorme rayo de luz salió vomitado de las
entrañas del monstruo para estrellarse en pleno
rostro del Eva Z, al que tenía a bocajarro.
La tierra aulló adolorida, escupiendo un montón
de pedruscos que salían disparados por los
aires, regándose por todas partes. El mundo
desapareció por un instante, volviéndose
completamente blanco, engullido por aquella luz que
todo lo devoraba.
¿Se
se acabó? ¿Por
fin? preguntó el Mariscal, quitándose
el brazo de los ojos, que había protegido del
intenso resplandor de la explosión ¿Ya
está muerto? ¿Esa chatarra ya está
muerta?
Sí que eres un tipo bastante inseguro,
Genaro observó Hesse, con gesto reposado
¡Ocúpate mejor en contemplar toda
la destrucción! Hermosa, ¿no es así?
¡Obsérvala muy bien! ¡De esto es
de lo que les hablo! ¡Este es el poder que nos
permitirá hacernos del control de este mundo!
¡El verdadero poder para revolucionar al mundo!
En los monitores de observación tan solo se
divisaba un enorme cráter humeante, en donde
hasta hace poco habían estado combatiendo los
titanes. El polvo aún no se asentaba del todo,
por lo que la magnitud completa de la devastación
aún era difícil de determinar, pero
aún así aquellas desoladoras imágenes
de un paisaje incinerado eran impactantes.
Todo ese poder liberado
musitó
el Doctor Hesse Tengo que admitir que estoy
impresionado
ese juguete de hojalata lo resistió
todo, y a una distancia tan corta
¿De qué está hablando?
Ah, ya veo pronunció Angeliori cuando
vio la nube de polvo disiparse y constatar que el
Eva Z aún se encontraba en una sola pieza,
tirado en medio del cráter, con su enemigo
aún acechándolo.
Nuestro amiguito hizo todo lo que pudo, pero
parece que aún es muy joven e inexperto para
manejar ciertas cosas dijo el Doctor, pensativo
Tal vez deberías ayudarle un poco y mostrarle
como se hace, Señor de la Guerra
¿Señor de
? repitió
su allegado, para entonces horrorizarse de súbito
¡Oh, no! ¡Por todos los santos,
no otra vez! ¡Él no, por favor!
Vigila que todo esté en orden por aquí,
Mariscal repuso Hesse sin hacerle gran caso,
dándose la vuelta y enfilándose a la
salida Tengo otros asuntos que atender
Y por favor, trata de no vomitar esta vez, es sumamente
repulsivo
Mientras tanto en la costa más cercana el
mar bullía con rabia y se alzaba furioso en
un techo de agua que se partía en dos para
expulsar de su seno una oscura figura tan grande como
una montaña, ansiosa por unirse a la reyerta
en tierra.
¿Cuánto tiempo había estado
dormido? ¿Acaso unos cuantos minutos, ó
días enteros? Kai despertaba de su inconsciencia,
sólo para desear haber permanecido desmayado.
La desesperación volvió a hacer presa
de él al verse rodeado por la oscuridad a donde
quiera que volteara.
¡Oh, por Dios! ¡Estoy ciego! ¡Estoy
ciego! gritó aterrado, revolviéndose
en su asiento.
Fue hasta que logró calmarse un poco y dominarse
que se percató qué podía divisar
sus brazos y piernas, todo su uniforme y el instrumental
de la cabina. Eran las imágenes exteriores
las que no le llegaban. Seguramente que el sistema
de visión se había fastidiado por completo
con ese ataque. Apenas si había tenido tiempo
de levantar la placa protectora para los ojos, una
especie de plancha reforzada de acero que cubría
toda la ranura en el casco de Zeta a la altura de
sus ojos. ¡Qué bueno que se le había
ocurrido instalarla antes de venir aquí! Si
no lo hubiera hecho seguramente que para estos momentos
su cerebro estaría hecho gelatina. Aunque hubiera
deseado haberla hecho con la misma aleación
de Zeta, quizás entonces no se habría
deshecho tan fácilmente y en estos momentos
podría ver a la perfección.
Pero, ¡qué diablos! Estaba vivo, y eso
era lo que importaba, y mientras hubiera vida, todo
tenía una solución. Pronto se las ingenió
para poder captar el mundo exterior. Cómo pudo
se las arregló para poder captar rudimentarias
imágenes externas, utilizando otra clase de
equipo para guiarse con el que aún contaba,
como los sensores caloríficos y sonoros, además
de su radar. La definición en la pantalla era
pésima, llena de ruido y a blanco y negro,
interrumpiendo la señal con intermitencia.
Pero era mucho mejor que andar completamente a ciegas.
¡Sé donde estás, imbécil!
gruñó cuando se ponía en pie,
soltando puñetazos en la dirección en
la que una enorme mole negra y mal delineada aparecía
en pantalla. Sobra decir que para ese entonces la
desesperación y el miedo habían hecho
presa de él, teniéndolo al borde un
ataque de nervios ¡Sé donde estás,
no te escondas bastardo! ¡¡SÉ DONDE
ESTÁS!!
Hubiera continuado en ese lastimoso estado, tirando
golpes a lo tonto que podían ser fácilmente
esquivados por su enemigo, completamente enloquecido,
de no ser por la intervención de un nuevo elemento
que se añadía a la situación.
Un sonido ensordecedor que sin lugar a dudas atravesó
la pequeña isla de punta a punta. Olvidándose
de la rabia guerrera que lo había poseído
por tan poco tiempo, Rivera se retorció en
su lugar, estremecido, tapándose por instinto
los oídos, que por un momento había
pensado que le estallarían. ¿Qué
había sido eso? ¿Alguna especie de ataque
sónico? Al mirar en la dirección en
la que el instrumental le estaba informando de un
nuevo objeto de enorme tamaño que se aproximaba
a su posición, en la pantalla apareció
una imagen no muy clara de lo que a Kai le pareció
un cerro ambulante. Una criatura que con su corpulencia
tapaba la vista de las estrellas en aquella fría
madrugada, algo que era mucho más grande que
el Eva Z ó el monstruo con el que luchaba y
que se acercaba a paso lento hasta donde se encontraba.
Y dadas las condiciones, lo más probable es
que no fuera en términos amistosos.
La transmisión de imagen se interrumpía
a cada instante, pero de todos modos el muchacho pudo
apreciar seis largas figuras que brotaban del cuerpo
principal del recién llegado, serpenteando
en el aire. Dicho movimiento, combinado con el de
los otros, resultaba sumamente repulsivo para la vista.
A pesar de no tener nada en el estómago el
piloto tuvo que esforzarse para devolver el amargoso
líquido que reptaba por su esófago a
su lugar de origen, mientras que conforme los segundos
transcurrían podía sentir la tierra
bajo sus pies crujir más y más fuerte
cada vez que aquella cosa avanzaba hacia él.
Apenas si podía creerlo. ¿Uno más?
¿Tenía que enfrentarse a otra de esas
cosas? ¡No frieguen!
Ni siquiera tenía tiempo para pensar. Una
vez más un taladro parecía perforarle
los tímpanos, provocando que el chiquillo se
encogiera sobre sí mismo, cubriéndose
los oídos a la que vez que se revolvía
dolorosamente en su asiento. Puede que la tensión
a la que estaba siendo sometido desde que todo había
comenzado por fin estaba haciendo mella en su sano
juicio, pero juraría que estaba escuchando
a una muchedumbre de niños gritar aterrados
hasta quedarse afónicos, justo a un lado suyo.
Un llanto que no solo desgarraba sus oídos,
sino también lo más profundo de su alma,
postrándolo hasta la indefensión.
Aturdido como estaba ni siquiera le prestó
atención a los instrumentos que le advertían
de un ataque dirigiéndose hacia su posición.
Una enorme trompeta desafinada y oxidada parecía
estar tocando una nota alta, lo cual avispó
un poco al muchacho, aunque no lo suficiente como
para evitar ser aporreado por un rayo que salió
escupido de la boca de una de las serpientes
que vivían en la punta del cerro andante, el
cual fue a golpearlo justo en el pecho y lo tiró
de espaldas. Su cuerpo se estremeció tal como
si hubiera sido golpeado por una fuerte descarga eléctrica,
arrancándole otro alarido de dolor. No bien
se había repuesto, con una extraña sensación
entumiéndole todos sus miembros, cuando la
trompeta continuó con su torpe recital y un
nuevo rayo volvió a golpear a Zeta, y uno más
después de ese. Así se sucedieron uno
tras otro sin descanso alguno: el sonido áspero
y seco retumbaba por todas partes y entonces una violenta
descarga de energía golpeaba inmisericorde
al Eva Z, el cual salía volando con cada nuevo
ataque, recibiéndolos sin más que pudiera
hacer para defenderse. Con poco tiempo de transcurrido,
tal enfrentamiento había dejado de ser una
pelea y se había convertido en una auténtica
masacre.
Y no obstante, a pesar que tan sólo estaba
allí tan inerte como un monigote que lo único
que hacía era dejarse golpear con saña,
el Evangelion permanecía en pie, volviendo
a levantarse cada vez que besaba el polvo. A pesar
de que sus enemigos lo trataban como a una pelota
de ping pong, golpeándolo inmisericordes para
pasarlo al otro lado de la cancha, la armadura de
Zeta estaba resistiendo todo lo que le mandaran, aunado
a la obstinación de su joven piloto que se
negaba a darse por vencido, más por orgullo
y desesperación que cualquier otra cosa. Eran
esas las razones por las que cada vez que el robot
era aporreado volvía a ponerse en pie.
¡¿Eso es todo lo que tienen, malditos?!
vociferó el muchacho dentro de su cabina, preso
de la ira ¡Bastardos! ¡Puedo aguantar
todo eso y mucho más, cerdos!
Tales frases cada vez eran interrumpidas por una
nueva sacudida que lo volvía a derribar.
Aún así, estaba claro que el Eva había
perdido toda capacidad de contraataque y que aquella
penosa situación tan sólo duraría
el tiempo que sus oponentes dispusieran. Y por las
lecturas que estaba empezando a recibir en su cabina,
mostrándole siete concentraciones de energía
dispuestas a su alrededor, listas para ser liberadas,
el aturdido piloto supo que ese tiempo había
acabado.
Esto va a doler
suspiró
de manera por demás lamentable, resignándose
a su suerte, al ver seis destellos a su izquierda
y otro solitario a su derecha.
Un súbito estruendo fue la respuesta que obtuvo
entonces, seguido por un estallido que cimbró
la tierra y pareció arrancarle el mundo en
el que posaba sus pies. El arriba y el abajo se confundieron
en una delirante agonía en la que todas las
direcciones cambiaban de lugar y se entremezclaban
sin un orden lógico. La única constante
era el dolor, dolor como nunca antes lo había
sentido en su vida, con cada átomo de su cuerpo
siendo estrujado, sufrimiento que lo despojaba de
toda razón e inclusive de los gritos agónicos
que se le conceden a cualquier desahuciado. Hubo un
destello final, mucho más grande que los anteriores,
tragándose todo a su paso y después
de eso
El silencio
la nada
¡Hoy es un hermoso día!
exclamó animosa la Mayor Katsuragi al descender
de su vehículo y contemplar el bello azul de
un cielo completamente despejado Ideal para
conocer nuevos amigos, ¿no creen?
Por el contrario, sus tres jóvenes acompañantes
no compartían el espíritu entusiasta
de su oficial superior. Apáticos y malhumorados,
Shinji y Asuka bajaron del carro, mientras que Rei
hacía gala de su humor habitual, es decir,
completamente frío y distante.
Los muchachitos únicamente se limitaron a
estirar las piernas y desperezarse, a la vez que revisaban
descuidadamente los alrededores del Campo Aéreo
al que recién llegaban. Y no es que hubiera
mucho para apreciar en ese lugar, salvo un único
edificio que parecía una caja de zapatos, y
el enorme y vasto espacio abierto que había
afuera para que las aeronaves aterrizaran.
Sangrones murmuró Misato, despechada
por el poco ánimo de los jovencitos.
Simplemente no podía entenderlos. Aquél
era un día muy emocionante, como pocos en aquel
entonces. No solamente podrían presenciar la
llegada a tierras japonesas de la nueva Unidad Especial
para el Combate, el Eva Beta, sino que también
tendrían la oportunidad de conocer a una nueva
compañera piloto. Pero nada de eso parecía
importarles la gran cosa. ¡Estos niños
de hoy en día!
¡Yo te dije unas mil veces que no quería
venir! rezongó Asuka al instante ¿Para
qué? ¡Ya vi esa estúpida chatarra
cuando fui a Nevada y también ya conozco a
esa bruja idiota que va a pilotearla! ¡No había
razón de que viniera, y aún así
me obligaste! ¡Nunca me escuchas, maldición!
decía entre dientes dándole de patadas
al piso mientras hacía su berrinche, tan sólo
para darse cuenta después de que Misato ya
le había dado la espalda y se dirigía
a la sala de espera ¡Oye, todavía
no acabo! ¡Te estoy hablando, maldita sea!
Era esforzarse en vano. Katsuragi ya iba muy adelante,
seguida de cerca por Rei. La única persona
que la estaba escuchando en esos momentos era Shinji,
quien como casi siempre se había quedado a
la zaga. Y cómo aún seguía sintiéndose
muy incómoda al estar a solas con él,
dado que el recuerdo de aquél beso que se dieron
siempre llegaba a acosarla en tales ocasiones, la
jovencita alemana no tuvo más remedio que apurar
el paso para alcanzarlas. Ikari, como era de esperarse,
pronto la siguió y aunque generalmente era
bastante despistado hasta él pudo darse cuenta
de los esfuerzos que hacía la chiquilla para
evitarlo.
¿Qué tengo que hacer? le
preguntaba mentalmente ¿Qué tengo
que hacer para que te fijes en mí? ¿Para
que puedas quererme
tal cómo yo te quiero?
Además Asuka continuaba su monólogo,
a sabiendas de que su compañero la escuchaba
¿Porqué tenía que venir
también Ayanami? Misato bien que sabe que me
choca estar en presencia de esa lela de pelo azul.
Ahora que lo mencionas, parece que últimamente
Rei le ha cobrado algo de afecto a Misato observó
Shinji, al mirar a lo lejos a las susodichas En
los últimos días la ha estado acompañando
a todas partes
Efectivamente, tal como ambos lo habían observado,
en fechas recientes la cercanía de la chiquilla
con Katsuragi se había acrecentado considerablemente,
teniendo en cuenta la escasa o nula relación
que sostenía con ella anteriormente. Sin embargo
ambos ignoraban el angustiante encuentro que sostuvo
Rei con Demian Hesse, situación de la que Misato
tuvo a bien rescatarla. Así pues, aunado a
la gratitud que por ello le tenía, no era de
extrañarse que la jovencita se sintiera a salvo
en compañía de la Mayor, por lo que
procuraba frecuentarla mucho más que antes.
¡Parece un estúpido patito siguiendo
a su mamá! pronunció Langley en
una mezcla de burla y coraje No sé como
Misato la aguanta, pero conociéndola estoy
segura que no va a poder durar mucho así
Justo en ese momento la Mayor detuvo su andar para
poder revisar el horario de llegadas, pero al hacerlo
tan de súbito sólo consiguió
que Rei, quien caminaba a sus espaldas muy de cerca,
chocara suavemente con ella. Misato se dio vuelta
enseguida, mirando algo confundida a la chiquilla
que permanecía callada, mirándola fijamente.
¡Allí va ella! dijo Asuka,
emocionada ¡Te lo dije! ¡Ahora esto
sí se va a poner bueno! ¡Se la va a tragar
entera!
Las palabras parecían atorársele a
Katsuragi, atropellándose entre ellas en su
frenético intento por salir. Mientras tanto,
los tres chiquillos permanecían a la expectativa
de su reacción.
Qué
Qué
¡QUÉ
BONITA ERES!!! finalmente exclamó, enternecida
en extremo, a la vez que estrujaba a Ayanami en sus
brazos ante la impávida vista de sus otros
dos subordinados.
¿Pero qué diablos? masculló
la jovencita alemana, sin dar crédito a lo
que estaba viendo, cuando la Mayor Katsuragi depositaba
un afectuoso beso en la frente de Rei.
¡No sabía que pudieras ser tan
tierna! le decía Misato sin soltarla
¡No sabes la alegría que me da!
¿Sabes? Siempre había tenido la ilusión
de poder tener a una niña linda y tierna a
mi cuidado
¡Óyeme! ¡¿Y yo qué
soy, tarada?! replicó Langley en el acto,
sin que nadie le prestara mucha atención.
¿Me podrías hacer un GRAN favor?
le preguntó Misato a Ayanami en tanto la sujetaba
de las manos ¿Podrías llamarme
Onee-san? ¿Sí? ¡Por
fa!
Lo de Onee-san es un término japonés
empleado para referirse a las hermanas mayores, tanto
de manera respetuosa como afectiva. Rei, quien interpretó
aquél pedido como una orden, no tuvo mayor
empacho para responder:
Muy bien, Misato Onee-san.
¡Aaaaaaaay, qué emoción!
estalló de alegría la mujer, abrazando
aún más fuerte a la chiquilla en sus
brazos, cosa que era bastante cómica por sí
sola, dado el enorme contraste entre la emoción
desbordante de Katsuragi y el gesto indiferente que
parecía ser indeleble en el rostro de la jovencita
de pupilas rojas.
¡Cómo me hubiera gustado tener
a Rei como nuera! suspiró Misato, apesadumbrada,
una vez que la soltó y miraba hacia la pista
de afuera con la vista extraviada Hubiera sido
tan feliz
en cambio, a como van las cosas con
la de ahorita
dijo arrastrando las palabras
a la vez que volteaba de reojo hacia donde se encontraba
Asuka.
¡¿Qué estás insinuando?!
replicó a su vez la muchacha.
Ah, vaya...Parece ser que por fin llega el
invitado de honor... dijo Katsuragi cuando veía
descender del cielo aquella mole negra y enorme que
era el Equipo F, donde transportaban por aire a los
Evangelions. Era difícil pensar que aquellas
aves, en apariencia torpes y pesadas, pudiesen levantar
el vuelo.
¿Qué están esperando?
instó Katsuragi a los chiquillos ¡Vayamos
a recibir a nuestra nueva amiga!
De inmediato se encaminó al área de
arribos, seguida por Rei. Mientras tanto Ikari y Asuka
lo hacían como si estuvieran cargando un enorme
peso en sus pies.
Viva. Qué emoción murmuró
la joven europea de manera sarcástica.
Shinji tampoco estaba muy entusiasmado con aquella
nueva incorporación al equipo. Parte de ello
era responsabilidad única de Langley, quien
en todo el camino ya lo había predispuesto
a que a partir de entonces tendría que aguantar
a una marimacha violenta e insensible. Si crees
que yo te maltrato, espérate a que conozcas
a Sophia, y después hablamos le había
dicho en el carro, como advirtiéndolo acerca
de esta muchacha americana. Además aún
si eso no fuera cierto, desde que supo de su nacionalidad
sabía que la comunicación sería
un gran problema, dado su pobre nivel de inglés.
Por lo tanto, no perdía el tiempo haciéndose
falsas esperanzas de que podría llevarse bien
con esta chica nueva. Sabía que aún
antes de conocerla cualquier intento por acercársele
sería en vano. Lo mejor sería mantener
un perfil bajo, como siempre, y relacionarse con ella
sólo lo estrictamente necesario.
La animosa voz que de repente se dejó escuchar
en un fluido japonés lo sacó de sus
pensamientos:
¡Mucho gusto! ¡Soy Sophia Neuville,
piloto del Eva Beta, reportándose al deber!
Shinji y Asuka miraban perplejos a la muchachita
que estaba frente a ellos, ataviada con un coqueto
atuendo que consistía en una minifalda estampada
que revelaban unas piernas juveniles, largas y muy
bien torneadas, además de una blusa rosada
que comenzaba un poquito debajo de los hombros y terminaba
justo antes de poder ocultar ese ombligo en medio
de un vientre plano, que sin duda causaría
no pocas envidias entre sus congéneres. Su
rostro bien parecido denostaba una gran alegría,
impresión que se acentuaba al verla en la pose
de saludo militar con la que los saludaba, en evidente
tono de chanza.
Mucho gusto
yo soy la Mayor Misato Katsuragi,
de NERV pronunció entonces Misato, rompiendo
el hielo Y antes que nada, déjame felicitarte:
¡hablas muy bien el japonés, linda! Estaba
un poco apurada porque no he practicado mi inglés
últimamente, no sabía como le íbamos
a hacer para entendernos
Sí, yo también estaba algo preocupada
al respecto repuso Sophia empleando el mismo
tono desenfadado Creo que por eso me pasé
los últimos tres meses estudiando japonés
como loca
hasta tuve que ver un montón
de esos animes, parecía toda una nerd
En ese momento ambas rieron de buena gana, casi de
común acuerdo. Estaba visto que no habría
problema entre ellas para poder llevarse bien.
Y mientras estaban en eso, la quijada de Langley
aún no se despegaba del suelo. Aquello tenía
que tratarse de un engaño muy bien elaborado,
puesto que la persona que tenía enfrente era
completamente distinta a la Sophia Neuville que había
conocido en los Estados Unidos. No quedaba ni rastro
de la chiquilla hosca y malhumorada con la que casi
se había liado a golpes. Ahora su buena presencia
se imponía tanto que incluso llegó a
sentirse andrajosa junto a ella, al haber venido en
unos pants holgados, top y unas sandalias en sus pies.
Incluso su cabello, acomodado en una descuidada coleta
de caballo, parecía un estropajo en su cabeza
en comparación al largo y bien peinado cabello
negro lacio de Sophia, que parecía recién
lavado por como se miraba y olía. En ese momento
la susodicha lo hizo a un lado con su mano, con un
gesto juguetón que parecía sacado de
un comercial para shampoo.
¡Maldición! se lamentaba
la joven alemana mentalmente, mordiéndose el
labio inferior ¡Hizo eso a propósito!
¡Se está burlando porque me veo como
una pordiosera! ¡No puedo creerlo! ¡¿Quién
se cree que es esta estúpida, poniéndome
en ridículo de esta manera?!
Por su parte Ikari también lucía sorprendido.
La descripción que Asuka le había hecho
de su nueva compañera se alejaba por mucho
de la realidad, ahora lo sabía. Y es que esa
joven tan guapa y voluntariosa no tenía nada
que ver con la bruja gruñona que le habían
pintado. Estaba bastante impresionado con ella, para
qué mentir. Había sido una grata sorpresa
descubrir que Asuka lo había engañado
una vez más. No obstante, al ver con un poco
más de detenimiento los gestos de la recién
llegada, como su forma de mirar a las personas, e
incluso la manera en la que reía, Shinji notaba
cierto aire
siniestro, rodeándola.
Justo en ese momento, cuando tenía la vista
clavada en la jovencita, ésta pareció
percatarse del hecho pues de inmediato volvió
la mirada hasta donde él se encontraba. Sus
miradas entonces se encontraron en un feroz choque
en el que al muchacho le parecía perderse para
siempre en aquellos ojos negros tan fríos.
Entonces algo extraño pareció ocurrir
en él, pues ella le sonrió de buena
gana y al instante sus mejillas se encendieron y su
estómago se encogió presa de la ansiedad.
¿Y a ti que te pasa, eh? le preguntó
Asuka al verlo rojo como un tomate.
¡No!¡Nada, lo juro! respondió
el chiquillo, de manera por demás incriminante.
Permítanme hacer las presentaciones
acotó Katsuragi al notar como los muchachos
comenzaban a curiosear entre ellos A Asuka ya
la conoces, y ellos dos son Shinji Ikari y Rei Ayanami,
pilotos de las Unidades 01 y 00, respectivamente.
Mucho gusto dijeron los dos jovencitos,
cada cual a su muy particular modo. Es decir, Rei
tan expresiva como un robot y Shinji con la vista
clavada en el piso, balbuceante.
De ahora en adelante pelearemos todos juntos,
así que traten de llevarse bien, ¿de
acuerdo, equipo? dijo por último Misato,
con el subsecuente consentimiento de todos los muchachitos
Muy bien, en ese caso sólo déjenme
ocuparme del papeleo que me toca llenar para poder
irnos de aquí
¿qué les
parece si mientras tanto ayudan a Sophia a llevar
su equipaje al carro? Enseguida estaré con
ustedes les dijo sin dar tiempo a una respuesta,
pues ya estaba alejándose para ese entonces.
Rei, que en todo ese tiempo apenas si había
pronunciado palabra, pareció captar poderosamente
la atención de la joven americana, a quien
ahora tenía delante de sí justo a un
palmo de distancia. Neuville la miraba detenidamente,
examinándola de pies a cabeza con deferencia.
Si acaso aquello llegaba a incomodar a Ayanami, no
lo demostraba de forma alguna. Únicamente se
limitaba a seguir los movimientos de la chiquilla
con la vista.
Vaya finalmente masculló Sophia,
cruzándose de brazos y dibujando una sonrisa
confianzuda en su rostro Finalmente nos conocemos,
Rei Ayanami... Así que tú eres mi némesis,
¿eh? Mi reflejo en un espejo corrompido
Polos opuestos que el destino ha puesto uno contra
el otro. Pues déjame decirte que no estoy nadita
impresionada
Yo no sé qué tanto
te ven ó porqué hacen tanto relajo por
ti, si eres tan poca cosa
Tu rostro
dijo Rei por su parte,
tan calmada como siempre Te pareces a alguien
que conozco
¡Un momento! las interrumpió
Langley, interponiéndose entre ellas, dándole
la espalda a Ayanami para poder amenazar a Neuville
con el índice ¡Por si no te has
dado cuenta, ella ya es mi némesis! ¿Quién
te crees que eres para nomás llegar y quitarle
los rivales a otras personas?
¿Y tú
quien diablos eres?
le respondió Sophia, indiferente.
¡¿QUÉ?! el gran orgullo
de Asuka ahora sí que estaba hecho trizas en
el suelo al constatar que, por la expresión
en el rostro de la muchacha, no la reconocía
en lo absoluto ¡No te hagas, bien que
sabes quién soy!
La joven morena permaneció impasible frente
a ella, sin dar muestras de reacción alguna,
lo que desesperaba aún más a Langley.
Nos conocimos en Nevada... ¿recuerdas?
¿El Área 51?
Seguía sin obtener respuesta de su interlocutora,
únicamente aquella mirada indiferente, como
si estuviera viendo otra cosa a través de ella.
¡¡¡ASUKA LANGLEY SORYU!!!
explotó entonces, humillada a más no
poder ¡Soy Asuka Langley Soryu, recuérdalo,
maldita imbécil!!
No me suena... respondió Sophia
sin más miramientos, habiendo decidido que
ya le había dedicado bastante de su atención
Y al fin y al cabo, da lo mismo. ¿Podrías
llevar esto por mí? Gracias le dijo sin
darle tiempo de contestar, colocando una pequeña
pero bien cargada valija en sus manos para luego pasarla
de largo sin más.
Mientras tanto, Shinji debatía consigo mismo.
Una más de sus interminables batallas por superar
su timidez innata y a atreverse a algo más
en lugar de torturarse con el eterno ¿qué
hubiera pasado si
? Así pues, y
como parte de su renovada personalidad, Shinji Ikari
por fin se atrevía a dar ese paso de más.
Haciendo un admirable esfuerzo por que no fuera tan
evidente su nerviosismo fue y se plantó justo
en frente de Sophia, quien estaba recogiendo su equipaje
del piso.
Déjame ayudarte dijo con voz trémula,
evitando su mirada Esa valija se ve pesada
y no sería correcto de mi parte si permito
que una chica cargue con tanto peso en mi presencia
La jovencita americana quedó muda en su sitio,
de pie frente a él y con la mano izquierda
cargando la susodicha maleta, la cual en verdad se
veía bastante abultada. En un principio lo
observó detenidamente con extrañeza,
abriendo y cerrando esos grandes ojos negros que decían
mucho y a la vez callaban tanto. Pero luego aquellos
ojos oscuros parecieron iluminarse con un gesto cálido,
al igual que todo su rostro. Una vez más deslumbraba
al chiquillo con una afable y radiante sonrisa que
parecía colorear su mundo entero.
¡Miren nada más lo que tenemos
aquí! exclamó emocionada y divertida
al mismo tiempo ¡Un auténtico samurai
en pleno siglo XXI! Tenía la ilusión
de toparme con uno cuando viniera a Japón,
pero nunca creí que se hiciera realidad
En ese caso, sería para mí un gran honor
si me haces ese favor, Shinji-san
dijo
en tono muy solemne, haciéndole una reverencia
mientras que le pasaba el bulto en cuestión.
No hay necesidad del san
repuso el muchacho un poco apenado, para luego sentir
de súbito los estragos de la gravedad, cuando
casi se dislocaba el hombro al cargar con la mentada
maleta.
Creo que tal vez debería ayudarte, ¿sabes?
sugirió Neuville al percatarse del incidente
Esa cosa en realidad está muy pesada
¡No hay problema! Ikari disimulaba
una sonrisa al decir aquellas palabras, mientras que
se lamentaba mentalmente: ¡Diablos! ¿Pero
qué carajos lleva aquí? ¿Yunques?
Es sólo que estaba distraído,
no pasa nada
Bueno
masculló su acompañante
mientras empezaba a andar, algo apenada pues estaba
bien consciente por los apuros que pasaba el chiquillo
para llevar sus cosas.
Además
sería bastante patético
decía Shinji entre resoplidos, prácticamente
arrastrando su carga
si necesitara la
ayuda
de una muchachita
¡para llevar
sus cosas!
¡Eso no es cierto! contestó
Sophia entre risas, al parecer bastante divertida
por el asunto ¡No hay forma en la que
pudieras verte patético!
¿Qué?
Es decir: ¡mírate! ¡Eres
súper lindo! Casi te arrancas los brazos para
quedar bien conmigo y todavía haces el esfuerzo
por fingir que no pasa nada.
¿Y eso es bueno?
¡Es maravilloso! Tanto interés
suspiró mientras se acomodaba un mechón
de cabello detrás de la oreja Es lo mejor
que alguien ha hecho por mí en mucho tiempo.
Gracias.
No
no es nada, en serio Ikari parecía
un leño ardiendo, abochornado, con la cara
toda roja.
Me caes muy bien, Shinji Ikari dijo la
muchacha en tono juguetón, sonriéndole
Tengo la impresión que nos vamos a llevar
de maravilla, tú y yo
Shinji permaneció mudo unos instantes, contemplando
la visión delante suyo. Toda esa jovialidad,
tanta calidez
era la primera vez que una joven
lo trataba de esa manera. De cierto modo era algo
perturbador. Pero también reconfortante. Toda
una nueva experiencia. Que esperaba se volviera a
repetir.
Qué bueno que pienses de esa manera,
Sophia le contestó, casi murmurando Porque
creo que sí voy a necesitar un poquito de ayuda
con esto, después de todo
La risa de ambos recorrió el pasillo entero,
llegando hasta los oídos de Rei y Asuka, quienes
los observaban desde atrás, con suma suspicacia.
¡Pero qué muchachote es el que
tienes aquí! pronunció la Mayor
Katsuragi a la vez que silbaba impresionada al contemplar
al nuevo Eva, acostado boca arriba sobre una enorme
plataforma diseñada para su transporte.
Únicamente podía verle las suelas y
parte de los pies, pero aún así lucía
enorme en comparación a todos ellos, pequeños
liliputienses trabajando afanosamente sobre el desmayado
Gulliver. ¡Y eso que estaban sobre la pista,
a campo abierto! Era de las personas que trabajaban
más de cerca con los Evas, y aún así
nunca dejaba de asombrarse por el tamaño de
aquellas máquinas.
Usted lo ha dicho, Mayor contestaba Kenji
Takashi mientras le firmaba varios documentos, y a
la vez Misato hacía lo suyo con otro legajo
de formas que Takashi le había entregado Vamos
a entretenernos otro buen rato con los arreglos para
transportarlo hasta la base, pero lo importante es
que llegó en perfectas condiciones... tenía
mis dudas de si transportarlo por aire era una buena
idea, pero por los resultados de nuestra revisión
tal parece que me estaba preocupando en balde.
Y es que aquella era la primera vez que el equipo
F se utilizaba en un vuelo intercontinental, de ahí
los temores de Kenji y algunos otros del personal
de mantenimiento. No obstante, después del
incidente ocurrido con el Eva 02 los altos mandos
de la agencia habían decidido que el transporte
aéreo era mucho más seguro y en adelante
sería el método convencional para la
transportación de los robots gigantes. Aquella
primera prueba, la cual fue todo un éxito,
demostraba lo acertada que había sido tal decisión.
¡Muy bien, pues en ese caso lo dejo todo
en tus manos! dijo Katsuragi cuando le estrechaba
la mano animosamente, una vez que se había
deshecho del bonche de papeles que debían ser
firmados Ustedes encárguense de llevar
a Beta a la base y yo llevaré a su piloto.
De acuerdo, Mayor. Gracias por todo.
Misato se dio la media vuelta para marcharse de aquél
lugar, mientras que Takashi se disponía a reanudar
sus labores, pero entonces la mujer se detuvo en seco,
vacilante. Se le notaba algo nerviosa, algo raro en
ella, dado su carácter y así lo notó
Kenji cuando le preguntaba, extrañado:
¿Necesita alguna otra cosa, Mayor?
No... no es nada importante, pero yo... yo
sólo... trastabillaba al hablar, de espaldas
a él, indecisa Sólo me preguntaba
si aún no tenías noticias de Kai...
Takashi se congeló en su sitio con la sola
mención de aquél nombre. Pero rápidamente
recuperó la compostura, esperando que Katsuragi
no hubiera reparado en ello.
No... lo siento mucho, Mayor, pero aún
no he recibido nada nuevo... sólo sé
lo que le dije la última vez: que estaban a
punto de trabar combate en algún punto del
Mediterráneo, pero eso es todo. Comprenderá
que ni siquiera a mí me hacen llegar información
de relevancia hasta mucho después que haya
ocurrido...
Ya veo el tono de su voz se había
apagado, y aunque sólo le veía las espaldas,
Kenji estaba bastante seguro que también su
semblante decayó Bueno, qué se
le va a hacer, entonces... siento haberte molestado...
No tiene porqué preocuparse, Mayor,
estoy seguro que él está bien
intentó animarla torpemente mientras ella reanudaba
la marcha Le avisaré en cuanto sepa algo.
Te lo agradecería mucho... pronunció
casi en un suspiro a la vez que se alejaba más
y más sin mirar atrás.
Takashi la observaba alejarse, con el ánimo
por los suelos, y no podía dejar de sentirse
mal al respecto. No sólo porque nada había
podido hacer para tranquilizarla, sino porque le había
mentido. En realidad sí tenía noticias
del frente. ¿Pero con qué cara iba a
decirle que toda la fuerza de ataque había
sido diezmada en tan sólo unos cuantos minutos
y que había muy pocos sobrevivientes? Y lo
que era peor: no había rastro alguno del Eva
Z ni de Kai. Llevaban tres días desaparecidos
y pese a la búsqueda aún no se encontraban
indicios de su paradero. ¿Cómo decirle
todo eso a la persona que lo quería como a
un hijo? Definitivamente ese no era su trabajo. Si
lo peor había pasado, algún oficialillo
de poca monta de las Naciones Unidas se encargaría
de darle la noticia y entonces ya no sería
asunto suyo. Sí, definitivamente, lo mejor
sería esperar y quedarse con la boca callada.
Una pena por el pobre Kai, tan joven. Pero la vida
sigue, y siempre había que verle el lado bueno
a todo. Tal vez su amigo había dejado este
mundo, pero él se encargaría de honrar
su memoria al asumir su puesto como Director Supervisor
Encargado de la División de Naciones Unidas
en NERV. Con el aumento en el sueldo que dicha posición
conllevaba, por supuesto. Después de todo,
estaba recién casado y todos esos gastos no
se estaban pagando solos.
Kenji...
Sus ensoñaciones de un futuro venidero y prometedor
fueron interrumpidas por su propia esposa, quien se
le acercaba pálida como una hoja de papel,
con su teléfono celular en mano.
¿Qué sucede? sólo
esperaba que no fuera alguna otra estupidez por las
que Sakura tan a menudo se preocupaba. Amaba a esa
mujer como a nadie en el mundo, pero a veces podía
ser desesperante. Có |