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El Proyecto Eva
Por: Gus (gus_charizard@yahoo.com.mx)
Capítulo Dieciséis: "Invasión"

El ajetreo era el propio de un lugar de trabajo tan singular como ese. Numerosas máquinas realizaban en cuestión de milésimas cálculos tan largos como un brazo, mientras que un menor número de personas vigilaban su buen funcionamiento y los resultados que las mismas escupían, para encontrarles utilidad y aplicación inmediata.

El sonido de la maquinaria trabajando se mezclaba arbitrariamente con las voces del personal, el timbre de los teléfonos y las teclas de los tableros siendo oprimidas ágilmente unas tras otra…

—Te estás haciendo bastante rápida, Maya— observó la doctora Akagi, un tanto complacida al notar el avance de su joven discípula.

Emocionada por escuchar aquel elogio, la oficial técnica observó de reojo, poniendo especial atención a la mano que la científica había apoyado confianzudamente en su hombro. Apenas si pudo disimular su sonrisa, que se escondió tímida entre sus labios. Su mano se sentía tan cálida y gentil sobre su cuerpo. Eran raras las ocasiones en las que aquella fría y distante mujer se permitía tales demostraciones de simpatía. Si tan sólo fueran más seguidas.

—Eso es natural, doctora— asintió la muchacha, ruborizada —Ya que tengo a la mejor maestra de todas.

—Hmmm… espera un momento— advirtió Ritsuko, pasando del cumplido —Estos comandos también deberían incluir…

La mujer se abalanzó sobre el tablero que sostenía Maya, pasando sus dedos por las teclas tan rápidamente que apenas si se podían ver. Al hacerlo, no pudo evitar apoyarse en la espalda de la joven, quedando su pecho recargado en la espalda de Ibuki, rozándola, desencadenando una deliciosa y a la vez desesperada sensación en ella.

Tan abstraída como estaba en su trabajo, Rikko apenas si notó el bochorno en el rostro encendido de su asistente.

—Así funcionará mejor… asegúrate de ejecutarlos en el programa luego de que concluya el chequeo de rutina— señaló la doctora, volviéndose a poner de pie, ignorando las reacciones de su subordinada, aunque resultaba difícil determinar si era por ignorancia ó indiferencia.

—Sí… como usted diga— contestó apuradamente la joven, haciendo hasta lo imposible por ocultar su emoción.

Al entrar al cuarto, tan entusiasta como siempre, la Mayor Katsuragi interrumpió la escenita sin proponérselo. Iba ataviada con su uniforme, es decir, falda y chamarra rojas, camiseta negra, con un montón de folios que debían ser llenados a la brevedad posible bajo el brazo.

Pero la acumulación de trabajo no podía ser impedimento alguno para que se tomara su tiempo para tomarse un pequeño descanso y visitar a su vieja amiga, quien al verla llegar solamente pudo soltar un hondo suspiro, confundiéndose en él tanto pesadumbre como resignación.

—¡Hola a todos!— saludó Misato, agitando una mano —¿Cómo va todo en nuestro querido departamento de Investigación Científica? Pareciera que la diversión aquí nunca termina— pronunció socarronamente, al notar la expresión en el rostro de Akagi.

—¿Qué es lo que quieres ahora?— respondió ella, sin voltearla a ver, tan ajetreada como estaba en una de las consolas —Te advierto que ya no pienso prestarte ni un quinto más… ni dejarte dormir en mi oficina a escondidas… ni ayudarte con los trámites de control de daños… ni…

—¡Basta! ¡Cualquiera que te escuche pensaría que me la vivo aprovechándome de ti!— reculó la mujer de cabello negro —Además, sólo vine para saber que tal salió el chequeo de rutina de MAGI. Es otro de estos estúpidos reportes que debo llenar— y como para demostrar la veracidad de su argumento, ondeó frente a ella el bonche de hojas que traía cargando.

—Casi está listo— contestó la doctora, sin prestarle mucha atención —Tal y como lo aseguré, estará completo para poder realizar la prueba de hoy.

—¡De veras que eres increíble, Rikko!— exclamó su amiga, expresando su admiración con un gesto un tanto infantil en su rostro, para luego comenzar a servirse con toda confianza una taza de café —Tienes tres de esas cosas de super alta tecnología de las que tienes que cuidar, y aún así puedes hacerlo a tiempo… yo en cuanto apenas puedo ponerle más memoria a mi laptop.

—Ah, si… ya recordé…— dijo la científica, con la mirada fija en el monitor frente a ella —Si venías por café, te advierto que el que teníamos aquí ya se enfrió…

La advertencia llegó muy tarde. La Mayor ya le había dado un buen sorbo a la taza, sacando la lengua en señal de repulsión como única respuesta.

Al cabo de unas cuantas horas, la revisión al sistema había terminado. Luego de tener que lidiar con la presión durante tanto tiempo, la doctora Akagi se daba el lujo de relajarse unos cuantos momentos. En su trabajo no había lugar para un descanso prolongado; apenas en un rato más daría inicio la prueba que tenían programada con los pilotos para ese día.

Permitió que el agua que salía del lavamanos la refrescara, llevándola hasta su rostro con ambas manos. Permaneció en esa posición unos cuantos instantes, fatigada. El estrés laboral estaba haciendo mella en su ánimo, situación que ocurría cada vez más seguido. Observó su alicaído semblante en el espejo que tenía delante suyo, percatándose de algunas arrugas que ya comenzaban a asomarse en su cutis. El tiempo, y la constante presión a la que siempre se sometía, comenzaban a provocar estragos en su físico, había que admitirlo. Algunos de los comentarios ofensivos que Rivera siempre le decía acudieron a su memoria: “La vieja bruja”, era como le decía ó “anciana cascarrabias” cuando se le antojaba. Y esos eran los más suaves, y de los que ella tenía conocimiento.

—Y mientras que yo sigo envejeciendo— pensaba con hastío, secándose —Mi madre continúa en perfectas condiciones, como siempre…

—Vas?! ¡¿Qué que dicen?!— exclamó Asuka, en uno de sus habituales desplantes —¡¿Desnudarme?! ¡Tienen que estar locos, para pedirme algo así!— amenazó a la cámara de video que la observaba fría e indiferente desde el techo.

Se encontraba confinada en un pequeño cubículo casi del tamaño de uno de los probadores que usaba cuando compraba ropa en una tienda departamental. Delante suyo tenía una puerta herméticamente sellada, que al parecer no se abriría hasta que accediera a las demandas de sus captores.

Ya la habían hecho quedarse en paños menores y de ninguna manera permitiría que rebajaran aún más su dignidad. Colaborar con las pruebas y con la investigación científica era una cosa, pero de eso a permitir que violaran su intimidad, jamás.

—Desde aquí tendrás que pasar a una habitación completamente esterilizada, linda— se le escuchó decir a Ritsuko desde el intercomunicador, juntando toda la paciencia necesaria para no explotar contra la constante insolencia de la jovencita (que dicho sea de paso, había empezando a manifestarse desde unas cuantas semanas atrás, poco después de que comenzaran a circular los rumores de que ella y Kai ya tenían sus queveres. De ser una piloto voluntariosa y ejemplar en su trato con sus superiores ahora se había vuelto casi tan grosera y arrogante como el mismo Rivera, observaba con pesar la científica) —No basta solo con bañarte y quedarte en ropa interior, entiéndelo de una vez, por favor.

—Aún así, no le veo mucho caso a este experimento, ni porqué tendría que estarlo haciendo— se rehusó una vez más la jovencita alemana —¿Tan sólo por una prueba de piloto automático?

—El tiempo nunca se detiene, preciosa, al igual que la tecnología de los Evas, que se encuentra en constante evolución… siempre necesitaremos nuevos datos. Así que sé buena, y coopera un poco, ¿sí?— concluyó la científica, esperando que fuera suficiente para convencer a la chiquilla testaruda.

De mala gana, Langley finalmente accedió, despojándose de sus prendas y dejando completamente al descubierto su físico. Los motivos por los que se requerían su desnudez eran bastantes razonables, y ella lo sabía bien. Y de todas maneras, no evitaba sentirse de alguna manera humillada, viéndose obligada a quitarse la ropa solo porque alguien se lo ordenaba. Eso era algo muy al estilo de Ayanami, no de ella.

Y para colmo de males, ni siquiera podría sacarle un buen provecho a su estado, puesto que Kai ni siquiera se encontraba cerca para que la pudiera ver de pasada. Seguro que se le habría caído la quijada hasta el piso con solo apreciar su juvenil y bien delineada figura en toda su extensión. Pero para su desgracia, el muchacho se había reportado enfermo aquél día. Por muy vergonzoso que se viera, la diarrea que sufría lo salvó de participar en dicho experimento. Y era una lástima, ya que eso implicaba desperdiciar una oportunidad de oro para engancharlo aún más a su relación, sobre todo porque se había estado mostrando un tanto esquivo al respecto.

¿Sería que aún no lograba sacudirse del todo a esa pequeña bruja de ojos rojos? No, aquello era imposible, pensaba la extranjera, meneando su cabeza en gesto negativo. Era imposible que esa flacucha escurrida le pudiera robar el sueño a su chico, teniendo a alguien tan atractiva como ella a su lado. Examinó su cuerpo desnudo cuidadosamente. Por donde quiera que se le viera, superaba con creces al de Ayanami, no cabía la menor duda. Sus formas eran más suaves y curvilíneas, sus pechos más grandes, su piel con mucho mejor talante que el de ese espectro. ¿Entonces porqué no podía dejar de preocuparse por ella? Odiaba admitirlo, pero Rei tenía un algo, un algo que la rodeaba de misterio y era precisamente ese algo el que ejercía cierta fascinación en Kai e incluso en Shinji. No podía permitirse bajar la guardia ni siquiera a esas alturas, cuando ya había llegado tan lejos. No podía permitirse perder. No con ella. No con Rei Ayanami, su acérrima rival.

—Muy bien, aquí me tienen— pronunció envalentonada, cuando la puerta frente a ella se abrió para descubrir un largo e inmaculado corredor que se extendía unos cuantos metros delante suyo —Tal y como querían, me bañé diecisiete veces y ando en cueros, ¿suficiente?

—Muchas gracias, ahora solo necesitamos que recorran el pasillo para que puedan abordar la cápsula de inserción— ordenó la científica a través del comunicador.

—Rayos— refunfuñó la chiquilla alemana mientras comenzaba su andar, muy a su pesar, pero también sabiendo que cualquier discusión resultaba sobrando. A final de cuentas, mientras más pronto terminara con ese suplicio, mejor para ella.

Era la única de los tres pilotos presentes que se quejaba por las condiciones del experimento. Estaba resultando difícil trabajar con ella.

—No te preocupes, los monitores están apagados— intentó tranquilizarla Ritsuko, para asegurarse su futura cooperación —Tu intimidad está muy bien protegida.

—No se trata de eso, sino de cómo me siento— espetó la jovencita, airada —Esto es de lo más humillante: soy un piloto, no un maldito conejillo de Indias…

—El objetivo del experimento es poder recibir las lecturas armónicas directamente del cuerpo humano, sin intervención del traje de conexión. Es por eso que se requiere la desnudez completa— intentó justificarse la doctora, esperando hacerla entrar en razón antes de seguir con las pruebas.

—Se trata de una orden, Asuka, y es tu deber cumplirla— sentenció Misato, haciendo uso de la palabra. También ella detectaba que la falta de cooperación de la europea a la larga acarrearía problemas al experimento.

—¡Ya lo sé, lo sé muy bien!— respondió la chiquilla, fastidiada —Estoy haciendo todo lo que me han dicho, ¿ó no?

Las dos oficiales decidieron dar por terminada la conversación, apartándose del comunicador para intercambiar puntos de vista mientras que los pilotos completaban el abordaje a sus cápsulas de inserción.

—Últimamente Asuka ha estado muy reacia a recibir órdenes— observó Misato, un tanto preocupada.

—Sí, yo también lo he notado— respondió a su vez Akagi, cruzándose de brazos en su lugar —Supongo que tenía que pasar, tarde ó temprano… la actitud de Rivera ha comenzado a influenciarla.

—¿A qué te refieres?— preguntó Misato a su vez, quien con la sola mención de su hijo adoptivo, como siempre, se le crisparon los nervios, lista para defenderlo a capa y espada.

—Piensa bien en la dinámica grupal que existe entre los pilotos. Son jóvenes, y por lo tanto, es obvio que estas pruebas resulten ser de lo más tediosas para ellos, sin embargo, es su deber llevarlas a cabo. Todos entendemos esto a la perfección, ¿de acuerdo? Entonces, yo me pregunto: ¿qué es lo que sucede cuando uno de ellos se niega a realizar las pruebas? Y lo que es más: ¿qué pasa cuando ese piloto se sale con la suya y no recibe castigo alguno? Es obvio que los demás comenzarán a preguntarse de qué privilegios goza, e intentarán hacer lo mismo, basándose en la experiencia de su compañero.

—Los tres saben que Kai tiene un compromiso muy distinto en su relación con NERV, y que por ello tiene responsabilidades muy diferentes. No creo que ese sea el problema.

—Ah, pero parece que Asuka no lo está viendo de esa manera, Mayor. Parece ser que desde que ha empezado a entenderse tan bien con el joven Rivera también ella desea gozar de los mismos “privilegios” que él. ¿No lo crees así?

—Ya hablaré después con ella, no te apures, le haré entender como son las cosas— masculló Misato, con un semblante de derrota impregnado en todo su rostro.

—Hum, pues aparte de esta situación, estoy segura de que podría obtener mejores resultados de esta prueba si Kai hubiera estado en ella en lugar de Asuka ó Rei… por cierto, ¿cuál fue su excusa esta vez? ¿Supervisión de la rutina de mantenimiento? ¿Revisión de las teorías acerca del Campo A.T.? ¿Junta con algún mandatario? ¿Ó simplemente otro juego de póquer con sus amigos?

—Amaneció con diarrea— murmuró la mujer, visiblemente apenada —Parece que ayer volvió a comer en la calle y agarró una fuerte infección… cuando nos fuimos todavía no salía del baño…

—¿Diarrea? Bueno…— comentó Akagi, también contrariada y hasta con asco en su tono de voz —Supongo que eso hubiera sido bastante inconveniente para el experimento…— sentenció, dispuesta a dejar de lado el tema.

El súbito y estruendoso estornudo del muchacho encontró eco muy fácilmente en aquel lugar desolado, poniendo en alerta inmediata a su cauteloso acompañante, quien se puso el dedo índice en los labios a la vez que le reclamaba en voz baja, temiendo que alguien pudieras escucharlos.

—¡No hagas tanto ruido!— murmuró Kaji, luego de haber esperado unos momentos para confirmar que nadie los había escuchado —Me tomó mucho trabajo poder meterte a escondidas, y sería el colmo que alguien te descubriera de esa manera...

—Perdón— respondió Kai, avergonzado por su descuido mientras se frotaba la nariz con el dedo —Creo que alguien se estaba acordando de mí… me pasa muy a menudo…

—Vaya que eres un joven genio muy modesto, ¿verdad?— el sujeto no pudo hacer más que sonreír por el ingenio del chico, reanudando su marcha a través de los recovecos de aquellas instalaciones, unos cuantos niveles más debajo de donde se encontraban los demás realizando el experimento.

Se trataba de un lugar húmedo y solitario en el que personal de mantenimiento sólo se aventuraban de vez en cuando para mantener funcionando las enormes líneas de corriente eléctrica que abastecían de energía a toda la increíble maquinaria que se alojaba en los piso superiores. Tubos, cableado y conexiones se extendían por donde quiera que se mirara, hasta que se perdían de vista cuando eran engullidas con avidez por la vasta penumbra que se encontraba más adelante. Un lugar poco adecuado si se buscaba estar cómodo y seguro, pero lo suficientemente útil para permanecer inadvertido cuando se intentaba una invasión física en el sistema operativo de una de las computadoras más modernas del mundo.

—¿Estás seguro que funcionará?— preguntó Ryoji, comenzando a sentirse inseguro al confiarle todo el peso de la operación a un chiquillo, aún cuando se tratara de Rivera.

—Funcionará, sólo si colocaste el dispositivo remoto justo en el lugar en el que te indiqué— aclaró el muchacho mientras intentaba recordar el camino, iluminando sus pasos a través de la oscuridad con una práctica lámpara de bolsillo —Relájate, camarada, que te aseguro que no es tan difícil como parece. De hecho, ya lo he hecho antes, no es nada de otro mundo…

Los dos habían estado planeando todo desde hace unas semanas. El informe de actividades que el joven Katsuragi debía rendir al Secretario General de las Naciones Unidas estaba casi a la vuelta de la esquina, y el muchacho estaba más que decidido para aprovechar la oportunidad y extirpar de una vez la presencia de Ikari y sus secuaces de la dirigencia de NERV. Sólo necesitaba algo lo suficientemente grande y explosivo para lograrlo, y para tal propósito ya tenía en mente el incidente con el Jet Alone, la fallida incursión del gobierno japonés en el campo de los robots gigantes. Si podía encontrar la suficiente evidencia para demostrar la participación directa del comandante y sus allegados en el suceso, podía entonces culparlos por espionaje y sabotaje industrial y lo que era más, la muerte de 120 personas, entre ellas oficiales militares de muy alto rango de diversos países. No era cosa de risa, ni algo que se pudiera ignorar con un simple “lo siento”. Esta vez, sin importar qué, Ikari iba a caer, y entonces podría ser procesado por todos sus demás crímenes de los cuales su posición privilegiada lo habían absuelto.

Pero entonces las palabras de Rei retumbaban en los recovecos de su mente, casi como el sonido de sus pisadas en ese estrecho pasillo oscuro. “Yo también me iré” fueron sus palabras. “Si él se va, yo me iré con él”. Sonaba como una amenaza barata, sin embargo no podía sacudírsela de encima, aquella sensación de desconcierto y malestar, al no estar seguro de lo que Ayanami haría entonces. ¿Cumpliría su promesa? Y si así fuera, ¿cómo hacer para detenerla? Lo que era más importante todavía: ¿cómo hacerlo sin que a Asuka le diera un infarto?

El chiquillo estaba por invadir el sistema informático mejor protegido del globo con un plan muy bien elaborado, seguro de su éxito; no obstante, cuando intentaba dar con una solución para su problema de amores su mente se ponía en blanco y se bloqueaba. Decepcionado, pasó sus dedos por encima de su cabello, para luego soltar un hondo suspiro, con la cabeza gacha.

Por su parte, detrás de sus pasos, Kaji lo observaba cuidadosamente, atento a cualquier movimiento del chiquillo. Lo había sorprendido bastante cuando le reveló que había descubierto su “otro cargo”. Aún no estaba seguro qué tanto sabía, pero de lo que sí lo estaba es que no se trataba de una trampa. Ambos tenían mucho que ganar si tenían éxito, pero sobre todo él. Además, los dos se necesitaban el uno al otro. Por eso es que Rivera lo había contactado, pues lo necesitaba para que se encargara de la parte “física” de la operación, esto es, utilizar sus recursos para poder instalar en MAGI un dispositivo de alcance remoto sin que nadie lo notara, además de encargarse de poder meterlo al Geofrente de incógnito y sin ningún registro de su presencia en ese día, pues se había reportado enfermo. Reconocía que no había sido sencillo eludir a los agentes de Seguridad Interna que siempre custodiaban de lejos a los pilotos, y sobre todo de aparentar que el muchacho no había abandonado su apacible hogar, burlar los numerosos retenes que hasta él tenía que pasar y finalmente cuidar de que ningún dispositivo electrónico registrara su presencia dentro del cuartel. Pero todo valdría la pena si podían alcanzar su objetivo y tener acceso a toda la información dentro de la súper computadora.

—Llegamos. Aquí estará bien— pronunció el muchacho, deteniendo su andar. De la mochila que traía colgando a sus espaldas comenzó a sacar una terminal portátil y un montón de conexiones y cableados que le servirían en su intromisión, además de varias herramientas para poder adaptar los puertos de entrada.

Ante la escasa iluminación del sitio, la típica sonrisa socarrona de Kaji adquiría un vago aspecto siniestro, con la vista clavada en el laborioso chiquillo.

—¿Cómo se siente?— preguntó Ritsuko, atenta a cualquier observación que pudieran hacer los pilotos, una vez que entraron en la cápsula de simulación.

Delante del personal científico se hallaba una enorme cámara inundada por solución estéril de donde colgaba el sistema de simulación, el cual constaba de tres torsos de Evangelions, con sus respectivos brazos, sólo que sin la costosa armadura que los recubría normalmente. Sólo unos cuantos paneles de acrílico, eso sí, bastante impresionantes, impedían que las personas en el cuarto de pruebas fueran abatidas por millones de metros cúbicos de solución esterilizada.

—Me siento extraña— Rei fue la primera en contestar.

—Es cierto— secundó Shinji, observando nervioso en todas direcciones, cómo si alguien pudiera verlo sentado desnudo en aquella cabina —Es muy diferente de otras veces… no sabría como explicarlo…

—Algo le sucede a mi sentido de ubicación y equilibrio— describió Asuka, sumamente desconcertada ante tan peculiar situación. Miraba fijamente su cuerpo, asegurándose que en verdad se encontraba allí —Sólo puedo sentir mi brazo derecho, todo lo demás es muy confuso… no sé que está pasando aquí…

—Muy bien— pronunció Ritsuko, tomando nota del suceso a la vez que verificaba la gran cantidad de datos que inundaban las pantallas de su equipo —Rei, ahora quiero que muevas el brazo izquierdo, ¿de acuerdo?

La jovencita asintió, como siempre, ejecutando sus órdenes casi de inmediato. Con tan sólo presionar la palanca que sostenía en su mano izquierda el brazo izquierdo del titán se movió justo de la manera en que lo había imaginado en su mente.

—No hay problema con la recolección de datos, doctora— anunció un joven técnico a su lado, luego de revisar el buen funcionamiento de las maquinarias —Todas las consolas operan a su máximo.

—Excelente. Siendo así, reestablezcan el sistema a la normalidad y que MAGI se encargue de hacer los cálculos correspondientes.

Cómo una niña perdida en una compleja fábrica industrial Misato observaba casi boquiabierta el trabajo que realizaba el personal científico dentro de ese cuarto. Estaba de pie, con los brazos cruzados, cuidándose de hacer cualquier movimiento brusco por temor a estropear alguno de esos equipos informáticos tan complejos.

Si bien entendía más ó menos la labor de todas aquellas personas, le resultaba imposible comprender cabalmente todos los complicados procesos que conllevaba una investigación de la magnitud de la que estaban haciendo en ese momento, con todos esos cálculos que debían hacerse para sacar datos provechosos que pudieran utilizarse en una aplicación práctica inmediata. Por lo tanto, únicamente podía contemplar a todo el personal en esa sala, incluida Ritsuko, cómo se deslizaban ágilmente de consola en consola, apurados, pero en una perfecta sincronía que les permitía esquivarse unos a otros en su veloz movimiento. Era otra de las razones por las que permanecía inmóvil en su lugar, para así no estorbar y evitar ser atropellada en ese barullo de técnicos y oficiales científicos.

Le disgustaba sobremanera estar presente en toda clase de experimentos, sobre todo porque como Jefa del Departamento de Tácticas y Estrategias no tenía una función específica a realizar dentro de ellos, si acaso supervisar el desarrollo de éstos y detectar cualquier posible anomalía. Cada vez que la obligaban a pararse por esos rumbos, mientras todos a su alrededor se ocupaban afanosamente en sus labores, ella por su parte se sentía como una completa estúpida, allí, de pie, sin poder mover un solo músculo, temiendo que cualquier movimiento pudiera arruinar ese equipo tan avanzado y costoso.

Justo entonces, un chillido electrónico surgió de la consola que tenía más cerca, provocando el subsecuente sobresalto de la Mayor, quien de inmediato se puso en guardia, crispada, lista para utilizar sus mejores excusas con tal de justificar su inocencia en la descompostura de la máquina.

Sin embargo, tal no era el caso en esa ocasión. Al echar un vistazo a la pantalla de aquella terminal pudo comprobar su perfecto funcionamiento, al parecer simplemente se había activado una función en específico que avisaba a los usuarios que las tres supercomputadoras estaban debatiendo, al desplegar la palabra “DILEMA” con letras rojas mayúsculas sobre un fondo negro.

La doctora Akagi se acercó risueña, al haber presenciado de lejos toda la escena. Misato aún se encontraba algo nerviosa cuando la oficial científica se acercó a su lado:

—A veces unos puede llegar a pensar que se tratan de personas reales, al verlas discutir de esa manera— pronunció con un tono entre socarrón y de desprecio. Cualquiera pudo haber detectado el dejo de amargura en aquellas palabras —La personalidad de su creador está implícita en cada una de ellas.

— ¿De qué estás hablando?— contestó Katsuragi, confundida por la extraña actitud de su amiga. A decir verdad, los últimos días había estado mucho más deprimida y distante que otras veces — ¿Qué no fuiste tú quien las hizo?

La mujer rubia soltó un hondo suspiro, como si la estuviera compadeciendo. Incluso después soltó una risita burlona, la cual provocó que la Mayor se ofuscara.

—No sabes nada de nada, ¿verdad?

—Eso es porque a diferencia mía, tú no eres muy abierta que digamos cuando se trata de hablar de cosas personales— Misato respondió haciendo uno de sus pucheros, tan característico en ella.

Aún cuando no hubiera sido la intención, el reproche inherente en ese comentario provocó que al instante Rikko quedara inmóvil en su lugar, estupefacta. Ella decía la verdad, pero hasta ahora jamás hubiera supuesto que a su amiga le molestara tanto ese detalle como para venir a restregárselo hasta ahora.

Su “amistad”, si así se le podía llamar a ese tipo de relación, siempre había transcurrido de esa manera. Entre la cálida fraternidad, pasando por la falsa cordialidad hasta caer en la malintencionada agresividad. Se trataba de un constante e interminable jaloneo entre ambas, durante el cual muchos de sus sentimientos más profundos habían resultado lastimados. Dos personas tan diferentes la una de la otra, y que no obstante se empecinaban en permanecer juntas. Su relación hubiera podido mejorar bastante si tan sólo se hubieran limitado al trato laboral. Pero no fue así. Por razones inexplicables, desconocidas, que ni ellas mismas alcanzaban a entender, ellas realmente querían estar cerca la una de la otra, necesitaban estarlo, y por lo tanto el círculo vicioso de afecto y agresión continuaba su marcha. Pero últimamente el frágil balance de dicho círculo había comenzado a inclinarse desfavorablemente a un solo lado, sin que al parecer a ninguna de las dos le interesara hacer algo para arreglarlo. Hasta ahora.

—Yo sólo completé el trabajo— carraspeó la doctora, un tanto avergonzada —La teoría general y los planos fueron obra de mi madre.

Katsuragi sonrió para sus adentros, luego de comprobar que Akagi realmente quería poner algo de su parte para que las cosas dejaran de ser así entre ellas. Era la primera vez que le escuchaba mencionar a su madre.

Mientras tanto, en la Sala de Controles, el subcomandante Fuyutski, junto con sus alternos, se encargaba de lidiar con todas aquellas minucias que Ikari se afanaba tanto en relegarle, como siempre. Si tal situación le molestaba en algo, su rostro enjuto como el de una piedra apenas si lo reflejaba.

— ¿Revisaron bien esta anomalía?— preguntó mientras observaba los datos sobre la pantalla que se le mostraba.

—Sí, señor— Shigeru le respondió enseguida, en ese tono desenfadado que tanto exasperaba a su superior —Hemos comprobado que se tratan de las partes que trajeron de reemplazo hace tres días. Son las partes en donde se han encontrado los cambios que se describen en la gráfica.

—Con que se trata del Muro Proteínico 87…— susurró Kozoh, elevando la vista hasta el techo, cómo si estuviera buscando ahí la respuesta al dilema que se le presentaba.

—Cuando agrandé la imagen me percaté de esta serie de numerosas manchas blancas… hasta ahora no he podido determinar su naturaleza— el joven técnico se apuró a concluir su informe, para poder quitarse al viejo de encima lo más pronto que se pudiera. Aparentemente, a ninguno de los dos les agradaba trabajar tan de cerca el uno con el otro. El entusiasmo y la sorna un tanto juvenil de Shigeru chocaba de frente con las maneras rígidas y tradicionalistas de Fuyutski, su superior inmediato.

Empero, hasta entonces ambos habían conseguido colaborar de manera satisfactoria al aplicar exitosamente la fórmula que Ritsuko y Misato se negaban a utilizar: limitar la relación personal únicamente al ámbito laboral. Poniendo en práctica un principio tan sencillo, pero efectivo, aquellos dos se habían ahorrado bastante energía en discusiones fútiles que a nada los hubieran llevado.

—Debe tratarse de la corrosión— Makoto se aventuró a indagar el origen de las anomalías en el muro de proteínas —Tiene que serlo, puesto que hay ligeros cambios en su temperatura y conductividad. La deterioración de un espacio esterilizado pasa mucho más seguido de lo que se cree.

—Puede ser— asintió Shigeru —Los plazos de reconstrucción fueron acortados a sesenta días, así que puede que hayan pasado desapercibidas algunas burbujas de aire. Recientemente ha habido muchas fallas en los trabajos de reconstrucción, sobre todo en esa parte.

No era que el joven técnico estuviera denunciando la falta de calidad en el área de construcción del cuartel, pero a últimas fechas resultaba innegable que dado el plazo tan corto que se les daba, dichos trabajos eran bastante deficientes, muy por debajo de los estándares de calidad que un complejo del tamaño y la importancia del Geofrente requerían. Aunque también era de todos sabido que dicha circunstancia era debida en gran parte al continuo asedio de los Ángeles, que habían demostrado ser criaturas impredecibles y caprichosas, al no tener un periodo de tiempo ni condiciones establecidas para que hicieran su aparición. Y así lo hizo notar Kozoh:

—Esa área fue la más afectada durante el último ataque, ¿cierto?

—Es verdad. No creo que debamos culpar a los chicos de construcción. Últimamente han tenido bastante trabajo y deben estar cansados— dijo Makoto por su parte.

—Da igual si están cansados ó no— sentenció el subcomandante, emprendiendo la marcha para que tanto él como Shigeru pudieran respirar aliviados —Quiero que ustedes dos se encarguen de ver que ese inconveniente esté resuelto a más tardar mañana. De lo contrario, Ikari se va a enfurecer.

Una gota de agua fría sobre su cabeza fue todo lo que Ritsuko necesitó para volver a exasperarse, reclamando a todos y a ninguno de sus subordinados al levantar la voz, irritada:

— ¡No puede ser! ¡No me digan que tenemos otra gotera, por favor!

—No es así, doctora— se apuró a contestar Maya, con tal de tranquilizarla —Tengo un reporte de corrosión en el nivel superior. Debe tratarse de eso.

—Ah, qué bien, lo que nos faltaba— musitó Akagi, quien oficialmente ya se encontraba de mal humor por el poco éxito obtenido en el experimento que llevaban a cabo.

A decir verdad fue ella quien lo había propuesto al comandante, esperando obtener algún resultado que pudiera respaldar el sistema del Dummy Plug, la pretendida pero aún no materializada innovación a los Evas en la que los dos estaban trabajando en secreto. Pero hasta ahora toda la prueba había resultado un completo fracaso. Faltarían muchos más años de investigación para que pudieran obtener un resultado concreto, y tiempo era un lujo que no podían darse en ese negocio. Por lo menos no en esos momentos, cuando la construcción de más Unidades Especiales para el Combate a cargo de las Naciones Unidas estaba ya en marcha.

—Corrosión. Fantástico. ¿Crees que represente algún inconveniente para el desarrollo de la prueba?— el rostro rubicundo del comandante pasó en su imaginación por algunos instantes.

—Por el momento, no.

—Muy bien, entonces continuemos con este relajo— ordenó, dispuesta a sacar algún resultado provechoso del experimento, aunque fuera necesario a la fuerza —No podemos abortar esta prueba así de fácil. De lo contrario, el comandante Ikari se va enfurecer.

Al igual que muchas otras personas, Ryoji Kaji no podía hacer otra cosa más que sorprenderse por la inaudita habilidad mental del joven que tenía delante de él. Hasta ahora, le estaba resultando endemoniadamente fácil ingresar al sistema informático más avanzado del mundo, superando una tras otra las barreras que se le interponían para adentrarse en su interior. De haber intentado él algo parecido, seguramente le hubiera llevado varios meses de peligrosa investigación.

Pero este muchacho parecía venir de una dimensión completamente diferente a la de los demás mortales. Hubiera querido sacarle mucho más provecho, pero no quería exponerse a que Misato lo descubriera. Además, si algo llegara a pasarle a ese chiquillo ella jamás se lo perdonaría. Por no mencionar de que algo así la destrozaría por completo. Desde hacía once años ese muchacho era su completa adoración. Y ya antes habían tenido problemas al respecto.

—Tengo que admitir que me está tomando más tiempo del que pensé— confesó Kai, deslizando sus dedos sobre el teclado tan rápido como podía —Las cosas han cambiado bastante desde la última vez que estuve aquí. Parece que Ritsuko ha estado trabajando turnos extras.

—Quizás no deberías arriesgarte tanto. Si el Comandante Ikari se enterara…

—Ese bastardo puede comerse mis calzones. De todos modos, en estos momentos debe sentirse muy tranquilo, seguro de dónde me encuentro. El maldito se la pasa subestimándome, pero gracias a eso he podido darle unos cuantos golpes. Y ahora pienso asestarle la estocada final.

—Parece que no te has puesto a pensar en el montón de gente que se preocupa por ti. Personas que se derrumbarían si llegara a sucederte algo… lo sé porque conozco muy bien a varias de ellas.

Imposibilitado a fumar por los detectores de humo, Kaji tuvo que mascar chicle para suplir la sensación tranquilizante que el tabaco le proporcionaba.

—Desde hace mucho tiempo quería decirte— musitó el muchacho, a todas luces incómodo —Que me perdonaras… sé que lo que pasó esa vez fue todo por mi culpa. En ese tiempo no podía imaginármelo, pero aún así nunca fue mi intención que las cosas entre ustedes dos terminaran de esa manera. Ambos merecían lo mejor, pero yo…

—No te atormentes de esa manera— lo interrumpió su acompañante —Yo también he tenido bastante tiempo para pensar al respecto… y llegué a la conclusión de que aún si tú no hubieras estado, las cosas hubieran acabado de la misma manera. Nunca fue tu culpa, si no mía y de Katsuragi… ambos te utilizamos como excusa, pero no debió haber sido así. Yo también lamento mucho como fue que pasó todo ese asunto.

—Vaya… creo que te va a resultar hasta chistoso… pero Misato ya me había dicho algo así… los dos son tan parecidos… me parece que sí están hechos el uno para el otro.

—Por cierto, ¿cómo va todo con Asuka?

En el momento en que a Ryoji la conversación comenzó a parecerle inadecuada, lo único que tuvo que hacer para evitar el tópico fue precisamente cambiarlo a su plena conveniencia, lo que pareció entender el muchacho, el cual, al no tener otra salida, tuvo que responder apesadumbrado:

—No tengo idea… no tengo una maldita idea de lo que está pasando…

—Caray, y yo que había escuchado que ambos se llevaban de maravilla. Su tórrido romance está en boca de todos, no sé si sepas.

— ¿Tórrido? Demonios, eres el quinto en esta semana que me lo dice. Pero que yo sepa, aún no hay nada formal entre los dos. Al parecer es ella la que piensa que sólo por besarnos ya nos vamos a casar.

— ¿Y tú que piensas?

—No he tenido mucho tiempo para pensar en ello, ¿sabes? Bueno, más bien no he querido. Todo se me hace tan raro, sobre todo lo rápido que se dieron las cosas. Hace tan sólo un par de meses la odiaba como a nadie, y ahora… bueno, no sé… ya me simpatiza más, y de hecho siempre me ha atraído físicamente, pero… aún no estoy del todo seguro que sea lo correcto. Tengo esta extraña sensación. Cómo una especie de presentimiento, advirtiéndome que nada bueno saldrá de todo esto… ¡Oh, vaya! ¡Por fin logré el acceso!— Rivera dio gracias en secreto por la oportuna interrupción de parte de la computadora frente a él, cuando apenas se daba cuenta que estaba revelando asuntos muy íntimos.

—¡Ay, no puede ser!— gruñó enseguida, sujetándose desesperado las sienes —¡¡No otro programa de protección, maldita sea!!

Ambos lanzaron un hondo suspiro de resignación. En definitiva, aquello les iba a llevar mucho más tiempo del que tenían planeado en un principio.

Inexorablemente, la engañosa tranquilidad con la que el experimento se llevaba a cabo se vino abajo en cuanto la sirena de alarma apareció en todos los monitores del sistema, alertando al personal científico de contingencias inesperadas que ponían en riesgo el éxito de la prueba. Impávidos, todos ellos se encaramaron en sus puestos para entre todos poder deducir el problema que tenían entre manos.

—¿Qué está pasando?— inquirió Ritsuko de inmediato con voz de trueno, tratando de conservar la calma y no hacer una rabieta monumental frente a todos sus subordinados.

—Hay una alerta de contaminación en la Unidad Sigma, en el Piso A, señora— se apuró a responder uno de los técnicos.

—El Muro 87 se está deteriorando y por ende está liberando una gran cantidad de calor— dijo por su parte otra de las empleadas desde su consola.

—Hay una anormalidad encontrada en la tubería 6.

Uno a uno, todos aquellos que tuvieran algo que reportar, casi la mayoría de ellos, le hizo saber a la Doctora Akagi las fallas suscitadas, pero todo parecía derivarse de una sola razón en general, tal y cómo se lo hizo saber la fiel y confiable Maya, desde su puesto de trabajo:

—La corrosión en el Muro de Proteínas. ¡Está incrementándose a una velocidad endemoniada!

Rikko no necesitó de más información para proceder firme y decisivamente, girando órdenes a diestra y siniestra para salvar aquella explosiva situación.

—¡Aborten de inmediato la prueba! ¡Sellen la tubería 6! ¡Preparen de inmediato los polisomas!

Así dijo y así fue como se hizo. Atentos a seguir las órdenes de su oficial superior, todos los técnicos y oficiales científicos a su mando se apuraron a cumplirlas en el menor tiempo posible. Palancas y dispositivos eran activados con presteza y soltura para activar mecanismos que accionarían enorme maquinaria cómo la que se requería para sellar una tubería completa, por ejemplo.

Sin embargo, y pese a todo su encomiable esfuerzo, parecía que nada podían hacer para solucionar el problema de la corrosión expandiéndose por todo el Muro Proteínico. El nerviosismo se hacía cada vez más evidente mientras los polisomas, pequeñas naves robots dirigidas a control remoto con un dispositivo de rayo láser integrado que emulaban a los anticuerpos de un organismo para deshacerse de la contaminación, se acercaban a su objetivo, la corrosión en el muro.

—Láser a la máxima potencia. Quiero que no quede una sola de esas condenadas partículas— gruñó Akagi, resignándose a ver su preciada prueba de piloto automático yéndose por el caño debido a dificultades técnicas de menor grado.

Todos guardaron silencio hasta no saber el resultado de la operación, por lo que el lamento de Rei pudo escucharse claramente por el sistema de sonido. Era un gesto de dolor, sin duda, sólo que apagado; como siempre, la jovencita hacía hasta lo imposible por reprimir cualquier manifestación emocional, aún cuando se tratara de algún dolor que la aquejara.

Dentro de la gigantesca cámara “esterilizada” el simulador de Ayanami comenzó a contorsionarse violentamente, sufriendo una serie de espasmos a intervalos iguales de tiempo, casi como un ataque epiléptico; cualquiera pudo haber hecho la comparación al observar todos esos movimientos que sin duda eran involuntarios.

—¡Rei!— alcanzó a decir Akagi, entre la confusión que se apoderó rápidamente de la sala.

—¡La corrosión ha logrado penetrar hasta este nivel!— a su vez reportó Maya, con voz asustada —¡Consiguió invadir el sistema activo del simulador!

Por fin Misato sentía que encajaba en aquel lugar. En medio del caos y la confusión ya nadie sabía que hacer en esos momentos, justo como ella. Aunque claro que no era para sentirse a gusto y mucho menos aliviada. Si bien no entendía cabalmente lo que allí estaba transcurriendo comprendía a la perfección que la prueba se había salido por completo de control y que la situación estaba alcanzando niveles peligrosos. Pero de forma extraña era la única en la sala que aún conservaba un dejo de calma en su rostro, esperando el momento donde se requiriera de su intervención.

No se alteró siquiera un poco cuando observó aquella mano gigante, que trémula se acercaba hacia ella del otro lado del grueso acrílico, como suplicando por una respuesta, por un alivio al dolor que la invadía. Entre todo el barullo, alguien, al percatarse de la peligrosa cercanía del simulador, sin perder más tiempo activó una palanca que a su vez accionó un dispositivo que en el acto cercenó todo el brazo desde el hombro de aquella maquinaria orgánica que tenían frente a ellos, luego de una cruenta explosión de conexiones y cables. La fuerza del estallido provocó una serie de fisuras en las paredes de acrílico, desde las cuales ya comenzaba a fugarse una peligrosa cantidad de solución estéril.

—¿Cómo está Rei?— preguntó la Mayor Kasuragi, anteponiendo la seguridad de los pilotos a la suya.

—Estable, aunque inconsciente— respondió Maya, después de checar los signos vitales de la piloto.

—¡Rápido, expulsen las cápsulas de inserción y activen el láser!

Ritsuko aún no terminaba de pronunciar aquellas palabras cuando las tres cápsulas en donde estaban los pilotos salieron disparadas a gran velocidad, escabulléndose por una compuerta superior que se cerró con estrépito apenas las engulló.

Con los jóvenes fuera de peligro los polisomas podían abrir fuego a discreción sobre el invasor, lo cual hicieron con la fría precisión característica de las máquinas, escupiendo sus rayos incandescentes sobre la indefensa corrosión cuyo único crimen era expandirse por terreno apto para ello.

No obstante, todos en la sala palidecieron al presenciar cómo los tres rayos impactaban centímetros antes de su blanco, aparentemente sobre una barrera transparente que era capaz de repeler cualquier ataque. Sospechosamente muy familiar.

—¡Un Campo A.T.!— se apuró a decir Misato, con el color escapando de su rostro.

—Imposible…— murmuró Akagi, desfallecida.

Imposible, pero cierto. Un Ángel había logrado lo que ninguno de sus predecesores: invadir el Geofrente. Y lo había conseguido utilizando una apariencia y estrategias no tan llamativas, yéndose abruptamente desde lo gigantesco hasta proporciones diminutas. Al final, un enano había triunfado en donde un gigante no pudo hacerlo. A nivel microscópico la infección se extendía rápidamente por los sistemas que había invadido, causando que el muro y el simulador corporal adquirieran una extraña tonalidad rojiza en las áreas afectadas, las cuales crecían de manera voraz.

—Está confirmado. Se trata de un Código Azul. Un Ángel, señor.

Fuyutski se aferró al auricular, intentando mantener la compostura al escuchar las malas nuevas. Pero no era el peligro al que se enfrentaban el que lo alteraba tanto, sino el hecho de que hubieran permitido que la criatura se infiltrara al cuartel justo en sus narices, sin nadie que se percatara a tiempo.

—¡¿Un Ángel?! ¡¿Dejaron entrar AQUÍ a un Ángel?!— por si fuera poco, con el rabillo del ojo observó como Ikari entraba a la sala, justo cuando pronunciaba aquellas palabras, ahorrándose la explicación pero no la mirada de soslayo que el comandante le lanzó cuando tomó asiento detrás de él —¡Maldita sea!— bramó entonces el anciano.

—Lo siento mucho, señor, fue un descuido de mi parte— Ritsuko intentó disculparse como pudo, metida hasta el cuello en tan penosa situación.

—Las excusas son innecesarias, doctora— gruñó el viejo para luego interrumpir abruptamente el enlace al colgar violentamente el teléfono.

Gendo no había dicho palabra alguna desde que llegó. Tan sólo se limitó a recargarse en su escritorio, apoyando la barbilla entre sus manos entrelazadas, como era su hábito. Al parecer quería ver cómo iba a desenvolverse su socio ante semejante predicamento. Por lo menos así fue como lo entendió Kozoh, quien luego de apretar los dientes, tragándose su coraje, comenzó a blandir órdenes a diestra y siniestra.

—¡Sellen completamente la Unidad Sigma del resto del Dogma Central! ¡Rápido!

Hyuga apenas si alcanzó a avisarle a Misato de las medidas que se estaban tomando, vía celular. Sin más tiempo que perder, siendo la preocupación primordial de la Mayor poner a salvo a todas esas personas, por fin cumplió con su función dentro del experimento, al ordenarle a todo el personal evacuar el área de inmediato:

—¡Rápido, salgan todos de aquí! ¡Muévanse!

Sin importar nada más todos los técnicos y oficiales presentes salieron en tropel, escapando tan pronto como pudieran, abandonando sus estaciones de trabajo sin alguna objeción, mientras que los procedimientos de contención comenzaban a activarse. Las luces adquirieron el tono rojo de advertencia, mientras que una grabación en el sistema de altavoces indicaba a los empleados por donde debían desalojar el lugar.

Katsuragi se quedó en la puerta, esperando a que el último de ellos saliera, asegurándose que nadie se hubiera quedado. Cuál fue su sorpresa al observar a su amiga de pie en medio de la sala, inmóvil, con la vista clavada en los microorganismos de color rojo que proliferaban detrás de las agrietadas paredes de acrílico. Aunque con aquella actitud taciturna no lo reflejara exteriormente, la verdad era que estaba destrozada. A esas alturas, podía considerarse oficial: su experimento había sido un rotundo fracaso. No pudo conseguir datos que valieran la pena, y por si fuera poco, había dejado la puerta abierta para que un Ángel invadiera el cuartel. Un completo y absoluto fracaso. Lo que le dolía más de todo es que le había fallado. Le había fallado al hombre que amaba, ese que había puesto toda su confianza en ella, tan sólo para esto. Para que un monstruo diminuto la devorara y consumiera como si fuese una termita hambrienta. Y no conforme aún, quería más. Continuaba allí, devorando todo a su paso, todo aquello por lo que había trabajado tan duro. Tanto tiempo y tanto esfuerzo, todo para que ese desgraciado acabara comiéndoselo todo. ¡Maldito! ¡Maldito seas! ¡Cómo me gustaría destruirte con mis propias manos, estúpido engrendro! ¡Lo arruinaste todo! ¡TODO!

Las ventanas de acrílico finalmente cedieron a la presión, dejando libres miles de litros de líquido contaminado que no tardarían mucho en arrasar todo lo que encontraran a su paso, incluso también a la doctora Akagi, de no ser por que Katsuragi se tomó la molestia de sacarla antes de que eso sucediera, jalándola del cuello de su bata para obligarla a moverse.

—¿Qué estás esperando, tarada?— le espetó cuando la empujaba, haciéndola reaccionar por fin —¡Vámonos de aquí!

Las dos mujeres corrieron por la ruta de evacuación, desesperadas, ya que a su paso enormes compuertas metálicas se cerraban como mandíbulas afiladas detrás de ellas, sellando cualquier entrada ó salida del lugar. Si acaso alguna de ellas las alcanzaba, se quedarían atrapadas con la infección un muy buen tiempo.

Afortunadamente para ambas ese no fue el caso, pudiendo completar el procedimiento de evacuación justo a tiempo, aunque muy apenas. A salvo, ya afuera de la Unidad Sigma, completamente sellada, las dos mujeres se dieron el lujo de reposar unos momentos para recuperar el aliento, jadeando lastimeramente mientras se recargaban pesadamente sobre la compuerta metálica a sus espadas.

—Muy bien, encárguese de ello cuanto antes.

Ikari colgó la bocina, satisfecho de la conversación que había sostenido con Takashi, el segundo de Rivera. ¡Qué hombre tan práctico era ese Takashi! Si en lugar de ese mocoso insoportable él fuera el encargado de la División de las Naciones Unidas, las cosas no le resultarían tan difíciles. Había sido un buen día, hasta entonces, sin ese chiquillo engreído rondando por ahí.

—¡Apaguen esa alarma!— ordenó con aguardentosa voz, haciendo su entrada para adueñarse de la situación y retomando el lugar que por derecho le correspondía, relegando al viejo Fuyutski, quien quedó en segundo plano, como siempre —Llamen al Comité y díganles que fue una falla en el sistema de alarma.

Todos reconocían que el comandante Ikari era un astuto estratega, rayando en la genialidad. También le reconocían su don de mando. Gendo Ikari tenía madera de líder, había nacido expresamente para dirigir a sus prójimos bajo su mandato. Pero ante todo, Gendo Ikari era un político consumado. Gracias a sus movimientos y conexiones en aquel ambiente es que había escalado hasta la posición tan envidiable en la que se encontraba. Gracias a su hábil manejo en la política es que ahora controlaba la agencia que ocupaba más de un tercio del producto neto de la economía mundial. Y si algo le había quedado claro en todos esos años es que en la política lo que más importaba eran las apariencias. Sus detractores bien podían aprovechar aquel incidente, (¡un Ángel había logrado invadir el Geofrente sin que se diera cuenta!) para acusarlo de incompetencia al mando e iniciar un proceso para destituirlo. Por lo tanto, pondría todos los cuantiosos recursos de los que disponía para disimular lo mejor posible la situación, sin dejar saberle al exterior lo que en verdad estaba ocurriendo en esos momentos dentro de aquellas instalaciones.

—La zona contaminada sigue extendiéndose— anunció Hyuga desde su puesto, un nivel debajo de donde se encontraba el comandante, en una especie de balcón desde donde podía dominar la enorme sala de controles que se extendía bajo sus pies —Está invadiendo todos los bloques Sigma.

—Está en un lugar muy, muy peligroso— Fuyutski le susurró discretamente al comandante, cuidándose de no llamar mucho la atención.

—Es verdad. Está muy cerca de donde se encuentra… esa criatura… descuida, ahí lo detendremos, justo donde está. Si es necesario, sacrificaremos todo el Geofrente— Ikari le contestó en el mismo tono, pero luego recobró su volumen habitual para preguntar: —¿Cómo están los Evas?

—Listos y esperando lanzamiento en la Séptima Lanzadera. Tan sólo estamos esperando a que los pilotos estén disponibles— respondió Makoto enseguida.

—No hay necesidad de esperarlos. Láncenlos tan pronto terminen con los preparativos.

Shigeru y Hyuga se miraron con desconfianza entre sí, sin tener la menor idea de lo que se proponía ahora ese hombre.

—La Unidad 01 tiene prioridad— Gendo continuó dando instrucciones, sin importarle la gran cosa la confusión que provocaba en sus subordinados —Ya he contactado a la División de las Naciones Unidas para que hagan lo propio con la Unidad Z. Los demás no tienen importancia, pueden abandonarlos.

—Pero señor, con todo el respeto— Shigeru se armó de valor para hablar, poniéndose de pie —¿Cómo espera destruir al Ángel, sin los Evas?

—Si cualquiera de esas dos Unidades llegara a contaminarse, todos podríamos darnos por muertos. Así que hagan lo que les digo. ¡Ahora!— fue la respuesta que obtuvo, clara y concisa.

Apenados, ambos oficiales asintieron y se apuraron a cumplir con sus órdenes y bajo su supervisión los gigantes de carne y acero salieron disparados hacia la superficie como de rayo, además en tiempo récord.

Ikari y Fuyutski los vieron partir, sin que ninguna emoción se reflejara en sus rostros de piedra. Solamente el viejo profesor alcanzó a murmurar, suspicaz, como de costumbre:

—Muy bien… y ahora, ¿cómo se supone que vamos a derrotar al Ángel, sin los Evas?

Hubo que reunir a todos los mandos de NERV para tal efecto, es decir, además del comandante y el subcomandante, también a la Mayor Katsuragi, Jefa del Dapartamento de Tácticas y Estrategia, además de la Doctora Akagi, Jefa del Departamento de Desarrollo e Innovación Científica. Junto con los oficiales técnicos de más alto rango (Makoto, Shigeru y Maya) se encargaban de analizar la situación y definir el camino a seguir para darle una pronta solución.

—Miren esto— señaló Akagi, cuando observaba las gráficas en la pantalla —Se está concentrando justo aquí, en el límite del agua pesada. Donde se encuentra una mayor cantidad de oxígeno.

—Me parece que sus preferencias son muy claras— acotó Maya de inmediato.

—Puede que tenga razón, doctora— intervino Shigeru —Los lugares donde hemos suministrado ozono para mantener las condiciones de esterilidad aún no han sido infectados.

—¿Entonces podemos suponer que el ozono es la debilidad de este bicho?— inquirió Katsuragi, harta de tantos rodeos.

—Es probable, pero no podemos estar seguros hasta intentarlo...

Una vez que Ritsuko pronunció esas palabras, la atención de todos en la sala se dirigió hacia la persona de Gendo Ikari. Era él quien siempre tenía la última palabra en la toma de dichas decisiones.

—Muy bien. Háganlo— respondió el comandante, tan lacónico como siempre.

Al poco tiempo, la medida estaba llevándose a cabo con resultados positivos, pues la zona contaminada había dejado de extenderse, para satisfacción de algunos optimistas que ya comenzaban a ver el vaso medio lleno. Sin embargo, la batalla estaba aún lejos de ganarse, y eso lo sabían bien los mandos de la agencia.

El liberar ozono en las zonas aledañas a la infección había detenido su voraz avance y eso era bueno, no obstante que el ozono no podía hacer mucho para despejar el área contaminada, por lo que aún tenían que soportar la presencia de ese visitante tan indeseable. Ambas partes se habían atorado en todo ese embrollo, sin una salida a la vista: el diminuto ángel no podía avanzar más, pero sus enemigos tampoco encontraban la manera de poder deshacerse de él. Sin poder erradicarlo, debían conformarse con siquiera contenerlo, por el momento. Seguro que a alguien se le ocurriría algo con el paso del tiempo.

—Si tan solo Kai estuviera aquí— murmuró Misato, observando atentamente en los monitores el inalterable estado de la situación, como todos los demás. Entonces, al recordar a su pupilo una idea le vino a la mente y entusiasmada quiso compartirla con todos —¡Eso es! ¡Podríamos llamar a Kai por teléfono y...!

—¡Nada de llamadas al exterior, Mayor Katsuragi!— Gendo explotó ante la sola idea de tener que pedirle ayuda a ese mocoso arrogante —Nadie más debe saber lo que está ocurriendo en el Geofrente en estos momentos, ¿entendido?

La mujer se encogió de hombros, agachando la cabeza como una colegiala a la que su profesor acaba de reprender.

—Entendido, señor— musitó, aún sin reponerse de la violenta reacción de su superior.

Irónicamente, el humor del comandante habría empeorado mucho más si hubiera estado bien consciente de lo que acababa de hacer. Sin saberlo, le había salvado el pellejo al muchacho, al impedir la llamada telefónica que hubiera delatado su ausencia del departamento en el que supuestamente se encontraba en esos momentos. Cosas del destino, el joven tampoco tenía idea del enorme favor que su archienemigo le había hecho. Empero, estaba mejor enterado de otros asuntos, sobre todo de la situación tan desesperada en la que se encontraban en ese mismo instante las instalaciones de NERV.

A sus espaldas, Kaji se revolvía un tanto inquieto. La invasión de un ángel no estaba en ninguno de los escenarios que había previsto en caso de una contingencia.

—Tendremos que dejarlo hasta aquí, por ahora. No creo que podamos trabajar bajo estas condiciones.

—Relájate, aquí estamos a salvo. La infección ha sido contenida a varios niveles encima de nosotros— el muchacho tuvo que tranquilizarlo de nuevo, enterado de los acontecimientos gracias a la conexión con la red interna y analizando detenidamente todas sus posibilidades.

—Pues disculpa si estoy algo nervioso, pero nunca imaginé que un ángel se iba a reducir a tamaño microscópico para poder infiltrarse en el Geofrente. La sola idea de tenerlo tan cerca de nosotros, aún de ese tamaño, me da escalofríos.

—Hum— musitó Rivera, sin tomar muy en cuenta el bien fundado temor de su acompañante. Él, que en cambio había peleado cara a cara con aquellos monstruos en tantas ocasiones, parecía que por fin les había perdido cualquier clase de temor ó incluso de respeto —Cada vez esos fenómenos desgraciados se están haciendo más mariquitas. Reducirse a tamaño microscópico... ¡coyones! Saben bien que si se les ocurriera aparecer en persona más tardarían en llegar hasta aquí que yo en partirles la cara. Aunque debo reconocerles que no son tan estúpidos como parecen...

—Te oyes confiado, y con justa razón. Después de todo lo que pasó durante el último ataque, parece que el Eva Z es invencible.

—No, no, en eso te equivocas, Kaji. Zeta no parece, ES invencible. Es por eso que el enemigo prefiere esconderse y arrastrarse por el piso en lugar de venir y enfrentarme directamente.

—Lo dicho: te oyes muy confiado— sonrió Kaji al detectar la arrogante soberbia en las palabras del chiquillo, algo que nunca había escuchado en él. Por fin todo el poderío de su Evangelion se le estaba subiendo a la cabeza —Quizás más de lo que te conviene.

Si Kai escuchó esas últimas palabras, que sonaban ligeramente más a una advertencia que un consejo, no dio muestra alguna de haberlo hecho, sino todo lo contrario, las ignoró completa y hasta deliberadamente.

—Estos tarados sólo pueden contener al ángel a punta de ozono, pero no pueden restaurar las zonas afectadas. El bicho está acorralado y atrapado, pero con ese Campo A.T. nada de lo que hagan surtirá efecto. Todos están atrapados en un callejón sin salida... salida... podría ser... aunque...— el joven guardó silencio por unos instantes, dejando a su increíble poder mental funcionar a toda su capacidad —Espera un poco. Tal vez podemos hacer de esta ambigüedad una oportunidad— pronunció el chiquillo, emocionado, mientras sacaba presuroso varias conexiones más de su mochila y una libreta en la que comenzó a hacer apuntes rápidos.

—¿A qué te refieres?— preguntó un poco confundido su acompañante, aunque no tanto, pues tenía la certeza que algo se le había ocurrido al joven genio.

—Digo que podremos sacar provecho de toda la confusión y matar dos pájaros con una misma pedrada. Tú sólo espera y lo verás...

Y así, sin más, el niño prodigio volvió a poner manos a la obra, con la impetuosidad que caracteriza a la juventud despreocupada. Pero mientras ésta rindiera resultados, no había porqué quejarse al respecto. Por lo menos eso era lo que Ryoji Kaji se repetía a sí mismo, buscando tranquilizarse.

Aquella situación tan engorrosa se había prolongado por mucho más tiempo del previsto y no podían esperar que se pasara todo ese rato allí, de pie, como si fuera alguna estatua ó algo parecido. Bueno, quizás el tiempo y el lugar no le permitían tomar un cómodo asiento para simplemente seguir esperando, pero nadie se quejaría si sólo se recargaba un poco en una de las consolas. ¿Qué daño podría hacer?

Ó eso es lo que pensaba la Mayor Katusragi, solo que en cuanto decidió recargarse un poco en una de las consolas a su lado, un fuerte chillido salió de ésta, como protestando y de inmediato una señal de alarma se desplegó en todas las pantallas.

—¡Yo no toqué nada, en serio!— Misato se quiso excusar por su torpeza, temiendo haber descompuesto el equipo, pero no era el caso.

—¿Qué está pasando?— preguntó Fuyutski, haciendo caso omiso de las atolondradas disculpas de la Mayor.

—Estamos siendo hackeados, señor— respondió Aoba en el acto, sin darle crédito a sus propias palabras —Aún no se puede identificar al agresor.

—No es posible— mascullaron algunos cuantos, casi todos ellos muy familiarizados con el sistema. Que alguien sin permiso lograra introducirse en él era algo virtualmente imposible, no con MAGI cuidándoles las espaldas.

—Levantaré otro firewall y desplegaré una falsa entrada... eso debe darnos algún tiempo para determinar la ruta de salida del invasor— informó Shigeru al tomar medidas preventivas contra el ataque.

Para su sorpresa, la cual fue compartida por todos los demás en el cuarto de controles, el hacker no sólo evitó con facilidad la entrada de señuelo, sino que también superó rápidamente la barrera que le pusieron, e incluso otra más que siguió a la primera.

—Ningún ser humano podría hacer esto— musitó Makoto, anonadado por la escalofriante habilidad desplegada por ese misterioso atacante.

—El rastreo ha sido completado. El invasor se encuentra dentro de estas instalaciones— comunicó un joven técnico en cuanto tuvo los datos a la mano.

¿El hacker había tenido el descaro de estar en el Geofrente justo en el momento de la invasión? ¿Pero quién diablos se atrevería a cometer semejante disparate?

—Justo debajo del Ala B... ese lugar es...— continuó el técnico, cuando fue interrumpido por la doctora Akagi.

—¡Es donde se encuentra el ángel!

En efecto, en cuanto volvieron su atención a monitorear de nuevo la actividad del ángel, todos pudieron darse cuenta que era él el perpetrador de la invasión al sistema computarizado del Geofrente.

—Miren eso...— acotó Maya, indicando la estructura visible de la criatura —Su patrón óptico está cambiando...

—Esas líneas alargándose... parecen circuitos eléctricos. Cómo si fuera alguna clase de computadora— también Shigeru compartió su punto de vista al contemplar el inusitado desarrollo de tan extraña criatura.

Pero mientras ellos perdían tiempo en admirar su capacidad de transformación y adaptabilidad, el enemigo continuaba eficazmente su avance por las redes computarizadas que utilizaban. Aún cuando los técnicos volvieron a desplegar una falsa entrada, de nuevo resultó inútil. El nada gentil invasor seguía reventando muros de protección como si fueran pañuelos desechables, uno tras otro y no había gran cosa que pudieran hacer para evitarlo, muy a su pesar.

Tanto la frustración como la desesperación iban en aumento, y finalmente, sucedió lo inevitable, luego de que la ahora criatura cibernética entrara al servidor principal como si estuviera en su casa e hiciera y deshiciera a su entero capricho una vez allí dentro. Su objetivo, según su modo de proceder y las rutas de acceso que había estado tomando, ahora resultaba muy claro, pero por si las dudas Maya quiso hacérselo saber a todos a su alrededor.

—¡Está buscando ingresar a MAGI!

—Apaguen todo el sistema— ordenó entonces Gendo, queriendo tomar las riendas de la situación. No le permitiría a ese bicho malintencionado apoderarse de su Cuartel General. Lo dejaría encerrado en las redes y luego decidiría que hacer.

Makoto y Shigeru sacaron sus llaves de acceso, siguiendo cada cual los protocolos establecidos. Ellos dos eran los encargados de apagar el sistema, y ya habían hecho varios simulacros para tal efecto, por lo que la coordinación entre ambos no resultaba mucho problema. Aún cuando antes se pensaba que un ataque de esa manera contra MAGI era prácticamente imposible, el manual manejaba de todos modos una situación semejante. Ahora ambos oficiales daban gracias por todos esos estúpidos simulacros que tuvieron que realizar muy a su pesar, mientras se ponían de acuerdo una vez que habían insertado las llaves de acceso.

—A la cuenta de tres, ¿quieres?— le dijo Shigeru a su compañero desde el otro lado del dispositivo —Cuenta tú, amigo...

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