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El Proyecto Eva
Por: Gus (gus_charizard@yahoo.com.mx)

Capítulo Quince: EL valor de un milagro

El viento aúlla furioso, arrojando una gran cantidad de material por los aires. La tierra se resquebraja a cada momento, amenazando con partirse por completo bajo los pies. Una horrible luz ambarina ilumina el lugar de la noche perpetua, anunciando el inevitable final. Un aullido sobrenatural cimbra el suelo. Cientos de vidas son borradas en tan sólo un instante. Y comienza a ponerse peor a cada momento.

Los lamentos son ahogados por la propia voz de la Tierra, que ruge y se sacude furibunda, resistiendo con todas sus fuerzas al cruento castigo.

¿Qué pudieron hacer tus criaturas, Padre mío, para hacerte enfurecer de esta manera? ¿Quién podría sobrevivir a tu cólera?

Sus rodillas están muy débiles, puede notarlo mientras que sus pies se hunden completamente en la nieve. Ha sido un largo camino, y está muy cansado. Pero si vacila un poco, todo estará perdido. Debía seguir, tenía que continuar hasta que llegara a su objetivo. Fijaba su meta delante de sí, sin pensar en nada más salvo el llegar a tiempo a la tan preciada cápsula de prueba. Oprimía fuertemente el bulto que cargaba contra sí, temiendo que lo fuera a dejar caer. Sus brazos también le pesaban mucho. Un hilillo de sangre le corría libremente desde una arteria reventada a la altura del hombro.

Y a pesar que apuraba el paso, no conseguía ir más rápido. Su destino seguía igual de lejos, aparentemente. Aquello comenzaba a desesperarle. Apretó los dientes, luchando contra el inclemente viento huracanado y aquellos rugidos infernales que cimbraban el horizonte entero. Podía sentir la onda expansiva a sus espaldas, avanzar vorazmente sin nada que la detuviera. Era el final, no cabía duda.

Los disparos hacía mucho que se dejaron de oír, pero toda una carga de misiles SCUD rasgó el cielo, yendo directamente al falso sol que se levantaba sobre suelo antártico. Ni siquiera prestó atención al momento que éstos se desintegraron por completo apenas al acariciar la nube incandescente. Era inútil, cualquier cosa que intentaran para detenerlo resultaría inútil. Fue por la soberbia y la codicia de los hombres que se había adelantado el juicio.

Pero aún así, ¡era muy pronto! ¡Nadie estaba listo! ¡Nadie! Ni siquiera él había podido prever que aquello sucedería. Si hubieran tenido un poco más de tiempo, para prepararse adecuadamente. Quizás entonces su hija podría estar a salvo, en lugar de encontrarse desmayada en sus brazos, con heridas y contusiones graves. Había sido su culpa. No debió haberla traído a ese maldito lugar, para empezar. Pero era necesario. Era necesario que ella supiera, antes de lo inevitable, la razón por la cual su padre las había ignorado a ella y a su madre durante los últimos diez años. La salvación aún se ve tan lejos, admitía, jadeando, sintiendo que las fuerzas le abandonaban.

Si ella hubiera estado despierta, se hubiera disculpado. Aquello era su culpa, pues no había hecho intento alguno por detenerlo. ¡Maldición, nadie lo hizo! La temperatura. Dios mío, la temperatura está subiendo. Está subiendo, como si estuviéramos en el mismo infierno. La corriente destructora se acerca más y más, faltando tan poco para lograrlo. Un último esfuerzo, una última oportunidad para hacer algo de bien con lo que queda. Cumplir con el deber de padre, vamos, solo un poco más. Si alguien debe de sobrevivir a esto, debe ser ella. Ella lo logrará, ella es fuerte. Lo conseguirá. Tiene toda su vida por delante.

¡Por fin había podido alcanzarla! Las llaves del paraíso se encontraban delante de él. Sólo tenía que estirar su brazo para alcanzarlos, y lo habría logrado. Sin embargo... su brazo... lo sentía hecho de plomo... como si alguna fuerza invisible se le estuviera oponiendo. Tenía problemas para sujetar a su hija con un solo brazo. ¡Vamos, vejete, muévete, con un demonio! ¡Puedes hacerlo! ¡Puedes hacerlo!

Como pudo, se asió de la palanca del mecanismo de activación. Haciendo un esfuerzo descomunal, le dio vuelta, para que la cápsula pudiera abrirse con un sordo silbido. Estaba hecho, lo había logrado. ¡Ella sobreviviría!

Las cosas empezaban a agitarse. Lo mejor sería darse prisa. Y aún así, depositó a la luz de sus ojos con sumo cuidado en el interior del envase, tal y como si la estuviera arropando en su cama. Comenzaba a recuperar la conciencia. Con desconcierto, y un tremendo dolor punzándole en el pecho, abrió sus ojos al horror en que se había convertido la realidad. Observó el rostro de su padre, cuyas facciones estaban difusas por una espantosa luz que engullía todo a su paso. El fuerte viento lo despojó de su capucha, meciendo inclemente sus cabellos. A modo de despedida, los labios de él se movieron, articulando una frase que jamás le había prodigado: “Te amo”. No obstante, el barullo del fin del mundo se llevó pronto aquellas palabras, impidiendo que llegaran a su destinataria.

—¿Qué...?— la pregunta de la joven fue interrumpida de súbito por la compuerta que se cerró delante ella, sin contemplaciones.

Un nuevo temblor, mucho más fuerte que cualquiera de los anteriores lo arrojó al piso que se deshacía. No importaba ya. Lo había logrado. Se había asegurado de que su hija tuviera un futuro, en dado caso que el mundo tuviera uno. Todo lo que pasara después ya no tenía relevancia para él. Misato estaba a salvo. Se aferró con ambos brazos a la cápsula, abarcándola tanto como podía, como si la estuviera abrazando.

Y fue de esta manera que el doctor Katsuragi dejó la vida, luego de que la terrible onda expansiva le diera alcance y lo barriera por completo con una furia despiadada.

El continente de hielo es destruido por completo, reduciéndolo sólo a un recuerdo, derretido tan fácilmente como una simple paleta helada. Y en centro de la tragedia, cinco gigantescos pares de alas, difusas, hechas de luz brillante se agitan furiosas, provocando huracanes y marejadas con cada movimiento suyo. Un aullido desgarrador proferido por una poderosa garganta recorre las inmediaciones, para paulatinamente desaparecer y dar paso al lamento de un infante recién nacido, mientras que al mismo tiempo las alas luminosas se repliegan, se encogen y por último se desvanecen, como si nunca hubieran estado allí.

Todo atestiguado por una joven de quince años. Sus ojos aún se encontraban dilatados, su boca entre abierta, sin aliento, incoherente, luego de presenciar el macabro espectáculo que la dejaría marcada de por vida, tanto moral cómo físicamente. No podía evitar encorvarse, presa del dolor en su pecho. El vendaje de su padre se había deshecho ya, empapado por completo en sangre.

La compuerta había sido arrancada durante el impacto final, despertándola justo a tiempo para presenciar el Juicio Final. Se sostenía dificultosamente, flotando a la intemperie entre un océano de color rojizo que acababa de ser hecho, presenciando lo inimaginable y sin siquiera poder gritar. Por suerte para su ya golpeada cordura, había terminado pronto.

Aún no comprendía cabalmente lo que había sucedido. Sólo sabía que estaba herida, que desconocía donde se encontraba y que no había rastros de su padre por lado alguno. Su padre. Fue él quien la había dejado en ese artefacto. Pero, entonces, si él se había quedado afuera, en ese caso... en ese caso... buscó en vano a su alrededor algún otro náufrago como ella. Sólo quedaba una impenetrable oscuridad, un mar color sangre y un profundo silencio aterrador. Ya no le quedaba duda alguna de lo que le pasó a su padre, al hombre que se había sacrificado a sí mismo para salvarla. Desconsolada, sólo unas lágrimas cristalinas rodaron por sus pálidas mejillas. Al parecer tenía la laringe lastimada, pues no podía pronunciar palabra. Sólo llorar, estremeciéndose con su propio llanto.

¿Qué le quedaba ahora, en ese mundo devastado?

Quince años después, Misato Katsuragi no podía evitar rememorar aquellas escenas repletas de muerte y dolor cada vez que se desnudaba, ya fuera para cambiarse de ropa, bañarse ó tener relaciones. La cicatriz que recorría el sendero entre sus dos senos hasta el comienzo del ombligo resultaba muy difícil de ignorar.

Su semblante contraído se reflejó en el espejo, al tiempo que se apuraba a abrochar su sostén para poder ponerse una camiseta cuanto antes.

Apenas eran las siete de la tarde y ya el sol se había metido. No obstante, el día entero había permanecido nublado, hasta que la lluvia se decidió por aparecer sin previo aviso apneas unos cuantos minutos antes, aunque no los suficientes como para lograr que Shinji y sus amigos evitaran empaparse de pies a cabeza; apenas y si alcanzaron a llegar al departamento para ponerse a resguardo, demasiado tarde.

Sin embargo, los chiquillos no permitirían que ese pasajero inconveniente les arruinara la tarde tan entretenida que habían tenido en el centro comercial de Tokio 2, a donde habían ido para ver en el cine una película recién estrenada.

—¡Qué genial!— farfullaba Toji, secándose en la entrada del departamento, comentando lo más sobresaliente de la película —¡Ese sujeto hizo pedazos ese tanque sólo con sus manos!

—Pero lo mejor fue esa pelea a karatazos en la cima de la torre— continuó Kensuke, imitando las poses de los personajes —¡Quién iba a pensar que el otro tipo quedaría fulminado por un rayo!

—Pues yo opino que lo mejor de todo fue esa rubia escultural— pronunció a su vez Kai, poniendo cara de libidinoso cuando rememoraba las señas de dicha actriz —¡Caramba, me pregunto cómo puede desafiar a la gravedad con tanto equipo encima! No es que me queje, claro. Además, no había conocido a alguien que pudiera pasar tanto tiempo en ropa interior.

—¡Tienes toda la razón!— asintió Suzuhara, levantando el pulgar derecho —¡No puedo esperar a tenerla en disco para mí solito!

—Así, la bella Julianne me haría compañía durante esas noches taaan solitarias— ultimó Kensuke, dibujando en el aire la preciada silueta femenina con las manos.

Casi como si lo tuvieran ensayado, los tres acertaron al mismo tiempo en gesto cómplice, sonriéndose maliciosamente los unos a los otros para luego prorrumpir a carcajadas.

Pese a todo, Ikari no compartía su entusiasmo. Se le había visto parco durante el tiempo que duró su pequeño paseo a la ciudad vecina, y cuando se le pedía su opinión acerca de la cinta lo único que atinaba a decir, como distraído, era “estuvo entretenida”. Y no era precisamente porque las películas de acción clasificación B, con tramas previsibles, muchas explosiones y mujeres semidesnudas no fueran de su agrado. Había algo más, y Katsuragi sabía muy bien lo que era.

Shinji estaba distanciado porque a últimas fechas él y Asuka habían comenzado a ser algo más que amigos y aparentemente aún sentía cierta atracción por la alemana. Hasta había planeado el paseo cuidadosamente para levantarle el ánimo y tratar de arreglar las cosas entre ellos, fue por eso que había invitado a Kensuke y a Toji, también por ello escogió una película que no le gustara a la muchacha, para que no decidiera pegárseles, pero aún así todo resultó un tremendo fiasco. El muchacho estaba empecinado en evitarlo a toda costa y no tenía la menor intención de cooperar.

“Ni modo” se resignó, cuando paseaba la toalla sobre sus cabellos mojados, mirando el semblante mustio de su compañero de cuarto “La lucha se le hizo. Más, ya no puedo hacer.”

Aquella era una de las pocas ocasiones en las que Toji y su fiel acompañante, Kensuke, visitaban la casa de los Katsuragi. No era muy frecuente el que los invitaran, a pesar de que Kai, quien fue el primero en conocerlos, ya tenía bastante tiempo prodigándoles su amistad; quizás era por el lastimero estado en el que casi siempre se encontraba el departamento ó por que difícilmente los ocupantes de aquel lugar podrían ser buenos anfitriones.

De hecho, esa era la primer ocasión en la que visitaban el nuevo domicilio de sus compañeros de escuela, que era el penthouse del edificio. Y a pesar de ocupar la planta alta, no era tan espacioso como se hubiere pensado en un principio. Tan sólo tenía una habitación y un baño más, pero era lo suficiente como para cubrir satisfactoriamente las necesidades de sus nuevos y problemáticos inquilinos.

Sea como fuere, la presencia de los visitantes no pasó inadvertida, comenzando por Langley, que en cuanto oyó la puerta abrirse se asomó para averiguar quien había llegado. Tampoco ella se encontraba de muy buen humor. Hubiera querido que Katsuragi la invitara a acompañarlo a su visita al centro comercial, pero además de querer ver una película de muy mal gusto, al parecer prefería la compañía de sus tres ridículos amigos que la de ella. Su presencia habría arruinado lo que en otras circunstancias hubiera sido la ocasión perfecta para dar ese último paso que le faltaba dar a su relación. Aquello le molestó durante toda la tarde, y ahora que veía la oportunidad perfecta para desquitarse de esos enclenques no la iba a desperdiciar, comenzando por Ikari.

—¡Shinji!— reclamó en el acto, apenas sacando la cabeza de su cuarto, pero sin dejar de avispar con la mirada a los muchachos que se estaban secando en el recibidor —¡¿Me puedes decir porqué razón dejaste entrar a estos changos?!

—Porque allá afuera está cayendo un diluvio, Asuka— respondió con enfado el aludido, arrastrando el tono de su voz, haciendo lo propio para secarse.

—Además, yo fui el que los invitó— pronunció Rivera, sonriendo en forma socarrona.

La joven rubia pareció desconcertarse un momento, ante aquella pose de reto que le estaba poniendo el muchacho. ¿Acaso la estaba tanteando? ¿Quería probar sus límites? Por unos cuantos instantes permaneció indecisa. No quería comenzar a pelear, no que ahora todo marchaba tan bien entre los dos. Pero tampoco deseaba mostrar debilidad, pues bien podría aprovecharse de ello. ¿Qué hacer? Al final, optó por la medida que más le acomodaba, aunque no quedaba del todo satisfecha.

—¡Me da igual quien lo haya hecho!— finalmente contestó, blandiendo el puño en el aire, amenazándolos —Pienso meterme a bañar, y si cualquiera de ustedes se atreve a espiarme, ¡LOS MATARÉ! ¿Quedó claro?

—¡Cierra el pico, bruja! ¡A nadie le importa lo que hagas ó dejes de hacer!— contestó Toji de inmediato. Cuando Kai dejó de hacerlo, había quedado en sus manos la responsabilidad de oponérsele a la muchacha de cualquier forma. Se trataba de una tarea muy arriesgada en numerosas ocasiones, pero alguien tenía que hacerlo.

La joven dio un hondo resoplido, y sin más, puso punto final al altercado cerrando su cuarto de un portazo.

—Es extraño que cuando te prohíben algo, te den más ganas de hacerlo— suspiró el enamorado Kensuke, quien también seguía prendido de la autoritaria figura de la muchachita rubia. Resultaba curioso que, aunque fue él el primer enamorado declarado que tuvo la chiquilla, aún antes de llegar a Japón, nunca estuvo formalmente en la carrera por su corazón. De hecho, para la adorable criatura el tímido chico de anteojos era sólo una cara más entre las del montón.

Ikari y Rivera sostuvieron las miradas por un momento. Ahora podían comprender mejor las palabras y la actitud de su ingenuo amigo. Ellos también no podían dejar de lado aquellos sentimientos que les despertaba su compañera piloto, pese a los inconvenientes que eso les implicaba.

—¡Vaya recibimiento es este!— prorrumpió en escena Misato, rascándose desenfadadamente la nuca mientras que bostezaba y sostenía a Pen- Pen en sus brazos —¿Se puede saber porqué carajos hacen tanto escándalo, niños?

Ambos visitantes enrojecieron de inmediato a la sola vista de aquella belleza desfilar ante sus ojos. Podía haber muchas mujeres bonitas en el mundo, pero definitivamente Misato siempre sería su favorita.

—¡Buenas noches!— entonaron los dos al unísono, haciendo una tímida reverencia con la cabeza —¡Disculpe las molestias que le hayamos podido causar!

—Ah... este... no sabía que estaban aquí...— dijo por su parte la mujer, también algo apenada por sus modales y su apariencia descuidada, tratando de arreglar su cabello y los pliegues de su minifalda —Descuiden, que no lo dije por ustedes... no es ninguna molestia, al contrario... ay, qué pena, y yo en estas fachas... ¡Kai! ¿Porqué no me dijiste antes que teníamos visita?

Antes de que el muchacho pudiera contestar, Aida atajó pronto, notando un detalle en la insignia que llevaba la mujer sobre su chaqueta.

—¡Oh, así que por fin la han ascendido!— pronunció el chiquillo lleno de admiración, sin quitarle la mirada de encima al emblema, para luego rematar con un respetuoso y ceremonial saludo militar —Me alegro mucho por usted, señorita Katsuragi.

—Eh... muchas gracias... aunque no es para tanto— trastabilló un poco ésta, un tanto apurada y de alguna manera inquieta por el perturbador carácter del chiquillo, queriendo acabar la conversación lo más pronto que pudiera.

—¿Has dicho que te ascendieron?— preguntaron a la par Shinji y Asuka, quien había salido de su cuarto, queriendo investigar más acerca del asunto.

—¿Qué no lo habían notado?— les preguntó Kensuke, como si les estuviera reclamando —La insignia de la señorita Misato ya tiene dos rayas más. Eso quiere decir que la han promovido de capitán a mayor. ¿No es así?

—Sí... tienes toda la razón— asintió Katsuragi, mucho más apurada de llegar a su cuarto que antes, mientras que pensaba: “Este chico hasta da miedo” —Bueno, se quedan en su casa, muchachos. Acabo de llegar del trabajo y estoy exhausta, así que será mejor que me vaya a dormir. Y ustedes también traten de dormir temprano— les indicó a sus pupilos —Recuerden que desde mañana comenzarán las pruebas armónicas, y tal parece que estarán bastante pesadas.

—Muy bien— asintieron los tres, mientras que la mujer escapaba a la seguridad de su habitación.

Una vez que se fue, los chiquillos pudieron conversar sin tanta presión ni formalismos de por medio.

—No me había dado cuenta que Misato había sido ascendida— masculló Ikari, como queriendo disculparse.

—Aunque no sé cómo quería que nos enteráramos, si ni siquiera ella misma nos lo dice— completó la joven europea, sin querer admitir su descuido.

—Qué desconsiderado de su parte, ni siquiera la felicitaron— arguyó Toji, cruzándose de brazos y meneando la cabeza en tono reprobatorio, quien a su vez, de no haber sido por sido por la intervención de su amigo, tampoco se hubiera enterado de dicha promoción.

—Lo que pasa es que tiene otras cosas en mente que un simple ascenso— comentó Rivera, mientras se sentaba en la cocina y comenzaba a servirse un tazón de cereal —En realidad, sus verdaderos objetivos van mucho más allá que una simple carrera militar llena de condecoraciones.

—Aún así, deberían tenerle más consideración— arguyó Aida, cuando se sentaba en la sala junto con Shinji y Suzuhara —Ella se sacrifica mucho por ustedes, por lo menos deberían ser agradecidos. ¿Tienen idea de lo difícil que debe ser cuidar de un niño, a su edad? Ahora imagínense lo que debe ser tener a cargo a tres...

Sin notarlo, como siempre, la lengua de Kensuke había resbalado. Para cuando se percató de ello ya era demasiado tarde. La cara que puso Kai, y el gesto distante que le siguió, lo dijeron todo.

—¡Kensuke!— lo acalló Toji, apenado por la descortesía de su amigo.

—Kai... lo siento... yo no quise decir que tú...— intentó disculparse, sin éxito, igualmente avergonzado por no pensar bien las cosas antes de decirlas.

—No, está bien... tienes toda la razón...— pronunció el muchacho, cabizbajo, sorbeando su cereal preparado con leche —Ella... ha sacrificado muchas cosas por mí... aunque no sé si merezco tanto esfuerzo de su parte...

El joven Katsuragi ya no dijo una palabra más, sumiéndose en sus propios pensamientos. En ocasiones sí se había puesto a pensar lo complicado que le resultaría a una joven tan atractiva como su madre adoptiva tener que lidiar con un niño a cuestas, y toda la responsabilidad que ello implicaba. Haciendo cuentas, tenía once años viviendo con ella. Eso quería decir que desde los 19 años se había hecho cargo de él. Además de tener que preocuparse por estudiar su carrera, había tenido que conseguir un empleo estable para solventar los gastos de ambos. Eso le dejaba muy poco tiempo libre, para poder divertirse como cualquier otra joven de su edad. Su juventud pasaba desperdiciada por el deber de criar a un chiquillo desamparado. Además, era su culpa que Kaji hubiera terminado con ella, cuando se le veía tan feliz a su lado.

Sí, Misato se había tomado muchas molestias por tenerlo a su cuidado. ¿Acaso habrá valido la pena? ¿Alguna vez podría pagarle todo lo que había hecho por él? A veces se preguntaba si ella no hubiera sido más feliz sin tener que encargarse ella sola de su educación.

Apenados, sus amigos lo observaban en silencio, mirando detenidamente su expresión sombría y apartada. Al parecer, aquellas palabras sí le habían calado hondo, prueba de que ya se había puesto a pensar detenidamente en ello con mayor anterioridad. Pero, ¿cómo solucionarlo? Por donde se le viera, lo que dijo Aida tenía mucho de verdad, aunque la forma ni el momento resultaron los adecuados para soltarlo así como así.

Mortificada por el aspecto que el joven mantenía, Asuka también lo veía, pensando en alguna manera de confortarlo, sin ocurrírsele nada que resultara útil. Paseó la vista por el lugar, para terminar mirando con desdeño a sus supuestos amigos, quienes habían sido los que lo lastimaron de esa manera. Eso se sacaba por juntarse con sujetos de esa calaña, ya se lo había advertido mucho antes. Le preocupaba mucho la clase de gente con la que se rodeaba. Quizás de ahora en adelante la escucharía mejor cuando quisiera darle un consejo.

—Imbéciles— musitó la jovencita con la vista clavada en ellos, haciéndolos sentir tan bienvenidos como a un virus, para luego dirigirse a su cuarto y ya no salir de él.

—Creo que lo mejor será irnos, Kensuke— indicó Toji, señalando la puerta con un gesto.

Y, a pesar de que seguía lloviendo, nadie se opuso a que se fueran, pues resultaba la decisión más sensata en esos momentos.

A pesar de la tranquilidad absoluta que predominaba en el laboratorio de pruebas, la situación era muy tensa. Para poder ejecutar las mencionadas pruebas de armonización los pilotos requerían completa concentración, y sobre todo de mucho esfuerzo mental. Muchas veces estas situaciones acarreaban consigo una gran carga de stress, tomando en cuenta, sobre todo, la edad de los pilotos. Aún así, las diferentes pantallas que mostraban los rostros de los infantes no reflejaban molestia alguna en ellos. Aquella expresión serena, de meditación profunda en sus caras no había cambiado un ápice en horas.

Hasta ahora, sin embargo, todo estaba saliendo a pedir de boca. Ritsuko y su equipo estaban obteniendo datos muy valiosos para su investigación. Enclaustrados en unas réplicas muy semejantes a las de sus cabinas, sumergidos a cierta profundidad dentro de LCL concentrado, los cuatro pilotos demostraron aptitudes y habilidades satisfactorias para una sincronización aceptable con sus Evas. No obstante, era un par de ellos los que desplegaron un avance mayor que el del resto de sus camaradas, detalle que el equipo de investigación científica no quiso pasar por alto.

—Unidades Cero y 02 acercándose al umbral de la zona de contaminación— anunció Maya, deteniendo el descenso de dichas cápsulas en ese líquido tan rojo y espeso —Han llegado a su límite, doctora.

—Las unidades 01 y Z aún mantienen un margen de tolerancia— dijo la mujer con el cabello teñido, revisando las lecturas en una consola —Traten de incrementar la profundidad de ambas a 0.3.

—La Unidad 01 se aproxima al borde de la zona de contaminación— volvió a indicar su asistente, aunque mucho más sorprendida que la vez anterior.

—¿Y aún así puede mantener estas lecturas tan altas? ¡Increíble!— el comentario de Akagi casi se escuchó como una muestra de apoyo hacia el piloto. Casi.

—Su nivel de armonía, y también su radio de sincronización se están acercando bastante a los de Asuka. Me parece que en cualquier día de estos la alcanzará— anunció Maya, comparando datos desde su puesto en el laboratorio.

Al margen del proceso de investigación, la ahora Mayor Katsuragi se mantenía al tanto de la situación, de pie y con los brazos cruzados en una esquina del lugar. Estaba anormalmente callada, inspeccionando a todo y a todos minuciosamente con la mirada. Tomaba nota, sobre todo, del exagerado entusiasmo que manifestaba la jefa de investigaciones con el avance de sus pilotos. Aquello no era una muestra de alegría por lo que podría significar un gran paso para lograr la victoria sobre el enemigo, eso le quedaba claro. Había algo más oculto en tal actitud de satisfacción. ¿Qué se estaban proponiendo los Altos Mandos esta vez?

—¿Qué hay de Zeta?— cómo esperaba Misato, el semblante casi orgulloso de la científica se transfiguró en una mueca de desdén al pronunciar aquellas palabras y dirigir la mirada hacia el rostro que se transmitía en el monitor de dicha cápsula. Por donde se le viera, la faz despreocupada de ese muchacho reflejaba que se encontraba aún más tranquilo que sus otros tres compañeros. Aquello, como cualquier otra cosa que no pudiera entender y controlar completamente, desesperaba en demasía a la doctora.

—La Unidad Zeta aún se encuentra al margen de la zona de contaminación. A este ritmo, puede descender el doble de su profundidad sin mayor dificultad— pronunció Maya, un tanto temerosa por lo que estaba presenciando.

Se podía percibir otra estado de ánimo en la mayoría de los miembros del equipo, en cuanto a Zeta se trataba. A diferencia de las otras unidades, en las que cualquier progreso que enseñaran era motivo de admiración, cualquier avance del Eva Z era tomado como algo alarmante, pues estos avances siempre eran a pasos gigantescos, inconcebibles, desafiando a toda lógica. Nadie estaba completamente seguro de los verdaderos alcances de la Unidad Zeta, ni de lo que era capaz de hacer, por lo que los empleados de NERV íntimamente relacionados al funcionamiento de los Evas estaban comenzando a transferirle una cualidad sobrenatural, alimentado principalmente por su propio temor a aquello que no alcanzaban a comprender.

Sin contar la escabrosa habilidad de su joven piloto para, en apariencia, poder controlar el nivel de sincronía con su Eva a su completo antojo. Aunque todavía no se comprobaba, el personal de investigación, y muy particularmente la doctora Akagi, habían fijado alguna vez en 500% el máximo nivel de sincronización entre el piloto y el Eva Z, hasta el momento; ello superaba la mayor marca registrada por NERV, que estaba fija en un 450%, y esto había acarreado consigo consecuencias fatales. Y ahora, llegaba este niño, quien fácilmente vencía límite tras límite sin mayor problema. ¿Cómo era aquello posible? Ritsuko tenía una ó dos teorías, pero sin poder practicársele estudios más profundos al piloto, debido también a su alto puesto dentro de las Naciones Unidad, sus hipótesis sólo quedaban en eso, sin poder llegar a ser hechos comprobados.

—Es como si fuera un don natural— comentó Maya sin notar la turbación en su superior, así como su mandíbula apretada—¿No lo cree así, doctora?

—Pareciera que esos dos chicos nacieron para pilotear un Evangelion— acotó otro técnico de menor rango.

—Pese a que ninguno de los dos jamás lo pidió— intervino la mayor Katsuragi, emergiendo de su aislamiento autoimpuesto —No deben estar muy contentos con eso.

—Eso lo sabemos muy bien— le contestó Akagi, mirándola fijamente. ¿Es que acaso la mayor Katsuragi sospechaba algo? —Por lo menos con Shinji. Pero, ¿qué tal Kai? Estoy segura que haría cualquier cosa que le pidieras. Todo, con tal de verte complacida.

—¿Qué está tratando de insinuar, doctora Akagi?— Misato atisbó el tono hiriente en aquellas palabras.

Los demás técnicos y oficiales que se encontraban en la sala se miraron de reojo los unos a los otros sin decir cosa alguna, nerviosos. Una vez más, se encontraban atrapados en una de las disputas que sostenían constantemente la Jefa del Departamento de Investigación Científica y la Jefa del Departamento de Tácticas y Estrategias, pese a ser tan buenas amigas. La atmósfera se ponía mucho más tensa en esas acaloradas discusiones. A decir verdad, muchos se sorprendían que aquellos desacuerdos nunca hayan terminado en golpes.

—Nada en particular— continuó la rubia —Sólo me parece muy curioso que al principio de esta etapa del Proyecto, el joven Kai se mostraba bastante reacio a tripular un Eva bajo las órdenes de NERV, pero viéndolo ahora parece estar muy bien acomodado en su papel de piloto, ¿qué ó quién habrá sido el responsable de tal cambio? Tengo una idea al respecto; no obstante, todavía puede darse el lujo de ser selectivo con los deberes que tiene que cumplir, cómo por ejemplo, practicarle una serie de estudios mucho más profundos que lo habitual.

—Pese a lo que crea, Kai tiene sus propias razones para estar dentro del Proyecto Eva, y sólo él es quien decide el rumbo de su camino, así como el cumplimiento de sus obligaciones como piloto. Y la última vez que revisé, servir como un maldito conejillo de indias no es uno de ellos.

Las cosas estaban mucho más agresivas de lo habitual. Quien sabe hasta donde irían a parar, de no ser por la oportuna intervención de la persona que era el origen de la acalorada discusión.

—Oigan, ¿ya mero acabamos? ¡Hace hambre!— pronunció el muchacho a través de la pantalla, sin bajar un ápice su porcentaje de armonización —Quiero ir a echarme unos tacos...

—¡Aún no!— respondieron las dos mujeres al unísono, irritadas por su interrupción, además del tono insolente que empleaba —¡Aún hacen falta más pruebas!— completó Akagi, sin reparar en los datos que le llegaban en su consola.

—¿Más pruebas?— preguntó desanimado el chiquillo —¿Qué más falta por probar? ¿La armonización? ¡Prueba esto, entonces!

Con un solo gesto del niño, el contador del nivel de armonía bajó unos cuantos puntos, quedando apenas en el límite de contaminación mental, para entonces repuntar y rebasar por tres puntos su registro anterior, sólo para volver a reducirlo y entonces aumentarlo de nuevo abruptamente. La bravuconada se repitió por unas tres veces más, ante los rostros estupefactos del personal presente, quienes no daban crédito a lo que veían.

—¡¿Quieres dejar de hacer eso, chiquillo del infierno?!— reclamó Ritsuko —¡Arruinarás los instrumentos!

Hasta muy entrada la tarde fue que concluyeron las dichosas pruebas, no sin antes sortear numerosos inconvenientes como aquél. Fue agotador, pero finalmente, poco antes de las ocho, el personal había terminado de recabar información y los pilotos ya podían marcharse a descansar. Se suscitó un altercado entre Asuka y Shinji cuando éste último fue felicitado por gran parte del personal de investigación, incluida la doctora Akagi, por sus notables avances; aparentemente, en su línea adoptada tiempo antes de hostigar a Ikari, a la muchachita tampoco le cayó muy en gracia ver amenazado su puesto entre sus compañeros por el tímido Shinji, quien discretamente, sin hacer mayor alarde de ello, se estaba aproximando a sus lecturas. Ello derivó en que tanto la alemana como el chiquillo viajaran por separado al apartamento, una en taxi, el otro a pie.

No obstante, fue hasta pasadas las diez que Misato y Kai abandonaron los cuarteles. El joven había declinado acompañar a sus camaradas en el trayecto a casa, optando por esperar un rato más a la recién nombrada Mayor Katsuragi, con tal de pasar un tiempo en su compañía. Hacía mucho que los dos no podían conversar a solas, por lo que la plática no se hizo mucho del rogar.

—¿Y viste la cara que puso Asuka cuando Ritsuko felicitó a Shinji?— preguntaba animado el muchacho, en el asiento del copiloto, mientras jugueteaba con la radio —¡Si hasta le dio una palmada en el hombro!

—Pobre Shinji— pronunció la mujer, compadeciéndose del chico, pero con la misma expresión risueña de su acompañante, cuando conducía su vehículo por un túnel —Asuka debió comérselo vivo...

—Pues al parecer, Shinjito sigue clavado con Asuka— comentó el chiquillo, aunque en un tono más serio, casi preocupado.

—¿Cómo lo sabes?

—Eh... pues sólo lo sé... se le ve en la cara, supongo; además de que sigue sin querer hablarme. Ayer que fuimos a pasear apenas si me dirigió la palabra.

—Qué raro, y yo que pensaba que estaba más interesado en Rei.

—Yo también.

—Y... ¿eso te importa? Digo, el que esté interesado en cualquiera de las dos.

—No lo sé... es muy difícil... a veces me parece que todavía siento algo por Rei... la veo... y siento un no sé qué... pero luego está... tú sabes, no quedamos en muy buenos términos que digamos... y Asuka... no me imagino a donde voy con ella... digo, es muy bonita, y le gusto y parece que sí quiere, pero... es decir, ¡caray, es Asuka! La misma chiquilla pecosa con la que me agarraba de las greñas cuando era pequeño... además vive con nosotros, va a la misma escuela, al mismo trabajo... no sé si aguantaría verla todo ese tiempo.

—¡Qué indeciso eres!— dijo divertida Misato, dando una vuelta a la derecha —A ver si luego no te quedas como el perro de las dos tortas, sin una y sin la otra tampoco... aún así, me enorgullece que mi peque se haya convertido en todo un galanazo— continuó en el mismo tono, mientras que alborotaba la melena del muchacho, haciéndolo enrojecer —¡Eres el azote de las muchachitas!

—Pero todo es gracias a ti— señaló Kai —Por darme siempre mi chocolatote, y por todo lo que me enseñaste...

—¿Y a qué viene todo eso?— advirtió Katsuragi, mirándolo de reojo al percatarse que otra vez la conversación adquiría tono serio.

—Es que he estado pensando mucho últimamente... en todo lo que dejaste para cuidarme todos estos años... y me siento muy apenado... no sé si podré agradecerte todo lo que haces por mí.

Había mucho remordimiento en aquellas palabras, y así lo advirtió la conductora. El muchacho se encontraba cabizbajo, como si lo hubiera acabado de regañar. Aunque a veces ella pensaba un poco en lo mismo, no pretendía que su protegido cargara con el peso de tal decisión.

—¿Sabes algo? Siempre que te veo me convenzo que todo eso bien valió la pena, con tal de verte crecer y ver en lo que te has convertido... al sopesar los costos, me doy cuenta que no fue tan duro como muchos creen. Además, ¡eres mi persona favorita! Haría mucho más por ti, si es necesario...

—Pero... perdiste muchas cosas por mí... Kaji...

—Kaji es cosa muy aparte, y tú nada tuviste que ver— lo interrumpió de súbito la mujer, apenas había pronunciado aquél nombre —Ya te lo había dicho antes... ¿De dónde es que sacas todas esas ideas tan locas?

—Bueno, me lo imagino... además mucha gente me lo dice: “¡Qué difícil debió ser para ella, tan joven!” “¿En serio te cuidó todos esos años? ¡Y a esa edad!” Apenas ayer Kensuke...

—Le prestas mucha atención a lo que dice la gente, nada más cuando quieres— lo volvió a interrumpir, posando su mano sobre su cabeza —Deja que los demás digan misa. Quizás si hayamos pasado por momentos difíciles, todos estos años, pero aún así yo lo hacía con mucho gusto porque te quiero, y ahora no permitiría que nada te alejara de mí... nada...

Por unos momentos, ninguno pronunció palabra. El muchacho estaba enternecido, pero también muy apenado. No encontraba el modo de decirle algo para corresponderle, no sin el riesgo de caer en lo absurdo; pero algún día, encontraría el modo de también demostrarle su afecto.

—¡No se te ocurra salir con una de tus cursilerías, ó aquí mismo te bajo!— atajó la mujer, retomando el tono de chanza habitual entre los dos.

—Muy bien, muy bien... que al cabo ya vi que se te andan escurriendo las lágrimas, al rato van a ser los mocos.

Llegaron, pues, al poco rato a su hogar, bien dispuestos a tomar un buen descanso luego de un día tan agotador. No obstante, la noche apenas comenzaba, como pudieron percatarse apenas al abrir la puerta de su departamento. Una pancarta pintarrajeada con motivos alegres fue la primer cosa que los recibió: “¡MUCHAS FELICIDADES, MISATO-SAN!”

—¡¿Qué diablos?!— exclamó después Kai, al advertir la presencia de varias personas en su casa. Ó se habían equivocado de apartamento, ó se trataba de una fiesta.

—¿Una fiesta? ¿Y para mí?— pronunció Misato a su vez, llena de admiración cuando Shinji, Asuka, Kensuke y Toji les salían al paso —¡Muchas gracias, chicos! No debieron haberse molestado.

—De ninguna manera, señorita— contestaron al unísono sus dos grandes admiradores —No fue molestia alguna, ¡felicidades por su ascenso!

—¿Alguien me puede explicar que está pasando aquí?— demandó Rivera, con expresión aburrida, rayando en el enfado.

—Ni hablar... hace rato que estos dos llegaron con Shinji y comenzaron a poner la casa de cabeza— respondió la joven europea con la misma expresión en su linda cara.

—Son cosas de Kensuke— admitió Shinji, risueño, pero a la vez sumamente apenado. No estaba muy convencido de que tanto jolgorio fuera tan buena idea.

—Sentimos que era nuestro deber, fue por eso que nos pusimos de acuerdo con Ikari— completó Aida, acercándose a donde estaban —Sobre todo por lo de ayer... espero puedas disculparme...

El muchacho de gafas de veras estaba avergonzado, podía notársele en el rostro. Su amigo lo observó por algunos momentos, dubitativo, para luego levantar el mentón, olfateando un aroma que provenía de la sala.

—¿Acaso es una parrillada lo que huelo?— acusó, y después de que Kensuke afirmó con un movimiento de cabeza lo tomó por los hombros y se dirigió de inmediato hacia la fuente de aquel delicioso olor —¡Entonces, chaparro, puedes considerarte perdonado! ¡Ahora, dame de comer!

Al poco rato, los asistentes ya estaban sentados en torno de una parrilla portátil que habían instalado en medio de la sala, donde comenzaron a degustar el asado que preparaba Aida, quien al parecer poseía amplia experiencia en tales lindes, seguramente por esa afición suya de salir a acampar tan seguido.

“Pues mientras se pueda beber para la ocasión, por mí no hay ningún problema” pensaba la festejada mientras le daba otro sorbo a su cerveza. Sólo ella y Kai se encontraban bebiendo. “Además, todo esto es de gorra. No tuve que pagar ni un quinto por nada”.

—Eh... con permiso...— pronunciaba tímidamente Hikari mientras pasaba por la puerta que habían dejado abierta, para que el humo no se estancara —Buenas noches...

Enseñando sus buenos modales, la jovencita de las trenzas esperó en el recibidor hasta que fue invitada a entrar.

—Pasa, Hikari, no hay cuidado— se levantó Langley para recibirla, admirada de sus atenciones. Era una de las razones por las que simpatizaba tanto con ella —No deberías ser tan educada con estos simios...

—Mucho gusto, soy Hikari— se dirigió a donde se encontraba sentada Katsuragi, entregándole un ramo de flores como presente —Disculpe la molestia.

La mujer quedó igualmente maravillada con los modales de la chiquilla. Incluso llegó a sentirse avergonzada por ella misma, pues debió haberse levantado también para invitarla a pasar.

—Al contrario, mientras más vengan, es mejor— contestó apuradamente sosteniendo el ramo en su regazo —Eh... muchas gracias por las flores...

—Este... Kai...— le murmuró al muchacho, el cual estaba a lado suyo, una vez que Asuka se llevó a la recién llegada para que se sentaran juntas —¿Tenemos algún florero, ó algo que se le parezca?

Ello demostraba que era muy raro tener ese tipo de ornamentos, tan habituales en cualquier lado, en aquella casa. Misato era una mujer tan descuidada que no tenía la atención como para adornar de esa manera su hogar.

—Pues... no, que yo sepa— le contestó el jovenzuelo del mismo modo, cuidándose que tanto Hikari como la alemana no los vieran —Supongo que podríamos ponerlas en la jarra donde preparamos la piña colada...

—Hazlo... ¡pero que nadie se de cuenta para qué es la jarra!— le indicó, pasándole cuidadosamente las flores.

Mientras tanto, la presencia de Hikari no pasaba desapercibida para los demás muchachos. El primero en hacer un comentario al respecto fue Suzuhara, quien era el más arrojado de los tres.

—¿Y qué es lo que está haciendo aquí la representante de clase?— se extrañó, temiendo reconocer a la chica como otra cosa que no fuera “la jefa del salón”.

—La invité yo, por supuesto— intervino de inmediato Langley —Esto iba a estar muy aburrido, con unos burros sin remedio como ustedes... especialmente tú...

—¡¿Qué estás insinuando, metiche?!— contestó el chico con la misma rapidez. Era obvio que se traían algo, esos tres.

En cambio, para Shinji, quien no estaba al corriente de los hechos, todo empezaba a resultarle tedioso. Asuka, Toji y Hikari comenzaban a cuchichear sobre algo que no entendía muy bien, Kensuke estaba muy afanado cuidando de que la carne no se le quemara. Cuando iba a la cocina, a Kai se le ocurrió prender el radio. Lo que faltaba.

No lo admitiría públicamente, pero a Ikari le disgustaba sobremanera todo ese bullicio, lo hacía sentirse incómodo, mucho más si sentía que no encajaba en ninguno de los pequeños grupos que se formaban.

—¿Te resulta difícil?— le preguntó de súbito la mujer, acercándosele sin que se hubiera dado cuenta —¿Adaptarte a este tipo de situaciones?

—No estoy muy acostumbrado a estar rodeado de tanta gente— confesó el chiquillo, una vez repuesto de la sorpresa —¿Porqué tienen que hacer tanto escándalo? — pronunció entre dientes, en un tono desdeñoso mientras volteaba hacia sus tres compañeros de escuela, quienes seguían discutiendo —Tu ascenso parece ser motivo de orgullo para otros, pero no parece que lo sea para ti— acotó enseguida el muchacho, afanado en examinar la situación tan rara en la que se encontraba.

—Tal vez tengas razón... no es que no esté orgullosa de mí misma... sólo ligeramente complacida... como sea, los rangos tampoco son mi mayor preocupación.

—¿Y entonces? ¿Cuál es la razón de que estés trabajando en NERV?

La mujer le dio un trago profundo a su segunda lata de cerveza, para entonces soltar un hondo suspiro y responder, un tanto alejada:

—No me acuerdo muy bien... sucedió hace tanto tiempo que...

Una nueva serie de llamados a la puerta la interrumpió de sus pensamientos, al mismo tiempo que Langley se apuraba para levantarse y abrir, en medio de expresiones de júbilo, con una expresión radiante y vivaz en su rostro:

—¡Ese debe ser Kaji, sin duda!

—¡¿Qué?!— musitó en el acto su anfitriona, sentada en su lugar —¡¿Te atreviste a invitar a ese imbécil?!

Asuka no atendió al reclamo, tan afanada estaba en recibir a su admiración como se lo merecía. Pese a todo, su algarabía se desvaneció cuando vio entrar al susodicho en compañía de la doctora Akagi, quien lo tenía agarrado por un brazo. Aquella demostración de súbita familiaridad tampoco pasó desapercibida para la festejada, quien desde su sitio en la mesa los fustigó con la mirada, al igual que la chiquilla de pie.

—Vine directamente desde el cuartel, y me encontré con Rikko a la salida— señaló el hombre cuando se quitaba los zapatos para entrar al apartamento, al tiempo que Kai, a sus espaldas, cerraba la puerta —Espero que no les moleste que la haya invitado.

Aquella explicación no sirvió la gran cosa para cambiar la expresión desconfiada que tenían en sus rostros tanta la jovencita como Misato.

Divertida en sobremanera por la reacción de ambas, Ritsuko no pudo hacer menos que saborear el descontento que estaba provocando, para luego preguntar con tono malicioso, a la vez que recargaba su cabeza sobre el hombro del codiciado sujeto:

—¿Celosas?

—¡Claro que no!— señalaron las dos casi al parejo, meneando la cabeza.

Así que mientras Katsuragi se refugiaba en su cerveza para fingir, asimismo Asuka se apresuraba para tomar al desprevenido Kai de la mano y dirigirse otra vez a la mesa, seguidos por los recién llegados.

—No había tenido oportunidad de felicitarla por su ascenso, Mayor— Ryoji se condujo con sumo respeto a la festejada mientras tomaba su lugar en la mesa. Hasta sus cumplidos iban llenos de socarronería —Parece que a partir de ahora voy a tener que ser más cortés cuando te dirija la palabra, ya que tengo que tratarte como a un superior.

—¿Por una vez en tu vida podrías tratar de no comportarte como un idiota?— farfulló la mujer, volteando el rostro hacia otra dirección, un tanto avergonzada.

Lejos de querer desistir, el mordaz Kaji continuó en sus intentos de hacerle perder piso a la celebrada, tan entretenido se encontraba en tales lindes:

—Me parece que es la primera vez que tanto el comandante Ikari como el sub-comandante Fuyutski están fuera de Japón. Eso quiere decir que confían lo suficiente en la Mayor Katsuragi como para confiarle en que cuide de la casa mientras ellos no están.

—¿Qué quiere decir eso?— interrumpió Shinji, extrañado, como casi siempre.

—Quiere decir que mientras el barbas de chivo y el abuelo están fuera, Misato es la que está a cargo de todo— le respondió Kai, tomando parte en la conversación —Me parece que se dirigían a una reunión en Alemania con el Concejo de Naciones, ¿no es así? Qué triste es cuando una persona se rebaja a tener que rogar...— murmuró con aire socarrón, dándole un gran sorbo a su lata de cerveza.

—¿A qué te refieres?— preguntó por su parte Akagi, con el entrecejo fruncido.

“Esto no va nada bien” pensó el joven Ikari, apurándose por levantarse e ir a la cocina, buscando un lugar seguro. Era obvio que su compañero de cuarto estaba buscando la confrontación con aquella mujer.

—Que el comandante aún espera salvar lo que queda de su presupuesto. Seguro que fue a presentarles ese nuevo artilugio en el que están trabajando para los Evas, ¿no?

—¿Y tú que tanto sabes al respecto?— preguntó sobresaltada la científica, palideciendo.

—No mucho... me lo suponía, creo, y ahora has sido tú la que ha confirmado mis sospechas— de un trago terminó con el contenido del recipiente en sus manos y continuó, con una mirada divertida —Aún así, no hay gran cosa que puedan hacer... el comité ya comenzó a dar fondos para la construcción de Alfa y Beta... los trabajos empezarán en un par de semanas, mientras reúno a la gente que pueda con el paquete, así que ya no hay marcha atrás...

—Eso es lo que tú crees— contestó altanera la doctora.

El jovenzuelo pensaba responderle con una frase igual de retadora, mientras que se hacía de una nueva lata. Sólo que Langley, examinando fríamente la situación y oportuna como nunca, decidió intervenir, arrebatándole el envase cuando pretendía abrirlo.

—¡No, no y doblemente NO!— reclamó, acusando a su compañero con el dedo índice, moviéndolo de lado a lado —¡Un muchacho tan apuesto y sano como tú no debería estar tomando estas porquerías! ¡No es lo adecuado!

Rivera estaba tan sorprendido como todos los demás: ¿acaso ella había dicho “apuesto”? ¿Y acaso pretendía decirle qué hacer? ¿Pues quien se estaba creyendo que era esa...?

—¡Me gusta esa canción! Ven, quiero que me saques a bailar— Asuka no dio tiempo para objeciones ni nada por el estilo, sujetando fuertemente al jovencito por la muñeca y arrastrarlo literalmente hasta la sala, donde había espacio suficiente para hacer lo que pretendía.

Era una escena bastante curiosa: la muchachita europea, derrochando el entusiasmo y la vivacidad que la caracterizaban, de pie frente a Kai, moviendo su menudo y alegre cuerpo al compás de la estridente música, al tiempo que intentaba enseñarle unos pasos a su acompañante, cosa que resultaba bastante difícil, dada la poca disposición de éste y sobre todo la ausencia casi completa de habilidades para el baile.

En efecto, los vergonzosos intentos del muchacho por seguir el ritmo de la extranjera resultaban muy divertidos para los asistentes a la reunión, riendo entre dientes cuando apreciaban la escena. Parecía que Kai tenía los pies pegados en el piso. Sin embargo, pronto la chiquilla también jaló a la improvisada pista de baile a Hikari y a Toji, quien en un principio también se mostró un poco renuente, pero que al cabo de un rato se encontraba bastante entretenido bailando junto con la jefa del salón. Además, lo alentaba el hecho de saber que lo hacía mejor que Katsuragi. Al fin había encontrado una cosa en la que era mejor que él.

Como fuere, a escondidas todos admiraban la sagacidad que Langley demostró al cortar de tajo una conversación bastante peligrosa que se enfilaba a una monumental discusión, en la cual muchos de los invitados no tenían nada que ver. Eso habría arruinado por completo la fiesta, sin embargo la ocurrencia de Asuka logró evitarlo sin mayores problemas y aún más, darle nuevos bríos a dicha reunión, que baste decirlo, momentos antes estaba pecando de aburrida y sosa. Ahora, todos estaban sentados en torno a la sala, animando a los bailarines chocando palmas al ritmo de la música. Incluso Shinji, quien hasta hacía poco se había mostrado bastante huraño, refunfuñando entre dientes por la presencia de tantas personas en su refugio se encontraba bastante animado al calor de la fiesta.

Luego de unos momentos las parejas de baile cambiaron. Kai consiguió escapar de la alemana, argumentando que tenía sed, por lo que ésta no tuvo más remedio que arrastrar a la fuerza a Ikari para que bailara con ella, y por su parte Hikari había hecho lo mismo con Kensuke, con tal de que no se sintiera olvidado. Kaji tuvo la ocurrencia de invitar a la pista a Misato, ofreciéndole una mano que casi de inmediato fue rechazada de un manotazo artero. Entonces, con tal de seguir provocando a su ex - amante, Ryoji optó por sacar a la doctora Akagi, a su lado, quien aceptó de buena gana con el mismo propósito en mente. De vez en vez, ambos miraban discretamente a sus espaldas, donde podían contemplar el semblante malhumorado de Katsuragi cuando bailaban cerca de ella.

Shinji no entendía bien por lo que estaba pasando. Se sentía intoxicado, a pesar de que en toda la noche no había probado una sola gota de alcohol. La felicidad y la alegría de las personas que lo rodeaban, aquellas personas cuya presencia le había incomodado hasta hace poco, se le había contagiado de alguna manera. Aquella era la primera vez que se estaba divirtiendo de verdad en mucho, mucho tiempo.

Además tenía la oportunidad de estar muy cerca de Asuka, quien lo balanceaba de acuerdo a los compases de la melodía. Estrechar su mano, sentir su cuerpo tan cerca del suyo, mirarla a los ojos con otra emoción que no fuera vergüenza ó temor. Le encantaba eso. Le encantaba su jovialidad, su cuerpo alegre y ágil, su cabello dorado que se deslizaba en el aire, su piel tan suave. Ella simplemente le encantaba, y le encantaba poder tenerla tan cerca. Se estaba divirtiendo como nunca antes, detalle que no pasó desapercibido para la jovencita, quien se le acercó aún más y le susurró casi al oído:

—Te ves muy guapo cuando sonríes de esta manera, pequeñín— el pulso de Ikari se aceleró al máximo con solo escuchar aquellas palabras. El rubor se asomó en su mejillas, luego que la muchacha volvió a alejarse, para completar —Deberías intentarlo más seguido. Si lucieras así siempre, no tendría objeción en que me superaras por unos cuantos puntos.

A la mañana siguiente, el chiquillo pasaría bastante tiempo en el baño, contemplando su rostro en el espejo, pretendiendo averiguar si lo que había dicho su compañera era en serio ó simplemente se estaba burlando de él, como casi siempre.

Luego de un rato, por fin Langley había conseguido arrebatarle a su preciado Kaji a Ritsuko y ahora se encontraba bailando muy animada junto a él. Había esperado por aquella oportunidad en toda la noche, y ahora que lo había conseguido sentía que la fiesta bien podría acabarse en ese momento, pues había logrado todos sus objetivos. Ya sólo estaban ellos dos sobre la “pista” mientras que los demás asistentes a la reunión comenzaban a conversar entre ellos.

—Kaji, qué bueno que por fin tengo la oportunidad de hablar contigo— empezó a hablar la muchachita, muy seria mientras se afanaba en seguirle los pasos —Tengo algo MUY importante que decirte, y la verdad no sabía bien qué momento era el adecuado para hacerlo, pero supongo que éste es tan bueno como cualquiera...

—Vaya, parece que es algo serio lo que tienes entre manos, linda. Me pregunto qué podrá ser— le contestó el sujeto, bastante divertido por la inusitada actitud de la chiquilla. Le intrigaba saber con qué ocurrencia saldría ahora.

—Es algo difícil de explicar... mira, lo que pasa es que...— murmuraba contrariada la jovencita, sin encontrar las palabras adecuadas para expresar lo que sentía. Estaba resultando más complicado de lo que esperaba, mordiéndose un labio de la desesperación —Bueno, tú bien sabes que desde que nos conocimos me sentí muy atraída por ti. Todos estos años has estado a mi lado, y te lo agradezco mucho. Eres una persona que admiro bastante, y tú siempre serás mi primer amor, eso nada lo podrá cambiar... pero lo que sucede es que...

—Te has enamorado de otra persona, ¿no es así?— atajó Kaji, con una sonrisa en sus labios, entre divertido y enternecido por aquella confesión.

—¡Lo siento mucho!— se disculpó la joven europea, mientras ocultaba su rostro, sumamente apenada —No fue algo que hubiera planeado ó que hubiera querido...

—Lo sé, lo sé, pequeña— el hombre la confortó, paseando su mano sobre la cabeza de la muchacha —Uno no puede escoger ese tipo de cosas... a veces, simplemente ocurren sin que te des cuenta... para serte sincero, yo también...

De forma inesperada Kai jaló a Misato hacia la pista de baile, cuando apenas comenzaba una pieza que nada tenía que hacer en aquél conjunto de melodías románticas de tono meloso. De hecho, aquella singularidad provocó que todos volvieran a fijar su vista en la sala. Hasta Asuka y su acompañante interrumpieron todo lo que estaban haciendo, sorprendidos de igual manera de que aquella extraña melodía estuviera incluida entre las demás, quedándose de pie en medio de la sala con expresión desconcertada.

A los únicos que parecía no importarles en lo absoluto era a los anfitriones, quienes ya se encontraban bastante entretenidos moviéndose animadamente uno junto a otro, entre risotadas a bocajarro por parte de ambos. Pronto, los demás también compartían su algarabía, animándolos en torno suyo, aplaudiendo cada movimiento.

Tú decías ven,

Pero no decías cuando

Tú te burlabas

De mi pobre corazón

Tuve que recorrer

Los siete mares preguntando,

Hasta que al fin el brujo me dio la solución.

Aquella fue la única vez en toda la velada que Misato dejó su lugar para ponerse a bailar, pese a que también Toji y Kensuke no habían desperdiciado la oportunidad de invitarla. Sólo a su protegido le había permitido sacarla, decisión de la que nunca se arrepintió pues en esos momentos se encontraba divirtiendo como enana.

Mi amigo el brujo

Fue y me dijo como hacer,

Mi amigo el brujo

Fue y me dijo como hablar

Y ahora, el pobre infeliz

Es un Don Juan..

Aquella canción amenazaba con pecar de tonta, infantil, y hasta algunos fragmentos eran tan sólo balbuceos incoherentes de parte del intérprete, pero sin embargo, de que era entretenida, nadie lo podía desmentir. Todos estaban muy contentos con aquella tonada, animando tanto al chiquillo como a la mujer con sus extravagantes movimientos, hasta que por fin casi al terminar la melodía la torpeza de Rivera lo hizo resbalar y derribar a su compañera de baile en el piso, en medio del estrépito que ocasionaban las carcajadas de los asistentes a la fiesta.

—Ambos tenemos que andar con cuidado, Asuka— Kaji quiso reanudar su conversación, aunque ahora no en su tono socarrón tan habitual, sino en uno reflexivo, casi serio —Los dos tenemos rivales muy difíciles que vencer para llegar a aquellas personas que amamos.

—¿Eh? ¿A qué te refieres?— preguntó la jovencita, contrariada. ¿Acaso ya había descubierto quien era la persona de la que estaba enamorada? ¿Él también amaba a otra?

—Sólo quiero aconsejarte de que no te vayas a sentir desairada demasiado pronto— mientras hablaba en susurros miraba fijamente a Misato, tirada en el piso, riéndose a todo pulmón junto con Kai, quien la tenía abrazada del cuello. Un instante después, el muchacho le propinó un afectuoso beso en la mejilla, que le fue devuelto de inmediato, entre las risas de ambos —Muchas personas tienen entre sí lazos más fuertes que con otras, y sus prioridades pueden ser muy diferentes de las tuyas.

Al contemplar el gesto extrañado de Langley, Ryoji tuvo que simplificar la situación.

—No quiero que te des por vencida fácilmente. Además, Kai y tú hacen bonita pareja.

—¡¿Cómo es que...?!— el rostro de la joven extranjera se encendió en el acto como fogata de campamento.

—¡Ajá! ¡Sabía que era él!— atajó el sujeto, con una sonrisa de oreja a oreja, apuntándole con su dedo —¡Conseguí que lo confesaras!

—¡Kaji! ¡Eso fue muy cruel!— respondió de inmediato la chiquilla, cuando los dos volvían a tomar asiento.

Para todos ellos, la velada transcurrió sin más miramientos. La reunión no terminó muy tarde, pues los asistentes más jóvenes tenían que llegar a sus casas, hasta donde los llevó Ryoji en su vehículo, solícito. Ignoraban que el aparentemente apacible cielo estrellado sobre sus cabezas ocultaba un secreto que los volvería a poner en una encrucijada de vida ó muerte.

Aquella noche, algunos de los astrónomos aficionados se encontraban confundidos, debido a que varias constelaciones no estaban donde se suponer deberían estar. De hecho, no había rastros de ellas en ninguna parte, a pesar de ser una noche despejada y que las condiciones de luz eran las adecuadas para la contemplación del firmamento.

En el Observatorio Nacional de Hokkaido ya estaban al tanto de la situación, y luego de unos cuantos análisis se determinó que lo mejor sería turnar el asunto a la brevedad posible al Ministerio de Defensa japonés. Cuando éstos se percataron de un misil que había impactado en aguas territoriales del Pacífico, provocando un tsunami de dos metros y medio que arrasó sin piedad la costa, la cuestión se volvió inmediatamente de seguridad nacional. El misil aparentemente había caído del espacio exterior, proveniente de una órbita cercana a la tierra. Gracias a los satélites se detectó un enorme cuerpo de unos tres mil metros acercándose al planeta. La amenaza de un nuevo meteoro vagaba en las inquietudes de aquellas personas encargadas de estudiar el problema y entonces, cuando lograron un contacto visual con el intruso... fue momento de dejar que NERV se encargara de la situación. Lo que significó, pese a todo, un gran alivio para muchos.

Seis horas después, cuando apenas comenzaba a despuntar el alba, fue cuando se le notificó a la Mayor Katsuragi de la emergencia. Aún con resaca y agotada por el ajetreo de la noche anterior, a las seis y cuarto la oficial al mando de la agencia era puesta al corriente de los acontecimientos transcurridos en las últimas horas. Su aspecto ojeroso y maltrecho se reponía conforme se daba cuenta de las dimensiones y la magnitud del problema que tenía entre manos, a la par que escuchaba atenta a los informes de los oficiales técnicos, junto con Ritsuko, quien vale la pena decirlo, se apreciaba en mucho mejores condiciones que su compañera. En esas estaban, cuando fueron abruptamente interrumpidas por Shigeru, quien desde su consola comunicó de inmediato:

—¡Confirmada la recepción de la imagen del blanco por satélite! La pasaré al monitor, creo que deben verlo por ustedes mismos...

En el acto, la monumental figura del enemigo apareció en la pantalla del monitor principal de la Sala de Controles, abarcándola en toda su extensión. Allí estaba él, el Undécimo Ángel, paseando tranquilo por las profundidades del espacio exterior cercano a nuestro planeta, alterando las mareas y el clima del globo. Se trataba de una figura plana y alargada, en cuyo diseño aparecía, al igual que en su predecesor inmediato, una estructura bastante semejante al ojo humano, tres para ser más precisos: dos a ambos extremos de la criatura y el más grande de ellos ubicado justo a la mitad de aquél ente. De nuevo, al igual que con el anterior, aquellos símiles de ojos, planos y carentes de vida, no reflejaban emoción alguna, al grado de ser grotescos. No obstante, allí terminaba cualquier semejanza con el ángel que ya había sido derrotado, pues este nuevo era el más grande al que se habían enfrentado. Los análisis arrojaban una cifra de tres mil metros de punta a punta. Eso, aunado a que sus ataques los realizaba desde la seguridad del espacio, en donde aparentemente era inalcanzable para los Evas, harían mucho más difícil detenerlo.

Cuando Misato se encontraba evaluando la situación, la señal en el monitor parpadeó unos momentos, para después sólo recibir estática. A todos les quedaba muy claro que el satélite había sido destruido, por lo que nadie tuvo que explicar lo sucedido.

—El Campo A.T. , me supongo— observó la Mayor, tragando saliva antes de hablar.

—Debe tratarse de un nuevo uso que desconocíamos hasta ahora— completó la científica, a su lado, igualmente determinando las posibilidades que tenían frente a un contrincante de tales características.

—Ya averiguamos la naturaleza de los misiles— pronunció Maya al respecto —Se tratan de fragmentos del cuerpo del ángel. Usa su propia masa y la energía de la caída como armas... es como si él mismo fuera una bomba.

La estática desapareció del monitor principal debido a la intervención de la joven, quien desplegó más imágenes por satélite, esta vez de los impactos producidos por la masa fragmentada del enemigo.

—De momento, los primeros ataques no han acertado en la plataforma continental, yéndose a estrellar sobre aguas del Pacífico. El siguiente disparo ya ha sido realizado, y dada su trayectoria calculamos que caerá dentro de dos horas en este punto— ilustró sobre la pantalla, con tal de que sus superiores apreciaran mejor el patrón de los impactos —Está corrigiendo el curso, por si lo han notado, y también descubrimos que cada ataque tiene mucho más poder y alcance que el anterior.

—En otras palabras, está aprendiendo de sus errores— murmuró Misato, inquisitiva, acariciándose la barbilla cuando miraba fijamente la pantalla, sumergiéndose en sus propias reflexiones.

El asunto era bastante interesante por sí solo. Dado el nulo conocimiento que se tenía del comportamiento de estas criaturas gigantescas ó de su relación entre ellas, se desconocía si podrían desarrollar capacidades cognoscitivas; lo que era más inquietante aún, si acaso podrían aprender de las fallas de sus compañeros. De los últimos enfrentamientos con dichos monstruos, la tendencia en la estrategia de éstos había sido muy clara: evitar a toda costa el enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Estrategia que se afianzaba en este nuevo oponente, escondido en el espacio exterior. La inquietud se apoderó de Misato: ¿acaso estas bestias poseían un medio para compartir experiencias propias? Siguiendo esta línea, aparentemente los Ángeles habían aprendido que debían evitar un enfrentamiento directo con los Evas; aquello resultaba lógico para cualquier estratega que se pusiera a analizar la situación, pues en todos los combates que se suscitaran los robots poseían ventaja numérica de cuatro a uno, eso sin contar el enorme poder de ataque desplegado por el Eva Z, dejando en muy mala posición a cualquier rival. Se trataba de una cuestión digna de un profundo estudio, pero desafortunadamente no había el tiempo ni los recursos necesarios para realizarlo. Era para lamentarse, pensaba Katsuragi, ya que si se pudiera conocer más de la naturaleza de esas criaturas era muy probable que hallaran una manera mucho más efectiva de derrotarlas por completo.

—Se ha sometido al blanco a un ataque con el nuevo modelo de Mina N2— volvió a pronunciar Shigeru desde su asiento —Sin embargo, no hemos podido comprobar el efecto de dicho ataque— aclaró, dirigiendo la mirada a sus superiores —La confusión creada por las ondas eléctricas que el Ángel emite impide que recibamos la información. Después del ataque, el blanco ha salido del alcance...

—Se está moviendo... y apuesto mi salario de todo un mes a que el maldito se dirige aquí— masculló la militar entre dientes.

—Concuerdo contigo— dijo Ritsuko, quien hasta el momento se había estado guardando su opinió