| Por: Gus
Capítulo Trece: Día de Duelo
Tell me, why this is a land of confusion?
GENESIS
21 de Agosto del 2000
Parecía un día como cualquier otro
en la capital argentina de Buenos Aires, en la región
de Palermo. Era un Lunes igual que cualquier otro
Lunes pasado, inicio de la jornada laboral semanal,
en hora pico, con los millones de personas que la
poblaban yendo de aquí para allá, abarrotando
calles y avenidas cuando regresaban al hogar a almorzar
con la familia, con la pareja y los pibes recién
salidos del colegio. Seguía siendo invierno
en aquella región del Cono Sur, pero los fríos
ya comenzaban a menguar. De hecho, una inusitada onda
cálida proveniente de la Antártida,
por muy extraño que a todos les pareciese,
había adelantado el verano y convertido a Buenos
Aires en un enorme caldero húmedo a orillas
del Río de la Plata, cuando las dos masas de
aire frío y caliente se habían encontrado.
No tardaría mucho en desatarse un chaparrón.
Martín ya no quería pensar en ello,
conduciendo su Chevy blanco del 99 que apenas hacía
un mes había logrado sacar en un crédito
bancario, desajustando su apretada corbata obligatoria
en la oficina de Gobierno en la que trabajaba, para
luego empezar a desabotonar su sudada camisa de manga
larga arremangada hasta los antebrazos, color azul
claro, ya empapada de transpiración por las
axilas y cuello.
Pensaba en el rico guiso de carne que su mujer preparó
y que estaba sirviendo en esos momentos, junto con
Pablito sentado a la mesa, esperando sólo a
su llegada, por lo que no debería tardar demasiado
ó aquella delicia se enfriaría. Transitaba
por la Avenida Sarmiento, pero luego dio vuelta en
la Avenida Colombia, transversal a ésta, para
salir a la Avenida del Libertador y poder cortar camino.
No quería arriesgarse a un embotellamiento
tan usual en aquellas calles, a esas horas. Sólo
que su intención fue cortada por un junior
al que se le había olvidado ponerle líquido
para frenos a su Mustang del año, regalo de
su papi el influyente, yéndose a estrellar
en contra de un volkswagen que conducía una
vieja italiana cuando daba vuelta, en plena avenida,
deteniendo completamente el tránsito mientras
que se ponían de acuerdo los gendarmes y una
grúa venía a recogerlos.
De nada serviría tocar como poseído
el claxon, eso también lo sabía Martín,
a diferencia de los otros conductores, que hechos
una furia, arremetían con el sonido de sus
bocinas, cómo si eso le diese al automóvil
la habilidad de volar por encima del accidente. La
fila de carros se extendía indeterminadamente,
por lo que no podía ver con certeza el origen
de la congestión, aunque ya de poco serviría.
Parecía que, pese a sus esfuerzos por llegar
temprano, esa comida se le enfriaría, y su
mujer y Pablito tendrían que almorzar solos.
Pablito a últimas fechas había demostrado
un buen toque de balón en la cancha del colegio,
y también cuando jugaba en la calle fútbol
con sus amigos. Y era buena edad para probarlo en
las fuerzas básicas de algún club de
renombre del fútbol argentino, el mejor del
continente, pese a lo que opinaran esos mexicanos
y brasileños mugrosos, que se creían
que podían quitarle el trofeo de la Libertadores
a Argentina. Qué curioso detalle, pues notó
que precisamente estaba atorado en la Avenida del
Libertador. Qué lástima que fue para
el Boca, ese equipo de maricones. Si Pablito quería
incursionar en el fútbol, debería hacerlo
en un equipo de hombres hechos y derechos como lo
era el Ríver Plate, máximo monarca de
la Liga Argentina, con sus veintisiete títulos.
Dios quisiera que el pibe se lograra colar hasta el
primer equipo, y mantenerse después de titular,
para que así un gran equipo europeo se fijara
en él y pagara varios millones de dólares
por su transferencia, como ese otro Pablito Aimar
ó Saviola, y así ya nunca más
tendría que volver a trabajar en esa oficina
asfixiante, llena de jefes gruñones y secretarias
coquetas que lo enloquecían con sus minifaldas
y esas piernas tan largas que tenían.
Sí, su hijo podía ser su boleto a una
mejor vida, solamente habría que esperar un
par de años a que se desarrollaran plenamente
las habilidades del muchacho, pensaba Martín
ilusionado al mismo tiempo que prendía la radio,
viendo que aquello iba para rato. Abrió también
un poco la ventanilla, dejando que se colara un poco
del aire húmedo proveniente del Río
de la Plata, muy cerca de donde se encontraba.
Un vocero de la marina rusa informó
que era muy remoto que pudiesen haber sobrevivientes
en el submarino nuclear Kursk, hundido el pasado día
12, aún cuando algunos de los marinos hayan
logrado refugiarse en alguna escotilla de la cámara
de controles. También confirmó que cualquier
peligro de contaminación radiactiva se ha desechado
ya, por lo que un desastre nuclear en la zona es improbable.
Aún se investigan las causas que pudieron provocar
la pérdida del submarino...
Martín, un escuálido sujeto de tez
blanca y con una rubia barba en el mentón,
del tipo caucásico, agobiado se dejo recostar
por unos momentos en el volante de su vehículo,
sumamente fatigado. Y eso que apenas era Lunes. Faltaba
mucho todavía para el Domingo, día que
podía tirarse en el sillón para ver
la televisión mientras estuviera despierto,
que no era mucho tiempo. La vida en este tiempo es
muy trajinada, nunca hay tiempo para nada, todos parecen
ir a algún lado y con mucha prisa.
Pasando a las noticias deportivas, el Boca
Juniors, flamante campeón de la Copa Libertadores
de América al imponerse a su rival brasileño,
el Palmeiras, se dice listo y preparado para enfrentar
la Copa Intercontinental en Tokio, Japón, disputándosela
con el equipo alemán Bayern Munich, campeón
de la Liga de Campeones europea...
Molesto, con un rudo ademán y una maldición
entrecortada decidió de mala gana cambiar de
estación, a la primera que se encontrara en
el cuadrante. No tardó para poder empezar a
escuchar una tonada familiar en la estación
del recuerdo.
I must've dreamed a thousand dreams
Been haunted by a million screams
But I can hear the marching feet
They're moving into the street.
No era una de sus favoritas, pero pasaba mejor que
escuchar a ese pelagatos alabando a esos maricones
hijos de puta. Además no era tan mala, pese
a que ya era muy viejita, los clásicos nunca
pasaban de moda.
There's too many men
Too many people
Making too many problems
And not much love to go round
Can't you see
This is a land of confusion?
Y pese a ser tan anticuada, seguía siendo
tan cierta como cuando era un hitazo comercial en
todos lados, pese a que ahora el contexto era muy
diferente a cuando la habían escrito. La Guerra
Fría había acabado, el régimen
comunista había caído y Rusia se había
rendido tristemente al capitalismo, pero el peligro
seguía latente. Era en aquellos instantes,
entre el tumulto del tráfico, inmerso de ruidos
de estruendosas bocinas que aullaban furiosas, cuando
reflexionaba qué tan cierto era lo que esa
melodía pregonaba, ahora y siempre. Parecía
que estaba predestinado todo aquello, que justo allí,
en ese lugar, bajo esas condiciones estuviera escuchando
esa canción en particular. Le agradaba sentirse
parte de un intrincado plan que involucraba todos
los factores que lo rodeaban sólo para que
él, Martín Andaluz, escuchara precisamente
aquella canción en esos momentos.
Siguió escuchando.
This is the time
This is the place
So we look for the future
But there's not much love to go round
Tell me why, this is a land of confusion?
Qué cosa tan interesante, prosiguió
con su meditación, apoyando la barbilla sobre
sus brazos entrecruzados, mirando por el parabrisas
al atestado camino delante de él. ¿Cómo
sería un mundo sin tanta gente? No podía
imaginárselo. Pero, vamos, todas las personas,
incluyéndose él mismo, en algún
momento desesperado de su vida habían deseado
que paradójicamente todos desaparecieran para
por fin encontrar algo de paz y escapar de los problemas.
¿Ó acaso no era cierto? Si todos, menos
él, simplemente murieran, ya no tendría
que preocuparse por los impuestos a la luz y al teléfono,
por la comida y el agua, por el taller ó la
gasolina, por el dinero o por el fútbol. Se
encontraría de repente, en la más absoluta
libertad jamás soñada. Pero también
se encontraría solo, y más atado a su
miedo que nunca. El hombre era un animal social por
naturaleza, y necesitaba de otros para subsistir,
¿no era así? ¿No era por eso
que había recurrido a la sociedad y a la ciencia
para que lo protegieran de lo que había más
allá, de aquello a lo que temía más
que a cualquier otra cosa enfrentarse?
This is the world we live in
And these are the hands we're given
La canción se interrumpió de súbito,
cuando la radio se apagó al mismo tiempo que
todos los sistemas del automóvil. Y cuando
giró la llave en la ranura para encenderlo
de nuevo, ni siquiera le dio marcha. Ahora sí
que el día estaba completo, pensó Martín
fastidiado, suponiendo que la batería del carro
estaba muerta. Ya se imaginaba el numerito que harían
todos los fulanos que tenía detrás suyo
cuando la circulación volviera a la normalidad
y él se quedara allí parado.
Sin embargo, todo estaba muy callado. Ya no se oían
los cláxones. Y el semáforo de la esquina
estaba apagado. Miraba hacia los demás conductores
y todos tenían la misma cara de consternación
que él se había visto en el espejo retrovisor.
Algo había, algo había en el ambiente
de pronto, que hacía que los animales huyeran
y las hojas de los árboles dejaran de moverse,
incluso las nubes. Todos podían sentirlo en
lo más recóndito de sus almas. Salió
de su auto, comprobando que su condición era
idéntica a la de todos los demás que
estaban varados en esa calle. Todos los motores se
habían detenido, y no podían volver
a encender por más que lo intentaran los conductores.
Otros más imitaron su ejemplo, bajando de sus
vehículos y mirándose confundidos unos
a otros.
¿Pero Ché, qué es lo que
está pasando aquí?
Los perros que estaban en los alrededores comenzaron
a aullar lastimosamente al unísono, mientras
que una inmensa parvada de gaviotas oscureció
el cielo por unos momentos en su frenética
huida, quedándose incrustadas varias de ellas
en los espejos de los carros, manchando éstos
con sangre y plumas.
¿Es que todos están locos, ó
qué? pronunció alguien cuando
los que estaban fuera de sus carros se protegían
como podían de los pájaros que escapaban
desesperadamente de lo que fuera que los hubiera espantado
de tal forma.
Uno de ellos fue a estrellarse a gran velocidad justamente
en la cabeza de Martín, rebotando con el cuello
roto mientras que el hombre era derribado al suelo,
con una copiosa herida en la nuca que comenzaba a
sangrar profusamente.
Pese al intenso dolor y desorientación que
sentía, cómo pudo se levantó
y comenzó a correr hacia el parque, tapándose
la herida con las manos, intentando llegar a como
diera lugar llegar al hospital más cercano
antes de que muriera desangrado. Ignoraba que era
inútil aquella lucha contra el tiempo, pues
en el hospital también carecían de energía
eléctrica, por lo que no disponían de
recursos para atender a los pacientes. Ni qué
decir de los que se encontraban en esos momentos en
quirófanos, en plena cirugía. Y aquella
situación se extendía rápidamente
no solo en Argentina, sino en todo el mundo.
Reinaba la confusión total. Sin energía
eléctrica, el hombre estaba desprovisto de
todos los artefactos a su servicio y que le protegían
con ahínco. De pronto se vio al desamparo de
su preciosa tecnología, impotente y asustado
ante lo que estaba a punto de sucederle, incomunicado
de todos sus congéneres.
Martín corría desesperado hasta donde
pudo, antes de que se resbalara por el pasto húmedo
del parque y diera con toda su humanidad a besar el
suelo. Entre los gritos de angustia que comenzaban
a surgir de todas partes, mientras trataba de incorporarse,
sin éxito, tendido boca arriba se percató
de la extraña coloración que empezaba
a tomar el firmamento, como si todo el cielo estuviera
incendiándose, arrasando el color rojo con
todo el azul que encontraba a su paso. El clamor fue
subiendo de tono, y la gente también comenzó
a huir, asustados ante aquél extraño
fenómeno. ¿Qué era lo que estaba
sucediendo? Sin radio, televisión, computadoras
ni teléfonos, nadie podía saberlo.
No hubo tiempo para recobrar la calma ó la
cordura ante las señales que se estaban sucediendo
una tras una, porque entonces se dejó venir
un gran terremoto que sacudió la ciudad entera
con una espantosa magnitud de 8.1 grados en la escala
de Ritcher: cataclismo total, daño completo
a todas las edificaciones de la zona. El piso comenzaba
a cuartearse y a abrirse, engullendo a todos aquellos
desprevenidos que se lo permitieran, mientras que
los edificios y construcciones caían derrumbados
como castillos de naipes. Ahora el pánico era
general, y por todas partes se extendían los
gritos de dolor y espanto, llenando todo con su desgarradora
melodía.
Su familia, Martín allí, tumbado sobre
el pasto, con una enorme herida en la nuca y un grueso
árbol que había caído justo sobre
de él, no podía dejar de pensar en su
familia, en si habían sobrevivido al holocausto,
ó lo que era más, si volvería
a verlos. Con todas las costillas hechas polvo y varias
arterias rotas, se preguntaba si alguna vez volvería
a besar a su mujer ó a escuchar la risa infantil
de su hijo. El dolor no le permitía mentir,
sabía que ése era el fin. Quizás
no el fin del mundo, pero sí de su mundo. Su
muerte había llegado.
Un momento antes, vivía un día normal
en su tranquila vida. Todos ellos lo hacían,
al fin y al cabo, pero de repente fueron transportados
a otro lugar en el que reinaba la incertidumbre, el
dolor y la muerte. Su mundo entero les había
sido arrebatado de súbito, condenándolos
al olvido, a la extinción absoluta. Alguien
había volteado al planeta de cabeza, ¿pero
quién? ¿Y porqué?
Todavía no dejaba de temblar cuando el lecho
oceánico del Río de la Plata retrocedió
varios miles de metros para darle vida a aquella enorme
ola de un centenar de metros que con su fuerza y tamaño
terminaría por arrasar la ciudad entera y sumergirla
en las profundidades submarinas. Era inevitable, nada
podía hacerse, pese a que todos corrían
despavoridos buscando refugio. No podía culparlos.
Él lo hubiera hecho también, de haber
estado en condiciones para hacerlo. Pero de todos
modos, era inútil hacerlo.
Poco antes de que llegara el fin, antes de que la
ola que había roto en tierra y que ahora estaba
devorando con su implacable furia lo que encontrara
a su paso, antes de que esa imparable cortina de agua
marina lo alcanzara y con ello ponerle fin a su dolor,
Martín vislumbró, con toda claridad,
allá por el Sur, una intensa luz que iba tomando
forma. Parecían alas, alas deslumbrantes que
batían el aire debajo de ellas. Fue lo último
que alcanzó a ver, antes de abandonar la vida.
Más de tres mil millones de personas mueren
alrededor del globo, al igual que Martín, en
el transcurso de esas angustiantes horas. Y otras
mil millones más morirían en los años
venideros. El flujo electromagnético del planeta
se vuelve loco, las placas tectónicas de los
continentes parecen carritos chocones, reacomodándose
por completo, la Tierra cambia de órbita y
de eje, unos cuantos grados. Y en la Antártida,
el punto de origen de todo el desastre, las gruesas
capas de hielo se derriten en su totalidad, aumentando
más de cinco metros el nivel de los mares,
desapareciendo por completo el continente Antártico.
Y justo en medio de todo eso, entre el desastre,
cinco pares de alas luminosas toman forma y se agitan
con furia, levantando muerte y dolor que se extendían
por los cuatro rincones del mundo. Al hacerlo la Tierra
grita, se resquebraja y llora de agonía. Al
igual que un infante recién nacido.
El Segundo Impacto había sucedido.
20 de Agosto del 2015
Casi quince años después...
I remember long ago
Ooh when the sun was shining
Yes and the stars were bright
All through the night
And the sound of your laughter
As I held you tight
So long ago
La canción era reproducida por el láser
del artefacto tan fielmente como si estuviera escuchando
la versión original de hace treinta años,
en uno de esos abarrotados conciertos nocturnos.
Sí, era de noche, pero ciertamente el cuarto
en el que Kai se encontraba sentado, en actitud reflexiva
en medio de la oscuridad, distaba mucho de estar abarrotado.
Sólo él estaba allí, con las
luces apagadas y las bocinas de su reproductor de
compactos en los oídos, permitiéndole
atender únicamente al melodioso sonido que
tocaba. Sólo él se encontraba en medio
de esa oscura habitación, sentado en la cama
de Misato, con la espalda recargada en la pared. Sólo
él y sus pensamientos, que lo llevaban por
diferentes rumbos.
120 personas habían muerto. Más de
un centenar de personas, buenas ó malas, habían
perecido en un accidente, acaecido hace unos meses
atrás. Y estaba seguro que NERV, explícitamente
su comandancia en la persona de Gendo Ikari, estaba
directamente involucrado. Nomás faltaba probarlo,
para que toda esa gente pudiera descansar al fin en
paz, y quizás redimir una parte de sus pecados,
al mismo tiempo.
Estaba inmóvil, concentrado en absoluto, con
la barbilla recargada en el pecho y sus brazos cruzados
sobre del abdomen, mirando fijamente a la nada con
esos ojos verdes que daban la impresión de
brillar en la penumbra de la pieza.
I won't be coming home tonight
My generation will put it right
We're not just making promises
That we know, we'll never keep.
En realidad, obraba más por despecho que por
un inquebrantable afán de justicia ó
por la eterna búsqueda de redención.
Y la razón de aquél despecho era también
motivo de la mayor parte de las zozobras que lo aquejaban
en la intimidad de su conciencia: Rei Ayanami, su
antigua novia. Todavía no lograba acostumbrarse
a la idea de que todo había terminado. Aún
no podía soportar que ella le prodigara el
mismo trato que a todos los demás en el cuartel.
Le dolía sobremanera la manera tan distante
con la que siempre se dirigía a él,
en las pocas ocasiones que lo había hecho.
Lo hacía sentirse miserable, sin ánimos
para continuar. Deseaba con ahínco poder estrecharla
entre sus brazos, fuertemente, sacudirla si era necesario
sólo para recordarle que ellos dos estaban
destinados a ser desde antes de conocerse, que no
podía tratarlo como a todos los demás,
no después de todo lo que había pasado
entre ellos. ¿Ó es que ya había
olvidado como ambos se estremecieron al primer contacto
de sus miradas? ¿Ó ese primer beso,
en el hospital? Los dos habían actuado automáticamente,
casi por instinto, cómo si ya lo hubieran hecho
docenas de veces antes. ¿Entonces porqué
razón lo trataba cómo si fuera cualquier
otra persona? ¿Porqué se estaba negando,
entonces, a sí misma? ¡Él era
el amor de su vida, demonios, y eso tenía que
contar en algo! Quería despertarla a como diera
lugar, hacerla recapacitar para librarse del influjo
de Ikari y entonces reanudar su relación y
volver a ser felices.
Ikari. Ese infeliz se había aprovechado de
su cercanía para querer manipularlo a través
de Rei, ahora se daba cuenta. Quiso aprovecharse del
estrecho vínculo compartido por dos jóvenes
amantes para salirse con la suya. Y en parte, lo había
conseguido. Lo había mantenido a raya de sus
otras operaciones, mientras se distraía en
el amor. Fue él quien premeditamente le había
producido ese colapso nervioso que finalmente lo había
hecho desistir de abandonar el Proyecto Eva. Pero
le había salido el tiro por la culata, pues
ahora, ya sin ningún distractor, podía
enfocarse a su tarea básica en la organización,
que era precisamente la de detectar irregularidades
en su accionar, y reportarlas al Consejo. Sólo
necesitaba encontrar una mancha lo suficientemente
sucia en el expediente para que destituyeran a Ikari
del mando, y con ello liberar a la pobre de Rei de
su dominio, y el incidente del Jet Alone se pintaba
solo. El típico caso de espionaje industrial,
lo que era más, sabotaje que costó la
vida de muchas personas, algunas de ellas con rangos
militares que no eran poca cosa. NERV era el sospechoso
directo de aquella acción, y la única
agencia con los suficientes recursos para llevar a
cabo algo de esas proporciones. Lo sabía de
sobra, ahora sólo restaba probar su culpabilidad
en el asunto, cosa que podía hacer bastante
bien en su posición, es decir, desde adentro.
No sería la primera vez que entrara a hurtadillas
en el sistema MAGI, pese a todo lo que parloteara
esa bruja de cabello pintado sobre su perfección,
la verdad es que el código encriptado que utilizaba
era bastante fácil de descifrar, cosa de niños
para él.
Lo único que necesitaba eran las pruebas,
algo que validara y comprobara la intervención
directa del comandante Ikari en el sabotaje del Jet
Alone, proyecto del gobierno japonés, y lo
hundiría hasta el cuello en su propia porquería
que había estado juntando desde hace tantos
años. Aquella sería una caída
espectacular, sin lugar a dudas. Sólo le faltaban
pruebas, y cuando conseguirlas era el problema, no
tanto el cómo y el dónde.
Now this is the world we live in
And these are the hands we're given
Use them and let's start trying
To make it a place worth fighting for.
Además, estaba presente esa molesta migraña
de la chingada. Hacía años que no sufría
una tan fuerte como la que lo estaba aquejando en
esos días. No había porqué preguntarse
la causa, sabía muy bien que todo era originada
por la fastidiosa presencia de la joven alemana en
su hogar, que iba de aquí para allá
como vendaval, echando pestes y maldiciones a su paso.
Ya no podía escuchar su agudo acento sin sobresaltarse
y cada vez que la encontraba, fuera en la escuela,
los entrenamientos ó en la casa, aumentaba
ese fuerte dolor de cabeza en la sien. También
parecía haber una presencia en el Geofrente
que afectaba a su condición, de manera muy
similar a lo que había padecido en el barco
escolta del Eva 02, ó aquella vez que comieron
con Kaji en ese mismo lugar. No podía precisar
con exactitud su locación, por lo que llegó
a pensar que estaba desarrollando cierto tipo de estado
paranoico, mismo que se lo achacó de inmediato
a su compañera rubia, la mayor causa de sus
más recientes sinsabores. ¡Dios! Ojalá
Misato lograra rentar ese apartamento de arriba antes
de que su cerebro estallara. Convivir con Asuka tanto
tiempo y en un espacio tan reducido estaba haciendo
añicos a su sistema nervioso, más de
la cuenta.
¡¿Porqué aquí sólo
hay comida instantánea?! la oyó
reclamar desde la cocina, pese a que traía
sus audífonos puestos ¿Es que
no tienen ningún concepto de lo que es nutrición,
maldita sea? ¡Si sigo así perderé
mi esbelta figura en poco tiempo!
Como se estaba haciendo costumbre la migraña
punzó fuertemente sus sienes al punto de llegar
a postrarlo en la cama, al solo sonido de la voz de
la muchacha, apretando los dientes para sobrellevar
el dolor.
¿Porqué su tutora, lo que es más,
su mentora y amiga, casi una madre para él,
había traído a aquella maldita chiquilla
a su hogar? Sabía muy bien que gustaba y necesitaba
de la calma y tranquilidad, en ocasiones de una soledad
que ahora difícilmente podía encontrar
con Langley asediando y fastidiando en cada esquina.
Ni hablar, no había más remedio que
tomar la medicación. Detestaba hacer uso de
las pastillas, puesto que corría el gran riesgo
de llegar a crear cierta dependencia a ellas, además
que su efecto era sumamente soporífero, sin
embargo el dolor que sufría ya se había
vuelto insoportable, y prefería mejor arriesgarse
y quedarse profundamente dormido que tener que lidiar
con él un segundo más. Con dificultad
alcanzó el frasco en su mochila, para después
abrir la tapa del recipiente con un solo movimiento
y en el acto llevarse dos tabletas rectangulares a
la boca, mismas que ingirió casi de inmediato.
Ahora lo único que quedaba por hacer era el
conteo regresivo, a la par que se acomodaba en la
cama: 5... 4... 3... 2... 1... 0...
El muchacho cayó pesadamente sobre la suave
almohada, que amortiguó el golpe, completamente
fulminado, respirando tranquilamente con la boca entreabierta.
Misato se revolvía desesperadamente entre
los brazos de su captor, aunque para ser sinceros
no estaba poniendo mucho empeño en liberarse.
De hecho, parecía que tan sólo se estaba
acomodando para estar más cómoda, cuando
Kaji la estrechaba entre sus fuertes brazos y la besaba
con una pasión desmedida por primera vez en
ocho años. La mujer tampoco estaba disconforme
con la situación, dejándose maniatar
por su antiguo amante mientras recorría su
boca con la lengua, reconociéndola una y otra
vez, admitiendo también, aunque no lo quisiera,
que extrañaba aquella sensación tan
placentera, el calor que emanaban de los dos cuerpos
juntos.
Los documentos que ambos llevaban consigo antes de
subirse al elevador yacían desperdigados por
todo el piso del cubículo, sin que les importara
en lo más mínimo. En cuanto se habían
cerrado las puertas Ryoji se había abalanzado
sobre la mujer cual bestia furiosa, no pudiendo reprimir
por más tiempo sus impulsos, para encontrarse,
con sorpresa, que Katsuragi no se le resistía
y que, al contrario, ella también buscaba el
contacto físico.
Sus manos recorrían inquietas el escultural
cuerpo de la mujer, mientras que ésta paseaba
sus dedos por su espalda, clavándolos en ella
en los momentos más candentes. Ya casi había
olvidado lo bien que se sentía recorrer con
el tacto la tersa piel de Misato, sentir aquellas
formas por las que cualquiera enloquecería,
incluso él, y besar su delgado pero firme cuello,
tan sensual como toda ella. Su mano había llegado
hasta debajo de su minifalda, acariciando sus nalgas
y tentando el borde de la tela de sus pantaletas.
Le valía pura madre las formas en ese momento
de frenesí erótico, la volvería
a hacer suya cuanto antes, allí mismo si era
preciso.
No... espera... masculló entre
suspiros y besos la mujer, presintiendo cómo
acabaría aquello No es correcto... alguien
podría vernos... espera...
Kaji intentó acallarla con otra porción
de besos mientras la arrinconaba y la llevaba de espaldas
a la pared, para tener algo de donde recargarse al
mismo tiempo que ya comenzaba a bajarle las pantaletas,
sin atender a su llamado.
Te digo que... no... este no es el lugar adecuado...
Su ropa interior ya le llegaba a la mitad de los
muslos, con el sexo descubierto, cuando por fin pudo
reunir la fuerza y determinación suficiente
para oponérsele, empujándolo lejos de
sí con ambos brazos.
¡Dije BASTA! gritó al tiempo
que lo hacía, enfadada por haber sido tan débil
y no haber hecho eso desde el principio.
Avergonzada de sí misma, resoplando se acomodó
la ropa interior para después inclinarse y
rejuntar su documentación que estaba tirada
por el piso. Lo mismo hacía Ryoji, en silencio,
pero con su característica sonrisa pícara
en los labios.
La militar notó con alivio que ya llegaban
al estacionamiento, en donde se bajaba, por lo que
ya no tendría que pasar por más situaciones
bochornosas en ese día. Con todos sus papeles
reunidos bajo el brazo, acomodándose el revuelto
cabello salió del ascensor cuando la puerta
de éste se abrió frente a ella, sin
voltear a ver al sujeto a sus espaldas.
Aunque se haya tratado de un tonto capricho
de adolescente dijo, a manera de despedida,
de espaldas a Kaji Involucrarme contigo fue
el peor error que haya podido cometer, y no pienso
volver a repetirlo.
Podrás decir lo que quieras le
contestó el sujeto, acariciándose la
barbilla, todavía degustando el sabor de sus
besos Pero tus labios no te dejan mentir, Misato:
ellos no me rechazaron.
La mujer ya no avanzó un paso más,
sino que se quedó congelada en su lugar, cómo
si una fuerte corriente eléctrica le recorriera
todo el cuerpo.
Tus labios ó tus palabras continuó
el sujeto, sintiendo que iba por buen camino ¿En
quienes debería confiar?
No sé de que hablas se repuso
Katsuragi, dándose la vuelta para encararlo
Te ruego que nunca más vuelvas a hacer
esto. ¿Me oyes? ¡Jamás!
No creo ser capaz de cumplir con esa promesa
remató, cuando las puertas del elevador se
cerraban con él dentro ¿Y qué
hay de ti, capitana?
Las puertas se cerraron y Ryoji por fin se había
ido. Misato podía respirar aliviada de no haber
perdido el control completamente y no haber cometido
alguna estupidez. Miró con desespero su reloj
de muñeca, percatándose que ya era muy
tarde para alcanzar a ver la entrevista de Kai por
televisión. Sin embargo, de cualquier modo
se dirigió a su auto a toda prisa, maldiciendo
entre dientes: ¡Estúpido Kaji!
Mientras tanto, Shinji se relajaba viendo la televisión
en la sala, convertida provisionalmente en su habitación,
dado el caso que Rivera definitivamente se había
mudado al cuarto de Katsuragi, con tal de tener una
puerta que lo mantuviera alejado de la jovencita europea.
Asuka revisaba la despensa en la cocina, buscando
algo para complementar su raquítica cena y
Misato se encontraba aún en el cuartel con
trabajo pendiente y no llegaría sino hasta
muy tarde, por lo que no disfrutaba de compañía
en esos momentos. Observaba uno de esos programas
especiales debido a fechas importantes que la televisión
aún no lograba extirpar de sus entrañas.
Aunque en ese caso, quizás se justificaba un
poco, tratándose del Segundo Impacto la fecha
que con tanta melancolía todo el mundo guardaba.
Quince años después era
como se titulaba el documental, lleno de imágenes
lacrimógenas aderezadas de un fondo musical
conmovedor, del mismo corte, que instaban a la aflicción.
A quince años de la tragedia, mismos
que se cumplirán el día de mañana,
constatamos que a base de esfuerzo y mucho sacrificio
el mundo ha logrado salir avante de la adversidad.
La humanidad ha superado muchos cambios drásticos
en su entorno, y sin embargo... rezaba uno de
los conductores, con su voz en off mientras transmitían
imágenes de labores de rescate, y de reconstrucción,
en las que destacaban las personas dándose
las manos las unas a las otras, confortándose
con prolongados abrazos en medio del llanto, etcétera
Ninguno de nosotros es ajeno a la pena, puesto
que todos sufrimos por igual con la desgracia. Es
por esa razón que cada 21 de Agosto recordamos
a los que se han ido, y les pedimos que nos den fuerzas
para continuar adelante en la reconstrucción
del planeta mientras que también damos gracias
que la especie humana haya podido sobrevivir y prosperar
para continuar los avances...
¿Qué es lo que estás viendo,
kinder? preguntó la joven alemana, quien
finalmente había tenido que conformarse con
una bolsa de granola y una manzana, cuando se instalaba
cómodamente a un lado de él.
Oh, nada en especial contestó
Ikari, recargando su brazo izquierdo en la mesita
de centro Es sólo este programa especial...
parece que en la tele no hablan de otra cosa en estos
días...
No puedo creer cómo estos buitres trafican
con el sufrimiento de la gente repudiaba la
extranjera, comiendo del contenido del sobre en sus
manos ¡Es que mira cómo pretenden
explotar el dolor de los demás con esos diálogos
sosos y esa música tan cursi! Esto no es luto,
es oportunismo. Hoy en día ya no hay ética
periodística.
No sé vaciló un poco el
muchacho, a quien sí le habían tocado
el corazón Me imagino que es algo difícil
abordar un tema de este tipo con sobriedad, sin que
las emociones intervengan; al final, supongo que el
sentimiento le gana a uno. Debe ser muy duro para
las personas que les tocó vivir todo eso reponerse
y seguir con sus vidas.
¡Vaya, el pequeño Shinji está
conmovido hasta las lágrimas! masculló
la chiquilla en tono burlón, dejando de lado
su comida para luego recargarse en la mesita y quedársele
viendo como si lo acusara ¿Porqué,
de alguna manera, eso no me sorprende?
Déjame en paz murmuró,
a manera de disculpa.
...así fuimos testigos de cómo
la esperanza encuentra camino para renacer en medio
del desastre, pese a tener, aparentemente, todos los
factores en su contra: una nueva oportunidad que llega
de la hecatombe... continuaba una nueva conductora,
ignorante de las discusiones que suscitaba con su
manera de abordar el evento ...de la muerte
también puede venir la vida, tal y cómo
lo constató el equipo de investigación
del programa, al descubrir el nacimiento de siete
criaturas justo en medio del desastre. Tres de ellos
sobreviven, y lo que es más, dos de ellos actualmente
residen en nuestro Japón. Tal es el caso por
todos conocidos de Kai Katsuragi, célebre chico
superdotado, afamado por graduarse de la Nueva Universidad
de Tokio a la edad de tres años, y un año
más tarde obtener su primer doctorado en genética
y otro en cibernética al año siguiente.
Reconocido en todo el mundo por su aportación
a la investigación en manipulación de
los genes, permitiendo el transplante de muchos órganos
del cuerpo humano, sin que dichos transplantes presentaran
un posterior rechazo en el paciente, así cómo
el encontrar la cura a muchas de las enfermedades
crónicas; también trabajó en
innovar y perfeccionar las técnicas de clonación,
lo que a posteriori permitió traer de vuelta
de la extinción a numerosas especies animales,
cómo la ballena azul, el gorila de montaña,
el tigre de Bengala ó incluso al extinto por
más de 60 millones de años: el Parasaurolophus,
dinosaurio herbívoro con cresta pronunciada,
de carácter apacible y sociable. Todos estos
organismos a la fecha prosperan en los ecosistemas
reestablecidos de algunas partes de la Tierra, en
el caso del último en completo aislamiento,
salvo por las constantes revisiones médicas
y científicas para estudiar su comportamiento.
El que habla a continuación es el susodicho,
en entrevista exclusiva para esta emisión especial,
a quien por cierto saludamos y agradecemos la oportunidad
que nos brindó de saber más acerca de
su persona.
¿Cómo se siente, Dr. Katsuragi,
al mirar atrás, hacia todo lo que ha logrado
en tan poco tiempo y al saberse cómo uno de
los artífices en la recuperación de
la humanidad de este difícil trance? Lo que
es más, ¿qué se siente ser el
símbolo de esperanza y renacimiento por excelencia,
dadas las peculiares condiciones de su nacimiento?
¿Doctor? el muchacho mira consternado
a la guapa reportera sentada junto a él, para
después echarse a reír, pese a sus intentos
por disimularlo Ay, lo siento... je jeje...
de veras, de veras lo siento... es que... jajaja...
nunca antes se habían dirigido a mí
con ese título, y suena muy curioso... bueno,
entrando a lo que nos atañe en nuestro negocio.
Me preguntabas tú por varias cosas (si me permites
tutearte, ¿verdad?) ante la respuesta
positiva de la periodista, que también esbozó
una sonrisita y se sonrojó frente a cámaras,
ante el evidente galanteo del apuesto muchacho, éste
continuó Por la primera: No creas, cada
vez que repaso mis supuestos logros, y los recapitulo
y veo hacia adelante sólo puedo percatarme
de lo poco que he hecho por ayudar a las personas,
de tanto tiempo que he desperdiciado y que bien pude
haber aprovechado para continuar ayudando a mis semejantes.
Es el reto que yo mismo me he impuesto, superar metas
y objetivos en beneficio de todos. En conclusión:
me siento insatisfecho por tanto tiempo que he desperdiciado.
Eh... ¿qué más dijiste? ¡Ah,
sí! No creo que sea válido tacharme
como símbolo y demás, después
de todo lo único que hice fue venir a la vida
mientras millones se iban. Me siento, a ese respecto,
muy agradecido con Dios por la gran oportunidad que
quiso brindarme, y todos los días rezo y hago
lo posible por no defraudar su confianza en mí.
Y también pido perdón... perdón
por mis constantes errores, y por lo que he dejado
de hacer. Siempre trato de ser digno de esta vida,
regalo tan precioso que no muchos podemos apreciar
al pronunciar aquellas palabras, en tono tan serio
y quedarse mirando a la pantalla fijamente cuando
lo hacía, a Ikari le pareció, sorprendido,
que esa oración iba dirigida precisamente a
él aunque para mí sea imposible
el no hacerlo dado que cada minuto de mi existencia
es prestado. Por eso trato de que ésta vida
regalada sea constante testimonio de Su grandeza,
viviéndola al máximo, sacándole
el mayor jugo posible y no dejar pasar un minuto en
vano...
Lo dice el sujeto que se la pasa 12 horas al
día dormido pensó la joven alemana,
tragando saliva, sin creer por completo todo lo que
había visto y escuchado.
Qué interesante que mencione ese aspecto
tan espiritual... ¿Es usted cristiano, Doctor?
Básteme decir que creo firmemente en
Jesús, en Dios... por cierto, siéntete
en toda confianza para decirme cómo los amigos:
Kai pronunció cándidamente
el joven, guiñándole uno de esos ojos
verdes.
Eh... bien... Kai acertó a decir
la apuesta reportera, cruzando sus largas piernas,
ruborizada A últimas fechas hemos perdido
un poco tu rastro... se rumora que ahora te encuentras
trabajando para las Naciones Unidas en NERV, agencia
que tiene a su disposición estos magníficos
aparatos: los Evangelions. ¿Es verdad eso?
Bueno, comprenderás que no pueda desmentir
ni confirmar ninguna información al respecto,
tengo que dejar todo en conjeturas. Aunque lo que
sí puedo decirte a ti y al auditorio en general
es que sí estoy trabajando para la O.N.U. en
estos momentos...
Las imágenes siguieron corriendo, pero los
muchachos ya no le prestaban atención alguna.
Estaban pasmados en sus lugares, sin dar crédito
a lo que habían escuchado por televisión.
Ninguno de los dos atinaba a decir algo, hasta que
al mismo tiempo los dos voltearon a verse, igualmente
confundidos; su semblante lo decía todo.
¿Viste... lo mismo que yo vi?
pronunció la chiquilla con la voz apagada,
señalando al aparato frente a ellos.
Sí... sí respondió
su compañero, mirando de reojo la puerta cerrada
del cuarto de Misato, donde se había encerrado
el mencionado Kai... Kai nació en el
Segundo Impacto. Es sorprendente... no tenía
ni idea...
¿Quieres decir que no lo sabías?
añadió la joven extranjera, poniéndose
de pie con una mano en el pecho Mein Gott! ¡Yo
me estaba refiriendo a cómo ese desgraciado
infeliz le coqueteaba a esa reportera! ¡Es el
cumpleaños de tu mejor amigo! ¿Y no
lo sabías? ¡Vaya amigo que resultaste
ser! Por lo menos yo tengo la excusa que lo detesto
y no me interesa lo que haga ó deje de hacer
ese bicho... ¿Pero tú? No puedo creerlo...
Él nunca mencionó nada al respecto...
y yo siempre creí que éramos de la misma
edad. Cómo va en nuestra clase... intentó
defenderse, encogiéndose en su lugar. Era inútil,
él también se sentía fatal, no
necesitaba que Langley lo recriminara.
Te la vives disculpándote con todo mundo
continuó la muchacha, exasperada por la actitud
tan pasiva de la que siempre hacía alarde su
compañero piloto. Prefería mil veces
trabarse en un combate verbal con Rivera que aguantar
el carácter pusilánime de ese mocoso
Así nunca vas a llegar a ningún
lado, ¿no lo entiendes? ¡Me desesperas!
Hago lo que puedo contestó Shinji,
apenado, desviando la vista a otro sitio con tal de
no encararse con su compañera No me gusta
perder tiempo discutiendo, ¿sabes?
Asuka calló por unos instantes, limitándose
a permanecer en su sitio, de pie, con los brazos a
los costados, resoplando mientras observaba cómo
Ikari trataba por todos los medios posibles de evadir
cualquier confrontación con ella. Era para
dar lástima, pensaba. Estaba tan alejado del
arquetipo de hombre fuerte que se le había
inculcado con el ejemplo desde la infancia, el tipo
de hombre que representaba su estándar ideal,
y no esa parodia que tenía delante de él.
Y le disgustaba sobremanera que precisamente él
tuviera que comportarse de aquella manera, hubiera
querido hacer algo para que todo no fuera así,
pero aparentemente el muchacho estaba más allá
de toda ayuda.
Ni hablar. Simplemente no tienes remedio
suspiró la chiquilla, dándose la media
vuelta para dirigirse al cuarto de Misato Yo
misma tendré que arreglar este relajo.
Espera, Asuka, ¿qué es lo que
piensas hacer? pronunció el infante,
incorporándose mientras que la europea avanzaba
con paso firme hacia dicha habitación ¡Asuka,
espera, no lo hagas!
Ikari suponía, con bastantes fundamentos,
la segura reacción que Rivera tendría
si es que era molestado, mucho más si estaba
dormido en esos momentos, lo que era la opción
más probable debido a que desde que se había
encerrado no había hecho ruido alguno, algo
raro en él. Temía además que
en cualquier momento su amigo reventara, pues conocía
los efectos adversos que la presencia de la muchacha
estaban desencadenando en su persona, sobre todo que
su hostilidad fuera en aumento; ya había visto
cómo cada día las discusiones entre
esos dos subían de ánimo más
y más, llegaría el momento en que aquello
que los dos se traían les explotara en el rostro.
¿Hasta qué punto podrían llegar,
en ese caso? Algo era seguro: no tardarían
mucho en alcanzar el límite, por lo que quería
retardarlo lo más que fuera posible, pues también
estaba convencido que tal evento desencadenaría
consecuencias terribles para todos ellos.
¡Oye tú, miserable! dijo
Langley al momento de deslizar la puerta con fuerza,
ignorando las súplicas del joven nipón,
puesto que, precisamente, aquella confrontación
con Kai era lo que la chiquilla necesitaba más
que nada en esos momentos, sobre todo para quitarse
la decepción pasada ¿Podrías
decirnos qué fue todo eso?
El susodicho no respondió cosa alguna, continuando
profundamente dormido en la cama en la que se encontraba
acostado, con el rostro oculto entre la almohada.
Aquella situación desesperó aún
más a la impetuosa jovencita, que ardía
en deseos de reprocharle al muchacho su comportamiento
para con sus amigos, que hipotéticamente eran
ellos.
¡Te estoy hablando, Van Rip! prosiguió
con su sarta de reclamos que no llegaban a su destino,
y por lo tanto resultaban inútiles ¿Porqué
razón nunca nos dijiste que te entrevistaron
para la tele, eh? ¿Ó cuando era tu cumpleaños?
¿Al súper chico le daba vergüenza
ó qué diablos? ¡Te estoy hablando,
responde, maldición! tuvo que llegar
al extremo de sujetarlo fuertemente por la camiseta
y sacudirlo violentamente, sólo para ver si
provocaba alguna reacción en él, cosa
que no sucedió.
El chiquillo sólo entreabrió los ojos,
pestañeando confundido un par de veces pero
sin pronunciar palabra alguna, entre los brazos de
la chiquilla, para enseguida volver a dormirse como
tronco, ignorando todo lo que pasaba a su alrededor.
¡¿Cómo te atreves a ignorarme,
maldito hijo de...?! renegó la muchacha,
rabiosa cómo nunca antes lo había estado,
antes de que la dueña de la casa, recién
llegada, la interrumpiera desde el recibidor.
¿Pero qué significa todo este
escándalo? preguntó cuando se
quitaba los zapatos y se enfilaba a su habitación,
donde al parecer estaban todos reunidos.
¡Es este insolente, que no quiere contestar
a nuestras preguntas! señaló la
joven rubia, un tanto avergonzada de haber sido descubierta
una vez que Misato entró a la pieza, percatándose
de la situación.
Ah, ahora entiendo murmuró la
beldad de cabello negro, mirando sobre su escritorio
el frasco con la medicina que le habían recetado
a su protegido para la jaqueca.
Lo sostuvo entre sus manos, observándolo con
cierto aire de tristeza, pues los doctores ya le habían
dicho que sólo serviría para ocultar
algunos de los síntomas más molestos,
cuando éstos se presentaran, pero que de todos
modos aquello no cambiaba la situación en nada.
También pasó la vista por el muchacho
que estaba tendido en la cama, reposando plácidamente
en un sueño profundo, inducido por la medicación.
Eran tiempos difíciles para todos, y él
últimamente se estaba poniendo bajo mucha presión;
le hubiera gustado que volviera con Rei, por lo menos
así podría relajarse un poco más
y olvidarse momentáneamente de los problemas,
pero ni siquiera sabía aún el motivo
de dicha separación. Kai se había vuelto
más huraño y reservado desde ese entonces,
ni siquiera se sinceraba ya con ella.
Vengan, será mejor que lo dejemos dormir
por ahora les dijo a sus subordinados, saliendo
éstos del cuarto mientras que ella arropaba
al muchacho Ha tenido mucho trabajo en su sección
durante éstos días, debe estar agotado.
Ojalá pueda reponerse con el día de
descanso de mañana.
Me parece que lo mimas demasiado enunció
despechada Asuka cuando volvía a cerrar la
puerta y apagaba la luz, para luego cruzarse de brazos
y encogerse de hombros Pero es tu casa, y tú
sabrás lo que haces con ese engreído.
Te agradezco la sugerencia, linda sonrió
Katsuragi, pasándose los dedos por el cabello.
Misato pronunció Shinji para tener
la atención de su tutora ¿Tú
sabías que Kai nació en el Segundo Impacto?
La militar palideció en primera instancia,
sin saber qué responder. Obviamente le desagradaba
tocar el tema y hubiera preferido no hacer comentario
alguno, pero...
Con que era eso masculló, encontrando
las palabras adecuadas Sí... obviamente
sí lo sabía... es sólo que...
verás, yo aún tengo muy malos recuerdos
de ese día en especial, y él ya está
harto de escuchar la misma historia una y otra vez,
ó de que la gente lo mire con extrañeza
al saber su fecha de nacimiento... es por eso que
a ninguno de los dos nos gusta hacer mucha alharaca
al respecto, por lo que no le damos mucha importancia
al asunto... no creí que a ustedes les fuera
a impactar tanto la noticia... por cierto, ¿cómo
se enteraron de eso? No creo que él se los
haya dicho.
No, no se tomó la molestia intervino
Langley señalando al televisor encendido Tuvimos
que saberlo por ese estúpido programa en donde
lo entrevistaron.
Oh, ¿quieres decir que me lo perdí?
se lamentó la mujer, cabizbaja Y yo que
estaba haciendo todo lo posible por salir temprano
del trabajo para poder verlo... ni hablar.
Cómo ya no había nada más que
decir, la noche transcurrió sin ningún
otro percance, y a la mañana siguiente, como
era costumbre, Shinji fue el primero de la casa en
levantarse, ó al menos eso suponía.
Si de por sí, ya tenía bastantes problemas
para conciliar el sueño, el dormir en la sala
no le hacía algún provecho para mejorar
su padecimiento. Pero no se quejaba al respecto, pues
ya no quería incomodar más a los demás
ocupantes del departamento que no se daban abasto
en conseguir un poco de espacio. Misato estaba desesperada
ya por hacerse de ese penthouse del piso de arriba.
Cuidándose de no hacer ruido enrolló
su colchoneta y la guardó en la gaveta correspondiente
del armario. Después se dirigió al baño
para despojarse de su pijama y vestirse.
Cuando fue al lavabo con su cepillo de dientes y
su vaso para enjuagarse la boca, notó que éste
ya había sido utilizado antes, pues todavía
conservaba gotas de agua que resbalaban por su porcelana
hacia el desagüe. Y el agua no era lo único
que iba hacia allí, sino también dos
sendas gotas de sangre de las cuales se desprendían
hilillos que parecían dedos estirándose.
La sangre, tan roja y espesa, resaltaba a primera
vista, contrastando con el blanco del lavamanos.
¿Quién había entrado primero
al baño? No recordaba haber escuchado a alguien
levantarse antes que él, a no ser que haya
sido muy por la madrugada. Pero aquello resultaba
muy improbable. Así que luego de enjuagar con
un fuerte chorro de agua el lavabo, y de haberse cambiado
de ropas y limpiado sus dientes, se asomó cauteloso
por el quicio de la puerta del baño, buscando
a la persona que lo acompañaba despierto ya
tan temprano. Dio de nuevo un vistazo a la sala, al
comedor y la cocina, pero desde antes ya sabía
que nadie estaba allí, pues él se hubiera
percatado de su presencia al momento de despertarse.
Sin embargo, descubrió algo en lo que no había
reparado antes: la puerta del departamento estaba
abierta. La idea de un ladrón en esos tiempos,
lo que era más, en ese país, en esa
ciudad de por sí ya deshabitada, en donde el
crimen era bajo, por no decir nulo, estaba más
asociada a las leyendas urbanas que a la misma realidad.
No obstante, al muchacho le dio un vuelco el estómago
al imaginarse que un extraño había entrado
a su casa sin su consentimiento, invadiendo su intimidad.
Aquella sensación de horror se acrecentó
ante la posibilidad de que aquél sujeto aún
estuviera dentro del apartamento.
Con las rodillas temblándole, se dirigió
al recibidor de la casa, para asegurarse de una vez
por todas, empuñando una sartén, con
la cual se había hecho al entrar sigilosamente
a la cocina. En esos momentos era cuando tenía
que ajustarse los pantalones, pues él era el
único que estaba en pie para defender su hogar.
¿Ó no era así?
El alivio que sintió luego de aquellos angustiantes
momentos se fundió con la sorpresa de ver a
Kai sentado al borde de la puerta, lo que era más,
despierto. Aquello era tan usual casi tanto como ver
a un gato ladrándole a un perro trepado en
un árbol, ó a los patos tirándoles
a las escopetas, por así decirlo. Aún
estaba vestido con su pijama: una camiseta de cuello
redondo blanca, agujerada y sin mangas, pantalones
deportivos negros, ya algo viejos, y sus pantuflas
del Hombre Araña. Ni siquiera se había
peinado, pues el cabello todo revuelto se le arremolinaba
en la cabeza. Fumaba un cigarrillo despreocupadamente
mientras miraba en dirección al pasillo, con
la cabeza en las nubes.
Eh musitó Ikari, a sus espaldas,
sin saber qué decir por la impresión
que el sólo verlo le ocasionaba. Su joven amigo
volteó hacia donde él estaba, interrogándolo
con esos ojos verdes que perforaban almas Buenos
días... Kai...
Buen día, Shinji saludó
éste colocándose el dedo índice
y medio en la frente, para entonces apartarlos y señalarlo
donde estaba, sin moverse de su lugar Ah, veo
que ya estabas por hacer el desayuno, ¿eh?
fue lo primero que se le vino a la mente al observarlo
ahí de pie, desconcertado y sosteniendo esa
sartén por el mango Bien por ti, amigo.
¿Esto? ¡Ah, sí por supuesto!
Eso estaba por hacer... pronunció, escondiendo
su arma a sus espaldas, abochornado Eh... ¿tú
fumas?
A veces... no suelo hacerlo muy seguido, sólo
cuando estoy muy estresado. Lo siento, no quería
darte un mal ejemplo se disculpó mientras
apagaba la colilla que había dejado en el piso
y la tiraba en el bote de basura que había
a su lado.
No hay problema, en serio. No soy quien para
juzgarte le dijo, para que se sintiera en confianza
Pues... es raro verte despierto a estas horas.
Sí lo sé. Últimamente
no he podido dormir tan bien como antes, ¿sabes?
confesó con sumo pesar, todavía sentado
en la puerta Los nervios están acabando
conmigo, Shinji. Y esta mendiga migraña
pronunció, acariciándose la sien No
quiere aplacarse... Pero no está tan mal. Por
primera vez en mucho tiempo pude ver el amanecer.
Casi había olvidado lo hermoso que era. Ciertamente
es algo muy relajante.
Es verdad, pero... asintió su
compañero, sólo para insistir de nuevo
¿Seguro que todo está bien? Vi
manchas de sangre en el lavabo y...
Ah, con qué era eso lo interrumpió
Rivera, a todas luces incómodo por aquél
comentario, pues creía haber enjuagado muy
bien el lavabo luego de que lo usó Lo
que pasó fue que me corté al rasurarme,
¿ves? le enseñó la barbilla,
poniéndose de pie para que la admirara mejor,
sumamente orgulloso; aunque por más que Ikari
buscó, no pudo encontrar ninguna cortada en
esa piel recién afeitada Sí, ya
sé que casi no se me veían los pelitos
que me estaban creciendo, pero creo que ya va siendo
edad de irme afeitando. Además, Kaji me dijo
que mientras más pronto lo hiciera más
pronto crecería mi barba. Apenas si puedo esperar
a que crezca para poder acomodármela en una
bella barba de candado. Aunque tengo que admitir que
nunca antes me había rasurado, y cómo
era mi primera vez no pude evitar lastimarme. Pero
creo que bien valió la pena: echando a perder
se aprende, ¿ó no?
Creces muy rápido se admiró
su camarada Hoy cumples los quince, ¿no?
Nunca se me ocurrió que fueras mayor que yo...
Es nada más un añito masculló
el muchacho, algo sorprendido de que Shinji supiera
que ese día era su cumpleaños, aunque
después recordó la entrevista para la
televisión y todo se aclaró Sólo
que a veces da la apariencia que tú eres el
mayor. Eres muy maduro para tu edad, ¿sabes?
¿En serio lo crees? Pues... muchas gracias
agradeció el comentario, adulado De todos
modos: ¿porqué nunca nos lo dijiste?
Me refiero a tu fecha de nacimiento. Es que simplemente
es algo increíble.
Nunca me preguntaron por ello respondió
Kai, caminando a la cocina por un vaso de leche Además
no es la gran cosa. ¿Qué hay de bueno
en haber nacido en el Segundo Impacto? Nada bueno,
créeme cuando te lo digo, amigo mío.
No te hacen una fiesta ni te felicitan pues toda la
gente está llorando a sus muertos. ¿Tienes
la más remota idea de lo que se siente? ¿Querer
festejar mientras todos los demás están
de luto, vistiendo de negro? No, por supuesto que
no tienes idea. Es algo deprimente. Y luego está
la reacción de asombro de todo mundo, cuando
lleno un formulario y anoto la fecha de mi nacimiento.
Se me quedan viendo como a un bicho raro, con una
cara entre de asombro y espanto. Y yo estoy hasta
la madre de eso. Qué bueno que estaba dormido
cuando pasaron esa entrevista por televisión,
así me ahorré verles la cara de sorpresa
a ustedes dos.
Debiste ver cómo se puso Asuka
comentó Ikari, sonriendo Casi le da un
ataque al corazón... aunque debo confesar que
al verte en la tele... y al escuchar todo lo que has
logrado en tan poco tiempo... me dio un poco de envidia...
yo en toda mi vida no he hecho algo de provecho, y
tú has hecho tanto por todos... me siento cómo
un inútil. Me parece que Asuka sintió
algo parecido. Se enojó bastante desvió
el tema, apenado, cuando se estaba poniendo en evidencia
frente a su amigo de lo que en verdad le inspiraba.
Ay, mira, ahorita no hablemos de esa tipa,
¿quieres? se lamentó a su vez
Katsuragi, volviendo a acariciarse la sien cuando
sintió de nuevo aquél punzón.
Ya se imaginaba que tendría que soportar a
Langley durante todo el día; seguro que no
lo iba a dejar en paz, si lo que suponía Shinji
era cierto Y tú no debes sentirte de
esa manera, mi estimado. Se hace lo que se puede.
Cada persona hace por las otras lo que está
al alcance de sus capacidades, y si tomamos eso en
cuenta, quiere decir que yo no he hecho nada... he
desperdiciado tanto tiempo en vano... tiempo precioso...
¡No seas modesto! Los dos sabemos que
no cualquiera puede hacer lo qué tú
en tan pocos años; así que no juegues
a hacerte el humilde conmigo. Tienes todo el derecho
de sentirte orgulloso por ello.
¡Pero es que yo nunca hice algo que valiera
la pena! contestó levantando la voz,
golpeando la mesa de la cocina con el fondo del vaso
ya vacío que sostenía en su mano derecha
Todo lo que sacaron en la tele fueron vanos
intentos que hice para tratar de olvidar mis errores...
y ninguno de ellos consiguió llenar el vacío
que sentía en mi corazón, ninguno me
alivió de cargar con esta culpa tan pesada
que llevo a cuestas... creí que al traer al
mundo nueva vida podría expiarme de mis pecados
anteriores, pero no fue así, en realidad sólo
logré encadenarme aún más a mis
remordimientos. ¿Quieres saber porqué?
Porque en realidad, muy en el fondo, sólo lo
estaba haciendo por mí. Para acallar el dolor
de mi alma, que me atormentaba día y noche,
incluso cuando cerraba los ojos. ¡No conseguí
hacerlo porque todo ese tiempo pensaba solamente en
mí, porque fui un hipócrita y un egoísta!
No me interesaba el bien que le haría al mundo,
sino el bien que me haría a mi mismo, a mi
estúpida conciencia. ¡Qué imbécil!
Y todavía se atreven a colgarme el título
de benefactor de la humanidad. ¡Ja!
¡Mis calzones!
Cuando acabó volvió a golpear la mesita
con el puño cerrado, como si ella fuera la
culpable de su sufrimiento interno. Luego, los dos
quedaron en silencio, estáticos en sus respectivos
lugares. Ikari se quedó atónito ante
aquella revelación. Siempre había visualizado
a Kai como una persona desinteresada llena de paz
interior, sin ningún cargo de conciencia por
sus acciones; pero ahora que lo escuchaba hablar de
ese modo, ya no estaba tan seguro. Sabía que
gran parte de lo que escupió había sido
a causa de la migraña, pero también
había fragmentos de sentimientos verdaderos
en aquellas frases. ¿Qué cosa tan terrible
habría hecho para que sintiera tan grande culpa?
Por su parte, Rivera sólo resoplaba, cabizbajo,
intentando calmar el dolor de cabeza tan agudo que
sentía. Los medicamentos no funcionaban, y
si tomaba una dosis mayor caería en un estado
comatoso por quién sabe cuánto tiempo.
Y exasperarse de ese modo no le hacía provecho
alguno. Resolvió por tomar más leche
e ignorar a su acompañante si volvía
a hacer una pregunta estúpida. Tomó
el recipiente de cartón que tenía a
un lado y procedió a vaciar parte de su contenido
en el golpeado vaso que sujetaba con la mano derecha.
El sonido que hacía el líquido al deslizarse
de su contenedor original al vaso fue lo único
que se interponía entre los dos muchachos,
hasta que se le unió el ruido de la puerta
del cuarto de Misato cuando se hacía a un lado
para dejar pasar a esta última, que salía
con gesto solemne e impecablemente arreglada con su
uniforme negro y chaqueta roja, mientras se acomodaba
su boina del mismo color sobre la cabeza y se metía
al baño para darse los toques finales.
Misato también se levantó temprano
murmuró el chiquillo japonés, cambiando
de tema ¿Pero porqué está
vestida así? Hoy le tocaba descanso, ¿no
es verdad? Pensé que se la pasaría dormida
hasta muy tarde.
Es cierto, se me olvidaba respondió
su amigo desde la cocina, mucho más relajado
y olvidándose por completo de lo que habían
hablado; fue algo así como una especie de acuerdo
tácito entre ambos Hoy iremos a visitar
al abuelo Katsuragi en el cementerio. Vamos todos
los años en este día. Ahora, si me disculpas,
tengo que arreglarme. A Misato no le gusta que vaya
desaliñado a este tipo de cosas. Respeto
a los muertos ó algo por el estilo, es
cómo le llama. Yo digo que es pérdida
de tiempo: si ya no pueden vernos, no sé en
que les importaría la manera en que vayamos
vestidos. Bien podríamos ir desnudos y ellos
ni siquiera lo tomarían en cuenta. En fin...
Así, sin más, se refugió en
su provisional habitación, cerrando la puerta
una vez más, para que nadie le molestara. De
esta manera lo entendió Shinji, quien depositó
la sartén que sujetaba entre sus manos en la
alacena de donde la había tomado, mientras
recapitulaba, confundido, su conversación con
Rivera. ¿Qué pudo haber hecho que le
alentaba ese odio tan exacerbado por sí mismo?
No se podía imaginar la respuesta a su pregunta.
Empleó mucho tiempo en ello, aunque fuera
en vano, inclusive mientras se dirigían en
automóvil al cementerio. Tan cordialmente como
era posible en este tipo de situaciones, Misato invitó
a sus dos inquilinos a unírseles para honrar
a la memoria de su padre fenecido. Ninguno de ellos
tuvo objeción alguna y accedieron casi de inmediato,
pues la costumbre general en esa fecha era visitar
el cementerio, sin importar gran cosa que no tuvieran
parientes enterrados allí. Aunque a decir verdad,
Shinji sí tenía parentela en ese mismo
panteón; ahí se encontraba la hermana
de su madre, Reika, como asimismo su abuela materna,
Megumi (el abuelo había fallecido ya seis años
antes del Segundo Impacto), por lo que aprovecharía
la ocasión para visitar las tumbas.
Sólo Asuka era la que, por así decirlo,
no tenía vela en el entierro, y sin embargo
de igual modo acompañaba a los dolientes (unos
más que otros, pero dolientes al fin y al cabo),
muy a pesar de Rivera, que se vio en la necesidad
de administrarse un par de calmantes para el camino,
y así escuchar el ofensivo tono de la muchacha
desde lejos, ausente, completamente embrutecido por
la droga. Claro que el efecto no era permanente, sino
sus problemas no serían tan graves.
La fila de vehículos en la carretera para
tomar la desviación hacia el cementerio era
insólitamente monstruosa. Gente de todas partes
del país venían para visitar las tumbas
de los familiares que habían sido enterrados
en Tokio, además de que tal evento sacaba de
su escondite a casi todos los escasos habitantes que
permanecían en Tokio 3, causando un caos vial
completamente ajeno a aquella metrópoli.
Así que, después de dos angustiosas
horas atascados en la hilera de carros que parecía
nunca se moverían de su sitio, lograron entrar
al parque cementerio, y lo que es más, alcanzaron
un lugar para estacionarse, en gran parte gracias
a la maña y colmillo de Katsuragi como cafre
al volante, aunque el vehículo hubiera quedado
algo retirado de la entrada, pero nadie se quejaba
al respecto. El camposanto de la zona urbana del viejo
Tokio y sus dos hijas era una enorme extensión
de terreno que se extendía por tres hectáreas,
a lo menos. No había cruces de ningún
tipo, ni losas, sólo pilotes de mármol
con los nombres grabados en ellos, sin epitafios,
que se distribuían por todo el lugar, con apenas
metro y medio separándolos uno del otro, con
veredas de dos metros de longitud para que los deudos
pudieran pasar y ubicar al occiso que buscaban. Más
que un cementerio, aquello se consideraba un monumento,
algo así como el Arlington que había
en Washington, D.C.
El cielo matutino estaba poblado de densas nubes
que lo mantenían nublado, tapando así
los rayos solares que se perdían en la alfombra
de nimbos, dejando en esas condiciones a la tierra
con poca luz, apagada y melancólica: algo muy
conveniente para celebrar ese día, si se me
permite apuntar, pues el paisaje reflejaba el ánimo
de todo mundo. De hecho, parecía que las personas
no lloraban la pérdida de un ser amado, ni
daban las gracias por haberse salvado de la catástrofe
y continuar con vida, sino que más bien daba
la impresión de que se iban a lamentar por
su suerte, envidiando la posición de los muertos
pues eran ellos quienes en realidad se habían
salvado, pues ya no sufrían, mientras que los
vivos debían seguir arreglándoselas
para sortear la vida en esos tiempos, que en vez de
mejorar parecían ir cuesta abajo, cada vez
más empinados. La situación estaba bastante
difícil por todos lados: escasez, desempleo,
guerras y revoluciones, gobiernos opresores, grupos
terroristas, monstruos gigantescos que asolaban la
ciudad y un sinfín de otras molestias similares,
cosa que hacía suponer que los difuntos no
tenían nada que envidiarles a los vivos.
Katsuragi también percibía dicho estado
de ánimo, aunque se resistía con todas
las fibras de su ser a ser partícipe de ello,
de pie ante la tumba de su padre, aunque sólo
fuera un pilote de mármol con su nombre, puesto
que no había cuerpo enterrado. No había
quedado mucho que enterrar, para ser honestos.
Miraba fijamente las letras inscritas en el delgado
trozo de mármol incrustado en el piso, letras
que en conjunto representaban el nombre del Dr. Yoshiro
Katsuragi; leía la inscripción a través
de sus lentes oscuros, mismos que traía puestos
pese a las condiciones climatológicas. Ni siquiera
en la muerte se había podido despojar de su
título, que en vida portara con gran orgullo,
como si fuera su segundo nombre. Siempre se había
reducido sólo a eso: no era ni hombre, ni esposo,
ni padre. Era doctor, era científico y eso
era todo lo que le importaba. Nada más. Nada
más. Estrujó sus manos y las guardó
en puños, apretándolos fuertemente contra
sus anchas caderas, luego de incorporarse una vez
que depositó en el piso el ramo de flores blancas
que traía para adornar la lápida. ¿Cómo
pudiste hacerlo? Cada año se formulaba la misma
pregunta, sin que alguien la contestara. ¿Pero
es que cómo pudiste hacerlo, maldito imbécil?
Dejar todo atrás, a tu esposa y a tu hija,
a tu condición humana. Todo por tu ridícula
búsqueda de conocimiento. ¿Era eso lo
que te impulsaba? No lo creo, te engañas si
es que llegas a pensar así. A decir verdad,
papá, lo que te movía era miedo, ¿no
es así? El miedo de saber que personas dependían
de ti. La responsabilidad te agobiaba, y por eso te
ocultabas, te refugiabas como una tortuga en su caparazón
en tu investigación. Es cierto, papá,
no trates de mentir. Nos abandonaste, a mi madre y
a mí, cuando ya no soportaste más, cuando
ya no pudiste con la presión, cobarde. ¿Y
qué fue lo que obtuviste al final? Nada, salvo
la muerte. La muerte, y el olvido eterno. ¿Era
esto lo que querías? Una tumba vacía
y un pedazo de piedra con tu nombre en ella. Esto
es lo que buscabas con tanto ahínco en tus
interminables libros apilados unos sobre otros, tus
hojas de cálculo y todos los matraces en tu
laboratorio. Huir a toda costa de nosotras. Porque
no soportabas tener que cuidar de tu familia, como
todo aquél que se precie de ser un hombre debiera
hacerlo. Te resultó mucho más fácil
querer salvar al mundo que a tu propia carne. Y sin
embargo, al final tú... tú pudiste...
hacer lo que hiciste... ¿porqué? ¿Porqué
lo hiciste? Me sería mucho más fácil
odiarte ahora si no l |