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El Proyecto Eva
Por: Gus

Capítulo Doce: Inmersión en el magma

“Great Balls of FIRE”

Jerry Lee Lewis

En todo el año, hay una época en particular que es la favorita de los estudiantes en todos los rincones del mundo. Y ésa es el verano. El fin del ciclo escolar, lo que significaba también el principio de las vacaciones. Libres de la exasperante labor de asistir a la escuela, los jóvenes pronto abarrotan los centros recreativos y de diversión, cómo lo eran las playas y balnearios, cines y centros comerciales y un sinfín de opciones de las que disponía en aquellos tiempos la industria del ocio, como los juegos de realidad virtual por citar un ejemplo. Era un buen desahogo, por lo menos para evitar pensar en los tiempos difíciles por los que todos atravesaban. Siempre era bueno distraerse un poco y olvidarse de los problemas. Por lo menos eso era lo que pensaban Shinji y sus amigos el último día de clases, mientras planeaban lo que harían en el viaje que los miembros de la clase junto con el maestro tutor habían planeado a Okinawa. Aquello era tan emocionante, pensaban, por fin podrían salir de aquella ciudad tan sola y aburrida en la que vivían para divertirse en uno de los mejores centros vacacionales del país. ¡Y las chicas que podrían admirar en esas playas tan hermosas! Quizás hasta alguna voltearía a verlos y entonces podrían dirigirle la palabra a una de ellas. Sí, en Okinawa se iban a divertir de lo lindo. Por lo pronto, ni Kai ni Shinji compartían el ánimo que profesaban sus dos compañeros. Rivera seguía sumido en su postura indiferente, con los brazos apoyados en la nuca mientras caminaba al compás de sus camaradas, mientras que el silencio de Ikari bien podría haberse debido a la boleta de calificaciones que sostenía en su mano. No le había ido muy bien en los finales, de hecho había bajado su promedio 10 puntos en relación al anterior que tenía en su vieja escuela. Ahora las calificaciones ya no importaban tanto, pero de todos modos no podía dejar de angustiarse por ese bajón en sus estudios. Y es que ser piloto de Eva le restaba mucho tiempo a sus estudios.

—Ya no te angusties, mi buen— lo instaba Kai al ver su cara larga cuando repasaba una y otra vez ese 80 que tenía marcado en su calificación final —Un ochenta no es tan malo, no seas tan obsesivo con eso de las calificaciones, por favor— luego bajó los brazos, para encarar al pequeño grupo —Eso es algo que nunca entenderé de ustedes, los estudiantes, siempre tan empeñados en obtener el puro 100 nomás porque sí... ¿Qué no se dan cuenta que lo que se aprende es lo que de veras vale? Se la pasan varias noches en vela memorizando de cabo a rabo sus libros, en realidad sin entender nada de lo que dicen, y luego de que hacen su dichoso examen todo lo que se retacaron en la cabeza se les olvida. Y todavía, para acabarla de amolar, se la pasan angustiados por un mugroso número garabateado en un papel. De veras que nunca podré entenderlos.

—Tú puedes decir todo lo que quieras— respondió Shinji, todavía con su rostro compungido —Sacaste 100 sin sudar, ni siquiera estudiaste para el examen final... no te preocupas por las calificaciones porque siempre sacas perfecto fácilmente... pero en cambio uno no puede hacerlo tan sencillo...

—Es cierto, Kai— añadió Kensuke, enseñándole la boleta que había arrojado en el bote de la basura del salón —Pero a pesar de tus excelentes calificaciones no pudiste evitar reprobar en conducta... ¡Mira qué números tan rojos! ¡Nunca lo creí de ti!

—¿Y eso qué tiene que ver, idiota?— le espetó molesto el muchacho, arrancándole de las manos el dichoso papel para volver a arrugarlo y lanzarlo por encima de su cabeza —Conducta, ¡mis calzones! Eso ni siquiera es asignatura...

—Pues yo también pienso que un 80 no es tan malo— musitó Toji mientras veía su calificación con cierto desgano —Yo cuanto apenas alcancé a sacar un setenta. Cielos, mi viejo se enfadará conmigo, le prometí ponerle más empeño a mis estudios este año.

—Por lo menos superaste el 60 del año pasado— le respondió Aida, admirando el hermoso 90 que él tenía grabado —¿Entonces crees que no te deje ir al viaje?

—Bah, ya me las arreglaré para que me dé ese permiso... ¡esperé todo un año por ese viaje, no puede prohibirme que vaya a Okinawa así cómo así!

—¡Será fabuloso salir por fin de esta apestosa ciudad!— exclamó bastante entusiasmado Kensuke en medio de la calle —¿No lo creen así, chicos?— les preguntó a sus otros dos compañeros que se habían quedado rezagados de la conversación, y quienes no lucían tan animosos como Toji y él.

—En realidad, prefiero quedarme aquí— confesó Kai, metiéndose las manos en los bolsillos de su pantalón deportivo —Un lugar tranquilo me servirá para aliviarme de todas las tensiones que he padecido las últimas semanas... de veras que lo necesito...— admitió con un suspiro, dándose masaje en uno de sus hombros —Además, la imbécil de Asuka también irá y yo quiero estar lo más lejos posible de ella— dijo mientras se estremecía de un horrible escalofrío que la sola mención de ese nombre le provocó.

—Y hablando de eso— intervino Toji, acercándosele para murmurarle en un tono de complicidad, dándole ligeros codazos en el abdomen —¿Cómo fueron esos cinco días que pasaron juntos, pillín? ¿No hicieron nada salvaje y desenfrenado, eh?

—¡Claro que no!— vociferó molesto el joven, encarándolo —¡No tengo ningún interés en esa zorra, ni nunca lo tendré! Habría que estar loco para intentar algo con ella...— finalizó, adoptando su postura original, medio abochornado. Todavía tenía fresca en la memoria la imagen de la joven europea envuelta en esa toalla, con el cabello y la piel húmeda después de ducharse, con todo ese vapor detrás de ella.

—Pues yo estoy que me muero de la envidia— musitó Aida, mordiéndose las uñas.

—Cállate, ¿quieres?— respondió Rivera, enfadado por la ingenuidad con la que su compañero decía las cosas —Esos cinco días fueron de los peores de mi vida. Tener que ver a esa idiota las 24 horas del día fue algo insoportable. Si tuviera que volver a hacerlo, lo más probable es que me desmayaría.

—Sí, claro— le dio Toji por su lado cuando su amigo volvía a estremecerse —¿Y tú, Ikari, que me dices? ¿Podemos contar contigo para divertirnos a lo grande en la playa?

—Tampoco yo creo poder ir al viaje, ahora que lo mencionan— les reveló Shinji, un poco menos preocupado por sus calificaciones, por fin guardando en un bolsillo la boleta —Lo más probable es que no se me permita salir de viaje. Un ángel podría atacar mientras esté fuera, ó algo por el estilo. Ser un piloto Eva absorbe todo tu tiempo disponible, por si no sabían.

—Qué lastima— masculló Suzuhara, pateando una lata que se atravesaba en su camino —El viaje no será lo mismo sin ustedes, eso es cierto. Esperaba que nuestro amigo Kai pudiera enseñarnos algunos trucos para ligarnos a unas chavas en la playa.

—Aprende por ti mismo, yo lo hice— indicó Rivera, con una sonrisita en los labios. Siempre era agradable que otros reconocieran su habilidad con las mujeres —Fui completamente autodidacta.

—¿En serio?— le inquirieron sus tres acompañantes con una mirada acusadora.

—Bueno, quizás Misato me dio uno que otro tip— finalmente confesó, apenado, rascándose la nuca mientras apartaba la vista de ellos.

En esos momentos ninguno de los cuatro prestó la menor atención cuando una camioneta de paquetería pasaba por la calle junto a la acera por la que caminaban, y que venía justo de la dirección por la que se encontraba el edificio departamental de la familia Katsuragi. Oh, no, ni Shinji ni Kai se imaginaban lo que les esperaba cuando llegaran a casa.

Una vez que estuvieron frente a su edificio, los dos pilotos se despiden quizás por un buen tiempo de sus amigos, alzando un brazo mientras éstos seguían su camino.

—¡Nos vemos!— les decía Ikari —¡Manténganse en contacto!

—¡Así lo haremos!— le contestaba por su parte Kensuke, a lo lejos.

—¡Les llamaremos en cuanto volvamos!— puntualizó Toji, perdiéndose de vista al dar vuelta en una esquina.

—No te preocupes— pronunció Rivera cuando se dirigían a la entrada del edificio departamental, cruzando la calle —Tal vez podamos ir a despedirlos al aeropuerto. Salen pasado mañana, ¿correcto? No creo que estemos ocupados para entonces. Hasta podríamos ir a almorzar al restaurante del aeropuerto, allí preparan un excelente filete Mignon, ó si lo prefieres, también es muy bueno el pescado adobado de allí— el chiquillo sentía que se le hacía agua la boca al recordar el exquisito sabor de los platillos mencionados.

—Suena bien para mí— le respondió su compañero mientras subían las escaleras —Por lo menos no nos pasaremos las vacaciones encerrados en el departamento... ¿Porqué no vamos la semana que viene al cine, o a ese nuevo centro de realidad virtual que pusieron en el centro? Así no nos aburriremos.

—Hm, ahorita no hay ninguna película en cartelera que me interese— dijo el joven cuando caminaban a la puerta de su hogar —¿Y no te has enterado de qué es ese módulo de realidad virtual? De piloto de Evangelion...

—Oh no...— se lamentó su compinche. Pilotar un Eva arriesgando la vida y después jugar a que pilotaba un Eva no sonaba para nada divertido, por lo menos para ellos dos.

—A lo mejor podemos convencer a Misato para que nos lleve a un balneario de aguas termales que hay a las afueras de la ciudad— lo tranquilizó, pasando la tarjeta por la ranura de identificación, haciendo que la puerta se abriera —El agua allí es deliciosa y el paisaje es muy bonito. Acostumbrábamos ir seguido antes de entrar a trabajar en NERV.

—¡Tadaima!— pronunciaron al mismo tiempo los dos jóvenes al ingresar a su casa, quitándose los zapatos en el recibidor y poniéndose sus pantuflas. Tadaima es una expresión que se utiliza al volver a casa, algo así como “¡Ya llegué!”.

—¡Okaerinasai!— se le escuchó decir a Katsuragi dentro de su cuarto. Otra expresión japonesa, esta vez para recibir al recién llegado. Cómo “¡Bienvenidos!” ó algo por el estilo.

Con la firme intención de empezar de inmediato con sus vacaciones, Kai depositó pesadamente su mochila en el suelo sin el menor reparo, resuelto a reposar en su habitación como hacía tiempo que no lo hacía. De ahora en adelante tendría mucho más tiempo libre, mismo que aprovecharía para rescatar las actividades que por la escuela ó por el trabajo había abandonado, como su guitarra que estaba arrumbada y olvidada, practicar sus bocetos, comprar más discos, su consola de videojuegos y una larga lista que estaba en espera. Por lo pronto, lo primero que haría sería disfrutar de su ansiada emancipación tomando una larga siesta y después pondría su disco favorito mientras se ponía al tanto con sus lecturas atrasadas. Luego cenar, ver televisión para volver a dormir hasta muy tarde al día siguiente. Tenía todo su horario programado y nada parecía que le impediría realizarlo. Pero...

—¡Estoy muerto!— se dijo a sí mismo en medio de un bostezo —Lo único que quiero ahora es tirarme en mi camita y luego...— no pudo concluir su frase, ya que en cuanto deslizó el fusuma de su habitación con un sordo murmullo, quedó petrificado en su sitio, sin dar crédito a lo que veía.

El cuarto de los chiquillos estaba repleto de montones y montones de cajas de paquetería, apiladas una sobre otra, de tal manera que ocultaban todos los muebles de la habitación y sus enseres personales. Para donde quiera que mirara en el interior de ese cuarto sólo divisaba las interminables cajas de cartón que invadían su espacio personal. Todo lo tapaban: su escritorio, su computadora, sus trofeos, su televisión, sus discos, ¡su cama! Y lo que era más, entre todo ese barullo no alcanzaba a distinguir algunas de sus más preciadas posesiones. ¡Era una violación a su intimidad! ¿Qué clase de monstruo pudo ser capaz de hacer algo tan vil? Al borde de un colapso nervioso, sólo atinó a gritar a todo pulmón, sujetándose los cabellos:

—¡MI CUARTO!— exclamó conmocionado al mismo tiempo que Shinji se le unía para presenciar el estado de su habitación —¡¿Qué fue lo que le pasó a mi hermoso cuarto?! ¡¡No es posible, que alguien haga algo!!

—Pues qué lástima— pronunció Asuka, saliendo inesperadamente del baño a sus espaldas, entonando con una risita burlona —Porque sucede que ahora es MI cuarto...

Maquinalmente, como si no estuvieran del todo convencidos de lo que habían escuchado, y sobre todo de a quién habían escuchado, los dos muchachos desviaron la mirada hacia atrás, el lugar de donde provenía esa voz para encontrarse a Langley en el umbral de la puerta en una de sus poses características: inclinada ligeramente hacia un lado con una mano apoyada en la cintura. Parecía que estaba modelando el atuendo casual que traía puesto, una ajustada camiseta blanca y una recortada minifalda.

Ikari se quedó inmóvil donde estaba, sorprendido; y asimismo, el estruendo que hizo Kai al caer desmayado al suelo se escuchó en toda la casa.

—¿Y éste porqué se desmaya?— preguntó molesta la jovencita, tanteando el cuerpo inconsciente de Rivera con la punta del pie —Cualquiera diría que vio una aparición, el muy exagerado...

—P – Pero Asuka— se dirigió a ella el joven japonés, con la misma cara de estupefacción a la vez que trataba de darle aire a su amigo para que reaccionara, abanicándolo con la mano mientras lo sujetaba en el piso —¿Qué es lo que estás haciendo aquí?

—Ah... Shinji, amigo...— en ese momento Kai empezaba a salir del estupor de la inconciencia, sin darse cuenta completamente de su situación —Tuve una pesadilla de lo más terrible... Asuka estaba en el departamento, se había apoderado de mi cuarto y después intentaba violarme... fue espantoso...

—¡Óyeme, animal, no andes inventando absurdos!— le respondió la chiquilla, enfurecida.

—¡Ahhh! ¡No era un sueño!— pronunció aterrado el joven, incorporándose de un salto y santiguándose —¿Qué haces aquí? ¡Lárgate antes de que llame a la policía por estar invadiendo mi propiedad! ¡Shú! ¡Fuera!— le decía despectivamente, barriéndola con las manos cómo se haría con cualquier can.

—¡No soy un perro, estúpido!— le reclamó la muchacha dándole un golpe en la cabeza, para luego adoptar de inmediato su postura inocente —Misato me ha invitado a residir en este lugar. En realidad, viviendo sola tendría menos problemas, pero es que me ha insistido tanto que no pude rehusarme.

—¿Así como así?— masculló Ikari en su lugar —¿Sin consultarnos en nada?

—¡Esto no puede estar pasando!— gimió por su cuenta su compinche —¡He sido traicionado por mi propia madre! ¿Porqué a mí? ¿Porqué?

—¡¿Qué les pasa, cretinos?!— los interpeló la alemana, blandiendo un puño —¿No están conformes ó qué?

Desolado, habiendo sido su santuario profanado y con esto también la seguridad que su propio hogar le inspiraba, el joven mestizo se derrumbó pesadamente en el suelo, apoyándose en la pared con la esperanza de que un rayo entrara por la ventana y lo fulminara, sólo para completar su día. ¿Qué iba a ser de su vida ahora? Si ya no podía refugiarse en la santidad de su hogar, ¿a dónde más podría ir? ¿Qué podía hacer en esas circunstancias? El desarrollo de los eventos no era muy favorable, eso que ni qué.

—No te preocupes— le susurró la muchacha al oído a Shinji, para que Rivera no pudiera escucharlos —Me irás perfecto como compañero, para eliminar el estrés. Además, te consentiré mucho, tenlo por seguro.

“¿Pero qué diablos pasa con mi estrés?” pensó descorazonado el chiquillo, aunque también un tanto acalorado por el último comentario de la joven europea, quien terminó guiñándole un ojo en tono de complicidad.

Sensación que se desvaneció por completo cuando una vez más la muchacha hacia gala de su temperamental carácter, repartiendo órdenes y quejas a diestra y siniestra con su potente voz que exigía ser escuchada de inmediato:

—¡Qué pequeñas son las cajas japonesas!— exclamó la chiquilla observando las pilas de cajas en toda la habitación —No me ha cabido ni la mitad de mi equipaje. Ustedes dos, haraganes, llévense sus porquerías afuera y después vienen para que me ayuden a instalarme. ¿No esperaran que desempaque todo este barullo yo sola, verdad? ¡Muévanse!

Cuando señaló a esa arrugada y maltrecha caja en la que se encontraban apretadas unas contra otras casi todos sus enseres personales, revueltos con los de Shinji, a Kai por poco le provoca un infarto múltiple.

—¡Mis cosas! ¡¿Qué has hecho con ellas, pequeña bruja?!— gritó alarmado el muchacho abalanzándose sobre la maltratada caja, vaciando en el piso su contenido, dándose cuenta que casi todo estaba roto ó maltratado —¡Mis pósters de la selección argentina de fútbol están arrugados! ¡Y también los del Atlas! ¡Ahhh, ya no consigues de éstos en ninguna parte! ¡Mis estampas de béisbol de las grandes ligas! ¡El casete de A Hard´s day night arruinado! ¡También el del Yellow Submarine! ¡¡¡Noooooo!!! ¡Todo menos esto!— prorrumpió al borde de la histeria, recogiendo la arrugada y delgada portada de un disco de acetato —El... LP original de Revólver... hecho añicos...— musitó descorazonado, cuando sacó del interior los pedazos de disco negro uno a uno, algunos más grandes que otros —Sólo quedaban diez de éstos en todo el mundo...

—¿Te refieres a esa cosa primitiva que le sale música cuando lo rascas con una aguja? Pues ahora, ya sólo quedan nueve— añadió la alemana en tono de burla —¡Por favor, no seas tan ridículo! Todos esos cachivaches antiguos debían de estar en la basura hace ya muchos años... sobre todo esas grabaciones obsoletas en cinta. ¿Qué hay de entretenido en mirar a cuatro desarrapados en una película en blanco y negro brincar y bailar como idiotas mientras cantan? ¿Ó esa otra que tiene unos dibujos espantosos? ¡Qué anticuado! De hecho, te hice un gran favor, ahora tendrás más espacio en tu nueva ratonera, ¿no lo crees?

—Tú... maldita hija de... voy a... matarte...— pronunciaba entrecortadamente el chico con los dientes apretados, mientras la vena en su cabeza parecía que iba a reventarle.

La chiquilla le dio la espalda, ignorándolo y poniéndose a silbar una alegre tonada, al mismo tiempo que el muchacho tomaba un largo y afilado pedazo de disco roto entre sus manos y se le acercaba por detrás, sujetándolo férreamente por encima de su cabeza.

—El mundo... me lo agradecerá... después...— mascullaba entre dientes, en el mismo tono demente con el que la había amenazado con anterioridad.

—¡Hola!— ingresó Misato al cuarto, arrebatándole el peligroso pedazo de acetato de las manos a su protegido —¿Se están llevando bien?— preguntó sarcásticamente la mujer, con su mascota pingüino agazapada a su pierna, temeroso de la visitante.

—Mi – Misatooo!!!— se sujetó a ella del mismo modo Rivera —¡Es espantoso! ¡Usurpó mi cuarto y mis.. mis cosas... todas mis posesiones materiales las hizo basura!— vociferaba restregando el rostro en su chamarra roja, desequilibrándola.

—Oh, es una lástima— dijo dificultosamente, tambaleándose con el peso del joven y observando en el piso las cosas que el chiquillo tanto atesoraba, arruinadas —Pero estoy seguro que no se trata más que de un accidente, no creo que haya sido con intención. ¿No es así, Asuka, linda?

—Por supuesto— contestó Langley en un tono bastante ensayado —Yo sería incapaz de hacer algo así... lo que pasa es que no sabía que había cosas tan frágiles, lo siento mucho.

—¿Lo ves?— añadió Katsuragi, dirigiéndose a Kai mientras éste fustigaba con la vista a la joven europea, sin creerle una sola palabra —Mira, quizás todavía podamos rescatar algo... ¿Porqué no vamos a la mesa a ver si hay algo que se pueda arreglar con un poco de pegamento? Enseguida volvemos, Asuka, es cuestión de un segundo. Descuida, que todos ayudaremos a que te instales.

—Por mí no se apuren— señaló la jovencita, y por la mueca que hizo no se podía distinguir si era un comentario sincero ó puro sarcasmo —Tengo todo bajo control.

Así pues, los tres ocupantes originales del apartamento (cuatro si contamos a Pen – Pen ) realizaron una reunión extraoficial en el comedor de la cocina, examinando cuidadosamente los despojos de las pertenencias de los chiquillos, buscando infructuosamente como en un naufragio algo que se pudiera salvar.

No solamente a Rivera le había ido mal, también Shinji había perdido algunas de sus cosas, cómo sus audífonos y un juego de video portátil, aunque claro que ninguno de éstos era tan valioso como las pertenencias que su amigo había perdido. Por lo demás, todas sus demás pertenencias habían salido ilesas.

—Bien pudiste habernos avisado— le cuchicheaba Kai a su tutora, sacando del fondo del cajón su fotografía familiar rota de nuevo. Ya iban dos veces que quebraban el vidrio del marco en menos de un año.

—Lo siento mucho, pero es que lo decidí de repente— respondió Katsuragi en el mismo tono bajo —Lo que pasa es que Asuka me dijo que quería venir a vivir con nosotros.

—¿Qué?— dijeron al unísono los dos muchachos, sin creer lo que estaban escuchando.

—Y no podía excusarme poniendo de pretexto que no me daba abasto con ustedes dos, ¿no lo creen? ¿Qué podía decirle?— se interrumpió a sí misma cuando sacaba un envoltorio de la caja maltratada —¡Mira, son esos carboncillos que dijiste que habías perdido!

—Debiste decirle que no fuera tacaña y pagara alquiler en cualquier otro lugar— volvió a susurrar su protegido, tomando entre sus manos el contenido de la bolsa, verificando su buen estado —Aquí ya no hay espacio, apenas si cabíamos nosotros. ¿Dónde se supone que vamos a dormir ahora Shinji y yo?

—Ya lo sé, ya lo sé, y lo lamento mucho— se disculpó Misato, esculcando entre los escombros —He estado pensando que podríamos mudarnos al piso superior, allí hay un departamento de tres habitaciones y dos baños, eso solucionaría nuestro problema. Mientras tanto, si lo desean ustedes se pueden acomodar en mi cuarto y yo duermo con Asuka, ¿qué les parece?

—Me parece que yo mejor duermo con Asuka...— contestó Kai, sosteniendo frente a sí un pedazo de su alcancía rota. No había guardado dinero allí, la tenía más bien como una curiosa artesanía que había adquirido en su más reciente viaje a México.

—¿Qué dijiste?— le interpelaron sus dos acompañantes.

—¿Yo? Nada, nada...— se defendió el joven, con el rostro colorado.

—Cómo sea, me parece que ya hacía falta otra chica aquí, tal vez por fin pueda hablar con alguien de cosas de mujeres— continuó Misato para que luego los dos muchachos la miraran con ojos entornados mientras pensaban: “Y lo dice la que nos pone a lavarle sus pantimedias” —Además, Shinji, tú mismo me dijiste que los cinco días que pasaron juntos fueron muy divertidos, ¿no?

—Pues... supongo que sí...— musitó Ikari, apenado, doblando una camisa del colegio que se encontraba dentro de la caja —Aunque no estoy muy seguro al respecto...

—¡¿Qué?!— se exaltó Rivera, poniéndose de pie y estrangulando a su secuaz —¡¿Cómo pudiste decir eso?! ¡¿No tomaste en cuenta lo mal que lo pasé?!

—Es... que creo... que a mí sí... me agradó...— decía apurado el muchacho, sacando la lengua, falto de aire.

—¡Oigan, los tres!— vociferó la alemana desde su, ya ahora cuarto —¿Van a venir a ayudarme ó solo se están haciendo tontos allá?

—¡Ya vamos!— le avisó Katsuragi, alisando unas camisas estampadas de Batman y Dragon Ball, respectivamente, de lo poco que se había salvado —Vamos, Kai, deja de ahorcar al pobre de Shinji; él no tiene la culpa de haberse divertido mientras tú te amargabas la existencia.

—No es justo— murmuraba el muchacho, acatando la orden que se le daba —Es que nomás no es justo— repetía descorazonado cuando se encaminaban a su antigua habitación.

Se había hecho de noche muy pronto. Ya estaban a punto de dar las doce de la noche. Pronto empezaría un nuevo día, aunque todavía faltaban algunas horas para que amaneciera. Ikari estaba exhausto. Fue un día muy laborioso. En realidad, no podía dormir debido a la falta de sueño, sino porque lo molestaba de sobremanera ese extraño sonido cuya fuente no alcanzaba a precisar. ¿Qué sería?

Rivera no podía dejar de rechinar sus dientes unos contra otros. Ni siquiera cerrar los ojos, que estaban clavados en el techo. La sangre le hervía y sólo podía pensar en nada más que venganza. No había podido realizar una sola de las tareas de su itinerario elaborado previamente de manera tan cuidadosa. Toda la tarde había desperdiciado su precioso tiempo desempacando la basura de Asuka, y acomodándola como ella quisiera. La muy sinvergüenza. Había sacado del cuarto todas sus cosas, excepto su televisión, su estéreo y su computadora. Qué conveniente. Y a final de cuentas, le había tocado dormir en la sala, en esas incómodas colchonetas japonesas. Con lo que le gustaba dormir en el suelo. Por suerte, era verano y hacerlo era de cierta manera refrescante. Pero no podía pasar por alto que en esos mismos momentos ella estaba durmiendo en su cama, disfrutando de ese colchón tan cómodo y de esas almohadas tan suaves y confortables que parecían nubes. En esa cama en la que había dormido por más de cinco años. Aunque, ahora que lo pensaba mejor, de alguna forma era excitante el pensar que ese sensacional cuerpo se encontraba ahora reposando en la cama en la que apenas ayer había dormido. Esa torneada, blanca y suave piel, tan cálida, entre sus sábanas, aquellos senos tan redondos y firmes apoyados en su colchón, su aliento sobre las almohadas en las que solía reposar la cabeza. ¿Y si...? No, no, eso sería muy estúpido y arriesgado, casi un suicidio. Si acaso llegaba a descubrirlo, podría ir despidiéndose de la vida. Seguro lo mataría. ¿Y qué diría Misato? Pero es que fue culpa suya, por traerla aquí a incomodarlo. Por otro lado, si nadie se enteraba, podía sacar ventaja de la situación. Y sería la venganza perfecta. Pero, ¿y si lo descubrían? No valía la pena correr el riesgo, ¿ó sí? La sangre quema, la sangre está ardiente, no podía pensar en otra cosa que no fuera Asuka. Sí, está bien, lo haría, lo haría sin importar el precio. Su premio nadie se lo iba a poder quitar. Iba a hacerlo. La tentación de apoderó de él rápidamente y con suma facilidad. Creyendo a su compañero completamente dormido, salió del futón, caminando sigilosamente entre la oscuridad, deslizándose como un gato. Un gato en celo. Con las hormonas desatadas galopándole en la cabeza, en todo su sistema, atravesó la sala hasta alcanzar la puerta de la habitación, que deslizó cuidándose de no hacer ningún ruido para luego introducirse al interior, con un solo pensamiento perverso en la mente. Su instinto biológico demandaba ser atendido cuanto antes, haciendo a un lado su conciencia. Aún en la penumbra, pudo verla. Allí estaba ella, plácidamente dormida en el lecho, envuelta en esas delgadas sábanas que él tantas veces había tenido que lavar por haberlas empapado durante sus sueños con semen. Y ahora se encontraban esas formas tan curveadas, bien delineadas por la manera en la que se había envuelto. Poseído por la insana pasión, tragando saliva, se acercó cuidadosamente hasta ella, reptando lentamente por la cama y de paso aprovechando para pasear las manos en esos pronunciados muslos, aun cuando fuera por encima de la sábana. Eran tan tibios, y tan suaves. Quien sabe cómo, pero había conseguido ponerse encima de ella sin que se percatara y sin que el colchón hiciera el menor movimiento que pudiera alertarla. No podía detenerse, carecía de voluntad. Ahora la dueña de todos sus pensamientos era ella, ella y ese cuerpo suyo tan perfecto que debía pertenecerle a cualquier costo. Sí, sería de él, pasara lo que pasara. Y es que en esos momentos tan confusos no pensaba en lo que le llegaría a pasar si por algo Langley llegaba a despertar. Sus posibilidades no eran muy buenas. Pero es que su aliento quieto estaba tan cerca de él. Podía escuchar el ritmo de su respiración. Inhala. Exhala. Inhala. Exhala. Ardiendo, acercó poco a poco sus labios a los de ella. Ya respiraba del mismo aire que ella. Sus narices se rozaron cuando estaba por alcanzar esos labios tan carnosos y sensuales. A primera vista parecían tan suaves y deliciosos. Pronto podría comprobarlo. El corazón le latía a mil por hora, casi saliéndose del pecho, conforme se acercaba el momento decisivo del punto del no retorno, cuando tardaba más volver al principio del camino que continuar hasta el final de éste. Ése era el punto del no retorno. Cuando sus labios se juntaran con aquellos tan hermosos y compartieran su aliento. Nada podía detenerlo, faltando un centímetro para lograr su cometido. Nada, a excepción de un inusitado estremecimiento del cuerpo capturado, y una solitaria lágrima cristalina deslizándose por la mejilla derecha. Se quedó congelado donde estaba, pensando en primera instancia que había sido descubierto, esperando de un segundo para otro ser derribado de un brutal golpe. Sin embargo, no ocurrió de esa manera. La joven europea seguía dormida, y al parecer su sueño no era tan placentero como se hubiera supuesto. Se revolvía debajo del muchacho, sin percatarse de su presencia, balbuceando frases ininteligibles en alemán, a excepción de lo último que pronunció casi al oído del aventurado joven, que le desgarraron el alma: “Mamá... mami... ¿porqué te moriste?¿Porqué te moriste?” Una nueva perla surcó de nuevo su humedecida mejilla, yéndose a estrellar en la mano de Rivera, muy próxima a su rostro. La sensación de esa gota de llanto chocando con su piel lo hizo despertar, como si le hubiesen arrojado agua bendita para expulsar al diablo de su interior. La lágrima seguía surcándole la piel entre los dedos hasta que la chupó con la lengua. Liberado del loco influjo en el que se encontraba, de la misma forma en la que se le había trepado bajó de la cama, liberando a su cautiva. Avergonzado, se quedó de pie junto a ella, odiándose por lo que había estado a punto de hacerle a un ser humano, a un ser humano que había sufrido del mismo modo que él. Podía entender su dolor sopesándolo con el propio, y le daba una pena infinita, por ella y por él, por lo que estaba resuelto a hacer apenas unos segundos antes. Ella no era sólo un cuerpo del que se pudiese aprovechar y desechar. También tenía su corazón, y sus sentimientos. A lo mejor por eso quería estar acompañada. Quizás no le simpatizaba, pero eso no era motivo suficiente para agredirla del modo en que pensaba hacerlo. Había otras formas más convenientes, más acordes a la situación en la que estaban. Así no, así no era el asunto. Sin la lujuria de antes, posó una mano en su mejilla, secándola delicadamente, para luego pasearla en los sueltos cabellos de la muchacha. Sí, era hermosa, y se estaba guardando para el hombre que se atreviera domarla. Todavía no lo conocía, pero lo compadecía, aunque a la vez, muy en el fondo, lo envidiaba. La cubrió bien con la sábana, cuando parecía que se recobraba. “Perdóname” le susurró al oído y después se dirigió hacia la puerta para abandonar su vieja habitación, volviendo a deslizar delicadamente la puerta de papel para no perturbarla. “Buenas noches” murmuró antes de salir del cuarto. Y apenas había salido de allí se enfiló directo al baño.

Shinji no estaba dormido. Shinji había estado despierto desde que se instalaron en la sala, cuando declinaron la oferta de Katsuragi. No había podido pegar la pestaña en todo ese rato. Estaba algo emocionado por la presencia de la muchacha, quién sabe por qué. Le quedó bien grabado ese gesto tan sensual que le dedicó, al guiñarle el ojo. Quizás estaba interesado en él. ¿Porqué otra razón le había pedido a Misato alojamiento? Para pasar más tiempo con él, claro está. A lo mejor ya hasta se le haría tener novia. Tener novia. Se preguntaba cómo sería eso. Planeaba los lugares a los que la llevaría. Al cine. A comer fuera. Quizás a ver esos hermosos atardeceres cayendo en la ciudad. Por fin alguien le hablaría en tono meloso y le diría “Te amo” al oído. Se imaginaba como sería su primer beso con aquella belleza. ¿Y qué pasó con Rei? Híjole, se le había olvidado Rei. Ella también era un prospecto. Qué raro, las dos chicas que le interesaban eran tan diferentes una de la otra, y no obstante, las dos le gustaban, cada una de manera diferente. ¿Por cuál se decidiría al final? Ahora ya sabía cómo se sentía Archi con Bety y Verónica. No era fácil la decisión, las dos eran tan bonitas y atractivas, cada una tenía sus pros y sus contras. ¿Y no se podría con las dos al mismo tiempo? Ay, no, cómo crees, no seas tan aborazado. Y él que pensaba que Asuka también se iba a quedar prendida de Kai, como Ayanami y las demás de la escuela. Pero no, Rei había enmendado su error y Langley se había dado cuenta antes que ese sujeto era un patán. Al final, ese bueno para nada se iba a quedar solo, por su actitud arrogante, y él de poco a poco pero fue consolidando sus relaciones con las del sexo opuesto, hasta llegar a este punto. Dos hermosas chicas por que decidirse. No estaba nada mal, para ser un novato. Ese extraño sonido de nuevo, ¿qué es? Acostado, voltea la vista hacia un lado, para mirar a Rivera fugarse a hurtadillas. ¿A dónde iba? ¿Al baño? ¿Y porqué estaba caminando de puntitas? No, no iba al baño, ¡se dirigía a su viejo cuarto! ¡Estaba escurriéndose a la habitación de Langley! ¿Qué pretendía hacer? No iría a matarla, el muy desgraciado. ¿Ó sí? ¿Iba a cumplir su promesa? Con qué delicadeza abre la puerta, ni él mismo la escuchó deslizarse. Jamás se hubiera enterado de su intromisión nocturna de no estarlo viendo en esos precisos momentos. Mejor sería ir a ver lo que pretendía, no fuera que la quisiera ahogar con una almohada a la pobrecita. Con el mismo cuidado que su compañero, cruzó la sala hasta alcanzar el umbral de la puerta, en donde se quedó expectante, en cuclillas. Le daba miedo voltear a ver. ¿Qué esperaba encontrarse al mirar a esa dirección? De alguna manera lo presentía. Lentamente volvió la mirada hacia la cama de la muchacha, para encontrarse a su amigo encima de ella. ¡No, esto no puede estar pasando! ¿Qué es lo que quiere hacer? ¿No sabía que ella estaba apartada? ¡No le interesaba de ninguna manera! ¡No podía estar haciendo eso! Kai acercaba la cara a la de ella cada vez más, pronto quedarían pegados. Quería impedirlo, quería decir algo, pero en su lugar se quedó inmóvil como una asombrada estatua. ¿Qué podía hacer? ¿Ir y quitarle a Kai de encima? Sí, cómo no. No creía lo que estaba viendo, para él era un impacto terrible toda esa escena. Siempre pensaba en la sexualidad de una manera muy diferente, no esta suciedad que estaba presenciando y que no podía hacer nada para evitarlo. Iba a violarla y él no haría nada para detenerlo pues el shock le impedía actuar. Sólo podía ver el curso de los acontecimientos, y esperar por lo que ocurriera. No, era demasiado. Él siempre estaba tan adelantado. ¿Cómo había pensado que tendría una oportunidad con ella, con Kai rondando por allí? Estaba a punto de arrebatársela en su cara, se estaba burlando de él y no hacía nada por impedir que ocurriera. Al contrario, estaba agazapado como un bebé sin saber qué hacer. Se iba a salir con la suya. Siempre se las arreglaba para hacerlo. No, ya no soportaba más ver aquél denigrante espectáculo. Si bien estaba fuera de su alcance hacer algo para impedirlo, bien podía ignorar todo y fingir que no pasaba nada. Eso era lo que iba a hacer. No tenía porque observar todo lo que pasara. Se fue antes de que la besara, antes de que todo estuviera perdido, Ojos que no ven, corazón que no siente, ¿no es así? Y él no iba a ver cuando su mejor amigo le arrebatara a su amor frente a sus ojos, por lo que no sentiría algún dolor, en ese entonces. Reuniendo fuerzas se las ingenió para arrastrarse en silencio hasta su colchoneta, en donde se refugió tapándose el cuerpo entero, haciéndose concha en sí mismo. Le importaba muy poco lo que aconteciera fuera de su capullo. No le interesaba. Sí, sí le interesaba lo que le pasara a la alemana, por que la amaba, él sí de veras que la amaba y no nada más quería coger con ella. A él sí le gustaba su manera de ser, y no se enfadaba nomás por que le rompiera unas reliquias que ya ni siquiera servían. Ella era mucho más valiosa que todas ellas juntas. ¿Entonces porqué ahora quería quitársela? Él no la quería, jamás llegaría a quererla cómo él. ¿Porqué era tan aprovechado y se adueñaba de lo que no le pertenecía? Porque se creía el dueño de todo, y quería acapararlo todo lo que estaba a su alcance. Y Asuka no era la excepción. Ojalá ahorita mismo despertara para que le diera un buen puñetazo y lo mandara a la lona, para que Misato se levantara y se hiciera el escándalo total. Claro que se fingiría sorprendido, mientras las dos lo reprochaban y le gritaban, lo golpearan. Haría señales de desaprobación al verlo tendido en el piso, humillado. A lo mejor hasta lo correrían de la casa. Sí, ya quería verlo fuera, desamparado, para ver qué hacía. Ya quería verlo dormir bajo un árbol, tiritando de frío, lleno de vergüenza y deshonra. Después de todo, no era más que un salvaje extranjero. ¿Qué podía saber él de honor? Creía que podía hacer lo que quisiera, como escabullirse al cuarto de una linda jovencita a quitarle su castidad aún cuando fuera a la fuerza. Según él, nadie podía detenerlo. Ya vería en unos momentos, cuánto se equivocaba. Pero ya había pasado mucho rato, y nada pasaba. Ya debía haberla besado, y ella aún no despertaba. ¿Y sí lo había hecho? Estaba muy cerca, y lo que era más, con el oído aguzado para escuchar cualquier sonido, y no oía absolutamente nada. Deberían ya estar forcejeando, ó gritando ó algo, pero todo estaba en silencio. Ojalá no se hubiera ido, para ver que estaba pasando, para saber porqué la chiquilla no pegaba el grito en el cielo ante la intrusión. ¿Y si no estaba oponiendo resistencia? ¿Qué tal si le había gustado, y ahora lo estrechaba entre sus brazos, lista a recibirlo? Qué idiota. Qué idiota y qué imbécil había sido. Eso fue siempre, y él lo había confundido todo. Creía que Asuka se había mudado por él, cuando todo el tiempo no había sido más que por atraer la atención de Kai. Y lo había logrado. Ahora mismo la muy puta estaba cogiendo con él, y mientras tanto él estaba escondido en su futón como conejito asustado, temblando de miedo, congelado por el terror, sólo pelando los ojos. Y ellos estaban haciendo el amor, y de seguro lo estaban disfrutando, y ella le estaría hablando melosamente al oído, paseando la lengua en todo su cuerpo. Estaban jadeando como perros, gozando como nunca, los dos con su propósito cumplido, y él estaba escondido, asustado por todos los acontecimientos, por la rapidez con la que éstos pasaban sin que pudiera hacer algo para detenerlos. Todavía era tan niño, y por eso nadie lo tomaba en cuenta. Ni Asuka ni Kai lo habían tomado en consideración cuando se pusieron a fornicar. No habían considerado lo que él sentiría si los descubría, y eso era por que no les importaba en lo más mínimo. Se habían olvidado de él, entregándose al vano goce corporal. Y él tenía que conformarse con esconderse en su lecho en el frío piso, llorando de la desesperación, de saber lo poco que valía, lo poco que importaba. A nadie le interesa lo que piense, opine, ó sienta Shinji. Ni a Asuka, ni a Kai, ni a Misato, ni a Rei, ni a su padre que lo había dejado con todos ellos. Estaba solo, solo y su alma, y estaba llorando amargamente oculto en el interior de su colchoneta, enjuagándose el llanto en su almohada, embarrando los mocos en ella cuando en la otra habitación sus compañeros se divertían de lo lindo. Con un seco murmullo, la puerta del cuarto se había cerrado otra vez. Asomó la cabeza por fuera de su colchoneta para avistar con sus ojos humedecidos cuando su camarada se dirigía al baño con paso apretado. ¿Ya habían terminado? Fue algo rápido, pero lo más probable es que había sido intenso. Podía escuchar la respiración de la muchacha, dormida otra vez. Había acabado con ella, y ahora se estaba limpiando ó sabe qué extraño ritual postcoital se encontraba realizando en el baño, que se estaba tardando tanto en salir.

Salió hasta cinco minutos después, en estado de relajación profunda después de haber desahogado sus ansias por su propia mano. Su cabeza por fin estaba completamente despejada, al encontrar la tan ansiada paz. Todos los frenéticos deseos se habían ido junto con la corriente del excusado, y quién sabe hasta donde irían a parar, pero a él ya no le importaba. Lo único que le interesaba ya era acostarse en esa colchoneta abandonada en el piso y ponerse a dormir, y lo haría hasta el mediodía sólo porque quería. En esas andaba, introduciendo las piernas dentro del futón, cuando escuchó a su compañero estremecerse en el interior del suyo. Parecía como si estuviera sollozando. ¿Estaría enfermo, le dolería algo? A lo mejor era algo serio, para que estuviera lloriqueando de esa manera. Canijo Shinji, no asomaba siquiera la cabeza, se escondía para que los demás no pudieran notar su dolor. Eso no estaba bien, si algo le molestaba tenía que decirlo y no aguantarse, después el problema podría agravarse. Y aunque estaba sumamente cansado, decidió mejor asegurarse que todo estuviera bien con él, no fuera que tuviera algo de gravedad y después sería muy tarde para atenderlo.

—Shinji, ¿qué tienes?— le dijo en voz baja, posando su mano en la espalda, por encima de la gruesa colchoneta —¿Estás bien, compadre?

—Déjame en paz— pronunció en medio del llanto, con voz quebradiza.

—¿Te duele algo, amigo? Mejor te reviso, no vaya a ser algo grave...

—¡No me toques! Sólo quiero que me dejes en paz, no necesito nada de ti.

—¿Tú no habrás visto nada ahorita, verdad?— volvió a preguntar, pese a las hoscas respuestas que obtuvo anteriormente. Ya presentía más ó menos que era lo que le pasaba al chiquillo, por el tono en que se dirigía a él.

—¡Sí, para que te lo sepas, sí vi todas tus porquerías! ¡No me hables, no quiero escucharte! ¡Te detesto!

—Óyeme, pero si no pasó nada, te lo juro.

—¿Esperas que te crea? Sé muy bien que acaban de coger, pero no me interesa lo que hagan, depravados.

—¡Pero es que de veras, no le hice nada! Ve a verla si quieres, para que te convenzas, en este mismo momento está profundamente dormida.

—No quiero saber nada. No me importa, del mismo modo en que yo no les importo.

—¿Pero porqué fregados te pones en ese plan? Ya te dije que no pasó nada, y aún si hubiera pasado no es para que te comportes de esa manera. Y ahora que me acuerdo, según esto a ti te gustaba Rei, ¿qué no? ¿Entonces qué te interesa lo que hagamos Asuka y yo, cabroncito? ¿Ó es que Rei ya no te peló, baboso, y querías intentar con MI Asuka?

—¡Cállate, no quiero escucharte!— manoteó Ikari para librarse de él —Ya te dije que no me interesa, sólo lárgate y déjame en paz.

—Si es lo que quieres, de acuerdo— contestó el muchacho, molesto por la terquedad de su amigo, por la actitud que estaba tomando al respecto —Tengo mejores cosas que hacer con mi tiempo que discutir con un mocoso acomplejado, cómo dormir por ejemplo— dijo arrastrando su futón hasta el cuarto de Katsuragi —Voy a dormir mejor con Misato, a ver si no se te ocurre después que también a ella me la quiero coger.

Shinji ya no le contestó. Se volvió a meter en el interior de su colchoneta, escondiéndose de todo mundo. Rivera ya ni lo volteó a ver, dándole la espalda hasta que se metió al cuarto de su tutora, donde se quedó dormido hasta que eso de las doce de la tarde, sin querer saber nada más sobre el asunto. Sólo esperaba que la chiquilla no se enterara, o le iba a ir muy mal, en ese caso. No, no era probable que Ikari quisiera confrontarla si seguía empecinado en creer que habían tenido relaciones sexuales.

Sin saber absolutamente nada de las discordias que su reciente llegada estaba provocando en sus compañeros, al día siguiente la chiquilla se divertía de lo lindo en Tokio 2, uno de los centros metropolitanos más concurridos del país, en compañía de su adorado Kaji, con quien caminaba gustosa de aquí para allá colgada de su brazo.

—¡Qué suerte tengo de estar de compras contigo, Kaji!— pronunciaba emocionada cuando se le acercaba más y más, incomodándolo un poco.

La cita la habían acordado algunos días antes, aprovechando que Ryoji tenía que realizar unos encargos en dicha ciudad, por lo que esa mañana se había levantado muy temprano, mientras sus perezosos huéspedes seguían durmiendo profundamente, hasta Shinji que estaba acostado solo sobre el piso de la sala. De seguro a Kai le había dado miedo la oscuridad y fue a refugiarse con su mamita Misato. Era tan infantil. Ikari parecía que no había pasado una noche placentera, pues estaba descansando en una posición un tanto inusual, además que su cara estaba manchada, como si hubiera estado llorando, pensaba Langley mientras lo sorteaba de un salto para dirigirse al baño, para comenzar a arreglarse para Kaji. Y Shinji era tan patético, continuaba con sus reflexiones, no se hacía un solo hombre con los dos.

Kaji en cambio sí que era puntual, y a las pocas horas ya estaban llegando al concurrido centro urbano, con todas esas lindas zonas comerciales con sus grandes tiendas que visitar. Tokio 2 era tan diferente de Tokio 3. La diferencia estribaba en que Tokio 2 seguía palpitando, y hasta rememoraba las antiguas urbes del siglo XX, con todos esos automóviles recorriendo sus calles atestadas, las muchedumbres apretujadas unas contra otras yendo de aquí para allá con tanta prisa, en fin que el ritmo de la vida en esa ciudad era por demás asfixiante pero también despertaba mucha nostalgia, sobre todo en el hombre maduro que recordaba los viejos tiempos mientras que la linda alemana lo arrastraba emocionada de tienda en tienda. Una vez que terminó con los negocios que lo habían llevado a aquella metrópoli, ella y la europea se entregaron a un frenesí de consumo en los centros comerciales de la zona que difícilmente podría soportar la tarjeta de crédito del sujeto, quien pensaba apurado que quizás tendría que cargar los gastos a la cuenta de NERV, viendo como sus viáticos se iban agotando.

A las quince tiendas ya estaba exhausto, y ya hasta se estaba arrepintiendo de haberse ofrecido a llevar a la muchacha de compras para su próximo viaje escolar. Como a un muñeco de trapo, la jovencita rubia lo remolcaba de un extremo a otro del centro comercial, visitando las distintas y surtidas tiendas de ropa juvenil que se encontraban allí. El problema radicaba en que a las jóvenes bonitas les quedaba todo, por eso es que era tan difícil decidirse por algo, aunque para facilitar un poco la decisión había comprado una gran pila de vestimentas, mismas que iban guardadas en pequeñas cajas que el japonés cargaba dificultosamente, estando muchas veces a punto de perder el equilibrio.

Se internaron una vez más en una nueva tienda, y mientras Asuka la recorría de buena gana, su acompañante aprovechaba para tomarse un descanso, depositando por unos momentos su abultado cargamento en el piso, mientras suspirando se estiraba para quitarse lo entumecido de sus miembros.

—¡Espera un momento!— le pronunció a lo lejos, ante las recelosas miradas de un par de mujeres que pasaban detrás suyo —¡Esta es la sección de trajes de baño!

—Así es— contestó despreocupada la chiquilla, saliendo al pasillo donde estaba, llevando en un gancho un atrevido bikini para enseñárselo, el cual constaba de dos recortadas piezas con franjas horizontales rojas y blancas, y en el top llevaba un cierre al frente —¿Qué opinas de éste? ¿Demasiado conservador, no?

—Oh, no, no lo creo...— le respondió Ryoji, un tanto abochornado por imaginarse la grácil figura de la joven con esas escandalosas prendas puestas —Date cuenta, primor, eres una estudiante de Secundaria, ¿no crees que eres muy joven para usar ese tipo de ropa?

—Kaji, por favor, no seas un vejete anticuado— suplicó Langley, cómo desaprobando el gesto del hombre, poniéndose una mano en la mejilla —Hoy en día estas prendas son la última moda en Europa.

Apenado, el sujeto se hizo el desentendido, tomando una vez más las cajas del suelo seguido por la alemana, listo para pagar el costo del atrevido traje de baño. Y lo que se preguntaba era que, cómo si se había utilizado tan poca tela para su confección, costara tanto el dichoso bikini.

Estaba haciendo un gran esfuerzo, eso sí no se le podía negar. Aunque le era más fácil pasar el tiempo a lado de Asuka que con cualquier otro muchacho de esa edad, también debía reconocerlo. Los dos congeniaban muy bien, y hasta se sentía un poco halagado, por así decirlo, de que la hermosa jovencita derrapara por él. Aún conservaba el estilo, después de tantos años.

Gustoso sustrajo un cigarrillo de la cajetilla en el bolsillo de su camisa, encendiéndolo cuidadosamente para luego degustarlo poco a poco, inhalando despacio cada bocanada del suave humo que llenaba sus pulmones de porquería café. A sabiendas del daño que le causaba a su organismo, no le importó demasiado y de igual modo disfrutaba del sencillo placer de fumar, para después de expulsar dos columnas de humo por las fosas nasales acercarse a los labios su tarro de cerveza y refrescarse un poco. Luego de darle un gran sorbo, limpiándose la boca volvió a depositar el envase en la mesita, para tomar otra vez su cigarro aún encendido para seguir fumando.

Por fin había conseguido que aquel torbellino se asentara en un solo lugar, cómo lo era esa fuente de sodas con su terraza al aire libre, en donde en una de esas mesas de plástico con una sombrilla al centro reposaban luego del agotador recorrido por todas esas tiendas que habían visitado. Los paquetes con la ropa nueva dentro de ellos, al igual que su tarro de cerveza clara y burbujeante, además del helado de la muchacha, descansaban sobre la mesa ante su vista.

Le costaba mucho trabajo, pensaba, pero era necesario si quería que Misato se diera cuenta que en todos esos años había cambiado. Tenía que mostrarle un nueva faceta suya si habría de cumplir su objetivo de reconquistarla, y para hacerlo qué mejor manera que cuidar de Langley todo un día. Quería enseñarle que había aprendido a ser responsable, que ya podía tolerar la convivencia con los chiquillos. Que aquello ya no sería un impedimento para la reanudación de su relación. Pero le estaba costando mucho trabajo, debía admitirlo.

—¿En serio?— fingió interés por primera vez en la conversación de la jovencita, que se deleitaba en probar una enorme copa de helado de varios sabores y arreglado perfectamente, sin dejar de pronunciar palabra —¿Así que de eso se trataba?

—Así es— asintió la muchacha, con una enorme sonrisa en su rostro llevándose otra cucharada de postre a la boca —Un viaje escolar es algo muy especial. Se supone que podremos refrescarnos a nosotros mismos.

—¿Y a dónde es que irán de excursión?— preguntó el sujeto, dando un nuevo trago a su cerveza, revisando la hora en su reloj de muñeca.

—¿No me has estado escuchando? Ya te lo había dicho antes...— contestó la europea haciendo un puchero —A O-Ki-na-wa.

—¡Oh, es verdad!— salió del paso Ryoji, percatándose que había metido la pata —Lo siento, pequeña, he estado un poco distraído últimamente. ¿A Okinawa, dices? Hace mucho tiempo que no he estado por allá... pero es un lugar muy bonito, una playa hermosísima...

—¡Eso espero!— musitó Asuka enterrando la cucharilla en la bola de nieve —Imagínate, hasta vamos a bucear. ¡Va a ser muy divertido!

—Bucear...— repitió Kaji, rascándose su barbilla y mirando al cielo —Ya han pasado tres años desde la última vez que buceé. Según recuerdo, fue en el Mediterráneo...

—¿Y a ti a dónde te llevaban en tus viajes escolares?— preguntó la chiquilla, mirándolo cándidamente con sus bellos ojos castaños, del mismo color que su cerveza.

—Nunca hicimos alguno, en mi escuela— respondió el japonés, con la mirada perdida, dándole otro trago al tarro de cerveza —En esos tiempos, los viajes escolares no eran muy buena idea.

—¿Eh?— pronunció la joven alemana, consternada, dejando una cuchara de helado de pistache a medio camino —¿Pero por qué?

—Simplemente por el Segundo Impacto, bombón.

—Es una pena— masculló su joven acompañante, agachando la mirada —Me da una lástima por ti...

—Oye, no te preocupes, por mí está bien— la tranquilizó el hombre —No hay ningún problema. Sólo quiero que te diviertas de lo lindo en Okinawa, ¿quieres?

—¡Claro que sí!— contestó de nuevo con su característico entusiasmo —Tenlo por seguro que así lo haré, ¡te lo prometo!

—Así me gusta, esa es la actitud— asintió Kaji sonriendo al mismo tiempo que volvía a revisar la hora en su reloj —Oye, mejor nos apuramos— le dijo dándole un último sorbo a su bebida —Se hace tarde, y si no estás en casa a las cinco, Misato me degollará.

—De acuerdo— respondió la chiquilla, un tanto recelosa, levantándose de su asiento y dejando su postre a medio terminar —En verdad le temes a Misato, ¿no es así?

—Claro que sí. Tú no sabes cómo se pone cuando está enfadada.

Sin decir más, tomó los numerosos paquetes de la mesa, pagó en la barra la cuenta y pronto los dos se enfilaron hacia el estacionamiento del centro comercial, buscando el lugar donde habían dejado el auto en el que viajaron. Minutos después ya estaban en la carretera, dirigiéndose de vuelta a Tokio 3. Comenzaba a atardecer.

Ya eran poco más de las siete cuando Asuka regresó a su nuevo hogar. Katsuragi se despidió de Kaji, que la había acompañado hasta la entrada del apartamento, con un gesto hosco, para después cerrarle la puerta casi en la cara.

Las cosas se habían tranquilizado un poco desde la mañana, durante su ausencia. Shinji y Kai ya se dirigían la palabra de nuevo, luego de insistirle éste último constantemente en que sólo había entrado al cuarto de la muchacha por que escuchó unos sonidos extraños, y que, efectivamente le había entrado un ansia por besarla, pero que finalmente no pasó absolutamente nada entre ellos. Hasta tuvo que hincársele para jurarlo.

Y es que así era su relación la mayoría de las veces. Solían disgustarse mucho entre ellos, la mayoría de las veces por causas un tanto absurdas, como que les tomaran uno de sus discos sin pedir permiso, que si Rivera dejaba la ropa sucia tirada en el piso, que si Ikari revolvía sus cosas cuando buscaba algo, que le había tomado prestadas las pilas de sus discman y se las había acabado. Pero luego de un rato, se reconciliaban y nuevamente volvían a ser inseparables, uña y mugre. No les gustaba admitirlo, pero comenzaban a tomarse estima.

Sin preocuparse mucho al respecto, Pen-Pen gustoso se entregaba al placer de disfrutar de uno de esos baños con agua caliente en la tina que tanto le gustaban. Flotaba boca arriba (ó pico arriba, como sea que se diga) utilizando sus aletas para impulsarse entre la superficie del cálido líquido. Pen-Pen era un organismo genéticamente alterado, que había servido para realizar algunos experimentos en el proyecto, por lo que su comportamiento en ocasiones era muy raro para los especimenes de su especie. Aunque eso no le importaba demasiado a sus dueños, quienes lo estimaban y apreciaban como un miembro más de la familia. Era tan agradable todo aquello, sentir el agua en su espalda y respirar ese vapor que emanaba de la tina, empañando los espejos del baño. Y era todo tan pacífico. Bien podía quedarse dormido allí dentro, y no habría ningún problema. De no ser por esa muchacha nueva, que con su chillona voz y sus formas tan hoscas, lo sacaron de su reposo.

—¡¿Qué es lo que has dicho?!— la escuchaba gritar desde el comedor —¡¿Qué no podemos ir al viaje?! ¡No puede ser!

—Correcto— respondió cortésmente Misato, sosteniendo una lata de cerveza en la mano mientras que subía una pierna a la silla donde estaba sentada —Eso fue lo que dije.

Las maletas de Langley ya estaban hechas, listas para el viaje en el que se supone iría la chiquilla al día siguiente, recargadas en la pared de la cocina. Al parecer, había sido en vano tanta previsión, pues a final de cuentas se quedaría en la ciudad. Al igual que de nada servirían las compras que había hecho con Kaji, que se encontraban en la mesa, pues nada de lo que se había comprado lo podría lucir en la playa.

—¿Pero porqué es que tengo que quedarme en esta aburrida ciudad?— la encaró molesta la jovencita, poniéndose las manos en la cintura.

—Tienes que permanecer en alerta permanente, en caso de un posible ataque— contestó una vez más la mujer, sin abandonar su postura.

—¡No se me había informado nada de esto antes!— reclamó con enjundia la alemana, bajando los brazos.

—Pues ahora te lo acabo de informar— pronunció despreocupada Katsuragi, dándole un sorbo a su cerveza.

—¡No puede ser!— masculló la chiquilla, haciendo una rabieta, al ver que a su boleto para Okinawa le salían alas —¿Quién fue el idiota que decidió todo esto? ¡Es absurdo!

—La Jefa de Operaciones y Estrategias: tu servidora— sentenció la japonesa, dejando la lata sobre la mesa mientras la fulminaba con la mirada.

—Eh... yo... este... no quise decir... que...— balbuceó Asuka, contrariada, buscando un soporte donde fuera —¡Oye, tú!— le dijo a Shinji, al otro extremo de la mesa, señalándolo con el dedo —¡No estés bebiendo té nada mas así cómo así! ¡Se supone que eres un hombre, dile algo, tienes que hacerla recapacitar!

—A decir verdad— confesó Ikari, dejando también su taza en la mesa para hablar con más comodidad —Yo ya me había resignado a no ir a ese viaje. Ya me imaginaba que algo así sucedería.

—¿Así nomás?— objetó la extranjera, al notar la actitud de su compañero —¿Tan fácil ya te das por vencido? ¡Eres taaaan patético! Un hombre así de sumiso es lo peor que puede haber.

—No deberías hablar de esa manera— le contestó Shinji, un tanto herido en su orgullo por ese comentario. Quizás ella no estaba tan interesada en él, después de todo. No, si siempre lo trataba de esa manera.

Siguió bebiendo su té negro, soplando el caliente contenido para sorberlo sin quemarse, repasando mentalmente las palabras de la chiquilla y lo que le hubiera gustado responderle. ¿Pero qué era lo que quería que hiciera? ¿Ponerse también a discutir con Misato? Era pérdida de tiempo y de energía, Misato siempre se las ingeniaba para ganar. Además, él no era tan extrovertido como ella, ni le gustaba alegar. A final de cuentas, parecía que Asuka no era su tipo de chica. Era bastante agresiva.

La joven rubia no encontraba el modo de convencer a su superior que aquella era una decisión errónea, y la cosa no se facilitaba si no tenía apoyo de alguno de sus compañeros pilotos, para ejercer mayor presión. Volvió la vista a la sala, en donde estaba sentado en el piso Rivera, observando detenidamente un programa de televisión. ¿Porqué no? A lo mejor podía funcionar, nada perdía con intentarlo. Aparte, creía que ya le estaba tomando la medida al muchacho, era cuestión de llegarle por su lado flaco. Sabía que no podía resistirse a su espectacular cuerpo. Si se lo propusiera, bien podría tenerlo comiendo de la palma de su mano.

—Kai, por favor, tienes que hacer algo— se dirigió a él Langley, cómo último bastión que le quedaba frente a Katsuragi, hablándole melosamente y enredando su dedo índice en el cabello castaño del muchacho —Esta mujer está poniendo en riesgo nuestras vacaciones en Okinawa... y yo que pensaba ponerme un ajustado traje de baño sólo para ti...

—Pues mi idea de vacaciones no es precisamente estar rodeado de mocosos de secundaria todo el tiempo, aunque sea en la playa— repuso fríamente el muchacho, aunque después de tragar saliva sintiendo la cercanía de la jovencita, recargada en su espalda y con su aliento en la nuca. Era tan cálida, y podía sentir los latidos de su corazón. Tun, tun. Tun, tun. Y eso que estaba haciendo con su cabello, era tan relajante. Toda la tensión se iba desvaneciendo. Pero entonces miró de reojo el semblante de Shinji, quien desde la mesa lo aguzaba con la mirada, recriminándole. Qué contrariedad, se sentía tan bien con la chiquilla mimándolo que con mucho gusto lo hubiera ignorado por completo, pero apenas había hecho las paces con él. Ya no quería más problemas —¡Además, no deberías tomarte tantas confianzas, hipócrita!— le dijo, reaccionando de inmediato, poniéndose de pie y apartándola bruscamente —Ahorita sí, muy cariñosa, ¿verdad? Y luego vas a terminar golpeándome sin motivo. Ya te conozco, no creas que caigo tan fácilmente en tus trampas...

—¡Ni hablar!— repuso la alemana, dándole la espalda muy indignada, después de haberse repuesto de la impresión. Todavía no tenía al chico en la bolsa, como pensaba en un principio —¡Ustedes dos son simplemente casos perdidos! Una que quiere ser amable, y mira cómo la tratan.

—Asuka, querida, sé cuanto querías ir a esa excursión, pero comprende que no nos queda otra alternativa— insistió Misato desde su asiento, terminando el contenido de su lata y arrojándola al bote de la basura. Había examinado profundamente la forma en la que la muchacha quería manipular a su protegido, y sabía a la perfección que estaba jugando con fuego. Tal vez no había sido tan buena idea alojarla en su hogar —Un ángel bien podría atacarnos mientras tú estás fuera, de paseo. Nuestro poder ofensivo se vería considerablemente disminuido.

Ignorando la reyerta entre los seres humanos, Pen-Pen pasa de lado, saliendo del baño con una toalla en su espalda y sin ningún miramiento se dirige al refrigerador que tenía para él solo, abriéndose una pequeña puerta en éste para permitirle el ingreso al interior. No le daba la menor importancia al escándalo que todos ellos hacían, siempre y cuando hubiera comida en su plato. Lo demás no importaba. Aunque eso sí, iba algo molesto por que no lo dejaran disfrutar apaciblemente su baño. El no dirigirles siquiera un gesto de atención era su forma de castigarlos.

—¡Esperar, esperar, esperar, esperar!— repitió hastiada la jovencita, meneando la cabellera mientras daba un pisotón —¡Siempre tenemos que esperar! ¡Esperar a un enemigo que nunca sabemos cuando atacará! ¿No podríamos, por lo menos una sola vez, dar el primer golpe nosotros?

“Ahora sí que perdió el juicio” pensó Kai, tratando de volver a centrar toda su atención en la televisión, en el programa de concursos que tenía sintonizado.

—Si pudiéramos, lo haríamos, tenlo por seguro— suspiró abatida Katsuragi, cansada de tanto lidiar con ella —Aún así, deberían pensar en esto no como una tragedia, sino como una oportunidad— y diciendo esto sustrajo de su bolsa tres discos de computadora, enseñándoselos a los niños, sosteniéndolos en lo alto —Así que mientras los demás están en la playa divirtiéndose, ustedes pueden aventajar en sus estudios. ¿Ó pensaban que no me enteraría de sus horrendas calificaciones?

—Oh, no— masculló Ikari, palpando con la mano el interior de su bolsillo, en donde permanecía su boleta.

Por su parte, Langley y Rivera se limitaron a hacer una mueca de disgusto en su lugar a la sola mención de la palabra “calificación”.

—Por si no lo sabían, periódicamente recibo un reporte de su desempeño en la escuela en mi computadora. Fácilmente puedo acceder a los resultados de sus últimos exámenes, y déjenme decirles que los tres me tienen muuuy decepcionada. ¡Shinji, bajaste diez puntos con respecto a tu promedio anterior! ¿Y podrías decirme, Kai, que esa “no acreditación” en conducta? Y Asuka, no puedo creer que alguien de tu nivel académico saque un 80.

—¿Y qué tiene que ver una simple calificación?— objetó la chiquilla, encogiéndose de hombros, molesta por que ponían en duda su capacidad.

—¡Muy cierto!— la apoyó Rivera desde su lugar, levantando un brazo en señal de solidaridad. Hasta que por fin alguien entendía que una mera calificación no lo era todo en la vida. Por fin alguien lo entendía.

—Lo que yo creo es que su sistema educativo