| Por: Gus
Capítulo Doce: Inmersión en el magma
Great Balls of FIRE
Jerry Lee Lewis
En todo el año, hay una época en particular
que es la favorita de los estudiantes en todos los
rincones del mundo. Y ésa es el verano. El
fin del ciclo escolar, lo que significaba también
el principio de las vacaciones. Libres de la exasperante
labor de asistir a la escuela, los jóvenes
pronto abarrotan los centros recreativos y de diversión,
cómo lo eran las playas y balnearios, cines
y centros comerciales y un sinfín de opciones
de las que disponía en aquellos tiempos la
industria del ocio, como los juegos de realidad virtual
por citar un ejemplo. Era un buen desahogo, por lo
menos para evitar pensar en los tiempos difíciles
por los que todos atravesaban. Siempre era bueno distraerse
un poco y olvidarse de los problemas. Por lo menos
eso era lo que pensaban Shinji y sus amigos el último
día de clases, mientras planeaban lo que harían
en el viaje que los miembros de la clase junto con
el maestro tutor habían planeado a Okinawa.
Aquello era tan emocionante, pensaban, por fin podrían
salir de aquella ciudad tan sola y aburrida en la
que vivían para divertirse en uno de los mejores
centros vacacionales del país. ¡Y las
chicas que podrían admirar en esas playas tan
hermosas! Quizás hasta alguna voltearía
a verlos y entonces podrían dirigirle la palabra
a una de ellas. Sí, en Okinawa se iban a divertir
de lo lindo. Por lo pronto, ni Kai ni Shinji compartían
el ánimo que profesaban sus dos compañeros.
Rivera seguía sumido en su postura indiferente,
con los brazos apoyados en la nuca mientras caminaba
al compás de sus camaradas, mientras que el
silencio de Ikari bien podría haberse debido
a la boleta de calificaciones que sostenía
en su mano. No le había ido muy bien en los
finales, de hecho había bajado su promedio
10 puntos en relación al anterior que tenía
en su vieja escuela. Ahora las calificaciones ya no
importaban tanto, pero de todos modos no podía
dejar de angustiarse por ese bajón en sus estudios.
Y es que ser piloto de Eva le restaba mucho tiempo
a sus estudios.
Ya no te angusties, mi buen lo instaba
Kai al ver su cara larga cuando repasaba una y otra
vez ese 80 que tenía marcado en su calificación
final Un ochenta no es tan malo, no seas tan
obsesivo con eso de las calificaciones, por favor
luego bajó los brazos, para encarar al pequeño
grupo Eso es algo que nunca entenderé
de ustedes, los estudiantes, siempre tan empeñados
en obtener el puro 100 nomás porque sí...
¿Qué no se dan cuenta que lo que se
aprende es lo que de veras vale? Se la pasan varias
noches en vela memorizando de cabo a rabo sus libros,
en realidad sin entender nada de lo que dicen, y luego
de que hacen su dichoso examen todo lo que se retacaron
en la cabeza se les olvida. Y todavía, para
acabarla de amolar, se la pasan angustiados por un
mugroso número garabateado en un papel. De
veras que nunca podré entenderlos.
Tú puedes decir todo lo que quieras
respondió Shinji, todavía con su rostro
compungido Sacaste 100 sin sudar, ni siquiera
estudiaste para el examen final... no te preocupas
por las calificaciones porque siempre sacas perfecto
fácilmente... pero en cambio uno no puede hacerlo
tan sencillo...
Es cierto, Kai añadió Kensuke,
enseñándole la boleta que había
arrojado en el bote de la basura del salón
Pero a pesar de tus excelentes calificaciones
no pudiste evitar reprobar en conducta... ¡Mira
qué números tan rojos! ¡Nunca
lo creí de ti!
¿Y eso qué tiene que ver, idiota?
le espetó molesto el muchacho, arrancándole
de las manos el dichoso papel para volver a arrugarlo
y lanzarlo por encima de su cabeza Conducta,
¡mis calzones! Eso ni siquiera es asignatura...
Pues yo también pienso que un 80 no
es tan malo musitó Toji mientras veía
su calificación con cierto desgano Yo
cuanto apenas alcancé a sacar un setenta. Cielos,
mi viejo se enfadará conmigo, le prometí
ponerle más empeño a mis estudios este
año.
Por lo menos superaste el 60 del año
pasado le respondió Aida, admirando el
hermoso 90 que él tenía grabado ¿Entonces
crees que no te deje ir al viaje?
Bah, ya me las arreglaré para que me
dé ese permiso... ¡esperé todo
un año por ese viaje, no puede prohibirme que
vaya a Okinawa así cómo así!
¡Será fabuloso salir por fin de
esta apestosa ciudad! exclamó bastante
entusiasmado Kensuke en medio de la calle ¿No
lo creen así, chicos? les preguntó
a sus otros dos compañeros que se habían
quedado rezagados de la conversación, y quienes
no lucían tan animosos como Toji y él.
En realidad, prefiero quedarme aquí
confesó Kai, metiéndose las manos en
los bolsillos de su pantalón deportivo Un
lugar tranquilo me servirá para aliviarme de
todas las tensiones que he padecido las últimas
semanas... de veras que lo necesito... admitió
con un suspiro, dándose masaje en uno de sus
hombros Además, la imbécil de
Asuka también irá y yo quiero estar
lo más lejos posible de ella dijo mientras
se estremecía de un horrible escalofrío
que la sola mención de ese nombre le provocó.
Y hablando de eso intervino Toji, acercándosele
para murmurarle en un tono de complicidad, dándole
ligeros codazos en el abdomen ¿Cómo
fueron esos cinco días que pasaron juntos,
pillín? ¿No hicieron nada salvaje y
desenfrenado, eh?
¡Claro que no! vociferó
molesto el joven, encarándolo ¡No
tengo ningún interés en esa zorra, ni
nunca lo tendré! Habría que estar loco
para intentar algo con ella... finalizó,
adoptando su postura original, medio abochornado.
Todavía tenía fresca en la memoria la
imagen de la joven europea envuelta en esa toalla,
con el cabello y la piel húmeda después
de ducharse, con todo ese vapor detrás de ella.
Pues yo estoy que me muero de la envidia
musitó Aida, mordiéndose las uñas.
Cállate, ¿quieres? respondió
Rivera, enfadado por la ingenuidad con la que su compañero
decía las cosas Esos cinco días
fueron de los peores de mi vida. Tener que ver a esa
idiota las 24 horas del día fue algo insoportable.
Si tuviera que volver a hacerlo, lo más probable
es que me desmayaría.
Sí, claro le dio Toji por su lado
cuando su amigo volvía a estremecerse ¿Y
tú, Ikari, que me dices? ¿Podemos contar
contigo para divertirnos a lo grande en la playa?
Tampoco yo creo poder ir al viaje, ahora que
lo mencionan les reveló Shinji, un poco
menos preocupado por sus calificaciones, por fin guardando
en un bolsillo la boleta Lo más probable
es que no se me permita salir de viaje. Un ángel
podría atacar mientras esté fuera, ó
algo por el estilo. Ser un piloto Eva absorbe todo
tu tiempo disponible, por si no sabían.
Qué lastima masculló Suzuhara,
pateando una lata que se atravesaba en su camino El
viaje no será lo mismo sin ustedes, eso es
cierto. Esperaba que nuestro amigo Kai pudiera enseñarnos
algunos trucos para ligarnos a unas chavas en la playa.
Aprende por ti mismo, yo lo hice indicó
Rivera, con una sonrisita en los labios. Siempre era
agradable que otros reconocieran su habilidad con
las mujeres Fui completamente autodidacta.
¿En serio? le inquirieron sus
tres acompañantes con una mirada acusadora.
Bueno, quizás Misato me dio uno que
otro tip finalmente confesó, apenado,
rascándose la nuca mientras apartaba la vista
de ellos.
En esos momentos ninguno de los cuatro prestó
la menor atención cuando una camioneta de paquetería
pasaba por la calle junto a la acera por la que caminaban,
y que venía justo de la dirección por
la que se encontraba el edificio departamental de
la familia Katsuragi. Oh, no, ni Shinji ni Kai se
imaginaban lo que les esperaba cuando llegaran a casa.
Una vez que estuvieron frente a su edificio, los
dos pilotos se despiden quizás por un buen
tiempo de sus amigos, alzando un brazo mientras éstos
seguían su camino.
¡Nos vemos! les decía Ikari
¡Manténganse en contacto!
¡Así lo haremos! le contestaba
por su parte Kensuke, a lo lejos.
¡Les llamaremos en cuanto volvamos!
puntualizó Toji, perdiéndose de vista
al dar vuelta en una esquina.
No te preocupes pronunció Rivera
cuando se dirigían a la entrada del edificio
departamental, cruzando la calle Tal vez podamos
ir a despedirlos al aeropuerto. Salen pasado mañana,
¿correcto? No creo que estemos ocupados para
entonces. Hasta podríamos ir a almorzar al
restaurante del aeropuerto, allí preparan un
excelente filete Mignon, ó si lo prefieres,
también es muy bueno el pescado adobado de
allí el chiquillo sentía que se
le hacía agua la boca al recordar el exquisito
sabor de los platillos mencionados.
Suena bien para mí le respondió
su compañero mientras subían las escaleras
Por lo menos no nos pasaremos las vacaciones
encerrados en el departamento... ¿Porqué
no vamos la semana que viene al cine, o a ese nuevo
centro de realidad virtual que pusieron en el centro?
Así no nos aburriremos.
Hm, ahorita no hay ninguna película
en cartelera que me interese dijo el joven cuando
caminaban a la puerta de su hogar ¿Y
no te has enterado de qué es ese módulo
de realidad virtual? De piloto de Evangelion...
Oh no... se lamentó su compinche.
Pilotar un Eva arriesgando la vida y después
jugar a que pilotaba un Eva no sonaba para nada divertido,
por lo menos para ellos dos.
A lo mejor podemos convencer a Misato para
que nos lleve a un balneario de aguas termales que
hay a las afueras de la ciudad lo tranquilizó,
pasando la tarjeta por la ranura de identificación,
haciendo que la puerta se abriera El agua allí
es deliciosa y el paisaje es muy bonito. Acostumbrábamos
ir seguido antes de entrar a trabajar en NERV.
¡Tadaima! pronunciaron al mismo
tiempo los dos jóvenes al ingresar a su casa,
quitándose los zapatos en el recibidor y poniéndose
sus pantuflas. Tadaima es una expresión que
se utiliza al volver a casa, algo así como
¡Ya llegué!.
¡Okaerinasai! se le escuchó
decir a Katsuragi dentro de su cuarto. Otra expresión
japonesa, esta vez para recibir al recién llegado.
Cómo ¡Bienvenidos! ó
algo por el estilo.
Con la firme intención de empezar de inmediato
con sus vacaciones, Kai depositó pesadamente
su mochila en el suelo sin el menor reparo, resuelto
a reposar en su habitación como hacía
tiempo que no lo hacía. De ahora en adelante
tendría mucho más tiempo libre, mismo
que aprovecharía para rescatar las actividades
que por la escuela ó por el trabajo había
abandonado, como su guitarra que estaba arrumbada
y olvidada, practicar sus bocetos, comprar más
discos, su consola de videojuegos y una larga lista
que estaba en espera. Por lo pronto, lo primero que
haría sería disfrutar de su ansiada
emancipación tomando una larga siesta y después
pondría su disco favorito mientras se ponía
al tanto con sus lecturas atrasadas. Luego cenar,
ver televisión para volver a dormir hasta muy
tarde al día siguiente. Tenía todo su
horario programado y nada parecía que le impediría
realizarlo. Pero...
¡Estoy muerto! se dijo a sí
mismo en medio de un bostezo Lo único
que quiero ahora es tirarme en mi camita y luego...
no pudo concluir su frase, ya que en cuanto deslizó
el fusuma de su habitación con un sordo murmullo,
quedó petrificado en su sitio, sin dar crédito
a lo que veía.
El cuarto de los chiquillos estaba repleto de montones
y montones de cajas de paquetería, apiladas
una sobre otra, de tal manera que ocultaban todos
los muebles de la habitación y sus enseres
personales. Para donde quiera que mirara en el interior
de ese cuarto sólo divisaba las interminables
cajas de cartón que invadían su espacio
personal. Todo lo tapaban: su escritorio, su computadora,
sus trofeos, su televisión, sus discos, ¡su
cama! Y lo que era más, entre todo ese barullo
no alcanzaba a distinguir algunas de sus más
preciadas posesiones. ¡Era una violación
a su intimidad! ¿Qué clase de monstruo
pudo ser capaz de hacer algo tan vil? Al borde de
un colapso nervioso, sólo atinó a gritar
a todo pulmón, sujetándose los cabellos:
¡MI CUARTO! exclamó conmocionado
al mismo tiempo que Shinji se le unía para
presenciar el estado de su habitación ¡¿Qué
fue lo que le pasó a mi hermoso cuarto?! ¡¡No
es posible, que alguien haga algo!!
Pues qué lástima pronunció
Asuka, saliendo inesperadamente del baño a
sus espaldas, entonando con una risita burlona Porque
sucede que ahora es MI cuarto...
Maquinalmente, como si no estuvieran del todo convencidos
de lo que habían escuchado, y sobre todo de
a quién habían escuchado, los dos muchachos
desviaron la mirada hacia atrás, el lugar de
donde provenía esa voz para encontrarse a Langley
en el umbral de la puerta en una de sus poses características:
inclinada ligeramente hacia un lado con una mano apoyada
en la cintura. Parecía que estaba modelando
el atuendo casual que traía puesto, una ajustada
camiseta blanca y una recortada minifalda.
Ikari se quedó inmóvil donde estaba,
sorprendido; y asimismo, el estruendo que hizo Kai
al caer desmayado al suelo se escuchó en toda
la casa.
¿Y éste porqué se desmaya?
preguntó molesta la jovencita, tanteando el
cuerpo inconsciente de Rivera con la punta del pie
Cualquiera diría que vio una aparición,
el muy exagerado...
P Pero Asuka se dirigió
a ella el joven japonés, con la misma cara
de estupefacción a la vez que trataba de darle
aire a su amigo para que reaccionara, abanicándolo
con la mano mientras lo sujetaba en el piso ¿Qué
es lo que estás haciendo aquí?
Ah... Shinji, amigo... en ese momento
Kai empezaba a salir del estupor de la inconciencia,
sin darse cuenta completamente de su situación
Tuve una pesadilla de lo más terrible...
Asuka estaba en el departamento, se había apoderado
de mi cuarto y después intentaba violarme...
fue espantoso...
¡Óyeme, animal, no andes inventando
absurdos! le respondió la chiquilla,
enfurecida.
¡Ahhh! ¡No era un sueño!
pronunció aterrado el joven, incorporándose
de un salto y santiguándose ¿Qué
haces aquí? ¡Lárgate antes de
que llame a la policía por estar invadiendo
mi propiedad! ¡Shú! ¡Fuera!
le decía despectivamente, barriéndola
con las manos cómo se haría con cualquier
can.
¡No soy un perro, estúpido!
le reclamó la muchacha dándole un golpe
en la cabeza, para luego adoptar de inmediato su postura
inocente Misato me ha invitado a residir en
este lugar. En realidad, viviendo sola tendría
menos problemas, pero es que me ha insistido tanto
que no pude rehusarme.
¿Así como así? masculló
Ikari en su lugar ¿Sin consultarnos en
nada?
¡Esto no puede estar pasando! gimió
por su cuenta su compinche ¡He sido traicionado
por mi propia madre! ¿Porqué a mí?
¿Porqué?
¡¿Qué les pasa, cretinos?!
los interpeló la alemana, blandiendo un puño
¿No están conformes ó qué?
Desolado, habiendo sido su santuario profanado y
con esto también la seguridad que su propio
hogar le inspiraba, el joven mestizo se derrumbó
pesadamente en el suelo, apoyándose en la pared
con la esperanza de que un rayo entrara por la ventana
y lo fulminara, sólo para completar su día.
¿Qué iba a ser de su vida ahora? Si
ya no podía refugiarse en la santidad de su
hogar, ¿a dónde más podría
ir? ¿Qué podía hacer en esas
circunstancias? El desarrollo de los eventos no era
muy favorable, eso que ni qué.
No te preocupes le susurró la
muchacha al oído a Shinji, para que Rivera
no pudiera escucharlos Me irás perfecto
como compañero, para eliminar el estrés.
Además, te consentiré mucho, tenlo por
seguro.
¿Pero qué diablos pasa con mi
estrés? pensó descorazonado el
chiquillo, aunque también un tanto acalorado
por el último comentario de la joven europea,
quien terminó guiñándole un ojo
en tono de complicidad.
Sensación que se desvaneció por completo
cuando una vez más la muchacha hacia gala de
su temperamental carácter, repartiendo órdenes
y quejas a diestra y siniestra con su potente voz
que exigía ser escuchada de inmediato:
¡Qué pequeñas son las cajas
japonesas! exclamó la chiquilla observando
las pilas de cajas en toda la habitación No
me ha cabido ni la mitad de mi equipaje. Ustedes dos,
haraganes, llévense sus porquerías afuera
y después vienen para que me ayuden a instalarme.
¿No esperaran que desempaque todo este barullo
yo sola, verdad? ¡Muévanse!
Cuando señaló a esa arrugada y maltrecha
caja en la que se encontraban apretadas unas contra
otras casi todos sus enseres personales, revueltos
con los de Shinji, a Kai por poco le provoca un infarto
múltiple.
¡Mis cosas! ¡¿Qué
has hecho con ellas, pequeña bruja?!
gritó alarmado el muchacho abalanzándose
sobre la maltratada caja, vaciando en el piso su contenido,
dándose cuenta que casi todo estaba roto ó
maltratado ¡Mis pósters de la selección
argentina de fútbol están arrugados!
¡Y también los del Atlas! ¡Ahhh,
ya no consigues de éstos en ninguna parte!
¡Mis estampas de béisbol de las grandes
ligas! ¡El casete de A Hard´s day night
arruinado! ¡También el del Yellow Submarine!
¡¡¡Noooooo!!! ¡Todo menos
esto! prorrumpió al borde de la histeria,
recogiendo la arrugada y delgada portada de un disco
de acetato El... LP original de Revólver...
hecho añicos... musitó descorazonado,
cuando sacó del interior los pedazos de disco
negro uno a uno, algunos más grandes que otros
Sólo quedaban diez de éstos en
todo el mundo...
¿Te refieres a esa cosa primitiva que
le sale música cuando lo rascas con una aguja?
Pues ahora, ya sólo quedan nueve añadió
la alemana en tono de burla ¡Por favor,
no seas tan ridículo! Todos esos cachivaches
antiguos debían de estar en la basura hace
ya muchos años... sobre todo esas grabaciones
obsoletas en cinta. ¿Qué hay de entretenido
en mirar a cuatro desarrapados en una película
en blanco y negro brincar y bailar como idiotas mientras
cantan? ¿Ó esa otra que tiene unos dibujos
espantosos? ¡Qué anticuado! De hecho,
te hice un gran favor, ahora tendrás más
espacio en tu nueva ratonera, ¿no lo crees?
Tú... maldita hija de... voy a... matarte...
pronunciaba entrecortadamente el chico con los dientes
apretados, mientras la vena en su cabeza parecía
que iba a reventarle.
La chiquilla le dio la espalda, ignorándolo
y poniéndose a silbar una alegre tonada, al
mismo tiempo que el muchacho tomaba un largo y afilado
pedazo de disco roto entre sus manos y se le acercaba
por detrás, sujetándolo férreamente
por encima de su cabeza.
El mundo... me lo agradecerá... después...
mascullaba entre dientes, en el mismo tono demente
con el que la había amenazado con anterioridad.
¡Hola! ingresó Misato al
cuarto, arrebatándole el peligroso pedazo de
acetato de las manos a su protegido ¿Se
están llevando bien? preguntó
sarcásticamente la mujer, con su mascota pingüino
agazapada a su pierna, temeroso de la visitante.
Mi Misatooo!!! se sujetó
a ella del mismo modo Rivera ¡Es espantoso!
¡Usurpó mi cuarto y mis.. mis cosas...
todas mis posesiones materiales las hizo basura!
vociferaba restregando el rostro en su chamarra roja,
desequilibrándola.
Oh, es una lástima dijo dificultosamente,
tambaleándose con el peso del joven y observando
en el piso las cosas que el chiquillo tanto atesoraba,
arruinadas Pero estoy seguro que no se trata
más que de un accidente, no creo que haya sido
con intención. ¿No es así, Asuka,
linda?
Por supuesto contestó Langley
en un tono bastante ensayado Yo sería
incapaz de hacer algo así... lo que pasa es
que no sabía que había cosas tan frágiles,
lo siento mucho.
¿Lo ves? añadió
Katsuragi, dirigiéndose a Kai mientras éste
fustigaba con la vista a la joven europea, sin creerle
una sola palabra Mira, quizás todavía
podamos rescatar algo... ¿Porqué no
vamos a la mesa a ver si hay algo que se pueda arreglar
con un poco de pegamento? Enseguida volvemos, Asuka,
es cuestión de un segundo. Descuida, que todos
ayudaremos a que te instales.
Por mí no se apuren señaló
la jovencita, y por la mueca que hizo no se podía
distinguir si era un comentario sincero ó puro
sarcasmo Tengo todo bajo control.
Así pues, los tres ocupantes originales del
apartamento (cuatro si contamos a Pen Pen )
realizaron una reunión extraoficial en el comedor
de la cocina, examinando cuidadosamente los despojos
de las pertenencias de los chiquillos, buscando infructuosamente
como en un naufragio algo que se pudiera salvar.
No solamente a Rivera le había ido mal, también
Shinji había perdido algunas de sus cosas,
cómo sus audífonos y un juego de video
portátil, aunque claro que ninguno de éstos
era tan valioso como las pertenencias que su amigo
había perdido. Por lo demás, todas sus
demás pertenencias habían salido ilesas.
Bien pudiste habernos avisado le cuchicheaba
Kai a su tutora, sacando del fondo del cajón
su fotografía familiar rota de nuevo. Ya iban
dos veces que quebraban el vidrio del marco en menos
de un año.
Lo siento mucho, pero es que lo decidí
de repente respondió Katsuragi en el
mismo tono bajo Lo que pasa es que Asuka me
dijo que quería venir a vivir con nosotros.
¿Qué? dijeron al unísono
los dos muchachos, sin creer lo que estaban escuchando.
Y no podía excusarme poniendo de pretexto
que no me daba abasto con ustedes dos, ¿no
lo creen? ¿Qué podía decirle?
se interrumpió a sí misma cuando sacaba
un envoltorio de la caja maltratada ¡Mira,
son esos carboncillos que dijiste que habías
perdido!
Debiste decirle que no fuera tacaña
y pagara alquiler en cualquier otro lugar volvió
a susurrar su protegido, tomando entre sus manos el
contenido de la bolsa, verificando su buen estado
Aquí ya no hay espacio, apenas si cabíamos
nosotros. ¿Dónde se supone que vamos
a dormir ahora Shinji y yo?
Ya lo sé, ya lo sé, y lo lamento
mucho se disculpó Misato, esculcando
entre los escombros He estado pensando que podríamos
mudarnos al piso superior, allí hay un departamento
de tres habitaciones y dos baños, eso solucionaría
nuestro problema. Mientras tanto, si lo desean ustedes
se pueden acomodar en mi cuarto y yo duermo con Asuka,
¿qué les parece?
Me parece que yo mejor duermo con Asuka...
contestó Kai, sosteniendo frente a sí
un pedazo de su alcancía rota. No había
guardado dinero allí, la tenía más
bien como una curiosa artesanía que había
adquirido en su más reciente viaje a México.
¿Qué dijiste? le interpelaron
sus dos acompañantes.
¿Yo? Nada, nada... se defendió
el joven, con el rostro colorado.
Cómo sea, me parece que ya hacía
falta otra chica aquí, tal vez por fin pueda
hablar con alguien de cosas de mujeres continuó
Misato para que luego los dos muchachos la miraran
con ojos entornados mientras pensaban: Y lo
dice la que nos pone a lavarle sus pantimedias
Además, Shinji, tú mismo me dijiste
que los cinco días que pasaron juntos fueron
muy divertidos, ¿no?
Pues... supongo que sí... musitó
Ikari, apenado, doblando una camisa del colegio que
se encontraba dentro de la caja Aunque no estoy
muy seguro al respecto...
¡¿Qué?! se exaltó
Rivera, poniéndose de pie y estrangulando a
su secuaz ¡¿Cómo pudiste
decir eso?! ¡¿No tomaste en cuenta lo
mal que lo pasé?!
Es... que creo... que a mí sí...
me agradó... decía apurado el
muchacho, sacando la lengua, falto de aire.
¡Oigan, los tres! vociferó
la alemana desde su, ya ahora cuarto ¿Van
a venir a ayudarme ó solo se están haciendo
tontos allá?
¡Ya vamos! le avisó Katsuragi,
alisando unas camisas estampadas de Batman y Dragon
Ball, respectivamente, de lo poco que se había
salvado Vamos, Kai, deja de ahorcar al pobre
de Shinji; él no tiene la culpa de haberse
divertido mientras tú te amargabas la existencia.
No es justo murmuraba el muchacho, acatando
la orden que se le daba Es que nomás
no es justo repetía descorazonado cuando
se encaminaban a su antigua habitación.
Se había hecho de noche muy pronto. Ya estaban
a punto de dar las doce de la noche. Pronto empezaría
un nuevo día, aunque todavía faltaban
algunas horas para que amaneciera. Ikari estaba exhausto.
Fue un día muy laborioso. En realidad, no podía
dormir debido a la falta de sueño, sino porque
lo molestaba de sobremanera ese extraño sonido
cuya fuente no alcanzaba a precisar. ¿Qué
sería?
Rivera no podía dejar de rechinar sus dientes
unos contra otros. Ni siquiera cerrar los ojos, que
estaban clavados en el techo. La sangre le hervía
y sólo podía pensar en nada más
que venganza. No había podido realizar una
sola de las tareas de su itinerario elaborado previamente
de manera tan cuidadosa. Toda la tarde había
desperdiciado su precioso tiempo desempacando la basura
de Asuka, y acomodándola como ella quisiera.
La muy sinvergüenza. Había sacado del
cuarto todas sus cosas, excepto su televisión,
su estéreo y su computadora. Qué conveniente.
Y a final de cuentas, le había tocado dormir
en la sala, en esas incómodas colchonetas japonesas.
Con lo que le gustaba dormir en el suelo. Por suerte,
era verano y hacerlo era de cierta manera refrescante.
Pero no podía pasar por alto que en esos mismos
momentos ella estaba durmiendo en su cama, disfrutando
de ese colchón tan cómodo y de esas
almohadas tan suaves y confortables que parecían
nubes. En esa cama en la que había dormido
por más de cinco años. Aunque, ahora
que lo pensaba mejor, de alguna forma era excitante
el pensar que ese sensacional cuerpo se encontraba
ahora reposando en la cama en la que apenas ayer había
dormido. Esa torneada, blanca y suave piel, tan cálida,
entre sus sábanas, aquellos senos tan redondos
y firmes apoyados en su colchón, su aliento
sobre las almohadas en las que solía reposar
la cabeza. ¿Y si...? No, no, eso sería
muy estúpido y arriesgado, casi un suicidio.
Si acaso llegaba a descubrirlo, podría ir despidiéndose
de la vida. Seguro lo mataría. ¿Y qué
diría Misato? Pero es que fue culpa suya, por
traerla aquí a incomodarlo. Por otro lado,
si nadie se enteraba, podía sacar ventaja de
la situación. Y sería la venganza perfecta.
Pero, ¿y si lo descubrían? No valía
la pena correr el riesgo, ¿ó sí?
La sangre quema, la sangre está ardiente, no
podía pensar en otra cosa que no fuera Asuka.
Sí, está bien, lo haría, lo haría
sin importar el precio. Su premio nadie se lo iba
a poder quitar. Iba a hacerlo. La tentación
de apoderó de él rápidamente
y con suma facilidad. Creyendo a su compañero
completamente dormido, salió del futón,
caminando sigilosamente entre la oscuridad, deslizándose
como un gato. Un gato en celo. Con las hormonas desatadas
galopándole en la cabeza, en todo su sistema,
atravesó la sala hasta alcanzar la puerta de
la habitación, que deslizó cuidándose
de no hacer ningún ruido para luego introducirse
al interior, con un solo pensamiento perverso en la
mente. Su instinto biológico demandaba ser
atendido cuanto antes, haciendo a un lado su conciencia.
Aún en la penumbra, pudo verla. Allí
estaba ella, plácidamente dormida en el lecho,
envuelta en esas delgadas sábanas que él
tantas veces había tenido que lavar por haberlas
empapado durante sus sueños con semen. Y ahora
se encontraban esas formas tan curveadas, bien delineadas
por la manera en la que se había envuelto.
Poseído por la insana pasión, tragando
saliva, se acercó cuidadosamente hasta ella,
reptando lentamente por la cama y de paso aprovechando
para pasear las manos en esos pronunciados muslos,
aun cuando fuera por encima de la sábana. Eran
tan tibios, y tan suaves. Quien sabe cómo,
pero había conseguido ponerse encima de ella
sin que se percatara y sin que el colchón hiciera
el menor movimiento que pudiera alertarla. No podía
detenerse, carecía de voluntad. Ahora la dueña
de todos sus pensamientos era ella, ella y ese cuerpo
suyo tan perfecto que debía pertenecerle a
cualquier costo. Sí, sería de él,
pasara lo que pasara. Y es que en esos momentos tan
confusos no pensaba en lo que le llegaría a
pasar si por algo Langley llegaba a despertar. Sus
posibilidades no eran muy buenas. Pero es que su aliento
quieto estaba tan cerca de él. Podía
escuchar el ritmo de su respiración. Inhala.
Exhala. Inhala. Exhala. Ardiendo, acercó poco
a poco sus labios a los de ella. Ya respiraba del
mismo aire que ella. Sus narices se rozaron cuando
estaba por alcanzar esos labios tan carnosos y sensuales.
A primera vista parecían tan suaves y deliciosos.
Pronto podría comprobarlo. El corazón
le latía a mil por hora, casi saliéndose
del pecho, conforme se acercaba el momento decisivo
del punto del no retorno, cuando tardaba más
volver al principio del camino que continuar hasta
el final de éste. Ése era el punto del
no retorno. Cuando sus labios se juntaran con aquellos
tan hermosos y compartieran su aliento. Nada podía
detenerlo, faltando un centímetro para lograr
su cometido. Nada, a excepción de un inusitado
estremecimiento del cuerpo capturado, y una solitaria
lágrima cristalina deslizándose por
la mejilla derecha. Se quedó congelado donde
estaba, pensando en primera instancia que había
sido descubierto, esperando de un segundo para otro
ser derribado de un brutal golpe. Sin embargo, no
ocurrió de esa manera. La joven europea seguía
dormida, y al parecer su sueño no era tan placentero
como se hubiera supuesto. Se revolvía debajo
del muchacho, sin percatarse de su presencia, balbuceando
frases ininteligibles en alemán, a excepción
de lo último que pronunció casi al oído
del aventurado joven, que le desgarraron el alma:
Mamá... mami... ¿porqué
te moriste?¿Porqué te moriste?
Una nueva perla surcó de nuevo su humedecida
mejilla, yéndose a estrellar en la mano de
Rivera, muy próxima a su rostro. La sensación
de esa gota de llanto chocando con su piel lo hizo
despertar, como si le hubiesen arrojado agua bendita
para expulsar al diablo de su interior. La lágrima
seguía surcándole la piel entre los
dedos hasta que la chupó con la lengua. Liberado
del loco influjo en el que se encontraba, de la misma
forma en la que se le había trepado bajó
de la cama, liberando a su cautiva. Avergonzado, se
quedó de pie junto a ella, odiándose
por lo que había estado a punto de hacerle
a un ser humano, a un ser humano que había
sufrido del mismo modo que él. Podía
entender su dolor sopesándolo con el propio,
y le daba una pena infinita, por ella y por él,
por lo que estaba resuelto a hacer apenas unos segundos
antes. Ella no era sólo un cuerpo del que se
pudiese aprovechar y desechar. También tenía
su corazón, y sus sentimientos. A lo mejor
por eso quería estar acompañada. Quizás
no le simpatizaba, pero eso no era motivo suficiente
para agredirla del modo en que pensaba hacerlo. Había
otras formas más convenientes, más acordes
a la situación en la que estaban. Así
no, así no era el asunto. Sin la lujuria de
antes, posó una mano en su mejilla, secándola
delicadamente, para luego pasearla en los sueltos
cabellos de la muchacha. Sí, era hermosa, y
se estaba guardando para el hombre que se atreviera
domarla. Todavía no lo conocía, pero
lo compadecía, aunque a la vez, muy en el fondo,
lo envidiaba. La cubrió bien con la sábana,
cuando parecía que se recobraba. Perdóname
le susurró al oído y después
se dirigió hacia la puerta para abandonar su
vieja habitación, volviendo a deslizar delicadamente
la puerta de papel para no perturbarla. Buenas
noches murmuró antes de salir del cuarto.
Y apenas había salido de allí se enfiló
directo al baño.
Shinji no estaba dormido. Shinji había estado
despierto desde que se instalaron en la sala, cuando
declinaron la oferta de Katsuragi. No había
podido pegar la pestaña en todo ese rato. Estaba
algo emocionado por la presencia de la muchacha, quién
sabe por qué. Le quedó bien grabado
ese gesto tan sensual que le dedicó, al guiñarle
el ojo. Quizás estaba interesado en él.
¿Porqué otra razón le había
pedido a Misato alojamiento? Para pasar más
tiempo con él, claro está. A lo mejor
ya hasta se le haría tener novia. Tener novia.
Se preguntaba cómo sería eso. Planeaba
los lugares a los que la llevaría. Al cine.
A comer fuera. Quizás a ver esos hermosos atardeceres
cayendo en la ciudad. Por fin alguien le hablaría
en tono meloso y le diría Te amo
al oído. Se imaginaba como sería su
primer beso con aquella belleza. ¿Y qué
pasó con Rei? Híjole, se le había
olvidado Rei. Ella también era un prospecto.
Qué raro, las dos chicas que le interesaban
eran tan diferentes una de la otra, y no obstante,
las dos le gustaban, cada una de manera diferente.
¿Por cuál se decidiría al final?
Ahora ya sabía cómo se sentía
Archi con Bety y Verónica. No era fácil
la decisión, las dos eran tan bonitas y atractivas,
cada una tenía sus pros y sus contras. ¿Y
no se podría con las dos al mismo tiempo? Ay,
no, cómo crees, no seas tan aborazado. Y él
que pensaba que Asuka también se iba a quedar
prendida de Kai, como Ayanami y las demás de
la escuela. Pero no, Rei había enmendado su
error y Langley se había dado cuenta antes
que ese sujeto era un patán. Al final, ese
bueno para nada se iba a quedar solo, por su actitud
arrogante, y él de poco a poco pero fue consolidando
sus relaciones con las del sexo opuesto, hasta llegar
a este punto. Dos hermosas chicas por que decidirse.
No estaba nada mal, para ser un novato. Ese extraño
sonido de nuevo, ¿qué es? Acostado,
voltea la vista hacia un lado, para mirar a Rivera
fugarse a hurtadillas. ¿A dónde iba?
¿Al baño? ¿Y porqué estaba
caminando de puntitas? No, no iba al baño,
¡se dirigía a su viejo cuarto! ¡Estaba
escurriéndose a la habitación de Langley!
¿Qué pretendía hacer? No iría
a matarla, el muy desgraciado. ¿Ó sí?
¿Iba a cumplir su promesa? Con qué delicadeza
abre la puerta, ni él mismo la escuchó
deslizarse. Jamás se hubiera enterado de su
intromisión nocturna de no estarlo viendo en
esos precisos momentos. Mejor sería ir a ver
lo que pretendía, no fuera que la quisiera
ahogar con una almohada a la pobrecita. Con el mismo
cuidado que su compañero, cruzó la sala
hasta alcanzar el umbral de la puerta, en donde se
quedó expectante, en cuclillas. Le daba miedo
voltear a ver. ¿Qué esperaba encontrarse
al mirar a esa dirección? De alguna manera
lo presentía. Lentamente volvió la mirada
hacia la cama de la muchacha, para encontrarse a su
amigo encima de ella. ¡No, esto no puede estar
pasando! ¿Qué es lo que quiere hacer?
¿No sabía que ella estaba apartada?
¡No le interesaba de ninguna manera! ¡No
podía estar haciendo eso! Kai acercaba la cara
a la de ella cada vez más, pronto quedarían
pegados. Quería impedirlo, quería decir
algo, pero en su lugar se quedó inmóvil
como una asombrada estatua. ¿Qué podía
hacer? ¿Ir y quitarle a Kai de encima? Sí,
cómo no. No creía lo que estaba viendo,
para él era un impacto terrible toda esa escena.
Siempre pensaba en la sexualidad de una manera muy
diferente, no esta suciedad que estaba presenciando
y que no podía hacer nada para evitarlo. Iba
a violarla y él no haría nada para detenerlo
pues el shock le impedía actuar. Sólo
podía ver el curso de los acontecimientos,
y esperar por lo que ocurriera. No, era demasiado.
Él siempre estaba tan adelantado. ¿Cómo
había pensado que tendría una oportunidad
con ella, con Kai rondando por allí? Estaba
a punto de arrebatársela en su cara, se estaba
burlando de él y no hacía nada por impedir
que ocurriera. Al contrario, estaba agazapado como
un bebé sin saber qué hacer. Se iba
a salir con la suya. Siempre se las arreglaba para
hacerlo. No, ya no soportaba más ver aquél
denigrante espectáculo. Si bien estaba fuera
de su alcance hacer algo para impedirlo, bien podía
ignorar todo y fingir que no pasaba nada. Eso era
lo que iba a hacer. No tenía porque observar
todo lo que pasara. Se fue antes de que la besara,
antes de que todo estuviera perdido, Ojos que no ven,
corazón que no siente, ¿no es así?
Y él no iba a ver cuando su mejor amigo le
arrebatara a su amor frente a sus ojos, por lo que
no sentiría algún dolor, en ese entonces.
Reuniendo fuerzas se las ingenió para arrastrarse
en silencio hasta su colchoneta, en donde se refugió
tapándose el cuerpo entero, haciéndose
concha en sí mismo. Le importaba muy poco lo
que aconteciera fuera de su capullo. No le interesaba.
Sí, sí le interesaba lo que le pasara
a la alemana, por que la amaba, él sí
de veras que la amaba y no nada más quería
coger con ella. A él sí le gustaba su
manera de ser, y no se enfadaba nomás por que
le rompiera unas reliquias que ya ni siquiera servían.
Ella era mucho más valiosa que todas ellas
juntas. ¿Entonces porqué ahora quería
quitársela? Él no la quería,
jamás llegaría a quererla cómo
él. ¿Porqué era tan aprovechado
y se adueñaba de lo que no le pertenecía?
Porque se creía el dueño de todo, y
quería acapararlo todo lo que estaba a su alcance.
Y Asuka no era la excepción. Ojalá ahorita
mismo despertara para que le diera un buen puñetazo
y lo mandara a la lona, para que Misato se levantara
y se hiciera el escándalo total. Claro que
se fingiría sorprendido, mientras las dos lo
reprochaban y le gritaban, lo golpearan. Haría
señales de desaprobación al verlo tendido
en el piso, humillado. A lo mejor hasta lo correrían
de la casa. Sí, ya quería verlo fuera,
desamparado, para ver qué hacía. Ya
quería verlo dormir bajo un árbol, tiritando
de frío, lleno de vergüenza y deshonra.
Después de todo, no era más que un salvaje
extranjero. ¿Qué podía saber
él de honor? Creía que podía
hacer lo que quisiera, como escabullirse al cuarto
de una linda jovencita a quitarle su castidad aún
cuando fuera a la fuerza. Según él,
nadie podía detenerlo. Ya vería en unos
momentos, cuánto se equivocaba. Pero ya había
pasado mucho rato, y nada pasaba. Ya debía
haberla besado, y ella aún no despertaba. ¿Y
sí lo había hecho? Estaba muy cerca,
y lo que era más, con el oído aguzado
para escuchar cualquier sonido, y no oía absolutamente
nada. Deberían ya estar forcejeando, ó
gritando ó algo, pero todo estaba en silencio.
Ojalá no se hubiera ido, para ver que estaba
pasando, para saber porqué la chiquilla no
pegaba el grito en el cielo ante la intrusión.
¿Y si no estaba oponiendo resistencia? ¿Qué
tal si le había gustado, y ahora lo estrechaba
entre sus brazos, lista a recibirlo? Qué idiota.
Qué idiota y qué imbécil había
sido. Eso fue siempre, y él lo había
confundido todo. Creía que Asuka se había
mudado por él, cuando todo el tiempo no había
sido más que por atraer la atención
de Kai. Y lo había logrado. Ahora mismo la
muy puta estaba cogiendo con él, y mientras
tanto él estaba escondido en su futón
como conejito asustado, temblando de miedo, congelado
por el terror, sólo pelando los ojos. Y ellos
estaban haciendo el amor, y de seguro lo estaban disfrutando,
y ella le estaría hablando melosamente al oído,
paseando la lengua en todo su cuerpo. Estaban jadeando
como perros, gozando como nunca, los dos con su propósito
cumplido, y él estaba escondido, asustado por
todos los acontecimientos, por la rapidez con la que
éstos pasaban sin que pudiera hacer algo para
detenerlos. Todavía era tan niño, y
por eso nadie lo tomaba en cuenta. Ni Asuka ni Kai
lo habían tomado en consideración cuando
se pusieron a fornicar. No habían considerado
lo que él sentiría si los descubría,
y eso era por que no les importaba en lo más
mínimo. Se habían olvidado de él,
entregándose al vano goce corporal. Y él
tenía que conformarse con esconderse en su
lecho en el frío piso, llorando de la desesperación,
de saber lo poco que valía, lo poco que importaba.
A nadie le interesa lo que piense, opine, ó
sienta Shinji. Ni a Asuka, ni a Kai, ni a Misato,
ni a Rei, ni a su padre que lo había dejado
con todos ellos. Estaba solo, solo y su alma, y estaba
llorando amargamente oculto en el interior de su colchoneta,
enjuagándose el llanto en su almohada, embarrando
los mocos en ella cuando en la otra habitación
sus compañeros se divertían de lo lindo.
Con un seco murmullo, la puerta del cuarto se había
cerrado otra vez. Asomó la cabeza por fuera
de su colchoneta para avistar con sus ojos humedecidos
cuando su camarada se dirigía al baño
con paso apretado. ¿Ya habían terminado?
Fue algo rápido, pero lo más probable
es que había sido intenso. Podía escuchar
la respiración de la muchacha, dormida otra
vez. Había acabado con ella, y ahora se estaba
limpiando ó sabe qué extraño
ritual postcoital se encontraba realizando en el baño,
que se estaba tardando tanto en salir.
Salió hasta cinco minutos después,
en estado de relajación profunda después
de haber desahogado sus ansias por su propia mano.
Su cabeza por fin estaba completamente despejada,
al encontrar la tan ansiada paz. Todos los frenéticos
deseos se habían ido junto con la corriente
del excusado, y quién sabe hasta donde irían
a parar, pero a él ya no le importaba. Lo único
que le interesaba ya era acostarse en esa colchoneta
abandonada en el piso y ponerse a dormir, y lo haría
hasta el mediodía sólo porque quería.
En esas andaba, introduciendo las piernas dentro del
futón, cuando escuchó a su compañero
estremecerse en el interior del suyo. Parecía
como si estuviera sollozando. ¿Estaría
enfermo, le dolería algo? A lo mejor era algo
serio, para que estuviera lloriqueando de esa manera.
Canijo Shinji, no asomaba siquiera la cabeza, se escondía
para que los demás no pudieran notar su dolor.
Eso no estaba bien, si algo le molestaba tenía
que decirlo y no aguantarse, después el problema
podría agravarse. Y aunque estaba sumamente
cansado, decidió mejor asegurarse que todo
estuviera bien con él, no fuera que tuviera
algo de gravedad y después sería muy
tarde para atenderlo.
Shinji, ¿qué tienes? le
dijo en voz baja, posando su mano en la espalda, por
encima de la gruesa colchoneta ¿Estás
bien, compadre?
Déjame en paz pronunció
en medio del llanto, con voz quebradiza.
¿Te duele algo, amigo? Mejor te reviso,
no vaya a ser algo grave...
¡No me toques! Sólo quiero que
me dejes en paz, no necesito nada de ti.
¿Tú no habrás visto nada
ahorita, verdad? volvió a preguntar,
pese a las hoscas respuestas que obtuvo anteriormente.
Ya presentía más ó menos que
era lo que le pasaba al chiquillo, por el tono en
que se dirigía a él.
¡Sí, para que te lo sepas, sí
vi todas tus porquerías! ¡No me hables,
no quiero escucharte! ¡Te detesto!
Óyeme, pero si no pasó nada,
te lo juro.
¿Esperas que te crea? Sé muy
bien que acaban de coger, pero no me interesa lo que
hagan, depravados.
¡Pero es que de veras, no le hice nada!
Ve a verla si quieres, para que te convenzas, en este
mismo momento está profundamente dormida.
No quiero saber nada. No me importa, del mismo
modo en que yo no les importo.
¿Pero porqué fregados te pones
en ese plan? Ya te dije que no pasó nada, y
aún si hubiera pasado no es para que te comportes
de esa manera. Y ahora que me acuerdo, según
esto a ti te gustaba Rei, ¿qué no? ¿Entonces
qué te interesa lo que hagamos Asuka y yo,
cabroncito? ¿Ó es que Rei ya no te peló,
baboso, y querías intentar con MI Asuka?
¡Cállate, no quiero escucharte!
manoteó Ikari para librarse de él Ya
te dije que no me interesa, sólo lárgate
y déjame en paz.
Si es lo que quieres, de acuerdo contestó
el muchacho, molesto por la terquedad de su amigo,
por la actitud que estaba tomando al respecto Tengo
mejores cosas que hacer con mi tiempo que discutir
con un mocoso acomplejado, cómo dormir por
ejemplo dijo arrastrando su futón hasta
el cuarto de Katsuragi Voy a dormir mejor con
Misato, a ver si no se te ocurre después que
también a ella me la quiero coger.
Shinji ya no le contestó. Se volvió
a meter en el interior de su colchoneta, escondiéndose
de todo mundo. Rivera ya ni lo volteó a ver,
dándole la espalda hasta que se metió
al cuarto de su tutora, donde se quedó dormido
hasta que eso de las doce de la tarde, sin querer
saber nada más sobre el asunto. Sólo
esperaba que la chiquilla no se enterara, o le iba
a ir muy mal, en ese caso. No, no era probable que
Ikari quisiera confrontarla si seguía empecinado
en creer que habían tenido relaciones sexuales.
Sin saber absolutamente nada de las discordias que
su reciente llegada estaba provocando en sus compañeros,
al día siguiente la chiquilla se divertía
de lo lindo en Tokio 2, uno de los centros metropolitanos
más concurridos del país, en compañía
de su adorado Kaji, con quien caminaba gustosa de
aquí para allá colgada de su brazo.
¡Qué suerte tengo de estar de
compras contigo, Kaji! pronunciaba emocionada
cuando se le acercaba más y más, incomodándolo
un poco.
La cita la habían acordado algunos días
antes, aprovechando que Ryoji tenía que realizar
unos encargos en dicha ciudad, por lo que esa mañana
se había levantado muy temprano, mientras sus
perezosos huéspedes seguían durmiendo
profundamente, hasta Shinji que estaba acostado solo
sobre el piso de la sala. De seguro a Kai le había
dado miedo la oscuridad y fue a refugiarse con su
mamita Misato. Era tan infantil. Ikari parecía
que no había pasado una noche placentera, pues
estaba descansando en una posición un tanto
inusual, además que su cara estaba manchada,
como si hubiera estado llorando, pensaba Langley mientras
lo sorteaba de un salto para dirigirse al baño,
para comenzar a arreglarse para Kaji. Y Shinji era
tan patético, continuaba con sus reflexiones,
no se hacía un solo hombre con los dos.
Kaji en cambio sí que era puntual, y a las
pocas horas ya estaban llegando al concurrido centro
urbano, con todas esas lindas zonas comerciales con
sus grandes tiendas que visitar. Tokio 2 era tan diferente
de Tokio 3. La diferencia estribaba en que Tokio 2
seguía palpitando, y hasta rememoraba las antiguas
urbes del siglo XX, con todos esos automóviles
recorriendo sus calles atestadas, las muchedumbres
apretujadas unas contra otras yendo de aquí
para allá con tanta prisa, en fin que el ritmo
de la vida en esa ciudad era por demás asfixiante
pero también despertaba mucha nostalgia, sobre
todo en el hombre maduro que recordaba los viejos
tiempos mientras que la linda alemana lo arrastraba
emocionada de tienda en tienda. Una vez que terminó
con los negocios que lo habían llevado a aquella
metrópoli, ella y la europea se entregaron
a un frenesí de consumo en los centros comerciales
de la zona que difícilmente podría soportar
la tarjeta de crédito del sujeto, quien pensaba
apurado que quizás tendría que cargar
los gastos a la cuenta de NERV, viendo como sus viáticos
se iban agotando.
A las quince tiendas ya estaba exhausto, y ya hasta
se estaba arrepintiendo de haberse ofrecido a llevar
a la muchacha de compras para su próximo viaje
escolar. Como a un muñeco de trapo, la jovencita
rubia lo remolcaba de un extremo a otro del centro
comercial, visitando las distintas y surtidas tiendas
de ropa juvenil que se encontraban allí. El
problema radicaba en que a las jóvenes bonitas
les quedaba todo, por eso es que era tan difícil
decidirse por algo, aunque para facilitar un poco
la decisión había comprado una gran
pila de vestimentas, mismas que iban guardadas en
pequeñas cajas que el japonés cargaba
dificultosamente, estando muchas veces a punto de
perder el equilibrio.
Se internaron una vez más en una nueva tienda,
y mientras Asuka la recorría de buena gana,
su acompañante aprovechaba para tomarse un
descanso, depositando por unos momentos su abultado
cargamento en el piso, mientras suspirando se estiraba
para quitarse lo entumecido de sus miembros.
¡Espera un momento! le pronunció
a lo lejos, ante las recelosas miradas de un par de
mujeres que pasaban detrás suyo ¡Esta
es la sección de trajes de baño!
Así es contestó despreocupada
la chiquilla, saliendo al pasillo donde estaba, llevando
en un gancho un atrevido bikini para enseñárselo,
el cual constaba de dos recortadas piezas con franjas
horizontales rojas y blancas, y en el top llevaba
un cierre al frente ¿Qué opinas
de éste? ¿Demasiado conservador, no?
Oh, no, no lo creo... le respondió
Ryoji, un tanto abochornado por imaginarse la grácil
figura de la joven con esas escandalosas prendas puestas
Date cuenta, primor, eres una estudiante de
Secundaria, ¿no crees que eres muy joven para
usar ese tipo de ropa?
Kaji, por favor, no seas un vejete anticuado
suplicó Langley, cómo desaprobando el
gesto del hombre, poniéndose una mano en la
mejilla Hoy en día estas prendas son
la última moda en Europa.
Apenado, el sujeto se hizo el desentendido, tomando
una vez más las cajas del suelo seguido por
la alemana, listo para pagar el costo del atrevido
traje de baño. Y lo que se preguntaba era que,
cómo si se había utilizado tan poca
tela para su confección, costara tanto el dichoso
bikini.
Estaba haciendo un gran esfuerzo, eso sí no
se le podía negar. Aunque le era más
fácil pasar el tiempo a lado de Asuka que con
cualquier otro muchacho de esa edad, también
debía reconocerlo. Los dos congeniaban muy
bien, y hasta se sentía un poco halagado, por
así decirlo, de que la hermosa jovencita derrapara
por él. Aún conservaba el estilo, después
de tantos años.
Gustoso sustrajo un cigarrillo de la cajetilla en
el bolsillo de su camisa, encendiéndolo cuidadosamente
para luego degustarlo poco a poco, inhalando despacio
cada bocanada del suave humo que llenaba sus pulmones
de porquería café. A sabiendas del daño
que le causaba a su organismo, no le importó
demasiado y de igual modo disfrutaba del sencillo
placer de fumar, para después de expulsar dos
columnas de humo por las fosas nasales acercarse a
los labios su tarro de cerveza y refrescarse un poco.
Luego de darle un gran sorbo, limpiándose la
boca volvió a depositar el envase en la mesita,
para tomar otra vez su cigarro aún encendido
para seguir fumando.
Por fin había conseguido que aquel torbellino
se asentara en un solo lugar, cómo lo era esa
fuente de sodas con su terraza al aire libre, en donde
en una de esas mesas de plástico con una sombrilla
al centro reposaban luego del agotador recorrido por
todas esas tiendas que habían visitado. Los
paquetes con la ropa nueva dentro de ellos, al igual
que su tarro de cerveza clara y burbujeante, además
del helado de la muchacha, descansaban sobre la mesa
ante su vista.
Le costaba mucho trabajo, pensaba, pero era necesario
si quería que Misato se diera cuenta que en
todos esos años había cambiado. Tenía
que mostrarle un nueva faceta suya si habría
de cumplir su objetivo de reconquistarla, y para hacerlo
qué mejor manera que cuidar de Langley todo
un día. Quería enseñarle que
había aprendido a ser responsable, que ya podía
tolerar la convivencia con los chiquillos. Que aquello
ya no sería un impedimento para la reanudación
de su relación. Pero le estaba costando mucho
trabajo, debía admitirlo.
¿En serio? fingió interés
por primera vez en la conversación de la jovencita,
que se deleitaba en probar una enorme copa de helado
de varios sabores y arreglado perfectamente, sin dejar
de pronunciar palabra ¿Así que
de eso se trataba?
Así es asintió la muchacha,
con una enorme sonrisa en su rostro llevándose
otra cucharada de postre a la boca Un viaje
escolar es algo muy especial. Se supone que podremos
refrescarnos a nosotros mismos.
¿Y a dónde es que irán
de excursión? preguntó el sujeto,
dando un nuevo trago a su cerveza, revisando la hora
en su reloj de muñeca.
¿No me has estado escuchando? Ya te
lo había dicho antes... contestó
la europea haciendo un puchero A O-Ki-na-wa.
¡Oh, es verdad! salió del
paso Ryoji, percatándose que había metido
la pata Lo siento, pequeña, he estado
un poco distraído últimamente. ¿A
Okinawa, dices? Hace mucho tiempo que no he estado
por allá... pero es un lugar muy bonito, una
playa hermosísima...
¡Eso espero! musitó Asuka
enterrando la cucharilla en la bola de nieve Imagínate,
hasta vamos a bucear. ¡Va a ser muy divertido!
Bucear... repitió Kaji, rascándose
su barbilla y mirando al cielo Ya han pasado
tres años desde la última vez que buceé.
Según recuerdo, fue en el Mediterráneo...
¿Y a ti a dónde te llevaban en
tus viajes escolares? preguntó la chiquilla,
mirándolo cándidamente con sus bellos
ojos castaños, del mismo color que su cerveza.
Nunca hicimos alguno, en mi escuela respondió
el japonés, con la mirada perdida, dándole
otro trago al tarro de cerveza En esos tiempos,
los viajes escolares no eran muy buena idea.
¿Eh? pronunció la joven
alemana, consternada, dejando una cuchara de helado
de pistache a medio camino ¿Pero por
qué?
Simplemente por el Segundo Impacto, bombón.
Es una pena masculló su joven
acompañante, agachando la mirada Me da
una lástima por ti...
Oye, no te preocupes, por mí está
bien la tranquilizó el hombre No
hay ningún problema. Sólo quiero que
te diviertas de lo lindo en Okinawa, ¿quieres?
¡Claro que sí! contestó
de nuevo con su característico entusiasmo Tenlo
por seguro que así lo haré, ¡te
lo prometo!
Así me gusta, esa es la actitud
asintió Kaji sonriendo al mismo tiempo que
volvía a revisar la hora en su reloj Oye,
mejor nos apuramos le dijo dándole un
último sorbo a su bebida Se hace tarde,
y si no estás en casa a las cinco, Misato me
degollará.
De acuerdo respondió la chiquilla,
un tanto recelosa, levantándose de su asiento
y dejando su postre a medio terminar En verdad
le temes a Misato, ¿no es así?
Claro que sí. Tú no sabes cómo
se pone cuando está enfadada.
Sin decir más, tomó los numerosos paquetes
de la mesa, pagó en la barra la cuenta y pronto
los dos se enfilaron hacia el estacionamiento del
centro comercial, buscando el lugar donde habían
dejado el auto en el que viajaron. Minutos después
ya estaban en la carretera, dirigiéndose de
vuelta a Tokio 3. Comenzaba a atardecer.
Ya eran poco más de las siete cuando Asuka
regresó a su nuevo hogar. Katsuragi se despidió
de Kaji, que la había acompañado hasta
la entrada del apartamento, con un gesto hosco, para
después cerrarle la puerta casi en la cara.
Las cosas se habían tranquilizado un poco
desde la mañana, durante su ausencia. Shinji
y Kai ya se dirigían la palabra de nuevo, luego
de insistirle éste último constantemente
en que sólo había entrado al cuarto
de la muchacha por que escuchó unos sonidos
extraños, y que, efectivamente le había
entrado un ansia por besarla, pero que finalmente
no pasó absolutamente nada entre ellos. Hasta
tuvo que hincársele para jurarlo.
Y es que así era su relación la mayoría
de las veces. Solían disgustarse mucho entre
ellos, la mayoría de las veces por causas un
tanto absurdas, como que les tomaran uno de sus discos
sin pedir permiso, que si Rivera dejaba la ropa sucia
tirada en el piso, que si Ikari revolvía sus
cosas cuando buscaba algo, que le había tomado
prestadas las pilas de sus discman y se las había
acabado. Pero luego de un rato, se reconciliaban y
nuevamente volvían a ser inseparables, uña
y mugre. No les gustaba admitirlo, pero comenzaban
a tomarse estima.
Sin preocuparse mucho al respecto, Pen-Pen gustoso
se entregaba al placer de disfrutar de uno de esos
baños con agua caliente en la tina que tanto
le gustaban. Flotaba boca arriba (ó pico arriba,
como sea que se diga) utilizando sus aletas para impulsarse
entre la superficie del cálido líquido.
Pen-Pen era un organismo genéticamente alterado,
que había servido para realizar algunos experimentos
en el proyecto, por lo que su comportamiento en ocasiones
era muy raro para los especimenes de su especie. Aunque
eso no le importaba demasiado a sus dueños,
quienes lo estimaban y apreciaban como un miembro
más de la familia. Era tan agradable todo aquello,
sentir el agua en su espalda y respirar ese vapor
que emanaba de la tina, empañando los espejos
del baño. Y era todo tan pacífico. Bien
podía quedarse dormido allí dentro,
y no habría ningún problema. De no ser
por esa muchacha nueva, que con su chillona voz y
sus formas tan hoscas, lo sacaron de su reposo.
¡¿Qué es lo que has dicho?!
la escuchaba gritar desde el comedor ¡¿Qué
no podemos ir al viaje?! ¡No puede ser!
Correcto respondió cortésmente
Misato, sosteniendo una lata de cerveza en la mano
mientras que subía una pierna a la silla donde
estaba sentada Eso fue lo que dije.
Las maletas de Langley ya estaban hechas, listas
para el viaje en el que se supone iría la chiquilla
al día siguiente, recargadas en la pared de
la cocina. Al parecer, había sido en vano tanta
previsión, pues a final de cuentas se quedaría
en la ciudad. Al igual que de nada servirían
las compras que había hecho con Kaji, que se
encontraban en la mesa, pues nada de lo que se había
comprado lo podría lucir en la playa.
¿Pero porqué es que tengo que
quedarme en esta aburrida ciudad? la encaró
molesta la jovencita, poniéndose las manos
en la cintura.
Tienes que permanecer en alerta permanente,
en caso de un posible ataque contestó
una vez más la mujer, sin abandonar su postura.
¡No se me había informado nada
de esto antes! reclamó con enjundia la
alemana, bajando los brazos.
Pues ahora te lo acabo de informar pronunció
despreocupada Katsuragi, dándole un sorbo a
su cerveza.
¡No puede ser! masculló
la chiquilla, haciendo una rabieta, al ver que a su
boleto para Okinawa le salían alas ¿Quién
fue el idiota que decidió todo esto? ¡Es
absurdo!
La Jefa de Operaciones y Estrategias: tu servidora
sentenció la japonesa, dejando la lata sobre
la mesa mientras la fulminaba con la mirada.
Eh... yo... este... no quise decir... que...
balbuceó Asuka, contrariada, buscando un soporte
donde fuera ¡Oye, tú! le
dijo a Shinji, al otro extremo de la mesa, señalándolo
con el dedo ¡No estés bebiendo
té nada mas así cómo así!
¡Se supone que eres un hombre, dile algo, tienes
que hacerla recapacitar!
A decir verdad confesó Ikari,
dejando también su taza en la mesa para hablar
con más comodidad Yo ya me había
resignado a no ir a ese viaje. Ya me imaginaba que
algo así sucedería.
¿Así nomás? objetó
la extranjera, al notar la actitud de su compañero
¿Tan fácil ya te das por vencido?
¡Eres taaaan patético! Un hombre así
de sumiso es lo peor que puede haber.
No deberías hablar de esa manera
le contestó Shinji, un tanto herido en su orgullo
por ese comentario. Quizás ella no estaba tan
interesada en él, después de todo. No,
si siempre lo trataba de esa manera.
Siguió bebiendo su té negro, soplando
el caliente contenido para sorberlo sin quemarse,
repasando mentalmente las palabras de la chiquilla
y lo que le hubiera gustado responderle. ¿Pero
qué era lo que quería que hiciera? ¿Ponerse
también a discutir con Misato? Era pérdida
de tiempo y de energía, Misato siempre se las
ingeniaba para ganar. Además, él no
era tan extrovertido como ella, ni le gustaba alegar.
A final de cuentas, parecía que Asuka no era
su tipo de chica. Era bastante agresiva.
La joven rubia no encontraba el modo de convencer
a su superior que aquella era una decisión
errónea, y la cosa no se facilitaba si no tenía
apoyo de alguno de sus compañeros pilotos,
para ejercer mayor presión. Volvió la
vista a la sala, en donde estaba sentado en el piso
Rivera, observando detenidamente un programa de televisión.
¿Porqué no? A lo mejor podía
funcionar, nada perdía con intentarlo. Aparte,
creía que ya le estaba tomando la medida al
muchacho, era cuestión de llegarle por su lado
flaco. Sabía que no podía resistirse
a su espectacular cuerpo. Si se lo propusiera, bien
podría tenerlo comiendo de la palma de su mano.
Kai, por favor, tienes que hacer algo
se dirigió a él Langley, cómo
último bastión que le quedaba frente
a Katsuragi, hablándole melosamente y enredando
su dedo índice en el cabello castaño
del muchacho Esta mujer está poniendo
en riesgo nuestras vacaciones en Okinawa... y yo que
pensaba ponerme un ajustado traje de baño sólo
para ti...
Pues mi idea de vacaciones no es precisamente
estar rodeado de mocosos de secundaria todo el tiempo,
aunque sea en la playa repuso fríamente
el muchacho, aunque después de tragar saliva
sintiendo la cercanía de la jovencita, recargada
en su espalda y con su aliento en la nuca. Era tan
cálida, y podía sentir los latidos de
su corazón. Tun, tun. Tun, tun. Y eso que estaba
haciendo con su cabello, era tan relajante. Toda la
tensión se iba desvaneciendo. Pero entonces
miró de reojo el semblante de Shinji, quien
desde la mesa lo aguzaba con la mirada, recriminándole.
Qué contrariedad, se sentía tan bien
con la chiquilla mimándolo que con mucho gusto
lo hubiera ignorado por completo, pero apenas había
hecho las paces con él. Ya no quería
más problemas ¡Además, no
deberías tomarte tantas confianzas, hipócrita!
le dijo, reaccionando de inmediato, poniéndose
de pie y apartándola bruscamente Ahorita
sí, muy cariñosa, ¿verdad? Y
luego vas a terminar golpeándome sin motivo.
Ya te conozco, no creas que caigo tan fácilmente
en tus trampas...
¡Ni hablar! repuso la alemana,
dándole la espalda muy indignada, después
de haberse repuesto de la impresión. Todavía
no tenía al chico en la bolsa, como pensaba
en un principio ¡Ustedes dos son simplemente
casos perdidos! Una que quiere ser amable, y mira
cómo la tratan.
Asuka, querida, sé cuanto querías
ir a esa excursión, pero comprende que no nos
queda otra alternativa insistió Misato
desde su asiento, terminando el contenido de su lata
y arrojándola al bote de la basura. Había
examinado profundamente la forma en la que la muchacha
quería manipular a su protegido, y sabía
a la perfección que estaba jugando con fuego.
Tal vez no había sido tan buena idea alojarla
en su hogar Un ángel bien podría
atacarnos mientras tú estás fuera, de
paseo. Nuestro poder ofensivo se vería considerablemente
disminuido.
Ignorando la reyerta entre los seres humanos, Pen-Pen
pasa de lado, saliendo del baño con una toalla
en su espalda y sin ningún miramiento se dirige
al refrigerador que tenía para él solo,
abriéndose una pequeña puerta en éste
para permitirle el ingreso al interior. No le daba
la menor importancia al escándalo que todos
ellos hacían, siempre y cuando hubiera comida
en su plato. Lo demás no importaba. Aunque
eso sí, iba algo molesto por que no lo dejaran
disfrutar apaciblemente su baño. El no dirigirles
siquiera un gesto de atención era su forma
de castigarlos.
¡Esperar, esperar, esperar, esperar!
repitió hastiada la jovencita, meneando la
cabellera mientras daba un pisotón ¡Siempre
tenemos que esperar! ¡Esperar a un enemigo que
nunca sabemos cuando atacará! ¿No podríamos,
por lo menos una sola vez, dar el primer golpe nosotros?
Ahora sí que perdió el juicio
pensó Kai, tratando de volver a centrar toda
su atención en la televisión, en el
programa de concursos que tenía sintonizado.
Si pudiéramos, lo haríamos, tenlo
por seguro suspiró abatida Katsuragi,
cansada de tanto lidiar con ella Aún
así, deberían pensar en esto no como
una tragedia, sino como una oportunidad y diciendo
esto sustrajo de su bolsa tres discos de computadora,
enseñándoselos a los niños, sosteniéndolos
en lo alto Así que mientras los demás
están en la playa divirtiéndose, ustedes
pueden aventajar en sus estudios. ¿Ó
pensaban que no me enteraría de sus horrendas
calificaciones?
Oh, no masculló Ikari, palpando
con la mano el interior de su bolsillo, en donde permanecía
su boleta.
Por su parte, Langley y Rivera se limitaron a hacer
una mueca de disgusto en su lugar a la sola mención
de la palabra calificación.
Por si no lo sabían, periódicamente
recibo un reporte de su desempeño en la escuela
en mi computadora. Fácilmente puedo acceder
a los resultados de sus últimos exámenes,
y déjenme decirles que los tres me tienen muuuy
decepcionada. ¡Shinji, bajaste diez puntos con
respecto a tu promedio anterior! ¿Y podrías
decirme, Kai, que esa no acreditación
en conducta? Y Asuka, no puedo creer que alguien de
tu nivel académico saque un 80.
¿Y qué tiene que ver una simple
calificación? objetó la chiquilla,
encogiéndose de hombros, molesta por que ponían
en duda su capacidad.
¡Muy cierto! la apoyó Rivera
desde su lugar, levantando un brazo en señal
de solidaridad. Hasta que por fin alguien entendía
que una mera calificación no lo era todo en
la vida. Por fin alguien lo entendía.
Lo que yo creo es que su sistema educativo
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