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El Proyecto Eva
Por:Gus (jabarajas@hotmail.com)

Capítulo Once: Trinidad

“He visto muchos pueblos y gente en el mundo, pero no he hallado jamás ninguna mujer cómo tú...”

(Odiseo a Nausicaa.)

La Odisea

Había pasado una semana escolar (ó inglesa) entera desde que Asuka, la pequeña bomba rubia alemana, había llegado al Japón junto con Misato y compañía, además del Eva 02, el cual se encontraba ahora en las instalaciones de NERV. El equipo de pilotos, aparentemente, ya estaba completo: dos muchachos y dos chicas. Desde esos momentos, hipotéticamente sería más sencillo combatir a un ángel, con tan evidente superioridad numérica de 4-1. Eso era lo que los líderes esperaban del recién formado equipo. Sólo el paso del tiempo respondería si aquello era cierto ó falso.

Cuando la chiquilla de cabellera encendida recién ingresó al colegio, su presencia y apariencia causaron furor entre todos sus condiscípulos, de alguna manera u otra. Su peinado encendido y rubio, sobre todo natural, causó conmoción a los pequeños machos nipones; su esbelto y perfecto cuerpo hizo suspirar a más de uno y sus dos ojos castaños claros perdieron a muchos en la desesperación. Era difícil el encontrar todos esos atributos físicos en una pequeña japonesa, por lo que la chiquilla, de la noche a la mañana se convirtió en la chica más popular de la escuela. Cada día, las múltiples fotos que le tomaban casi a diario circulaban por todas las aulas, vendiéndose al módico precio de 10 000 yenes, sobra decir que los retratos se vendían cómo si fueran pan caliente. Todos esperaban con ansias la hora del almuerzo, para verla comer rodeada de todo el cortejo de niñas que la seguían a todos lados con connotada admiración, y los muchachos esperaban igualmente su hora de hacer deportes, cuando tendría que modelar aquel ajustado y corto conjunto deportivo, así cómo intentaban a toda costa husmear en el vestidor de las niñas, aún a costa de su salud física, ya que muchos habían sido descubiertos, y siendo a punto de ser linchados por las chiquillas. Los jóvenes japoneses de su edad hicieron con ella lo mismo que lo que las muchachitas locales habían hecho con Kai Katsuragi algunos meses antes: elevarlo al nivel de ídolo, a un paso de convertirse en un dios. Así pues, a la recién llegada no tardaron en inundarla de elogios, misivas a salir y sobre todo galanes. A la hora de la salida, su casillero estaba repleto de cartas de enamorados, donde todos sus fans le expresaban con el corazón sus sentimientos acerca de ella, con todo el repertorio de frases cursis que pudieran ocurrírsele a alguien. Asuka despreciaba aquellas muestras de afecto, y por no tirarlas, le obsequiaba la mayoría a Shinji, a quien parecían divertirle de lo lindo.

El siguiente día a su llegada fue algo extraño, luego que el día anterior casi le provocara un ataque a Kai; a la hora de la entrada, por fin conoció a Rei, la otra chica que la acompañaría pilotando. Shinji fue quien la llevó a conocerla, luego que Asuka le ordenó amenazadoramente que lo hiciera. La encontró al pie de un gran cerezo, a su sombra, abstraída en una lectura novelesca; no pudo observar bien el nombre del título, pero al parecer, serían Los Miserables.

Con presteza se dirigió hacia ella, lista para entablar una animosa conversación con ella (a decir verdad, quería dejar en claro desde un principio quién era la líder a partir de ese momento). Cómo se notaba que aún no la conocía. Ni sabía en lo que se estaba metiendo.

—Buenos días— dijo ella amistosamente, a un metro de dónde su futura compañera se encontraba leyendo.

La chiquilla, entretenida en su lectura, leía afanosamente cada enunciado, por lo que no le prestó atención al saludo de la recién llegada, cosa que irritó bastante a ésta; pero en realidad quería tener una buena relación con aquella muchacha, por lo que se esforzó en conseguirlo a cómo diera lugar, aún tragándose su orgullo propio, cosa bastante difícil para ella.

— Tú debes ser Rei Ayanami— volvió a emplear el mismo modo de hablar, cruzándose pacientemente de brazos, mientras sus espectadores se arremolinaban en torno de ella.

— Sí— asintió Rei, a quien le empezaba a molestar la cantidad de gente que comenzaba a llegar, pero sin dejar ni un momento su lectura— Ésa soy yo...

— Yo soy Asuka Langley Sohryu— pronunció entusiasmada por haber obtenido una respuesta— La nueva piloto. Espero que tú y yo podamos ser buenas amigas.

— ¿Para qué?— preguntó la japonesa sin despegar la vista del libro.

La alemana, quedó extrañada ante la actitud indiferente que tomaba la chiquilla, y más por aquella última pregunta. ¡Qué rara era esa muchacha! Parecía estar en trance.

— Eso es obvio— pronunció desairada e impaciente— ¡Porque nos conviene!

— Bueno— le dio la razón su interlocutora— Si me ordenan ser tu buena amiga, lo haré.

Con ese último argumento dio por entendido que la conversación había terminado y la muchacha no dio ademán de quererla seguir, con la apasionante lectura frente a sí.

Hablar con un sordomudo era mucho más fácil que hablar con Ayanami, por fin notó la extranjera, mientras suspiraba derrotada. En serio que era bastante desinteresada. En un principio no había querido creerle a Ikari cuando la describió cómo a “una persona retraída”. Pero ahora, retraída le parecía poco. Esa chica vivía en un mundo diferente al de ellos. ¿Sería autista, acaso?

De repente, algo la hizo dudar de ese pensamiento; una actitud mostrada por su compañera, aunque esta fue muy efímera. Tan perceptiva cómo era, Asuka notó que algo a sus espaldas atraía fuertemente la atención de Rei. Esos singulares ojos carmesíes suyos destellaban cómo lamparitas de árbol de Navidad. Con suma discreción, a su vez miró con el rabillo del ojo hacia ese lugar. Quería saber a toda costa qué era lo que podía interesarle a una persona tan distante cómo ella. Sólo encontró a Kai, bajando las escaleras que conducían a la entrada del edificio en dónde se encontraba su salón de clases. Su sexto sentido, inherente en las de su género, pronto le advirtió de la situación. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no gritar de la impresión que le produjo un pensamiento que cruzó pronto por su mente. ¿Acaso sería posible que...? Increíble. Tenía que asegurarse por completo.

Intuitiva, astuta por naturaleza, la jovencita sonrió para sus adentros, al ver la oportunidad que se le presentaba en bandeja de plata para vengarse de Rei y de que tuviera plena conciencia del error que había cometido al despreciar su amistad. Aprendería, y bastante bien, que era mejor tenerla de amiga que de enemiga.

—Creo que ya no estoy tan interesada en entablar una amistad contigo, pesada— pronunció despectivamente y de inmediato dio media vuelta y se retiró, sin decir más palabras.

Todos, de pie en donde estaban, la siguieron con la mirada, mientras grácilmente se apresuraba en dar alcance al muchacho, antes que entrara al recinto escolar. Incluso Ayanami hizo a un lado su lectura para vigilar los movimientos de Langley, observando por encima del libro.

—¡Kai, corazón!— exclamó melosamente la joven rubia, agitando un brazo en lo alto para llamar su atención —¡Espera un poco, por favor!

Katsuragi, soñoliento y distraído, no daba crédito a lo que escuchaba. Despabilándose cómo pudo, volteó hacia todas las direcciones, para luego señalarse con sumo desconcierto a sí mismo con el dedo índice. Le extrañaba en sobremasía los exagerados modales y atenciones que la muchacha le prodigaba. Algo debía traerse entre manos.

—¡Claro que te hablo a ti, tontín!— dijo entre risas cortadas, las cuales supo disimular muy bien, mientras se le colgaba de un brazo —¿Qué te parece si tú me enseñas toda la escuela?

—¿Pero a ti que mosca te picó, bruja?— inquirió molesto el chiquillo, intentando zafar el brazo que su compañera le tenía bien sujeto —¿Qué es lo que pretendes?

—Tranquilo, guapo— le susurró cariñosamente, acariciándole la barbilla —Nomás quiero que me lleves a conocer las instalaciones, acuérdate que soy nueva por estos lares.

—¿Y yo porqué?— interrogó desconsolado, al mismo tiempo que era literalmente arrastrado por la bella jovencita —Creo que ahora me levanté con el pie izquierdo.

—Oye, tú y yo aquí somos extranjeros, ¿lo recuerdas?— le contestó la chiquilla, volteando a ver de reojo al pie del árbol, en dónde Rei casi mordía su libro, del coraje que estaba haciendo. Asuka sonrió pícaramente, al corroborar, no sin mucho asombro, su teoría —Además, creo que te interesaría hablar con alguien de tu mismo nivel académico, en lugar de todos estos mocosos ignorantes ¿no crees?

—Pero no somos del mismo nivel— profirió abatido, percatándose al fin de lo que pretendía, mirando de lejos la expresión de Ayanami. ¿Ella celosa? Quizás todavía existían esperanzas para él. Qué gracioso, debería agradecerle a la alemana el favor que le hacía —Yo tengo doctorados, tu sólo licenciatura.

Cuando su mirada y la de Rei chocaron, a pesar de la distancia que los separaba, Rivera notó como la joven volvía de inmediato el rostro, sumamente indignada.

“Qué tal. Después de todo, sí estaba celosa” pensó el infante, con bríos mejorados. Si ella aún se interesaba por lo que hacía, y con quién se relacionaba, eso quería decir que todavía no lo olvidaba del todo, y que aún ardía una tenue llama dentro de ella.

No tardaron mucho en unirse a ellos un grupo de curiosos que seguía a Asuka a donde quiera que fuera, y ya todos daban por sentado que, dadas sus muchas semejanzas, aquellos dos estaban destinados a ser pareja, si no es que lo eran ya.

Sin embargo, el momento de gloria del que disfrutó la recién llegada fue muy breve. En realidad, su carácter tan altanero y pedante ahuyentó a los pocos días a sus múltiples seguidores. Sus galanes huyeron espantados de su manera de ser tan especial y poco ortodoxa, una vez que hubo acabado de destrozarles sin misericordia su amor propio con las múltiples maneras que se le ocurrieron para llevarlo a cabo, desde los insultos y la ironía, hasta los más duros y dolorosos golpes; sólo el tímido Kensuke, que a cada demostración de carácter que la muchacha daba sentía quererla más, sólo él seguía fiel a su religión y adoración, siguiéndola a todas partes con su inseparable cámara de video, filmando todos sus movimientos. Así mismo, casi todo el cortejo de chiquillas que la rodeaba, a excepción de Hikari, la líder de clase, la abandonaron a su suerte. No pudieron soportar más sus interminables reclamaciones y rabietas que hacía y no parecían tener fin. Cada vez que una de ellas se equivocaba, la alemana se regodeaba en restregarles sus errores en la cara, con lujo de crueldad; gozaba en llamarlas estúpidas y demás clases de adjetivos ofensivos que pudieran ocurrírsele, a cada accidente que cometían, cómo derramar la bebida en la mesa, equivocarse en un cálculo matemático ó simplemente ignorar algún dato. Entonces, días después de su llegada, el incendio había sido sofocado por las múltiples mangueras de agua fría de su altanería y de su convicción de creerse la mejor en todo lo que tenía que hacer.

En cambio, Kai permanecía en el gusto y agrado de todos por su carácter tan pacífico y cálido que demostraba con, cómo él solía decirles: “Sus pequeños pendejos”, y aunque a veces se desesperaba por el modo tan simple que tenían aquellos muchachos de ver la vida y sus problemas, se lo guardaba muy bien para sí mismo ó simplemente los ignoraba olímpicamente, con una frialdad casi inhumana; algo que la muchacha nunca supo hacer, y era por eso que todos la habían ignorado y dejado en el olvido a cumplirse la semana de haber llegado a la escuela.

Sin embargo, los únicos que aún no podían ignorarla ni olvidarla era con quienes tenía que convivir por largo rato, ó sea, sus compañeros pilotos y el personal de NERV, que tenían que soportarla a cada instante de la tarde. Aunque las opiniones estaban diferidas: había a quienes les simpatizaba enormemente, cómo a Misato, Ritsuko, Kaji y algunos otros. También estaban los que la odiaban, conformados por Kai, Touji (aunque no trabajara en el Geo Frente) y varios técnicos más que le guardaban rencor por varias humillaciones y atropellos sufridos por la pequeña a su llegada; y por último, estaban los que simplemente les era indiferente ó no la entendían. A este grupo pertenecían Gendo Rei, Shinji y también numerosos empleados del Cuartel, los cuales, la mayoría, jamás tuvieron un trato cercano con ella. Shinji, especialmente era el que aún no lograba entenderla; en cierto modo, le atraía cómo tiempo antes le atraía Ayanami, eso sin dejar escapar su hermosura, semejante a la de una planta carnívora del Amazonas.

Para Kai, más que para nadie, fue muy difícil el tener que acostumbrarse a su nueva compañera, por no decir imposible. Parecía que su sola presencia la causaba cólera y hacía que estuviese furibundo la mayor parte del tiempo que pasaba con ella. Empero, paulatinamente, en un proceso demasiado lento y que le costó meses, fue tolerándola más y más cada día, hasta el punto de llegar a bromear amigablemente con ella, con ciertas reservas aún. Aún así, los primeros días, y los que les seguían fueron los más horribles para ellos dos, ya que Asuka se interesaba demasiado en superar al muchacho, y para esto quería pasar bastante tiempo con él, para conocer y analizarlo mejor, cosa que molestaba bastante al chiquillo que de por sí ya tenía todos los nervios destrozados con la hiperactiva muchacha a la que se le ocurrían bastantes cosas muy disparatadas.

En esa situación estaban los dos, el primer lunes después de la caída en las encuestas de la criatura. Asuka se había sentado justo a un lado de Kai, y detrás de Shinji. Rei se sentaba delante de Kai y a un lado de Shinji, por lo que los cuatro convivían la mayor parte de las horas que pasaban en el colegio. Las constantes misivas de la alemana hacia el mexicano- norteamericano- japonés lo tenían al borde de la desesperación. Muchas de sus acostumbradas siestas de tres horas se vieron interrumpidas por las charlas y comentarios de la pequeña rubia. A ella también le resultaba bastante aburrida la clase, ya que cómo su compañero, ella también era un niño prodigio. A su corta edad, ya había cursado varias carreras en las mejores universidades alemanas, siempre graduándose destacadamente, pero aún así, ella no practicaba ninguna de las profesiones en las que se había recibido, por lo menos no tan directamente cómo lo hacía el joven mestizo, al punto de llegar a involucrarse en proyectos de la O.N.U y de NERV.

Y además, con lo manipulada y censurada que tenía el gobierno japonés la educación pública, para su provecho, resultaba aún más engorroso aquellas cinco horas diarias, de lunes a viernes. A diferencia de Kai, ella no gustaba de dormir, sino de hablar y bromear. Si el chiquillo la hubiera entendido en ese entonces, tal vez se hubieran evitado ambos tantas calamidades que sufrieron a causa de ese odio mal interpretado de los dos; si tan sólo él hubiera comprendido que lo único que ella quería hacer era charlar con alguien que estuviera a la altura de ella y pensara semejante a su manera de hacerlo, algo así cómo un alma gemela. No obstante, ella también tenía que aprender que ella y Kai son cómo el agua y el aceite: simplemente no se pueden mezclar.

Así estaban ese lunes en la mañana, a eso de al medio día. El maestro recitaba por enésima vez en un mes la misma historia del Segundo Impacto, que al parecer era lo único que estudiaban los niños en esa época. “El 21 de agosto del año 2000, a eso del mediodía, hora local, un meteorito gigante de unos 14 kilómetros de diámetro golpeó al continente Antártico, derritiéndolo casi al instante” repetía para sus alumnos, quienes estaban haciendo todo, menos prestándole atención. Asuka estaba algo molesta ese día, por el repentino rechazo de todos sus condiscípulos, y le decía a Kai, quien intentaba a toda costa dormirse, lo estúpidos y mediocres que eran los japoneses, que hasta ahora sólo había oído chistes y rumores al respecto, pero que en ese día su persona pudo comprobarlo en carne propia, que cómo podía ser que una nación sobreviviera tanto tiempo con tanto idiota poblándola, que era imposible que raza alguna fuera más bruta y quien sabe cuántas cosas más; todo esto, lo decía en un inglés muy bien hablado y fluido, para que nadie más le entendiera más que él. Y también lo decía olvidándose que ella misma descendía de nipones.

El mismo y monótono discurso del profesor, con su tono de voz pausado y desinteresado, siempre tenía un efecto somnoliento en Kai y lo hacía conciliar el sueño rápidamente y sin ningún tipo de escalas, aún de día. Pero en esos momentos, se estaba perdiendo de fabulosas sorpresas en el mar de los sueños, y todo por culpa de la vieja comadre a lado de él, que no cesaba de hablarle y mantenerlo despierto.

— Asuka, por favor...— le suplicaba, también en inglés— Estoy muy cansado... sólo quiero dormir... ¿no podríamos seguir esta charla racista después?... ¿Por favor?

La joven se sintió ofendida, y creía que el efecto somnífero era por su conversación; indignada, le reclamó varias cosas más, y arremetió contra él en menudas ocasiones, dejando al muchacho sin un dejo de paciencia. Al final, él también estalló:

— ¡¡CÁLLATE, CON UNA CHINGADA!!— gritó en japonés.

Toda la clase volteó hacia dónde estaba, con los dos brazos cómo almohada apoyados en su mesa, en dirección al pizarrón, con la cara encendida de la vergüenza del ridículo; aquél parecía ser un día de malentendidos, ya que el educador creyó que la reclamación iba dirigida a él. Sólo se ajustó su par de bifocales y dictó veredicto, él solo, sin juez, ni jurado.

Kai contemplaba hacia el salón de clases, con enfado e indignación, por la ventana. Lo habían sacado al corredor, aplicando el tradicional método de castigo escolar, en todo el país. Se le obligaba al estudiante cargar parado, con los brazos extendidos, dos baldes de agua, sin bajarlos un solo momento. Después de largo rato, los miembros comenzaban a calar y a doler horriblemente, acalambrándose. Era el primer castigo que recibía en toda su vida estudiantil, y estaba furioso con todo mundo. Para colmar, Asuka no dejaba de hacerle gestos y señas de burlas, desde su cómodo asiento en el aula de clases.

“Maldita infeliz, ya me las pagarás” decía incesantemente, apretando los dientes, sin nadie a la redonda que pudiera escucharle. Sus colmillos rechinaban horriblemente al chocar unos contra otros, mientras que la vena en su cabeza parecía que iba a reventar.

Shinji también contemplaba la escena, algo contrariado. Veía a su amigo afuera, dirigiendo miradas furiosas al salón, y observaba también a la muchacha responderle con toda gama de gestos y señales. No sabía que sentir, y tampoco el porqué Kai odiaba tanto a la recién llegada. “Bueno” pensaba él, moviendo su lápiz entre los dedos, con una actitud muy meditabunda “Si tan sólo le ves la cara, es muy bonita, desde cierto punto. Pero por muy mal carácter que tenga, me alegra que haya otro piloto más. Por fin la responsabilidad se ha aligerado más” En ese momento, su lápiz cayó de sus manos, rodando hacia atrás, dónde se encontraba la chiquilla de cabellera encendida. Ésta, que había cesado en sus burlas simplemente por cansancio, al contemplar el instrumento se agachó por él, y se dirigió al lugar del joven.

— Toma— le dijo a Shinji, devolviéndole el utensilio.

— Ah— balbuceó el niño, sorprendido— Gracias...

Al volver Asuka a su lugar, esbozaba en el rostro una sonrisa maliciosa en sus labios. El muchacho, al tantear el objeto, cayó en la cuenta, con asco, que tenía un enorme chicle pegado, seguramente dejado por la alemana.

“Retiro lo dicho” pensó, con pesadumbre, mientras tiraba el lápiz a la basura. “Es demasiado horrible” concluyó en su opinión referente a la hembra.

Las clases al fin concluyen, y todos se retiran a su casa, contentos la mayoría que faltara tan poco para que acabara el ciclo escolar, apenas unas escasas dos semanas; sus exámenes ya estaban hechos, y sus tareas finiquitadas, por lo que la parvada de chiquillos sólo tenían por única preocupación el encontrar la mejor manera de divertirse, saliendo a toda prisa para abarrotar los parques de diversiones, los cines ó cualquier centro de entretenimiento que se les ocurriera. El sol estaba alumbrando en todo lo alto y ya calaba un poco en las espaldas de los muchachos. Era la 1:30 de la tarde, un poco más de mediodía, cuando salieron de la escuela y ya daban las dos y media y Kai aún no salía de su castigo; al parecer, el maestro la había tomado muy duro contra él. Sus amigos ya se habían cansado de esperarlo, bajo aquel candente sol de mediados de junio, y entonces, rendidos, decidieron abandonarlo a su destino y emprendieron el camino a casa, sudando por todas partes y buscando alguna sombra dónde refugiarse por algunos momentos. Caminando por las calles de asfalto caliente, recurrieron a la conversación para evitar pensar en el calor.

— Vaya...— dijo Touji, abanicándose con la mano.— Ora sí que Kai hizo enfadar al maestro.

— Pues claro que lo iba a hacer encabronar— asintió Kensuke— ¿A quién se le ocurre gritarle al viejo que se calle?

— Pero es que no fue así...— le defendió Shinji— A la que le decía que se callara era a Asuka; yo los estaba escuchando cuando estaban hablando.

— Bueno, pero de todos modos, no había visto a Kai de ese humor jamás.— refirió el chico de los anteojos.

— Sí, pero es que esa babosa de Asuka no lo deja en paz, imagínate tener que soportarla a la cabrona tanto tiempo... yo creo que nadie lo puede hacer.— exclamó de nuevo Touji, mientras cruzaban una callejuela.

— Pues yo sí...— suspiró Kensuke.

Cuando quisieron seguir desplazándose por la banqueta, se detuvieron los tres en vilo. Ahí, justo delante de ellos, a unos escasos tres metros se encontraba la tan citada muchacha. Aún no advertía su presencia, ya que se encontraba intentando sacar a cómo diera costa un muñeco de felpa en una de esas máquinas con palanca, en un establecimiento de videojuegos. El hotel dónde se hospedaba quedaba cerca de esos rumbos, dónde también se encontraba la escuela, por lo que no le tomó bastante tiempo llegar a sus aposentos, cambiarse y ponerse algo más ligero, e ir a entretenerse un rato antes de ir al Cuartel. Estaba vestida con un corto vestido de una sola pieza, amarillo, y que la tapaba hasta la pantorrilla y con un pronunciado escote en el pecho, ideal para ese ambiente calorífico. (El mismo que vestía en el barco, cuándo los conoció)

Aterrorizados, el trío intento pasar desapercibidos de su vista, y por poco lo logran de no haber sido por el admirador de la chiquilla, quien tragando saliva y ansioso cómo perro en celo, se colocó detrás de ella y se agachó un poco con miras a darle un vistazo a su ropa interior. Sus amigos intentaban disuadirlo, arrastrándolo por la fuerza, aún sin ser vistos por la chica, cuando de las pinzas mecánicas que ella controlaba resbaló la adorable figura de peluche de la que pretendía adueñarse. Esto último la hizo enfadar de sobremanera.

— ¡Esta pinche máquina está descompuesta!— gritó mientras le daba una fuerte patada, muy indignada por su fracaso; cuando volteó, se encontró a los jóvenes, perplejos por aquella reacción, temiendo que reaccionaría así con ellos.

— ¡Oigan, ustedes!— les gritó enfadada.— ¿Qué demonios es lo que estaban mirando?

— No... nada... si nada más íbamos pasando por aquí...— respondieron al unísono Shinji y Touji, aterrorizados, mientras que su compañero seguía maravillado por que la alemana le había dirigido la palabra.

Asuka los contempló con el ceño fruncido, en silencio, por algunos momentos. Los chiquillos habían llegado al extremo de postrarse en el suelo, casi cómo si estuvieran arrodillados, suplicando misericordia.

— Cáiganse con 100 yenes— expresó por fin la extranjera, extendiendo su mano hacia dónde se encontraban.

Al parecer, no habían acabado de comprender, y seguían viéndola sin saber que hacer, desconcertados, cómo si les estuviera hablando en arameo.

— Se los pongo barato— pronunció de nuevo la rubia— van a ser nomás 100 por cada uno.

Por fin habían entendido lo que la chamaca pretendía, y Touji, encolerizado, explotó:

— ¡Oye, imbécil! ¿Porqué te tenemos que pagar 100 yenes, estúpida?

— ¡Porqué se me acabó el dinero para jugar!— respondió de inmediato— ¡Y aparte, es el precio por mirar! ¡Me estaban viendo los calzones! ¿Ó no?

— ¡El único que lo estaba haciendo era este baboso!— indicó su contendiente, agitando a Kensuke, y continuó— ¡Aparte, tú ni usas calzones!

— ¡¿Cómo dices?!— gritó la muchacha en medio de la discusión, emperrada, proyectando su brazo hacia atrás, lista para asestarle un puñetazo en medio rostro. Sin embargo, al hacer su extremidad hacia tras, dio un fuerte codazo accidentalmente a alguien que estaba jugando detrás de ella.

Era un joven. De unos 19 años, con la cabeza rapada completamente y tatuada con los emblemas de una pandilla. Vestía una camisa desgarrada, negra, con unas bermudas de mezclilla azules, unas calcetas deportivas y zapatos tenis, un poco maltratados. Traía cómo accesorios varios aretes en su rostro, cómo en la nariz. El codazo de la chiquilla lo empujo bruscamente, ocasionando que perdiera su juego, que era una simulación de avión. Después de lamentarse fuertemente, arremetió justamente contra la causante de su desgracia, con toda clase de reclamos y amenazas; entre toda esa escaramuza, Asuka sólo se alcanzó a disculpar brevemente:

— Ay, perdón— musitó.

— ¡¿Y crees que con perdones voy a continuar?! ¡Me costó mucho trabajo llegar a la última fase! ¡¿Eso cómo chingados me lo devuelves, pendeja?!— le repelió fuertemente, encima de ella y a todo pulmón.

Por su aliento, la alemana se pudo dar cuenta que aquella persona se encontraba bajo los efectos del alcohol, sino es que próximo a estarlo. No pudiendo soportarlo, la pequeña hembra tuvo que taparse la nariz con los dedos, haciendo una mueca de asco. El salvaje, humillado en su orgullo por aquella señal de repulsión, la tomó con sus dedos por la mandíbula, apretándola, y lastimándola con eso.

— ¡Touji, haz algo!— le dijo de inmediato Shinji, empujándolo hacia delante.

— ¡De veras, ese tipo tiene el acento de tu barrio!— remató Kensuke.

— ¡¿Y eso qué tiene qué ver, imbéciles?!— se intentó defender el aludido, espantado.

Pero la chiquilla no iba a esperar hasta que los muchachos se decidieran a ayudarla. Cansada de tratar de razonar con aquel aborigen, y enojada por la actitud de éste, le dio una fuerte patada con el tacón al rostro del delincuente; la flexibilidad de la menor era sorprendente, ya que ese tipo de ataques es bastante difíciles de realizar aún para los expertos en artes marciales. De hecho, Bruce Lee, un reconocido actor y artista del kung-fu, aconsejaba usar las piernas sólo en los puntos bajos, en una pelea real. Pero haciendo caso omiso de los consejos del “Dragón”, la pequeña rubia propinó un relampagueante taconazo en la cara, tirándole así al individuo dos ó tres dientes en el proceso. En realidad, su movimiento de piernas fue bastante rápido, ayudada por su natural gracia; apoyó firmemente su pierna izquierda en el piso, mientras levantaba la derecha con suma rapidez y la devolvía a su lugar de igual modo.

El trío de niños se quedó petrificado en su lugar. Quedaba claro que el fulano, tendido boca arriba en la banqueta, era el que necesitaba ayuda. Éste, se incorporó del suelo en cuclillas, lanzando unos pequeños suspiros que semejaban a quejidos, y escupiendo sus piezas dentales sueltas, profirió cómo un animal herido, quejándose:

— Maldita golfa...— le reclamó, mientras se levantaba, y a una señal suya, varios jóvenes con aspecto de pandilleros, salió del local de diversiones, perfectamente coordinados y trabajando cómo relojes, puntuales. — ¡Orita vas a ver, cabrona!

“ Inútiles” pensó Asuka, mientras el compacto grupo la rodeaba con aires de amenaza “Mira qué necesitar a sus amigos contra una niña”, y entonces, a todo pulmón, gritó mirando espantada hacia arriba, captando la atención de la pandilla.

— ¡¡Miren eso!!— gritó asombrada.

Los sicarios voltearon hacia dónde les señalaban. No había la gran cosa, sólo ese eterno cielo azul con nubes blancas, ¿Y qué? En ese momento, descuidados y con la guardia baja, la muchacha los sorprendió de golpe, ora propinando una patada en los testículos a un pobre diablo, ora dando tremenda cachetada a otro y ora volviendo a sacarle más muelas al primero con un fuerte puñetazo; siempre moviéndose a la velocidad del rayo, y certera cómo una leona en el Serengeti, así era verla pelear, cómo contemplar una especie de gimnasia marcial, estética y poderosa a la vez.

Viendo que no hacían falta ahí, y contemplando cómo se descontaba la reveladora alemana a aquella banda, los jóvenes quisieron hacerse de la vista gorda y salir por detrás, asustados y sorprendidos a la vez. Sin embargo, unos dos sujetos que se habían quedado rezagados de la masacre, les cortaron el paso de la acera.

— ¿A dónde creen que van, pendejitos?— les preguntó uno.

— ¡Espérate, pérate!— le detuvo Touji, alzando los brazos frente a sí.— ¡Nosotros no tenemos nada qué ver, de neta!— mientras sus otros dos compinches le apoyaban, meneando la cabeza, aterrados.

Pero, al parecer, los malvivientes sólo buscaban alguien con quién desquitarse por lo de sus amigos, y entonces uno, el más alto, de unos 180 centímetros, agarró a Shinji por la camisa, lo empujó fuertemente y lo estrelló contra su puño, que al muchacho le pareció hecho cómo de piedra. El golpe fue a estrellarse violentamente en su pómulo.

La alemana, entre puñetazos y patadas que repartía a diestra y siniestra, alcanzó a percatarse del abuso sufrido por su compañero, y dando maromas por el suelo, con las manos apoyadas en éste, tomó impulso y fue a estrellar su pierna izquierda en el pecho del salvaje, sacando todo el aire de sus pulmones. Una vez que aterrizó, le descontó con otro trancazo en la cara, dejándolo tendido en el pavimento, mientras ella cogía un banquillo para despachar a su cómplice.

—¿Es qué te escapaste de un circo, perra?— pronunciaba éste, alzando las manos para defenderse de los constantes ataques con el asiento.

— ¿Y ustedes qué no pueden defenderse, maricones?— se defendía verbalmente la niña mientras lo aporreaba.

Mientras seguían peleando, Touji y Kensuke auxiliaban a su amigo herido, que había obtenido un mórete en su pómulo izquierdo. Entonces les pareció que alguien silbaba alegremente ante la refriega, y al voltear hacia delante, ignorando la contienda, pudieron percatarse de la llegada de Kai. Él acostumbraba ir a aquel lugar dos ó tres veces por semana, en la tarde, y queriendo romper la rutina aquel día tan horrible, sintiendo que necesitaba distraerse en algo, decidió ir saliendo de su castigo. Al principio, observó algo interesado la escena, pero después de algunos momentos, sólo se encogió de hombros, y fue a adentrarse al local, dónde su máquina de predilección le esperaba. Justo cuando se encontraba por depositar la moneda en la ranura del artefacto, para iniciar su juego, el trío lo interceptó, agobiados por el terror:

— ¡¿Kai, qué se supone qué haces?!— le preguntó Kensuke, reteniéndole por el hombro.

—¿Qué les pasa?— respondió, extrañado, y después les reclamó— ¡Ah, y ahora que me acuerdo, ustedes, trío de culeros! ¡No quisieron esperarme, y ahora me vienen con éstas chingaderas!

— ¡¿Pero qué no ves todo lo que pasa?!— le dijo Shinji, acariciando su herida, y después señalando hacia fuera.— ¡Ayúdala, por favor, haz algo!

El muchacho volteó su vista hacia dónde le indicaban, sin ningún interés en particular de hacer algo al respecto, aún con la moneda en su mano, en pose de echarla en la ranura, y después se negó a prestar cualquier clase de ayuda:

— No me vengas con idioteces...— les dijo, mientras se apartaba bruscamente la mano de Kensuke de su hombro— Aquella puede defenderse muy bien sola.— luego, dándose cuenta del moretón que comenzaba a formársele a su mejor amigo, le preguntó a éste, preocupado— ¿Quién te hizo eso?

El chiquillo, no respondió, apenado, pero sus ojos se dirigieron hacia fuera, hacia Asuka y los vándalos. Comprendiendo todo, su compañero sólo se limitó a dar un hondo suspiro, y después de murmurar algunas maldiciones, se dirigió a paso lento a la pelea, deteniendo al encargado de la tienda de llamar a las autoridades, con un ademán.

Mientras tanto, la alemana se encontraba bastante ocupada con otros tres sicarios que se habían incorporado, sin darse cuenta que el primero sacaba de entre sus ropas una afilada navaja, con la intención de clavársela en la espalda, estando entretenida despachando a sus camaradas.

Con una ansia asesina, desenvainó el arma punzante de su envoltura, y con una mirada cruel y sanguinaria, con un aire de mortalidad, se le acercó lentamente a sus espaldas, sin que la niña se percatara. Cómo un tiburón, dio varias vueltas en círculo, hasta que sintió que era el momento, y se lanzó hacia ella, rápido cómo bala, y tan peligroso cómo una de esas. Empero, ese no iba a ser su día, al parecer. Antes de poder acercársele unos centímetros a la muchacha e infringirle una herida de muerte, sintió una presión tremenda, cómo de acero, apretó su muñeca, obligándole a soltar el puñal, y entonces se encontró con su nariz completamente rota por un potente codazo; empapado su rostro de borbotones de sangre caliente que le salían por la fractura, se vio tumbado en el suelo boca abajo, aplicando alguien a su brazo izquierdo una llave típica de la lucha libre, empujando el miembro hacia uno y sosteniendo con el pie el cuerpo del rival en el suelo. Kai lo tenía en la nuca del cholo y causaba un tremendo punzón jalando fuertemente el brazo, cómo si quisiera arrancárselo. Era obvio que no se quería andar por las ramas, y espetó fríamente al caído:

— Bonita navaja— le dijo, apreciando el cuchillo que había cachado en el aire, sosteniéndolo con la mano izquierda, mientras con la derecha seguía jalando hacia si mismo la extremidad del combatiente— la hoja rebasa los cuatro dedos... qué bien, qué bien. Y tenerla que usar contra una chiquilla pendeja, ¿No te da vergüenza, imbécil?

Al descubrir a su líder (aparentemente) capturado, la pandilla había dejado de pelear, al menos los que aún se encontraban de pie, qué serían unos cuatro de los siete que eran originalmente. Voltearon furiosos hacia el recién llegado, y también comenzaron a rodearlo, olvidando de momento a la pequeña de cabellera encendida. Ésta se sentía furiosa de que su compañero hubiera intervenido, cómo si no fuera capaz de descontar a los vagos, y a cada momento se encabritaba más y más.

Cuando uno quiso dar un paso hacia delante, el muchacho le lanzó magistralmente el arma punzo cortante, con una precisión milimétrica. La navaja silbó al cortar el aire y fue a encajarse justo en el muslo derecho del bandido, atravesándolo completamente, pero sin tocar una sola vena. Instantáneamente, el vago se deja caer sobre sí mismo, doliéndose de la pierna y profiriendo toda clase de blasfemias y maldiciones, loco por el dolor, tan frío cómo un cuchillo, literalmente. Unos hilillos de sangre recorrieron las costuras de su perforado pantalón y fueron a estrellarse, uno a uno, en el ardiente pavimento, tiñéndolo en algunas partes de rojo carmesí. La voz de Kai, quien tenía aún preso al líder, resonó cómo un trueno, paralizando a los presentes.

— ¡¡Nadie de ustedes se mueva, cabrones!!— y luego, se dirigió hacia su prisionero, hundiendo cada vez más su zapato tenis en la nuca del hombre, mientras jalaba violentamente su brazo— Más vale que les digas que no se acerquen... me pongo muy nervioso con tanta gente, y en un descuido... ¡ups!.. puedo quebrarte el cuello— hizo un poco más de presión con su pie, para que se diera cuenta que no bromeaba.

— ¡Háganle caso, babosos!— pronunció entre sollozos el fulano, cerrando los párpados del dolor— ¡Quédense dónde están, ahí dónde están!

El compacto grupo, compuesto de dos pares de sujetos, no muy convencidos, obedecieron la indicación y se petrificaron en su lugar; afortunadamente para los chiquillos, ninguno cargaba un arma de fuego con él.

— Bien, así está mejor— indicó el muchacho— Ahora, ¿Me pueden decir qué chingados pasó aquí?

Cómo pudo, el vándalo explicó lo sucedido, corroborado por las versiones de sus compañeros y de la propia Asuka. Luego de dar una ojeada a la máquina en cuestión desde dónde se encontraba, el chico calló por algunos instantes, reflexionando tal y cómo un juez lo hace antes de dictar la sentencia al acusado. Después de unos momentos, se expresó:

— Pues sí, esa máquina es muy difícil de pasar, yo lo sé— les dijo a todo mundo— Pero digo, todo fue un accidente, no había necesidad de ponerse a pelear cómo viles perros, ¿dónde está su dignidad?— reprendió, tanto a los vándalos, cómo a la muchacha, y soltando a su rehén. Cuando éste se encontraba de pie, adolorido, continuó, sacando su billetera de bolsillo— ¿Qué te parece si arreglamos esto sin los cuicos, con unos... 100 dólares?

El chiquillo sacó el verde billete de la cartera, agitándolo cómo bandera ante el cholo, a quien sus pupilas parecieron brillar de emoción. Con una plena sonrisa de oreja a oreja en su boca, arrancó cómo bólido el billete de las jóvenes manos, mientras él y sus hombres se retiraban a discreción, parándose cada cinco segundos para voltear y hacer un gesto de agradecimiento con las manos, locamente felices. Al fulano que tenía la navaja clavada en la pierna, viendo cómo se alejaba también, lastimosamente y renqueando, el niño le indicó alegremente, desde dónde estaba:

— ¡Cuídate esa pierna, cuate!— gritó mientras extendía el brazo para saludarlo.

El pandillero, dándose por aludido, se volteó hacia él y correspondió al gesto, levantando el brazo igualmente, con una pequeña sonrisa en el rostro, para luego desaparecer por el horizonte, arrastrando la pierna, junto con sus compañeros.

Al desaparecer por completo la pandilla, Kai lanzó un hondo suspiro, y haciendo ademán de retirarse a su objetivo original, que era jugar, le indicó alegremente a Asuka:

— Creo que eso fue todo, ¿No?

La alemana frunció el ceño y apretó rubicunda los dientes, para luego asestarle dos bofetadas rápidas, en ambos lados del rostro.

— ¡¿Quién te crees que eres, tarado?!— reclamó furiosa— ¡¡No necesito de tu puta ayuda, ni hoy ni nunca!! ¿Me entiendes? ¡¡No soy cómo tus inútiles amigos, para que me andes salvando a cada rato!! ¡ Tenía todo perfectamente controlado, hasta que se te ocurrió llegar, agitando tu mugroso dinero por todos lados!— y luego remató, tomando bastante aire, en un grito afónico— ¡¡NO TE NECESITO, PENDEJO!!

Después de sus interminables reclamos, desairada, sólo dio media vuelta completa, dándoles la espalda a los muchachos, y emprendió la marcha hacia el Cuartel, doblando en una callecita, apenas pronunciando un seco y desabrido “Nos vemos”.

Kai se tornó indiferente ante la tormenta, y observaba a la chiquilla alejarse, acariciando sus rojas mejillas. Desde un principio supuso que pasaría todo aquello. Sabía muy bien lo independiente y orgullosa que era la chiquilla, y de cómo reaccionaría en una situación así. Comprendía qué se sentía humillada y tratada cómo si fuera una imbécil; por todo eso desde un principio no quiso intervenir en el conflicto, pero aún así se dejó persuadir por vengar a Shinji, y ni siquiera supo quién fue el que lo golpeó. Dirigió su mirada hacia sus compañeros, que lo observaban de cerca. Su vista reflejaba esa expresión tan usual de él de “Te lo dije.” El trío no encontraba que decirle en esos momentos, ninguno de ellos. Sólo le rehuían la fría mirada que les dirigía.

El muchacho, profiriendo otro profundo suspiro de lamento, volvió al artefacto que originalmente pretendía ocupar, sacando una moneda de su bolsillo; pero de nuevo fue interrumpido, justo cuando iba a depositar la ficha en la ranura.

— Este... ¿No vas a ir al Cuartel?— le interrogó tímidamente su amigo.

— ¿Cuartel?— respondió— ¿Pues qué hora es?

— Las 3 en punto— le contestó Kensuke, mirando su reloj.

El muchacho, frustrado de nueva cuenta, profirió algunas palabras altisonantes, malhumorado, y se introdujo la moneda en el bolsillo, saliendo del local bastante molesto, siendo sucedido en su camino por los otros tres.

El cuarto es oscuro y huele un poco a moho. Ó tal vez es el olor de la sensación de varios rivales vencidos, y de múltiples victorias. La beldad militar, Misato Katsuragi, reflexiona acerca de esto, inconscientemente, mientras el proyector de imágenes hace su trabajo y pone en pantalla la batalla anterior del modelo de producción, con el particular ronroneo que hace la máquina, tal si cómo fuera un felino. Ritsuko y ella observan la filmación, aunque sólo la primera parece poner interés, ya que para la otra resultaba tedioso el tener que observar aquello una vez más. Ya había visto todo lo que tenía que ver, en el lugar de los hechos; ella había estado ahí, y pudo observar la situación y captarla mejor que el camarógrafo de la milicia que filmó todas aquellas imágenes. Sin intención de ocultar su aburrimiento, un tremendo bostezo se le escapa de la garganta y labios. No obstante, su compañera lucía más interesada en la grabación, quedándose en silencio por algunos instantes, en una actitud meditabunda tan usual en las personas de su profesión.

— Aunque se haya apoyado en la fuerza de la flota europea de la O.N.U— pronunció, mientras observaba al enorme robot rojo saltar de aquí para allá tripulado por Asuka— La unidad 02 ha derrotado al blanco en cuatro minutos aproximadamente.

Misato se sintió aún más aburrida, al sentir acercarse el inevitable discurso en términos estratégicos y científicos, y sin poder hacer nada, sólo se dejó caer pesadamente en una silla, esperando que todo acabara pronto.

Y, en efecto, la rubia continuó:

— Las pruebas que le hemos realizado son contundentes. Tanto cómo la capacidad de juicio para esquivar el peligro, cómo la técnica de pilotaje, son perfectas.— bebiendo un sorbo de la inseparable taza de café de la tarde, concluyó— La capacidad del Tercer Niño es mejor de lo que me esperaba.

Su amiga contempló el techo, agradecida por que la declamación de su compañera fuera bastante breve, mucho más de lo usual, y luego le espetó:

— ¿Pero qué demonios era esa cosa?— preguntó, poniéndose de pie— No era un ángel, ¿verdad?

— Así es— contestó despreocupada la médica— No poseía un código genético azul, ó un núcleo. Posiblemente era una mutación producida por los efectos ambientales del Segundo Impacto. Es una lástima que el estudio de ese cadáver no sea una prioridad.

En ese momento, fue interrumpida por la llegada de los chiquillos, por lo menos dos de ellos: Shinji y Asuka, reportándose a su superior. La militar, contenta por la entrada de los niños, los recibió entusiasmada, viendo una salida del laberinto de ociosidad y de tedio en el que se había sumergido durante una hora. Sin embargo, resaltó dos cosas que no encajaban ahí:

— ¿Dónde está Kai?— preguntó extrañada, volteando a todos lados en busca de su protegido.

La muchacha de cabellera encendida, a la sola mención del nombre de ese individuo, disgustada e indignada , frunció el ceño y se cruzó de brazos, sin proferir palabra. Shinji fue quien le contestó a la mujer.

— Fue primero al muelle de embarque de la unidad Z.

— Ay que lástima... y yo que quería jugar un rato con él...— se lamentó, suspirando. Pero se repuso de inmediato, al notar la herida que llevaba consigo el muchacho en su rostro— ¿Dónde te hicieron ese moretón?— le interrogó a quemarropa, acercándose a la mejilla del niño para apreciar mejor el golpe.

— Bueno... fue... cuando... que...— balbuceó el chico, intimidado por la cercanía de la militar que seguía auscultándolo con la mirada, desconcertada.

Entonces, la alemana intervino en su favor, antes que confesara algo que la comprometiera ante sus superiores.

— ¡Oh, perdóname por favor!— le suplicó al niño, dirigiéndose hacia él con gesto mortificado— ¡Todo ha sido mi culpa! ¿Verdad?

— ¿A qué te refieres?— respondieron al unísono sus tres acompañantes.

— Hace un rato, yo iba de compras— comenzó a explicarse— cuando un granuja me empezó a molestar. Shinji iba pasando por ahí y me ayudó.

El muchacho quedó sorprendido ante la increíble versión de la muchacha, petrificado, pero antes de que pudiera decir algo, la chiquilla se le acercó lentamente, y sin que nadie se diera cuenta le proporcionó un pellizco en los glúteos, sin que el joven se pudiera defender, parándose en la punta de los pies.

— No es muy común que Shinji ayude a alguien en esa clase de problemas— observó Misato, extrañada ante aquella revelación.

— Es la verdad— le repudió la alemana— Se comportó como todo un valiente.

La mujer se cruzó de brazos y se asomó al pasillo, con la esperanza de que Kai apareciera de un momento a otro, mientras que la muchacha le advertía en voz baja al niño:

— Si sueltas la sopa, me las vas a pagar, ¿Eh?

El joven se dolía de su situación, y ahora conocía bien a Asuka, lo suficiente cómo para pasar a ser parte de la horda de sujetos que la detestaba. Pero por muy mal que lo tratara, él no deseaba odiarla. Deseaba comprenderla.

El día pasa sin demás pormenores, al igual que la mañana siguiente en la escuela. Ya era Martes. El tiempo seguía su camino, y también la vida, que parecía nunca detenerse ni para descansar, al igual que la adorable niña rubia, que venía quejándose con sus compañeros desde que salieron de la escuela, y aún continuaba con sus reclamos, mientras caminaban por los corredores del Geo Frente.

— ¡Ay, pero qué aburrido!— gritó en un reclamo, mientras se colgaba su mochila en la espalda— Se los juro, el colegio japonés es soporífero. ¡El nivel es bajísimo!

— ¿Ves ahora por qué siempre me quiero dormir en clase?— le dijo Kai, y volteando hacia ella le sugirió— Así que, ¿Porqué mejor no me dejas dormir en paz, ahora que ya entiendes el motivo?

— Pero entonces, ¿Con quién voy a hablar y a molestar todo ese tiempo?— contestó alegremente la alemana, pellizcándole cariñosamente las mejillas, sonriéndole.

El joven quedó desconcertado, ante la extraña actitud de la muchacha. Ayer, estaba molesta sin querer dirigirle la mirada, y ahora le sonreía cándidamente mientras le hacía un cariño. “¿Será por los ciclos menstruales?” pensó el chico, buscando alguna explicación para el esporádico carácter de la alemana.

— ¿A mí que me reclaman?— se defendió Shinji— Yo no tengo la culpa de eso.

— ¿Y ese maestro es burro ó qué? — continuó Asuka, deteniéndose en medio del corredor— Ha hablado horas y horas, aceptando sin problema toda la información falsa que ha distribuido el gobierno...

— Perdona— la interrumpió Rei, quien sorpresivamente apareció detrás de ella— ¿Me dejas pasar?

Apenada, la rubia se quitó de enfrente, en el acto. Sin embargo, después fue tras ella, dándole alcance.

— ¡Oye!— le dijo— ¡Espera, Primer Niño!

— ¿Qué quieres?— le preguntó la chiquilla, deteniéndose en su camino para confrontarla.

— Dicen que al comandante Ikari le caes muy bien— le espetó, con su sonrisa picardona, pero después remató fríamente— ¿Porqué será, si no has obtenido buenos resultados?

La muchacha sólo repetía lo que había escuchado a unos técnicos meses antes, en la estación europea de NERV, no obstante, le pareció atinado acosarla con aquella cuestión.

— ¿Y a mí qué me preguntas?— pronunció su contrincante, mientras proseguía con su camino, ignorándola monumentalmente, cosa que molestó bastante a la chiquilla de cabellera encendida, quien la tomó violentamente por su hombro derecho.

— ¡Mírame cuándo me hablas!— le reclamó con gran coraje— ¡¡No me menosprecies sólo porque eres la consentida del jefe!!

“Sí, deben ser las menstruaciones” volvió a reflexionar Kai, explicándose el constante cambio de actitudes de la extranjera, mientras se prestaba a quitársela de encima a su amada. Aunque su amigo se le adelantó de inmediato, sosteniendo de una manera tosca el brazo de la rubia, mientras demandaba con voz potente y decidida, algo inusual en él:

— ¡BASTA!— ordenó.

Asuka, Kai, y hasta la misma Rei lo observaron algunos segundos, mudos de asombro; los tres pensaron lo mismo: “¿Y a éste cuándo le salió lo respondón?” La rubia interrumpió de tajo sus reflexiones, zafándose de un manotazo de la mano del muchacho.

— Entonces— le dijo— Ni Misato ni ustedes van a conseguir nada.

Y después de avanzar unos pasos, los amonestó:

— ¡¡DESGRACIADOS!!— para salir corriendo del lugar, dándole la espalda a sus tres compañeros pilotos, alejándose a toda máquina de ahí.

— Apuesto que nadie se esperaba eso— indicó en tono de chanza Kai, mientras contemplaba a la alemana retirarse, con sus cabellos iluminados flotando en el aire mientras se desplazaba.

— Creo que nos ha mal interpretado, (ó nosotros a ella)— respondió su compinche— Me pregunto si podremos llevarnos bien con ella.

— ¿A quién le importa?— contestó su amigo, indiferente a todo lo que pasó, y hasta divertido por la chusca reacción (según él) de la mocosa. De golpe, sintió un escalofrío y aquella sensación que en ocasiones le embargaba, cómo punzadas en todo el cuerpo, y volteó desconcertado a todas partes, esperando lo que de un momento a otro iba a ser, de manera inevitable, confirmado.

— Lo dije antes y lo afirmo ahora— pronunció despreocupada Rei, sin saber lo que aquejaba a su pareja— Si me ordenan ser amiga suya, lo haré, y si no...

La repentina alarma de ataque, y la voz desesperada de Misato en las bocinas, requiriendo su presencia, la interrumpieron en su comunicado. Aquello sólo podía significar algo: ataque de ángel. Kai sonrió satisfecho y contento por no haberse equivocado en su predicción.

Minutos antes de confirmarse el ataque, la doctora Akagi se encontraba revisando el estado de las cuatro unidades Evangelion, moviendo magistralmente sus dedos por el teclado de su terminal, analizando rápidamente la información desplegada en la pantalla; ensimismada en el análisis del mantenimiento de los robots, no notó al hombre que se acercaba lenta y cautelosamente hacia ella, por la espalda.

Abruptamente, Kaji la tomó por detrás, abrazándola sentada en la silla. La rubia se sobresaltó a la primera impresión de tan súbita sorpresa, pero cerciorándose después de la identidad del atacante, quedó tranquilizada completamente.

— Kaji— pronunció, volteándose al recién llegado— Cuanto tiempo sin verte...

— Los hombres de NERV son una bola de estúpidos si ignoran a una mujer tan bella cómo tú— le respondió, utilizando el acento de casanova tan usual en él— Tal vez ... yo mismo deba ser el que te corteje— continuó, estrechando su pecho más y más en la espalda de la mujer.

Ésta, apenada y con sus mejillas completamente encendidas a causa del rubor, apenas si pudo resistirse al encanto de aquel hombre tan carismático, otrora amante de su mejor amiga.

— No digas cosas que no tienes intención de hacer— le dijo, intentando ocultar su sonrojo— y por favor, quita la mano de ahí.— refiriéndose a la cercanía que tenía la mano de su amigo a su pecho.

El hombre obedeció al instante la indicación, dejando libre a la prisionera y volteándose hacia la pared, justo dónde Misato le contemplaba, furiosa y con una expresión en su rostro que asustaría a cualquiera; todo aquello no había sido más que un ardid para molestar a la militar, quien se encontraba de espaldas de la escena, hojeando sin poner atención un libro, entretenida en mirar aquella conspiración hacia ella. Cómo dirían por ahí, en la guerra y en el amor...

— Oh, Lord...— exclamó el hombre, ante la colérica mirada de su ex mujer— ¡Ahí está una muchacha que me mira con muy malos ojos!

Aquello había sido la gota que derramó el vaso de agua para la beldad militar, un desafío lanzado directamente en contra de su persona, y esta vez no lo iba a pasar por alto, esta vez confrontaría al enemigo y saldría victoriosa, cómo en las batallas antes libradas. Emperrada, cerró de golpe el ignorado libro que cargaba en sus manos, en pose de leerlo sin poner atención, y le reclamó a su contrincante:

— ¡¡Ya estuvo bien!!— gritó a todo pulmón, a la par que se dirigía cómo un tanque hacia Kaji— ¡¿Porqué siempre haces lo mismo?! ¡No escarmientas! ¿Verdad?— dijo, haciendo que el hombre se recargara hasta la pared del fondo de la habitación, con su asedio, mientras le amenazaba con el dedo índice.

Kaji, divirtiéndose de lo lindo al hacer enfadar así a Misato, continuaba chanceándola.

— Es que yo soy así— se defendió, poniendo sus manos al frente, cómo si se estuviera rindiendo.

— Si van a pelear, mejor vayan afuera— pronunció agotada Ritsuko, mientras daba el último sorbo a su taza de cafeína, enfadada de haber sido interrumpida en su trabajo.

— Pero entre tú y yo ya no hay nada— siguió diciéndole el hombre a la militar, y luego, con un dejo de malicia, expresó cándidamente, guiñándole un ojo— ¿Ó no será que aún sientes algo por mí, pequeña? ¿Eh? ¿Qué dices?

Misato frunció el ceño, y sacó a asomarse tímidamente a su labio inferior, cómo si estuviera haciendo un berrinche de niño, quedándose sólo con esa iracunda mirada por algunos momentos, muda, cómo si aquel comentario le hubiera pegado al clavo del asunto.

— ¡¡¡NI LO SUEÑES!!!— replicó con todas sus fuerzas, mientras daba un fuerte puñetazo justo a lado de dónde se encontraba la cabeza del antiguo novio, abollando un poco la pared. Al parecer, la sugerencia del hombre no se había acercado a la realidad, y la militar escondía mucha más fuerza de la que aparentaba tener, también.

— Aunque me haya dejado llevar por un arrebato juvenil— continuó Misato— salir contigo fue el peor error de mi vida.— concluyó, dándole la espalda de nueva cuenta a su viejo amor.

Kaji por su parte, contempló algunos instantes, asombrado, la pequeña abolladura humeante que la militar había realizado en la pared con su puño, e ignorando el peligro, la siguió cucando, cómo un chiquillo continúa molestando a los animales enjaulados; se me ocurre otro refrán muy popular, digno para una ocasión cómo esta: “No te subas a la barda, porque te vas a caer.”

— ¿Porqué estás tan enojada?— preguntó alegremente, libre de su cautiverio— Te van a salir arrugas en la cara...

— ¡Cállate!— fue lo que obtuvo por respuesta, de una capitana Katsuragi muy irritada.

Hubieran podido continuar eternamente con la reyerta, de no ser interrumpidos de tajo por la melancólica alarma que se dejo escuchar en todo el cuartel, poniendo a todo mundo en guardia, o sacándolo de quicio, cómo fue el caso de algunos empleados, hartos de escucharla tan seguido.

— ¿Qué sucede?— interrogó a sus acompañantes la doctora Akagi, volteando hacia el techo cómo si de ahí fuera a caer la respuesta.

— ¿Otro simulacro?— fue la suposición inmediata de su compañera.

En el centro de mando era el único lugar dónde no reinaba la incertidumbre; la información que circulaba ahí era ésta:

— Hemos recibido un mensaje del crucero de vigilancia “Haruna”... Se ha descubierto un objeto submarino gigante en el mar de la península de Kii.— comunicó Maya Ibuki— En este momento están mandando los datos vía Internet.

Shigeru examinó profundamente la información recién llegada algunos momentos, en su pantalla, y después de compararlos con otros anteriores, exclamó alarmado:

— ¡Su código genético es azul! ¡Es un ángel!

Los líderes no se fueron por las ramas ni esperaron a que aquellos datos fueran corroborados, y de inmediato, Fuyutski, en lo más alto del centro de mando y con el comandante a su lado, ordenó con firme decisión, sin vacilar un solo instante:

— ¡Qué todas las unidades del primer grupo se dispongan para el combate!

Y en el acto, Misato, también sin andarse por rodeos, tomó la radio de la consola de Ritsuko, y de inmediato voceó a los chiquillos por las bocinas de las instalaciones, que fue cuando ellos escucharon la alarma.

— ¡¡Todos los pilotos repórtense al centro de mando!!— pronunció a través del aparato— ¡¡Prepárense para atacar!!

Asuka fue la primera en pegar carrera a los vestidores, entusiasmada por su primer batalla en el Japón, disipándose por completo su rabia interior, con la nueva convicción de demostrar sus habilidades de pilotaje perfectamente. Quién parecía tener algo de prisa también era Kai, quien se apresuró a darle alcance a la alemana, cómo si estuvieran en una competencia de velocidad; hacía por lo menos dos meses que él no peleaba cuerpo a cuerpo con un ángel, y sentía que se había comenzado a entumirse, cayendo en el error de creer momentáneamente que todo aquello no era más que una contienda deportiva. Hasta comenzó a pelearse con la chiquilla para ver quién era el que llegaba primero.

Shinji y Rei, por su parte, no tenían prisa por llegar, a diferencia de sus dos compañeros. La muchacha ya sabía de las condiciones en las que se encontraba su unidad Evangelion, por lo que ni siquiera pensaba en cambiar de atuendo, y en Shinji era algo típico el no mostrar agrado en arriesgar su vida peleando.

Afuera, sólo unas cuantas unidades de artillería y de la fuerza aérea se desplazaban por la zona, cómo insectos errantes, muy diferente a anteriores ataques donde haya intervenido la milicia nipona contra las criaturas celestiales. Los helicópteros sobrevolaban la zona casi al ras del agua, persiguiendo aquella enorme silueta negra que se movía lentamente y se podía divisar desde el fondo del océano, a riesgo de su propia vida, para poder enviar todos los datos que fueran posibles al Geo Frente. Los escasos tanques de los que disponían en esos momentos desfilaban cómo carros alegóricos por las carreteras, en busca de la playa, mientras que los que tripulaban aquellos vehículos se maldecían por su mala suerte.

— El sistema de intercepción del distrito 5 de Tokio 3 fue dañado severamente en el anterior combate— recitaba la militar por los comunicadores a sus tropas, incluyendo a los pilotos— En esta batalla, tendría un rendimiento nulo. Por lo tanto, derribaremos al blanco en cuanto toque tierra— continuaba mientras se ataviaba de su chamarra roja y una boina de igual coloración, al tiempo que ingresaba a una unidad de observación móvil con su tripulación lista— ¡¡Esta vez atacaremos de golpe!!

Los pilotos Eva ya estaban listos y en sus respectivos robots Evangelion. Tal y cómo se lo esperaba Rei, los designados para la misión fueron todos excepto ella, lo que la decepcionaba y desesperaba de sobremanera.

Kai y Asuka estaban impacientes porque el ataque comenzara. Se movían nerviosamente en sus cabinas, haciéndoseles la espera eterna. El chico se la pasaba apresurando a todo mundo desde adentro del gigantesco aparato, harto de tanto estar esperando las indicaciones; ni siquiera habían sido trasladados a la superficie aún, y eso que estuvieron entrenando varias veces el procedimiento de abordaje y desembarque. Él se había puesto el traje de conexión en tiempo récord, y eso que no le agradaba el tenerlo puesto, muestra de lo desesperado que se encontraba por un combate real. La alemana también se consumía en ansias por atacar, pero ella sabía ocultarlo muy bien, poniendo un gesto de meditación profunda, tranquila a primera vista, aunque sólo hubiera bastado con poner atención al movimiento de sus pies y manos para comprobar también su impaciencia. El muchacho agradeció cuando por fin escuchó el timbre de voz de su madre adoptiva por la audio visión. ( Un aparato que sustituye al teléfono ó la radio, permitiendo ver la imagen de la persona con quién se habla por medio de una pantalla.)

— Las unidades 01, 02 y Z se alternarán para realizar ataques discontinuos y se aproximarán al objetivo.— indicó— En cuanto lleguen a la superficie súrtanse de energía y pónganse en formación, ¿Entendido?

En ese momento sus lanzaderas se pusieron en movimiento, llevándolos al estrecho laberinto de túneles que los llevaría a suelo firme.

— ¿Tanto esperar nomás para eso?— le reclamó molesto Kai.

— Ay, no empieces...— suplicó la militar, ignorándolo.

— ¡Yo sí estoy de acuerdo, Misato!— lisonjeó la chiquilla de cabellera encendida, con una expresión alegre en su rostro.

— Cielos, me pasma ver sus diferentes caras— murmuró Shinji, entre dientes.

En el momento que acabó de pronunciar su frase, una pantalla se abrió repentinamente en su equipo de comunicación, sorprendiéndolo bruscamente.

— Te oí, ¿Eh?— le replicó la extranjera. — En realidad, yo podría hacerlo sola— aclaró dándose aires de superioridad, y luego se dirigió a ambos muchachos, en tono sarcástico— Y por favor, traten de no meter la pata, cretinos...

El paseo se cortó abruptamente y las plataformas se detuvieron en seco, una tras de otra, desalojando a los ocupantes en la superficie, a unos cuanto kilómetros de la costa.

Una vez que estuvieron asegurados en la superficie, Maya les indicó por el siempre abierto canal de comunicación:

— Unidades Eva, despeguen en línea recta por ruta 26.

Obedeciendo el señalamiento casi en el acto, los tres gigantes de metal abandonaron sus plataformas para internarse entre el poblado costero, auspiciados por los edificios y ruinas que se interponían entre ellos y el mar.

Era imposible para las personas el pasar desapercibida sus presencias: a cada paso que daban, cualquier cosa que no estaba firmemente fijada al suelo comenzaba a agitarse violentamente de lado a lado; hasta los edificios retumbaban con cada pisada suya, cómo si quisieran hacerse a un lado para dejar pasar a los titanes artificiales.

El sólo ver la luz del sol reflejada en las brillantes armaduras de colores que protegían a las gigantescas máquinas, era una solemne visión. Era todo lo que necesitaban los técnicos y soldados de NERV para convencerse que todo iba a salir muy bien. Al verlos desfilar por las calles, tan imponentes y majestuosos, inalcanzables, cómo si fueran los dueños de todo lo que les rodeaba, hacían creer a todo aquel que pudiera contemplarlos en toda su magnitud que nada en la Tierra ni en el Cielo podría derrotar a sus poderosos guardianes construidos de acero. Ni siquiera reclamaban por los consecutivos y pequeños terremotos que ocasionaban con su andar, y que hacían que los automóviles brincaran 15 centímetros desde el suelo, que los vidrios y cristales estuvieran a punto de romperse y de que ellos estuvieran agazapados en refugios bajo tierra.

Antes que la energía interna finalizara para las unidades 01 y 02, los tres pilotos ya habían alcanzado los camiones que cargaban las grandes baterías que les suministraban los cables energéticos y que a su vez les suministraban combustible eléctrico para que pudieran funcionar a la perfección.

Las unidades Eva se inclinaron ligeramente hacia los vehículos para coger los enormes cables, mismos que conectaron en los mecanismos instalados en sus espaldas, llenándolos de poder con duración indefinida, siempre y cuando no rompieran la conexión.

— Cable umbilical conectado— pronunciaban al terminar la acción.

Y aunque no lo necesitara, también el modelo especial hizo lo mismo, conectando el susodicho mecanismo en su espalda.

— ¿No que podías prescindir del cable umbilical, súper chico?— preguntó extr