| Por:Gus (jabarajas@hotmail.com)
Capítulo Once: Trinidad
He visto muchos pueblos y gente en el mundo,
pero no he hallado jamás ninguna mujer cómo
tú...
(Odiseo a Nausicaa.)
La Odisea
Había pasado una semana escolar (ó
inglesa) entera desde que Asuka, la pequeña
bomba rubia alemana, había llegado al Japón
junto con Misato y compañía, además
del Eva 02, el cual se encontraba ahora en las instalaciones
de NERV. El equipo de pilotos, aparentemente, ya estaba
completo: dos muchachos y dos chicas. Desde esos momentos,
hipotéticamente sería más sencillo
combatir a un ángel, con tan evidente superioridad
numérica de 4-1. Eso era lo que los líderes
esperaban del recién formado equipo. Sólo
el paso del tiempo respondería si aquello era
cierto ó falso.
Cuando la chiquilla de cabellera encendida recién
ingresó al colegio, su presencia y apariencia
causaron furor entre todos sus condiscípulos,
de alguna manera u otra. Su peinado encendido y rubio,
sobre todo natural, causó conmoción
a los pequeños machos nipones; su esbelto y
perfecto cuerpo hizo suspirar a más de uno
y sus dos ojos castaños claros perdieron a
muchos en la desesperación. Era difícil
el encontrar todos esos atributos físicos en
una pequeña japonesa, por lo que la chiquilla,
de la noche a la mañana se convirtió
en la chica más popular de la escuela. Cada
día, las múltiples fotos que le tomaban
casi a diario circulaban por todas las aulas, vendiéndose
al módico precio de 10 000 yenes, sobra decir
que los retratos se vendían cómo si
fueran pan caliente. Todos esperaban con ansias la
hora del almuerzo, para verla comer rodeada de todo
el cortejo de niñas que la seguían a
todos lados con connotada admiración, y los
muchachos esperaban igualmente su hora de hacer deportes,
cuando tendría que modelar aquel ajustado y
corto conjunto deportivo, así cómo intentaban
a toda costa husmear en el vestidor de las niñas,
aún a costa de su salud física, ya que
muchos habían sido descubiertos, y siendo a
punto de ser linchados por las chiquillas. Los jóvenes
japoneses de su edad hicieron con ella lo mismo que
lo que las muchachitas locales habían hecho
con Kai Katsuragi algunos meses antes: elevarlo al
nivel de ídolo, a un paso de convertirse en
un dios. Así pues, a la recién llegada
no tardaron en inundarla de elogios, misivas a salir
y sobre todo galanes. A la hora de la salida, su casillero
estaba repleto de cartas de enamorados, donde todos
sus fans le expresaban con el corazón sus sentimientos
acerca de ella, con todo el repertorio de frases cursis
que pudieran ocurrírsele a alguien. Asuka despreciaba
aquellas muestras de afecto, y por no tirarlas, le
obsequiaba la mayoría a Shinji, a quien parecían
divertirle de lo lindo.
El siguiente día a su llegada fue algo extraño,
luego que el día anterior casi le provocara
un ataque a Kai; a la hora de la entrada, por fin
conoció a Rei, la otra chica que la acompañaría
pilotando. Shinji fue quien la llevó a conocerla,
luego que Asuka le ordenó amenazadoramente
que lo hiciera. La encontró al pie de un gran
cerezo, a su sombra, abstraída en una lectura
novelesca; no pudo observar bien el nombre del título,
pero al parecer, serían Los Miserables.
Con presteza se dirigió hacia ella, lista
para entablar una animosa conversación con
ella (a decir verdad, quería dejar en claro
desde un principio quién era la líder
a partir de ese momento). Cómo se notaba que
aún no la conocía. Ni sabía en
lo que se estaba metiendo.
Buenos días dijo ella amistosamente,
a un metro de dónde su futura compañera
se encontraba leyendo.
La chiquilla, entretenida en su lectura, leía
afanosamente cada enunciado, por lo que no le prestó
atención al saludo de la recién llegada,
cosa que irritó bastante a ésta; pero
en realidad quería tener una buena relación
con aquella muchacha, por lo que se esforzó
en conseguirlo a cómo diera lugar, aún
tragándose su orgullo propio, cosa bastante
difícil para ella.
Tú debes ser Rei Ayanami volvió
a emplear el mismo modo de hablar, cruzándose
pacientemente de brazos, mientras sus espectadores
se arremolinaban en torno de ella.
Sí asintió Rei, a quien
le empezaba a molestar la cantidad de gente que comenzaba
a llegar, pero sin dejar ni un momento su lectura
Ésa soy yo...
Yo soy Asuka Langley Sohryu pronunció
entusiasmada por haber obtenido una respuesta
La nueva piloto. Espero que tú y yo podamos
ser buenas amigas.
¿Para qué? preguntó
la japonesa sin despegar la vista del libro.
La alemana, quedó extrañada ante la
actitud indiferente que tomaba la chiquilla, y más
por aquella última pregunta. ¡Qué
rara era esa muchacha! Parecía estar en trance.
Eso es obvio pronunció desairada
e impaciente ¡Porque nos conviene!
Bueno le dio la razón su interlocutora
Si me ordenan ser tu buena amiga, lo haré.
Con ese último argumento dio por entendido
que la conversación había terminado
y la muchacha no dio ademán de quererla seguir,
con la apasionante lectura frente a sí.
Hablar con un sordomudo era mucho más fácil
que hablar con Ayanami, por fin notó la extranjera,
mientras suspiraba derrotada. En serio que era bastante
desinteresada. En un principio no había querido
creerle a Ikari cuando la describió cómo
a una persona retraída. Pero ahora,
retraída le parecía poco. Esa chica
vivía en un mundo diferente al de ellos. ¿Sería
autista, acaso?
De repente, algo la hizo dudar de ese pensamiento;
una actitud mostrada por su compañera, aunque
esta fue muy efímera. Tan perceptiva cómo
era, Asuka notó que algo a sus espaldas atraía
fuertemente la atención de Rei. Esos singulares
ojos carmesíes suyos destellaban cómo
lamparitas de árbol de Navidad. Con suma discreción,
a su vez miró con el rabillo del ojo hacia
ese lugar. Quería saber a toda costa qué
era lo que podía interesarle a una persona
tan distante cómo ella. Sólo encontró
a Kai, bajando las escaleras que conducían
a la entrada del edificio en dónde se encontraba
su salón de clases. Su sexto sentido, inherente
en las de su género, pronto le advirtió
de la situación. Tuvo que hacer un gran esfuerzo
para no gritar de la impresión que le produjo
un pensamiento que cruzó pronto por su mente.
¿Acaso sería posible que...? Increíble.
Tenía que asegurarse por completo.
Intuitiva, astuta por naturaleza, la jovencita sonrió
para sus adentros, al ver la oportunidad que se le
presentaba en bandeja de plata para vengarse de Rei
y de que tuviera plena conciencia del error que había
cometido al despreciar su amistad. Aprendería,
y bastante bien, que era mejor tenerla de amiga que
de enemiga.
Creo que ya no estoy tan interesada en entablar
una amistad contigo, pesada pronunció
despectivamente y de inmediato dio media vuelta y
se retiró, sin decir más palabras.
Todos, de pie en donde estaban, la siguieron con
la mirada, mientras grácilmente se apresuraba
en dar alcance al muchacho, antes que entrara al recinto
escolar. Incluso Ayanami hizo a un lado su lectura
para vigilar los movimientos de Langley, observando
por encima del libro.
¡Kai, corazón! exclamó
melosamente la joven rubia, agitando un brazo en lo
alto para llamar su atención ¡Espera
un poco, por favor!
Katsuragi, soñoliento y distraído,
no daba crédito a lo que escuchaba. Despabilándose
cómo pudo, volteó hacia todas las direcciones,
para luego señalarse con sumo desconcierto
a sí mismo con el dedo índice. Le extrañaba
en sobremasía los exagerados modales y atenciones
que la muchacha le prodigaba. Algo debía traerse
entre manos.
¡Claro que te hablo a ti, tontín!
dijo entre risas cortadas, las cuales supo disimular
muy bien, mientras se le colgaba de un brazo ¿Qué
te parece si tú me enseñas toda la escuela?
¿Pero a ti que mosca te picó,
bruja? inquirió molesto el chiquillo,
intentando zafar el brazo que su compañera
le tenía bien sujeto ¿Qué
es lo que pretendes?
Tranquilo, guapo le susurró cariñosamente,
acariciándole la barbilla Nomás
quiero que me lleves a conocer las instalaciones,
acuérdate que soy nueva por estos lares.
¿Y yo porqué? interrogó
desconsolado, al mismo tiempo que era literalmente
arrastrado por la bella jovencita Creo que ahora
me levanté con el pie izquierdo.
Oye, tú y yo aquí somos extranjeros,
¿lo recuerdas? le contestó la
chiquilla, volteando a ver de reojo al pie del árbol,
en dónde Rei casi mordía su libro, del
coraje que estaba haciendo. Asuka sonrió pícaramente,
al corroborar, no sin mucho asombro, su teoría
Además, creo que te interesaría
hablar con alguien de tu mismo nivel académico,
en lugar de todos estos mocosos ignorantes ¿no
crees?
Pero no somos del mismo nivel profirió
abatido, percatándose al fin de lo que pretendía,
mirando de lejos la expresión de Ayanami. ¿Ella
celosa? Quizás todavía existían
esperanzas para él. Qué gracioso, debería
agradecerle a la alemana el favor que le hacía
Yo tengo doctorados, tu sólo licenciatura.
Cuando su mirada y la de Rei chocaron, a pesar de
la distancia que los separaba, Rivera notó
como la joven volvía de inmediato el rostro,
sumamente indignada.
Qué tal. Después de todo, sí
estaba celosa pensó el infante, con bríos
mejorados. Si ella aún se interesaba por lo
que hacía, y con quién se relacionaba,
eso quería decir que todavía no lo olvidaba
del todo, y que aún ardía una tenue
llama dentro de ella.
No tardaron mucho en unirse a ellos un grupo de curiosos
que seguía a Asuka a donde quiera que fuera,
y ya todos daban por sentado que, dadas sus muchas
semejanzas, aquellos dos estaban destinados a ser
pareja, si no es que lo eran ya.
Sin embargo, el momento de gloria del que disfrutó
la recién llegada fue muy breve. En realidad,
su carácter tan altanero y pedante ahuyentó
a los pocos días a sus múltiples seguidores.
Sus galanes huyeron espantados de su manera de ser
tan especial y poco ortodoxa, una vez que hubo acabado
de destrozarles sin misericordia su amor propio con
las múltiples maneras que se le ocurrieron
para llevarlo a cabo, desde los insultos y la ironía,
hasta los más duros y dolorosos golpes; sólo
el tímido Kensuke, que a cada demostración
de carácter que la muchacha daba sentía
quererla más, sólo él seguía
fiel a su religión y adoración, siguiéndola
a todas partes con su inseparable cámara de
video, filmando todos sus movimientos. Así
mismo, casi todo el cortejo de chiquillas que la rodeaba,
a excepción de Hikari, la líder de clase,
la abandonaron a su suerte. No pudieron soportar más
sus interminables reclamaciones y rabietas que hacía
y no parecían tener fin. Cada vez que una de
ellas se equivocaba, la alemana se regodeaba en restregarles
sus errores en la cara, con lujo de crueldad; gozaba
en llamarlas estúpidas y demás clases
de adjetivos ofensivos que pudieran ocurrírsele,
a cada accidente que cometían, cómo
derramar la bebida en la mesa, equivocarse en un cálculo
matemático ó simplemente ignorar algún
dato. Entonces, días después de su llegada,
el incendio había sido sofocado por las múltiples
mangueras de agua fría de su altanería
y de su convicción de creerse la mejor en todo
lo que tenía que hacer.
En cambio, Kai permanecía en el gusto y agrado
de todos por su carácter tan pacífico
y cálido que demostraba con, cómo él
solía decirles: Sus pequeños pendejos,
y aunque a veces se desesperaba por el modo tan simple
que tenían aquellos muchachos de ver la vida
y sus problemas, se lo guardaba muy bien para sí
mismo ó simplemente los ignoraba olímpicamente,
con una frialdad casi inhumana; algo que la muchacha
nunca supo hacer, y era por eso que todos la habían
ignorado y dejado en el olvido a cumplirse la semana
de haber llegado a la escuela.
Sin embargo, los únicos que aún no
podían ignorarla ni olvidarla era con quienes
tenía que convivir por largo rato, ó
sea, sus compañeros pilotos y el personal de
NERV, que tenían que soportarla a cada instante
de la tarde. Aunque las opiniones estaban diferidas:
había a quienes les simpatizaba enormemente,
cómo a Misato, Ritsuko, Kaji y algunos otros.
También estaban los que la odiaban, conformados
por Kai, Touji (aunque no trabajara en el Geo Frente)
y varios técnicos más que le guardaban
rencor por varias humillaciones y atropellos sufridos
por la pequeña a su llegada; y por último,
estaban los que simplemente les era indiferente ó
no la entendían. A este grupo pertenecían
Gendo Rei, Shinji y también numerosos empleados
del Cuartel, los cuales, la mayoría, jamás
tuvieron un trato cercano con ella. Shinji, especialmente
era el que aún no lograba entenderla; en cierto
modo, le atraía cómo tiempo antes le
atraía Ayanami, eso sin dejar escapar su hermosura,
semejante a la de una planta carnívora del
Amazonas.
Para Kai, más que para nadie, fue muy difícil
el tener que acostumbrarse a su nueva compañera,
por no decir imposible. Parecía que su sola
presencia la causaba cólera y hacía
que estuviese furibundo la mayor parte del tiempo
que pasaba con ella. Empero, paulatinamente, en un
proceso demasiado lento y que le costó meses,
fue tolerándola más y más cada
día, hasta el punto de llegar a bromear amigablemente
con ella, con ciertas reservas aún. Aún
así, los primeros días, y los que les
seguían fueron los más horribles para
ellos dos, ya que Asuka se interesaba demasiado en
superar al muchacho, y para esto quería pasar
bastante tiempo con él, para conocer y analizarlo
mejor, cosa que molestaba bastante al chiquillo que
de por sí ya tenía todos los nervios
destrozados con la hiperactiva muchacha a la que se
le ocurrían bastantes cosas muy disparatadas.
En esa situación estaban los dos, el primer
lunes después de la caída en las encuestas
de la criatura. Asuka se había sentado justo
a un lado de Kai, y detrás de Shinji. Rei se
sentaba delante de Kai y a un lado de Shinji, por
lo que los cuatro convivían la mayor parte
de las horas que pasaban en el colegio. Las constantes
misivas de la alemana hacia el mexicano- norteamericano-
japonés lo tenían al borde de la desesperación.
Muchas de sus acostumbradas siestas de tres horas
se vieron interrumpidas por las charlas y comentarios
de la pequeña rubia. A ella también
le resultaba bastante aburrida la clase, ya que cómo
su compañero, ella también era un niño
prodigio. A su corta edad, ya había cursado
varias carreras en las mejores universidades alemanas,
siempre graduándose destacadamente, pero aún
así, ella no practicaba ninguna de las profesiones
en las que se había recibido, por lo menos
no tan directamente cómo lo hacía el
joven mestizo, al punto de llegar a involucrarse en
proyectos de la O.N.U y de NERV.
Y además, con lo manipulada y censurada que
tenía el gobierno japonés la educación
pública, para su provecho, resultaba aún
más engorroso aquellas cinco horas diarias,
de lunes a viernes. A diferencia de Kai, ella no gustaba
de dormir, sino de hablar y bromear. Si el chiquillo
la hubiera entendido en ese entonces, tal vez se hubieran
evitado ambos tantas calamidades que sufrieron a causa
de ese odio mal interpretado de los dos; si tan sólo
él hubiera comprendido que lo único
que ella quería hacer era charlar con alguien
que estuviera a la altura de ella y pensara semejante
a su manera de hacerlo, algo así cómo
un alma gemela. No obstante, ella también tenía
que aprender que ella y Kai son cómo el agua
y el aceite: simplemente no se pueden mezclar.
Así estaban ese lunes en la mañana,
a eso de al medio día. El maestro recitaba
por enésima vez en un mes la misma historia
del Segundo Impacto, que al parecer era lo único
que estudiaban los niños en esa época.
El 21 de agosto del año 2000, a eso del
mediodía, hora local, un meteorito gigante
de unos 14 kilómetros de diámetro golpeó
al continente Antártico, derritiéndolo
casi al instante repetía para sus alumnos,
quienes estaban haciendo todo, menos prestándole
atención. Asuka estaba algo molesta ese día,
por el repentino rechazo de todos sus condiscípulos,
y le decía a Kai, quien intentaba a toda costa
dormirse, lo estúpidos y mediocres que eran
los japoneses, que hasta ahora sólo había
oído chistes y rumores al respecto, pero que
en ese día su persona pudo comprobarlo en carne
propia, que cómo podía ser que una nación
sobreviviera tanto tiempo con tanto idiota poblándola,
que era imposible que raza alguna fuera más
bruta y quien sabe cuántas cosas más;
todo esto, lo decía en un inglés muy
bien hablado y fluido, para que nadie más le
entendiera más que él. Y también
lo decía olvidándose que ella misma
descendía de nipones.
El mismo y monótono discurso del profesor,
con su tono de voz pausado y desinteresado, siempre
tenía un efecto somnoliento en Kai y lo hacía
conciliar el sueño rápidamente y sin
ningún tipo de escalas, aún de día.
Pero en esos momentos, se estaba perdiendo de fabulosas
sorpresas en el mar de los sueños, y todo por
culpa de la vieja comadre a lado de él, que
no cesaba de hablarle y mantenerlo despierto.
Asuka, por favor... le suplicaba, también
en inglés Estoy muy cansado... sólo
quiero dormir... ¿no podríamos seguir
esta charla racista después?... ¿Por
favor?
La joven se sintió ofendida, y creía
que el efecto somnífero era por su conversación;
indignada, le reclamó varias cosas más,
y arremetió contra él en menudas ocasiones,
dejando al muchacho sin un dejo de paciencia. Al final,
él también estalló:
¡¡CÁLLATE, CON UNA CHINGADA!!
gritó en japonés.
Toda la clase volteó hacia dónde estaba,
con los dos brazos cómo almohada apoyados en
su mesa, en dirección al pizarrón, con
la cara encendida de la vergüenza del ridículo;
aquél parecía ser un día de malentendidos,
ya que el educador creyó que la reclamación
iba dirigida a él. Sólo se ajustó
su par de bifocales y dictó veredicto, él
solo, sin juez, ni jurado.
Kai contemplaba hacia el salón de clases,
con enfado e indignación, por la ventana. Lo
habían sacado al corredor, aplicando el tradicional
método de castigo escolar, en todo el país.
Se le obligaba al estudiante cargar parado, con los
brazos extendidos, dos baldes de agua, sin bajarlos
un solo momento. Después de largo rato, los
miembros comenzaban a calar y a doler horriblemente,
acalambrándose. Era el primer castigo que recibía
en toda su vida estudiantil, y estaba furioso con
todo mundo. Para colmar, Asuka no dejaba de hacerle
gestos y señas de burlas, desde su cómodo
asiento en el aula de clases.
Maldita infeliz, ya me las pagarás
decía incesantemente, apretando los dientes,
sin nadie a la redonda que pudiera escucharle. Sus
colmillos rechinaban horriblemente al chocar unos
contra otros, mientras que la vena en su cabeza parecía
que iba a reventar.
Shinji también contemplaba la escena, algo
contrariado. Veía a su amigo afuera, dirigiendo
miradas furiosas al salón, y observaba también
a la muchacha responderle con toda gama de gestos
y señales. No sabía que sentir, y tampoco
el porqué Kai odiaba tanto a la recién
llegada. Bueno pensaba él, moviendo
su lápiz entre los dedos, con una actitud muy
meditabunda Si tan sólo le ves la cara,
es muy bonita, desde cierto punto. Pero por muy mal
carácter que tenga, me alegra que haya otro
piloto más. Por fin la responsabilidad se ha
aligerado más En ese momento, su lápiz
cayó de sus manos, rodando hacia atrás,
dónde se encontraba la chiquilla de cabellera
encendida. Ésta, que había cesado en
sus burlas simplemente por cansancio, al contemplar
el instrumento se agachó por él, y se
dirigió al lugar del joven.
Toma le dijo a Shinji, devolviéndole
el utensilio.
Ah balbuceó el niño, sorprendido
Gracias...
Al volver Asuka a su lugar, esbozaba en el rostro
una sonrisa maliciosa en sus labios. El muchacho,
al tantear el objeto, cayó en la cuenta, con
asco, que tenía un enorme chicle pegado, seguramente
dejado por la alemana.
Retiro lo dicho pensó, con pesadumbre,
mientras tiraba el lápiz a la basura. Es
demasiado horrible concluyó en su opinión
referente a la hembra.
Las clases al fin concluyen, y todos se retiran
a su casa, contentos la mayoría que faltara
tan poco para que acabara el ciclo escolar, apenas
unas escasas dos semanas; sus exámenes ya estaban
hechos, y sus tareas finiquitadas, por lo que la parvada
de chiquillos sólo tenían por única
preocupación el encontrar la mejor manera de
divertirse, saliendo a toda prisa para abarrotar los
parques de diversiones, los cines ó cualquier
centro de entretenimiento que se les ocurriera. El
sol estaba alumbrando en todo lo alto y ya calaba
un poco en las espaldas de los muchachos. Era la 1:30
de la tarde, un poco más de mediodía,
cuando salieron de la escuela y ya daban las dos y
media y Kai aún no salía de su castigo;
al parecer, el maestro la había tomado muy
duro contra él. Sus amigos ya se habían
cansado de esperarlo, bajo aquel candente sol de mediados
de junio, y entonces, rendidos, decidieron abandonarlo
a su destino y emprendieron el camino a casa, sudando
por todas partes y buscando alguna sombra dónde
refugiarse por algunos momentos. Caminando por las
calles de asfalto caliente, recurrieron a la conversación
para evitar pensar en el calor.
Vaya... dijo Touji, abanicándose
con la mano. Ora sí que Kai hizo enfadar
al maestro.
Pues claro que lo iba a hacer encabronar
asintió Kensuke ¿A quién
se le ocurre gritarle al viejo que se calle?
Pero es que no fue así... le
defendió Shinji A la que le decía
que se callara era a Asuka; yo los estaba escuchando
cuando estaban hablando.
Bueno, pero de todos modos, no había
visto a Kai de ese humor jamás. refirió
el chico de los anteojos.
Sí, pero es que esa babosa de Asuka
no lo deja en paz, imagínate tener que soportarla
a la cabrona tanto tiempo... yo creo que nadie lo
puede hacer. exclamó de nuevo Touji,
mientras cruzaban una callejuela.
Pues yo sí... suspiró
Kensuke.
Cuando quisieron seguir desplazándose por
la banqueta, se detuvieron los tres en vilo. Ahí,
justo delante de ellos, a unos escasos tres metros
se encontraba la tan citada muchacha. Aún no
advertía su presencia, ya que se encontraba
intentando sacar a cómo diera costa un muñeco
de felpa en una de esas máquinas con palanca,
en un establecimiento de videojuegos. El hotel dónde
se hospedaba quedaba cerca de esos rumbos, dónde
también se encontraba la escuela, por lo que
no le tomó bastante tiempo llegar a sus aposentos,
cambiarse y ponerse algo más ligero, e ir a
entretenerse un rato antes de ir al Cuartel. Estaba
vestida con un corto vestido de una sola pieza, amarillo,
y que la tapaba hasta la pantorrilla y con un pronunciado
escote en el pecho, ideal para ese ambiente calorífico.
(El mismo que vestía en el barco, cuándo
los conoció)
Aterrorizados, el trío intento pasar desapercibidos
de su vista, y por poco lo logran de no haber sido
por el admirador de la chiquilla, quien tragando saliva
y ansioso cómo perro en celo, se colocó
detrás de ella y se agachó un poco con
miras a darle un vistazo a su ropa interior. Sus amigos
intentaban disuadirlo, arrastrándolo por la
fuerza, aún sin ser vistos por la chica, cuando
de las pinzas mecánicas que ella controlaba
resbaló la adorable figura de peluche de la
que pretendía adueñarse. Esto último
la hizo enfadar de sobremanera.
¡Esta pinche máquina está
descompuesta! gritó mientras le daba
una fuerte patada, muy indignada por su fracaso; cuando
volteó, se encontró a los jóvenes,
perplejos por aquella reacción, temiendo que
reaccionaría así con ellos.
¡Oigan, ustedes! les gritó
enfadada. ¿Qué demonios es lo
que estaban mirando?
No... nada... si nada más íbamos
pasando por aquí... respondieron al unísono
Shinji y Touji, aterrorizados, mientras que su compañero
seguía maravillado por que la alemana le había
dirigido la palabra.
Asuka los contempló con el ceño fruncido,
en silencio, por algunos momentos. Los chiquillos
habían llegado al extremo de postrarse en el
suelo, casi cómo si estuvieran arrodillados,
suplicando misericordia.
Cáiganse con 100 yenes expresó
por fin la extranjera, extendiendo su mano hacia dónde
se encontraban.
Al parecer, no habían acabado de comprender,
y seguían viéndola sin saber que hacer,
desconcertados, cómo si les estuviera hablando
en arameo.
Se los pongo barato pronunció
de nuevo la rubia van a ser nomás 100
por cada uno.
Por fin habían entendido lo que la chamaca
pretendía, y Touji, encolerizado, explotó:
¡Oye, imbécil! ¿Porqué
te tenemos que pagar 100 yenes, estúpida?
¡Porqué se me acabó el
dinero para jugar! respondió de inmediato
¡Y aparte, es el precio por mirar! ¡Me
estaban viendo los calzones! ¿Ó no?
¡El único que lo estaba haciendo
era este baboso! indicó su contendiente,
agitando a Kensuke, y continuó ¡Aparte,
tú ni usas calzones!
¡¿Cómo dices?! gritó
la muchacha en medio de la discusión, emperrada,
proyectando su brazo hacia atrás, lista para
asestarle un puñetazo en medio rostro. Sin
embargo, al hacer su extremidad hacia tras, dio un
fuerte codazo accidentalmente a alguien que estaba
jugando detrás de ella.
Era un joven. De unos 19 años, con la cabeza
rapada completamente y tatuada con los emblemas de
una pandilla. Vestía una camisa desgarrada,
negra, con unas bermudas de mezclilla azules, unas
calcetas deportivas y zapatos tenis, un poco maltratados.
Traía cómo accesorios varios aretes
en su rostro, cómo en la nariz. El codazo de
la chiquilla lo empujo bruscamente, ocasionando que
perdiera su juego, que era una simulación de
avión. Después de lamentarse fuertemente,
arremetió justamente contra la causante de
su desgracia, con toda clase de reclamos y amenazas;
entre toda esa escaramuza, Asuka sólo se alcanzó
a disculpar brevemente:
Ay, perdón musitó.
¡¿Y crees que con perdones voy
a continuar?! ¡Me costó mucho trabajo
llegar a la última fase! ¡¿Eso
cómo chingados me lo devuelves, pendeja?!
le repelió fuertemente, encima de ella y a
todo pulmón.
Por su aliento, la alemana se pudo dar cuenta que
aquella persona se encontraba bajo los efectos del
alcohol, sino es que próximo a estarlo. No
pudiendo soportarlo, la pequeña hembra tuvo
que taparse la nariz con los dedos, haciendo una mueca
de asco. El salvaje, humillado en su orgullo por aquella
señal de repulsión, la tomó con
sus dedos por la mandíbula, apretándola,
y lastimándola con eso.
¡Touji, haz algo! le dijo de inmediato
Shinji, empujándolo hacia delante.
¡De veras, ese tipo tiene el acento
de tu barrio! remató Kensuke.
¡¿Y eso qué tiene qué
ver, imbéciles?! se intentó defender
el aludido, espantado.
Pero la chiquilla no iba a esperar hasta que los
muchachos se decidieran a ayudarla. Cansada de tratar
de razonar con aquel aborigen, y enojada por la actitud
de éste, le dio una fuerte patada con el tacón
al rostro del delincuente; la flexibilidad de la menor
era sorprendente, ya que ese tipo de ataques es bastante
difíciles de realizar aún para los expertos
en artes marciales. De hecho, Bruce Lee, un reconocido
actor y artista del kung-fu, aconsejaba usar las piernas
sólo en los puntos bajos, en una pelea real.
Pero haciendo caso omiso de los consejos del Dragón,
la pequeña rubia propinó un relampagueante
taconazo en la cara, tirándole así al
individuo dos ó tres dientes en el proceso.
En realidad, su movimiento de piernas fue bastante
rápido, ayudada por su natural gracia; apoyó
firmemente su pierna izquierda en el piso, mientras
levantaba la derecha con suma rapidez y la devolvía
a su lugar de igual modo.
El trío de niños se quedó petrificado
en su lugar. Quedaba claro que el fulano, tendido
boca arriba en la banqueta, era el que necesitaba
ayuda. Éste, se incorporó del suelo
en cuclillas, lanzando unos pequeños suspiros
que semejaban a quejidos, y escupiendo sus piezas
dentales sueltas, profirió cómo un animal
herido, quejándose:
Maldita golfa... le reclamó,
mientras se levantaba, y a una señal suya,
varios jóvenes con aspecto de pandilleros,
salió del local de diversiones, perfectamente
coordinados y trabajando cómo relojes, puntuales.
¡Orita vas a ver, cabrona!
Inútiles pensó Asuka,
mientras el compacto grupo la rodeaba con aires de
amenaza Mira qué necesitar a sus amigos
contra una niña, y entonces, a todo pulmón,
gritó mirando espantada hacia arriba, captando
la atención de la pandilla.
¡¡Miren eso!! gritó
asombrada.
Los sicarios voltearon hacia dónde les señalaban.
No había la gran cosa, sólo ese eterno
cielo azul con nubes blancas, ¿Y qué?
En ese momento, descuidados y con la guardia baja,
la muchacha los sorprendió de golpe, ora propinando
una patada en los testículos a un pobre diablo,
ora dando tremenda cachetada a otro y ora volviendo
a sacarle más muelas al primero con un fuerte
puñetazo; siempre moviéndose a la velocidad
del rayo, y certera cómo una leona en el Serengeti,
así era verla pelear, cómo contemplar
una especie de gimnasia marcial, estética y
poderosa a la vez.
Viendo que no hacían falta ahí, y contemplando
cómo se descontaba la reveladora alemana a
aquella banda, los jóvenes quisieron hacerse
de la vista gorda y salir por detrás, asustados
y sorprendidos a la vez. Sin embargo, unos dos sujetos
que se habían quedado rezagados de la masacre,
les cortaron el paso de la acera.
¿A dónde creen que van, pendejitos?
les preguntó uno.
¡Espérate, pérate!
le detuvo Touji, alzando los brazos frente a sí.
¡Nosotros no tenemos nada qué ver, de
neta! mientras sus otros dos compinches le apoyaban,
meneando la cabeza, aterrados.
Pero, al parecer, los malvivientes sólo buscaban
alguien con quién desquitarse por lo de sus
amigos, y entonces uno, el más alto, de unos
180 centímetros, agarró a Shinji por
la camisa, lo empujó fuertemente y lo estrelló
contra su puño, que al muchacho le pareció
hecho cómo de piedra. El golpe fue a estrellarse
violentamente en su pómulo.
La alemana, entre puñetazos y patadas que
repartía a diestra y siniestra, alcanzó
a percatarse del abuso sufrido por su compañero,
y dando maromas por el suelo, con las manos apoyadas
en éste, tomó impulso y fue a estrellar
su pierna izquierda en el pecho del salvaje, sacando
todo el aire de sus pulmones. Una vez que aterrizó,
le descontó con otro trancazo en la cara, dejándolo
tendido en el pavimento, mientras ella cogía
un banquillo para despachar a su cómplice.
¿Es qué te escapaste de un circo,
perra? pronunciaba éste, alzando las
manos para defenderse de los constantes ataques con
el asiento.
¿Y ustedes qué no pueden defenderse,
maricones? se defendía verbalmente la
niña mientras lo aporreaba.
Mientras seguían peleando, Touji y Kensuke
auxiliaban a su amigo herido, que había obtenido
un mórete en su pómulo izquierdo. Entonces
les pareció que alguien silbaba alegremente
ante la refriega, y al voltear hacia delante, ignorando
la contienda, pudieron percatarse de la llegada de
Kai. Él acostumbraba ir a aquel lugar dos ó
tres veces por semana, en la tarde, y queriendo romper
la rutina aquel día tan horrible, sintiendo
que necesitaba distraerse en algo, decidió
ir saliendo de su castigo. Al principio, observó
algo interesado la escena, pero después de
algunos momentos, sólo se encogió de
hombros, y fue a adentrarse al local, dónde
su máquina de predilección le esperaba.
Justo cuando se encontraba por depositar la moneda
en la ranura del artefacto, para iniciar su juego,
el trío lo interceptó, agobiados por
el terror:
¡¿Kai, qué se supone qué
haces?! le preguntó Kensuke, reteniéndole
por el hombro.
¿Qué les pasa? respondió,
extrañado, y después les reclamó
¡Ah, y ahora que me acuerdo, ustedes, trío
de culeros! ¡No quisieron esperarme, y ahora
me vienen con éstas chingaderas!
¡¿Pero qué no ves todo
lo que pasa?! le dijo Shinji, acariciando su
herida, y después señalando hacia fuera.
¡Ayúdala, por favor, haz algo!
El muchacho volteó su vista hacia dónde
le indicaban, sin ningún interés en
particular de hacer algo al respecto, aún con
la moneda en su mano, en pose de echarla en la ranura,
y después se negó a prestar cualquier
clase de ayuda:
No me vengas con idioteces... les dijo,
mientras se apartaba bruscamente la mano de Kensuke
de su hombro Aquella puede defenderse muy bien
sola. luego, dándose cuenta del moretón
que comenzaba a formársele a su mejor amigo,
le preguntó a éste, preocupado
¿Quién te hizo eso?
El chiquillo, no respondió, apenado, pero
sus ojos se dirigieron hacia fuera, hacia Asuka y
los vándalos. Comprendiendo todo, su compañero
sólo se limitó a dar un hondo suspiro,
y después de murmurar algunas maldiciones,
se dirigió a paso lento a la pelea, deteniendo
al encargado de la tienda de llamar a las autoridades,
con un ademán.
Mientras tanto, la alemana se encontraba bastante
ocupada con otros tres sicarios que se habían
incorporado, sin darse cuenta que el primero sacaba
de entre sus ropas una afilada navaja, con la intención
de clavársela en la espalda, estando entretenida
despachando a sus camaradas.
Con una ansia asesina, desenvainó el arma
punzante de su envoltura, y con una mirada cruel y
sanguinaria, con un aire de mortalidad, se le acercó
lentamente a sus espaldas, sin que la niña
se percatara. Cómo un tiburón, dio varias
vueltas en círculo, hasta que sintió
que era el momento, y se lanzó hacia ella,
rápido cómo bala, y tan peligroso cómo
una de esas. Empero, ese no iba a ser su día,
al parecer. Antes de poder acercársele unos
centímetros a la muchacha e infringirle una
herida de muerte, sintió una presión
tremenda, cómo de acero, apretó su muñeca,
obligándole a soltar el puñal, y entonces
se encontró con su nariz completamente rota
por un potente codazo; empapado su rostro de borbotones
de sangre caliente que le salían por la fractura,
se vio tumbado en el suelo boca abajo, aplicando alguien
a su brazo izquierdo una llave típica de la
lucha libre, empujando el miembro hacia uno y sosteniendo
con el pie el cuerpo del rival en el suelo. Kai lo
tenía en la nuca del cholo y causaba un tremendo
punzón jalando fuertemente el brazo, cómo
si quisiera arrancárselo. Era obvio que no
se quería andar por las ramas, y espetó
fríamente al caído:
Bonita navaja le dijo, apreciando el
cuchillo que había cachado en el aire, sosteniéndolo
con la mano izquierda, mientras con la derecha seguía
jalando hacia si mismo la extremidad del combatiente
la hoja rebasa los cuatro dedos... qué bien,
qué bien. Y tenerla que usar contra una chiquilla
pendeja, ¿No te da vergüenza, imbécil?
Al descubrir a su líder (aparentemente) capturado,
la pandilla había dejado de pelear, al menos
los que aún se encontraban de pie, qué
serían unos cuatro de los siete que eran originalmente.
Voltearon furiosos hacia el recién llegado,
y también comenzaron a rodearlo, olvidando
de momento a la pequeña de cabellera encendida.
Ésta se sentía furiosa de que su compañero
hubiera intervenido, cómo si no fuera capaz
de descontar a los vagos, y a cada momento se encabritaba
más y más.
Cuando uno quiso dar un paso hacia delante, el muchacho
le lanzó magistralmente el arma punzo cortante,
con una precisión milimétrica. La navaja
silbó al cortar el aire y fue a encajarse justo
en el muslo derecho del bandido, atravesándolo
completamente, pero sin tocar una sola vena. Instantáneamente,
el vago se deja caer sobre sí mismo, doliéndose
de la pierna y profiriendo toda clase de blasfemias
y maldiciones, loco por el dolor, tan frío
cómo un cuchillo, literalmente. Unos hilillos
de sangre recorrieron las costuras de su perforado
pantalón y fueron a estrellarse, uno a uno,
en el ardiente pavimento, tiñéndolo
en algunas partes de rojo carmesí. La voz de
Kai, quien tenía aún preso al líder,
resonó cómo un trueno, paralizando a
los presentes.
¡¡Nadie de ustedes se mueva, cabrones!!
y luego, se dirigió hacia su prisionero, hundiendo
cada vez más su zapato tenis en la nuca del
hombre, mientras jalaba violentamente su brazo
Más vale que les digas que no se acerquen...
me pongo muy nervioso con tanta gente, y en un descuido...
¡ups!.. puedo quebrarte el cuello hizo
un poco más de presión con su pie, para
que se diera cuenta que no bromeaba.
¡Háganle caso, babosos!
pronunció entre sollozos el fulano, cerrando
los párpados del dolor ¡Quédense
dónde están, ahí dónde
están!
El compacto grupo, compuesto de dos pares de sujetos,
no muy convencidos, obedecieron la indicación
y se petrificaron en su lugar; afortunadamente para
los chiquillos, ninguno cargaba un arma de fuego con
él.
Bien, así está mejor indicó
el muchacho Ahora, ¿Me pueden decir qué
chingados pasó aquí?
Cómo pudo, el vándalo explicó
lo sucedido, corroborado por las versiones de sus
compañeros y de la propia Asuka. Luego de dar
una ojeada a la máquina en cuestión
desde dónde se encontraba, el chico calló
por algunos instantes, reflexionando tal y cómo
un juez lo hace antes de dictar la sentencia al acusado.
Después de unos momentos, se expresó:
Pues sí, esa máquina es muy
difícil de pasar, yo lo sé les
dijo a todo mundo Pero digo, todo fue un accidente,
no había necesidad de ponerse a pelear cómo
viles perros, ¿dónde está su
dignidad? reprendió, tanto a los vándalos,
cómo a la muchacha, y soltando a su rehén.
Cuando éste se encontraba de pie, adolorido,
continuó, sacando su billetera de bolsillo
¿Qué te parece si arreglamos esto sin
los cuicos, con unos... 100 dólares?
El chiquillo sacó el verde billete de la cartera,
agitándolo cómo bandera ante el cholo,
a quien sus pupilas parecieron brillar de emoción.
Con una plena sonrisa de oreja a oreja en su boca,
arrancó cómo bólido el billete
de las jóvenes manos, mientras él y
sus hombres se retiraban a discreción, parándose
cada cinco segundos para voltear y hacer un gesto
de agradecimiento con las manos, locamente felices.
Al fulano que tenía la navaja clavada en la
pierna, viendo cómo se alejaba también,
lastimosamente y renqueando, el niño le indicó
alegremente, desde dónde estaba:
¡Cuídate esa pierna, cuate!
gritó mientras extendía el brazo para
saludarlo.
El pandillero, dándose por aludido, se volteó
hacia él y correspondió al gesto, levantando
el brazo igualmente, con una pequeña sonrisa
en el rostro, para luego desaparecer por el horizonte,
arrastrando la pierna, junto con sus compañeros.
Al desaparecer por completo la pandilla, Kai lanzó
un hondo suspiro, y haciendo ademán de retirarse
a su objetivo original, que era jugar, le indicó
alegremente a Asuka:
Creo que eso fue todo, ¿No?
La alemana frunció el ceño y apretó
rubicunda los dientes, para luego asestarle dos bofetadas
rápidas, en ambos lados del rostro.
¡¿Quién te crees que eres,
tarado?! reclamó furiosa ¡¡No
necesito de tu puta ayuda, ni hoy ni nunca!! ¿Me
entiendes? ¡¡No soy cómo tus inútiles
amigos, para que me andes salvando a cada rato!! ¡
Tenía todo perfectamente controlado, hasta
que se te ocurrió llegar, agitando tu mugroso
dinero por todos lados! y luego remató,
tomando bastante aire, en un grito afónico
¡¡NO TE NECESITO, PENDEJO!!
Después de sus interminables reclamos, desairada,
sólo dio media vuelta completa, dándoles
la espalda a los muchachos, y emprendió la
marcha hacia el Cuartel, doblando en una callecita,
apenas pronunciando un seco y desabrido Nos
vemos.
Kai se tornó indiferente ante la tormenta,
y observaba a la chiquilla alejarse, acariciando sus
rojas mejillas. Desde un principio supuso que pasaría
todo aquello. Sabía muy bien lo independiente
y orgullosa que era la chiquilla, y de cómo
reaccionaría en una situación así.
Comprendía qué se sentía humillada
y tratada cómo si fuera una imbécil;
por todo eso desde un principio no quiso intervenir
en el conflicto, pero aún así se dejó
persuadir por vengar a Shinji, y ni siquiera supo
quién fue el que lo golpeó. Dirigió
su mirada hacia sus compañeros, que lo observaban
de cerca. Su vista reflejaba esa expresión
tan usual de él de Te lo dije.
El trío no encontraba que decirle en esos momentos,
ninguno de ellos. Sólo le rehuían la
fría mirada que les dirigía.
El muchacho, profiriendo otro profundo suspiro de
lamento, volvió al artefacto que originalmente
pretendía ocupar, sacando una moneda de su
bolsillo; pero de nuevo fue interrumpido, justo cuando
iba a depositar la ficha en la ranura.
Este... ¿No vas a ir al Cuartel?
le interrogó tímidamente su amigo.
¿Cuartel? respondió
¿Pues qué hora es?
Las 3 en punto le contestó Kensuke,
mirando su reloj.
El muchacho, frustrado de nueva cuenta, profirió
algunas palabras altisonantes, malhumorado, y se introdujo
la moneda en el bolsillo, saliendo del local bastante
molesto, siendo sucedido en su camino por los otros
tres.
El cuarto es oscuro y huele un poco a moho. Ó
tal vez es el olor de la sensación de varios
rivales vencidos, y de múltiples victorias.
La beldad militar, Misato Katsuragi, reflexiona acerca
de esto, inconscientemente, mientras el proyector
de imágenes hace su trabajo y pone en pantalla
la batalla anterior del modelo de producción,
con el particular ronroneo que hace la máquina,
tal si cómo fuera un felino. Ritsuko y ella
observan la filmación, aunque sólo la
primera parece poner interés, ya que para la
otra resultaba tedioso el tener que observar aquello
una vez más. Ya había visto todo lo
que tenía que ver, en el lugar de los hechos;
ella había estado ahí, y pudo observar
la situación y captarla mejor que el camarógrafo
de la milicia que filmó todas aquellas imágenes.
Sin intención de ocultar su aburrimiento, un
tremendo bostezo se le escapa de la garganta y labios.
No obstante, su compañera lucía más
interesada en la grabación, quedándose
en silencio por algunos instantes, en una actitud
meditabunda tan usual en las personas de su profesión.
Aunque se haya apoyado en la fuerza de la
flota europea de la O.N.U pronunció,
mientras observaba al enorme robot rojo saltar de
aquí para allá tripulado por Asuka
La unidad 02 ha derrotado al blanco en cuatro minutos
aproximadamente.
Misato se sintió aún más aburrida,
al sentir acercarse el inevitable discurso en términos
estratégicos y científicos, y sin poder
hacer nada, sólo se dejó caer pesadamente
en una silla, esperando que todo acabara pronto.
Y, en efecto, la rubia continuó:
Las pruebas que le hemos realizado son contundentes.
Tanto cómo la capacidad de juicio para esquivar
el peligro, cómo la técnica de pilotaje,
son perfectas. bebiendo un sorbo de la inseparable
taza de café de la tarde, concluyó
La capacidad del Tercer Niño es mejor de lo
que me esperaba.
Su amiga contempló el techo, agradecida por
que la declamación de su compañera fuera
bastante breve, mucho más de lo usual, y luego
le espetó:
¿Pero qué demonios era esa cosa?
preguntó, poniéndose de pie No
era un ángel, ¿verdad?
Así es contestó despreocupada
la médica No poseía un código
genético azul, ó un núcleo. Posiblemente
era una mutación producida por los efectos
ambientales del Segundo Impacto. Es una lástima
que el estudio de ese cadáver no sea una prioridad.
En ese momento, fue interrumpida por la llegada de
los chiquillos, por lo menos dos de ellos: Shinji
y Asuka, reportándose a su superior. La militar,
contenta por la entrada de los niños, los recibió
entusiasmada, viendo una salida del laberinto de ociosidad
y de tedio en el que se había sumergido durante
una hora. Sin embargo, resaltó dos cosas que
no encajaban ahí:
¿Dónde está Kai?
preguntó extrañada, volteando a todos
lados en busca de su protegido.
La muchacha de cabellera encendida, a la sola mención
del nombre de ese individuo, disgustada e indignada
, frunció el ceño y se cruzó
de brazos, sin proferir palabra. Shinji fue quien
le contestó a la mujer.
Fue primero al muelle de embarque de la unidad
Z.
Ay que lástima... y yo que quería
jugar un rato con él... se lamentó,
suspirando. Pero se repuso de inmediato, al notar
la herida que llevaba consigo el muchacho en su rostro
¿Dónde te hicieron ese moretón?
le interrogó a quemarropa, acercándose
a la mejilla del niño para apreciar mejor el
golpe.
Bueno... fue... cuando... que... balbuceó
el chico, intimidado por la cercanía de la
militar que seguía auscultándolo con
la mirada, desconcertada.
Entonces, la alemana intervino en su favor, antes
que confesara algo que la comprometiera ante sus superiores.
¡Oh, perdóname por favor!
le suplicó al niño, dirigiéndose
hacia él con gesto mortificado ¡Todo
ha sido mi culpa! ¿Verdad?
¿A qué te refieres? respondieron
al unísono sus tres acompañantes.
Hace un rato, yo iba de compras comenzó
a explicarse cuando un granuja me empezó
a molestar. Shinji iba pasando por ahí y me
ayudó.
El muchacho quedó sorprendido ante la increíble
versión de la muchacha, petrificado, pero antes
de que pudiera decir algo, la chiquilla se le acercó
lentamente, y sin que nadie se diera cuenta le proporcionó
un pellizco en los glúteos, sin que el joven
se pudiera defender, parándose en la punta
de los pies.
No es muy común que Shinji ayude a
alguien en esa clase de problemas observó
Misato, extrañada ante aquella revelación.
Es la verdad le repudió la alemana
Se comportó como todo un valiente.
La mujer se cruzó de brazos y se asomó
al pasillo, con la esperanza de que Kai apareciera
de un momento a otro, mientras que la muchacha le
advertía en voz baja al niño:
Si sueltas la sopa, me las vas a pagar, ¿Eh?
El joven se dolía de su situación,
y ahora conocía bien a Asuka, lo suficiente
cómo para pasar a ser parte de la horda de
sujetos que la detestaba. Pero por muy mal que lo
tratara, él no deseaba odiarla. Deseaba comprenderla.
El día pasa sin demás pormenores,
al igual que la mañana siguiente en la escuela.
Ya era Martes. El tiempo seguía su camino,
y también la vida, que parecía nunca
detenerse ni para descansar, al igual que la adorable
niña rubia, que venía quejándose
con sus compañeros desde que salieron de la
escuela, y aún continuaba con sus reclamos,
mientras caminaban por los corredores del Geo Frente.
¡Ay, pero qué aburrido!
gritó en un reclamo, mientras se colgaba su
mochila en la espalda Se los juro, el colegio
japonés es soporífero. ¡El nivel
es bajísimo!
¿Ves ahora por qué siempre me
quiero dormir en clase? le dijo Kai, y volteando
hacia ella le sugirió Así que,
¿Porqué mejor no me dejas dormir en
paz, ahora que ya entiendes el motivo?
Pero entonces, ¿Con quién voy
a hablar y a molestar todo ese tiempo? contestó
alegremente la alemana, pellizcándole cariñosamente
las mejillas, sonriéndole.
El joven quedó desconcertado, ante la extraña
actitud de la muchacha. Ayer, estaba molesta sin querer
dirigirle la mirada, y ahora le sonreía cándidamente
mientras le hacía un cariño. ¿Será
por los ciclos menstruales? pensó el
chico, buscando alguna explicación para el
esporádico carácter de la alemana.
¿A mí que me reclaman?
se defendió Shinji Yo no tengo la culpa
de eso.
¿Y ese maestro es burro ó qué?
continuó Asuka, deteniéndose
en medio del corredor Ha hablado horas y horas,
aceptando sin problema toda la información
falsa que ha distribuido el gobierno...
Perdona la interrumpió Rei, quien
sorpresivamente apareció detrás de ella
¿Me dejas pasar?
Apenada, la rubia se quitó de enfrente, en
el acto. Sin embargo, después fue tras ella,
dándole alcance.
¡Oye! le dijo ¡Espera,
Primer Niño!
¿Qué quieres? le preguntó
la chiquilla, deteniéndose en su camino para
confrontarla.
Dicen que al comandante Ikari le caes muy
bien le espetó, con su sonrisa picardona,
pero después remató fríamente
¿Porqué será, si no has obtenido
buenos resultados?
La muchacha sólo repetía lo que había
escuchado a unos técnicos meses antes, en la
estación europea de NERV, no obstante, le pareció
atinado acosarla con aquella cuestión.
¿Y a mí qué me preguntas?
pronunció su contrincante, mientras proseguía
con su camino, ignorándola monumentalmente,
cosa que molestó bastante a la chiquilla de
cabellera encendida, quien la tomó violentamente
por su hombro derecho.
¡Mírame cuándo me hablas!
le reclamó con gran coraje ¡¡No
me menosprecies sólo porque eres la consentida
del jefe!!
Sí, deben ser las menstruaciones
volvió a reflexionar Kai, explicándose
el constante cambio de actitudes de la extranjera,
mientras se prestaba a quitársela de encima
a su amada. Aunque su amigo se le adelantó
de inmediato, sosteniendo de una manera tosca el brazo
de la rubia, mientras demandaba con voz potente y
decidida, algo inusual en él:
¡BASTA! ordenó.
Asuka, Kai, y hasta la misma Rei lo observaron algunos
segundos, mudos de asombro; los tres pensaron lo mismo:
¿Y a éste cuándo le salió
lo respondón? La rubia interrumpió
de tajo sus reflexiones, zafándose de un manotazo
de la mano del muchacho.
Entonces le dijo Ni Misato ni
ustedes van a conseguir nada.
Y después de avanzar unos pasos, los amonestó:
¡¡DESGRACIADOS!! para salir
corriendo del lugar, dándole la espalda a sus
tres compañeros pilotos, alejándose
a toda máquina de ahí.
Apuesto que nadie se esperaba eso indicó
en tono de chanza Kai, mientras contemplaba a la alemana
retirarse, con sus cabellos iluminados flotando en
el aire mientras se desplazaba.
Creo que nos ha mal interpretado, (ó
nosotros a ella) respondió su compinche
Me pregunto si podremos llevarnos bien con ella.
¿A quién le importa? contestó
su amigo, indiferente a todo lo que pasó, y
hasta divertido por la chusca reacción (según
él) de la mocosa. De golpe, sintió un
escalofrío y aquella sensación que en
ocasiones le embargaba, cómo punzadas en todo
el cuerpo, y volteó desconcertado a todas partes,
esperando lo que de un momento a otro iba a ser, de
manera inevitable, confirmado.
Lo dije antes y lo afirmo ahora pronunció
despreocupada Rei, sin saber lo que aquejaba a su
pareja Si me ordenan ser amiga suya, lo haré,
y si no...
La repentina alarma de ataque, y la voz desesperada
de Misato en las bocinas, requiriendo su presencia,
la interrumpieron en su comunicado. Aquello sólo
podía significar algo: ataque de ángel.
Kai sonrió satisfecho y contento por no haberse
equivocado en su predicción.
Minutos antes de confirmarse el ataque, la doctora
Akagi se encontraba revisando el estado de las cuatro
unidades Evangelion, moviendo magistralmente sus dedos
por el teclado de su terminal, analizando rápidamente
la información desplegada en la pantalla; ensimismada
en el análisis del mantenimiento de los robots,
no notó al hombre que se acercaba lenta y cautelosamente
hacia ella, por la espalda.
Abruptamente, Kaji la tomó por detrás,
abrazándola sentada en la silla. La rubia se
sobresaltó a la primera impresión de
tan súbita sorpresa, pero cerciorándose
después de la identidad del atacante, quedó
tranquilizada completamente.
Kaji pronunció, volteándose
al recién llegado Cuanto tiempo sin verte...
Los hombres de NERV son una bola de estúpidos
si ignoran a una mujer tan bella cómo tú
le respondió, utilizando el acento de casanova
tan usual en él Tal vez ... yo mismo
deba ser el que te corteje continuó,
estrechando su pecho más y más en la
espalda de la mujer.
Ésta, apenada y con sus mejillas completamente
encendidas a causa del rubor, apenas si pudo resistirse
al encanto de aquel hombre tan carismático,
otrora amante de su mejor amiga.
No digas cosas que no tienes intención
de hacer le dijo, intentando ocultar su sonrojo
y por favor, quita la mano de ahí. refiriéndose
a la cercanía que tenía la mano de su
amigo a su pecho.
El hombre obedeció al instante la indicación,
dejando libre a la prisionera y volteándose
hacia la pared, justo dónde Misato le contemplaba,
furiosa y con una expresión en su rostro que
asustaría a cualquiera; todo aquello no había
sido más que un ardid para molestar a la militar,
quien se encontraba de espaldas de la escena, hojeando
sin poner atención un libro, entretenida en
mirar aquella conspiración hacia ella. Cómo
dirían por ahí, en la guerra y en el
amor...
Oh, Lord... exclamó el hombre,
ante la colérica mirada de su ex mujer
¡Ahí está una muchacha que me
mira con muy malos ojos!
Aquello había sido la gota que derramó
el vaso de agua para la beldad militar, un desafío
lanzado directamente en contra de su persona, y esta
vez no lo iba a pasar por alto, esta vez confrontaría
al enemigo y saldría victoriosa, cómo
en las batallas antes libradas. Emperrada, cerró
de golpe el ignorado libro que cargaba en sus manos,
en pose de leerlo sin poner atención, y le
reclamó a su contrincante:
¡¡Ya estuvo bien!! gritó
a todo pulmón, a la par que se dirigía
cómo un tanque hacia Kaji ¡¿Porqué
siempre haces lo mismo?! ¡No escarmientas! ¿Verdad?
dijo, haciendo que el hombre se recargara hasta la
pared del fondo de la habitación, con su asedio,
mientras le amenazaba con el dedo índice.
Kaji, divirtiéndose de lo lindo al hacer enfadar
así a Misato, continuaba chanceándola.
Es que yo soy así se defendió,
poniendo sus manos al frente, cómo si se estuviera
rindiendo.
Si van a pelear, mejor vayan afuera
pronunció agotada Ritsuko, mientras daba el
último sorbo a su taza de cafeína, enfadada
de haber sido interrumpida en su trabajo.
Pero entre tú y yo ya no hay nada
siguió diciéndole el hombre a la militar,
y luego, con un dejo de malicia, expresó cándidamente,
guiñándole un ojo ¿Ó
no será que aún sientes algo por mí,
pequeña? ¿Eh? ¿Qué dices?
Misato frunció el ceño, y sacó
a asomarse tímidamente a su labio inferior,
cómo si estuviera haciendo un berrinche de
niño, quedándose sólo con esa
iracunda mirada por algunos momentos, muda, cómo
si aquel comentario le hubiera pegado al clavo del
asunto.
¡¡¡NI LO SUEÑES!!!
replicó con todas sus fuerzas, mientras daba
un fuerte puñetazo justo a lado de dónde
se encontraba la cabeza del antiguo novio, abollando
un poco la pared. Al parecer, la sugerencia del hombre
no se había acercado a la realidad, y la militar
escondía mucha más fuerza de la que
aparentaba tener, también.
Aunque me haya dejado llevar por un arrebato
juvenil continuó Misato salir contigo
fue el peor error de mi vida. concluyó,
dándole la espalda de nueva cuenta a su viejo
amor.
Kaji por su parte, contempló algunos instantes,
asombrado, la pequeña abolladura humeante que
la militar había realizado en la pared con
su puño, e ignorando el peligro, la siguió
cucando, cómo un chiquillo continúa
molestando a los animales enjaulados; se me ocurre
otro refrán muy popular, digno para una ocasión
cómo esta: No te subas a la barda, porque
te vas a caer.
¿Porqué estás tan enojada?
preguntó alegremente, libre de su cautiverio
Te van a salir arrugas en la cara...
¡Cállate! fue lo que obtuvo
por respuesta, de una capitana Katsuragi muy irritada.
Hubieran podido continuar eternamente con la reyerta,
de no ser interrumpidos de tajo por la melancólica
alarma que se dejo escuchar en todo el cuartel, poniendo
a todo mundo en guardia, o sacándolo de quicio,
cómo fue el caso de algunos empleados, hartos
de escucharla tan seguido.
¿Qué sucede? interrogó
a sus acompañantes la doctora Akagi, volteando
hacia el techo cómo si de ahí fuera
a caer la respuesta.
¿Otro simulacro? fue la suposición
inmediata de su compañera.
En el centro de mando era el único lugar dónde
no reinaba la incertidumbre; la información
que circulaba ahí era ésta:
Hemos recibido un mensaje del crucero de vigilancia
Haruna... Se ha descubierto un objeto
submarino gigante en el mar de la península
de Kii. comunicó Maya Ibuki En
este momento están mandando los datos vía
Internet.
Shigeru examinó profundamente la información
recién llegada algunos momentos, en su pantalla,
y después de compararlos con otros anteriores,
exclamó alarmado:
¡Su código genético es
azul! ¡Es un ángel!
Los líderes no se fueron por las ramas ni
esperaron a que aquellos datos fueran corroborados,
y de inmediato, Fuyutski, en lo más alto del
centro de mando y con el comandante a su lado, ordenó
con firme decisión, sin vacilar un solo instante:
¡Qué todas las unidades del primer
grupo se dispongan para el combate!
Y en el acto, Misato, también sin andarse
por rodeos, tomó la radio de la consola de
Ritsuko, y de inmediato voceó a los chiquillos
por las bocinas de las instalaciones, que fue cuando
ellos escucharon la alarma.
¡¡Todos los pilotos repórtense
al centro de mando!! pronunció a través
del aparato ¡¡Prepárense
para atacar!!
Asuka fue la primera en pegar carrera a los vestidores,
entusiasmada por su primer batalla en el Japón,
disipándose por completo su rabia interior,
con la nueva convicción de demostrar sus habilidades
de pilotaje perfectamente. Quién parecía
tener algo de prisa también era Kai, quien
se apresuró a darle alcance a la alemana, cómo
si estuvieran en una competencia de velocidad; hacía
por lo menos dos meses que él no peleaba cuerpo
a cuerpo con un ángel, y sentía que
se había comenzado a entumirse, cayendo en
el error de creer momentáneamente que todo
aquello no era más que una contienda deportiva.
Hasta comenzó a pelearse con la chiquilla para
ver quién era el que llegaba primero.
Shinji y Rei, por su parte, no tenían prisa
por llegar, a diferencia de sus dos compañeros.
La muchacha ya sabía de las condiciones en
las que se encontraba su unidad Evangelion, por lo
que ni siquiera pensaba en cambiar de atuendo, y en
Shinji era algo típico el no mostrar agrado
en arriesgar su vida peleando.
Afuera, sólo unas cuantas unidades de artillería
y de la fuerza aérea se desplazaban por la
zona, cómo insectos errantes, muy diferente
a anteriores ataques donde haya intervenido la milicia
nipona contra las criaturas celestiales. Los helicópteros
sobrevolaban la zona casi al ras del agua, persiguiendo
aquella enorme silueta negra que se movía lentamente
y se podía divisar desde el fondo del océano,
a riesgo de su propia vida, para poder enviar todos
los datos que fueran posibles al Geo Frente. Los escasos
tanques de los que disponían en esos momentos
desfilaban cómo carros alegóricos por
las carreteras, en busca de la playa, mientras que
los que tripulaban aquellos vehículos se maldecían
por su mala suerte.
El sistema de intercepción del distrito
5 de Tokio 3 fue dañado severamente en el anterior
combate recitaba la militar por los comunicadores
a sus tropas, incluyendo a los pilotos En esta
batalla, tendría un rendimiento nulo. Por lo
tanto, derribaremos al blanco en cuanto toque tierra
continuaba mientras se ataviaba de su chamarra roja
y una boina de igual coloración, al tiempo
que ingresaba a una unidad de observación móvil
con su tripulación lista ¡¡Esta
vez atacaremos de golpe!!
Los pilotos Eva ya estaban listos y en sus respectivos
robots Evangelion. Tal y cómo se lo esperaba
Rei, los designados para la misión fueron todos
excepto ella, lo que la decepcionaba y desesperaba
de sobremanera.
Kai y Asuka estaban impacientes porque el ataque
comenzara. Se movían nerviosamente en sus cabinas,
haciéndoseles la espera eterna. El chico se
la pasaba apresurando a todo mundo desde adentro del
gigantesco aparato, harto de tanto estar esperando
las indicaciones; ni siquiera habían sido trasladados
a la superficie aún, y eso que estuvieron entrenando
varias veces el procedimiento de abordaje y desembarque.
Él se había puesto el traje de conexión
en tiempo récord, y eso que no le agradaba
el tenerlo puesto, muestra de lo desesperado que se
encontraba por un combate real. La alemana también
se consumía en ansias por atacar, pero ella
sabía ocultarlo muy bien, poniendo un gesto
de meditación profunda, tranquila a primera
vista, aunque sólo hubiera bastado con poner
atención al movimiento de sus pies y manos
para comprobar también su impaciencia. El muchacho
agradeció cuando por fin escuchó el
timbre de voz de su madre adoptiva por la audio visión.
( Un aparato que sustituye al teléfono ó
la radio, permitiendo ver la imagen de la persona
con quién se habla por medio de una pantalla.)
Las unidades 01, 02 y Z se alternarán
para realizar ataques discontinuos y se aproximarán
al objetivo. indicó En cuanto lleguen
a la superficie súrtanse de energía
y pónganse en formación, ¿Entendido?
En ese momento sus lanzaderas se pusieron en movimiento,
llevándolos al estrecho laberinto de túneles
que los llevaría a suelo firme.
¿Tanto esperar nomás para eso?
le reclamó molesto Kai.
Ay, no empieces... suplicó la
militar, ignorándolo.
¡Yo sí estoy de acuerdo, Misato!
lisonjeó la chiquilla de cabellera encendida,
con una expresión alegre en su rostro.
Cielos, me pasma ver sus diferentes caras
murmuró Shinji, entre dientes.
En el momento que acabó de pronunciar su frase,
una pantalla se abrió repentinamente en su
equipo de comunicación, sorprendiéndolo
bruscamente.
Te oí, ¿Eh? le replicó
la extranjera. En realidad, yo podría
hacerlo sola aclaró dándose aires
de superioridad, y luego se dirigió a ambos
muchachos, en tono sarcástico Y por favor,
traten de no meter la pata, cretinos...
El paseo se cortó abruptamente y las plataformas
se detuvieron en seco, una tras de otra, desalojando
a los ocupantes en la superficie, a unos cuanto kilómetros
de la costa.
Una vez que estuvieron asegurados en la superficie,
Maya les indicó por el siempre abierto canal
de comunicación:
Unidades Eva, despeguen en línea recta
por ruta 26.
Obedeciendo el señalamiento casi en el acto,
los tres gigantes de metal abandonaron sus plataformas
para internarse entre el poblado costero, auspiciados
por los edificios y ruinas que se interponían
entre ellos y el mar.
Era imposible para las personas el pasar desapercibida
sus presencias: a cada paso que daban, cualquier cosa
que no estaba firmemente fijada al suelo comenzaba
a agitarse violentamente de lado a lado; hasta los
edificios retumbaban con cada pisada suya, cómo
si quisieran hacerse a un lado para dejar pasar a
los titanes artificiales.
El sólo ver la luz del sol reflejada en las
brillantes armaduras de colores que protegían
a las gigantescas máquinas, era una solemne
visión. Era todo lo que necesitaban los técnicos
y soldados de NERV para convencerse que todo iba a
salir muy bien. Al verlos desfilar por las calles,
tan imponentes y majestuosos, inalcanzables, cómo
si fueran los dueños de todo lo que les rodeaba,
hacían creer a todo aquel que pudiera contemplarlos
en toda su magnitud que nada en la Tierra ni en el
Cielo podría derrotar a sus poderosos guardianes
construidos de acero. Ni siquiera reclamaban por los
consecutivos y pequeños terremotos que ocasionaban
con su andar, y que hacían que los automóviles
brincaran 15 centímetros desde el suelo, que
los vidrios y cristales estuvieran a punto de romperse
y de que ellos estuvieran agazapados en refugios bajo
tierra.
Antes que la energía interna finalizara para
las unidades 01 y 02, los tres pilotos ya habían
alcanzado los camiones que cargaban las grandes baterías
que les suministraban los cables energéticos
y que a su vez les suministraban combustible eléctrico
para que pudieran funcionar a la perfección.
Las unidades Eva se inclinaron ligeramente hacia
los vehículos para coger los enormes cables,
mismos que conectaron en los mecanismos instalados
en sus espaldas, llenándolos de poder con duración
indefinida, siempre y cuando no rompieran la conexión.
Cable umbilical conectado pronunciaban
al terminar la acción.
Y aunque no lo necesitara, también el modelo
especial hizo lo mismo, conectando el susodicho mecanismo
en su espalda.
¿No que podías prescindir del
cable umbilical, súper chico? preguntó
extr |