| Por: Gus (jabarajas@hotmail.com
Capítulo 10: El Ataque de Asuka
El cielo azul celeste reina en toda la faz del horizonte,
reflejándose con el hermoso mar azul que es
benévolamente iluminado por los cariñosos
rayos del astro rey; sin ninguna nube que opaque su
luminosidad. Aquella superficie desierta pareciera
que en vez de estar cubierta de agua fueran hermosas
pasturas azules, que se movieran al capricho del viento.
Un agradable y tibio calor se manifiesta en la zona,
deleitando a los escasos afortunados que podían
degustar de aquel ambiente tan hermoso y hospitalario.
Absolutamente todo es calma y silencio, la superficie
del mar está tranquila y acogedora, el cielo
azul sigue ahí, y nada pareciera interrumpir
esa calma tan semejante a la de una tumba.
De pronto, la escena es interrumpida de lejos por
un girar de hélices y el sonido ensordecedor
de un motor que se acerca cada vez más y más,
profanando aquella paz y tranquilidad.
Se trata de un helicóptero militar; en él,
una carga de pasajeros poco comunes para ese tipo
de transporte. Ni más ni menos que la capitana
Misato Katsuragi, quien junto con sus protegidos y
sus dos amigos, se dirigen a una flotilla de portaaviones
que se encuentran penetrando en estos momentos el
Pacífico, oriundos de Alemania, con una carga
sumamente especial y que cambiará la vida de
los presentes de una manera radical.
¡¡¡No puedo creerlo!!
prorrumpe en alegría Kensuke, con su inseparable
cámara de vídeo, refiriéndose
al paisaje, el cual jamás lo había contemplado
en su vida, moviéndose abruptamente de un lado
a otro de la cabina ¡¡¡Un
helicóptero de transporte MIG 55D!!! ¡Nunca
en mi vida pensé que me subiría a uno
de estos! ¡Y todo esto gracias a ustedes, mis
queridos amigos!
¿Quieres dejar de hacer eso, POR FAVOR?
suplica Kai, sujetándose con ambas manos la
boca del estómago y con un semblante algo pálido,
sufriendo de náuseas cada vez que Aida pasaba
delante de él, haciendo gran escándalo.
Tal vez si no hubieras tragado tanto antes
de venir, no tendrías estos problemas
replicó la militar, a su lado A ver si
así aprendes a moderarte cuando comas.
Maldita comida japonesa.... maldijo el
muchacho, mientras su faz se tornaba verde
Estoy casi seguro que ese tepanyaki estaba contaminado...
¡pero es que sabía tan delicioso!
Muchas gracias por habernos invitado, señorita
Misato agradece Toji una vez más, un
tanto avergonzado del comportamiento de Aida, quien
se paseaba cómo párvulo por todo el
helicóptero, mientras al mismo tiempo cambiaba
de asiento, ya que se encontraba justamente en frente
de Rivera. Más vale prevenir que lamentar,
cómo dicen por ahí.
Oh, no fue nada.... se apresura Katsuragi
a contestar cortésmente. Pensaba que quizás
a sus protegidos les hacía falta pasar más
tiempo con chicos de su edad, y que mejor ocasión
para hacerlo que en aquella misión de paseo,
cómo designaba ella a escoltar a la Unidad
02 hasta territorio japonés, más específicamente
hasta los cuarteles de NERV Sólo pensé
que sería algo aburrido estar siempre en el
mismo lugar, así que los invité a salir
para que pudieran ver otros paisajes.
¡Vaya, de manera que ésta es auténticamente
una cita con la señorita Misato! exclama
Toji, sumamente exaltado Qué bueno esta
vez traje conmigo mi gorra de la suerte pronuncia
con una enorme sonrisa en los labios, mientras se
voltea su cachucha.
¿Y, precisamente, adónde vamos?
interroga Shinji, quien hasta el momento se
había quedado expectante, contemplando la belleza
del paisaje.
Daremos un pequeño paseo por el Pacífico
en esa pomposa nave de allá responde
la mujer, al mismo tiempo que señalaba un punto
en el océano por la ventanilla.
¡Sorprendente! se apresura a decir
Kensuke, haciendo a un lado de un empujón a
Ikari, sin perder una sola toma con su mini- cámara,
completamente embelesado ante la majestuosidad de
la imagen ¡Es la flota completa del Atlántico!
¡Ocho portaaviones y siete acorazados! ¡Es
genial!
¿Esa es una flota? advierte Suzuhara
al divisar las naves No se ve muy imponente
que digamos...
¡Claro que sí! replica de
inmediato Aida, mirándolo desdeñosamente
Y mira, ésa es la nave insignia, Over
the Rainbow. ¡Un orgullo de las Naciones
Unidas!
¡Es gigantesca! nota Shinji, asomándose
también por un rendijo.
Lo que yo me pregunto es cómo una reliquia
de ésas puede aún flotar comenta
Misato, sin prestarle demasiada atención al
asombro de los jóvenes.
Al contrario, está hecha de muy buen
material afirma categóricamente Kensuke
Sobrevivió incluso al Segundo Impacto.
Hemos llegado, señora se apresuró
a decir el piloto, impaciente por deshacerse de su
carga cuanto antes.
¡Vaya osadía! pronunció
en alemán el almirante de la flota desde el
puente, observando el vehículo que aterrizaba
sobre la pista con sus gemelos ¡Mira que
traer la batería de su juguete! musitó,
al observar el gigantesco compartimiento de carga
de la aeronave, que transportaba un cordón
umbilical de varios kilómetros de longitud
enrollados.
Es un auténtico descaro corroboró
su primer oficial, a su lado, cruzándose de
brazos.
Mientras el piloto aterriza la aeronave, Misato
alcanza a divisar desde su ventanilla una joven que
observaba todo desde el puente, para luego apresurarse
a bajar hacia la pista donde aterrizarán, bajando
los escalones de la escalinata de dos en dos, firmemente
apoyada en el pasamanos.
Vaya, con que allí está ella
pensó para sí la escultural mujer Pensé
que lo más probable era que ella vendría
por avión. Siempre tan enérgica. Estoy
segura que esos ímpetus nos ayudarán
mucho de ahora en adelante. Bien encauzada será
de mucha utilidad para la misión, la pequeña
fiera. Quizás ya nos hacía falta un
piloto con esa vitalidad, sólo para compensar
la indiferencia de Rei, la insolencia de Kai y lo
escrupuloso de Shinji.
El helicóptero aterriza, las hélices
dejan de girar, se apagan los motores y los pasajeros
salen del vehículo, medio encandilados por
el ardiente sol tropical. El constante movimiento
del barco no ayuda mucho al niño con sus náuseas.
Oh, rayos.... no me acordaba que los barcos
se movieran tanto farfullaba, tapándose
la boca con las manos, mientras su semblante se hacía
todavía más verde.
El incesante vaivén de la nave, mecida inclementemente
por las olas del océano por el que se deslizaba,
provocan finalmente una reacción explosiva
en el estómago del joven, quien se apresuraba
a llegar lo más pronto posible a la borda,
corriendo lo más veloz que sus piernas le alcanzaban
al sentir el alimento a medio digerir subiendo más
y más aprisa por su esófago, para pronto
alcanzar la boca.
Sus acompañantes sólo lo observan momentos
después, ecuánimes, cuando agachaba
un poco la cabeza, apoyándose en el pasamanos
y hacía unos ruidos espantosos, repitiendo
el proceso varias veces. Entonces una repentina ráfaga
de viento despoja a Toji de su gorra, quien al verla
flotar indefensa ante los caprichos del viento se
lanza tras ella.
¡Oh, no, no! se lamentaba mientras
la perseguía por toda la cubierta ¡Es
mi gorra de la suerte, no puedo perderla!
Efectivamente aquella prenda era la que siempre llevaba
puesta a los partidos de béisbol en el equipo
de la escuela, en donde él gustoso jugaba.
Con aquella gorra puesta había dado el batazo
que se convirtió en su primer cuadrangular,
y también con aquella gorra puesta había
hecho la carrera que les había redituado en
obtener el campeonato regional de escuelas secundarias,
apenas el año pasado. Claro, aquellos tiempos
eran mucho más sencillos, eso era antes de
que la ciudad fuera abandonada a su suerte por los
habitantes, antes de la llegada de los gigantes que
la asolaban a cada rato, antes del terror del fin
del mundo; debido a esas condiciones, ya no se podían
dar el lujo de organizar algo tan trivial, pero a
la vez tan anhelado y preciado, como unas competencias
deportivas interescolares. Suzuhara lo sabía
bien, y era por ello que tenía en tan alta
estima aquella prenda.
La cachucha del joven ve interrumpida su parsimoniosa
trayectoria al ser pisada violentamente, restregándola
con desdén en el piso al mismo tiempo que el
muchacho intentaba inútilmente recuperarla,
sin prestar demasiada atención a quién
pertenecía el pie.
Buen día, Misato saluda la dueña
del pie, una deliciosa criatura de unos catorce años,
esbelta, de largos y finísimos cabellos rubios
y un par de hermosos ojos castaños, posando
para los recién llegados como si fueran a sacarle
una foto, alisándose los inquietos cabellos
mecidos por el viento.
Hola, Asuka. ¿Cómo te ha ido?
devolvió el saludo con jovialidad la aludida.
No tan bien cómo a ti, según
parece expresó sarcásticamente,
refiriéndose a la compañía que
llevaba consigo la militar.
Un niño sin modales obsesionado con su gorra,
otro que se comportaba como un preescolar en excursión,
corriendo, grabando y señalando todo lo que
ocurría a su alrededor, hasta el más
minúsculo detalle, y finalmente un muchacho
macilento con expresión de idiota, desarrapado;
en fin, que no representaban una escena muy marcial
ni gallarda, que se acostumbraba tanto en medio de
ese ambiente de extrema disciplina militar.
¡Asuka, linda, has crecido mucho desde
la última vez que nos vimos! pronuncia
emocionada Katsuragi, al ver a la jovencita delante
de ella Eso fue ya hace tiempo...
Así es responde la muchacha con
gran orgullo en su tono de voz, levantando el rostro
para que pudiera verla bien Y no sólo
he crecido de estatura, también mi figura se
ha rellenado y al decir esto giró completamente
sobre su eje, para que la capitana pudiera apreciar
mejor su grácil cuerpo y de paso permitió
que Toji recuperara su preciada gorra, sacudiéndole
el polvo de encima para después darle un beso
¿Ya lo ves?
En efecto, estás hecha toda una hermosura
confesó la mujer, divertida por la soberbia
de la criatura De seguro los muchachos se pelean
por ti ¿eh? Debes ahuyentarlos a palos.
Esas cosas no importan mucho para alguien de
mi categoría, deberías saberlo
dijo, altiva, cruzándose de brazos Por
cierto, ¿en dónde está ese vago
que siempre te acompañaba? ¿Cuál
era su nombre? ¿Kai? preguntó,
peinando todo el lugar con la mirada, sin encontrar
al susodicho.
También hoy lo he traído conmigo
responde Misato, para después mirar por el
rabillo del ojo al chiquillo, que seguía vaciando
el estómago hacia el mar Lo que pasa
es que él... eh... continúa en el helicóptero.
¿Eh? murmura Asuka, entornando
los ojos, extrañada ante aquella respuesta.
La militar le tapaba al joven con problemas digestivos.
Cómo sea añade rápidamente
la mujer, desviando el curso de la conversación
Shinji continúa, tomando a Ikari
por los hombros y poniéndolo en frente de la
jovencita permíteme presentarte a la
que desde hoy será tu nueva compañera,
la piloto exclusiva de la Unidad 02, el Tercer Niño:
Asuka Langley Soryu.
La muchacha asiente con una sonrisa altanera, ante
la tímida reverencia que le hace el chiquillo,
algo intimidado de su porte.
¿Este es el tan mentado Cuarto Niño?
preguntó la jovencita en voz alta, mirando
a Shinji con los ojos entornados, un poco incrédula
No se ve que sea la gran cosa...
El susodicho no contestó a la ofensiva, sino
que se limitó a encogerse de hombros, mientras
desviaba la mirada de aquella chiquilla tan hosca,
con el rostro enrojecido, tratando de olvidar aquel
ridículo e inoportuno comentario. Se armó
de paciencia y finalmente calló. La paciencia
y prudencia formaban parte de las cualidades de aquel
tímido muchacho, era muy evidente, pensaban
sus acompañantes.
De improvisto, una ráfaga de viento (que al
parecer estaba muy juguetón en ese día)
hace de las suyas nuevamente, levantando la falda
del aflojado vestido que traía puesto la niña,
revelando así a todos los presentes de qué
color era su ropa interior, un tanto recortada y atrevida,
por cierto.
Aún sin reponerse de la impresión,
con el rostro encendido, Asuka despacha a todos los
jóvenes con una sonora bofetada, con la dignidad
por los suelos, furiosa y buscando desquitarse con
el primero que se le pusiera en frente; ante el descontento
de Toji, con justificación, ya que ellos no
controlaban los caprichos del viento.
¿Porqué diantres hiciste eso?
reclama con vehemencia el muchacho, acariciándose
la mejilla enrojecida por el golpe
¡Por atrevidos! Una joven decente como
yo no puede permitir que todos anden viendo su intimidad
así cómo así responde
la chiquilla, aún abochornada Me debían
algo ¿no?
¿Ah sí? pregunta el mismo
Toji mientras se baja los pantalones deportivos para
que también ella pudiera contemplar los calzones
de boxeador que llevaba puestos ¡Pues
aquí está tu cambio! ¡Ja ja je!
e inmediatamente, como poseído por un pérfido
demonio, se bajó también los calzoncillos,
dejando al aire sus cosas.
La chiquilla lanza un grito de horror, al tiempo
que los demás quedan petrificados, aterrorizados
por la inesperada reacción del chiquillo, para
que acto seguido la niña vuelva a castigarlo
con una bofetada aún más dura que la
anterior, mientras lo llama puerco.
Siento mucho lo de su camisa, señor
se escucha a lo lejos la voz de Rivera, que venía
en dirección al escaso grupo Si me lo
permite yo se la lavo, o bien, permítame comprarle
una nueva. Lo lamento tanto, no me había dado
cuenta que estaba allí se disculpaba
en alemán una y otra vez, alzando los brazos,
ante los incesantes reclamos y maldiciones que un
marino de aspecto amenazante le profería mientras
se alejaba de él.
¡Allí está él!
exclama Katsuragi, intentando aligerar la tensión
entre los jóvenes al desviar de nuevo el tema
¡Kai! ¡Mira quién está
aquí! pronunciaba levantando la mano
para atraer la atención de su protegido.
El muchacho observó detenidamente a donde
se le indicaba. Ciertamente, Asuka Langley Soryu no
era, por mucho, su persona favorita. De ella sólo
tenía el recuerdo de aquella niña flaca
y pecosa que en todo el tiempo que estuvieron juntos,
allá en Europa, cuando se conocieron en esa
reunión de niños prodigio, además
de que los dos eran ya pilotos designados de Evangelion,
siempre lo sacaba de sus casillas, gritando y pellizcándolo
incesantemente, provocando que surgiera en él
una aversión instintiva a todo lo que tuviera
que ver con ella. Chiquilla odiosa, parecía
querer todo el tiempo fastidiarlo a donde quiera que
se encontraran. Nunca cerraba el pico, y tenía
que soportar su parloteo bastante tiempo sin poder
hacer nada, ya que se le había inculcado que
a las mujeres no se les toca ni con el pétalo
de una rosa, aunque ya no se acordaba quien
lo hizo.
Por lo tanto, le costó trabajo reconocerla
mientras avanzaba, buscando en sus recuerdos a una
persona que encajara con el físico de la persona
que Misato le señalaba. En verdad que había
cambiado, pensó cuando al fin se dio cuenta
quien era. En primer lugar, lo más lógico
era que había aumentado de estatura. Era de
suponerse. Pero otras partes de su cuerpo también
habían crecido, aumentado. A la par que avanzaba
hacia ella, en silencio, se daba a la tarea de examinarla
detenidamente, con aquella mirada suya que asustaba.
La veía, ataviada en ese ligero vestido amarillo
de una sola pieza que el viento ondeaba a capricho,
de gran escote que dejaba apreciar parte de sus duros
y redondos senos, algo grandes para su edad (¿pero
quién se podría quejar? él no,
es seguro). Su piel blanca, pero sin mancha alguna,
que se antojaba suave al primer vistazo; como le hubiera
gustado comprobarlo en ese momento. El vestido, ceñido
a la estrecha cintura de avispa, remataba en una holgada
falda que le llegaba a las rodillas, pero que en ocasiones,
cuando la luz le atravesaba, se transparentaba y permitía
distinguir sus torneados y largos muslos, que decir
de esas caderas de ensueño.
A cada paso que daba, Rivera comenzaba a sentir una
especie de malestar, cómo un vacío en
el estómago; pero eso nada tenía que
ver con su mareo. No, tenía que ver con algo
mucho más profundo, más orientado a
las pasiones que cualquier hombre puede tener, y mucho
más un muchacho de su edad. Pronto, tres millones
de años de instinto se activan en él,
despertando hormonas dormidas que de inmediato comienzan
a trabajar, preparando al organismo para una posible
reproducción. El pulso se acelera, las manos
tiemblan y se ponen sudorosas, el cuerpo se entume
y el pensamiento racional se desvanece, aunque sólo
sea por unos momentos. Un antiquísimo sentimiento,
inherente a nuestra parte animal, se apodera del corazón
y de la mente. Aquella sensación que suscitaba
ver a una hembra tan hermosa y perfecta como ella,
ese frenesí loco de tener a toda costa que
poseerla, hacerla tuya por siempre sin importar los
obstáculos. Deseo. Sí, vaya que era
una muy baja pasión, una animalesca pasión.
Hubiera preferido que fueran perros, para en ese caso
poder lanzársele encima sin más.
Pero no era así. La cosa es que no eran bestias,
sino seres humanos con, supuestamente, raciocinio
e intelecto superior al de los demás animales;
por lo tanto, atados con una sociedad que les imponía
reglas morales y legales que les impedían perder
el control de esa manera. Por lo tanto, prefirió
conducirse con cierta mesura. No era gran problema,
tenía gran práctica en aquellos menesteres
de la cortesía y compostura. Además,
no sería gran cosa conquistar después
a aquella chica bonita, tal y cómo lo había
hecho con tantas otras antes... antes de... antes
de.. de Rei.
Curioso, pero en esos momentos la efigie de la muchacha,
siempre tan presente en todos sus pensamientos, se
le antojaba lejana, semejante a un mal sueño.
No se acordaba ni de su nombre ni de cómo lo
había despreciado con anterioridad teniendo
a Asuka enfrente, finalmente la había podido
extirpar de su conciencia; por un breve momento, el
fantasma de su recuerdo lo dejó de asolar.
Total, si ella ya había tomado su decisión
y quiso elegir al delicado Shinji, allá ella,
se lo pierde, pero no por eso él tenía
que vivir en celibato por el resto de su vida. Quizás
no había sido tan malo venir, después
de todo.
Por su parte, también la joven alemana había
quedado un poco impresionada de ver el paso del tiempo
en su viejo conocido, al que tenía ocho años
que no veía. De alguna manera, al recordar
fugazmente al chiquillo engreído e insoportable,
además de majadero y de escasos modales que
había conocido en ese entonces, se imaginaba
que lo más probable era que hubiera crecido
para ser un adefesio, uno de esos inadaptados sociales
que se apartaban de todo mundo; en primera estancia
lo había confundido con Ikari, pero ahora se
percataba de su error, al observar algo desconcertada
al joven bien parecido que se acercaba hacia donde
ella estaba. Lo había reconocido por sus ojos.
Esos ojos tan bellos que tenía, lo único
que le había gustado de él cuando era
niña. Verdes, brillantes, penetrantes, que
ahora mismo parecían ver a través de
ella y desnudar todos sus sentimientos, temores y
deseos. De no ser quien era ella, hubiera caído
desmayada en ese segundo, rendida a sus pies. Pero
reponiéndose, consiguió mantenerse entera,
aunque no se puede negar que su presencia en primera
instancia la estremecía un poco.
Caminaba con el sigilo y la elegancia de un lobo
en el bosque, acechando a su presa. Casi todo en él
parecía emanar del poder de la naturaleza.
Poder. El poder encarnado por el que había
estado soñando tanto tiempo. Se remojó
los labios, mientras que su mirada continuaba clavada
en el joven.
A pesar de haber sido educada bajo la más
estricta disciplina, digna de una princesa heredera
al trono, de sus modales refinados y de su título
universitario conseguido a una muy corta edad, muy
dentro de Asuka bullía un instinto de salvaje
pasión que buscaba de manera constante ser
libre y que en ocasiones se lo permitía. Una
rebeldía desenfrenada que representaba a su
verdadero yo, y no esa fachada de buenos modales y
de etiqueta que le habían enseñado a
proyectar. Toji ya lo había comprobado, y no
sería la última vez que lo hiciera.
La holgada y corta ropa que traía puesta Rivera,
que se había previsto contra el calor del Trópico
poniéndose una camiseta ligera sin mangas de
color azul complementada con unos pantaloncillos cortos
blancos y unas sandalias, permitían que la
muchacha pudiera apreciar la fortaleza de sus brazos
y de sus piernas, además de sus músculos
pectorales que se marcaban tenuemente a través
de su prenda. Además de esa piel oscurecida,
bronceada por el sol, que emanaba un cierto aire de
sensualidad, de candencia. Según su criterio,
aquello con lo que venía vestido era una auténtica
facha, indigna de la posición y del lugar en
donde se encontraban. No obstante ignoró ese
detalle, dada la oportunidad de observar detenidamente
aquél cuerpo, pero no cómo se miraría
a una persona de carne y hueso, con sentimientos,
emociones y anhelos propios, sino más bien
a un objeto que se pudiera desear, cómo un
convertible rojo con asientos de cuero y 800 caballos
de fuerza.
Los dos tenían más en común
de lo que pudieran pensar.
No es tan mal partido, después de todo
pensaba a la par que se volvía a humedecer
los labios, una vez que lo tuve enfrente. Sí,
este salvaje, esta criatura incivilizada bien podría
mantenerme entretenida, aunque sea por un corto rato.
Asuka, mi querida y vieja amiga, es un placer
volver a verte pronunció Kai con exagerada
lisonjería cuando estuvo delante a ella, inclinándose
ligeramente para hacerle una reverencia Debes
disculparme por mi atuendo, créeme que de haber
sabido que te encontraría aquí me habría
arreglado adecuadamente para la ocasión
continuó mientras aparentaba que se alisaba
la camisa, para después besar suavemente la
mano que la joven le ofrecía, al responder
a su saludo.
¿Pero qué demonios le pasa a
este sujeto? pensaron todos los demás
casi al mismo tiempo, mirándole con los ojos
entornados casi como a un desconocido, al mismo tiempo
que un sudor frío les recorría la frente.
Definitivamente, ése no era el Kai que todos
ellos conocían.
Al contrario, Kai, querido, me parece que tu
ropaje es el indicado para soportar este sofocante
calor contestó la muchacha, apartando
discretamente la mano para después abanicarse
el rostro con ella, en una fingida actitud de bochorno
¡Este clima es insoportable! Pero aún
así, ¡cuánto has cambiado, cariño!
Ahora eres mucho más apuesto.
No tanto como tú, chu... se detuvo
en seco, al percatarse que iba a decirle chula
y con eso desbaratar la ilusión de caballerosidad
que había tejido a su alrededor Quiero
decir rectificó, meneando la cabeza Que
tú estás mas bella que nunca, amiga
mía.
Me halagas respondió ella, notando
su contrariedad De seguro iba a decir una barbaridad,
cómo es la costumbre de este salvaje. A pesar
de todo, finge muy bien ser una persona civilizada
pensó, mientras añadía ¡Aún
así, ha sido tanto tiempo sin saber de ti!
Ven, ¿por qué no me das un abrazo?
Y diciendo esto, extendió sus brazos para
abalanzarse sobre él, que había hecho
lo mismo, estrechándose ambos entre brazos,
en lo que, se suponía, era un gesto amistoso.
Empero, Langley no dejó escapar la oportunidad
para, con sus delicados dedos, tentar y pasearlos
por la fuerte espalda del muchacho.
De la misma manera, Rivera aprovechó la ocasión,
al sentir esos firmes y redondos senos apretados contra
su pecho, de recorrer con su mano la finísima
curva de la espalda de la jovencita, y sin poder contenerse
un segundo más detrás de aquella fachada
de buenas costumbres, finalmente posándola
delicadamente en su delineado trasero.
¡Óyeme, tú, pervertido
inmundo! prorrumpió en insultos la chiquilla
rubia al sentir que sus partes estaban siendo profanadas.
Al instante se zafó del muchacho y lo sujetó
por la muñeca, tirándola de tal modo
que Rivera tuvo que ponerse de puntas para evitar
que se la rompiera ¡Ya decía yo
que perro viejo no aprende trucos nuevos! ¡Imbécil!
entonces lo jaló hacia sí, y apoyándose
en su cadera lo mandó a volar, unos dos metros
lejos.
Los espectadores enmudecieron ante el asombro que
les embargaba. En los infantes, fue temor lo que se
apoderó de ellos después, al ponerse
a reflexionar sobre su situación. Y es que,
si el mismísimo Kai había sido tratado
de ese modo por aquella fiera, ¿qué
podían esperar ellos, entonces?
¿Ah, sí? ¡Perdóname
por no ser tan hábil como tú al fingir!
replicó el joven, todavía tirado en
el suelo, doliéndose de la manera tan violenta
en la que cayó ¡Pero aunque la
mona se vista de seda, mona se queda! ¡Ahora
ya recuerdo porqué no se te puede tratar como
a una persona! ¡Y eso es porque no eres una
muchacha, sino una maldita bruja, perra sarnosa!
¡¿Qué dijiste, pedazo de
mierda?! exclamó enfurecida en niveles
insospechados ¡¿Cómo te
atreves a hablarme de esa manera, grandísimo
idiota?! ¡Toma eso! terminó dándole
un soberano puntapié en el abdomen.
El muchacho ya no contestó. Solamente pensó:
Oh, no. Aquí viene lo que quedaba del
tepanyaki. La que se me va a armar.
Y dicho y hecho. Apenas había terminado de
formular ese pensamiento y en el acto el precioso
vestido de Langley se vio arruinado por una gran mancha
de camarones y arroz a medio digerir.
¡¡¡AHHHHHHHHHHHH!!!
Asuka gruñó, pataleó y sacó
a relucir una amplia gama de gestos amenazantes, para
finalmente perseguir al muchacho por toda la cubierta,
el cual, al adivinar las intenciones de su nueva compañera,
la prudencia y su sentido de auto conservación
le habían indicado que permanecer en el mismo
lugar era peligroso; dando por resultado una agobiante
persecución, para burla y alegría de
los militares presentes.
Pasada la confusión, y luego de un cambio
de atuendo obligado los visitantes reportan su llegada
al puente de mando, encontrándose a cargo a
un almirante alemán, de baja estatura y amplia
talla. Con una mirada seria y amargada, que salía
por debajo de sus abundantes cejas, mientras que su
amplia y ancha nariz poseía un igualmente abundante
mostacho. De entre su gorra de marino, sus plateados
y despeinados cabellos salían por entre sus
sienes.
Después de examinar la orden que traía
Misato consigo, el viejo marino maldijo algo en alemán,
y finalmente prorrumpió, obviamente molesto,
en inglés:
Válgame, y yo que creía que era
el jefe de tropa scout de estos niños, pero
ya veo que me equivoqué expresó
sarcásticamente, refiriéndose a la cantidad
de jóvenes que se encontraba presente, poniendo
especial atención en Kensuke, quién
no dejaba de gritar de júbilo y grabar todo
con su cámara, emocionado, ante la vergüenza
de sus tres compañeros.
Gracias por su comprensión, almirante
dijo la mujer, pasando el comentario anterior.
Oh, no, no, de ninguna manera: muchas gracias
por traerme a más niños que cuidar,
después de todo este tiempo y después,
mirando de soslayo a Asuka, que también se
encontraba presente, continuó Cómo
si no fuera suficiente aguantar a Langley todo el
camino desde Alemania...
La muchacha correspondió al comentario sacándole
groseramente la lengua al viejo marino, para después
darle la espalda. Los hoscos modales del veterano
habían propiciado numerosas rencillas entre
él y la piloto durante el viaje. Por su parte,
Rivera aplaudió la actitud del oficial, riéndose
a costillas de la chiquilla.
¡Ja, ja ja ja! ¡Ay, mi Almirante,
que ingenioso es usted! decía, entre
risa y risa, para luego ser callado de súbito
por un fuerte pisotón de la alemana.
Apreciamos mucho su cooperación para
el traslado por mar de la Unidad 02 prosiguió
la mujer, ignorando por el momento los berridos que
Kai hacía, saltando por todo el puente en un
pie, pues se estaba sujetando el que la muchacha le
había pisado Aquí están
las especificaciones para el suministro de energía
de emergencia...
Y deslizó una carpeta repleta que hasta ese
momento traía en sus manos.
¡Ja! se mofó el Almirante,
regresándole de inmediato los papeles, sin
siquiera haberlos visto primero En primer lugar,
yo nunca aceptaría una orden para activar a
ese muñeco de hojalata en el mar.
Sólo piense en ello como un respaldo
en caso de emergencia, señor alegó
respetuosamente Katsuragi, aunque ya le estaba colmando
la paciencia la negativa actitud de aquél oficial.
¡Es para dichas emergencias que se supone
la flota del Atlántico debe estar! añadió
molesto el viejo, dirigiéndose a su Primer
Oficial ¿Desde cuando la O.N.U. nos convirtió
en una maldita agencia de mensajería?
Aguardó un poco por la respuesta, pues en
eso Kensuke pasó por en medio de la conversación
grabando todo lo que se encontraba en el puente, saltando
y gritando emocionado como niño en dulcería,
mientras que el veterano le dirigía una mirada
asesina a la capitana Katsuragi.
Me parece que fue desde que cierta organización
fue creada le respondió con premura el
oficial a su lado.
¡Cuidar de un juguete! refunfuñó
molesto su superior, agitando su espeso bigote de
una manera bastante curiosa ¡Qué
gran tarea para toda la flota del Atlántico!
Considerando la importancia del Eva, me parece
que la flota es insuficiente repuso con tranquilidad
la mujer De cualquier modo, hágame el
favor de llenar estas formas, si no es mucha molestia
para usted.
Todavía no se negó rotundamente
a hacer lo que se le pedía Tal cómo
la orden de la Tercera División en Alemania
lo estipula, tanto como el Eva 02 como su piloto están
a cargo de la flota. ¡En ese caso, no voy a
hacer nada de lo que usted me pide!
¿Entonces cuando relevará el
mando?
Luego de anclar en Shin-Yokosuka contestó
con toda calma el Primer Oficial.
Nos encargaremos de cualquier cosa mientras
estemos en el mar aclaró el Almirante,
dándole la espalda a la capitana Sólo
siga las órdenes sin preguntar.
Al final, Katsuragi se resignó a las exigencias
del veterano, viéndose imposibilitada para
oponérsele, además que no le veía
mucho al caso el perder tiempo discutiendo con ese
anciano testarudo.
Está bien, entiendo suspiró,
para después recuperar la compostura Cómo
sea, sólo recuerde que en caso de emergencia
la autoridad de NERV rebasa a la suya.
¡Vaya que es genial! admitió
Suzuhara, embelesado con Misato, aunque no hubiera
entendido ni jota de todo lo que hablaron ese vejete
y ella todo ese tiempo.
Hm, a mi me parece que está actuando
cómo la Doctora Ritsuko hizo notar Shinji,
al observar detenidamente el comportamiento de su
tutora.
¡Ay, Misato, ahora sí que te
la rajaron! exclamó alegremente Kai frente
a ella, refiriéndose a la sumisión de
su guardiana ante el almirante de la flota.
¡Tú, cállate, no te pedí
tu opinión! refunfuñó la
mujer, molesta de la burla de la que era objeto, ante
la risa entrecortada del muchacho.
Al parecer, éste había logrado captar
poderosamente la atención del viejo almirante
desde su primera intervención en la discusión,
ya que no le había quitado la vista de encima
ni un segundo, como extrañado. Lo observaba
en silencio, concentrado totalmente en buscar en sus
recuerdos el porqué ese chiquillo de tez morena
le era tan familiar.
Después de vario rato de deliberación
interna, jubiloso encontró la causa de esa
sensación, haciendo uso otra vez de la palabra,
sólo que en esta ocasión se dirigió
al jovenzuelo.
¡Pero claro! exclamó, acercándosele
para encararlo Oye, tú: ¿Por casualidad
no serás algún pariente del Teniente
Coronel Salvador Rivera?
¿Eh? pronunció el muchacho,
un tanto desconcertado S-Sí... Salvador
Rivera era el nombre de mi abuelo... ¿Acaso
usted lo conoció?
¡Por supuesto! respondió
entusiasmado el hosco marino, al mismo tiempo que
lo estrujaba entre sus brazos, en medio de expresiones
de alegría ¡Con razón te
pareces tanto a él, si eres su nieto! ¡Tu
abuelo y yo fuimos dos de los mejores amigos! ¡Ah,
viejo loco, si él pudiera verte en estos momentos!
Vaya, por fin sucedió murmuró
Asuka, un tanto avergonzada por la escena, cruzada
de brazos Al fin a este viejo senil se le perdió
el último tornillo que le quedaba...
Salvador Rivera... repitió Katsuragi
en su lugar, murmurando, con la mirada perdida Están
hablando del padre de...
Ante la sorpresa de todos los que se encontraban
en el puente, el veterano oficial volvió a
colocar a Rivera en su lugar, mientras que éste
recuperaba el aire. Nadie pensaría que aquel
duro viejo lobo de mar pudiera ser capaz de tales
demostraciones de sentimientos. Ni siquiera sus allegados,
que llevaban algo de tiempo conociéndolo, le
habían visto antes un gesto de esa naturaleza
para con nadie. El viejo adelantó sus gruesos
y velludos brazos hacia el niño, depositando
las manos amistosamente en sus hombros.
Conocí a tu abuelo durante una misión
de paz de las Naciones Unidas en el Medio Oriente
le reveló, con un timbre de emoción
en su voz Allí fue dónde él
salvó mi vida. Nunca pude pagarle con la misma
moneda, pero desde entonces mi amistad fue lo único
que pude ofrecerle.
Sí sabía que el abuelo fue en
su momento algo célebre, pero de ahí
a que.. repuso Rivera, todavía más
confundido de aquella extraña casualidad.
¡Célebre es poco para un hombre
de su talla! lo interrumpió de tajo el
Almirante, al recordar viejos tiempos Fue de
los pocos voluntarios de su ejército para integrar
una misión de los Cascos Azules... un oficial
muy sagaz, astuto a más no poder... es una
lástima que haya nacido en ese país
sub-desarrollado, fue lo único que le impidió
destacar en una carrera militar brillante.
Que yo sepa intervino Kai, serio por
primera vez Mi abuelo estaba muy orgulloso de
ser mexicano. Todos sus antepasados lo estaban, y
por eso lucharon con tanta vehemencia por ese país
sub-desarrollado. Yo también estoy
orgulloso de serlo, aunque sea nada más en
parte aclaró el joven, para después
lanzar un hondo suspiro Aún cuando ya
no existan los Estados Unidos Mexicanos.
Lo sé, lo sé continuó
el viejo oficial Otra más de sus virtudes,
ese amor exacerbado que le tenía a su patria.
¡Ese tipo de fortaleza ya no se ve mucho en
estos días! Por un lado, es un alivio que el
pobre no pueda ya ver que su amado país fue
anexado por esa nación que tanto aborrecía.
El pobre se hubiera desecho de la tristeza.
Me imagino respondió el chiquillo,
mientras pensaba: Aunque también le hubiera
dado el patatús si se llega a enterar que su
hijo se casó con una mujer norteamericana,
y lo que es más, de Texas.
Es una verdadera pena que no lo hayas conocido
reveló el veterano marino, con la mirada perdida
en el firmamento Hubieras podido aprender tantas
cosas de él...
Créame, que a pesar de que cuando yo
nací él ya tenía quince años
de muerto, he aprendido mucho de él...
aclaró el chico, compartiendo el estado de
ánimo de viejo guerrero Papá siempre
me contaba de él, de su sentido del deber,
su honor, su responsabilidad...
Sí, ya lo creo. Fue una auténtica
lástima, enterarme de su muerte, y más
de las circunstancias en las que ésta se dio.
Tu abuelo nunca hubiera sido capaz de dispararle a
personas desarmadas, y precisamente ésa fue
su perdición, cuando esa chusma iracunda atacó
a su unidad; jamás me dolió tanto la
pérdida de un amigo, pero me reconforta un
poco el saber que siguió los ideales en los
que creía hasta la muerte. El principal objetivo
de las Fuerzas Armadas como institución debe
ser el salvaguardar la soberanía de las naciones
y auxiliar a su población; tu abuelo lo sabía
bien, y por no traicionar esa máxima murió,
aunque al parecer, hoy en día a muchas personas
parece no importarles y mirando de reojo a Misato
con cierto halo de reproche, siguió con su
monólogo Quién sabe que horrores
podrían fraguarse mientras que la flota del
Atlántico está tan ocupada cuidando
un juguete. Dios quiera que nuestra ausencia no vaya
a ser perjudicial.
En esos momentos, nadie, ni siquiera él mismo,
podían imaginarse la certeza de sus aseveraciones.
A miles de kilómetros de su posición,
cerca del continente derretido de la Antártida,
en el Atlántico algo ocurre. Algo insólito,
bastante inusual.
No parecía que nada fuera de lo común
ocurriría en esas tranquilas aguas, llenas
de vida marina. El ecosistema del planeta poco a poco
comenzaba a reconstruirse, a sanar sus heridas. Dentro
de unos años volvería a su forma original,
de no haber sido por una intervención externa.
Pero desgraciadamente, aquello no iba a ser ya posible.
Un nuevo desastre se estaba fraguando en las insondables
profundidades marinas. El lecho rocoso de las profundidades
se agitaba con estruendo, ante la presión que
se ejercía debajo de él. Varias columnas
de fuego incandescente, aún debajo del agua,
comienzan a chisporrotear y a abrirse paso, liberando
su furia y varios gases venenosos. Sin soportar más
la fuerza que lo obligaba a retroceder, finalmente
el lecho se parte en dos y en medio de una colosal
explosión libera a dos objetos de dimensiones
titánicas, que se apresuran a emerger hacia
la superficie. Pronto la alcanzan; impulsados en parte
por la fuerza de la explosión que también
los había liberado aunque fuera por unos momentos,
de la fuerza de gravedad.
Las corrientes marinas se detienen por una fuerza
invisible que ejercía sobre ellas, tomando
poco a poco un pigmento rojo, ocasionado por las fuertes
temperaturas que se desataban allá abajo, a
medida que esas cosas se iban acercando. Las ondas
de expansión alcanzaban kilómetros y
kilómetros, mientras todas las aguas se revolvían
unas contra otras con estrépito, para que entonces
emergieran de las profundidades aquellas dos enormes
moles, retando al brillante sol eclipsándole
aunque fuera por unos segundos, para después
volver a caer entre las turbias aguas del agitado
Atlántico.
Al cabo de un rato, es posible distinguir un aterrador
rastro de cadáveres de peces y otras formas
de vida marina, que flotaban inertes sobre las olas
del corrompido océano, dirigiéndose
en posición opuesta a la flota, es decir, hacia
el Océano Índico.
Un terrible horror más estaba por desatarse
en el mundo entero.
Ignorantes todos ellos de aquél suceso, una
voz familiar para Misato se escucha a lo lejos. Hacía
años que no escuchaba aquella garganta y hubiera
preferido no volver a hacerlo, pero en cuanto lo hizo,
sólo pudo quedarse petrificada en su lugar,
totalmente sorprendida y molesta a la vez.
¡Eh, Katsuragi! repitió
aquella voz, en japonés. ¿Qué
andas haciendo por estos rumbos?
Los ojos de la chiquilla alemana se abren de par
en par, mientras sus pupilas se ensanchan y una enorme
sonrisa se dibuja en su rostro, para de inmediato
pronunciar emocionada y alegre el nombre de aquel
sujeto: ¡¡Kaji!!!
¡Hey, amiguito! saluda el sujeto
al muchacho, cuando lo tiene a su lado ¿Cómo
has estado? pregunta mientras acaricia los castaños
cabellos del joven.
Bien, cómo siempre responde sonriendo
Kai ¿Y cómo estás tú,
amigo Kaji?
Tampoco me quejo...
¡Señor Kaji, no recuerdo haberlo
invitado a mi puente! aseveró el Almirante,
molesto de igual forma por la intromisión del
recién llegado.
Lamento mucho mi intrusión, señor
se disculpó el sujeto alzando una mano y guiñándole
un ojo, con la jovencita colgándole de un brazo
Pero en cuanto escuché esa dulce voz,
de inmediato supe que se trataba de la capitana Katsuragi
y tuve que venir a saludarla...
Como respuesta lo que obtiene es una mirada asesina
de parte de la mujer, mientras le daba la espalda
con mucha prisa e indignación.
En ese caso, y si me disculpa, Almirante, lo
dejo continuar con su trabajo dijo al mismo
tiempo que tomaba por el brazo a Rivera para arrastrarlo
lejos de allí Haga su mejor esfuerzo
para transportar todo entero y a salvo a Shin-Yokosuka.
Y sin más salió de cuarto, seguida
por Shinji y sus invitados, y después por Kaji
y Asuka, dejando solos a la tripulación del
puente con sus labores.
¡Mierda! farfulló el viejo
marino, viendo a sus indeseables huéspedes
partir ¿Y se supone que el destino del
mundo entero está a cargo de esos mocosos?
Los tiempos cambian asintió su
subordinado, inclinando la cabeza Escuché
que la Junta de Naciones ya les aprobó un aumento
en su presupuesto. Han puesto todas sus esperanzas
en ese robot.
¡¿Ese juguete?! reclamó
iracundo el viejo lobo de mar, alzando los brazos
¡Imbéciles! Si tienen dinero para
esas idioteces, entonces también deberían
pagarnos más...
¿Sabe, Almirante? asomó
Kai su cara desde la puerta Creo que tiene todo
la razón, y yo podría hacer que...
en el acto fue interrumpido por Misato, quien asiéndole
de una oreja lo obligó a retirarse, ante los
quejidos entrecortados del muchacho.
Ni hablar sentenció el almirante,
mirando atónito el vacío umbral a su
puente.
Aquel hombre de unos treinta años de edad
cuya presencia tanto molestaba a la capitana Katsuragi
era Ryoji Kaji, enlace entre NERV y la ONU, oficialmente,
sin embargo su verdadera función era la de
fungir como una clase de espía de NERV en las
Naciones Unidas, además de realizar de vez
en cuando algunos encargos. Podría
decirse que era la contraparte del cargo que desempeñaba
Kai.
En esos momentos vestía una arrugada camisa
azul, con una desajustada corbata, obviamente por
el calor de aquella zona; un pantalón de vestir
negro y unos zapatos del mismo color. Tenía
una barba de tres días y una cola de caballo
acomodaba su peinado.
El pequeño elevador que los estaba llevando
hacia el comedor de la nave de guerra era, evidentemente,
insuficiente para la cantidad de personas que estaban
en ese momento allí. Apretujados unos contra
otros, se las ingeniaron para acomodarse y así
lograr que todos cupieran en el reducido espacio.
Mejor hubiera tomado las escaleras pensaba
Toji de cara a la pared del ascensor, un tanto incómodo
de la situación.
¿Y qué se supone que estás
haciendo aquí? preguntó Misato
con hastío, aplastada contra una de las paredes,
ante la inquisidora mirada de Ryoji.
Estoy acompañando a Asuka desde Alemania,
qué más... contestó dificultosamente
el sujeto Además, de todos modos tenía
que ir a Japón por cuestiones de negocios,
tú sabes...
Sí, ya me imagino qué clase de
negocios repuso la mujer, sabedora de antemano
de la clase de cargo que desempeñaba su conocido
Me estoy volviendo descuidada se lamentó,
suspirando y agachando la cabeza ligeramente Debí
haber previsto que algo así sucedería...
no sé porque no lo hice...
De improviso, al mismo tiempo Langley y Katsuragi
reclaman al unísono, con cara de muy pocos
amigos:
¡Óyeme, desgraciado, no me toques!
Y de la misma manera, haciendo gala de una impecable
e involuntaria coordinación, Kaji y Rivera
responden a la vez:
¡No puedo evitarlo!
En cuanto se abrió la puerta, haciendo que
Suzuhara por poco y se estampara de cara contra el
piso, pareció como una bendición el
poder respirar aire fresco de nuevo, y nadie se tardó
para salir de aquél espacio tan reducido.
Kai y Shinji se habían quedado en la parte
de atrás de la excursión, y mientras
los demás se apresuraban a llegar al comedor,
ellos caminaban tranquilamente.
Kai dijo Shinji, interrumpiendo el breve
silencio que se había desatado ¿Quién
es ese tipo? ¿ Y porqué Misato está
tan molesta?
Su nombre es Ryoji Kaji respondió
Kai, sin salir de su pose desinteresada Él,
junto con la doctora Akagi, fue compañero de
Misato en la universidad. Y además de eso,
él y Misato fueron algo más pronunció
aquello al mismo tiempo que juntaba sus labios y hacía
ruidos con ellos, imitando el sonido de un beso.
Ah, ya comprendo dijo sagazmente su
compañero, mientras el silencio se volvió
a imponer hasta que llegaron al comedor de la nave.
Cuando por fin llegaron al comedor no hubo gran problema
para poder acomodarse, ya que aquel salón era
algo grande para poder albergar a toda la tripulación
del barco, por lo que había mesas distribuidas
a lo largo de todo el lugar. Hasta tenían mucho
espacio de sobra, a diferencia del pequeño
elevador en el que habían bajado. Las ventanillas
dejaban colar la luz de afuera, por lo que el cuarto
estaba muy bien iluminado en esos momentos.
Los demás ya se habían servido e instalado
cómodamente en una de las mesas, y al llegar
los faltantes, tuvieron que apretujarse los unos a
los otros para que se pudieran instalar. En cuanto
se hubieron sentado todos, la conversación
continuó.
¿No piensas comer algo, Kai? preguntó
Katsuragi al notar que su muchacho no se había
servido nada ni llevaba una charola consigo, a diferencia
de Ikari que se había servido unas albóndigas
¿Todavía te sientes mal?
Eh... no... no, lo que pasa es que no tengo
mucho apetito que digamos en estos momentos
contestó evasivamente el joven Me parece
que mejor me espero a llegar a tierra para comer algo...
Muy bien respondió Asuka, dándole
una mordida a su sándwich de atún Así
tal vez pueda llegar a Japón con este vestido
limpio.
No me presiones, muchachita, ó no podré
responder de mis actos... amenazó Rivera
con volver a ensuciarla, ante aquella burla.
Lo cierto era que el chiquillo no se sentía
muy bien y ese malestar había empezado y aumentado
a medida que se habían acercado al barco donde
despegarían. Sentía como una especie
de mareo, de bochorno, una sensación bastante
sofocante a bordo del barco.
Y parecía que, aunque pareciera algo raro,
todo indicaba que la presencia de Ryoji agravaba su
situación, pues la molestia se había
intensificado desde que él llegó. ¿A
qué se debería aquél extraño
fenómeno?
Que cosa tan rara, tan curiosa reflexionaba
Kai, sintiéndose cada vez más débil
No, no, debe ser sólo mi imaginación.
No hay nada de malo con Kaji, sino con esos malditos
camarones echados a perder que ese cretino me puso
en mi comida Sí, eso debería ser,
trataba de convencerse mientras hacia acopio de fuerzas
para mantenerse indemne.
Y dime... se dirigió el susodicho
a Katsuragi, jugueteando con una cuchara ¿Estás
saliendo en estos momentos con alguien?
No creo que eso sea de tu incumbencia
repuso serenamente la militar, sorbeando su bebida.
No, no está saliendo con nadie
agregó Rivera, intentando sobreponerse Pero
un fulano, Makoto Hyoga, le ha estado haciendo ojitos
de borrego desde hace un buen rato...
¡¿Hyoga?! exclamó
sorprendida Misato, dejando de comer ¡¿Hyoga?!
¿Quieres decir nuestro Hyoga? ¿Ese mismo
Hyoga?
¿Quién demonios es ese tal Hyoga?
pensaron al mismo tiempo Toji y Kensuke, sumamente
enfadados.
Ay, ni te hagas que la Virgen te habla
respondió el muchacho, cruzándose de
brazos Ya todo mundo en el cuartel sabe que
lo traes suspirando al pobre tipo...
Misato nunca ha sido muy perceptiva que digamos
añadió Ryoji, en tono burlón,
apoyando la barbilla entre las manos.
¡Es que ella es tan bonita, que no puede
contar a tantos admiradores que tiene por todas partes!
salió a su defensa Kai, agazapándosele
del brazo y dándole un afectuoso beso en la
mejilla.
Así que Kai... pronunció
muy seriamente Kaji Entiendo que sigues viviendo
con Misato, ¿No es así?
Así es, estimado colega.
Y dime... ¿sigue sin dejar de dar vueltas
en la cama?
El último comentario explotó como una
detonación nuclear entre el auditorio, dejando
a todos atónitos en su lugar y enrojeciendo
de vergüenza a cada instante, sobre todo Katsuragi;
nadie se esperaba aquella atrevida interrogante, inclusive
el cuestionado, quien aunque seguía calmado,
no pudo evitar extrañarse ante la inusual pregunta,
volteando los ojos al cielo, y apoyando su barbilla
en la mano, como si estuviera reflexionando. Mantuvo
esa pose algunos momentos, hasta que finalmente respondió:
Uy, ni te imaginas, camarada. Una vez me tocó
dormir con ella cuando nomás nos dieron una
sola habitación en un hotel de por allá
en Europa y parecía un torbellino; me dejó
sin nada de cobija, además de que tuve que
aguantar sus incesantes manotazos y patadas por toda
la noche. Aquello parecía más un ring
que una cama. Pero todo eso tú ya lo sabías
¿o no? preguntó maliciosamente
el chiquillo.
Misato, en el momento de oír aquella respuesta,
dejó su aparente inmovilidad, y con su cara
hecha una máscara de ira, al contraste de sus
mejillas que adquirieron un acalorado color carmesí,
arremetió contra su protegido, hundiendo su
puño en el cráneo del niño, adquiriendo
con esto su rostro una expresión por demás
graciosa.
¡Tarado, no tienes porqué andar
contando nuestras intimidades a todo mundo!
rugió la mujer luego de haber administrado
el justo castigo, mientras el regañado tocaba
con sus dedos su cabeza, lanzando un lastimero quejido
¡Y tú! se dirigió
a Kaji, amenazándolo con el dedo índice
¡¿Cómo te atreves a insinuar
algo así, y aún más, delante
de los niños?! ¡Sigues siendo un desvergonzado!
Esa situación tan chusca no pudo más
que sacar una enorme sonrisa en el rostro de los presentes,
mientras la militar seguía con su sesión
de regaños e insultos, sin advertir el divertido
efecto que causaba en los demás.
Y dime, Shinji Ikari pronunció
Kaji, una vez que los ánimos se hubieran calmado
un poco ¿Qué tal ha sido vivir
con un par de personajes cómo éstos?
Algo interesante, me supongo contestó
Shinji, acabando con lo que había en su plato
¿Pero cómo sabe mi nombre?
No es muy raro que yo sepa tu nombre, joven
Ikari repuso el sujeto En mi círculo,
tú y el amigo Kai gozan de cierta fama. Todos
hablan de ustedes dos, del Segundo y Cuarto Niño
que lograron pilotar Eva sin ningún entrenamiento
previo. Algo sorprendente, si me permiten agregar...
Al escuchar aquellas palabras, y todavía más
cuando venían de Ryoji, la joven alemana, desde
su lugar, no pudo evitar lanzarles una mirada asesina
a los dos muchachos, molesta de que ese par de imbéciles
se estuvieran llevando todo el crédito y el
reconocimiento de las personas.
No fue la gran cosa contestó por
su parte Ikari, algo apenado Tuve algo de suerte...
No lo niego pensó para sí
Rivera, entornando la mirada.
Qué modesto eres. La suerte también
es una cualidad prosiguió el sujeto Es
parte de tu destino, del talento innato que posees...
luego, se puso de pie, acompañado por la chiquilla,
y terminó despidiéndose Piensa
en eso, ¿quieres? Nos veremos después
acabó, alzando una mano mientras le daba la
espalda al grupo.
Esto tiene que ser una broma pesada se
lamentó Misato, escondiendo el rostro entre
las manos No, más bien es cómo
una pesadilla...
Después del pequeño y breve almuerzo,
todos se dispersaron en diferentes direcciones, y
mientras Kensuke seguía filmando los alrededores
sin darse cuenta de las molestias que en ocasiones
causaba, Toji acompañaba a Misato a donde quiera
que ésta fuera, Kai y Shinji salieron a conocer
un poco más las instalaciones del lugar y mientras
que por su parte Kaji y Asuka respiraban la suave
brisa del océano en cubierta.
Dime Asuka dijo Kaji, mientras su compañera
se divertía en balancearse en el barandal del
mirador ¿Qué tal te parecieron
tus compañeros pilotos?
¿El flaco y el grosero? preguntó
a su vez Asuka, para después responderse Los
dos no son más que un par de idiotas... Estoy
algo decepcionada, si es a lo que te refieres. Esperaba
algo más de los famosos Segundo y Cuarto Niño.
Pero con todo continuó el sujeto,
prendiendo un cigarrillo a hurtadillas ambos
excedieron el 95 por ciento de nivel de sincronización
la primera vez que subieron a sus Evas, sin ninguna
clase de entrenamiento previo; ¿no te parece
algo sorprendente?
Mein Gott! contestó la chiquilla,
estupefacta ¿Superaron el 95%? ¡Eso
es imposible!
Cuando subían la escalera que los llevaría
a cubierta (habían decidido no usar ya el ascensor),
una vez terminado su tour por el inmenso barco ,Shinji
observaba atento cómo Kai se quejaba del golpe
recibido en su cabeza, no pudiendo contener una sonrisa
que se dibujó en su rostro.
Te juro que casi me desacomoda todas las neuronas...
qué tosca es... seguía diciendo
su compañero, tentándose la zona del
impacto para percatarse si se le había hecho
alguna contusión u otra lesión.
Aún persistía su malestar, no obstante
que había disminuido considerablemente desde
que se había alejado del ex amante de
su tutora. Pero de todas maneras, la molestia continuaba.
¿Qué diantres tenía ese endemoniado
barco que lo hacía sentirse tan débil?
En ese momento Asuka entró en la escena, interrumpiendo
los quejidos de Kai.
Ey, niños... ustedes dos vendrán
conmigo pronunció mientras una viva determinación
ilumino su rostro y estremeció a los otros
dos.
Asuka era la Tercer Niño elegida por el Instituto
Marduk, organización encargada supuestamente
de monitorear todo el globo en busca de nuevos pilotos
Evangelion. Hasta esos momentos, sólo cuatro
jóvenes habían sido los elegidos. Langley
estaba encargada de pilotear la Unidad 02, el Modelo
de Producción Eva, por lo que viajaba junto
con ella a tierras niponas, donde extrañamente,
convergían todos los ángeles que hasta
ese momento habían aparecido.
Los niños dieron un largo paseo por todo el
barco, hasta que llegaron a la sección de carga,
donde una lona amarilla la cubría en su totalidad;
la niña introdujo al espacio cubierto a sus
acompañantes, sin disimular una pequeña
sonrisa de satisfacción y de orgullo que adornaba
su encantador rostro. Con gran placer para ella, develó
a los muchachos la Unidad 02 que en ese momento viajaba
en el barco, esperando poder impresionarlos.
Vaya, el Eva 02 es rojo... murmuró
Shinji, observando detenidamente al robot, por lo
menos la parte que se alcanzaba a distinguir No
sabía eso.
Y ésa no es la única diferencia,
muchachito contestó la joven alemana,
mirándolo con el rabillo del ojo.
Después de todo, las Unidades 01 y 00
no son más que prototipos, ó modelos
de prueba en el departamento de proceso pronunció
mientras subía por la enorme pierna del robot,
que en esos momentos se encontraba recostado boca
arriba en una posición horizontal, y continuó
Prueba de ello es que cretinos como ustedes
puedan sincronizarse con ellas tan fácilmente.
Sin embargo, la Unidad 02 sí que es un verdadero
Evangelion; esto que están viendo ante sus
ojos es el modelo definitivo, el más innovador,
dicho en otras palabras, el más perfecto.
Pronunciando perfecto con un fuerte énfasis
en la palabra, buscando despertar la envidia de sus
condiscípulos, ver aquella humillación
que se produciría en ellos al darse cuenta
que estaban frente a su superior, que ya eran anticuados
y obsoletos.
Sin embargo, y pese a todos sus esfuerzos, Asuka
no pudo conseguir el resultado deseado. Shinji miraba
con curiosidad aquel artefacto, pero sin llegar al
asombro que ella esperaba, mientras Kai lo veía
con cierta indiferencia y daba vueltas alrededor,
hasta que dijo, rompiendo su mudez espontánea,
dándole una ligera patada a la armadura del
artefacto, cómo para tantear su integridad:
Ciertamente, es un modelo práctico y
compacto, es por eso que es el modelo de producción;
pero hay que aclarar que los modelos de producción
no siempre son los mejores, sino los menos costosos
de hacer, es por eso que son de producción,
por que no son tan complicados como sus antecesores,
en este caso específico.
Asuka frunció el ceño frente a aquel
discurso mercadotécnico, y sonrió para
sí misma al darse cuenta de que al fin había
podido encontrar un rival para poder discutir, cómo
le encantaba hacerlo. Cerró los ojos por unos
instantes y respiró profundo, ante el desconcierto
de sus dos compañeros y luego de unos cuantos
momentos irrumpió entre risas y escándalo:
¡Ja! ¡Lo sabía! ¡
No ibas a quedarte contento al saber que yo iba a
ser el piloto de ésta máquina tan perfecta,
así que tenías que pronunciar tus reclamos
sin fundamento!
Kai no pudo hacer más que extrañarse
ante aquella reacción tan poco particular.
¡Claro, no pudiste soportar el que YO,
una mujer te desplazara de tu posición privilegiada,
y recurriste a tu sucia lengua para poder poner en
duda mi fe hacia mí misma! sin querer,
Asuka representaba su propia situación, y siguió
¡ Eres despreciable, Katsuragi! ¡ Tus
engaños no funcionaron, así que búscate
a otro tonto que embaucar, por que conmigo nomás
no funciona!
Pero eso no era lo que yo... intentó
defenderse Kai, ante la repentina arremetida.
Asuka hubiera podido seguir con sus reclamos, más
la inesperada señal de alarma que se pudo escuchar
en toda la flota la interrumpió.
Durante su pequeña charla, en el sonar del
barco apareció un objeto demasiado grande para
ser una ballena, incluso un submarino nuclear, e iba
a toda velocidad a arremeter en contra de ellos.
Primero fue un ligero levantamiento, luego un roce
con el casco del barco vecino y segundos después
la enorme nave era engullida por el mar. Fue cuando
sonó la alarma.
Shinji fue el primero en asomarse fuera de la lona
para averiguar que sucedía, seguido por los
otros dos niños, una vez que los tres estaban
fuera, fue cuando pudieron observar aquella cosa arremeter
contra la pequeña flota de barcos que había
sobre ella.
¿Qué es lo que está pasando?
preguntó Ikari, desconcertado, observando un
montón de agua salir de la superficie.
Onda de choque contestó Kai, aguzando
su vista.
Algo explotó por allá...
complementó la chiquilla, imitando a sus dos
acompañantes.
En eso, una extraña criatura gigantesca emerge
de las profundidades marinas, saltando a la superficie
por unos momentos para que sus presas pudieran identificarlo
y al instante regresar bajo del agua.
¿Qué fue todo eso? exclamó
Rivera, sorprendido del tamaño de esa cosa.
¿Crees que se trate de un Ángel?
dijo a su vez Shinji.
¿Un Ángel? Quieres decir: ¿Uno
de verdad? pronunció Asuka sin ocultar
ese tono de emoción que apareció en
su joven garganta, entonces pudo ver en aquella criatura
una oportunidad de demostrar sus habilidades, para
después sujetar férreamente a Shinji
y llevarlo consigo a un punto determinado del barco.
¿Un Ángel? preguntó
a su vez Kai, más sorprendido que sus otros
dos congéneres.
A lo largo de los últimos meses, Kai había
desarrollado sin intención, una especie de
alarma interna para los ángeles, horas antes
que aparecieran. Sabía distinguir muy bien
cómo el ambiente se llenaba de aquella energía
de destrucción, cómo las plantas se
apretaban contra el suelo que las sostenía,
cómo los pájaros huían en bandadas,
en fin, detalles a los que nadie presta atención
casi todo el tiempo, pero no por eso son insignificantes.
Aún cuando lo tenía enfrente y a la
vista, de todos modos no podía sentir aquel
escalofrío que recorría su cuerpo cada
vez que se enfrentaba a aquellos monstruos, esa energía
de muerte que siempre infectaba el aire adónde
quiera que iban los gigantes.
No podía sentirlo, simplemente no estaban
presentes esos detalles que había observado
en sus encuentros con aquellos monstruos.
¿Sería que su percepción no
era la misma en la tierra que en el mar? ¿O
es que acaso eso que estaba enfrente de él
no era un ángel? ¿Ó era que aquella
maldita molestia afectaba a su aparente percepción?
No entendía muy bien qué era lo que
le pasaba en esos momentos y el joven en su desesperación
sólo atino a sujetarse su cabeza sintiendo
que le iba a reventar, cuando de pronto siente un
jalón en el brazo.
¡Oye, menso! ¿Qué estás
esperando, imbécil? ¡Ven! dijo
Asuka mientras tiraba de su brazo y lo llevaba consigo,
de la misma manera que lo había hecho con Shinji.
En esos momentos el muchacho estaba tan confundido
que no pudo menos que dejarse llevar por aquella hermosa
criatura.
Mientras los tres se enfilaban, en el puente de
la nave insignia había cierta conmoción
al verse atacados por un enemigo desconocido. La tripulación
sólo contemplaba impasible cuando una de sus
naves era atacada por la criatura, sin que la artillería
convencional pudiera hacerle la gran cosa.
A toda la flota, vigilen su distancia con las
otras naves y eviten cualquier movimiento hasta nueva
orden...
¡Reporte de la situación!
exige de inmediato el Primer Oficial, imponiéndose
al tumulto.
Sumergiéndose contestaba un operador
a la par que lanzaban un torpedo, que fue a explotar
unos doscientos metros después de su lanzamiento
Titus Andronicus no puede confirmar el blanco...
¡Maldita sea! ruge el viejo almirante,
dándole un fuerte golpe a una de las consolas,
impotente ante las circunstancias ¿Qué
está pasando?
Y por si su desesperación no fuera suficiente,
para completar el cuadro justo en ese momento Misato
hace su llegada triunfal al puente, recargándose
confiadamente en el marco de la escotilla sólo
para aumentar la frustración del veterano.
¡Hola, entrega inmediata de parte de
NERV! pronunció la mujer, emulando a
un repartidor de comestibles, con una gran sonrisa
dibujada en los labios ¿Alguien pidió
estatutos de emergencia y tácticas de contraofensiva
en contra del enemigo invisible?
¡En batalla sólo se permite personal
autorizado! refunfuñó el vejete,
tratando de defenderse de las acometidas de Katsuragi.
Echando mano a mi experiencia, yo más
bien diría que se trata de un ataque de Ángel.
¡Todas las naves, fuego a discreción!
la ignoró rotundamente el almirante, tomando
violentamente la radio entre sus manos para dirigirse
a su flota.
Será inútil vaticinó
la militar japonesa, cruzándose de brazos al
tiempo que observaba por la ventana a los acorazados
abriendo fuego.
Asuka entró a su camarote por una pequeña
valija, la cual sacó de su habitación
rápidamente; en el corredor, sacó de
la mochila lo que había ido a buscar : un traje
de piloto Eva. En el acto, empezó a desnudarse
para ponérselo, no sin antes dejar a sus dos
compañeros fuera de la vista, a un lado del
pasillo que cruzaba a su estribo izquierdo, ocultando
el mismo cuarto a las intimidades de la niña.
Shinji, en ocasiones no tan vivo cómo sus
semejantes, se desconcertó ante aquella situación,
y movido por la curiosidad, quiso echar una ojeada
a lo que estaba haciendo la muchacha. En cuanto asomó
su cabeza del muro, un grito de reclamo se oyó,
y Shinji, con su cara envuelta en rojo, volvió
a su lugar anterior.
La niña ya se había puesto el traje,
y oprimiendo el dispositivo en su muñeca, el
aire en su interior fue desalojado, y la tela inteligente
del traje se ajustó a su vistoso cuerpo.
Cada traje era distintivo de su piloto, por lo que
no existía uniformidad, por lo menos en el
color. El de Rei era de un color blanco, mientras
que Kai ocupaba uno verde a la par que Shinji vestía
uno azul. El traje de Asuka era rojo, al igual que
la unidad 02.
Ya vestida, la niña salió de su escondite
y se dirigió hacia los muchachos, arrojándoles
una prenda a cada uno, que recogieron en el aire los
dos.
¡Pónganse eso, rápido,
que ustedes dos vendrán conmigo! rugió
la muchacha.
Shinji mira aquel trapo en sus manos y al mismo tiempo
se da cuenta de lo que es.
Pero es que... esto es... para... balbuceaba,
indeciso si obedecer ó no.
¡No discutas, y haz lo que te digo!
sentenció Asuka, enojada por los retrasos.
Shinji entrecruzaba las piernas, al mismo tiempo
que su cara adquiría un rojo vivo y Asuka lo
impelía a apresurarse. Los niños iban
vestidos con el mismo traje que la jovencita, y obviamente,
aquellas vestiduras eran para un portador femenino.
Nuevamente habían regresado a donde estaba
la Unidad 02, incluso ya Langley trepaba por la pierna
del robot gigante para alcanzar la cabina.
La cara de Shinji se tornaba cada vez más
y más roja, mientras que Kai, por el contrario,
se expresaba en términos de modisto.
No sé decía, mientras se
observaba a sí mismo el rojo no es mi
color, en definitiva... mira, no combina con el color
de mis cabellos o el de mis ojos pronunciaba
mientras se daba una vuelta sobre su eje.
Shinji y Asuka lo miraron desconcertados, con una
expresión de sorpresa que los dejó boq |