La Web

Fanarts

Varios

El Proyecto Eva
Por: Gus (jabarajas@hotmail.com

Capítulo 10: El Ataque de Asuka

El cielo azul celeste reina en toda la faz del horizonte, reflejándose con el hermoso mar azul que es benévolamente iluminado por los cariñosos rayos del astro rey; sin ninguna nube que opaque su luminosidad. Aquella superficie desierta pareciera que en vez de estar cubierta de agua fueran hermosas pasturas azules, que se movieran al capricho del viento.

Un agradable y tibio calor se manifiesta en la zona, deleitando a los escasos afortunados que podían degustar de aquel ambiente tan hermoso y hospitalario.

Absolutamente todo es calma y silencio, la superficie del mar está tranquila y acogedora, el cielo azul sigue ahí, y nada pareciera interrumpir esa calma tan semejante a la de una tumba.

De pronto, la escena es interrumpida de lejos por un girar de hélices y el sonido ensordecedor de un motor que se acerca cada vez más y más, profanando aquella paz y tranquilidad.

Se trata de un helicóptero militar; en él, una carga de pasajeros poco comunes para ese tipo de transporte. Ni más ni menos que la capitana Misato Katsuragi, quien junto con sus protegidos y sus dos amigos, se dirigen a una flotilla de portaaviones que se encuentran penetrando en estos momentos el Pacífico, oriundos de Alemania, con una carga sumamente especial y que cambiará la vida de los presentes de una manera radical.

—¡¡¡No puedo creerlo!!— prorrumpe en alegría Kensuke, con su inseparable cámara de vídeo, refiriéndose al paisaje, el cual jamás lo había contemplado en su vida, moviéndose abruptamente de un lado a otro de la cabina —¡¡¡Un helicóptero de transporte MIG 55D!!! ¡Nunca en mi vida pensé que me subiría a uno de estos! ¡Y todo esto gracias a ustedes, mis queridos amigos!

—¿Quieres dejar de hacer eso, POR FAVOR?— suplica Kai, sujetándose con ambas manos la boca del estómago y con un semblante algo pálido, sufriendo de náuseas cada vez que Aida pasaba delante de él, haciendo gran escándalo.

—Tal vez si no hubieras tragado tanto antes de venir, no tendrías estos problemas— replicó la militar, a su lado —A ver si así aprendes a moderarte cuando comas.

—Maldita comida japonesa....— maldijo el muchacho, mientras su faz se tornaba verde — Estoy casi seguro que ese tepanyaki estaba contaminado... ¡pero es que sabía tan delicioso!

—Muchas gracias por habernos invitado, señorita Misato— agradece Toji una vez más, un tanto avergonzado del comportamiento de Aida, quien se paseaba cómo párvulo por todo el helicóptero, mientras al mismo tiempo cambiaba de asiento, ya que se encontraba justamente en frente de Rivera. Más vale prevenir que lamentar, cómo dicen por ahí.

—Oh, no fue nada.... — se apresura Katsuragi a contestar cortésmente. Pensaba que quizás a sus protegidos les hacía falta pasar más tiempo con chicos de su edad, y que mejor ocasión para hacerlo que en aquella misión de paseo, cómo designaba ella a escoltar a la Unidad 02 hasta territorio japonés, más específicamente hasta los cuarteles de NERV —Sólo pensé que sería algo aburrido estar siempre en el mismo lugar, así que los invité a salir para que pudieran ver otros paisajes.

—¡Vaya, de manera que ésta es auténticamente una cita con la señorita Misato!— exclama Toji, sumamente exaltado —Qué bueno esta vez traje conmigo mi gorra de la suerte— pronuncia con una enorme sonrisa en los labios, mientras se voltea su cachucha.

—¿Y, precisamente, adónde vamos? — interroga Shinji, quien hasta el momento se había quedado expectante, contemplando la belleza del paisaje.

—Daremos un pequeño paseo por el Pacífico en esa pomposa nave de allá— responde la mujer, al mismo tiempo que señalaba un punto en el océano por la ventanilla.

—¡Sorprendente!— se apresura a decir Kensuke, haciendo a un lado de un empujón a Ikari, sin perder una sola toma con su mini- cámara, completamente embelesado ante la majestuosidad de la imagen —¡Es la flota completa del Atlántico! ¡Ocho portaaviones y siete acorazados! ¡Es genial!

—¿Esa es una flota?— advierte Suzuhara al divisar las naves —No se ve muy imponente que digamos...

—¡Claro que sí!— replica de inmediato Aida, mirándolo desdeñosamente —Y mira, ésa es la nave insignia, “Over the Rainbow”. ¡Un orgullo de las Naciones Unidas!

—¡Es gigantesca!— nota Shinji, asomándose también por un rendijo.

—Lo que yo me pregunto es cómo una reliquia de ésas puede aún flotar— comenta Misato, sin prestarle demasiada atención al asombro de los jóvenes.

—Al contrario, está hecha de muy buen material— afirma categóricamente Kensuke —Sobrevivió incluso al Segundo Impacto.

— Hemos llegado, señora— se apresuró a decir el piloto, impaciente por deshacerse de su carga cuanto antes.

—¡Vaya osadía!— pronunció en alemán el almirante de la flota desde el puente, observando el vehículo que aterrizaba sobre la pista con sus gemelos —¡Mira que traer la batería de su juguete!— musitó, al observar el gigantesco compartimiento de carga de la aeronave, que transportaba un cordón umbilical de varios kilómetros de longitud enrollados.

—Es un auténtico descaro— corroboró su primer oficial, a su lado, cruzándose de brazos.

Mientras el piloto aterriza la aeronave, Misato alcanza a divisar desde su ventanilla una joven que observaba todo desde el puente, para luego apresurarse a bajar hacia la pista donde aterrizarán, bajando los escalones de la escalinata de dos en dos, firmemente apoyada en el pasamanos.

“Vaya, con que allí está ella” pensó para sí la escultural mujer “Pensé que lo más probable era que ella vendría por avión. Siempre tan enérgica. Estoy segura que esos ímpetus nos ayudarán mucho de ahora en adelante. Bien encauzada será de mucha utilidad para la misión, la pequeña fiera. Quizás ya nos hacía falta un piloto con esa vitalidad, sólo para compensar la indiferencia de Rei, la insolencia de Kai y lo escrupuloso de Shinji.”

El helicóptero aterriza, las hélices dejan de girar, se apagan los motores y los pasajeros salen del vehículo, medio encandilados por el ardiente sol tropical. El constante movimiento del barco no ayuda mucho al niño con sus náuseas.

— Oh, rayos.... no me acordaba que los barcos se movieran tanto— farfullaba, tapándose la boca con las manos, mientras su semblante se hacía todavía más verde.

El incesante vaivén de la nave, mecida inclementemente por las olas del océano por el que se deslizaba, provocan finalmente una reacción explosiva en el estómago del joven, quien se apresuraba a llegar lo más pronto posible a la borda, corriendo lo más veloz que sus piernas le alcanzaban al sentir el alimento a medio digerir subiendo más y más aprisa por su esófago, para pronto alcanzar la boca.

Sus acompañantes sólo lo observan momentos después, ecuánimes, cuando agachaba un poco la cabeza, apoyándose en el pasamanos y hacía unos ruidos espantosos, repitiendo el proceso varias veces. Entonces una repentina ráfaga de viento despoja a Toji de su gorra, quien al verla flotar indefensa ante los caprichos del viento se lanza tras ella.

—¡Oh, no, no!— se lamentaba mientras la perseguía por toda la cubierta —¡Es mi gorra de la suerte, no puedo perderla!

Efectivamente aquella prenda era la que siempre llevaba puesta a los partidos de béisbol en el equipo de la escuela, en donde él gustoso jugaba. Con aquella gorra puesta había dado el batazo que se convirtió en su primer cuadrangular, y también con aquella gorra puesta había hecho la carrera que les había redituado en obtener el campeonato regional de escuelas secundarias, apenas el año pasado. Claro, aquellos tiempos eran mucho más sencillos, eso era antes de que la ciudad fuera abandonada a su suerte por los habitantes, antes de la llegada de los gigantes que la asolaban a cada rato, antes del terror del fin del mundo; debido a esas condiciones, ya no se podían dar el lujo de organizar algo tan trivial, pero a la vez tan anhelado y preciado, como unas competencias deportivas interescolares. Suzuhara lo sabía bien, y era por ello que tenía en tan alta estima aquella prenda.

La cachucha del joven ve interrumpida su parsimoniosa trayectoria al ser pisada violentamente, restregándola con desdén en el piso al mismo tiempo que el muchacho intentaba inútilmente recuperarla, sin prestar demasiada atención a quién pertenecía el pie.

— Buen día, Misato — saluda la dueña del pie, una deliciosa criatura de unos catorce años, esbelta, de largos y finísimos cabellos rubios y un par de hermosos ojos castaños, posando para los recién llegados como si fueran a sacarle una foto, alisándose los inquietos cabellos mecidos por el viento.

— Hola, Asuka. ¿Cómo te ha ido?— devolvió el saludo con jovialidad la aludida.

— No tan bien cómo a ti, según parece— expresó sarcásticamente, refiriéndose a la compañía que llevaba consigo la militar.

Un niño sin modales obsesionado con su gorra, otro que se comportaba como un preescolar en excursión, corriendo, grabando y señalando todo lo que ocurría a su alrededor, hasta el más minúsculo detalle, y finalmente un muchacho macilento con expresión de idiota, desarrapado; en fin, que no representaban una escena muy marcial ni gallarda, que se acostumbraba tanto en medio de ese ambiente de extrema disciplina militar.

—¡Asuka, linda, has crecido mucho desde la última vez que nos vimos!— pronuncia emocionada Katsuragi, al ver a la jovencita delante de ella —Eso fue ya hace tiempo...

—Así es— responde la muchacha con gran orgullo en su tono de voz, levantando el rostro para que pudiera verla bien —Y no sólo he crecido de estatura, también mi figura se ha rellenado— y al decir esto giró completamente sobre su eje, para que la capitana pudiera apreciar mejor su grácil cuerpo y de paso permitió que Toji recuperara su preciada gorra, sacudiéndole el polvo de encima para después darle un beso —¿Ya lo ves?

—En efecto, estás hecha toda una hermosura— confesó la mujer, divertida por la soberbia de la criatura —De seguro los muchachos se pelean por ti ¿eh? Debes ahuyentarlos a palos.

—Esas cosas no importan mucho para alguien de mi categoría, deberías saberlo— dijo, altiva, cruzándose de brazos —Por cierto, ¿en dónde está ese vago que siempre te acompañaba? ¿Cuál era su nombre? ¿Kai?— preguntó, peinando todo el lugar con la mirada, sin encontrar al susodicho.

—También hoy lo he traído conmigo— responde Misato, para después mirar por el rabillo del ojo al chiquillo, que seguía vaciando el estómago hacia el mar —Lo que pasa es que él... eh... continúa en el helicóptero.

—¿Eh?— murmura Asuka, entornando los ojos, extrañada ante aquella respuesta. La militar le tapaba al joven con problemas digestivos.

—Cómo sea— añade rápidamente la mujer, desviando el curso de la conversación —Shinji— continúa, tomando a Ikari por los hombros y poniéndolo en frente de la jovencita — permíteme presentarte a la que desde hoy será tu nueva compañera, la piloto exclusiva de la Unidad 02, el Tercer Niño: Asuka Langley Soryu.

La muchacha asiente con una sonrisa altanera, ante la tímida reverencia que le hace el chiquillo, algo intimidado de su porte.

—¿Este es el tan mentado Cuarto Niño?— preguntó la jovencita en voz alta, mirando a Shinji con los ojos entornados, un poco incrédula —No se ve que sea la gran cosa...

El susodicho no contestó a la ofensiva, sino que se limitó a encogerse de hombros, mientras desviaba la mirada de aquella chiquilla tan hosca, con el rostro enrojecido, tratando de olvidar aquel ridículo e inoportuno comentario. Se armó de paciencia y finalmente calló. La paciencia y prudencia formaban parte de las cualidades de aquel tímido muchacho, era muy evidente, pensaban sus acompañantes.

De improvisto, una ráfaga de viento (que al parecer estaba muy juguetón en ese día) hace de las suyas nuevamente, levantando la falda del aflojado vestido que traía puesto la niña, revelando así a todos los presentes de qué color era su ropa interior, un tanto recortada y atrevida, por cierto.

Aún sin reponerse de la impresión, con el rostro encendido, Asuka despacha a todos los jóvenes con una sonora bofetada, con la dignidad por los suelos, furiosa y buscando desquitarse con el primero que se le pusiera en frente; ante el descontento de Toji, con justificación, ya que ellos no controlaban los caprichos del viento.

— ¿Porqué diantres hiciste eso?— reclama con vehemencia el muchacho, acariciándose la mejilla enrojecida por el golpe

— ¡Por atrevidos! Una joven decente como yo no puede permitir que todos anden viendo su intimidad así cómo así — responde la chiquilla, aún abochornada— Me debían algo ¿no?

— ¿Ah sí?— pregunta el mismo Toji mientras se baja los pantalones deportivos para que también ella pudiera contemplar los calzones de boxeador que llevaba puestos— ¡Pues aquí está tu cambio! ¡Ja ja je!— e inmediatamente, como poseído por un pérfido demonio, se bajó también los calzoncillos, dejando al aire sus cosas.

La chiquilla lanza un grito de horror, al tiempo que los demás quedan petrificados, aterrorizados por la inesperada reacción del chiquillo, para que acto seguido la niña vuelva a castigarlo con una bofetada aún más dura que la anterior, mientras lo llama “puerco”.

— Siento mucho lo de su camisa, señor— se escucha a lo lejos la voz de Rivera, que venía en dirección al escaso grupo —Si me lo permite yo se la lavo, o bien, permítame comprarle una nueva. Lo lamento tanto, no me había dado cuenta que estaba allí— se disculpaba en alemán una y otra vez, alzando los brazos, ante los incesantes reclamos y maldiciones que un marino de aspecto amenazante le profería mientras se alejaba de él.

—¡Allí está él!— exclama Katsuragi, intentando aligerar la tensión entre los jóvenes al desviar de nuevo el tema —¡Kai! ¡Mira quién está aquí!— pronunciaba levantando la mano para atraer la atención de su protegido.

El muchacho observó detenidamente a donde se le indicaba. Ciertamente, Asuka Langley Soryu no era, por mucho, su persona favorita. De ella sólo tenía el recuerdo de aquella niña flaca y pecosa que en todo el tiempo que estuvieron juntos, allá en Europa, cuando se conocieron en esa reunión de niños prodigio, además de que los dos eran ya pilotos designados de Evangelion, siempre lo sacaba de sus casillas, gritando y pellizcándolo incesantemente, provocando que surgiera en él una aversión instintiva a todo lo que tuviera que ver con ella. Chiquilla odiosa, parecía querer todo el tiempo fastidiarlo a donde quiera que se encontraran. Nunca cerraba el pico, y tenía que soportar su parloteo bastante tiempo sin poder hacer nada, ya que se le había inculcado que “a las mujeres no se les toca ni con el pétalo de una rosa”, aunque ya no se acordaba quien lo hizo.

Por lo tanto, le costó trabajo reconocerla mientras avanzaba, buscando en sus recuerdos a una persona que encajara con el físico de la persona que Misato le señalaba. En verdad que había cambiado, pensó cuando al fin se dio cuenta quien era. En primer lugar, lo más lógico era que había aumentado de estatura. Era de suponerse. Pero otras partes de su cuerpo también habían crecido, aumentado. A la par que avanzaba hacia ella, en silencio, se daba a la tarea de examinarla detenidamente, con aquella mirada suya que asustaba. La veía, ataviada en ese ligero vestido amarillo de una sola pieza que el viento ondeaba a capricho, de gran escote que dejaba apreciar parte de sus duros y redondos senos, algo grandes para su edad (¿pero quién se podría quejar? él no, es seguro). Su piel blanca, pero sin mancha alguna, que se antojaba suave al primer vistazo; como le hubiera gustado comprobarlo en ese momento. El vestido, ceñido a la estrecha cintura de avispa, remataba en una holgada falda que le llegaba a las rodillas, pero que en ocasiones, cuando la luz le atravesaba, se transparentaba y permitía distinguir sus torneados y largos muslos, que decir de esas caderas de ensueño.

A cada paso que daba, Rivera comenzaba a sentir una especie de malestar, cómo un vacío en el estómago; pero eso nada tenía que ver con su mareo. No, tenía que ver con algo mucho más profundo, más orientado a las pasiones que cualquier hombre puede tener, y mucho más un muchacho de su edad. Pronto, tres millones de años de instinto se activan en él, despertando hormonas dormidas que de inmediato comienzan a trabajar, preparando al organismo para una posible reproducción. El pulso se acelera, las manos tiemblan y se ponen sudorosas, el cuerpo se entume y el pensamiento racional se desvanece, aunque sólo sea por unos momentos. Un antiquísimo sentimiento, inherente a nuestra parte animal, se apodera del corazón y de la mente. Aquella sensación que suscitaba ver a una hembra tan hermosa y perfecta como ella, ese frenesí loco de tener a toda costa que poseerla, hacerla tuya por siempre sin importar los obstáculos. Deseo. Sí, vaya que era una muy baja pasión, una animalesca pasión. Hubiera preferido que fueran perros, para en ese caso poder lanzársele encima sin más.

Pero no era así. La cosa es que no eran bestias, sino seres humanos con, supuestamente, raciocinio e intelecto superior al de los demás animales; por lo tanto, atados con una sociedad que les imponía reglas morales y legales que les impedían perder el control de esa manera. Por lo tanto, prefirió conducirse con cierta mesura. No era gran problema, tenía gran práctica en aquellos menesteres de la cortesía y compostura. Además, no sería gran cosa conquistar después a aquella chica bonita, tal y cómo lo había hecho con tantas otras antes... antes de... antes de.. de Rei.

Curioso, pero en esos momentos la efigie de la muchacha, siempre tan presente en todos sus pensamientos, se le antojaba lejana, semejante a un mal sueño. No se acordaba ni de su nombre ni de cómo lo había despreciado con anterioridad teniendo a Asuka enfrente, finalmente la había podido extirpar de su conciencia; por un breve momento, el fantasma de su recuerdo lo dejó de asolar. Total, si ella ya había tomado su decisión y quiso elegir al delicado Shinji, allá ella, se lo pierde, pero no por eso él tenía que vivir en celibato por el resto de su vida. Quizás no había sido tan malo venir, después de todo.

Por su parte, también la joven alemana había quedado un poco impresionada de ver el paso del tiempo en su viejo conocido, al que tenía ocho años que no veía. De alguna manera, al recordar fugazmente al chiquillo engreído e insoportable, además de majadero y de escasos modales que había conocido en ese entonces, se imaginaba que lo más probable era que hubiera crecido para ser un adefesio, uno de esos inadaptados sociales que se apartaban de todo mundo; en primera estancia lo había confundido con Ikari, pero ahora se percataba de su error, al observar algo desconcertada al joven bien parecido que se acercaba hacia donde ella estaba. Lo había reconocido por sus ojos. Esos ojos tan bellos que tenía, lo único que le había gustado de él cuando era niña. Verdes, brillantes, penetrantes, que ahora mismo parecían ver a través de ella y desnudar todos sus sentimientos, temores y deseos. De no ser quien era ella, hubiera caído desmayada en ese segundo, rendida a sus pies. Pero reponiéndose, consiguió mantenerse entera, aunque no se puede negar que su presencia en primera instancia la estremecía un poco.

Caminaba con el sigilo y la elegancia de un lobo en el bosque, acechando a su presa. Casi todo en él parecía emanar del poder de la naturaleza. Poder. El poder encarnado por el que había estado soñando tanto tiempo. Se remojó los labios, mientras que su mirada continuaba clavada en el joven.

A pesar de haber sido educada bajo la más estricta disciplina, digna de una princesa heredera al trono, de sus modales refinados y de su título universitario conseguido a una muy corta edad, muy dentro de Asuka bullía un instinto de salvaje pasión que buscaba de manera constante ser libre y que en ocasiones se lo permitía. Una rebeldía desenfrenada que representaba a su verdadero yo, y no esa fachada de buenos modales y de etiqueta que le habían enseñado a proyectar. Toji ya lo había comprobado, y no sería la última vez que lo hiciera.

La holgada y corta ropa que traía puesta Rivera, que se había previsto contra el calor del Trópico poniéndose una camiseta ligera sin mangas de color azul complementada con unos pantaloncillos cortos blancos y unas sandalias, permitían que la muchacha pudiera apreciar la fortaleza de sus brazos y de sus piernas, además de sus músculos pectorales que se marcaban tenuemente a través de su prenda. Además de esa piel oscurecida, bronceada por el sol, que emanaba un cierto aire de sensualidad, de candencia. Según su criterio, aquello con lo que venía vestido era una auténtica facha, indigna de la posición y del lugar en donde se encontraban. No obstante ignoró ese detalle, dada la oportunidad de observar detenidamente aquél cuerpo, pero no cómo se miraría a una persona de carne y hueso, con sentimientos, emociones y anhelos propios, sino más bien a un objeto que se pudiera desear, cómo un convertible rojo con asientos de cuero y 800 caballos de fuerza.

Los dos tenían más en común de lo que pudieran pensar.

“No es tan mal partido, después de todo” pensaba a la par que se volvía a humedecer los labios, una vez que lo tuve enfrente. “Sí, este salvaje, esta criatura incivilizada bien podría mantenerme entretenida, aunque sea por un corto rato”.

—Asuka, mi querida y vieja amiga, es un placer volver a verte— pronunció Kai con exagerada lisonjería cuando estuvo delante a ella, inclinándose ligeramente para hacerle una reverencia —Debes disculparme por mi atuendo, créeme que de haber sabido que te encontraría aquí me habría arreglado adecuadamente para la ocasión— continuó mientras aparentaba que se alisaba la camisa, para después besar suavemente la mano que la joven le ofrecía, al responder a su saludo.

“¿Pero qué demonios le pasa a este sujeto?” pensaron todos los demás casi al mismo tiempo, mirándole con los ojos entornados casi como a un desconocido, al mismo tiempo que un sudor frío les recorría la frente. Definitivamente, ése no era el Kai que todos ellos conocían.

—Al contrario, Kai, querido, me parece que tu ropaje es el indicado para soportar este sofocante calor— contestó la muchacha, apartando discretamente la mano para después abanicarse el rostro con ella, en una fingida actitud de bochorno —¡Este clima es insoportable! Pero aún así, ¡cuánto has cambiado, cariño! Ahora eres mucho más apuesto.

—No tanto como tú, chu...— se detuvo en seco, al percatarse que iba a decirle “chula” y con eso desbaratar la ilusión de caballerosidad que había tejido a su alrededor —Quiero decir— rectificó, meneando la cabeza —Que tú estás mas bella que nunca, amiga mía.

—Me halagas— respondió ella, notando su contrariedad “De seguro iba a decir una barbaridad, cómo es la costumbre de este salvaje. A pesar de todo, finge muy bien ser una persona civilizada” pensó, mientras añadía —¡Aún así, ha sido tanto tiempo sin saber de ti! Ven, ¿por qué no me das un abrazo?

Y diciendo esto, extendió sus brazos para abalanzarse sobre él, que había hecho lo mismo, estrechándose ambos entre brazos, en lo que, se suponía, era un gesto amistoso. Empero, Langley no dejó escapar la oportunidad para, con sus delicados dedos, tentar y pasearlos por la fuerte espalda del muchacho.

De la misma manera, Rivera aprovechó la ocasión, al sentir esos firmes y redondos senos apretados contra su pecho, de recorrer con su mano la finísima curva de la espalda de la jovencita, y sin poder contenerse un segundo más detrás de aquella fachada de buenas costumbres, finalmente posándola delicadamente en su delineado trasero.

—¡Óyeme, tú, pervertido inmundo!— prorrumpió en insultos la chiquilla rubia al sentir que sus partes estaban siendo profanadas. Al instante se zafó del muchacho y lo sujetó por la muñeca, tirándola de tal modo que Rivera tuvo que ponerse de puntas para evitar que se la rompiera —¡Ya decía yo que perro viejo no aprende trucos nuevos! ¡Imbécil!— entonces lo jaló hacia sí, y apoyándose en su cadera lo mandó a volar, unos dos metros lejos.

Los espectadores enmudecieron ante el asombro que les embargaba. En los infantes, fue temor lo que se apoderó de ellos después, al ponerse a reflexionar sobre su situación. Y es que, si el mismísimo Kai había sido tratado de ese modo por aquella fiera, ¿qué podían esperar ellos, entonces?

—¿Ah, sí? ¡Perdóname por no ser tan hábil como tú al fingir!— replicó el joven, todavía tirado en el suelo, doliéndose de la manera tan violenta en la que cayó —¡Pero aunque la mona se vista de seda, mona se queda! ¡Ahora ya recuerdo porqué no se te puede tratar como a una persona! ¡Y eso es porque no eres una muchacha, sino una maldita bruja, perra sarnosa!

—¡¿Qué dijiste, pedazo de mierda?!— exclamó enfurecida en niveles insospechados —¡¿Cómo te atreves a hablarme de esa manera, grandísimo idiota?! ¡Toma eso!— terminó dándole un soberano puntapié en el abdomen.

El muchacho ya no contestó. Solamente pensó: “Oh, no. Aquí viene lo que quedaba del tepanyaki. La que se me va a armar.”

Y dicho y hecho. Apenas había terminado de formular ese pensamiento y en el acto el precioso vestido de Langley se vio arruinado por una gran mancha de camarones y arroz a medio digerir.

¡¡¡AHHHHHHHHHHHH!!!

Asuka gruñó, pataleó y sacó a relucir una amplia gama de gestos amenazantes, para finalmente perseguir al muchacho por toda la cubierta, el cual, al adivinar las intenciones de su nueva compañera, la prudencia y su sentido de auto conservación le habían indicado que permanecer en el mismo lugar era peligroso; dando por resultado una agobiante persecución, para burla y alegría de los militares presentes.

Pasada la confusión, y luego de un cambio de atuendo obligado los visitantes reportan su llegada al puente de mando, encontrándose a cargo a un almirante alemán, de baja estatura y amplia talla. Con una mirada seria y amargada, que salía por debajo de sus abundantes cejas, mientras que su amplia y ancha nariz poseía un igualmente abundante mostacho. De entre su gorra de marino, sus plateados y despeinados cabellos salían por entre sus sienes.

Después de examinar la orden que traía Misato consigo, el viejo marino maldijo algo en alemán, y finalmente prorrumpió, obviamente molesto, en inglés:

—Válgame, y yo que creía que era el jefe de tropa scout de estos niños, pero ya veo que me equivoqué— expresó sarcásticamente, refiriéndose a la cantidad de jóvenes que se encontraba presente, poniendo especial atención en Kensuke, quién no dejaba de gritar de júbilo y grabar todo con su cámara, emocionado, ante la vergüenza de sus tres compañeros.

—Gracias por su comprensión, almirante— dijo la mujer, pasando el comentario anterior.

—Oh, no, no, de ninguna manera: muchas gracias por traerme a más niños que cuidar, después de todo este tiempo— y después, mirando de soslayo a Asuka, que también se encontraba presente, continuó —Cómo si no fuera suficiente aguantar a Langley todo el camino desde Alemania...

La muchacha correspondió al comentario sacándole groseramente la lengua al viejo marino, para después darle la espalda. Los hoscos modales del veterano habían propiciado numerosas rencillas entre él y la piloto durante el viaje. Por su parte, Rivera aplaudió la actitud del oficial, riéndose a costillas de la chiquilla.

—¡Ja, ja ja ja! ¡Ay, mi Almirante, que ingenioso es usted!— decía, entre risa y risa, para luego ser callado de súbito por un fuerte pisotón de la alemana.

—Apreciamos mucho su cooperación para el traslado por mar de la Unidad 02— prosiguió la mujer, ignorando por el momento los berridos que Kai hacía, saltando por todo el puente en un pie, pues se estaba sujetando el que la muchacha le había pisado— Aquí están las especificaciones para el suministro de energía de emergencia...

Y deslizó una carpeta repleta que hasta ese momento traía en sus manos.

—¡Ja!— se mofó el Almirante, regresándole de inmediato los papeles, sin siquiera haberlos visto primero —En primer lugar, yo nunca aceptaría una orden para activar a ese muñeco de hojalata en el mar.

—Sólo piense en ello como un respaldo en caso de emergencia, señor— alegó respetuosamente Katsuragi, aunque ya le estaba colmando la paciencia la negativa actitud de aquél oficial.

—¡Es para dichas emergencias que se supone la flota del Atlántico debe estar!— añadió molesto el viejo, dirigiéndose a su Primer Oficial —¿Desde cuando la O.N.U. nos convirtió en una maldita agencia de mensajería?

Aguardó un poco por la respuesta, pues en eso Kensuke pasó por en medio de la conversación grabando todo lo que se encontraba en el puente, saltando y gritando emocionado como niño en dulcería, mientras que el veterano le dirigía una mirada asesina a la capitana Katsuragi.

—Me parece que fue desde que cierta organización fue creada— le respondió con premura el oficial a su lado.

—¡Cuidar de un juguete!— refunfuñó molesto su superior, agitando su espeso bigote de una manera bastante curiosa —¡Qué gran tarea para toda la flota del Atlántico!

—Considerando la importancia del Eva, me parece que la flota es insuficiente— repuso con tranquilidad la mujer —De cualquier modo, hágame el favor de llenar estas formas, si no es mucha molestia para usted.

—Todavía no— se negó rotundamente a hacer lo que se le pedía —Tal cómo la orden de la Tercera División en Alemania lo estipula, tanto como el Eva 02 como su piloto están a cargo de la flota. ¡En ese caso, no voy a hacer nada de lo que usted me pide!

—¿Entonces cuando relevará el mando?

—Luego de anclar en Shin-Yokosuka— contestó con toda calma el Primer Oficial.

—Nos encargaremos de cualquier cosa mientras estemos en el mar— aclaró el Almirante, dándole la espalda a la capitana —Sólo siga las órdenes sin preguntar.

Al final, Katsuragi se resignó a las exigencias del veterano, viéndose imposibilitada para oponérsele, además que no le veía mucho al caso el perder tiempo discutiendo con ese anciano testarudo.

—Está bien, entiendo— suspiró, para después recuperar la compostura —Cómo sea, sólo recuerde que en caso de emergencia la autoridad de NERV rebasa a la suya.

—¡Vaya que es genial!— admitió Suzuhara, embelesado con Misato, aunque no hubiera entendido ni jota de todo lo que hablaron ese vejete y ella todo ese tiempo.

—Hm, a mi me parece que está actuando cómo la Doctora Ritsuko— hizo notar Shinji, al observar detenidamente el comportamiento de su tutora.

—¡Ay, Misato, ahora sí que te la rajaron!— exclamó alegremente Kai frente a ella, refiriéndose a la sumisión de su guardiana ante el almirante de la flota.

—¡Tú, cállate, no te pedí tu opinión!— refunfuñó la mujer, molesta de la burla de la que era objeto, ante la risa entrecortada del muchacho.

Al parecer, éste había logrado captar poderosamente la atención del viejo almirante desde su primera intervención en la discusión, ya que no le había quitado la vista de encima ni un segundo, como extrañado. Lo observaba en silencio, concentrado totalmente en buscar en sus recuerdos el porqué ese chiquillo de tez morena le era tan familiar.

Después de vario rato de deliberación interna, jubiloso encontró la causa de esa sensación, haciendo uso otra vez de la palabra, sólo que en esta ocasión se dirigió al jovenzuelo.

—¡Pero claro!— exclamó, acercándosele para encararlo —Oye, tú: ¿Por casualidad no serás algún pariente del Teniente Coronel Salvador Rivera?

—¿Eh?— pronunció el muchacho, un tanto desconcertado —S-Sí... Salvador Rivera era el nombre de mi abuelo... ¿Acaso usted lo conoció?

—¡Por supuesto!— respondió entusiasmado el hosco marino, al mismo tiempo que lo estrujaba entre sus brazos, en medio de expresiones de alegría —¡Con razón te pareces tanto a él, si eres su nieto! ¡Tu abuelo y yo fuimos dos de los mejores amigos! ¡Ah, viejo loco, si él pudiera verte en estos momentos!

—Vaya, por fin sucedió— murmuró Asuka, un tanto avergonzada por la escena, cruzada de brazos —Al fin a este viejo senil se le perdió el último tornillo que le quedaba...

—Salvador Rivera...— repitió Katsuragi en su lugar, murmurando, con la mirada perdida —Están hablando del padre de...

Ante la sorpresa de todos los que se encontraban en el puente, el veterano oficial volvió a colocar a Rivera en su lugar, mientras que éste recuperaba el aire. Nadie pensaría que aquel duro viejo lobo de mar pudiera ser capaz de tales demostraciones de sentimientos. Ni siquiera sus allegados, que llevaban algo de tiempo conociéndolo, le habían visto antes un gesto de esa naturaleza para con nadie. El viejo adelantó sus gruesos y velludos brazos hacia el niño, depositando las manos amistosamente en sus hombros.

—Conocí a tu abuelo durante una misión de paz de las Naciones Unidas en el Medio Oriente— le reveló, con un timbre de emoción en su voz —Allí fue dónde él salvó mi vida. Nunca pude pagarle con la misma moneda, pero desde entonces mi amistad fue lo único que pude ofrecerle.

—Sí sabía que el abuelo fue en su momento algo célebre, pero de ahí a que..— repuso Rivera, todavía más confundido de aquella extraña casualidad.

—¡Célebre es poco para un hombre de su talla!— lo interrumpió de tajo el Almirante, al recordar viejos tiempos —Fue de los pocos voluntarios de su ejército para integrar una misión de los Cascos Azules... un oficial muy sagaz, astuto a más no poder... es una lástima que haya nacido en ese país sub-desarrollado, fue lo único que le impidió destacar en una carrera militar brillante.

—Que yo sepa— intervino Kai, serio por primera vez —Mi abuelo estaba muy orgulloso de ser mexicano. Todos sus antepasados lo estaban, y por eso lucharon con tanta vehemencia por ese país “sub-desarrollado”. Yo también estoy orgulloso de serlo, aunque sea nada más en parte— aclaró el joven, para después lanzar un hondo suspiro —Aún cuando ya no existan los Estados Unidos Mexicanos.

—Lo sé, lo sé— continuó el viejo oficial —Otra más de sus virtudes, ese amor exacerbado que le tenía a su patria. ¡Ese tipo de fortaleza ya no se ve mucho en estos días! Por un lado, es un alivio que el pobre no pueda ya ver que su amado país fue anexado por esa nación que tanto aborrecía. El pobre se hubiera desecho de la tristeza.

—Me imagino— respondió el chiquillo, mientras pensaba: “Aunque también le hubiera dado el patatús si se llega a enterar que su hijo se casó con una mujer norteamericana, y lo que es más, de Texas”.

—Es una verdadera pena que no lo hayas conocido— reveló el veterano marino, con la mirada perdida en el firmamento —Hubieras podido aprender tantas cosas de él...

—Créame, que a pesar de que cuando yo nací él ya tenía quince años de muerto, he aprendido mucho de él...— aclaró el chico, compartiendo el estado de ánimo de viejo guerrero —Papá siempre me contaba de él, de su sentido del deber, su honor, su responsabilidad...

—Sí, ya lo creo. Fue una auténtica lástima, enterarme de su muerte, y más de las circunstancias en las que ésta se dio. Tu abuelo nunca hubiera sido capaz de dispararle a personas desarmadas, y precisamente ésa fue su perdición, cuando esa chusma iracunda atacó a su unidad; jamás me dolió tanto la pérdida de un amigo, pero me reconforta un poco el saber que siguió los ideales en los que creía hasta la muerte. El principal objetivo de las Fuerzas Armadas como institución debe ser el salvaguardar la soberanía de las naciones y auxiliar a su población; tu abuelo lo sabía bien, y por no traicionar esa máxima murió, aunque al parecer, hoy en día a muchas personas parece no importarles— y mirando de reojo a Misato con cierto halo de reproche, siguió con su monólogo —Quién sabe que horrores podrían fraguarse mientras que la flota del Atlántico está tan ocupada cuidando un juguete. Dios quiera que nuestra ausencia no vaya a ser perjudicial.

En esos momentos, nadie, ni siquiera él mismo, podían imaginarse la certeza de sus aseveraciones. A miles de kilómetros de su posición, cerca del continente derretido de la Antártida, en el Atlántico algo ocurre. Algo insólito, bastante inusual.

No parecía que nada fuera de lo común ocurriría en esas tranquilas aguas, llenas de vida marina. El ecosistema del planeta poco a poco comenzaba a reconstruirse, a sanar sus heridas. Dentro de unos años volvería a su forma original, de no haber sido por una intervención externa.

Pero desgraciadamente, aquello no iba a ser ya posible. Un nuevo desastre se estaba fraguando en las insondables profundidades marinas. El lecho rocoso de las profundidades se agitaba con estruendo, ante la presión que se ejercía debajo de él. Varias columnas de fuego incandescente, aún debajo del agua, comienzan a chisporrotear y a abrirse paso, liberando su furia y varios gases venenosos. Sin soportar más la fuerza que lo obligaba a retroceder, finalmente el lecho se parte en dos y en medio de una colosal explosión libera a dos objetos de dimensiones titánicas, que se apresuran a emerger hacia la superficie. Pronto la alcanzan; impulsados en parte por la fuerza de la explosión que también los había liberado aunque fuera por unos momentos, de la fuerza de gravedad.

Las corrientes marinas se detienen por una fuerza invisible que ejercía sobre ellas, tomando poco a poco un pigmento rojo, ocasionado por las fuertes temperaturas que se desataban allá abajo, a medida que esas cosas se iban acercando. Las ondas de expansión alcanzaban kilómetros y kilómetros, mientras todas las aguas se revolvían unas contra otras con estrépito, para que entonces emergieran de las profundidades aquellas dos enormes moles, retando al brillante sol eclipsándole aunque fuera por unos segundos, para después volver a caer entre las turbias aguas del agitado Atlántico.

Al cabo de un rato, es posible distinguir un aterrador rastro de cadáveres de peces y otras formas de vida marina, que flotaban inertes sobre las olas del corrompido océano, dirigiéndose en posición opuesta a la flota, es decir, hacia el Océano Índico.

Un terrible horror más estaba por desatarse en el mundo entero.

Ignorantes todos ellos de aquél suceso, una voz familiar para Misato se escucha a lo lejos. Hacía años que no escuchaba aquella garganta y hubiera preferido no volver a hacerlo, pero en cuanto lo hizo, sólo pudo quedarse petrificada en su lugar, totalmente sorprendida y molesta a la vez.

— ¡Eh, Katsuragi! — repitió aquella voz, en japonés. — ¿Qué andas haciendo por estos rumbos?

Los ojos de la chiquilla alemana se abren de par en par, mientras sus pupilas se ensanchan y una enorme sonrisa se dibuja en su rostro, para de inmediato pronunciar emocionada y alegre el nombre de aquel sujeto: — ¡¡Kaji!!!

— ¡Hey, amiguito!— saluda el sujeto al muchacho, cuando lo tiene a su lado —¿Cómo has estado?— pregunta mientras acaricia los castaños cabellos del joven.

— Bien, cómo siempre— responde sonriendo Kai— ¿Y cómo estás tú, amigo Kaji?

—Tampoco me quejo...

—¡Señor Kaji, no recuerdo haberlo invitado a mi puente!— aseveró el Almirante, molesto de igual forma por la intromisión del recién llegado.

—Lamento mucho mi intrusión, señor— se disculpó el sujeto alzando una mano y guiñándole un ojo, con la jovencita colgándole de un brazo —Pero en cuanto escuché esa dulce voz, de inmediato supe que se trataba de la capitana Katsuragi y tuve que venir a saludarla...

Como respuesta lo que obtiene es una mirada asesina de parte de la mujer, mientras le daba la espalda con mucha prisa e indignación.

—En ese caso, y si me disculpa, Almirante, lo dejo continuar con su trabajo— dijo al mismo tiempo que tomaba por el brazo a Rivera para arrastrarlo lejos de allí —Haga su mejor esfuerzo para transportar todo entero y a salvo a Shin-Yokosuka.

Y sin más salió de cuarto, seguida por Shinji y sus invitados, y después por Kaji y Asuka, dejando solos a la tripulación del puente con sus labores.

—¡Mierda!— farfulló el viejo marino, viendo a sus indeseables huéspedes partir —¿Y se supone que el destino del mundo entero está a cargo de esos mocosos?

—Los tiempos cambian— asintió su subordinado, inclinando la cabeza —Escuché que la Junta de Naciones ya les aprobó un aumento en su presupuesto. Han puesto todas sus esperanzas en ese robot.

—¡¿Ese juguete?!— reclamó iracundo el viejo lobo de mar, alzando los brazos —¡Imbéciles! Si tienen dinero para esas idioteces, entonces también deberían pagarnos más...

—¿Sabe, Almirante?— asomó Kai su cara desde la puerta —Creo que tiene todo la razón, y yo podría hacer que...— en el acto fue interrumpido por Misato, quien asiéndole de una oreja lo obligó a retirarse, ante los quejidos entrecortados del muchacho.

—Ni hablar— sentenció el almirante, mirando atónito el vacío umbral a su puente.

Aquel hombre de unos treinta años de edad cuya presencia tanto molestaba a la capitana Katsuragi era Ryoji Kaji, enlace entre NERV y la ONU, oficialmente, sin embargo su verdadera función era la de fungir como una clase de espía de NERV en las Naciones Unidas, además de realizar de vez en cuando algunos “encargos”. Podría decirse que era la contraparte del cargo que desempeñaba Kai.

En esos momentos vestía una arrugada camisa azul, con una desajustada corbata, obviamente por el calor de aquella zona; un pantalón de vestir negro y unos zapatos del mismo color. Tenía una barba de tres días y una cola de caballo acomodaba su peinado.

El pequeño elevador que los estaba llevando hacia el comedor de la nave de guerra era, evidentemente, insuficiente para la cantidad de personas que estaban en ese momento allí. Apretujados unos contra otros, se las ingeniaron para acomodarse y así lograr que todos cupieran en el reducido espacio.

“Mejor hubiera tomado las escaleras” pensaba Toji de cara a la pared del ascensor, un tanto incómodo de la situación.

—¿Y qué se supone que estás haciendo aquí?— preguntó Misato con hastío, aplastada contra una de las paredes, ante la inquisidora mirada de Ryoji.

—Estoy acompañando a Asuka desde Alemania, qué más...— contestó dificultosamente el sujeto —Además, de todos modos tenía que ir a Japón por cuestiones de negocios, tú sabes...

—Sí, ya me imagino qué clase de negocios— repuso la mujer, sabedora de antemano de la clase de cargo que desempeñaba su conocido —Me estoy volviendo descuidada— se lamentó, suspirando y agachando la cabeza ligeramente —Debí haber previsto que algo así sucedería... no sé porque no lo hice...

De improviso, al mismo tiempo Langley y Katsuragi reclaman al unísono, con cara de muy pocos amigos:

—¡Óyeme, desgraciado, no me toques!

Y de la misma manera, haciendo gala de una impecable e involuntaria coordinación, Kaji y Rivera responden a la vez:

—¡No puedo evitarlo!

En cuanto se abrió la puerta, haciendo que Suzuhara por poco y se estampara de cara contra el piso, pareció como una bendición el poder respirar aire fresco de nuevo, y nadie se tardó para salir de aquél espacio tan reducido.

Kai y Shinji se habían quedado en la parte de atrás de la excursión, y mientras los demás se apresuraban a llegar al comedor, ellos caminaban tranquilamente.

— Kai— dijo Shinji, interrumpiendo el breve silencio que se había desatado— ¿Quién es ese tipo? ¿ Y porqué Misato está tan molesta?

— Su nombre es Ryoji Kaji— respondió Kai, sin salir de su pose desinteresada— Él, junto con la doctora Akagi, fue compañero de Misato en la universidad. Y además de eso, él y Misato fueron algo más— pronunció aquello al mismo tiempo que juntaba sus labios y hacía ruidos con ellos, imitando el sonido de un beso.

— Ah, ya comprendo— dijo sagazmente su compañero, mientras el silencio se volvió a imponer hasta que llegaron al comedor de la nave.

Cuando por fin llegaron al comedor no hubo gran problema para poder acomodarse, ya que aquel salón era algo grande para poder albergar a toda la tripulación del barco, por lo que había mesas distribuidas a lo largo de todo el lugar. Hasta tenían mucho espacio de sobra, a diferencia del pequeño elevador en el que habían bajado. Las ventanillas dejaban colar la luz de afuera, por lo que el cuarto estaba muy bien iluminado en esos momentos.

Los demás ya se habían servido e instalado cómodamente en una de las mesas, y al llegar los faltantes, tuvieron que apretujarse los unos a los otros para que se pudieran instalar. En cuanto se hubieron sentado todos, la conversación continuó.

—¿No piensas comer algo, Kai?— preguntó Katsuragi al notar que su muchacho no se había servido nada ni llevaba una charola consigo, a diferencia de Ikari que se había servido unas albóndigas —¿Todavía te sientes mal?

—Eh... no... no, lo que pasa es que no tengo mucho apetito que digamos en estos momentos— contestó evasivamente el joven —Me parece que mejor me espero a llegar a tierra para comer algo...

—Muy bien— respondió Asuka, dándole una mordida a su sándwich de atún —Así tal vez pueda llegar a Japón con este vestido limpio.

—No me presiones, muchachita, ó no podré responder de mis actos...— amenazó Rivera con volver a ensuciarla, ante aquella burla.

Lo cierto era que el chiquillo no se sentía muy bien y ese malestar había empezado y aumentado a medida que se habían acercado al barco donde despegarían. Sentía como una especie de mareo, de bochorno, una sensación bastante sofocante a bordo del barco.

Y parecía que, aunque pareciera algo raro, todo indicaba que la presencia de Ryoji agravaba su situación, pues la molestia se había intensificado desde que él llegó. ¿A qué se debería aquél extraño fenómeno?

“Que cosa tan rara, tan curiosa” reflexionaba Kai, sintiéndose cada vez más débil “No, no, debe ser sólo mi imaginación. No hay nada de malo con Kaji, sino con esos malditos camarones echados a perder que ese cretino me puso en mi comida” Sí, eso debería ser, trataba de convencerse mientras hacia acopio de fuerzas para mantenerse indemne.

—Y dime...— se dirigió el susodicho a Katsuragi, jugueteando con una cuchara —¿Estás saliendo en estos momentos con alguien?

—No creo que eso sea de tu incumbencia— repuso serenamente la militar, sorbeando su bebida.

—No, no está saliendo con nadie— agregó Rivera, intentando sobreponerse —Pero un fulano, Makoto Hyoga, le ha estado haciendo ojitos de borrego desde hace un buen rato...

—¡¿Hyoga?!— exclamó sorprendida Misato, dejando de comer —¡¿Hyoga?! ¿Quieres decir nuestro Hyoga? ¿Ese mismo Hyoga?

“¿Quién demonios es ese tal Hyoga?” pensaron al mismo tiempo Toji y Kensuke, sumamente enfadados.

—Ay, ni te hagas que la Virgen te habla— respondió el muchacho, cruzándose de brazos —Ya todo mundo en el cuartel sabe que lo traes suspirando al pobre tipo...

—Misato nunca ha sido muy perceptiva que digamos— añadió Ryoji, en tono burlón, apoyando la barbilla entre las manos.

—¡Es que ella es tan bonita, que no puede contar a tantos admiradores que tiene por todas partes!— salió a su defensa Kai, agazapándosele del brazo y dándole un afectuoso beso en la mejilla.

— Así que Kai... — pronunció muy seriamente Kaji —Entiendo que sigues viviendo con Misato, ¿No es así?

— Así es, estimado colega.

— Y dime... ¿sigue sin dejar de dar vueltas en la cama?

El último comentario explotó como una detonación nuclear entre el auditorio, dejando a todos atónitos en su lugar y enrojeciendo de vergüenza a cada instante, sobre todo Katsuragi; nadie se esperaba aquella atrevida interrogante, inclusive el cuestionado, quien aunque seguía calmado, no pudo evitar extrañarse ante la inusual pregunta, volteando los ojos al cielo, y apoyando su barbilla en la mano, como si estuviera reflexionando. Mantuvo esa pose algunos momentos, hasta que finalmente respondió:

—Uy, ni te imaginas, camarada. Una vez me tocó dormir con ella cuando nomás nos dieron una sola habitación en un hotel de por allá en Europa y parecía un torbellino; me dejó sin nada de cobija, además de que tuve que aguantar sus incesantes manotazos y patadas por toda la noche. Aquello parecía más un ring que una cama. Pero todo eso tú ya lo sabías ¿o no?— preguntó maliciosamente el chiquillo.

Misato, en el momento de oír aquella respuesta, dejó su aparente inmovilidad, y con su cara hecha una máscara de ira, al contraste de sus mejillas que adquirieron un acalorado color carmesí, arremetió contra su protegido, hundiendo su puño en el cráneo del niño, adquiriendo con esto su rostro una expresión por demás graciosa.

— ¡Tarado, no tienes porqué andar contando nuestras intimidades a todo mundo! — rugió la mujer luego de haber administrado el justo castigo, mientras el regañado tocaba con sus dedos su cabeza, lanzando un lastimero quejido —¡Y tú!— se dirigió a Kaji, amenazándolo con el dedo índice —¡¿Cómo te atreves a insinuar algo así, y aún más, delante de los niños?! ¡Sigues siendo un desvergonzado!

Esa situación tan chusca no pudo más que sacar una enorme sonrisa en el rostro de los presentes, mientras la militar seguía con su sesión de regaños e insultos, sin advertir el divertido efecto que causaba en los demás.

—Y dime, Shinji Ikari— pronunció Kaji, una vez que los ánimos se hubieran calmado un poco —¿Qué tal ha sido vivir con un par de personajes cómo éstos?

—Algo interesante, me supongo— contestó Shinji, acabando con lo que había en su plato —¿Pero cómo sabe mi nombre?

—No es muy raro que yo sepa tu nombre, joven Ikari— repuso el sujeto —En mi círculo, tú y el amigo Kai gozan de cierta fama. Todos hablan de ustedes dos, del Segundo y Cuarto Niño que lograron pilotar Eva sin ningún entrenamiento previo. Algo sorprendente, si me permiten agregar...

Al escuchar aquellas palabras, y todavía más cuando venían de Ryoji, la joven alemana, desde su lugar, no pudo evitar lanzarles una mirada asesina a los dos muchachos, molesta de que ese par de imbéciles se estuvieran llevando todo el crédito y el reconocimiento de las personas.

—No fue la gran cosa— contestó por su parte Ikari, algo apenado —Tuve algo de suerte...

“No lo niego” pensó para sí Rivera, entornando la mirada.

—Qué modesto eres. La suerte también es una cualidad— prosiguió el sujeto —Es parte de tu destino, del talento innato que posees...— luego, se puso de pie, acompañado por la chiquilla, y terminó despidiéndose —Piensa en eso, ¿quieres? Nos veremos después— acabó, alzando una mano mientras le daba la espalda al grupo.

—Esto tiene que ser una broma pesada— se lamentó Misato, escondiendo el rostro entre las manos —No, más bien es cómo una pesadilla...

Después del pequeño y breve almuerzo, todos se dispersaron en diferentes direcciones, y mientras Kensuke seguía filmando los alrededores sin darse cuenta de las molestias que en ocasiones causaba, Toji acompañaba a Misato a donde quiera que ésta fuera, Kai y Shinji salieron a conocer un poco más las instalaciones del lugar y mientras que por su parte Kaji y Asuka respiraban la suave brisa del océano en cubierta.

—Dime Asuka— dijo Kaji, mientras su compañera se divertía en balancearse en el barandal del mirador— ¿Qué tal te parecieron tus compañeros pilotos?

—¿El flaco y el grosero? — preguntó a su vez Asuka, para después responderse —Los dos no son más que un par de idiotas... Estoy algo decepcionada, si es a lo que te refieres. Esperaba algo más de los famosos Segundo y Cuarto Niño.

—Pero con todo— continuó el sujeto, prendiendo un cigarrillo a hurtadillas —ambos excedieron el 95 por ciento de nivel de sincronización la primera vez que subieron a sus Evas, sin ninguna clase de entrenamiento previo; ¿no te parece algo sorprendente?

—Mein Gott!— contestó la chiquilla, estupefacta —¿Superaron el 95%? ¡Eso es imposible!

Cuando subían la escalera que los llevaría a cubierta (habían decidido no usar ya el ascensor), una vez terminado su tour por el inmenso barco ,Shinji observaba atento cómo Kai se quejaba del golpe recibido en su cabeza, no pudiendo contener una sonrisa que se dibujó en su rostro.

—Te juro que casi me desacomoda todas las neuronas... qué tosca es...— seguía diciendo su compañero, tentándose la zona del impacto para percatarse si se le había hecho alguna contusión u otra lesión.

Aún persistía su malestar, no obstante que había disminuido considerablemente desde que se había alejado del ex – amante de su tutora. Pero de todas maneras, la molestia continuaba. ¿Qué diantres tenía ese endemoniado barco que lo hacía sentirse tan débil?

En ese momento Asuka entró en la escena, interrumpiendo los quejidos de Kai.

— Ey, niños... ustedes dos vendrán conmigo— pronunció mientras una viva determinación ilumino su rostro y estremeció a los otros dos.

Asuka era la Tercer Niño elegida por el Instituto Marduk, organización encargada supuestamente de monitorear todo el globo en busca de nuevos pilotos Evangelion. Hasta esos momentos, sólo cuatro jóvenes habían sido los elegidos. Langley estaba encargada de pilotear la Unidad 02, el Modelo de Producción Eva, por lo que viajaba junto con ella a tierras niponas, donde extrañamente, convergían todos los ángeles que hasta ese momento habían aparecido.

Los niños dieron un largo paseo por todo el barco, hasta que llegaron a la sección de carga, donde una lona amarilla la cubría en su totalidad; la niña introdujo al espacio cubierto a sus acompañantes, sin disimular una pequeña sonrisa de satisfacción y de orgullo que adornaba su encantador rostro. Con gran placer para ella, develó a los muchachos la Unidad 02 que en ese momento viajaba en el barco, esperando poder impresionarlos.

—Vaya, el Eva 02 es rojo...— murmuró Shinji, observando detenidamente al robot, por lo menos la parte que se alcanzaba a distinguir —No sabía eso.

—Y ésa no es la única diferencia, muchachito— contestó la joven alemana, mirándolo con el rabillo del ojo.

—Después de todo, las Unidades 01 y 00 no son más que prototipos, ó modelos de prueba en el departamento de proceso— pronunció mientras subía por la enorme pierna del robot, que en esos momentos se encontraba recostado boca arriba en una posición horizontal, y continuó —Prueba de ello es que cretinos como ustedes puedan sincronizarse con ellas tan fácilmente. Sin embargo, la Unidad 02 sí que es un verdadero Evangelion; esto que están viendo ante sus ojos es el modelo definitivo, el más innovador, dicho en otras palabras, el más perfecto.

Pronunciando perfecto con un fuerte énfasis en la palabra, buscando despertar la envidia de sus condiscípulos, ver aquella humillación que se produciría en ellos al darse cuenta que estaban frente a su superior, que ya eran anticuados y obsoletos.

Sin embargo, y pese a todos sus esfuerzos, Asuka no pudo conseguir el resultado deseado. Shinji miraba con curiosidad aquel artefacto, pero sin llegar al asombro que ella esperaba, mientras Kai lo veía con cierta indiferencia y daba vueltas alrededor, hasta que dijo, rompiendo su mudez espontánea, dándole una ligera patada a la armadura del artefacto, cómo para tantear su integridad:

—Ciertamente, es un modelo práctico y compacto, es por eso que es el modelo de producción; pero hay que aclarar que los modelos de producción no siempre son los mejores, sino los menos costosos de hacer, es por eso que son de producción, por que no son tan complicados como sus antecesores, en este caso específico.

Asuka frunció el ceño frente a aquel discurso mercadotécnico, y sonrió para sí misma al darse cuenta de que al fin había podido encontrar un rival para poder discutir, cómo le encantaba hacerlo. Cerró los ojos por unos instantes y respiró profundo, ante el desconcierto de sus dos compañeros y luego de unos cuantos momentos irrumpió entre risas y escándalo:

— ¡Ja! ¡Lo sabía! ¡ No ibas a quedarte contento al saber que yo iba a ser el piloto de ésta máquina tan perfecta, así que tenías que pronunciar tus reclamos sin fundamento!

Kai no pudo hacer más que extrañarse ante aquella reacción tan poco particular.

—¡Claro, no pudiste soportar el que YO, una mujer te desplazara de tu posición privilegiada, y recurriste a tu sucia lengua para poder poner en duda mi fe hacia mí misma! — sin querer, Asuka representaba su propia situación, y siguió— ¡ Eres despreciable, Katsuragi! ¡ Tus engaños no funcionaron, así que búscate a otro tonto que embaucar, por que conmigo nomás no funciona!

— Pero eso no era lo que yo...— intentó defenderse Kai, ante la repentina arremetida.

Asuka hubiera podido seguir con sus reclamos, más la inesperada señal de alarma que se pudo escuchar en toda la flota la interrumpió.

Durante su pequeña charla, en el sonar del barco apareció un objeto demasiado grande para ser una ballena, incluso un submarino nuclear, e iba a toda velocidad a arremeter en contra de ellos.

Primero fue un ligero levantamiento, luego un roce con el casco del barco vecino y segundos después la enorme nave era engullida por el mar. Fue cuando sonó la alarma.

Shinji fue el primero en asomarse fuera de la lona para averiguar que sucedía, seguido por los otros dos niños, una vez que los tres estaban fuera, fue cuando pudieron observar aquella cosa arremeter contra la pequeña flota de barcos que había sobre ella.

—¿Qué es lo que está pasando?— preguntó Ikari, desconcertado, observando un montón de agua salir de la superficie.

—Onda de choque— contestó Kai, aguzando su vista.

—Algo explotó por allá...— complementó la chiquilla, imitando a sus dos acompañantes.

En eso, una extraña criatura gigantesca emerge de las profundidades marinas, saltando a la superficie por unos momentos para que sus presas pudieran identificarlo y al instante regresar bajo del agua.

—¿Qué fue todo eso?— exclamó Rivera, sorprendido del tamaño de esa cosa.

—¿Crees que se trate de un Ángel?— dijo a su vez Shinji.

—¿Un Ángel? Quieres decir: ¿Uno de verdad?— pronunció Asuka sin ocultar ese tono de emoción que apareció en su joven garganta, entonces pudo ver en aquella criatura una oportunidad de demostrar sus habilidades, para después sujetar férreamente a Shinji y llevarlo consigo a un punto determinado del barco.

— ¿Un Ángel?— preguntó a su vez Kai, más sorprendido que sus otros dos congéneres.

A lo largo de los últimos meses, Kai había desarrollado sin intención, una especie de alarma interna para los ángeles, horas antes que aparecieran. Sabía distinguir muy bien cómo el ambiente se llenaba de aquella energía de destrucción, cómo las plantas se apretaban contra el suelo que las sostenía, cómo los pájaros huían en bandadas, en fin, detalles a los que nadie presta atención casi todo el tiempo, pero no por eso son insignificantes.

Aún cuando lo tenía enfrente y a la vista, de todos modos no podía sentir aquel escalofrío que recorría su cuerpo cada vez que se enfrentaba a aquellos monstruos, esa energía de muerte que siempre infectaba el aire adónde quiera que iban los gigantes.

No podía sentirlo, simplemente no estaban presentes esos detalles que había observado en sus encuentros con aquellos monstruos.

¿Sería que su percepción no era la misma en la tierra que en el mar? ¿O es que acaso eso que estaba enfrente de él no era un ángel? ¿Ó era que aquella maldita molestia afectaba a su aparente percepción? No entendía muy bien qué era lo que le pasaba en esos momentos y el joven en su desesperación sólo atino a sujetarse su cabeza sintiendo que le iba a reventar, cuando de pronto siente un jalón en el brazo.

— ¡Oye, menso! ¿Qué estás esperando, imbécil? ¡Ven!— dijo Asuka mientras tiraba de su brazo y lo llevaba consigo, de la misma manera que lo había hecho con Shinji.

En esos momentos el muchacho estaba tan confundido que no pudo menos que dejarse llevar por aquella hermosa criatura.

Mientras los tres se enfilaban, en el puente de la nave insignia había cierta conmoción al verse atacados por un enemigo desconocido. La tripulación sólo contemplaba impasible cuando una de sus naves era atacada por la criatura, sin que la artillería convencional pudiera hacerle la gran cosa.

—A toda la flota, vigilen su distancia con las otras naves y eviten cualquier movimiento hasta nueva orden...

—¡Reporte de la situación!— exige de inmediato el Primer Oficial, imponiéndose al tumulto.

—Sumergiéndose— contestaba un operador a la par que lanzaban un torpedo, que fue a explotar unos doscientos metros después de su lanzamiento —Titus Andronicus no puede confirmar el blanco...

—¡Maldita sea!— ruge el viejo almirante, dándole un fuerte golpe a una de las consolas, impotente ante las circunstancias —¿Qué está pasando?

Y por si su desesperación no fuera suficiente, para completar el cuadro justo en ese momento Misato hace su llegada triunfal al puente, recargándose confiadamente en el marco de la escotilla sólo para aumentar la frustración del veterano.

—¡Hola, entrega inmediata de parte de NERV!— pronunció la mujer, emulando a un repartidor de comestibles, con una gran sonrisa dibujada en los labios —¿Alguien pidió estatutos de emergencia y tácticas de contraofensiva en contra del enemigo invisible?

—¡En batalla sólo se permite personal autorizado!— refunfuñó el vejete, tratando de defenderse de las acometidas de Katsuragi.

—Echando mano a mi experiencia, yo más bien diría que se trata de un ataque de Ángel.

—¡Todas las naves, fuego a discreción!— la ignoró rotundamente el almirante, tomando violentamente la radio entre sus manos para dirigirse a su flota.

—Será inútil— vaticinó la militar japonesa, cruzándose de brazos al tiempo que observaba por la ventana a los acorazados abriendo fuego.

Asuka entró a su camarote por una pequeña valija, la cual sacó de su habitación rápidamente; en el corredor, sacó de la mochila lo que había ido a buscar : un traje de piloto Eva. En el acto, empezó a desnudarse para ponérselo, no sin antes dejar a sus dos compañeros fuera de la vista, a un lado del pasillo que cruzaba a su estribo izquierdo, ocultando el mismo cuarto a las intimidades de la niña.

Shinji, en ocasiones no tan vivo cómo sus semejantes, se desconcertó ante aquella situación, y movido por la curiosidad, quiso echar una ojeada a lo que estaba haciendo la muchacha. En cuanto asomó su cabeza del muro, un grito de reclamo se oyó, y Shinji, con su cara envuelta en rojo, volvió a su lugar anterior.

La niña ya se había puesto el traje, y oprimiendo el dispositivo en su muñeca, el aire en su interior fue desalojado, y la tela inteligente del traje se ajustó a su vistoso cuerpo.

Cada traje era distintivo de su piloto, por lo que no existía uniformidad, por lo menos en el color. El de Rei era de un color blanco, mientras que Kai ocupaba uno verde a la par que Shinji vestía uno azul. El traje de Asuka era rojo, al igual que la unidad 02.

Ya vestida, la niña salió de su escondite y se dirigió hacia los muchachos, arrojándoles una prenda a cada uno, que recogieron en el aire los dos.

— ¡Pónganse eso, rápido, que ustedes dos vendrán conmigo!— rugió la muchacha.

Shinji mira aquel trapo en sus manos y al mismo tiempo se da cuenta de lo que es.

—Pero es que... esto es... para...— balbuceaba, indeciso si obedecer ó no.

—¡No discutas, y haz lo que te digo!— sentenció Asuka, enojada por los retrasos.

Shinji entrecruzaba las piernas, al mismo tiempo que su cara adquiría un rojo vivo y Asuka lo impelía a apresurarse. Los niños iban vestidos con el mismo traje que la jovencita, y obviamente, aquellas vestiduras eran para un portador femenino. Nuevamente habían regresado a donde estaba la Unidad 02, incluso ya Langley trepaba por la pierna del robot gigante para alcanzar la cabina.

La cara de Shinji se tornaba cada vez más y más roja, mientras que Kai, por el contrario, se expresaba en términos de modisto.

—No sé— decía, mientras se observaba a sí mismo— el rojo no es mi color, en definitiva... mira, no combina con el color de mis cabellos o el de mis ojos— pronunciaba mientras se daba una vuelta sobre su eje.

Shinji y Asuka lo miraron desconcertados, con una expresión de sorpresa que los dejó boq