| Por: Gus
Capítulo 1: Cuando los ángeles atacan
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Un ángel, que también llevaba
una hoz afilada, salió entonces del santuario
celeste, al mismo tiempo que del altar salió
otro, el encargado del fuego. Este gritó al
que llevaba la hoz afilada: Lanza tu afilada hoz y
cosecha los racimos en la viña de la Tierra,
porque ya están maduros.
Apocalipsis 14(17-20)
2015 D.C.
La Tierra está en ruinas. Todas las grandes
ciudades, con sus rascacielos intentando tocar a Dios,
sus casas, sus autos... su gente... han sido arrasados
y borrados del panorama.
Todas las selvas, desiertos, bosques y océanos
han sido semidestruidos; la Antártica se ha
derretido casi en su totalidad, dejando a casi el
planeta entero en las aguas.
Las creaciones del hombre, de las que tanto se enorgullecía
y a las que tanto enaltecía han desaparecido;
y con ellas más de la mitad de la población
mundial.
Cuando el hombre se mofaba de haber encontrado la
religión del universo, la ciencia, y tenía
a un nuevo dios todo poderoso, la llamada tecnología,
por la cual el hombre era capaz de pelear a morir
con sus hermanos en sangrientas guerras por la supremacía
del planeta, padres contra hijos, hermanos contra
hermanos y hombres contra hombres; cuando mataba a
su prójimo y se burlaba con sus actos de lo
eterno, un juicio cayó sobre él, con
todo el peso de la justicia Divina. Un castigo que
debería caer desde lo más recóndito
del cielo. El 21 de agosto del año 2000, a
punto de cumplir la era cristiana los siete meses
de celebrar sus dos milenios de historia (en realidad,
según estudios han revelado, en las cuentas
de los años y de los siglos, había un
error, con un margen de cuatro a siete años.
Tomando esto en cuenta, la era moderna ya había
cumplido dos mil años desde hace tiempo) algo
grande cayó en la Antártida. Según
las crónicas, ese día, al mediodía
aproximadamente, un meteorito de unos 13 kilómetros
de diámetro se había impactado contra
el continente de hielo. La colisión hizo que
la temperatura aumentara y que las grandes capas de
hielo comenzaran a evaporarse en cuestión de
minutos, cubriendo la espesa niebla resultante al
planeta. El polo sur fue derretido casi en toda su
totalidad. Por si no fuera suficiente, el planeta
salió momentáneamente de su eje, causando
grandes desastres naturales de todos los tipos alrededor
del globo, además de afectar considerablemente
los campos electromagnéticos de la Tierra,
destrozando varios artefactos y vías de comunicación
que dependían en gran parte de ellos. A ciegas,
e incomunicados, los hombres enfrentaban su destino
con pánico y desesperación, creyendo
que su fin había llegado, cuando no era más
que un recordatorio. Después de dos años
de caos e indecisión, las cifras habían
arrojado, con pesar, que más de dos terceras
partes de la población mundial habían
perecido.
Y aún así no había bastado.
Cómo cucarachas en una vieja construcción,
el odio continuó morando los corazones de la
humanidad restantes. Se hicieron planes, conspiraciones
y toda clase de crímenes: asesinatos, extorsiones,
genocidio, chantajes y defraudaciones, todo en busca
del poder, de eso y del resentimiento que existía
contra el extraño enemigo causante de la tragedia,
un enemigo que seguía buscando hacer llegar
su mensaje a los seres humanos.
De las cenizas del antiguo mundo, surgió una
sociedad a imagen y semejanza de la anterior. Se reconstruyeron
algunas ciudades, se buscó hacer la vida de
los sobrevivientes un poco más cómoda,
y se hizo el intento de ignorar todo lo que había
pasado, y empezar nuevamente desde cero. Pero todos
sabían que no era así; cada quien, desde
el pequeño al anciano, sentían, ó
mejor dicho, sabían que eso apenas había
sido el comienzo, un principio.
El principio del Apocalipsis.
En las ruinas de lo que fuera Yokohama, una de las
grandes ciudades costeras del Japón, capital
de la provincia de Kanagawa; con una población
aproximada de dos millones de habitantes. Se hallaba
situada en la costa sudoriental de la isla Honshu,
en la bahía de Tokio, a pocos kilómetros
de la capital del país, de cuya área
urbana formaba parte. Su proximidad con Tokio, unido
a su situación que la convertía en receptora
de los productos procedentes de las comarcas agrícolas
interiores, la habían convertido en el puerto
de Tokio y el segundo en el país, después
de Kobe. Ahora está sepultada en el mar azul,
engullida completamente por las aguas vengadoras...
en este lugar se recuerda a cada momento la gran tragedia
humana conocida como El segundo Impacto,
conocido así la catástrofe antes relatada,
bautizada de ese modo al suponer que El primer
Impacto fue el que ocasionó la extinción
de los dinosaurios, teoría ya expuesta y apoyada
antes de la hecatombe. En las profundidades de estas
ruinas sumergidas en el océano, abriéndose
paso sigilosamente entre las corrientes de agua, una
enorme silueta surca deprisa las inundadas ruinas.
Los salmones, y los delfines, nadan despreocupadamente
junto a esa cosa. Después de todo, no era a
ellos a quienes había venido a buscar. El ser
los acoge cálidamente, en el idioma que sólo
las buenas criaturas entienden: el amor.
A lo largo de toda la carretera que cubre el perímetro
de la costa se encuentran estacionados, en fila y
listos para atacar, varios tanques cubriendo todo
el camino que tiene vista hacia el mar. Y también
en el océano se encuentran numerosos acorazados
y portaaviones. El cielo se encuentra tapizado de
aviones caza y de helicópteros, semejando un
enjambre de abejas zumbando furiosas y listas para
atacar al enemigo invasor; todos los intentos de la
humanidad para defenderse de este oscuro y desconocido
enemigo están reunidos, apretujándose
unos a otros. Entre los hombres que tripulan estas
formidables naves de destrucción hay mucha
tensión; saben que este misterioso e imponente
ser viene a destruir todo lo que encuentre a su paso,
y que no tienen siquiera una oportunidad para derrotarlo,
mejor dicho, van a una misión suicida... Ninguno
de ellos sabe cómo es, ó cual será
su nombre y sus intenciones; empero, lo conocen en
el fondo de sus corazones, dónde habitaba originalmente,
antes de que lo expulsaran. Quizá era aquello
lo que daba más temor entre las filas. Mas
estos hombres templados en acero, defensores de la
humanidad, (según ellos) saben perfectamente
que deben hacer todo lo humanamente posible para defender
a sus familias y a toda su especie completa de este
extraño enemigo. Algunos no volverán,
y a otros esta experiencia sobrenatural los dejaría
marcados el resto de su vida; de seguro la historia
engrandecería aquella fecha, eso, si se aseguraba
que habría más historia que contar.
Inconscientemente, cómo cada uno de sus compañeros,
Kenichi Otomo, artillero de uno de los 35 aviones
caza del gobierno japonés, junto con otros
20 aportados por las Naciones Unidas que sobrevolaban
el área, lo sabía perfectamente, aunque
no pudiera comprenderlo por el momento. Empujándolo
de nuevo al sótano de su mente, se concentra
más en la canción que intenta tocar
con su tosca voz, y su pésimo dominio del lenguaje
inglés.
Born, in the U.S.A, born, in the U.S.A!!
repetía incesantemente, una débil parodia
de una canción norteamericana.
¡Cállate ya el hocico, baboso!
reclamó su compañero, mientras fijaba
la vista en el radar y en su ruta aérea.
No me dejas concentrar...
¡Bah! rehuyó ¿Y
qué? No estamos haciendo nada importante...
¿Ah, no? Entonces explícame
el porqué estamos tanto cabrón aquí.
Te apuesto una comida a que es otro pinche
simulacro... eso es lo único que hacemos aquí,
simulacros. Los viejos la tenían fácil,
bombardeando territorios ajenos para desalojarlos
y habitarlos... y ahora, a nosotros nos toca hacer
los simulacros, y salir en los desfiles...
y haciendo una pequeña pausa, continuó
su discurso ...pero cuando me transfieran a
América...
Ya vas con eso otra vez sonrió
su compañero.
¡Es la verdad! Por lo menos en esa división
pasan cosas interesantes, no sólo simulacros.
suspirando, volteó hacia uno de los aviones
compañeros, y repitió aquí
nunca pasa... nada.
Una aparición había interrumpido sus
constantes quejas, dejándolo boquiabierto y
sin saber que hacer ante esa... esa cosa. Su compañero,
extrañado por su repentino silencio, volteó
de reojo hacia un lado, para quedarse con la misma
expresión que la de su amigo.
Dios... balbuceó, atónito,
como todo el que pudo ver a eso.
La estación del tren colindante a las ruinas
de Yokohama, está desierta, sin ningún
alma a la vista... horas antes estaba llena de vida,
esta estación de tren con su pequeña
ciudad rodeándola, con sus hospitales, supermercados,
tiendas departamentales, escuelas y hogares llenos
de gente. Ahora, toda esta gente está escondida
bajo tierra, aterrados y extrañados ante la
extraña situación. Esta gente fue siempre
pacífica y tranquila, por lo que nunca antes
en la historia de esta ciudad costera se habían
visto en la necesidad de evacuar sus hogares y dejarlos
a la deriva y desamparados de la rapiña, con
todos sus recuerdos y tesoros personales abandonados.
El panorama en los albergues era por demás
deprimente: varia gente apiñada y acostada
sobre el frío peso sobre unas poco abrigadoras
mantas. La comida apenas si era distribuida, y la
cólera y la impotencia seguía creciendo,
amenazando con desbordarse de un momento a otro. Ignoraban
la amenaza que se cernía sobre sus vidas, y
la de todo el género humano. Mientras tanto,
en la superficie una voz de alarma se escucha en toda
la ciudad:
Un estado especial de emergencia ha sido declarado;
todos los residentes deben cancelar sus operaciones
y dirigirse a los refugios. Repito: todos los residentes
deben cancelar sus operaciones y dirigirse a los refugios
sonaba constantemente en toda la ciudad, oída
únicamente por dos personas que aún
seguían en la superficie...
Un rugido de motor que está trabajando a
toda su capacidad, un tambaleo de partes automotrices
pegadas con cinta, el rechinar de unas llantas que
resbalan en el asfalto y las maldiciones de una mujer.
El nombre: Misato Katsuragi, una beldad de 29 años
y cabello negro, despampanante, a lo mismo que extraña,
y está realmente furiosa...
¡Maldición! ¿Porqué
tenía que ser esta vez? ¿Porqué
AHORA? reclamaba molesta, como si estuviera
alguien a su lado. hmmmfff- suspiraba
enojada mientras examinaba una foto para estar segura
que reconocería a la persona en el momento
de verla. Esta foto venía con un nombre, junto
con un historial en una carpeta color amarillo, con
un símbolo cómo de trébol sellándolo:
Shinji Ikari.
Lo sentimos, por el estado de emergencia
este teléfono está fuera de servicio
repetía constantemente en la bocina la voz
fría y mecanizada de la máquina.
Este tampoco sirve, todo por aquí está
muerto pronunciaba el chiquillo mientras colgaba
el auricular del teléfono, decepcionado.
Mejor me voy de aquí se decía
a si mismo el muchacho, inseguro...Ahhhh
suspiraba, desesperado, sin saber qué hacer
Ella ya debería estar aquí vociferaba
mientras observaba la foto de la capitán Misato
Katsuragi. Era una mujer bella, de eso no había
duda. Sus largas y sinuosas formas, ese largo y sedoso
cabello negro, sus labios grandes y rojos, bien podían
enamorar a cualquiera. El retrato, tomado al parecer
en una playa, ilustraba a la susodicha con muy poca
ropa, y en una posición bastante sugestiva,
además, digna de un taller mecánico.
La fotografía, que había llegado por
el correo junto con todas sus instrucciones, venía
con un pequeño aviso, escrito con un plumón
indeleble. Estimado Shinji, espérame
en la estación, yo te recogeré. ¡Mira
esto! refiriéndose a la línea
curva de los senos que se alcanzaba a ver en su fotografía,
que cada vez que la veía, enrojecía
de pena.
El nombre del niño era Shinji Ikari, y había
sido llamado para reunirse con su padre, el cual lo
había abandonado diez años atrás.
Desde entonces, vivió un tiempo con sus abuelos
paternos, y al fallecer éstos, había
quedado a cargo de un tío suyo, también
por el lado del padre. Así había transcurrido
casi toda su vida, sin saber exactamente a dónde
pertenecía, cual era su lugar. Sin amorosos
padres, cómo todos los demás niños,
que crecían con una enorme sonrisa en el rostro
y esperanza en el mañana. Hacía apenas
unos tres días que, rompiendo con la monotonía
de su habitual rutina, un sobre con un extraño
símbolo le había llegado, y en él,
todas las instrucciones para que se reuniera con su
padre, aparte de la tan apreciada fotografía.
Con extrañeza, había acudido al llamado,
sólo por no tener nada mejor que hacer. Muchas
incógnitas cruzaban sobre la mente del niño;
incógnitas que pronto recibirían una
aclaración.
El joven tenía escasos 14 años. No
era muy alto y tenía una faz insegura y un
cuerpo delgado. De cabello castaño oscuro y
ojos azules como la luz del día. Vestía,
cómo era la costumbre de los muchachos de la
época, el uniforme escolar (además que
era entre semana) que consistía en una camisa
blanca, de manga corta, y unos pantalones negros.
Con dificultad, cargaba su abultada maleta de un lado
a otro de la estación, sin saber que hacer.
Aquella situación tan especial había
estropeado todos los pasos que tenía qué
seguir, y ahora se tornaba indeciso sobre su accionar.
Era difícil pensar que tan enorme responsabilidad
sería descargada sobre este aparentemente débil
muchacho.
De golpe, volteó repentinamente, no, más
bien algo le indicó, le ordenó que tenía
que dirigir su mirada hacia un determinado lugar,
sólo para encontrarse con una maravillosa,
pero desconcertante visión: era una hermosa
chiquilla, tal vez de su misma edad, de cabello corto
y claro, vestida con un atuendo de escolar. La dulce
criatura estaba totalmente callada e inerte, sus ojos
carmesíes parecían brillar, como si
quisiera decir algo y no pudiera, o tal vez no estaba
segura del todo. Su pequeña boca se abrió
poco a poco. Si dijo algo, su espectador no la escuchó,
debido a la distancia que los separaba, que eran más
de quinientos metros, más ó menos. El
niño se quedó pasmado, extrañado
por aquella extraña y a la vez encantadora
imagen. Se frota los ojos y el espejismo desaparece.
¿Qué habrá sido todo eso?
Entonces, profanando la tranquilidad hipnótica
del ambiente, el aire rugió, la tierra retumbó
y las ventanas explotaron en forma estrepitosa, lo
mismo que sucedía por toda la manzana. Las
naves de guerra volaban apuradas muy cerca del suelo,
con su ensordecedor ruido de motores y turbinas a
su máxima potencia.
Shinji, quien había sido tomado por sorpresa,
acostumbrado ya a la tranquilidad y paz de cementerio
que reinaba en aquel lugar, con dolor, se cubre los
oídos para protegerlos de todo el alboroto.
Un par de hermosos y brillantes misiles crucero surcaban,
cómo saetas, el aire, cortándolo con
sus puntas y dirigiéndose, gracias a sus computadoras
de navegación, hacia su objetivo. Fueron directo
a explotar en un almacén de ropa, destruyendo
con la explosión casi todo el establecimiento,
que anteriormente había recibido bastantes
clientes que buscaban aforadamente vestirse de acuerdo
a la moda.
En eso, desorientado por entero, el infante levantó
la mirada, para contemplar aquella horrible visión:
una colosal, enorme figura negra, se paseaba tranquilamente
por entre los edificios. Fácilmente rebasaba
los 100 metros de altura. Despreocupada, caminaba
hacia las montañas, sin prestar atención
especial en algo, ni siquiera a los constantes ataques
de los helicópteros y aviones de la milicia,
quienes le disparaban balas capaces de penetrar tanques.
Cómo zancudos, revoloteaban de aquí
a allá. Viendo el asunto desde otro lado, parecía
que sólo querían molestar. Y no les
estaba dando mucho resultado, ya que el coloso seguía
su imparable marcha.
No muy lejos de ahí, en un cuartel subterráneo,
se prepara la ofensiva contra el monstruo... un enorme
símbolo está pintado en la pared: NERV,
con un medio trébol rojo al fondo.
La sala era muy amplia, y espaciosa. Fácilmente
podrían caber, sentados, unas mil personas.
No obstante, el lugar sólo albergaba a unos
cuantos empleados, que no repasaban la centena. Lo
sobrante, era ocupado por monitores, radares, sonares
y demás tecnología de punta, lo más
avanzada en la industria bélica. Una plataforma
de acero, cómo una torre, era lo que más
sobresalía del cuarto. En él, toda la
gente deambula deprisa y nerviosa, tratando de recordar
lo ensayado para este tipo de situación.
Los helicópteros lo están atacando
sin hacerle daño considerable.
Se acerca muy lentamente a Tokio 3 repetían
los operadores de NERV, monitoreando
los movimientos de la criatura.
Continuaban con su recital de indicaciones, ya que
después de todo, ese era su trabajo. Para ello
habían sido contratados.
Continuaban con su ir y venir, sin que casi nadie
les prestara atención; repetían incesantemente
sus letanías de datos que sólo ellos
escuchaban, entre tanta confusión que reinaba
en el lugar.
Encima de todos ellos, peones en este enorme juego
de ajedrez, los jugadores observaban con la cabeza
bien fría todos los acontecimientos, al momento
que éstos ocurrían. Envueltos y encubiertos
por las sombras, se deleitaban en saborear el momento
por el que tanto tiempo se habían estado preparando.
Y también disfrutaban del pequeño caos
desatado en su sala de control: ello les permitía
destacar los elementos que les serían útiles
en sus planes, y para despedir a los ineptos, y así
se podrían ahorrar unos cuantos salarios.
De entre las oscuras siluetas, se discernían
dos figuras, figuras de hombres. Uno, el que parecía
de menor rango, se encontraba de pie, junto al que
debía ser el mandamás de todo aquello,
que permanecía sentado, recargando los brazos
en un escritorio que tenía frente a él,
y aprovechando la posición, descansaba la barbilla
en sus manos.
Después de 15 años han vuelto,
¿no es así? preguntó el
primero, en un tono solemne, aunque sin dejársele
de notar el miedo en su voz.
Sí... los ángeles han vuelto
a atacar corroboró su superior, sonriendo.
En las mismas instalaciones, pero en otro gigantesco
cuarto, un hangar, para ser mas preciso, varias personas
trabajan afanosamente, todos en conjunto y en perfecta
armonía, a diferencia de la anterior vista;
cada quién sabía exactamente que hacer
y en donde hacerlo. Parecía una coreografía
para un desfile, en lugar de un hangar de reparaciones.
Cada integrante realizaba sus movimientos con perfecta
precisión, y lo que estaban ensamblando poco
a poco comenzaba a tomar forma. Él examina
los planos que tiene ante sí, analizándolos
y buscando la solución a su problema. Permanece
en esa posición, pensativo y tarareando una
canción, intentando relajarse y concentrarse.
Aún no sabían de los más recientes
acontecimientos, siguiendo el plan de trabajo, sin
que nada más les importara. Sólo hasta
que llegó ese empleado, ingresando apuradamente
por la puerta, se enteraron por su conducta de las
noticias. El primero en saberlo, fue el maquinador
de toda la operación.
¡Katsuragi! ¡Katsuragi! repetía
sin descanso, hasta que se reunió con él,
jadeante.
¿Qué quieres? interrogó
desinteresado de su condición, y sin quitarle
la vista al pliego extendido sobre la mesa.
¡Es increíble! aseveró
el uniformado, haciendo ademanes con las manos para
describir la extensión del acontecimiento ¡Estamos
en medio de un ataque! ¡Todo mundo está
en posiciones de combate!
¿Ah, sí? musitó,
conservando su forma pasiva.
¿No te inquieta? preguntó
el recién llegado, notando la poca reacción
que había causado en su superior ¡Si
para esto hemos estado entrenando todo el tiempo!
No me importa... ando viendo la forma de ahorra
más espacio en la cabina. Todavía no
cabe ni el medidor, ni el radar... y contestándose
a sí mismo, tomó rápidamente
lápiz y escuadra, y trazó varios segmentos
en el papel, conquistando por fin su meta inmediata.
Ahora sí le dijo a su subordinado,
calmándolo Vamos a ver lo que tanto te
urge. ¿Están viendo la operación
en el cuarto de control?
Sí...
En cuanto obtuvo su respuesta, de inmediato se dirigió
a una terminal, y desde allí, con suma facilidad
se conectó a la cámara principal. Luego,
estableció contacto con el monitor de la sala
y desde ahí pudo observar las imágenes.
Hmmm... caviló por unos instantes
el técnico ¿No se enojará
el jefe si se entera?
¿A qué le temes? contestó
su acompañante, sentándose cómodamente,
con la mirada clavada en la pantalla Si ya sabes
que el Ikari me la pela...
Sí tú lo dices...
¡Yo lo digo! ¡Ese pendejo no puede
hacerme nada! aseveró, por si aún
había alguna duda al respecto.
Por unos momentos, miraron al ejército unido
atacar al titán, cómo si de una película
de guerra se tratase. Y cómo no hacerlo, si
ellos no estaban en ninguno de esos vehículos
bélicos. De haber sido así, otra historia
hubiera sido.
Oye, Kai interrumpió de nueva
cuenta el joven, con toda confianza ¿Y
cuando me vas a presentar a Ibuki, pues?
No me digas que te gusta Ibuki pronunció
casi carcajeándose, mientras lo volteaba a
ver, con una enorme sonrisa en el rostro.
Pues sí respondió, extrañado,
ante su reacción Si está muy bien
la muchacha.
Pues no creo que se te vaya a hacer le
contestó, riendo entre cortadamente.
¿Porqué no? Ah, no me digas que
sí anda con el Shigeru, cómo todos dicen...
No, no es eso...
Dices eso por que eres amigo de ese baboso,
¿no? Claro, cómo es el cabrón
que te provee de CD`s de los Beatles y todos tus vejestorios.
Si serás menso... ya mejor cállate,
y déjame ver en paz esta madre, que es importante
y volteando de nuevo a la pantalla, declaró
Oye, qué bonito está ese fulano,
¿no crees? dijo, refiriéndose
a la bestia.
El gigante parecía en sí, una pintura
surrealista de Dahlí o Piccasso; era todo negro,
salvo la cabeza, y algunos adornos en la cintura,
hombros y pecho. La cabeza era redonda y blanca, con
ojos color negro y sin pupilas y rematando una especie
de pico. De una complexión muy, pero muy delgada.
De sus antebrazos nacían una especie de dagas,
rojas y largas, que le traspasaban hasta los codos.
Daba el aspecto geométrico de un enorme triángulo
negro con extremidades, de unos 120 metros de altura.
Sin embargo, continuaba siendo muy, pero muy raro.
Todo el ambiente se tensaba a su paso.
Las naves seguían disparando su carga sin
hacerle el menor efecto al coloso; en el cuartel de
NERV, los varios líderes militares ahí
reunidos se estaban poniendo nerviosos, al igual que
toda la manada de borregos sin pastor:
¡¿Dices que no le han podido
hacer ni un rasguño!?
¡Inconcebible!
¡Ordenen disparar toda la carga contra
ese bastardo!
Como avispas furiosas, los helicópteros y
los aviones descargan todos sus aguijones
en contra del titán, sin hacerle el menor daño...
los proyectiles se estrellaban contra algo delante
de él, sin siquiera tocarlo. Una y otra vez
le escupían su letal armamento, que fácilmente
pudo haber servido para una invasión a gran
escala, y no obstante, no conseguían darle.
Furiosos, impotentes, pero resignados a final de cuentas,
los misiles proseguían su camino para estrellarse
en vano contra una barrera invisible.
Parece el campo A.T ¿no es así?
interrogó la figura en las sombras, contemplando
todo.
Mjá asentó la otra, al
mismo tiempo que en su rostro continuaba vigente una
sonrisa discreta.
Un gran misil es descargado hacia el gigante, mismo
que detiene y corta con una sola mano, escurriéndosele
el metal entre los dedos... de repente el codo del
ángel parece brillar, y una gran descarga de
energía sale de la mano del coloso, haciendo
polvo a varias naves con una explosión en forma
de cruz, la cual se levantó en todo lo alto,
imponente y triunfante, en lo que se consideraba el
primer ataque del monstruo.
Shinji está asombrado con todo lo que alcanza
a divisar; le sorprende el enorme potencial de destrucción
de las máquinas voladoras, pero aún
más le sorprendía (y le aterrorizaba)
el enorme poder del que tenía a su disposición
la misteriosa criatura, que al parecer, había
salido de la nada.
En ese momento se alcanza a escuchar el rechinar
de llantas y el frenado brusco de un automóvil:
¡¡ Súbete en chinga!!
ordenó la capitán Misato Katsuragi a
Shinji, el cual obedeció casi de inmediato,
al abordar el automóvil maltrecho. No necesitó
de mucho para reconocer al instante a la escultural
mujer que lo abordaba.
Cuando el niño estuvo a salvo, a bordo, rápidamente
la militar hace una maniobra para evitar la planta
del gigante, la cual estuvo a punto de aplastarlos.
El carro rápidamente se aleja de la zona de
batalla, conduciendo ágilmente su conductor
por las calles, hasta a alcanzar la carretera, donde
la situación era más segura, por el
momento. Entonces, el silencio es roto por la conductora.
Perdón por la tardanza, tuve algunos
contratiempos je, je se disculpó
la hermosa mujer, haciendo un gesto con las manos.
Ah, no hay de qué... bueno, estuve
a punto de morir, pero eso que importa expresó
con un tono sarcástico el muchacho.
Misato pasa de aquel comentario hiriente, y agrega:
Bueno, Shinji Ikari, yo seré la encargada
de llevarte a las instalaciones de NERV.
¿NERV? ¿Ahí trabaja mi
padre? interrogó.
Sí, él es el comandante en jefe
respondió la interrogada.
Shinji se quedó en silencio, pensativo y nervioso
a la vez. No sabía cómo reaccionaría
al ver de nueva cuenta a su padre. Y no sabía
que era lo que estaba haciendo ahí.
Ordenen despejar el área... lo único
que nos queda hacer es una explosión nuclear
ordenó el general Hiroshi, alto mando militar
japonés.
Todos los demás miembros de la milicia presente,
la mayoría hombres en edad avanzada, apoyaron
la propuesta, moviendo las cabezas; de inmediato se
empiezan los preparativos... se avisa por radio a
los pilotos y a los soldados para que abandonen el
lugar. Magistralmente, toda la carne de cañón
se moviliza casi de inmediato, evacuando toda la ciudad
y sus puestos, dejando el área hecha un pueblo
fantasma; los pocos aviones que siguen funcionando
hacen lo propio, despejando el cielo y dejándolo
libre para las nubes, un bombardero enorme y oscuro,
cómo la noche, despega de una base al mismo
tiempo que los soldados se retiraban. A los pocos
minutos de vuelo, la nave de la muerte alcanza a la
pequeña metrópoli, extendiendo su sombra
en ella, el silbido del aire, el leviatán confundido
y el sonido de las turbinas de la máquina voladora...
Misato ha parado en su carrera, y se detiene a unos
12 kilómetros enfrente de una montaña
que tapa la vista al mar y hacia las ruinas de Yokohama.
Saca unos pequeños binoculares, pero eso sí,
con vista de largo alcance, producto de la tecnología
electrónica.
Al ver el cielo despejado y sin ningún movimiento,
rápidamente se da cuenta de lo que piensan
hacer; el sonido de las turbinas del bombardero aproximándose
lo confirma:
¡¡ Ay, en la madre!!... ¡Van
a volar toda la pinche montaña! exclama,
sorprendida.
¡¡Agáchate!! ordena
mientras con toda la velocidad posible, empuja al
muchacho hacia abajo, cubriéndolo.
Casi no se escucha el sonido del artefacto caer a
tierra, mientras el ave de destrucción lo soltaba,
en el aire, y proseguía su camino, extendiendo
sus enormes alas para surcar los cielos. Un gran resplandor
cubre todo el cielo, un resplandor intensamente blanco,
que deja a todo posible espectador ciego por unos
momentos y después el arrollador sonido de
una explosión de 5 megatones: es el poder atómico
desatado.
La historia nunca olvidará aquella gran tragedia
de las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki,
aquel 16 de julio de 1945, cuando los estadounidenses
arrojaron las bombas de uranio y plutonio sobre estas
poblaciones, respectivamente, dejando más de
79400 muertos aquella vez.
El firmamento se torna de color infierno, la temperatura
sube y en medio de todo este horror una gran nube
en forma de hongo aparece.
Las ondas de choque resultantes sacuden al pequeño
carro indefenso, al punto de llegar a voltearlo. De
pronto, el estallido acaba y todo es calma; la montaña
y todo a un radio de 60 kilómetros han desaparecido,
dejando una gran nube de polvo cubriéndolo
todo.
En el cuartel de NERV hay cierta conmoción.
Los líderes militares están seguros
que la explosión pudo acabar al monstruo; para
confirmarlo utilizan un satélite en órbita
para obtener la imagen del sitio arrasado.
El satélite es enfocado y la imagen es obtenida:
todo está hecho un desierto árido y
sin vida, sin ninguna señal de cualquier clase
de movimiento. Todo es calma. Donde antes reinaba
la vida y el colorido, ahora sólo impera la
muerte, y el silencio y oscuridad que ésta
arrastra, inevitablemente. De repente, en medio de
toda esa desolación, emerge triunfante e imponente,
aquella gran masa negra, cubriéndolo todo con
su sombra. Él sabe muy bien que lo observan.
Sólo le basta dirigir su mirada hacia el espacio,
para destrozar el pequeño satélite espía.
Lo hizo casi cómo una advertencia.
Nadie puede creer lo que sus propios ojos están
viendo: ni aún el arma más potente había
logrado acabar con él, y si eso no lo hacía,
¿entonces qué podría hacerlo?
La respuesta aguardaba en las dos figuras en las sombras,
un secreto que estaba a punto de ser revelado.
Con asombro e inseguridad el general Ross, de la
O.N.U, pregunta:
¿Cuál es la situación
del ángel?
Unicamente logramos hacerlo más lento...
estará aquí al anochecer contestó
con nerviosismo el operador Makoto Hyuga.
Bien afirmó, y dirigiéndose
a la persona oscura, que se encontraba un piso encima
de él, dijo hemos hecho todo lo posible
por detener al ángel y fracasamos. Ahora todo
está en tus manos, Ikari; en nombre de las
Naciones Unidas, lo estoy autorizando para que ponga
en marcha el proyecto Eva.
Después de decir estas palabras el escritorio
en el que estaban sentados los militares baja y ellos
se retiran, frustrados, humillados y derrotados dejando
toda la autoridad sobre este extraño personaje.
Las identidades de estas personas son: Gendo Ikari,
comandante encargado de NERV y del proyecto Eva, y
Kouzou Fuyutski, segundo comandante de NERV.
El comandante era una persona de complexión
mediana, de expresión dura y seria, cómo
la de una roca. Su mandíbula inferior se veía
horriblemente adornada con una abundante barba de
chivo, pero eso sí, muy bien cuidada. Usaba
anteojos rectangulares, que aveces ocultaban la expresión
de sus ojos. Un hombre de edad madura, cargándose
unos 40 años en sus espaldas. Y un poquito
de sobrepeso en el estómago.
En cambio, Fuyutski era de apariencia rancia, delgado
y estirado. Ya algunas canas y arrugas le adornaban
la faz, demostrando así sus entrados años.
Y aún así, seguía férreo
en sus deberes y obligaciones.
¿Y ahora qué? preguntó
este último
Ahora sólo hay que esperar al niño
aseguró con confianza el interrogado.
En la carretera, Misato y Shinji están tratando
de volver a poner al vehículo volteado sobre
ruedas.
A ver, a la de tres... una, dos, tres ¡empuja!
ordena la mujer, y los dos empujan el pequeño
auto, logrando su objetivo. Después de todo
es un auto compacto y ligero, y por lo tanto, no muy
pesado.
Los dos suben y emprenden de nuevo el viaje... Misato
está algo enfadada:
Y aquí estoy, llevando al hijo del
comandante al cuartel pensaba y por culpa
de ese jodido monstruo, mi carro es un desastre: la
defensa está pegada con cinta aislante, y tuve
que robarme estas baterías para que siguiera
andando esta chatarra pensaba cada vez más
deprimida a cada momento. Y no fingía mucho
para ocultarlo, ya que el infante adivinó pronto
sus pensamientos.
Ehhh, Misato se dirigió hacia
ella el niño
¿ Sí, Shinji? contestó
cambiando totalmente la facción que tenía
anteriormente, por una de felicidad y seguridad. No
quería que el chiquillo se diera cuenta de
lo enfadada que estaba. Erró.
¿Esas baterías .... son... robadas?
preguntó
Emm, bueeno, se trataba de emergencia, y yo
las ocupaba... contestó con cierto tono
de chiste.
Ajá, cómo no
¿Enojado? ¡Ay, perdón!
afirmó la mujer, burlándose, y con toda
confianza le sacudió cuidadosamente la cabeza.
El auto por fin llega a una plataforma, la cual lo
lleva hasta un sótano. El paseo intriga mucho
a Shinji, está asombrado con todo lo que ve...
mientras que la mujer a su lado lo toma como la cosa
más natural del mundo, aburriéndose
mientras los bajan. Un gran símbolo está
dibujado en la pared: NERV.
¿NERV? pregunta Shinji
Sí, ya te lo dije, es la agencia de
tu padre
La agencia de mi padre. Nuevamente su
memoria se remonta diez años atrás,
a la tierna edad de los cuatro años, cuando
su padre lo dejó solo en aquella estación
del tren.
Aún se seguía preguntando por que lo
había hecho, porque abandonar a su propio hijo
en aquel lugar, solo y desamparado. Esperaba obtener
la respuesta a esas y a otras preguntas al ver a su
padre.
Por fin la plataforma se detiene y los ocupantes
salen del auto. Misato dirige a Shinji por los pasillos
de la instalación; el niño aún
no se da cuenta que la mujer no tiene ni idea de por
dónde ir... está perdida; y eso es algo
sorprendente, ya que lleva más de un año
trabajando aquí.
Dra. Ritsuko Akagi, favor de encontrarse con
la capitán Misato Katsuragi. vocean en
el altavoz del cuartel.
En una piscina en la instalación del cuartel,
el anuncio es escuchado... una escultural rubia de
cabello corto sale de la piscina:
¡No puedo creerlo! pronunció
para sí misma, ya que no había nadie
acompañándola ¡se perdió
otra vez!
Se seca con una toalla, y sale en la búsqueda
de la perdida. Toma un elevador, y en ese mismo se
encuentra con Misato y Shinji.
¿Otra vez perdida, capitán?
expresó con crueldad la rubia.
Je, bueno, no importa... ya te encontré
contesta apenada pero mira,¡ ya traje
al chamaco! pronunció inmediatamente,
buscando enmendar su error.
Vaya, se ve justo como su padre manifestó
la rubia
Sí, tienes razón reafirmó
Misato
M-Mucho gusto se presentó con
nerviosismo el niño mi nombre es Shinji
Ikari pronunció al mismo tiempo que levantaba
la mano en forma de saludo.
Mucho gusto contestó soy
la Dra. Ritsuko Akagi y dirigiéndose
a Misato le dijo por lo menos es mucho más
educado que ese patán arrogante al que tienes
a tu cuidado.
Vamos, vamos exclamó algo apenada
tal vez con ustedes no lo demuestre (por que no le
simpatizan) pero en realidad Kai es un buen chico,
¡en serio!
Por supuesto. expresó sarcásticamente
la doctora bien, Shinji, voy a llevarte con
tu padre. pronunció al mismo tiempo
que le daba un carpeta llena de manuales e instrucciones.
Bienvenido a NERV, Shinji manifestó
Misato.
Las mujeres se dirigieron hacia otra plataforma
que las iba llevando hacia arriba lentamente. Conversaban
mientras Shinji leía con atención todos
los instructivos que le habían otorgado:
A propósito de Kai, ¿sabes dónde
está? pregunto la capitán, hacia
su acompañante
Donde más... en SU taller de pruebas,
cómo llama a ese pestilente agujero que le
han asignado: te digo que es la persona más
desinteresada y arrogante que he conocido. Puede llevarse
muy bien con los técnicos y los operadores,
pero con sus superiores es un irrespetuoso. Si no
nos lo hubieran echado los de la O.N.U y si no fuera
un piloto, desde hace mucho le hubiera tronado el
hocico expresó furiosa la interrogada
Es que no lo conoces bien lo disculpó
la mujer él sólo hace lo que cree
que es mejor. Ya ves, yo también soy su superior
y conmigo se lleva muy bien.
Unicamente contigo. Pero ya ves cómo
se comporta conmigo y con los demás. ¿Por
qué no puede ser callado y obediente como Rei?
¿Aún sigue en el hospital?
Creo que sí.
Shinji desconocía todo lo que estaban hablando,
y estaba desconcertado ¿es que había
más chicos en esa instalación? ¿
Y de que se trataba todo esto?
La plataforma se detiene:
Ya llegamos pronuncia seriamente la
rubia.
El grupo avanza unos pocos pasos, y se detiene después
de atravesar una puerta automática, de acero.
El cuarto siguiente está en la oscuridad total.
El muchacho se descontrola con el repentino cambio
de claro a oscuro.
¿Qué pasa? ¿ Y las luces?
¿Qué es todo esto? pregunta, desorientado.
Las luces se encienden repentinamente y el cuarto
se queda al descubierto. Al parecer se encuentran
en un puente en medio de una gran alberca. Desconcertado
por el repentino cambio otra vez, Shinji da vuelta,
para toparse con una enorme figura que abarca todas
las aguas detrás de él. Grita de pánico,
sorprendido, aún sin poder enfocar su vista
muy bien. Cuando por fin se acostumbra a la luz se
da cuenta de que es:
¡Un robot gigante! exclama sorprendido.
El robot era enorme; por lo menos tenía unos
100 metros de altura, con un casco en su cabeza, que
cubría desde donde debería estar la
nariz hasta arriba; el casco dejaba al descubierto
los ojos de la aparente máquina. Estaba todo
pintado de morado, salvo algunas franjas verdes y
el cuello, que era anaranjado. Se sostenía
sobre la alberca en una posición vertical,
dejando sólo al descubierto la cara, el cuello
y los hombros. Una especie de pico coronaba su cabeza.
El robot tenía un aspecto vagamente demoniaco,
quizá intencionalmente.
Un momento, un momento, se dirige hacia
las mujeres a un lado suyo ¿por qué
me enseñan esto? pregunta, dándose
cuenta rápidamente de la situación
ustedes, ustedes pretenden que pilotee esta cosa en
contra de ese monstruo de allá afuera, ¿no
es así?.
Correcto. pronunció una voz que
estaba observándolo todo, desde un balcón.
Aunque Shinji no lo había visto en diez años,
reconoció casi de inmediato a la persona que
le estaba hablando: era su padre. El mismo que lo
había abandonado diez años atrás
en esa estación, y el mismo que lo había
hecho venir hasta este lugar.
Entonces, ¿sólo me hiciste venir
hasta aquí para esto? preguntó
decepcionado el niño.
Así es contestó su padre
¿Pero por qué YO?
Gendo ignora la pregunta de su hijo, y pasea unos
momentos en el balcón, cómo si él
no estuviera ahí, hasta que finalmente pronuncia.
El nombre clave de el robot que tienes a tus
espaldas es Robot Multipropósito EVANGELION,
o cómo nosotros le decimos, un poco más
sencillo, Unida Eva 01. Creo que ya te has dado cuenta
de que los fabricamos para combatir de igual a igual
con los gigantes que nos amenazan, no sólo
a nosotros, sino al planeta entero. Pero, esa no es
la única unidad que existe: actualmente existe
otra unidad más, la unidad 00; y otra más
está en construcción, la Z. La unidad
00 está dañada, por lo cual la unidad
01 es la única disponible hasta el momento.
¡Un momento! le interrumpió
su hijo ¡Aún no me has contestado!
¿Porqué YO?
Gendou lo observa mientras el silencio inunda todo
el muelle del enorme robot. Después de algunos
instantes, voltea nuevamente hacia el muchacho.
Por alguna extraña razón los
únicos que pueden pilotearlos nacieron nueve
meses después del Segundo Impacto; ¿recuerdas
tu fecha de nacimiento? concluyó.
Shinji se quedó en silencio, abrumado por
la verdad que se le había revelado. El creyó
que esto no pasaría de ser una simple reunión
familiar, con abrazos y disculpas, y todo eso. Jamás
creyó que se le fuera a encomendar responsabilidad
tan grande.
¡ Un momento! exclamó sorprendida
Misato jamás se me dijo que lo iban a
lanzar a combatir sin entrenamiento! ¿Es que
no ven en el peligro que lo están exponiendo?
No hay tiempo interrumpió la
doctora ¡El ángel está a
punto de llegar aquí!
Las mujeres se enfrascan en una discusión,
que es interrumpida por un grito de reclamo:
¿POR QUE ME ESTÁS USANDO?
reclamó el muchacho
Ya deberías saber el por qué.
Vamos ¡Anda! es tu oportunidad de ser algo más
que un estorbo. Por una vez en tu vida sé de
utilidad a alguien, en lugar de una molestia
contestó su padre con serenidad.
El niño se queda pensativo, aterrorizado,
no por el miedo que sentía ante el coloso,
sino por la increíble frialdad con que su padre,
a quién no había visto desde hace diez
años, le reveló que para él,
no era más que un estorbo. Sus piernas están
siendo sacudidas por su pánico, y se quieren
doblar.
Finalmente, solloza:
No puedo, no puedo cediendo finalmente
a sus piernas y derrumbándose sobre el piso
no puedo, no quiero lloró amargamente.
Gendo, molesto y con el ceño fruncido, voltea
hacia un lado, y sin perder ni un sólo minuto,
llamó por el videofono a un asistente suyo:
Comunícame con Rivera
Algunos minutos pasan en establecer la comunicación,
y otros más pasan sin recibir respuesta, hasta
que, abruptamente, una verdad universal es dicha a
toda potencia...
¡DEJEN DE ESTAR CHINGANDO!!! reclamó
con furia un chiquillo en el monitor, el mismo que
estaba en el hangar, observándolo todo.
Deja a un lado tus berrinches de mocoso, y
ven inmediatamente aquí. reclamó
el comandante, con justicia.
¿Ah? ¿ Para qué?
preguntó extrañado el niño.
Es sencillo. Tú vas a pilotear la unidad
01. le reveló despreocupadamente.
¿Qué no ibas a traer a tu vástago
para que lo hiciera?
Digamos que no quiere hacerlo
Ay, que lástima pronunció
en tono de burla el muchacho de seguro tu corazoncito
se hizo pedacitos ¿verdad?
Deja eso y ven aquí reclamó
de nuevo, con enojo
No puedo, ando bien ocupado ahorita, y no
me puedo despegar de aquí. Con las mejoras
que le hice a tu trampa mortal, no creo que haya mucho
pedo con la sincronización, así que
es seguro. Convence a tu chamaco de que se encargue
de todo, háblale de todo ese rollo de responsabilidad
y deber y todo eso. Muéstrale unas fotos de
mutilados o algo así, y dile que eso les pasó
por que no obedecieron a su papá ¡yo
que sé! ¡ pero si no es porque la pinche
ciudad está siendo destruida y miles muriendo,
yo no me muevo de aquí. ¡Adiósito,
señorita! se despidió diciendo
estas últimas palabras en español, y
cortando el enlace.
Mocoso baboso pensó con rabia
el comandante mientras veía como el muchacho
cortaba la comunicación. Se quedó pensativo
algunos instantes, decidiendo que era lo que iba a
hacer, y finalmente se dirigió a su asistente.
Despierta a Rei
¿Está seguro?profirió
su asistente
Ella no está muerta todavía
asintió el hombre.
De inmediato se abre el enlace, y Gendo se dirige
hacia la persona que está tras el monitor:
¿Rei? preguntó el comandante
¿Sí, señor? contestó
una voz suave y calmada, como la miel.
Lo siento. Al parecer, no hay ni un solo hombre
que pueda sustituirte. Tú tendrás que
pilotear la unidad 01 ordenó de inmediato.
Sí señor asintió
sin vacilar ni protestar.
Las puertas se abren en unos minutos y entra vario
personal médico empujando una camilla. Shinji
se extraña por aquella situación y se
asoma para ver al ocupante de la camilla; observa
con atención y descubre algo: es la misma niña
de la que tuvo una visión en la estación.
La chiquilla estaba muy mal herida: con varias contusiones
en el brazo izquierdo y en las piernas, tenía
vendas en el ojo y en la frente. La accidentada observaba
con indiferencia a Shinji, quien estaba confundido
por su presencia, mientras los médicos la preparaban
para que se levantara.
Un terremoto sacude las instalaciones, destanteando
a todos y sacándolos de equilibrio; varios
cayeron al agua, y la camilla cayó violentamente
hacia el suelo, estrellando la persona de Rei. Todos
sabían lo que pasaba, aún sin oír
la voz de alarma: el ángel había llegado
a Tokio 3.
La gigantesca criatura atacaba todo, como si quisiera
desenterrar algo; aquella oscuridad absoluta rápidamente
se ilumino por los numerosos incendios y explosiones
ocasionados por el coloso. Varios edificios empezaron
a ocultarse, mediante un sistema de elevador, bajándose
al nivel del suelo. El titán destruía
calles y casas por igual, sin importarle nada, salvo
lo que parecía que había venido a buscar.
En las instalaciones subterráneas, aún
se sentían los estragos de los destrozos que
había en la superficie, sacudiéndose
violentamente todo. Shinji va al auxilio de la caída
y descubre con horror que se acaba de romper el brazo
izquierdo, al intentar ayudarla hace un movimiento
brusco que le provoca un dolor a la chica, al mover
su brazo roto. La niña chilla del dolor ante
el asustado muchacho, que no sabe qué hacer.
Una viga de acero cae por el intenso movimiento que
hay en la superficie, dirigiéndose en su caída
hacia los chiquillos, amenazando aplastarlos bajo
su peso, lo cual hubiera conseguido, de no ser por
la intervención del Eva, que cubrió
con su mano derecha al muchacho, protegiéndolo
del peso. La viga rebota violentamente en la mano
del robot y sale disparada al agua, sin herir a nadie.
Todos están asombrados al ver la acción
inconsciente de la máquina, para proteger a
su posible usuario. Era claro que el niño era
el indicado para pilotearlo, ya que el mismo Eva había
intervenido para salvarlo de una muerte segura. Sólo
hacía falta que el muchacho pudiera superar
ese ataque de pánico del cual era presa.
El ambiente se hizo silencio, y todos estaban esperando
la reacción de Shinji... duró cabizbajo
algunos minutos, meditando, con la chiquilla en sus
brazos, y por fin después de algunos instantes,
pronuncio:
¡Está bien, voy a hacerlo!
gritó un poco inseguro de si esa era la decisión
correcta.
Una enorme sonrisa de satisfacción se dibujó
en la cara de Gendo, de oreja a oreja.
Inmediatamente empezaron los preparativos para lanzar
al Eva a un sangriento combate a muerte; había
que enseñarle lo básico al piloto en
muy poco tiempo. Le dijeron que el Eva funcionaba
con una sincronización entre él y su
piloto, para lo que le dieron dos aparatos en forma
triangular, que debía colocar en cada parietal
de su cabeza, para que pudiera sincronizarse mejor
con el robot. Le explicaron que el movimiento de piernas
y brazos se realizaba con sólo el pensarlo
y que los dos disparadores que iba a tener en frente
servirían para incrementar el nivel de fuerza
requerido y que la energía necesaria para moverse,
se le suministraba por medio de un cable que iba a
estar conectado en la espalda del Eva, en caso de
que este cable se rompiera, sólo iba a tener
un minuto de energía de reserva y después
de eso... nada.
Lo introdujeron en un tubo, en el que estaba cómodamente
sentado, y después este mismo lo introdujeron
en la médula del robot.
En el centro de mando, los operadores y personal
trabajaban para preparar el lanzamiento del robot.
Ajustando el lenguaje a japonés
pronunció un operador
Preparando todas las líneas para lanzamiento
dijo otro
Sincronizando el campo A.T... sincronizado
Abriendo todos los sistemas de energía
E instrucciones como estas eran repetidas por los
operadores, hasta que todo estuvo listo.
Shinji permanecía sentado, reconociendo todo
lo que le dijeron que iba a haber ahí. Efectivamente,
los disparadores estaban enfrente de él, tal
y cómo se lo habían dicho; pero todo
estaba a oscuras. De pronto se encienden las luces,
y empieza a oír las voces de la doctora y de
Misato:
Shinji, ¿estás listo?
S-Sí respondió éste
Muy bien, en unos segundos más vas
a estar afuera.
El muchacho se espanta al ver que todo se está
llenando de líquido, y trata de contener la
respiración mientras sube de nivel.
No te preocupes, puedes respirar en él
pronunció la doctora
Aquellas palabras fueron un gran alivio para Shinji,
que soltó de inmediato el aire que estaba guardando
en sus pulmones y empezó a respirar normalmente.
¡Lanzamiento! ordenó Misato.
Al instante, la plataforma en la que estaba el Eva
subió rápidamente y se dirigió
en un laberinto de túneles, a alta velocidad,
pero aún así, el paseo duró unos
cuantos minutos. Por fin, la plataforma se detiene
y sale a la superficie, justo enfrente del ángel,
a unos 200 metros de dónde estaba él.
Una imagen de afuera aparece en frente de el muchacho
y percibe claramente todo: las estrellas, los edificios
y justo frente a él, el ángel.
La criatura estaba confundida por el nuevo obstáculo
que habían puesto frente a ella, sin saber
que hacer, únicamente observándolo detalladamente.
Sobra el decir que Shinji estaba muerto del miedo,
por el gran temor de morir. Jamás fue su deseo
el pilotear al Eva, pero la chiquilla herida le recordó
su sentido del deber, mismo que lo obligó a
meterse en la situación en la que estaba atrapado
en esos momentos.
Muy bien campeón, vamos a empezar a
caminar, un paso a la vez pronunció Misato
por la radio.
El niño pensó en caminar y apretó
los disparadores, cómo se lo habían
indicado, y el robot se impulsó y dio un paso
fuera de la plataforma.
Bien, ahora el otro pie indicó
la mujer
De nuevo el muchacho piensa y aprieta los controles
y el otro pie sale de la plataforma, saliendo el Eva
completamente de ella.
Ahora, repite lo mismo, despacio exclamó
la capitán
Pero al dar el nuevo paso, Shinji pierde el equilibrio
y va dar contra el suelo.
Inmediatamente el ángel, al ver que el aparatejo
ése tenía vida, concebió que
era un peligro y decidió atacarlo. Dio unos
cuantos pasos hasta encontrarse con el caído,
con una mano lo sujeta de la cabeza y lo levanta;
otra vez el codo de la criatura parece brillar y una
descarga de energía sale de su mano. Hace el
movimiento repetidas ocasiones, aporreando al Eva.
Shinji entra en otro de sus ataques de pánico
al ver la gran mano del coloso intentando penetrar
su cabeza una y otra vez.
Una terrible sensación se apodera de él
cuando el monstruo logra conseguir su acometido, atravesando
la cabeza del robot, de la frente a la nuca; un gran
chorro de sangre escapa, ante los atónitos
ojos que están observando en el cuartel.
El ángel, insatisfecho con su obra, toma el
brazo derecho del Eva y lo empieza a apretar y a doblar;
el muchacho ve con horror como su brazo derecho se
retuerce al igual que el de la máquina, gritando.
¡¡No te preocupes, no es tu brazo!!!
exclamó la doctora por la radio, tratando de
calmarlo, sin resultado.
El brazo por fin cede ante la enorme presión,
cruje y se dobla sobre su propio eje.
En el cuartel todo es confusión y caos. No
hay organización y todos se dan órdenes
entre ellos. Misato pone orden en todo ese barullo
y ordena:
Tomen el control aquí, nosotros mismos
lo vamos a dirigir desde aquí.
¡No podemos establecer el control!
prorrumpe en pánico la operadora
¿Qué dijiste? pregunta
con terror la militar
Y mientras en esa sala todo es confusión,
el mismo niño que desobedeció a Gendo,
de quién pronto conoceremos su identidad, está
analizando la situación de afuera, mediante
el mismo monitor. El lugar donde se encuentra es iluminado
continuamente por luces de soplete, ruidos de grúa
levantando cargas pesadas impiden el silencio absoluto
y el cantar feliz de gente haciendo su trabajo se
impone a esa situación.
Volviendo con el muchacho, cómo ya habíamos
dicho, la situación de afuera no le era desconocida,
vigilando todo con su monitor. Quedó pensativo
algunos instantes, y después se dispuso a hacer
algo para remediar aquella situación:
Shinji Ikari, parece que estás en problemas...
afortunadamente yo estoy aquí para salvar tu
trasero, cuate pronunció alegremente
para sí, mientras conectaba una pequeña
terminal.
Primero, nos conectamos al centro de
mando empezó a cantar, mientras
sus hábiles dedos tecleaban una infinidad de
comandos en unos pocos instantes.
¿Y esto? preguntó una
de las operadoras.
¿Qué pasa? interrogó
la doctora.
Parecía una especie de virus... pero
ya no está... qué raro contestó
confundida
Luego, nos vamos al sistema nervioso
seguía cantando su tonada sin rimas ni coherencia,
al tiempo que seguía tecleando a una increíble
velocidad y con una precisión absoluta.
Ahora nos vamos al cerebro, tecleo BERSERKER
y esta rola ya se acabó concluyó
al fin, dirigiéndose de nuevo a su monitor.
Obivamente, en su breve canción, y en el poco
tiempo de duración que tuvo ésta, debió
omitir varios pasos, quizás cientos de ellos,
antes de que lograra su objetivo.
Lo que a un experto en informática le hubiera
tomado media hora hacer, el insólito chiquillo
lo había realizado en menos de dos minutos.
Ahora a ver que tan buen piloto puedes ser,
compadre volvió a exclamar para sí
mismo, mientras que toda su atención estaba
dirigida hacia el monitor.
La reacción de lo que haya hecho el muchacho
es casi inmediata: el Eva se incorpora rápidamente,
y con una estupenda acrobacia cae con los pies delante,
sobre el ángel. Éste intenta reaccionar
cortando el cable que proveía de energía
a la unidad, activando todas las alarmas en el cuartel.
Ahora sólo le quedaba un minuto para poder
vencer al ángel.
Todo el mundo en el centro de mando está
aterrorizado y confuso, y se preguntan si Shinji podrá
volver a ver un amanecer más.
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