CAPITULO VI
IKEDAYA
A pesar del gran movimiento existente en los alrededores
de la región de Gion, la calle que pasaba frente
a la posada se encontraba totalmente en silencio.
De hecho, todo el lugar se encontraba apartado del
ajetreo del festival. Posiblemente esa había
sido la razón para decidir ese sitio en especial.
Toda la posada estaba prácticamente vacía
de cualquier persona que no tuviera que ver con la
reunión de esa noche, como si hubiera sido
totalmente reservada para ello. En varias habitaciones
se encontraban decenas de hombres armados en el caso
de que algo pasara; con una reunión como la
que se celebraba en ese momento no se podía
correr riesgos.
Aunque varias habitaciones eran las que alojaban
a estos hombres, era una en especial la que realmente
era el centro de importancia. En ella había
aproximadamente unos diez hombres, todos con sus armas
a su lado. Era en este lugar donde se discutían
los asuntos de esa reunión. Las figuras principales
eran sobre todo dos hombres: uno de estatura media
y alargada, de piel blanca, con un peinado con una
parte de cabello rapada. La otra, un hombre vestido
completamente de negro, de piel pálida y cabello
negro y largo que se encontraba recargado contra una
de las puertas corredizas del cuarto, mientras bebía
una copa de sake.
En la reunión se discutirían varios
temas importantes, pero había uno en especial
que era el centro de todo. Se trataba de ese plan
que tanto se había planteado en el pasado.
- 7 de Junio será entonces. Mencionó
de pronto el hombre de negro, sin alzar su mirada.
Su voz tenía un tono profundo al hablar. Su
propuesta pareció exaltar al resto de los presentes.
Si Katsura se preocupa por los apuros, lo haremos
en dos días entonces. No tenemos porque preocuparnos
por lo que Furutaka haya dicho. No tengo intenciones
de cambiar los planes, y no importa lo que Katsura
diga.
- Espera Yoshida. Interrumpió el segundo
de ellos. Antes de eso deberíamos de
rescatar a nuestros compañeros atrapados por
el Shinengumi. El hombre de negro parecía
algo indiferente ante esas palabras. Varios
de los hombres están muy agitados por eso y
presionan para que se haga algo. Sobre todo, no podemos
abandonar a Furutaka.
La persona de negro se vio algo irritado por tal
negativa. Estaba harto de todas las trabas que le
ponían en el camino. Colocó su copa
de sake en el suelo y luego juntó sus manos
al frente de él.
- Como sea. Dijo al final de cuentas.
Pero la verdad es que deseo reducir esta ciudad a
cenizas lo antes posible...
Mientras en el segundo piso se discutían estos
planes, abajo algo comenzaba a pasar sin que los de
arriba pudieran enterarse. Una figura parada en la
noche se encontraba frente a la puerta de la posada.
Su mano derecha se alza con cuidado y toca con algo
de violencia. El encargado es prácticamente
despertado. Moviéndose por entre las sombras
del recibidor, se acerca con cuidado a la entrada.
Retira el enorme tablón de madera que mantenía
la puerta cerrada y luego lentamente la desliza.
Lo que ve al otro lado hace que todo el sueño
que tuviera encima se le resbalara de golpe. Un grupo
numeroso de hombres se encontraba parado frente a
la posada. Todos usaban ese saco azul y blanco que
él ya había visto en muchas ocasiones;
sabía muy bien de quiénes se trataba.
El hombre que está al frente, el que estaba
más cerca de él, era un hombre fornido
con una armadura roja y una chaqueta blanca, que lo
miraba con una expresión penetrante en los
ojos
La ciudad estaba llena de personas debido al festival.
La música y las luces brillaban con fuerza,
casi se podía pensar que era de día.
Después de haber ido por ellos a la posada,
Izuka guía a Himura y a Tomoe por entre toda
la multitud, intentando moverse lo más rápido
posible. Izuka aún no les había dicho
nada concreto, pero se veía que algo malo pasaba.
De seguro eso era lo que no dejaba tranquilo a Himura
desde la tarde en la que platicaron.
- Izuka, ¿cuál es el apuro?, ¿qué
es lo que sucede? Preguntó el pelirrojo
después de un rato sin poder esperar más
para saber que pasaba. Izuka siguió caminando.
- Algo muy grave. Contestó mientras
se abría paso. Miyabe y sus hombres
con el apoyo del maestro Yoshida tiene planeado incendiar
Kyoto esta noche.
- ¡¿Qué cosa?! Himura
se exaltó al escuchar esa noticia.
- ¡Eso es una locura! Agregó
Tomoe, que también se veía sorprendida.
Ambos sabían que esa advertencia que les habían
hecho a los hombres para que sacaran de Kyoto a cualquier
ser querido que tuvieran, significaba que algo grave
iba a ocurrir. Sin embargo, ¿incendiar toda
la ciudad?, la sola idea sonaba como una locura. Locura,
esa palabra volvió de golpe a la mente de Tomoe.
Ahora parecía que una idea como la Justicia
por medio de la locura no era del todo una mentira.
Izuka prosiguió con sus palabras.
- Ese era el plan que estaban discutiendo durante
la reunión de esta noche. Katsura-sama intentó
persuadirlo, pero terminaron por tener una discusión
demasiado violenta. Miyabe y Katsura han rotó
toda relación a partir de hoy. Sus ideas chocaron,
y ahora se han separado. Himura ya veía
venir algo como eso. Kyoto está lleno
de personas por el festival, y si quieren causar disturbios
éste es el momento perfecto. Pero...
- ¿Pero qué?
- Puede que esta información se haya infiltrado
dentro del Shinsengumi. Las cosas se ponían
aún peor mientras Izuka proseguía.
Varias personas vieron a los Shinsen moverse por entre
las calles, como si buscaran algo, de seguro el lugar
de la reunión. Los que están reunidos
ahora planeando el ataque están en grave peligro.
Los tres se detuvieron por unos momentos, ese
sería el sitio en el que al parecer se separarían.
Tienes que ir y sacar al señor Katsura
de ahí.
- ¿Dónde es? Le preguntó
rápido Himura antes de que Izuka se retirara.
- En el distrito de Kamogawa, en la Posada de Ikeda.
Le gritó volteando a verlo por encima
del hombro izquierdo. ¡Ten cuidado!,
¡el lugar esta infestado con los hombres del
Shinsengumi!
Himura asintió ante la advertencia de su compañero.
Rápidamente comenzó a moverse. Se dio
cuenta de que Tomoe lo seguía. No podía
llevarla con él. Si lo hacía, la estaría
arriesgando demasiado, ya sabía que clase de
personas eran el Shinsengumi.
- Tomoe, ve al hostal. Será muy peligroso.
Le dijo Himura parándose de golpe.
- Tengo que estar contigo. Le contestó
ella con firmeza.
- ¿Qué dices?
- ¿Olvidas lo que te dije?... una espada necesita
de una funda.
Una vez más usaba esa expresión. Cuando
se la dijo por primera vez no la entendió y
la verdad no sabía porque se la decía.
Ahora parecía comprender un poco a que se refería
con eso. Ambos se miraron fijamente a los ojos por
un largo tiempo. Sin decir ni una sola palabra más
para convérsenla de lo contrario, el destajador
se giró al frente y comenzó a correr
el dirección al objetivo.
El encargado de la posada retrocedió ante
tal presencia frente a él, casi cayendo al
suelo. Ignorándolo, los hombres comenzaron
a entrar al interior de la construcción. Rápidamente
el hombre se incorporó y corrió hacía
las escaleras. Comenzó a gritar con fuerza
lo más que pudo para los que estaban arriba
lo escucharan, pero no logró subir ni el primer
escalón antes de que el líder del grupo
se lanzara en su contra, matándola con una
sola estocada de su espada.
Pese a esto, sus gritos fueron oídos por los
hombres del segundo piso. Todos guardaron silencio
en cuanto lo oyeron y voltearon hacía la puerta.
- ¡¿Qué fue eso?! Gritó
uno de ellos con nerviosismo. El hombre de negro se
mantuvo en su lugar.
Justo arriba de las esclareas se encontraba un hombre
armado con su espada. En cuanto escuchó el
grito del hombre, se acercó al lugar, volteando
hacía la parte baja. Sus ojos se llenaron de
miedo al ver todo el recibidor lleno de esos hombres
de azul: miembro del Shinsengumi, los habían
encontrado.
El comandante retiró su espada del encargado
y alzó su mirada al frente.
- ¡Souji, arriba! Le ordenó con
voz firme.
El capitán de la primera división se
lanzó rápidamente al frente, sosteniendo
su espada de manera horizontal hacía el hombre
en la cima de la escalera. A su vez, el guardia acercó
su mano a la empuñadura de su espada y comenzó
a desenfundar. Sin embargo, antes de que la hoja de
su espada saliera por completo de su vaina, la punta
de la espada de Okita lo atravesó justo en
el pecho, saliendo por su espalda. Una vez asegurado
el golpe, el chico sacó su arma y le sacó
la vuelta al hombre, haciendo que su cuerpo rodara
por las escaleras hacía abajo.
Al escuchar el ruido del cuerpo caer por las escaleras,
los hombres en la habitación supieron de inmediato
que algo malo pasaba. Por simple reflejo todos acercaron
sus manos a las armas que tenían a su lado.
Se escucharon algunos pasos afuera del pasillo que
se acercaban a la puerta. Todos se giraron hacía
ella, esperando.
- ¡¿Quién está ahí?!
Gritó uno, al percibir la figura de
una persona frente a la puerta.
Las puertas se corren con violencia hacía
los lados, abriendo paso a los invasores de la posada.
Justo en el umbral había dos hombres, cuyos
rostros parecían manchados de la sangre de
las últimas dos personas que acababan de terminar
con sus espadas. Al frente, un hombre fornido de armadura
roja y chaqueta blanca, y a su lado, sosteniendo su
espada al frente listo para atacar a cualquiera que
se les acerque, un joven de cabello en un tono azul
muy oscuro de chaqueta azul claro.
Los presentes en la habitación no tuvieron
que esperar a que dijeran algo para saber que pasaba.
Uno de sus mayores temores se estaba materializando
frente a sus ojos.
- ¡Éste es el Shinsengumi! Gritó
el comandante con severidad, segundos después
de abrir la puerta del cuarto. Todos los hombres miraban
incrédulos. ¡Tenemos esta posada
completamente sitiada!, ¡Si se resisten todos
serán destajados sin piedad!, ¡La rebeldía
no será tolerada!, ¡Así que mejor
cooperen!
- ¡El Shinsengumi! Gritó espantado
uno de los realistas, reafirmando lo que todos ya
sabían pero que de igual manera tenían
el deseo de gritar.
Por un momento ninguno de los dos bandos hizo algún
movimiento. Los Shinsen al frente parecían
decididos a atacar en cualquier momento, mientras
que los realistas se veían dudosos. Algunos,
inspirados por le miedo, comenzaron a intentar escapar,
ya fuera por alguna de las puertas o las ventas. Una
confrontación contra el Grupo Shinsen podría
ser fatal.
- ¡No retrocedan! Escucharon de pronto
que una voz les gritaba desde el fondo de la habitación
al tiempo que se ponía rápidamente de
pie. El hombre vestido de negro, tomó con fuerza
la espada que portaba en su cintura, desenfundándola
de manera de ataque. Su objetivo fue la vela que alumbraba
el cuarto en el momento en que esos sujetos entraron.
La vela se partió el dos, dejando el cuarto
completamente a oscuras.
- ¡Maestro Yoshida! Exclamaron la mayoría
al verlo. Su sola voz parece haber detenido sus deseos
de huir. Por su parte, el Comandante Kondo centró
su vista en aquel individuo. Por fin podía
ver cara a cara al tal Yoshida Toshimaro.
- ¡Evidentemente los superamos en número!
Les gritó con un tono firme, pero al
mismo tiempo alentador para sus hombres. Si
todos peleamos, estos lobos no podrán derrotarnos.
Una vez dichas estas palabras, parecía evidente
que el combate comenzaría. Rápidamente
todos comenzaron a desenfundar sus armas, preparándose
para pelear. Una vez más, ambos bandos se miraron
fijamente los unos a los otros. Okita y Kondo estaban
justo al frente de todos. Todos los del Shinsengumi
estaban más que listos para emprender el combate
en cuanto se suscitara.
¡Acábenlos a todos! Gritó
el hombre de negro como señal de ataque, y
todos los presentes se lanzaron al frente para atacar
a sus invasores.
Las espadas comenzaron a chocar las unas contra las
otras, y la sangre poco a poco cubrió todo
el aire de la posada
Himura corría junto con Tomoe en dirección
a Ikedaya. Intentaba tomar el camino más rápido,
pero al mismo tiempo intentaba no ser visto. Temía
por Tomoe. Sabía que en cualquier momento se
encontrarían con hombres del Shinsengumi, y
posiblemente no podría defenderla.
De pronto, su miedo se hizo realidad. Justo frente
a ellos en el camino que estaban siguiendo, aparecieron
varios hombres vestidos con la chaqueta azul del Grupo
Shinsen, como cinco o seis en total. Himura paró
de golpe al verlos, y Tomoe detrás de él.
Los hombres lo voltearon a ver.
- ¡Alto ahí! Le gritó
uno de ellos.
- ¡Es un realista! Agregó otro.
Fuera como fuera, no tenía la posibilidad
de huir de ahí, tenía que pelear y abrirse
camino hacía la Posada. Alzó su mano
derecha preparándose para desenfundar, teniendo
a Tomoe a sus espaldas.
- Regresa por donde vinimos, ¡anda!
Le dijo Kenshin, intentando convencerla de que se
fuera. Pero como era de esperarse ella no le hizo
caso.
- ¿No has aprendido aún?...
Le contestó desde su posición, acercándose
a él. Soy muy terca. Agregó
con una sonrisa, la misma que Himura no pudo apreciar.
Aún así, sus palabras lo confundían.
Deseo seguir observándote con mis propios
ojos por todo el tiempo que sigas matando...
Himura la miró de reojo. No entendía
el porque de esa actitud. Cuando la conoció,
se había desmayado al verlo matar a alguien
y la sangre le cayera encima, ¿y ahora quería
quedarse a ver como mataba a esos hombres?, ¿Qué
era lo que estaba pensando? No tuvo mucho tiempo para
ponerse a pensar en ello, ya que de inmediato los
Shinsen se dispusieron a lanzarse en su contra.
El primero de ellos desenvainó y alzó
su espada de manera horizontal con la punta colocado
al frente. Himura dio un paso al frente con el pie
derecho y rápidamente sacó su espada
de la funda con un movimiento de manera circular.
El movimiento desvió la espada de su enemigo
hacía al lado. No podía dejarlo avanzar,
ya que Tomoe estaba a sus espaldas. Rápidamente
se hizo un poco hacía atrás y colocó
su espada vertical frente a él y la lanzó
de esa manera hacía adelante. El Shinsen tuvo
que tomar su espada para cubrirse. Una vez que ambas
hojas estaban juntas, Battousai colocó su mano
izquierda en la parte sin filo de la hoja y la empujó
al frente. Con este movimiento hizo que su adversario
retrocediera al tiempo que él también
avanzaba.
Después de dar un par de pasos al frente,
Himura retiró su espada del frente, moviendo
el arma del samurai de azul hacía un lado.
Éste a su vez reaccionó retrocediendo
hacía atrás. Supo en ese momento que
ese chico pelirrojo no era un espadachín ordinario.
El resto de los espadachines se acercaron, ya con
sus armas afuera de sus fundas y listas para el combate.
Himura tomó su espada al frente en posición
de pelea.
- ¡Fuera de mi camino! Les gritó
el destajador con fuerza ¡A un lado!
No esperaba que le hicieran caso, pero de igual manera
tenía mucha prisa como para perder el tiempo
en ese callejón. Igual los hombres no lo obedecieron.
El más cercano se lanzó al frente y
comenzó a atacar. Himura detuvo dos de los
ataques y luego se las arregló para desviar
la espada hacía la derecha para luego alza
su pie izquierdo y golpear al hombre justo en el pecho.
El Shinsen cayó al suelo sentado.
Sin perder tiempo, otro se le acercó por su
franco izquierdo. Alzó su espada y luego hizo
un movimiento vertical, mismo que el Destajador detuvo
alzando su espada por encima de él. En cuanto
las hojas tuvieron contacto, le sacó la vuelta
al hombre girando por su lado derecho hasta que se
colocó casi a sus espaldas. Desde ahí,
alzó su espada al frente, atravesando al hombre
desde la nuca, y haciendo que la hoja saliera por
el lado frontal del cuello.
Los demás se le acercaban rápidamente.
Alzó su pie derecho y lo colocó en la
espalda del cuerpo sin vida, empujándolo al
frente y así sacando sin vacilar la espada
del cuello. Una vez afuera se giró hacía
otro de los que se le acercaba, chocando su espada
con la de él para evitar su ataque. No pudo
hacer mucho antes de que otro de ellos se le acercara
por detrás. Tuvo que moverse a un lado para
sacarle la vuelta al primero y esquivar el ataque
del segundo. Una vez fallado el golpe, el mismo Shinsen
se volvió a lanzar, colocando su espada de
modo vertical para atacar hacía el frente.
Era otra vez esa técnica que había visto
la noche anterior.
El Shinsen se lanzó con su técnica,
alzando su espada hacía el frente lo más
que pudo. Kenshin colocó su espada con su punta
hacía el cielo y la movió de izquierda
a derecha. El movimiento desvió de nuevo la
técnica. Mientras desviaba el ataque, con su
mano izquierda tomó su funda que aún
seguía en su fajín y la sacó
rápidamente. Usando la vaina como si fuera
una espada, golpeó al hombre justo en las costillas
del lado derecho. El golpe fue tan fuerte que posiblemente
le rompió alguna. De inmediato vaciló,
retiró su mano izquierda de la empuñadura
de la espada y la llevó al área golpeada.
Eso fue mortal, ya que Battousai lo aprovechó
para atacar. Dirigió su arma, encajando la
espada justo en su abdomen. El hombre gimió
de dolor ante esto. Rápidamente giró
su espada hacía la derecha y la hoja salió
por el costado del samurai.
Siguiendo el impulso del movimiento, dio un giro
completo sobre su pie izquierdo. La espada se dirigió
en contra de otros de los hombres que quedaba, el
cual se defendió del golpe colocando la hoja
vertical, pero la fuerza del movimiento de Kenshin
fue más fuerte y el samurai no pudo detenerlo.
La espada lo alcanzó justo en el lado derecho
del cuello. Una vez que lo había alcanzado,
Himura acercó su mano izquierda a la parte
sin filo del arma, empujándola con más
fuerza. La hoja degolló al hombre, acabándolo
en el acto.
A estos momentos, al ver la gran destreza del hombre
al que se enfrentaban, aquellos que quedaban de pie
parecían dudar si continuar o retirarse, y
eso se veía en sus expresiones llenas de miedo.
Esos movimientos asesinos tan perfectos y rápidos,
cuya mayoría eran prácticamente invisibles
para ellos, tenía que ser ese asesino del que
todos hablaban, el tal Battousai. Himura no se detuvo
ante la vacilación de lo hombres. Antes de
que el cuerpo del último cayera al suelo, se
lanzó al frente.
Un de los hombres logró detener su ataque
y Himura se las arregló para empujarlo hacía
atrás y hacerlo chocar contra una pared. Al
mismo tiempo otro enemigo se le acercó por
su izquierda. Éste alzó su espada lo
más que pudo hacía arriba, preparado
para lanzar un golpe. No tuvo tiempo siquiera de lanzar
el ataque, ya que de inmediato el destajador abalanzó
su arma, atravesando su cuello con ella. Un tercero
se le acercó al mismo tiempo por un lado. Himura
una vez más giró, sacando el arma del
cuello del Shinsen. Durante el giró, su arma
chocó con fuerza contra la espada del siguiente
contrincante, la cual se rompió como sin nada
ante el choque de la espada del temido Hitokiri. El
arma siguió hacía su cuerpo, decapitando
al hombre con su filo.
Sólo quedó uno, el cual se le veía
ya manchado con la sangre de sus compañeros,
y en sus ojos se veía una gran impresión.
Conocía las reglas del Shinsengumi, y estaba
listo para morir en ese lugar, pero lo que veía
le parecía demasiado impresionante y no podía
evitar el reflejarlo. Después de que el Destajador
decapitara al último hombre, le había
dado la espalda. Aprovechando esta situación,
el Shinsen se lanzó para atacarlo. Su movimiento
no le fue para nada una sorpresa para Himura, que
de inmediato se giró al tiempo que lanzaba
su espada al frente. La hoja atravesó al chico
en el pecho y con el impulsó lo colocó
contra la pared. La hoja atravesó el cuerpo
del Shinsen hasta tocar la pared y luego la retiró
rápidamente.
El cuerpo del último cayó al suelo,
marcando de esta manera el último paso de esa
pelea. Los cuerpo de los Samurai quedaron tirados
a su alrededor, tal y como habían caído
tras su muerte. El callejón quedó en
silencio por unos instantes. Himura admiró
la escena por unos segundos, como queriendo encontrar
algo, pero en realidad quería evitar por completo
el tener que mirar a Tomoe. Después de unos
momentos supo que no lo podría evitar. Lentamente
alzó su mirada en dirección a donde
estaba su acompañante. Ella se encontraba de
pie en el otro extremo, completamente inmóvil.
Su kimono blanco se encontraba totalmente limpio;
ni una sola gota de sangre le había caído
encima. Eso en parte lo tranquilizaba. Su mirada tampoco
reflejaba impresión o algo parecido. Se veía
tranquila y seria, mirando de frente al Destajador.
Himura respiraba intentando tomar aire, mientras
miraba con cuidado a Tomoe. No podía evitar
pensar que pasaba por su mente después de ese
momento. De pronto, ambos escuchan algo parecido a
una explosión, pero más parecido a lo
que suena cuando se dispara un fuego artificial. Kenshin
y Tomoe alzaron su mirada al cielo. Una extraña
llamarada se elevaba por encima de todos los techos
hasta cierta altura, donde pareció explotar,
irradiando una fuerte luz blanca, mucho más
fuerte que cualquier fuego artificial que haya visto.
Todo el cielo se cubrió con su luz, iluminando
todo a las cercanías
- ¿Qué es eso? Preguntó
Tomoe, mirando el resplandor sobre Ellos. Por su parte,
Himura sabía que eso debería de significarse
algún tipo de señal, ¿pero de
quién?
No podían perder más tiempo. Rápidamente
emprendió la marcha rumbo a Ikedaya, esperando
poder llegar a tiempo. Tomoe lo comenzó a seguir
por detrás, pasando por entre todos los cuerpos
de los Shinsen en el transcurso
Las puertas del cuarto se abren rápidamente
sin aviso. En otro tiempo eso hubiera sido una indiscreción
imperdonable. Del otro lado aparece el rostro de Katagi,
totalmente lleno de angustia y miedo en el rostro,
además de que se veía que había
estado corriendo a toda velocidad.
- ¡Maestro Katsura! Gritó exaltado
en cuanto abrió la puerta.
Las dos personas en el cuarto no parecieron percibir
el sentimiento del recién llegado. El Maestro
Katsura se encontraba sentado frente a Ikumatsu, su
acompañante, y entre ambos había un
pequeño tablero de Shogi. Parecían estar
jugando una partida, y a simple vista se veía
que la geisha le estaba ganando a su señor.
Katsura parecía muy tranquilo y ni siquiera
volteó a ver a la puerta cuando ésta
se abrió.
- Ya dije todo lo que tenía que decir Katagi.
Dijo de inmediato mientras movía una
de sus piezas. No me interesa lo que Yoshida
o Miyabe puedan agregar.
- Maestro, el Shinsengumi ha atacado Ikedaya.
Katsura soltó la ficha que había tomado,
dejándola caer en el tablero. De inmediato
se giró hacía Katagi con una expresión
de asombro.
- ¡¿Cómo?!
- Toda la posada se encuentra sitiada, y persiguen
a nuestros hombres por los alrededores. No sabemos
todavía que pasó con los líderes
que se reunían
La noticia le cayó de golpe al líder
Chosu, al tiempo que lo llenaba de cierto espanto.
No podía creer que el Shinsengumi se hubiera
movilizado tan rápido, ¿cómo
lo habrán sabido?, ¿le habrán
sacado al información a Furutaka?, pero de
todas maneras él desconocía el lugar
exacto en el que sería la reunión. De
seguro varios de sus compañeros serían
apresados o incluso muertos. Yoshida era inteligente,
posiblemente podría escapar. De haber estado
él mismo en aquel lugar, ¿Qué
le hubiera pasado? Las ideas giraban en la cabeza
de Katsura con revuelo.
Después de un par de segundo que para él
fueron varios minutos, se puso de pie y caminó
apresurado hacía el lugar en el que descansaba
su espada. Al tomarla con su mano izquierda, no pudo
evitar recordar aquella conversación que había
tenido con su compañero Shinsaku, y la promesa
que le había hecho. No tenía intenciones
de romperla, aunque la situación ameritaba
ese cambio de planes. De haber estado en Ikedaya,
de seguro hubiera sido forzado a desenvainar para
defenderse, o de lo contraria moriría. Era
la mano caritativa de algún buda o de algún
dios lo que en esos momentos lo mantuvieron lejos
de ese lugar.
Colocó su espada en el fajín y de inmediato
se dirigió a donde su compañera residía
sentada.
- Ikumatsu, sal de Kyoto y escóndete por un
tiempo. Le dijo el hombre con algo de prisa,
a lo que la geisha respondió con una afirmación
de la cabeza. Ambos intercambiaron algunas miradas
antes de que Katsura y Katagi dejaran la habitación.
El ajetreó en la posada casi había
culminado por completo, a excepción de algunas
peleas que se suscitaban en el interior. Pero afuera,
aún había algunos Shinsen intentando
detener la huida o el ataque de algunos Ronin.
Una figura sale casi a rastras de la posada. La cabellera
rojiza del capitán Nagakura de la segunda división
se hace presente bajo el cielo estrellado. Su rostro
y ropas se encuentran prácticamente rojas tras
todo la pelea. A su lado, ayuda a uno de sus compañeros
herido que acababa de ser alcanzado por un ataque
enemigo. Intentaba sacarlo de la posada para que no
fuera victima de algún otro rebelde. De pronto,
cuando ya estaban en la calle frente a la posada,
dos Ronin salen apresurados del sitio y se colocan
frente a ellos. Los ven vulnerables, y por supuestos
desean aprovechar esa situación para acabar
con algunos Lobos de Mibou.
Nagakura no pierde tiempo y de inmediato acerca su
mano a la espada para defenderse. Sin embargo, no
fue necesario que el capitán hiciera tal cosa.
De entre las sombras surge una figura sigilosa que
se lanza hacía el frente como un lobo al ataque.
Los dos realistas ni siquiera lo vieron venir hasta
que ya fue muy tarde. El recién llegado, otro
samurai vestido con la misma chaqueta azul, lanzó
su espada de manera horizontal, atravesando al que
tenía más cerca por el pecho. El otro
intentó reaccionar, pero en tan sólo
un segundo el Shinsen sacó su espada del primero
y de inmediato arremetió en contra de él,
hiriéndolo en el cuello. Los dos cayeron al
suelo de inmediato.
- ¡Saito! Exclamó Nagakura al
reconocer a la persona que los había ayudado.
Hajime Saito, capitán de la Tropa Tres. Había
ido en el grupo que dirigía el Subcomandante,
pero tras divisar la señal de luz en el cielo,
el grupo se comenzó a dirigir hacía
este sitio. Saito se adelantó a toda marcha
para llegar antes.
- ¿Está Kogoro Katsura adentro?
Le preguntó a su compañero, mientras
agitaba su espada hacía un lado para retirar
de ella algo de la sangre.
- No lo sé, no lo he visto por ningún
lado. Le contestó Nagakura, mientras
coloca a su compañero en el suelo. Saito divisa
en ese momento de quien se trata. No era un soldado,
era Todou Heisuke, un capitán como ellos.
- ¿Que le ocurrió a Todou? Preguntó
el capitán de la Tercera División algo
extrañado.
- Fue Yoshida... Le contestó el pelirrojo
entre dientes.
Saito abrió sus ojos como señal de
sorpresa al oírlo. Escuchó que unas
espadas chocaban en el interior de la posada. De inmediato
se giró a la entrada principal y corrió
hacía adentro.
No muy lejos de ahí, en una de las calles
cercanas, un grupo de soldados Shinsen se enfrentaban
a algunos realistas que habían intentado escapar.
Como era de esperarse, ninguno de ellos aceptó
el ser aprendido, por lo que se defendía lo
más podían. Entre los Shinsen, se encontraba
uno en especial, un chico de cabello entre negro y
morado oscuro, que se lanzaba al frente sin ningún
miedo. Luego de embestir a uno de los realistas con
su técnica, se giró rápidamente
en contra de otro que se venía detrás
de él, atravesándole el abdomen con
su arma.
- ¡Ten cuidado Kyosato! Le gritó
uno de sus compañeros mientras detenía
un ataque. ¡Hay más en los alrededores!
El chico de cabello oscuro empujó al último
sujeto que había acabado hacía atrás
para retirar su arma. De pronto, mientras hacía
este movimiento, le pareció visualizar algo
del otro lado de la calle. Entre todo el fondo negro
que creaba la noche, le pareció ver una silueta
blanca que se movía con velocidad. Era una
persona, de eso estaba seguro, vistiendo un kimono
blanco.
No supo como fue que logró verla desde su
posición, pero el caso es que así fue.
Se encontraba a una distancia considerablemente larga,
pero logró visualizar su rostro con claridad;
posiblemente se debía a que no le era del todo
nuevo. Era una mujer vestida de blanco, que corría
detrás de otra persona, a la cual no le puso
mucha importancia. Sus ojos se abrieron por completo
al creer reconocerla. Al principio le pareció
imposible, pero no podía estar equivocado lo
que veía.
- ¡Esa mujer! Exclamó para si
mismo mientras veía al frente.
Sin pensarlo siquiera, Kyosato comenzó a correr
al frente, en dirección a donde la había
visto.
- ¡Espera Kyosato! Le gritaron sus compañeros,
pero él no se detuvo por nada.
Sosteniendo su katana en la mano derecha y con sus
sentidos puestos en todos lo alrededores por lo que
pudiera pasar, Kyosato corría, intentando encontrar
la fuente de su impresión. Estaba seguro de
que había visto a esa persona, y en cuanto
pasó por el lugar en el que creyó verla
una extraña sensación pareció
rectificarle su sospecha. Se detuvo de golpe al percibirlo,
ese perfume tan singular, perfume de ciruelo blanco.
No podía haber un error.
Sus pensamientos fueron rotos por unos gritos a su
lado. Pudo divisar de reojo como unos tres Ronin se
lanzaban en su contra sin aviso.
- ¡Háganse a un lado! Les gritó
mientras se giraba hacía ellos. No podía
perder el tiempo con basuras como esas.
Se lanzó hacía ellos antes de que lo
hicieran primero. El que estaba más adelante
detuvo el primer golpe, pero el segundo incrustó
espada justo en su costado derecho, atravesándolo
hasta el centro del abdomen. Kyosato hizo a un lado
el cuerpo sin vida y se giró hacía los
otros dos. Rápidamente tomó su espada
a su lado derecho, colocando la hoja horizontal hacía
el enemigo. Se lanzó con el mortal Hirazuki,
la técnica maestra del Shinsengumi, atravesando
al siguiente individuo por el cuello.
No se detuvo ni un segundo. En cuando se aseguró
de que su espada había alcanzando al enemigo,
la movió con furia hacía un lado haciendo
que la hoja saliera por el lado derecho del cuello.
El tercero ya se le acercaba para atacarlo, pero siguiendo
el movimiento que había hecho para sacar su
espada giró hacía atrás, cortando
la mano derecha del individuo con su filo. El hombre
retrocedió de un grito ante el dolor. No gritó
mucho, ya que de inmediato el Shinsen se lanzó
de nuevo contra él, atravesándolo en
el pecho a la altura del corazón.
El último dejó de respirar y de inmediato
Kyosato lo dejó caer al suelo. Le fue de todo
indiferente a estos hombres muertos. Rápidamente
se giró a los alrededores, intentando adivinar
hacía donde se había ido esa persona
de kimono blanco. El olor de su perfume ya era prácticamente
inapreciable por tanta sangre derramada. Se comenzó
a sentir algo fustado, cuando escuchó una voz
que le gritaba.
- ¡Oye tú! Escuchó que
alguien le decía a su diestra. Se giró
algo espantado, posiblemente por la emoción
del momento, pero se tranquilizó al ver que
se trataba de un grupo de sus compañeros, el
cual se acercaba rápidamente hacía él,
con el Subcomandante Hijikata al frente.
- ¡Subcomandante! Exclamó el
chico al reconocerlo. Rápidamente bajó
su espada y su mirad ante el hombre de blanco.
Que bueno que llegaron. Casi todos los hombres están
apresados, pero algunos se encuentran huyendo.
El Subcomandante asintió con la cabeza ante
las palabras del soldado.
- Bien, ¡andando! Ordenó el hombre
con autoridad. Y todos los hombres comenzaron a marchar
en dirección a Ikedaya.
Kyosato los seguiría, pero se quedó
unos momentos en el mismo lugar. Seguía pensando
en lo mismo, y de alguna manera no lo dejaba tranquilo.
- Esa mujer... Seguía repitiéndose
en su mente.
A pesar de que los hombres en la posada Ikeda eran
más que los que entraron del Shinsengumi, con
el pasar de los minutos era evidente que los realistas
no podrían contra los Lobos de Mibou. Quién
sabe que haya sido el factor de victoria de los Shinsen
esa noche. Posiblemente el elemento sorpresa tuvo
algo que ver, o las habilidades de los miembros del
grupo en realidad fueron mayores. Pero el caso fue
que en Ikedaya había posiblemente cincuenta
hombres de los clanes de Chosu, Tosa y Higo, y todos
fueron arrasados por los Lobos de Mibou.
Pero el Shinsengumi no se vio exento de tener bajas.
Una vez que todo se tranquilizó en la posada
y en los alrededores, un grupo de Shinsen se encuentra
revisando a algunos de sus compañeros caídos.
Eran cinco en total, tirados en el suelo con heridas
de espada. Entre los que ahí se encontraban
inspeccionando estaba Saito, el cual miraba con algo
de curiosidad los cuerpos.
- ¿Qué pasó aquí?
Preguntó uno de los hombres a su lado. Saito
se quedó algo pensativo antes de contestar.
- ¡Estos cortes otra vez! Exclamó
sorprendido, como reconociendo las técnicas.
Parece que Battousai el Destajador si asistió
esta noche después de todo.
Se vio que entre los presentes surgió una
cierta sorpresa, y entre ellos comenzaron a murmurar.
Ya todos habían oído hablar de Battousai,
y les parecía sorprendente saber que posiblemente
estuvo muy cerca de ellos esa noche. Otro Shinsen
se acerca rápido al lugar en el que se encuentra
el resto y se dirige al capitán.
- Capitán. Kogoro Katsura no está aquí,
al parecer escapó o no asistió a la
reunión. Miyabe y Matsuda están muertos,
también Yoshida. Comentaba el hombre
con firmeza. Saito escuchó todo con cuidado.
Era una buena noticia, varios líderes de los
rebeldes estaban exterminados, pero sin Kogoro Katsura
no se podría completar la hazaña.
- ¿Dónde está Okita?
Preguntó por último el capitán.
- Descansa adentro. Le contestó.
Parece que fue herido.
El capitán se quedó serio al oírlo.
No, no había sido herido, él lo sabía
bien, o si lo fue no era algo que ameritaba descanso.
Saito lo había visto, y sabía lo que
pasaba. Era cuestión de tiempo para que el
Subcomandante y el comandante se enteraran, y no sabía
que sería de Okita después de eso.
Al tiempo que los Shinsen se asombraban de enterarse
de que posiblemente estuvieron a punto de enfrentarse
al tal Battousai, desconocían que el individuo
con ese nombre tan conocido no se encontraba muy lejos
de ellos. Kenshin y Tomoe se encontraban ocultos cerca
de ese lugar, detrás de algunas cajas colocadas
en la calle. Desde su posición, el Destajador
era capaz de escuchar lo que esos sujetos comentaban.
Su atención se centró sobre todo en
el momento en que mencionaron al señor Katsura.
- El maestro Katsura no está aquí.
Pensó para si mismo al oírlos.
Era un alivio, pero al mismo tiempo no tenía
idea de donde podría estar. También
escuchó lo que habían dicho de los otros
líderes. Yoshida y Miyabe ahora estaban muertos.
Sintió deseos de salir de su escondite y lanzarse
en su contra, y este se deseo se reflejo cuando con
el pulgar de su mano izquierda sacó un poco
su espada de la vaina.
De pronto, siente como unas manos se posan en la
suya deteniéndolo. Himura se voltea y ve a
Tomoe que lo observa con cierta desesperación.
- ¿Qué haces? Le preguntó
en voz baja el pelirrojo.
- No, ya no, no puedes salir a pelear ahora.
Le decía casi en susurros. Por favor,
salgamos y vayamos al Hostal.
Himura la miró confundido. Parecía
que su actitud había cambiado. Posiblemente
el ver la escena de hace unos momentos si la había
afectado más de lo que él había
percibido, a pesar de que su rostro reflejaba lo contrario.
Además, en esa ocasión había
sido por defensa propia, y salir ahora sería
por simple ataque. Pensó unos momentos y decidió
aceptar la propuesta de su acompañante.
Rápidamente emprendieron la huída.
De pronto, justo cuando se comenzaron a mover, uno
de los hombres de azul le pareció percibir
su presencia. Hajime Saito volteó rápidamente
en dirección a donde ellos se encontraban.
La calle estaba completamente oscura y no vio nada
a su frente.
- ¿Sucede algo Capitán? Le preguntó
uno de ellos al verlo voltear de esa manera. El Shinsen
se quedó viendo al frente por unos momentos.
- Me pareció percibir el aroma de un ciruelo
floreciendo. Contestó sin desviar la
vista. Sus hombres se extrañaron de esas palabras.
- Pero si estamos en verano. Se atrevió
a decir uno de ellos después de un rato. El
capitán sonrió.
- Sí... talvez fue mi imaginación o
me esté volviendo loco.
La noche sigue su curso mientras Kenshin y Tomoe
corren por las calles, ahora ya con varias personas
a su alrededor. La gente parece notar los escasos
rastros que habían quedado en el cuerpo del
chico tras su última pelea.
Después de mucho correr llegan hasta el frente
de su destino. Rápidamente Himura abre la puerta.
Son recibidos por la encargada, la cual trae algunos
objetos consigo. A simple vista se ve que ya tenía
a su disposición las pertenencias de ambos,
de seguro previendo que tenían que salir de
la ciudad lo antes posible.
- ¿Katsura-sama está aquí?
Fue lo primero que Himura preguntó en cuanto
entraron al hostal.
- No. Fue la respuesta corta de la encargada.
Ya me enteré de lo ocurrido en Ikedaya.
No es seguro que estén aquí.
La mujer extendió sus manos, entregándoles
sus cosas.
Lo de Kenshin era únicamente una sombrilla
morada. Las únicas posesiones que tenía
en realidad eran las ropas que traía, su espada
y ese trompo de madera que siempre traía consigo
en su traje. Lo demás que pudiera tener le
era indiferente. Por su parte, las cosas de Tomoe
estaban envueltas en una manta morada. Cuando fue
traída al hostal por Kenshin no traía
muchas cosas consigo, además de su diario y
la daga, y otros detalles.
Los dos jóvenes tomaron lo que la mujer les
entregaba. Kenshin corrió rápido hacía
la parte trasera para salir del lugar. Tomoe tomó
sus cosas y se inclinó al frente como señal
de gratitud.
- Gracias por todo. Le dijo la joven de blanco
al tiempo que emprendía la marcha detrás
del destajador.
- Tomoe. La detuvo la voz de la encargada.
Tomoe se volteó a verla. No olvides
lo que te dije. La esencia de la flor de Iris es más
fuerte con la lluvia... incluso si es una lluvia de
sangre...
Sus palabras de despedida la confundieron, pero como
siempre no permitió que ese sentimiento se
reflejara en su semblante. Comprendía parte
de lo que le quería decir con esas palabras,
y sabía que eran para darle fuerza. Se giró
por completo hacía ella y se volvió
a inclinar al frente. Un segundo después volvió
a correr hacía donde se había ido Himura.
Las puertas traseras del hostal llevaban hacía
un callejón oscuro que estaba atrás
del establecimiento. Kenshin muchas veces había
entrado por ese lugar durante las noches, cuidándose
de que nadie lo viera. Sabía que algún
día tendría que salir por ahí,
pero nunca pensó que en una situación
como esa.
- Himura. Escuchó de pronto que alguien
lo llamaba a su lado. Escuchar su voz le transmitió
cierta tranquila al joven pelirrojo. Era Katsura,
que caminaba con cautela por el callejón hacía
donde ellos estaban parados.
- ¡Maestro Katsura! Exclamó al
verlo. ¿Se encuentra bien?
- Deben de estarme buscando si es que no me han dado
por muerto ahora. Le contestó, parándose
frente a él. Yoshida y Miyabe están
muertos, ¿no es así? Himura contestó
asintiendo con la cabeza. Tuvimos que desalojar
el Hantei lo antes posible; ahora está rodeado
por soldados del Shogunato.
- ¿Qué haremos ahora?
- Tenía en vista una situación así
a futuro. Lo importante ahora es encontrar la manera
de sacarte de Kyoto Himura, a ti y a Tomoe. He preparado
una casa en Otsu, donde ustedes podrán ir como
marido y mujer. La sorpresa no se pudo disimular
en el rostro de los dos tras oír lo último.
Es mejor así. Una pareja de recién
casados llamará menos la atención que
si te escondes tú solo. Izuka te contactará
en cuanto nos sea posible. Hasta entonces, tienes
que pasar inadvertido. Katsura pasó
entre ambos, dirigiéndose hacía la entrada
trasera del Hostal. Antes de retirarse, le proporcionó
una mirada a Tomoe, que se quedó algo extrañada.
Cuídense.
El líder Chosu se perdió en las sombras
del callejón, para luego penetrar en el edificio
y cerrar las puertas detrás de él. Tanto
Kenshin como Tomoe permanecieron unos momentos mirando
en la dirección en la que el hombre se había
perdido, como no creyendo lo que les había
dicho.
- ¿Vamos a Otsu? Preguntó por
fin Tomoe, rompiendo el silencio.
- ¿Cómo marido... y mujer? Agregó
Kenshin sin desviar su mirada mientras lo decía.
Tomoe lentamente se volteó hacía él
y sus ojos se encontraron por unos instantes. Nadie
dijo nada, pero Tomoe se aferraba con fuerza a sus
cosas, envueltas en aquella tela de color, como no
queriendo olvidar lo que tenía ahí dentro
******
El sol se comenzó a asomar. Era recién
de mañana del 6 de Junio del primer año
de Genji. Las personas en la calle se hacían
a un lado por completo al ver pasar a esos hombres
vestidos con esas chaquetas azules y portando consigo
esas banderas rojas con el kanji Makoto
en blanco. Los rostros y ropas de varios de ellos
estaban cubiertos por sangre y demás manchas
que quedan en uno después de una pelea. Hombres
armados con lanzas y espadas marchaban casi con orgullo
tras su aplastante victoria en dirección a
sus cuarteles. Ese era el regreso triunfante del Shinsengumi.
La gente veía asombrado el andar de los Lobos.
Sólo unos pocos estaban enterados de lo sucedido
en Ikedaya, pero entre la gente se comenzaban a pasar
los mormullos. Un individuo en especial los observa
con muy cuidado. Una persona, vestida de azul, con
un sombrero largo en forma de cesto sobre su cabeza
el cual le cubre gran parte del rostro, observa al
frente con sus ojos azules de una expresión
seria y penetrante. Parece analizar con mucho cuidado
aquellos sujetos que pasan ante él.
De pronto, uno de los hombres parece percibir su
presencia o sentir su mirada sobre ellos. Rápidamente,
esa persona de cabello negro y largo, con ojos pequeños
y amarillos, centra su vista en toda la multitud.
La mirada de ambos hombres se cruza sin remedio. Sin
que ninguno supiera si el otro lo estaba viendo justo
a él, se siguieron con la vista hasta que la
marcha del grupo ya fue muy adelante.
Uno de sus compañeros, el joven capitán
de la tropa uno que va más adelante, se gira
al ver como su compañero se encuentra volteando
hacía atrás.
- ¿Sucede algo Saito? Le pregunta Okita
con una sonrisa. El otro capitán sonríe
sin cuidado y luego se voltea hacía el frente
de nuevo.
- No es nada importante. Le contestó
aún con su sonrisa. Pero creo que acabo
de ver un rostro que no debo olvidar...
El Shinsengumi siguió con su marcha, alejándose
del sitio en el que Battousai el Destajador los miraba
pasar
FIN DEL CAPITULO VI
Notas del Autor:
Por fin acabé estos dos capítulos,
que originalmente deberían de haber sido uno,
pero como ven el asunto se estuvo alargando demasiado.
Para los que no lo percibieron, o más bien
para los que sólo han visto los OVAs de Tsuioku
Hen y notaron algo raro en algunas cosas, este
capitulo fue una completa fusión de ambas versiones
de lo que fue el Incidente de Ikedaya, como se narra
el Rurouni Kenshin: Tsuioku Hen y como
se narra en Peace Maker Kurogane, por
supuesto con sus respectivas modificaciones personales
para adaptarlas a la historia. También como
habrán notado, da la impresión de que
se dejaron sin explicar algunas cosas. Esto es como
ya había dicho, esta historia se relaciona
por completo con Hacedor de Paz, es decir,
ambas cosas pasan al mismo tiempo, por lo que más
adelante en la otra historia llegaremos a este punto
y ahí se aclarará todo.
Pues bueno, en este punto la historia de Kenshin
y la Tetsunosuke se separan por completo tomando caminos
diferentes, pero dentro de poco se volverán
a unir. Ya no le falta mucho para terminar este Fanfic,
así que estén pendientes con los últimos
capítulos.
Atte.
Wing Beelezemon Wingzemon X
The Last Power of this Revolution
azor_cometa@hotmail.com
|