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La Espada Asesina
CAPITULO V
EL SABOR DEL SAKE

Afuera, en las calles de la capital de Kyoto, la mañana transcurría con un minuto después de otro, una persona entrando en una tiendo luego de la otra, y los andantes caminando por la calle sin miedo o preocupación además de la habitual. Parte de la ciudad poco a poco parecía cubrirse con las luces y el gran movimiento que acompañaba al conocido Festival de Gion. Ya a estas alturas se había circulado por entre la gente la noticia de la última redada hecha por el Shinsengumi a un punto de reunión de Ronin, pero pese a esto las cosas parecían transcurrir sin problema.

Sin embargo, lo cuarteles de Maekawa no compartían exactamente el mismo ambiente. Luego de lo ocurrido en la redada a Masuya, habría de realizar el siguiente paso. Adentro, en un lugar de los cuarteles generales del Grupo Shinsen, oscuro, húmedo e iluminado únicamente por una escasa luz que entraba del exterior, se hallaban dos figuras en las sombras. Una de ellas pertenecía a un hombre, colgado cabeza abajo del techo, y con sus manos atadas a su espalda. En su rostro y cuerpo se ven las marcas logradas por la larga tortura que había experimentado durante todo el tiempo de su “interrogatorio”. Uno de sus ojos era cubierto por completo por su sangre. Su pies habían sido victima de algunas tácticas de tortura por las que era conocido el hombre delante de él, y parecía incluso haber perdido algunos dientes.

La segunda persona presente en el lugar era un hombre, cubierto por completo por la oscuridad, de la cual sólo parece distinguirse el humo blanco que surge de su pipa. Era alto, y parecía vestir completamente de negro. Esta persona, parada frente a la otra con gran autoridad, acerca su mano derecha hacía su costado contrario. Su mano sujeta la empuñadura de la espada, la cual lentamente sale de su funda. El hombre colgado mira esta escena, estupefacto y completamente congelado. La hoja sale por completo de su protectora vaina, y su punta se dirige sin desliz hacía él. El hombre puede ver justo frente a su ojo el amenazante filo de esa arma. Él parece comprender el significado de esta acción. Esa sería la última oportunidad para cooperar o morir…

- Nosotros íbamos a elegir una noche con un fuerte viento... – Comenzó a decirle, cediendo al final de cuentas. La otra persona escuchaba sin mover su arma del lugar. – En ese momento, cuando el fuego fuera encendido en pos del viento, el Palacio Imperial y todo Kyoto se cubriría en un océano de fuego en tan sólo unos segundos... Entonces, nuestros hombres masacrarían a los nobles y guardias del gobierno, rescatando al emperador durante toda la confusión y lo llevaríamos a Chosu… - El hombre de negro escuchaba todo con completa tranquilidad, pero se le veía algo de asombro. – Esa noche… esa noche es…

Los ojos fríos del hombre se abrieron de par en par al escuchar esa confesión. Retiró su espada alejándola de su victima, como si estuviera tomando su tiempo para asimilar la información.

- Idiotas… - Mencionó en voz baja, mientras mantenía en su rostro una expresión de espasmo. – No son más que un puñado de idiotas...

Dicho esto, alzó su espada hacía el aire, tomándola con sus dos manos. La persona colgada admiró con espanto esta escena, y cerró sus ojos como esperando que todo terminara. Los dos guardias que protegían la puerta, escucharon un fuerte ruido proveniente del interior. El hombre colgado estaba ahora tirado en el suelo. La cuerda de sus pies había sido cortada.

Dándole la espalda, la persona de negro comenzó a enfundar de nuevo su arma. El hombre lo miró sin comprender el porqué de sus acciones. Pero sin importarle ya la reacción de éste, el hombre de la espada caminó hacía la puerta, tomando un abrigo gris que había dejado. Las puertas se abrieron. Los dos guardias en la puerta, vestidos cada uno con el chaleco de color azul del grupo, bajaron la mirada ante la figura tan prominente frente a ellos, un hombre vestid con un kimono negro, de cabello largo sujeto con una cola, y un saco de color gris oscuro sobre su traje.

- Gracias por tu ayuda... – Mencionó al mismo tiempo que salía del sitio…

Y así fue como durante la mañana del Junio 5 del primer año de Genji, toda la capital se comenzó a mover hacía un nudo de confusión…

Las calles ya estaban adornadas, las luces estaban preparadas para iluminar la ciudad esa noche. Los restaurantes y demás establecimientos se preparaban para el gran movimiento que habría ese día. Éste era el ambiente que rodeaba al famoso Festival de Gion, celebrado en los inicios de Junio y que se alarga por el mes. Durante este festival algunos sectores de la ciudad de Kyoto se alumbran y resplandecen más que otros días. Sin embargo, ese día de festival no sería del todo agradable para algunos de los habitantes de la ciudad. Sin que la mayoría de ellos lo supiera, esa noche cambiaría drásticamente el curso de la historia.

Después de una noche muy agitada, Kenshin se encontraba de regreso. Luego de un aseo ligero, salió de la posada acompañado de Izuka. Aún se le notaba algo de cansancio en el rostro, pero su andar era por completo normal. Ambos hombres caminaban entre todo el tumulto de personas, mientras el pelirrojo contaba con cuidado lo que le había pasado ese noche.

- ¿Fuiste emboscado por el Shinsengumi? – Exclamó extrañado el señor Izuka al oír a su acompañante.

- Cinco de ellos en total. – Contestó sin mutarse el destajador.

El nombre de “Battousai el Destajador” ya se había vuelto conocido en las calles, casi como una leyenda. Se decía que entre los realistas del clan Chosu que residían en Kyoto, existía un destajador que se encargaba del trabajo en las sombras, y que es tan peligroso y tan temido que nadie había logrado siquiera alcanzarlo con su espada. Claro que con el pasar de una persona a otra, estos rumores habían surgido cambios y algunas anécdotas comenzaban a exagerare, pero en esencia se referían a lo mismo.

Sin embargo, la apariencia y la identidad de este personaje tan misterio se había permanecido en completo secreto con la intención de que pudiera realizar su trabajo con efectividad. La gente decía que nunca lo había tocado con una espada, pero ahora tenía esa marca en su mejilla para demostrar lo contrario. Por supuesto eran contados, y todos miembros del clan, los que sabían que Battousai tenía una herida en su mejilla. Una seña como esa lo haría ser reconocido con facilidad. Pese a todo esto, ya era la segunda vez que Himura era emboscado de la nada a mitad de la noche, y eso era suficiente para preocupar a sus compañeros.

- Primero aquel sujeto del callejón, y ahora el propio Grupo Shinsen. Esto se está volviendo más peligroso. – Comentaba Izuka al caminar. Ambos hombres portaban en sus cabezas sombreros de mimbre alargados, posiblemente para no llamar tanto la atención.

- No me pareció que supieran a quien atacaban en realidad. Aún así, me parece que todo esto no puede ser una coincidencia.

- Masuya fue emboscado esta misma mañana. – Al escuchar este anuncio, Himura no pudo evitar recordar lo que había visto hace algunas horas. – El señor Furutaka fue capturado al parecer junto con otros de nuestros hombres. Los líderes están algo angustiados por este incidente. El maestro Yoshida se encuentra en estos momentos en Minoda. No aceptó ir al Hantei.

- Sí, pasé por ahí después de la emboscada y vi al Shinsengumi acorralando el lugar. Todo ocurrió justo esta madrugada…

Las cosas se habían comenzando a volver más tensas en la capital. Por un lado, algunos miembros del clan presionaban con la idea de atacar abiertamente al Shinsengumi, mientras algunos de sus hombres eran capturados y arrestados. Además los líderes del movimiento parecían tener problemas entre ellos, en especial entre Miyabe, Yoshida y Katsura. Y esa misma noche sería la reunión que hace ya algún tiempo habían anunciado. Himura, siendo un simple asesino, no podía ni debía preocuparse por asuntos de ese tipo, pero él bien sabía que todo eso no podía terminar en algo bueno.

Himura había sido recibido por un mensaje que les habían dado a los miembros del clan caída la noche, cuando él no estaba. El mensaje no era del todo alentador.

- ¿Eso fue lo que dijo el señor Miyabe? – Preguntó de pronto Himura, cambiando el tema pero retomando el que estaban tratando antes de hablar de la emboscada.

- Así es. – Contestó. – Mencionó que si tenías a alguna mujer a quien quieras en esta ciudad, la sacarás antes del anochecer.

- ¿Te refieres a alguien que aprecie? – Kenshin parecía confundido, pero en el fondo entendía de que le estaban hablando. – Esta noche es la reunión de la que me hablaron, ¿no es así? Esa advertencia debe de significar que algo aún más grande ocurrirá hoy. Me parece muy arriesgado que vayan a tenerla tras estás circunstancias. ¿Qué piensa de Katsura-sama de todo esto?

- Katsura-san no sea ha presentado ante Miyabe-san o Yoshida-san desde hace ya algún tiempo. – Mencionó Izuka con algo de desgano. – Parece que se han comunicado por cartas, pero se dice que sus relaciones con ellos ya no van del todo bien, creo que ya te lo había mencionado. – Izuka aceleró un poco el paso y se giró hacía su compañero. – Voy a investigar que va a pasar hoy en la noche exactamente. Ya que no irás a la reunión, podríamos venir juntos al festival. Además, ¿qué harás con respecto a Tomoe?

- No tengo porque hacer algo. No asumas que ya es mi mujer.

- Eso dices tú, pero la verdad es que es una mujer a la que ya has salvado antes, por lo que te aconsejaría pensarlo un poco.

Izuka se giró hacía el frente y se alejó entre toda la multitud. Himura se quedó unos momentos de pie en la calle, mirando al frente con una expresión perdida. Tenía varias cosas en la cabeza que no lo dejaban del todo tranquilo.

En los cuarteles del Grupo Shinsen, se nota un gran movimiento por parte de sus integrantes. Ya varios de los soldados tienen puestos sus trajes, y se encuentran armados con sus espadas y lanzas según sea el caso. No se debe de estar enterado de lo que pasaba para darse cuenta de que algo realmente grande iba a pasar ese día. Exactamente en ese momento, en un punto del cuartel, se encontraban conversando tres miembros importantes del grupo, los capitanes de las primeras tres divisiones, los cuales estaban de pie frente las escaleras de una pequeña edificación parecida a un almacén o algo parecido.

Los personajes en cuestión eran Souji Okita, capitán de la División Uno, un chico de cabello oscuro sujeto con una cola hacía atrás. Nagakura Shinpachi, capitán de la División Dos, un joven de cabello rojizo, con una venda blanca en su nariz. Y Hajime Saito, capitán de la División Tres, un hombre alto de cabello oscuro, también sujeto con una cola. Los tres vestían el saco azul representativo del Grupo y una cinta blanca en la cabeza. Igual que todos, tenían que estar preparados.

- Esto huele más que mal. – Comentó el capitán Okita, el cual estaba sentado en las escaleras. Sobre sus rodillas, traía un pequeño cerdo de color rosado, el cual acariciaba con delicadeza.

- Chosu se encuentra planeando algo drástico, Algo realmente grande. – Agregó el Capitán Nagakura con algo de sospecha.

- La figura principal de la reunión debe de ser Katsura Kogoro, ¿no es así?

- Es lo más probable.

Por su parte, el Capitán Saito parecía algo alejado de la conversación de sus compañeros, y estaba más concentrado sobre lo que iba a pasar, y también por otras cosas. Había hablado con Subcomandante Hijikata antes del interrogatorio a Furutaka, en donde le comentó lo que había ocurrido la noche anterior, y los cinco cuerpos que habían hallado en las escaleras de aquel templo. Eso era un tema que lo seguía teniendo inquieto. Además, también habló con él después de que éste obtuvo la información. Parecía que para el Subcomandante este incidente iba a significar aún más, y eso podría llegar a preocuparlo.

- Saito. – La voz de Okita pareció llamarlo al escuchar su nombre. – ¿Crees que el Destajador estará en la reunión?

- Lo dudo mucho. – Le contestó con una sonrisa. – La gente que hace el trabajo sucio se mantiene lejos de los asuntos políticos.

- Podrían tenerlo como guardaespaldas. – Okita alzó sus ojos al cielo después de hacer ese comentario. A Saito le pareció percibir algo de emoción ante ello.

- Si estuviera en ese lugar, ¿cómo crees que respondería tu espada ante su presencia? – Le preguntó como queriendo romper un poco el aire tan tenso de la base.

- Reaccionaría de acuerdo a la situación supongo. – Le contestó con tranquilidad. – Aunque si el tal Battousai es tan temido como se rumora, posiblemente estaría en problemas para variar.

- ¿Y tú qué Saito? – Se escuchó que preguntaba Shinpachi, metiéndose en la conversación. – ¿Crees que tu Gatotsu pueda hacerle frente a ese sujeto?

La pregunta del capitán no pareció caerle del todo bien al Shinsen. La técnica del Capitán Saito, aquella llamada “Gatotsu”, y que también ha sido en ocasiones imitada por algunos miembros del grupo, es conocida por todos como una arma letal y prácticamente invencible cuando el capitán la empuñaba, casi como el famoso Hirazuki.

- Discúlpenme. – Contestó el Capitán de la División Tres con una sonrisa tranquila. – Hice una pregunta tonta. – Los otros dos capitanes parecieron reírse de su reacción.

- Sea como sea, nos encontramos en medio de un festival tan grande como es el de Gion. – Comentó el Capitán Nagakura, mirando al frente. – Ésta sería la oportunidad perfecta para crear disturbios. Pero para prevenirlos estamos nosotros...

El capitán volteó hacía un lado, en donde se encontraban varios hombres del grupo, marchando juntos casi en forma de escuadra. El capitán los observó por unos momentos con una sonrisa en el rostro.

- Escuché que dejaste que tu chico Kyosato participe. – Dijo Saito, al notar la mirada del pelirrojo.

- Es verdad. Yo no tenía pensado hacerlo, pero él quiso ir esta noche, antes de volver a Edo.

- Contándolo a él y a nosotros… ¿Cuántos hombres tendremos disponibles?

- Aún falta el conteo definitivo. – Contestó Okita, poniéndose de pie y tomando a su cerdito en los brazos. – Pero me parece que serán un poco más de treinta.

- ¿Un poco más de Treinta? – Saito alzó la mirada en la misma dirección en la que los otros miraban. – Supongo que seremos suficientes…

Tomoe subía las escaleras del hostal para pasar al segundo piso. Traía una escoba en sus manos como señal del trabajo que le habían encomendado para esa tarde. A pesar de su situación, y en especial de la manera en la que llegó a ese lugar, tanto la señora encargada del lugar como el resto de las que ahí trabajaban la habían recibido y tratado con gran amabilidad. También a pesar de que no era exactamente la persona más amable del mundo, los clientes parecían llevarse bien con ella, en especial los clientes “especiales” del clan Chosu. Pero aún no podía llamar a eso un verdadero hogar. Ella sentía que en algún momento tendría que salir de ese hostal inesperadamente, y los motivos que podrían ocurrir para ello no eran pocos.

Para ella no era un secreto todo el ajetreo que ocurría, y no sólo por el festival de Gion. Como ella sabía, la mayoría de los que ahí se hospedaban eran Ronin al servicio del Clan Chosu, realistas, y especialmente eran ellos de donde se percibía cierta tensión. La noche anterior, casi todos se habían reunido, excepto Himura que no había regresado; posiblemente para eso lo había ido a buscar el señor Izuka. Parecía que en esa reunión les habían dicho algo, ella no sabía qué. Sin embargo, esa mañana había escuchado que un joven le suplicó a una de las chicas que ahí trabajaban que abandonara Kyoto lo antes posible y volviera a su lugar de origen, a más tardar esa noche. Parecía que de alguna manera les habían advertido que posiblemente esa noche ocurría algo grande en la ciudad, y por ello intentaban que sus seres queridos salieran de la ciudad. Eso era muy arriesgado en cierto punto, ya que la información podría llegar a oídos que no debían

Se preguntaba si él también había recibido esa advertencia. De ser así, ¿habría alguna persona que deseara sacar de la ciudad antes de que eso ocurriera? No lo creía. Por lo poco que le había dicho lo más seguro era que fuese completamente huérfano. Tampoco tenía una actitud que aparentaba tener a una persona especial entre la gente de Kyoto a la que le preocupara su seguridad. Parecía que estaba igual de solo que ella.

Mientras meditaba, Tomoe se vio frente a la puerta de su habitación. Del otro lado no se escuchaba ningún sonido, pero ella sabía que estaba ahí pues lo vio llegar después de haber salido con el señor Izuka. Deslizó la puerta con cuidado y se asomó al interior. Igual que en aquella ocasión, Himura se encontraba sentado en el suelo a lado de la ventana, y de igual manera sostenía su espada a un lado. La escena era casi igual. Lo más seguro era que aún estaba cansado, después de todo al parecer no durmió en toda la noche, y esa mañana no tenía un buen aspecto por lo mismo. Tomoe pensó unos momentos en despertarlo o no, pero recordó que la última vez que intentó algo parecido el resultado no fue muy agradable. Resignada, comenzó a limpiar el cuarto, intentando hacer el menor ruido posible.

La joven de cabello negro acomodo algunas de las cosas que se encontraba en el suelo. Constantemente volteaba por encima de su hombro para asegurarse de que se encontraba dormido. Se suponía que un samurai siempre estaba alerta, ¿no debería de haber sentido ya su presencia o algo parecido? Posiblemente no fuera un verdadero samurai, o en realidad su presencia ya no le inspiraba ninguna clase de peligro.

- ¡Oye Himura...! – Le puerta corrediza se volvió a abrir. Izuka entró a la habitación anunciándose sin pudor. De inmediato Tomoe se giró hacía él, y le indicó con su dedo que guardara silencio.

- El señor Himura duerme. – Le dijo ella, mirándolo fijamente. – Ha dormido desde que llego en la tarde.

Izuka pareció algo incrédulo. Miró con detenimiento a Himura. Era cierto, dormía. Parecía que su noche había sido tan ajetreada como había dicho. Pero había algo que no concordaba. Miró de reojo a Tomoe, que seguía con su quehacer.

- Ya veo. – Mencionó más para si mismo que para ella. – Entonces volveré en otra ocasión…

Izuka cerró con cuidado la puerta del cuarto. Permaneció unos momentos frente a ella, mirando la tela de la misma. Después de unos segundos, comenzó a caminar por el pasillo.

- “¿Himura duerme con alguien más estando en su cuarto?” – Se preguntaba en su mente tras ver aquella escena. Eso era prácticamente imposible de ver. – “¿Estará tan cansado?... no, no es eso. Esto parece ya no ser un chiste...”

Aún sin comprenderlo, bajó por las escaleras hasta el recibidor…

********

Todo a su alrededor, al frente, atrás, a los lados, todo se encontraba oscuro, más que cualquier otra noche que hubiera visto. Sentía frío, un frío muy intenso, sobre todo en sus pies. Se encontraba caminando, pero no era capaz de ver con claridad hacía donde iba. Sus pasos son pesados, y siente como se hunden con cada andar. Algo parece estorbarle. El frío es cada vez más. Logra ver siluetas a su frente, pero no muy claras. Comienza a distinguir donde está; parece ser un bosque, un bosque nevado. Logra ver la nieve sobre las ramas y en el sendero por el que camina. Al frente, ve las figuras de dos personas. No logra verlas con cuidado, pero ve que una trae un traje blanco, y la otra un traje oscuro. Ambos posiblemente le están dando la espalda, porque no es capaz de ver sus rostros.

Siente como cada vez puede caminar menos. Poco a poco pierde fuerzas y siente que se va a caer. Antes de ceder ante este sentimiento. Alza su rostro. La persona de traje oscuro se gira hacía él. En ese momento logra ver como sus ropas y su rostro se encuentran manchadas de rojo…

********

Himura abre drásticamente lo ojos. Una vez más era otro de esos sueños. Últimamente, sobre todo desde que Tomoe llegó, ha tenido ese tipo de sueños, cosas que no logra comprender del todo, pero que las siente muy reales. Aún puede sentir en su piel el frío de ese bosque, pero en realidad se encontraba en la habitación del hostal. La luz que entraba por la venta le indicaba que ya era algo pasada de la tarde.

- ¿Le sucede algo? – Escuchó que Tomoe le preguntaba al frente. Había despertado tan concentrado en su sueño que no se había dado cuenta de que ella estaba ahí. Parecía estar barriendo.

- No, no es nada. – Contestó al tiempo que se frotaba con cuidado los ojos. Luego se comenzó a poner de pie, apoyándose con su espada.

- Casi termino, sólo estoy limpiado un poco. – Le informó la mujer sin que él le preguntara o le dijera algo. Kenshin no tenía mucho interés en ello. – El señor Izuka estuvo aquí hace unos momentos. Me parece que quería invitarlo al Festival.

Himura parpadeó al oír eso. ¿Al festival?, en realidad no había pensando en ir, a pesar de que Izuka se lo había sugerido. No estaba en Kyoto para ese tipo de cosas. Sin embargo, esperaba que Izuka hubiera ido hasta haya para eso y que no se tratara de algo más grave. Las cosas ya estaban de por si complicadas. Pero de haber sido algo serio lo habría despertado, ¿o no? Posiblemente no se animo a despertarlo. Tal vez ya sabía lo que había pasado con Tomoe; los malos cuentos se esparcen más rápido que el fuego. Mientras pensaba en ello, volteó a ver a la ventana. Parecía estar muy tranquilo para ser un día de festival.

Tomoe continuaba con su labor. Notó el singular semblante de preocupación en el chico pelirrojo. ¿Él sabrá con exactitud que es lo que va a ocurrir esta noche y porque todos están tan agitados? Preguntárselo no le pareció una buena idea. Terminó de barrer y alzó su mirada al exterior de igual manera.

- Si lo desea, ¿podría acompañarme esta noche? – Le preguntó la chica de traje morado con un tono serio.

- ¿Cómo? – Cuestionó el Destajador volteando a verla. Ella siguió con la vista al frente.

- La señora me dio la noche libre, por lo que desearía salir por unos momentos a beber algo. Pero no tendría sentido salir sola, no un festival.

El asesino la miró con detenimiento por un largo tiempo, casi sin creer lo que ocurría. Lo más seguro era que estaba siendo amable, o en verdad no quería estar sola. Pero fuera como fuera, le extrañaba la invitación, pero a la vez en el fondo le producía cierta alegría… misma que hace mucho que no sentía. Parecía que sin darse cuenta, le estaba comenzando a tener cariño a esa mujer…

- Entiendo. – Contestó él, volviendo la vista en la dirección de antes. – Entonces no saldrás sola.

La noche cayó, la luna se alzó a lo alto, y sus ayudantes las estrellas ayudaron a alumbrar el cielo. La región de la ciudad que se dedicaba a dicho festival se cubrió de luz, música, gente, comida, y demás cosas que no podrían faltar en una celebración. Parecía una noche muy hermosa, pero escondidos de los ojos de todas las personas, las cuales disfrutaban de la fiesta y de la paz de la noche, estaban reunidos en el cuartel del Shinsengumi todos los miembros que tomarían parte en la operación de esa noche. Eran varios hombres, vestidos con el traje samurai y la chaqueta azul del grupo, parados bajo las estrellas del cielo mientras aguardaban las órdenes. Mientras tanto, reunidos por separado, se encontraban los líderes del grupo, el Comandante Kondo, el Subcomandante Hijikata, y varios capitanes, hincados en el suelo, mientras el comandante estaba sentado al frente y Hijikata estaba a su lado.

El Subcomandante tomó con su mano derecha la pipa que traía en su boca, liberando de ésta el humo blanco que guardaba. Él y el comandante eran los únicos con un traje diferente. En el caso de del hombre de cabello negro y largo, vestía uno parecido al del resto, pero en lugar de azul era blanco. Por su parte, el comandante vestía igual una chaqueta blanca, con el diseño de las mangas en negro, además parecía vestir una armadura de color rojo.

- Nos dividiremos en dos grupos, uno de veinticuatro y otro de diez. – Comenzó a decir el Subcomandante con firmeza. – Harada, Saito y otros veintidós hombres estarán bajo mi mando. Souji, Nagakura, Todou y el resto, irán en el grupo del Comandante. ¿Quedó claro?

- ¡Sí! – Gritaron todos los hombres al mismo tiempo como afirmación.

Hijikata se hizo a un lado, volteando a ver al comandante Kondo. De esta manera le indicaba que le daba el campo libre a él. El hombre de complexión fornida y armadura roja se puso de pie lentamente, mirando con firmeza a sus hombres.

- De acuerdo a la información recolectada, vamos a movernos hacía el distrito de Kamogawa. – Comenzó a informarles a los capitanes. – El grupo de Toshi irá al este, mientras que nosotros iremos a oeste. Esto será como un juego de Shogi. Si no lo logramos ahora, atacarán en el siguiente movimiento. Por eso, debemos de detenerlos a todos y a cada uno esta misma noche.

Todos los presentes miraban a su líder con gran respeto. Estaban preparados para hacer lo que se tuviera que hacer. Entre los miembros de esta reunión se encontraban varios de los capitanes del Grupo, como Okita Souji, Saito Hajime, Nagakura Shinpachi y Harada Sanosuke. Todos se habían reunido para ser parte de esto. Una vez que el comandante terminó, Hijikata volvió a tomar la palabra.

- Muy bien... – Agregó Hijikata, al mismo tiempo que introducía de nuevo su pipa en la boca. – Manos a la obra.

Dicho esto, todos los presentes tomaron sus espadas, y se pusieron de pie rápidamente al mismo tiempo…

A Himura no le importaba el festival o la reunión que de seguro ya se estaba celebrando en algún lugar de Kyoto. Ni siquiera sabía donde era, ya que el lugar al parecer no estaba decidido hasta esa mañana. Sin embargo, esa advertencia que le habían dado, de que si tenía a un ser querido en Kyoto que saliera de la ciudad lo antes posible, eso sí lo incomodaba un poco. No estaba seguro de que iban a intentar hacer esa noche, pero ya que no fue citado para ello, lo más seguro es que no lo necesitarían. En teoría no tenía porque preocuparse.

En esa reunión iba a estar el tal Yoshida Toshimaro, el tercer cabecilla de Chosu. Sólo lo había visto en una ocasión. Era realmente un hombre terrorífico, alto y de kimono negro, con una mirada penetrante y sombría; posiblemente su propia mirada se debería de sentir como la de ese sujeto. Él había acompañado a Katsura en una ocasión, durante una plática en donde él y Yoshida habían hablado, y se sentía que entre ellos no había mucho entendimiento. Yoshida-sama llevaba a su lado a un chico de piel oscura como sirviente, posiblemente de unos quince años de edad, más o menos igual que él. Cuando la discusión se puso un poco agresiva y Katsura dijo algo que posiblemente no debió decir, el chico reaccionó enojado ante ello, a diferencia de su amo que no pareció mutarse. El chico se lanzó al frente. A Himura no le pareció que en realidad tuviera la intención de atacar a Katsura, parecía un simple reflejo por el enojo del momento y de seguro se calmaría en cuanto diera un par de pasos al frente. Pese a ello, Kenshin se había movido rápidamente, colocándose frente a su maestro. El chico retrocedió en cuanto colocó sus ojos sobre él. En ese momento se dio cuenta de que él tampoco debería de tener una mirada muy tranquilizadora.

Fuera como fuera, Katsura-sama y Yoshida-sama habían sido alumnos del mismo maestro, y seguían un mismo propósito, pero sus métodos parecían no coincidir. Himura no tenía interés en la propuesta que le había hecho Katsura de que fuera a unírseles para ser parte de la reunión, a él no le interesaba eso. Pero conociendo las diferencias entre él y Yoshida, y ahora que había peleado con miembros del Grupo Shinsen, posiblemente hubiera preferido ir para asegurarse de que nada ocurriera.

Aceptando la invitación de Tomoe, ahora ambos estaban en una taberna bebiendo un poco de sake. Era curioso, pero se trataba de la misma taberna donde se habían encontrado aquella noche, aunque no cruzaron palabra alguna a pesar de que el chico le quito de encima a dos sujetos muy desagradables. Pero fue más tarde cuando ocurrió ese encuentro que cambió la vida de ambos.

Tomoe traía puesto su kimono blanco, el mismo que usaba habitualmente. Parecía que fuese la única ropa que traía consigo, además del traje morado que le dieron en el hostal. De igual manera portaba ese chal azul. La joven tomó la botella de sake y le sirvió a Kenshin con cuidado. Una vez llena, Himura la acercó a su boca y dio un ligero sorbo. Luego, separó repentinamente la copa y la miró con extrañes.

- ¿Hay algo malo con el sake? – Le preguntó Tomoe al notar su reacción.

- No. – Contestó él sin quitar los ojos de la copa. No había algo malo, pero si había algo. – Es sólo que hace mucho que el sake no me sabía tan bien.

Recordaba sus propias palabras al decirse así mismo que el sake le sabía a sangre. Recordaba a su maestro, un verdadero amante de esta bebida. Recordaba su expresión que decía que en primavera tenían los cerezos, el verano las estrellas, el otoño la luna llena, y el invierno la nieve, y que con todo eso el sake sabe bien. Era verano, y no había muchas estrellas en el cielo, y aunque las hubiera, el sake no le sabría bien, a excepción de esa noche.

- Probablemente es por el festival que hay esta noche. – Comentó la chica de blanco. Kenshin alzó la botella y le sirvió en su copa.

- Sí, debe de ser por eso. – Contestó el destajador. Su maestro nunca puso a los festivales como una opción.

No siempre lo ocurrió eso. El sake le supo malo a partir del último año, en el que comenzó a sembrarse la reputación del temido Battousai. Su presencia en Kyoto poco a poco lo hacía más amargo. Lo más seguro era que sin pensarlo se estaba muriendo por dentro. ¿Pero que podría hacer después de todo?

- Me parece que soy totalmente opuesta a ti. – Comentó la joven, comenzando la conversación. – Yo recientemente estoy empezando a dejar de beber.

- ¿La bebida te ha comenzando a molestar?

- No. Simplemente comencé a depender menos de ella. – Acto seguido la joven se empina la copa delicadamente. No tenía que depender de Izuka para saber que Tomoe tenía ciertos modales y actitudes refinadas. De seguro era de una buena familia. No lograba entender que hacía ahí. La joven bajó su copa y alzó su mirada al frente. Centró sus ojos en la mejilla izquierda de su compañero. – ¿Tu herida ha dejado de sangrar?

El chico alzó su mano, tocando su mejilla. En efecto, su herida no sangraba, pero no era la primera vez que eso pasaba.

- Casi la olvidaba. – Contestó. – Pero la verdad es que deja de sangrar por algún tiempo, pero luego regresa. Izuka dice que posiblemente nunca sané por completo.

- Cada vez que veo esa herida me pregunto que pensó la persona que lanzó la estocada... antes de morir. – Kenshin se exaltó un poco al oírla. Casi sentía que la herida se le volvía a abrir con esas palabras. – Dices que matas por la felicidad de otros, pero yo no creo que la felicidad de otros venga de la gente muerta.

- Creí que habías dicho que ya no me molestarías con eso. – Fue la respuesta del pelirrojo, sirviéndole de nuevo en su copa.

- Dije que sentía el molestarte con ello, no que dejaría de hacerlo. – Le contestó a su vez cuado la copa estuvo llena.

Himura dio un suspiro de resignación. Por más que intentara evitarlo, tarde o temprano tendrían que hablar de ello.

- Cada día, en todas partes, la gente muere por diferentes razones, ya sea por un asesino o por cualquier otro motivo. – Comenzó a argumentar. Esta vez optó por servirse el mismo la copa de sake. – Yo no mató sin motivo alguno como la mayoría de los que están afuera lo hace. Yo tengo un propósito, y real o no para ti, para mí es lo más importante.

Dicho esto, colocó la botella y en la mesa y se volvió a empinar la copa de sake. Una vez más éste le supo bien. De nuevo la sensación le pareció muy singular.

- Por tu forma hablar, veo que aprecias cada una de las vidas que arrebatas. – Agregó Tomoe. – Pero aún así sigues haciéndolo... sólo sigues ordenes, y por lo tanto no tienes ningún poder entre quien vive o muere... ya que sólo obedeces.

- Nadie tiene en realidad el poder de decidir quien vive o quien muere. Esa es una de las ideas que intento dejar atrás. Aunque me ordenen matar a alguien, siempre existe la posibilidad de que aquella persona llegue a derrotarme, y por lo tanto sobrevivir.

- Posiblemente Dios tiene ese poder.

- ¿Qué Dios?

- ¿Habría diferencia?

Tomoe parecía muy firme en lo que decía, aunque con el pasar del tiempo parecía empezar a comprender la manera en que Himura pensaba, o al menos las ideas que hombres como Katsura Kogoro le habían dado. Para cambiar una era, tendrían que transformar todo el proceso en una guerra, como siempre se había ido. En la guerra se mataba a la gente que estorbaba, y el sobreviviente era el que prevalecía. Esa era la mentalidad que aún poseían en ese país. Era verdad, sin la guía adecuada este chico terminaría por crear una verdadera lluvia de sangre. Ese era el trabajo verdadero de una vaina, prevenir esto.

Himura se quedó algo serio. Pareció perder el interés en el sake. El tocar este tema lo hacía recordar muchas cosas pasadas, incluyendo los tiempos de su infancia con su hermana. Ella era una persona buena y amable, que de seguro si estuviera viva sería muy similar a Tomoe en cuanto a sus pensamientos. Nunca la vio agredir a otra persona, o lastimar algún animal. No podía creer que alguien como ella fuera hija de un hombre como lo era su padre, ciego y sediento de sangre, que sólo buscaba cualquier excusa para desenvainar y cortar a alguien. El ser mujer la había salvado de tener que llevar la vida que él llevó a tan temprana edad. Ahora debería de estarlo viendo desde la Tierra Pura, o desde cualquier punto fuera de este mundo, llorando por lo que hacía. Era lo más probable, pero esperaba que en algún lugar de su corazón pudiera entenderlo.

Luego recordó de nuevo la herida en su mejilla, y la noche en la que la recibió. Rompiendo un silencio que había surgido entre los dos por unos segundos, comenzó a hablar.

- La persona que me hizo esta herida no era un gran espadachín. – Comenzó a decirle sin mirarla a los ojos. – No me dio problemas, no uso ninguna táctica o técnica especial o espectacular. Era igual a tantos que había matado. Pero había una cosa que lo hacía diferente. El tenía el deseo de vivir. – Los ojos de Tomoe se abrieron por completo. – La mayoría de los hombres o samuráis de este lugar, sólo viven para pelear, chocar espadas y morir. Ese es su propósito. Pero esta persona era diferente. Él no quería morir, porque tenía un gran deseo de sobrevivir a nuestro combate. Lo llame obstinación en ese momento… pero ahora… - Himura se quedó callado unos momentos antes de proseguir. – Yo no poseo ese deseo. Sólo tengo la motivación de que algún día asesinos como yo sean cosa del pasado. Es toda la motivación que necesito por el momento.

Ambos volvieron a guardar silencio. Tomoe tampoco siguió bebiendo. Himura pensó que posiblemente había arruinado su noche libre, pero de igual manera hubieran terminado la conversación en ese punto, hubieran querido o no.

Unos pasos apresurados se movían por la calle en dirección a la taberna. Rápidamente, Izuka entra en el establecimiento sin anuncia previa. Se le ve agitado y preocupado.

- ¡Himura! – Gritó el hombre desde la entrada. Kenshin y Tomoe alzan su mirada en dirección al recién llegado, que los mira fijamente con preocupación.

- Izuka. – Mencionó el chico sin entender porque se veía tan angustiado.

- ¡Sal de aquí inmediatamente!

- ¿Qué ocurre? – Himura rápidamente su puso de pie, tomando su espada.

- ¡El maestro Katsura está en peligro!

Himura abrió de par en par sus ojos al escucharlo. En la mesa, su copa seguía conteniendo un poco de sake, mientras que afuera el festival de Gion estaba a punto de cubrirse de fuego o de sangre…

FIN DEL CAPITULO V

Email del autor: azor_cometa@hotmail.com

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