CAPITULO V
EL SABOR DEL SAKE
Afuera, en las calles de la capital de Kyoto, la
mañana transcurría con un minuto después
de otro, una persona entrando en una tiendo luego
de la otra, y los andantes caminando por la calle
sin miedo o preocupación además de la
habitual. Parte de la ciudad poco a poco parecía
cubrirse con las luces y el gran movimiento que acompañaba
al conocido Festival de Gion. Ya a estas alturas se
había circulado por entre la gente la noticia
de la última redada hecha por el Shinsengumi
a un punto de reunión de Ronin, pero pese a
esto las cosas parecían transcurrir sin problema.
Sin embargo, lo cuarteles de Maekawa no compartían
exactamente el mismo ambiente. Luego de lo ocurrido
en la redada a Masuya, habría de realizar el
siguiente paso. Adentro, en un lugar de los cuarteles
generales del Grupo Shinsen, oscuro, húmedo
e iluminado únicamente por una escasa luz que
entraba del exterior, se hallaban dos figuras en las
sombras. Una de ellas pertenecía a un hombre,
colgado cabeza abajo del techo, y con sus manos atadas
a su espalda. En su rostro y cuerpo se ven las marcas
logradas por la larga tortura que había experimentado
durante todo el tiempo de su interrogatorio.
Uno de sus ojos era cubierto por completo por su sangre.
Su pies habían sido victima de algunas tácticas
de tortura por las que era conocido el hombre delante
de él, y parecía incluso haber perdido
algunos dientes.
La segunda persona presente en el lugar era un hombre,
cubierto por completo por la oscuridad, de la cual
sólo parece distinguirse el humo blanco que
surge de su pipa. Era alto, y parecía vestir
completamente de negro. Esta persona, parada frente
a la otra con gran autoridad, acerca su mano derecha
hacía su costado contrario. Su mano sujeta
la empuñadura de la espada, la cual lentamente
sale de su funda. El hombre colgado mira esta escena,
estupefacto y completamente congelado. La hoja sale
por completo de su protectora vaina, y su punta se
dirige sin desliz hacía él. El hombre
puede ver justo frente a su ojo el amenazante filo
de esa arma. Él parece comprender el significado
de esta acción. Esa sería la última
oportunidad para cooperar o morir
- Nosotros íbamos a elegir una noche con un
fuerte viento... Comenzó a decirle,
cediendo al final de cuentas. La otra persona escuchaba
sin mover su arma del lugar. En ese momento,
cuando el fuego fuera encendido en pos del viento,
el Palacio Imperial y todo Kyoto se cubriría
en un océano de fuego en tan sólo unos
segundos... Entonces, nuestros hombres masacrarían
a los nobles y guardias del gobierno, rescatando al
emperador durante toda la confusión y lo llevaríamos
a Chosu
- El hombre de negro escuchaba todo
con completa tranquilidad, pero se le veía
algo de asombro. Esa noche
esa noche
es
Los ojos fríos del hombre se abrieron de par
en par al escuchar esa confesión. Retiró
su espada alejándola de su victima, como si
estuviera tomando su tiempo para asimilar la información.
- Idiotas
- Mencionó en voz baja, mientras
mantenía en su rostro una expresión
de espasmo. No son más que un puñado
de idiotas...
Dicho esto, alzó su espada hacía el
aire, tomándola con sus dos manos. La persona
colgada admiró con espanto esta escena, y cerró
sus ojos como esperando que todo terminara. Los dos
guardias que protegían la puerta, escucharon
un fuerte ruido proveniente del interior. El hombre
colgado estaba ahora tirado en el suelo. La cuerda
de sus pies había sido cortada.
Dándole la espalda, la persona de negro comenzó
a enfundar de nuevo su arma. El hombre lo miró
sin comprender el porqué de sus acciones. Pero
sin importarle ya la reacción de éste,
el hombre de la espada caminó hacía
la puerta, tomando un abrigo gris que había
dejado. Las puertas se abrieron. Los dos guardias
en la puerta, vestidos cada uno con el chaleco de
color azul del grupo, bajaron la mirada ante la figura
tan prominente frente a ellos, un hombre vestid con
un kimono negro, de cabello largo sujeto con una cola,
y un saco de color gris oscuro sobre su traje.
- Gracias por tu ayuda... Mencionó
al mismo tiempo que salía del sitio
Y así fue como durante la mañana del
Junio 5 del primer año de Genji, toda la capital
se comenzó a mover hacía un nudo de
confusión
Las calles ya estaban adornadas, las luces estaban
preparadas para iluminar la ciudad esa noche. Los
restaurantes y demás establecimientos se preparaban
para el gran movimiento que habría ese día.
Éste era el ambiente que rodeaba al famoso
Festival de Gion, celebrado en los inicios de Junio
y que se alarga por el mes. Durante este festival
algunos sectores de la ciudad de Kyoto se alumbran
y resplandecen más que otros días. Sin
embargo, ese día de festival no sería
del todo agradable para algunos de los habitantes
de la ciudad. Sin que la mayoría de ellos lo
supiera, esa noche cambiaría drásticamente
el curso de la historia.
Después de una noche muy agitada, Kenshin
se encontraba de regreso. Luego de un aseo ligero,
salió de la posada acompañado de Izuka.
Aún se le notaba algo de cansancio en el rostro,
pero su andar era por completo normal. Ambos hombres
caminaban entre todo el tumulto de personas, mientras
el pelirrojo contaba con cuidado lo que le había
pasado ese noche.
- ¿Fuiste emboscado por el Shinsengumi?
Exclamó extrañado el señor Izuka
al oír a su acompañante.
- Cinco de ellos en total. Contestó
sin mutarse el destajador.
El nombre de Battousai el Destajador
ya se había vuelto conocido en las calles,
casi como una leyenda. Se decía que entre los
realistas del clan Chosu que residían en Kyoto,
existía un destajador que se encargaba del
trabajo en las sombras, y que es tan peligroso y tan
temido que nadie había logrado siquiera alcanzarlo
con su espada. Claro que con el pasar de una persona
a otra, estos rumores habían surgido cambios
y algunas anécdotas comenzaban a exagerare,
pero en esencia se referían a lo mismo.
Sin embargo, la apariencia y la identidad de este
personaje tan misterio se había permanecido
en completo secreto con la intención de que
pudiera realizar su trabajo con efectividad. La gente
decía que nunca lo había tocado con
una espada, pero ahora tenía esa marca en su
mejilla para demostrar lo contrario. Por supuesto
eran contados, y todos miembros del clan, los que
sabían que Battousai tenía una herida
en su mejilla. Una seña como esa lo haría
ser reconocido con facilidad. Pese a todo esto, ya
era la segunda vez que Himura era emboscado de la
nada a mitad de la noche, y eso era suficiente para
preocupar a sus compañeros.
- Primero aquel sujeto del callejón, y ahora
el propio Grupo Shinsen. Esto se está volviendo
más peligroso. Comentaba Izuka al caminar.
Ambos hombres portaban en sus cabezas sombreros de
mimbre alargados, posiblemente para no llamar tanto
la atención.
- No me pareció que supieran a quien atacaban
en realidad. Aún así, me parece que
todo esto no puede ser una coincidencia.
- Masuya fue emboscado esta misma mañana.
Al escuchar este anuncio, Himura no pudo evitar
recordar lo que había visto hace algunas horas.
El señor Furutaka fue capturado al parecer
junto con otros de nuestros hombres. Los líderes
están algo angustiados por este incidente.
El maestro Yoshida se encuentra en estos momentos
en Minoda. No aceptó ir al Hantei.
- Sí, pasé por ahí después
de la emboscada y vi al Shinsengumi acorralando el
lugar. Todo ocurrió justo esta madrugada
Las cosas se habían comenzando a volver más
tensas en la capital. Por un lado, algunos miembros
del clan presionaban con la idea de atacar abiertamente
al Shinsengumi, mientras algunos de sus hombres eran
capturados y arrestados. Además los líderes
del movimiento parecían tener problemas entre
ellos, en especial entre Miyabe, Yoshida y Katsura.
Y esa misma noche sería la reunión que
hace ya algún tiempo habían anunciado.
Himura, siendo un simple asesino, no podía
ni debía preocuparse por asuntos de ese tipo,
pero él bien sabía que todo eso no podía
terminar en algo bueno.
Himura había sido recibido por un mensaje
que les habían dado a los miembros del clan
caída la noche, cuando él no estaba.
El mensaje no era del todo alentador.
- ¿Eso fue lo que dijo el señor Miyabe?
Preguntó de pronto Himura, cambiando
el tema pero retomando el que estaban tratando antes
de hablar de la emboscada.
- Así es. Contestó. Mencionó
que si tenías a alguna mujer a quien quieras
en esta ciudad, la sacarás antes del anochecer.
- ¿Te refieres a alguien que aprecie?
Kenshin parecía confundido, pero en el fondo
entendía de que le estaban hablando.
Esta noche es la reunión de la que me hablaron,
¿no es así? Esa advertencia debe de
significar que algo aún más grande ocurrirá
hoy. Me parece muy arriesgado que vayan a tenerla
tras estás circunstancias. ¿Qué
piensa de Katsura-sama de todo esto?
- Katsura-san no sea ha presentado ante Miyabe-san
o Yoshida-san desde hace ya algún tiempo.
Mencionó Izuka con algo de desgano.
Parece que se han comunicado por cartas, pero se dice
que sus relaciones con ellos ya no van del todo bien,
creo que ya te lo había mencionado.
Izuka aceleró un poco el paso y se giró
hacía su compañero. Voy a investigar
que va a pasar hoy en la noche exactamente. Ya que
no irás a la reunión, podríamos
venir juntos al festival. Además, ¿qué
harás con respecto a Tomoe?
- No tengo porque hacer algo. No asumas que ya es
mi mujer.
- Eso dices tú, pero la verdad es que es una
mujer a la que ya has salvado antes, por lo que te
aconsejaría pensarlo un poco.
Izuka se giró hacía el frente y se
alejó entre toda la multitud. Himura se quedó
unos momentos de pie en la calle, mirando al frente
con una expresión perdida. Tenía varias
cosas en la cabeza que no lo dejaban del todo tranquilo.
En los cuarteles del Grupo Shinsen, se nota un gran
movimiento por parte de sus integrantes. Ya varios
de los soldados tienen puestos sus trajes, y se encuentran
armados con sus espadas y lanzas según sea
el caso. No se debe de estar enterado de lo que pasaba
para darse cuenta de que algo realmente grande iba
a pasar ese día. Exactamente en ese momento,
en un punto del cuartel, se encontraban conversando
tres miembros importantes del grupo, los capitanes
de las primeras tres divisiones, los cuales estaban
de pie frente las escaleras de una pequeña
edificación parecida a un almacén o
algo parecido.
Los personajes en cuestión eran Souji Okita,
capitán de la División Uno, un chico
de cabello oscuro sujeto con una cola hacía
atrás. Nagakura Shinpachi, capitán de
la División Dos, un joven de cabello rojizo,
con una venda blanca en su nariz. Y Hajime Saito,
capitán de la División Tres, un hombre
alto de cabello oscuro, también sujeto con
una cola. Los tres vestían el saco azul representativo
del Grupo y una cinta blanca en la cabeza. Igual que
todos, tenían que estar preparados.
- Esto huele más que mal. Comentó
el capitán Okita, el cual estaba sentado en
las escaleras. Sobre sus rodillas, traía un
pequeño cerdo de color rosado, el cual acariciaba
con delicadeza.
- Chosu se encuentra planeando algo drástico,
Algo realmente grande. Agregó el Capitán
Nagakura con algo de sospecha.
- La figura principal de la reunión debe de
ser Katsura Kogoro, ¿no es así?
- Es lo más probable.
Por su parte, el Capitán Saito parecía
algo alejado de la conversación de sus compañeros,
y estaba más concentrado sobre lo que iba a
pasar, y también por otras cosas. Había
hablado con Subcomandante Hijikata antes del interrogatorio
a Furutaka, en donde le comentó lo que había
ocurrido la noche anterior, y los cinco cuerpos que
habían hallado en las escaleras de aquel templo.
Eso era un tema que lo seguía teniendo inquieto.
Además, también habló con él
después de que éste obtuvo la información.
Parecía que para el Subcomandante este incidente
iba a significar aún más, y eso podría
llegar a preocuparlo.
- Saito. La voz de Okita pareció llamarlo
al escuchar su nombre. ¿Crees que el
Destajador estará en la reunión?
- Lo dudo mucho. Le contestó con una
sonrisa. La gente que hace el trabajo sucio
se mantiene lejos de los asuntos políticos.
- Podrían tenerlo como guardaespaldas.
Okita alzó sus ojos al cielo después
de hacer ese comentario. A Saito le pareció
percibir algo de emoción ante ello.
- Si estuviera en ese lugar, ¿cómo
crees que respondería tu espada ante su presencia?
Le preguntó como queriendo romper un
poco el aire tan tenso de la base.
- Reaccionaría de acuerdo a la situación
supongo. Le contestó con tranquilidad.
Aunque si el tal Battousai es tan temido como
se rumora, posiblemente estaría en problemas
para variar.
- ¿Y tú qué Saito? Se
escuchó que preguntaba Shinpachi, metiéndose
en la conversación. ¿Crees que
tu Gatotsu pueda hacerle frente a ese sujeto?
La pregunta del capitán no pareció
caerle del todo bien al Shinsen. La técnica
del Capitán Saito, aquella llamada Gatotsu,
y que también ha sido en ocasiones imitada
por algunos miembros del grupo, es conocida por todos
como una arma letal y prácticamente invencible
cuando el capitán la empuñaba, casi
como el famoso Hirazuki.
- Discúlpenme. Contestó el Capitán
de la División Tres con una sonrisa tranquila.
Hice una pregunta tonta. Los otros dos
capitanes parecieron reírse de su reacción.
- Sea como sea, nos encontramos en medio de un festival
tan grande como es el de Gion. Comentó
el Capitán Nagakura, mirando al frente.
Ésta sería la oportunidad perfecta para
crear disturbios. Pero para prevenirlos estamos nosotros...
El capitán volteó hacía un lado,
en donde se encontraban varios hombres del grupo,
marchando juntos casi en forma de escuadra. El capitán
los observó por unos momentos con una sonrisa
en el rostro.
- Escuché que dejaste que tu chico Kyosato
participe. Dijo Saito, al notar la mirada del
pelirrojo.
- Es verdad. Yo no tenía pensado hacerlo,
pero él quiso ir esta noche, antes de volver
a Edo.
- Contándolo a él y a nosotros
¿Cuántos hombres tendremos disponibles?
- Aún falta el conteo definitivo. Contestó
Okita, poniéndose de pie y tomando a su cerdito
en los brazos. Pero me parece que serán
un poco más de treinta.
- ¿Un poco más de Treinta? Saito
alzó la mirada en la misma dirección
en la que los otros miraban. Supongo que seremos
suficientes
Tomoe subía las escaleras del hostal para
pasar al segundo piso. Traía una escoba en
sus manos como señal del trabajo que le habían
encomendado para esa tarde. A pesar de su situación,
y en especial de la manera en la que llegó
a ese lugar, tanto la señora encargada del
lugar como el resto de las que ahí trabajaban
la habían recibido y tratado con gran amabilidad.
También a pesar de que no era exactamente la
persona más amable del mundo, los clientes
parecían llevarse bien con ella, en especial
los clientes especiales del clan Chosu.
Pero aún no podía llamar a eso un verdadero
hogar. Ella sentía que en algún momento
tendría que salir de ese hostal inesperadamente,
y los motivos que podrían ocurrir para ello
no eran pocos.
Para ella no era un secreto todo el ajetreo que ocurría,
y no sólo por el festival de Gion. Como ella
sabía, la mayoría de los que ahí
se hospedaban eran Ronin al servicio del Clan Chosu,
realistas, y especialmente eran ellos de donde se
percibía cierta tensión. La noche anterior,
casi todos se habían reunido, excepto Himura
que no había regresado; posiblemente para eso
lo había ido a buscar el señor Izuka.
Parecía que en esa reunión les habían
dicho algo, ella no sabía qué. Sin embargo,
esa mañana había escuchado que un joven
le suplicó a una de las chicas que ahí
trabajaban que abandonara Kyoto lo antes posible y
volviera a su lugar de origen, a más tardar
esa noche. Parecía que de alguna manera les
habían advertido que posiblemente esa noche
ocurría algo grande en la ciudad, y por ello
intentaban que sus seres queridos salieran de la ciudad.
Eso era muy arriesgado en cierto punto, ya que la
información podría llegar a oídos
que no debían
Se preguntaba si él también había
recibido esa advertencia. De ser así, ¿habría
alguna persona que deseara sacar de la ciudad antes
de que eso ocurriera? No lo creía. Por lo poco
que le había dicho lo más seguro era
que fuese completamente huérfano. Tampoco tenía
una actitud que aparentaba tener a una persona especial
entre la gente de Kyoto a la que le preocupara su
seguridad. Parecía que estaba igual de solo
que ella.
Mientras meditaba, Tomoe se vio frente a la puerta
de su habitación. Del otro lado no se escuchaba
ningún sonido, pero ella sabía que estaba
ahí pues lo vio llegar después de haber
salido con el señor Izuka. Deslizó la
puerta con cuidado y se asomó al interior.
Igual que en aquella ocasión, Himura se encontraba
sentado en el suelo a lado de la ventana, y de igual
manera sostenía su espada a un lado. La escena
era casi igual. Lo más seguro era que aún
estaba cansado, después de todo al parecer
no durmió en toda la noche, y esa mañana
no tenía un buen aspecto por lo mismo. Tomoe
pensó unos momentos en despertarlo o no, pero
recordó que la última vez que intentó
algo parecido el resultado no fue muy agradable. Resignada,
comenzó a limpiar el cuarto, intentando hacer
el menor ruido posible.
La joven de cabello negro acomodo algunas de las
cosas que se encontraba en el suelo. Constantemente
volteaba por encima de su hombro para asegurarse de
que se encontraba dormido. Se suponía que un
samurai siempre estaba alerta, ¿no debería
de haber sentido ya su presencia o algo parecido?
Posiblemente no fuera un verdadero samurai, o en realidad
su presencia ya no le inspiraba ninguna clase de peligro.
- ¡Oye Himura...! Le puerta corrediza
se volvió a abrir. Izuka entró a la
habitación anunciándose sin pudor. De
inmediato Tomoe se giró hacía él,
y le indicó con su dedo que guardara silencio.
- El señor Himura duerme. Le dijo ella,
mirándolo fijamente. Ha dormido desde
que llego en la tarde.
Izuka pareció algo incrédulo. Miró
con detenimiento a Himura. Era cierto, dormía.
Parecía que su noche había sido tan
ajetreada como había dicho. Pero había
algo que no concordaba. Miró de reojo a Tomoe,
que seguía con su quehacer.
- Ya veo. Mencionó más para
si mismo que para ella. Entonces volveré
en otra ocasión
Izuka cerró con cuidado la puerta del cuarto.
Permaneció unos momentos frente a ella, mirando
la tela de la misma. Después de unos segundos,
comenzó a caminar por el pasillo.
- ¿Himura duerme con alguien más
estando en su cuarto? Se preguntaba en
su mente tras ver aquella escena. Eso era prácticamente
imposible de ver. ¿Estará
tan cansado?... no, no es eso. Esto parece ya no ser
un chiste...
Aún sin comprenderlo, bajó por las
escaleras hasta el recibidor
********
Todo a su alrededor, al frente, atrás, a los
lados, todo se encontraba oscuro, más que cualquier
otra noche que hubiera visto. Sentía frío,
un frío muy intenso, sobre todo en sus pies.
Se encontraba caminando, pero no era capaz de ver
con claridad hacía donde iba. Sus pasos son
pesados, y siente como se hunden con cada andar. Algo
parece estorbarle. El frío es cada vez más.
Logra ver siluetas a su frente, pero no muy claras.
Comienza a distinguir donde está; parece ser
un bosque, un bosque nevado. Logra ver la nieve sobre
las ramas y en el sendero por el que camina. Al frente,
ve las figuras de dos personas. No logra verlas con
cuidado, pero ve que una trae un traje blanco, y la
otra un traje oscuro. Ambos posiblemente le están
dando la espalda, porque no es capaz de ver sus rostros.
Siente como cada vez puede caminar menos. Poco a
poco pierde fuerzas y siente que se va a caer. Antes
de ceder ante este sentimiento. Alza su rostro. La
persona de traje oscuro se gira hacía él.
En ese momento logra ver como sus ropas y su rostro
se encuentran manchadas de rojo
********
Himura abre drásticamente lo ojos. Una vez
más era otro de esos sueños. Últimamente,
sobre todo desde que Tomoe llegó, ha tenido
ese tipo de sueños, cosas que no logra comprender
del todo, pero que las siente muy reales. Aún
puede sentir en su piel el frío de ese bosque,
pero en realidad se encontraba en la habitación
del hostal. La luz que entraba por la venta le indicaba
que ya era algo pasada de la tarde.
- ¿Le sucede algo? Escuchó que
Tomoe le preguntaba al frente. Había despertado
tan concentrado en su sueño que no se había
dado cuenta de que ella estaba ahí. Parecía
estar barriendo.
- No, no es nada. Contestó al tiempo
que se frotaba con cuidado los ojos. Luego se comenzó
a poner de pie, apoyándose con su espada.
- Casi termino, sólo estoy limpiado un poco.
Le informó la mujer sin que él
le preguntara o le dijera algo. Kenshin no tenía
mucho interés en ello. El señor
Izuka estuvo aquí hace unos momentos. Me parece
que quería invitarlo al Festival.
Himura parpadeó al oír eso. ¿Al
festival?, en realidad no había pensando en
ir, a pesar de que Izuka se lo había sugerido.
No estaba en Kyoto para ese tipo de cosas. Sin embargo,
esperaba que Izuka hubiera ido hasta haya para eso
y que no se tratara de algo más grave. Las
cosas ya estaban de por si complicadas. Pero de haber
sido algo serio lo habría despertado, ¿o
no? Posiblemente no se animo a despertarlo. Tal vez
ya sabía lo que había pasado con Tomoe;
los malos cuentos se esparcen más rápido
que el fuego. Mientras pensaba en ello, volteó
a ver a la ventana. Parecía estar muy tranquilo
para ser un día de festival.
Tomoe continuaba con su labor. Notó el singular
semblante de preocupación en el chico pelirrojo.
¿Él sabrá con exactitud que es
lo que va a ocurrir esta noche y porque todos están
tan agitados? Preguntárselo no le pareció
una buena idea. Terminó de barrer y alzó
su mirada al exterior de igual manera.
- Si lo desea, ¿podría acompañarme
esta noche? Le preguntó la chica de
traje morado con un tono serio.
- ¿Cómo? Cuestionó el
Destajador volteando a verla. Ella siguió con
la vista al frente.
- La señora me dio la noche libre, por lo
que desearía salir por unos momentos a beber
algo. Pero no tendría sentido salir sola, no
un festival.
El asesino la miró con detenimiento por un
largo tiempo, casi sin creer lo que ocurría.
Lo más seguro era que estaba siendo amable,
o en verdad no quería estar sola. Pero fuera
como fuera, le extrañaba la invitación,
pero a la vez en el fondo le producía cierta
alegría
misma que hace mucho que no sentía.
Parecía que sin darse cuenta, le estaba comenzando
a tener cariño a esa mujer
- Entiendo. Contestó él, volviendo
la vista en la dirección de antes. Entonces
no saldrás sola.
La noche cayó, la luna se alzó a lo
alto, y sus ayudantes las estrellas ayudaron a alumbrar
el cielo. La región de la ciudad que se dedicaba
a dicho festival se cubrió de luz, música,
gente, comida, y demás cosas que no podrían
faltar en una celebración. Parecía una
noche muy hermosa, pero escondidos de los ojos de
todas las personas, las cuales disfrutaban de la fiesta
y de la paz de la noche, estaban reunidos en el cuartel
del Shinsengumi todos los miembros que tomarían
parte en la operación de esa noche. Eran varios
hombres, vestidos con el traje samurai y la chaqueta
azul del grupo, parados bajo las estrellas del cielo
mientras aguardaban las órdenes. Mientras tanto,
reunidos por separado, se encontraban los líderes
del grupo, el Comandante Kondo, el Subcomandante Hijikata,
y varios capitanes, hincados en el suelo, mientras
el comandante estaba sentado al frente y Hijikata
estaba a su lado.
El Subcomandante tomó con su mano derecha
la pipa que traía en su boca, liberando de
ésta el humo blanco que guardaba. Él
y el comandante eran los únicos con un traje
diferente. En el caso de del hombre de cabello negro
y largo, vestía uno parecido al del resto,
pero en lugar de azul era blanco. Por su parte, el
comandante vestía igual una chaqueta blanca,
con el diseño de las mangas en negro, además
parecía vestir una armadura de color rojo.
- Nos dividiremos en dos grupos, uno de veinticuatro
y otro de diez. Comenzó a decir el Subcomandante
con firmeza. Harada, Saito y otros veintidós
hombres estarán bajo mi mando. Souji, Nagakura,
Todou y el resto, irán en el grupo del Comandante.
¿Quedó claro?
- ¡Sí! Gritaron todos los hombres
al mismo tiempo como afirmación.
Hijikata se hizo a un lado, volteando a ver al comandante
Kondo. De esta manera le indicaba que le daba el campo
libre a él. El hombre de complexión
fornida y armadura roja se puso de pie lentamente,
mirando con firmeza a sus hombres.
- De acuerdo a la información recolectada,
vamos a movernos hacía el distrito de Kamogawa.
Comenzó a informarles a los capitanes.
El grupo de Toshi irá al este, mientras
que nosotros iremos a oeste. Esto será como
un juego de Shogi. Si no lo logramos ahora, atacarán
en el siguiente movimiento. Por eso, debemos de detenerlos
a todos y a cada uno esta misma noche.
Todos los presentes miraban a su líder con
gran respeto. Estaban preparados para hacer lo que
se tuviera que hacer. Entre los miembros de esta reunión
se encontraban varios de los capitanes del Grupo,
como Okita Souji, Saito Hajime, Nagakura Shinpachi
y Harada Sanosuke. Todos se habían reunido
para ser parte de esto. Una vez que el comandante
terminó, Hijikata volvió a tomar la
palabra.
- Muy bien... Agregó Hijikata, al mismo
tiempo que introducía de nuevo su pipa en la
boca. Manos a la obra.
Dicho esto, todos los presentes tomaron sus espadas,
y se pusieron de pie rápidamente al mismo tiempo
A Himura no le importaba el festival o la reunión
que de seguro ya se estaba celebrando en algún
lugar de Kyoto. Ni siquiera sabía donde era,
ya que el lugar al parecer no estaba decidido hasta
esa mañana. Sin embargo, esa advertencia que
le habían dado, de que si tenía a un
ser querido en Kyoto que saliera de la ciudad lo antes
posible, eso sí lo incomodaba un poco. No estaba
seguro de que iban a intentar hacer esa noche, pero
ya que no fue citado para ello, lo más seguro
es que no lo necesitarían. En teoría
no tenía porque preocuparse.
En esa reunión iba a estar el tal Yoshida
Toshimaro, el tercer cabecilla de Chosu. Sólo
lo había visto en una ocasión. Era realmente
un hombre terrorífico, alto y de kimono negro,
con una mirada penetrante y sombría; posiblemente
su propia mirada se debería de sentir como
la de ese sujeto. Él había acompañado
a Katsura en una ocasión, durante una plática
en donde él y Yoshida habían hablado,
y se sentía que entre ellos no había
mucho entendimiento. Yoshida-sama llevaba a su lado
a un chico de piel oscura como sirviente, posiblemente
de unos quince años de edad, más o menos
igual que él. Cuando la discusión se
puso un poco agresiva y Katsura dijo algo que posiblemente
no debió decir, el chico reaccionó enojado
ante ello, a diferencia de su amo que no pareció
mutarse. El chico se lanzó al frente. A Himura
no le pareció que en realidad tuviera la intención
de atacar a Katsura, parecía un simple reflejo
por el enojo del momento y de seguro se calmaría
en cuanto diera un par de pasos al frente. Pese a
ello, Kenshin se había movido rápidamente,
colocándose frente a su maestro. El chico retrocedió
en cuanto colocó sus ojos sobre él.
En ese momento se dio cuenta de que él tampoco
debería de tener una mirada muy tranquilizadora.
Fuera como fuera, Katsura-sama y Yoshida-sama habían
sido alumnos del mismo maestro, y seguían un
mismo propósito, pero sus métodos parecían
no coincidir. Himura no tenía interés
en la propuesta que le había hecho Katsura
de que fuera a unírseles para ser parte de
la reunión, a él no le interesaba eso.
Pero conociendo las diferencias entre él y
Yoshida, y ahora que había peleado con miembros
del Grupo Shinsen, posiblemente hubiera preferido
ir para asegurarse de que nada ocurriera.
Aceptando la invitación de Tomoe, ahora ambos
estaban en una taberna bebiendo un poco de sake. Era
curioso, pero se trataba de la misma taberna donde
se habían encontrado aquella noche, aunque
no cruzaron palabra alguna a pesar de que el chico
le quito de encima a dos sujetos muy desagradables.
Pero fue más tarde cuando ocurrió ese
encuentro que cambió la vida de ambos.
Tomoe traía puesto su kimono blanco, el mismo
que usaba habitualmente. Parecía que fuese
la única ropa que traía consigo, además
del traje morado que le dieron en el hostal. De igual
manera portaba ese chal azul. La joven tomó
la botella de sake y le sirvió a Kenshin con
cuidado. Una vez llena, Himura la acercó a
su boca y dio un ligero sorbo. Luego, separó
repentinamente la copa y la miró con extrañes.
- ¿Hay algo malo con el sake? Le preguntó
Tomoe al notar su reacción.
- No. Contestó él sin quitar
los ojos de la copa. No había algo malo, pero
si había algo. Es sólo que hace
mucho que el sake no me sabía tan bien.
Recordaba sus propias palabras al decirse así
mismo que el sake le sabía a sangre. Recordaba
a su maestro, un verdadero amante de esta bebida.
Recordaba su expresión que decía que
en primavera tenían los cerezos, el verano
las estrellas, el otoño la luna llena, y el
invierno la nieve, y que con todo eso el sake sabe
bien. Era verano, y no había muchas estrellas
en el cielo, y aunque las hubiera, el sake no le sabría
bien, a excepción de esa noche.
- Probablemente es por el festival que hay esta noche.
Comentó la chica de blanco. Kenshin
alzó la botella y le sirvió en su copa.
- Sí, debe de ser por eso. Contestó
el destajador. Su maestro nunca puso a los festivales
como una opción.
No siempre lo ocurrió eso. El sake le supo
malo a partir del último año, en el
que comenzó a sembrarse la reputación
del temido Battousai. Su presencia en Kyoto poco a
poco lo hacía más amargo. Lo más
seguro era que sin pensarlo se estaba muriendo por
dentro. ¿Pero que podría hacer después
de todo?
- Me parece que soy totalmente opuesta a ti.
Comentó la joven, comenzando la conversación.
Yo recientemente estoy empezando a dejar de
beber.
- ¿La bebida te ha comenzando a molestar?
- No. Simplemente comencé a depender menos
de ella. Acto seguido la joven se empina la
copa delicadamente. No tenía que depender de
Izuka para saber que Tomoe tenía ciertos modales
y actitudes refinadas. De seguro era de una buena
familia. No lograba entender que hacía ahí.
La joven bajó su copa y alzó su mirada
al frente. Centró sus ojos en la mejilla izquierda
de su compañero. ¿Tu herida ha
dejado de sangrar?
El chico alzó su mano, tocando su mejilla.
En efecto, su herida no sangraba, pero no era la primera
vez que eso pasaba.
- Casi la olvidaba. Contestó.
Pero la verdad es que deja de sangrar por algún
tiempo, pero luego regresa. Izuka dice que posiblemente
nunca sané por completo.
- Cada vez que veo esa herida me pregunto que pensó
la persona que lanzó la estocada... antes de
morir. Kenshin se exaltó un poco al
oírla. Casi sentía que la herida se
le volvía a abrir con esas palabras.
Dices que matas por la felicidad de otros, pero yo
no creo que la felicidad de otros venga de la gente
muerta.
- Creí que habías dicho que ya no me
molestarías con eso. Fue la respuesta
del pelirrojo, sirviéndole de nuevo en su copa.
- Dije que sentía el molestarte con ello,
no que dejaría de hacerlo. Le contestó
a su vez cuado la copa estuvo llena.
Himura dio un suspiro de resignación. Por
más que intentara evitarlo, tarde o temprano
tendrían que hablar de ello.
- Cada día, en todas partes, la gente muere
por diferentes razones, ya sea por un asesino o por
cualquier otro motivo. Comenzó a argumentar.
Esta vez optó por servirse el mismo la copa
de sake. Yo no mató sin motivo alguno
como la mayoría de los que están afuera
lo hace. Yo tengo un propósito, y real o no
para ti, para mí es lo más importante.
Dicho esto, colocó la botella y en la mesa
y se volvió a empinar la copa de sake. Una
vez más éste le supo bien. De nuevo
la sensación le pareció muy singular.
- Por tu forma hablar, veo que aprecias cada una
de las vidas que arrebatas. Agregó Tomoe.
Pero aún así sigues haciéndolo...
sólo sigues ordenes, y por lo tanto no tienes
ningún poder entre quien vive o muere... ya
que sólo obedeces.
- Nadie tiene en realidad el poder de decidir quien
vive o quien muere. Esa es una de las ideas que intento
dejar atrás. Aunque me ordenen matar a alguien,
siempre existe la posibilidad de que aquella persona
llegue a derrotarme, y por lo tanto sobrevivir.
- Posiblemente Dios tiene ese poder.
- ¿Qué Dios?
- ¿Habría diferencia?
Tomoe parecía muy firme en lo que decía,
aunque con el pasar del tiempo parecía empezar
a comprender la manera en que Himura pensaba, o al
menos las ideas que hombres como Katsura Kogoro le
habían dado. Para cambiar una era, tendrían
que transformar todo el proceso en una guerra, como
siempre se había ido. En la guerra se mataba
a la gente que estorbaba, y el sobreviviente era el
que prevalecía. Esa era la mentalidad que aún
poseían en ese país. Era verdad, sin
la guía adecuada este chico terminaría
por crear una verdadera lluvia de sangre. Ese era
el trabajo verdadero de una vaina, prevenir esto.
Himura se quedó algo serio. Pareció
perder el interés en el sake. El tocar este
tema lo hacía recordar muchas cosas pasadas,
incluyendo los tiempos de su infancia con su hermana.
Ella era una persona buena y amable, que de seguro
si estuviera viva sería muy similar a Tomoe
en cuanto a sus pensamientos. Nunca la vio agredir
a otra persona, o lastimar algún animal. No
podía creer que alguien como ella fuera hija
de un hombre como lo era su padre, ciego y sediento
de sangre, que sólo buscaba cualquier excusa
para desenvainar y cortar a alguien. El ser mujer
la había salvado de tener que llevar la vida
que él llevó a tan temprana edad. Ahora
debería de estarlo viendo desde la Tierra Pura,
o desde cualquier punto fuera de este mundo, llorando
por lo que hacía. Era lo más probable,
pero esperaba que en algún lugar de su corazón
pudiera entenderlo.
Luego recordó de nuevo la herida en su mejilla,
y la noche en la que la recibió. Rompiendo
un silencio que había surgido entre los dos
por unos segundos, comenzó a hablar.
- La persona que me hizo esta herida no era un gran
espadachín. Comenzó a decirle
sin mirarla a los ojos. No me dio problemas,
no uso ninguna táctica o técnica especial
o espectacular. Era igual a tantos que había
matado. Pero había una cosa que lo hacía
diferente. El tenía el deseo de vivir.
Los ojos de Tomoe se abrieron por completo.
La mayoría de los hombres o samuráis
de este lugar, sólo viven para pelear, chocar
espadas y morir. Ese es su propósito. Pero
esta persona era diferente. Él no quería
morir, porque tenía un gran deseo de sobrevivir
a nuestro combate. Lo llame obstinación en
ese momento
pero ahora
- Himura se quedó
callado unos momentos antes de proseguir. Yo
no poseo ese deseo. Sólo tengo la motivación
de que algún día asesinos como yo sean
cosa del pasado. Es toda la motivación que
necesito por el momento.
Ambos volvieron a guardar silencio. Tomoe tampoco
siguió bebiendo. Himura pensó que posiblemente
había arruinado su noche libre, pero de igual
manera hubieran terminado la conversación en
ese punto, hubieran querido o no.
Unos pasos apresurados se movían por la calle
en dirección a la taberna. Rápidamente,
Izuka entra en el establecimiento sin anuncia previa.
Se le ve agitado y preocupado.
- ¡Himura! Gritó el hombre desde
la entrada. Kenshin y Tomoe alzan su mirada en dirección
al recién llegado, que los mira fijamente con
preocupación.
- Izuka. Mencionó el chico sin entender
porque se veía tan angustiado.
- ¡Sal de aquí inmediatamente!
- ¿Qué ocurre? Himura rápidamente
su puso de pie, tomando su espada.
- ¡El maestro Katsura está en peligro!
Himura abrió de par en par sus ojos al escucharlo.
En la mesa, su copa seguía conteniendo un poco
de sake, mientras que afuera el festival de Gion estaba
a punto de cubrirse de fuego o de sangre
FIN DEL CAPITULO V
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