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La Espada Asesina
CAPITULO IV
UNA FUNDA PARA UNA ESPADA

Era de noche; el hostal se encontraba en profundo silencio. Al parecer todas las personas del lugar ya estaban dormidas. Sin embargo, una figura solitaria se movía entre los tranquilos pasillos del hostal, hasta llegar al lavamanos. La herida de su mejilla izquierda había vuelto a sangrar. Sin importarle nada, Himura introducía sus manos la fría agua. En esos momentos veía como las gotas rojas caían desde su mejilla hasta su muñeca.

Su atención cambió de origen repentinamente. Unos pasos se acercaron hacía él desde la puerta. Para su sorpresa, no era el único que estaba despierto. Volteó hacía la puerta con desgano. Se trataba de Tomoe, que traía consigo una toalla de color blanco.

- Por favor, límpiese la sangre antes de lavarse las manos. – Le dijo mientras le acercaba la toalla. Himura la vio de reojos unos segundos antes de decidirse a tomarla.

- Es muy tarde, ¿porque sigues despierta? – Le preguntó al tiempo que se comenzaba a limpiar.

- Estemos en el mismo cuarto o no, cuando usted sale no soy capaz de conciliar el sueño. – Le contestó con cierto sarcasmo en su tono, mismo que él distinguió de inmediato.

- No me estés molestando, ¿quieres? – Le dijo algo molesto.

- Además, de alguna manera, aún siento que siempre sueño en una lluvia de sangre. – Agregó la joven con seriedad. Himura se sorprendió al escuchar tal comentario. – Buenas noches.

Después de despedirse, Tomoe se giró hacía la puerta y comenzó a alejarse. Himura quiso por un momento detenerla, pero al final decidió dejarla irse. Himura se giró hacía el frente y centró su atención en el bote de agua, y en su reflejo.

Desde el segundo piso de una casa, unos ojos miraban hacía el exterior. Era plena mañana en Kyoto. La gente se mueve por las calles, debajo del brillante sol del verano. La habitación se encontraba alumbrada únicamente por la luz que entraba por la ventana. Oculto entre las ligeras sombras que se encontraban, estaba la figura de una persona, sentada a lado de la ventana. Además de él, había otro hombre que se encontraba sentado en el suelo preparando el té.

La persona que estaba frente a la venta sonreía al ver las personas pasar tan tranquilas por la calle. Se ve como un ligero pilar de humo gris se elevaba desde la altura de su boca, hasta el techo del cuarto. En su mano derecha, parecía sostener un sobre de color blanco.

- Se esta volviendo muy movido haya afuera. – Mencionó el hombre de la ventana con cierto sarcasmo.

- Así es. – Mencionó el hombre que estaba haciendo el té. – La gente del pueblo se encuentra en celebración.

- Yoiyama... – Se dijo así mismo con cierta malicia – ésta será la última celebración.

En ese momento, acercó el pedazo de papel que tenía en sus manos a la pipa que traía en su boca. El papel ardió rápidamente, al tiempo que él lo soltaba y dejaba caer en un balde que estaba a sus pies. La persona que lo acompañaba se sorprendió al ver esto.

- ¡Maestro! – Expresó – ¡Esa carta!

- ¿Ésta? – Preguntó mientras veía como el papel se consumía. – Es la carta de un cobarde, Kogoro Katsura.

- ¿Qué..?

- Katsura esta hablando tonterías de nuevo… ‘Sé prudente, tu plan puede convertirse en una locura… reconsidéralo...’ – El hombre comenzó a reír al recordar esas palabras – Esa es la clase de lectura que a Katsura le gusta enviar. “Locura”, Ja… ¿No es ésta después de todo una parte esencial de la revolución?, Sin entrar a la Locura, ésta no se puede dar.

La voz de ese hombre oculto en las sombras tenía cierta malicia en su tono, o hasta cierta perversidad. Su modo de expresarse parecía poner nervioso a la persona que lo estaba acompañando.

- Y este plan... ¿cuando se llevará acabo? – Le preguntó con su voz entrecortada. Él sonrió ante la pregunta y pareció pensar un poco en la mejor respuesta.

- Probablemente será... durante el Festival de Gion...

En el Hostal Kohagi, aún con la mañana en curso, un grupo de realistas estaba reunido en una habitación, discutiendo. Entre ellos se encontraban Izuka y Himura. Izuka estaba sentado al frente de todos, mientras que Himura por su parte se encontraba sentado, con su espada a su lado.

- ¿Y entonces?, ¿Qué dijo el señor Katsura? – Le preguntaban con insistencia todos a Izuka, quien guardaba silencio por unos momentos antes de resignarse a contestar.

- Escuchen – Dijo – Ninguno podrá mencionar nada con respecto a esto hasta recibir más órdenes. Eso es todo.

- ¡¿Qué?! – Exclamó uno con enojo – ¡No puede ser!

- ¿Entonces nos quedaremos sentados?

- ¡¿Porqué?!, ¡Esta es la oportunidad perfecta!, ¡Muchos de nuestros hombres han sido asesinados por le Shinsengumi! Si siguen así nos acabaran a todos. Deberíamos de atacarlos y acabar con ellos.

- ¡Tenemos que terminar con esto definitivamente!

Todos los presentes parecían apoyar con ánimo tal propuesta. Los únicos que no parecían estar de acuerdo en la habitación eran Izuka y Himura.

- ¡Silencio todos! – Les gritó Izuka, callándolos – En estos momentos estamos investigando la presencia de un traidor entre nosotros. Actuar precipitadamente sería exactamente lo que Shinsengumi esperaría. Tenemos que esperar.

- ¡¿Y mientras esperamos más de los nuestros tienen que ser apresados o asesinados?!

- ¡El Shinsengumi nos pone en peligro a todos!, ¡Si no hacemos algo todo nuestro movimiento estará en peligro!

Himura los volteó a ver a todos de reojo. Notaba algo de hostilidad en sus palabras y actos. También parecían estar decididos.

- Los hombres están muy alterados – Mencionó Izuka.

Al terminar la reunión, sin ningún resultado favorable, vemos a Himura y a Izuka parados afuera del hostal, conversando. El cielo esta cubierto por las nubes; parece que dentro de poco volverá a llover.

- La presencia de los Lobos de Mibou es la causa – Le contestó Himura.

- Puede que vayan a intentar algo precipitado, y entonces…

- Dudo mucho que hagan algo sin el permiso de Katsura-san – Despreocupado, el destajador se giró hacía el hostal.

- Y si pasa algo malo, ¿Battousai el Destajador estará ahí para solucionarlo? – Le preguntó antes de que se retirara.

Himura se detuvo unos momentos al oír la pregunta. Pareció pensar en una respuesta, pero sin decir nada se alejo caminando, entrando de nuevo en el establecimiento.

Como era de esperarse, la lluvia se soltó de golpe. Aunque no era una muy fuerte, aún así era suficiente para que las personas sacaran sus sombrillas. En ese momento, un gran grupo de personas marchaban juntos hacía el mismo lugar. Todos se encontraban vestido con un uniforme compuesto de chaqueta azul y una cinta blanca en sus cabezas.

Al mismo tiempo, algo lejos de ahí, caminando hacía la puerta trasera del hostal, se encontraba Tomoe, trayendo consigo en un recipiente algunas flores de pétalos morados. Sin importarle mucho la lluvia, se mueve por el patio con sus ropas mojadas. Al entrar a la cocina, es recibida por la señora Okami y por una de las jóvenes que ahí trabajan.

- ¿Esta lloviendo otra vez? – Le preguntó la señora en cuanto entró.

- Sí.

- Esta lloviendo muy seguido. Parece que ya hemos entrado al verano.

Tomoe entró a la cocina y colocó las flores sobre una de las mesas.

- Gracias. – Le dijo la joven mientras ella se encargaba de otro trabajo.

- La vendedora de flores dice que éstas son las últimas que le quedan. – Mencionó la joven de cabellos negros mientras toma un paño para secarse.

- La temporada de lluvia es tan molesta, pero al menos se puede contar con las flores de Iris. – Mencionó la señora Okami.

- ¿Desea algo más?

- ¿Podrías pelar las patatas de la esquina? – Le preguntó la otra joven, a lo que ella respondió afirmativamente.

Tomoe agarró una pequeña maya que había en una mesa para secarse el pelo y sus ropas. Mientras ella hacía esto, la señora Okami volteó a ver las flores.

- Son muy parecidas a ti. – Comentó, dirigiéndose a Tomoe.

- ¿Las patatas? – Preguntó ella algo extrañada.

- No, las flores de Iris. – Al escuchar esto, Tomoe las volteó a ver – Su aroma es más fuerte durante la lluvia en lugar de con el sol, ¿No es así?

La mujer se sorprendió mucho al escuchar ese comentario. Se le quedó viendo unos momentos a las flores de Iris sobre la mesa. Aún se veían las gotas de agua en sus pétalos.

Himura estaba durmiendo en su habitación, recargado sobre una pila de libros colocados sobre una especie de cofre, sentado a lado de la ventana. La puerta del cuarto se abre de pronto. Del otro lado, el rostro de Tomoe se asoma hacía el interior. Se queda de pie, viendo con detenimiento al chico por unos momentos.

Después de unos segundos, toma su Chal en sus manos y camina con lentitud hacía el interior de la habitación. Al ver a Himura tan tranquilo, las palabras de Katsura vuelven a su mente.

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- Debemos entrar en la locura, para así no dar un paso atrás en nuestra labor. Esa es la directriz del clan Chosu.

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- “Se supone que es el Protagonista de la Justicia por medio de la Locura.” – Pensaba la joven mientras se le acercaba – “Pero... al mirar su rostro dormido, sólo veo a un niño que trata de convertirse en hombre.” – Una vez cerca de él, se hincó a su lado – “Hasta un niño puede matar a una persona...”

Tomoe se acercó lentamente para colocarle su manto. Sin embargo, justo cuando iba a tocarlo, puede ver como los ojos del destajador se abren de golpe. Esto la dejó congelada por un instante. Con un increíble reflejo, Himura desenfunda se espada de golpe y se lanza hacía la mujer, colocando el filo de la hoja cerca de su cuello.

Tomoe se le quedó viendo con terror, mientras los ojos de él sólo reflejaban furia. De pronto, Himura pareció reaccionar. Al poder distinguir de entre todo el movimiento la persona de quien se trataba, alzó su otra mano hacía al frente con fuerza, empujándola lejos de él. Del empujó, él también fue lanzado hacía atrás, cayendo en el pequeño descanso que estaba a lado de la ventana.

Mientras caía, Inconscientemente Tomoe se trajo consigo la pila de libros en la que Himura estaba recargado. Los libros cayeron al suelo junto con ella. Permaneció ahí unos segundos, como tratando de agarrar aire. Sentado frente a la ventana, Himura la miraba casi con miedo. Al mismo tiempo, la respiración del chico se había hecho más agitada.

Después de unos momentos, Tomoe comienza a alzarse. Levanta la mitad del cuerpo y luego se detiene. La mujer se queda mirando hacía el suelo unos momentos. Himura pareció calmarse un poco.

- Lo siento... – Le dijo el chico bajando la mirada. En ese momento, vio la frazada morada que Tomoe le había puesto encima.

- Como estabas en la ventana, pensé que talvez tendrías frío. – Le dijo ella mientras se levantaba y se hincaba en el suelo.

Himura la miró con detenimiento unos segundos. Se la quitó de encima y la puso delicadamente a su lado. Luego, alzó su funda del suelo y guardó de nuevo su arma en ella.

- Lo siento... – Le dijo sin quitar la mirada de su espada. – Dije que no mataría a ningún civil, pero mírame ahora. – Tomo lo miró con seriedad en su rostro – Tienes que salir de aquí, o puede que algún día...

Himura no terminó de hablar; parecía que su lengua se había trabado, o talvez no le gustaba tener que decir eso. Tomoe volteó su mirada hacía su derecha. Vio con cierta curiosidad los libros que se encontraban en el suelo.

- ¿Has leído todos estos libros? – Le preguntó mientras comenzaba a recogerlos.

- No, ni uno solo. – Le contestó. En eso, colocó su espada recargada contra la pared y luego tomó de nuevo el chal de Tomoe, doblándolo – Los apilé en ese sitio para poder dormir. Un asesino no necesita educación.

- ¿Tienes pensado seguir matando? – Le preguntó la joven, volteando a verlo. Himura no respondió. Colocó el chal sobre la mesa e igual que ella, comenzó a levantar los libros del suelo. Al ver que no le contestaría, siguió con su labor – ¿No serás tú quien no es capaz de encontrar un lugar seguro? No puedes dormir siquiera sin tener tu espada a lado.

Himura parecía muy indiferente ante los comentarios de la mujer. Sentía que frecuentemente ella disfrutaba el molestarlo. Sin embargo, en el fondo si le molestaba. De pronto, al alzar uno de los libros, debajo de éste encontró otra vez el trompo de madera con colores. Lo tomó en su mano y lo alzó hacía él.

- Así ha sido desde que era chico. – Le mencionó el chico dándole la espalda – He visto a gente ser asesinada frente a mis ojos, aún siendo un niño.

- ¿Y así seguirá siendo? – Le preguntó ella mirando hacía el frente.

- Mi madre y mi hermana se sacrificaron para alejarme de ese tipo de vida. – Himura miraba con atención el trompo en su mano – Ser un destajador es mi papel ahora, pero no tengo pensado que siga por mucho tiempo. Además, no es necesario que tú te preocupes por mí.

El chico guardó el trompo en su traje y luego se puso de pie. Tomoe lo miró por encima de su hombro. Himura colocaba los últimos libros sobre la mesa. En ese momento, la joven se puso de pie y caminó hacía la puerta. Él entendió que se iba a retirar. Himura tomó su espada de nuevo y la colocó de una vez más en su cintura. Al girarse hacía Tomoe, ésta se encontraba frente a la puerta, volteándolo a ver.

- Necesitas una funda para contener tu locura. – Le dijo desde la puerta, lo que él chico no entendió muy bien. – Déjame quedarme contigo por más tiempo. Tómala, y cada vez que vayas a matar a alguien, piensa en esto.

Después de decirle esto, la joven se dio media vuelta y abrió de un solo movimiento la puerta del cuarto, dejando a sus espaldas un Himura muy extrañado. De pronto, el chico voltea a ver al baúl en el que estaban los libros. Su frazada se encontraba ahí, delicadamente doblada. Himura la miró con algo de extrañes.

- ¿Una funda para contener mi locura? – Se preguntó así mismo sin quitar sus ojos de ella.

Más tarde ese mismo día, Himura se encontraba en el comedor del Hostal, acompañado de Izuka, quien come su almuerzo. El destajador, por su parte, se encuentra sentado frente a su plato sin hacer ruido, ni siquiera moverse. Tiene la mirada baja y parece tener una expresión pensativa en su rostro.

- ¿Te ocurre algo Himura? – Le preguntó Izuka al notar la seriedad del chico. – ¿Estás aburrido por tener las últimas noches libres?

Himura pareció no hacerle mucho caso a las palabras de su compañero. Sin embargo, era verdad que en las últimas noches no había tenido ninguna misión especial. Aunque no se deseaba que le enviaran a mandar a matar a alguien, si le extrañaba ese repentino cambio.

- ¿A qué se debe eso? – Preguntó con cierta indiferencia en su tono. Izuka dio un pequeño trago de su taza y luego alzó la mirad hacía el pelirrojo.

- Masuya-san fue atacado el día de ayer. – Le contestó con seriedad. Himura pareció reaccionar al oírlo. – Ahora él y el resto se encuentran escondidos en uno de nuestros cuarteles. La Reunión de Gion está cerca, y por ahora el Shinsengumi parece estar en movimiento.

- ¿Sospechan algo?

- No estoy seguro. Por ahora es mejor no llamar demasiado la atención.

A pesar de todo, el chico no parecía muy preocupado por los movimientos del Grupo. Inconscientemente llevó su mano derecha hacía su costado izquierdo. En ese ligar traía guardado el chal de Tomoe, que se lo había dado hace unas horas. Aún seguí pensando en lo que ella le había dicho, sin entenderlo todo.

- Izuka. – Dijo de pronto sin voltear a verlo. – ¿Qué investigaste sobre Tomoe?, ¿Pudiste averiguar algo de su familia?

- Nada concreto. – Contestó. – Katagi cree que puede ser una espía, pero yo lo dudo. ¿Tú que crees?

Himura se quedó callado unos momentos. Sin responder la pregunta de Izuka, colocó los palillos sobre su pequeña mesa y luego se puso de pie, tomando su espada.

- ¿No tengo ningún encargo esta noche? – Preguntó por último mientras se colocaba de nuevo su arma.

- No, ya te lo dijé. – Le respondió con algo de molestia.

Sin decir ni una sola palabra más, se dio la media vuelta y salió del sitio. Izuka se le quedó viendo fijamente con sospecha.

Caminando por los jardines en el Cuartel del Shinsengumi, se encuentra el joven Capitán de la Tropa Número 1, Okita Souji. Trae su largo cabello negro suelto casi hasta su cintura, y viste una especia de kimono de color blanco. Además de todo, en sus brazos parece estar cargando un pequeño cerdito de color rosa, aparentemente dormido. En su expresión se nota algo de tristeza, y todo en el cuartel parece estar sumido en silencio. De pronto, el chico detiene su marcha al ver una figura delante de él. Parado en el jardín a corta distancia del capitán, se encontraba otro miembro del grupo Shinsen, vestido con el uniforme azul del grupo, de cabello negro y largo, y de ojos que daban la impresión de estar cerrados.

- ¡Saito! – Dijo el chico al verlo. Por unos momentos pareció verlo de arriba abajo, notando su uniforme.

El hombre se quedó unos momentos serio, pero luego comenzó a caminar al frente, pasando a la derecha del capitán Shinsen.

- Prepara a tus hombres Okita. – Le dijo, lo cual extraño un poco al chico. Mientras caminaba, Saito abrió sus ojos, revelando un extraño color dorado que había en ellos. – Lo encontramos…

El día pasó sin mucha novedad en Kyoto, de hecho estuvo muy tranquilo para variar. Pero como siempre, la noche y su oscuridad cubrieron de nuevo las calles. Había una cierta calma en esa ocasión, considerando a como era en noches anteriores. Las horas pasaron una tras otra, casi inadvertidas. La media noche se acercaba, y sin embargo en el Hostal no había noticias de Himura desde que había salido en la tarde.

Sentada en la habitación, escribiendo con un pincel en su pequeño libro que usaba como diario, Tomoe se encontraba alumbrada por la luz de una única vela. Miraba de reojo la cama de Himura, la cual se encontraba aún doblada. No pareció mutarse ante esto, y siguió escribiendo. De pronto, alguien llama a la puerta.

- Pase. – Contestó Tomoe, al tiempo que cerraba su libro. La puerta se abrió, y del otro lado apareció Izuka.

- Tomoe, ¿Aún estás despierta? – Preguntó el hombre desde el umbral. Luego, volteó su atención hacía los tendidos de Himura. – ¿El chico no está aquí?

- Supuse que usted debería de saber dónde está. – Le comentó con seriedad.

- Hoy no tiene ninguna misión. Me parece que raro que esté afuera a estas horas.

Sin mencionar más, Izuka se retiró, cerrando la puerta a sus espaldas. Tomoe miró por unos momentos la puerta, para luego volver de nuevo hacía los tendidos. Aún con un toque de seriedad en su mirada, también se le veía cierta preocupación.

Mientras tanto, afuera la noche seguía su curso. Aparentemente inconsciente de la hora, Himura se encontraba parado en un callejón, en un oscuro y además húmedo callejón, ya que el día anterior había llovido. Aunque ya había pasado algo tiempo, y aunque el agua ya había lavado todo el lugar, Kenshin aún seguía percibiendo el olor a sangre en ese lugar. Aún seguía recordando lo ocurrido…

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De pronto, siente sobre si la mirada de una persona. Lentamente levantó su cabeza, viendo al frente suyo a una persona. La misma mujer de kimono blanco que había visto en la taberna. Se encontraba delante, sosteniendo su paraguas, mientras su ropa, sombrilla y rostro estaban manchados con la sangre de su última victima.

Battousai se queda congelado, viendo a la chica con asombro. Ella se queda callada sin hacer ningún movimiento o ruido, simplemente se queda de pie, viéndolo con una expresión llena de seriedad.

- ¿Tú… eres en verdad… quien hace llover sangre? – Le pregunta de pronto la mujer rompiendo el silencio…

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- “El Destajador que hace llover sangre…” – Pensaba el chico mientras recordaba todo.

Con una expresión seria, se sentó en el suelo, recargando su espalda en una de las paredes y colocando su espada a lado. Una vez que estuvo instalado, metió su mano en el interior de su traje. De aquí, sacó dos objetos: uno era el trompo de madera con dibujos rojos y verdes, y el otro era el chal de azul de Tomoe. El destajador contempló ambos objetos con cuidado. Después de un rato, colocó el chal sobre sus rodillas y comenzó a enrollar una cuerda alrededor del pequeño palo que sobresalía. Al hacerlo, recuerda una segunda cosa…

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Dos niños se encontraban caminando hasta llegar afuera de un restaurante. Uno de ellos era una niña que era aparentemente mayor que el otro, que era un niño pequeño; los dos eran de cabello pelirrojo. En esa parte no había mucha gente por lo que no podían hablar tranquilamente. La niña metió su mano en la canasta que traía consigo y sacó un objeto de madera de forma más o menos cónica, con un palo de madera sobre la parte plana de la figura, la cual tenía algunas cosas pintadas en ella. Además, venía con una cuerda blanca.

- ¿Qué es eso? – preguntó el niño con curiosidad.

- Es un trompo Shinta. – Le contestó ella con una sonrisa. – Yo te lo compré.

- ¿Un trompo?

- Sí, mira.

La niña amarró la cuerda alrededor del palo de madera del objeto. Luego, se puso de pie y lo arrojó hacía el suelo mientras jalaba la cuerda. La punta del trompo tocó el suelo, y sosteniéndose sobre ésta comenzó a dar vueltas y vueltas como un torbellino. El niño se arrodilló en el suelo cerca del trompo, viéndolo con gran asombro.

- ¡Es sorprendente hermana! – Mencionó feliz – ¿Me enseñarás a usarlo?

- Claro Shinta…

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- “Hace tiempo que no hacía esto.” – Pensaba mientras enrollaba el cordel. Una vez terminado, tal y como en su recuerdo, tiró el trompo hacía adelante y jaló la cuerda. El objeto de madera cayó en el suelo, bailando en círculos frente a él. – “Pero lo que se aprende nunca se olvida hermana…”

El destajador se quedó sentado, viendo como el juguete daba vueltas y vueltas. Después de unos momentos, se veía como la velocidad del objeto iba descendiendo, hasta que por fin ya no pudo seguir más y cayó al suelo, dando unos últimos giros antes de detenerse por completo.

Himura miró unos momentos más el trompo, una vez que éste estaba en el suelo. Luego, extendió su mano al frente, lo tomó de nuevo y lo guardó en su lugar. Un poco más consciente de lo tarde que era, se pone de pie y decide irse de una vez al hostal.

Desde la llegada de esa mujer a su vida, Himura se ha comenzado a sentir más que confundido. Él recuerda aún la última vez que vio a su hermana. En ese momento ella le dijo él tenía que decidir su vida, y que no tenía que ser dirigido por lo que los demás querían. También recordaba la noche en que conoció a su maestro Seijuro. Las palabras que le había dicho al día siguiente eran más que verdad. El verdadero peso que tenía ahora era el de afrontar esa nueva vida, que su hermana y también aquellas tres mujeres le dieron cada quien a su modo. Ahora estaba solo, y solo tenía que seguir.

Pero esas cosas eran cosas del pasado, y aunque aún seguían presentes en su mente, algo que también lo tenía con cuidado en esos momentos era esa “pregunta”, esa pregunta a la que todavía no le hallaba una respuesta que le podría proporcionar.

- “Soy un Destajador.” – Pensaba Himura mientras caminaba. – “No soy el asesino que mi padre quería que fuera, pero aún así soy una persona que le arrebata la vida a otros. Satomi, tú no querías que siguiera el camino de mi padre. Pero aún así por azares del destino terminé en un futuro parecido al que tú querías evitarme. Satomi, ¿Qué debo de contestarle a Tomoe ahora…?”

Su mente estaba totalmente sumida en sus pensamientos, y más que nada estaba dejando que sus pies lo guiarán por las sombras de la noche. Tenía la mirada baja y se encontraba muy pensativo. El chal que Tomoe le había dado tenía aún un poco de su perfume de ciruelo blanco, mismo que aún podía sentir emanar de él.

- “Si Tomoe tuviera en algún momento la intención de atacarme… yo… yo… ¿Sería capaz de matarla…?”

Su caminar lo había llevado hasta el pie de las largas escaleras de un templo. Era un lugar que normalmente pasaba de camino al hostal, y nada parecía fuera de lo común. La noche era relativamente calmada. Casi sentía que si Battousai no hacía de las suyas, la noche no tenía porque tener algo de especial, como si él fuera el causante de todo lo malo en las noches de Kyoto. De pronto, estando justo frente a las escaleras del templo, algo hace que toda su atención se desprenda de su revoltijo de pensamientos.

En ese momento siente como una ligera brisa de aire lo toca, y oye como un fuerte sonido se acerca hasta dónde él está. Todo esto llegó a su punto más importante, al oír lo que siguió…

- ¡Alto Ahí! – Escuchó que la voz de una persona le gritaba a lo lejos. El Destajador giró su mirada rápida hacía el camino. Sus ojos se quedaron congelados al ver lo que se acercaba a lo lejos… - ¡¡Por El Shogunato de Kyoto!!, ¡¡Este es el Shinsengumi!!

Eran cinco espadachines, vestidos con esos atuendos azules que él ya había visto en otras ocasiones. Los cinco corrían hacía a él, tan rápido como si fueran una manada de lobos. Lo que él había temido en alguna ocasión ahora estaba pasando. Esos hombres eran… el Grupo Shinsen.

- “¡¿El Shinsengumi?!” – Pensó asombrado el destajador al verlos. – “Acaso…”

Himura no tuvo mucho tiempo de pensar al respecto, cuando ya uno de ellos estaba prácticamente delante de él. Himura vio como el Shinsen desenfundaba con furia su arma y luego se lanzaba en su contra. Él reaccionó por su parte, moviéndose rápidamente hacía su derecha, haciendo que el atacante le pasara a un lado. Sin embargo, éste no se quedó quieto, y de inmediato se giró hacía él, moviendo su espada de derecha a izquierda. En ese momento Himura desenfunda su espada, cubriendo el golpe del adversario.

Ambos estuvieron menos de un segundo con sus armas unidas, ya que de inmediato el Destajador vio como los otros se le acercaban por atrás. Sin perder el tiempo, colocó su mano izquierda en la parte sin filo de su arma, empujando con fuerza su arma y con ella a su adversario. Una vez que se lo había quitado del frente, logró sacarle la vuelta y colocarse detrás de él.

Uno de los otros cuatro corrió con fuerza hacía donde de encontraba. Mientras corría, Himura notó como su atacante tomaba su espada con ambas manos y la movía hacía el lado izquierdo, jalando el arma hacía atrás, como si quisiera tomar impulso. Cuando estaba a una distancia apropiada, el Shinsen lanzó con fuerza la punta de su espada hacía el frente.

- “¡¿Qué técnica es esa?!” – Pensó el Chosu al verla.

Reaccionando lo más rápido que pudo, dio un salto hacía su izquierda, moviendo su arma el lado opuesto para desviar el ataque. El primer golpe estuvo fallido, pero él samurai rápidamente se giró de nuevo hacía él, colocándose en la misma posición para luego lazarse de nuevo. Parecía que en esta ocasión no lo detendría, ya por el movimiento previo que había hecho no había quedado en buena posición. Sin embargo, para sorpresa de los que lo vieron, en cuanto sus pies tocaron el suelo, el destajador dio un salto hacía atrás, escapando por completo del alcance de la espada.

Sin perder el tiempo, después de fallar de nuevo el Shinsen se lanzó de nuevo al frente con su técnica. Sin embargo, en esta ocasión, Kenshin hizo algo diferente. En lugar de saltar hacía atrás o a un lado, ahora se hizo hacía el frente. Cuando parecía que iba a ser alcanzado por la espada, y sin que sus pies tocaron el suelo por le salto, Himura movió arma hacía la derecha, golpeando la espada del samurai hacía un lado. Luego, cuando por fin descendió, se impulsó de nuevo al frente, golpeándolo en el cuelo con la empuñadura de su arma.

El Shinsen cayó al suelo, llevando su mano a la garganta, mientras el Destajador, se alejaba un poco de él. Pudo haberlo acabado ahí mismo, pero otro de ellos se le lanzó encima por la izquierda. Himura cubrió uno de los golpes que le lanzó y después, frente a los ojos de los cinco, se impulsó con sus piernas para dar un tremendo salto hacía arriba. Su cuerpo se movió por el aire por encima de todos ellos, casi como si estuviera volando, hasta descender justo en uno de los primeros escalones de la escalera que estaba cerca de ellos. Aquel que había recibido su golpe se puso de pie una vez más y los cinco desviaron su mirada hacía Himura.

- “No podré derrotarlos si peleó contra los cinco al mismo tiempo.” – Pensó mientras sostenía con fuerza su espada.

Los cinco comenzaron a correr hacía él. El lugar de defenderse o atacar, Himura se dio la media vuelta y comenzó a correr por las escaleras, subiéndolas a toda velocidad. Las escaleras eran muy largas, por lo que era casi imposible que pudiera llegar hasta arriba antes de ser alcanzado. Uno de ellos se adelanto a los otros, corriendo tan rápido que prácticamente estaba tocando la espalda del destajador.

De pronto, cuando parecía que el Shinsen iba a alcanzarlo, Himura se detuvo precipitadamente. Al mismo tiempo que se detenía, se dio un poco la vuelta, quedando de costado al enemigo, y colocando su arma de manera horizontal a su pecho. Haciendo esto, y sumado al impulso que el Shinsen llevaba al correr, la hoja de la espada se encajó sin remedio en medio del abdomen del Shinsen.

Al ver esto desde los escalones bajos, otro de los atacantes se abalanzó rápidamente hacía él. El samurai parecía estar a punto de morir en cuanto recibió la estocada. Himura colocó su mano en el cuerpo del hombre, y luego lo empujó con fuerza hacía el frente, al mismo tiempo sacando su espada del abdomen. Usando el cuerpo del Shinsen casi como un escudo para ocultarse de la vista de los otros, Himura se impulsó en el aire con fuerte salto, colocándose por encima de otro hombre que casi lo alcanzaba.

El cuerpo del primero cayó por los escalones hacía donde se encontraba el segundo, que por simple reflejo se movió a un lado para poder esquivarlo. Sin embargo, para cuando pudo alzar la mirada de nuevo al frente, Himura se encontraba justo sobre él.

- ¡¡Estilo Hiten Mitsurugi!! – Gritó desde los aires. – ¡¡Ryu Tsui Sen!!

Kenshin descendió con fuerza hacía el atacando, haciendo un ataque de manera vertical con su arma. El Shinsen trató de defenderse colocando su espada por encima de su cabeza. Sin embargo, el golpe de la hoja de Himura fue tan fuerte que quebró el arma como si fuera simple madera. La parte de arriba de la hoja salió volando por el aire, quedando encajada en uno de los árboles que rodeaba a las escaleras. La espada del destajador siguió su camino después de romper el arma, atacando su dueño justo en el hombro derecho, haciéndole una herida profunda hasta llegar por encima del pecho. El Samurai murió al instante.

Frío ante la muerte de dos compañeros, otro se lanzó al frente en contra de Battousai. Éste lo vio de inmediato acercarse, así que sin perder tiempo sacó su arma del cuerpo del último Shinsen, jalándola al frente para cubrir el ataque del tercero. Luego, con gran velocidad, le sacó al vuelta por su derecha, y como se encontraba algunos escalones encima de él, lo único que tuvo que hacer es hacer un ataque circular de izquierda a derecha para atacarlo justo a la nuca. En cuestión de segundos, ya había eliminado a tres de sus perseguidores.

Mientras tanto, los otros dos miraban congelados la terrible escena que acababa de suscitar.

- ¡Acabó con todos con un solo golpe! – Dijo uno de ellos, aparentemente impactado ante lo sucedido.

En ese momento, Battousai se giró hacía ellos. Debajo de la Luna de esa noche, los hombres pudieron sentir como esa presencia tan prepotente les clavaba la mirada de sus fríos ojos amarillos como si fueran flechas. Los dos hombres casi retrocedieron ante tal mirada. Sin embargo, parecieron armarse de valor. Aún con el miedo en el rostro, tomaron sus armas con fuerza y sin perder nada de tiempo, se lanzaron los dos al mismo tiempo hacía el frente.

Himura, estando varios escalones encima, una vez más dobló un poco sus rodillas y se impulsó en el aire con un gran salto. Los dos Shinsen ni siquiera pudieron notando cuando la sigilosa figura del destajador pasaba por encima de ellos y luego caía a sus espaldas, unos tres o dos escalones hacía abajo. Los dos trataron de girarse hacía él, pero era tarde. El Destajador rápidamente dio un giro completo, moviendo su espada de manera circular a toda velocidad. El filo del arma los alcanzó sin que ellos lo sintieran siquiera, pero sus heridas se abrieron con fuerza, marcando así su final…

Himura continuó dando el giró, hasta volver darles la espalda. En todo el combate se las había arreglado para no macharse con la sangre de sus enemigos. Sin embargo, en ese momento, algo de la sangre de sus últimas dos victimas cayó sobre su espalda, manchando un poco de rojo su traje.

Una vez acabado todo, Himura se quedó unos instantes de pie, totalmente inmóvil. Luego, se agachó un poco, tratando de agarrar aire. Hacía tiempo que no hacía esfuerzo así en una pelea. Volteó a ver los cinco cuerpos detrás de él. Los cinco estaban colocados a lo largo de los escalones, manchando a los mismos.

En ese momento, escucha las voces de más personas que se acercan a lo lejos. Temiendo que fueran más miembros del Grupo Shinsen, rápidamente movió su espada hacía un lado quitándole un poco de la sangre a la hoja, y mientras corría a toda velocidad para bajar las escaleras, guardó su espada en la funda. Tenía que huir del lugar lo más rápido posible…

Unos minutos después, los demás miembros del Grupo Shinsen llegaron al lugar de los hechos. Varios hombres alumbrados con antorchas, miraban sorprendidos los cuerpos que yacían sobre los escalones. Entre los presentes estaban Nagakura Shinpachi, Capitán de la Tropa Número 2, y Hajime Saito, Capitán de la tropa Número 3.

- ¿Cortó hasta los huesos? – Preguntó sorprendido el capitán de cabello rojo, que se encontraba en cuclillas frente al cuerpo.

Saito, por su parte, miraba todo con detenimiento. Luego, el capitán de la Tropa 3 volteó hacía un árbol cercano, en la que se encontraba encajada una hoja de espada rota. Aparentemente había volado hacía haya después de haber sido destruida por un arma.

- ¿Podría ser el Estilo Jigen? – Comentó Shinpachi mientras se ponía de pie.

- No, no lo creo. – Contestó Saito.

En ese momento caminó hacía el árbol y con mucho cuidado retiró la hoja de espada que se encontraba incrustada en éste. La sostuvo unos momentos frente a su rostro, analizándola. El corte era casi perfecto.

- Es posible que te rompan tu arma usando el Jigen Ryu. – Dijo Saito sin quitar sus ojos de la hoja. – Sin embargo... la habilidad de quien hizo esto se encuentra a un nivel diferente a este estilo.

Saito dejó caer precipitadamente la espada al suelo. Luego, alzó su mirada hacía arriba, viendo las escaleras hasta lo más alto. Después bajó la mirada hasta la base de las mismas. Parecía estar viendo la posición de los cuerpos.

- Este sujeto corrió por las escaleras, haciendo que nuestros hombres lo siguieran. – Comentó Saito, colocando una mano en su barbilla. – Si hubiera peleado contra todos al mismo tiempo, puede que no la hubiera librado. Pero él sabía que si corría de esa manera, el más rápido de ellos lo alcanzaría, y se convertiría en un combate uno a uno. Además, estando en estos escalones, podría atacar desde un ángulo mayor al de su oponente. Quién hizo esto, fue un hombre excepcional… ¿Podría ser…?

- El estilo que Jine nos mencionó... – Dijo de pronto Shinpachi, mirando con seriedad a Saito. Éste guardó silencio unos momentos, antes de proseguir.

- El Asesino del estilo secreto Hiten Mitsurugi… Battousai el Destajador…

Como una brisa de verano cualquiera, la madrugada de fue volando en un abrir y cerrar de ojo. El sol ya se había asomado por las montañas que rodeaban a la ciudad, y el cielo una vez más tomaba su particular tono azul. Mientras la gente del pueblo empezaba de nuevo su rutina, caminando por las calles de la ciudad se encontraba la figura de un chico de cabello rojo y traje azul, que se mueve a duras penas.

Himura había tratado de esquivar durante toda la noche a los hombres del Shinsengumi, por lo tanto no le fue posible llegar al Hostal. Había podido descansar unos momentos en algunos escondites, pero técnicamente se diría que no durmió esa noche. En el fondo sabía que era su culpa por no estar afuera tan tarde.

- “Demonios, ¿a esto se le llama noche libre?” – Pensaba el destajador con cierta queja, mientras caminaba con cuidado por las calles. El cansancio por falta de sueño era más que evidente en su paso. – “Cómo lo pensé, el Shinsengumi es un gran enemigo… Pero ellos me atacaron abiertamente…” – Himura se detuvo unos momentos, meditando en lo ocurrido. Después de unos momentos, continuó con su marcha. – “Primero aquel misterioso Ninja, y ahora el Shinsengumi. No hay duda ahora, hay un traidor en el grupo…”

Las sospechas que tenían él y los otros ahora debían de ser ciertas. Como habían dicho, solamente los realistas de Chosu conocían su verdadera identidad. En las calles se murmuraba el sobrenombre de “Battousai el Destajador”, pero además de todo lo demás era un secreto. Ahora estas dos emboscadas le hacían ver que alguien estaba dando información al enemigo.

Mientras caminaba, Himura pareció reconocer el barrio en el que se encontraba.

- “Uno de los cuarteles está cerca de aquí.” – Pensó mientras se acercaba al sitio en que tenía que dar vuelta. – “Talvez pueda descansar ahí…”

Himura esperaba dormir un poco en algún lugar seguro antes de volver al Hostal. Sin embargo, justo cuando dio la vuelta en la esquina hacía donde estaba el cuartel, casi se queda congelado al ver la calle: el lugar estaba repleto de samuráis vistiendo chalecos azules… soldados del Shinsengumi. Lo más seguro es que había hecho una redada ene l cuartel. Rápidamente Himura se hizo a un lado, tratando de ocultarse.

- “¡No puede ser!” – Pensó sorprendido mientras tenía la espalda completamente a la pared. – “¡¿También aquí?!”

Okita Souji, capitán de la Tropa Número 1 y quién había dirigido esa redada, se encontraba rodeado de varios de sus hombres, revisando un papel en sus manos. De pronto, sintió algo a sus espaldas. Rápidamente volteó a ver por encima de su hombro, en la dirección en la que Kenshin se encontraba. Sin embargo, al momento de voltear a ver, ya no pudo ver nada.

- ¿Sucede algo capitán? – Le preguntó uno de los soldados al Capitán al verlo algo sospechoso.

- No, no es nada. – Le contesta mientras vuelve su mirada al papel en sus manos.

En este papel se encuentra revisando los nombres de aquellas personas que habían capturado durante su redada. De pronto, se le notó algo decepcionado al no encontrar el nombre que él esperaba.

- Así que no lo pudimos encontrar. – Mencionó sin quitar su mirada del papel.

- No hay ningún rastro de él aquí. – Agregó uno de los hombres. – Parece que se fue antes de que llegáramos.

Okita meditó un poco sobre lo ocurrido. Luego de unos segundos, tomó la hoja de papel y la guardó en su traje, al tiempo que daba más instrucciones a sus hombres.

- Sigan la búsqueda en todo el vecindario. – Ordenó alzando la mirada. – Y por favor, envíen un mensaje al Comandante: ‘Hemos fallado en capturar a Yoshida Toshimaro…’

Era aún muy temprano y la mayoría de los habitantes del Hostal se encontraban aún dormidos. La excepción a esto era la joven de apellido “Yukishiro”, la cual aunque era muy temprano, ya se encontraba cambiada con su traje morado que usaba para trabaja. En estos momentos se encontraba en la cocina, lavándose la cara con agua limpia. Después de asearse bien, tomó una toalla de color blanco que se encontraba sobre el lugar y se comenzó a secar.

Después de unos segundos, la joven abrió los ojos con gran sorpresa. Luego, lentamente se retiró la toalla del rostro, mirándola con algo de asombro. La toalla blanca tenía en ella una marca roja de sangre. Sin que se hubiera dado cuenta, había tomado la toalla con la que aquella noche Kenshin se había limpiado; era extraño que aún estuviera en ese lugar, ya que habían pasado un par de noches y las toallas ya se habían lavado. Se le quedó viendo fijamente unos momentos y luego lentamente acercó su mano a la mancha a de sangre.

- ¿Tomoe? – Escuchó la joven que alguien le decía a desde la puerta, haciéndola detener el avance de su mano. Al voltear a su izquierda, ve a la señora encargada del hostal, que la mira con algo de extrañes. – ¿Porqué estás despierta tan temprano?

La mujer caminó hacía el frente y luego se desvió hacía un rincón en donde estaban los platos para el desayuno.

- ¿Himura no llegó a dormir? – Preguntó con cierta curiosidad mientras sacaba los platos, pero la joven de blanco no le contestó. – De seguro Katsura-san lo entretuvo con alguna misión.

Tomoe la miró de reojo por instantes y luego volteó de nuevo a la toalla. Sólo la observó un par de segundos antes de dejarla de nuevo en el lugar en el que se encontraba y luego retirarse de la cocina.

La puerta del Hostal se abrió por primera vez en el día. Del otro lado pareció el rostro adormilado de Izuka, que aparentemente se había acabado de despertar. Se quedó unos momentos de pie frente a la puerta, como pensando en algo. De pronto, ve de reojo como una figura se acerca por calle hacía el lugar. Por simple reflejo el hombre alza la mirada, pero en cuanto ve al frente sus ojos se abren de par en par debido a la sorpresa. Era Himura, que caminaba hacía su casa con pasos lentos y cansados, y la mirada baja.

- ¡Himura! – Dijo asombrado Izuka en cuanto lo vio. El hombre corrió hacía él, mientras el destajador continuaba con su marcha. – ¿Te encuentras bien?, ¿no estás herido?

Himura parecía muy indiferente ante las preguntas del hombre. Sin hacerle mucho caso, continuó con su marcha cansada hacía el interior del hostal. Izuka se le quedó viendo extrañado; se veía a simple vista que no había dormido en toda la noche. En ese momento, el hombre se voltea hacía el frente y alza la mirada hacía lo lejos. Por encima de todos los edificios, parecía surgir una leve columna de humo que se elevaba hasta el cielo.

- ¿Qué es eso?, ¿Será un incendio? – Se preguntó Izuka mientras trataba de ver con claridad de que se trataba.

Tomoe estaba en el pasillo afuera de su habitación, barriendo el polvo con una escoba. Se le veía con una expresión seria y tranquila como acostumbraba tenerla casi siempre. Mientras hacía su labor, la joven volteó a ver de reojo el pequeño escritorio que tenía en el cuarto y usaba para escribir. Encima de éste estaba su diario.

Lo miraba con mucho detenimiento, y aunque su rostro no lo reflejara, al observarlo un extraño sentimiento le venía a la mente. Inconscientemente, la joven de blanco comenzó a apretar con fuerza la escoba, casi como si quisiera romperla. En ese momento, unos sonidos detrás de ella hacen que se salga drásticamente de sus pensamientos. Rápidamente se da la media vuelta. Para sus sorpresa, Kenshin aparece caminando en el pasillo hacía donde ella estaba.

Tomoe se quedó quieta, viendo como se le acercaba. El destajador se paró a una corta distancia de la joven, mirándola con firmeza, aunque con algo de cansancio en su expresión. En ese instante, el joven metió su mano derecha en su traje, sólo para después sacar de éste el chal azul de Tomoe. Ella lo miró con sorpresa. A pesar de todo lo ocurrido, no se había manchado para nada de sangre. El Himura extendió su mano al frente, entregándole su prenda.

- Soy el Destajador que hace llover sangre, eso es lo que tú me dijiste. – Le mencionó el joven al tiempo que le entregaba el chal. – Aún así sería una verdadera pena tener el olor a sangre encima de tus posesiones de nuevo. Por eso me encargue de que no se manchara de nada.

La joven tomó el chal entre sus manos y lo miró con detenimiento. Aún parecía tener impregnado el perfume de ciruelo blanco que ella usa, pero no olía para nada a sangre. Era algo muy extraño.

- Discúlpeme por mis insistentes preguntas. – Le dijo sin quitar los ojos del Chal. – Pero tu estilo de vida es un estilo que no comprendo.

- Tomoe… - Dijo el joven con algo de seriedad. – Tu pregunta de antes... si te mataría en el caso que tuvieras una espada en tu mano... – Al escucharlo, la joven alzó su mirada hacía él. Himura la miraba con seriedad, pero de un momento a otro su expresión cambió. Para su sorpresa, por primera vez lo veía “sonreír”. – la respuesta es “No”. Bajo ninguna clase de circunstancia o situación yo sería capaz matar a alguien como tú, a ti no.

Tomoe se sorprendió al oír esa clase respuesta. En el tiempo que llevaba en ese lugar, era la primera vez que veía una reacción así por parte del misterioso Battousai. Después de unos segundos, la sorpresa ya no fue tanta para la joven y pareció reaccionar un poco. Ella le regresó su respuesta, con otra sonrisa, que sorprendió igual o más al pelirrojo.

- Gracias… - Le dijo por último, sin dejar de sonreírle…

FIN DEL CAPITULO IV

Email del autor: azor_cometa@hotmail.com

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