CAPITULO III
LA GATA PÉRDIDA
Ambos se quedan de pie, viéndose el uno al
otro sin hacer absolutamente nada; ni un movimiento,
ni un sonido. El destajador inconscientemente suelta
el arma que acababa de usar, haciéndola caer
en los charcos de agua. En ese momento, la lluvia
comienza a caer con más fuerza, empapándolos
a ambos. Ella lo miraba por debajo de su paraguas
con sus penetrantes ojos negros. Al mismo tiempo,
el pensaba en que cual era la medida que debería
de tomar.
- He sido visto Pensaba él
Ella me vio
¿Qué
debo de hacer?, ¿Tendré que
matarla
?
En ese instante, los ojos de la joven frente a él
se centraron en la herida de su mejilla izquierda.
Sin que el se diera cuenta, las gotas caían
sobre su cabello, resbalaban por su mejilla y caían
al suelo, revueltas con su propia sangre.
- Estas sangrando Escuchó de pronto
que ella le dijo, alzando su mano hacía el
frente.
- ¿Cómo dices? Preguntó
él sorprendido.
La mujer comenzó a caminar hacía el
frente, acercándosele. Él retrocedió
un poco, como si se estuviera preparando para atacarla.
- Necesito
ir... a dormir... Le dijo
por último, antes de que sus ojos se cerraran.
Kenshin vio como ella soltaba su paraguas y luego
caía lentamente hacía el frente. Sin
darse cuenta, el destajador extendió su brazo
izquierdo hacía adelante, deteniéndola
con esta. La prenda azul que traía consigo
cayó sin remedio al suelo, mojándose
en el charco de agua roja.
- Se ha desmallado Pensó
mientras la sostenía. Es natural
después de haber visto tanta sangre.
Encajó su espada en el suelo y luego se agachó
para apoyarse mejor. Recostó a la joven sobre
sus piernas y luego la volteó, viendo su rostro
manchado por lo sucedido hace unos momentos.
- ¿Qué hago ahora?
Seguía pensando el Destajador No
puedo dejar convida a un testigo. Un
largo suspiro surgió de su boca Mi
primera noche en Kyoto con una chica y no tengo idea
de que hacer. En ese momento, logra percibir
otro aroma, muy diferente al que rodeaba ese callejón.
Este aroma
¿Flor de Cerezo
Blanco
?
Los ojos de una persona se abren con fuerza a mitad
de la noche. La habitación en la que se encuentra,
esta totalmente oscura, pero a lo lejos se puede ver
un ligero rastro de luz que entre por la abertura
de una puerta. A través de esta, se ven aún
caer las gotas de lluvia. Sin hacer ruido, parece
encaminarse a la puerta, con su cuerpo muy cerca del
suelo. Sin levantarse mucho, alza su mirada hacía
arriba. El cielo esta completamente nublado.
- Padre
Piensa sin quitar
los ojos del cielo.
Aún con la lluvia sobre él, Himura
se encuentra cargando a la misteriosa mujer en sus
brazos. Trata de moverse por las calles sin hacer
el menor ruido. Después de unos momentos, llega
a su destino: El Hostal Kohagi. Se paró uno
momentos en la puerta, abriendo ésta con mucho
cuidado.
Antes de entrar al interior del sitio, metió
la cabeza mirando hacía adentro, cerciorándose
de esta manera de que no hubiera nadie que lo viera.
Después, comienza a caminar, pisando con mucho
cuidado para no hacer absolutamente nada de ruido.
- Tengo que hacerlo con cuidado.
Pensaba mientras seguía caminando Si
alguien me viera estaría en una situación
muy embarazosa
De pronto, oye como una puerta a su izquierda su
derecha se abre y por ella sale una mujer de cabello
negro y corto, vestida con un kimono de color amarillo.
- ¡Oh!, ¡Es usted Himura! Oye
de pronto que la mujer le habla. Kenshin se sintió
congelado al oír su voz. Llega tarde
el día de hoy.
Kenshin volteó a verla lentamente, con una
expresión muy nerviosa en su rostro. En ese
momento, la mujer ve con mucho cuidado a la joven
que el Destajador trae en sus brazos.
- ¿Qué esta haciendo con esa chica
Himura? Preguntó con cierta seriedad
en su tono.
- Bueno yo
- Trataba de decir con cierto nerviosismo
Hubo una pelea y ella se desmayó
y
- ¿Seguro de que no la emborrachó?
Preguntó la mujer con sospecha.
Esto no es una casa de Té.
- ¡Claro que no! Le contestó
con fuerza, pero de inmediato cubrió su boca
con su mano para no hacer ruido Por favor,
denme un cuarto para ella.
Antes de hablar con la posadera, Himura colocó
a la chica en el suelo delicadamente. Ella aún
permanecía dormida.
- Me temo que no tenemos ningún cuarto vacío
Himura Le informó la mujer y
no encontrara vacantes en ningún lugar.
- ¿Cómo?, ¿y que haré
con ella?
- Puedes dejar que duerma en tu cuarto Le
mencionó mientras caminaba hacía el
pasillo con una charola que traía consigo
No creo que al señor Katsura le importe. Ve,
le prepararé un baño y le cambiaremos
esas ropas mojadas.
Himura volteó a verla de nuevo. Algo dudoso
aún, tomó a la chica en brazos de nuevo
y le llevó hacía su cuarto. Al mismo
tiempo, mientras la mujer caminaba por el pasillo,
es interceptada por Izuka, que salía de su
habitación.
- ¿Qué sucede Okami? Preguntó
al hombre al verla.
- Nada importante. Fue su respuesta
El señor Himura acaba de llegar.
- ¿Y porqué tan tarde?
- No lo sé, pero trajo consigo a una bella
jovencita. Izuka pareció no comprender
al principio esto último debido al sueño.
Sin embargo, después de unos segundos, reaccionó
de golpe.
- ¡¿Qué cosa?! Preguntó
totalmente sorprendido ¡¿Himura
trajo a una mujer?!
Himura aguardaba afuera de la habitación,
mientras la encargada cambiaba a la mujer. Lentamente
llevó su mano a la herida de su mejilla; parecía
haber dejado de sangrar de repente. Esto le pareció
muy extraño. La puerta del cuarto se abre de
pronto. La encargada sale con las ropas de la mujer
en sus manos.
- Ya terminé Le dijo la mujer al salir.
- Se lo agradezco Contestó Himura.
- No es nada. Pero, hay algo que me preocupa
La mujer metió la mano entre las ropas de la
mujer, sacando de ellas una pequeña daga enfundada.
- ¡Una daga! Dijo al verla Kyoto
es una ciudad muy peligrosa en estos tiempos, no me
extraña que use una arma como esa para defenderse.
- Aún así no me agrada, ¿esta
seguro de dejarla dormir en tu habitación?
- No se preocupes, la tendré vigilada.
La encargada salió del cuarto y Himura entró
a éste, cerrando la puerta a sus espaldas.
En cuando entró, centró toda su atención
en la joven. Ya estaba limpia y en su rostro no había
rastro de las manchas de sangre. Sin hacer ruido caminó
hasta la ventana, sentándose frente a ella.
Recargó su espada en su hombro, nunca quitándola
de su lado.
- ¿Será sólo una ebria?
Se preguntó así mismo sin quitarle la
vista de encima. El aroma a sangre fresca,
combinado con el aroma de los cerezos blancos. Esa
es una extraña combinación.
Kyoto cayó en un profundo silencio; la lluvia
había cesado de pronto, y la calma cubrió
la noche
La joven se encuentra recostada en su cama, tapada
por completo con los cobertores. Sin hacer el ruido,
Himura se acerca a ella, con su espada desenfundada.
Se mantiene quietos unos momentos, como pensando en
lo que iba a ser. De pronto, se abalanza al frente,
colocándose a lado de ella. Luego, alzó
su espada hacía arriba, con la punta de la
hoja apuntándola. Sin más demora, abalanzó
su espada hacía abajo, directo al pecho de
la joven
Himura despierta de golpe en su habitación;
todo había sido un sueño. En ese momento,
desvía la mirada hacía donde se supone
que ella debería de estar. Su cobertor y cama
se encuentran recogidos y colocados en una esquina.
Sin embargo, no hay rastro de ella.
- ¡Oh no! Dijo exaltado al ver que no
estaba ¡¿Se habrá escapado?!,
¡Demonios!
Sin espera, abrió rápidamente la puerta
del cuarto y corrió directo hacía la
cocina. Sabía que el dejarla ir sería
peligroso para él y para los realistas, y en
especial para la identidad de Battousai. Decidió
ir a la cocina en busca de la encargada; de seguro
ella sabría a donde se había ido.
- ¡Señora Okami! Gritó
al abrir la puerta de la cocina.
- Por favor, lleva esto por mí Le decía
la señora a la joven de cabello negro y largo,
mientras le entregaba varias mesas pequeñas
con comida. La joven asintió y las tomó.
En la puerta, Himura cae al suelo al ver tal escena.
Tanto se había preocupado y corrido para nada.
La mujer y la joven lo voltearon a ver en el suelo.
- Buenos días señor Himura Le
dijo la mujer Se ve algo exaltado para ser
de mañana.
- Por lo menos no escapó.
Pensaba mientras se ponía de pie.
- En contra de todas las apariencias, su novia resultó
ser muy útil. Le mencionó la
señora.
Ante tal comentario el chico la volteó a ver
con una expresión seria, casi de enojo. Luego,
giró su atención hacía la joven,
que lo observaba con cierta seriedad en su mirada.
- Parece que ya te sientes mejor, ¿verdad?
Preguntó Himura, y ella asintió
con su cabeza.
- Lamento lo de anoche Le dijo la joven
creo que no estaba sobria.
- ¿He? Dijo el chico sin entender muy
bien.
- Me disculpo por todas las molestias que se tomó.
Estaba... ebria. Luego de decir esto, ella
comenzó a caminar hacía afuera de la
cocina, cargando al frente su encargo.
- Oye Dijo Himura, deteniéndola
¿Podrías Decirme tu nombre?
La joven se quedó unos momentos callada, mientras
solamente miraba al frente. De pronto, volteó
a verlo por encima de su hombro derecho.
- Mi nombre es Tomoe, Yukishiro Tomoe. Le
contestó antes de seguir su camino. Himura,
por su parte, se le quedó viendo hasta que
se perdió en el pasillo de la posada.
- ¿Ebria?
- Es una chica muy amable Himura Le mencionó
la señora Aunque algo callada.
- ¿Le dijo algo sobre ella?
- No, nada. Solamente se ofreció a ayudarme
con los quehaceres. Además de todo es muy educada.
Himura se quedó unos momentos inmóvil.
Aún seguía recordando lo ocurrido con
mucho cuidado. Y esas palabras que le dijo aún
resonaban en su cabeza
********
- ¿Tú
eres en verdad
quien
hace llover sangre?
********
Tomoe cargaba la comida en sus brazos por el pasillo
del hostal. De pronto, sintió la voz de una
persona detrás de ella, aunque no le puso mucha
importancia.
- Espere Le dijo Himura caminando detrás
de ella ¿Qué esta haciendo?
- Ayudo en la cocina Le contestó sin
dejar de caminar. Al llegar a su destino, la mujer
colocó la comida en el suelo y se hincó
frente a la puerta antes de abrirla.
- Necesito hablar con usted Le dijo el chico,
parándose detrás de ella.
- Tendrá que esperar, en estos momentos estoy
ocupada. Tengo que llevar el desayuno.
- Esto es más importante, necesito hablar
contigo antes de los demás sepan que tú
estas aquí...
La mujer abrió las puertas del de la habitación.
De otro lado, ambos fueron recibidos por un conjunto
de gritos provenientes de las personas de adentro,
que parecían estar pegadas a la puerta, centrando
su mirada en Tomoe. Himura cayó al suelo de
la sorpresa al darse cuenta de que eran puros de sus
compañeros, entre ellos Izuka.
- ¡¿Así que esta es la mujer
de Himura?! Mencionó uno de ellos.
- ¡Es una belleza!, ¿No les parece?
Mencionó otro con algo de burla.
- Parece algo grande para ti Himura.
- Sí, pero parece apática como él.
Todos comenzaron a reírse al mismo tiempo.
La mujer se mantenía sentada en el suelo con
una mirada seria. De pronto, Himura se puso rápidamente
de pie.
- ¡Ella no es mi mujer! Les gritó
a todos con enfado.
- Soy Tomoe Yukishiro, es un placer conocerlos.
Les dijo la joven, inclinándose hacia el frente
en señal de respeto.
- ¡Oye! Himura le trató de decir
nada, pero de inmediato fue interrumpido por Izuka,
quien se lanzó hacía él y colocó
su brazo derecho alrededor de su cuello.
- ¡Oh!, ¡Te vez sonrojado galán!
Le dijo burlándose.
- No deberías de decir nada Izuka...
Le contestó con seriedad.
- La señora me dijo que la dejaste dormir
en tu cuarto, eres un verdadero pícaro...
Todos los del cuarto comenzaron a reírse,
haciéndola burla al chico pelirrojo. De pronto,
del coraje, Himura acercó su mano izquierda
a la espada de su funda, preparándola como
su la fuera a sacar. Muertos de miedo, todos los hombres
retrocedieron al mismo tiempo, alejándose por
completo del destajador.
- Olvide que estaba hablando con Battousai el Destjador...
Mencionó Izuka mientras se secaba el
sudor.
- Sólo fastidiarlo es como arriesgar la vida...
Mencionó otro con la voz entrecortada.
- ¡Si todos están aquí deberíamos
de discutir asuntos más importantes!
Les replicó con una voz severa al Señor
Katsura no le gustara cuando averigüé
esto.
- He, Himura... Oyó que Izuka le decía.
Al voltear a verlo, notó que le estaba apuntando
con el dedo hacía sus espaldas, por lo que
sin entender se dio media vuelta.
- ¡¡Katsura-sama!! Gritó
el destajador al ver a Kogoro Katsura, sentado en
el suelo mientras Tomoe le servía la comida.
- Aquí tiene. Le dijo Tomoe mientras
le entregaba un plato con arroz.
- Gracias. Agradeció él mientras
tomaba el plato. Sin voltear a ver a Himura y sin
dejar de comer, le comenzó a hablar
¿Qué te sucede Himura?, te ves algo
exaltado.
- Los realistas de Chosu no deberían de comportarse
así... Le contestó con un tono
de desánimo.
- Los asuntos del corazón no tienen que ir
de la mano con tus ideales Himura. Recuerda que yo
tengo a Ikumatsu.
- ¡Yo no tengo ningún asunto del corazón!
Le contestó él haciéndose
hacía el frente ¡¿Podemos
mejor hablar de asuntos más serios?!
- Como lo desees.
Una carpa volvió a saltar del estanque del
patio, cayendo de nuevo al agua. Parados afuera mientras
el resto comía, estaban Himura, Izuka, Katagi
y Katsura. En cuanto llegaron, Katsura puso especial
atención en una sombrilla morada que estaba
en el patio, a lado de un árbol.
- ¿Te vio? Preguntó sorprendido
Katagi al escuchar a Himura.
- Así es, ella me vio asesinar y ahora sabe
mi identidad. Le contestó Himura
Por eso la traje para acá.
- Eso puede ser un problema, ¿no? Comentó
Izuka con algo de burla.
Como si no estuviera en la conversación, Katsura
comenzó a caminar hacía donde estaba
esa sombrilla. Parecía que la acababan de limpiar.
- Por el momento no es tiempo de hablar de ella.
Le mencionó Katagi Himura, ayer
asesinaste a alguien, ¿no es así?
- Sí Contestó a la victima
que Izuka me mandó. Katagi y el resto
guardaron silencio por unos instantes.
- Fuiste emboscado a tu regreso, ¿verdad?
Himura se sorprendió al ver que ya estaban
enterados de lo ocurrido. Katsura tomó en sus
manos la sombrilla y la abrió. Al momento en
que la capa saltó y cayó de nuevo al
agua, se pudieron ver como las pequeñas gotas
caían en ella.
- Sí. Contestó el destajador
con cierta seriedad.
- Fue a ese atacante a quien ella te vio matar, ¿no
es así? Le preguntó Katsura sin
voltear a verlos.
- Fue algo molesto limpiar todos los restos del combate.
Comentó Izuka con una sonrisa sarcástica
Por suerte la lluvia me fue de gran ayuda.
- ¿Quién te atacó?, ¿Tienes
alguna idea? Le preguntó Katsura.
- Fue un asesino del Shogun, de eso no tengo duda.
Pero no era un destajador como yo.
- ¿Era un Shinsen-gumi?
- No, nunca había visto algo como eso. No
estoy seguro, pero, si debo de suponer algo, creo
que se trataba de...
- Un ninja Dijo de pronto el líder
del clan Chosu al tiempo que cerraba la sombrilla
con fuerza un Oniwabanshu.
- Sí, eso mismo pensé.
Katsura volvió a poner la sombrilla en su
lugar y se giró hacía los otros. La
habían limpiado hace poco, pero aún
se podían distinguir la presencia de sangre
en ella.
- Los Oniwabanshu son un grupo muy peligroso.
Mencionó Katsura mientras se les acercaba
Si el Shinsengumi y el Oniwabanshu se encuentran ahora
cazándonos en Kyoto, las cosas se pondrían
más difíciles aún.
- Sólo los miembros internos del clan conocemos
tu identidad Himura. Le comentó Katagi
Ese sujeto te estuvo esperando precisamente
a ti.
- Entonces sólo hay una explicación.
Concluyó Himura hay un traidor
entre nosotros.
Los cuatro se quedaron en absoluto silencio de nuevo
al escuchar tal afirmación. Todas sus movidas
tenían que ser con la mayor discreción.
Si había un traidor entre ellos dándoles
información a los hombres del Shogun, la restauración
estaría en un grave peligro.
- Esto es muy grave. Mencionó Katsura
Tenemos que empezar con la investigación
lo antes posible. Ustedes deben de cuidarse del Shinsengumi.
La Reunión durante el Festival del Gion esta
cerca, y no podemos darnos el lujo de perder a alguno.
- ¿Seré el guardaespaldas después
de todo? Preguntó Himura.
- No, esta bien Himura, mejor preocúpate por
otras cosas. Himura se le quedó viendo
fijamente unos momentos, como pensando.
- ¿Qué vamos a hacer con ella?
Preguntó Himura algo dudoso. Los demás
se le quedaron viendo con seriedad.
- La mejor solución sería silenciarla
Comentó Katsura, lo cual asustó
a Himura Pero sé que no es una opción
para ti. Himura, lo dejaré a tu criterio, has
lo que tú creas mejor. Katsura se preparó
para entrar de nuevo, pero antes de irse volteó
por última vez hacía le patio.
La primavera ha llegado a su fin y las flores de cerezo
blanco se han marchitado.
El destajador volteó a ver hacía el
árbol del patio, donde se encontraba esa sombrilla
recargada en ella, la sombrilla que Tomoe traía
esa noche. En el árbol ya no había ni
una flor. Katsura comenzó a irse caminando.
Himura lo volteó a ver de reojo.
- De ahora en adelante la primera persona en
la lista de ataque tiene que ser Kogoro Katsura.
Pensaba Himura al verlo Tenemos
que encontrar al traidor pronto. Si cometemos un sólo
error, la historia podría mostrarnos su peor
rostro...
La ventana del cuarto de Himura es abierta. A través
de ella se asoma el rostro del chico pelirrojo, que
centra su mirada en el cielo azul. Luego, desvía
la mirada hacía abajo, hacía la calle.
Es pleno día y hay muchas personas caminando
a esas horas.
- Me han dejado que decida tu futuro. Dijo
de pronto el chico sin voltear hacía el interior
de la habitación. Sentada detrás de
él, mirando su espalda, estaba Tomoe
Necesito que me jures olvidar todo lo que viste anoche.
Olvidarlo e irte de este lugar ahora mismo.
- ¿Soy una molestia para ti? Le preguntó
con un tono serio.
- ¿Qué dices? Dijo él
volteando a verla por encima de su hombro.
- A la señora Okami le agrado. Comentó
la joven mientras volteaba hacía el frente.
Himura no le respondió ante sus comentarios.
Sin decir nada, se dio la media vuelta y se sentó
frente a la ventana, mirándola fijamente con
su expresión seria.
- ¿No crees que tu familia debe de estar preocupada
por ti? Le preguntó.
- Si tuviera familia o un hogar al cual llegar, ¿crees
que andaría bebiendo sola de noche?
Le respuesta de la joven lo sorprendió mucho
Yo soy
una Gata Perdida....
El chico la miró unos momentos sin comprender
muy bien sus palabras. En sus rostro, ante toda su
seriedad, él podía percibir cierta tristeza
a su alrededor. De pronto, se puso de pie alejándose
la ventana. Pasó por delante de ella pero ni
siquiera se mutó. Sin embargo, su atención
cambio al ver como colocaba un objeto frente a ella.
- ¿Esto es tuyo? Le preguntó
al tiempo que lo colocaba en el suelo y retiraba su
mano. Era la daga que traía consigo.
- Sí Le contestó ella.
- Las calles de Kyoto son muy peligrosas, y si te
quedas aquí lo serán aún más.
Esta daga de no te será de mucha ayuda. Lo
mejor que puedes hacer es encontrar un lugar seguro;
un lugar donde un objeto como éste no sea necesario.
- ¿Un lugar donde no haya asesinos?
Preguntó ella mirándolo de reojo. Himura
se quedó callado unos instantes.
- No se cual sea tu situación, pero nosotros
no estamos en condición de cuidar de ti, ¿lo
entiendes?
- Si es así, ¿entonces porque no me
aniquilan? Le preguntó directamente.
Dicha pregunta hizo sobresaltarse al destajador.
¿No es lo que ustedes hacen?, ¿No deberías
de hacerlo porque te vi matar...?
Ambos se voltearon a ver el uno al otro con una expresión
seria. Tomoe parecía estar esperando que él
le dijera algo. Himura desvió la mirada, de
tal manera que sus ojos quedaron puestos justo en
la ventana.
- Piensa como quieras de mí, pero yo mató
por una nueva era en la que todos puedan vivir en
paz. No asesino indiscriminadamente, sólo a
hombres armados del gobierno y por defensa. Los civiles
se nos oponen, pero aún así... nunca
eliminó a hombres desarmados... Tomoe
lo miró con gran detenimiento al momento de
decir esas palabras. De igual manera, se sentía
cierta tristeza alrededor del destajador.
- Entonces... De pronto, Himura vio como tomaba
la daga frente a ella y la acercaba hacía si.
Colocó su mano derecha en el mango de ella
y la sacó lentamente de su pequeña fundo
Si en estos momentos usara esta daga para atacarte,
si tuviera la intención de matarte con ella,
¿entonces tú...?
Himura se quedó congelado ante esa actitud.
Se quedó en silencio unos momentos, simplemente
viendo como la pequeña hoja se asomaba hacía
el exterior. Tomoe parecía esperar una respuesta
pero no la recibió. Regreso la daga a su lugar
y tomándola entre sus manos se puso de pie.
- Cuando puedas contestar, por favor házmelo
saber... Le dijo mientras caminaba hacía
el frente.
Himura se quedó sentado en silencio, como
si aún pensara en que decir. De pronto, escuchó
como la puerta del cuarto se cerraba detrás.
Esto pareció hacerlo reaccionar, dándose
rápidamente la vuelta
- ¡¿He?!, ¡Espera un momento!
Gritó al girarse hacía la puerta
pero esta ya estaba cerrada ¡¡¿Acaso
tienes pensado quedarte en este sitio?!! Del
otro lado no hubo la menor respuesta, y eso le indicó
todo. Resignado, llevó su mano a la frente.
Maldición... ¿Por qué
siempre me pasan estas cosas a mí...?
En la cocina del hostal, la señora Okami,
la dueña del sitio, se encontraba limpiado
los platos de arroz junto con otras dos muchachas.
Parado a su lado, se encontraba Himura.
- ¿Una Gata Perdida? Preguntó
la encargada sin dejar de limpiar ¿Eso
le dijo?
- Sí. Le contestó Dígame,
¿Acaso piensa contratarla?
- No se ve muy contento por eso. Después de
todo, ¿No fue usted, Himura, quien la trajo?
- Anoche fue porque las circunstancias así
lo pedían. Pero ahora sólo tengo como
opción el dejarla ir o...
Las dos jovencitas que acompañaban a la encargada
se le quedaron viendo seriamente ante su tono. Himura
no terminó de decir lo quería.
- La facción de Chosu es un cliente frecuente
de este Hostal. Mencionaba la mujer
Les estamos agradecidos por eso, pero también
son épocas difíciles y estamos muy ocupadas.
No nos vendría mal una manita de gato si después
de todo es de ayuda. No se preocupe, por lo que he
visto es una chica muy trabajadora.
Himura se quedó en silencio, mirando a las
tres con dureza. Sin decir nada y sin despedirse,
se giró hacía la puerta y dejó
la cocina. La Señora Okami tomó una
de las tapaderas y después de limpiarla la
colocó en su respectivo plato.
- Quizás ella logré tranquilizarlo
uno poco... Dijo el voz baja cuando el chico
ya se había ido.
********
- Entonces... De pronto, Himura vio como tomaba
la daga frente a ella y la acercaba hacía si.
Colocó su mano derecha en el mango de ella
y la sacó lentamente de su pequeña fundo
Si en estos momentos usara esta daga para atacarte,
si tuviera la intención de matarte con ella,
¿entonces tú...?
********
Himura seguía pensando sobre esa pregunta
que le habían hecho. Se encontraba en su habitación,
sentado frente a la ventana con la mirada perdida.
Aún no parecía tener una respuesta concreta.
De pronto, la puerta se abrió de golpe.
- Voy a limpiar, por favor salga del cuarto por un
momento Escuchó que la voz de Tomoe
le decía desde la puerta; no tuvo que verla
para adivinar de quien se trataba, y su presencia
no le era del todo grata.
- ¿Y se puede saber cuando te lo pedí?
Preguntó Himura algo molesto.
- La señora Okami me lo pidió
Fue su respuesta Así que si no le molesta.
Sin decir nada más y sin quejarse, decidió
hacer caso. Colocó su mano en el pequeño
escritorio que estaba a lado de la ventana para poder
levantarse bien. En ese momento, notó un libro
que se encontraba sobre él, uno de hojas blancas.
Al verlo no pareció reconocerlo.
- ¿Qué es esto? Preguntó
tomándolo en sus manos.
- Es mi diario Le contestó la joven,
volteando a verlo Por favor, no lo vaya a leer.
Himura la miró de reojo, algo disgustado por
su comentario. Sin embargo, lo sostuvo unos momentos,
viéndolo con algo de curiosidad inocente. En
ese momento, vio como la mano de la mujer lo tomaba
y se lo arrebataba de las manos.
- Sólo para asegurarme
- Dijo mientras
lo guardaba en el interior de su traje.
- ¡¿Te parezco la clase de persona que
espiaría en tus cosas?! Le preguntó
girándose hacía ella.
- No lo sé, pero es mejor no arriesgarse
Le contestó mientras seguía limpiando.
Algo disgustado aún, salió del cuarto,
caminando por el pasillo hacía la puerta principal.
Sin embargo, en el camino, se encuentra con Izuka,
que camina en dirección contraria. Se encuentra
comiendo un pedazo de sandia que trae en su mano derecha.
- Oye Himura Le dice al verlo, al tiempo que
mastica un pedazo de sandia ¿Porqué
esa cara larga?, ¿Acaso tuviste una pelea con
Tomoe acaso?
Ante el tono de burla del hombre, Himura acercó
su mano izquierda a la espada en su funda, preparándola
como su la fuera a sacar. Muerto del miedo una vez
más, Izuka retrocedió con fuerza, alejándose
por completo del destajador.
- ¡Tranquilízate chico! Le decía
mientras se alejaba ¡¿Qué
comiste?!
Himura lo volteó a ver de reojo y luego guardó
de nuevo su arma.
- Cálmate un poco chico Le dijo
Me hiciste tragarme la semilla de sandia.
- ¿Qué quieres Izuka?
- Si me crece una sandía en el estomago será
tu culpa.
- Izuka
- En ese momento, Himura vio como Izuka
sacaba de su traje un papel de color negro y lo colocaba
frente a su rostro.
- Es la misión de esta noche Le contestó
con cierta seriedad. En cuanto lo vio, supo de qué
se trataba
En las sombras de la noche, la figura del destajador
se eleva por encima de todos los hombres armados que
lo miran estupefactos.
- ¡¡Estilo Hiten Mitsurugi!! Se
escucha que grita con fuerza mientras comienza a descender
¡¡Ryu Tsui Sen!!
El asesino se aproximó con fuerza hacía
su victima, atacándolo sin piedad con su técnica.
Se vio claramente como la hoja de la espada descendía,
atacando justo en su hombro. A lo lejos se pudo oír
el ruido del zarpazo, seguido por el sonido del cuerpo
cayendo al suelo. El destajador se quedó de
pie mirando el cuerpo de su victima por unos segundos.
Sus ropas y las paredes que lo rodeaban se encontraban
de nuevo manchadas de rojo.
Después de un tiempo, tomó su espada
con la mano derecha y la guardó de nuevo en
su funda. Con su rostro lleno de frialdad, se dio
la media vuelta para retirarse.
- Cuando la oscuridad cubre todo, una lluvia
de sangre cae al mismo tiempo sobre Kyoto. Este es
el continuo ciclo de la Justicia Divina
Mientras en la noche, afuera, la lluvia de sangre
volvía a caer, en la posada, sentada en el
mismo cuarto, Tomoe se encuentra alumbrada por la
luz de una vela. En sus manos tiene una especie de
tela de color azul, la cual parece estar tejiendo.
Una ligera lluvia comienza a caer una vez más
sobre Kyoto y sus alrededores. Se nota que el verano
ya esta muy presente en esta parte. En un pequeño
restaurante cerca de la ciudad, tres hombres se encontraban
sentados comiendo, al mismo tiempo que se refugian
de la lluvia. Los tres hombres, por más normales
que se veían, se trataban de tres realistas
de Chosu. Y no eran realistas comunes, ya que entre
ellos estaba Kogoro Katsura, el líder del clan,
acompañado de Izuka y Katagi.
- Por su modo de hablar, modales y por el tipo de
su cocina es evidente que no se trata de alguien de
Kyoto. Les comentaba Izuka mientras comía,
refiriéndose a Tomoe Sabe leer y escribir
muy bien, por lo que podemos decir que creció
con una buena educación. Lo más seguro
es que es hija de alguna familia samurai de Kanto,
aunque sólo es una suposición. Pero
su pasado no concuerda con esto. La familia Yukishiro
no parece existir en ese sitio.
- ¿Crees que ella misma haya borrado toda
su historia personal? Preguntó Katagi
con algo de sospecha de ser así podría
ser una espía.
- La verdad es poco probable. Le contestó
Izuka No parece haber tratado de contactar
a nadie. De hecho sólo parece haber tenido
contacto con nosotros y con las personas del hostal.
Simplemente parece venir de una familia de nobles
sin dinero. Puede haber sido vendida como esclava
para tratar de recuperarse. En otras palabras es una
gata perdida sin un lugar a donde ir.
- ¿Una gata perdida? Preguntó
Katsura al oír ese comentario.
- Eso es lo que dice Himura. Le contestó.
- Ya entiendo. Izuka, ¿Podré confiar
en todo lo que me has dicho?
- Estoy seguro de que no hay equivocación.
Parece estar dispuesta a estar con Himura pase lo
que pase. Talvez sería bueno comenzar a verla
como parte de nosotros.
- Has hecho un buen trabajo. Le dijo el líder
mientras se ponía de pie. Antes de irse, volteó
a ver una última vez al hombre que estaba sentado
a sus espaldas Una cosa más, ¿Qué
clase de efecto ha tenido ella en Himura?
- Nada malo supongo. Fue su respuesta
Aunque últimamente se le ve de peor humor que
de costumbre. Pero también hay veces en que
se le ve más calmado. Realmente es un chico
muy extraño.
Katsura se quedó muy serio al oír esto.
Sin decir más, se colocó en su cabeza
un sombrero para protegerse de la lluvia y acompañado
de Katagi, se retiró caminando. En el camino,
seguía pensando detenidamente en Himura.
********
El sol se oculta en el horizonte y el ocaso se comenzaba
a pintar de rojo. Un grupo de hombres caminaban juntos
por un camino, cada uno detrás del otro. En
sus rostros se nota cierta tristeza, nostalgia o incluso
agonía.
- Aún si mi cuerpo quedara tirado sobre las
praderas de Musashino, mi patriotismo nunca disminuirá.
Se escuchaba una voz que decía con determinación.
En el interior de un cuarto, un joven de nombre Katsura
se encontraba sentado, sosteniendo en sus manos una
espada, como si la fuera a abrir El Bakufu
ha matado a mi maestro. Pero si ideal seguirá
viviendo, por más distante que se encuentre....
¡Locura! Gritó con rigor
para obtener esta justicia, no temo perder incluso
mi propio juicio, esto es lo que motiva a la facción
de Chosu... no... ¡Esta es mi propia motivación!
********
El hermoso sonido de la flauta relajaba todo a su
alrededor. En la habitación se siente una gran
paz y tranquilidad, como si estuviera totalmente aislada
de todo el resto del caos. Katsura se encuentra sentado,
acompañado de la misma mujer de cabello negro
y kimono morado que esta sentada frente a él,
tocando la flauta. Por su parte, Katsura parece estar
leyendo una carta.
- Ten cuidado Kogoro. Le decía
el papel en sus manos. Al mismo tiempo, en su mente,
recordaba la voz de su amigo Shinsaku Aquí
en casa los viejos están agitándose
demasiado. Después de todo, no sabemos si el
Shogunato nos esta investigando. Llámalo un
simple presentimiento, pero dudo mucho que las circunstancias
se queden como están. Además de todo,
se encuentra el problema con Miyabe. Estamos en un
periodo que vendremos que aguantar, nos guste o no.
Después de terminar de leerla, Katsura dobla
de nuevo el papel y lo guarda en el interior de su
traje. Poco después, la mujer deja de tocar.
- ¿Una carta desagradable? Le pregunta
con una sonrisa, tratando de animarlo.
- No he leído algo mejor en años.
Le contestó con seriedad Hace ya mucho
que deje de recibir cartas agradables.
- ¿En serio?, ¿Y que pasó con
la carta que escribí para ti? Le dijo
con un ligero tono burlesco. Katsura logró
sonreír al escucharla.
- Eso es diferente. Le contestó. Kumatsu
se puso de pie y se acercó a Katsura, sentándose
a su lado.
- ¿Cómo está la salud del joven
Takasugi?
- Al parecer no muy bien. Le responde algo
desanimado Se ha tenido que apartar de su esposa
para no arriesgarse a contagiarla.
- Que desafortunado. Pobre de Uno-san.
- Pero Uno comprende muy bien los sentimientos de
Shinsaku. Si comparáramos, él sería
como una espada desenfundada; nada puede detener su
forma de vida.
- ¿Enserio?, si Takasugi es una espada desenfundada,
entonces supongo que Uno-san es como su funda, ¿no?
- ¿Una funda? Katsura se extrañó
al principio por esa comparación, pero pareció
darle sentido después sí, también
lo creo así.
Frente a ellos se encontraba una espada enfundada,
recargada en la pared, inmóvil y silenciosa.
Era una vez más de noche. En la habitación
de Himura, Tomoe se encontraba sola, sentada en el
suelo con esa tela de color verde de nuevo en sus
rodillas. Parecía seguir arreglándola,
para pudiera tomar una forma. De pronto, escucha como
alguien llama a la puerta.
- Pase. Dice ella dirigiendo su mirada hacía
la puerta. Esta se abre, revelando el rostro del visitante.
- Lamento molestar a estas horas Le dijo la
voz de Katsura, que la miraba desde el umbral.
¿Puedo interrumpirla un momento?
- Si busca al señor Himura, el salió
esta noche. Le informó antes de contestarle.
- Lo sé, yo soy su superior. Con quien vengo
a hablar es con usted. Tomoe se sorprendió
mucho ante esa petición.
Después de unos momentos, vemos a Tomoe y
a Katsura sentados el uno frente al otro. Delante
de cada uno, se encontraba una taza de té verde.
- ¿Justicia por medio de la locura?
Preguntó sorprendida Tomoe.
- Estas son las enseñanzas de mi maestro Yoshida
Shoin. Le contestó el líder realista
después de tomar un sorbo de su té.
El murió en una ejecución en
masa hecha por el gobierno. Uno de los conceptos que
aprendí de él fue que cuando los 300
años del Régimen Tokugawa fueran a terminar,
los tiempos se tornarían en locura y en caos.
No habría otro modo de construir una nueva
era más que con ese camino. Debemos entrar
en la locura, para así no dar un paso atrás
en nuestra labor. Esa es la directriz del clan Chosu.
Tomoe permanecía seria al escuchar tales palabras.
Katsura se sorprendió por la mirada tan indiferente
con que lo miraba. No parecía ser una persona
ajena a la era que estaban enfrentando. Katsura colocó
su taza en el suelo antes de continuar.
- He puesto a Himura como protagonista de esta filosofía,
llevando a acabo el más cruel de los roles.
- ¿Y me dice esto porque tiene pensado que
yo también desempeñe un rol?
Le preguntó Tomoe sin perder su serenidad.
Katsura la volteó ver fijamente.
- En casa tenemos a un hombre llamado Takasugi.
Prosiguió Es una buena persona, pero
en ocasiones tiene la tendencia enloquecer, y disfruta
de eso. Takasugi es como una espada desquiciada. Sin
embargo, hay una funda excepcional que puede apaciguar
esa espada, una funda llamada "Uno"
- ¿Una funda?
- Si tiene que desarrollar algún rol, ¿no
le gustaría ser una funda?, ¿una funda
que sea capaz de detener una espada llamada "Himura"?
- ¿Por qué?
- No puedo dejar de sentir que estoy arrastrando
a Himura a la locura. Katsura se puso de pie
y colocó de nuevo su espada en su cintura
Una espada descarriada como él puede llevar
a la tragedia. Necesito una vaina que pueda detenerlo
adecuadamente. Entiendo que esto puede no tener sentido,
pero es necesario si queremos llegar a la nueva era.
Katsura se giró hacía la puerta y sin
decir nada. Ya en la salida, se despidió y
luego salió del cuarto. Tomoe lo siguió
con la mirada todo el recorrido, hasta que desapareció
del otro lado de la puerta. Una vez sola, se quedó
muy pensativa sobre lo que habían hablado.
- ¿Una funda para detener a una espada
?
FIN DEL CAPITULO III
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