CAPITULO II
LA LLUVIA DE SANGRE
Un estruendoso ruido interrumpe la tranquilidad de
la noche. Una persona es lanzada contra un tumulto
de barriles llenos de sake. Antes de que su cuerpo
toque la madera de los barriles, el sujeto ya estaba
muerto. Los barriles se rompen y el sake comienza
a derramarse por el suelo, hasta llegar a los pies
del asesino, que permanece de pie frente al callejón.
Frente a sus ojos, ve como el sake se encuentra revuelto
junto la sangre de su victima. Sin embargo, en ese
instante logra ver su reflejo en el líquido.
La herida que trae en su mejilla izquierda esta sangrando
de nuevo.
********
- ¡No te perdonaré si dejas estas montañas!
Escuchó de pronto que su maestro le
decía.
El chico y el hombre se encontraban parado en el
risco cerca de la choza, justo enfrente de la enorme
cascada que caía cerca de ellos. El hombre
estaba sentado, dándole la espalda al joven,
que estaba de pie detrás de él.
- Maestro, ¿Pero que no se da cuenta de que
mientras nosotros hablamos mucha gente esta muriendo
haya afuera? Le gritó el alumno con
algo de ímpetu ¿No es este el
momento adecuado para usar este poder?, ¿El
momento para usar el Hiten Mitsurugi para proteger
a la gente?
- ¡No seas tonto! Le contestó
sin voltearlo a ver, cosa que extraño mucho
al chico ¿Qué lograrás
yendo a la boca del lobo tú solo? Si tienes
deseos cambiar esta época tan caótica
no tendrás otra alternativa más que
escoger uno de los bandos. Esto significa que al final
terminaras siendo manipulado por algún poder
político. Yo no te estuve enseñando
el Hiten Mitsurugi con ese propósito, ¿lo
has comprendido?, Olvídate del mundo exterior
y sigue con tu entrenamiento.
- ¡No maestro!, ¡No puedo hacer algo
como eso!, ¡Muchas personas están sufriendo
frente a mis ojos!, mucha gente se encuentra afligida,
¡No puedo permitirme darles la espalda!, ¿No
se supone que el Hiten Mitsurugi es para ayudar a
estas personas?!
- No importa que tanto adornes las palabras: la Espada
es un Arma, y el Hiten Mitsurugi es un arte para matar.
El chico se sorprendió demasiado al
escuchar esas palabras surgir de la boca de su maestro
Para lograr proteger a unos, tendrás
que matar a otros. Para permitir que unos vivan, tendrás
que dejar a otros morir. Esta es la verdad de la espada.
Al momento en que abandones estas montañas,
lo único que ganarás será comenzar
una matanza sin sentido, guiada por una justicia conflictiva
y ciega. Si te corrompes, el Hiten Mitsurugi se convertirá
en un asesino frío.
- Aún así
- El alumno comenzó
a apretar con fuerza la espada que traía consigo
Aún así lo haré
- Eres un tonto Le volvió a decir
Si quieres dejar estas montañas, tendrás
que derrotarme primero.
Algo enojado por la actitud del hombre, el chico
tomó su arma aún enfundada y se lanzó
al frente, golpeando a su maestro en la cabeza con
la funda de la espada. El hombre llevó sus
dos manos a la cabeza como señal de dolor.
- ¡Oye tú!, ¡Aún no estaba
listo! Le dijo el hombre quejándose.
- ¡No tengo tiempo que perder! Le gritó
enojado ¡En estos momentos mucha gente
esta muriendo!, ¡¿Qué no lo entiende?!
- ¡Si vas lo único que conseguirás
será un baño de sangre! Le contestó
él, poniéndose de pie y parándose
frente al chico.
- ¡No importa! ¡Aún así,
yo salvaré a las personas que están
sufriendo!, ¡Aunque sólo fuera una vida
más, una alma más la que salvaría
con mi poder!, ¡Yo quiero protegerla, protegerla
con mis propias manos!, Por esa razón yo...
El hombre ya no quiso escuchar más. Se enderezó
y sacándole la vuelta a su alumno, comenzó
a caminar rumbo a la choza. El chico lo volteó
a ver sin comprender.
- ¡Maestro!
- Ya no tengo porque preocuparme por idiotas como
tú. Le dijo mientras se iba Lárgate
a donde te plazca, eso a mí ya no me interesa.
Dale a lo que te enseñé el uso que mejor
te parezca.
- Maestro
- El hombre se fue sin voltearlo
a ver siquiera. El chico mientras tanto lo siguió
con su vista hasta que ya no lo pudo ver Gracias...
por todo Maestro... Dijo por último,
inclinándose hacía el frente.
- El tonto de mi alumnos ha escogida una de
las más estúpidas maneras de vivir su
vida. Pensaba el maestro mientras se
retiraba A pesar de la inocencia de su
corazón, el camino que ha de seguir es inevitable...
********
Himura se quedó unos segundos contemplando
el sake mezclado con la sangre de su victima. Después
de unos momentos, se giró hacía su derecha
y comenzó a alejarse caminando. En el camino,
se encontró con Izuka, que venía a hacer
su trabajo. No se dijeron nada al cruzarse, pero Izuka
si notó algo extraño en el asesino.
- ¡¿Sangre?! Se preguntó
así mismo al ver la herida de Battousai
¿Otra vez esta sangrando?
Battousai se fue caminando sin voltear a verlo, cosa
que no sorprendió del todo al hombre.
No muy lejos de ahí, el agua de un pequeño
río también era cubierta por la sangre
de otras personas. Tres hombres yacían muertos
en el río, y su sangre comenzó a ser
arrastrada por la corriente. Los tres llevaban el
mismo uniforme, una cinta blanca en la cabeza y una
chaqueta azul en sus cuerpos.
Parado entre ellos, con la hoja de su espada cubierta
de rojo, se encontraba el asesino. Por extraño
que pareciera, el asesino tenía el mismo uniforme
que las victimas, mismo que también se había
manchado por lo ocurrido. El extraño guardó
su arma de regreso a su funda y se alejó sigilosamente
del lugar
Es una mañana común en la antigua capital
del Japón, y una vez más la luz del
sol parecía cubrir las manchas de sangre que
se derramaban durante la noche. Totalmente invisible
para todos los habitantes de la ciudad, Kenshin Himura
de los Realistas de Chosu caminaba tranquilo por las
calles.
De pronto, el joven espadachín detiene su
marcha, y lo más disimulada posible, se da
la media vuelta y camina hasta adentrarse a un callejón
cercano. Una vez ahí, clavaba su mirada en
la calle. La gente comenzaba a hacerse a un lado,
como abriéndole paso a algo o alguien. Marchando
por la calle, todos juntos como si fueran soldados,
se encontraba un grupo de hombres, vestidos con trajes
samuráis y chaquetas de color azul claro con
diseños blancos en sus mangas. Todos los miembros
del grupo iban armados con sus respectivas espadas,
y las personas los dejaban pasar como si les tuvieran
respeto, o más bien miedo.
- El Shinsengumi Pensó
Battousai.
Kenshin se les quedó viendo fijamente en el
callejón, admirando como se alejaban. Justo
cuando pasaron frente a él, uno de los hombres
volteó a ver hacía atrás sin
dejar de caminar, centrando sin querer la mirada en
el asesino.
- ¿Te pasa algo malo Saito? Le preguntó
un chico de cabello negro que caminaba a su lado,
con una gran sonrisa en el rostro.
- No, sólo creí haber olido sangre.
Le contestó sin dejar de ver hacía
atrás.
- ¿Sangre? Preguntó algo sorprendido,
pero la sonrisa le volvió de nuevo Bueno,
Talvez has estado matando demasiado últimamente,
¿no te parece?
- Okita.
- ¿Sí?
- Te pediré de favor que pienses bien tus
palabras antes de dejarlas salir de tu boca.
- Está bien. Le contestó con
un cierto tono feliz.
Una vez que se alejaron, Kenshin salió de
su escondite y se paró a lado de la calle,
viendo como se alejaban. En ese momento, la figura
de Izuka apareció detrás de él.
- No son más que un grupo de engreídos,
caminando por las calles como si fueran los dueños
del lugar. Comentó Izuka mientras se
paraba detrás de él. Kenshin ni siquiera
lo volteó a ver. En ese momento, disimuladamente,
Izuka introdujo en la manga del chico un papel.
Cuento contigo esta noche. le dijo por último
en el oído.
Kenshin asintió con la cabeza e Izuka se vio
por bien servido. En ese momento, un extraño
aroma llegó a la nariz de Izuka, un aroma que
le llamó mucho la atención.
- Algo huele muy bien, ¿no te parece?
Comentó Izuka.
- Es perfume de Ciruelo Blanco. Le contestó
Himura.
- ¿Perfume de Ciruelo Blanco?, ¿desde
cuando sabes de estas cosas? Le preguntó
algo sorprendido.
Kenshin siguió el aroma del perfume, e inconscientemente
volteó hacía el otro lado de la calle.
Parada en ese sitio, entre todo multitud y también
viendo como el grupo de espadachines se alejaba, se
encontraba una mujer, de cabello oscuro y largo, ojos
negros y piel blanca, vestida con un kimono blanco
y una manta azul en sus brazos. Sin saber porqué,
el chico se le quedó viendo fijamente por unos
momentos. Ella pareció sentir su mirada, ya
que de pronto volteó su mirada hacía
él, provocando que Himura desviara sus ojos
hacía otro lado.
- Nos vemos al rato Dijo Izuka antes de retirarse.
Kenshin lo vio irse y luego volteó de nuevo
hacía el frente. La joven ya no estaba. Sin
más que hacer, decidió retirarse también
del lugar.
En un Templo de la ciudad, se comienzan a escuchar
el sonido de varios golpes que resuenan en el aire.
En una habitación del sitio, vemos a un hombre
alto, de cabello negro y largo agarrado con una cola,
vestido con un traje largo de color negro. Se encuentra
golpeando con fuerza un saco de arena colgado del
techo, con una espada de madera que sostiene entre
sus manos. Los movimientos de su arma son realmente
rápidos y fuertes, haciendo que el saco se
tambalee de un lado a otro por sus ataques.
Sentado en el techo, viendo como el samurai golpeaba
el saco de arena, se encontraba un hombre mayor y
robusto, pero con cierta complexión musculosa,
con cabello negro y largo.
Los ojos del hombre que golpea el saco están
fijos en su objetivo. Parecen estar completamente
congelados, y su mirada refleja cierta seriedad, aunque
sus actos muestran cierto enojo en su persona. Después
de mucho golpearlo, uno de los ataques fue tan fuerte
que la cuerda que sostenía al saco se rompió,
provocando que se impulsara hacía un lado.
Rápidamente, el hombre se agachó, tomando
otra espada que estaba a sus pies, y girando sobre
su pie derecho, chocó la hoja de madera de
la segunda espada contra el saco, desviando su ruta.
Mientras tanto, un grupo de samurai del Grupo Shinsen
caminaba por el pasillo de camino a la habitación.
Ya estaban por entrar, cuando vieron como el saco
chocaba con fuerza contra la puerta, atravesándola
hasta quedar estampado en la pared. Los espadachines
se quedaron congelados viendo esto.
- Parece que Hijikata-san no esta de muy buen humor
Comentó el joven Okita al ver esto.
Desde el interior de la habitación, el hombre
de cabello oscuro los miraba.
- Muy bien Hijikata, pero controla tu fuerza, ¿quieres?
Le dijo el hombre sentado en el suelo mientras
se ponía de pie. En ese momento el resto entraba
al cuarto. ¿Alguna novedad?
- La ciudad esta muy tranquila Contestó
Hajime Saito Pero anoche se encontró
otro funcionario muerto, aparentemente por el mismo
hombre.
- Battousai el Destajador Mencionó
con seriedad el Comandante de la Tropa.
- ¿Qué pasó con Udo Jine?
Preguntó Hijikata mientras colocaba sus dos
espadas en un rincón.
- Escapó, me temo Contestó Okita
con una sonrisa Al parecer mató a sangre
fría a los hombres que enviamos tras de él
y luego se esfumó.
- Ese sujeto puede convertirse en una plaga igual
que lo fue Serizawa Kamo Comentó el
Capitán. Ya por su culpa nuestra tropa
ha obtenido mala fama entre el pueblo, hasta el punto
de temernos.
- La diferencia es que Jine no es tan conocido entre
el pueblo Agregó Hijikata con frialdad
Por el lado de la imagen del Shinsengumi no
debemos de ocuparnos. No creo que Kurogasa siga matando
usando el nombre de nuestra tropa. Sin embargo, con
toda su matanza sin sentido deshonró todo lo
que significa nuestra lucha. Algún día
Jine aparecerá de nuevo y tendrá que
pagar por sus locuras. Hijikata se quedó
callado por unos momentos Una persona que mata
por placer, ¿será posible que exista
alguien así?
La luna alumbra el puente que cruza el río.
Desde lo alto de la construcción de madera,
unas gotas comienzan a caer en las cristalinas aguas
del río, unas gotas rojas de sangre, provenientes
del último objetivo de Battousai el Destajador.
Sobre le puente, yacían los dos cuerpos de
estas victimas.
Alejándose tranquilamente del lugar, caminando
paralelo al río, se encontraba Himura. De pronto,
es alcanzado por Izuka, que corre detrás de
él hasta alcanzarlo. A partir de entonces,
ambos caminan juntos.
- Últimamente me has sorprendido bastante
Himura. Le comentó Izuka mientras caminaban.
- ¿De qué hablas?
- Te has vuelto muy hábil con la espada. Ahora
ni siquiera les das la oportunidad de gritar.
- No puedo hablar por todos, pero muchos de los hombres
que pelean por el Shogun son personas valientes Izuka.
Le respuesta de Himura fue con un tono firme
Ninguno ha tratado nunca de gritar antes de
tratar de defenderse con su espada.
- Si tú lo dices En ese momento, Izuka
voltea inconscientemente a ver a su compañero.
Una vez más se sorprende al ver la herida de
su mejilla ¿Otra vez?
- ¿Qué? Dijo Kenshin al oír
esa expresión.
Rápidamente el Destajador dejo de camino y
camino hacía el río. En eso, acercó
su mano a la herida. Sorprendido, se quedo viendo
como una mancha roja de sangre cubría su palma
- ¿Sangre? Dijo sorprendido
¿Cómo puede una herida sangrar después
de tanto tiempo?
- Ya había escuchado historias como ésta
antes. Le mencionó su compañero.
Cuando una espada ataca con un resentimiento
realmente fuerte, la herida seguirá sangrando
hasta que ese sentimiento se desvanezca.
- ¿Un gran resentimiento?
- Dices que esa herida te la hiciste por negligencia,
¿no? Puede que quien te hizo esa herida no
haya sido un gran espadachín, pero de seguro
tenía un tremendo deseo por sobrevivir a su
combate, tanto que esa herida que te hizo sigue sin
curarse.
- ¿Un deseo por sobrevivir
?
Kenshin se quedó unos momentos viendo su mano
manchada de rojo, pensando detenidamente sobre lo
que Izuka acababa de decir. Pensaba en la clase de
persona que le había hecho esa herida, y recordó
como en su combate se puso de pie en más de
una ocasión para seguir combatiendo.
Himura fue de nuevo a la posada para lavarse las
manos y las heridas. Como su mejilla acostumbraba
volver a sangrar después de un tiempo, últimamente
se le veía muy frecuente lavándose.
Tímidamente introdujo su mano izquierda en
el agua, dejando que la mano se lavara sola. El líquido
del recipiente se fue tornando en un tono rojizo,
debido a la sangre. Después de un rato, tomó
un pañuelo y se limpió el resto de la
mancha.
********
Entre los árboles del bosque cercano a su
casa, vemos la figura de dos chicos, un niño
y un aniña. El niño era el menor, y
se encontraba sentado en el pasto verde, llorando
sin cesar. En su rodilla izquierda, tenía un
raspón que le comenzaba a sangrar. La niña
caminó hasta al riachuelo y se hinco frente
a él. Luego, arrancó un pedazo su traje
y lo comenzó a humedecer con el agua. El niño
lloraba a sus espaldas.
- ¡Deja de ser tan llorón Shinta!
Le gritó la joven Sólo es un
raspón.
El niño no hizo mucho caso sus palabras. Después
de un rato la niña se puso de pie y caminó
hacía el chico. Lentamente colocó el
pedazo de tela en la herida. Al chico pareció
dolerle en cuanto tocaron su herida, pero después
de un rato dejó de llorar. Ella por su parte
le limpiaba el raspón.
- Esto te pasó por ser tan descuidado Shinta
Le dijo Debes de dejar de llorar por
cosas tan pequeñas como esta, ¿entiendes?
- Sí
hermana Satomi
********
- Hermana Pensó Himura
mientras se limpiaba ¿Qué
pensarías de mí se vieras ahora?, ¿Pensarías
que hago lo correcto?, ¿o
?
En ese momento, la presencia de otra persona en el
cuarto lo distrajo de sus pensamientos. Izuka caminó
hacía el sitio, pero se quedó en la
puerta.
- ¿Aún no terminas de lavarte Himura?
Le preguntó Izuka, pero Kenshin ni siquiera
volteó a verlo. Por cierto, parece que
surgieron algunos problemas.
- ¿Qué pasó? Preguntó
Himura, aún sin voltear a verlo.
- El señor Miyabe y el Maestro Katsura tuvieron
una discusión en la última reunión
que tuvieron. Al parecer Miyabe y Yoshida se encuentran
planeando algo grande para aquí en Kyoto.
- ¿Y el Maestro Katsura?
- Él piensa que aún no es el momento,
que es muy pronto. Pero Miyabe cree que las cosas
se están volviendo complicadas y que es mejor
actuar de una vez.
- Eso no es confortante.
- Sí, así es...
Kenshin tomó el balde en el que se estaba
lavando y tiró el agua, ya algo rojiza, por
una especie de desagüe.
El siguiente día fue muy lento y monótono
para casi toda la ciudad. Sin embargo, esa noche,
la realidad del Bakumatsu vuelve. Algo alejados de
todo esto, en el interior de una residencia, tres
personas se encontraban tranquilas, sentadas en el
suelo de una habitación. Uno de ellos era Katsura,
el otro era Katagai, el hombre que acompañaba
al maestro cuando habló con Kenshin el otro
día, y la otra persona era una mujer de cabello
negro, vestida con un kimono purpura. En sus manos
traía un instrumento de cuerdas largo, mismo
que tocaba lentamente para hacer un poco de música.
Los dos hombres se encontraban tomando sake juntos.
- Ya ha pasado un año, y parece que nuestro
Niño Adoptado ha madurado.
Comentaba Katsura mientras bebía Se
le nota una conducta muy diferente a la que tenía.
Pero dentro su corazón sigue siendo el mismo
niño.
- Entonces supongo que podremos descansar tranquilos.
Agregó Katagai.
- No, porqué él no descansa nunca.
Le contestó Sus sentimientos
se encuentran en constante conflicto... conflicto
con el Destajador que lleva adentro.
Tanto Katagai como la mujer que los acompañaba
se vieron muy extrañados ante este comentario.
En ese momento, Katsura voltea a ver de reojo su espada,
se encuentra en el suelo colocada a su lado.
********
Katsura y Shinsaku se encontraban hablando en la
habitación una vez que el chico Himura ya se
había retirado. Shinsaku tenía en sus
brazos su instrumento y lo tocaba con cierta destreza.
- Me iré a Kyoto a primera hora de la mañana.
Comentaba Katsura al tiempo que acababa su
comida Por ahora pasaré la noche aquí.
Shinsaku, quiero que el niño venga conmigo.
- Entiendo. Contestó Shinsaku sin dejar
de tocar En verdad sería una buena adquisición
para el Kiheitai, pero aún así estoy
dispuesto a entregártelo. Pero si realmente
necesitas un destajador, ¿Por qué no
lo eres tú mismo? Katsura volteó
al verlo con una expresión serie al escuchar
esa pregunta Tienes habilidad y eras el primero
cuando entrenabas el estilo Shinto Munen.
- Si pudiera lo haría. Respondió
Pero ahora soy la cabeza de los Realistas de
Chosu.
- Entiendo. Después de todo eres la estrella
del Clan Chosu en el Festival del Bakumatsu. Nadie
cargaría consigo una estrella manchada con
sangre. Si ese es el caso, entonces dejaré
que te lleves al chico con una condición.
- ¿Cual?
- Como después de todo vas a arruinar la vida
de ese muchacho para poder mantenerte como una estrella
bella y limpia, no será necesario que ensucies
tus manos. Entonces, sin importar que tan mortales
sean las circunstancias o que tan peligrosa sea la
situación, nunca desenvainarás de nuevo
tu espada para ensuciarte. De esta manera dejarás
tu bella imagen para las próximas generaciones.
Ambos se quedaron unos momentos en silencio. Katsura
centró su mirada en la pequeña mesa
frente a él. En ese momento, toma su espada
y apoyándose en ella, se levanta.
- Como ya dije, ahora soy el líder de los
Realistas de Chosu. Le contestó colocándose
el arma de regreso a su costado y girándose
hacía la puerta. Estoy conciente de
lo que me dices y nunca he tenido otra intención.
- ¿Es eso verdad?
- Lo haré, es una promesa. Agregó
al abrir la puerta. Una vez ahí, volteó
su mirada hacía un lado. Este día, el
espadachín Kogoro Katsura ha dejado de existir.
- Es por eso que en este festival serás la
atracción principal de Chosu en el Bakumatsu.
Shinsaku tomó su uña y tocó
una nota con fuerza en su instrumento Tú
serás la estrella, y yo me encargaré
de la música.
- Cuento contigo.
Katsura cerró la puerta detrás de él,
mientras Shinsaku comenzaba a tocar más abiertamente.
Al mismo tiempo, en una habitación de la posada,
Kenshin se encuentra sentado a lado de la ventana.
A lo lejos, se escucha las tonadas hechas por el líder
del Kiheitai. Himura introduce su mano en la parte
de arriba de su traje y saca de éste un trompo
de madera con colores rojos y verdes. El chico se
le quedó viendo fijamente con cierta nostalgia.
- Hermana. Pensó mientras
la veía.
********
Ya con el sol oculto y el cielo estrellado, el lado
oscuro de la ciudad se encuentra por resurgir de nuevo.
Sentado en una taberna, vemos de nuevo a Himura, tomando
tranquilo y totalmente solo una copa de sake. Lentamente
se acerca la copa a la boca y bebe todo el líquido
de un solo sorbo. Su rostro no parece conforme con
la bebida.
- No importa lo que tomé, desde hace
ya mucho tiempo, todo me sabe a sangre.
Pensó mientras contemplaba su copa. No supo
porque, pero la imagen de su maestro pareció
surgir en su mente de golpe Aprendí
el arte de la espada de mi maestro, pero el hábito
de beber lo adquirí por mi cuenta.
En ese momento, la puerta de la taberna se abre y
por simple reflejo todos los hombres de la misma voltean
hacía ella. De pronto, una sonrisa lasciva
surge en el rostro de todos al ver la figura que entraba
por ella. Kenshin, por su parte, pareció no
ponerle atención, ya que ni siquiera volteó
a ver.
Sin que el destajador se diera cuenta, el recién
llegado caminó hasta sentarse en la mesa que
estaba a sus espaldas. Entonces, justo cuando iba
a tomar otro trago de sake, se detuvo de golpe al
sentir algo raro.
- ¡Este aroma! Pensó
al sentirlo en su nariz.
- Bienvenida, ¿Qué le puedo servir?
Escuchó de pronto que la voz del mesero
preguntaba a sus espaldas. La segunda fue lo que casi
lo congeló.
- Déme una copa de Sake Frío.
Contestó la voz de una mujer, una mujer que
estaba sentada justo detrás de él.
No volteó a verla ni nada. Con tan sólo
oler ese aroma a Flores de Cerezo Blanco, supo quien
era. Se trataba de la misma joven de esa tarde, de
cabello negro y largo, con el mismo kimono blanco
y un chal color azul. Trató de no ponerle mucha
atención y siguió con su bebida. Sin
embargo, esa presencia a sus espaldas le incomodaba
un poco.
La joven tomó la copa de sake con sus dos
manos y se empinó lentamente, bebiendo todo
el líquido de ésta. Un ligero suspiro
surgió de su boca después de beber.
De pronto, escuchó como unos pasos fuertes
se paraban junto a ella. A su lado, había un
par de hombres, uno alto y otro delgado, ambos armados
con espadas. Los dos la miraban con una mirada algo
lasciva.
- Oye hermosa, ¿por qué no bebes con
nosotros? Le preguntó uno de los hombres,
colocando una botella sobre la mesa.
- Sabes linda, nosotros somos Realistas del Clan
Aizu Le dijo el otro.
- No arriesgamos por la gente común como tú
todas las noches.
- Lo menos que puedes hacer para agradecernos es
beber con nosotros.
La joven se les quedó viendo con una mirada
perdida, como si nos los estuviera viendo a ellos.
Todas las personas se les quedaban viendo con algo
de sospecha después de oír esas palabras.
- Aizu esta del lado del Shogun idiotas. Se
escuchó de pronto que alguien les gritaba.
- ¡¿Quién dijo eso?! Gritaron
enojados girándose hacía el resto de
las personas. Todos se quedaron en silencio, como
si les tuvieran miedo. El hombre alto sonrió
ante esa reacción.
- Lo sabía, no se entrometan en lo que nos
les importa. Decía el hombre mientras
colocaba su mano izquierda en la funda de su arma
Hoy tuvieron suerte.
- Eso es cierto. Oyó que alguien le
hablaba detrás de él Si sacan
sus espadas tendrán que enfrentarse a mí.
El hombre volteó hacía atrás,
viendo de reojo la figura de una persona. Con su pulgar
izquierdo, sacó un poco su arma.
- ¡Ya verás! Gritó mientras
se giraba, listo para desenvainar.
Sin embargo, antes de que pudiera sacarla, una mano
se colocó justo en la punta de la empuñadura,
empujando el arma hacía adelante. Esto provocó
además de que no pudiera sacar su arma, que
el dedo meñique de la mano izquierda con que
había separado la espada de la funda quedará
prácticamente machucado entre el protector
de la mano y la punta de la funda.
El hombre miró sorprendido al actor de esto,
un chico de cabello rojo, y una mirada tan fría
y dura que prácticamente asustaba al hombre.
Éste se le quedó viendo fijamente, provocando
que inconscientemente éste retrocediera.
- ¿Quién te crees que eres?
Le preguntó con una entrecortada.
- ¿Creen que es divertido burlarse de los
Realistas que pelean en estos momentos? Preguntó
el chico con seriedad En Kyoto no hay lugar
para hipócritas como ustedes dos. Si aprecian
sus vidas se irán de aquí en este instante.
Él sujeto no pareció muy feliz con
tales palabras. De pronto, aparentemente inspirados
por las acciones de Himura, el resto de la gente comenzó
a abuchear a los dos hombres, diciéndoles abiertamente
que se fueran de Kyoto. Ambos, muy disgustados, salieron
rápido de la taberna.
Una vez terminado todo, Himura volvió a la
mesa en la que se encontraba, tomando una sombrilla
blanca que traía consigo. Después de
esto, miró de reojo a la joven, que lo volteó
a ver por encima de su hombro. Kenshin tomó
la sombrilla y caminó hacía la puerta.
- Perdón por el barullo. Dijo el destajador
al encargado antes de salir.
- No se preocupe, Se lo agradezco señor.
Le contestó éste, mientras Himura desaparecía
del otro lado de la puerta.
Aún después de que los dos hombres
y Himura se habían retirado, la gente de la
taberna parecía seguir hablando de lo pasado.
- ¡Ese chico parece muy poderoso! Dijo
una mujer sentada en una mesa.
- Me parece que realmente es uno de los realistas
de Chosu, ¿no es así? Comentó
otra.
La joven del kimono blanco escuchó con cuidado
esos comentarios. En su rostro apreció reflejarse
una gran sorpresa al oír tal afirmación.
- ¿Chosu? Se preguntó así
misma con algo de sorpresa.
El cielo parecía estar a punto de soltar toda
su furia en forma de lluvia. Por si eso pasaba, el
Destajador del Clan Chosu traía consigo una
sombrilla. Himura caminaba tranquilo por la calle,
mientras pensaba detenidamente.
- El sabor de sangre en el sake se hace más
fuerte. Pensaba mientras caminaba
Además, tipos como esos nunca me habrían
irritado tanto antes.
********
Himura y su maestro se encontraban en un riachuelo.
Él se encontraba sentado en una piedra, mientras
su maestro estaba de pie sobre otra delante de él.
Seijuro miraba hacía el cielo mientras sostenía
su habitual copa con sake.
- En primavera tenemos las flores de cerezo. En verano
tenemos las estrellas. En otoño tenemos la
Luna Llena. Y en invierno tenemos la nieve.
Le decía Seijuro mientras contemplaba el cielo
Todo esto es suficiente para hacer el sabor
del sake algo delicioso. Si éste te sabe mal
es porque hay algo mal en ti. El maestro bajó
la mirada y se empinó todo el sake que había
en su copa. Luego se giró, viendo a su alumno
por encima de su hombro derecho Algún
día apreciarás el sabor del Sake. Cuando
ese día llegue, tú y yo beberemos juntos.
********
Como se había previsto, la lluvia se soltó
de golpe sobre la ciudad. El agua era muy buena para
lavar las manchas que Himura había dejado atrás
después de su último trabajo. Lejos
de ese sitio, Battousai se aleja caminando, cubriéndose
de la lluvia con su sombrilla y al mismo tiempo sosteniendo
un paño sobre su mejilla izquierda; la herida
había vuelto a sangrar.
- Es algo muy curioso, ¿No te parece?
Le comentó Izuka, que caminaba a su lado, también
cubriéndose con el paraguas Hitokiri
Battousai puede matar a tanta gente sin ser tocado
por una gota de sangre, pero ni siquiera tú
eres capaz de escapar de las gotas de lluvia.
Kenshin no le contestó ni volteó a
verlo. Se quedó con la mirada un poco baja,
con una expresión pensativa como era su costumbre.
- ¿Qué te parece si vamos por algo
de sake de camino a la posada? Sugirió
Izuka.
- No, yo ya tomé suficiente por esta noche.
- Bueno, como quieras. En ese caso iré a tomar
solo. Nos vemos Himura.
Izuka se alejó caminando y a partir de ahí
Himura caminó solo. Aún tenía
el rostro y las palabras de su maestro en la cabeza,
así como el sabor a sangre en su boca.
- Talvez sí haya algo malo en mí.
Pensó Pero el redimir al
pueblo en sufrimiento de la era es el propósito
del Hiten Mitsurugi. Debí esperar que esto
pasara. Ya pasó un año desde que me
alejé de mi maestro. Creo que ahora entiendo
porque razón no me quiso enseñar más.
Maestro...
Al mismo tiempo, caminando cerca del destajador,
los hombres de la taberna se encontraban mojándose
en la lluvia. Aún se les veía el enojo
en sus caras.
- Qué pésima noche Dijo el hombre
alto, mientras se sostenía el pulgar de su
mano izquierda y todo por culpa de ese maldito
chico.
En ese momento, el otro voltea hacía su izquierda
en una vuelta. De inmediato ve la figura de persona
caminando por la calle bajo una sombrilla. En ese
momento lo reconoce.
- Hey mira, ¡Es él! Le dijo el
hombre apuntándolo disimuladamente.
El otro alzó la mirada y lo vio al instante.
Kenshin iba con la mirada baja y pareció no
verlos. El hombre sonrió y rápidamente
se ocultó tras la pared, colocando su mano
sobre la empuñadura de su arma.
- ¡Esta noche no será tan mala después
de todo! Mencionó mientras lo veía
con una sonrisa maliciosa.
- ¿Qué piensas hacer? Le preguntó
el otro algo nervioso.
- Aquí en un callejón oscuro, será
perfecto...
- ¿Acaso piensas matarlo?
- ¡Por supuesto que sí!, ¡Para
que aprenda a cuidar con quien se enfrenta!
- Pero, ¿no crees que...?
- ¡No seas tan cobarde! Le gritó,
pero no lo mucho para que Himura no lo escuchara.
¿Qué no ves que aquí en
Kyoto hay montones de asesinatos en estos días?,
A nadie se la hará raro un chiquillo muerto
en la calle.
- Tampoco se les haría raro un par de ebrios
en la calle. Oyen de pronto que alguien les
dice a sus espaldas. Rápidamente ambos se voltean
y entre las sombras comienzan a ver algo que se les
acerca. Era un hombre alto, vestido completamente
de negro y con la boca tapada. Llevaba en sus manos
lo que parecían ser dos espadas, unidas por
una larga cadena. Quien me vea debe de morir,
y ustedes dos me están estorbando
Ambos hombres trataron de retroceder ante la oscura
presencia detrás de ellos. Sin embargo, les
fue inútil. El extraño arrojó
con fuerza una de sus espadas al frente, directo a
los dos hombres enfrente de él.
En ese momento, Himura escucha unos estruendos gritos
provenir de adelante. Rápidamente alza su mirada
hacía el frente. En el suelo, ve como un ligero
charco de sangre sobresale del callejón, hasta
la calle por la que caminaba.
- ¡¿Qué rayos?! Dijo al
momento de verlo.
En ese momento, ve como algo se lanza desde la punta
de la calle derecho hacía él. De inmediato
identificó que era una espada, amarrada de
una punta con una cadena. El objeto salió de
entre las sombras de la noche directo al destajador.
Himura se hace a un lado, esquivando el golpe, haciendo
que la espada sólo lograra romper su sombrilla.
La espada con la cadena volvió una vez más
a las sombras, donde logra ver la figura de su enemigo.
- ¡¿Shinsengumi?!
Piensa mientras voltea a verlo. En ese momento distingue
la vestimenta que trae puesta. No, es
un asesino de las sombras
El extraño tomó el arma con su mano
derecha y la sostiene al frente. El samurai por su
parte, acerca su mano a su espada, sin perder de vista
al hombre frente a él.
- ¿Quién eres tú y por qué
me atacas? Preguntó Himura con seriedad.
- ¿Todavía lo preguntas?, Battousai
Himura, el destajador. Le contestó el
hombre, cosa que sorprendido mucho a Himura.
- ¡Sabe quien soy!, es imposible...
Pensaba Himura.
- No pretenderé no conocerte. Te he observado
a cada paso que has dado en Kyoto. Y seré yo
quien te acabe de una buena vez.
El hombre arrojó una vez más su cadena
contra Kenshin, quien rápidamente desenfunda
su espada, golpeando la espada y así evitando
el golpe. Sin embargo, Himura no había notado
que al mismo que tiempo que lanzó la espada,
él también había comenzado a
correr hacía él.
- Es un hombre del gobierno Pensó
mientras se quitaba el golpe Pero no
es un Samurai como yo El hombre dio un
salto y movió su cadena de tal forma que esta
rodea por completo el cuerpo de Himura, quedando de
esta manera completamente inmovilizado Es
un asesino oculto
Una vez que el asesino lo tenía bien asegurado,
se impulsó en la pared para dar un salto hacía
atrás y caer de pie en el techo de una casa
cercana. Una vez en esta posición lo comienza
a apretar un poco. Al mismo tiempo, Himura trataba
de resistirse. El hombre se le quedó viendo
fijamente desde su posición.
Al mismo tiempo que ese combate se llevaba a acabo,
una figura blanca caminaba bajo la lluvia, cubriendo
su cuerpo con una sombrilla azul que sostenía
en sus manos.
Kenshin lo miró fijamente. Con esa cadena
no podía de moverse. En ese momento, notó
que uno de los extremos de la cadena se extendía
hacía el frente. De reojo, identificó
que ese extremo de la cadena iba hacía la primera
espada que le había lanzado, y que ahora se
encontraba clavada en el suelo.
El asesino dio un largo salto hacía arriba
y luego se lanzó hacía abajo, listo
para atacar a su contrincante. Sin embargo, antes
de que pudiera tocarlo, el destajador tomó
la cadena, jalándola con fuerza. De esta manera,
atrajo hacía la espada, sosteniéndola
con la mano izquierda. Justo cuando su enemigo iba
bajando para atacarlo, Kenshin alza la espada que
había agarrado, atacando al enemigo directo
en hombro, haciendo un corte vertical en el tronco.
Mueve con fuerza el arma hacía el frente para
acabar el trabajo, jalando consigo varia de la sangre
de su contrincante. El asesina cae muerto a sus espaldas,
pero su sangre cae hacía el frente, directo
a una sombrilla azul que pasaba en ese momento.
Kenshin baja la mirada, y se arrodilla un poco para
tomar algo de aire después de ese extraño
encuentro. Se había olvidado por completo que
su herida había vuelto a sangrar. De pronto,
siente sobre si la mirada de una persona. Lentamente
levantó su cabeza, viendo al frente suyo a
una persona. La misma mujer de kimono blanco que había
visto en la taberna. Se encontraba delante, sosteniendo
su paraguas, mientras su ropa, sombrilla y rostro
estaban manchados con la sangre de su última
victima.
Battousai se queda congelado, viendo a la chica con
asombro. Ella se queda callada sin hacer ningún
movimiento o ruido, simplemente se queda de pie, viéndolo
con una expresión llena de seriedad.
- ¿Tú
eres en verdad
quien
hace llover sangre? Le pregunta de pronto la
mujer rompiendo el silencio.
Él no le contesta nada. Ambos se quedan de
pie, viéndose el uno al otro sin hacer nada.
Kenshin inconscientemente suelta el arma que acababa
de usar, haciéndola caer los charcos de agua.
En ese momento, la lluvia comienza a caer con más
fuerza, empapándolos a ambos
FIN DEL CAPITULO II
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*Datos Extra:
-Shinsengumi: Grupo de Espadachines procedentes más
que nada del Feudo de Aizu encargados de la protección
de Kyoto durante la era del Bakumatsu. Su mayor deber
era el defender la ciudad de los Realistas y proteger
al gobiernos del Shogunato de Tokugawa. Sus orígenes
se pueden rastrear hasta la región de Edo Tama,
donde se hayaba un dojo de Kenjutsu llamado Shieikan.
El sensei. Kondo Isami, eseñaba el Tennen
Rishin Ryu a alumnos como Hijikata Toshizou,
Okita Souji e Inoue Genzaburo. Cuando Kondo fue enterado
de los disturbios que estaban ocurriendo en Kyoto
debido a los Realistas, se marchó con varios
de sus alumnos y otros hombres para alistarse con
Kiyokawa Hachirou y defender el territorio. Matsudaira
Kamatori, señor de Aizu, los destino como los
protectores de Kyoto, siendo una gran amenaza para
los realistas de esa época.
-Kondo Isami: Fue el maestro de varios miembros del
Shinsengumi como Hijikata y Okita en el Shieikan.
Nació dentro de una familia pobre de Musashi
cerca de Edo. A los 16 años fue adoptado por
el sensei Kondo Shusai, adoptando el apellido del
mismo. Desde joven reflejó gran destreza con
la espada. Fue el comandante principal del Shinsengumi
durante mucho tiempo, siendo un dirigente firme y
seguro. Siendo el maestro de los algunos de los espadachines
más hábiles del grupo, siempre fue un
hombre que inspiraba mucho respeto.
-Hijikata Toshizou: Vice-Capitán del Grupo
Shinsen. Junto con Kondo Isami eran los que controlaban
el grupo. Fue alumnos de Kondo en el dojo Shieikan,
siendo uno de los alumnos más sobresalientes.
Acompañó a su maestro cuando se retiró
a pelear en Kyoto. Era conocido como El Demonio
del Shinsengumi, ya que se le describe como
un hombre frío y severo, recto y amante de
las regles. Hijikata tenía firma convicciones
sobre lo que debía ser un samurai y el código
del Bushido. Se le atribuye la creación del
Hiratsuki, la técnica principal del Shinsengumi.
Fue el último dirigente del Grupo, guiándolo
en su último combate en Hokkaido.
-Saito Hajime: Entró al Shinsengumi por recomendación
de Matsudaira Kamatori, señor de Aizu, convirtiéndose
en el Capitán de la Tropa 3 del Grupo. Su especialidad
era la estocada con la mano izquierda, lo que le dio
una gran reputación como uno de los mejores
espadachines del grupo. Fue uno de los pocos miembros
del grupo que se sabe que sobrevivió, y el
único líder importante que quedó
al final. Dirigió al Shinsengumi por un corto
tiempo mientras Hijikata descansaba de sus heridas.
Durante la nueva era Meiji se cambió en nombre
a Goro Fujita y contrajo matrimonio con
Takagi Tokio, hija de un importante oficial de Aizu.
Peleó durante la guerra de Sainan, y luego
se hizo policía de Tokio al mando del comisionado
Kawaji.
-Okita Souji: Posiblemente el más conocido
de los miembros del Shinsengumi. Dentro de todos los
miembros del grupo se le considera como el más
hábil con la espada. Era el Capitán
de la Tropa Número 1. Nació dentro del
feudo de Shirakawa, siendo hijo de Okita Rintaro un
samurai de la baja nobleza. Desde muy pequeño
mostró gran destreza con la espada. Ingresó
a los nueve años en el dojo del sensei Kondo,
donde aprendió las técnicas del Tennen
Rishin Ryu. Se le describe como una persona
amistosa y amable que siempre se le veía con
una gran sonrisa en el rostro. Sin embargo, Okita
era delicado de salud, situación que lo llevó
a retirarse de los combates del Bakumatsu. Aún
así, Okita sigue siendo uno de los personajes
más Poderosos del Shinsengumi.
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