CAPITULO I
BATTOUSAI HIMURA, EL DESTAJADOR
Japón, cerca de conocida y mítica ciudad
de Kyoto; sentado en una roca a la orilla de un pequeño
riachuelo, se encuentra un hombre, de cabello largo
y oscuro, vestido con una larga capa de color blanco
y rojo. Su complexión es fornida, y muy cerca
de él permanece una espada, guardad en su segura
vaina.
El hombre se encuentra sentado muy tranquilo, tomando
sake en una pequeña copa blanca. Después
de dar un pequeño sorbo de esta, alzó
su mirada al cielo; parecía haber luna llena.
- Un mal ha caído en esta época,
afectando a la gente y a sus almas Pensó
el hombre sin quitar sus ojos del astro sobre él.
No supo que le hizo pararse e irse. Simplemente tomó
su espada y su botella, y se alejó caminando
sin rumbo. Este mal se encuentra avanzando
por todo el mundo, matando a más día
a día. No importa el poder o la fuerza que
uno posea, el mal no puede detenerse con nada.
No muy lejos de ahí, una caravana de esclavos
marchaba por el camino, rumbo a la ciudad. Entre las
personas que se encuentran marchando junto con ella,
se encontraban tres muchachas, jóvenes, probablemente
las tres de la misma edad, y un niño pequeño
y pelirrojo. El pequeño trae consigo un trompo,
de color rojo y verde. Se le ve con una gran sonrisa
en el rostro, como si no le molestase su situación
actual.
Sin embargo, sin que ninguno lo supiera, alguien
los vigilaba de cerca. Saliendo de su escondite entre
la maleza, un grupo de asaltantes armados con espadas
se abalanza contra la caravana de esclavos. A pesar
de los esfuerzos de las personas por huir, e incluso
algunos de defenderse, los traficantes de esclavos
resultaron muertos por las armas de los ladrones.
Al final, los únicos que quedaban eran ese
niño pelirrojo y las tres jovencitas que los
acompañaban.
Tirada debajo de sus pies, el inocente niño
vio una de las espadas que traía consigo uno
de los traficantes que ahora estaban muertos. Sin
dudarlo, la tomó y apuntó a los ladrones
con ella.
- ¿Acaso quieres pelear mocoso? Le
dijo con burla uno de los asaltantes.
El niño no dijo ni una sola palabra. Sin decir
nada, se quiso abalanzar hacía ellos sin remedio.
Sin embargo, una de las jóvenes lo detuvo,
tomándolo en sus brazos. Entre las tres lo
cubrieron como tratando de protegerlo.
- No hagas locuras Shinta Le dijo una de ellas.
- Tú eres muy joven para morir aquí.
Agregó otra de ellas.
Los ladrones se acercaron a donde se encontraban
ellos cuatro. Dos de las jóvenes trataron de
rogarles por la vida del pequeño, pero antes
de que pudieran decir mucho, ellos las asesinaron
sin piedad, frente a los ojos del chiquillo. La terca
joven le sigue diciendo que no miré, y trata
de cubrirlo; sin embargo, él logra verlo todo.
Unas palabras parecen resonar en su cabeza al ver
todo esto.
********
Un hombre, alto, de cabello negro amarrado con una
cola y un traje oscuro, se encuentra parado frente
e él. En su mano derecha sostiene una espada,
apuntando hacía el suelo. El traje del hombre,
así como la hoja de su arma, se encuentran
cubiertas con manchas rojas de sangre. De pronto,
voltea a ver por encima de su hombro.
- No pongas esa cara de llorón Le dijo
Será mejor que te vayas acostumbrando
al ver esto Shinta, pues la muerte y la oscuridad
serán dentro de poco tú mejor compañía,
¿entiendes hijo mío
?
********
- ¡Shinta
! Escucha de pronto que
la voz de la joven le habla, sacándolo de golpe
de sus recuerdos. El niño alzo su mirada, y
siente como las lágrimas de la chica caen en
su rostro como lluvia ¡Shinta!, tú
aun eres muy pequeño y no puedes elegir tu
modo de vida como lo hicimos nosotras. Pero no debes
morir... tú debes de vivir... Vivir y elegir
tu propia vida... ¡Vive Shinta!, ¡¡Vive...!!
De pronto, el ladrón la jala del pelo y la
alza. Atravesándole en pecho con su espada,
firma de esta manera su último aliento. Antes
de morir, le dice unas últimas palabras al
niño que trató de proteger.
- Vive
vive Shinta
vive
por mí
- En ese momento, cayó muerta al suelo.
El pequeño pelirrojo se quedó hincado
en el piso con la mirada perdida en el cuerpo de sus
tres amigas. No parecía estar despierto; es
como si el mundo a su alrededor hubiera desaparecido.
- ¿Qué te pasa chiquillo? Le
preguntó el asesino, burlándose de él
no te preocupes, dentro de poco te reunirás
con ellas.
El asesino alzó su espada al aire, preparándose
para acabar con la última de sus victimas.
Sin embargo, de repente, un ruido detrás de
él hace que se voltee rápidamente. Lo
único que logra ver es como algunos de sus
compañeros, caen al suelo muertos, todos heridos
con la hoja de la misma espada.
De entre todos los cadáveres, surge la figura
de un hombre alto y musculoso, de cabello negro largo,
con una larga capa blanca y roja, con una espada manchada
con sangre en su mano. El extraño caminó
hacía el frente con algo de lentitud.
- ¿Quién demonios eres tú?
Preguntó el asesino.
- No tiene caso decirle mi nombre a alguien que va
a morir. Fue su respuesta, misma que al parecer
no le agradó del todo.
- ¡¿Qué dices?!
El ladrón se abalanzó contra el extraño,
listo para atacarlo con su arma. Sin embargo, esté
fue más rápido que él y con tan
sólo unos tres movimientos de su espada, hizo
que el asesino cayera muerto al piso.
Mientras todo esto pasaba, el niño de cabello
rojo se quedó hincado frente a los cuerpos
de las tres jovencitas que trataron de protegerlo,
dándole la espalda a su nuevo salvador.
- No importa cuanto llores, no podrás revivir
a los muertos Le decía el hombre, mientras
con un paño limpiaba la hoja de su arma
Tuviste suerte de que yo pasará por aquí
y así llevara acabo tu venganza. Lo que deberías
de hacer es dar las gracias por haber sobrevivido.
El salvador guardó su arma de regreso
en su vaina, y se dio la media vuelta ¿Porqué
no vas al pueblo?, de seguro algún monje se
encargará de ti.
El extraño comenzó a caminar hacía
el frente con la intención de marcharse de
una vez; sin embargo, antes de irse, volteó
a ver al niño por encima de su hombro, para
luego irse del lugar...
A la mañana siguiente, el mismo hombre que
viste esa extraña capa blanca va a la casa
del monje al que le había dicho al niño
que fuera. Sin embargo, fue una gran sorpresa para
él al ver que él no había ido
ahí.
- ¡¿No está aquí?!
Preguntó sorprendido.
- Nadie ha venido en días Le contestó
pero tampoco he perdido ni un gato.
Sin poder decir o preguntar nada más, el espadachín
se fue caminando en dirección al lugar donde
la noche anterior había pasado todo. Mientras
caminaba, pensaba detenidamente en lo que había
pasado.
- De seguro se debió haber dado muerte
Pensó mientras caminaba Tan pequeño
de seguro no soportó todo esto. El olor a sangre
esta en todos lados; es un insulto ser asesinado como
un perro o vendido como un esclavo, pero así
están las cosas y tal vez así permanecerán.
Frente a él se podía ver como
el sol apenas iba saliendo, por lo que el cielo se
tornaba naranja Aún cuando siga las
enseñanzas del Hiten Mitsurugi Ryu y utilice
mi espada, al final nunca he logrado salvar a nadie
en realidad; ¿Acaso lo único que pudo
hacer es honrar almas inocentes?
En ese momento, al ver del otro lado de una colina,
sus ojos muestran su gran sorpresa. Todo el campo
se encontraba cubierto por cruces, aparentemente como
señales de tumbas. El hombre se acercó
más al sitio y logró ver al niño,
parado frente tres piedras en el suelo.
- Además de hacer tumbas para tus padres,
¿también hiciste para los ladrones?
Preguntó el hombre algo sorprendido.
- Ellos no eran mis padres Le contestó
Eran sólo comerciantes de esclavos.
Mis padres
- El niño guardó silencio
unos momentos Ellos murieron
- Se quedó
contemplando unos momentos las tres piedras frente
a él No importa que seamos, una vez
que dejamos de vivir todos somos iguales.
- ¿Qué significan esas tres piedras?
- Kasumi, Akane y Sakura. Las conocí brevemente,
pero a pesar de eso yo quería protegerlas ya
que era el único hombre, pero al final ellas
me protegieron a mí. Lo menos que podía
hacer era darles una tumba decente, pero éstas
fueron las únicas piedras que pude conseguir,
ni siquiera puedo ofrecerles unas flores.
El hombre alzó la botella de sake que siempre
traía consigo y la destapó. Luego, la
alzó hacía el frente, derramando un
poco del liquido sobre las tres piedras.
- Qué pesar es morir sin haber conocido el
sabor de un buen sake. Decía mientras
derramaba el sake sobre las piedras Es lo único
que puedo decir.
- Gracias.
Una vez cumplida su ofrenda a los muerto, el espadachín
se giró hacía el pequeño.
- Yo soy Seijuro Hiko, maestro de la escuela Hiten
Mitsurugi.
- ¿Hiten Mitsurugi?
- Aunque no eras capaz de proteger a aquellos seres
queridos para ti, se te confió la vida de éstas
tres. Incluso un pequeño como tú entiende
esa responsabilidad tan grande. Pero el verdadero
peso con el que debes cargar ahora es la vida que
ellas tres te otorgaron, sacrificando las propias.
Deberás de valerte por ti mismo y aprender
cómo proteger a las personas que quieres y
querrás en el futuro.
- ¿Proteger?
- ¿Cómo te llamas?
- Shinta
Shinta Himura.
- No, ese no es nombre apropiado para un guerrero
El niño alzó su mirada hacía
el hombre, quién de pronto dibujó una
sonrisa en su rostro De ahora en adelante tu
nombre será Kenshin
- ¡¿Ken
shin?!
- Chico, te voy a dar un regalo muy preciado
El sol lentamente se comenzaba a alzar, reflejando
de esta manera el comienzo de ese día, y el
comienzo de la vida de un pequeño niño
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Era una noche iluminada por la luz de la luna y las
estrellas. Caminando por las calles de Kyoto, tres
hombres caminan juntos. Los tres se encuentran armados
con espadas, ya que en ese momento Kyoto no es exactamente
un lugar muy seguro, Además, entre ellos, se
encuentra una persona muy especial: Jubei Shigekura,
administrador de Kyoto, que estaba siendo escoltado
por Kyosato e Ishiji, sus dos guardaespaldas. Los
dos guardias andan escoltando al señor Jubei
hasta su casa; uno de ellos trae consigo una pequeña
lámpara para iluminarse entre las sombras de
la noche.
- Se esta haciendo tarde Mencionó el
chico que iba al frente con la lámpara
será mejor que apresuremos el paso.
- Sí, últimamente ha estado creciendo
el número de asesinos que rondan por estos
lugares. Agregó el otro guardaespaldas
que venía con ellos.
- ¿Cómo el tal Battousai el Destajador?
- Ba, aunque ese sujeto exista, no podrá hacer
nada para evitar que aplastemos a esa rebelión
rápidamente.
- Ya cambien de tema, ¿quieren? Sugirió
el señor Jubei ¿Qué les
parece si vamos a beber algo?, hace tiempo que no
tomo una copa de sake. Después de todo, hoy
tenemos una razón para celebrar, Kyosato se
casará el mes que viene, ¿cierto?
- Sí, así es señor...
Contestó el chico algo avergonzado.
- Te casarás con tu hermosa amiga de la infancia,
realmente eres un tipo afortunado.
- Gracias, pero me siento algo culpable, no debería
de ser tan afortunado en estos tiempos tan duros y
llenos de caos.
- ¿Qué estas diciendo?, en estos momentos
todos buscan un poco de felicidad, no importa como
esté el mundo, no hay nada de malo en encontrar
algo de alegría. Por eso yo propongo que vayamos
a tomar algo para celebrar tu felicidad, ¿qué
dicen?
- Esta bien, pero
agregó el tercer
hombre, pero otra voz lo interrumpió de pronto.
- Shigekura Jubei del Shogunato de Kyoto Escuchó
de pronto que alguien les decía a sus espaldas.
Al escucharlo, los tres se dieron la vuelta rápidamente,
volteando a ver el origen de esas palabras. Un extraño
caminó hacía ellos, saliendo de entre
las sombras. Era un joven de estatura baja, cabello
rojizo y largo, vestido con un traje azul. Camino
por encima de todas las flores rojas que había
caído, girándose hacía ellos.
- Por el nacimiento de una nueva Era, es momento
de que recibas las Justicia Divina Le dijo
con un tono frío. El extraño se les
quedó viendo con una expresión frío,
a simple vista carente de cualquier sentimiento.
La linterna de Kyosato cayó de pronto al suelo.
Éste se colocó frente a la persona que
escoltaba, colocando su mano sobre la empuñadura
de su arma.
- ¡Un Asesino! Dijo el chico mientras
tomaba posición.
- ¿Crees que retrocederemos ante un solo hombre?
Le pregunta Jubei ¿Puede el Mundo
cambiar con los cortes de un espada?
- ¿Por qué no me lo dice usted?
Le contestó mientras comenzaba a caminar hacía
el frente ¿cree que su espada le salvará
la vida?, debe de ser, ¿Por qué otra
razón la traería consigo si no fuera
así?
- ¡Quédense atrás!, yo me encargaré
de él. Les dijo Ishiji colocándose
al frente.
El guardaespaldas se lanzó hacía el
frente, tratando de atacar al misterioso asesino.
Sin embargo, este esquiva su ataque con gran facilidad,
cubriendo el ataque con el protector de la mano su
espada larga. Al mismo tiempo, el extrañó
levanta su arma, golpeándolo en el rostro con
la punta de su funda, aún con la espada en
ella. Luego, desenfundó rápidamente,
matando al guardaespaldas, de un corte en el tronco.
El hombre fue impulsado en contra de una pared, cayendo
muerto en el suelo.
- ¡Es muy rápido! Dijo sorprendido
Kyosato al ver esto No se preocupe señor,
yo lo protegeré.
- No seas tonto Le dijo el administrador,
haciéndolo a un lado ¿No ves
que tú no puedes morir aquí?
Después de hacer a un lado a su protector,
Jubei trató atacarlo, pero al igual que su
guardaespaldas, él también fracaso.
Sin darle oportunidad de defenderse, el asesino lo
mató a sangre fría. Primero esquivó
uno de los golpes, agachando un poco el cuerpo. Luego,
se alzó hacía arriba, acabado a su enemigo
de un ataque en la cabeza.
Kyosato ve como Jubei cae al piso. Trató de
ponerse de pie y correr hacía el él.
Sin embargo, el asesino se lanzó en su contra
de inmediato. Kyosato alzó su espada para cubrir
el ataque de su arma. El asesino lo empujó
hacía atrás, haciéndolo chocar
con una de las paredes. Kyosato se agachó rápidamente,
haciendo que la espada del asesino se clavará
en la madera. El guardaespaldas le pasó por
un lado, colocándose atrás de él.
El extraño jaló con fuerza su arma,
sacándola de la pared y luego se giró
hacía el único que quedaba convida.
Él tenía su espada en guardia, y lo
miraba con una expresión de odio. El asesino
alzó su espada, colocándola frente a
su rostro.
- No puedo morir Pensaba el joven
No quiero morir.
- Ríndete
- Le dijo el asesino con en
un tono frío.
- ¡No puedo rendirme! Le contestó
al tiempo que se lanzaba al frente.
Kyosato comenzó a atacar al asesino con todas
sus fuerzas, pero le es inútil. Éste
se cubre los ataques de su oponente con gran rapidez.
Después de unos momentos, logra herirlo en
el estomago. Sin embargo, aún así, no
deja de pelear.
Kyosato sigue peleando, y al asesino le esta comenzando
a dar problemas. Aún así, todo el tiempo
es él quien tiene dominada la pelea. Kyosato
recibe una estocada en su hombro izquierdo y cae momentáneamente
al suelo.
- Yo no puedo Morir, no quiero morir Se decía
así mismo mientras se paraba No así,
¡No lo haré!
A pesar de todas sus heridas, Kyosato logró
ponerse una vez más de pie y alzar su espada
de nuevo. El asesino se le queda viendo fijamente.
- Sólo ríndete y muere Le volvió
a decir, pero Kyosato no hizo caso.
- ¡Por ningún motivo! Le contestó
mientras se lanzaba de nuevo al frente ¡Yo
te mataré!
- ¡No digas que no te lo advertí!
Kyosato lanza su espada al frente, directo hacía
el asesino. Este, por su parte, dio un ligero impulso
hacía enfrente, moviendo su espada de manera
horizontal, alcanzando a su hermano por el pecho.
Ambos se cruzaron en un abrir y cerrar de ojos. De
pronto, la mejilla izquierda del asesino comenzó
a sangrar, cosa que él sintió de inmediato.
Al mismo tiempo, una profunda herida en el pecho brotó
de Kyosato, haciéndolo caer al piso.
El asesino alzó su mano hacía la herida,
viendo sorprendido la sangre entre sus dedos. A sus
espaldas, un Kyosato moribundo aún peleaba
por su vida. Aún con sus pocas fuerzas, el
chico se movía hacía el frente.
- No quiero morir Seguía diciendo
Finalmente me casaré con ella
con la
persona que siempre he amado
- En ese momento,
Kyosato logró ver frente a él una figura,
la figura de una mujer, de cabello negro, vestida
con un traje blanco, igual que su piel, parada entre
todas las flores de cerezo blanco.
- To... Tomo
- Trató de decir, pero
un pudo terminar.
El asesino se lanzó contra él, y precipitando
su arma hacía el cuerpo de su victima, terminó
el trabajo. Kyosato cayó muerto, con sus ojos
llenos de lágrimas
- ¡Himura! Escuchó de pronto
que alguien le decía a sus espaldas. Un hombre
con un pequeño bigote negro apareció
por la calle, acompañado por otros tres hombres.
El recién llegado se quedó de pie sorprendido
en cuanto vio la mejilla del asesino. ¡Himura!,
¡¿Estas herido?!
- Nada serio Le contestó mientras guardaba
su espada de regreso en su funda.
- No puedo creerlo Dijo el hombre mientras
se acercaba al cuerpo de Kyosato Creía
que no había hombre en todo Japón que
fuera capaz de tocarte siquiera. Debió de haber
sido un increíble espadachín para lograr
hacerte una herida como esa.
- No Le contestó Sólo
era muy apegado a su vida. Además de una gran
obstinación si me lo preguntas. Isuka, por
favor hazte cargo del resto.
- Oye espera El hombre trató de detenerlo
pero fue imposible.
El asesino se fue caminando, mientras los otros se
encontraban colocando una especie de letra en un papel
sobre los tres cuerpos.
- Debo reconocer una cosa Pensó
Izuka mientras lo iba irse Una vez más
logró matar a todos sin parpadear. El definitivamente
tiene el poder para crear una nueva era
Himura
Kenshin, Battousai el Destajador
Para cuando alguien llegó a la escena del
crimen, ya no había ninguno de los responsables.
Sólo quedaban los tres cuerpos, en la misma
posición en la que habían caído
muertos. Los tres se encontraban cubiertos con lo
que parecía ser unos abrigos negros, y sobre
estos un papel que decía en letras japonesas
Tenchu.
El callejón se vio de pronto cubierto por
las figuras de los guardias de Kyoto. Varios hombres,
armados con espadas y vistiendo un Haten o Chaqueta
de color azul claro, llegaron al lugar para revisar.
Los rostros de los samuráis se cubrieron de
horror al ver los cuerpos.
- ¡Mataron al señor Shigekura!
Dijo uno de ellos al retirar la tela negra del cuerpo.
- Este es un gran golpe Escuchó de
pronto que alguien le decía a sus espaldas.
Un joven de estatura media, de cabello negro y largo,
se acercó a donde estaba el cuerpo del señor
Jubei. Le rebeldes se han dedicado a matar
a grandes personalidades del Shogunato de Kyoto. Si
sigue así las cosas podrían ponerse
feas para el gobierno.
En ese momento, el chico centra su vista en otro
de los cuerpos. Aún se encontraba cubierto
por la tela negra. Lo que le llamó la atención
fue que pudo ver como éste tenía su
mano extendida hacía el frente, tomando entre
sus dedos una de las flores de cerezo blanco que había
caído. Lentamente caminó hacía
el cuerpo y se agachó a su lado, retirando
lo que lo cubría.
Los ojos del samurai se cubrieron de horror al ver
el cuerpo frente a él. Su uniforme se encontraba
cubierto por las manchas rojas de sus heridas. Sin
embargo, a él no le importaba eso. Su mirada
estaba perdida en el rostro del muerto, un rostro
que el conocí y no podía creer que fuera
quien él pensaba.
- ¡Akira! Dijo con la voz entrecortada.
¡No puede ser
!
- ¡Kyosato! Escuchó de pronto
que alguien lo llamaba. Se giró lentamente
hacía atrás, aún con su rostro
lleno de asombro. Un joven mediano, de cabello pelirrojo
y largo vestido igual que él se le acercó.
- ¡Capitán Nagakura! Dijo el
chico al verlo, pero de inmediato se giró de
nuevo al cuerpo, quedándose hincado a lado
de él. El capitán caminó, colocándose
a su lado.
- ¿Lo conocías? Le preguntó.
- Era mi hermano
- Le contestó
No lo puedo creer
- En ese momento, unas lágrimas
parecieron surgir de sus ojos Le dije a mis
padres que no le pasaría nada
se los
dije
¡¡Se los prometí!!
Totalmente enojado, se puso rápidamente de
pie al tiempo que desenfundada su espada. Abalanzó
su arma contra una de las paredes que había
a su lado, haciendo un gran agujero con ella. Todos
los demás se le quedaron viendo sorprendidos
ante tal acto. Mientras tanto, el capitán se
le quedó viendo fijamente.
El chico se quedó con el arma encajada en
la pared, sin soltarla ni sacarla. Tenía la
mirada baja, y sus ojos llenos de tristeza.
- Kyosato Le dijo su capitán
Recuerda que nuestra misión es el proteger
a Kyoto. Estos son tiempo difícil, y al igual
que tú, este joven también quiso dar
su vida por defender el gobierno regente. Nosotros
peleamos por mantener la paz de Japón, nunca
lo olvides. Si tienes deseos de venganza te pediré
de favor que los olvides y te concentres en lo que
tienes que hacer. Si quieres vengarte por la muerte
de tu hermano, hazlo peleando y acabando con esos
rebeldes que amenazan la seguridad de nuestra paz.
El chico escuchó esas palabras con mucho cuidado,
aunque durante todo el momento tuvo su mirada en el
suelo. De pronto, el samurai se paró con firmeza
y de un tirón rápido retiró su
espada de la pared, para luego guardarla de regreso
en su funda.
- Se iba a casar el próximo mes Mencionó
aún dando la espalda No puedo creer
que esto terminara de esta manera. Con su permiso
capitán, tengo unas cartas que escribir.
El capitán asintió con la cabeza ante
la petición del samurai, y este se alejó
caminando. Después de que se fuera, desvió
su mirada de nuevo al cuerpo de Kyosato en el cuerpo.
- ¿Qué clase de destajador habrá
hecho esto? Pensó mientras miraba
el cuerpo.
La noche se quedó en silencio después
de ese momento. En una posada cercana, el asesino
tomaba una cubeta llena de agua y se la vertía
encima, tratando así se lavarse un poco y de
refrescarse después de esa noche. Recargadas
en uno de los barriles detrás de él,
estaban sus dos espadas, y sobre el barril un trompo
de madera.
Toda la ropa del joven quedó completamente
mojada. Se quedó viendo unos segundos el suelo,
admirando como las gotas de agua se resbalaban por
su cuerpo y caían al suelo hasta hacer un charco
en sus pies. Podía ver como algunas de las
gotas iban mezcladas con la sangre que surgía
de la herida de su mejilla
********
- ¡Bien!, ¡Ven por mí de nuevo!
Le decía su maestro mientras sostenía
su arma con firmeza.
Ambos, maestro y alumno, se encontraban al pie de
una cascada que caía con fuerza a su lado.
El agua del riachuelo estaba hasta sus tobillos, pero
sus piernas eran cubiertas casi por completo por una
densa niebla que se elevaba. El chico alzó
su espada hacía el frente y miró detenidamente
a su maestro unos momentos.
- Se esta volvieron muy fuerte.
Pensó el hombre al verlo No importa
lo buen guerrero que seas, si no tienes el deseo de
fortalecerte no serás pulido por completo.
Él busca ser fuerte, más que cualquier
otra cosa, más que cualquier persona. Sí,
tan puro y tan sincero...
El alumno se lanzó hacía el frente,
embistiendo a su maestro con su espada. Sin embargo,
éste pudo cubrir con gran facilidad el golpe
y lanzar al chico hacía atrás. Él
cayó al agua, perdiéndose entre la niebla
del sitio.
********
El asesino seguía de pie frente a la pila.
No estaba seguro de porque ese recuerdo había
venido a su mente en ese instante. Sin embargo, éste
le trajo cierta nostalgia.
- En la enseñanza del Hiten Mitsurugi, uno
sostiene la espada por el bienestar de los demás
Se dijo así mismo mientras se cubría
la herida con paño. Luego, se retiró
ese pedazo de tela de su mejilla y centró su
vista en la mancha roja del mismo Para así
poder proteger al débil. Es por eso por lo
que peleo...
Era ya de mañana en Kyoto. Esta ciudad parecía
cambiar por completo durante el día. No pareciera
ser el centro de este conflicto tan mortal que ya
ha manchado demasiado las calles de sangre. Como la
vez anterior, vemos al mismo joven de cabello rojo
y traje azul, lavándose las manos en una especie
de pila.
- El olor a sangre no desaparece aún
Pensaba el chico mientras se secaba. La herida
de su mejilla aún no se encontraba del todo
curada.
- Hey Himura Escucha de pronto que alguien
la habla desde el pasillo, pero él no pone
atención. De pronto, en el umbral de la puerta,
aparece el mismo hombre de pequeño bigote de
esa noche. Aquí estas Himura, ven rápido,
el maestro Katsura quiera verte.
El chico volteó a verlo de reojo al escuchar
ese nombre. Éste creo algo de sorpresa en el
joven, aunque su expresión no lo reflejaba
del todo.
Himura e Izuka caminaron hacía el jardín
de la posada, donde se encontraba un estanque de carpas.
Frente al estanque, estaban dos hombres: un hombre
de estatura media y pelo negro que traía consigo
una copa con alimento para las carpas; se encontraba
acompañado de otro hombre fornido de pelo oscuro.
Ambos armados con sus respectivas armas. Al verlos
llegar, el primero volteó a verlos con una
sonrisa.
- Aquí esta Himura señor Katsura
Dijo el hombre de bigote en cuanto llegaron.
- Ha pasado un largo tiempo desde la última
vez que hablamos Himura Dijo el hombre volteando
a verlo ¿Te ha ido bien?
El chico se le quedó viendo con una expresión
seria antes de poder contestarle su pregunta.
- Sí, he estado matando bien Le respondió
con algo de sarcasmo en su tono.
- Oye, cuida lo que dices Le dijo algo nervioso
el hombre que lo acompañaba.
- Tú siempre igual Le dijo Katsura
sonriente. En ese momento, notó la herida en
la mejilla izquierda del asesino ¿Te
hirieron?
- No fue nada grave Le contestó.
- Izuka, ¿quién fue?
- Sucedió hace ya algunas noches. Fue un hombre
del Shogunato de Kyoto le contestó
Parece que fue uno de los guardaespaldas que escoltaban
Shigekura Jubei. Creo que se llamaba Akira Kyosato.
- Ya veo, ¿fue un enemigo poderoso Himura?
- No Contestó el chico con seriedad
Esto fue por negligencia mía.
Una de la carpas saltó del estanque, cayendo
inmediatamente después de regreso al agua.
Ninguno de los hombres desvió su mirada ante
esto.
- ¿Cual es mi misión para esta noche?
Preguntó el chico algo impaciente.
- No es nada importante Le contestó
Katsura.
- Si no es nada importante, por favor déjenme
solo.
- ¡Oye! Le dijo Izuka nervioso.
- He asesinado en tres lugares diferentes durante
los últimos seis meses. No importa lo que hagamos,
no podremos mantener mi existencia en secreto para
el gobierno por mucho tiempo. Lo mejor para mí
es mantenerme cerca de los cuarteles generales de
Choshu. Las fuerzas del gobierno se hacen más
fuerte a cada vez, especialmente esos lobos que aparecieron
en Mibu.
- ¿Te refieres al Grupo Shinsen?
- No nos hemos enfrentado aún, pero creo que
ellos son el arma más poderosa del gobierno
para defender Kyoto de los Realistas.
- Bien, en ese caso tendremos que tener cuidado.
- ¿Y cual es mi misión? Volvió
a preguntar algo de insistencia.
- La verdad es que durante el festival del Gion tendremos
una reunión secreta en una posada de Kyoto.
Toshimaro-san y Miyabe-san planean asistir. Es una
reunión importante donde se decidirán
los objetivos de la organización.
- ¿Necesitan protección?
- Bueno, no. En realidad esperaba que te nos unieras
en la reunión.
- ¡¿En serio?!, ¡Qué bien!,
así podrás escribir tu nombre el historia.
- Me niego. Respondió de pronto.
Los tres hombres se quedaron impactados al oír
tal respuesta por parte del chico. Lo que le estaban
proponiendo era algo muy importante y valioso. Les
extrañaba demasiado que no aceptara.
- ¿Te niegas? Preguntó Izuka
sorprendido.
- Soy un asesino, no sirvo para otro propósito
más que para asesinar. Un destajador esta destinado
a permanecer siempre en las sombras, hasta el día
de su fin. La muerte y la oscuridad son sus mejor
amigas, eso es lo que me dijeron. Himura se
dio la media vuelta para retirarse Además,
no tengo interés en la historia o en honores.
- Oye, pero... Trató de detenerlo su
compañero, pero fue inútil.
- Si podemos construir una nueva era donde todos
puedan vivir en paz, eso será suficiente para
mí. Si no me necesitan para nada más,
entonces tendrán que disculparme.
El chico se retiró, dejando a los tres hombres
algo extrañados. Sin embargo, Katsura no se
veía del todo sorprendido, como si ante mano
esperaba que algo como eso pasara.
- ¿Ser un destajador irá más
allá de sus fuerzas? Preguntó
Izuka mientras lo veía irse Ha cambiado
bastante.
- ¿Quién se cree con esa actitud?
Preguntó el tercer hombre con cierto enojo
después de todas las consideraciones
que el maestro Katsura ha tenido con él.
- Izuka no esta del todo acertado. Dijo de
pronto el señor Katsura, y los dos voltearon
a verlo. El hombre ladeó su copa, dejando caer
toda la comida en el estanque Después
de conocerlo por tanto tiempo, sé una cosa:
Aunque se comporte de manera extraña, su corazón
no ha cambiado a los largo de este último año...
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En un campo verde, bajo la fuerte lluvia, se ve un
gran grupo de hombres, armados con diferentes tipos
de armas como espadas, lanzas y demás. Todos
se encuentran golpeando unos palos de entrenamiento,
mientras un grupo de realistas los observa. Parece
ser un tipo de reclutamiento.
- Me arriesgue mucho a venir hasta aquí sólo
porque me dijiste que vería algo interesante
Decía una voz que se acercaba. En ese
momento, se ve como dos personas miraban todo desde
una colina cercana. Una de ellas era el señor
Katsura, y el otro era un hombre de cabello negro
y corto, de traje blanco que traía una especie
de instrumento de cuerda consigo ¿De
qué se trata Shinsaku?
- Ya verás Le contestó el otro.
Ambos miraron con cuidado los hombres frente a ellos.
Estos tipos se volverán nuestra arma más
fuerte, tenlo por seguro. Con ellos formaré
nuestra nueva fuerza realista, el "Kiheitai".
Al final serán ellos los que lleguen a derrumbar
al Shogunato. La ascendencia social no es nada, aquí
sólo importa la determinación y la habilidad.
Quién posea estas dos cosas puede unirse al
Kiheitai.
- A simple vista se ve que después de 300
años de paz serán más útiles
que los samuráis. Pero, ¿Estará
bien que los usemos?
- No eres lo suficientemente agresivo Katsura. No
te preocupes de nada.
- ¡Siguiente! Escucharon de pronto que
alguien decía, y en eso pasó uno de
los aspirantes a reclutas.
Katsura se sorprendió mucho al verlo. Era
un niño, posiblemente de 12 o 13 años,
de cabello rojo y largo amarrado con una cola, con
una espada en su mano izquierda.
- ¡¿Hay niños de esa edad aquí?!
Preguntó sorprendido.
- Bien, ya sabes lo que dicen: Mientras más
peculiares se ven, más espectaculares resultan
ser.
El niño se paró frente al tronco de
madera, mirándolo fijamente. Al mismo tiempo,
el grupo de hombres que esperaban su turno lo miraban
con cierta burla en sus caras.
- Ja Ja Rió uno de ellos Miren,
trae su propia espada y todo. Niño, ¿por
qué no intentas cortarlo?
- Si lo logras en dos intentos, te daré el
dinero que traigo conmigo, ¿qué dices?
Le dijo otro de ellos.
El niño no respondió, simplemente volteó
a verlo unos segundos y de inmediato volvió
su vista de nuevo al tronco. De pronto, colocó
su pie izquierdo hacía atrás, colocando
su espada hacía un lado, al tiempo que acercaba
su mano derecha a la empuñadura. Ante los ojos
de todos lo presentes, el chico desenfundo con fuerza
el arma, abalanzando el filo de hoja contra el tronco.
Este fue cortado con tanta facilidad, como si fuera
papel.
Todos, incluyendo a los dos observadores que permanecían
en la colina, se quedaron estupefactos al ver esto.
Aún no conforme con eso, el chico movió
su funda hacía el frente, golpeando con ella
la parte de arriba del tronco que había cortado.
- ¡Estilo Hiten Mitsurugi! Gritó
el chico al tiempo que su funda golpeaba el tronco
¡Sou Ryu Sen!
La parte cortada salió volando hasta caer
a los pies de unos de los hombres. Todos los presentes
centraron su mirada en el chico, asombrados por lo
que acababan de ver.
- ¿No te pareció increíble Katsura?
Preguntó el hombre que lo acompañaba
con una sonrisa en el rostro, algo ya despegado de
la sorpresa. Por su parte, Katsura aún no lograba
salir del asombro.
- Takasugi
- Logró decir sin quitar
los ojos del niño, quién se acercó
a uno de los hombres y extendió su mano.
- ¿Dónde esta el dinero que me prometió?
Preguntó al asombrado hombre.
- Ese chico
- Dijo Katsura Quiero conocerlo
- Takasugi sonrió ante la petición de
su compañero.
- ¡Oye tú niño! Gritó
el hombre, llamando la atención del muchacho.
El extraño chico se encontraba ahora en el
interior de una habitación, acompañado
de Katsura y Takasugi. Este último se encontraba
tocando su instrumento con mucho cuidado, mientras
los otros dos tenían una pequeña mesa
con comida frente a ellos.
- Chico, él es Kogoro Katsura, el actual líder
de los Realistas de Chosu Le dijo Takasugi
presentándolos, sin dejar de tocar.
- Es un honor señor Dijo el niño
mientras se inclinaba.
- Dime chico, ¿cómo te llamas?
Preguntó Katsura.
- Kenshin, Kenshin Himura Contestó.
- Kenshin; ¿Así qué ese era
el estilo Hiten Mitsurugi?, ya había oído
hablar de él con anterioridad, pero nunca había
tenido la oportunidad de verlo con mis propios ojos.
Tampoco sabía que existiera en la actualidad.
- Lo aprendí de mi maestro en Kyoto.
Le respondió mientras tomaba un trago de la
copa que estaba en su mesa Este estilo es usado
para poder ayudar a las personas y proteger al débil.
Ese es el propósito del Hiten Mitsurugi, y
es la razón por la que viene a este sitio.
Katsura bajó su mano y colocó su copa
sobre la mesa de madera. Luego, alzó su mirada
hacía el chico frente a él, con gran
firmeza en sus ojos.
- Déjame preguntarte algo: ¿Has matado
a alguien con el Hiten Mitsurugi?
- Nunca.
- Entonces dime, ¿crees poder hacerlo?
El chico se impacto al escuchar tan pregunta. Katsura
permaneció serio, mientras Takasugi sonreía
Seré directo contigo, esto es una guerra,
y en una guerra se asesina, eso es todo. Pero para
crear un nuevo mundo primero debes de destruir el
viejo. Es una tarea horrible, pero alguien tiene que
hacerlo. Dijiste que querías usar tu fuerza
para ayudar a la gente. Si eso es cierto, quiero pedirte
esa fuerza; ¿Podrías matar a alguien
para cambiar el futuro?
Kenshin se quedó unos momentos callados. Bajó
su copa y la colocó de nuevo en su mesa. Con
la mirada baja, le contestó.
- Si puedo contribuir a una nueva era donde haya
paz para el pueblo, a cambio de ensuciar mi espada
con la sangre de las personas, entonces... lo haré...
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- Ha pasado cerca de un año desde entonces
Dijo Katsura, clavando su mirada en el estanque
frente a él, Una carpa salta de nuevo, colocándose
a la altura del rostro de Katsura. El pez volvió
a descender, cayendo de regreso al estanque.
Battousai se ha convertido en un joven, puede que
eso lo haya cambiado, pero su corazón todavía
sigue siendo igual de inocente que en ese entonces
Los dos hombres que lo acompañaban se
quedaron en silencio mirándolo Debido
a que no ha cambiado es que empieza a sentir lo terrible
que es ser un destajador. Temo por el futuro de Himura...
Muy lejos de ahí, a kilómetros de distancia
de Kyoto, una joven vestida con un traje blanco como
nieve se encuentra sentada en su habitación,
con la mirada baja y perdida en su pequeño
mueble que asemejaba a un escritorio. Sobre éste,
había un pedazo de papel blanco, con algo escrito
en letras negras. Sus ojos estaban totalmente abiertos,
y no los quitaba de ese papel.
A través de las puertas, se ve la figura de
varias mujeres que conversan en silencio, aunque ella
las puede oír con gran facilidad. Una puerta
detrás de ella se recorre, y la figura de otra
persona aparece. Ella no le pone atención.
El recién llegado se le acerca por detrás,
y la abraza con fuerza, mientras comienza a empapar
su espalda con sus lágrimas.
La carta frente a ella se encuentra firmada con el
nombre Saigo Kyosato
FIN DEL CAPITULO I
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*Datos Extra:
- Ciudad de Kyoto: Proviene del enunciado Kyo-to-shi
lit que quiere decir Ciudad Capital.
Fue la ciudad capital del Japón desde el año
794 (Período Heian) hasta el desplazamiento
del gobierno a la ciudad de Edo (Renombrada como Tokio)
al final de la Restauración Meiji en el 1868.
En el siglo XVII, debido a la gran influencia que
estaban teniendo los monjes budistas en los asuntos
del gobierno, el emperador decidió trasladar
los asuntos imperiales a una región alejada
de la influencia budista. Aún así, el
Shogunato de Kyoto tuvo que ser quien lidiara con
los problemas de los Realistas durante la Restauración.
Actualmente es la capital de la Prefectura de Kyoto,
y se encuentra ubicada en la parte centro-occidental
de Honshu, cerca de Osaka y Otsu.
- Kogoro Katsura: Kogoro Katsura fue uno de los dirigentes
del clan Choshu, y el más joven de los líderes
Realistas de este clan. Fue uno de los Tres Grandes
de la Restauración junto con Saigo Takamori
y Okubo Toshimichi. Tuvo en su poder el manejo de
una gran provincia. Se unión con Saigo Takamori
del Clan de Satsuma y la unión de los dos clanes
hizo posible el fin del Régimen Tokugawa. En
otras palabras, era una de las cabecillas principales
de los Realistas de Meiji.
- Shinsaku Takasugi: Segundo al mando de los realistas
de Chosu. Fue un samurai amante de las peleas además
de un músico. Formó con sus propias
manos el Kiheitai, una tropa Bélica anti-Shogun
formado por luchadores, campesinos y samuráis
de todos los niveles sociales en las propias praderas
del feudo de Chosu.
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Aclaraciones:
1. Esta es una Historia de la serie Rurouni
Kenshin, algunos personajes son de mi creación,
pero otros son de la idea original del creador de
la serie.
2. Este fic es una historia complemento del resto
de las historias de la Saga que estoy creado. Lo relatado
aquí se encuentra muy relacionado con lo dicho
en La Saga de Osaka y La Última
Redención, y además la trama se
encuentra después de La Luz de Dios
y antes de Los Cuatro Rurouni. Este último
fic y este que a continuación van a leer son
las últimas piezas par completar los suscitado
antes de todo.
3. La historia se centra durante los disturbios de
la Restauración. Se podría decir que
es mi propia versión con respecto a la historia
de Kenshin y Tomoe, tal y como en ocasiones la conté
a lo largo de los capítulos de La Saga
de Osaka. Las historia esta basada en lo que
se narra en el manga original de la serie, además
de los OVAs de Tsuioku Hen, aunque más
que nada es como una combinación de ambas historias.
Además de esto, hay unos agregados propios
para que concuerde a la perfección con lo narrado
en las otros Fanfics.
4. Para cualquier duda, queja, sugerencia o comentario,
mi correo esta abierto para todo.
Atte.
Wing Beelezemon Wingzemon X
The Last Power of This Revolution
azor_cometa@hotmail.com
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