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La Emperadriz de las Tinieblas

Capítulo 5

Un niño caminaba con dificultad en medio de la oscuridad por la orilla de un arroyo de aguas cristalinas. A pesar de la ausencia de luz, el pequeño ya no tropezaba tan seguido, era como si sus ojos se fueran acostumbrando a aquellas penumbras con cada día que pasaba en aquel lugar; no obstante, sus piernas, brazos y manos estaban cubiertos por las heridas que se habían hecho en sus continuas caídas de los días anteriores.

¿Cuánto tiempo llevaba vagando en aquél sitio? A él le parecía que habían pasado años pero no estaba seguro, quizás sólo hubieran pasado algunos días o semanas, era difícil saberlo en un lugar en el que el día y la noche eran prácticamente iguales.

El infante se sentía desfallecer por el cansancio y el hambre; se había estado alimentando con pequeños frutos y semillas que se encontraban cerca del cauce del río, pero esas miserables raciones sólo parecían producirle más hambre y de no haber encontrado aquél arroyo sin duda habría muerto desde hacía días, aunque ahora se preguntaba si no hubiera sido mejor morir…

De pronto, el silencio perpetuo que reinaba en aquél paraje fue roto por unos sollozos. Por unos instantes, el niño pensó que estaba enloqueciendo, pues hacía días que no había escuchado ni el más leve susurro, pero pronto entendió que no se trataban de alucinaciones y el deseo de encontrarse con otro ser vivo le dio ánimos para correr a su encuentro.

Siguiendo el sonido de los sollozos, el pequeño no tardó en encontrar a la persona que lloraba, era una niña un poco mayor que él que se encontraba acurrucada contra una piedra no muy lejos del arroyo que él había estado siguiendo por días y días. El niño la observó unos segundos tratando de identificar si en verdad aquella chica no era sólo un producto de su imaginación. Como sintiendo la mirada que la observaba, la pequeña volteó a mirar al recién llegado y su cara de sorpresa dejó en claro que ella tampoco había visto a otra persona en mucho tiempo.

Niño: ¿Estás bien?- le preguntó amablemente y su voz le pareció un tanto fantasmal por el tiempo que llevaba sin usarla.

La niña no respondió, simplemente se le quedó observando; su llanto había parado, pero sus ojos aún se encontraban húmedos por las lágrimas.

Niña: ¿Eres real?- le dijo finalmente- ¿De verdad eres real? ¿No estoy viendo cosas?

El pequeño sonrió levemente al comprender que ambos habían pensado lo mismo.

Niño: Soy real, tan real como tú, creo. Yo pensaba que tú eras un producto de mi imaginación.

La niña también sonrió levemente. Ella también llevaba ya muchos días vagando sin rumbo por aquél mundo oscuro y para ambos pequeños era reconfortante encontrarse con alguien más.

Niño: ¿Cómo te llamas?
Niña: Izuna…

-Izuna- susurró débilmente el joven cuando recobró el sentido. Se sentía mareado y tenía náuseas; en su hombro, sentía claramente su tibia sangre brotar sin descanso, aunque en menor medida que cuando había perdido el conocimiento. Un ligero aire hacía que sus cabellos se agitaran y le tomó unos instantes comprender que esto se debía a que se encontraba volando a gran velocidad.

Azrael: ¿Al fin despiertas?- le preguntó al joven que llevaba a cuestas- Ya era hora.

Pariel trató de moverse pero Azrael lo sujetaba con fuerza para evitar que cayera. Podía sentir la presencia de Laylahel a un lado y la de Asbeel un poco atrás de ellos, también podía escuchar los sollozos de unas niñas.

Pariel: ¿Quién está llorando?- preguntó débilmente.

Azrael: Unas mocosas que Asbeel trajo de la Tierra. Creo que espera que la señora Érebo perdone lo que hizo ofreciéndole sus vidas.

Pariel recordó vagamente a una pequeña de ojos azules que le había preguntado si él era su hermano.

Pariel: ¿Para qué las querría la Emperatriz?

Azrael: No creo que le sirvan de nada, pero el imbécil de Asbeel está desesperado por encontrar un modo de salvarse del castigo que le espera. Supongo que las abandonará aquí en la Dimensión de las Tinieblas para que mueran.

Pariel: Son sólo unas niñas.

Laylahel: Será mejor que ya no hables- le dijo amablemente- Tienes que tratar de conservar energías.

Pariel: Cierto, debo conservar las energías que pueda para que le sean de utilidad a la señora Érebo- comentó con amargura.

Azrael: Estás condenado a morir por la herida que Asbeel te hizo, tú lo sabes. Lo menos que puedes hacer es entregarle tu sangre a la emperatriz para que ella cumpla sus planes.

Pariel: Destruirá la Tierra.

Azrael: ¡¿Qué demonios te pasa?! ¿Desde cuándo tú te preocupas porque un planeta insignificante sea destruido?

Pariel: Creo que yo nací en ese planeta…

Azrael: No digas tonterías, nosotros pertenecemos a esta dimensión.

Pariel: Tengo una familia en la Tierra- continuó sin prestarle atención a su compañero.
Azrael: ¡No seas necio! Nosotros somos tu única familia. No teníamos nada y nuestra Señora nos lo dio todo. Vivimos por Ella y debemos morir por Ella también.

Pariel: La niña que trae Asbeel… dijo que éramos hermanos.

Esta vez Azrael se detuvo ante lo que Pariel había dicho y Laylahel lo imitó, segundos después, Asbeel también se detuvo al ver que los jóvenes no avanzaban.

Asbeel: ¡¿Qué se supone que hacen?! ¡Tenemos que presentarnos ante nuestra Reina lo antes posible!

Azrael: Dime algo Asbeel, ¿por qué tomaste a esas chiquillas?

Asbeel se quedó mudo ante la pregunta.

Azrael: Me pareció que fue a esa niña a la que trataste de apuñalar con tu espada, ¿o me equivoco?- agregó señalando a la pequeña de ojos azules- ¿Por qué tienes tanto interés en ella?

Asbeel: Los terrícolas trataron de confundir a Pariel para que no cumpliera con su misión, debían ser eliminados.

Azrael: ¡¡Es una niña!! ¡¿Te parece que una mocosa es un peligro para uno de nosotros?!

Mientras ellos discutían, Laylahel tomó el cuerpo de Pariel para que Azrael pudiera hacerle frente al pelirrojo sin problemas. La joven se pasó el brazo de su compañero sobre su cuello y lo sostuvo con cuidado aún flotando. Pariel aprovechó la discusión entre Azrael y Asbeel para acercar sus labios al oído de Laylahel.

Pariel: Tengo que regresar a esa niñas a la Tierra- le susurró al oído- Por favor… ayúdame a lograrlo.

Laylahel se hizo de oídos sordos ante la petición que acababan de hacerle pues sabía que representaba una grave peligro realizar lo que su camarada pedía.

Pariel: Por favor- le susurró suplicante- Ayúdame… Izuna.

La joven respiró agitadamente al escuchar aquél nombre que le resultaba vagamente familia, pero antes de que pudiera decir algo, Azrael golpeó con furia a Asbeel haciendo que ella regresara bruscamente a la realidad.

Azrael: ¡Desgraciado! ¿Por qué le das tantas vueltas al asunto? ¿Qué es lo que estás ocultando?

Asbeel cayó al suelo por el golpe que acababa de recibir y las pequeñas que llevaba con él gritaron asustadas al caer también. Azrael estaba furioso, no entendía por qué Asbeel había actuado como lo había hecho y luego estaba lo que había dicho Pariel… ¿acaso era posible que esa mocosa y su compañero de verdad fueran hermanos? De ser así, Asbeel tendría razones suficientes para querer eliminarla pues ellos descubrirían que los habían engañado, si Pariel tenía familia, él y Laylahel también debían tenerla. Sin pensarlo dos veces, el joven descendió velozmente y pisó la cabeza de Asbeel apretándola contra el suelo.
Azrael: ¡Habla infeliz! ¿Qué es lo que ocultas? ¿Por qué tanto interés por una mocosa?

Asbeel: Es un presente para mi Señora- gimió tratando de librarse del joven.

Azrael: ¿Desde cuando la emperatriz pide niños a los jueces? Ese es trabajo de sus mensajeros y la Tierra ya había dado su tributo, ¡tú lo sabes perfectamente!- gritó a la vez que apretaba más la cabeza de Asbeel con su pie.

Laylahel: ¡¡Basta!! ¡Vas a matarlo!- exclamó asustada descendiendo con Pariel al lado de su otro compañero.

Azrael: ¡Bien merecido se lo tiene! ¡Nos está ocultando algo!

Laylahel dejó a Pariel en el suelo y se acercó a Azrael para tratar de detenerlo. Pariel se despojó de la máscara que aún cubría su rostro y buscó a las niñas entre la oscuridad. Ambas estaban a unos cuantos pasos de él, habían sufrido una gran caída, pero sin duda la sangre de guerrero que corría en sus venas había impedido que se mataran porque ambas parecían estar sólo desmayadas.

En medio del alboroto que se había creado entre sus compañeros, Pariel tomó a ambas pequeñas y reuniendo todas sus energías se elevó por los aires y se alejó a toda velocidad. Azrael y Laylahel se quedaron atónitos al entender lo que acababa de ocurrir.

Azrael: ¡¿Qué se supone que hace?!- exclamó mientras Pariel se perdía de vista.

Laylahel: Quiere regresar a esas chiquillas a la Tierra- explicó sorprendida- Azrael, ¡hay que encontrarlo! ¡No le queda mucho tiempo de vida!- agregó angustiada.

Azrael: Tienes razón, hay que llevarlo aún con vida ante la emperatriz- exclamó a la vez que emprendía la persecución tras su colega.

Laylahel observó cómo Azrael empezaba a perderse de vista siguiendo el mismo camino que Pariel. Asbeel había quedado inconsciente en el suelo y la joven se le acercó viéndolo con repulsión.

Laylahel: ¿Qué es lo que ocultas desgraciado?- le dijo propinándole una patada en un costado.

Ella se quedó ahí en medio de la nada, sumida en la oscuridad eterna. Su mente estaba confundida, sabía que tenía que entregar a Pariel ante su reina, pero no deseaba hacerlo, él y Azrael eran como sus hermanos y siempre se habían llevado muy bien, protegiéndose unos a otros y siempre dispuestos a ayudarse. ¡No podía hacerlo!

Laylahel: Izuna- susurró confundida- ¿Por qué ese nombre se me hace tan familiar?

Laylahel sentía que su cabeza le dolía terriblemente y podía recordar recuerdos borrosos de lugares en los que no se acordaba haber estado antes.

Laylahel: ¡¿Qué rayos me está pasando?!- exclamó molesta antes de salir volando tras sus compañeros.
Pariel, mientras tanto, se alejó lo más que pudo a la mayor velocidad que su cuerpo le permitía en el estado en el que se encontraba. Sabía que a sus compañeros no les tomaría mucho tiempo hallarlo si permanecía volando, pero por el suelo les sería más difícil hallarlo, sobre todo si se internaba entre unos acantilados que él conocía no muy lejos de donde se encontraba. Estaba cansado y algo mareado por la pérdida de sangre, pero hizo acopio de toda su fortaleza y pronto se encontraba sobrevolando algunos riscos de piedras negras entre los que se abrían profundos abismos rocosos. Sin pensarlo mucho, Pariel descendió y se ocultó entre las rocas que cubrían el suelo del lugar. No pasó mucho tiempo antes de que Azrael pasara a toda velocidad sobre su escondite, pero al parecer no había notado que él había descendido así que se mantuvo oculto entre las sombras.

Pariel aún escudriñaba el cielo en busca de sus camaradas cuando escuchó que las niñas se quejaban levemente mientras despertaban. El joven las observó en silencio, él sabía que aún con los ojos completamente abiertos las pequeñas no podrían verlo fácilmente.

Pariel: No hagan ruido- susurró en tono autoritario- Tienen que permanecer calladas.

Bra: ¿Dónde estamos?- murmuró tratando de no llorar por el temor que le producía aquél sitio.

Pariel: Ésta es la Dimensión de las Tinieblas, el reino de la señora Érebo.

Bra: ¿Estás bien?- inquirió preocupada al notar que el joven respiraba entrecortadamente.

Pariel: Sólo tengo una pequeña herida.

Pan: Te hirieron con una espada- gimió asustada.

Pariel: Estoy bien, sólo guarden silencio o nos descubrirán.

No había terminado de decir esa frase cuando Laylahel pasó volando sobre ellos. Las pequeñas contuvieron la respiración mientras el rastro dejado por el ki de la joven desaparecía en el cielo oscuro.

Pan: Quiero ir a casa- sollozó.

Pariel: Les prometo que las llevaré de regreso. Vamos- dijo tendiéndoles la mano a las niñas- No podremos volar por el momento, así que será mejor darnos prisa.

Los 3 empezaron a caminar lentamente por el abrupto terreno. Pariel guiaba a las pequeñas para que ellas supieran donde debían pisar para evitar caer, no era algo sencillo para ellas caminar en la oscuridad por un terreno tan hostil y aún para Pariel era bastante fatigoso por la gravedad de su herida, por más que trataba de no darle importancia.

Caminaron durante horas así. Azrael y Laylahel sobrevolaron el lugar de nuevo, pero debido al relieve de la zona y a la gran cantidad de rocas no pudieron verlos, aunque su sola presencia bastó para que los 3 contuvieran el aliento hasta que los jueces de Érebo hubieran desaparecido de su vista. Poco a poco se iban quedando sin energía, pero Pariel sabía que no podían detenerse, no sabía cuánto tiempo más aguantaría, pero estaba decidido a no morir hasta regresar a las niñas con sus respectivos padres.

Mientras caminaban con dificultad, Pan tropezó y fue caer entre las afiladas piedras lo cual la hizo llorar. Pariel se fue sobre ella rápidamente y le tapó la boca.

Pariel: Está prohibido llorar- le dijo secamente haciendo que la niña callara por el susto- Cualquiera podría oírnos ante el menor ruido, por eso hay que permanecer callados- susurró tratando de suavizar el tono de su voz.

Bra: ¿A quiénes te refieres al decir "cualquiera"?- susurró preocupada.

Pariel: Será mejor que sigamos- se limitó a responder seriamente.

El joven sabía que la Dimensión de las Tinieblas era habitada por una infinidad de criaturas, la mayoría verdaderamente espeluznantes, pero sabía que asustar a las niñas con la verdad no haría su travesía más sencilla. Sin embargo, lo que el joven no sabía, aunque sí lo temía, era que el llanto de la pequeña Pan sí había sido escuchado en aquel lugar oscuro y desolado.

Mientras los 3 agotados caminantes continuaban con su viaje, un grupo de criaturas los observaba ocultos entre las sombras. Pariel notó su presencia de inmediato, eran unos 10 solamente, pero el joven no estaba en las mejores condiciones para hacerles frente, cada paso que daba lo hacía tambalearse y cada vez era más difícil para él mantenerse en pie. Él observó a las niñas que a su vez trataban de ubicarlo en la penumbra sin entender por qué se habían detenido, Pariel sabía que si él moría, ellas nunca más verían la luz de nuevo.

Bra: ¿Qué ocurre?- preguntó asustada.

Pariel: Nada, continuemos.

¿Qué más podía hacer? Si los que los observaban no los atacaban quizás pudieran llegar a su objetivo, pero si eran atacados… Al menos moriría combatiendo.

Pariel animó a las niñas a seguir avanzando. Por algunos minutos, los seres que los rodeaban no se movieron, pero justo cuando ellos estaban por salir al fin de la zona de acantilados, aquellos misteriosos observadores les salieron al encuentro y el joven se puso de inmediato a la defensiva.

-¡No te muevas!- le dijo con voz dominante uno de los agresores.

Las niñas gritaron al verse rodeadas por aquellos desconocidos y se acercaron a su joven guía en busca de su protección. Pariel simplemente esperaba que sus agresores hicieran un movimiento para empezar el ataque, pero eso no pasó, pues todos empezaron a murmurar desconcertados al escuchar las voces de las pequeñas.

-¿Quiénes son ustedes?- les dijo el mismo sujeto que había hablado con anterioridad.

Pariel: Lo mismo te pregunto- respondió secamente.

El joven podía ver a sus agresores con más claridad de la que evidentemente ellos podían, lo que indicaba que aquellos sujetos no eran originarios de la Dimensión de las Tinieblas. Ahora que los distinguía mejor, Pariel entendió que sin duda eran algunos de los prisioneros de guerra que Érebo solía enviar a sus dominios para castigarlos.

Pariel: ¿De qué planeta son ustedes?- les preguntó haciendo un esfuerzo por no desfallecer por el dolor que la herida en su hombro le producía.

Hombre: Algunos somos del planeta Yarg, otros de Orgen y algunos más de Ethiw.

Pariel reconoció de inmediato los nombres de los planetas, pues había sido él con Azrael y Laylahel los que habían enviado a aquellos desgraciados a la Dimensión en la que se encontraban. Habían sido los planetas que habían intentado rebelarse contra la autoridad de Érebo y sin duda, aquellos que tenía enfrente eran los líderes de dichos movimientos rebeldes.

Hombre: ¿También son prisioneros de Érebo?

Pariel sabía que si alguno lo reconocía a él no dudarían en matarlo y quizás no hubiera mucho que él pudiera hacer para evitarlo, pero no deseaba morir antes de cumplir la promesa que les había hecho a las niñas.

Pariel: Sí- respondió sintiéndose como un cobarde por mentir para conservar su vida.

Hombre: ¿De qué planeta vienen?

Pariel: De la Tierra.

Los compañeros de ese sujeto los habían estado apuntando desde el inicio con rudimentarias lanzas, pero ahora finalmente dejaban de mostrarse agresivos contra ellos.

Hombre: Entonces no somos enemigos. Mi nombre es Suko. ¿Cómo te llamas?

Pariel se quedó callado pues decir su nombre era precipitar su muerte, pero no estaba dispuesto a seguir mintiendo por su vida.

Bra: ¿Trunks?- le susurró al joven entendiendo lo que el joven pensaba y dándole una respuesta a sus dudas.

El joven observó a la niña, lo cierto era que cualquiera cosa que hiciera no prolongaría mucho su vida, pero al menos debía lograr que ambas pequeñas salieran de aquella dimensión y estaba dispuesto incluso a mentir por ellas.

Suko: ¿Ese es tu nombre?- insistió ante el silencio del joven.

Pariel: Sí- susurró débilmente.
Suko: ¿Qué te ocurre?

Pan: Está herido- dijo preocupada- El sujeto de cabellos rojos lo hirió con su espada.

Nuevos murmullos se dejaron escuchar entre los hombres que los rodeaban aún.

Suko: Tenemos un campamento cerca de aquí, ¿por qué no vienen con nosotros?- ofreció amablemente.

Pariel: No podemos detenernos, debemos continuar.

Suko: Escucha camarada, estás herido y sin duda las pequeñas que te acompañan deben estar agotadas. Lo mejor será que descansen un poco y después continúen con más calma.

Pariel: Tengo que sacarlas de esta dimensión y no me queda mucho tiempo.

Suko y sus hombres ahogaron una expresión de abatimiento pensando sin duda que aquél joven estaba persiguiendo una quimera.

Suko: Al menos deja que revisemos tu herida y deja que las pequeñas tomen un descanso- propuso viendo con pena al joven.

Pariel estuvo a punto de discutir al respecto, pero Bra tomó su mano haciendo que se callara y volteara a verla. La niña lo veía suplicante y él entendió que ellas estaban ya muy agotadas y que de cualquier forma pronto tendrían que hacer un alto o no podrían seguir avanzado.

Pariel: De acuerdo- aceptó con voz resignada.

Suko sonrió satisfecho y todos se encaminaron juntos hacia donde el hombre les indicaba. Salieron de la zona de los acantilados y caminaron lentamente por un terreno rocoso. Pariel podía escuchar no muy lejos el ruido producido por una corriente de agua. Minutos más tarde, Suko indicó que se detuvieran frente a un enorme agujero en el suelo.

Suko: Descenderemos un poco- informó.

Todos bajaron lentamente por un escabroso camino y finalmente se detuvieron ante un pequeño grupo de criaturas que los observaban con interés.

Suko: Vengan por aquí- guió a Pariel y a las niñas

Suko avanzó entre sus compañeros, que les abrían el camino para dejarlos pasar y se detuvo ante un anciano que platicaba tranquilamente con algunos jóvenes.

Suko: Dlo, tenemos visitas- le dijo al anciano.

Este se dio vuelta para ver a los recién llegados y sus ojos se abrieron desmesuradamente. Pariel también se sorprendió al ver a aquél anciano y no le cupo ninguna duda de que el viejo sabía quién era él.

Suko: Son del planeta llamado Tierra- explicó sin notar la sorpresa del anciano- Este joven está herido y pensé que tú podrías ayudarlo.

Dlo: Claro, ven conmigo por favor- le indicó a Pariel a la vez que se levantaba y rehacía una seña para que lo siguiera.

Pariel observó a las niñas, pero Suko le aseguró que estaban a salvo en aquél lugar y que él podía ir con tranquilidad con el anciano mientras las niñas comían algo y descansaban. El joven asintió y caminó lentamente tras el anciano hasta un apartado lugar de la gruta en la que se encontraban. Una vez lejos de miradas indiscretas y seguro de que nadie podría escucharlos, el anciano se sentó en una roca y le indicó al joven que lo imitara.

Dlo: Descúbrete la herida por favor- indicó y Pariel lo hizo.

La sangre del joven había bañado completamente sus ropas y aún brotaba aunque con menor intensidad. Dlo tomó un recipiente que se encontraba al lado de la roca en la que se había sentado y sacó una pasta viscosa que puso sobre la herida del muchacho.

Dlo: Esto debería hacer que la hemorragia pare- comentó amablemente ante la expresión de dolor del chico al contacto de aquella sustancia con su herida.

Pariel: Nada hará que la hemorragia pare- susurró- La herida seguirá sangrando hasta que no me quede ni una gota de sangre en mi cuerpo y creo que eso no tardará mucho.

Dlo: Alguien ya había tratado de parar el sangrado e hizo un buen trabajo, de no ser así ya estarías muerto.

Pariel asintió pues sabía que Azrael había cubierto la herida para evitar que se desangrara antes de entregarlo a Érebo; no obstante, la hemorragia continuaba lentamente.

Dlo: ¿A dónde pensabas llevar a esas niñas?

Pariel: De regreso a su planeta- respondió con sinceridad.

Dlo: Dudo mucho que alguien pueda escapar de esta dimensión sin el consentimiento de Érebo, aún para uno de sus jueces no debe ser fácil hallar la salida sin que ella se entere.

Pariel: Entonces sí sabes quién soy. ¿Por qué me ayudaste si lo sabías?

Dlo: En el planeta Yarg, pudiste entregarme a Érebo, incluso matarme, pero no lo hiciste. Esta es mi forma de agradecerte. Aunque a decir verdad me gustaría saber qué detuvo en aquella ocasión.

Pariel: Eres sólo un anciano… No me gusta atacar a los indefensos.
El anciano sonrió por la respuesta.

Dlo: Eres un guerrero honorable. Lástima que estés del lado de la hechicera.

Pariel: Siempre pensé que le debía mi vida y que por lo tanto debía morir por ella… Ahora creo que toda mi vida ha sido un engaño… Ya no sé qué creer.

Dlo: Yo creo que sí lo sabes, si no, dudo mucho que estarías jugándote el pellejo por unas pequeñas.

Pariel: Estoy condenado con ellas o sin ellas, es lo mínimo que puedo hacer.

El anciano asintió amablemente, aunque él pensaba que había algo más de lo que el joven decía.

Dlo: ¿Cómo piensas sacarlas de este lugar?

Pariel: Hay un portal en la desembocadura del arroyo, en estos momentos está abierto hacia la Tierra y estará así hasta que la señora Érebo lo haya conquistado. Creo que puedo llegar volando hasta él en poco tiempo.

Dlo: Érebo te estará esperando allí.

Pariel: Lo sé, pero a mí no me importa quedarme en este lugar, lo único que debo hacer es distraer a Laylahel y a Azrael lo suficiente para que las niñas puedan regresar a su planeta.

Dlo: ¿Crees que ese planeta logre escapar del poder de Érebo?

Pariel: Creo que es posible porque lo protegen unos guerreros muy poderosos. No digo que les será fácil, pero ellos no se rendirán fácilmente.

El anciano ya no hizo más preguntas. Pariel dejó que las pequeñas descansaran un poco y luego les indicó que debían continuar con su camino. Suko y sus hombres trataron de impedir que se fueran, pues sabían que era casi imposible que el joven lograra lo que se proponía, pero Dlo les pidió que los dejaran en paz.

Pariel: Si siguen el cauce del arroyo llegarán en poco tiempo a su desembocadura y allí encontrarán el portal hacia la Tierra- le dijo a Dlo antes de marcharse- Si la emperatriz triunfa, el portal se cerrará y se abrirá en su siguiente objetivo, pero si algún día alguien logra derrotarla, sería bueno que estuvieran cerca de ese portal para que escaparan antes de que esta dimensión colapse. Para atravesarlo sólo nombren el planeta hacia el que debe estar abierto y no tengan miedo de saltar.

Dlo agradeció el consejo y despidió a los jóvenes viajeros.

Suko: ¿Cómo sabía eso?- preguntó en cuanto los perdieron de vista.

Dlo: Sólo lo sabe- contestó deseando que las esperanzas del joven en los guerreros de la Tierra se hicieran realidad- Quizás sea bueno acercarnos a ese portal.
Todos estuvieron de acuerdo y empezaron a prepararse para su travesía. No muy lejos, Pariel y las niñas se habían detenido a la orilla de un arroyo de aguas cristalinas.

Pariel: Vamos. Iremos volando- dijo dándoles la manos para llevarlas con él.

Bra: Yo ya sé volar- dijo firmemente.

Pan: También yo- exclamó la pequeña.

(Nota: Se supone que los guerreros Z sabían de la amenaza bajo la que se encontraba su planeta, así que supongo que algo tuvieron que enseñarles a las chiquillas, ¿no?)

Pariel: Genial, entonces vamos- comentó sin mucha emoción.

Las pequeñas lo vieron preocupadas mientras se elevaban por los aires. Las niñas no lo hacían mal, pero no podían ir a la velocidad a la que Pariel hubiera deseado, aunque siendo sincero consigo mismo, era muy difícil que él pudiera alcanzar dicha velocidad en aquellos momentos.

Volaron por varios minutos hasta que Pariel comenzó a descender lentamente y las pequeñas lo imitaron. En el lugar al que habían bajado, el cauce del arroyo se ensanchaba notablemente e iba a terminar a una enorme cascada que se precipitaba hacia un abismo negro que debía ser exageradamente profundo porque no se escuchaba dónde terminaba la caída de agua.

Pariel caminó con indecisión escudriñando la oscuridad a su alrededor pues no podía creer que nadie lo estuviera esperando allí. Aún alerta, el joven se acercó al pie del abismo.

Pariel: Soy Pariel, el guerrero de la desesperación- dijo con voz firme- Yo, Juez de la Señora Érebo, Soberana de la Dimensión de las Tinieblas y Emperatriz del Universo entero, te exijo que me muestres la Tierra.

Pan y Bra se acercaron al joven y se asomaron temerosas al abismo, pero la oscuridad total de este había sido reemplazada por la borrosa imagen de un parque de diversiones sumido en la penumbra.

Bra: ¡Es el parque de diversiones de la Capital del Oeste!- exclamó emocionada.

Pariel: Salten- susurró con voz entrecortada- Llegarán a ese lugar en cuanto lo hagan y podrán ver a sus padres de nuevo.

Las niñas lo observaron sin comprender.

Pan: Tienes que saltar con nosotras- dijo decidida.

Pariel: No puedo hacer eso, ¡¡sólo váyanse!!

Y diciendo esto el joven se volteó de prisa para tratar de frenar una poderosa esfera de energía que se dirigía hacia ellos. Pariel reunió todas sus fuerzas para desviar aquél ataque, pero cayó rendido luego de hacerlo.

Bra: ¡Trunks!- exclamó preocupada.

Pariel: ¡¡¡VÁYANSE!!!- les gritó en un tono que no permitía reproches.

Las dos pequeñas lo vieron asustadas y luego sus miradas se dirigieron a dos enmascarados que se acercaban sin prisa hacia ellos.

Pariel: ¡¡Demonios, salten de una vez!!- exclamó molesto tratando de levantarse para encarar a sus compañeros.

Las niñas lo vieron con los ojos llenos de lágrimas antes de saltar al abismo. Apenas se perdieron de vista y el abismo volvió a mostrarse oscuro, Pariel sonrió levemente.

Azrael: ¿Te das cuenta de cuánto te estimamos? Sólo porque sabemos que esa era tu última voluntad no hicimos nada por impedir que las mocosas regresaran a su hogar, pero no podemos permitir que tú te vayas también.

Pariel: No pensaba hacerlo- comentó haciendo un verdadero esfuerzo por mantenerse en pie- Sabía que vendrían por mí. Será un honor morir a manos de mis más queridos amigos.

Azrael: La Señora Érebo está un poco decepcionada de ti, Pariel, pero si le entregas la sangre que aún queda en tu cuerpo quizás puedas congraciarte de nuevo con ella, aunque dudo que le sea de gran utilidad porque ya no te queda mucha. ¿Vendrás por las buenas?

Pariel: ¿Sabes? No lo recuerdo, pero creo que sí viví en la Tierra y tuve una familia… Y mi nombre era Trunks.

Azrael: Tu nombre es Pariel, así que déjate de estupideces.

Pariel: Si yo tuve una vida diferente, creo que también ustedes la tuvieron pero alguien nos hizo olvidarla y no entiendo por qué. Supongo que eso era lo que Asbeel nos ocultaba.

Azrael: ¡¡¡Cállate!!!- gritó molesto, pero el joven pudo notar que la duda ya estaba confundiendo su mente- Yo vivo para la emperatriz Érebo y moriré por ella, así como ustedes.

Azrael se lanzó contra Pariel dispuesto a callarlo de una vez por todas, pero antes de que lograra asestarle un golpe, Laylahel lo atacó velozmente noqueándolo. Pariel la observó sin comprender cuando el cuerpo de Azrael cayó inconsciente a pocos pasos de donde se encontraba.

Pariel: ¿Qué hiciste?- le preguntó confundido a la vez que sus piernas se doblaban y él caía de rodillas.

Laylahel caminó lentamente hacia él y se quitó la máscara.

Laylahel: Yo también quiero creer que mi vida es algo más que un eterno vacío- le dijo a la vez que lo ayudaba a ponerse en pie y lo ayudaba a caminar hasta el borde del abismo- Soy Laylahel, el guerrero de la noche y te exijo que me muestres la Tierra- exclamó voz firme y el mismo paisaje al que las niñas habían saltado apareció de nuevo.

Pariel: La emperatriz te matará cuando se entere de que me ayudaste.
Laylahel: Tú y yo sabemos que por las buenas o por las malas íbamos a acabar muertos a manos de nuestra señora- se limitó a responder sonriéndole amablemente- Mejor nos vamos antes de que Azrael despierte.

Pariel: Gracias Laylahel- le dijo devolviéndole la sonrisa.

Laylahel: Me gustó cuando me llamaste Izuna.

Pariel: Izuna… gracias…- susurró débilmente.

Ambos jóvenes saltaron al abismo y luego la oscuridad volvió a reinar en aquella Dimensión tenebrosa.
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La Capital del Oeste se encontraba sumida en la más profunda oscuridad. Parecía que cada día que pasaba se llevaba algo más de la energía del planeta mientras la oscuridad parecía ir aumentando con cada minuto. Y no sólo se trataba de aquella ciudad pues la Tierra entera se encontraba en la misma situación.

La mayoría de las personas habían abandonado las ciudades, grandes y pequeñas, y trataban de buscar refugio en los campos, en donde fuera. Día con día, los repulsivos guerreros de fango llegaban en gran número a todos los rincones del planeta, no importaba cuánto trataran los terrícolas de detenerlos, era como si cada día fueran haciéndose más fuertes.

La Capital del Oeste se encontraba casi completamente desierta. Sólo pocas personas no se habían atrevido a dejar sus hogares. La Corporación Cápsula era uno de los pocos lugares de la ciudad que aún se encontraba habitado. En el refugio construido bajo el suelo del imponente edificio, un buen número de terrícolas (y algunos cuantos extraterrestres) se encontraban reunidos. En un rincón, una mujer de ojos y cabellos azules observaba en silencio a algunas familias a las que les había dado asilo; se sentía vacía, sus ojos ya no tenían más lágrimas y sentía que ya nada tenía sentido. Una mujer de cabellos negros se acercó lentamente a ella y se sentó a su lado a la vez que le ofrecía una taza humeante.

Milk: Toma esto, te hará sentir mejor- le ofreció amablemente.

Bulma: ¿De verdad crees que algo me hará sentir mejor en estos momentos?- preguntó con tristeza.

Milk: Goku y los demás encontrarán el modo de acabar con todo esto.

Bulma: Llevo 9 años deseando eso mismo con todo el corazón… creo que ya empiezo a perder las esperanzas.

Milk observó preocupada a su amiga sin saber qué decir; ella también se sentía angustiada por todo lo que estaba pasando y deseaba que de verdad todo acabara bien pero había una vocecita en su interior que parecía creer que no volvería a ver a su nieta.
En la terraza de la Corporación Cápsula, mientras tanto, dos jóvenes hermanos escudriñaban la oscuridad.

Goten: Pan estará bien- murmuró tímidamente al ver el estado en el que su hermano se encontraba.

Gohan observó al muchacho y le sonrió agradecido por el comentario, aunque por dentro se sentía completamente devastado. Un namekusei lo observaba en silencio desde el interior del edificio, quería demostrarle su apoyo pero no sabía cómo hacerlo. De pronto, sus pensamientos fueron interrumpidos por la súbita aparición de 3 personas.

Goku: ¡Hola! Ya regresamos- saludó.

Gohan, Goten y Picolo se acercaron de prisa a los recién llegados. Las miradas de todos estaban fijas en una anciana de cabellos rosas que flotaba sobre una bola de cristal.

Picolo: ¡Uranai Baba!- exclamó sorprendido.

Goku: Los Supremos Kaioh Samas dijeron que ellos no tenían poder sobre la Dimensión de las Tinieblas, tampoco Dende ni Shenlong pueden hacer nada, pero pensamos que quizás Uranai Baba pueda abrir un camino hacia ese lugar.

Gohan: ¿Es cierto Uranai Baba? ¿Puede hacer eso?- inquirió con ansias.

Uranai Baba: En realidad, dudo mucho que pueda hacer algo, pero supongo que debo intentarlo al menos. Vamos abajo, necesito más espacio- comentó a la vez que se dirigía a los jardines de la Corporación Cápsula seguida por los demás.

Cinco guerreros se encontraban reunidos alrededor de la anciana hechicera mientras ella le decía algunas palabras a su bola de cristal. Todos pudieron ver asombrados un oscuro desierto que empezaba a verse en la esfera de la anciana. Riscos, abismos, un arroyo de aguas cristalinas que parecía provenir de debajo de un imponente palacio de piedra negra. La imagen de la esfera mostró luego el interior de aquél palacio: largos y oscuros pasillos que se continuaban sin cesar hasta llegar a una enorme puerta; tras ella, se encontraba lo que parecía la sala del trono, el cual se encontraba cubierto por un velo negro que se abrió lentamente… Uranai Baba emitió un grito y la imagen de la bola de cristal desapareció de inmediato.

Uranai Baba: Lo siento, esa hechicera es más poderosa que yo. Notó que observábamos su reino… No puedo hacer nada.

Los guerreros se sintieron decepcionados al escuchar aquello. Gohan se dejó caer y golpeó el suelo con sus puños, mientras que Vegeta profería una maldición y apretaba sus puños fuertemente. Goku, Picolo y Goten los vieron con pesar, pero de pronto Picolo volvió la cabeza hacia las oscuras calles de la ciudad.

Goku: ¿Pasa algo Picolo?

Picolo: ¡No puede ser!- exclamó visiblemente sorprendido- Son ellas.

A Gohan se le iluminó la mirada y de inmediato volvió la mirada hacia donde su antiguo maestro veía. Por unos segundos no pudo ver nada, pero en eso, entre las sombras, pudo distinguir dos pequeñas siluetas que corrían hacia donde ellos se encontraban.

Gohan: ¡¡¡PAN!!!- exclamó feliz a la vez que de dirigía hacia su hija.

Pan: ¡¡¡PAPÁ!!!- exclamó ella corriendo hacia los brazos de su padre.

Gohan la levantó y la estrechó contra sí sin acabar de comprender lo que había ocurrido. Al mismo tiempo, Bra corrió a su papá, pero se detuvo a unos cuantos pasos de él. Vegeta se hincó y sujetó suavemente su rostro como comprobando que no estaba soñando.

Vegeta: Bra- susurró ahogadamente- ¿Estás bien? ¿Cómo…?

Bra: Trunks nos sacó de ese lugar, papá- explicó la chiquilla con lágrimas en los ojos sorprendiendo a todos con la noticia- ¡Lo atacaron!- gimió sin controlar el llanto- No les importó que estaba herido…-

La alegría se esfumó de inmediato de los rostros de los guerreros.

Goku: Será mejor llevar a las niñas adentro- opinó seriamente y todos estuvieron de acuerdo.

Una vez en el refugio, las pequeñas fueron recibidas con gran felicidad por parte de sus madres y de todos sus amigos. Ninguna de las dos niñas podía parar de llorar ni tampoco sus mamás, que no dejaban de estrecharlas como si temieran perderlas de nuevo. Los abuelos de las pequeñas también lloraban de felicidad de que ellas hubieran regresado con bien pues con el paso de las horas todos habían temido lo peor.

Todos aún se encontraban festejando alegremente cuando Boo se puso se pie bruscamente llamando la atención de todos.

Boo: Alguien se acerca- dijo seriamente.

Goku y los demás trataron de distinguir la presencia de la que Boo hablaba pero les tomó algunos segundos descubrirla.

Gohan: Ese es el ki de Laylahel- comentó preocupado- Pero no viene sola, hay otra presencia con ella.

Picolo: Una presencia que se debilita rápidamente- agregó preocupado.

Vegeta salió de prisa del refugio y todos lo imitaron, incluso Pan y Bra pese a las objeciones de sus mamás. Prácticamente corrieron hasta llegar a la terraza del edificio, pero se detuvieron sorprendidos ante una esbelta silueta que sujetaba con cuidado a un joven que ya no podía ni mantenerse en pie.

Bulma: ¡¡¡Trunks!!!- exclamó angustiada al ver el estado en el que su hijo se encontraba.
Vegeta se acercó a los jóvenes y Laylahel le cedió a su amigo. Bulma se acercó al joven, pero él apenas y podía mantener sus ojos abiertos. La mirada de la mujer se topó con los hermosos ojos lilas de Laylahel y la joven entendió que le pedía una explicación, pero no había una forma fácil de decirlo.

Laylahel: Se está muriendo- susurró con pesar- Se ha desangrado casi por completo.

Gohan: ¿Por qué no hicieron algo?- le reprochó a la joven.

Laylahel: No había nada que pudiéramos hacer. Las heridas que produce la espada de Asbeel no cierran nunca. Azrael quería entregárselo a la Emperatriz… yo no pude hacerlo.

Bulma apremió a Vegeta a llevar a su hijo al refugio para que descansara pero las miradas de todos aún estaban fijas en la joven vestida de negro que seguía de pie en la terraza.

Bulma: ¿Por qué no pasas tú también?- le ofreció amablemente.

#18: ¡¿Estás loca?! Es uno de los jueces de Érebo, no podemos confiar en ella. Tu propio hijo fue capaz de delatarnos ante esa hechicera, ¿crees que esta joven dudará en hacerlo?

Laylahel: ¡¡¡Eso es mentira!!!- exclamó molesta- ¡Él nunca los traicionó! Salió de aquí para evitar que lo rastreáramos hasta ustedes, sólo que Asbeel siempre supo dónde se encontraban.

Goten: ¿Siempre supieron dónde estábamos?

Bulma: Hablemos de eso adentro, no aquí- dijo seriamente mientras Vegeta se perdía de vista llevando a Trunks hacia el refugio.

Nadie se opuso y todos caminaron de regreso al refugio. Vegeta colocó con cuidado el cuerpo de su hijo en un camastro que se encontraba en un rincón del refugio y lo observó en silencio, era fácil notar que no le quedaba mucho tiempo de vida pues su rostro estaba terriblemente pálido y respiraba con dificultad. Como sintiendo su mirada, el joven abrió sus ojos y lo observó en silencio.

Pariel: ¿El príncipe de los saiyaijin puede preocuparse por alguien que no sea él mismo?- preguntó débilmente al notar la expresión con la que el saiya lo observaba.

Vegeta: Es una mala costumbre que adquirí en este planeta- contestó secamente pero viéndolo preocupado.

Pariel cerró sus ojos, sentía su cuerpo muy pesado. Goku y los demás se le acercaron en silencio seguidos por Laylahel. Todos veían preocupados el estado en el que el joven se encontraba. Bulma se sentó a su lado y acarició su mano con cuidado, pero él no pareció notarlo.

Gohan: Si no hacemos algo por ayudarlo, morirá.

Laylahel: No hay nada que puedan hacer. Esa herida no cerrará, no importa lo que hagan.

Mr. Satán: Quizás Boo pueda hacer algo- comentó tímidamente- Él puede sanar incluso a personas al borde de la muerte.

Goku: ¡Cierto! Por favor Majin Boo, ¿tú puedes cerrar esa herida?- le preguntó ansioso al rechoncho demonio.

Boo prometió intentarlo y puso sus manos sobre la herida en el hombro del chico que Gohan había dejado al descubierto con cuidado, concentró su energía y puso manos a la obra. Todos estaban pendientes de lo que ocurría. Por algunos segundos no pasó nada, pero luego, el cuerpo del muchacho se puso completamente rígido y luego se movió bruscamente como si estuviera a punto de convulsionarse.

Gohan: ¿Qué ocurre?- preguntó preocupado ante aquella reacción.

Sin embargo, Boo no pudo contestar. Por el rostro del ser rosado era evidente que él quería alejarse del joven pero no podía hacerlo. Mientras, el cuerpo de Pariel se movía de una forma escalofriante: sus brazos y piernas se retorcían y su tronco estaba rígido y se curvaba ligeramente hacia arriba.

Bulma: ¡Basta! ¡Por favor detente!- le pidió a Majin Boo mientras su hijo sufría aquellos terribles espasmos.

Majin Boo trataba desesperadamente de quitar sus manos de la herida del joven, pero era como si una fuerza invisible lo atara a él. Su energía seguía fluyendo hacia el chico haciendo que se contorsionara de dolor. La herida seguía abierta y de pronto, Boo comprendió lo que pasaba.

Boo: Una fuerza me impide llegar a él- dijo aún sin poder despegarse del joven- Es como si una barrera de energía lo cubriera-

Laylahel: Debe ser la Emperatriz… Lo dejará morir- musitó angustiada.

Gohan: ¡¿Qué dices?! ¡Debe haber algo que se pueda hacer!

Boo: Si aumento mi energía, quizás pueda atravesar esa barrera.

Picolo: Si haces eso, podrías matarlo.

Goku: Si no logra vencer esa barrera, Trunks morirá de cualquier forma.

Boo observaba a uno y a otro de los presentes esperando una respuesta. Vegeta y Bulma intercambiaron miradas.

Vegeta: Hazlo- exclamó secamente y Bulma asintió con el rostro.

Boo concentró más su energía y la descargó sobre la herida del chico. Hubo un resplandor y luego la herida se cerró. El cuerpo de Pariel se sacudió por última vez y cayó completamente desfallecido sobre el lecho en el que se encontraba. Los guerreros y sus familias vieron la escena sin comprender cuál sería el desenlace. Bulma se acercó al joven y acarició sus cabellos y su rostro con delicadeza.

Bulma: Trunks- lo llamó suavemente al notar que abría sus ojos.

El muchacho la observó confundido y luego su mirada fue recorriendo al resto de los que estaban reunidos a su alrededor. Aún sin haber dicho una palabra, el joven cerró sus ojos ante las atentas miradas de sus amigos.
Gohan: Sólo se quedó dormido- les informó a sus amigos tras sentir el pulso del joven.

Bra: ¿Va a estar bien?- preguntó preocupada.

Bulma: Claro, ya verás que sí.

Gohan se quedó vigilando el estado del joven mientras que los demás se preparaban para tratar de descansar. Bulma fue a acostar a su hija y prometió no tardar. La única que se quedó cerca de los primogénitos de Goku y Vegeta fue la hermosa joven de negro, quien no dejaba de mirar alternativamente a las personas que se encontraban en el refugio y a su amigo que dormía profundamente.

Gohan estaba observando a la joven y le sorprendió bastante notar que su mirada ya no era tan fría como cuando habían combatido, al contrario, en ese preciso momento lucía enternecida mientras veía a su camarada. Al sentir su mirada, la chica se le quedó viendo fijamente, pero sin que aquella frialdad que Gohan había podido apreciar con anterioridad apareciera de nuevo.

Laylahel: ¿Se puede saber por qué te me quedas viendo de esa forma?- le preguntó seriamente.

Gohan: Te preocupas mucho por él- respondió dirigiendo su vista hacia el chico que descansaba-No pensé que te importara tanto, es decir… Siendo guerreros de una despiadada hechicera…

Laylahel: Fuimos entrenados para ser los mejores guerreros: calculadores, fuertes, veloces… Pero creo que nunca logramos ser tan fríos como nuestra señora lo deseaba. A Ella nunca le agradó que Azrael, Pariel y yo fuéramos tan unidos. Decía que preocuparse por otros nos hace débiles.

Gohan: ¿Y tú crees eso?

Laylahel: No estoy segura, pero sé que no puedo evitar preocuparme por Pariel y por Azrael, y sé que ellos también se preocupan por mí- La joven sonrió levemente antes de continuar- Siempre hemos hecho todo juntos y estoy segura de que en el fondo, Azrael tampoco deseaba cumplir con la orden de la emperatriz.

Gohan observó a la joven mientras ella seguía viendo con atención a Pariel.

Laylahel: Nunca lo había visto dormir tan tranquilamente- comentó a la vez que una dulce sonrisa curvaba sus labios pero esa expresión tranquila fue rápidamente remplazada por un gesto de preocupación- No puedo seguir aquí-

Gohan: ¿Por qué no?

Laylahel: La señora Érebo no se quedará tranquila ahora que Pariel y yo la hemos desobedecido. Vendrá por nosotros en cualquier momento.

Gohan: Puedes estar seguro de que si eso ocurre nosotros los defenderemos… a ambos.

La joven observó agradecida al saiyaijin.

Laylahel: Ustedes no tienen idea del poder de nuestra señora.

Gohan: Y ustedes aún no nos han visto combatir en serio- comentó seriamente.

Ella estaba por debatirle algo, pero justo en ese momento Pariel comenzó a moverse y finalmente abrió sus ojos.

Pariel: I… zu… na- susurró débilmente y Laylahel se acercó a él.

Laylahel: Aquí estoy, ¿cómo te sientes?- le preguntó dulcemente.

El joven volvió a cerrar sus ojos lentamente, pero ahora una triste sonrisa había aparecido en su rostro.

Pariel: La emperatriz… Asbeel…

Laylahel: Tranquilo, no te esfuerces. Todo estará bien.

Pariel: No… S…Sa…ga…

De nuevo el cansancio superó al joven y tanto Gohan como Laylahel lo veían sin comprender.

Gohan: ¿Qué quiso decir?

Ella se encogió de hombros, pero de pronto unos recuerdos fugaces llegaron a su mente:

Dos niños, un niño y una niña, caminaban agotados por la rivera de un arroyo en medio de sombras cuando un enorme monstruo apareció frente a ellos. Era como un gigantesco reptil negro, con unas fauces descomunales que dejaban ver un buen número de afilados colmillos. Pese a que ambos pequeños estaban agotados, sus movimientos aún conservaban la agilidad que habían adquirido ya en su temprana infancia. La enorme criatura parecía dispuesta a devorarlos y los seguía insistentemente. Fue muy tarde cuando notaron que aquél ser no tenía una, sino dos largas colas que movía como látigos y con las cuales logró derribarlos.

La niña gritó al ver las fauces abiertas que se dirigían a ellos mientras el pequeño trataba en vano de controlar su miedo para hallar una forma de escapar. Pero justo cuando todo parecía perdido, lo que parecía una ráfaga de fuego impactó justo en el cuerpo del monstruo arrojándolo lejos. Nuevos rayos luminosos llenaron el ambiente hasta que la criatura finalmente se alejó derrotada.

Los dos infantes buscaron entre las sombras a quien los había ayudado y vieron a otro chico de aproximadamente su misma edad que respiraba agitadamente tratando de recuperarse por la gran cantidad de energía que había tenido que utilizar. Pese a su evidente fatiga, al verlos levantarse casi ilesos, el chico les sonrió abiertamente…

Gohan: ¡¿Estás bien?!- inquirió angustiado al notar la palidez del rostro de la chica- ¿Qué fue lo que pasó?

Laylahel: Creo que recordé algo- respondió aún confundida- Nunca había podido recordar cómo nos habíamos conocido ellos y yo- explicó refiriéndose a sus amigos- Siempre pensamos que la señora Érebo nos había dado la vida, pero no fue así… Éramos unos niños cuando nos conocimos por primera vez… Pero algo cambió y cuando volvimos a reunirnos… ya éramos los jueces de la emperatriz…

Gohan: ¿Quieres decir que tú y Azrael también fueron separados de sus familias al igual que Trunks?

Laylahel: No estoy segura… No lo recuerdo- contestó sujetando su cabeza- Estoy confundida… ¡¿Por qué nos mintieron?!- exclamó angustiada- ¡¿Por qué?! ¡¿Qué hicimos nosotros para que nos hicieran esto?!

El saiya vio con pena a la joven, cuyos ojos se llenaban rápidamente de lágrimas.

Gohan: Tu nombre es Izuna, ¿verdad?

Laylahel: No lo sé…

Gohan: Tienes que tratar de recordarlo, no puedes permitir que te controlen por más tiempo. Antes de ser Pariel, Trunks vivía en este planeta y del mismo modo, antes de ser Laylahel, tú tuviste una vida diferente y creo que tu nombre era Izuna, por eso Trunks te llamó así.

Laylahel: Izuna… ¿Yo era Izuna? Pero yo soy Laylahel, el guerrero de la noche… Yo soy uno de los jueces de Érebo, como Pariel y como…

Gohan: ¿Cómo Azrael? ¿Recuerdas algo de él?

Laylahel: No estoy segura- respondió sentándose en el suelo- Ya no sé nada…

El saiya comprendió lo difícil que aquella situación resultaba para la joven, así que la dejó a solas por unos momentos mientras él iba a ver cómo se encontraba su familia. Apenas se perdió de vista, Laylahel se acercó a Pariel y tomó su mano con cuidado.

Laylahel: ¿Qué fue lo que nos hicieron hermanito?- le preguntó dulcemente- ¿Qué fue lo que les pasó a Trunks, a Izuna… y a Saga…?

Email de la autora: ophaniel_27@yahoo.com.mx

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