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Capítulo 5
Un niño caminaba con dificultad en medio
de la oscuridad por la orilla de un arroyo de aguas
cristalinas. A pesar de la ausencia de luz, el pequeño
ya no tropezaba tan seguido, era como si sus ojos
se fueran acostumbrando a aquellas penumbras con cada
día que pasaba en aquel lugar; no obstante,
sus piernas, brazos y manos estaban cubiertos por
las heridas que se habían hecho en sus continuas
caídas de los días anteriores.
¿Cuánto tiempo llevaba vagando en
aquél sitio? A él le parecía
que habían pasado años pero no estaba
seguro, quizás sólo hubieran pasado
algunos días o semanas, era difícil
saberlo en un lugar en el que el día y la noche
eran prácticamente iguales.
El infante se sentía desfallecer por el cansancio
y el hambre; se había estado alimentando con
pequeños frutos y semillas que se encontraban
cerca del cauce del río, pero esas miserables
raciones sólo parecían producirle más
hambre y de no haber encontrado aquél arroyo
sin duda habría muerto desde hacía días,
aunque ahora se preguntaba si no hubiera sido mejor
morir
De pronto, el silencio perpetuo que reinaba en aquél
paraje fue roto por unos sollozos. Por unos instantes,
el niño pensó que estaba enloqueciendo,
pues hacía días que no había
escuchado ni el más leve susurro, pero pronto
entendió que no se trataban de alucinaciones
y el deseo de encontrarse con otro ser vivo le dio
ánimos para correr a su encuentro.
Siguiendo el sonido de los sollozos, el pequeño
no tardó en encontrar a la persona que lloraba,
era una niña un poco mayor que él que
se encontraba acurrucada contra una piedra no muy
lejos del arroyo que él había estado
siguiendo por días y días. El niño
la observó unos segundos tratando de identificar
si en verdad aquella chica no era sólo un producto
de su imaginación. Como sintiendo la mirada
que la observaba, la pequeña volteó
a mirar al recién llegado y su cara de sorpresa
dejó en claro que ella tampoco había
visto a otra persona en mucho tiempo.
Niño: ¿Estás bien?- le preguntó
amablemente y su voz le pareció un tanto fantasmal
por el tiempo que llevaba sin usarla.
La niña no respondió, simplemente
se le quedó observando; su llanto había
parado, pero sus ojos aún se encontraban húmedos
por las lágrimas.
Niña: ¿Eres real?- le dijo finalmente-
¿De verdad eres real? ¿No estoy viendo
cosas?
El pequeño sonrió levemente al comprender
que ambos habían pensado lo mismo.
Niño: Soy real, tan real como tú, creo.
Yo pensaba que tú eras un producto de mi imaginación.
La niña también sonrió levemente.
Ella también llevaba ya muchos días
vagando sin rumbo por aquél mundo oscuro y
para ambos pequeños era reconfortante encontrarse
con alguien más.
Niño: ¿Cómo te llamas?
Niña: Izuna
-Izuna- susurró débilmente el joven
cuando recobró el sentido. Se sentía
mareado y tenía náuseas; en su hombro,
sentía claramente su tibia sangre brotar sin
descanso, aunque en menor medida que cuando había
perdido el conocimiento. Un ligero aire hacía
que sus cabellos se agitaran y le tomó unos
instantes comprender que esto se debía a que
se encontraba volando a gran velocidad.
Azrael: ¿Al fin despiertas?- le preguntó
al joven que llevaba a cuestas- Ya era hora.
Pariel trató de moverse pero Azrael lo sujetaba
con fuerza para evitar que cayera. Podía sentir
la presencia de Laylahel a un lado y la de Asbeel
un poco atrás de ellos, también podía
escuchar los sollozos de unas niñas.
Pariel: ¿Quién está llorando?-
preguntó débilmente.
Azrael: Unas mocosas que Asbeel trajo de la Tierra.
Creo que espera que la señora Érebo
perdone lo que hizo ofreciéndole sus vidas.
Pariel recordó vagamente a una pequeña
de ojos azules que le había preguntado si él
era su hermano.
Pariel: ¿Para qué las querría
la Emperatriz?
Azrael: No creo que le sirvan de nada, pero el imbécil
de Asbeel está desesperado por encontrar un
modo de salvarse del castigo que le espera. Supongo
que las abandonará aquí en la Dimensión
de las Tinieblas para que mueran.
Pariel: Son sólo unas niñas.
Laylahel: Será mejor que ya no hables- le
dijo amablemente- Tienes que tratar de conservar energías.
Pariel: Cierto, debo conservar las energías
que pueda para que le sean de utilidad a la señora
Érebo- comentó con amargura.
Azrael: Estás condenado a morir por la herida
que Asbeel te hizo, tú lo sabes. Lo menos que
puedes hacer es entregarle tu sangre a la emperatriz
para que ella cumpla sus planes.
Pariel: Destruirá la Tierra.
Azrael: ¡¿Qué demonios te pasa?!
¿Desde cuándo tú te preocupas
porque un planeta insignificante sea destruido?
Pariel: Creo que yo nací en ese planeta
Azrael: No digas tonterías, nosotros pertenecemos
a esta dimensión.
Pariel: Tengo una familia en la Tierra- continuó
sin prestarle atención a su compañero.
Azrael: ¡No seas necio! Nosotros somos tu única
familia. No teníamos nada y nuestra Señora
nos lo dio todo. Vivimos por Ella y debemos morir
por Ella también.
Pariel: La niña que trae Asbeel
dijo
que éramos hermanos.
Esta vez Azrael se detuvo ante lo que Pariel había
dicho y Laylahel lo imitó, segundos después,
Asbeel también se detuvo al ver que los jóvenes
no avanzaban.
Asbeel: ¡¿Qué se supone que hacen?!
¡Tenemos que presentarnos ante nuestra Reina
lo antes posible!
Azrael: Dime algo Asbeel, ¿por qué
tomaste a esas chiquillas?
Asbeel se quedó mudo ante la pregunta.
Azrael: Me pareció que fue a esa niña
a la que trataste de apuñalar con tu espada,
¿o me equivoco?- agregó señalando
a la pequeña de ojos azules- ¿Por qué
tienes tanto interés en ella?
Asbeel: Los terrícolas trataron de confundir
a Pariel para que no cumpliera con su misión,
debían ser eliminados.
Azrael: ¡¡Es una niña!! ¡¿Te
parece que una mocosa es un peligro para uno de nosotros?!
Mientras ellos discutían, Laylahel tomó
el cuerpo de Pariel para que Azrael pudiera hacerle
frente al pelirrojo sin problemas. La joven se pasó
el brazo de su compañero sobre su cuello y
lo sostuvo con cuidado aún flotando. Pariel
aprovechó la discusión entre Azrael
y Asbeel para acercar sus labios al oído de
Laylahel.
Pariel: Tengo que regresar a esa niñas a la
Tierra- le susurró al oído- Por favor
ayúdame a lograrlo.
Laylahel se hizo de oídos sordos ante la
petición que acababan de hacerle pues sabía
que representaba una grave peligro realizar lo que
su camarada pedía.
Pariel: Por favor- le susurró suplicante-
Ayúdame
Izuna.
La joven respiró agitadamente al escuchar
aquél nombre que le resultaba vagamente familia,
pero antes de que pudiera decir algo, Azrael golpeó
con furia a Asbeel haciendo que ella regresara bruscamente
a la realidad.
Azrael: ¡Desgraciado! ¿Por qué
le das tantas vueltas al asunto? ¿Qué
es lo que estás ocultando?
Asbeel cayó al suelo por el golpe que acababa
de recibir y las pequeñas que llevaba con él
gritaron asustadas al caer también. Azrael
estaba furioso, no entendía por qué
Asbeel había actuado como lo había hecho
y luego estaba lo que había dicho Pariel
¿acaso era posible que esa mocosa y su compañero
de verdad fueran hermanos? De ser así, Asbeel
tendría razones suficientes para querer eliminarla
pues ellos descubrirían que los habían
engañado, si Pariel tenía familia, él
y Laylahel también debían tenerla. Sin
pensarlo dos veces, el joven descendió velozmente
y pisó la cabeza de Asbeel apretándola
contra el suelo.
Azrael: ¡Habla infeliz! ¿Qué es
lo que ocultas? ¿Por qué tanto interés
por una mocosa?
Asbeel: Es un presente para mi Señora- gimió
tratando de librarse del joven.
Azrael: ¿Desde cuando la emperatriz pide niños
a los jueces? Ese es trabajo de sus mensajeros y la
Tierra ya había dado su tributo, ¡tú
lo sabes perfectamente!- gritó a la vez que
apretaba más la cabeza de Asbeel con su pie.
Laylahel: ¡¡Basta!! ¡Vas a matarlo!-
exclamó asustada descendiendo con Pariel al
lado de su otro compañero.
Azrael: ¡Bien merecido se lo tiene! ¡Nos
está ocultando algo!
Laylahel dejó a Pariel en el suelo y se acercó
a Azrael para tratar de detenerlo. Pariel se despojó
de la máscara que aún cubría
su rostro y buscó a las niñas entre
la oscuridad. Ambas estaban a unos cuantos pasos de
él, habían sufrido una gran caída,
pero sin duda la sangre de guerrero que corría
en sus venas había impedido que se mataran
porque ambas parecían estar sólo desmayadas.
En medio del alboroto que se había creado
entre sus compañeros, Pariel tomó a
ambas pequeñas y reuniendo todas sus energías
se elevó por los aires y se alejó a
toda velocidad. Azrael y Laylahel se quedaron atónitos
al entender lo que acababa de ocurrir.
Azrael: ¡¿Qué se supone que hace?!-
exclamó mientras Pariel se perdía de
vista.
Laylahel: Quiere regresar a esas chiquillas a la
Tierra- explicó sorprendida- Azrael, ¡hay
que encontrarlo! ¡No le queda mucho tiempo de
vida!- agregó angustiada.
Azrael: Tienes razón, hay que llevarlo aún
con vida ante la emperatriz- exclamó a la vez
que emprendía la persecución tras su
colega.
Laylahel observó cómo Azrael empezaba
a perderse de vista siguiendo el mismo camino que
Pariel. Asbeel había quedado inconsciente en
el suelo y la joven se le acercó viéndolo
con repulsión.
Laylahel: ¿Qué es lo que ocultas desgraciado?-
le dijo propinándole una patada en un costado.
Ella se quedó ahí en medio de la nada,
sumida en la oscuridad eterna. Su mente estaba confundida,
sabía que tenía que entregar a Pariel
ante su reina, pero no deseaba hacerlo, él
y Azrael eran como sus hermanos y siempre se habían
llevado muy bien, protegiéndose unos a otros
y siempre dispuestos a ayudarse. ¡No podía
hacerlo!
Laylahel: Izuna- susurró confundida- ¿Por
qué ese nombre se me hace tan familiar?
Laylahel sentía que su cabeza le dolía
terriblemente y podía recordar recuerdos borrosos
de lugares en los que no se acordaba haber estado
antes.
Laylahel: ¡¿Qué rayos me está
pasando?!- exclamó molesta antes de salir volando
tras sus compañeros.
Pariel, mientras tanto, se alejó lo más
que pudo a la mayor velocidad que su cuerpo le permitía
en el estado en el que se encontraba. Sabía
que a sus compañeros no les tomaría
mucho tiempo hallarlo si permanecía volando,
pero por el suelo les sería más difícil
hallarlo, sobre todo si se internaba entre unos acantilados
que él conocía no muy lejos de donde
se encontraba. Estaba cansado y algo mareado por la
pérdida de sangre, pero hizo acopio de toda
su fortaleza y pronto se encontraba sobrevolando algunos
riscos de piedras negras entre los que se abrían
profundos abismos rocosos. Sin pensarlo mucho, Pariel
descendió y se ocultó entre las rocas
que cubrían el suelo del lugar. No pasó
mucho tiempo antes de que Azrael pasara a toda velocidad
sobre su escondite, pero al parecer no había
notado que él había descendido así
que se mantuvo oculto entre las sombras.
Pariel aún escudriñaba el cielo en
busca de sus camaradas cuando escuchó que las
niñas se quejaban levemente mientras despertaban.
El joven las observó en silencio, él
sabía que aún con los ojos completamente
abiertos las pequeñas no podrían verlo
fácilmente.
Pariel: No hagan ruido- susurró en tono autoritario-
Tienen que permanecer calladas.
Bra: ¿Dónde estamos?- murmuró
tratando de no llorar por el temor que le producía
aquél sitio.
Pariel: Ésta es la Dimensión de las
Tinieblas, el reino de la señora Érebo.
Bra: ¿Estás bien?- inquirió
preocupada al notar que el joven respiraba entrecortadamente.
Pariel: Sólo tengo una pequeña herida.
Pan: Te hirieron con una espada- gimió asustada.
Pariel: Estoy bien, sólo guarden silencio
o nos descubrirán.
No había terminado de decir esa frase cuando
Laylahel pasó volando sobre ellos. Las pequeñas
contuvieron la respiración mientras el rastro
dejado por el ki de la joven desaparecía en
el cielo oscuro.
Pan: Quiero ir a casa- sollozó.
Pariel: Les prometo que las llevaré de regreso.
Vamos- dijo tendiéndoles la mano a las niñas-
No podremos volar por el momento, así que será
mejor darnos prisa.
Los 3 empezaron a caminar lentamente por el abrupto
terreno. Pariel guiaba a las pequeñas para
que ellas supieran donde debían pisar para
evitar caer, no era algo sencillo para ellas caminar
en la oscuridad por un terreno tan hostil y aún
para Pariel era bastante fatigoso por la gravedad
de su herida, por más que trataba de no darle
importancia.
Caminaron durante horas así. Azrael y Laylahel
sobrevolaron el lugar de nuevo, pero debido al relieve
de la zona y a la gran cantidad de rocas no pudieron
verlos, aunque su sola presencia bastó para
que los 3 contuvieran el aliento hasta que los jueces
de Érebo hubieran desaparecido de su vista.
Poco a poco se iban quedando sin energía, pero
Pariel sabía que no podían detenerse,
no sabía cuánto tiempo más aguantaría,
pero estaba decidido a no morir hasta regresar a las
niñas con sus respectivos padres.
Mientras caminaban con dificultad, Pan tropezó
y fue caer entre las afiladas piedras lo cual la hizo
llorar. Pariel se fue sobre ella rápidamente
y le tapó la boca.
Pariel: Está prohibido llorar- le dijo secamente
haciendo que la niña callara por el susto-
Cualquiera podría oírnos ante el menor
ruido, por eso hay que permanecer callados- susurró
tratando de suavizar el tono de su voz.
Bra: ¿A quiénes te refieres al decir
"cualquiera"?- susurró preocupada.
Pariel: Será mejor que sigamos- se limitó
a responder seriamente.
El joven sabía que la Dimensión de
las Tinieblas era habitada por una infinidad de criaturas,
la mayoría verdaderamente espeluznantes, pero
sabía que asustar a las niñas con la
verdad no haría su travesía más
sencilla. Sin embargo, lo que el joven no sabía,
aunque sí lo temía, era que el llanto
de la pequeña Pan sí había sido
escuchado en aquel lugar oscuro y desolado.
Mientras los 3 agotados caminantes continuaban con
su viaje, un grupo de criaturas los observaba ocultos
entre las sombras. Pariel notó su presencia
de inmediato, eran unos 10 solamente, pero el joven
no estaba en las mejores condiciones para hacerles
frente, cada paso que daba lo hacía tambalearse
y cada vez era más difícil para él
mantenerse en pie. Él observó a las
niñas que a su vez trataban de ubicarlo en
la penumbra sin entender por qué se habían
detenido, Pariel sabía que si él moría,
ellas nunca más verían la luz de nuevo.
Bra: ¿Qué ocurre?- preguntó
asustada.
Pariel: Nada, continuemos.
¿Qué más podía hacer?
Si los que los observaban no los atacaban quizás
pudieran llegar a su objetivo, pero si eran atacados
Al menos moriría combatiendo.
Pariel animó a las niñas a seguir
avanzando. Por algunos minutos, los seres que los
rodeaban no se movieron, pero justo cuando ellos estaban
por salir al fin de la zona de acantilados, aquellos
misteriosos observadores les salieron al encuentro
y el joven se puso de inmediato a la defensiva.
-¡No te muevas!- le dijo con voz dominante
uno de los agresores.
Las niñas gritaron al verse rodeadas por
aquellos desconocidos y se acercaron a su joven guía
en busca de su protección. Pariel simplemente
esperaba que sus agresores hicieran un movimiento
para empezar el ataque, pero eso no pasó, pues
todos empezaron a murmurar desconcertados al escuchar
las voces de las pequeñas.
-¿Quiénes son ustedes?- les dijo el
mismo sujeto que había hablado con anterioridad.
Pariel: Lo mismo te pregunto- respondió secamente.
El joven podía ver a sus agresores con más
claridad de la que evidentemente ellos podían,
lo que indicaba que aquellos sujetos no eran originarios
de la Dimensión de las Tinieblas. Ahora que
los distinguía mejor, Pariel entendió
que sin duda eran algunos de los prisioneros de guerra
que Érebo solía enviar a sus dominios
para castigarlos.
Pariel: ¿De qué planeta son ustedes?-
les preguntó haciendo un esfuerzo por no desfallecer
por el dolor que la herida en su hombro le producía.
Hombre: Algunos somos del planeta Yarg, otros de
Orgen y algunos más de Ethiw.
Pariel reconoció de inmediato los nombres
de los planetas, pues había sido él
con Azrael y Laylahel los que habían enviado
a aquellos desgraciados a la Dimensión en la
que se encontraban. Habían sido los planetas
que habían intentado rebelarse contra la autoridad
de Érebo y sin duda, aquellos que tenía
enfrente eran los líderes de dichos movimientos
rebeldes.
Hombre: ¿También son prisioneros de
Érebo?
Pariel sabía que si alguno lo reconocía
a él no dudarían en matarlo y quizás
no hubiera mucho que él pudiera hacer para
evitarlo, pero no deseaba morir antes de cumplir la
promesa que les había hecho a las niñas.
Pariel: Sí- respondió sintiéndose
como un cobarde por mentir para conservar su vida.
Hombre: ¿De qué planeta vienen?
Pariel: De la Tierra.
Los compañeros de ese sujeto los habían
estado apuntando desde el inicio con rudimentarias
lanzas, pero ahora finalmente dejaban de mostrarse
agresivos contra ellos.
Hombre: Entonces no somos enemigos. Mi nombre es
Suko. ¿Cómo te llamas?
Pariel se quedó callado pues decir su nombre
era precipitar su muerte, pero no estaba dispuesto
a seguir mintiendo por su vida.
Bra: ¿Trunks?- le susurró al joven
entendiendo lo que el joven pensaba y dándole
una respuesta a sus dudas.
El joven observó a la niña, lo cierto
era que cualquiera cosa que hiciera no prolongaría
mucho su vida, pero al menos debía lograr que
ambas pequeñas salieran de aquella dimensión
y estaba dispuesto incluso a mentir por ellas.
Suko: ¿Ese es tu nombre?- insistió
ante el silencio del joven.
Pariel: Sí- susurró débilmente.
Suko: ¿Qué te ocurre?
Pan: Está herido- dijo preocupada- El sujeto
de cabellos rojos lo hirió con su espada.
Nuevos murmullos se dejaron escuchar entre los hombres
que los rodeaban aún.
Suko: Tenemos un campamento cerca de aquí,
¿por qué no vienen con nosotros?- ofreció
amablemente.
Pariel: No podemos detenernos, debemos continuar.
Suko: Escucha camarada, estás herido y sin
duda las pequeñas que te acompañan deben
estar agotadas. Lo mejor será que descansen
un poco y después continúen con más
calma.
Pariel: Tengo que sacarlas de esta dimensión
y no me queda mucho tiempo.
Suko y sus hombres ahogaron una expresión
de abatimiento pensando sin duda que aquél
joven estaba persiguiendo una quimera.
Suko: Al menos deja que revisemos tu herida y deja
que las pequeñas tomen un descanso- propuso
viendo con pena al joven.
Pariel estuvo a punto de discutir al respecto, pero
Bra tomó su mano haciendo que se callara y
volteara a verla. La niña lo veía suplicante
y él entendió que ellas estaban ya muy
agotadas y que de cualquier forma pronto tendrían
que hacer un alto o no podrían seguir avanzado.
Pariel: De acuerdo- aceptó con voz resignada.
Suko sonrió satisfecho y todos se encaminaron
juntos hacia donde el hombre les indicaba. Salieron
de la zona de los acantilados y caminaron lentamente
por un terreno rocoso. Pariel podía escuchar
no muy lejos el ruido producido por una corriente
de agua. Minutos más tarde, Suko indicó
que se detuvieran frente a un enorme agujero en el
suelo.
Suko: Descenderemos un poco- informó.
Todos bajaron lentamente por un escabroso camino
y finalmente se detuvieron ante un pequeño
grupo de criaturas que los observaban con interés.
Suko: Vengan por aquí- guió a Pariel
y a las niñas
Suko avanzó entre sus compañeros,
que les abrían el camino para dejarlos pasar
y se detuvo ante un anciano que platicaba tranquilamente
con algunos jóvenes.
Suko: Dlo, tenemos visitas- le dijo al anciano.
Este se dio vuelta para ver a los recién
llegados y sus ojos se abrieron desmesuradamente.
Pariel también se sorprendió al ver
a aquél anciano y no le cupo ninguna duda de
que el viejo sabía quién era él.
Suko: Son del planeta llamado Tierra- explicó
sin notar la sorpresa del anciano- Este joven está
herido y pensé que tú podrías
ayudarlo.
Dlo: Claro, ven conmigo por favor- le indicó
a Pariel a la vez que se levantaba y rehacía
una seña para que lo siguiera.
Pariel observó a las niñas, pero Suko
le aseguró que estaban a salvo en aquél
lugar y que él podía ir con tranquilidad
con el anciano mientras las niñas comían
algo y descansaban. El joven asintió y caminó
lentamente tras el anciano hasta un apartado lugar
de la gruta en la que se encontraban. Una vez lejos
de miradas indiscretas y seguro de que nadie podría
escucharlos, el anciano se sentó en una roca
y le indicó al joven que lo imitara.
Dlo: Descúbrete la herida por favor- indicó
y Pariel lo hizo.
La sangre del joven había bañado completamente
sus ropas y aún brotaba aunque con menor intensidad.
Dlo tomó un recipiente que se encontraba al
lado de la roca en la que se había sentado
y sacó una pasta viscosa que puso sobre la
herida del muchacho.
Dlo: Esto debería hacer que la hemorragia
pare- comentó amablemente ante la expresión
de dolor del chico al contacto de aquella sustancia
con su herida.
Pariel: Nada hará que la hemorragia pare-
susurró- La herida seguirá sangrando
hasta que no me quede ni una gota de sangre en mi
cuerpo y creo que eso no tardará mucho.
Dlo: Alguien ya había tratado de parar el
sangrado e hizo un buen trabajo, de no ser así
ya estarías muerto.
Pariel asintió pues sabía que Azrael
había cubierto la herida para evitar que se
desangrara antes de entregarlo a Érebo; no
obstante, la hemorragia continuaba lentamente.
Dlo: ¿A dónde pensabas llevar a esas
niñas?
Pariel: De regreso a su planeta- respondió
con sinceridad.
Dlo: Dudo mucho que alguien pueda escapar de esta
dimensión sin el consentimiento de Érebo,
aún para uno de sus jueces no debe ser fácil
hallar la salida sin que ella se entere.
Pariel: Entonces sí sabes quién soy.
¿Por qué me ayudaste si lo sabías?
Dlo: En el planeta Yarg, pudiste entregarme a Érebo,
incluso matarme, pero no lo hiciste. Esta es mi forma
de agradecerte. Aunque a decir verdad me gustaría
saber qué detuvo en aquella ocasión.
Pariel: Eres sólo un anciano
No me gusta
atacar a los indefensos.
El anciano sonrió por la respuesta.
Dlo: Eres un guerrero honorable. Lástima que
estés del lado de la hechicera.
Pariel: Siempre pensé que le debía
mi vida y que por lo tanto debía morir por
ella
Ahora creo que toda mi vida ha sido un
engaño
Ya no sé qué creer.
Dlo: Yo creo que sí lo sabes, si no, dudo
mucho que estarías jugándote el pellejo
por unas pequeñas.
Pariel: Estoy condenado con ellas o sin ellas, es
lo mínimo que puedo hacer.
El anciano asintió amablemente, aunque él
pensaba que había algo más de lo que
el joven decía.
Dlo: ¿Cómo piensas sacarlas de este
lugar?
Pariel: Hay un portal en la desembocadura del arroyo,
en estos momentos está abierto hacia la Tierra
y estará así hasta que la señora
Érebo lo haya conquistado. Creo que puedo llegar
volando hasta él en poco tiempo.
Dlo: Érebo te estará esperando allí.
Pariel: Lo sé, pero a mí no me importa
quedarme en este lugar, lo único que debo hacer
es distraer a Laylahel y a Azrael lo suficiente para
que las niñas puedan regresar a su planeta.
Dlo: ¿Crees que ese planeta logre escapar
del poder de Érebo?
Pariel: Creo que es posible porque lo protegen unos
guerreros muy poderosos. No digo que les será
fácil, pero ellos no se rendirán fácilmente.
El anciano ya no hizo más preguntas. Pariel
dejó que las pequeñas descansaran un
poco y luego les indicó que debían continuar
con su camino. Suko y sus hombres trataron de impedir
que se fueran, pues sabían que era casi imposible
que el joven lograra lo que se proponía, pero
Dlo les pidió que los dejaran en paz.
Pariel: Si siguen el cauce del arroyo llegarán
en poco tiempo a su desembocadura y allí encontrarán
el portal hacia la Tierra- le dijo a Dlo antes de
marcharse- Si la emperatriz triunfa, el portal se
cerrará y se abrirá en su siguiente
objetivo, pero si algún día alguien
logra derrotarla, sería bueno que estuvieran
cerca de ese portal para que escaparan antes de que
esta dimensión colapse. Para atravesarlo sólo
nombren el planeta hacia el que debe estar abierto
y no tengan miedo de saltar.
Dlo agradeció el consejo y despidió
a los jóvenes viajeros.
Suko: ¿Cómo sabía eso?- preguntó
en cuanto los perdieron de vista.
Dlo: Sólo lo sabe- contestó deseando
que las esperanzas del joven en los guerreros de la
Tierra se hicieran realidad- Quizás sea bueno
acercarnos a ese portal.
Todos estuvieron de acuerdo y empezaron a prepararse
para su travesía. No muy lejos, Pariel y las
niñas se habían detenido a la orilla
de un arroyo de aguas cristalinas.
Pariel: Vamos. Iremos volando- dijo dándoles
la manos para llevarlas con él.
Bra: Yo ya sé volar- dijo firmemente.
Pan: También yo- exclamó la pequeña.
(Nota: Se supone que los guerreros Z sabían
de la amenaza bajo la que se encontraba su planeta,
así que supongo que algo tuvieron que enseñarles
a las chiquillas, ¿no?)
Pariel: Genial, entonces vamos- comentó sin
mucha emoción.
Las pequeñas lo vieron preocupadas mientras
se elevaban por los aires. Las niñas no lo
hacían mal, pero no podían ir a la velocidad
a la que Pariel hubiera deseado, aunque siendo sincero
consigo mismo, era muy difícil que él
pudiera alcanzar dicha velocidad en aquellos momentos.
Volaron por varios minutos hasta que Pariel comenzó
a descender lentamente y las pequeñas lo imitaron.
En el lugar al que habían bajado, el cauce
del arroyo se ensanchaba notablemente e iba a terminar
a una enorme cascada que se precipitaba hacia un abismo
negro que debía ser exageradamente profundo
porque no se escuchaba dónde terminaba la caída
de agua.
Pariel caminó con indecisión escudriñando
la oscuridad a su alrededor pues no podía creer
que nadie lo estuviera esperando allí. Aún
alerta, el joven se acercó al pie del abismo.
Pariel: Soy Pariel, el guerrero de la desesperación-
dijo con voz firme- Yo, Juez de la Señora Érebo,
Soberana de la Dimensión de las Tinieblas y
Emperatriz del Universo entero, te exijo que me muestres
la Tierra.
Pan y Bra se acercaron al joven y se asomaron temerosas
al abismo, pero la oscuridad total de este había
sido reemplazada por la borrosa imagen de un parque
de diversiones sumido en la penumbra.
Bra: ¡Es el parque de diversiones de la Capital
del Oeste!- exclamó emocionada.
Pariel: Salten- susurró con voz entrecortada-
Llegarán a ese lugar en cuanto lo hagan y podrán
ver a sus padres de nuevo.
Las niñas lo observaron sin comprender.
Pan: Tienes que saltar con nosotras- dijo decidida.
Pariel: No puedo hacer eso, ¡¡sólo
váyanse!!
Y diciendo esto el joven se volteó de prisa
para tratar de frenar una poderosa esfera de energía
que se dirigía hacia ellos. Pariel reunió
todas sus fuerzas para desviar aquél ataque,
pero cayó rendido luego de hacerlo.
Bra: ¡Trunks!- exclamó preocupada.
Pariel: ¡¡¡VÁYANSE!!!- les
gritó en un tono que no permitía reproches.
Las dos pequeñas lo vieron asustadas y luego
sus miradas se dirigieron a dos enmascarados que se
acercaban sin prisa hacia ellos.
Pariel: ¡¡Demonios, salten de una vez!!-
exclamó molesto tratando de levantarse para
encarar a sus compañeros.
Las niñas lo vieron con los ojos llenos de
lágrimas antes de saltar al abismo. Apenas
se perdieron de vista y el abismo volvió a
mostrarse oscuro, Pariel sonrió levemente.
Azrael: ¿Te das cuenta de cuánto te
estimamos? Sólo porque sabemos que esa era
tu última voluntad no hicimos nada por impedir
que las mocosas regresaran a su hogar, pero no podemos
permitir que tú te vayas también.
Pariel: No pensaba hacerlo- comentó haciendo
un verdadero esfuerzo por mantenerse en pie- Sabía
que vendrían por mí. Será un
honor morir a manos de mis más queridos amigos.
Azrael: La Señora Érebo está
un poco decepcionada de ti, Pariel, pero si le entregas
la sangre que aún queda en tu cuerpo quizás
puedas congraciarte de nuevo con ella, aunque dudo
que le sea de gran utilidad porque ya no te queda
mucha. ¿Vendrás por las buenas?
Pariel: ¿Sabes? No lo recuerdo, pero creo
que sí viví en la Tierra y tuve una
familia
Y mi nombre era Trunks.
Azrael: Tu nombre es Pariel, así que déjate
de estupideces.
Pariel: Si yo tuve una vida diferente, creo que también
ustedes la tuvieron pero alguien nos hizo olvidarla
y no entiendo por qué. Supongo que eso era
lo que Asbeel nos ocultaba.
Azrael: ¡¡¡Cállate!!!- gritó
molesto, pero el joven pudo notar que la duda ya estaba
confundiendo su mente- Yo vivo para la emperatriz
Érebo y moriré por ella, así
como ustedes.
Azrael se lanzó contra Pariel dispuesto a
callarlo de una vez por todas, pero antes de que lograra
asestarle un golpe, Laylahel lo atacó velozmente
noqueándolo. Pariel la observó sin comprender
cuando el cuerpo de Azrael cayó inconsciente
a pocos pasos de donde se encontraba.
Pariel: ¿Qué hiciste?- le preguntó
confundido a la vez que sus piernas se doblaban y
él caía de rodillas.
Laylahel caminó lentamente hacia él
y se quitó la máscara.
Laylahel: Yo también quiero creer que mi vida
es algo más que un eterno vacío- le
dijo a la vez que lo ayudaba a ponerse en pie y lo
ayudaba a caminar hasta el borde del abismo- Soy Laylahel,
el guerrero de la noche y te exijo que me muestres
la Tierra- exclamó voz firme y el mismo paisaje
al que las niñas habían saltado apareció
de nuevo.
Pariel: La emperatriz te matará cuando se
entere de que me ayudaste.
Laylahel: Tú y yo sabemos que por las buenas
o por las malas íbamos a acabar muertos a manos
de nuestra señora- se limitó a responder
sonriéndole amablemente- Mejor nos vamos antes
de que Azrael despierte.
Pariel: Gracias Laylahel- le dijo devolviéndole
la sonrisa.
Laylahel: Me gustó cuando me llamaste Izuna.
Pariel: Izuna
gracias
- susurró
débilmente.
Ambos jóvenes saltaron al abismo y luego
la oscuridad volvió a reinar en aquella Dimensión
tenebrosa.
-- -- --
La Capital del Oeste se encontraba sumida en la
más profunda oscuridad. Parecía que
cada día que pasaba se llevaba algo más
de la energía del planeta mientras la oscuridad
parecía ir aumentando con cada minuto. Y no
sólo se trataba de aquella ciudad pues la Tierra
entera se encontraba en la misma situación.
La mayoría de las personas habían
abandonado las ciudades, grandes y pequeñas,
y trataban de buscar refugio en los campos, en donde
fuera. Día con día, los repulsivos guerreros
de fango llegaban en gran número a todos los
rincones del planeta, no importaba cuánto trataran
los terrícolas de detenerlos, era como si cada
día fueran haciéndose más fuertes.
La Capital del Oeste se encontraba casi completamente
desierta. Sólo pocas personas no se habían
atrevido a dejar sus hogares. La Corporación
Cápsula era uno de los pocos lugares de la
ciudad que aún se encontraba habitado. En el
refugio construido bajo el suelo del imponente edificio,
un buen número de terrícolas (y algunos
cuantos extraterrestres) se encontraban reunidos.
En un rincón, una mujer de ojos y cabellos
azules observaba en silencio a algunas familias a
las que les había dado asilo; se sentía
vacía, sus ojos ya no tenían más
lágrimas y sentía que ya nada tenía
sentido. Una mujer de cabellos negros se acercó
lentamente a ella y se sentó a su lado a la
vez que le ofrecía una taza humeante.
Milk: Toma esto, te hará sentir mejor- le
ofreció amablemente.
Bulma: ¿De verdad crees que algo me hará
sentir mejor en estos momentos?- preguntó con
tristeza.
Milk: Goku y los demás encontrarán
el modo de acabar con todo esto.
Bulma: Llevo 9 años deseando eso mismo con
todo el corazón
creo que ya empiezo a
perder las esperanzas.
Milk observó preocupada a su amiga sin saber
qué decir; ella también se sentía
angustiada por todo lo que estaba pasando y deseaba
que de verdad todo acabara bien pero había
una vocecita en su interior que parecía creer
que no volvería a ver a su nieta.
En la terraza de la Corporación Cápsula,
mientras tanto, dos jóvenes hermanos escudriñaban
la oscuridad.
Goten: Pan estará bien- murmuró tímidamente
al ver el estado en el que su hermano se encontraba.
Gohan observó al muchacho y le sonrió
agradecido por el comentario, aunque por dentro se
sentía completamente devastado. Un namekusei
lo observaba en silencio desde el interior del edificio,
quería demostrarle su apoyo pero no sabía
cómo hacerlo. De pronto, sus pensamientos fueron
interrumpidos por la súbita aparición
de 3 personas.
Goku: ¡Hola! Ya regresamos- saludó.
Gohan, Goten y Picolo se acercaron de prisa a los
recién llegados. Las miradas de todos estaban
fijas en una anciana de cabellos rosas que flotaba
sobre una bola de cristal.
Picolo: ¡Uranai Baba!- exclamó sorprendido.
Goku: Los Supremos Kaioh Samas dijeron que ellos
no tenían poder sobre la Dimensión de
las Tinieblas, tampoco Dende ni Shenlong pueden hacer
nada, pero pensamos que quizás Uranai Baba
pueda abrir un camino hacia ese lugar.
Gohan: ¿Es cierto Uranai Baba? ¿Puede
hacer eso?- inquirió con ansias.
Uranai Baba: En realidad, dudo mucho que pueda hacer
algo, pero supongo que debo intentarlo al menos. Vamos
abajo, necesito más espacio- comentó
a la vez que se dirigía a los jardines de la
Corporación Cápsula seguida por los
demás.
Cinco guerreros se encontraban reunidos alrededor
de la anciana hechicera mientras ella le decía
algunas palabras a su bola de cristal. Todos pudieron
ver asombrados un oscuro desierto que empezaba a verse
en la esfera de la anciana. Riscos, abismos, un arroyo
de aguas cristalinas que parecía provenir de
debajo de un imponente palacio de piedra negra. La
imagen de la esfera mostró luego el interior
de aquél palacio: largos y oscuros pasillos
que se continuaban sin cesar hasta llegar a una enorme
puerta; tras ella, se encontraba lo que parecía
la sala del trono, el cual se encontraba cubierto
por un velo negro que se abrió lentamente
Uranai Baba emitió un grito y la imagen de
la bola de cristal desapareció de inmediato.
Uranai Baba: Lo siento, esa hechicera es más
poderosa que yo. Notó que observábamos
su reino
No puedo hacer nada.
Los guerreros se sintieron decepcionados al escuchar
aquello. Gohan se dejó caer y golpeó
el suelo con sus puños, mientras que Vegeta
profería una maldición y apretaba sus
puños fuertemente. Goku, Picolo y Goten los
vieron con pesar, pero de pronto Picolo volvió
la cabeza hacia las oscuras calles de la ciudad.
Goku: ¿Pasa algo Picolo?
Picolo: ¡No puede ser!- exclamó visiblemente
sorprendido- Son ellas.
A Gohan se le iluminó la mirada y de inmediato
volvió la mirada hacia donde su antiguo maestro
veía. Por unos segundos no pudo ver nada, pero
en eso, entre las sombras, pudo distinguir dos pequeñas
siluetas que corrían hacia donde ellos se encontraban.
Gohan: ¡¡¡PAN!!!- exclamó
feliz a la vez que de dirigía hacia su hija.
Pan: ¡¡¡PAPÁ!!!- exclamó
ella corriendo hacia los brazos de su padre.
Gohan la levantó y la estrechó contra
sí sin acabar de comprender lo que había
ocurrido. Al mismo tiempo, Bra corrió a su
papá, pero se detuvo a unos cuantos pasos de
él. Vegeta se hincó y sujetó
suavemente su rostro como comprobando que no estaba
soñando.
Vegeta: Bra- susurró ahogadamente- ¿Estás
bien? ¿Cómo
?
Bra: Trunks nos sacó de ese lugar, papá-
explicó la chiquilla con lágrimas en
los ojos sorprendiendo a todos con la noticia- ¡Lo
atacaron!- gimió sin controlar el llanto- No
les importó que estaba herido
-
La alegría se esfumó de inmediato
de los rostros de los guerreros.
Goku: Será mejor llevar a las niñas
adentro- opinó seriamente y todos estuvieron
de acuerdo.
Una vez en el refugio, las pequeñas fueron
recibidas con gran felicidad por parte de sus madres
y de todos sus amigos. Ninguna de las dos niñas
podía parar de llorar ni tampoco sus mamás,
que no dejaban de estrecharlas como si temieran perderlas
de nuevo. Los abuelos de las pequeñas también
lloraban de felicidad de que ellas hubieran regresado
con bien pues con el paso de las horas todos habían
temido lo peor.
Todos aún se encontraban festejando alegremente
cuando Boo se puso se pie bruscamente llamando la
atención de todos.
Boo: Alguien se acerca- dijo seriamente.
Goku y los demás trataron de distinguir la
presencia de la que Boo hablaba pero les tomó
algunos segundos descubrirla.
Gohan: Ese es el ki de Laylahel- comentó preocupado-
Pero no viene sola, hay otra presencia con ella.
Picolo: Una presencia que se debilita rápidamente-
agregó preocupado.
Vegeta salió de prisa del refugio y todos
lo imitaron, incluso Pan y Bra pese a las objeciones
de sus mamás. Prácticamente corrieron
hasta llegar a la terraza del edificio, pero se detuvieron
sorprendidos ante una esbelta silueta que sujetaba
con cuidado a un joven que ya no podía ni mantenerse
en pie.
Bulma: ¡¡¡Trunks!!!- exclamó
angustiada al ver el estado en el que su hijo se encontraba.
Vegeta se acercó a los jóvenes y Laylahel
le cedió a su amigo. Bulma se acercó
al joven, pero él apenas y podía mantener
sus ojos abiertos. La mirada de la mujer se topó
con los hermosos ojos lilas de Laylahel y la joven
entendió que le pedía una explicación,
pero no había una forma fácil de decirlo.
Laylahel: Se está muriendo- susurró
con pesar- Se ha desangrado casi por completo.
Gohan: ¿Por qué no hicieron algo?-
le reprochó a la joven.
Laylahel: No había nada que pudiéramos
hacer. Las heridas que produce la espada de Asbeel
no cierran nunca. Azrael quería entregárselo
a la Emperatriz
yo no pude hacerlo.
Bulma apremió a Vegeta a llevar a su hijo
al refugio para que descansara pero las miradas de
todos aún estaban fijas en la joven vestida
de negro que seguía de pie en la terraza.
Bulma: ¿Por qué no pasas tú
también?- le ofreció amablemente.
#18: ¡¿Estás loca?! Es uno de
los jueces de Érebo, no podemos confiar en
ella. Tu propio hijo fue capaz de delatarnos ante
esa hechicera, ¿crees que esta joven dudará
en hacerlo?
Laylahel: ¡¡¡Eso es mentira!!!-
exclamó molesta- ¡Él nunca los
traicionó! Salió de aquí para
evitar que lo rastreáramos hasta ustedes, sólo
que Asbeel siempre supo dónde se encontraban.
Goten: ¿Siempre supieron dónde estábamos?
Bulma: Hablemos de eso adentro, no aquí- dijo
seriamente mientras Vegeta se perdía de vista
llevando a Trunks hacia el refugio.
Nadie se opuso y todos caminaron de regreso al refugio.
Vegeta colocó con cuidado el cuerpo de su hijo
en un camastro que se encontraba en un rincón
del refugio y lo observó en silencio, era fácil
notar que no le quedaba mucho tiempo de vida pues
su rostro estaba terriblemente pálido y respiraba
con dificultad. Como sintiendo su mirada, el joven
abrió sus ojos y lo observó en silencio.
Pariel: ¿El príncipe de los saiyaijin
puede preocuparse por alguien que no sea él
mismo?- preguntó débilmente al notar
la expresión con la que el saiya lo observaba.
Vegeta: Es una mala costumbre que adquirí
en este planeta- contestó secamente pero viéndolo
preocupado.
Pariel cerró sus ojos, sentía su cuerpo
muy pesado. Goku y los demás se le acercaron
en silencio seguidos por Laylahel. Todos veían
preocupados el estado en el que el joven se encontraba.
Bulma se sentó a su lado y acarició
su mano con cuidado, pero él no pareció
notarlo.
Gohan: Si no hacemos algo por ayudarlo, morirá.
Laylahel: No hay nada que puedan hacer. Esa herida
no cerrará, no importa lo que hagan.
Mr. Satán: Quizás Boo pueda hacer algo-
comentó tímidamente- Él puede
sanar incluso a personas al borde de la muerte.
Goku: ¡Cierto! Por favor Majin Boo, ¿tú
puedes cerrar esa herida?- le preguntó ansioso
al rechoncho demonio.
Boo prometió intentarlo y puso sus manos
sobre la herida en el hombro del chico que Gohan había
dejado al descubierto con cuidado, concentró
su energía y puso manos a la obra. Todos estaban
pendientes de lo que ocurría. Por algunos segundos
no pasó nada, pero luego, el cuerpo del muchacho
se puso completamente rígido y luego se movió
bruscamente como si estuviera a punto de convulsionarse.
Gohan: ¿Qué ocurre?- preguntó
preocupado ante aquella reacción.
Sin embargo, Boo no pudo contestar. Por el rostro
del ser rosado era evidente que él quería
alejarse del joven pero no podía hacerlo. Mientras,
el cuerpo de Pariel se movía de una forma escalofriante:
sus brazos y piernas se retorcían y su tronco
estaba rígido y se curvaba ligeramente hacia
arriba.
Bulma: ¡Basta! ¡Por favor detente!- le
pidió a Majin Boo mientras su hijo sufría
aquellos terribles espasmos.
Majin Boo trataba desesperadamente de quitar sus
manos de la herida del joven, pero era como si una
fuerza invisible lo atara a él. Su energía
seguía fluyendo hacia el chico haciendo que
se contorsionara de dolor. La herida seguía
abierta y de pronto, Boo comprendió lo que
pasaba.
Boo: Una fuerza me impide llegar a él- dijo
aún sin poder despegarse del joven- Es como
si una barrera de energía lo cubriera-
Laylahel: Debe ser la Emperatriz
Lo dejará
morir- musitó angustiada.
Gohan: ¡¿Qué dices?! ¡Debe
haber algo que se pueda hacer!
Boo: Si aumento mi energía, quizás
pueda atravesar esa barrera.
Picolo: Si haces eso, podrías matarlo.
Goku: Si no logra vencer esa barrera, Trunks morirá
de cualquier forma.
Boo observaba a uno y a otro de los presentes esperando
una respuesta. Vegeta y Bulma intercambiaron miradas.
Vegeta: Hazlo- exclamó secamente y Bulma asintió
con el rostro.
Boo concentró más su energía
y la descargó sobre la herida del chico. Hubo
un resplandor y luego la herida se cerró. El
cuerpo de Pariel se sacudió por última
vez y cayó completamente desfallecido sobre
el lecho en el que se encontraba. Los guerreros y
sus familias vieron la escena sin comprender cuál
sería el desenlace. Bulma se acercó
al joven y acarició sus cabellos y su rostro
con delicadeza.
Bulma: Trunks- lo llamó suavemente al notar
que abría sus ojos.
El muchacho la observó confundido y luego
su mirada fue recorriendo al resto de los que estaban
reunidos a su alrededor. Aún sin haber dicho
una palabra, el joven cerró sus ojos ante las
atentas miradas de sus amigos.
Gohan: Sólo se quedó dormido- les informó
a sus amigos tras sentir el pulso del joven.
Bra: ¿Va a estar bien?- preguntó preocupada.
Bulma: Claro, ya verás que sí.
Gohan se quedó vigilando el estado del joven
mientras que los demás se preparaban para tratar
de descansar. Bulma fue a acostar a su hija y prometió
no tardar. La única que se quedó cerca
de los primogénitos de Goku y Vegeta fue la
hermosa joven de negro, quien no dejaba de mirar alternativamente
a las personas que se encontraban en el refugio y
a su amigo que dormía profundamente.
Gohan estaba observando a la joven y le sorprendió
bastante notar que su mirada ya no era tan fría
como cuando habían combatido, al contrario,
en ese preciso momento lucía enternecida mientras
veía a su camarada. Al sentir su mirada, la
chica se le quedó viendo fijamente, pero sin
que aquella frialdad que Gohan había podido
apreciar con anterioridad apareciera de nuevo.
Laylahel: ¿Se puede saber por qué te
me quedas viendo de esa forma?- le preguntó
seriamente.
Gohan: Te preocupas mucho por él- respondió
dirigiendo su vista hacia el chico que descansaba-No
pensé que te importara tanto, es decir
Siendo guerreros de una despiadada hechicera
Laylahel: Fuimos entrenados para ser los mejores
guerreros: calculadores, fuertes, veloces
Pero
creo que nunca logramos ser tan fríos como
nuestra señora lo deseaba. A Ella nunca le
agradó que Azrael, Pariel y yo fuéramos
tan unidos. Decía que preocuparse por otros
nos hace débiles.
Gohan: ¿Y tú crees eso?
Laylahel: No estoy segura, pero sé que no
puedo evitar preocuparme por Pariel y por Azrael,
y sé que ellos también se preocupan
por mí- La joven sonrió levemente antes
de continuar- Siempre hemos hecho todo juntos y estoy
segura de que en el fondo, Azrael tampoco deseaba
cumplir con la orden de la emperatriz.
Gohan observó a la joven mientras ella seguía
viendo con atención a Pariel.
Laylahel: Nunca lo había visto dormir tan
tranquilamente- comentó a la vez que una dulce
sonrisa curvaba sus labios pero esa expresión
tranquila fue rápidamente remplazada por un
gesto de preocupación- No puedo seguir aquí-
Gohan: ¿Por qué no?
Laylahel: La señora Érebo no se quedará
tranquila ahora que Pariel y yo la hemos desobedecido.
Vendrá por nosotros en cualquier momento.
Gohan: Puedes estar seguro de que si eso ocurre nosotros
los defenderemos
a ambos.
La joven observó agradecida al saiyaijin.
Laylahel: Ustedes no tienen idea del poder de nuestra
señora.
Gohan: Y ustedes aún no nos han visto combatir
en serio- comentó seriamente.
Ella estaba por debatirle algo, pero justo en ese
momento Pariel comenzó a moverse y finalmente
abrió sus ojos.
Pariel: I
zu
na- susurró débilmente
y Laylahel se acercó a él.
Laylahel: Aquí estoy, ¿cómo
te sientes?- le preguntó dulcemente.
El joven volvió a cerrar sus ojos lentamente,
pero ahora una triste sonrisa había aparecido
en su rostro.
Pariel: La emperatriz
Asbeel
Laylahel: Tranquilo, no te esfuerces. Todo estará
bien.
Pariel: No
S
Sa
ga
De nuevo el cansancio superó al joven y tanto
Gohan como Laylahel lo veían sin comprender.
Gohan: ¿Qué quiso decir?
Ella se encogió de hombros, pero de pronto
unos recuerdos fugaces llegaron a su mente:
Dos niños, un niño y una niña,
caminaban agotados por la rivera de un arroyo en medio
de sombras cuando un enorme monstruo apareció
frente a ellos. Era como un gigantesco reptil negro,
con unas fauces descomunales que dejaban ver un buen
número de afilados colmillos. Pese a que ambos
pequeños estaban agotados, sus movimientos
aún conservaban la agilidad que habían
adquirido ya en su temprana infancia. La enorme criatura
parecía dispuesta a devorarlos y los seguía
insistentemente. Fue muy tarde cuando notaron que
aquél ser no tenía una, sino dos largas
colas que movía como látigos y con las
cuales logró derribarlos.
La niña gritó al ver las fauces abiertas
que se dirigían a ellos mientras el pequeño
trataba en vano de controlar su miedo para hallar
una forma de escapar. Pero justo cuando todo parecía
perdido, lo que parecía una ráfaga de
fuego impactó justo en el cuerpo del monstruo
arrojándolo lejos. Nuevos rayos luminosos llenaron
el ambiente hasta que la criatura finalmente se alejó
derrotada.
Los dos infantes buscaron entre las sombras a quien
los había ayudado y vieron a otro chico de
aproximadamente su misma edad que respiraba agitadamente
tratando de recuperarse por la gran cantidad de energía
que había tenido que utilizar. Pese a su evidente
fatiga, al verlos levantarse casi ilesos, el chico
les sonrió abiertamente
Gohan: ¡¿Estás bien?!- inquirió
angustiado al notar la palidez del rostro de la chica-
¿Qué fue lo que pasó?
Laylahel: Creo que recordé algo- respondió
aún confundida- Nunca había podido recordar
cómo nos habíamos conocido ellos y yo-
explicó refiriéndose a sus amigos- Siempre
pensamos que la señora Érebo nos había
dado la vida, pero no fue así
Éramos
unos niños cuando nos conocimos por primera
vez
Pero algo cambió y cuando volvimos
a reunirnos
ya éramos los jueces de la
emperatriz
Gohan: ¿Quieres decir que tú y Azrael
también fueron separados de sus familias al
igual que Trunks?
Laylahel: No estoy segura
No lo recuerdo- contestó
sujetando su cabeza- Estoy confundida
¡¿Por
qué nos mintieron?!- exclamó angustiada-
¡¿Por qué?! ¡¿Qué
hicimos nosotros para que nos hicieran esto?!
El saiya vio con pena a la joven, cuyos ojos se
llenaban rápidamente de lágrimas.
Gohan: Tu nombre es Izuna, ¿verdad?
Laylahel: No lo sé
Gohan: Tienes que tratar de recordarlo, no puedes
permitir que te controlen por más tiempo. Antes
de ser Pariel, Trunks vivía en este planeta
y del mismo modo, antes de ser Laylahel, tú
tuviste una vida diferente y creo que tu nombre era
Izuna, por eso Trunks te llamó así.
Laylahel: Izuna
¿Yo era Izuna? Pero
yo soy Laylahel, el guerrero de la noche
Yo
soy uno de los jueces de Érebo, como Pariel
y como
Gohan: ¿Cómo Azrael? ¿Recuerdas
algo de él?
Laylahel: No estoy segura- respondió sentándose
en el suelo- Ya no sé nada
El saiya comprendió lo difícil que
aquella situación resultaba para la joven,
así que la dejó a solas por unos momentos
mientras él iba a ver cómo se encontraba
su familia. Apenas se perdió de vista, Laylahel
se acercó a Pariel y tomó su mano con
cuidado.
Laylahel: ¿Qué fue lo que nos hicieron
hermanito?- le preguntó dulcemente- ¿Qué
fue lo que les pasó a Trunks, a Izuna
y a Saga
?
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