| Capítulo 2
En la Capital del Oeste la noche se mostraba despejada,
las estrellas brillaban en el cielo y un aire fresco
inundaba el ambiente. Algunas parejas caminaban abrazados
por las calles mientras los comercios se iban cerrando
poco a poco. La ciudad se encontraba en calma, hasta
que una explosión se escuchó sobresaltando
a los transeúntes que aún vagaban tranquilamente.
Sin embargo, no era la primera vez que algo estallaba
en la Corporación Cápsula, así
que pocos le prestaron mayor interés al acontecimiento.
Vegeta salió cayéndose de lo que minutos
antes había sido su Cámara de Gravedad.
El doctor Briefs lo esperaba afuera con aire resignado.
Dr. Briefs: ¿Otra vez la destruiste?- preguntó
al notar que el saiyaijin no tenía heridas
graves- De nada servirá tu entrenamiento si
mueres antes de que el enemigo llegue.
Vegeta no le prestó mucha atención
a lo que su suegro decía, aunque sabía
que él tenía razón. Unos minutos
después, el príncipe de los saiyaijin
tomaba una ducha y poco después caminaba silenciosamente
por los pasillos del enorme lugar.
Como siempre, el guerrero iba sumergido en los pensamientos
que llenaban su mente desde que los mensajeros de
Érebo hubieran pisado la Tierra, pero todo
quedó olvidado cuando se detuvo frente a la
puerta de una habitación. Aquella puerta estaba
entreabierta y él no tenía que asomarse
para saber quién estaba adentro. Los ojos del
saiyaijin se ensombrecieron al recordar que su hogar
nunca había estado tan silencioso como en el
último año. ¡Un año! Aquél
día se cumplía exactamente un año
desde que todo hubiera comenzado
Un año
desde que su mujer se hubiera desmayado al verlo llegar
solo, un año desde que el silencio se hubiera
mudado a la Corporación Cápsula.
Vegeta abrió despacio la puerta de aquella
habitación aún repleta de juguetes y
con una cama vacía. Junto a la ventana, Bulma
observaba la noche estrellada. Las miradas de los
dos se encontraron por algunos momentos, pero ella
pronto volvió a dirigir sus ojos hacia el firmamento.
Bulma: Quisiera saber en dónde se encuentra-
susurró sin despegar su mirada de las estrellas.
Vegeta entendía de lo que hablaba. Pese a
que le dijo lo que el supremo Kaioh Sama les había
explicado, ella buscó las esferas del dragón,
pero Shen Long sólo confirmó que no
podía localizar a Trunks. El alma de su hijo
no se encontraba en el mundo de los muertos, pero
tampoco en el de los vivos. ¿Acaso Bulma buscaba
la Dimensión de las Tinieblas entre las estrellas?
El saiyaijin sabía que para la mujer era frustrante
no tener la respuesta a una interrogante que le era
tan importante.
Él caminó lentamente hacia ella hasta
quedar a su lado, ahora ambos veían las estrellas.
Justo en ese momento, una estrella fugaz cruzó
el cielo y una triste sonrisa apareció en los
labios de Bulma.
Bulma: Sé que aún está con vida-
susurró débilmente y Vegeta no se atrevió
a contradecirla, aunque sabía que era poco
probable lo que decía.
Ella se recargó contra el pecho del guerrero
y él la rodeó entre sus brazos.
Vegeta: Te juro que lo voy a recuperar.
Bulma asintió a la vez que veía fijamente
al guerrero. Él le mantuvo la mirada unos instantes
y luego la besó, no podía volver a fallarle,
no iba a hacerlo.
Los dos salieron de aquél cuarto que guardaba
lo único que les quedaba de su hijo y se dirigieron
a su propio dormitorio
-- -- --
El tiempo siguió su curso en la Tierra y
en todo el Universo. Goku y los demás guerreros
entrenaban arduamente, conscientes de la terrible
batalla que tarde o temprano tendrían que librar,
pero pasó otro año y otro y otro más
y los enemigos no llegaban; esperaban una amenaza
fantasma que parecía no tener prisa en aparecer.
Por la insistencia de su madre, Gohan continuó
con sus estudios a la vez que entrenaba con su padre
y con su hermano; de vez en cuando Picolo también
los acompañaba, aunque él generalmente
entrenaba en soledad.
Después de un par de años, Gohan le
propuso matrimonio a Videl, así que ellos se
casaron aún en medio de aquella amenazaba invisible
que se cernía sobre el cosmos.
Los supremos Kaioh samas estaban siempre al pendiente
de cualquier señal que indicara la presencia
de Érebo, pero por algunos años no tuvieron
noticias de ella, hasta que finalmente, una sombra
comenzó a extenderse por el Universo. A ambos
seres supremos les preocupó la gran velocidad
a la que las tinieblas aumentaban su dominio, nunca
habían visto algo así antes.
En el planeta supremo, sus dos únicos habitantes
veían con creciente preocupación como
el ejército de Érebo se dispersaba sigilosamente
por las galaxias.
Shin: Antepasado, cuando me tocó ver los estragos
causados por Érebo, la principal amenaza de
su ejército no fueron los Nagofs, sino un grupo
de guerreros a los que les apodaban
Supremo kaioh antiguo: Los verdugos de Érebo-
interrumpió a su sucesor- Sí, lo sé,
también a mí me tocó verlos,
pero no pensé que ellos tuvieran la capacidad
de reencarnar como lo hacía la hechicera. Supongo
que los trae a la vida gracias a sus poderes y, por
la velocidad con la que se está expandiendo,
yo diría que ellos están de nuevo entre
sus filas. Creo que debemos advertirles a Goku y a
los demás. ¿Podrías traerlos,
por favor? Debemos hablar personalmente con ellos.
Shin asintió y se concentró en localizar
el ki de Goku para teletransportarse a su lado.
En aquél momento, Goku se encontraba en la
Corporación Cápsula, junto a toda su
familia, así como Picolo, Krilin y su famia,
Yamcha y el maestro Roshi; incluso Mr. Satán
y Mr. Boo se encontraban en aquél momento en
la Capital del Oeste. A pesar de la opresión
que la amenaza de Érebo ejercía sobre
los guerreros, cada uno había seguido con su
vida. Gohan y Videl ahora eran padres de una pequeña
a la que habían llamado Pan, ella aún
era una bebé y era, junto a Videl, las razones
por la que Gohan estaba dispuesto a defender la Tierra
a cualquier precio. Pero no habían sido los
únicos a los que la cigüeña había
visitado en aquél tiempo, pues Vegeta y Bulma
tenían también una niña pequeña;
en realidad, no había sido algo que hubieran
planeado, pero la llegada de la pequeña Bra
había alegrado un poco la existencia de los
habitantes de la Corporación Cápsula,
aunque aún les faltaba algo para ser completamente
felices. (u_u). Pan tenía apenas 2 años
de edad, mientras que Bra ya tenía 5 (para
fines prácticos de esta historia (^_^)).
Los guerreros Z se encontraban tomando un descanso
de su vida de entrenamiento, además de que
aprovechaban aquella reunión para planear algunas
cosas de las que en más de una ocasión
ya habían conversado con anterioridad. Por
ejemplo, los guerreros sabían que Boo sería
de gran ayuda durante los combates que pudieran presentarse,
y Mr. Satán por su parte, les sería
de ayuda para alertar a los habitantes de la Tierra
sobre la amenaza de Érebo en cuanto fuera oportuno,
pues no veían la necesidad de alarmar a la
población mundial cuando aún no sabían
con certeza en qué tiempo se produciría
la batalla decisiva.
Todos se encontraban platicando en los amplios jardines
de la corporación cuando el supremo Kaioh Sama
se apareció entre ellos. Los guerreros entendieron
que no podía tratarse de buenas noticias.
Goku: Hola Supremo Kaioh Sama- saludó alegremente-
No te esperábamos por aquí- agregó
viéndolo seriamente.
Shin: Lo sé, lamento llegar tan repentinamente,
pero mi antepasado y yo queríamos advertirles
sobre algo que puede ser esencial en su batalla contra
Érebo. Mi antepasado los espera en el planeta
supremo, espero puedan acompañarme.
Goku asintió, pero antes de que dijera algo
al resto de los guerreros:
Bulma: ¡No, de ningún modo!- exclamó
firmemente- Ya estoy harta de que hablen sobre esa
hechicera con tanto misterio. Recuerden que también
nosotros estamos involucrados con todo esto y tenemos
el mismo derecho de saber lo que se dice.
Los guerreros se sorprendieron ante tal afirmación.
Milk: Estoy de acuerdo con Bulma. Es injusto que
nosotros no sepamos nada de su enemigo, después
de todo
somos nosotras quienes más sufrimos
cuando ustedes combaten.
Gohan intercambió miradas con Videl y la
sonrisa que la joven le dirigió indicaba claramente
que ella apoyaba lo dicho por las otras dos mujeres.
Supremo Kaioh antiguo: (Suspiró profundamente
antes de dirigirse a su sucesor) De cualquier forma
tienen que enterarse de lo que tenemos que decirles.
Así que mejor explícaselos a todos.
Shin: Bien- aceptó resignado- Verán,
en las dos ocasiones anteriores en que Érebo
apareció, ella tenía de su lado enormes
ejércitos de Nagofs, supongo que recordarán
que les dijimos que también otros guerreros
la apoyaban, pues bien, entre esos guerreros se encuentra
un pequeño grupo que se llama a sí mismo
"Los jueces de Érebo", claro que
todos los demás los conocen más como
verdugos que como jueces.
Maestro Roshi: ¿Los jueces de Érebo?
Shin: Así es. Se trata de unos guerreros muy
poderosos y leales a Érebo. En ambas ocasiones,
ellos representaron el principal obstáculo
para acabar con la hechicera. Su sólo nombre
despertaba el terror por donde pasaban, dicen que
una vez que pisan un planeta, la luz un nunca vuelve
a llegar hasta él. Destruyeron ejércitos
enteros en numerosos planetas y muchas vidas fueron
sacrificadas tratando de derrotarlos.
Yamcha: Pero al final fueron derrotados, ¿o
no?
Shin: No, al menos no todos. Como les comentamos,
Érebo aumenta sus energías sacrificando
inocentes, pero eso es sólo en un principio,
al final, sacrifica a sus más fieles guerreros
para absorber su energía. Si llegara a absorber
la energía de todos sus verdugos sin duda sería
imposible derrotarla; afortunadamente, con anterioridad
se ha podido eliminar a alguno de esos guerreros para
evitar que ella alcance el desarrollo total de sus
poderes.
Videl: ¿Esos guerreros han aparecido en las
dos ocasiones anteriores? ¿No dice que la misma
hechicera los destruyó?
Shin: Sí, pero sin duda ella sabe el modo
de regresarlos a la vida para aprovechar sus energías
cada vez que le han sido necesarias. Y ellos le son
fieles aún más allá de la muerte.
Picolo: ¿Quiénes son esos guerreros?
Shin: Son sólo 4.
Goten: ¡¿Cuatro?! ¿Y ellos son
capaces de destruir ejércitos enteros de guerreros?
Shin: Efectivamente. Son sigilosos y sus ataques
siempre son mortales; son fríos y calculadores
y nunca atacan sin tenerlo todo preparado de antemano;
son los asesinos perfectos.
Vegeta: ¿Cómo son?
Shin: ¿Físicamente? Nunca podría
olvidarlos: cubren sus rostros con máscaras
plateadas y sus cabellos negros caen sobre ellas dándoles
aspectos de fantasmas o de vampiros. Bueno, en realidad
sólo 3 lucen así, el cuarto, su líder,
tiene los cabellos rojos y su rostro está cubierto
de cicatrices, sin duda es un demonio que escapó
del infierno. Érebo les ha otorgado el poder
de moverse libremente por la Dimensión de las
Tinieblas, así que pueden trasladarse rápidamente
de un punto del Universo a otro, expandiendo así
los dominios de su ama.
Goku: ¿En esta ocasión también
se encuentran con esa hechicera?
Shin: Sí. Por un tiempo no tuvimos noticias
de Érebo, pero desde los últimos años,
las tinieblas se han estado expandiendo a una velocidad
que nunca antes habíamos visto.
Vegeta: Deberíamos ir por ellos para acabarlos
de una buena vez.
Shin: Eso sería imposible; recuerden que ellos
pueden desplazarse entre nuestra dimensión
y la de Érebo, de modo que no sabríamos
con exactitud en qué punto localizarlos. Lo
único que podemos hacer es esperarlos y estar
listos para cuando lleguen.
Goku: ¿Se encuentran cerca de la Tierra?
Shin: No, aún no. No siguen un orden en los
planetas que van atacando, pero sus blancos nunca
están demasiado separados. Es muy probable
que en aproximadamente un año los ejércitos
de Érebo lleguen a la Tierra.
Goku: ¡Perfecto!- exclamó haciendo que
todos lo vieran con una gota de sudor en la frente-
Aún tenemos tiempo para prepararnos para su
llegada.
Mr. Satán: ¿Qué pasará
con la Tierra en cuanto esos sujetos lleguen?
Shin: Siempre hacen lo mismo: Llegan junto con las
tinieblas, destruyen cualquier posible resistencia
y hacen esclavos a los sobrevivientes. El planeta
no tarda mucho en morir, por ello siempre andan en
busca de recursos.
Goku: ¡Vamos Mr. Satán! No te angusties-
le dijo amablemente al ver la expresión del
hombre- Nosotros nos encargaremos de que la Tierra
no sea destruida.
Maestro Roshi: Sin embargo, sería bueno que
todos los terrícolas estuvieran prevenidos
para que sean afectados el menor número posible
de individuos.
Dr. Briefs: Un año es tiempo suficiente para
que se construyan refugios para que las personas puedan
protegerse durante los combates que se presenten.
Y también con ese tiempo bastará para
reunir los recursos necesarios para soportar ocultos
hasta que los invasores hayan sido derrotados.
Todos apoyaron lo dicho por el hombre y parecieron
quedarse más tranquilos.
Goku: Pues entonces está decidido. Mr. Satán,
parece que ya es tiempo de que los humanos se enteren
de la amenaza que Érebo representa para la
Tierra; si tú se los dices estoy seguro de
que todos tomarán las medidas necesarias para
evitar mayores problemas. Y mientras tanto, nosotros
trataremos de aumentar más nuestra fuerza.
Shin: También deben estar conscientes de que
en cuanto los ejércitos de Érebo lleguen,
la Tierra no volverá a ver la luz hasta que
hayan sido derrotados. A muchos guerreros, esa falta
de luz los ha llevado a su perdición; tienen
que tratar de sensibilizar sus sentidos al máximo,
de otra forma estarán perdidos.
Gohan: ¿Hay otra cosa que debamos saber supremo
Kaioh Sama?
Shin: Sí, sobre los verdugos de Érebo
Su líder se llama Asbeel y es despiadado y
ruin, no esperen que él respete los principios
de honor durante el combate, es capaz de lo que sea
por alcanzar sus objetivos. Los otros 3 son guerreros
más respetables, pero igual de terribles: Azrael
es también conocido como el guerrero de la
muerte porque no suele dejar con vida a ninguno de
sus oponentes; Laylahel, el guerrero de la noche,
sigiloso y letal, es uno con la oscuridad, así
que estará en su elemento; y Pariel, el guerrero
de la desesperación, sólo deja agonía
a su paso. No serán enemigos sencillos de derrotar.
Goku: Lo sabemos, pero nosotros tampoco vamos a darnos
por vencidos fácilmente.
-- -- --
Después de la visita del supremo Kaioh sama,
los habitantes de la Tierra se preparaban lo mejor
que podían para resistir la invasión
de Érebo, siguiendo las sugerencias que les
había dado su gran héroe Mr. Satán.
Los guerreros Z dejaron en manos de Bulma y su padre
la preparación de refugios y el almacenamiento
de las provisiones que pudieran llegar a hacer falta
y ellos se dedicaban a entrenar con gran ahínco.
Años de duro esfuerzo habían fortalecido
a los guerreros y ya se sentían listos para
afrontar cualquier cosa.
Ahora que la Tierra se veía tan ajetreada
tomando las medidas necesarias para salir airosa de
la invasión de las tinieblas, aquella amenaza
fantasma volvía a hacerse presente con una
intensidad que los guerreros ya no habían sentido
en los últimos 8 años. El filo de una
guillotina invisible colgaba peligrosamente cerca
del planeta azul.
Mientras tanto, en una galaxia no muy lejana, las
tinieblas ya lo envolvían todo. En un pequeño
planeta llamado Yarg, en medio de una oscuridad total,
sólo se escuchaban gritos y lamentos. Miles
de Nagofs se paseaban en busca de los rebeldes que
habían intentado sublevarse contra el poder
de su emperatriz. Un sujeto de cabellos rojos y el
rostro marcado por numerosas cicatrices les gritaba
furiosos a las repulsivas criaturas.
Asbeel: ¡Estúpidos! ¡Incompetentes!
¡¿Cómo es posible que aún
no puedan localizarlos?! ¡Son unos inútiles!-
gritó colérico a la vez que lanzaba
un poderoso energy-ha contra sus sirvientes, destruyendo
a muchos de ellos con el impacto.
-Es tu culpa por confiar en ellos y no en nosotros-
le dijo un tipo encapuchado que se encontraba a sus
espaldas acompañado por otros 2 encapuchados.
Asbeel los observó con cierta desconfianza
pero finalmente soltó una carcajada.
Asbeel: No pensé que al gran Azrael le interesara
perder su tiempo buscando rebeldes debiluchos- comentó
viendo con desprecio al que se había dirigido
hacia él.
Azrael: La señora Érebo se está
cansando de tu incompetencia, Asbeel. Quizás
ya es hora de que alguien te reemplace.
Asbeel: ¡No me digas!- exclamó molesto-
¿Y sin duda tú quieres proponerte como
nuevo líder de los jueces de la emperatriz?
Azrael: ¿Y por qué no?
Asbeel se puso rojo de rabia.
Asbeel: ¡¡Ustedes harán lo que
YO les diga!!- estalló furioso- ¡Encuentren
a los rebeldes y tráiganlos!
Azrael: Como tú ordenes- murmuró con
tono sarcástico a la vez que se perdía
entre las sombras del lugar seguido por sus dos compañeros.
Asbeel los observó alejarse. Él le
había sido fiel a su señora por miles
de años; la muerte no había disminuido
su lealtad hacia ella en dos ocasiones, pero esos
3 sujetos eran otra historia, nunca antes habían
sido tan insolentes y eso lo ponía furioso.
Sin embargo, sus pensamientos fueron interrumpidos
un rato después por una enorme explosión
cuyo resplandor surgió imponente en medio de
la oscuridad.
Asbeel: ¡Malditos incompetentes!- exclamó
malhumorado a la vez que se dirigía al lugar
del que había surgido la explosión.
Al llegar allí observó a los tres
encapuchados al pie de una enorme hoguera, ellos ni
siquiera se inmutaron con su llegada.
Asbeel: ¡¿Pero qué están
haciendo?!
Azrael: Cumpliendo tus órdenes- contestó
con tono insolente mientras algunos sujetos buscaban
desesperadamente el modo de escapar de aquella hoguera
sólo para caer en manos de los Nagofs- Ahí
tienes a tus rebeldes, ¿no era eso lo que querías?
Asbeel vio con ira a los 3 encapuchados, aún
sin ver sus rostros sabía que ellos se reían
de él.
Asbeel: Insolentes.
Azrael se encogió de hombros y de nuevo dirigió
su vista a la hoguera que la explosión había
causado. Asbeel comprobó que muchos de los
que habían atrapado eran rebeldes efectivamente,
pero aún faltaban algunos líderes.
Asbeel: Azrael, aún faltan 2 líderes
rebeldes, ve al norte y búscalos por allá.
Y ustedes dos- dijo dirigiéndose a los otros
encapuchados- Laylahel buscará hacia el este
y Pariel hacia el oeste, y esta vez, ¡¡sin
explosiones!!
Asbeel pudo escuchar sus risas burlonas mientras
se alejaban hacia donde él les había
indicado.
En aquél desdichado planeta se llevaba a
cabo una verdadera cacería en busca de los
líderes que se oponían contra la emperatriz
de las tinieblas. Fue cuestión de tiempo para
que los sujetos a los que los guardias de la hechicera
buscaban fueran localizados y llevados ante ella.
Uno era un individuo joven, al igual que el resto
de los habitantes de aquél planeta poseía
6 extremidades, 4 superiores y 2 inferiores y su piel
era de color azul grisáceo; el otro líder
era un anciano.
La autoproclamada emperatriz se ocultaba tras una
cortina oscura en la mejor vivienda del lugar, sabía
que no corría peligro al salir de su dimensión
en aquél lugar, pues éste ya estaba
siendo consumido por las sombras.
En total, 9 individuos se encontraban en aquella
habitación compareciendo ante Érebo.
Todos intercambiaban miradas preocupados, estaban
completamente rodeados por los Nagofs y por algunos
soldados de aspecto brutal y frente a ellos se encontraba
aquella cortina negra ocultando el rostro de aquella
que había llevado la desgracia a su planeta;
frente a esa cortina, custodiando a su emperatriz,
se encontraban sus "jueces", Asbeel se encontraba
a la derecha y los tres encapuchados hacia la izquierda.
Asbeel: Estos son los rebeldes que intentaron sublevarse
a vuestras órdenes mi señora.
El silencio fue roto por una voz tan hermosa que
sorprendió a los prisioneros, quienes nunca
hubieran esperado que un ser tan despiadado tuviera
una voz tan melodiosa.
Érebo: Ya veo, han hecho un buen trabajo.
Asbeel: ¿Qué desea que hagamos con
ellos?
Érebo: Llévenlos a la dimensión
oscura, serán nuestros invitados de honor-
dijo con una melodiosa voz cargada de maldad.
De inmediato, un abismo oscuro se abrió a
los pies de los prisioneros y los Nagofs los rodearon
para cumplir las órdenes de su señora.
Uno a uno, los desdichados rebeldes se hundieron en
las profundidades de aquél terrible abismo;
el último en entrar fue el anciano al que habían
localizado al final. Antes de perderse en las tinieblas,
él observó detenidamente a uno de los
encapuchados, pero éste ni siquiera pareció
notarlo.
Érebo: ¿Pariel?- musitó la hechicera
en cuanto se hubiera quedado sola con sus verdugos,
dirigiéndose a aquél al que el anciano
había observado con tanta insistencia- ¿Hay
algo que deba saber?
Pariel: ¿Mi señora lo cree así?-
preguntó humildemente y Asbeel sonrió
maliciosamente al notar enojo en la voz de su ama.
Érebo: ¿Tú encontraste a ese
hombre y no lo trajiste ante mí, Pariel?
Pariel: No sabía que era él a quien
mi señora buscaba, no me pareció un
líder de ningún tipo y usted no había
dado la orden de traerle a alguien más. Fue
mi error, mi señora, lo reconozco.
Érebo: No me agrada la idea de que te estés
suavizando Pariel y no volveré a tolerar otro
error de tu parte, ni uno solo- exclamó fríamente
y el encapuchado asintió con humildad- Pueden
retirarse mis guerreros, deben estar listos para el
siguiente blanco, será algo más complicado
de derrotar que este miserable planeta.
Los 3 encapuchados se prepararon para retirarse.
Érebo: ¿Pariel?- lo detuvo en el último
momento y los otros 2 también se detuvieron-
Quiero que me esperes en mi palacio, necesito hablar
seriamente contigo.
Pariel: Lo que desee mi señora- respondió
el encapuchado haciendo una reverencia tras lo cual
se sumergió en el abismo oscuro.
Érebo: ¿Pasa algo con ustedes?- les
dijo a los otros 2 encapuchados al notar que ninguno
se retiraba.
Azrael: Nada, mi señora. Nada en absoluto-
contestó antes de seguir a su compañero
acompañado por Laylahel.
Érebo: Después de que hable con Pariel,
por favor llama a esos dos a mi presencia- le pidió
a Asbeel- No me agrada nada su actitud.
Asbeel asintió haciendo una reverencia. Él
esperó que la hechicera se retirara a sus dominios
con su gran séquito antes de seguirla de cerca.
Mientras se sumergía en las tinieblas, una
gran sonrisa se curvaba en sus deformes labios, pronto
la insolencia de los encapuchados sería castigada,
estaba completamente seguro y eso le satisfacía.
Asbeel: Mi señora, ¿cuál será
su próximo blanco?- le preguntó a la
hechicera mientras el abismo se cerraba tras ellos.
Érebo: Se trata de un pequeño planeta
llamado Tierra
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