| Hola a todos, soy Leidy,
no escribo mucho que digamos, así que espero
que les agrade el fic y saludos a quien se acuerde de
mí, sé que ando desaparecida en los pocos
fics que leía
.
Era una tarde el ambiente se sentía en general
se sentía pesado, Inuyasha observó a
su contrincante, era uno de esos revoltosos que aun
no entendía que ellos estaban destinados a
vivir en las sombras ó a extinguirse de la
faz de la tierra. Percibió el hedor a sangre
y cadáveres humanos que despedía su
cuerpo, hizo una mueca de desagrado y se lanzó
al ataque,
su enemigo era muy ágil, no sería fácil
derrotarlo siendo uno tipo inu como el
. Una
batalla más en defensa de la humanidad, pero
más que eso una batalla sin sentido para él,
de hecho como muchas en demasiados años de
lucha sin ningún objetivo, no tanto por los
humanos y mucho menos por el mismo, lo sabía
el se había perdido en sí mismo hace
mucho tiempo y recordaba exactamente cuando
.
Aquel youkai lo miró con determinación
y arrogancia, desconocía los pensamientos de
su enemigo, y pese a ser joven conocía la naturaleza
de aquel sujeto en frente suyo
Un hibrido, lo
que le generaba confianza a un ser completo
como él.
Atacó con sus garras, esperando inyectarle
veneno, por supuesto desconociendo el hecho que aquel
hanyou, alguna vez
había derrotado al gran Sesshomaru, así
que debió sorprenderle la facilidad con que
le esquivó y le hirió un hombro, una
mueca de dolor y de desprecio se formó en su
rostro
-lo pagaras caro, ¡hanyou!-
Inuyasha abrió sus ojos y frunció el
seño, aquellas palabras lo habían tomado
desprevenido, costándole una herida en su costado
-Soy un hanyou, pero al menos seguiré vivo-
Dicho esto inuyasha desenfundo a colmillo de acero
y la clavó en el abdomen de su contrincante,
después de toser un poco de sangre aquel joven
lo miró con rencor y algo de malicia
-Lo sabes, se acercan los exterminadores, si ellos
no te matan lo hará mi veneno, tendrás
muerte lenta, así que no creas que sobrevivirás,
no tienes escapatoria, aun si huyeras ahora mismo
todo estaría perdido para ti-
Inuyasha lo observó, ya comenzaba a ver borroso,
pero había escuchado claramente, no era la
primera vez que resultaba envenenado, ni la primera
vez que estaba en riesgo de perecer sin lograr que
el dulce manto oscuro de la muerte, se lo llevara
y le permitiera sosegar su corazón, herido
de muerte desde hacía un siglo atrás
cuando había perdido su tesoro más valioso
y pese a su profundo deseo morir, esta parecía
serle esquiva aun en las mas peligrosas situaciones
de las que siempre milagrosamente salía con
vida. El hanyou enfundo su espada, cerró los
ojos, a pesar de su estado, aun captaba inconfundiblemente
el olor de él, de Shippou. Si inuyasha captaba
el olor de Shippou, este corría muy rápidamente
a darle alcance a su viejo amigo, a pesar que el ayudaba
a los exterminadores desde casi un siglo atrás,
tenía la apariencia de un jovencito de unos
17 años de edad y todos lo recordaban desde
siempre como el coordinador de las misiones mas peligrosas,
como la de exterminar un youkai con apariencia humana,
apretó fuerte un pequeño bulto que llevaba
en la mano, era un antídoto que había
preparado con anterioridad, al seguirle las huellas
a aquel demonio que perseguía desde hacía
tiempo, al menos podría curar a su amigo después
de tantos años, tomó aliento, era hora
de reencontrar a inuyasha
.
-Inuyasha
.. ¡Estas herido!
Déjame curarte-
Hubo un incomodo momento de silencio, ambos amigos
se observaron fijamente, Shippou ya no era aquel zorrito
llorón al que solía darle aquellos golpes
por hablar demás e Inuyasha estaba cambiado,
ahora poseía un semblante taciturno y sombrío
que opacaba su mirada
-No es necesario, no necesito tu ayuda-
El zorrito se acerco un poco más y observó
retorcerse al enemigo al que le hacía la cacería,
sus hermosos ojos verdes dejaron entre ver un dejo
de tristeza, aun sentía compasión por
su propio enemigo, pero mayor que eso era el sentimiento
de tristeza que le provocaba ver a Inuyasha
-No es necesario que yo te lo aplique, puedes llevártelo
y curarte tu mismo, si quieres-
El chico se acercó y puso la medicina en las
manos de Inuyasha. Silencio, incomoda tensión
y confusión de sentimientos
-Sabes Inuyasha, Miroku murió meses después
de aquel ataque a la aldea, antes de morir dijo que
te agradecía mucho el que hubieras salvado
a Sango y a la aldea, sin tu ayuda no hubieran sobrevivido,
mencionó el no haberte encontrado, para darte
ánimos, después de aquella lucha contra
Naraku. A todos nos dolió que te fueras en
ese momento tan desafortunado para todos y
-
Inuyasha lo interrumpió, sabía perfectamente
lo que su amigo mencionaría, a ella
Shippou frunció el ceño, sabía
que su amigo evitaba sus palabras pero aun así
las diría
-A Aome nunca le hubiese gustado verte así,
ella quería que realizaras tus sueños,
que te aceptaras a ti mismo, que sobrevivieras y fueras
feliz con o sin ella, siempre luchando por lograr
cumplir tus ideales, sueños y metas. Vive,
vive Inuyasha no permitas que tus sentimientos te
dominen, piensa en las personas que quisiste y te
quisieron, si miras bien encontrarás que nunca
has estado solo realmente, lograrías ver al
fin como sufren las personas que te quieren, no sólo
tú, aun cien años después sigues
siendo manipulado por Naraku, y no te asombres, has
sido manipulado, porque él la mató sólo
para lastimarte y lograr tu infelicidad el resto de
tu vida, es hora de que te liberes a ti mismo, no
pienses en las heridas, el dolor y en el sufrimiento,
piensa en quienes intentaron curarte y evitarte todo
aquello
-
Lágrimas brotaban de las hermosas esmeraldas
del zorro, Inuyasha lo había escuchado de tal
forma que cada palabra se repetía constantemente
en lo mas profundo de su ser, oprimiéndole
fuerte el corazón y provocándole el
contener aquellas lagrimas aprisionadas desde hacía
tanto tiempo y que amenazaban con salir a flote revelando
todos sus sentimientos
.
-Adiós Shippou, no te preocupes por mí,
gracias por la medicina, tal vez te busque un día
de estos-
Y con el corazón en la mano y su alma desnuda,
Inuyasha corrió a pesar del veneno, necesitaba
huir de si mismo, de sus recuerdos, mientras en la
lejanía Shippou observaba como se perdía
en la profundidad del bosque, mientras llegaban los
otros exterminadores a recoger al moribundo youkai
que había dejado Inuyasha y mientras observaba
con la mirada perdida, Shippou murmuró:
-Yo la quería y aun la recuerdo como si fuera
mi madre, Inuyasha-
Pero inuyasha ya no lo escucharía
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Corría despavorido, no huía de nadie
más que de sí mismo y de sus recuerdos,
apretó fuerte la medicina que su amigo le hubiese
dado, deseaba morir, lo deseaba con todas sus fuerzas,
después de todo ella había faltado a
su promesa, le había pedido estar siempre a
su lado y no lo había hecho, además
desde pequeño las personas o mejor dicho las
mujeres mas importantes en su vida lo habían
abandonado, no porque así lo quisieran, sino
porque la desgracia que había parecido ensañarse
contra él así lo había querido;
empezando por su madre, siguiendo con Kikyou y por
último ella, su querida Aome, a la que ni siquiera
le había declarado sus sentimientos, aquella
que murió sin saber cuanto la amaba, ya que
su cobardía y falta de decisión le habían
impedido decírselo, nadie sabía como
se soñaba así mismo cambiando aquel
trágico pasado, dándole un final feliz
a la historia donde no había nada que le impidiese
ser feliz con ella y con sus amigos, donde se veía
así mismo como un humano envejeciendo y muriendo
con ella después de una vida llena de ella,
de esperanza, de alegría, porque eso era ella
y así mientras caminaba uno a uno de sus recuerdos
más dolorosos empezaron a invadir su mente
.
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Era una tarde, mas aun así se encontraba oscura,
Naraku había logrado acumular una gran cantidad
de energía negativa en todo su ser. La perla
le pertenecía en su totalidad, Kagura yacía
desmayada al lado de Aome quien junto con Ayame cuidaban
a los heridos y claro está sabían que
de algo servía evitar que Naraku absorbiera
a su ultima extensión viva; había sido
una batalla terrible en contra de los sirvientes de
Naraku, todos se hallaban cansados desde Sesshomaru,
hasta Sango que se encontraba más tranquila
al tener a su hermano a su lado.
Inuyasha y Sesshomaru se observaron fijamente ambos
sabían que debían trabajar juntos por
las buenas si deseaban que los suyos salieran con
bien. Aun así se les presentaron muchas dificultades,
hasta que en un punto clave Inuyasha logró
herir gravemente a Naraku con su espada, justo entonces
Kikyou intervino, lanzó una de sus flechas
con el fin de purificar la perla y la esencia de Naraku,
derrotándolo definitivamente, pero su poder
no era suficiente, sólo había logrado
que Naraku sintiéndose en sus últimos
momentos preparara un ataque disimulado, dirigido
a ella. Aome de cierta forma presintió el peligro
que la acechaba y ya había visto una vez el
sufrimiento de su amado creyéndola muerta del
todo, así que preparó su arco y flechas
y lanzó la flecha que casi daría el
fin a aquel horrible ser, que no dudó en devolverle
el ataque ante la mirada atónita de todos y
sobretodo de Inuyasha que observó casi en cámara
lenta como aquella gran energía era lanzada
hacia el amor de su vida, luego de forma inesperada
como Kikyou se atravesaba entre el mortal ataque y
su reencarnación y por último como aun
después de desintegrada Kikyou el ataque con
una fuerza algo disminuida impactaba en la chica,
mientras el corría en vano a salvarla, logrando
sólo evitar que se impactara contra el piso.
Y mientras todo esto acontecía, Sesshomaru
se acercó al moribundo de Naraku, tomó
su espada y se aseguró que estuviera
muerto, por no decir que lo remató
y tomar un rumbo desconocido para los otros.
En sus últimos momentos, Aome con mucho esfuerzo
y con una profunda tristeza en sus ojos, señaló
al hanyou la ubicación de la perla y por último
lo miró con lagrimas en sus ojos para pronunciar
sus ultimas palabras:
-Aa adiós I nu yasha
.-
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Aquella muerte desgarró el corazón
de Inuyasha y dejó en estado moribundo a su
alma, tal era su desespero que se alejo de sus amigos,
buscando algo de sosiego para si mismo, en parte también
para decidir que haría con la perla, podría
convertirse en aquel demonio completo que tanto deseaba
y enfrentarse definitivamente a Sesshomaru, a pesar
de que él no sabía donde se encontraba
ahora el taiyoukai que desapareció luego de
la batalla con Naraku
. En medio de su soledad
y como protector de la perla debió de llevar
a cabo numerosas batallas para evitar que se la robaran
otros youkais sedientos de poder que lo buscaban día
y noche sin dejarlo descansar. Un día mientras
vagaba en la espesura del bosque, no sabía
como pero algo en su interior le sugirió usar
la perla para regresarla, entró en una cueva
buscando refugio, para no llamar la atención
cuando la usara, después de todo las criaturas
naturales sentirían como desaparecía
aquel gran poder; entonces con todo el corazón
pidió verla viva a ella, a su amada, para su
sorpresa en ese instante la perla se purificó
en sus manos, manos de un ser mitad demonio, luego
la perla estalló y se desintegró dejando
ver el alma agradecida de Midoriko, que ascendió
en dirección hasta perderse en el firmamento.
Inuyasha se quedo esa noche esperando en aquella cueva
el regreso de Aome, esperó y esperó,
pero nada cambió, hasta que el sueño
al fin se apoderó de él. En la madrugada
despertó empapado de sudor y lágrimas,
ella no había vuelto entonces se preguntó
¿Y si el poder de la vida y la muerte estaba
mucho más allá del poder de la perla?
Así lo creyó y así lo seguía
creyendo desde entonces.
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Caminó un poco más lento, había
corrido sin saberlo en dirección al Goshimboku,
pero algo lo alarmó, en el viento pudo sentir
una exquisita fragancia, olía a primavera a
pesar de verse tan cerca el otoño, era deliciosa
pero la emanaba una youkai, aun así algo le
pareció familiar en el perfume, se le semejaba
un poco al olor de Aome y aun el peligro que representaba
para él un contrincante en ese momento, deseaba
conocer a la portadora de tan embriagante aroma y
¿si se tratara de una reencarnación
de Aome?, se reprendió mentalmente, aunque
fuera una reencarnación no lo recordaría
y eso sería muy doloroso para él, pero
por otro lado el Goshimboku su árbol sagrado,
ya los había unido otras veces aun en la lejanía
de 500 años de diferencia
. Alejó
aquellos pensamientos de su mente, ahora ya no le
importaba su vida no quedaba nada por hacer, sólo
contemplaría a aquella mujer, para luego morir
más tranquilo.
Se acercó lentamente, el veneno hacía
cada vez más dificultosa su visión y
su equilibrio, pero aun así pudo ver claramente
como aquella mujer era idéntica a Aome y como
esta a pesar de notar su presencia aun admiraba a
su árbol, dando la impresión de que
esperaba que le hablase.
Inuyasha aspiró más aire, para sentir
embriagarse con aquel perfume, creyó estar
alucinando, así que cerró los ojos y
cuando los abrió ahí seguía ella,
lo más extraño para él era verla
tan igual a su amor perdido, sólo que en lugar
de llevar aquel uniforme verde, llevaba un sencillo
kimono rosa y parecía más hermosa que
nunca, tomo la decisión se acercó lentamente,
en ese instante la chica lo observó fijamente
como esperando que él llegara hasta ella, Inuyasha
hizo lo posible por mantenerse de pie y justo entonces
calló, ella corrió rápidamente
a socorrerlo y antes de perder sólo pudo susurrar
un te amo Aome- lo dijo de forma espontánea,
sin saberlo aquellas palabras guardadas desde años
atrás al fin se le escapaban, la chica lo miró
tiernamente, tomó el empaque con las medicinas
y de su boca solo pudo salir la palabra
Inuyasha-
Y sin saberlo el amor de Inuyasha y Aome era tan
fuerte, tan verdadero que superaba las fronteras de
la muerte para trascender a la eternidad...
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